de la izquierda y el poder (2)

agosto 10, 2020 § Deja un comentario

De momento, las izquierdas andan demasiado obsesionadas con las luchas culturales como para caer en la cuenta de cuál es el verdadero tema. La libertad política no pasa por poder elegir, pongamos por caso, el sexo como quien elige una marca de refrescos, sino por liberarse de cuanto nos somete con naturalidad. Ahora bien, esta naturalidad no es la de la naturaleza —nadie es menos libre porque no pueda elegir su sexo—, sino la del artificio que pasa por natural o inalterable. En realidad, donde la izquierda se centra en una libertad entendida a la manera del consumidor termina por bailarle el agua al sistema. Las luchas culturales, dejando a un lado su relativa legitimidad, no dejan de ser una maniobra de distracción. De ahí que, para una izquierda responsable, lo primero sea revelar el carácter invisible del poder al que estamos sometidos. Y este carácter tiene que ver actualmente con la transformación del dinero en deuda. Mientras el dinero siga siendo lo que ahora es no hay programa emancipador que valga. Pues, contra lo que aún ingenuamente suponen las izquierdas, la desigualdad no disminuirá porque distribuyamos mejor, aun cuando los parches de la distribución contribuyan, sin duda, a mejorar el nivel de vida de unos cuantos. Precisamente, porque el dinero es lo que es, las políticas del reparto están abocadas a alimentar la bestia (y de esto fue más consciente Keynes que los keynesianos). O mejor dicho, dichas políticas dependen de que la bestia siga siendo la que es. Algo no termina de funcionar donde un trabajador apenas puede pagarse una vivienda digna o ahorrar para su vejez, donde el desempleo termina viéndose como la constante gravitatoria del sistema. Por no hablar del desastre ecológico que nos viene encima. Y aquí no hay parches —o compensaciones— que valgan. Ciertamente, la modificación del dinero-mercancia en dinero-deuda hizo posible el desarrollo moderno de Occidente. Pero las condiciones de posibilidad de dicho desarrollo constituyen al mismo tiempo su non plus ultra —o por decirlo a la marxista, las condiciones de su implosión. Al personal se le pondrían los pelos de punta, por ejemplo, si supiera que el dinero que cree tener en el banco en realidad no lo tiene… a pesar de que los mecanismos del sistema le permitan creer que lo tiene. Las crisis económicas que nos azotan últimamente tienen que ver, no tanto con una distribución desigual, sino con el hecho de que el dinero que corre por ahí hace tiempo que dejó de ser contante y sonante. O mejor dicho, la desigualdad hoy en día no encuentra su origen en la acumulación de capital —en la apropiación indebida de la pluvalía—, sino en el hecho de que los medios de cambio circulantes —el dinero— es creado de la nada a través, en última instancia, de la intervención de los bancos centrales. La paradoja de las políticas expansivas —aquellas que intentan salir de la crisis con un aumento significativo del gasto público y, por extensión, de la deuda pública— es que constribuyen a aumentar la desigualdad donde pretenden reducirla. Pues el aumento del gasto público solo será posible trayendo al presente, por decirlo así, dinero del futuro —dinero que aún no es tal… porque aún está pendiente de que lo sea. Y que lo termine siendo o no dependerá de que con el dinero” creado de la nada se produzcan aquellos bienes que, por defecto, deben respaldarlo. De no ser así, el sistema terminará colapsando. Y colapsa cuando el nuevo dinero desaparece en la nada de la que nació. Ciertamente, aquí no todos pierden. De hecho, pierden los que viven de su sueldo —o de los beneficios de una pequeña empresa. En cambio, ganan los que, por estar mejor situados, se anticipan al desastre convirtendo su dinero en bienes de alta liquidez. El sistema pende de un hilo donde el dinero contante y sonante —o en técnico, el dinero-mercancía— se transforma en un pagaré, esto es, donde sistemáticamente se emite deuda como medio de cambio.

Para ver las costuras del sistema simplemente hay que tener presente qué es lo que el sistema presenta como sólido… no siéndolo en absoluto. En definitiva, cuál es la ficción que se nos ofrece como obviedad. Y actualmente, esta no es otra que las que hace posible la ilusión de tener dinero… donde solo poseemos deuda. Por eso los grandes bancos no pueden quebrar. Si quebrasen, caeríamos en la cuenta de que, en realidad, nunca tuvimos el dinero que habíamos depositado en ellos tan tranquilamente. Una cuenta corriente no es un recibo, aunque lo parezca, sino una deuda que el banco contrae con el depositante (aunque, estrictamente, estaríamos hablando de una deuda sobre otra, una deuda tranferida, pues el dinero que depositamos ya es hoy en día dinero-deuda). Cuando alguien abre una cuenta bancaria, le presta su dinero al banco. Ahora bien, el banco, como sabemos, utiliza ese dinero para prestarlo a un cierto interés. Estrictamente hablando, una vez lo depositamos, dejamos de tenerlo: lo tiene otro, aquel al que el banco, precisamente, le concedió un crédito. Cuando pagamos en una tienda el banco salda parte de su deuda con el depositante. Y esto es posible porque el banco posee la suficiente liquidez o, en técnico, reservas (y si no, se las facilita el Banco Central). De ahí la ilusión de que el dinero que depositamos está a buen recaudo: como si estuviera en una caja fuerte. Pero no es así. No hay liquidez suficiente como para que la banca pueda saldar a la vez la totalidad de sus deudas. El riesgo del negocio bancario es, por tanto, sistémico. Pues consiste en contraer deudas a corto —un cuenta corriente puede ser liquidada en cualquier momento— contra activos a largo (los créditos que se cancelan). Y un activo a largo está por ver. En realidad, es una apuesta: se apuesta a que el prestatario será solvente. Un banco no tiene nada de sólido. Su solidez, como la de los antiguos dioses, posee los pies de barro.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

¿Qué es esto?

Actualmente estás leyendo de la izquierda y el poder (2) en la modificación.

Meta

A %d blogueros les gusta esto: