Zeus

septiembre 26, 2020 § Deja un comentario

El límite de lo teórico es el secreto de quienes se encuentran en la escena, su intimidad, su falta de coincidencia con ellos mismos, su insustancialidad. Un dios contempla a los hombres como los hombres observan cuanto sucede en un hormiguero. Así, constatará que hay hormigas que dicen yo. Pero no verá a ese yo. No podrá verlo. El límite de lo teórico es el límite de la potencia divina. No es casual que Sócrates, el descubridor de una profundidad sin dioses, fuese condenado por impiedad. De ahí la impotencia judía ante un Dios escrutador de corazones. Frente a Yavhé no hay escapatoria posible. A menos que uno esté ante Dios, sin Dios. Aunque, por poco que sepamos leer, nos daremos cuenta de que si Dios alcanza el corazón de los hombres es porque carece de la entidad propia de un dios. Al fin y al cabo, la mirada de Yavhé —la que nos avergüenza— es la de aquellos que ocupan su lugar: los excluidos, los que huelen mal, los sobrantes. Son ellos, más incluso que la búsqueda de uno mismo, los que nos sacan de quicio —los que abren la existencia a la posibilidad de un comienzo—.

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