del error existencial

noviembre 27, 2020 § Deja un comentario

Nos seduce la belleza de un cuerpo o también los síntomas del poder. Pero debería seducirnos la inteligencia y la bondad (y no necesariamente en este orden). Sin embargo, el cuerpo impone sus derechos. Sobre todo, cuando aún no hemos vivido lo suficiente. Así, fácilmente caemos en la trampa. No es casual que Platón distinguiera entre cuerpo y alma —o siendo más precisos, entre nuestra aspiración más íntima, la que apunta a lo absolutamente nuevo o extraordinario, y las demandas de un cuerpo que, por lo que acabamos de decir, no deja de ser, al menos inicialmente, una especie de camisa de fuerza. Por eso, solemos ir de una cosa a otra… sin caer en la cuenta de que la vida es lo que vamos perdiendo mientras nos limitamos a reaccionar a las exigencias de la adaptación —mientras buscamos nuestro éxito. Las inclinaciones del cuerpo —nuestros deseos más o menos elementales— prometen, sin duda, lo nuevo o extraordinario. Pero en su lugar solo se nos entregará un sucedáneo, la novedad. Y a estas alturas, nadie ignora que el destino de la novedad es el container. Quizá sea inevitable ceder al canto de la sirena de los cuerpos. Al menos, durante una buena parte de nuestra vida. Sin embargo, como dijera Kafka, lo terrible no es su canto, sino su silencio. Y el silencio siempre viene después. Aun cuando estuviese ahí desde un principio.

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