la cruz y la espada

marzo 16, 2021 § 1 comentario

Los misioneros cristianos fueron con la cruz. Pero los conversos —desde las américas hasta Oriente— vieron, sobre todo, la espada que los acompañaba. No debería extrañarnos que el cristianismo se haya entendido, por sus víctimas, como la expresión del colonialismo, esto es, como la religión de los vencedores. Así, se confirmó algo que fue evidente para el viejo politeísmo, a saber, que el dios verdadero es el de los pueblos con mejores armas. Los malentendidos son la savia de los triunfos históricos. En este sentido, la lectura del libro de Abdelmunin Aya —Islam sin Dios— resulta sumamente instructiva. Al menos, para saber de qué hablamos cuando hablamos del Islam.

§ Una respuesta a la cruz y la espada

  • Quentin dice:

    Las ideas deben estar al servicio del hombre. Nunca debe ocurrir a la inversa. Cuando el hombre se pone al servicio de las ideas éstas devienen una ideología, lo cual enciende multitud de peligros.

    Las ideologías nublan el entendimiento, impiden la autocrítica, esclavizan las voluntades y pervierten las relaciones humanas. Las ideologías crean hombres ciegos, sordos y emocionalmente desequilibrados. Separan a los amigos, siembran la desconfianza en el seno de la familia y hacen crecer el odio hacia el desconocido. Someten el juicio a criterios ajenos al propio, crean fidelidades forzadas, generan esquemas de obligaciones autoimpuestas que impiden el libre arbitrio e inducen sentimientos insanos de culpa y de absurda necesidad de venganza.

    Por ello la persona debe contemplar y analizar las ideas a distancia, no desde dentro de sí mismo, cuando están ya anidadas en una ideología anclada en la mente. Porque la crítica serena es mucho más sencilla que la autocrítica culpabilizadora y frustrante. Es fácil visualizar el error antes de haberlo tragado. Una vez dentro el trabajo deviene muy duro: el error debe ser purgado y vomitado.

    Pero si debemos señalar la peor consecuencia que tiene el adueñamiento de una mente por parte de una ideología elegiremos sin duda la aparición involuntaria, descontrolada y desacomplejada de la violencia. La ideología llama siempre a la espada, que acude presurosa. De la discusión sobre lo abstracto se pasa con rapidez, sin solución de continuidad, a la realidad palpable de la sangre.

    La fe siempre debe pertenecer al mundo de las ideas. No al de las ideologías.

    La fe al servicio de la persona. Nunca de un proyecto colectivo.

    Siempre ha caído el hombre en el mismo error. Una y otra vez.

    Qué pena.

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