Matusalén

marzo 21, 2021 § Deja un comentario

Quizá la experiencia de Dios —o de un hallarse en manos de— sea más instensa donde, como en los primeros tiempos de Isarel, la inmortalidad no está garantizada, ni siquiera para los justos. En lugar de la inmortalidad, a lo sumo una vida fecunda. Pues donde creemos, aunque sea vagamente, en una inmortalidad por defecto, tarde o temprano podremos prescindir de Dios. La experiencia del don va con el plazo. Así, no es causal que la esperanza en una nueva creación, ciertamente increíble desde nuestro lado, surja en Israel solo ante la cuestión, siempre sagantre, del justo sufriente. Esto no suele tenerse en cuenta. Pero tampoco que, con esta nueva esperanza, nos desplazamos de un Dios a la religiosa —un Dios por descontado— a un Dios imposible, aquel cuyo porvenir, precisamente, no puede concebirse como una posibilidad del mundo.

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