lo inexplicable y el misterio

abril 26, 2021 § 2 comentarios

La legitimación de la creencia en un más allá encuentra un mal aliado en lo inexplicable. Incluso donde la ciencia demostrase que hay ámbitos de nuestro mundo que son epistemológicamente inabordables. Y es que el misterio no apunta a lo que, en un cierto sentido, está-ahí, aun cuando no pueda encajarse en nuestros presupuestos mentales. Más bien, a lo que en modo alguno está y, sin embargo, es. El misterio no versa sobre cosas misteriosas, ni siquiera donde su misterio les sea esencial o irreductible. Tiene que ver, en primer lugar, con el asombro que provoca el que haya algo en vez de nada. Pues es obvio que la pregunta no se resuelve en los términos de una causa eficiente. Y en segundo lugar, con lo que tuvimos que perder de vista, por decirlo así, para que hubiera, precisamente, mundo, exterioridad, un puro haber. Hablamos del retroceso de la alteridad, de lo absoluto o enteramente Otro. Al menos, en tanto que por defecto la alteridad es el resto invisible de lo visible —lo que en los mundos siempre estará por venir; lo intratable, lo eternamente extraño o sagrado. Como los arrancados tan solo podemos contar con la representación, las imágenes, la suposición de la alteridad. Por eso, con respecto al misterio y como supo ver Israel, acaso sean más adecuadas las categorías temporales que las espaciales —un fue o será que trasciende los tiempos, de ningún modo el es del presente indicativo. Más adecuado, el mito —el relato de lo que aconteció in illo tempore— que la precisión del entomólogo.

§ 2 respuestas a lo inexplicable y el misterio

  • Quentin dice:

    La sospecha de la existencia de Dios procede siempre de un sentimiento de extrañeza. Es una sensación de desasosiego que impulsa el convencimiento de que hay algo que no encaja, que no cuadra. Es la llamada del misterio.

    La extrañeza que clama por la existencia de Dios procede de 4 constataciones:

    1 “Es extraño que haya algo”
    ¿Por qué existe algo?
    La mecánica cuántica acabó hace años con este misterio al demostrar que la nada no puede existir, dado que todo procede siempre de un burbujeo inestable, del cual van surgiendo continuamente realidades como nuestro universo.
    Es decir, no debería extrañarnos que haya algo.

    2 “Es extraño que haya vida”
    ¿Por qué existen seres?
    La física de partículas demostró que la existencia de seres orgánicos dependía de los valores específicos que tomaban una docena de parámetros físicos que definen el comportamiento básico de la materia. La generación continuada de multiversos con una inmensa variedad de valores para dichos parámetros resolvía la dificultad que planteaba esta pregunta.
    Es decir, no debería extrañarnos que haya vida.

    3 “Es extraño que haya complejidad”
    ¿Por qué existe el hombre?
    La teoría de la evolución mostró cómo se alcanza progresivamente la complejidad a partir de mínimos cambios sutiles y aleatorios operados a lo largo del tiempo, que conducen a seres cada vez más complejos, en cuya cumbre se encuentra el cerebro humano.
    Es decir, no debería extrañarnos que haya complejidad.

    4 “Es extraño que haya sutileza”
    ¿Por qué existe el amor?
    No existe todavía una explicación a este anómalo hecho. Obviamente se puede describir etológicamente el comportamiento y las motivaciones de los seres que despliegan el amor como eje de sus vidas. Pero en el ámbito de la teleología, del análisis del sentido, no se puede mostrar qué vínculo se da entre la adopción del amor como estrategia de un sistema y el progreso del mismo hacia la excelencia. Es esta sutileza la única prueba que nos queda de la existencia de Dios.
    Es decir, sí debería extrañarnos la sutileza del amor.
    Porque constituye la verdadera prueba de la existencia de Dios, la que dota de sentido a todo este misterio.

  • Iñaki dice:

    Lo que la ciencia hace, y no es poco, es explicar el cómo de las cosas; lo que no puede explicar es el para qué de ese cómo, que es donde radica el Misterio.
    Incluso iría un poco más lejos: hay un momento en esa explicación científica, situado en el origen del proceso del que la ciencia no puede decirnos nada: ¿cómo es posible que unas determinadas condiciones den lugar a una nueva vida humana?. Es decir, que ese proceso, en sí mismo, tenga un sentido. El por qué del cómo la ciencia lo desconoce.
    Si un día se llegara a descubrir el cómo se originó el universo, siempre cabría preguntarse, bien pero ¿para qué? El sentido de la realidad es esencial en todo esto y la fe lo colma.

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