realidad y apariencia, una vez más

mayo 1, 2021 § Deja un comentario

A diferencia de los chimpancés, nosotros podemos ver más allá de lo que vemos. Esto es, somos capaces de distinguir entre lo que parece que es —lo que sensiblemente se manifiesta— y lo que en verdad es. En este sentido, presuponemos como quien no quiere la cosa que lo real —lo sólido, lo que tiene lugar— subyace a las apariencias. De ahí que tarde o temprano nos preguntemos qué es lo que está teniendo lugar por debajo de cuanto se nos muestra como lo que es. Así, por ejemplo, lo que se presenta como amor puede que no sea más que negociación. O también, pongamos por caso, es posible que el sentimiento de libertad esconda una sutil esclavitud. Ahora bien, lo cierto es que, aunque sea el resultado del pensar, la revelación de lo que amagan las apariencias sigue dándose en los términos de un aparecer. Y este es el problema. Pues una vez se nos reveló de qué se trata, fácilmente convertimos lo revelado en un nuevo (y espontáneo) modo de ver las cosas, en una nueva apariencia o tópico. Aun cuando el cuerpo nos empuje al amor, sabemos —o creemos saber— que no es así: que no hay más que trato o conveniencia (y que, en consecuencia, el amor es una ilusión).

Sin embargo, precisamente porque llegamos a dar por descontado lo que se nos reveló en su momento, siempre cabe la posibilidad de darle la vuelta a la tortilla. De este modo, podríamos volver a decir que, contra lo que consideramos cínicamente como obvio, a saber, que el amor no es más que una feliz coincidencia al servicio del gen, en realidad es algo más, a pesar de que este más nunca termine de realizarse (y quizá podríamos añadir que por eso mismo es más). Será cierto, por tanto, que nunca terminamos de salir del círculo de las apariencias; que la negación que implica cualquier revelación es la semilla de una afirmación posterior, la cual tendrá que ser impugnada por una nueva revelación. O mejor, que lo real siempre permanece por encima de cuanto podamos decir al respecto —o si se prefiere, desplazado a un tiempo que va más allá de cualquier presente—. Y esto equivale a decir que lo real, lo que se resiste esencialmente a la asimilación —por defecto, la alteridad— no aparece en absoluto.

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