Jesús de Nazaret y la resurrección

mayo 14, 2021 § 3 comentarios

Llama la atención que Jesús de Nazaret, en su predicación, apenas mencionase la resurrección de los muertos. No parece cuadrar con la idea de que fuese un profeta apocalíptico entre otros. Más bien, Jesús dijo lo que dijo —e hizo lo que hizo— como si la revolución de Dios comenzase con su actividad. Este acento en el presente debió tener, por tanto, consecuencias políticas. Pues no es lo mismo proclamar que los muertos resucitarán al final de los tiempos que anunciar, en una provincia del Imperio, que la revolución de Dios es inminente… sobre todo si el a Dios rogando va acompañado de y con el mazo dando. La bienaventuranzas hubieran sido una provocación para los lumpen a quienes iban dirigidas, si estos no las hubieran entendido en clave política: pronto tomaremos el palacio de invierno, y vosotros seréis los primeros en entrar. Ciertamente, ignoramos los detalles del Jesús sedicioso. Tan solo contamos con indicios. Pero, en cualquier caso, a Jesús no lo crucificaron los romanos por proclamar que Dios es amor o porque estuviese convencido, como los fariseos, de que, por el poder de Dios, los cuerpos sobrevivirán a su muerte. Es verdad que la provocación religiosa estuvo ahí. Pero en el Israel de la época, los motivos religiosos difícilmente podían separarse de los políticos. O por decirlo de otro modo, las disputas ad intra tenían implicaciones ad extra… sobre todo si uno de los disputantes entraba en el Templo con un látigo. Por eso podemos imaginar cuál habría sido la estupefacción del crucificado, si en su agonía, alguien le hubiera susurrado al oído: no te lo creerás, pero acabarás siendo el amigo invisible de los hijos de quienes ahora te condenan.

§ 3 respuestas a Jesús de Nazaret y la resurrección

  • Quentin dice:

    El cristiano razonable debe asumir que Jesús quizás no resucitó.

    La convicción es superior a la fe, ya que no exige saltos al vacío. La convicción elige la mejor pasarela para saltar las grietas que aparecen en la senda de la metafísica. Y si la pasarela cede se debe buscar una vía alternativa.

    Los hombres comprendieron en tiempos de Jesús que la creencia en un Dios violento, vengativo e iracundo no era razonable. Y escucharon a Jesús cuando describía a un Dios paternal, amoroso y compasivo. Cambiaron de convicción.

    Se puede tener la convicción de que Jesús resucitó. ¿Por qué no? Pero a la vez debe aceptarse que dicha convicción puede ser superada por otra mayor. Hoy la juventud no ve razonable la resurrección. Están cambiando de convicción. Reflexionemos sobre ello. Y reaccionemos.

    Nadie debe quedarse a las puertas de una pasarela por no verla segura. Deben tenderse nuevas rutas que garanticen la viabilidad del proyecto cristiano. El camino cristiano debe estar abierto a todas las almas, tal como con tanta lucidez comprendió Pablo. Él mismo señaló que sin la resurrección la fe cristiana carecía de sentido. Y llevaba razón. Porque la fe que no es razonable no debe invitar al salto al vacío. Debe claudicar. Y tiene que devenir una nueva convicción. Buscando siempre sin miedo un camino alternativo que lleve a donde Jesús nos quiso conducir: al crecimiento continuado en la dignidad de todos los seres humanos.

    Sin temor al vacío. Tendiendo nuevos puentes.

  • Iñaki dice:

    Desde mi pobre conocimiento de Jesús, que tan difícilmente pongo en práctica, quisiera decir que no implica que las consecuencias de un acto sean políticas para que ese acto sea en esencia político.
    Y respecto a la opinión de Quentin, quería plantearte una cuestión, ¿cómo puedes fundamentar los derechos humanos sin eso que llamas “metafísico”?.

  • Quentin dice:

    Hola Iñaki,

    El mejor apuntalamiento de los derechos humanos proviene sin duda del cristianismo. Porque dichos derechos, cuyo objetivo último es la defensa de la dignidad de la persona, se sostienen sobre el pilar del amor, que es el que proclamó Jesús en su tiempo.

    Así que dentro de lo metafísico, la del cristianismo es la mejor vía hacia el progreso humano.

    Afortunadamente, fuera del cristianismo, y por ende fuera de lo metafísico, también el hombre halla fácilmente la senda que transita por los derechos humanos. No es preciso acudir al derecho natural para ello. Basta con ensayar sistemas de vida alternativos y elegir el que da mejores resultados. Atrás quedaron las dictaduras, el comunismo, el fascismo y muchos otros sistemas que fracasaron en dotar al hombre de dignidad.

    Es en este sentido que cabe afirmar que el cristianismo es pura ingeniería. Ya que es la mejor solución práctica y real al problema concreto que se le plantea al hombre como animal social: la convivencia. Y es que Jesús nos mostró la manera más sabia de convivir con el otro: aplicando esfuerzo en amarlo.

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