el juego de la comba

marzo 10, 2022 § Deja un comentario

El contrataste entre lo que nos parece que es y un saber sobre lo que es no es fácil de precisar. Pues, de hecho, la ciencia sustituye lo que nos parece desde dentro de la escena —el sol se mueve— por lo que nos parece desde las gradas del espectador imparcial —lo que se mueve es la tierra—. Ahora bien, no seguimos hablando de apariencia porque veamos que la tierra se mueve —pues, de hecho, no lo vemos—, sino porque el modelo de Copérnico cuadra matemáticamente con los datos. Mejor dicho, porque ofrece una matemática más simple (y desde los griegos hay más verdad en lo simple que en lo complicado). Sin embargo, bien pudiera ser que la exterioridad fuese contradictoria, esto es, que el mundo fuese el encubrimiento de una alteridad que no admite el concepto, en tanto que anda rozando la nada o el nadie. El sujeto del saber teórico —y aquí la etimología de la palabra teoría resulta significativa— ocupó el lugar de un dios. Sin embargo, lo que ignora dicho sujeto es que Dios en realidad no ocupa ningún lugar. No puede hacerlo, salvo como lo otro de sí —como un desplazado, un excluido, uno que cuelga—. Ni la ciencia, ni por supuesto nuestra sensibilidad pueden hacerse una idea del eternamente aún nadie como tal.

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