la confesión creyente en composición de lugar

julio 23, 2026 § Deja un comentario

Meditar los evangelios significa, en buena medida, hacerse una composición de lugar. Imaginar que el de Galilea, por ejemplo, te pregunta, como se lo preguntó en su momento a Pedro, ¿y tú quién dices que soy yo? Sin embargo, lo cierto es que solo deshonestamente podemos responder como Pedro… a menos que nos hallemos al pie de la Cruz —y como desheredados—. Pues tan solo en ese caso se nos revela lo que la confesión creyente proclama, a saber, que el quién de Dios es el que, bajo el abandono de Dios, invoca el perdón de Dios para sus verdugos. Esto es, que no hay otro Señor que el crucificado en nombre de Dios —y esto, obviamente, no deja las cosas de Dios como estaban—. O por decirlo de otro modo, en su lugar.

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