dinamarca

mayo 6, 2010 § Deja un comentario

La paradoja de lo humano —la paradoja por la cual cualquier definición de lo humano acaba siendo inocua— consiste en que el individuo, como expulsado del más allá, es superior a la especie.

clasicismo

mayo 5, 2010 § Deja un comentario

Parafraseando a Bloom: los clásicos son, en realidad, ilegibles. En cualquier caso, uno es leído por los clásicos. Ante un clásico siempre permanecemos sub iudice, pues ¿quién podrá soportar fácilmente que un Hamlet —o un Abraham— tengan más vida que cualquiera de nosotros?

aceite de oliva

mayo 5, 2010 § Deja un comentario

Desde la óptica de la eternidad ¿qué importa un genocidio? Un tiempo eterno todo lo iguala. Sub specie aeternitatis, Mengele se encuentra al mismo nivel que Madre Teresa. ¿Qué más da para quien se sitúa en la posición de un dios espectador? La historia de la humanidad, apenas unos pocos segundos entre miles de millones de años. Las aguas del Leteo siempre terminan por cubrirnos. ¿Alguien puede tormarse en serio la inmortalidad de Homero? ¿Quién puede creer que seguirá habiendo la misma humanidad de aquí a cien mil millones de años? Que incluso el Hijo pueda caer en el olvido ¿no es algo que debería estremecer a cualquier cristiano? El universo no tiene sentimientos. Todas las cosas son para él como perros de paja. ¿Qué sentido —qué hacia dónde— podemos esperar, entonces, de un mundo que no cuenta con nosotros para nada? Si todo vale por igual, nada vale. Y el hombre es vanidad. Sin embargo, la falta de valor no conduce necesariamente al nihilismo. Tampoco hablamos de la esperanza. Hablamos de Epicuro. « Leer el resto de esta entrada »

conjunciones y disyunciones

mayo 3, 2010 § Deja un comentario

Divorcio entre cielo y tierra: la virtud consiste en el sacrificio de la naturaleza para merecer el cielo. En su última fase, el cristianismo genera la sociedad irreligiosa moderna y transforma la relación vertical entre los términos en relación horizontal: el cielo se convierte en historia, futuro, progreso; […] El cristianismo antiguo, gemelo del islam a este respecto, concibió la acción histórica como cruzada, guerra santa y conversión de los infieles. Los occidentales modernos transfieren la acción de la conversión a la naturaleza, actuando sobre ella y contra ella […] La conquista, la dominación y la conversión de la naturaleza tiene raíces teológicas, aunque los científicos actuales preferidos sean hombres irreligiosos o incluso ateos. Aunque no sean religiosas, nuestra ciencia y nuestra técnica tienen un carácter cristiano, están inspiradas en el pío furor de los cruzados y de los conquistadores, hoy en día dirigido no a la conquista de las almas sino a la del cosmos. China concibió la cultura como cultivo de la naturaleza; el Occidente moderno como dominio sobre ella.

Octavio Paz

nietzscheanas 5

mayo 3, 2010 § Deja un comentario

El hecho de que Dios pueda o no valer como Dios no es algo que se resuelva del lado del hombre. Una vez muerto, no hay nada que hacer con Dios. Y es que la situación del hombre ante Dios no se decide en la interioridad del hombre —un lugar demasiado oscuro para un dios—, sino en su “modo de estar en el mundo” y lo cierto es que nuestro actual modo de estar en el Mundo —el modo del consumidor— no admite por principio el juicio de ningún Dios. El individuo moderno, ése cuya aspiración es, precisamente, la de ser dueño de sí mismo, no puede sentirse en ningún sentido sometido a Dios. De hecho, quienes sufren ante la posibilidad de ser juzgados por Dios son, por lo común, tildados de neuróticos. Y, sin duda, hay por ahí muchos neuróticos por la causa de Dios. Pero es innegable que una dosis de neurosis —en bíblico, una dosis de in-quietud, de persitente desarraigo— va con Dios. Un mundo por entero disponible, un mundo en donde ya no hay nada objetivamente sagrado es un mundo en donde Dios resulta inviable… diga lo que diga el que aún dice creer. Sencillamente: si Dios ha muerto, no cabe la fe —en modo alguno puede haber fe—. La fe ya no responde a la realidad de Dios, sino a la necesidad humana de Dios. Es sintomático que el creyente deba creer —suponer— que Dios existe antes de poder confiar en Él. Pero un Dios que aguarde la creencia del hombre —un Dios que no ponga de rodillas al hombre—,  no puede valer como Dios. Un Dios reducido a un asunto personal ¿no es, acaso, una contradictio in terminis? Quienes se atreven a decir que para ellos Dios existe ¿cómo no se les cae la cara de vergüenza? Dios ha muerto significa: Dios en manos de estos creyentes.

nietzscheanas 4

mayo 3, 2010 § Deja un comentario

Dios ha muerto significa Dios ha dejado de valer como Dios. ¿Acaso queda alguién ahí que aún se sienta obligado por Dios? ¿Acaso no fueron sus mismos representantes quienes comenzaron quitándole hierro al Dios que nos obliga? ¿No fueron ellos quienes, con la intención de asegurar el rebaño, convirtieron al dios temible en una idea de Dios? ¿Quién se estremece hoy ante la posibilidad de fallarle a Dios? Dios ha perdido su antiguo vigor, su fuerza vinculante. Y si Dios nada puede, ¿quién podrá invocarle honestamente? ¿Quién podrá confiar en un Dios que ha hecho de la impotencia su seña de identidad? ¿Cómo dirigirse a un cadáver? Dios ha muerto significa, pues, lo siguiente: aun cuando algunos puedan decir hoy en día que siguen creyendo en Dios, su fe no puede ser otra cosa que una fe defectuosa, estrictamente, una mala fe. Un pecio.

transhombre

mayo 3, 2010 § Deja un comentario

No hay poder que no sea invisible. Quien puede en verdad nunca se encuentra sub judice. Por eso la sentencia de Nietzsche —donde muere Dios, muere también el hombre— posee un sabor agridulce: no hay libertad que valga sin un Dios al que arrebatársela. O con otras palabras, sin un Dios que pueda juzgarnos —sin un Dios que obligue a todos por igual—, el hombre está abocado a perder su humanidad. Sin duda, un Dios que muere arrastra consigo al hombre. El hombre será definitivamente dejado atrás por la inmolación de Dios. Y la superación del hombre no es que sea una buena noticia para el hombre. Sin nada sagrado que temer, el hombre aún no tendrá poder para crear la vida, pero sí podrá —quien pueda— decidir quienes deben vivir y quienes morir. Podrá experimentar impunemente la fascinación ante el instante de una muerte contemplada, espectacular. Solo como testigo de la muerte puede el hombre emular a Dios.

nietzscheanas 3

mayo 3, 2010 § Deja un comentario

¿Qué dijo Nietzsche? Pues que Dios había muerto —que Dios no iba a volver—. De hecho, dijo más: que con la muerte de Dios, también moría el hombre. Y que Dios murió porque, en realidad, lo habíamos matado. Demasiadas cosas como para considerar su sentencia como una simple declaración de ateísmo. Nietzsche, así, no dice —como suele decir el crítico ilustrado a la religión— que ahora nos hemos dado cuenta de que el Dios en quien confíamos, de hecho, no existe. Nietzsche no declara la muerte de Dios como quien descubre que los reyes magos son los padres. Si Dios ha dejado de ser verdadero es porque hubo un tiempo en que fue verdadero.

(Sin embargo, ¿cómo puede decir Nietzsche semejante cosa? ¿Qué noción de verdad anda en juego aquí? ¿Cómo puede morir un dios —un dios que tuvo lugar verdaderamente—?)

the human condition

mayo 3, 2010 § Deja un comentario

…aunque admitamos que la edad moderna comenzó con un imprevisto e inexplicable eclipse de la trascendencia, de la fe, de un más allá, de ello no se sigue en modo alguno que esta pérdida haya arrojado a los hombres al mundo. Al contrario, la evidencia histórica demuestra que los hombres modernos no fueron proyectados hacia el mundo, sino hacia sí mismos.

Hannah Arendt

nietzscheanas 2

abril 30, 2010 § Deja un comentario

Que estamos lejos de un Dios que valga —que sufrimos de nihilismo con independencia de cuál sea nuestra confesión—  se observa fácilmente en lo siguiente: ya no hay quien tema a Dios. ¿Dónde se encuentra hoy en día un creyente pendiente de juicio? ¿Qué creyente tiembla ahora ante la posibilidad de una condena sin apelación? Que Dios se haya convertido en nuestro amigo ¿no es ya de por sí un síntoma de que Dios ha perdido altura? Un Dios que tenga que refugiarse en nuestra intimidad ¿acaso no es un Dios en retroceso? ¿Qué extravío condujo a Dios a los recovecos del alma femenina? ¿Qué miedo —qué enfermedad— obligó a Dios a cambiar de talla? Un Dios amiguete no puede valer como Dios. Un Dios amiguete es a lo sumo un fantasma bueno, un Casper. Pero un Dios-Casper ¿acaso no nos precipita al onanismo espiritual? Seamos serios, al menos por una vez: o Dios tiene el poder de juzgarnos o no puede valer como Dios. También podemos decirlo de otro modo: o nuestra existencia se encuentra bajo la posibilidad de un No inapelable —y, por tanto, de un definitivo Sí—… o no se encuentra bajo Dios. Pero ¿dónde localizar al creyente cuya vida se encuentra sub judice? Más aún: sin Juicio ¿puede una vida tomarse en serio? ¿Qué existencia puede alcanzar el suficiente vigor —la suficiente fortaleza— como para permanecer de rodillas ante el eclipse de Dios? Un Dios íntimo solo puede significar que el Juicio es lo más íntimo. Pero desde la profundidad de la tumba ningún dios está ya para juzgarnos. ¿Quién nos iba a decir que el «come by us» es, en realidad, un Requiem? « Leer el resto de esta entrada »

that’s the question

abril 30, 2010 § Deja un comentario

A veces me pregunto qué he visto de cerca…

nietzscheanas 1

abril 28, 2010 § Deja un comentario

Nihilismo, esto es, nada por detrás —o por debajo— de nuestros grandes ideales. Nada verdadero que los sostenga. Nada que represente aquí lo que vale en verdad allí. Ningún más allá que quiebre el primado de la tautología, que nos permita ver que una rosa puede no ser una rosa. Nuestras grandes palabras sobre la bondad, el amor…, al fin y al cabo, no responden a la Bondad o al Amor. La Bondad —el Amor— como espejismo, como ilusión. Todo aquello que mereció nuestra ciega confianza —todo aquello que encarnó un Sí inobjetable— se revela hoy como algo indigno de nuestra fe, como algo aún demasiado humano como para obligarnos a hincar nuestras rodillas. Puede que la fe nos convenga —puede que humanamente no podamos dejar de confiar—. Pero eso tan solo revelaría la fe como conveniencia, como artificio, como infancia. La Nada —y no Dios— sería el gran descubrimiento. La Nada como última instancia. La Nada como verdad. ¿Qué descubre, por tanto, quien des-cubre la verdad? ¿Qué encuentra quien hurga en las apariencias? ¿Qué de extraordinario? Nada verdadero ahí, sino, en cualquier caso, la verdad misma de la nada. Ninguna Bondad por detrás de cada hombre bueno, ningún Amor por debajo de quienes dicen amarse. Tan solo reacciones, efectos, fuerzas. Lo que se manifiesta como la bondad de los hombres buenos —o el amor de los amantes— no es ni la Bondad ni el Amor, sino su idea, su ídolo, su ficción. Platón buscó en vano, pues la idea no posee entidad.  Descubrir la verdad sería, pues, desenmascararla. Como si hubiéramos caído del caballo al ver que el estrecho abrazo de Madre Teresa no es más que el abrazo de una mujer llena de ebriedad.

cómo el mundo verdadero terminó por convertirse en una fábula

abril 27, 2010 § Deja un comentario

1. El mundo verdadero, alcanzable por el sabio, por el piadoso, por el virtuoso: él vive allí, él mismo es este mundo.

2. El mundo verdadero, por el momento inalcanzable, pero prometido al sabio, al piadoso, al virtuoso («al pecador que hace penitencia»).

3. El mundo verdadero inalcanzable, indemostrable, imposible de prometer, pero ya en cuanto pensado, un consuelo, un deber, un imperativo.

4. El mundo verdadero: ¿inalcanzable? En cualquier caso, no alcanzado. Y en cuanto no alcanzado, también desconocido. En consecuencia, tampoco consolador, salvífico, vinculante: ¿a qué podría vincularnos algo desconocido?

5. El «mundo verdadero»: una idea que ya no es útil para nada, ni siquiera es ya vinculante, una idea que se vuelve inútil y superflua, por tanto, una idea refutada: ¡abolámosla!

6. Al mundo verdadero lo hemos abolido: ¿qué mundo queda?  ¿Quizá el aparente? […] ¡No! Con el mundo verdadero hemos abolido también el aparente.

F. Nietzsche, El crepúsculo de los ídolos.

nihil

abril 27, 2010 § Deja un comentario

Nihilismo: falta el fin; falta la respuesta al «¿para qué?»; ¿qué significa nihilismo? Que los valores supremos se desvalorizan. [Esto es, pierden su valor, su fuerza vinculante.]

F. Nietzsche (1888)

la filosofia de la redención (1876)

abril 27, 2010 § Deja un comentario

Dios ha muerto y su muerte fue la vida del mundo.

Philip Mainländer

1995a

abril 27, 2010 § Deja un comentario

No somos realmente nosotros sino cuando, poniéndonos frente a nosotros mismos, no coincidimos con nada, ni siquiera con nuestra singularidad.

EM Cioran

silogismo

abril 27, 2010 § Deja un comentario

La mayoría de quienes se confiesan religiosos suelen admitir, aunque sea a regañadientes, que de Dios, en definitiva, no sabemos nada, que Dios, por mucho que se haya aproximado al hombre, no deja de ser un misterio. Sin embargo, si Dios es, en verdad, misterioso —si el misterio es propiamente de Dios—, ¿cómo es que se dejan llenar la boca tan fácilmente con el asunto de Dios? ¿Acaso no tendrían que guardar (su) silencio? ¿Cómo pueden incluso invocarle? En la medida que Dios sigue siendo un misterio, todo lo que podamos decir de Dios es inútil. De Dios, en sí mismo, seguimos sin saber nada. Con todo, si la palabra no alcanza al misterio mismo de Dios, entonces quizá deberíamos reconocer sin más que la presencia de Dios es la presencia misma de la Nada. O lo que viene a ser lo mismo, que Dios en sí mismo solo se nos puede ofrecer como algo’ dejado continuamente atrás. Trascendencia.

schalab

abril 27, 2010 § Deja un comentario

[…] vet aquí la nostra única carn / feta de pactes. Nosaltres, però, no podem respirar / més. Refusats per la gran certesa, ja somiem / altres fronteres més vives […]

Albert Balasch, Les execucions

without

abril 27, 2010 § Deja un comentario

Kant puede ser verdadero o falso. Epicuro o Nietzsche no son verdaderos ni falsos, sino que están vivos o muertos.

Robert Musil

ghetto

abril 24, 2010 § Deja un comentario

En el judaísmo el hombre siempre es, en cierta manera, resto. Siempre, en cierta manera, es el que queda [cuando no queda ya nada humano ahí].

Franz Rosenzweig

amalek

abril 24, 2010 § Deja un comentario

Dt 25, 17-19. «Recordad lo que os hizo Amalek cuando estabais en camino, después de haber salido de Egipto. Recordad que, sin ningún temor de Dios, os atacó en el camino y se aprovechó de que estabais cansados y fatigados. Atacó por la espalda a los que se sentían débiles y se habían quedado atrás. Por lo tanto, cuando Yavhé vuestro Dios os haya librado de vuestros enemigos en el país que él os dará por herencia, deberéis borrar de la tierra la memoria de Amalek. No lo olvidéis.»

¿Cómo entender este pasaje? ¿Cómo puede Dios ordenar un genocidio? Por lo común, sorteamos la dificultad a la manera de Marción, arrancando las páginas incómodas, ésas que no acaban de coincidir con lo que esperamos de Dios. Podemos también ser más sutiles y decir que Israel, ahí, no entendió verdadaderamente a Dios. Sin embargo, Israel difícilmente puede prescindir de los acontecimientos que inspiran el temor de Dios. Los episodios de la ira de Dios —esos que provocan el temor del hombre— no son, precisamente, episódicos en el Antiguo Testamento.  Por otro lado, tampoco parece que se trate de un pasaje que solo pretenda justificar a posteriori el exterminio de los amalecitas a manos de Israel, pues Israel se resiste, de hecho, a exterminarlos. Saúl, por ejemplo, tendrá piedad de Agag, el rey de los amalecitas, cuando tras la exhortación de Samuel, se vea obligado, como primer rey de Israel, a ejecutar el antiguo mandato de Yavhé, sin excepción de “hombres o mujeres, niños o recién nacidos, buey u oveja…”. Podríamos estar tentados de creer que fue Saúl y no Samuel quien interpretó adecuadamente la voluntad de Dios. Pero ¿pudo equivocarse Samuel con respecto a Dios? ¿Pudo errar el primero de los grandes profetas en un asunto tan crucial? En cualquier caso, el fragmento bíblico no parece que esté de parte de Saúl. Samuel decide cumplir él mismo con el mandato de Yavhé y, poniendo a Agag de rodillas, pronuncia la sentencia antes de ejecutarlo en nombre de Dios: “así como tu espada ha dejado sin hijos a tantas madres, así tu madre será ahora una madre sin hijo. Y, sin más, Samuel lo descuartizó en Guilgal, ante el Señor.» 1Sam 15. « Leer el resto de esta entrada »

maldad

abril 13, 2010 § Deja un comentario

¿Existe un maldad tan extrema que se encuentre más allá de toda posible redención? ¿Existe algo así como una voluntad de mal? Un pensamiento serio no puede responder fácilmente a esta cuestión. Es cierto que el mal ha sido mal comprendido en Occidente. Por lo común, en tanto que hijos de padres que convivieron sin amarse —en tanto que herederos de Atenas y de Jerusalén—, no sabemos qué decir. Por un lado, tendemos a creer griegamente que el mal es un error —o una enfermedad—. Por otro lado, sospechamos judíamente que el hombre, en el fondo, quiere el mal —que el hombre no puede admitir como propia la voluntad de Dios—. Ciertamente, nos tranquiliza creer que el hombre tiene remedio, que nadie puede actuar mal sin ignorar en qué consiste el verdadero bien. Nos tranquiliza creer que el hombre puede confiar en su posibilidad de transformación. Ahora bien, esta confianza no parece que vaya lo suficientemente lejos en el escrutinio. No se trata de ceder al peor de los pesimismos. Se trata de caer en la cuenta que el hombre no puede evitar desear la transgresión, donde se le impone la Ley. Se trata de comprender que el hombre, desde sí mismo, no puede amar la Ley. No es casual que el psiconanálisis sea un producto judío. « Leer el resto de esta entrada »

modernité

abril 12, 2010 § Deja un comentario

Es difícil saber hasta qué punto la Modernidad afecta a la verdad cristiana. Lo que resulta innegable es que la Modernidad ha levantado acta de defunción de la Cristiandad. O lo que viene a ser lo mismo, modernamente, el cristianismo ha perdido la hegemonía de las penúltimas palabras. La vieja fe se ve obligada a encontrar un hueco en los estantes del supermercado de la buena vida. Con todo, ahora como antes, permanece abierta la cuestión de si el testimonio cristiano ofrece o no la última palabra.

anti-lear

abril 12, 2010 § Deja un comentario

…y, con todo, vivimos de la penúltimas palabras, no de las últimas. Con las últimas, sobre-vivimos. King Lear, ciertamente, no destila ese saber propio de quien sabe vivir. De la historia de Lear no podemos extraer instrucciones para la navegación. O con otras palabras, los grandes relatos, los que narran historias in extremis, no suelen proporcionar recetas para la felicidad. Sus historias no son, propiamente, ejemplares. Ni siquiera la del Crucificado. Su cuestión es otra, a saber, qué podemos esperar cuando ya no podemos esperar nada del mundo. Y si los finales trágicos nos dejan en suspenso, no es porque ignoremos cómo acaba, sino porque difícilmente podemos evitar la impresión de que quienes murieron encarando el desprecio del dios, vivieron, en esa muerte, mucho más que nosotros en nuestra entera vida. En cualquier caso, no deja de ser desconcertante que el hombre no pueda preferir lo que, en definitiva, anhela; que la verdad del hombre no se decida en territorio humano, esto es, dentro de los muros de la Ciudad, sino en cimas —mejor dicho, abismos— irrespirables. Pero esto es lo que hay. Al fin y al cabo, a diferencia de lo que ocurre con las recetas, las últimas palabras no se discuten. Se toman o se dejan.

lear

abril 10, 2010 § Deja un comentario

King Lear es un texto que se encuentra, cuanto menos, a la altura del libro de Job. Su moraleja resulta inquietante: el bien no nos redime. Como sabemos, Cordelia, esa mujer justa, muere ahorcada. Los príncipes de este mundo acaban pronunciando la última palabra. Al fin y al cabo, la paz no deja de ser una tregua. Sin embargo, a pesar del nihilismo que supura —o quizá mejor deberíamos decir que por eso mismo…—, la tragedia de Shakespeare posee profundas resonancias bíblicas: las hijas preferidas —las que le permiten a Lear decir que todo encaja, que todo está bien— son las que, en definitiva, acabarán traicionándole, mientras que Cordelia, la repudiada, será la que acogerá al padre en su destierro. La enseñanza aquí no admite nuestra ingenuidad: el hombre no puede confiar en el orden arquetípico que en apariencia constituye el Mundo. No hay Bien —no hay divinidad— que nos ampare. Quien nos salva, en cualquier caso, no es otro que aquel que repudiamos. La bondad de Cordelia no conecta con ningún orden superior, sobrenatural, divino. Y quizá por eso mismo es incapaz de transformar el corazón de los hombres. Seguimos, pues, a la espera de Dios, como el mismo Job —si prescindimos del parche de los últimos versículos—, en definitiva, a la espera de un final feliz que, como tal, solo podrá coincidir con el final del mundo. Lo dicho: Isaías.

hardcore

abril 10, 2010 § Deja un comentario

Y la gente me preguntaba: ¿qué has aprendido [de los años que pasaste en Sobibor]? Yo solo sé una cosa: que nadie conoce a su prójimo. Encuentras a una persona muy simpática en la calle, le preguntas por una dirección concreta y te acompaña media manzana para indicártelo, se comporta con amabilidad. Esa misma persona, en una situación diferente, podría ser un sádico de la peor especie. Nadie conoce a nadie. Cualquiera puede ser bueno o malo según la situación. A veces, cuando estoy con alguien que se porta con mucha amabilidad, me pregunto: ¿cómo habría sido ese sujeto en Sobibor?

Toivi Blatt, superviviente

parábolas

abril 9, 2010 § Deja un comentario

Sabemos por una conocida parábola zen que el junco es más fuerte que el roble, pues el junco, gracias a su flexibilidad, puede resistir mejor que un roble la potencia de un huracán. El roble acaba quebrándose por querer resistirse a una fuerza mayor, mientras que el dócil junco sigue con vida. ¿Quién cuestionará la moraleja de la parábola? Sin embargo, ¿hasta qué punto deberíamos admitir que el junco en verdad puede más que un roble? De hecho, el junco es más fácil de arrancar que un árbol cuyas raíces penetraron profundamente en la tierra. Así, podríamos ahora añadir la historia de los campesinos que segaron fácilmente los juncos de la ribera porque no tuvieron la paciencia del roble para arraigar…  Si cada parábola posee su envés, ¿qué párabola seguir? ¿Qué maestro deberíamos escuchar? ¿No deberíamos, más bien, realativizar su pretensión de verdad, aceptar el carácter instrumental de las grandes metáforas? « Leer el resto de esta entrada »

aletheia

abril 6, 2010 § Deja un comentario

«En la ópera Adriana Mater, el autor del libreto, Amin Maalouf, nos confronta con los enigmas del perdón y del odio. ¿Es valiente o cobarde el perdonar? Adriana, violada, no quiso abortar. ¿Qué sangre correrá por las venas de su hijo? ¿Será la de Caín, la de Abel? El hijo, al conocer su origen, quiere vengar a su madre, pero huye horrorizado al comprobar que su padre, que ha vuelto del frente, está ciego. Cuando se excusa por no haber sido capaz de asesinar a quien lo engendró con brutalidad, su madre pronuncia la catarsis lapidaria: no nos hemos vengado, pero nos hemos salvado

en selecciones de teología, marzo 2010

imperator

abril 6, 2010 § Deja un comentario

Si quisiéramos conocer bien el valor exacto de las personas, tendríamos que estudiar lo que piensan, qué persiguen y cuáles son las cosas que desprecian. El hombre vale más o menos según el valor de aquellas cosas a las cuales ha consagrado su vida.

Marco Aurelio

nulla dies sine linea

abril 6, 2010 § Deja un comentario

Un escritor no es tanto alguien que tiene cosas que decir, sino alguien que ha encontrado un procedimiento que generará cosas en las que no habría pensado si no se hubiera puesto a decirlas.

William Stafford

viento en contra

abril 6, 2010 § Deja un comentario

Sin resistencia nada puede lograrse.

Jean Cocteau

elección

abril 5, 2010 § Deja un comentario

Sabemos que los judíos fueron los elegidos por YHWH. Sin embargo, estamos aún lejos de comprender el sentido de esta elección. Por lo común, se entiende que Dios elige como quien se decanta por un whiskey. Pero los judíos no fueron los elegidos por Dios para su goce, sino para dar testimonio de su verdad. Y la verdad de Dios no es otra que la verdad del hombre. Si el hombre se encuentra sometido a la realidad de Dios —a su bendición y a su mandato— es porque de Dios, en sí mismo, tan solo poseemos el nombre. Porque Dios es intratable, Dios permanece siempre más allá, incluso más allá de la divinidad. El judío siempre encuentra en falta a Dios… en el doble sentido de esta expresión. Sin embargo, debido a ello, el Mundo deviene algo extraño para el judío. El Mundo ya no puede ser un hogar para quien encuentra a Dios en falta. Y, así, se abre el mar.

La elección, por tanto, no es casual. Si los judíos fueron los elegidos es porque fueron, precisamente, unos des-graciados, aquellos que no gozaban de la protección —de la gracia— de ninguna divinidad. Los sin dios fueron los elegidos para dar testimonio de la verdad de Dios, de su radical transcendencia. ¿Comprendemos ahora? Tan solo los sin dios pueden ver —reconocer— a Dios. ¿Cómo, entonces, poder soportar nuestra satisfacción? Se confirma una vez más que la verdad de Dios no es, en modo alguno, algo que podamos preferir. Quien entiende la elección al modo de una inclinación más o menos arbitraria, olvida que Dios abandona a quien elige… para que en el elegido arraige el espíritu de Dios, el que libera al hombre del poder de la circunstancia. El judío, en tanto que sigue sometido a la exigencia de Dios, en el doble sentido del genitivo, aún puede esperar dónde el Mundo ya no ofrece ninguna esperanza. Dios elige al judío para que el hombre recuerde, precisamente, que no es más que esa esperanza sin imágenes. Al fin y al cabo, un vértigo.

charlie brown

abril 3, 2010 § Deja un comentario

We don’t know what counts —it’s a simple as that, isn’t it—.

Charles Wright

(no sabemos lo que importa — tan sencillo como eso,

¿o acaso no se trate de eso?—)

YWHW

marzo 28, 2010 § Deja un comentario

La existencia judía es un existencia que permanece en suspenso entre la fidelidad a una bendición originaria —a un incuestionable Sí primordial— y la extrañeza, por no decir el escándalo, de haber sido abandonados por Dios. Para el resto de la humanidad, ambos extremos son irreconciliables. O bien, ante la marca indeleble del horror, se rechaza como ilusión la creencia en una divinidad providente, o bien, se niega el carácter definitivo del sufrimiento, aun del sufrimiento indecible, en aras a poder seguir creyendo. Es por eso que la existencia judía constituye un caso aparte. ¿Cómo comprender la posición de quien habiendo sido abandonado por Dios, no abandona a Dios? ¿Se trata de una obsesión? ¿De un instinto? ¿De qué Dios da testimonio esta fidelidad? En cualquier caso, la existencia judía no se sitúa entre el dios y la bestia, ambas posibilidades aún demasiado humanas, sino entre los dos lados de la radical transcendencia de Dios, la Creación y el Mal, el don y la oscuridad. Como si la ausencia de Dios, fuera la herida que mantiene al judío con vida frente al poder del Mundo. (Como si el hombre solo fuera posible a través de un Dios que se niega a sí mismo hasta un inconcebible más allá.)

jaque

marzo 28, 2010 § Deja un comentario

Los personajes suelen estar a favor o en contra de la búsqueda. Si la apoyan, se los idealiza como valientes o puros; si la obstruyen, se los tilda simplemente como infames o cobardes. Por consiguiente, todo personaje típico suele enfrentarse con su contrario moral, como las piezas blancas y negras en el ajedrez.

Northrop Frye

sospecha

marzo 26, 2010 § Deja un comentario

Al fin y al cabo, no somos más que cuerpos arrodillados. Sin embargo, puede que nuestro sentido de lo humano dependa de mantener una cierta distancia con respecto a lo que somos. Como si nuestra verdad no nos perteneciera. Como si solo pudieramos soportarnos distraídamente.

teresianas

marzo 26, 2010 § Deja un comentario

El otro dia fui a visitar el colegio de las Teresianas en Ganduxer con unos chicos americanos que venían de visita a Barcelona y habían quedado ‘tocados’ por la genial arquitectura de Gaudí. Unas chicas del colegio nos explicaron el simbolismo de las formas utilizadas por el arquitecto en paredes, arcos, claustros, etc. Sin embargo, lo más revelador de su diseño no fue uno de esos detalles extraordinarios a los que estamos acostumbrados, sino su ausencia. Me explico: las chicas nos contaron que, justo en el centro del edificio, rodeado por unas columnas, se encuentra una estatua de Jesús que nos recuerda «la presencia de Dios en nuestros corazones». En el centro del edificio, como en lo mas profundo de nosotros mismos, habita —decían— «el espíritu de la bondad y el amor, aquel que nos da la fuerza para actuar según la voluntad de Dios». Lo más revelador ocurrió cuando una monja de la orden nos dijo que el arquitecto Gaudí había dejado ese espacio ‘vacio’, sin nada. Columnas y nada más. De hecho, ese ‘espacio vacío’ en medio del edificio nos llama mucho más la atención que el espacio ocupado. La experiencia de esa ausencia, de ese ‘vacío’ en el corazón del edificio fue muy reveladora. El ‘vacío’ reclama ser ocupado (y, de hecho, así ha sido). ¿Y si Dios nos ha dejado ese ‘vacio’ para que sea el hombre el que lo rellene? La oportunidad se nos da únicamente cuando reconocemos esa oquedad y respondemos a ella. La imagen en cambio nos paraliza, exige una contemplación, no nos llama a la acción. Parece que la mirada inquietante de una estatua satisface con demasiada rapidez nuestra inquietud. Sin embargo, lo que nos mueve es la experiencia de esa ausencia a la que estamos sometidos. Las monjas han rellenado ese hueco con una estatua de Jesús. El hombre no puede concebir a Dios, si no es a través de una imagen, pero entonces buscamos tratar con Dios y caemos así en la idolatría. Sin ese hueco, no hay llamada, no hay ‘clamor’. Esa estatua nos reconforta demasiado, en cambio un ‘vacío’ en el centro nos incomoda. ¿Hasta qué punto hay que dejar el hueco o rellenarlo? Podemos rellenar físicamente ese hueco del colegio de las Teresianas, pero no podemos creernos capaces de rellenar el ‘vacio’ real que representa.  Si no tenemos en cuenta eso quizas nuestra fe sea aún religiosa, la fe propia de un niño.

Jaume Coll

a-teísmo

marzo 25, 2010 § Deja un comentario

No es posible confesar que el Crucificado es Dios sin negar la existencia de la divinidad. No hay divinidad que no se muestre como una solución al problema de la existencia y a mí no me parece que podamos comprender al Crucificado como una solución. Un creyente ve en la Cruz, la respuesta misma de Dios a la falta de solución. La Cruz, ciertamente, salva pero no consuela. La esperanza cristiana carece, en este sentido, de expectativa. No hay imagen de la esperanza. El horror no posee la última palabra —y por esto decimos que hay salvación—, pero seguimos sin saber cómo puede darse la vida más allá del Mundo. Por eso las imágenes apocalípticas, las imágenes de la esperanza creyente, son literalmente inconcebibles. En cualquier caso, la respuesta de Dios, en tanto que se dirige a los abandonados de Dios —en tanto que no afecta al hombre que aún confía en sus pobilidades—, no puede ser aceptada por quien aún posee una sensibilidad típicamente religiosa. Quien posee esta sensibilidad díficilmente admitirá que Dios debe morir como divinidad para que pueda renacer como resucitado. Un Dios que no se identifique con el abandonado de Dios no puede responder al abandonado de Dios. Y ¿qué Dios puede identificarse con el abandonado de Dios sin sufrir él mismo ese abandono, esto es, sin renunciar a sí mismo, sin morir?. La muerte de Dios coincidiría, así, con el parto de Dios en la cima del Gólgota.

un día de campo

marzo 25, 2010 § Deja un comentario

¿Hasta qué punto el infierno revela lo que somos en verdad? Ciertamente, sometido a una presión extrema, el hombre acaba comportándose, por lo común, como una bestia. Pero ¿no deberíamos decir más bien que acaba actuando como lo que, en el fondo, es? ¿Quienes de los que regresan del infierno pueden seguir creyendo en el hombre? ¿Acaso no se nos hizo patente ahí que nuestra humanidad no es más que la piel de cordero que encubre al lobo? Pero nadie dijo que nuestra verdad tuviera que ir desnuda. Puede que tan solo en una ciudad justa sea posible vivir conforme a lo que en realidad somos. Puede que bajo circunstancias extremas, sencillamente, dejemos de ser lo que somos. Pero entonces deberíamos admitir que no todos somos iguales. Que el hombre llega a ser lo que es únicamente bajo unas determinadas circunstancias. Que Mowgli es al hombre lo que el capullo a la flor.

escalada

marzo 25, 2010 § Deja un comentario

El descenso a los infiernos no siempre envilece. También, santifica. El compañero de armas que es torturado no necesariamente terminará traicionándonos. También puede mantenerse fiel hasta el final. En cualquier caso, lo que se decide en el culo del mundo ya no depende de quienes fuimos. La fidelidad bajo tortura difícilmente puede ser atribuida a un yo seguro de sí. El hombre que permanece fiel hasta el final bajo la brutalidad de los días finales ya no podrá reconocerse en su fidelidad. Aquello que somos, al fin y al cabo, no nos pertenece. No es algo que se encuentre a nuestro alcance —algo que podamos sensatamente proponernos—. Tampoco, sin embargo, nos movemos ahí como títeres. El gesto final no es del hombre. Pero tampoco de Dios. Y quizá solo esto nos iguala.