¿un estoicismo cristiano?

agosto 5, 2023 § Deja un comentario

El estoicismo está de moda. Marco Aurelio ocupó el lugar de Marx. El mensaje es simple: si no puedes transformar el mundo, entonces mejor que te transformes a ti mismo; que el mundo no te pueda. ¿Y cuál es, sin embargo, la técnica de esta libertad? Diría que, básicamente, consta de dos recursos. Por un lado, el de ver cuanto sucede —o cuanto te sucede— sub specie aeternitatis, esto es, desde la óptica de la eternidad. Pues desde esta perspectiva nada importa. Incluso un genocidio deviene invisible —o a lo sumo un trampantojo— para el dios cuyo primer millón de años es apenas un instante. Por otro lado, el tener presente que vivimos dentro de un plazo. Como si fuéramos a morir a continuación. Esto es, que el temor a morir no te hunda. Al fin y al cabo, no hay otra libertad que la de estar por encima de tus miedos.

Pues bien, ¿puede un cristiano subirse a este carro? En principio, no parece incompatible. Sin embargo, hay un factor diferencial —y de paso, decisivo. Y es que lo que, cristianamente, te saca del bucle narcisista no es solo tu propia muerte, sino, sobre todo, la de las víctimas del mundo —la de los miserables que fueron abandonados en las cunetas de la historia a causa de, al menos, nuestra indiferencia. De ahí que, cristianamente, la pregunta no sea tanto la de cómo liberarse de cuanto nos puede, sino qué vida pueden esperar aquellos que murieron injustamente antes de tiempo. Para el estoicismo el mundo es un dato imborrable. En cambio, para el cristianismo es aquello que reclama una recreación. Así, mientras el estoicismo es ciertamente razonable, el cristianismo apunta a lo en modo alguno cabe creer desde nuestro lado. No hablamos, precisamente, de lo mismo. Es cierto que, en ambos casos, la ascesis es, por así decirlo, un práctica obligatoria. Pero si para el estoico la ascesis es una disciplina que conduce a la elevación, para el creyente es una respuesta. Sencillamente, un cristiano no puede vivir como si no existiesen aquellos que le demandan el pan de cada día.

asimetrías básicas

agosto 4, 2023 § Deja un comentario

Leemos en Ex 40: y en aquellos días Moises hizo lo que el Señor le había ordenado. ¿Cuál es la dificultad? En principio, ninguna. Pero que no la experimentemos acaso sea el síntoma de lo lejos que estamos de comprender. ¿Cómo leerlo, entonces? ¿Podemos comprender lo que se nos pretende decir simplemente leyendo?

Desde la posición del lector de novelas o periódicos, resulta inevitable leer el fragmento como si tratase de dos individuos: uno da órdenes y el otro obedece. Sin embargo, es obvio que Moisés no percibió el mandato de Yavhé como podría haber percibido una orden de su hermano Aaron, pongamos por caso. ¿Es que Moisés oía voces, a la manera de un esquizofrénico? No me atrevería a decirlo. Es desde esta obviedad que hay que leer el fragmento —y, por extensión, los textos bíblicos en donde Yavhé se dirige a sus profetas. Basta con situarse dentro de la escena. Pues, de hacerlo, fácilmente caeremos en la cuenta de que quienes obedecen a Yavhé actúan movidos por un imperativo insoslayable: estas mujeres y hombres no pueden vivir como perros. No hay más (o no lo hay, de momento). Y porque no hay más la existencia se encuentra sub iudice. Pues, en el fondo, cada uno debe elegir entre someterse al principio de la bondad o al del mundo. No obstante, difícilmente llegaremos a interiorizar esto último de hallarnos en el super.

Con todo, alguien podría decirnos que el imperativo insoslayable no es más que una reacción emocional… a la que, convencionalmente, le damos una especial importancia. Y quizá estuviera en lo cierto… si no fuera porque su carácter insoslayable se nos impone desde el aún-nadie de Dios, acaso lo más real. Y es que nuestro hallarnos expuestos a la radical trascendencia de Dios —una trascendencia que anda rozando la nada— va con el deber de responder a la lamentación de quienes soportan su peso. Al menos, porque en la cima de los Gólgotas de la historia —ante un silencio y una oscuridad impenetrables— es lo único presente. Y en este hic et nunc no responder es ya responder.

una composición de lugar

agosto 3, 2023 § Deja un comentario

Mucho lastre todavía por soltar. Y no para elevarnos, sino para descender. ¿O es que acaso ese lastre —más bien, un lustre— no nos impide caer en la cuenta de lo que supone confesar que el que sufrió una muerte atroz colgando de un madero como si fuera un perro es Dios? Un fracasado en nombre de Dios ¿es el único Dios verdadero? ¿En serio? Basta con hacerse una composición de lugar —basta con imaginar que nos hallamos en medio de la escena— para, cuando menos, tener una idea del carácter absurdo de la confesión cristiana. A menos que la leamos irónicamente. Pues, de hecho, está muy cerca de proclamar que no hay Dios. Y luego aún creeremos que es posible seguir siendo cristianos sin saber qué hacer, salvo traducirlos, con los relatos de la resurrección. Aunque aquí no habría propiamente mala fe, sino impotencia histórica. En realidad, la mala fe tendría que atribuirse antes a quienes no tienen ningún problema en decir —o incluso cantar— que Jesús resucitó…, mientras siguen con sus cosas.

zaratustra (una vez más)

agosto 2, 2023 § Deja un comentario

¿Libre te llamas? Quiero oír tus pensamientos dominantes, y no que te has escapado de un yugo. ¿Eres de aquellos a los que les está permitido escaparse de un yugo? Hay más de uno que se desprendió de su último valor al desprenderse de su servidumbre.

F. Nietzsche

presión atmosférica

agosto 1, 2023 § 1 comentario

El aire está lleno de nuestros gritos. Pero la costumbre ensordece.

Samuel Beckett

ser y bien

julio 31, 2023 § Deja un comentario

Es posible que la Modernidad tenga serias dificultades a la hora de comprender el vínculo entre lo que es y el bien. Pues no diremos de alguien que es nuestro amigo si no es un buen amigo (o, cuando menos, podamos suponerlo). El mal amigo es aquel que ha demostrado, precisamente, no serlo. El bien no es, por tanto, un adjetivo que se añada al sustantivo, sino aquello que lo constituye como tal. ¿O acaso es poeta el mal poeta? Tampoco decimos de alguien que apenas sepa rasgar una guitarra que sea un guitarrista. Nada es que no esté a la altura. Llegados a este punto podríamos decir que alguien sigue siendo humano a pesar de que no sea un buen hombre. Pero ¿podríamos decirlo si no tuviera la posibilidad de serlo? ¿Es que no tenemos la impresión de que el psicópata de libro lo que ha perdido es, de hecho, su humanidad? Más aún: quien quiere ser médico —y no simplemente ejercer la medicina— ¿puede no querer ser un buen médico? En este sentido, podríamos decir que solo el bien nos aleja del espejo. Como si nada fuese en verdad si no es en relación con lo amable, esto es, con lo digno de ser amado. Y quien dice amado dice buscado. Aun cuando aquí lo buscado sea, por defecto, lo que en modo alguno cabe alcanzar. Y es que solo el que ama sabe que cuanto más cerca, más lejos. Pero este es otro asunto.

manifest

julio 30, 2023 § Deja un comentario

No he visto la serie —pero sí que me han hecho cinc cèntims. Según parece —y no creo hacer spoiler al decir lo que ahora diré… pero, por si acaso, no sigáis leyendo si la queréis ver—, todo cuanto sucede a lo largo de las diferentes temporadas depende del poder que emana de una especie de zafiro, poder que decidirá, en definitiva, la redención o la condena de los protagonistas. Y se non è vero, è ben trovato. Por eso —y por los hechos aparentemente inexplicables que narra— la serie rezuma un cierto aroma espiritual. Sustituyamos el zafiro por el océano en el que terminaremos disolviéndonos como muñequitos de sal y casi tendremos un calco de las espiritualidades aconfesionales (aunque aquí, para que la coincidencia fuese mayor, deberíamos añadir la perspectiva, no habitual en dichas espiritualidades, de un juicio final: unos se disolverán… y otros no).

Pues bien, ¿no es acaso tot plegat muy triste? ¿Podemos hablar propiamente de salvación donde esta depende de un poder anónimo ? ¿Es que no seguiríamos estando solos? Es como si Marco, el niño que atraviesa el Atlántico en busca de su madre en el relato de Edmundo de Amicis, topase en el último capítulo, no con su madre, sino con el oasis que le permite saciar su sed y descansar definitivamente… pero nada más (o nada más que otros huérfanos). ¿No podríamos decir que las espiritualidades del algo —no del alguien— confirman la posición del nihilista, aunque bajo la excusa de una dicha eterna (y aquí no estoy presuponiendo que Dios sea un espectro bonachón)? La conexión a un enchufe —por hablar de la disolución— ¿es la única respuesta al nihilismo? Si se trata de ser buenos, ¿no bastaría con una droga de la bondad? Las prostitutas, los publicanos… que respondieron al clamor de las viudas, los inmigrantes… antes que los fariseos, ¿fueron capaces de responder porque eran buenos? Los samaritanos ¿no eran unos parias por su colaboración con el enemigo de Israel? La redención ¿acaso no tiene que ver antes con el culpable que con el infeliz?

fenomenología del rostro

julio 29, 2023 § Deja un comentario

El pensamiento de Emmanuel Levinas puede entenderse como una fenomenología del rostro. Según Levinas, el rostro no es objeto de conocimiento, esto es, no cabe representar, y menos objetivamente, la realidad del rostro. En los términos de Levinas, no es posible reducir lo Otro a lo Mismo, ajustar la alteridad a las condiciones de la representación. Pues, de hacerlo, se pierde precisamente el carácter otro de lo Otro —de hecho, está pérdida ha sido siempre lo no pensado dentro del pensamiento occidental.

La tesis es, sin duda, poéticamente brillante. Y de ahí su poder de seducción. Ahora bien, diría que no terminamos de comprenderla donde partimos del rostro o, mejor dicho, de la idea habitual de rostro, aquella que identifica rostro con fisonomía. Pues mientras las fisonomías son distintas, tan solo hay un rostro, aunque este se revele a través de las diferentes fisonomías. La tesis de Levinas sería, por tanto, que la genuina alteridad —lo Otro— irrumpe como rostro. Esto es, el punto de partida es, precisamente, la realidad de lo Otro, una realidad que, por lo que decíamos antes, no se encuentra sometida a las condiciones de la presencia (y, por extensión, no puede, como tal, hacerse presente). Sin embargo, aquí las cosas comienzan a ponerse cuesta arriba. Al menos, porque lo Otro, por definición, no es algo que aún no terminamos de aprehender —o que no cabe apresar por entero… como si fuera algo oculto por el velo de las apariencias—, sino lo inaprensible de por sí, al fin y al cabo, lo absoluto o ab-suelto. Lo Otro, estrictamente, no es nada —literalmente una doble negación: no-nada. En este sentido, quizá no sea anecdótico que, bíblicamente, hallarse bajo la trascendencia de Dios equivalga a estar sometido a lo que desprende de su eterno por-venir.

Existir, en realidad, significa vivir como arrancados de lo Otro —y por eso mismo, el hombre solo se encuentra a sí mismo donde se encuentra expuesto a la desmesura de una alteridad en falta, en definitiva, a una realidad que, en sí misma, no es nada —y por esta razón siempre se encontrará, como tal, en falta… (y aquí podríamos añadir por suerte). Hablamos del puro il-y-a, por emplear la expresión de Levinas, de un haber sin mundo, estricta oscuridad y silencio. Sin embargo, que no sea nadasignifica, teniendo en cuenta que estamos ante una doble negación, que, en cuanto tal, se nos revela como voluntad de ser en lo concreto. De ahí que lo Otro —la nada del puro haber— sea el fondo inescrutable del mundo —su misterio—, aquello que, en tanto que es continuamente dejado atrás, sostiene el haber del mundo. Quizá no sea casual que el de nada sea el envés de la gracia —de las gracias.

No obstante, ¿qué tiene que ver cuanto acabamos de decir con el rostro? ¿Qué es, en definitiva, un rostro? Toda fisonomía es una máscara. El rostro, en cambio, siempre revela nuestra verdad, a saber, el que nos hallemos esencialmente expuestos al poder de la aniquilación —al poder de la nada que abraza cuanto es—, aunque también, y por la doble negación que constituye una genuina alteridad, al deber de preservar el don de una vida extirpada de la nada (y por nada). En definitiva, el rostro revela nuestra común indigencia (y de ahí que el rostro sea siempre el mismo).

Sin embargo, al arrancar la máscara, no veremos ningún rostro: lo escucharemos. Pues el rostro —como imagen de Dios— es la invocación que habita en lo más profundo de cada uno y ante la cual no responder es ya responder. Con el rostro va el no matarás, que es tanto mandato como promesa. En el rostro, por tanto, se hace presente, a la vez que la indigencia del arrancado, la voluntad que alberga en su seno la alteridad de un puro haber —aquella por la cual el Otro no es nada. Esto, sencillamente, es así. Aun cuando deambulemos por el mundo como si no lo fuera.

traumatología básica

julio 28, 2023 § Deja un comentario

¿Que hay en el arrodillarse? ¿También un sentirse bien de rodillas? ¿O quizá tan solo un sentirse bien? Esto podría ser así de no hallarnos en las situaciones que nos ponen de rodillas, aquellas en las que nos enfrentamos a lo que nos puede. La cuestión, sin embargo, es qué es lo que nos puede realmente. Y no es lo mismo que nos pueda el matón de turno —el poderoso— que el leproso, el hambriento, el inmigrante… Ahora bien, para que suceda esto último —para ponernos en sus manos— ¿acaso antes no tendríamos que haber sido sepultados por la vergüenza que implica nuestro congénito pasar de largo? Donde aún confiamos en nuestra posibilidad, el arrodillarse ante la cruz no deja de ser un como si.

(Es verdad que Pascal tuvo muy en cuenta la importancia de las formas: primero arrodíllate y luego ya vendrá la fe. Y algo de esto hay. Sobre todo, porque al final solo nos quedarán las formas… como el único modo de permanecer fieles a lo que ya no seremos capaces de soportar (y no quedarán si no nos fueron dadas al principio). En cualquier caso, las formas que asumimos antes de tiempo, las asumimos más honestamente cuanto más tenemos presente aquellas historias que les dieron, precisamente, forma. De lo contrario, todo sigue siendo un alimentarse de viento.)

si tú crees en mí…

julio 27, 2023 § 1 comentario

En el Talmud, hallamos una sentencia que, comentando un versículo de Isaías, si no recuerdo mal, resulta enormemente desconcertante en un primer momento: si tú crees en mí, Yo soy; si no crees en mí, no soy, dice el Señor. Y desconcertante porque no parece que Dios pueda dirigirse al hombre antes de ser, precisamente, alguien. Evidentemente, quien escribe esto no podía ignorarlo. ¿Cómo entenderla, por tanto? ¿Acaso, y según la sensibilidad típicamente religiosa, Dios no es Dios desde el principio de los tiempos? Que no sea con anterioridad a la fe del hombre ¿no implica que Dios carece, en sí mismo, de entidad? ¿Basta con invocar a Dios —basta con sentir que hay alguien ahí arriba que está dispuesto a atendernos— para que, por eso mismo, haya Dios? Pero aquí ¿no estaríamos cerca de darle la razón a Feuerbach?

Ciertamente, según la sentencia, Dios no puede presentarse como el-ente-que-concebimos-como-dios , si su llegar a ser alguien depende del fiat del hombre. Esto es, no podemos dirigirnos a Él como si existiera a la manera de un dios (con minúscula). Dios está más allá de los dioses… en tanto que hay más realidad en el puro haber de Dios —un haber cuyo quién estuvo en el aire antes de la Encarnación— que en el haber de las cosas del mundo, las cuales se hallan sometidas al tiempo —y por eso mismo, están infectadas de no-ser. Es verdad que no hay un puro haber que no exija internamente, por así decirlo, el haber de lo concreto. Pero como también es verdad que hay cosas porque hay el haber en cuanto tal, aunque este último solo pueda revelarse como lo-siempre-dejado-atrás en el haber del mundo. Al fin y al cabo, como (la) nada. De ahí que Dios-en-sí sea propiamente la voluntad —una voluntad que va en busca de su sujeto— que, en el seno de la nada, hizo posible el mundo. Hay mundo porque la nada no es nada. El Sí es el resultado de una doble negación —en bíblico del vaciamiento de Dios en favor de su criatura. La renuncia de Dios hacia el futuro del hombre como el futuro del Dios es Dios-en-sí —en trinitario, el Padre. Y porque en el principio hay una voluntad de existencia, decimos que Dios es el aún-nadie —y no tan solo nada. De Dios, únicamente escuchamos una voz, aquella cuyo eco surge de la garganta de los hambrientos. Hablamos, en definitiva, de una voz espectral —literalmente—, de la voz que va en busca de su cuerpo, y que nos invoca cuando topamos con un silencio y una oscuridad impenetrables, en definitiva, con el puro haber de Dios. O por decirlo en cristiano, cuando topamos con el Gólgota. Cristianamente, Dios, aunque sea, no existe al margen de su hacerse cuerpo. De ahí, el si tú crees en mí Yo soy…

La sentencia del Talmud, por consiguiente, sería algo así como el presupuesto teológico —y por extensión, ontológico— de la Encarnación. Pues la Encarnación no se comprende donde damos por hecho que Dios existecomo dios con anterioridad a su incorporación en el centro de la historia. Antes de la Encarnación, el haber de Dios es un haber sin entidad, un haber que solo puede ofrecérsenos como voluntad de incorporación —en judío, como Ley. Por si aún creyésemos que con solo Buda podemos seguir siendo cristianos.

mortal kombat

julio 26, 2023 § Deja un comentario

Es muy difícil asumir una creencia fuera de su contexto. Y quien dice asumir, dice hacer cuerpo —incorporar. Así, el credo cristiano, por ejemplo, deviene ininteligible donde no admitimos sus presupuestos cosmológicos… lo cual hoy en día se ha puesto muy cuesta arriba, por decirlo suavemente. La razón es simple: quien ha padecido la revelación —y digo padecido porque la confesión cristiana solo tiene lugar al pie de una cruz— no puede evitar la visión de que existimos en medio de un combate entre las fuerzas de la bondad y las del maligno. Ni el mal es un error de comprensión; ni el gesto de piedad donde no era posible ninguna piedad es un delirio. Tampoco es obvio que la bondad sea más fuerte que la voluntad del heraldo de Satán. El creyente —no el que creer que cree, sino aquel cuya fe parte de un haber sido rescatado de una impiedad sin resquicio por el milagro de un acto de misericordia— no puede evitar vivir a flor de piel que existimos en medio de un combate de dimensiones cósmicas. Aunque actualmente el imaginario que permitía expresarlo carezca de legitimidad epistemológica. Sin embargo, es así. Pues de lo contrario —de creer que no hay combate—, el cosmos —su exceso— ya cantó victoria (y lo que esto significa es que sub specie aeternitatis la pretensión de la bondad deviene ridícula). No hay creencia que no vaya de la mano de una cosmología. Incluso cuando se trata del ateísmo. Y quizá, por eso mismo, Giordano Bruno fuese condenado. Aunque los medios fuesen, sin duda, bárbaros. Por no decir, nada cristianos.

(Con todo, quizá convenga añadir que, cristianamente, el combate no tiene lugar, como en el maniqueísmo, entre el dios-del-bien y el dios-del-mal, sino entre el Dios cuyo poder se ejerce como vaciamiento-de-sí y aquellos que, seducidos por el ángel de la luz, quisieron ocupar su lugar.)

Pablo, el sepulturero

julio 25, 2023 § Deja un comentario

¿Acaso no será Pablo, el fundador, el que acabe enterrando al cristianismo? Como sabemos, el vigor del cristianismo arraigó en la convicción de que Jesús había sido levantado de entre los muertos. De hecho, fue el mismo Pablo quien escribió que si Jesús no había resucitado, la fe era un sinsentido. Ahora bien, es precisamente esta convicción la que hoy en día cuesta de asumir. Para sortear la dificultad, muchos teólogos suelen parchear los relatos de las apariciones, recurriendo al típico giro ad hoc: “los testigos de la resurrección lo que en verdad quisieron transmitirnos más allá de la letra…” Sin embargo, el problema de los parches es que no cogen el toro por los cuernos. Pues lo cierto es que quienes estuvieron convencidos de haber visto al crucificado, al margen de cómo interpretasen su visión, no pretendieron hacer poesía. Los relatos de la resurrección, incluyendo aquí el de la caída del caballo, no deben leerse, por tanto, como un modo de hablar—como un como si. Los parches, sin duda, nos tranquilizan. Al menos, en tanto que nos permiten suponer que seguimos siendo creyentes… aunque ya no podamos tomarnos en serio los relatos de la resurrección. Pero la tranquilidad nunca fue un criterio de honestidad.

La ironía de tot plegat es que el cristianismo quizá solo puede mantenerse en pie recuperando de algún modo la esperanza judía en la resurrección. Así, según Israel —o mejor dicho, según el Israel de las sectas apocalípticas—, los muertos deben resucitar en nombre de aquella bondad que tuvo lugar donde no podía haber ninguna bondad —en definitiva, en nombre de Dios. Aun cuando nos parezca increíble. O por eso mismo. El inconveniente de este retorno al judaísmo es que el como si se traslada al mismo crucificado: como si este no hubiese resucitado. Y este es un gran inconveniente para el cristianismo.

cristiandad

julio 24, 2023 § 1 comentario

El sacerdote nunca hizo muy buenas migas con el profeta. Y tuvo desde el principio sus buenas razones: su preocupación no es la verdad —difícilmente llega a inquietarle el libro de Job: él se siente preparado para escribir la coda—, sino el cuidado del rebaño. No sea que se le escapen algunas ovejas. Hablamos de una preocupación eminentemente política. Y sin política el cristianismo habría quedado reducido hace tiempo al sueño —y no hay sueño que no sea delirante— de unos cuantos apasionados. El sacerdote está al servicio de la cristiandad —y acaso este sea el problema hoy en día: que ya no hay cristiandad, sino, en cualquier caso, secta. ¿Su satisfacción? La buena gente, aquella que, con su adulación, le confirma. El profeta es, para el sacerdote, un tocacollons. Tiene que ser así. De ahí que fácilmente termine apedreándolo… si es que no consigue ignorarlo. Aunque, tras su muerte, se vea obligado a reconocer que dio en el clavo. Y ello para seguir alimentando, precisamente, el tinglado. Pues el cristianismo oficial solo puede encontrar su legitimidad en el profeta que tiene que condenar.

credo qia absurdum est

julio 23, 2023 § 1 comentario

Quizá cuando caigamos en la cuenta de lo que profesan los evangelios —cuando dejemos atrás la ñoñería moral a la que ha sido reducido— tengamos que decidir entre tragar con su escándalo (y, por eso mismo, nadar aguas arriba) o renegar sensatamente de su anuncio. Pues un cristiano es alguien que ha incorporado la revelación que salva al hombre al impugnar el mundo. La verdad de Dios, al fin y al cabo, siempre fue absurda . Un cristiano está más cerca del enajenado que del burgués. Cristianamente, lo que no cabe es lo que hizo posible, precisamente, la cristiandad: jugar con dos barajas. O dicho de otro modo: adaptarse al mundo —triunfar—, mientras vamos diciendo que el crucificado es el Señor.

el trigo y la cizaña

julio 22, 2023 § Deja un comentario

No hay que cortar la cizaña antes de tiempo. Pues, de hacerlo, cortaríamos también el trigo que crece junto a ella. Esto es lo que leemos en el evangelio. Y fácilmente podemos estar de acuerdo. Sobre todo, si nos invaden los buenos sentimientos. Sin embargo, toda parábola tiene su envés. Pues basta con imaginar que, en vez de la cizaña, hablásemos de una plaga. En ese caso, la decisión probablemente sería otra. Pues no basta con arrancar las malas hierbas del jardín. La plaga todo lo infecta… y no es posible distinguir entre el buen pulgón y el depredador. Hay que quemarel jardín. Es la lógica que conduce a los exterminios. Pero también la de la quimio. Ciertamente, nuestra cultura es cristiana de raíz cristiana. Pero el cristianismo siempre fue contracultural.

comprender a Nietzsche

julio 21, 2023 § Deja un comentario

Entender la proclamación nietzscheana de la muerte de Dios supone entenderla como una fórmula que apunta a nuestra situación —y no tanto como una típica declaración de ateísmo, retóricamente eficaz. Y es que lo que viene a decirnos Nietzsche es que ya no es posible creer en el Dios de la tradición cristiana. Ciertamente, muchos dirán que ellos sí que creen. Pero podríamos preguntarnos si se trata de la fe o, más bien, de un creer que se cree. Sobre todo, donde esta creencia se apoya solo en el sentimiento de que hay un Dios que nos ampara. Que la creencia en este Dios se haya convertido en un asunto tan íntimo no hace más que confirmar el diagnóstico de Nietzsche. (Aunque lo cierto es que la fe nunca fue nuestra posibilidad. Quizá la creencia, en tanto que suposición socialmente admitida, pero no la fe. Tampoco lo es ahora. La fe tiene, en cualquier caso, su momento. Y es un momento que nadie en su sano juicio preferiría tener que vivir. De hecho, lo natural es pedir que pase de mí este caliz…)

aguante

julio 20, 2023 § Deja un comentario

El yo —ese continuo diferir de uno mismo, el que nunca terminemos de encontrarnos en donde estamos— es un acto de resistencia frente a la totalidad. Y quien dice totalidad dice eternidad. Pues de vivir eternamente ¿acaso el yo no elegiría, precisamente, un momento para morir? ¿Podría seguir siendo alguien de no hacerlo? No en vano los antiguos dioses envidiaron a los mortales.

visto y no visto

julio 19, 2023 § Deja un comentario

¿Cómo dices que amas a Dios mientras eres incapaz de amar a quien tienes a tu lado (1Jn 4,20)? ¿Cómo es que le solicitas ayuda al ángel invisible y, sin embargo, tu orgullo te impide pedírsela a quien conoces? ¿Acaso no es por idéntica razón por la que te atreves a confesarte con el desconocido de las redes —o con el psicoanalista que te escucha desde atrás — cuando eres incapaz de hacerlo con tu esposo? ¿No son este dios, el ángel, el avatar… como lienzos en blanco? ¿O mejor dicho, cómo muros que devuelven tu propia voz como si fuera la de alguien que está contigo? Pero por eso mismo ¿puede haber otra oración que la que clama al cielo casi sin atreverse a esperar una respuesta?

Pi: the movie

julio 18, 2023 § 2 comentarios

La búsqueda de Dios siempre tendrá el mismo resultado: un rotundo fracaso. Elías lo supo antes que nadie: Dios no estaba donde se lo imaginó. La fe no puede partir de lo que ya sabemos acerca de Dios, aunque sea hipotéticamente. Cada creyente ha de volver a trazar el camino que lleva hasta el Gólgota —la montaña sagrada del cristianismo— para caer en la cuenta de lo que hablamos cuando hablamos de Dios (y no solo para caer en la cuenta, sino, sobre todo, para confesar). Al final, aquello ante lo que fácilmente pasamos de largo se nos revela como gracia: el Sol a través de las ramas, el insistente canto del pájaro, la sonrisa del hijo, el despreciable a causa de su mal olor… Y el resto sería un esperar a ver cómo termina tot plegat, confiando casi absurdamente en que los gestos de bondad no caerán en saco roto.

aceptar el misterio

julio 17, 2023 § Deja un comentario

Todo lo que nos parece es palabrería. Y uno puede, tras interiorizarlo, apuntar a lo absolutamente diferente de uno mismo, al en sí. Sin embargo, no hay un en-sí como puedan haber cosas aún por descubrir. El en-sí es, por defecto, lo literalmente informal, un puro haber, el cual siempre difiere del haber de las cosas. En el fondo, lo que hay en verdad es que no hay nada. Por eso mismo, el en-sí —el puro haber— sostiene el mundo no siendo nada en sí (y esta última expresión hay que leerla al pie de la letra: hay mundo porque la nada es continuamente dejada atrás). Hablamos, por tanto, de la imposible posibilidad de la aniquilación del mundo (e imposible porque, por lo dicho, no es una posibilidad que pertenezca al mundo). De ahí que vivir el misterio que abraza al mundo suponga aceptar la medida de gracia de seguir con vida (y obrar en consecuencia). Nada que ver con el des-cubrir algo oculto o gigantesco. Pues aquí seguimos inmersos en lo aparente. El resto es un esperar que el poder de la aniquilación al final salve la bondad, una esperanza que, si se piensa bien, anda rozando el delirio. Sin embargo, ¿acaso no hay mundo porque la nada no quiso ser simplemente nada —o mejor dicho, porque la nada solo es en relación con su negación de sí?

héroes

julio 16, 2023 § Deja un comentario

La idea de enfrentarse a un dios…¿no es de por sí absurda? La figura del héroe a la griega ¿no reposa sobre una fantasía —la que imagina a un dios proporcionalmente? Es como si decidiéramos combatir un tsunami o un volcán: ¿acaso no haríamos el ridículo? Aquí ¿habría algo que admirar? No hablamos de un David frente a Goliath, sino de un encarar un poder sin medida. Otro asunto fue el desafío de Job. Pues este apuntó, no ya a lo gigantesco, sino al exceso absoluto de la nada. Y con respecto a este exceso lo que está en juego no es la victoria, sino el poder soportar su eco.

¿Dios como idea de Dios?

julio 15, 2023 § Deja un comentario

¿Es Dios tan solo aquello a lo que apunta la pregunta sobre Dios —¿tan solo la idea de aquel a quien se dirige la invocación de Dios? Esto, en principio, sería lo que se ajustaría a un Dios que se revela como el misterio que abraza el mundo —y no como algo o alguien misterioso. Pues de ser algo o alguien misterioso, el misterio sería solucionable (y Dios en verdad no tiene solución). Pero ¿acaso no es esto lo que, en el fondo, confiesa el cristianismo al proclamar que no hay otro Dios que el encarnado —que el Padre no es aún nadie sin el Hijo (y viceversa)? Únicamente, porque Dios tiene cuerpo, Dios no es tan solo el grafo sin referente que nos permite formular la cuestión acerca de Dios.

la interpretación de Nietzsche sobre la muerte de Dios

julio 14, 2023 § 2 comentarios

Según Nietzsche, Dios ha muerto porque nos atrevimos a prescindir del Dios de la tradición… al caer en la cuenta de que un Dios que nos juzga desde arriba es un desatino en tanto que nos impide abrazar la existencia y, en definitiva, bailar (y no solo sobre un campo de amapolas, sino también sobre las fosas comunes de la historia). Así, en lugar de la vida, se nos ofreció un trampantojo. Ciertamente, el asunto fue, para el mismo Nietzsche, más complejo. Pero puede que sea aún más complejo de lo que incluso Nietzsche llegó a imaginar. Pues el asesinato de Dios fue antes cristiano que nietzscheano. Al menos, porque desde el Gólgota ya no cabe seguir dirigiéndose a Dios como si este fuese independiente del cuerpo que soporta el hallarse en falta de Dios. Otro asunto es que los cristianos sigan dirigiéndose a Dios como si no hubiese habido encarnación. Pero una cosa no quita la otra.

Jesús visto desde arriba

julio 13, 2023 § 1 comentario

El poderoso no es de este mundo. ¿Un millón de euros? Apenas da para gastos personales. Su mundo es un mundo, literalmente, por encima. En él, no eres nadie si no posees un Richard Mille. Nunca se mezclaron, ni se mezclarán. La trascendencia siempre tuvo una traducción política.

Pues bien, imaginemos que ahora hubiese un gurú espiritual que, viviendo él mismo sencillamente, comenzara a increparles; que les acusara de pasar de largo ante los que no tienen qué comer; que les gritase que Dios no está de su lado, sino de los que mueren en patera o a orillas de nuestras playas. ¿Acaso no pasaría por mosca cojonera? ¿Acaso no lo verían como un delirante? Y si decidiesen eliminarlo, al ver que los pobres comienzan a ponerse revoltosos, ¿no lo considerarían como una anécdota? E imaginemos finalmente que comenzara a correr el rumor de que había resucitado. ¿Es que no les parecería una superstición de desclasados, el opio que les permite, precisamente, soportarse? Y ¿no es así? Un flaco favor le hacemos a la causa cristiana donde damos por hecho que lo obvio se encuentra del lado creyente.

lo trans

julio 12, 2023 § Deja un comentario

¿Hay algo más?, nos preguntamos. Pero ¿qué significa aquí el haber del algo más? ¿El haber de otro mundo? Quizá en un primer momento. Pero en ese caso, el más sería una tan solo novedad, un simulacro de lo nuevo. De haber más, este únicamente podría darse como inasimilable —como alteridad absoluta. Ahora bien, lo inasimilable por defecto no pertenece al mundo —a ningún mundo. De ahí que no sea algo esencialmente extraño. Su realidad no puede comprenderse en clave espacial, sino temporal. Y es que en verdad el más apunta a la desaparición que sostiene cuanto es —y, por extensión, a la posibilidad de su porvenir. Sin embargo, el porvenir del más, y en tanto que su desaparición sostiene, como decíamos, el mundo, supondría, de darse, el fin del mundo. Hablamos, por tanto, de una posibilidad imposible. Pues no se trata de una posibilidad del mundo. Por eso, acaso no sea anecdótico que ese más —un más que, en el fondo, es un menos— constituya la última esperanza de los desesperados.

bien pensado…

julio 11, 2023 § Deja un comentario

Que Dios se hiciera mortal —y para más inri: porque quiso—… ¿no es algo de por sí incomprensible? O al menos ¿no lo es para quien sepa qué significo ser un Dios? ¿Cómo fue posible que llegáramos a creer que un Dios podría amarnos hasta ese punto? ¿Acaso Epicuro no estuvo más cerca de dar en el clavo cuando dijo que los dioses no quieren saber nada de nosotros? El sacrificio de Dios ¿no nos liberó, precisamente, de su tremendo poder? ¿Es que esa inmolación no implicó, aunque ambiguamente, nuestro endiosamiento? ¿Dónde quedó el exceso de lo divino —la trascendencia— tras el Gólgota? La cristiandad puso encima de la mesa una solución ad hoc: quien se encarnó no fue Dios, sino su Verbo. Como si el hacerse cuerpo de Dios no afectase del todo a Dios… pues el Padre seguía en las alturas como si nada. De acuerdo. Ahora bien, la misma dogmática cristológica ¿no nos obliga a admitir que el Padre aún no es nadie sin la fe del Hijo —esto es, no supone tomarse en serio el como si nada? Y si esto es así —y diría que lo es—, entonces el cristianismo ¿no fue la respuesta a la muerte de Dios? Pues que Dios se revelase como amor —y como amor sacrificial— ¿no equivale a decir que Dios quiso morir para que el hombre que permanece fiel contra toda evidencia pudiera transformarse en el rostro de Dios —y, en definitiva, para que Dios pudiese resucitar como alguien? Más aún: ¿acaso esta voluntad de renuncia no es la voluntad que sostiene el mundo desde un principio —aquella que, de hecho, dio pie a la historia?

a la vejez, menos Nietzsche y más Bernanos

julio 10, 2023 § 2 comentarios

De jóvenes, no podemos creer. En cualquier caso, creeremos que creemos. Pues aún confiamos en nuestra posibilidad. Otro asunto es que el cuerpo deje de seguirnos —que la mancha ya no retroceda; que cada vez contemos menos. Todo cambia cuando nuestras cosas comienzan a sercosas de viejos —o de enfermos. Una vez la decrepitud se instala como dato, el sentimiento fundamental —el que siempre nos acompaña— es el de la dependencia, el cual va junto al de una apertura a lo que nos supera, al misterio del haber y, en definitiva, de una existencia que no termina de resolverse en la bondad. El mundo nunca nos confirmará. No se trata de un sentimiento que apunte de por sí a un padre espectral —aunque esto sea imaginativamente casi inevitable, al menos por aquello de que hombre viejo, dos veces niño—, sino de uno más básico en el que caben todas las creencias. Y es que su horizonte es el no saber. Ahora bien, en tanto que la dependencia se experimenta, por lo común, como abandono —la vida continúa sin ti— resulta ineludible que vivamos a flor de piel la cuestión sobre si el abandono, y más si es cruento, será o no una última palabra. No hablamos, por tanto, de un acertijo ante el que podamos pasar de largo. Sobre todo, si la cuestión incluye a los que fueron injustamente abandonados.

paráfrasis del libro de Job a través de 1 Re 19

julio 9, 2023 § Deja un comentario

Y se vio flotando en medio del cosmos, sintiendo una mezcla de asombro y espanto. Pero ahí no estaba Dios. Luego fue arrastrado hasta las cámaras de gas, en medio de los cuerpos que gritaban enloquecidos. Y ahí tampoco estaba Dios.

un mundo fantástico

julio 8, 2023 § Deja un comentario

Tras el chute hormonal —tras el encaje de las piezas—, el desajuste, la decepción, el hiato. Siempre. Lo decisivo: un saber gestionarlo, al fin y al cabo, la virtud. O si se prefiere, la madurez. Sin embargo, lo común hoy en día es la reacción del niño, la cual consiste básicamente en rechazar la galleta rota —la tara. Y aquí el presupuesto es siempre la fantasía: no hay galletas rotas. Quizá los griegos no regaran tan fuera de tiesto cuando creyeron que la infelicidad, dejando a un lado la que nace de la desgracia, reposaba sobre la ignorancia, al fin y al cabo, sobre un error existencial. Con todo —y aquí seguimos siendo griegos—, hay medida. Pues hay taras y taras. No es lo mismo un galleta a la que le falte una muesca que una hecha polvo.

de qué va la cosa cristiana

julio 7, 2023 § Deja un comentario

¿Es posible que al final haya una divinidad oceánica a la que van a parar los ríos de todas las almas? ¿Que la luz sea el destino de cuanto es? ¿Que este mundo sea una transición? Claro. Pero la cuestión no es esta, sino si ese destino tiene que ver con nosotros. Pues de acabar disueltos en el océano, dejaríamos de ser alguien. La ola es el mar, como suele decirse. Pero por eso mismo, la ola no se enfrenta a ninguna alteridad. Nadie existe que no difiera de sí mismo y, en definitiva, de lo enteramente otro. Más aún: de seguir siendo alguien, esto es, de conservar la conciencia de sí ¿podríamos soportar tanta luz? ¿Lograríamos tolerar un mundo sin ningún más allá? ¿Acaso el todo puede ser el todo para quien permanece, en tanto que alguien, abierto al por-venir? ¿No es más realista la esperanza que apunta, precisamente, a la imposibilidad de una resurrección de los muertos —a un reset de dimensiones cósmicas? No somos fetos que esperan nacer a una nueva dimensión. Nuestra historia no comenzó en el vientre de nuestra madre, aun cuando, sin duda, le debamos la vida. Comenzó una vez fuimos arrancados de la matriz. O hay redención para la carne o, sencillamente, no hay redención.

lecciones sobre el libro de Job

julio 6, 2023 § Deja un comentario

La fe es inseparable de la cuestión de Dios, en el doble sentido del genitivo. El Job religioso —el que da por sentado que hay Dios como quien oye voces— deviene irrelevante. Así, el Dios cuestionado se revela como un exceso absoluto, más allá de la totalidad. Pues todo —el bien y el mal— es debido a Dios. ¿En qué sentido, sin embargo? No en el que podríamos atribuir a un demiurgo. Dios, en verdad, no posee la entidad de cuanto es en concreto. Todo es debido a Dios porque todo es debido al paso atrás de Dios —y aquí podríamos añadir hacia el futuro del hombre como el futuro mismo de Dios. Tanto la bendición como el horror nos han sido dados desde este paso atrás. Mientras tanto, la espera y la obediencia.

creer como quien siente

julio 5, 2023 § Deja un comentario

Creer como quien siente que hay un Dios que cuida de nosotros —que está de nuestro lado a la manera del ángel de la guarda de nuestra infancia, pero cargado de esteroides— es algo que, si se piensa bien, resulta un tanto extraño. Y es que este sentimento difícilmente podría admitir la existencia del Dios al que apunta. Así, supongamos que efectivamente existiera —que pudiéramos contactar con Él al igual que podemos entrar en contacto con un extraterrestre cuyas capacidades fuesen inconmensurablemente superiores. ¿Acaso ese Dios no quedaría de inmediato incorporado al mundo? Y por eso mismo, ¿no nos convertiríamos automáticamente en sus niños? ¿Quién, entonces, no se resistiría a vivir bajo ese amparo? De ahí que para la creencia que consiste fundamentalmente en el sentimiento de hallarse bajo la continua tutela de DIos sea esencial que no sea posible entrar en contacto. O lo que es lo mismo: que no exista. Su invisibilidad tiene que permanecer eternamente en el aire. Y esto, como decíamos, es muy extraño. Al menos, tanto como la relación que mantenemos con nuestras fantasías: que no podríamos soportar que se realizaran.

De hecho, la decisión cristiana comienza donde llevamos a cabo la voluntad de Dios sin el amparo de Dios. En este sentido, tampoco me atrevería a decir que la esperanza del Hijo fuese, en el momento crucial, un consuelo. Aunque, sin duda, lo fue para los testigos de lo que tuvo lugar tras el tercer día. En cualquier caso, no parece que sea lo mismo dar por sentado que seguimos contando con el apoyo del ángel de la guarda que esperar contra toda expectativa que Dios no abandonará a los suyos. Aun cuando para que esto suceda Dios tenga que ponerle un punto y final al mundo.

va de citas

julio 4, 2023 § 1 comentario

Ya no somos más cristianos: nos hemos salido del cristianismo no porque hayamos habitado demasiado lejos de él, sino porque hemos habitado demasiado cerca suyo, más aún, porque hemos salido de él; es nuestra propia piedad más estricta y exigente lo que hoy nos prohíbe seguir siendo cristianos.

F. Nietzsche

sub specie aeternitatis: una vez más

julio 3, 2023 § Deja un comentario

Si las leyes de la termodinámica están en lo cierto, dentro de miles de millones de años todo quedará sumido en la oscuridad y a una temperatura cercana al cero absoluto. Ninguna vida —ningún dios— sobrevivirá. Ni siquiera en el más allá. Pues cualquier dimensión desconocida, de haberla, formaría parte del todo. Desde la óptica de la eternidad, incluso la pregunta mesiánica por excelencia —qué futuro pueden esperar las víctimas de la historia— deviene aparentemente ridícula. Por no hablar de creer que somos el centro. Y es que ¿acaso no nos volvemos pequeños, como Job, al caer en la cuenta de la inmensidad? Sencillamente, no contamos.

De ahí la intuición más poderosa de Israel: que el haber de Dios, al contrario que el de los dioses, es un haber por el cual el todo se revela como el no-todo. Es lo que tiene un Dios que, como tal, anda rozando la nada. Ahora bien, por eso mismo, el más allá de la totalidad solo puede concebirse —y de manera próxima al delirio— como un reset de dimensiones cósmicas. Esto es, como una nueva creación. A diferencia de la idolatría, la fe siempre apuntó a lo imposible —a lo que ningún mundo puede admitir como posibilidad. Y ello en nombre del milagro de una bondad que se mantuvo en pie frente al espanto. Poco que ver, por tanto, con la posición de confort en la que están instalados muchos creyentes.

una breve introducción a la filosofía

julio 2, 2023 § Deja un comentario

Ninguna introducción seria a la filosofía puede dejar a un lado la cuestión acerca de qué tipo de sujeto hay detrás de una vida examinada. Pues Sócrates no fue simplemente alguien que prefirió dedicarse a soltar esas ocurrencias que nos sacan de quicio, en vez de ganarse la vida como cualquiera. No hablamos aquí de gustos —ni mucho menos de una profesión. No decimos: a unos les van estas cosas y a otros, unas muy distintas. Ahora bien, una vez nos demos cuenta de que Sócrates no jugó en la misma liga que la nuestra, difícilmente podremos soportarlo. Y con razón. Pues los resultados de la reflexión extrema —en definitva, la existencia en suspenso que la sostiene— no admiten una traducción política. Como viera Platón, no es posible una polis en la que todos sean amantes de la verdad. Como tampoco cabe un mundo repleto de santos.

dos caras

julio 1, 2023 § 1 comentario

El cristianismo pierde su nervio, por no decir que se corrompe, cuando lo convertimos en una obviedad moral —en una promoción de los buenos sentimientos con la excusa de Dios.​ Así, lo habitual, una vez damos sentado que el otro es nuestro hermano o que debemos dar de beber al sediento, es que cada uno se dedique a sus asuntos. Ya sabemos adónde ir; ahora es cuestión de aproximarse —nos decimos. Aquí la reacción es semejante a la que se observaba en los campos de exterminio: que bastaba con que hubiera algún santo entre los prisioneros para que el resto pudiera entregarse impunemente a la barbarie. Como si lo que estuviera en juego no es el obedecer a la voluntad de Dios, sino de creer que es posible la bondad —de suponer que podríamos dejar atrás el mal que llevamos dentro.

Sin embargo, los tiros de la existencia creyente no van por ahí. En cualquier caso, van los del simpatizante. Pues quien cree no cumple con los mandamientos como quien sigue unas instrucciones o se aproxima paso a paso al ideal. Ni siquiera cuando lo haga con entusiasmo. Y es que tomadas al pie de la letra los mandamientos son, sencillamente, inviables. ¿Amar al enemigo —al que te dio a tus hijos para comer? El que viene en patera ¿es mi hermano? ¿Lo decimos en serio? El punto de partida de la existencia creyente es la respuesta a una demanda insoportable —y de carne y hueso. Sin embargo, lo cierto es que esa respuesta solo tendrá lugar —de haberla— donde los cielos caigan sobre nuestras cabezas. Esto es, sin Dios mediante. No en vano revelación y catástrofe van a la par. Evidentemente, quien responde como rehén del que sufre no volverá a ser el mismo. De hecho, dejó de serlo una vez ocupó la posición de quien debe responder. En cualquier caso, más allá de la respuesta, un confiar en que esta no caerá en saco roto. Aun cuando el creyente no pueda concebir el cómo. La esperanza cristiana, a diferencia de nuestras expectativas, siempre fue delirante. Y es que su único soporte es la aparición del ángel —también de carne y hueso— donde no hay más que espanto.

del interlocutor

junio 30, 2023 § Deja un comentario

Dices: ya es mucho haber leído a un autor antes de morir. Y siempre hay quien replicará: pues yo leo un libro por semana. ¿Hay alguna posibilidad de entenderse? No, si quien replica carece de humildad, esto es, si no parte de la pregunta: por qué crees que es así. Frente al replicante hay que sonreír y cambiar de tema. Pues aun cuando, ante Dios, todos estemos en la misma línea de salida, durante el mientras tanto —esto es, mientras los cielos no se derrumben— no es cierto que todos nos hallemos en el mismo plano. Como escribiera Platón en los párrafos finales de su Apología, una vida inquieta juega en una liga muy distinta a la de aquel que permanece tan satisfecho de sí mismo y sus opiniones. Pues quien cultiva su inquietud nunca se encuentra en donde está. Esto sencillamente es así. A pesar de Twitter.

leer a un autor

junio 29, 2023 § 1 comentario

¿Qué significa leer? Mejor dicho: leer a un autor (y un autor no es simplemente alguien que escribe libros). ¿Podemos, por ejemplo, leer a Platón y, en definitiva, comprenderlo, sin antes habernos peleado con la cosa? De hecho, el trayecto es inverso al que se supone. No es que interioricemos las tesis platónicas después de entenderlas, sino que tras enfrentarnos a las mismas preguntas logramos interiorizar dichas tesis… una vez vislumbramos la “respuesta” —y aquí las comillas son inevitables— por nuestra cuenta y riesgo… aun cuando esto es posible solo porque antes hemos leído mal, esto es, a medias. Y quien dice Platón, dice el libro de Job o el Apocalipsis. Quien, frente a un autor, se atreve a opinar lo contrario permanece en el territorio de lo impersonal —de lo que se dice, se hace… Esto es, en la idiotez . Y no porque a un autor no pueda llevársele la contraria, sino porque únicamente un autor puede poner contra las cuerdas a otro autor. Pues, en el fondo, la contraria surge de tomarse en serio las “respuestas” del autor al que nos enfrentamos. Y es que, al final, basta con tirar del hilo, aquel que, precisamente, ya comenzó a estirar el autor del que dependemos. Aunque, de entrada, no nos lo parezca.

el creyente

junio 28, 2023 § 1 comentario

El creyente, en el fondo, es un salido. Como Dios mismo, que en verdad es un Dios que quiso salir de sí mismo hacia lo otro de sí (y por eso mismo, pasó de no ser aún nadie a tener un cuerpo). La mayoría no cree. En cualquier caso, simpatiza con el equipo —incluso a momentos, puede vibrar con él—. Pues hay que estar muy salido para tomarse en serio —como si la vida le fuera en ello— la pregunta que Yavhé le dirigió a Caín. Como también aquella que se interroga por la vida que pueden esperar las víctimas de la historia. Y tomarse en serio estas preguntas significa tener en cuenta que las respuestas más obvias son ¿acaso soy el rehén de mi hermano? y ninguna.

calle de doble sentido

junio 27, 2023 § Deja un comentario

Si el haber de Dios no es el del ente (y como puro haber, anda rozando el haber de la nada); y si, por eso mismo, cabe preguntarse por qué decimos que el puro haber —el haber de nada en concreto, la oscuridad y el silencio que sostienen el mundo— es el haber de Dios, entonces ¿no deberíamos admitir que Dios adquiere un sesgo conceptual? Al menos, porque no tiene sentido hablar de Dios si no es en relación con el poder ante el que no cabe resistencia (y aquí dicho poder sería, precisamente, el de la nada). Esto es, dicha operación ¿no supondría divinizar la nada? Quizá aún no hayamos comprendido hasta el final la dogmática cristológica. Y es que probablemente estemos lejos de aceptar que no hay Dios al margen de su cuerpo —su quién. La nada de Dios todavía no es divina mientras siga estando en los cielos.