calle de doble sentido
junio 27, 2023 § Deja un comentario
Si el haber de Dios no es el del ente (y como puro haber, anda rozando el haber de la nada); y si, por eso mismo, cabe preguntarse por qué decimos que el puro haber —el haber de nada en concreto, la oscuridad y el silencio que sostienen el mundo— es el haber de Dios, entonces ¿no deberíamos admitir que Dios adquiere un sesgo conceptual? Al menos, porque no tiene sentido hablar de Dios si no es en relación con el poder ante el que no cabe resistencia (y aquí dicho poder sería, precisamente, el de la nada). Esto es, dicha operación ¿no supondría divinizar la nada? Quizá aún no hayamos comprendido hasta el final la dogmática cristológica. Y es que probablemente estemos lejos de aceptar que no hay Dios al margen de su cuerpo —su quién. La nada de Dios todavía no es divina mientras siga estando en los cielos.
hiatos
junio 26, 2023 § Deja un comentario
Decimos: hay Dios. ¿Y no sentimos un hormigueo en el estómago? ¿Cómo es que seguimos tan centrados en nuestros asuntos? Sin embargo, no debería sorprendernos: tampoco nos sobresalta el que sepamos que, tarde o temprano, moriremos. Aún no hemos caído en la cuenta. Que demos a Dios por descontado, aunque hoy en día sea íntimamente, ¿no será, con todo, una suerte? Este descuento ¿no es una de las condiciones de nuestra adaptación? Cada uno monta su parada en el mercado del mundo. Y cualquier irrupción —y Dios irrumpe desmontando las paradas (Jn 2, 13-25)— es, sin duda, un inconveniente. ¿A quién le gusta salir del quicio? El caer en la cuenta tiene su momento, un momento que no acabamos de controlar… aun cuando quepa la predisposición. Es lo que tiene que solo haya verdad en relación con la alteridad.
esbozos
junio 25, 2023 § Deja un comentario
La pintura a medio terminar —el esbozo— suele ejercer una mayor fascinación que la pintura terminada. Y más si fue desenterrada de entre los edificios derribados que dejó la guerra como es el caso de El Salvador de Andrei Rublev. También sucede con la música —pienso en la maldición de las novenas—, aunque la fascinación que provoca sea un tanto distinta. ¿Quizá porque la obra por acabar expresa que el espíritu es, en definitiva, un resto —una resistencia bajo las ruinas? ¿O porque —aunque aquí no haya propiamente disyuntiva— traduce aquello de que en el principio está el final?
retén el beso
junio 24, 2023 § Deja un comentario
Leo en el último libro —al menos, traducido— de Massimo Recalcati: el beso es un momento de intimidad que une de manera sorprendente la sede de la palabra con la del cuerpo. Y añade: sentir la lengua del amado es sentir su corazón. Cierto. Pero también lo es que la lengua avanza como tentáculo. Tampoco debería sorpendernos. Pues todo cuanto nos traemos entre manos tiene dos lados. Al emplear la cópula —al decir lo que es— juzgamos antes de tiempo (y por eso mismo, nos mentimos). Por tanto, la cuestión quizá no sea qué es eso en el fondo, sino qué terminará siendo. Y mientras tanto acaso debamos pronunciar irónicamente nuestras mejores palabras: creer en ellas como el buen actor se toma en serio su papel… sabiendo que es, precisamente, un papel. Aunque cabe sospechar que, si se resolviera la ambigüedad, no podríamos evitar la sensación de que nos encontramos en un mundo irreal. Y es que donde todo fuera luz, no habría luz.
sobre la gracia
junio 23, 2023 § Deja un comentario
Creo que podemos decir que existimos bajo un sí de fondo; que la vida nos ha sido dada como excepción —como milagro— desde el horizonte de la nada (y por eso mismo, también junto al horror). Todo es gracia, que decía el cura rural. O medida de gracia, si se prefiere. Pues la posibilidad de la aniquilación es el fondo que sostiene el mundo.
Sin embargo, creo que también cabe experimentar los momentos de gracia. Hablamos de un gesto de bondad donde no era posible ninguna bondad; del encuentro —y no solo el juego— de los amantes (estamos fuera del mundo, como escribiera Rimbaud); del perdón de lo imperdonable; del buen samaritano… Esos momentos irrumpen poniendo en suspenso la continuidad de los días, la cual está sometida a los requisitos de la adaptación. El mundo no puede integrar los momentos de gracia, aun cuando sí puedan fecundar nuestra existencia. De ahí que traduzcan sensiblemente el estado de excepción bajo el que nos hallamos por el simple hecho de existir. Y de ahí también que provoquen en nosotros la sensación de que no somos de este mundo. O siendo más bíblicos, de que nuestro mundo está por resetear.
Si permanecemos en la primera sensación, estamos del lado de Platón: como almas perteneceríamos a un mundo sobrenatural. En cambio, si nos decantamos por la segunda, como hiciera Israel, entonces el más allá es, antes que un mundo de espectros, un tiempo nuevo —una nueva creación. Platón es, sin duda, más creíble que el profeta apocalíptico. Pero quizá solo porque la sensación fundamental se decide enteramente desde nuestra óptica.
perspectivismo y diálogo interreligioso
junio 22, 2023 § 3 comentarios
El diálogo interreligioso, en su intento de buscar un mínimo común denominador, suele recurrir a la analogía de un paisaje visto desde diferentes ópticas. Así, el paisaje sería el mismo, aunque las perspectivas fuesen distintas (y no puedan dejar de serlo). Las religiones serían, pues, relativas, mientras que aquello a lo que apuntan, no. Sin embargo y desde el lado cristiano, el problema de esta analogía es que no admite el carácter único de la revelación histórica que tuvo lugar en el Gólgota. Para la fe cristiana, Dios no se manifiesta de diferentes modos. En cualquier caso, esto sería lo propio de un arjé. El Dios que se reveló como crucificado no es, literalmente, una abstracción… que es lo que, en definitiva, sería un dios-denominador-común. Hablamos de un Dios con cuerpo —y un cuerpo que conserva las marcas de la cruz— de manera que, como absoluto, no es aún-nadie con anterioridad al momento histórico del Gólgota. Ciertamente, el Espíritu sopla donde quiere. Pero, cristianamente, el Espíritu es un resto, el ánimo que se desprende del encuentro histórico entre el Padre y el Hijo. No se trata, por tanto, de una energía que vaya por su cuenta y riesgo.
de ópticas y planos
junio 21, 2023 § Deja un comentario
Decimos, fácilmente: todos los puntos de vista se encuentran en el mismo plano… aun cuando la última palabra la tenga el científico como antes la tuvo el sacerdote. Y cuando no, se impone la doxa, el tuit, lo viral. Pero ¿acaso la óptica la del gamer que, desde el pentágono, dirige los drones que matan es la misma que la de aquel que se queda en suspenso porque no puede comprender que haya hombres que le arrancan la vida a otros hombres? No es la misma: la segunda, sencillamente, ve más lejos. Ahora bien, que no sea la misma solo puede justificarse en relación con el milagro —en definitiva, con lo que es en verdad, la aparición. Pues la vida es lo que acontece como excepción —o si se prefiere, como don— desde el horizonte de la nada. Hasta hace poco hubiéramos dicho como sagrada. Y es que la aparición va con noli me tangere, esto es, con el tener que preservarla de la erosión o el (mal)trato.
(Con todo, a la aparición le sigue la desaparición. En el día a día, no hay ángeles, salvo los invisibles. Su invisibilidad, sin embargo, es el resultado de un retroceso (y no de un ocultar). No hablamos, por tanto, de otro mundo, sino de un tiempo más allá de los tiempos. Es lo que tiene existir como arrancados.)
felicidad y salvación
junio 20, 2023 § Deja un comentario
Dado que la palabra salvación nos queda lejos, muchos cristianos, a la hora de intentar comprender el credo, la sustituyen por felicidad o plenitud. Así, según su parecer, la máxima felicidad la alcanzaríamos donde viviéramos en comunión con Cristo. Vale. Sin embargo, la plenitud no es el propósito de una vida que responde al clamor de los sin pan —quizá su límite asintótico. De hecho, cristianamente la plenitud es algo que, de verse, ya se verá cuando los tiempos lleguen a su final. Mientras tanto, lo de siempre: cargar con la cruz y dar el pan de cada día… lo cual no excluye que haya momentos gratificantes o que la música de fondo sea un sí. Y quien dice momentos gratificantes, dice momentos de gracia.
En cualquier caso, que sostengamos con relativa facilidad que de lo que se trata es de la plenitud ya dice bastante sobre el lugar en el que estamos. Pues los hundidos —y aquí conviene recordar para quiénes se escribieron los evangelios— no esperan la plenitud, sino la redención. No es exactamente lo mismo. Pues para los hundidos, lo primero es salir de la fosa común de la miseria (y luego ya se verá). Para los capaces de Dios no hay un más allá de la redención. O mejor dicho, todo más allá está de más. De ahí que el peligro de que solo Dios baste sin tener en cuenta que el Dios que basta es un Dios con cuerpo —y un cuerpo que conserva las llagas de la cruz— es terminar confundiendo las churras con las merinas.
Ciertamente, la cuestión es si los hundidos aún podrán tomarse en serio que no hay otra redención que la de la resurrección de la carne. Esto es, si su esperanza, sobre todo tras la suspensión sine die de la parusía, podrá diferenciarse de la que proporciona una ilusión. Pero este es otro asunto.
una de Nietzsche (una más)
junio 20, 2023 § Deja un comentario
Aquí [en los evangelios] la incapacidad de resistir se hace moral. No resistir al mal es la más profunda palabra del Evangelio. En cierto sentido, es su clave.
Friedrich Nietzsche, El Anticristo
¿como si fuera Dios?
junio 19, 2023 § Deja un comentario
El cristianismo no afirma que Jesús participa de la esencia divina. Proclama que Jesús es Dios —estrictamente, el quién de Dios… lo cual, si se piensa bien, es sumamente desconcertane. Por eso mismo, la convicción creyente no deja las cosas de Dios como estaban. Pues, de dejarlas, el docetismo estaría en lo cierto: la humanidad de Jesús habría sido solo aparente. El envés de que Jesús sea Dios, siendo verdaderamente hombre, es la humanidad de Dios. Ahora bien, ello implica que Dios en sí no es aún nadie sin el cuerpo con el que se identifica. La identidad de Dios estuvo en el aire hasta el Gólgota. El dogma de la Encarnación, al fin y al cabo, sostiene que Jesús no es la ejemplificación de la esencia de Dios, sino la esencia —el modo de ser— de Dios. Como absolutamente otro —esto es, al margen del Hijo—, el Padre permanece como la eterna ignotum X de la existencia. En cuanto tal, el Padre no es más —aunque, por supuesto, tampoco menos— que voluntad. Dios llega a ser el que es —y en el centro de lo histórico— sobre la espalda doblegada de quién soportó el peso de su trascendencia. Si tú crees en mí, yo soy, leemos en el Talmud. No hay otro Dios que el encarnado. Y esto está muy cerca de decir que donde separamos a Dios de su humanidad —donde nos dirigimos a Dios como si Dios no tuviese cuerpo— tomamos el nombre de Dios en vano.
en el piso de arriba
junio 18, 2023 § 1 comentario
¿Dios está en los cielos como el que ocupa el último piso del Burj Khalifa en Dubai? De ser así, dependiendo del piso, estaríamos más o menos cerca de Dios. Y por tanto cuanto más arriba, más fácilmente percibiríamos los indicios de su existencia. Sin embargo, hoy en día no parece que el vecino del ático de señales de vida. ¿Estará desocupado? De ahí que antes, y frente al prejuicio moderno, tengamos que convencernos de que hay señales.
Los antiguos paganos no tuvieron que convencerse de ello: lo daban por descontado. Tampoco Israel, aunque las señales de Israel fueron muy distintas. Pues los pasos que escuchó Israel no fueron, estrictamente, los de Dios, sino los de quienes hallamos en su lugar. Es como si el ático hubiera sido ocupado por la familia de Belén. Es lo que tiene una trascendencia que, más que ubicarse por encima, apunta a un más allá de los tiempos.
esperar lo imposible
junio 17, 2023 § Deja un comentario
Un cristiano espera lo imposible, esto es, la resurrección de los muertos. Y ello en nombre de un bondad que tuvo lugar donde no cabía ninguna bondad. Ahora bien, esto es lo mismo que decir, siguiendo a Pablo, que la fe es un absurdo donde no apunta a lo imposible… o absurdo. Pues ¿puede suceder lo imposible? No, no puede suceder. Pues lo imposible es lo que ningún mundo —ni siquiera el sobrenatural— puede admitir como su posibilidad. Sin embargo, poner todos los huevos de la redención en una cesta sin fondo ¿acaso no está cerca de decir que no hay salvación para las víctimas de la historia? Y aquí no vale traducir el lenguaje de la resurrección a categorías actualmente aceptables. Pues lo aceptable únicamente tiene que ver con nosotros. Traduttore, traditore. Los testigos de la resurrección no quisieron decir con el símil de la resurrección que Jesús seguía vivo en sus corazones, pongamos por caso. Más bien, si dijeron que Jesús seguía vivo en sus corazones es porque estaban convencidos de que había resucitado. Dejando a un lado la ambivalencia de las apariciones, la resurrección no fue un como si. Otro asunto es que nosotros, como modernos, solo podamos entenderlo de este modo.
En cualquier caso, lo imposible va con el fin del mundo. Pues solo suceden cosas en el mundo. Lo imposible no es un hecho imposible, sino un punto y final. Al menos, por definición. En última instancia, lo imposible —la imposible posibilidad de un puro haber, de un haber sin mundo— es la eterna amenaza que sostiene la totalidad. Y es que el puro haber es no siendo nada en concreto. Hay mundo porque lo imposible de un puro haber retrocedió in illo tempore hacia lo otro de sí —hacia el haber de las cosas. Que nada permanezca —en definitiva, que haya tiempo— es el reverso de una nada que permanece como el fondo inescrutable que soporta cuanto es. Y lo soporta porque la nada es en la negación de sí. Si hay algo en vez de nada es porque lo que hay es, al fin y la cabo, la concreción de un doble no. Es en este sentido que podríamos hablar de una medida de gracia.
No obstante, el cristianismo no entiende el fin del mundo como aniquilación, sino como un nuevo comienzo en la que ya no habrá oscuridad. Evidentemente, hablamos de lo opuesto al eterno retorno de lo mismo. Así, la alternativa cristiana al nihilismo sería un reset de dimensiones cósmicas, una recreación. Para los griegos nada humano sobrevive a la catástrofe. Para el cristianismo, en cambio, solo sobrevive lo salvado. Tertium non datur. Por tanto ¿qué hay de verdadero, si lo hubiera, en la convicción creyente? ¿Acaso no hay algo de inconsistente en el imaginario apocalíptico? ¿Puede haber luz donde no hay ninguna oscuridad? Los resucitados ¿acaso no seguirán siendo alguien? Y si lo fueran —esto es, si siguieran siendo un yo— ¿cómo podrían soportar una dicha eterna? ¿Puede haber alguien que carezca de inquietud, —que exista al margen de un encontrarse más allá del presente?
Ciertamente, estas preguntas son pertinentes. Pero quizá lo sean porque pretendemos hacernos una idea de lo que tiene que acontecer contra toda expectativa en nombre de. Esto es, porque olvidamos que la esperanza creyente, antes que una suposición, es un clamor. Puede que no sea casual que, en el NT, la palabra märan’ athä se utilice en un doble sentido: de entrada, como anuncio (1Co 16, 22) —el Señor viene— y, finalmente, como petición (Ap 22, 20) —¡ven señor Jesús! Y no lo es porque el asunto más serio al que tuvo que hacer frente el cristianismo con el paso de los años es, precisamente, el del retraso de la parusía. De hecho, sigue siendo nuestro asunto. Aunque nuestra respuesta más habitual, a diferencia de la de los primeros cristianos, sea la de dejarlo correr. Pero dejarlo correr significa que las preguntas más hirientes —aquellas en las que nos va la vida— han dejado de herirnos. Y aquí podríamos recordar la reflexión de Alexander Kojéve, la cual apuntaba a la posibilidad de que quienes sobrevivieran a la muerte de Dios —los übermensch— fuesen, antes que fascinantes, unos perfectos idiotas, en el sentido más literal de la palabra.
a la contra
junio 16, 2023 § Deja un comentario
Sin una imagen previa de Dios, ¿cabe la revelación? ¿Es posible decir que Dios en verdad no es el que imaginamos? Donde no partimos de la religión, la cruz es simplemente un mal final o un sinsentido. Y aquí podemos estar de acuerdo con el nihilista. De ahí que la experiencia de Dios sea inseparable de la cuestión de Dios. Y digo cuestión porque en nuestro sincero interrogarnos acerca de Dios hay un clamor (y en el fondo, una espera): ¿dónde estás? El nihilista no espera nada nuevo. Ni a nadie. La fe va con la aparición. Aun cuando el que se presentó como el que esperábamos no coincidiera con el que hubiéramos preferido. Pero este es otro asunto.
lo que fue ya no es lo que es
junio 15, 2023 § Deja un comentario
Es posible que el cristianismo comenzase como religión. Pues Dios resucitó al crucificado a la manera de un deus ex machina. Pero lo que proclama —o termina proclamando en los primeros concilios ecuménicos— difícilmente puede encajar en las coordenadas típicamente religiosas. Pues un Dios que se decide entre el Padre y el Hijo está lejos de ser ex machina. Con todo, la cuestión de Dios es indisociable de la cuestión acerca del poder último. Y, evidentemente, donde permanecemos asentados en la torre de control —donde todo gira a nuestro alrededor como posible objeto de dominio— no cabe ningún Dios, salvo el que imaginamos para compensar.
¿sobrevivirá el cristianismo?
junio 14, 2023 § Deja un comentario
Desde la óptica del espectador imparcial, nadie puede esperar que de aquí a mil años siga habiendo cristianismo. Las religiones tienen su tiempo. Pasaron los dioses de Egipto. También los de la antigua Roma. Sobrevive, sin embargo, el paganismo, con sus múltiples variantes. De algún modo, sobreviven, también, las escuelas espirituales, desde el estoicismo hasta el taoísmo. Hablamos, en el fondo, de un sentido natural de la profundidad. No es posible que una religión vaya mucho más allá de las condiciones socio-culturales que la hicieron inteligible. Y ello a pesar de la verdad a la que apunta. Pues, como decía Hegel, incluso la verdad, con el paso del tiempo, termina siendo otra cosa.
En cualquier caso, también es cierto que la verdad se incorpora al devenir histórico bajo las formas de las herejías que condena. De ahí que la revelación cristiana esté pendiente de confirmación, como quien dice, aun cuando haya habido cristiandad. Y es que el acontecimiento que da pie a dicha revelación, en tanto que interrumpe escatológicamente la continudad del presente, trasciende las fronteras de su concreción histórica. Mientras sigan habiendo Gólgotas, siempre habrá quien caiga del caballo. O eso me atrevería a decir.
bajas temperaturas
junio 13, 2023 § 1 comentario
Te dices: hay un Dios que nos ampara. Y te lo dices como si fuera una obviedad —o casi. Como lo fue el ángel de la guarda de tu infancia. Todo lo ves desde esta óptica —la tuya. Sin embargo, de creer que existe este Dios como puedan haber extraterrestres que nos vigilan ¿acaso no experimentarías un cierto estremecimiento? El que visita a la medium, aun cuando sienta un cierto escalofrío, ¿acaso no espera escuchar la voz de los muertos? Hoy en día resulta extraña esta creencia común en Dios. De hecho, confirma el diagnóstico de Nietzcshe. Pues no hay Dios que valga donde solo cabe creer en un Dios a medida de nuestra necesidad de Dios. ¿Dónde quedó el antiguo temor y temblor? En su lugar, la viñetas de Cortés (un acento en su momento necesario; pero acento al fin y al cabo). Es como si no pudieras creer en lo que crees (y por eso desplazas a Dios al fondo de tu alma). Como si ya te fuera bien que Dios fuese un asunto interno. Pero donde olvidamos aquello de et superior summo meo —donde no tenemos en cuenta el exceso— no hay revelación. Antes tienen que caer los cielos. Traducción: antes tiene que secarse el corazón. O también: dejar de creer que crees.
fenomenología de la religión
junio 12, 2023 § Deja un comentario
Según Van der Leeuw, en su intento de captar la experiencia más elemental del fenómeno religioso, los dioses llegaron con retraso a la religión. En el animismo —y antes, en el dinamismo— no hay dioses, sino poderes que son inherentes a la cosa, por así decirlo. Todo cuanto es —o casi— posee una carga potencial. Durante nuestros primeros pasos en la tierra, nos hallamos inmersos en el ambiente. Pertenecíamos a él como los árboles o las serpientes. En modo alguno nos sentimos separados, ni mucho menos arrancados de la fuente. De hecho, no había aún fuente, un poder de poderes. Así, podríamos decir que la experiencia más básica es la de formar parte, no la de la enajenación (ni por consiguiente, tampoco la del don). La alteridad estaba corporalmente presente en aquello con lo que hay que andar con cuidado (y era, como decíamos, casi todo). Nuestro empoderamiento todavía no la había obligado a retroceder.
La pregunta es qué implicaciones conlleva este dato con respecto a la realidad del Dios bíblico. ¿Acaso, como viera Weber, la irrupción Yavhé no supuso una desacralización del mundo? ¿Qué fue lo primero? ¿El descubrimiento de Dios —o, si se prefiere, de la fuente—? ¿O más bien deberíamos admitir que el Dios cuya trascendencia anda rozando la nada es el que surge tras habernos alejado de la selva? En cualquier caso, en el paraíso, aún no había Dios —y quizá no sea causal que la palabra empleada en el relato del Génesis sea Elohim, un plural. No puede haberlo en la simbiosis. O mejor dicho, aún no se había revelado. Dios y culpa —trascendencia y ex-sistencia— van de la mano.
Sin embargo, si hubo conciencia en Adán —y la hubo— era cuestión de tiempo que cayera en la cuenta de que la sensación de formar parte era eso: una sensación. Adán, antes de la expulsión, fue un feto, como quien dice. Y las espiritualidades que pretenden regresar a la matriz acaso rieguen fuera de tiesto. Pues no es posible regresar. Aun cuando nadie niega que el horizonte sea el de una segunda ingenuidad.
un Dios solo interior
junio 11, 2023 § 1 comentario
La idea de un Dios dentro de cada uno convierte en prescindible la idea, tan bíblica por otra parte, de un mediador. Por no decir que tira por el desagüe la convicción cristiana de que no hay otro Dios que el encarnado. Diría que quien subraya en exceso el factor interioridad le hace un flaco favor a la causa cristiana en tanto que vuelve extravagante la identidad entre el Hijo y el Padre —y por tanto, su continuo diferir. Y es que, cristianamente, la respuesta a la pregunta por el lugar de Dios no se responde señalando al corazón, sino a un colgado. Aun cuando su grito remueva nuestras entrañas.
la diferencia
junio 10, 2023 § 1 comentario
O bien, asumimos lo que somos; o bien, vamos tirando de espaldas. Esto es: o bien, vivimos expuestos a lo imposible o insólito —pues en esto consiste la ex-sistencia—; o bien, no salimos del supermercado (y ahí tan solo cabe esperar la reiteración de la novedad, al fin y al cabo, la distracción).
Spinoza y Job (y de paso, Pascal)
junio 9, 2023 § Deja un comentario
Desde la óptica de la eternidad, un genocidio se halla en el mismo plano que la sonrisa de un niño. Por consiguiente, no hay ni Bien ni Mal, sino reacciones emocionales. No es casual que Nietzsche viera en Spinoza a un igual. Otra historia es la de Job. Aquí nos enfrentamos al mismo exceso. Pero la diferencia pasa por esperar una última palabra. El don y el horror no pueden estar a la par en nombre, precisamente, del don. Ciertamente, esta esperanza no se articula como saber, ni siquiera hipotético. Pero tampoco coincide con el nihilismo. De algún modo, la experiencia de Pascal ante los espacios mudos si situaría en medio. Pues estos no hablarían tanto de la gloria de Dios como de la pequeñez del hombre (y de sus creencias). En Pascal, el silencio del cosmos —su anónimo exceso— no puede evitar la posibilidad de que no haya Dios. Quizá Pascal, en su duda, no tuviera presente que, según el cristianismo, no hay Dios sin cuerpo. Aunque ello, ciertamente, tampoco es que resuelva la cuestión sobre el final de tot plegat.
extinción
junio 8, 2023 § Deja un comentario
Según la mecánica cuántica, cabe la posibilidad de que el universo se extinta en un instante. ¿Qué habría después? —¿qué hubo antes? La pregunta carece de sentido. Pues no hay un antes o un después con respecto al todo. ¿Deberíamos concluir, con Parménides, que el todo es eterno? No, si cabe, precisamente, la posibilidad del colapso cuántico. Pero en el caso de realizarse esta posibilidad, ¿habría la nada? La nada en absoluto es —ni puede ser— en tanto que no habría nadie, ni siquiera un dios, que pudiera dar cuenta. En definitiva, porque la nada no es algo que se haga presente o muestre. La nada tan solo se revela como la más íntima posibilidad del todo. De ahí que el todo sea el no-todo. Hay nada porque hay mundo. Y viceversa. Esto es así porque el todo nace de la nada —de su negación, la cual es interna, por así decirlo, a la nada en tanto que la nada es en su negación de sí. La nada, entonces, ¿estaría por encima de Dios? No, si la nada es el hacerse nada de Dios —o mejor dicho, el hacerse nada que es Dios. El hágase de la Creación va con el séptimo día. Literalmente, Dios no es nada (y por eso mismo, como decíamos, hay mundo). Ahora bien, porque en el fondo, como viera Hegel —y antes, el autor del Génesis—, hablamos del acto por el que la nada es dejada atrás en favor de lo otro de sí —y por el que la nada deviene el fondo de cuanto es—, la nada de Dios es la del aún-nadie, de tal modo que únicamente llegará a ser alguien con el absurdo fiat del nuevo Adán. Y digo absurdo porque ese fiat se pronunció sin Dios mediante. Pero este es otro asunto.
de la devoción
junio 7, 2023 § Deja un comentario
El riesgo de la devoción es que Cristo sea la excusa. Así, dices: el Señor es mi roca, mi alimento, mi salvación. Pero lo dices al margen del galileo y, en definitiva, de aquellos que tomaron su testigo. Esto es, al margen de la carne. Y por eso mismo, tu roca es un ídolo, la imagen que te haces para satisfacer tu necesidad de roca. De ahí que una devoción que no arraigue en la historias acaso esté más cerca del onanismo que de la fe. Con todo, nadie, sea o no devoto, puede asegurar desde sí mismo que será capaz de responder cuando las circunstancias lo exijan.
del culto a la virgen
junio 6, 2023 § 1 comentario
¿Qué hay tras el culto a la Virgen? ¿Acaso el rechazo neurótico a la sexualidad de la madre? Una madre no puede tener sexo. Por extensión, Maria, la madre de Dios, no pudo haber cohabitado con José. El paganismo no parece que sufriera esta neurosis. Artemisa fue virgen y madre. Y lo que esto significó es que la fecundidad se renueva asombrosamente en la mujer. En modo alguno hablamos de algo imposible.
Con todo, la acusación de que solo hay neurosis en la devoción a María se disuelve como azúcar en el café cuando tenemos presente la historia que hay detrás (y esto es así con respecto a cualquier declaración cristiana). En este caso lo más probable es que hablemos de una joven que quedó embarazada antes de tiempo tras ser forzada por un legionario romano, algo por otra parte común durante la época de la ocupación. Así, lo sugieren las acusaciones de los fariseos (aunque no solo): nosotros sabemos quién es nuestro padre. El milagro no consiste, por tanto, en quedar embarazada sin que hubiese conocido hombre alguno, sino en que fuera capaz de amar al hijo que llevaba en sus entrañas. Como si fuera una bendición de Dios. De hecho, aún estamos lejos de comprender que los milagros cristianos, antes que sorprendentes, son inaceptables. Pues las mujeres que conocieron a María, de ser cierto lo dicho, ¿acaso no tuvieron la tentación, si es que no cayeron en ella, de verla como a una loca?
¿del mito al logos?
junio 5, 2023 § 1 comentario
Suele decirse que el nacimiento de la filosofía constituye una superación del mito. Y esto de algún modo es así… siempre que entendamos la palabra superación a la hegeliana, a saber, entendiendo que la superación conserva en su seno lo superado. Pues la fillosofía, al fin y al cabo, se determina como una racionalización de lo que el mito pretende. Así, como filósofos no hablamos de otra cosa. Como sostuvo Ricoeur, el mito da que pensar. Ahora bien, el mito, al personificar los poderes que habitaban en cuanto es, ya supuso como tal una superación del animismo, por decirlo con el rotulador grueso. En este sentido, tal y como dijo Van der Leeuw, los dioses llegaron con retraso. Para los hindúes y los griegos, la mujer es campo, mientras que el falo, un arado —y no como si fuera un campo o un arado. La filosofía fácilmente cae en el error de entender las imágenes del mito como metáforas. Pero las metáforas son, de hecho, el síntoma de haber perdido por el camino una vivencia originaria, aquella en la que los términos que la metafora separa, al asociarlos, era experimentado como las dos caras de una misma moneda. Al decir A como B el poeta recupera, aunque falsificándola, la identidad entre A y B. La hembra pertenece a la tierra. Pero al igual que la tierra pertenece a la hembra. Cuando el hindú o el griego ven una mujer, ven un campo. No interpretan.
Por consiguiente, si la búsqueda de la verdad es la búsqueda de lo que tiene lugar en cuanto simplemente pasa, la pregunta no es cómo traducir lógicamente los relatos protagonizados por los dioses, sino qué verdad perdimos cuando dejamos atrás el hallarnos inmersos en un mundo rebosante de poderes. En este sentido, si la filosofía nace del asombro, entonces la filosofía es un intento de recuperar lúcidamente la primitiva ingenuidad. Y al mismo tiempo, la constatción de que eso, precisamente, no es posible. Así, la cuestión de la verdad no es la cuestión de la adecuación —la cuestión del criterio—, sino la del carácter irreductiblemente esquivo de la verdad. Como si no hubiera otra trascendencia que la que cabe formular en pasado. El mundo de la idea —el único real, según Platón—, antes que un mundo por encima, es un mundo en continuo retroceso (y acaso nuestro error consista en creer que, por eso mismo, hablamos de un mundo por realizar). Quizá no comprendamos aún que quiso decirnos Platón de entender la escisión entre idea y cosa en clave espacial en vez de temporal. Pero este es otro asunto.
equivocarse de padre
junio 4, 2023 § 1 comentario
Desde la óptica bíblica, la alteridad es padre, no madre. La madre es matriz. Y por eso mismo fuente de vida, pero también océano en la que todo se disuelve. En cambio, el padre acentúa la conciencia —la diferenciación con respecto al todo. Por la trascendencia del Yavhé, nos situamos fuera del todo (aunque no en otro mundo de naturaleza espectral). Fuimos arrancados de la selva por la altura de Yavhé. Inicialmente, formamos parte de la madre. El padre, en cambio, corta el cordón umbilical. El rechazo del animismo, de un mundo rebosante de poderes, es un acto paternal.
Ciertamente, la experiencia de la alteridad es, por defecto, la de lo extraño o inasimilable. No es casual que su figura sea la de lo monstruoso, tan fascinante como terrible. La aportación bíblica consistió en hacer del indigente un monstruo. Una vez fuimos expulsados del seno materno, estamos en manos del padre. Y lo que esto significa es que no sabemos lo que queremos, en cualquier caso lo que nos apetece o deseamos, hasta que nuestro padre no nos lo indica —mientras hagamos oídos sordos a su invocación. Una chamán no puede querer, en el sentido fuerte de la expresión, sino en cualquier caso andará con cuidado (y por eso mismo, será capaz de cuidar). Un chamán no tiene padre, solo madre. Para nosotros, en cambio, la madre es siempre una compensación. Y ya no puede ser de otro modo. La cuestión es quién es nuestro padre —a quién le enseñamos nuestro dibujitos. Y equivocarse de padre es fácil. La Biblia, sin embargo, es clara al respecto: el padre —su imperativo, su acusación— se hace presente en aquel que despreciamos a causa de su indigencia o mal olor. Ahora bien, aquí no se trata de enseñar dibujitos, sino de responder —y en definitiva, de levantar al padre.
la ley que se desprende
junio 3, 2023 § 1 comentario
La fraternidad —que el otro se revele como hermano— se da frente a la amenaza de lo divino —del silencio de Dios, del cielo más impenetrable, en definitiva, de un puro haber. ¿Se trata de una reacción —de que el otro se nos muestre como si fuera un hermano? Ciertamente, en el caso de que no hubiese otro. Ahora bien, hay otro en tanto que nos encontramos sub iudice ante él. La conmoción de su aparición va con un ponerse de rodillas (y un obrar en consecuencia). El relato de la caída de algún modo pretende darnos a entender que la culpa es algo más que una emoción fácilmente reemplazable. Pero esto es difícilmente vamos a admitir mientras sigamos confiando en nuestra posibilidad.
un Dios de apestados es un Dios que apesta
junio 2, 2023 § Deja un comentario
¿Qué significa decir que Yavhé es el Dios de los que no cuentan para nada ni para nadie? Según el paganismo —según las religiones campesinas— los que no cuentan sencillamente tienen mal karma (es un decir). Los poderes que nos rodean no juegan a favor de los apestados. Estos viven bajo el influjo de aquellos poderes que se encuentran del lado de la muerte. El leproso lleva en su seno el poder de la descomposición, la podredumbre, la náusea. Naturalmente, hay que apartarse del leproso como quien se aparta de cuanto quema. Ciertamente, el paso del mar de las cañas fue el acontecimiento que dio pie a la convicción de Israel. Pues Israel era, como sabemos, un pueblo de parias. Pero en ese momento Yavhé todavía era un dios entre otros. Fue solo tras el exilio que Yavhé se reveló como el envés de los nadie. Y lo que esto significa es que hallarse expuestos a la desproporción de Dios equivale a encontrarse sometidos al mandato que se desprende, precisamente, de un Dios-aún-nadie. Obviamente, esto se encuentra lejos de lo que entendimos espontáneamente casi por divino. Y digo casi porque los dioses llegaron con retraso a la religión. En el animismo hubieron almas pero no dioses.
de Dios y dioses
junio 1, 2023 § 1 comentario
Con frecuencia he dicho que la distancia entre un dios y los hombre es análoga a la que media entre un hombre y un ácaro del polvo. Y esto de algún modo podemos darlo por bueno. Ahora bien, los dioses, como personificación de los poderes que rodeaban la existencia, siempre permanecieron cerca del hombre, aun cuando hubiera que andarse con tiento. Basta con leer cualquier tratado de fenomenología de la religión para hacerse una idea. Tan solo por medio de Yavhé —un Dios que en sí mismo carece de entidad—, lo divino se presenta como inconmensurable. Es con la irrupción de la distinción entre el verdadero Dios y los falsos dioses que comenzamos a emanciparnos de la divinidad. Israel estuvo a punto de hacer de Dios una abstracción… si no fuera porque un Dios sin otro modo de ser que el de un cuerpo que conserva las llagas de la cruz es en sí mismo voluntad, aquella por la cual Dios sale de sí hacia lo otro de sí para llegar a ser alguien. De Israel a Hegel media, ciertamente, un paso.
superstición (y 2)
mayo 31, 2023 § Deja un comentario
Difícilmente, experimentamos el poder vivificador del agua —el poder del bautismo— donde no andamos sucios o sedientos. De hecho, cristianamente, al menos en los inicios, el bautismo no fue tan solo un símbolo (quiero decir un símbolo sin historia). Basta con imaginarte como un genocida en la Uganda de los tiempos del exterminio —esto es, en la Uganda de anteayer— que, sepultado por la culpa, recibe el perdón de aquel a cuyos padres mató a golpes de machete. O ver la escena en la que Grégoire, en el documental Los olvidados de los olvidados, lava de pies a cabeza a un homeless con el que se cruzó —y que le obligó, por cierto, a ir en contradirección—, restituyéndole, por eso mismo, la humanidad perdida. Esto es, en definitiva, el cristianismo: agua con cuerpo.
superstición
mayo 30, 2023 § 1 comentario
El agua bendita es un resto —dice el moderno— de las antiguas supersticiones. Vale. Pero hablar de superstición supone hablar de una falsa creencia. Y diría que aquí, como modernos, nos equivocamos. Pues la primitiva convicción en el poder del agua nunca fue, estrictamente hablando, una creencia: fue una obviedad. Basta con imaginar que vemos las cosas por primera vez. ¿Acaso no nos asombraría la capacidad del agua para resucitar lo muerto? ¿Es que no nos parecería elemental? No hay naturaleza para quien vive inmerso en ella. Tan solo para quienes han logrado distanciarse. Así, podríamos decir que la sentencia ilustrada, casi en el sentido judicial del término, tiene que ver antes con nosotros —con nuestra incapacidad para ver lo mismo— que con la verdad. Y si la verdad, antes que adecuación, es acontecimiento —lo que en verdad tiene lugar o se re-vela—, entonces es posible, por no decir altamente probable, que los primitivos estuvieran más cerca que nosotros. De hecho, la filosofía, en tanto que búsqueda de la verdad, no habría sido posible si antes no la hubiéramos perdido.
breve historia del mundo
mayo 29, 2023 § 1 comentario
Al comienzo, el hombre experimenta con asombro el poder vivificador del agua: el cuerpo vuelve a la vida, las plantas nacen del fondo de la tierra. Con el tiempo, solo ciertas aguas son milagrosas. Lourdes. Finalmente, tenemos una explicación: el agua deviene combustible. Hölderlin dejó escrito aquello de para qué poetas en tiempos de miseria. Aunque quizá solo en tiempos de miseria el poeta pueda levantar acta del aliento que perdimos al hacernos mayores.
(Y aquí el gurú añadirá: ¡podemos recuperarlo!… si hacéis de que os digo. En cambio, el optimismo cristianismo acaso sea más lúcido: vamos a esperar el día D. Aun cuando esto se halle cerca de decir per la nostra banda, no hi ha res a fer.)
hacer cristianos
mayo 28, 2023 § 1 comentario
La crítica más frecuente a lo que escribo es que “esta teología no hace cristianos”. Sin embargo, mi intención nunca fue “hacer cristianos”. En realidad, quienes “hacen cristianos” son los testigos de Dios (y de hecho, a ellos me remito donde digo lo que digo… y no porque digan lo mismo). No tengo otro propósito que el de dotar de una cierta legitimidad epistemólogica —la expresión es de Alexis Bueno— a las fórmulas de la fe. Mi convicción es que el cristianismo no es una chorrada. Me atrevería a decir que la mayoría de quienes plantean esta crítica se dedica a una pastoral devocional que, aunque su motivo sea un Jesús que se presenta como modelo del compromiso solidario, apunta a un dios-común. Esto es, a un Dios que no necesita hacerse cuerpo para alcanzar entidad. Pero, según el cristianismo, Dios tiene cuerpo (y si necesitó tenerlo es porque quiso, porque es esta voluntad). Es posible que esta pastoral consiga devotos, pero no sé si cristianos.
En cualquier caso, diría que una cosa no quita la otra. No hay comienzos que sean químicamente puros. El problema, me atrevería a decir, es quedarse en los comienzos. Pues los motivos por los que comenzamos no terminan de coincidir con lo que sostienen, de haberla, nuestra fidelidad. La cruz nunca fue una anécdota que deja las cosas de Dios como estaban. El Dios que se revela en el Gólgota no es el que se imaginó Jesús. Entre otras razones, porque no creo que Jesús dijera de sí mismo que era el cuerpo de Dios (o que el Padre no es aún nadie sin el Hijo). Otro asunto es que se trate de mantener el rebaño en el redil… sea como sea. Pero este ya es, como decía, otro asunto. A quien tengo en mente cuando escribo es, sobre todo, a aquellos que abandonan, precisamente, porque no encuentran la munición necesaria para enfrentarse a un mundo que no quiere saber nada de Dios. La secta es el resultado de las pastorales que no cogen el toro por lo cuernos. Aun cuando estén formadas por buena gente.
No obstante, lo que más me llama la atención es que no se discuta. Ni siquiera fraternalmente. ¿Hablamos, en el fondo, de la arrogancia? ¿Cuándo dejó de importarnos la verdad? ¿Es que nos basta la capillita? Y lo digo con cariño —pues les debo mucho a mis antiguos pastores—, aun cuando pueda no parecerlo. Al fin y al cabo, solo Dios sabe. Por así decirlo.
regar un árbol seco (y 2)
mayo 27, 2023 § 1 comentario
En Grecia y Egipto creían que un árbol seco representaba el poder de lo divino. ¿Cómo entenderlo? ¿Quizá porque en el árbol seco se concentraba el poder indomable de la muerte? Ciertamente, estamos muy lejos de vivirlo así. Sobre todo porque la muerte, aun cuando siga provocando nuestro temblor de piernas, ha pasado a ser una desconexión. Así, morimos como mueren las máquinas: simplemente, dejamos de funcionar. Como decía Epicuro, la muerte, como tal, no nos concierne (y por eso, de lo que se trata a lo sumo es de liberarse del temor a morir) . En cualquier caso, este dato antropológico nos permite entender mejor la primera escena de Sacrificio de Tarkowski. Pues ¿acaso el gesto cristiano par excellence no consiste en regar el árbol seco de Dios? Y este gesto ¿no revela lo que el cristianismo entiende como poder de Dios? ¿Es que el Dios cristiano no fue un Dios que quiso ponerse en manos del hombre precisamente para llegar a ser el que es? ¿No hay mayor poder en el Dios que renunció a su omnipotencia para llegar a ser alguien —en el Dios que es esta renuncia— que en aquel que no es más que la máxima expresión de la voluntad de poder? La emancipación del hombre con respecto a lo divino ¿acaso no es el envés de un Dios que no es aún-nadie sin la adhesión de su criatura?
otra breve introducción
mayo 26, 2023 § 2 comentarios
Decimos “lo nuestro es amor”. O “esto es justo”. O “soy libre”. O “hay Dios”. Pero ¿es tal y como lo decimos? Aquí estamos presuponiendo que cabe una respuesta. Y que cabe una respuesta porque la verdad de lo que decimos —la adecuación de lo dicho— se decide en relación con los hechos. Pero no hay algo así como hechos que correspondan a nuestras grandes palabras. Más bien, es el decir —pues decir es juzgar, de qué lado se decanta la balanza— lo que determina qué va a considerarse como hecho. De este modo, al declarar que tal o cual decisión es justa lo que en el fondo decimos es: vamos a hacer como si lo fuera (y no se hable más).
Este es el origen —o uno de ellos— de la institución. Pues la institución es un andamiaje: podemos vivir como si hubiese lo indiscutible —como si hubiera un hogar. Así, nos amamos o somos libres o hay Dios… siempre que no hagamos tema del asunto. Pero lo cierto es que podemos seguir hablando (o discutiendo) a propósito de lo que hemos fijado sobre arenas movedizas. La mariposa que clavamos en el corcho sigue batiendo sus alas. La pregunta se limita a desclavarla. Y donde nos preguntamos sobre nuestras grandes palabras, no vuelve a crecer la hierba, como decía Hegel. Y es que todo es mezcla.
Cuanto nos traemos entre manos no es algo que sea químicamente puro. La plata va con la ganga. El no es más que con el es más que (y viceversa). En el amor de una madre no todo es amor. En la libertad común, hay mucho —o bastante— de prisión. Al fin y al cabo, nunca terminamos de saber de lo que estamos hablando. Y aquí, obviamente, no basta con dar una definición. Esta permanece más allá de lo sensible, en el territorio de lo formal. Damos por sentado que lo justo es darle a cada uno lo que se merece. Pero lo que queda en el aire es, precisamente, qué se merece cada uno. Y esto último siempre se concreta sobre la marcha, esto es, según el parecer (y por eso mismo, de momento o hasta cierto punto).
Sin embargo y dicho sea de paso, la cuestión es cómo es posible la definición, teniendo en cuenta que partimos de la ambigüedad. Y es obvio que aquí la respuesta no puede ser por generalización.
la dimisión del alumno
mayo 25, 2023 § 2 comentarios
Es posible que la educación se esté yendo a pique. Muchos alumnos ya son incapaces de seguir un curso normal de bachillerato. Y esto al margen de que al final aprueben casi por decreto (o sin el casi). Y quien dice por decreto dice por política (y no solo por la parlamentaria, sino también por la escolar: las escuelas o las universidades no sobrevivirían si decidieran dejar fuera a un cuarenta por ciento de sus matriculados).
Siempre ha habido, como suele decirse, malos estudiantes. Pero es que en estos momentos pasan a ser mayoría. Como en todas partes, la clase media va desapareciendo… si es que no ha desaparecido ya. Es verdad que para muchos una escuela elitista es algo así como la bicha. Y que por eso mismo creen que la pregunta es cómo ayudar a aquellos que les cuesta. El propósito es, sin duda, loable. Pero yerra en el diagnóstico. Sigue habiendo, ciertamente, alumnos a los que cuesta y quieren aprender. Pero la mayoría de los que arrastran suspensos no es porque les cueste: es porque pasan. Así tal cual. Y pasan porque su mundo —un mundo tremendamente absorbente, por no decir tóxico— está fuera. Ya no digo de la escuela, sino también de la familia. Su vida está en tiktok, por decirlo de algún modo. Y tiktok hace mucho ruido. Hablamos de la adicción. Su mente es alimentada día tras día por la estupidez. Y quien se alimenta de estupidez se vuelve, obviamente, estúpido. La escuela —lo que en ella se cuece o se cocía— deviene una especie de mosca cojonera, una interferencia, un rumor de fondo. Una buena parte del alumnado está formada por chicos y chicas mentalmente empobrecidos. Muy empobrecidos. Así, cada vez resulta más frecuente que te pregunten por el significado de palabras como inherente o sintomático. El problema es que esto no lo viven como un motivo de preocupación (y acaso lo que sea peor: tampoco muchos de sus padres). Muchos son incapaces de resumir correctamente un artículo de prensa. Y digo incapaces.
Algunos —de entre ellos, bastantes padres helicóptero— aún van diciendo que los alumnos pasan porque no los motivamos lo suficiente. Pero no todos los tiros van por ahí. Pues no hay modo de motivar a quien carece de un mínimo de sustancia —a quien solo le motivan los vídeos de el Rubius. Como siempre, motiva quien sabe de lo que habla y lo comunica con pasión. Pero no hay profe que pueda motivar a aquellos cuya mente ha sido previamente ahuecada.
La pregunta, por tanto, no es qué debemos hacer para que no se queden atrás aquellos a los que les cuesta y quieren aprender, sino cómo debe posicionarse la escuela ante la dimisión del alumno. Bajar niveles —¿aún más?— sería un suicidio social. Me atrevería a decir que de lo que se trata es de dar clases de nivel para quienes quieren aprender —que haberlos, haylos— y para el resto dónde vemos un tres vemos un cinco. Aquí no deberíamos rasgarnos las vestiduras. Basta con cambiar de chip. Pues para quienes quieren aprender, dejando a un lado las excepciones, un cinco es miseria (y por lo común, suelen ir más allá o bastante más allá). Aunque iría bien que a algunos de los que pasan, aunque sean unos pocos, les quedara el curso. Pues unas dosis de temor ayuda. Al menos, para conservar un cierto clima. No sea que el cambio climático acabe convirtiendo en un desierto lo que antes era tierra más o menos fértil. Con todo, tampoco tengo claro —ni de lejos— que esto sea una solución.
En cualquier caso, lo más probable es que las pedagogías que ahora se llevan, en principio pensadas para que nadie se quede atrás, acaben generando más desigualdad. Y es que cuando las cosas se ponen serias, quien no ha aprendido a leer se queda, sencillamente, fuera.
una breve introducción a la filosofía a propósito de una voz
mayo 24, 2023 § 2 comentarios
Escuchar momentos antes de morir la voz de tu hija y que esa voz te parezca un acontecimiento (y de paso preguntarte cómo pudiste vivir de espaldas al milagro). O bien escucharla y decirte a ti mismo que la sensación de milagro es algo que solo tiene que ver contigo. Esa voz o es más que o no es más que. No diría que quepa alternativa… al menos que entremos en las paradójicas aguas de la dialéctica y digamos que no es más que porque es más que. Y después alguien dirá que no importa interrogarse acerca de en qué consiste que algo sea en verdad, al margen de lo que nos parece que es (y ello a pesar de que no acabemos de hallar una respuesta satisfactoria).
redbull
mayo 23, 2023 § 1 comentario
La cuestión religiosa no es —o no, en primer lugar— la del significado de la existencia, ni, por extensión, la de una posible supervivencia post mortem. Tampoco la de la liberación de los oprimidos. Estas son, en cualquier caso, cuestiones derivadas. La cuestión religiosa par excellence es la de bajo qué poderes incontrolables nos hallamos. De ahí que el sentimiento básico del homo religiosus sea, por parafrasear a Schleiermacher, el de una dependencia absoluta. Y este es el problema hoy en día: que nuestro sentimiento ya no es, precisamente, este. A lo sumo, el que corresponde a la necesidad de conectarse con una fuente de energía espiritual. Pero no se trata de lo mismo. Pues, con respecto a esto último, seguimos en el centro. Aun cuando nos digamos que no.
a imagen y semejanza: unas preguntas
mayo 22, 2023 § 1 comentario
¿De dónde saca el autor del Génesis que el hombre fue creado a imagen y semejanza? Evidentemente, no de Dios. ¿Acaso de la superioridad que el hombre siente con respecto a las bestias? ¿Quizá de su aspiración a ser como Dios? ¿Cómo se le pudo ocurrir esta idea, en un mundo en el que un dios era un ente de un orden inconmensurable? ¿Cómo el hombre pudo entenderse a sí mismo como imagen de lo que desborda toda imagen? ¿Estamos ante una tesis acerca de Dios o, más bien, hablamos del hombre, de su necesidad de contar para un dios? ¿No supondría esto último pecar de narcisismo —y de paso, un haber olvidado qué significa hallarse frente a un dios? ¿Es que el hombre, ya emancipado de los poderes invisibles, solo puede concebir un Dios que va en busca de un rostro en el que reconocerse (y sin el cual no es aún nadie)? Pero en ese caso, ¿no hablaríamos más bien, de un Dios cuya omnipotencia se revela como renuncia a la omnipotencia —un Dios que, en sí, es la voluntad de vaciarse en favor de su criatura? ¿No sería este Dios, de tan infinito, una abstracción —una resta, la negación de lo que entendemos espontáneamente por divino? En el relato de la creación de Adán, ¿no subyace la convicción, todavía por explicitar, de que no hay Dios al margen del cuerpo que soporta el peso de su inicial falta de entidad, aquella que dio origen, precisamente, a nuestra existencia? Este Dios ¿acaso no constituye el envés de un haber constatado a flor de piel que vivimos como arrancados —y no como, simplemente, separados? La caída ¿no afectó también a Dios? El descubrimiento de Israel ¿no fue que Dios en verdad es menos que dios —y por eso mismo, más? ¿Es que el Dios bíblico no nos liberó definitivamente de dios? Y si es cierto que la religión no puede prescindir de la cuestión sobre el poder último o insobornable, dicho descubrimiento ¿no implica que esta cuestión solo se resolverá —de resolverse— cuando finalicen los tiempos?
et incarnatus est
mayo 21, 2023 § 3 comentarios
Donde Dios se da por descontado como el fundamento de cuanto es, cabe creer en Dios aunque no haya ningún hombre de Dios. Al fin y al cabo, este Dios pertenece a otro nivel. Pero si es verdad lo que proclama el cristianismo, a saber, que no hay otro Dios que el encarnado, entonces no cabe creer en Dios al margen de la fe de quien lo encarna. Dicho de otro modo, si es posible creer es porque él creyó antes o por nosotros, esto es, en nuestro lugar. Me atrevería a decir que no terminamos de comprender el alcance del credo cristiano hasta que no admitimos que si llegara a demostrarse que el crucificado fue un impostor, pongamos por caso un cínico que nunca creyó en lo que predicaba —y de paso, todos los santos—, la fe se iría por el desagüe junto con el agua sucia. Pues cristianamente la fe en Dios se basa en la fe —la confianza— que depositamos en aquel que fue crucificado en nombre de Dios. Por consiguiente, de fallar esta confianza, no puede haber fe que valga. Quizá pueda seguir habiendo creencia, ideal, o ilusión, pero no esperanza.
tótems
mayo 20, 2023 § 1 comentario
A los conquistadores les bastaba —y les basta— con quemar los tótems de los vencidos para desmoralizarlos —para disolver su alma. Hoy nos parece que los conquistadores pudieron hacerlo porque los vencidos fueron primero víctimas de una superstición. Pero quizá sea suficiente con imaginar que de repente fuese arrasado nuestro mundo: que despareciesen Notre Dame, la estatua de la libertad, el Vaticano, todas las pinturas del Louvre o el Prado, la música de Bach, las obras de Shakespeare, todos los ejemplares de la Biblia… O más aún, que ya no quedase ningún hombre bueno. Ninguno. ¿Acaso no caeríamos en la misma desesperación?