lo más

junio 20, 2025 § Deja un comentario

El nihilismo no es un mero concepto, una declaración sobre el sinsentido de la existencia. Es un nadie cuenta vivido a flor de piel —y, por eso mismo, un tú no cuentas. No habrá quien coja el testigo de lo que hicistes, creyendo que había un hacia donde. No habrá un Homero que narre tu vuelta a Itaca. Y si lo hubiese, su esfuerzo terminará disolviéndose como una gota de agua en el océano de una temporalidad para la que un millón de años es apenas un inicio. Ante Cronos, todo sentido se revela como una ilusión óptica. Basta con imaginar que no hubiese habido ningún evangelista que proporcionase un significado a la inmolación del enviado para caer en la cuenta de la carga de profundidad del nihilismo.

Así, difícilmente comprenderemos el alcance del libro de Job si entendemos su última parte como un diálogo. De hecho, Qohélet fue su mejor comentarista: todo es vano, un alimentarse de viento. Pues Job no topa con la verborrea de Yavhé, sino con su silencio. Y tú qué sabes: el sentido, si lo hubiese, está por ver. Por no hablar de la posibilidad de seguir siendo si llegara a realizarse. Al menos, porque el horizonte de la existencia es, precisamente, asintótico. No hay fe con anterioridad al momento crucial. En cualquier caso, suposición, mapa mental, espejismo.

Y es que la fe —como las obras que la siguen— es la respuesta humana a la experiencia del Altísimo, esto es, de la radical trascendencia de Dios. Ahora bien, la expresión de la fe —de la espera creyente— es delirante. ¿Muertos que resucitan? Tampoco puede expresarse de otro modo si es cierto que la fe apunta a lo que ningún mundo puede admitir como posibilidad. De ahí que haya otras respuestas. La de Dioniso es la más actual, un ponerse a bailar sin estar sometidos a ningún juicio. Ni siquiera el de nuestras víctimas. También cabe, sin embargo, Mozart. Pero en ambos casos, los mártires de la historia quedarán, sencillamente, sepultados en el pasado. Y si fuese así —si pudiésemos tolerarlo—, entonces el nihilismo vence. O lo que es lo mismo, el mundo.

gnosis y superación

junio 19, 2025 § Deja un comentario

El cuerpo es garbage, dijeron los gnósticos. Nietzsche no llegó tan lejos. Pero algunos gnósticos creyeron que, por eso mismo, con el cuerpo uno podría hacer lo que viniese en gana. Que daba igual la castidad que participar de una orgía. ¿Cómo fue posible que lo defendieran? ¿Quizá porque la gnosis creyó en la posibilidad de estar por encima de uno mismo… hasta el punto de considerar que el cuerpo era un disfraz? ¿Como si el cuerpo fuese la máscara del actor?

Sin embargo, a pesar del distanciamiento de sí propio de quien es capaz de verse a sí mismo como otro, el cuerpo afecta. De hecho, uno no puede comportarse continuamente como un cerdo sin convertirse en cerdo. O dedicarse al tráfico de armas como quien vende muffins. Al fin y al cabo, somos en buena parte lo que hacemos. Pues lo que hacemos es lo que nos hacemos. Acaso porque el cuerpo es ese otro que nos acompaña siempre. Y, por definición, con respecto a lo otro, tan solo podemos aspirar a mantener una debida distancia. En realidad, o somos devorados —absorbidos— por lo otro, o lo alimentamos bien. Y aquí el sacrificio no necesariamente supone una ascesis.

Es verdad que los extremos terminan por cerrar el círculo. Y es que un exceso de gnosis está más cerca de la estupidez que de una genuina sabiduría.

cristianismo superogatorio

junio 18, 2025 § Deja un comentario

Amar al enemigo. No poder soportar que haya quien pase hambre, aunque sea el último hambriento de la tierra. Ofrecer la otra mejilla. Abrazar al leporoso. Más aún: besar sus pústulas a la Francisco de Asís. ¿No es excesivo? Sin duda. Pero este exceso es el envés del exceso de Dios. Un creyente es, al fin y al cabo, un pasado de vueltas. En este sentido, el paganismo, incluso si se viste con la camiseta cristiana, resulta más humano.

miradas

junio 17, 2025 § Deja un comentario

Suele decirse, en las canchas cristianas, que deberíamos mirar cuanto nos rodea con los ojos de Dios. De acuerdo. Sin embargo, ¿qué tal si nos atrevemos a soportar la mirada de Dios sobre nosotros? Y aquí no valen las componendas de la interioridad. Pues esa mirada es la que nos dirige, pongamos por caso, esa madre soltera que, con su hijo en brazos, nos implora por una botella de leche a las puertas del super. ¿Acaso un Dios que no nos saque de quicio puede valer como Dios? ¿Es que el creyente no es un desquiciado por el clamor de Dios? Pero ¿quién podrá aceptarlo? ¿No fue Pedro quién, tras el paso atrás del joven rico, le preguntó al maestro quién será capaz de cargar con esa cruz? Y ya sabemos cual fue la respuesta. Nuestro no estar a la altura es el punto de partida.

De hecho, quienes responde al clamor de Dios no ven a Dios por ningún lado. Ni mucho menos, sienten que haya Dios. De ahí lo del poder del Espíritu. Pues el Espíritu de Dios es lo que queda de Dios donde, por así decirlo, ya no queda nada de Dios.

uf

junio 16, 2025 § Deja un comentario

¿Es posible que aún no hayamos caído en la cuenta? En el Nuevo Testamento, cuanto se dice de Dios en el Antiguo, se predica de Jesús de Nazaret, ese hombre. Y a menos que hagamos del galileo un dios con aspecto humano, la confesión creyente es, sencillamente, inadmisible para quien parta de la experiencia más espontánea de lo divino, aquella que equipara la desmesura de la divinidad a la de lo gigantesco.

El crucificado ¿omnipotente? Por supuesto. Pues omnipotente no significa, de hecho, el que posee una fuerza inconmensurablemente superior, sino el que puede con el todo. Y únicamente quien abraza el silencio de Dios y obra en consecuencia es capaz de vencer a los poderes del mundo. Y quien dice vencer dice nacer de nuevo. Como quien regresa con vida de la muerte.

rodillas que sangran

junio 15, 2025 § Deja un comentario

Es así: la revelación de Dios nos pone de rodillas. De lo contrario, no estaríamos hablando de Dios. Sin embargo, también es verdad que lo gigantesco doblega nuestra espalda, a la vez que nos fascina. Y por eso mismo, solemos equiparar su exceso al exceso de Dios. Pero ambos excesos no tienen nada que ver. Pues con la revelación, caemos en la cuenta de que, con respecto a la radical trascendencia de Dios, no hay, precisamente, nada que ver. Al menos, porque Dios, en sí mismo, es no siendo nada. Literalmente, negación de sí en favor de lo otro de sí. Esto es, voluntad —acto creador, big bang.

No es anecdótico que Jakob saliera cojeando de su encuentro con el ángel. En realidad, el arrodillarse va con el enfrentarse. Y este enfrentarse muestra dos lados. El primero, tiene que ver con la resistencia a admitir lo que se nos revela. El segundo, en cambio, con la posición creyente: heme aquí, qué quieres que haga. Tan solo hay una voz: la que escuchamos sepultados por el silencio de Dios. El resto es hablar por hablar.

Ahora bien, lo cierto es que la mayoría de los que aún creen no se hallan en la situación de Jakob. Por eso, su fe —su arrodillarse— debería apoyarse, no en la costumbre, sino en el tener muy presente a quienes se hallan en el desierto, bajo un cielo tan inmenso como inaccesible. Y con sed. Con mucha sed.

Al fin y al cabo, no rezamos donde no reza nuestro cuerpo. Y si este aún no es capaz, quizá lo mejor sería arrodillarse cerca de esas viejecitas que, en aquellas iglesias que todavía huelen a sacristía, ya no pueden hacer mucho más que implorar. Ellas rezan por nosotros. Es decir, en nuestro lugar.

negar para creer

junio 12, 2025 § Deja un comentario

Hay un primer imperativo para el creyente si quiere encontrarse ante Dios —y ¿quién podrá quererlo?—, a saber, el de abjurar de su dios, aunque tenga el nombre del verdadero Dios. Negarse a creer en ese dios tan espontáneo —y por eso mismo, tan injustamente íntimo— y, así, vivir a flor de piel qué significa estar frente al exceso de Dios. Al menos, de entrada.

una más de Mt

junio 3, 2025 § Deja un comentario

La sorpresa de los justos, una vez son elevados a la derecha de Dios, es sorprendente. Sin embargo, ¿los justos que hayan leído Mt 25 se seguirán sorprendiendo? ¿Qué nos da a entender el texto? Que aun cuando lo sepamos, en el momento crucial, nada sabremos. Todo —cualquier sentido— saltará por los aires. Tan solo, un paso al frente o retroceder. Ante Dios, sin Dios.

trascendencia y Ley

junio 1, 2025 § Deja un comentario

De la extrema trascendencia de Dios se desprende la gracia —el don— y la Ley. Nada más. De ahí el peligro de aproximar a Dios hasta una altura humana, demasiado humana. Pues en ese caso, fácilmente surgen los inspirados, esos que pretenden poseer un talento especial para interpretar lo que Dios quiere aquí y ahora. Y los inspirados son enormemente peligrosos. Por sectarios.

Aquí alguien podría decirnos que es necesario leer los tiempos. De acuerdo. Ahora bien, esa lectura siempre tendrá que ver con las mediaciones, no con el horizonte. Y el horizonte es Mt 25.

profecías

mayo 31, 2025 § Deja un comentario

Con la declaración de la muerte de Dios, Nietzsche actuó, es un decir, a la manera de un sofista, esto es, de un prestigitador del lenguaje. Me refiero al hecho de que poniendo el foco sobre la imposibilidad actual de seguir creyendo en el Dios de la tradición cristiana, lo que alejaba de la mirada del espectador era el hecho de que la voluntad de poder ocupaba el lugar de Dios. Pues, si Dios es el nombre del exceso al que nos hallamos sometidos por completo, entonces Nietzsche no hizo otra cosa —también, como quien dice— que sustituir un Dios por otro. Pues me parece evidente que nos hemos convertido en los títeres de una dinámica cuyo principio es si puede hacerse, debe hacerse. La única salida, según Nietzsche, es la que sintetiza la figura del superhombre: ponerse a bailar más allá de Bien y el Mal. Esto es, siendo indiferente si es sobre las cenizas de los gaseados o entre amapolas. El lema sería si no puedes contra ellos, únete a ellos —y aquí el ellos es la voluntad de poder.

Es cierto que algo de esto también se encuentra en la Biblia. Pues la luz y la oscuridad son debidas, precisamente, a la extrema trascendencia de Yavhé. Basta con leer el libro de Job o Is 45, 7 para caer en la cuenta. Sin embargo, lo que Moisés dedujo de su haber visto a Dios cara a cara —de su enfrentarse a Dios— es el deber de la fraternidad. Ante Dios, es decir, frente a Dios o sucumbimos, o damos de beber al sediento. Y por eso mismo, este mandamiento es de Dios. En realidad, cristianamente, Dios no tiene otro presente que su hacerse presente en el hombre de Dios que permanece fiel a Dios donde Dios en sí mismo se revela como la nada de Dios —o siendo más estrictos, como el aún nadie.

Moisés y Nietzsche ante el abismo

mayo 30, 2025 § Deja un comentario

¿Hay exceso en Nietzsche? Quiero decir, no ya si su pensamiento es excesivo, sino si Nietzsche tiene algo que decirnos con respecto a cómo situarnos ante el exceso de un haber sin porqué, del cual se desprenden tanto la luz como la oscuridad (Is 45, 7). La pregunta es retórica. Pues la verdad es que acaso sea lo único que tenga que decirnos, glosas al margen. Y me atrevería a sostener que en esto consiste su ateísmo. Así, ante el exceso de lo real —un exceso irreductible—, Nietzsche nos invita a ponernos a bailar como Dioniso, siendo irrelevante si es sobre un lecho de flores o sobre los cadáveres de los hijos. En esto consistiría su hybris, su desafío al Dios. Pues es evidente que para Nietzsche hay Dios. Aunque se vista con los ropajes de la nada. Ciertamente, lo que no hay, según Nietzsche, es el Dios titiritero. Pero, en realidad, nunca lo hubo. Y por eso Dios es Dios. Como supo ver Israel —y no sin sufrir hasta los tuètanos esta hallarse en falta de Dios.

Por tanto, Moisés también vio el abismo. Sin embargo, su respuesta fue muy distinta. En vez de entregarse al bailoteo y a la carcajada, descendió con las tablas de la Ley. Pues, frente a la nada de Dios —ante su insobornable trascendencia—, el desafío consiste en crear hermandad: la ira de Dios no nos podrá. Y ello en nombre de Dios. Es decir, en su lugar.

De hecho, ya Bonhoeffer dejó escrito que la existencia creyente se mueve entre la resistencia y la sumisión. Aun cuando es posible que no lo dijera en el mismo sentido.

Ur-Sí

mayo 28, 2025 § Deja un comentario

Dios, en sí mismo, no es nada. Y porque este no es nada es, en realidad, una doble negación, Dios en sí mismo es el acto creador. El big bang fue antes metafísico que físico. El Sí originario —el hágase creador— es el resultado de la negación inherente a la nada. De ahí que el mundo fuese creado “de la nada”. Y de ahí también que la distinción mosaica entre el Dios verdadero y el falso Dios suponga, cuando menos, intuir que Dios es siempre más que dios. Esto es, más de lo que espontáneamente se nos presenta como divino.

Quizá no sea secundario que, bíblicamente, los capaces de Dios fueran, precisamente, los que no formaban parte de un mundo en donde los nobles eran los elegidos de los dioses.

nihilismo y fe

mayo 27, 2025 § Deja un comentario

El nihilismo es un momento necesario de la fe —un momento, literalmente, crucial. Pues la fe es la respuesta al No de Dios —a su negación de sí. Bajo el derrumbe de los cielos, los hombres no pueden evitar preguntarse ¿y ahora qué? ¿A qué estamos obligados? Y aquí caben tres respuestas: la del nihilista pasivo —la depresíón—, la del émulo de Dioniso y la creyente, la fraternidad. Esta última deviene, por consiguiente, un acto de resistencia ante Dios de quienes se encuentran sin Dios, es decir, los cualquiera.

Con todo, esta respuesta, en tanto que creyente, tiene lugar en nombre de Dios, esto es, en su lugar. Al menos, porque el Dios que se revela en el Gólgota es el Dios que, ya desde un principio, no quiso ser nadie sin la respuesta del hombre a su sacrificio. Me refiero, obviamente, al de Dios.

”el amor de Jesús”

mayo 23, 2025 § Deja un comentario

A veces, leo testimonios. Quiero decir los escritos de aquellos que narran su experiencia de Dios. Mejor dicho, del amor de Dios. Pues los tiros suelen ir en esta dirección. Los más parroquiales suelen provocarme un cierto sonrojo. Pues suelen insistir en el factor sentimental… con el aplauso entusiasta de los rectores. El problema de esta insistencia es que está muy cerca del onanismo espiritual. Narcisismo con la excusa de Dios. Sin embargo, no habría nada que objetar… si estas experiencias no se presentasen como el no va más. Pero hay más —y este más no es algo que podamos preferir.

De hecho, quienes han topado cara a cara con Dios permanecen sumidos en el estupor. Poco que decir y mucho por hacer. Basta con leer los evangelios o las vidas de algunos santos, para caer en la cuenta de que quienes dieron un paso al frente lo dieron tras haber dejado de sentir a Dios. Y porque hay quienes lo siguen dando, podemos creer en Dios. De ahí el sonrojo al que me refería antes. Pues ¿cómo podemos hablar de nuestra experiencia de Dios sin apuntar a quienes nos dieron la fe? Y no sin caer antes de rodillas.

absolute

mayo 20, 2025 § Deja un comentario

El absoluto es silencio y oscuridad impenetrables. El no es nada de un puro haber. De ahí que no quepa ninguna visión de lo absoluto —ninguna perspectiva. Desde la nada de fondo, Nietzsche creyó que el resto no era más que voluntad de poder, ruido y furia. Que las perspectivas eran perspectivas de la nada, meros instrumentos del dominio.

Israel, en cambio, hizo otra lectura. Pues que Yavhé no sea un dios, entre otros, sino el nombre de Yavhé, un nombre a la espera de un referente —o dicho de otro modo, que Dios, en cuanto tal, carezca de concepto— significa que la vida es don, gracia, bendición. Pero también que debemos preservarla de la impiedad del mundo. Y luego, ya veremos. No es exactamente lo mismo. Aunque Nietzsche e Israel estuviesen muy cerca, uno del otro.

De hecho, Nietzsche comprendió perfectamente de qué iba el asunto. O Dioniso, o Cristo. Tertium non datur. O mejor, de haber un tertium, este tendrá que ver con nuestra estupidez, es decir, con un no habernos enterado aún de qué va la película.

un Nietzsche casi cristiano

mayo 19, 2025 § Deja un comentario

Probablemente, Nietzsche comprendió mejor que muchos cristianos el alcance del cristianismo. Pues la cruz significa, precisamente, la muerte de Dios. De ahí el nosotros lo hemos matado que sucede al Dios ha muerto de la Gaya Ciencia. Un cristiano señala —o debería señalar— a un crucificado cuando se le pregunta dónde está Dios. Y el crucificado, conviene tenerlo muy presente, murió como un apestado de Dios. En realidad, no hubo ningún deus ex machina en el Gólgota.

Ciertamente, el cristiano no se queda al pie de la cruz. Pues hubo resurrección. Y Nietzsche, obviamente, fue muy consciente de ello. Pero, por eso mismo, no pudo evitar comprender el cristianismo como una brutal ironía. Pues, siendo la resurrección un imposible, es como si el cristianismo nos estuviera diciendo que no hay esperanza para los malditos de Dios —los pobres, las víctimas de la historia, lo que no cuentan para nada ni para nadie.

Ahora bien, lo que Nietzsche no supo ver, preso de un positivismo de fondo, es que no hay otra realidad que la imposible. Pero este es un tema… del cual ya hemos hablado unas cuantas veces.

entender no es comprender

mayo 18, 2025 § Deja un comentario

Donde partimos, a la hora de dar en el clavo de lo verdadero, de la pregunta por la certeza —donde lo primero es asegurar la correspondencia entre nuestras representaciones mentales de los hechos y los hechos— , lo verdadero inevitablemente será objeto. Y, por eso mismo, lo que se encontrará fuera del mundo —lo inobjetable— ya no será Dios, sino el sujeto del conocimiento, el ego cogito. Esto significa que el sujeto del conocimiento, al devenir absoluto, queda separado del individuo que existe —y existir significa estar en el mundo como arrancado.

Sin embargo, solo quien existe se enfrenta a la nada de un puro haber, a su irreductible alteridad. Para el ego cogito el en sí de la alteridad tot court tan solo puede presentarse como la ignotum X del conocimiento, en modo alguno como autoridad. Quiero decir que el ego cogito es incapaz de vincular la experiencia del don —de la gracia— a la del deber que se desprende de ella. Ahora bien, es incapaz porque, al ocupar el lugar de lo absoluto, no puede comprenderse como aquel que se encuentra en manos de. Y aquí no tengo en mente a ningún ente superior. Pues de haberlo, nuestra dependencia sería meramente circunstancial.

curso de lingüística general

mayo 13, 2025 § Deja un comentario

Hay dos manera de situarse ante la dimensión desconocida. O también, de encontrarse abiertos a lo que nos supera. La primera es la más común: hay signos. Como el humo que vemos apunta a la combustión que no vemos. De ahí nace el sentimiento de formar parte. La segunda, en cambio, comprende simbólicamente la existencia. Y la comprende a flor de piel. Pues el símbolo, propiamente, remite a la parte que falta de una unidad original, una parte que perdimos de vista in illo tempore y cuya naturaleza, de haberla, ignoramos. Es lo de la rosa sin porqué del Silesius.

La música de fondo de la primera es armónica —y de ahí que su horizonte sea, precisamente, el de sintonizar con la buena onda. La de la segunda, disonante. Hay algo en lo dado que no podremos reparar por nuestra cuenta y riesgo. Aunque tampoco parece que pueda hacerlo un deus ex machina. Al menos, porque el carácter irreparable de la totalidad arraiga en un más allá de cuanto es, incluida la dimensión desconocida. Aquí lo que está en juego no es la posibilidad de armonizar —pues existimos como los arrancados—, sino un tener que responder a la situación.

La primera, termina con un dejarse llevar de corte ascético. Y eso, sin duda, puede resultar saludable. La segunda, con un primero obedeceremos y luego ya veremos. Y aquí la obediencia, la cual no excluye un hallarse en gracia, pasa por Mt 25… lo que ya nos da a entender, de por sí, que no estamos ante una variante de la antigua gnosis. Pues los salvados ignoraban que dieran de comer al hambriento en nombre de Dios. Puede que la carga de profundidad de ambas espiritualidades no sea la misma. Ni quizá complementarias. Aunque tampoco inevitablemente excluyentes.

antropomorfismo

mayo 10, 2025 § Deja un comentario

Tras las espiritualidades sin Dios —las que podríamos denominar oceánicas— hay, sin duda, un intento de evitar el antropomórfismo del teísmo tradicional. Y esto, tras la crítica ilustrada a la religión, podemos entenderlo. Sin embargo, lo que dichas espiritualidades colocan en lugar del espectro paternal es un poder anónimo… del que no cabe esperar ninguna redención, sino, a lo sumo, una mejor salud. Como si, en el fondo, se tratase de depurarse siguiendo una dieta detox.

Nada que objetar… si no fuera porque no hay dieta —ni gnosis— que responda a la pregunta sobre el destino de los gaseados de la historia. Y es que sin resurrección de los muertos no hay redención. O lo que es lo mismo, sin una voluntad de fondo que busque la justicia, por así decirlo. Al océano le da igual disolver muñequitos de sal que hundir las pateras.

No obstante, la resurrección es tan increíble como imposible. la esperanza creyente no es, propiamente, una expectativa de la que podamos hacernos una idea. En cualquier caso, al rechazar la resurrección de los muertos por imposible, olvidamos que, en realidad, la fe en Dios siempre apuntó a lo inviable en nombre de. Comenzando por el Dios que se revela en el Gólgota.

Moisés ante Yavhé

mayo 8, 2025 § 1 comentario

Solo en la intimidad somos lo que somos, es decir, nadie. Aún. Como Yavhé ante Moisés. De aquí que la mayoría busque desesperadamente la distracción, ir de un sitio a otro como gallina sin cabeza. A nadie le gusta no ser, en el fondo, el que es: nadie. Sin embargo, esto tiene que ver con lo que preferimos, no con lo que queremos. Y es que, probablemente, lo que quisiéramos es desaparecer, habiendo, eso sí, dejado alguna huella. No en vano somos una réplica, acaso defectuosa, de Dios.

sin juez

mayo 7, 2025 § Deja un comentario

Nihilismo significa no habrá juicio. Da igual haber sido un genocida que Francisco de Asís. Nadie —ni nada— nos juzgará. Esto es, no esperes un nuevo comienzo. Tan solo el eterno retorno de lo mismo.

Por tanto, no nos enfrentamos al nihilismo poniendo encima de la mesa un ideal —o no, sin caer en el ridículo—, sino con otra actitud frente a la nada. De hecho, la disyuntiva ya la planteó Nietzsche en su momento: o Cristo o Dioniso. Y es que ambos, a una enorme distancia del común de los mortales, se acercaron al abismo. Y el abismo les devolvió la mirada.

La respuesta, sin embargo, no fue la misma. Dioniso se puso a bailar. Y esto, de algún modo, supone hacer las paces con los poderes demoníacos que nos superan. El crucificado, en cambio, en su respuesta a Dios —a su silencio— se enfrentó al lado oscuro de Dios. Y se enfrentó con Mt 25, por así decirlo. En el primer caso, no hubo resistencia, sino una salida por la tangente. En cambio, sí hubo resistencia en el segundo. Aunque aquí esta sea el envés de la sumisión. En tanto que expresa una rebeldía de fondo, la obediencia cristiana es, de hecho, paradójica . Al fin y al cabo, el enfrentarse a Dios se lleva a cabo en nombre de Dios. Esto es, en su lugar. De ahí que quien nos juzga —quien nos sitúa en la posición de quien debe responder a la acusación— no es Dios, sino su lugarteniente. En cristiano, Dios hecho hombre.

trois brèves pièces pour piano (3)

mayo 1, 2025 § Deja un comentario

Dice el puritano, por ejemplo: hemos de en valorar el presente o evitar siquiera tener tentaciones. De acuerdo. Pues sería lo ideal. Pero la pregunta es si podemos hacerlo. Y la respuesta es que no. El puritanismo olvida que existimos como los que cayeron. De ahí su rigidez, su impostura, su máscara. En realidad, esta posibilidad depende de un hallarse en gracia. Y la gracia, al menos la que nos vuelve a poner en pie, siempre se nos dio al pie de una cruz. Nadie vive hasta que no está de vuelta. O por decirlo en cristiano, hasta que no regresa de los gólgotas con vida.

trois brèves pièces pour piano (2)

abril 30, 2025 § Deja un comentario

Dice el positivismo: el amor de una madre no es más que instinto encubierto de palabras que sobran. Pero ¿es así? No me atrevería a decirlo. Y es que, de por sí, ya es algo más. Tan solo porque la vida del hijo, incluso el instinto, es una excepción —un milagro— desde el fondo de la nada que abraza cuanto hay.

Ahora bien, este aparecer ¿no sería, por eso mismo, apariencia, un como si fuese un milagro, esto es, algo que solo tendría que ver con nosotros, los impresionables? Sin duda, lo sería… si fuese una perspectiva, un manera de ver lo que está más allá de cualquier perspectiva (y por eso mismo, permanece invisible). Así, en los cuerpos bellos, pongamos por caso, se muestra —se hace presente, aparece— una belleza que, en su carácter absoluto, no aparece. Pues los cuerpos bellos son siempre hasta cierto punto o relativamente bellos, nunca por entero. Lo dicho: en perspectiva. Pero el que haya algo en vez de nada no admite una descripción, ni, consecuentemente, una perspectiva. En vez de perspectiva, asombro. Al fin y al cabo, y a diferencia de los hechos, el acontecimiento del haber de lo que hay no representa nada. O mejor, representa la nada, esto es, ocupa su lugar. O como decía el Silesius con respecto a una rosa, a saber, que es sin porqué. Para una madre, la vida del hijo no ejemplifica ningún hijo ideal —o en platónico, la idea del hijo. Es don. Y ante el don, únicamente cabe dar gracias. De nada.

En cualquier caso, de la perspectiva dependería el caer en la cuenta o no.

trois brèves pièces pour piano (1)

abril 29, 2025 § Deja un comentario

Si Dios se apareciera, entonces no sería Dios, sino, a lo sumo, un ente superior. Más aún: si se apareciese y permaneciese ahí, frente a nosotros, o si se prefiere, a nuestro lado, entonces, con la costumbre, dejaría de parecernos incluso un dios. Dios solo puede valer como desaparecido. Esto es, como espíritu. Y por eso mismo, como el que ha de regresar. Eternamente.

De hecho, esto es lo que proclama el cristianismo: que Dios solo puede aparecer como hombre de Dios que, experimentando el abandono de Dios, se abandona a Dios.

formulación

abril 28, 2025 § Deja un comentario

Aun cuando en la práctica funcione como tal, el cristianismo no es una religión al uso. Al menos, porque la encarnación de Dios —que el crucificado sea el cuerpo de Dios— supone la quiebra de lo que espontáneamente se experimenta como divino. No hay Padre sin Hijo —y viceversa. Esto es, Dios no tiene otra entidad, otro quien, que el de aquel que murió colgando de un madero. ¿Aún no lo hemos pillado? ¿Quizá porque cuesta incorporar la revelación sin los recursos de la imaginación? ¿O quizá porque nos resulta más satisfactorio incorporarla fantaseando con un padre espectral que estando al pie de la cruz o, en su lugar, teniendo muy presentes las historias que hay detrás de las fórmulas de la fe?

dependencia del padre

abril 27, 2025 § Deja un comentario

Schleiermacher dejó escrito que la fe arraiga en un sentimiento de dependencia, se sobreentiende que con respecto a Dios. Pero ¿de qué Dios?

La dependencia es propia de los niños. O de los perros más fieles, como dijera Hegel. Y, ciertamente, quien ha tenido un padre que le cogiera de la mano cuando comenzó a dar sus primeros pasos lo tiene más fácil a la hora de sentir que hay una padre espectral que se preocupa por él, algo así como una variante del ángel de la guarda.

Sin embargo, los tiros de la paternidad de Dios, conforme a los textos bíblicos, no parece que vayan por ahí. Pues esta apunta a la Creación. Y la Creación concluyó en el séptimo día, aquel en el que Dios se retiró a un más allá inaccesible. Es verdad que en los fragmentos debidos a J, Dios se presenta como un personaje que está muy encima de sus elegidos. Como si fuese un marcaje al hombre. Pero, una vez Israel, tras la dura experiencia del exilio, abandona la monolatría para decantarse por el monoteísmo más estricto, la presencia de Dios es, incuestionablemente, la de un Dios por venir.

Por consiguiente, la dependencia a la que se refería Schleiermacher en verdad no se daría con respecto a un ente superior que imaginamos como un padre espectral, sino en relación con lo que se desprende de la radical trascendencia de Dios. Según Israel, el don de la vida y el deber de preservarla a cualquier precio frente a nuestra indiferencia o impiedad, esto es, la Ley. El cristianismo añadirá a lo anterior, el seguimiento y la esperanza de que al final nada caerá en saco roto.

Es posible que, teniendo en cuenta lo anterior, hoy en día lo tengamos más fácil para sintonizar con esta fe. Pues la figura del padre hace tiempo que saltó echa pedazos. Muchos hijos, hoy en día, experimentan la ausencia de un padre genuino, de aquel que, dándote la mano también es capaz, sin embargo, de negarte la filiación. Ciertamente, este echar en falta podría dar pie a imaginar, por compensación, un padre espectral al igual que los niños solitarios se imaginan un amigo invisible. Y algo de esto hay en el actual revival religioso, ambigüedades al margen. Pero hoy en día el efecto de la ausencia de Dios es, por lo común, el narcisismo. Y un narcisista solo sufre la falta de espejos. No fue este efecto el que experimentó Israel. Precisamente, porque padeció dicha ausencia. Y hasta el tuétano.

el espíritu como tercera persona

abril 24, 2025 § Deja un comentario

El espíritu de Dios es lo que queda de Dios donde ya no queda nada de Dios. Un ánimo —una fuerza, un poder. Pero ¿por qué ese poder se nos impone? ¿Acaso no podría entenderse como la respuesta de la interioridad al acontecimiento de la cruz, tras el tercer día? Quizá… si no fuera porque esa fuerza procede del exterior, al fin y al cabo, de la escena del Gólgota.

Jakob y el ángel

abril 22, 2025 § Deja un comentario

¿Por qué Jakob en Penuel se enfrentó al ángel de Dios? Es, cuando menos, extraño. ¿Acaso Dios le desafió? El combate ¿solo tuvo que ver con Jakob —con su orgullo? En el cuadro de Rembrandt, una verdadera clave hermenéutica, no puede distinguirse la lucha del abrazo. ¿Deberíamos concluir que quien abraza a Dios —o es abrazado por Él— no puede menos que enfrentarse a Dios? ¿O más bien que los que se enfrentran a Dios terminarán siendo abrazados por Él?

Puede que Jakob supiese mejor que nosotros qué significa estar ante Dios. Como también Job. ¿Acaso el clamor de Job no fue una pro-vocación? ¿Es que la experiencia de Dios no comienza con un vivir a flor de piel su impiedad —su indiferencia, su extremo más allá? ¿Podría ser diferente tratándose, precisamente, de Dios? Hablar del amor de Dios antes de hora ¿no conduce a un dios a medida de nuestra necesidad de amparo?

Si el relato lo hubiera escrito un cristiano, el abrazo de Dios hubiese sido el del crucificado. Pues, según el cristianismo, la respuesta de Dios a la provocación del hombre —su Palabra— fue un abandonado de Dios que murió perdonando a sus verdugos. Como es sabido, fue Bonhoeffer quien dijo que ante Dios estamos sin Dios. Esto es, enfrentados a su misterio. Y de ahí Mt, 25. O en judío, la Ley que nos obliga a la fraternidad. Pues solo caemos cuenta de que somos hijos de un mismo Padre donde permanecemos expuestos al silencio de Dios.

dime de qué te alabas…

abril 21, 2025 § Deja un comentario

Quien necesita decirse a sí mismo lo bueno que es, necesita decírselo porque en el fondo sabe que no lo es. Algo parecido podríamos decir de quien está orgulloso de su fe. De hecho, los evangelios son claros al respecto. Por ejemplo, Lc 18, 9-14. Cuanto más cerca, más lejos. Siempre.

dos perspectivas y una sola esperanza

abril 20, 2025 § Deja un comentario

El asombro, como punto de partida. La rosa es sin porqué. No obstante, diría que ante lo dado —el motivo de nuestra admiración… y perplejidad— caben dos posiciones. O bien creemos que todo nos ha sido ofrecido por el Dios que habita en la alturas al modo de un ente superior; o bien, que el don es un testamento, en el sentido casi forense de la expresión. En el primer caso, hay mapa mental —y un mapa mental no resiste la crisis del Gólgota. En el segundo, hay interrogación de fondo, y en definitiva, fe. Pues la fe es permanecer a la espera de Dios: ¿volverá? Y la espera va con el clamor: maranathá.

Ahora bien, ¿qué Dios espera el creyente? Por lo común, algo así como un deus ex machina. Sin embargo, el cristianismo ofrece una respuesta, cuando menos, desconcertante: el que esperábamos muere como un apestado de Dios. Ciertamente, la historia no termina con la cruz. Pero el último capítulo admite una doble lectura. La primera es la literal: el crucificado regresa con vida de la muerte —y esta vida es la vida de Dios. La segunda, en cambio, es irónica. Como si se nos dijera, al tratarse de un imposible, que no hay solución.

En cualquier caso, y a la hora de pensar la resurrección, fácilmente olvidamos que no se trata de una expectativa —quizá lo fuese para los testigos de la resurreción, pero ya no puede serlo hoy en día—, como de tampoco un ya me gustaría, sino de una esperanza “a la judía”: es lo que debe acontecer en nombre de. Y aquí no hay saber de por medio. Ni siquiera supuesto.

gurú

abril 19, 2025 § 2 comentarios

Los sometidos a una vida de trabajo y consumo necesitan oír de vez en cuando que la vida es algo más que trabajo y consumo. Que al final —o en el fondo— todo es luz, belleza, paz. Océano. La espiritualidad como consuelo. Una vez más. Antes, los consolados fueron los incontables —los que no cuentan para nadie—. También necesitaron que un representante les dijera que sí contaban para Dios. Más aún: que eran sus preferidos. Al final, los mismos perros con distintos collares.

Según cuentan, en Auschwitz también los prioneros más despiadados se sintieron consolados cuando, en el barracón, aparecía alguien realmente bueno, capaz de dar el pan que le sobraba al hambriento. O incluso, aunque no le sobrase. Como si los despiadados tuvieran que decirse a sí mismos que el infierno no era la última palabra. Sin embargo, esta necesidad no les condujo a la conversión. Más bien, les permitió seguir siendo unas bestias con los más débiles. Sin caridad, la esperanza siempre fue una excusa.

¿Cómo se nos pudo olvidar tan pronto que la esperanza va con el seguimiento?

nihilismo y esperanza

abril 16, 2025 § Deja un comentario

Es ingenuo suponer que la humanidad no se extinguirá jamás. ¿Homero, Bach, el de Nazaret…. hundidos en la nada? ¿Dios mismo? También… si es cierto que Dios es el Dios que no quiso serlo al margen de la carne.

Ahora bien, ¿acaso la esperanza cristiana no apunta igualmente a un final de los tiempos? Sí, pero con un nuevo comienzo… que no será un más de lo mismo. ¿Difícil de creer? Por supuesto. De ahí que la esperanza creyente no pueda reducirse a una expectativa. Más bien, se trata de un debe tener lugar en nombre del acontecimiento de la bondad en el centro de lo infernal. Y quizá no sea secundario que las imágenes de dicha esperanza sean delirantes. Quienes aún crean que la fe en Dios no apunta a lo imposible probablemente cuenten con un dios a medida de su me gustaría.

nietzscheanas 65

abril 4, 2025 § Deja un comentario

Según Nietzsche, no hay algo así como la verdad. Todo sería perspectiva… si la palabra fuese adecuada. Pues una perspectiva es, en cualquier caso, relativa a algo que se sitúa más allá de cuanto podamos decir al respecto desde un punto de vista. Y, por eso mismo, suponemos que ese algo es un en sí al que podríamos acceder a través de un lenguaje cuya validez trascendiese, precisamente, la perspectiva. Para el racionalista este lenguaje sería, de hecho, el de la matemática. Ahora bien, según Nietzsche, al igual que para los empiristas, la matemática no dejaría de ser un artificio, una simplificación excesiva del en sí… si lo hubiese. De hecho, la idea de un en sí por debajo de las apariencias es, en última instancia, un truco del lenguaje —una ilusión lingüística.

Así, para Nietzsche no hay verdad —ni puede haberla— porque no cabe la posibilidad de hechos puros, hechos con respecto a los cuales, al estar al margen de la perspectiva, fuera posible establecer la verdad de nuestros enunciados acerca del mundo. No hay hechos que sean con independencia de los presupuestos que constituyen una cosmovisión —es decir, una perspectiva— y, por ende, un mundo. Los presupuestos que rigen, pongamos por caso, una cosmovisión religiosa —hay otro mundo por encima del que habitamos— no son los mismos que los que dibujan el perfil de nuestra actual visión científica del mundo. Por consiguiente, los hechos de la primera cosmovisión no serán los mismos que los de la segunda (y de ahí que Nietzsche dijera que hubo Dios… y que ahora en modo alguno podía haberlo). El chamán admitirá que tiene visiones del más allá porque ha ingerido peyote. Pero añadirá que no solo porque lo haya ingerido: si puede ver lo que ve es porque no cuestiona que haya otro mundo.

El ver es siempre un ver como. No hay visión que no posea una carga teórica —que no incorpore un cierto saber. Así, quien ve un martillo ve un clavo. Si no lo viese al ver un martillo, no vería un martillo, sino otra cosa —por ejemplo, un arma defectuosa o rara. El martillo sería la metáfora del clavo. La esencia del lenguaje es, por eso mismo, metafórica: cualquier cosa remite al resto. Todo es lo que no es —aunque Nietzsche, al carecer de instinto dialéctico, no llegó, ciertamente, tan lejos.

Sin embargo, qué ve aquel al que se le aparece algo incomparable —algo que, aun cuando pueda decir que es, no sabe qué es o en qué consiste. Ese algo absolutamente extraño se mostraría como un puro algo-ahí… y, por eso mismo, sería la metáfora de Dios, su símbolo o índice. Pues Dios es el nombre de lo absolutamente extraño u otro —de una pura alteridad. De asimilar a Dios —de verlo como, por ejemplo, un padre… a la hora de una idea de lo que pueda ser Dios—, Dios dejaría de ser Dios para devenir un dios a medida —a la medida, precisamente, de las condiciones de nuestra receptividad. Al fin y al cabo, lo extraño siempre se hace presente como algo relativo a unos esquemas sensoriales o mentales —y de ahí lo inevitable de la analogía: esto es como…. O dicho de otro modo, al añadir un cierto saber a la aparición de lo absolutamente extraño, Dios pasaría a formar parte del mundo. Y esto sería así aun cuando, debido a que ese saber continuaría siendo incompleto, al mismo tiempo dijéramos que pertenece a un mundo superior. En realidad, siendo más precisos, formaría parte del todo. Sin embargo, lo cierto es que lo absolutamente extraño u otro tiene que permanecer, por definición, como ab-suelto del todo, esto es, sin juicio —sin lenguaje. Nuestra necesidad de comprender a Dios expresaría, por tanto, nuestra congénita incapacidad para soportar a Dios y, en definitiva, para enfrentarnos a una alteridad sin rostro.

Es cierto que llegados a este punto, alguien podría objetar que los humanos seríamos absolutamente extraños para los ácaros del polvo, si fueran conscientes, y no por ello seríamos dioses. Sin duda, esta —que fuéramos dioses— sería su impresión. Pero se equivocarían. Pues no somos dioses. Como tampoco un dios es Dios.

Ahora bien, quien plantease dicha objeción no tendría en cuenta que esto es así tan solo con respecto a cualquier objeto insólito, no con respecto a la nada. Al menos, porque la nada es, de hecho, lo que en modo alguno cabe asimilar. Y por eso mismo, es lo único que puede comprenderse como lo absolutamente extraño. En modo alguno, la nada se hace presente como tal. Ninguna metáfora ontológica vale para la nada… salvo el todo, lo que no implica que la nada sea asimilable. Pues el todo tampoco lo es. Ciertamente, podríamos creer que la nada remite a, por ejemplo, el vacío. Pero esta remisión sería meramente literaria o epistemológica, en modo alguno ontológica. El martillo remite al clavo —y esta remisión es entre cosas (y por eso mismo, hablamos de una remisión ontológica: no se trata simplemente de hacerse una idea de la naturaleza de un martillo… como cuando comparamos la nada con el vacío). Ontológicamente, la nada solo puede remitir al todo. Pues hay el todo porque la nada no es. Es decir, porque la nada es en su negación de sí, hay el todo. Y aquí topamos, de nuevo, con Dios —con el acto creador que es Dios en sí. Pues Dios crea el mundo retirándose —o por decirlo en cristiano, vaciándose de sí mismo. Sin embargo, esto no deberíamos entenderlo como si primero hubiera Dios y, posteriormente, se vaciase de sí mismo. Nada hay antes del acto creador. Dios, en sí, es el acto de negación de sí en pos de lo otro de sí —en filosófico, el no es nada de un puro haber. En esto consiste el amor de Dios. Y nadie dijo que el amor no fuese excesivo, sin medida,terrible. Por el amor de Dios, hay Dios como el eterno por-venir de Dios. Y, consecuentemente, por este mismo amor hay el todo.

Evidentemente, lo anterior no es Nietzsche. Pero conecta con Nietzsche. O mejor, es lo que acaso hubiera dicho Nietzsche de poseer, como decía, un instinto dialéctico más afilado. Con todo, lo que sí intuyó Nietzsche es la profunda conexión entre nihilismo y el monoteísmo cristiano. Y esto es lo que cuesta, religiosamente, de tragar.

nietzscheanas 64

abril 3, 2025 § Deja un comentario

En Nietzsche podemos rastrear dos críticas al cristianismo. Una es explícita —y es la que figura en los manuales. La otra es subyacente y tira de ironía. Bastante. La primera se dirige directamente a la cristiandad —y podríamos decir que tiene que ver con la transformación del cristianismo en un platonismo para el pueblo, una vez se impone como la religión oficial de Occidente. La segunda es, según mi parecer, la más interesante. Pues se sirve del cristianismo para dinamitar la cristiandad. Pero aquí hay que leer entre líneas. En este sentido, es posible que Nietzsche entendiera el cristianismo mejor que muchos cristianos.

Conforme a la primera, el cristianismo, en tanto que platonismo popular, proporciona una sentido a la existencia —un hacia dondedesde las alturas, por decirlo de algún modo. Así, la vida posee un significado únicamente en la medida que encarna el ideal, lo que debe ser, en definitiva, lo que realmente vale… aun cuando sea hasta cierto punto. La vida, por consiguiente, no posee valor en sí misma. Ahora bien, lo que esto implica es que, desde la perspectiva cristiano-platónica, la vida, en cuanto tal, queda devaluada. Hasta aquí nada que no sepa quien haya leído a Nietzsche con un mínimo de interés.

En cambio, según la segunda, el ateísmo moderno es un hijo bastardo de la proclamación cristiana. Nietzsche, como decía, no lo afirma explícitamente (y por eso, hay que leer entre líneas). Pero es imposible, debido a su sólida formación teológica, que Nietzsche ignorase que los primeros en proclamar la muerte de Dios fueron, precisamente, los cristianos. Me cuesta imaginar que Nietzsche no tuviera en mente, al escribir y nosotros lo hemos matado tras proclamar la muerte de Dios, las resonancias cristianas de este nosotros. Y es que, conforme a la confesión creyente, quien colgó de una cruz no fue simplemente el enviado de Dios, sino el quién de Dios, aquel con el que Padre se identifica, —el Hijo—… y sin el cual Dios aún no es nadie.

Para el cristianismo, Dios tiene cuerpo. Al margen de su cuerpo, el haber de Dios anda rozando el del un nadie. Pues la encarnación no debe entenderse como si Dios adoptase un aspecto humano. De hecho, esta lectura del hacerse cuerpo de Dios fue condenada —y ferozmente— por la Iglesia, desde casi el principio. La presencia de Dios, al margen de la corporalidad, es la de un eterno ausente o en falta. Es decir, Dios no tiene otra entidad que la del cuerpo de quien acabó muriendo como un perro bajo el implacable silencio de Dios, aunque también abandonándose a Dios… lo que para Nietzsche sería, ciertamente, absurdo. Por consiguiente, según la confesión creyente, el único aspecto de Dios —su forma, esencia o modo de ser— es el de un crucificado en nombre de Dios… esto es, en su lugar. Desconcertante —muy desconcertante— para los que poseen una típica sensibilidad religiosa. Pues esta da por descontado que Dios existe en una especie de dimensión desconocida a la manera de un ente superior —o, si se prefiere, supremo—, tutelando, de manera a menudo incomprensible, la vida de sus criaturas. Y digo desconcertante, por no decir escandaloso o, sencillamente, inaceptable… para quien necesita decirse a sí mismo que goza del amparo de un poder sobrehumano.

En este sentido, podríamos sostener que, en tanto que aún no es nadie sin la adhesión incondicional del hombre de Dios, el Dios cristiano nos libera de la dependencia de lo divino, en definitiva, de lo gigantesco. Y nos libera porque la cruz revela la impotencia de Dios, al fin y al cabo, el envés del poder de la nada. Pues el poder que puede con el todo —el todopoderoso— es el de una nada que permanece agazapada en su negación de sí —y en esto consiste el amor de Dios— más allá del todo (y por eso mismo, de los tiempos). En realidad, el horizonte del amor siempre fue la inmolación.

Evidentemente, para el cristianismo el asunto no termina con la cruz. Pues hubo resurrección. Esta proporcionaría, por tanto, un hacia donde a la existencia. Sin embargo, probablemente Nietzsche nos diría que hay que aprender a leer. Pues que la resurrección de los muertos —ese imposible— se venda como la solución es como decir que no hay solución. En este sentido, el cristianismo, bien leído, sería un brutal ejercicio de ironía.

Así, en nombre de este Dios, estamos solos. Y por eso caben dos opciones. O bien, asumimos que somos hermanos debido a una común orfandad (y actuamos en consecuencia… esperando lo imposible). O bien, y esta sería la propuesta de Nietzsche, nos ponemos a bailar. Y da igual si lo hacemos rodeados de amapolas o encima de la pira de los gaseados. Todo vale. Y por eso mismo, nada vale. O al revés. Sin embargo, en el caso de emular a Dioniso, el dios bailongode la Antigüedad, lo que dejaríamos atrás sería, precisamente, lo que hasta el momento había constituido nuestra humanidad. No secundariamente, Nietzsche entendió el dilema de la existencia como un tener que apostar por Cristo o por Dioniso.

Con todo, la cuestión es quién será capaz de bailar de este modo. Pues este baile no es, ciertamente, para el hombre.

paradojas creyentes, una vez más

abril 2, 2025 § Deja un comentario

El verdadero Dios es el que no existe. Lo dice la Biblia. De hecho, en esto consiste su trascendencia, por encima incluso de la de los dioses. Lo repitió Bonhoeffer: un Dios que existe, no existe. Y para más inri, los muertos resucitarán.

Al final, será cierto que el cristianismo es una creencia en la que no podemos creer. O mejor, una creencia que no es posible tomarla en serio sin acabar desquiciados. ¿Hermanos? ¿De verdad? ¿Y que hacemos tan tranquilos, tirados sobre el sofá?

Quizá de estas lluvias procedan los lodos de las adaptaciones: en el fondo —se nos dice—, es cuestión de descubrir la experiencia que hay por debajo del lenguaje que se empleó en los orígenes, de encontrar nuevos modos de decir lo mismo. ¿Y, con ello, no queda modificada la experiencia?

coloquios

marzo 31, 2025 § Deja un comentario

Cristianamente, no cabe esperar que Dios responda a la invocación del hombre por medio de una voz que podamos escuchar en los recovecos del alma. De hecho, ya respondió de una vez por todas, con mucha sangre de por medio. Y hasta el punto de que aún nos cuesta aceptar que Dios responde al clamor del hombre clamando por el hombre. Y, además, colgando de un palo.

la creencia desde fuera

marzo 30, 2025 § Deja un comentario

Desde la óptica del espectador imparcial, la creencia en el poder de Dios no es más que una creencia, un mapa mental. Su posible valor de verdad queda cancelado en el momento que, culturalmente, damos por descontado que tan solo remite a las necesidades del sujeto. Este lugar común procede, como sabemos, del pensamiento de Hume y, en general, de los postulados del empirismo. De ahí los esfuerzos de tantos creyentes, intelectualmente solventes, por demostrar que, aun cuando la creencia satisfaga la necesidad psicológica de contar con la ayuda de papá, esto no niega que haya Dios. Esto es, que la existencia de Dios sea compatible con la ciencia. Cuanto puede explicar la aparición de la creencia en la conciencia no justifica lo que pueda tener de verdadero. Pues es obvio que Einstein hubiera podido visualizar su famosa fórmula durante un sueño… y no por ello la haría menos apta.

Ahora bien, la lógica de la justificación no puede prescindir de la pregunta acerca de qué hablamos cuando hablamos de lo real, en definitiva, acerca de en qué consiste lo verdadero, cuanto acontece en lo que simplemente pasa. Y los presupuestos de la actividad científica sobre este asunto no nos permiten captar el alcance de la respuesta que, desde sus orígenes, ha ofrecido la metafísica, a saber, el carácter paradójico de lo real —el que el haber solo pueda hacerse presente como tiempo y, por tanto, desde la negación de sí. Pues la ciencia opera sobre la base de una reducción de dicho alcance. La cosmovisión científica no ve más que relaciones entre objetos. Nunca se interrogara sobre en qué consiste que algo sea, sin más. De hecho, el científico desprecia esta cuestión. Pues, de tomársela en serio, tarde o temprano, toparía con la realidad de la nada —con la afirmación, sumamente desconcertante, de que la nada es no siendo (y que por eso mismo, hay lo que hay). Y con esta constatación no hay nada que hacer, salvo acaso postrarse y obrar en consecuencia.

De ahí que el Dios que resulta compatible con la ciencia no sea aún Dios —ni pueda serlo. A lo sumo, un ente superior —un gigante, en definitiva, más de lo mismo. Ahora bien, por eso mismo, la revelación de la irreductible alteridad de Dios —en definitiva, de su negación de sí— solo puede reconocerla quien forme parte de la escena —quien sufre, precisamente, ese estar en falta. En modo alguno, quien se sitúa en las gradas con la excusa de alcanzar la objetividad. Ciertamente, cabe replicar que las apariencias siempre fueron sospechosas. Que para lograr ir más allá hay que situarse a una cierta distancia —la distancia, precisamente, teórica. Pero lo cierto es que el haber de Dios, en tanto que no admite otra forma que el de un abandonado de Dios que se abandona a Dios, no es una perspectiva que deba corregirse, sino, más bien, la crisis de cualquier perspectiva.

esperanza y desesperación

marzo 25, 2025 § Deja un comentario

La esperanza creyente, a diferencia de la mera expectativa, es un asunto de desesperados. Pues tan solo el desesperado clama al cielo esperando una intervención que lo saque de los infiernos de la historia. Y quien apunta al cielo apunta , en definitiva, a lo imposible—y por eso mismo, increíble. Un desesperado es aquel que ya no puede esperar nada de ningún mundo, ni siquiera del sobrenatural. Ningún dios puede salvar a los supervivientes de los campos de la muerte. Tan solo un Dios que regrese con vida tras descender, como víctima del hombre, a la oscuridad impenetrable del sheol. Lo dicho: un imposible. De ahí que clamor y esperanza vayan de la mano. Donde no hay clamor, la esperanza se transforma, como decía, en mera expectativa. Esto es, en mapa mental. Y, como es sabido, no hay mapa mental que soporte el Gólgota.

Llegados a este punto, alguien podría objetar que, cristianamente, la esperanza no es tanto clamor como confianza. Pues hubo resurrección. De acuerdo. Pero quien objetase lo anterior, probablemente no tuviese en cuenta que la esperanza en la resurrección de los muertos tiene un envés, el maranathá… con el que concluye el Apocalipsis. Y no casualmente. Es decir, otro clamor. Y es que la resurrección de los muertos es tan imposible como Dios mismo… lo que no significa que no haya Dios. Al contrario. Sin embargo, para, cuando menos, intuir por dónde van los tiros de esto último, estaría bien tener en cuenta que el haber de Dios como tal no es el de los entes, sean o no espectrales, sino, precisamente, el de lo imposible. Pero este es otro asunto.

el secreto de Fátima

marzo 18, 2025 § Deja un comentario

Dos niñas y un niño, en 1917, creyeron que se les apareció la Virgen en Fátima. Y que durante unos cuantos días les reveló los que sucedería en el futuro. Fue una revelación de tintes apocalípticos.

Aquí caben dos posiciones creyentes: creer con los pastorcillos… o sin ellos. Pero ¿es posible creer no creyendo en lo que vieron? Depende de lo que entendamos por creer. De hecho, al crucificado ni siquiera se le aparecieron unos ángeles. Acaso, los heraldos de Satán.

vesper

marzo 14, 2025 § Deja un comentario

Vesper es una película distópica, muy bien filmada. El ambiente, acaso el protagonista principal, es irrespirable, aunque hay algún que otro apunte de belleza, eso sí terminal. No hay atisbo de Dios. ¿Esto demuestra algo? Quizá que no hay Dios porque ya no quedan creyentes. Y no porque Dios sea una proyección, sino por aquello que podemos leer en el Talmud: si crees en mí, Yo soy; si no crees, no soy. O por la escandalosa declaración cristiana. Pues encarnación significa que sin su quien —un crucificado—, Dios no es aún nadie.

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