esperar (1)
diciembre 11, 2024 § Deja un comentario
El cristianismo se hace un flaco favor al presentar su esperanza como el meteorólogo prevé el tiempo de los próximos días. Así, muchos cristianos dan por hecho que Dios no nos abandonará… cuando estrictamente esto es algo que está por ver. Ciertamente, la esperanza creyente no es un salto en el vacío —no responde simplemente a un ya me gustaría. Pues hubieron gestos de bondad donde no era posible ninguna bondad. Sin embargo, no deberíamos olvidar que el maranatha con el que concluye el Nuevo Testamento es, sobre todo, un clamor. Aunque sea un clamor esperanzado.
la anomalía
diciembre 9, 2024 § Deja un comentario
Está lloviendo. Pero ninguna nube cubre el cielo. Nace un niño con tres ojos. O con seis dedos en un pie. ¿Raro? No solo. Espontáneamente, la anomalía se nos presente como la irrupción de lo enteramente otro. En cambio, la mentalidad científica —nuestra mentalidad— ve simplemente lo que aún no podemos explicar o una mutación genética. Hace tiempo que el mundo se quedó sin signos del más allá. O cuando menos, esta es la tesis oficial. Quien ve señales, las ve por su cuenta y riesgo.
El origen de esta ausencia de signos se halla en la metafísica, en definitiva, en la posibilidad de pensar el carácter absoluto de lo real sin el recurso del dios. Después de Platón, la referencia a la divinidad religiosa queda relegada al plano de lo imaginario. Y ello al margen de que se siga hablando de dioses. Pues el Bien trasciende incluso el Olimpo… hasta el punto de que, siendo lo más real, carece de la entidad de cuanto existe. Ciertamente, podemos denominarlo Dios, con mayúscula. Pero no inspirará, como vio Pascal, ninguna piedad. La escolástica fue, de hecho, un apaño. Esto es, la racionalización de una creencia.
lo verdadero
diciembre 5, 2024 § 2 comentarios
Hay lo verdadero. Y lo verdadero no admite perspectiva. Evidentemente, hoy en día es difícil decirlo sin añadir alguna nota al pie. Pues espontáneamente nos decimos que no hay verdad —que todo es opinable. Y acaso este sería el síntoma de nuestro adelgazamiento espiritual —de nuestra indigencia anímica.
¿Qué sería, por tanto, lo que no admite perspectiva? La irrupción del silencio y la oscuridad más inobjetables —los Gólgota de este mundo. Pues lo verdadero o inmodificable —y por eso mismo, eterno— es lo que en verdad tiene lugar… después de que los cielos se hayan desplomado sobre nuestras cabezas. Y lo que tiene lugar no es que la nieve sea blanca o la tierra, esférica, sino el no hay nada más allá del silencio de Dios… un silencio que transforma el más acá en el único más allá. Pues acaso la pregunta religiosa por el más allá solo pueda resolverse como la pregunta por el más allá de Dios, en el sentido subjetivo del genitivo, aquella nos sitúa en la posición donde se decide en definitiva lo humano de la existencia. Al fin y al cabo, todo comienza de nuevo donde no somos más que —aunque tampoco menos— que el heme aquí de Abraham. Y ello sin Dios, aunque siempre ante Dios. De ahí que el heme aquí vaya con el y ahora qué quieres que haga.
Quizá Israel no fuera tan desencaminado al comprender lo real —lo que acontece en verdad— en los términos del imperativo y no del presente indicativo. La verdad nunca fue una frase verdadera acerca las cosas que pasan.
el resto
diciembre 1, 2024 § Deja un comentario
Si lo que un cristiano espera no es más que lo que puede imaginar —si no sale de ahí—, entonces lo verdadero de la fe queda en manos de la teología. Pues Dios no admite otra imagen que la de un crucificado en su nombre. Ahora bien, lo verdadero, sin las imágenes que traduciéndolo, lo falsifican, es difícilmente incorporable. Así, recitaremos el credo, pero no habremos caído en la cuenta del carácter excesivo de lo que recitamos. Cristianamente, el único modo de caer en la cuenta es siguiendo el camino que conduce al Gólgota. Esto es, cargando con la cruz. La fe siempre fue una trayectoria —y una trayectoria que comienza, no con las fórmulas de la fe, sino con quienes cargaron con la cruz antes que nosotros.
Algo parecido nos cuenta Platón a través del mito de la caverna. La vida es, ciertamente, un trayecto hacia la revelación. Sin embargo, preferimos permanecer entre sombras. En cristiano: pocos cogeremos el camino de la cruz. Ciertamente, nadie carga con ella por cargarla, sino por cargar con la que muchos llevan sobre sus espaldas desde que nacieron.
Con todo, esto siempre fue así: muchos fueron los llamados, pero pocos, los que respondieron. Apenas hay quien crea. En cualquier caso, la mayoría de los que dicen creer, creen que creen. Una teología cómoda —una que solo esté preocupada por mantener el rebaño en el redil y, por eso mismo, presente como religiosamente obvio lo que está lejos de serlo, centrándose en promover los buenos sentimientos— inevitablemente estará al servicio del fariseísmo, en modo alguno al de aquel que fue condenado por la buena gente. Y es que conviene tener presente que los fariseos fueron, de hecho, los más puros del lugar.
ruptura epistemológica
noviembre 28, 2024 § Deja un comentario
¿Cómo sucede el cambio de marco epistemológico —de paradigma, del saber de fondo que determina cuanto hay en tanto que todo ver es siempre un ver como? ¿Cómo fue posible dejar de ver a Dios en todas las cosas? El cambio nunca es interno al paradigma. Un paradigma se resiste a la anomalía —a lo inexplicable—, casi por definición.
La cosa, diría, es como sigue. En un principio, el fuego fue evidentemente un regalo de los dioses. Y fue evidente porque el fuego caía del cielo. Posteriormente, aprendimos a hacer fuego, aunque este saber de entrada también fue debido al dios. El dios nos enseñó a pescar. Con los siglos, la razón descubrió el orden matemático. Los números que, en primer lugar, estuvieron al servicio de la contabilidad, pasaron a regir el cosmos. Pero esto, por sí solo, no nos obliga a prescindir de Dios. Dios escribe en el libro del cosmos con el lenguaje de la matemática, decía Galileo. Con todo, de ahí al Dios relojero media un paso. Y del Dios relojero a prescindir de Dios, otro medio, el que dimos una vez el capitalismo se encargó de disolver todo lo sólido en el aire. Aquello inicialmente inexplicable, el indicio de otro mundo —el milagro— deviene lo aún por explicar. Ciertamente, el modo de producción determina la cosmovisión —el ver como. Y no hay nada definitivo en el como… a pesar de que, al igual que los prisioneros de la caverna platónica, no sea fácil desprenderse de las sombras, de tomar lo nos parece que es como lo que es.
Sin embargo, el hallazgo griego consistió en confiar en la razón —en su exigencia— a la hora de trascender las apariencias en la dirección de lo verdadero —de lo que en verdad tiene lugar y no simplemente pasa. La teología fue la respuesta cristiana al reto de una razón que, frente al imaginario mítico, solo admite un arjé impersonal. El haber de Dios tenía que ser, también, accesible a la razón… si es que el cristianismo tenía que eludir el relativismo histórico. Y ello porque la verdad del Dios cristiano —la que se nos revela en la cruz— no admite perspectiva. Con todo, el precio a pagar por el uso teológico de la razón será la ruptura entre religión —la cristiandad— y fe. O de otro modo, entre la creencia como suposición y la mística, la cual, como insistía JB Metz, frente al misticismo oriental, mantiene los ojos abiertos. Por no decir, desorbitados.
Otro asunto es que esta ruptura conserve en su seno una cierta continuidad con lo que deja atrás. Pues, por volver a la caverna… o a los evangelios, el ascenso atraviesa diferentes fases. Jesús de Nazaret no comenzó pisando Getsemaní. Al fin y al cabo, el cuerpo también tiene derecho a participar del saber. Aunque, a menudo, olvide quién lleva las riendas.
platonismo y nihilismo
noviembre 27, 2024 § Deja un comentario
El platonismo medio —el que triunfó históricamente— fue con respecto a Platón lo que la cristiandad fue con respecto al cristianismo: una versión de manual. Y es que el último Platón no tiene nada de idealista. En cualquier caso, fue un idealista a la Hegel: la doble negación —el sí como negación de la negación— es el alfa y el omega de cuanto hay. La dialéctica —y todo pensamiento profundo, tarde o temprano, termina desembocando en la orilla de Heráclito— difícilmente congenia con la creencia, ciertamente ingenua, de que al final no habrá más que luz… al menos, porque si todo fuese luz, no habría luz. Un mundo en el que, habiendo luz, no hubiese oscuridad se revelaría, en el caso de que llegásemos a ver algo, como irreal. Satán debe permanecer, como quien dice, bajo las botas del arcángel.
Así, Platón supo ver o cuanto menos intuir que el haber en cuanto tal —el ser con independencia de su hacerse presente, esto es, al margen del tiempo— no es nada en concreto. Su naturaleza es, sencillamente, la de lo abstracto —y esto no debemos entenderlo como si hablásemos de una abstracción, del resultado de un proceso mental. Al contrario. Hay más realidad en lo abstracto que en lo concreto… porque, en lo concreto, el carácter absolutamente otro de lo real da un paso atrás. Lo real, en sí mismo, es idea. Y la idea solo es accesible al pensar.
Todo cuanto vemos y tocamos podemos verlo y tocarlo porque lo real se da relativamente, es decir, ajustándose al molde de nuestra receptividad… y, por tanto, perdiendo por el camino, como decíamos, su carácter otro o absoluto. Esto último, no obstante, es un modo de hablar. Pues lo absoluto no es anterior a su negación de sí. No hay tiempo con anterioridad a dicha negación. Es el paso atrás, como quien dice, lo que constituye lo absoluto de la existencia —el carácter ab-suelto de lo absolutamente otro o real. La negación de la nada es el envés del puro haber… en tanto que el puro haber es no siendo nada. Sin embargo, queno sea nada significa que tiene que ser algo. De ahí que ser y deber ser sean lo mismo. Y quien dice deber ser dice bien.
Por consiguiente, el mundo —el haber de las cosas, el que las cosas sean… y que, con el paso de los días, vayan dejando de ser lo que parecen, esto es, deformándose— es el otro lado de la doble negación . Y, por eso mismo, el mundo no es nada. ¿Lo primero? Un acto sin sujeto —el hágase de la creatio ex nihilo. Ahora bien, aquí hay que tener en cuenta que lo primero, como decíamos antes, no es anterior a todo tiempo en tanto que lo primero da origen, precisamente, al tiempo. No habrá, por tanto, un final del tiempo… mientras haya el haber. No puede haber ese final. Y si no hay un final del tiempo, nada nuevo —nada en verdad otro— puede tener lugar.
Ahora bien, esto es lo que afirma el nihilismo: no cabe esperar nada que no sea el eterno retorno de lo mismo, en definitiva, el eterno combate entre el bien y el mal. A lo sumo, que haya más bien que mal. Ciertamente, Nietzsche creyó que el platonismo es la raíz del nihilismo negativo —el que mereció su desprecio— por devaluar la vida… al contrastarla con el ideal. Pues nada de lo que podamos vivir estará a la altura del paradigma que juzga la existencia desde arriba. Sin embargo, la devaluación fue el resultado de la lectura de manual del pensamiento de Platón. En sus diálogos, sobre todo en los últimos, no hallamos una devaluación del mundo, a pesar de su carácter derivado, sino un ejercicio de extrema lucidez. Y en este sentido, es posible que Platón estuviera más cerca de Nietzsche de lo que él mismo se imaginó.
Quizá solo la mentalidad apocalíptica, la cual experimenta el mundo como un territorio de combate entre las fuerzas del bien y las del mal, pueda hacer frente al nihilismo. La creencia de que al final todo será luz sin sombra es una ingenuidad. En cualquier caso, lo dicho: Satán bajo las botas del arcángel.
Más aún: si Dios es la voluntad de Dios —si lo primero es el hágase—, entonces la bondad de Dios —y, en definitiva, su quién— dependerá de la posición que adopte el hombre en medio de dicho combate. Esto es, de su fe. Y por eso mismo, el cristianismo acaso sea, en el fondo, una religión nietzscheana. Al menos, porque el Dios cristiano es el Dios que, negándose a sí mismo, se encarna en un crucificado… arrojando al hombre a la rebelión contra lo absoluto del retroceso de Dios en nombre, precisamente, del acto creador.
Dios y el mapa mental
noviembre 25, 2024 § Deja un comentario
Ya no vemos el mundo desde la óptica de Dios. Quiero decir que dejaron de haber indicios de un mundo sobrenatural. Sin embargo, la existencia sigue apuntando al misterio que abraza el mundo. No cabe otra. Solo que, ahora, el punto de partida no es la presencia invisible, sino el retroceso de Dios —su extrema trascendencia o altura… como comprendió Israel hace milenios. De hecho, la quiebra de los mapas mentales, incluidos los religiosos, es la condición de posibilidad de la fe. En realidad, Dios siempre se afirmo contra la evidencia del dios.
más allá de la novedad
noviembre 24, 2024 § Deja un comentario
En lo más íntimo anida el anhelo de descubrir lo nuevo —de sacar de sus entrañas el misterio. Sin embargo, más allá de lo ordinario, tan solo hallaremos la novedad, la sorpresa, la falta de costumbre. De ahí al nihilismo media un paso: nada realmente nuevo habrá bajo el Sol. Ni podrá haberlo sin que finalice el mundo. Pues lo nuevo es lo absoluto. Y lo absoluto es lo ab-suelto, precisamente, lo que tuvo que dar un paso atrás para que pudiera haber mundo. Quizá Karl Rahner no anduvo tan despistado cuando dijo aquello de que incluso en los cielos Dios seguiría siendo un misterio. Como tampoco la parusía obedece a un mente delirante. Al menos, porque lo nuevo —en definitiva, la redención— solo puede coincidir con el final del mundo.
teo-lógicas (4)
noviembre 22, 2024 § Deja un comentario
¿Es posible que lo absoluto no sea lo primero, sino que lo primero sea el acto —un acto sin sujeto agente— por el que surge lo ab-suelto, la alteridad avant la lettre? Pues lo primero, lo anterior al mundo, no es nada. Esto es, la negación de la nada por la que el puro haber deviene, precisamente, lo ab-suelto del haber del mundo. Sin embargo, esto ya se nos dijo cuando el yhavista (J) concibió el hágase como el principio rector de la creación. Sin embargo, también añadió que el mundo va con el séptimo día. Y lo que esto significa es que con la luz irán las sombras. La cuestión: qué pesará más, si la luz o las sombras.
un ejercicio de retórica
noviembre 21, 2024 § Deja un comentario
Alguien dice lo siguiente: “usar algunas medidas para definir el rendimiento de un equipo de audio es similar a usar una cinta métrica para definir lo guapo que es alguien». ¿Que ha sucedido aquí? Pues, sencillamente, que la comparación empleada decanta la discusión. Con ello quiero decir que, si aceptamos la analogía, entonces no hay nada más de lo que hablar. Las imágenes rectoras son muy poderosas… hasta el punto de que, una vez aceptadas, resulta muy difícil liberarse de ellas. Así, quien pretenda defender que las mediciones lo dicen todo tendría que impugnar la analogía, esto es, el marco, diciendo, por ejemplo, que las medidas de un equipo de audio son, más bien, como los análisis médicos: que nos permiten saber si seguimos, o no, con salud. Esto es, si el equipo de audio está o no a la altura de lo exigible.
Algo parecido podríamos decir con respecto a la discusión teológica acerca de si Dios es padre o madre —o un cruce de ambos. Pues la disyuntiva se disuelve como azúcar en el café donde partimos de un Dios que, en sí mismo, sufre una crisis de identidad: como si, en cuanto tal, no fuera aún nadie. De hecho, según la confesión cristiana, Dios no tiene otro quien —otra esencia o modo de ser— que el de aquel que fue crucificado en su nombre. Y esto resulta tan escandaloso que probablemente todavía andemos un tanto lejos de admitirlo hasta sus últimas consecuencias.
seguimos estando solos
noviembre 20, 2024 § Deja un comentario
Si Dios es un océano, entonces seguimos estando solos. Sin embargo ¿por qué nos resulta tan difícil admitir que, al final, terminaremos disolviéndonos en lo anónimo como azúcar en el café? Tan solo lo eterno puede presentarse a la conciencia como divino. Pues el caer en la cuenta de la propia muerte es el primer paso de una sensibilidad por lo trascendente. Sin embargo, ¿por qué buscamos a alguien en lo eterno —? Esto es Occidente: la necesidad de un padre.
¿A qué se debe, sin embargo, esta necesidad? Quizá porque la subjetividad occidental no puede prescindir de un hacerse a uno mismo. Esto es, de una voluntad de afirmarse… frente a lo impersonal. Y nadie sabe qué quiere en realidad —y no solo desea— hasta que no sabe qué quiere de él su padre. Obediencia y transformación —de uno mismo y del mundo— son dos caras de la misma moneda. De ahí la resistencia del sujeto occidental a formar parte de la naturaleza —a disolverse en las aguas que, inicialmente, nos cubren. Dios contra los dioses. El nacimiento —el haber sido arrojados— contra la matriz.
Quizá no fuese casual que Nietzsche viera en Oriente la expresión más pura del nihilismo.
¿un dios de nuestra parte?
noviembre 18, 2024 § Deja un comentario
Epicuro fue muy consciente de lo que significaba ser un dios. Así, comprendió que los dioses, debido a su naturaleza netamente superior, no podían congeniar con nosotros. Pues ¿qué dios podría interesarse por la suerte de los ácaros? A lo sumo se entretienen, como un niño juega con sus gusanos de la seda. Carpe diem. De acuerdo.
La situación cambia, sin embargo, cuando nos saca de quicio el clamor de quienes viven como perros. Este es el punto de partida de la fe —y no la necesidad de asegurar que seguiremos por ahí tras la muerte.
Un dios no puede estar de nuestra parte. De ahí que la responsabilidad creyente —el tener que responder al grito del hambriento—, de algún modo, se enfrente a la indiferencia de un cosmos atravesado de dioses. Y puede que, por eso mismo, Israel viese, aunque a costa de un enorme sufrimiento, que el único dios que puede valer como Dios-en-favor-del-hombre fuese aquel que crea el mundo desplazándose a un tiempo anterior a los tiempos. Y quien dice desplazándose, dice negándose.
¿un Mesías impotente?
noviembre 17, 2024 § Deja un comentario
Una vez Dios se reveló como el Altísimo —tan alto que anda rozando la nada— su intervención quedó en manos del Mesías. A partir de ese momento, la esperanza creyente dejará de apuntar al acto ex machina de Dios —pues ese acto presupone que Dios no es más que un dios… entre otros. En su lugar, la irrupción del Mesías —de quien ocupa su lugar. La esperanza de Israel se transformó en la esperanza mesiánica.
Israel, sin embargo, fue muy consciente de la dificultad. ¿Cómo imaginar la intervención del Mesías? ¿Como una operación militar? Esta, sin duda, fue la expectativa más natural o espontánea. Y quizá, por eso mismo, no debería extrañarnos que terminase secularizada como ideal revolucionario. Pero un Mesías que empuñase las armas no termina de casar con la misericordia divina. Por otro lado, si el Mesías no aparece como un nuevo David ¿cómo reconocerlo? ¿Es posible que haya estado entre nosotros y no nos hayamos dado ni cuenta? Y si la fe comienza con la confesión —tú eres el que esperábamos—, ¿no se abre la puerta, por eso mismo, a los falsos mesías?
El cristianismo llegó a la peor audacia: ya vino y lo colgamos de una cruz. ¿El Mesías, por tanto, no fue capaz de transformar el mundo? La fuerza de la debilidad ¿no será un truco ad hoc?
En cualquier caso, la relación con Dios no es indisociable de la cuestión sobre el poder de Dios —en este caso, sobre el poder de una bondad sin resquicio. De ahí que el cristianismo no pueda prescindir de la resurrección de los muertos —esa imposible posibilidad— sin renunciar a lo más propio. Y quien dice resurrección dice esperar el regreso del Mesías. Y este es el asunto: ¿quién puede creer en lo imposible? En realidad, este fue siempre el asunto.
fenomenología cristiana
noviembre 16, 2024 § 1 comentario
El coloquio con Dios —el intimar con lo alto— termina como era de prever tratándose, precisamente, de lo alto: con el clamor de Getsemaní. ¿Después? A la espera. Como quien permanece fiel a lo que le ha sido dado y no termina de comprender. Pues han habido gestos de bondad donde no cabía ninguna bondad. Y mientras tanto, con el mazo dando. Esto es, Mt 25. El resto es espejismo.
bajo el signo de la interrogación
noviembre 11, 2024 § Deja un comentario
Hoy en día, la relación con el dios es algo que solo puede decidirse desde nuestro lado —desde nuestra necesidad de amparo o tutela, de decirnos a nosotros mismos que no estamos solos. Ahora bien, como escribieron quienes abrieron la lata de la sospecha, se trata de una proyección. La cosmología moderna —y la cosmología, como viera Jakob Taubes, condiciona la creencia religiosa— no casa con el ángel de la guarda de la infancia. Aunque se vista con los oropeles del dios. Ya pasaron los tiempos en los que el asombro —y la desgracia— apuntaban directamente a la poder de la divinidad. En la Antigüedad, que nos hallamos bajo poderes que nos superan por entero nunca fue un supuesto: fue una evidencia. Como quien constata que llueve en un día de lluvia.
La cuestión que tiene que plantearse una teología que se tome en serio la Modernidad —y tomársela en serio no significa tragar con todas sus ruedas, algunas de molino— es si estamos ante algo más que una proyección. Y me atrevería a decir que sí. Pero no porque aún podamos apostar por otro mundo. Pues, de haberlo, sería en última instancia más de lo mismo. De cruzar el umbral tras la muerte, no podríamos evitar preguntarnos si acaso eso es todo, incluso admitiendo que no hubiese dolor ni injusticia. El todo no puede ser el todo para quien existe. Que estemos ante algo más que un delirio narcisista tiene que ver con que la existencia permanece inevitablemente abierta al misterio de una alteridad que, como tal, carece de rostro. Más aún: es el sufrimiento injusto de tantos que abre la existencia a la imposible posibilidad de un reset de dimensiones cósmicas, en donde, estando Satán bajo las botas del arcángel, podamos vivir en paz como transformados. Y decimos lo de las botas del arcángel —acaso la única imagen de una esperanza honesta— porque, en realidad, no puede haber bien, sin la sombra del mal.
Puede que no sea casual que, para Israel, la experiencia de Dios fuese indisociable de su interpelación, en el doble sentido del posesivo. O que, para el cristianismo, el único rostro de la alteridad a la que nos encontramos expuestos sea el de un crucificado en nombre de Dios. Y esto último —la revelación— no se decidió desde nuestro lado.
la divinidad y sus paradojas
noviembre 10, 2024 § Deja un comentario
Si Dios fuese un ente, aunque de otra dimensión, entonces tendría que sufrir el paso del tiempo y, por tanto, la degeneración. Pues nada de cuanto existe puede hallarse al margen de la temporalidad. Nada es que no aparezca o se haga presente. Pero la consecuencia de este hacerse presente es, precisamente, el presente. La manifestación de lo absolutamente otro —del haber en cuanto tal— va con la pérdida de su carácter absoluto (y por eso mismo queda ab-suelto, más allá del juicio). La eternidad de Dios es la eternidad de su continua negación de sí en la dirección de lo otro de sí, la humanidad. La temporalidad es el efecto del paso atrás de Dios —de su des-aparición o vaciamiento de sí.
Ciertamente, el sentimiento de hallarnos en manos de un poder que nos supera por entero es el sentimiento básico del homo religiosus. Y dado que llevamos impresa la fecha de caducidad desde que nacemos, la sensación de enfrentarnos, por contraste, a lo eterno es inevitable. Como acaso también lo sea imaginarlo como alguien. Pero solo el cristianismo se atrevió a ir más lejos, al proclamar al que murió como un apestado de Dios —aunque abandonándose a Dios— como el quién de Dios. No hay, cristianamente hablando, otra imagen. Y quizá por eso mismo, el cristianismo aún esté por estrenar —es un decir. Pues ¿acaso aún muchos cristianos no se dirigen a Dios como si Dios fuese alguien sin su cuerpo? Dios, en cuanto tal, es real. Pero, por eso mismo, no existe… en cuanto tal. Dios existe como el cuerpo de Dios o no existe como Dios.
hay algo
noviembre 5, 2024 § 1 comentario
Espontáneamente, muchos creen que hay algo más allá. Y lo creen porque así lo sienten. Percibo una presencia, dicen… También la percibe quien sufre de esquizofrenia.
Platón dejó escrito en su Apología que una vida examinada posee más valor que una vida sin examinar. Pero ¿qué supone el examen —la interrogación— de sí? Si estos muchos se pusieran a pensar, puede que se preguntasen si ese más allá es algo conveniente. Pues podría ser que a lo largo del tiempo que nos ha tocado en suerte se tratara de ir purificando nuestra alma para servir de alimento a los ángeles. O también si su creencia es algo más que un whishful thinking. O si acaso podríamos soportar una vida eternamente dichosa. Es como cuando una chica te dice que se viste porque le gusta y no porque pretenda gustar: que no puedes evitar sonreír.
La lección socrática fue, al fin y al cabo, que la búsqueda de la verdad —de lo que en verdad tiene (el) lugar y no simplemente pasa—, en definitiva, el cuidado del alma comienza por una sana sospecha sobre uno mismo. De hecho, sin examen tampoco es que seamos tan distintos de los bonobos. Aunque nos pongamos a rezar como quien charla con el psicoanalista. Pero basta con leer la Biblia, para caer en la cuenta de que quienes lograron dialogar con Dios no lo hicieron sin tensar la cuerda.
mas Déu
noviembre 4, 2024 § Deja un comentario
El otro día leo en un texto de un grupo cristiano que Dios es Jesús. De acuerdo. De hecho, es lo que afirma la tradición creyente. Sin embargo, la cuestión es cómo se entiende esta proclamación. Pues leyendo el texto completo uno tiene la impresión de que estamos ante una variante del viejo docetismo. Dios no se altera con la encarnación. ¿Jesús? Dios mismo paseándose por la tierra con el ropaje de los humanos. Muy griego, muy razonable —o mejor dicho, religiosamente razonable.
Sin embargo, difícilmente comprenderemos el alcance de la dogmática cristológica —el alcance de la revelación— donde partimos de un Dios ya hecho. Y es que Dios sea Jesús —que Jesús sea el quien de Dios— no deja las cosas de Dios tal y como estaban. Un crucificado en nombre —en lugar— de Dios, ¿es Dios? ¿En serio? Si Dios es Jesús, entonces Dios —estrictamente, el Padre— aún no es nadie antes de poder identificarse con el crucificado —y gracias a su fe. El Padre es, en cuanto tal, su voluntad de reconocerse en el hombre. Y por eso mismo, la voz que clama, imperativamente, por el hombre —una voz cuyo eco escuchamos en los que carecen del pan de cada día.
El cristianismo proclama algo, ciertamente, insólito, a saber, que Dios tiene cuerpo. No dice que se vista con el cuerpo de un predicador, sino que sin ese cuerpo no hay aún Dios que valga como Dios. Ciertamente, esto esta muy cerca de decir que Dios no tiene otras manos que las nuestras… lo que, en definitiva, significa que de nuestras manos depende el presente de Dios. Y llegados a este punto uno podría preguntarse dónde queda el poder de Dios, un poder que, en principio, debería ser capaz de resucitar a los muertos.
Quizá el único modo de responder a la cuestión sea diciendo que dicho poder —y por tanto, la esperanza en una humanidad nueva— se activa con la entrega del hombre. Pero en ese caso, no estaríamos tan lejos del dios-energía-positiva, con lo que la voluntad de Dios no sería mucho más que una tendencia cósmica. Ahora bien, de ser así, seguiríamos estando solos. De ahí que la esperanza cristiana no pueda prescindir de la paternidad de Dios, entendida análogamente a la relación entre padres e hijos. Otro asunto es si esto es tal y como se lo imagina el creyente.
teo-lógicas (3)
octubre 31, 2024 § Deja un comentario
Dios, como tal, no es nada. La negación de la nada es lo absolutamente primordial… y por la que la nada-en-sí deviene como lo dejado atrás en favor del mundo (y por eso mismo, como la imposible posibilidad del mundo). Es así que la negación de la nada equivale al todo. Y porque más allá del todo se encuentra la continua contención de la nada, el todo no es aún el todo. Pues el envés de esa contención es el mandato de cuyo cumplimiento depende la suerte del mundo. Quizá no sea casual que, teológicamente, el Padre se haya comprendido, teológicamente y desde el principio, como voluntad (y solo religiosamente como la voluntad de).
Que Dios crease el mundo de la nada no se entiende, por tanto, si partimos de la idea de un demiurgo espectral. Pues, de haberlo, lo primero no sería la negación de la nada. La nada nunca fue un material. Es verdad que no podemos imaginar —y quien dice imaginar dice, de algún modo incorporar, el acto primordial sin un sujeto agente. Pero este es otro asunto.
teo-lógicas (2)
octubre 30, 2024 § Deja un comentario
El haber del Padre —el haber de Dios en sí—, en tanto que puro haber, no admite representación. El haber del Padre no es, por tanto, como el de los entes. Ni siquiera donde añadimos el adjetivo supremo. Y esto es así hasta el punto de que la realidad del Padre anda rozando la nada.
Ahora bien, si solo la anda rozando —si no cae en ella— es porque en el seno de la nada hay algo así como la voluntad de ser por la que la nada es negándose a sí misma hacia lo otro de sí misma —en Trinitario, hacia el Hijo hecho carne. Mejor dicho, lo absolutamente primero es esa voluntad o acto. Pues la nada no es con anterioridad a su negación de sí. Es no siendo nada.
De ahí que el haber del Padre se revele, como sufriera en propia carne el crucificado, bajo el aspecto de la oscuridad y el silencio más impenetrables. Como vio Hegel —y antes que Hegel, Plotino— la reflexividad, en definitiva, que la nada sea no siendo, es el principio y fundamento de cuanto es. Por eso mismo, la nada —la aniquilación de cuanto es— permanece como la imposible posibilidad del mundo. Desde esta óptica, todo es milagro —o, si se prefiere, don o gracia. Pero al igual que es cierto que la negación de Dios se conserva en la negación de Adán.
Dios y la nada
octubre 28, 2024 § 1 comentario
Para que Dios sea Dios, Dios no ha de manifestarse como dios. Ni siquiera como el dios supremo. Nada por encima del superente, de haberlo. Y por eso Dios es Dios. Eckhart fue acusado por haberlo comprendido hasta el final. Con todo, quizá le faltó el toque cristiano, aquel que afirma que, por eso mismo, no puede haber otro presente para Dios que el de un cuerpo que se mantiene fiel a Dios colgando de una cruz como apestado de dios. O Dios tiene cuerpo —y esto no significa que sea cuerpo: el Padre difiere continuamente del Hijo con el que se identifica (y de ahí que no sea aún nadie sin ese cuerpo)—; o no es Dios, sino a lo sumo dios.
teo-lógicas
octubre 26, 2024 § Deja un comentario
Según Eberhard Jüngel, Dios es el misterio del mundo. Y es así. La cuestión, sin embargo, es cómo se entiende este misterio. ¿Dios es el misterio del mundo… y algo más? ¿O simplemente el nombre de ese misterio —de nuestra incapacidad para responder definitivamente a la pregunta por el sentido del mundo?
Supongamos que se tratase de lo primero —que Dios fuese el misterio del mundo y algo más. En ese caso, el algo más convertiría el misterio del mundo en el misterio de Dios. ¿Cómo comprender, entonces, este de Dios? Es sabido que la inclinación religiosa concibe a Dios como el ente misterioso (y además supremo). Ahora bien, el problema de este prejuicio es que el sesgo misterioso de Dios tendría que ver solo con nosotros, es decir, con nuestra dificultad para captarlo por entero… al igual que nosotros somos un misterio para los peces. Pero un dios relativamente divino no sería Dios, sino un dios en apariencia —un ídolo.
Por otro lado, si Dios fuese simplemente el nombre del misterio, podríamos prescindir de dicho nombre. Sobre todo, por las connotaciones que arrastra. Bastaría con hablar del misterio que abraza nuestra existencia.
Ahora bien, referirse al misterio que envuelve cuanto es equivale a referirse al hecho de que no hay respuesta a la pregunta por el sentido del mundo y, en definitiva, por el porqué de tot plegat. Al fin y al cabo, espontáneamente no sabemos qué decir cuando nos preguntamos por qué algo en vez de nada. Evidentemente, la respuesta no puede ser porque Dios creo el mundo, a la manera de un demiurgo espectral o porque estalló la partícula que contenía la materia del Universo. En realidad, si hay algo en vez de nada es porque la nada es no siendo —porque lo arcaico es el acto en el que la nada se niega a sí misma… y por eso mismo, deviene nada en absoluto. No hay la nada con anterioridad a ese acto. El genuino big bang fue siempre metafísico. Dios en sí es eternamente la nada de Dios —y de ahí, el mundo. O mejor, Dios en sí mismo no es nada… literalmente: la negación de sí de la nada —y, en consecuencia, nadie aún. Posiblemente, solo el cristianismo haya comprendido esto último hasta el final. Pues ¿acaso su primera proclamación en lo que respecta a Dios no es que el abandonado de Dios que se abandonó a Dios es, y por eso mismo, el quién de Dios?
Con todo, la pregunta es ¿qué cabe esperar de este Dios? ¿Lo absurdo? Y es que el nombre de Dios carece de sentido si no apunta a un poder capaz de restaurar el mundo y, en definitiva, de resucitar a los muertos. Sin embargo, ¿no es esta esperanza, ciertamente, excesiva? ¿Para quién?
platonismo cristiano
octubre 25, 2024 § Deja un comentario
En unas notas sobre Platón, escribí hace unos años lo siguiente: Hay cuerpos bellos porque hay belleza. Pero el haber de la belleza en cuanto tal es lo que tuvo que desaparecer en su hacerse presente como cuerpo bello. Es como si el darse de la belleza fuera con su negación de sí. O por decirlo a la manera de Heráclito: el sí va con el no —la aparición, con la desaparición del carácter absoluto de lo que aparece. ¿Acaso el cristianismo no dice algo parecido con respecto a Dios? Que Dios se haga presente como cuerpo de Dios —como ese cuerpo que, en nombre de Dios, cuelga de una cruz— ¿no presupone la negación de sí del Dios absoluto como la condición de su identificación con el hombre? No hay donación de sí sin vaciamiento de sí. Y en el caso de Dios, hasta el punto de que el primer de sí es el envés del segundo. Es decir, no hay Dios con anterioridad a su donación de sí. Dios es, por tanto, su entrega —su no querer ser Dios sin el fiat del hombre.
De ahí que, y porque ambas caras de la moneda se despliegan en el tiempo, el primer de sí permanecerá como el eterno diferir de Dios-en-sí con respecto a su quién. Esto es, como la trascendencia del puro ahí de Dios. ¿Dios en sí? Nadie aún, antes de su negación de sí hacia lo otro de sí. Poco que ver con la típica lectura religiosa, procedente del platonismo vulgar, que hace de Dios un ente paradigmático cuyo primer ejemplar sería, precisamente, el que anduvo por Galilea como enviado de Dios.
santa monstruosidad
octubre 22, 2024 § Deja un comentario
Escribe Nietzsche (cito de memoria): no te enfrentes a los monstruos, para que no te conviertas en un monstruo; y si mirases al abismo, el abismo te devolvería la mirada. ¿Tendríamos aquí un esbozo de lo que implica la alteridad de un puro ahí? ¿Podríamos pasar de largo si, de repente, se hiciese la más completa oscuridad y silencio? ¿Como si nada sucediera? Al contrario: es cuando nada sucede —literalmente, cuando acontece la nada— que topamos de bruces con lo que significa existir. Y no porque se nos proporcione, precisamente, un significado.
Nietzsche dice lo que dice. Pero ¿qué fue lo que dijo Israel? Ante el puro ahí, el heme aquí de Abraham. ¿Acaso Israel no comprendió, antes que Nietzsche y a costa de mucho sufrimiento, que lo verdaderamente monstruoso o abismal no es lo gigantesco, sino el silencio de Dios? ¿Y que solo el estar ante este silencio nos hace caer en la cuenta de nuestra hermandad? Puede que la voluntad de Dios sea la que se desprende, en definitiva, de su extrema trascendencia. De Dios, es decir, debida a la radical alteridad de Dios. Y ello hasta el punto de que no cabe obedecer a Dios, si no nos enfrentamos a Dios. Esto es, a su silencio más letal.
De ahí que, frente a las lecturasnaïve, la santidad sea en realidad monstruosa… si es cierto que uno se convierte en el monstruo al que se enfrenta.
designación
octubre 21, 2024 § Deja un comentario
¿Qué designa el nombre de Dios cuando este nombre no admite una descripción definida? No es que primero poseamos el significado de la palabra Dios y luego demos con el referente (como cuando el detective busca, pongamos por caso, a la amante del marido de la mujer que le hizo el encargo). Dice Yavhé: Yo soy el que soy… o seré. Esto es, nada qué señalar que admita una descripción o significado. Y esto es precisamente lo señalado. El nombre de Dios sería algo así como un designador rígido… cuyo referente está por ver. O mejor, cuyo quién. El cristianismo no proclamará otra cosa que la siguiente: aquel que fue crucificado como un apestado de Dios es el quién de Dios, su modo de ser, su esencia. Es posible que aún no hayamos caído en la cuenta de las últimas implicaciones de la proclamación cristiana con respecto a lo que espontáneamente entendemos por divino.
atlas
octubre 19, 2024 § Deja un comentario
Creer en Dios como quien se encuentra fijado a un mapa mental es como creer que la inmigración es un desastre nacional o que hay una conspiración para terminar con los sobrantes: un dar por cierto lo que aún está por ver. Normal, por otro lado. Pues no hay orientación sin mapa.
Ahora bien, si Dios nos saca del quicio del hogar —si Dios es desquiciante, aunque no solo desquiciante—, entonces no hay mapa que valga con respecto a Dios. Con respecto a Dios únicamente una docta ignorantia. Y a verlas venir, mientras con el mazo dando.
mal y dialéctica
octubre 18, 2024 § Deja un comentario
La posibilidad del mal es el mal. Pues el mal hunde sus raíces en la intención. La rata es real, aunque permanezca escondida en su madriguera. Tan solo hace falta que llegue la noche.
Más aún: no es posible un mundo en el que no haya injusticia, violencia, genocidios… Pues el mal siempre se hizo en nombre de un bien mayor. Como el jardinero que se ve obligado a arrancar las malas hierbas del jardín. Al fin y al cabo, , el anhelo de justicia es, naturalmente, el envés del instinto de venganza.
Aquí alguien podría decir que por encima de la justicia —de la reparación— esta la paz, el perdón, la bondad. Sin duda. Pero si el mundo estuviera poblado de autómatas morales, incapaces por eso mismo de hacer daño, ¿acaso el bien no consistiría en provocar el conflicto, el desacuerdo, una cierta enemistad… para sentirnos, precisamente, vivos? No podríamos soportar, por irreal, un mundo en donde todo fuese paz y amor . Por eso mismo, quizá no sea casual que, en el final de los tiempos, Satán permanezca bajo las botas del arcángel. Y es que solo desde el espíritu del combate, cabe esperar la redención.
trascendencia y totalidad
octubre 16, 2024 § Deja un comentario
La verdadera trascendencia es imposible. Quiero decir que no puede comprenderse como una posibilidad del mundo. Y es que la verdadera trascendencia es aquella que se ubicaría más allá del todo. Sin embargo, ¿qué podría haber más allá del todo? De haber algo, ¿acaso no pasaría a formar parte —y de inmediato— de la totalidad? Una dimensión desconocida es tan solo una imagen de la genuina trascendencia. Basta con que comenzáramos a acostumbrarnos al nuevo mundo , si pudiéramos habitarlo, para que se convirtiera en una simple novedad, ese simulacro de lo absolutamente nuevo, de la otredad. La tierra firme es otro mundo para las bestias de la mar. Pero es obvio que se equivocarían si creyesen que más allá de los océanos se encuentra el cielo. Aunque no puedan evitar creerlo.
Nada puede haber más allá del todo. Esto es, más allá, la nada. O lo que es lo mismo: el continuo retroceso de la nada —de la posibilidad de la aniquilación— es lo que sostiene el mundo… a la vez que lo mantiene en vilo. La cuestión es si hay o no un más allá, sino a qué nos obliga que la verdadera trascendencia —y digo verdadera porque aquí no hay perspectiva que valga: no hay manera de ver la nada— se nos revele como la nada de Dios.
tendencias
octubre 15, 2024 § Deja un comentario
La tendencia es a la adaptación. De ahí que incluso nos acostumbremos a la guerra, al horror. En Kiev, siguen abiertas las pizzerias. Los que se encargaron de introducir los cadáveres en los hornos crematorios no tardaron mucho en tomárselo como un trabajo. Gana el día tras día.
No siempre, sin embargo. El momento desquiciante —la interrupción, el suceso vertical— es aquel en el que introduces a tu mujer y a tus hijos. El acontecimiento —lo único que nos saca del quicio— detiene el tiempo: ningún mañana por delante. Es el tiempo final —el fin de los tiempos (y aquí la palabra fin mantiene su doble sentido). A partir de entonces, o muerte en vida o resurrección, ese imposible. Y esto último no podremos anticiparlo desde nuestro lado. El cristianismo no dice otra cosa. O mejor, lo que añade es glosa.
lo más
octubre 10, 2024 § Deja un comentario
El haber es siempre para aquel a quien se le revela el haber. Pero aquí no hay perspectiva —ni, en consecuencia, posibilidad de dominio: no cabe someter el haber, ni siquiera a las condiciones de la objetividad. Pues el haber, en cuanto tal, no es nada en concreto. Y sin embargo, hay el haber.
El haber, en cuanto tal, es la condición de posibilidad del mundo. Ahora bien, no hemos de entender esto último como si el haber como tal fuese algo anterior al mundo. El haber como tal no es nada sin el haber del mundo. El haber como tal es —se da o hace presente— como el haber del mundo. No obstante, hay mundo porque el haber como tal retrocede en el haber del mundo. De ahí que todo se encuentre sometido al tiempo —que nada termine de ser lo que parece. La negación de sí del haber como tal en favor del haber del mundo es interna al haber como tal.
Podríamos decir que esta negación de sí es voluntad. O, si se prefiere, Dios. En este sentido, el silencio de Dios —su retroceso o paso atrás hacia un más allá de los tiempos— sería el envés de su voluntad. Así, el silencio de Dios deviene la mayor objeción contra dios. Y me atrevería a decir que esto es lo que acaso Nietzsche no terminase de comprender —y sí, Israel—, a saber, que la nada, al fin y al cabo, no es nada. Y que, por eso mismo, el Sí y el No —la bondad y el exterminio— no valen, ni pueden valer, por igual.
cristología elemental
octubre 9, 2024 § Deja un comentario
Quizá la pregunta no sea cómo comprender la encarnación de Dios —al fin y al cabo, que Dios no sea aún nadie sin su cuerpo—, sino cómo fue posible que los discípulos acabasen admitiendo como Hijo de Dios a quien vieron eructar —por no decir defecar— tras la última cena. Puede que aquellos que se escandalizan ante esta escena todavía no hayan comprendido el alcance de la dogmática cristológica. Pues esta, al reconocer al hombre que fue Jesús de Nazaret como Hijo de Dios, altera radicalmente lo que, de manera espontánea, damos por divino.
Otro asunto es que el triunfo histórico de la cristiandad redujera enormemente dicho alcance, hasta el punto de convertir al cristianismo en una religión entre otras, es decir, en un modo de ver una divinidad común. Y aquí podríamos añadir el efecto de esta reducción, a saber, que el cristianismo terminase abrazando de facto las herejías que inicialmente condenó. Pues una vez se consuma la reducción, Jesús deviene o bien en un dios que adopta el aspecto de un hombre, o bien en un ejemplar (de) hombre de Dios. Y como es sabido, ninguna de estas dos posibilidades coincide con la confesión creyente.
la ironía suprema
octubre 7, 2024 § Deja un comentario
¿Es Dios el ente supremo? Por supuesto. Nada por encima de Dios.
(Y por eso mismo Dios es más que Dios. Es decir, como ente supremo Dios aún no es Dios.)
una de economía
octubre 4, 2024 § Deja un comentario
Que formemos parte de una economía de mercado no puede ser algo inocente. Quiero decir: que es iluso creer que podamos seguir valorando, creyendo… como nuestros antepasados. Sin embargo, la fe en un Dios crucificado siempre estuvo más allá de los mapas mentales que nos proporcionan las épocas. Pues dicha fe solo comienza con, precisamente, el derrumbe de las mismas.
personal
octubre 2, 2024 § 1 comentario
Una divinidad oceánica, ¿puede responder a la pregunta acerca de qué vida pueden esperar las víctimas de la historia? Tan solo un Dios personal. Pero un ente supremo al que pudiéramos tutear ¿sería Dios? La pregunta es retórica. En cualquier caso, el horizonte es un no-saber, una docta ignorantia. En su lugar, un debe ser en nombre de —y del cual no podemos hacernos una idea creíble.
Yuri Gagarin
octubre 1, 2024 § Deja un comentario
Tras su viaje, Gagarin declaró que no había visto a Dios ahí arriba. Esto, como se sabe, fue celebrado por los soviets. ¡Al final, la humanidad pudo constatar la inexistencia de Dios! Sin embargo, y dejando a un lado que no cabe constatar la inexistencia de lo que sea , la convicción de Israel ¿no fue precisamente que Dios no habitaba por encima del mundo? Que Dios se le revelase a Abraham como promesa de Dios, ¿no implicó una modificación del sentido de lo trascendente al pasar de un esquema espacial a uno temporal? Pues eso.
debido a Dios
septiembre 30, 2024 § Deja un comentario
Todo se lo debemos a Dios. Ahora bien, podemos imaginarlo como si Dios fuese una especie de titiritero espectral. Pero la verdad es que este debido a responde al sacrificio de Dios. Mientras sigamos con lo primero, aunque ayude a ir hacia lo segundo, es posible que sigamos lejos de Dios… creyendo que estamos muy cerca.
soteriología elemental
septiembre 29, 2024 § Deja un comentario
La redención va de la mano del hallarnos sub iudice. Incluso si Dios quiere que todos se salven (1 Tim 2:4). O quizá por eso mismo. De hecho, quienes se enfrentan —y responden— a la demanda de los que no tienen el pan de cada día no dudan de que nos hallamos sub iudice. Dudamos nosotros, los satisfechos. Aunque sea con la excusa de Dios.
películas
septiembre 28, 2024 § Deja un comentario
Cada uno se construye el mapa mental que más le conviene. Así, el que duerme en la calle puede decirse a sí mismo que en la próxima vida seguro que le irá mejor. O el satisfecho, que cuenta con un ángel de la guarda. Un mapa mental es como una droga.
Sin embargo, ante Dios estamos sin Dios. Y no hay mapa mental que soporte tanto realismo. De ahí que, ante Dios, la pregunta sea y ahora qué. Diría que caben dos respuestas. O bien, que cada palo aguante su vela; o bien, el heme aquí de Abraham— qué quieres que haga. Esto es, o bien nihilismo, o bien, la Ley, el mandato que procede del silencio de Dios… cuyo eco escuchamos en el llanto de los lastimados —y seriamente— porque nacieron en el lado equivocado.
redemption machine
septiembre 27, 2024 § 1 comentario
Supongamos que, efectivamente, hubiese al final un reset de dimensiones cósmicas. Que los muertos resucitasen y que, tras haber quemado las malas hierbas, todo volviese a empezar… sin que este nuevo comienzo fuese debido a un agente supremo. Supongamos, en definitiva, que dicho reset fuese automático, algo así como una ley natural. Esto es, que no hubiese padre, sino tan solo los efectos de lo que habría sido su intervención ex machina. ¿Daría igual? O mejor, ¿les daría igual a quienes esperan, precisamente, la redención final de Dios?
La muerte de Dios significa que estamos solos. Que, de haber redención, no habría nadie a quien agradecérsela. Sin embargo, de añorar al padre, ¿no estaríamos diciendo que la redención es cosa de niños? Quizá. Sin embargo, dicha añoranza, aun cuando fuese infantil, ¿no nos daría a entender, más bien, que somos relación y, por eso mismo, un tener que responder? Y quien dice responder, dice perdonar, dar las gracias, devolver… La redención oceánica, de haberla, no sería para nosotros. Pues no hay alteridad que valga para la ola que es el mar.
referencia, mundo y Dios
septiembre 25, 2024 § 1 comentario
Un martillo es algo más que un martillo. Es también, un clavo. Y una pared (o una tabla…) También es quien lo utiliza. Ahora bien, ¿por qué emplear aquí el verbo ser en vez del verbo remitir? Pues porque nada es que no aparezca —y ningún martillo aparece sin que, al mismo tiempo y de algún modo, aparezca el clavo. Ver un martillo implica ver un clavo (o una pared, un carpintero, etcétera).
Por consiguiente, decir martillo es decir mundo. El mundo es lo primero. Mejor dicho, un mundo. Así, en lo relativo al hombre, lo primero sería hallarse en medio del mundo. Incluso la reflexión que nos distancia del mundo —y que hace posible que nos comprendamos como los desgajados— ha sido previamente posibilitada por un determinado mundo.
La consecuencias teológicas son inmediatas. Y es que cristiandad significa “un martillo es, en última instancia, Dios”. Que Dios haya muerto —que nuestro mundo no sea ya el de la cristiandad— supone que al ver un martillo ya no podemos ver a Dios. Hoy en día, la remisión a Dios corre a cargo del individuo. De ahí que la creencia en Dios sea, modernamente, equiparable a la de quien da por hecho que los extraterrestres nos vigilan. A menos que las visiones de la fe nunca hubieran dibujado un mapa mental. Aunque nos dé esta impresión, debido precisamente al triunfo histórico de la cristiandad. Y es que la posibilidad a la que apunta la esperanza creyente es, estrictamente hablando, imposible, esto es, una posibilidad que ningún mundo puede admitir como suya. Sin embargo, solo por eso Dios es Dios —y no un titiritero espectral.