el cigronet

junio 25, 2012 § Deja un comentario

Llevo en brazos a mi hija de dos años, Paula, de camino a la guarderia. Ella va cantando la canción de los teletubbies y diría que es feliz. En el semáforo, junto a nosotros, pero sentada en la acera, una indigente con su hija en el regazo, más o menos, de la misma edad que Paula. El hecho de que nosotros podamos comer a diario y ellas no, ya es de por sí una provocación, por no decir una afrenta. Como si fuéramos culpables por el simple hecho de que a nosotros nos vaya bien y a ellas no. Que hayan ricos y pobres puede que vaya con la naturaleza misma de las cosas. Se convierte, sin embargo, en algo intolerable cuando aceptamos que no hay otra vida que la que nos ha sido dada. Y es que, en realidad, cualquier más allá que pudiera amortiguar este vértigo queda en manos de un Dios que aún está por ver.

grados de tolerancia

junio 21, 2012 § Deja un comentario

Cuando tanto te da una cosa como otra es muy fácil ser tolerante. Incluso puedes llegar a colaborar con el «enemigo». No lo es tanto cuando te crees, en la medida de lo posible, aquello que proclamas. Así, pongamos por caso, si estás convencido de que no hay otro acceso a Dios que el que pasa por la Cruz, te será muy difícil participar de esas dinámicas creyentes que confunden las esterillas con las alfombras voladoras: como si fuera posible conectarse con Dios simplemente cerrando los ojos y oyendo tu respiración. Como si Dios fuera algo así como un relajante muscular. Esto no significa que tengas que negarles el pan y la sal a quienes defienden esta concepción de la divinidad. Significa que no puedes comulgar con sus ruedas de molino. Al fin y al cabo, cuesta imaginar al nazareno fent treball d’equip con los fariseos. De hecho, lo crucificaron por no ser lo suficientemente colaborador.

nigromantes

junio 20, 2012 § Deja un comentario

Estoy tomándome un café en el WoW, as usual. En la mesa de al lado, una chica le está leyendo la carta astral a un hombre de mediana edad. Llama la atención lo precisas que pueden llegar a ser estas lecturas. Sea como sea, lo cierto es que tenemos una gran necesidad de saber qué podemos esperar de la vida. En definitiva, si nos irá bien o mal. Con todo, es posible que todo comience cuando llegamos al muro y veamos crudamente que ya no hay nada más allá.

Gógol

junio 20, 2012 § Deja un comentario

Hay vidas que están vivas y las hay que están muertas. Los muertos no tienen alma. Ningún motivo, ninguna búsqueda les arroja más allá de sí mismos. Pueden ser divertidos, entretenerse con sus compras, poner a caldo a los vecinos, optimistas o cínicos, pero en cualquier caso siguen clavados a su circunstancia. Los muertos siempre forman parte del paisaje. Con todo, sigue siendo cierto que los vivos no suelen tener donde reposar la cabeza. Como si, al fin y al cabo, no pertenecieran a este mundo.

más Grégoire, de una charla con Jandro

junio 19, 2012 § Deja un comentario

Aquellos locos de atar que, con todo, son desatados por Grégoire Ahongbonon ya saben en qué consiste la salvación. Si nosotros aún nos preguntamos por ella es porque de hecho no estamos lo suficientemente atados a los árboles como para saber lo que vale un peine. Para nosotros, los satisfechos, la ‘salvación’ tiene que ver con el sentido de la existencia, con los ideales que la orientan, es decir, con la realización de una determinada idea de la vida buena o feliz. Todo aún demasiado nuestro como para depender de alguien que descienda de lo alto. Pero para los desatados, el sentido de la vida, su hacia dónde, no puede ser otro que el cuerpo mismo de Grégoire. Nada que ver, pues, con una idea —un ídolo, un ideal—. Y es que la vida de los desatados no puede responder a nada más que al gesto redentor de Grégoire. Cristianamente, no hay otro sentido que el que encarna el Señor de tu existencia, aquél al que le debes, precisamente, la vida. Ahora bien, no solo para los desatados, sino para Grégoire mismo, no hay otro hacia dónde que el que ofrecen los cuerpos de esos dejados de la mano de Dios. Pues si le preguntáramos a Grégoire cómo se siente en su papel de salvador, lo más probable es que nos dijera que él no salva, sino que, por contra, él es el salvado por aquellos a quienes libera. Para los desatados, Grégoire es, sin duda, el enviado de Dios. Pero para Grégoire, la mirada de los locos es la mirada misma de Dios. ¿Quién salva, entonces, a quién? ¿Dónde está Dios y dónde, el hombre? Será cierto que Dios es algo que ocurre entre los hombres, la deuda de sangre que vincula eternamente a quienes ya no gozan del amparo de Dios.

paideia

junio 19, 2012 § Deja un comentario

Suele decirse que la educación escolar debería preparar a los chicos para el mundo que les espera. Y en este sentido cada nueva reforma trae bajo el brazo unas cuantas asignaturas ‘actuales’ del tipo ‘liderazgo del s XXI’ o ‘introducción a la ingenieria genética’. Ahora bien, una escuela de cierta altura antes que nada debería preparar a sus alumnos para que puedan trascender el mundo, esto es, educarlos en aquello que el mundo no les proporcionará y que difícilmente podrán adquirir echándole un vistazo a ‘internet’. Para cualquier asignatura de rabiosa actualidad puede bastar con un ordenador. No, ciertamente, para ver más allá de un palmo de nuestras narices. Para esto último hace falta una formación medieval. Un maestro, no un instructor.

camino de vuelta

junio 18, 2012 § Deja un comentario

Hay muy pocos que tengan derecho a decir las cosas por su nombre. La mayoría nos llenamos la boca con palabras cuyo alcance ignoramos. De ahí que, con el paso de los días, esas palabras vayan perdiendo valor, fuelle, relevancia. Pocos son los que regresan con vida de las simas de la existencia, ahí donde habitan los muertos. Pero solo ellos pueden entregarnos la verdad de las últimas cosas. Quienes pronunciamos las grandes palabras antes de tiempo deberíamos tener el suficiente coraje para hablar en nombre de aquellos que prefieren guardar silencio, aun cuando solo ellos puedan legítimamente hablar. Y es que si las grandes palabras han dejado de ser creíbles es porque no somos nosotros, los satisfechos, quienes debieron pronunciarlas como si supiéramos de lo que estamos hablando.

quaestio facti

junio 18, 2012 § Deja un comentario

Apelar a los hechos a la hora de demostrar nuestras ideas acerca de Dios es inútil, pues aquello que pueda valer como hecho es algo que se decide en el marco categorial de un determinado mundo. Y hay tantos mundos como visiones del mundo. Así, un bosque es de hecho sagrado para quien puede verlo así, no para cualquiera. Quien dice que un bosque no es más que un bosque no está más cerca de los hechos que el aborígen que ve ese bosque como el lugar de la presencia divina, del mismo modo que quien ve solo un trozo de metal no está más cerca de la verdad que quien es capaz de ver una medalla en ese mismo trozo de metal. La visión va con el como, con la interpretación. Si damos por sentado que la interpretación religiosa siempre se añade a la simple descripción de los hechos es porque ya no podemos ver espontáneamente en las cosas que pasan la presencia de Dios. Dios ya no pertenece a nuestro mundo. Aunque lo cierto es que, para un lector atento de la Biblia, YWHW nunca se hizo presente como algo del mundo, ni siquiera de un mundo sobrenatural. YWHW no es alguien de otro mundo, sino lo otro del mundo. Aún hemos de recorrer un buen trecho para caer en la cuenta de que la crítica profética a la idolatría es, en definitiva, una crítica a la concepción típicamente religiosa de la presencia divina.

quaestio iuris

junio 18, 2012 § Deja un comentario

Si ya no hay cristianismo que valga es porque tenemos derechos humanos. Ahí donde estos derechos pasan como algo de por sí evidente, ya no es necesario defenderlos en nombre de Dios. Será verdad que el cristianismo muere de éxito. Aunque siga siendo cierto que en verdad solo somos iguales ante un Dios que guarda silencio.

teoría de la doble verdad

junio 16, 2012 § Deja un comentario

Hay dos modos de comprender esto de la verdad. O bien la verdad se dice de nuestras ideas o pensamientos, o bien se da como lo que tiene lugar. En el primer caso, decimos que nuestros ideas son verdaderas, si se corresponden con los hechos. En el segundo, en cambio, decimos que es verdad lo que en realidad acontece. Así, en principio, parece que estemos hablando de lo mismo, pero solo para quien no se haya dado aún cuenta de que, mientras los hechos siempre se dan según el marco de nuestra receptividad, lo que en verdad acontece no puede darse según ese marco. Esto es, que lo que acontece es, en cualquier caso, el hueco, la falta, lo dejado atrás, aquello en sí mismo invisible, eso que debe aparecer y, sin embargo, sigue sin aparecer. De ahí que, por ejemplo, la muerte no sea un hecho —el hecho es el cuerpo sin vida—, sino un acontecimiento. O, por decirlo a la inversa, la vida solo se nos da cuanto tenemos presente la posibilidad de la muerte, la posibilidad de que la vida sea dejada definitivamente atrás. Y lo mismo pasa con esto de Dios. O bien Dios es el ente o el hecho que se corresponde con nuestra idea de Dios. O bien es el ser que el mundo encuentra en falta —aunque, por eso mismo, el mundo quede transfigurado—. En el primer caso, tenemos una idea de la que bien podemos prescindir. En el segundo, acaso el único acontecimiento que da pie a lo que somos en verdad, hombres y mujeres marcados —obligados— por esa ausencia. De ahí que cuando alguien dice que Dios no existe, dando a entender que no hay nada que se corresponda con nuestra idea de Dios, cristianamente solo podemos responderle que eso ya lo sabíamos desde hacía tiempo, cuanto menos desde el final de la Creación, desde el mismo momento en que Dios decide tomarse un descanso para que los hombres puedan responder a su voluntad y, de paso, liberarse del asfixiante peso de las circunstancias.

torrente Gornal

junio 16, 2012 § Deja un comentario

Fernando Cardenal, jesuita en los años de la revolución sandinista, fue empujado a ponerse del lado de la guerrilla cuando veía como los paramilitares de Somoza liquidaban uno por uno a los jóvenes de su comunidad que iban a alfabetizar a los hombres y muejeres de los barrios pobres. Fernando Cardenal no podía seguir en su celda monástica como si nada ocurriera ahí afuera. Tenía que ir a ocupar el lugar de los caídos. Unos jóvenes indios de clase acomodada decidieron en su momento montar unos talleres de instrucción básica para que los niños que vivían en los vertederos de Calcuta pudieran aprender un oficio que les permitiera salir de ese infierno al que estaban condenados de por vida. Las mafias que negocian con la pobreza de esos niños comenzaron a asesinar a esos jóvenes. Uno a uno. Los amigos de los muertos que no estaban implicados en la iniciativa se preguntaron qué debían hacer. Algunos decidieron ocupar su lugar. Siguen cayendo. Pedro, Juan, Santiago and Co. vieron como aquél que prometía una nueva vida para los pobres colgaba de un madero como un perro desollado. Salieron por patas de ahí. Al cabo de unos días, sin embargo, comprendieron dos cosas: que ese crucificado había entregado su vida para que los pobres vivieran; que ellos debían ocupar su lugar… del mismo modo que el crucificado había ocupado el lugar de Dios. Pues eso es, en definitiva, el cristianismo: muertos que se levantan una y otra vez en cuerpos de otros para que los desgraciados de este mundo vivan más allá de la muerte. Tenía razón Tertuliano cuando decía que la sangre de los mártires es la semilla de la fe. El cristianismo amanerado de nuestros días —aquel que confunde las cosquillas del alma con la genuina experiencia de Dios— difícilmente producirá otra cosa que creyentes encantados de haberse conocido.

P3

junio 15, 2012 § Deja un comentario

Puedo entender que esto valga para los niños, pero no para los mayores. Es posible que, si regresas con vida de la muerte, estos asuntos te den más o menos igual. Pero la cuestión es si el lenguaje del buen rollo es el más apto para dar fe de la experiencia de Dios, la cual, como sabemos, suele darse en los límites del mundo, en esos vertederos de la historia en donde ya nadie puede esperar honestamente la intervención ex machina de Dios.

 

muerto el perro, muerta la rabia

junio 13, 2012 § Deja un comentario

Una verdad pertenece a su mundo. Pues las cosas nunca son lo que de entrada son, sino siempre algo más. Las cosas son lo que son porque en su modo de ser enlazan con lo que, de entrada, no son. Hablamos de gramática. Y así decimos esto es así o asá. Traducción: esto como aquello. Tan solo analíticamente podemos decir, por ejemplo, que una medalla no es más que un trozo de metal que interpretamos como algo más. En verdad, la interpretación es inherente a la visión. Lo dicho: esto como aquello. La interpretación se convierte en un añadido solo para quien no puede ya ver la medalla como tal, para aquel que, pongamos por caso, no pertenece al mundo en que ese trozo de metal es una medalla. Y teniendo esto en cuenta puede que comprendamos fácilmente por qué ya nadie puede ver honestamente a Dios.

that’s all

junio 12, 2012 § Deja un comentario

¿Y si esto fuera todo? Un café con los amigos (o en solitario) y una buena mujer. De hecho, del lado del hombre, es posible que lo sea todo. O casi. Y si hay algo más —que lo hay— eso no corre a cuenta del hombre, sino de Dios. De ahí que uno prefiera no vérselas con Dios. Pero lo cierto es que para los muertos, no puede haber otra salida que la que pasa por el que se hizo maldición por nosotros.
(La foto es de Josep Llort, pintor, taverner i amic.)

 

politeia

junio 11, 2012 § Deja un comentario

Aristóteles dejó escrito que no necesitamos un gobierno perfecto, sino uno que sea práctico. Y es que la cuestión de la política no es la de cómo obligar a que todo el mundo haga lo debido conforme a una determinada idea de lo justo, sino la de qué decisiones hay que tomar teniendo en cuenta que no todo el mundo hará lo debido.

el alien

junio 11, 2012 § Deja un comentario

Incubamos la muerte, la llevamos dentro: esta es la verdad. Pero ¿basta con saber la verdad como para que podamos vivir conforme a ella? No lo parece, pues lo cierto es que vivimos como si ésta no fuera la verdad, como si, en definitiva, no nos fuéramos a morir. La mente puede saberlo, pero el cuerpo no sigue aquí la pista de la mente. El cuerpo, mientras tenga salud, no sabe de la muerte. De ahí la importancia del lenguaje de la imaginación —de la superstición—, acaso el único lenguaje que el cuerpo entiende. Y es que, sin duda, viviríamos de otro modo, si pudiéramos creer que dentro de nosotros habita un alien que, tarde o temprano, nos abrirá las tripas (como ocurre en la película homónima de Ridley Scott). Puede que nuestra falta de integridad —nuestra dificultad de ser de una pieza— tenga que ver con el hecho de que ya no podemos creer en esas supersticiones que hacían posible que el cuerpo pudiera participar de la verdad del alma. Ya se sabe: con el agua sucia, tiramos también al niño. Nunca mejor dicho.

yoes (1)

junio 11, 2012 § Deja un comentario

Las creencias no son como los diferentes whiskeys que se encuentran a nuestra disposición en un estante. Dime en qué crees y te diré quién eres. Así, no es lo mismo creer que te has convertido en un genocida porque has sido poseído por un espíritu demoníaco que creer que eres, por eso mismo, un culpable. La relación contigo mismo no puede ser la misma en un caso que en otro. En el primer caso, el mal no tiene que ver contigo. En el segundo, se revela como lo más profundo de ti mismo. En el primer caso, puede que baste con un rito de purificación. En el segundo, solo puede redimirte el inviable perdón de tus víctimas. El yo que está implicado en cada caso no es el mismo. En el primero, se trata de un yo elemental, embrionario. En el segundo, de un yo exacerbado, extremo, radical. El primero puede prescindir de Dios, pues le basta con un espíritu benefactor. El segundo, ya quisiera prescindir de Dios. Y es muy posible que, a pesar de que ambos hayan nacido de mujer, su diferencia sea semejante a la que pueda mediar entre el hombre y la bestia.

transconfessional: comentarios a la teología de Javier Melloni (8)

junio 9, 2012 § Deja un comentario

Para Javier Melloni la redención no deja de ser una purificación a la antigua usanza, el efecto de una elevación, de una ascesis. En el fondo, el redimido es aquél que ha logrado desprenderse de todo cuanto estaba en él y no le pertenecía, esto es, del lastre del egoísmo, las bajas pasiones, la suciedad. Para quien cree que el cuerpo es la cárcel del alma, no puede haber otra redención que la que pasa por liberarse de las ataduras de la carne, de su limitación. Se trataría de llegar a ser lo que uno ya es de buen comienzo, por decirlo según el adagio de Píndaro, aunque eso que uno ya es de buen comienzo se encuentre encubierto de la costra del cuerpo y, por eso mismo, tenga que ser rescatado. Porque el espíritu anhela regresar a su patria, la redención es entendida aquí como una elevación hacia el modo de ser originario que no es otro que el propio de la divinidad. Da igual si el modo de ser de la divinidad se entiende como el poder de la energía cósmica o como el poder de la bondad. De lo que se trata, al fin y al cabo, es de ser divino, de vivir como Dios. Otra cosa dice el cristianismo. O eso parece. Pues aquí la fuerza del espíritu no te dirige hacia lo alto, sino que te hunde en la miseria del otro. El anodadamiento de Dios, su encarnación, exige el anonadamiento del hombre. Dios, en verdad, desciende. Si Dios se pone en manos del pobre hasta morir en una Cruz, el hombre, desde el espíritu de Dios, no puede hacer otra cosa que ponerse en las manos, siempre sucias, del pobre. Cristianamente, el espíritu es de Dios, no del hombre. O mejor dicho, si llega a ser del hombre, no es porque el espíritu de Dios habite de antemano en las profundidades del alma, sino porque Dios desciende hasta ahogarse en las oscuridades del corazón humano, esto es, hasta hacerse pecado. Proclamar la Encarnación supone, por consiguiente, proclamar la Cruz como el lugar en donde Dios se enajena de sí mismo por aquellos que no merecen ninguna piedad. A menudo, olvidamos que el espíritu de Dios es cristianamente el espíritu de un Crucificado. Que no hay, en definitiva, otro espíritu al margen de la Cruz. Pero lo cierto es que en la Encarnación Dios se hace no-Dios para que el hombre pueda responder honestamente a su llamada. Pues si el hombre es capaz de responder a la llamada de Dios no es porque sea de por sí capaz, aunque esa capacidad se encuentre en lo más recóndito del hombre, sino porque Dios renunció a su divinidad para que la voz del pobre pueda ser tan imperativa como la voz misma de Dios. De ahí que cristianamente, solo los pobres de espíritu, esto es, los que por no tener, no tienen ni alma —los desgraciados, los müsselman, los sin-Dios— puedan responder al mandato de Dios como solo Dios puede hacerlo: desde la miseria de hombre. No se trata, por tanto, de hacerse bueno para ser capaz de Dios, sino de responder al mandato. Y el ser, de darse, se dará por añadidura, probablemente en el final de los tiempos. Da, pues, la impresión que una cosa es la redención a la Melloni y otra la de la carne.

el cristianismo vomitivo

junio 9, 2012 § Deja un comentario

El descrédito del cristianismo se debe en gran medida a sus creyentes. O, mejor dicho, a esos creyentes que, satisfechos de haberse conocido, dicen cosas tan tremendas como que el Señor sostiene mi vida, cuando esto solo puede decirlo aquel cuya vida es gobernada por el pobre. O que son testigos de la resurrección, cuando no han visto un muerto en su vida. Estos cristianos harían bien en leer aquel fragmento del Apocalipsis en donde Jesús dice aquello de que vomitará a los tibios de su boca. Para que luego digan por ahí que Jesús de Nazareth fue de buen rollo.

el profeta

junio 9, 2012 § Deja un comentario

Un profeta no quiere servir a Dios. Honestamente, no quiere ser el heraldo de su palabra. El hubiera preferido otra cosa. Pero si termina hablando en nombre de Dios es porque no puede desprenderse del yugo de Dios: porque, al fin y al cabo, no puede eludir la verdad de Dios. El sabe que la palabra tiene que ser pronunciada, aunque no pueda creer en ella de todo corazón. El profeta es aquél que ve antes de tiempo la verdad de Dios, aquella que los hombres solo podrán interiorizar en el final de los tiempos. Que el profeta no posea la palabra que proclama significa que la palabra que proclama le supera por entero. O, por decirlo de otro modo, que su fe solo le será dada por la deuda que contrae con aquellos que creyeron en su proclamación.

de Kafka a Juan

junio 9, 2012 § Deja un comentario

Kafka dejó escrito en sus diarios que el no hacía literatura, sino que él era literatura. Pues bien, algo parecido dijo el Jesús del cuarto evangelio cuando daba a entender que el no hablaba de Dios, sino que era Dios mismo en persona. Y no deja de ser significativo que ambas declaraciones solo podamos tomárnoslas en serio post mortem. La muerte se muestra, una vez más, como la piedra de toque de la verdad.

amb Déu o sense (1)

junio 7, 2012 § Deja un comentario

Francesc Torralba y Vicenç Villatoro, en una serie de cartas cruzadas sobre el asunto de la fe, muestran de entrada su acuerdo en que una de las cuestiones principales, si no la principal, es la cuestión del sentido, la pregunta por el porqué de una vida que es lo más cercano a la nada en un universo en donde mil millones de años es un comienzo. No me sorprende que así lo crea Villatoro, pero me extraña que lo crea también Torralba. Pues bíblicamente, la cuestión principal no es la del significado de nuestra existencia, sino la de a quién responde, esto es, quién es nuestro Señor. La cuestión del sentido es bíblicamente pospuesta para el final de los días tal y como demuestra con dura claridad el libro de Job. O, por decirlo de otro modo, el para que de tot plegat es un asunto que queda, como quien dice, en manos de Dios. Al fin y al cabo, tampoco es una cuestión que le quite el sueño a quien se encuentra sometido a la voluntad de Dios. De hecho, la pregunta por el sentido de la vida es una pregunta más pagana que bíblica, pues judíamente la pregunta es si estamos vivos o muertos, es decir, si nuestra vida responde a una llamada de Dios o, por el contrario, permanece centrada en su propio ombligo. Desde la óptica creyente, la vida no necesita un sentido —un hacia donde— para que pueda darse en verdad como vida. La vida es lo más para quien ha sufrido en propia carne un Dios que se encuentra más allá de la luz y la oscuridad. Y es que probablemente la vida solo pueda valer en relación con la falta de sentido que supone todo final.

impasse

junio 7, 2012 § Deja un comentario

Hay ciertas cosas que no podemos encarar, aun cuando debamos hacerlo. Por ejemplo, la muerte. Sin duda, donde no la tenemos presente, las cosas que pasan son simplemente eso: cosas que pasan. Es verdad, pues, que todo comienza cuando caemos en la cuenta de que podemos morir mañana. Hay muchas cosas que dejaríamos de hacer, si tuviéramos los días contados, mejor dicho, si supiéramos los días que nos quedan. Sin embargo, es igualmente cierto que la vida exige suponer que aún tenemos mucha vida por delante. Es difícil gozar de la vida donde, en cierto sentido, no podemos malgastarla. De ahí que la situación del hombre sea la del impasse. Por un lado, nada tiene en verdad lugar donde la muerte es ignorada. Pero, por otro, es innegable que el hombre, como decía Eliot, no puede soportar demasiada realidad.

Jn 3, 14

junio 6, 2012 § Deja un comentario

Dice Juan: «tanto amó Dios al Mundo que entregó a su único Hijo…”. Pero estamos tan acostumbrados a oirlo que difícilmente caemos en la cuenta de lo que supone. Un Dios que sacrifica lo más preciado de sí mismo por los hombres, ¿en qué sentido puede seguir siendo significativamente un Dios? ¿Acaso el sacrificio no debe correr a cargo del hombre? ¿Acaso no es él quien debe reconciliarse con Dios? Que la Encarnación se comprenda como el gesto sacrificial de Dios solo puede significar una cosa, a saber, que ya no cabe ningún otro sacrificio, ninguna otra religión. Que todo lo que pueda hacer el hombre con la intención de participar del favor de una divinidad que permanece en el más allá es, ciertamente, en vano. La salvación no puede ser comprendida, pues, como la respuesta de Dios al sacrificio del hombre, sino como la respuesta del hombre al sacrificio de Dios, el cual se hace patente en la muerte del Crucificado. Y de ahí a la implosión de la religión hay, sin duda, un paso.

oyes voces

junio 5, 2012 § Deja un comentario

Fácilmente suponemos que para ver basta con abrir los ojos. Que los hechos se encuentran ahí para ser vistos. Sin embargo, las cosas no son tan simples. Supongamos que alguien oyera voces del más allá. El hecho indiscutible es que alguien percibe cierta clase de sonidos, que oye, precisamente, voces. La cuestión es de qué se trata en realidad, a qué remiten esas voces. Hoy entendemos que estamos ante una alucinación, un extravío, un síntoma. Pero antiguamente no lo hubieran dudado: las voces del más allá son efectivamente del más allá. Incluso en el caso de que hubieran admitido que los que oyen voces sufren algún tipo de transtorno, las voces seguirían siendo de otro mundo, pues lo que hubieran entendido es que el transtorno es una puerta de entrada a la trascendencia. Aquí lo importante es darse cuenta de que no estamos ante una descripción objetiva de hechos, por un lado, y una interpretación supersticiosa de esos mismos hechos, por otro. En ambos casos hay una interpretación o, mejor dicho, un prejuicio que determina cómo debe ser visto lo visto, al fin y al cabo, qué debe ser considerado como real. Las voces como simples voces no demuestran nada. Que las veamos como el índice de otro mundo o como el síntoma de un transtorno dependerá de lo que demos por descontado con respecto a lo real. Si damos por descontado el carácter trascendente de lo real —si suponemos que no hay otra realidad que la trascendente; si suponemos que hay otro mundo por encima de nuestras cabezas—, entonces esas voces ya remiten por sí solas al más allá. Por el contrario, si damos por sentado, como ocurre en nuestros tiempos modernos, que la realidad se decide por entero en el interior de nuestra subjetividad, entonces no solo las voces, sino el acontecimiento mismo del mundo remite antes que nada a un yo. O, lo que viene a ser lo mismo, esas voces no pueden indicar nada en verdad otro. Se trata, en definitiva, de comprender que ambas posiciones son eso: posiciones, puntos de partida que hacen posible una determinada visión del mundo y no un saber extraído en un caso de la imaginación y en otro de la experiencia. De ahí que la cuestión acerca de la existencia de Dios no sea una cuestión que podamos resolver simplemente observando lo que pasa. Pues Dios ya no puede ser visto hoy en día, salvo deshonestamente, como aquello a lo que remiten ciertos hechos. Aunque por suerte para Dios, mejor dicho, para el Dios verdadero, Dios nunca fue en realidad un factor explicativo. Y es que un Dios que se ubica más allá de la totalidad —un Dios que se toma un descanso tras el esfuerzo de la Creación— es un Dios que no tiene otra voz que la de quienes sufren su trascendencia, es decir, su falta.

el perdón

junio 3, 2012 § Deja un comentario

Una víctima de ETA declara que ella necesita perdonar al hombre que mató a su hermano, aun cuando todavía no sepa a ciencia cierta quién fue. Que tiene que dejar atrás su odio para poder comenzar de nuevo. Estaríamos, pues, ante un caso que aparentemente demostraría el poder catártico del perdón. Héctor Mata me comenta, sin embargo, que no acaba de entender este perdón como un perdón cristiano. Y es que, según me dice, mientras este perdón libera a la víctima, el perdón cristiano —la misericordia imposible de los crucificados— libera al verdugo. A pesar de ambos perdones son una buena cosa, lo cierto es que uno sigue siendo aún algo demasiado descifrable como para que podamos verlo como el perdón mismo de Dios.

vuelo parabólico

junio 2, 2012 § Deja un comentario

Puede que la parábola no sea tan solo un género literario, sino el único modo de hablar de Dios. Y es que, cuando se trata de dar fe de Dios, si Dios es en verdad un Dios encarnado, acaso solo quepa contar una historia entre hombres. ¿Dios? Pues, había una vez un hombre llamado Jesús de Nazareth… (o, por extensión, Pedro Claver o Romero o Grégoire…).

una historia de zombies (y 2)

junio 2, 2012 § Deja un comentario

Puede que haya vida más allá de la muerte. Pero no es seguro que tenga que ver con nosotros. Y si tuviera que ver con nosotros es que, en verdad, no habría muerte. Ahora bien, si no hay muerte, ¿qué queda de nosotros?

el trascenderse de Dios

junio 2, 2012 § Deja un comentario

Para el cristianismo, Dios solo puede darse como Dios encarnado. Cristianamente hablando, un Dios que permanezca más allá del Crucificado no puede valer como Dios, sino en todo caso como su abstracción, su imagen, su falsificación. Sin embargo, erramos el tiro cuando entendemos esta convicción a la manera platónica, esto es, como si en Jesús de Nazareth se manifestara la realidad de Dios como la belleza pueda hacerlo en Megan Fox. Así pues, que Dios se dé por entero en Jesús de Nazareth sin que eso suponga que Jesús es un dios paseándose por la tierra, solo puede significar una cosa, a saber, que, en la historia de Jesús de Nazareth, Dios se trasciende a sí mismo, es decir, va más allá de sí mismo. Ahora bien, cristianamente entendemos que un Dios que va más allá de sí mismo es un Dios que, al fin y al cabo, renuncia a su divinidad, un Dios que se pone por entero en manos de los hombres… para que los hombres puedan vivir como Dios, esto es, más allá de la muerte aquí y ahora. El dogma de la Trinidad no pretende otra cosa que dar cuenta, aunque con un lenguaje impropio, de Dios como la historia de Dios. Un Dios que sea como el mar —un Dios que se comprenda como la substancia del mundo— difícilmente puede ser un Dios que ame a los hombres. No hay mar que pueda sacrificarse por quienes permanecen en la orilla. En todo caso puede engullirlos, pero no abrazarlos. Un Dios oceánico sería como aquella madre que, para evitar la muerte de su hijo, en vez de darle su corazón —de transpantárselo—, le propusiera mantenerlo en coma de por vida. Que siga habiendo quienes sostengan que el cristianismo es una religión entre otras, probablemente aún no hayan comprendido la diferencia que hay entre un Dios que permanece ahí, a la espera del hombre, y un Dios que va, como quien dice, en su busca.

edén

mayo 31, 2012 § Deja un comentario

El niño es cruel porque es inocente. Un niño puede matar a su hermano como quien se corta las uñas. De ahí que solo como culpables podamos hacer el bien.

una historia de zombies

mayo 31, 2012 § Deja un comentario

Puede que haya vida más allá de la muerte. Pero no es seguro que nos guste.

psicología de la experiencia religiosa

mayo 30, 2012 § Deja un comentario

Casi podríamos decir que la clásica diferencia entre fe y religión obedece a dos tipos de psicologías. La que corresponde a la religión sería la propia de quien se halla instalado en el sentimiento de amparo, probablemente por haber tenido un buen padre. Aquí la posición básica, la que da pie a ciertas imágenes de Dios, es la de sentirse bajo el abrigo de una presencia intangible. La que corresponde a la fe, en cambio, sería la propia de los niños rotos, los que no han visto a su padre, aun cuando hayan contado con la eficaz gestión de un progenitor. Aquí el sentimiento básico es el una cierta orfandad, la cual tanto puede conducir a la increencia, pues eso que un niño roto no puede dar por descontado es, precisamente, que haya alguien ahí, o a la fe bíblica, la cual como sabemos no se apoya en ninguna imagen de Dios, sino en su silencio. Pues solo sobre la base de este silencio pueden las voces de los otros huérfanos revelarse como la voz imperativa de Dios. En cambio, para el que posee una típica sensibilidad religiosa, el pobre es más el destinatario del mandato de Dios que su representante, su símbolo, su huella. En ambos casos hay obediencia a Dios, aunque en el primero sea más bien una obediencia debida que una obediencia real. Desde esta óptica, casi podríamos comprender el libro de Job como el relato del tránsito de la religión a la fe, de la situación de quien supone que hay Dios a la propia de quien se encuentra sometido a Dios, esto es, en sus manos. Para el creyente, pues, el amparo de Dios no puede ya comprenderse como una simple protección —como si Dios y el ángel de la guarda fueran en definitiva lo mismo—, sino como una postergación del final, como una prórroga. Y a esto bíblicamente se le llama Misericordia.

el mapa del tesoro

mayo 30, 2012 § Deja un comentario

Quien busca a Dios tiene que fracasar, si de lo que se trata es de Dios. Pues con respecto a Dios no cabe algo así como un descubrimiento. Más bien, uno es descubierto por Dios o, mejor dicho, por sus representantes, las víctimas. De ahí que quienes proclaman a los cuatros vientos su experiencia de Dios mientras siguen como si nada, acaben provocando el respingo, por no decir la arcada, de quienes poseen una mínima intuición de por donde van las cosas de Dios.

el chándal que cubre nuestra desnudez

mayo 30, 2012 § Deja un comentario

Para un cristiano, todos somos el mismo pobre. O, lo que viene a ser lo mismo, un mérito, la confianza en nuestras posibilidades, los motivos de orgullo son, en definitiva, una máscara, una impostura, una personificación. Ahora bien, aquí podríamos preguntarnos lo que nos preguntamos a propósito de la naturaleza humana: si la agresividad a la que nos obliga cualquier situación extrema revela nuestra verdadera naturaleza o si, por el contrario, nos aleja de lo que somos. Esto es, si la cultura es la piel de cordero que encubre el corazón de la bestia o si, más bien, debería entenderse como nuestra matriz. O somos alimañas que sueñan con ser ángeles o dioses que viven encerrados en el cuerpo de la bestia. De hecho, como ocurre en el caso de la botella a medias, lo cierto es que ni una cosa, ni otra. Por eso muchos sostienen aquello de que lo humano no puede comprenderse en relación con un determinado modo de ser, sino solo con respecto a una situación, un estar, un entre. Y de ahí que el ser solo pueda dársele al hombre como un problemático deber ser. Al fin y al cabo, el hombre es su posibilidad de ir más allá de donde se encuentra. O bien regresando o bien elevándose. Sea como sea, la posibilidad que es dejada de lado siempre se revelará, por eso mismo, como lo otro del hombre. Como su oportunidad o su maldición. Ahora bien, quien comprenda esto último comprenderá que el hombre tan solo pueda ser falsificándose a sí mismo, esto es, abandonando su situación.

John

mayo 30, 2012 § Deja un comentario

Decía John Wayne, de hecho, su personaje de siempre que el mejor apache era el apache muerto. Casi podríamos decir lo mismo del buen cristiano. Pues si uno se confiesa seguidor de Cristo y sigue en pie, viviendo a sus anchas, como quien dice, es que algo no acaba de ir como debiera.

los cuentos de nuestra infancia

mayo 29, 2012 § Deja un comentario

Es posible que, al fin y al cabo, un determinado modo de ser pueda comprenderse como aquello que queda del intento, siempre fallido, de pasar cuentas con nuestra infancia. Pues el hecho mismo de existir —el hecho de haber sido arrancados de la tierra— obedece en gran medida a lo que no pudo ser realizado en su momento y, con todo, debe ser aún realizado. Así, quien posee un genuino carácter es porque todavía tiene (y tendrá) cuentas pendientes consigo mismo. Aunque quizá deberíamos decir con su Padre.

ACDC, one more time

mayo 29, 2012 § Deja un comentario

Es innegable que el rock duro asume muchos de los elementos de la tradición cristiana o, mejor dicho, gnóstica, pues el culto y la doctrina, cuya eficacia es quasi sacramental, están al servicio de un sola idea, a saber, que no somos de este mundo. Aunque el mundo al que pertenecemos, según estos sacerdotes, no sea, ciertamente, el mundo impoluto de las vírgenes y los ángeles.

nada elemental

mayo 28, 2012 § Deja un comentario

El cristianismo no tiene nada de obvio. Pues lo obvio —lo natural— es que el débil tenga que morir antes de tiempo. De ahí que la igualdad, mejor dicho, la fraternidad sea una exigencia que naturalmente no podemos admitir. Quizá tengan razón quienes sostienen que esto de los derechos humanos es una ficción que, en tanto que modernamente incuestionable, enmascara el hecho de que solo somos iguales ante ese Dios que responde a la invocación del hombre con una Cruz.

cinismo y cristianismo

mayo 28, 2012 § Deja un comentario

Diógenes, el perro, estaba convencido que la única posibilidad de alcanzar una integridad era regresando. Que el hombre se falseaba a sí mismo donde creía que debía ocultar parte de sí mismo. El hombre es en realidad un animal y, como tal, debe desprenderse de la vergüenza. Pues no cabe alcanzar la pureza del dios donde el cuerpo sigue excretando a diario. En esto Diógenes coincide con Jesús de Nazareth, salvo en la dirección de la reconciliación. Mientras que Diógenes cree posible dejar de ser un animal simbólico y existir como un perro, el cristianismo acepta que, en tanto que hemos proyectado nuestra mierda en el extraño —el leproso, el miserable, el negro…—, no puede haber otra integridad que la de quien es capaz de abrazarlo incondicionalmente. En ambos casos, sin embargo, se trata de amar lo que debe ser negado para que el hombre pueda confiar en su ideal. Y lo que no es esto es espiritualidad qua ficción.

indefinición

mayo 28, 2012 § Deja un comentario

La prohibición es la matriz de lo humano, pues solo en relación con lo incuestionablemente prohibido puede darse un campo de significados, un mundo. Y es que lo incuestionablemente prohibido es, por defecto, lo que, estando ahí, en lo más íntimo de uno mismo, no puede ser admitido: el excremento, la lepra, la bestialidad. De ahí que lo inadmisible de uno mismo solo pueda ser reconocido en el enemigo, el apestado, el mal. Con respecto a lo que tiene que mantenerse en la invisibilidad, las cosas que tenemos a mano pueden ser clasificadas binariamente como sí o no, esto es, como puras o impuras, deseables o desechables. Al fin y al cabo, como representación de lo que debe mostrarse u ocultarse. Sin embargo, a pesar de los esfuerzos por identificarse con la imagen impoluta de sí mismo —con esa figura que tradicionalmente pasa por un dios—, el hombre permanece ligado a lo que debe ocultar de sí mismo como la imborrable posibilidad de sí mismo. Más aún como lo más real de sí mismo. Así, el hombre cree ingenuamente que puede ir perfeccionarse en la dirección de un divino modo de ser, pero su única posibilidad real es la de la regresión. Por eso mismo entendemos que no cabe una definición de lo humano. Pues una definición comporta siempre una delimitación y el hombre, en tanto que cuerpo que debe ocultar una parte de sí, no termina de ser lo que debiera. O, por decirlo con otras palabras, por ser consciente de sí mismo —por estar a una cierta distancia de sí mismo— su límite es su posibilidad. El hombre es la imposibilidad de la integridad, la inviabilidad de permanecer dentro de una determinada delimitación. En tanto que el hombre es una relación moral consigo mismo —en tanto que no debe hacer todo cuanto puede hacer—, el hombre es el cuerpo que puede ir más allá de sí mismo y, por eso mismo, trascenderse. Ahora bien, si uno solo puede reconocerse a sí mismo en relación con una determinada imagen de sí mismo, quien comprende lo anterior comprende que el hombre no podrá reconocerse en lo que en definitiva es. Si el hombre es, pues, la posibilidad de lo inhumano, el hombre es la posibilidad de dejar de ser lo que, en un momento dado, parece ser. Como si una cosa fuera su identidad, la cual siempre posee un carácter ficticio, y otra su verdad, el hecho de encontrarse entre el cielo y el infierno, el ángel y la bestia.

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