querelle
junio 11, 2011 Comentarios desactivados en querelle
Puede que la situación del hombre moderno sea la de quien ya no puede creer honestamente en aquello que confiere un sentido a su existencia.
tatoo (2)
junio 11, 2011 Comentarios desactivados en tatoo (2)
Nuestro dirigirnos a Dios puede ser, ciertamente, discutido —y de hecho lo es—, pues en el fondo no estamos sometidos a ningún Dios, aun cuando nos llenemos la boca de plegarias. Si nuestro hablar acerca de Dios es discutible es porque hablamos de Él como quien habla de la existencia del Yeti o de un etéreo prozac. Sin embargo, no parece que podamos impugnar con la misma facilidad la invocación de quien sufre de mal de altura, el peso de la falta de Dios. Su clamor —hasta cuando durará esto, Señor— se impone como el único modo legítimo de dirigirse a Dios. Más aún: su súplica se revela, para quien sabe verlo, como una pro-vocación de Dios. Será cierto que solo los pobres están autorizados a hablar de Dios, pues solo ellos se dirigen en verdad a Dios. O por decirlo de otro modo: tan solo ellos saben algo de Él, pues solo ellos le han experimentado como el Altísimo. El resto, siempre hablamos de oídas. Incluso cuando creemos que estamos por encima de esta superstición.

hollywood
junio 11, 2011 Comentarios desactivados en hollywood
Dice Rusell Crowe que es absurdo creer que Dios tiene necesidad de los prepucios judíos. Rusell Crowe no parece que tenga mucha idea del asunto. La circunscisión no es un sacrifico que pretenda obtener el favor de Dios, sino la marca que le recuerda al creyente quién es ante Dios. Los judíos se circuncidan, pues, como el marinero se tatúa en el brazo el nombre de su madre. Así la circunscisión es algo así como una huella: no olvides que la fecundidad es debida a Dios —aunque Dios no sea su causa—; que en el fondo somos unos impotentes; que seguimos siendo aquellos esclavos de Egipto; que nada depende, al fin y al cabo, de nosotros mismos. Etc. Otra cosa es que tú no creas en esas cosas. Pero si estás convencido de su verdad, entonces quizá debas señalar tu cuerpo con cicatriz indeleble. La obligación de la circunscisión serío algo así como el deber que tiene el superviviente de no borrar el número que las SS le impusieron con hierro candente como si fuera una res. Hay que herir el cuerpo, si no queremos olvidar lo que debe permanecer en nuestra memoria. Como si solo ritualmente pudiéramos hacer que el cuerpo participase de los acontecimientos del alma.
autoritas
junio 11, 2011 Comentarios desactivados en autoritas
Suele decirse que la Modernidad es una época en la que la autoridad hace aguas. Quizá sea más correcto decir que la que hace aguas es la autoridad del sacerdote. Es obvio que éste ya no posee la antigua legitimidad. O mejor dicho: un creyente puede exponer públicamente su visión a condición de que la ofrezca como una opinión entre otras. Lo que el agora moderna no puede admitir es la pretensión creyente de ofrecer una última palabra, una pretensión a la que el creyente no puede renunciar sin perder de paso la fe. Así, cualquiera puede opinar en público sobre los asuntos de la religión como si tal cosa. El prejuicio moderno —aquello que ningún moderno se atreverá a discutir— es que una opinión en tanto que personal es indiscutible. Por ejemplo, Rusell Crowe cuando considera como estúpida la costumbre judía de la circunscisión. Sin embargo, si Russell Crowe hubiera dicho que para él la Tierra es plana se le hubiera tachado sencillamente de imbécil. La ciencia es hoy la única autoridad en la plaza pública y los científicos sus oráculos, los únicos que tienen derecho a hablar. El único inconveniente es que con la neutralidad científica —aquella que obtuvo el beneficio de neutralizar las guerras de religión— quizá hayamos perdido por el camino la sensibilidad creyente para la nada de Dios, acaso la única realidad que puede quebrar el bucle infinito de Narciso.
Decálogo (3)
junio 10, 2011 Comentarios desactivados en Decálogo (3)
Como si Kieslowski en su excepcional Decálogo hubiese querido decirnos una sola cosa: que si todo en los hombres es mezcla —que lo es—, entonces es muy probable que los hombres solo puedan realizar la voluntad de Dios tracionando de algún modo su misma Ley. La verdad, pues, nunca se da entre aquellos que viven instalados en su pureza, sino entre los entresijos de las vidas rotas.
el corte
junio 9, 2011 Comentarios desactivados en el corte
Uno difícilmente comprende de qué va el asunto, si da por sentado que el yo es el mismo en cada uno de nosotros, con independencia de lo que podamos preferir o incluso creer. Pero lo cierto es que el yo de quien se encuentra sometido a lo que, en cierto sentido, le supera por entero, no es el mismo que el yo de quien cree que todo se encuentra a su alcance, el yo del consumidor. El yo de quien existe separado de sí mismo —el yo que vuelve sobre sí— no puede ser el mismo que el yo que a duras penas se encuentra por encima de su inclinación más elemental. Ahora bien, decir que no se trata del mismo yo equivale a decir que son dos cosas distintas como puedan serlo un mono y una mujer. Con todo, siempre cabe —y esto es lo asombroso— pasar del un yo al otro. Aunque, probablemente, eso no ocurra sin trauma.
ironía judía
junio 9, 2011 Comentarios desactivados en ironía judía
Qué extraño —aunque bien pensado quizá no lo sea tanto— que los judíos invoquen a Dios ante un muro. No es casual tampoco que los judíos estén convencidos que, de Dios, únicamente tenemos la Ley. Como si solo la impenetrabilidad de Dios nos sometiera en verdad al mandato de la compasión.
sonny boy
junio 9, 2011 Comentarios desactivados en sonny boy
Estamos en América. Un negro de avanzada edad juega con sus cuatro nietos. Intenta que pulsen las cuerdas de su guitarra. Es un bluesman. Pero siempre actuó en puebluchos. Su matrimonio se hundió hace ya tiempo y su cuerpo muestra las huellas de los días finales. Hoy hace sol y los niños ríen y corren y se tumban sobre la terraza bajo el sol del mediodía. Su hija se ha quedado sin trabajo, pero sigue ahí, delante de él, viva. Rasga los acordes de «I Believe I’ll Dust my Broom». Los nietos se juntan a su alrededor. Hoy podríamos decir que sí, que todo se encuentra en su justo lugar. El viejo bluesman hoy, como tantas veces, siente la vida a flor de piel, a pesar de sus fracasos… o quizá por ellos. Sin embargo, sabe que de aquí unos cuantos años ninguno de ellos seguirá sobre la Tierra. Que incluso puede que no haya humanidad. Tarde o temprano, la materia seguirá su curso durante unos cuantos billones de años más, como si nada. El viejo bluesman no puede evitar preguntarse: ¿y eso es todo? La vida, ciertamente, permanece pendiente de resolverse cuanto más viva está. La vida más cercana a la vida permanece, como quien dice, sub iudice. Quien vive en realidad inevitablemente cree que esto no puede quedar así. No se trata, pues, de una expectativa, pues aquí no hay expectativa que valga. Tampoco es que el viejo espere una respuesta del tipo, tranquilo, tío, que en el fondo no pasa nada; que somos inmortales, pues un inmortal, de hecho, vive como un muerto. Para los inmortales, todo pasa y nada ocurre en verdad. Esta necesidad de respuesta va con la vida misma, con una vida que encuentra su límite en la muerte. Así pues, no es que primero vivamos y luego, en el mejor de los casos, nos preguntemos si hay algo más. La vida y la cuestión de la vida van de la mano. Quien las separa, no apura la vida. Nunca el viejo negro estuvo tan cerca de los esclavos de Egipto.
manada
junio 8, 2011 Comentarios desactivados en manada
Hay dos tipos de alumnos: los que quieren aprender y los que no. Los pedagogos suelen estar convencidos de que estos últimos no están lo suficientemente motivados. Pero lo cierto es que están motivados por otros asuntos. Por ejemplo, el de la copulación. Esto es, sin duda, normal, pues la mayoría de los mamíferos a su edad ya llevan miles de coyundas a sus espaldas. El profe ya puede ponerle mucha pasión al asunto que Platón o las ecucaciones de segundo grado no tienen gran cosa que hacer contra el chico o la chica que te manda un mensajito al móvil para quedar (es un decir). Cuestión de hormonas. Los pedagogos se equivocan cuando presuponen que los chicos están esperando a alguien que les haga crecer. Los pedagogos son demasiado naïf, por lo común. Fácilmente caen en la falacia del wishful thinking, a saber, la que confunde los deseos con la realidad. Como si no hubiera pecado original. La mayoría de los alumnos son gente y la gente lo único que quiere es que la dejen en paz para poder dedicarse a sus urgencias. Hay que hacer clase a todos pero no para todos. Un maestro, diría, es aquel que no tiene en cuenta al imbécil, sino a quien aspira a ir más allá de sí mismo. Y ello por el bien de ambos. No hay educación —y menos cuando se trata de proporcionar valor— que no pase por una dosis de sano desprecio por el imbécil de turno. Para muestra un botón, esta vez en la Torre:
—oye tío me han puesto un 6 de Reli, a mí…!!
—que fuerte tío, se la has metido doblada…
—y esto que me cago en Dios, qué fuerte… Casi me da vergüenza, tío.
cajón de sastre
junio 7, 2011 Comentarios desactivados en cajón de sastre
Acaso como siempre, hoy en día, coexisten en el cristianismo dos tipos de fe: la de aquellos que creen que entre Dios y el hombre no hay discontinuidad; y aquellos —los menos— que sufren la discontinuidad de Dios. Los primeros se creen capaces de Dios. Los segundos, obviamente, no. Los labios de los primeros invocan a Dios, pero confian en mayor medida en sus posibilidades de ascenso. Los segundos ya no pueden hacer otra cosa que invocar a un Dios que, para más inri, decidió morir en una Cruz. Los primeros suelen estar en las primeros bancos de su iglesia, por lo común, auténtica. Los segundos, quizá hayan dejado de ir a esa Iglesia. Los primeros suelen hacer buenas migas con el resto de las religiones, pues su convicción es, en el fondo, pagana. A los segundos les cuesta admitir una divinidad que promete la felicidad a quien hace lo debido. Los primeros son los descendientes de esa raza de víboras a la que se refirió Jesús. Los segundos probablemente sean aquellos que compartirán silenciosamente su destino.
eco
junio 7, 2011 Comentarios desactivados en eco
Entre el santo —ese obseso de Dios— y el bufón, se encuentra la gente, los hombres y la mujeres de existencia vulgar, vacas cuya mayor preocupación es la de ser alguien ante los demás. Probablemente, morirán como Narciso: ahogados entre sus propios reflejos, incapaces de comprender que solo hay vida más allá de su ombligo.

a flor de piel
junio 7, 2011 Comentarios desactivados en a flor de piel
La herida no tiene tanto que ver con el cuchillo como con la debilidad de la carne. Así pues, cuando nos sentimos heridos —cuando alguien pone al descubierto nuestro secreto, la tara que con tanto esfuerzo conseguimos ocultar— la única pregunta que deberíamos hacernos es qué tipo de piel hay que tener para que la herida no nos escueza tanto. De hecho, solo hay una respuesta: una piel de prestado; como si nuestra piel no fuera nuestra. O por decirlo en abstracto: nadie que se encuentre más allá de sí mismo, se siente muy afectado por el mal ojo de los demás. La mierda está en él —cómo no—, pero no va con él. Como en el caso del santo. O del bufón.
psyche
junio 6, 2011 Comentarios desactivados en psyche
Quizá aquí sea cierto que lo uno o lo otro: o bien somos los que estamos por encima de nuestra miseria; o bien no somos más que nuestra miseria. O bien, nuestra miseria supone una degradación de lo que somos —y esta es la convicción del paganismo—; o bien revela lo que en el fondo siempre hemos sido: unos invocantes. O bien nuestra verdad tiene que ver con la máscara que encubre nuestra desnudez —no en vano Nietzsche decía que la máscara era lo más profundo—; o bien la verdad anda desnuda y todo cubrimiento es, precisamente, un encubrimiento.
la regresión
junio 6, 2011 Comentarios desactivados en la regresión
Los griegos —aunque con ellos también algún que otro Padre de la Iglesia— dedujeron la existencia de Dios de la belleza del mundo. Y muchos creyentes de hoy en día siguen conectados con Dios por la misma línea directa. Sin embargo, la experiencia bíblica de Dios no parece contentarse con tan poca cosa. El Dios del séptimo día es dueño de la belleza así como del horror (Is 45,7). Un Dios que se decante solo por el lado amable de la existencia es una divinidad al servicio del afán de pureza del hombre. En última instancia, un mito. No casualmente el antiguo gnosticismo de Marción tuvo que sacarse de la manga un demiurgo maldito —separar, al fin y al cabo, al creador del salvador— para librarse de la inadmisible realidad de Dios. Pero en verdad nadie se encuentra sometido a Dios que no esté pendiente de su respuesta. Aunque confíe absurdamente en el sí que anticipó un Dios crucificado, un creyente permanece cubierto por el peso de una belleza y un horror debidas por igual a una misma trascendencia.
notas al pie
junio 6, 2011 Comentarios desactivados en notas al pie
La tesis básica de la apocalíptica cristiana es que, al fin y al cabo, solo los pobres pueden juzgarte como solo Dios puede hacerlo. O por decirlo de otro modo: que la última palabra acerca de quién eres la pronunciarán los apestados. Solo ellos te harán de espejo —y no la imagen con la que pretendes identificarte—. Solo tienes, eso sí, que aguantarles la mirada.
hermenéuticas
junio 6, 2011 Comentarios desactivados en hermenéuticas
Estamos lejos de comprender cómo funciona el discurso cristiano acerca de Dios, si nos preguntamos qué hecho puede corresponderse con la idea, por ejemplo, de un Dios inmutable. Con respecto a Dios, no es que primero tengamos una idea —una hipótesis— y luego nos preguntemos por su correspondencia con los hechos. Esto es lo que hacemos cuando está en juego una verdad acerca de los hechos, pero no cuando de lo que se trata es de negar que la verdad —mejor dicho: que aquello que en verdad tiene lugar— sea, precisamente, algo que tenga que ver con los hechos, ni siquiera con hechos supuestamente sobrenaturales. Efectivamente, cualquier discurso significativo acerca de lo que en realidad acontece, tarde o temprano se verá obligado a reconocer que lo que tiene lugar es siempre aquello que necesariamente es dejado atrás en el momento de su manifestación sensible. O por decirlo de un modo más grueso: no hay otra realidad que la que fue. Si Dios está siempre presente es porque el hecho de haber sido dejado atrás es algo así como la marca de todo lo visible. Todo cuanto se encuentra sensiblemente ahí está, por decirlo de algún modo, pendiente de realidad. Por eso lo que podamos decir significativamente acerca de lo real inevitablemente se afirmará polémicamente contra las opiniones que no ven más allá de un palmo de sus narices y que, por ello mismo, son incapaces de oler el carácter alejado de lo real. En este sentido, si los antiguos Padres se atrevieron a defender la inmutabilidad de Dios —una idea acuñada en las procelosas aguas del platonismo medio— fue para rechazar la convicción estoica de que Dios se identifica con el alma del mundo y, así, con el espíritu de una materia en continuo devenir. La inmutabilidad de Dios fue, por consiguiente, una especie de santo y seña de la fe monoteísta en la radical trascendencia de Dios, santo y seña que se afirmaba, precisamente, contra la deriva panteísta de una espiritualidad que de buen comienzo resultaba demasiado evidente —demasiado racional— como para coincidir con el inadmisible Dios de la Revelación. Toda teología es, por defecto, negativa, aun cuando, con intención polémica, se vista con el ropaje de un discurso positivo sobre la naturaleza de Dios.
itaca
junio 4, 2011 Comentarios desactivados en itaca
Dice la letra: «hem d’anar més lluny dels arbres caiguts que ara ens empresonen; més lluny, sempre més lluny de l’avui que ara ens encadena.» La cuestión es para quién estas palabras pueden ser verdaderas. No ciertamente para nosotros, aquellos que ya tienen su vida más o menos garantizada. Con todo, resulta sorprendente que la esperanza judía —la de esos esclavos que deambularon por el desierto durante cuarenta años— sea tachada fácilmente de supersticiosa, mientras que se nos humedecen los ojos al escuchar la canción del Llach como si alcanzara nuestras fibras más auténticas… cuando, al fin y al cabo, se trata del mismo asunto. O casi.
for ever
junio 4, 2011 Comentarios desactivados en for ever
Siempre podremos hacer la división. Siempre habrán ricos y pobres; limpios y sucios; quienes aprovechen su oportunidad y quienes no; quienes crean que fumar es solo fumar y quienes sean capaces de ver más cosas en el gesto de fumar; quienes viven como las vacas, centrados en su satisfacción, o quienes viven más allá de sí mismos. Siempre habrán seres vulgares y aristócratas del espíritu. Y es una constante histórica que ambos bandos se desprecien mútuamente. Cuestión de supervivencia. Siempre habrán, pues, hombres o mujeres a los que tendremos que negarles la dignidad para podernos sentir alguien. Por eso, tiene algo de humanamente inaceptable que aquellos a quienes despreciamos —esos nadie— acaben siendo aquellos que finalmente nos juzgarán como solo Dios puede hacerlo. Como si, al final, ellos se limitaran a hacer de espejo. Como si, tarde o temprano, acabásemos cayendo en la cuenta que no somos más que esa mierda que tuvimos que quitarnos de encima para alcanzar una (in)cierta distinción entre los hombres.
el fondo de la taverna
junio 4, 2011 Comentarios desactivados en el fondo de la taverna
¿Qué significa habitar entre sombras? Pues, al menos de entrada, tomar la parte por el todo. Creer, por ejemplo, que no hay nada fuera de la sonrisa, los ojos o el cuerpo de esa mujer. Pero lo cierto es que con esa sonrisa o esos ojos o ese va cuerpo van también sus miedos, sus impotencias, su mala fe. La mayoría del personal suele tratar con lo que le rodea como el consumidor con las cosas del super: como si hubiera algo sin tara. De este modo, no tendrá reparos en devolver el producto, si le sale con defectos de fábrica o renovarlo cuando envejece. Si puede, claro. Hasta aquí todo muy normal. Pero, por eso mismo, el destino del hombre o la mujer normales no será otro que el de una vida engrisecida por la resignación. Tarde o temprano, ya no podrán devolver el producto. Les faltarán las fuerzas o el poder adquisitivo. Ellos mismos habrán envejecido también. No es mala cosa preguntarse si este es el único juego que podemos jugar.
gente
junio 4, 2011 Comentarios desactivados en gente
Estoy tomándome un café en la terraza del WoW. Un niño de unos 12 años con sus padres, a mi lado, tocando un violín. Es un decir. De hecho, ya lleva un buen rato machacando mi cerebro con una sola nota. Le miro diciéndole que ya vale. El niño, cómo no, reacciona poniéndose detrás de su madre… dándole a la misma nota y mirándome desafiante. Es obvio que se trata de un retarded. Entonces me levanto y le pregunto a sus padres si tendremos que escuchar a paganini durante mucho más tiempo. Me piden disculpas —aunque se les nota estupefactos— y el niño guarda el violín en el estuche. Hasta aquí perfecto. Pero al cabo de nada surge la gente que llevan dentro: comienzan a decirme que si tengo algún problema con la música. Les respondo que con la música, precisamente, no. Ellos siguen con su tema: que me lo haga mirar, si es que no puedo soportar a los niños; que si la calle es de todos; que si tengo alguna queja, se la plantee a los del bar; que vaya a decirles algo a los coches, que también hacen mucho ruido… Se van encendiendo. Me limito a sonreirles por aquello de la paz y el amor, pero parece que no acaba de funcionar: cuanto más buen rollo intento transmitirles por la vía de la vibración astral, más se sulfuran. Al final se levantan enrojecidos por la indignación. Mientras se alejan, continúan, erre que erre, lanzando imprecaciones al aire. Parecen una familia de enajenados mentales. Se confirma, una vez más, que la paz y el amor transforma el corazón de las personas. Con todo, es probable que en la siguiente reencarnación me pida ser Vito Corleone. Un niño que tocase el violín con el culo sería ciertamente un prodigio.
Decálogo (2)
junio 3, 2011 Comentarios desactivados en Decálogo (2)
¿Podemos amar a dos mujeres —a dos hombres— a la vez? ¿Es posible que el amor no sea tan exclusivo como se pretende? La respuesta sería inmediata, si se tratara del deseo. Pero en el caso del amor, no lo parece tanto. Es cierto que cada mujer —cada hombre— toca diferentes cuerdas en nosotros. Nuestros registros, nuestras octavas son múltiples. Quienes nos dan seguridad, no suelen darnos «vidilla», como quien dice. Y al revés. Sin embargo, el vínculo que se crea con aquellos a quienes les debemos la vida tiene algo de indestructible. Y puesto que, con un poco de suerte, seremos salvados solo una vez, resulta tan difícil que podamos amar sin exclusión. Con todo, otra cosa es el encuentro entre extraños, es decir, el encuentro como tal. Un encuentro siempre tiene algo de extraordinario o eterno y, por extensión, tiene también algo de intratable: quienes se encuentran no sabrán qué hacer una vez el tiempo les obligue a regresar a la prosa diaria. Un encuentro no admite la serie de ritos que mantienen la llama de una vida debida al otro. Por todo ello es difícil que podamos encontrar una instrucción que nos ahorre los diferentes registros de la vida inmortal.
opera aperta
junio 3, 2011 Comentarios desactivados en opera aperta
Una gran obra no lo dice todo. No debe decirlo. Solo así puede implicar al lector o espectador. Si las grandes obras nos leen —o nos ven— es porque nos obligan a formar parte de ellas. Una obra demasiado explícita —una obra pornográfica— nos mantiene en la grada y, por eso mismo, en falso. Nada se nos dice de la vida, donde se nos cuenta todo de la vida. Si la Bíblia resulta tan verdadera con respecto a Dios es porque, bien visto, no dice directamente nada de Dios. Decir, por ejemplo, que en la cruz murió no solo un hombre de Dios, sino quien venía en su nombre, esto es, quien ocupaba su lugar, supone decir algo último de Dios hablando solo del hombre que se queda sin Dios.
analogías
junio 3, 2011 Comentarios desactivados en analogías
El hombre moderno es aquel que ya sabe que la tierra da vueltas alrededor del sol… a pesar de que, inevitablemente, sigue viendo un sol que se levanta y se acuesta. Su situación es, por tanto, la de quien sigue espontáneamente ligado a una visión que no es cierta. En el fondo, estamos ante una nueva versión de la cuestión platónica acerca de si es posible que la visión de largo alcance llegue a transformar una sensibilidad que, por defecto, no suele ver más allá de un palmo de sus narices. O por decirlo con otras palabras: se trata de la cuestión de si es posible alcanzar una integridad en la verdad. En cualquier caso, sustituyamos la visión copernicana por la sospecha nietzscheana sobre Dios y tendremos la situación propia del creyente actual: un hombre que sigue invocando a un Dios que tan solo puede suponer.
brocha gorda
junio 2, 2011 Comentarios desactivados en brocha gorda
Es posible que el cristianismo no diga otra cosa que ésta: si es cierto que estamos obligados a atender la demanda de Dios y si Dios se identifica con quienes sufren la desgracia, entonces no debemos hacer otra cosa que atender la demanda de quienes sufren la desgracia. En definitiva, el mensaje es muy simple. Lo difícil es admitir que un Dios pueda abdicar de su divinidad para hacerse uno con el dejado de la mano de Dios. No debería sorprendernos, pues, que muchos aún prefieran buscarle en la calma de las cimas.
contrastes
junio 2, 2011 Comentarios desactivados en contrastes
A través de su discípulo Porfirio, sabemos que Plotino sentía un profundo asco por su cuerpo. Esto se encuentra, ciertamente, muy en consonancia con cierto modo de ser griego. Por otra parte, sabemos que Agustín sentía repugnancia por su alma. Para el de Hipona sus anhelos más elevados no eran de fiar. Como si supiera, con razón, que por debajo de nuestras mejores intenciones habita un polvo irrespirable. No es casual, pues, que con estos polvos, únicamente el cristianismo se haya atrevido a sostener, frente a las pretensiones de la religión, que el hombre es incapaz por sí mismo de acercarse a Dios. Será cierto que, al fin y al cabo, la sospecha nietzscheana es antes que nada una sospecha cristiana.
power balance
junio 2, 2011 Comentarios desactivados en power balance
Con el propósito de salvar los muebles ante la crucifixión del enviado, algunos teólogos suelen hablar de un Dios débil —de un Dios que renuncia a su omnipotencia—… sin darse cuenta de que un Dios que se desprende de su divinidad no puede seguir siendo un Dios en el sentido habitual del término. Decir que Dios se revela como un Dios débil —como un Dios que se pone en manos del hombre— no es como decir: «ahora nos hemos dado cuenta de que esa chica no era tan simpática como parecía». Como si, con anterioridad a la Cruz, no hubiéramos caído en cómo era Dios. Decir que Dios se revela en la Cruz como aquél que se identifica con el Crucificado —y, por tanto, como un Dios crucificado— implica reconocer que la revelación no afecta al modo de ser de Dios, sino a la realidad misma de Dios. La humillación de Dios —una de las tesis innegociables del cristianismo— nos obliga, pues, a caer en la cuenta de que la relación del hombre con Dios no es la relación del hombre con un hecho —o un ente— divino, sino con la historia misma de Dios. Mejor dicho: que la relación del hombre con Dios es, en verdad, la relación de Dios con el hombre. Lo que ninguna religión puede admitir es que Dios renuncie a su divinidad para que el hombre pueda vivir, más allá de la muerte, con el espíritu de Dios. Es por eso que cristianamente se dice aquello de que Dios es amor (1Jn 4, 8), pues no hay amor que no implique el sacrificio, la inmolación del amante. Nada que ver, por tanto, con el cosquilleo con el que algunos identifican el amor de Dios.
wc
junio 1, 2011 Comentarios desactivados en wc
Una cosa es el aquí te pillo, aquí te mato. Y otra el encuentro de las miradas, como quien dice. Lo primero es cutre. Lo segundo, probablemente eterno. Ahora bien, en la mayoría de los casos nos movemos entre una cosa y otra. O lo que viene a ser lo mismo: ni del todo miserable, pero tampoco nada del otro mundo. Seguimos, pues, en medio. Como es habitual. Y quizá por eso necesitamos interpretar, decirnos qué es lo que nos pasa, ya que, por lo común, no hay hecho que hable por sí mismo. El gris nunca fue elocuente.
comprender a Platón (y de paso a Epicuro)
junio 1, 2011 Comentarios desactivados en comprender a Platón (y de paso a Epicuro)
Un vaca tiene suficiente con saciar su sed. Sin embargo, donde saciamos nuestra sed aún tenemos la vida pendiente. De ahí que Platón diga que solo vivimos en verdad cuando vamos más allá de lo dado, esto es, en pos de un más allá que no coincide con nada que podamos alcanzar. Es cierto que todo lo que podamos asimilar —todo cuanto podamos ingerir— no acaba de ser nada en verdad otro, nada real. Al fin y al cabo, el estigma del más allá es, precisamente, esa falta de coincidencia con nosotros mismos. Epicuro, no obstante, negará la mayor: no hay más allá al que podamos dirigirnos. Nuestra indigencia es demasiado corporal como para que podamos comprenderla como la huella de la divinidad. Los hombres tendremos que tragarnos nuestra finitud —encarar nuestra propia muerte— si queremos vivir en verdad. De hecho, solo quien tiene presente su muerte puede gozar de cualquier presente. No hay más, pero tampoco menos. Es posible que entre uno y otro ande nuestra vida… mientras no sea una vida marcada por la Cruz.
espartacus
junio 1, 2011 Comentarios desactivados en espartacus
Somos, sin duda, esclavos de nuestros miedos. Y quizá por eso no pueda haber más libertad que la de quien se encuentra más allá de sí mismo porque debe obedecer el mandato de un Dios imposible.
amor platónico
junio 1, 2011 Comentarios desactivados en amor platónico
Quizá sea cierto que, al fin y al cabo, nuestro yo será uno u otro según cuál sea nuestra relación con el cuerpo. Así, o bien nuestro cuerpo, aunque vaya con nosotros, es algo que nos nos pertenece… del mismo modo que no somos la casa en la que habitamos; o bien, no somos más que nuestro cuerpo y, por consiguiente, cualquier anhelo espiritual no sería más que la expresión camuflada de un craso interés. O bien somos aquellos para quienes la satisfacción del cuerpo no resulta satisfactoria; o bien aquellos para quienes no hay otra satisfacción. O bien somos quienes apenas se reconocen en las exigencias del cuerpo; o bien aquellos que se encuentran como en casa en el follón de dichas exigencias. O bien somos quienes caen en la cuenta de que nada tienen donde lo tienen todo; o bien aquellos que creen que no acaban de ser del todo porque no lo tienen todo. O somos quienes se sienten extraños cuando simplemente penetran un cuerpo sin mirada. O bien aquellos que no saben dónde meterse cuando el cuerpo que devoran les mira desde su más allá —desde su falta de coincidencia consigo mismo, desde su desnudez—. Ésta es, sin duda, la gran diferencia entre los hombres. Que esta diferencia no valga nada ante Dios es algo que debería, cuanto menos, desconcertarnos.
Decálogo (1)
mayo 31, 2011 Comentarios desactivados en Decálogo (1)
El momento en que el padre coge un pedazo de hielo y se lo lleva a la frente, doblegado por la muerte del hijo… Es probable que Kieslowski haya comprendido mejor que nadie qué es el bautismo: como si sólo el agua en la que se ahogaron nuestras víctimas pudiera redimirnos.
la comprensión
mayo 31, 2011 Comentarios desactivados en la comprensión
Quien se preocupa de su imagen —quien pretende alcanzar la pureza aunque sea bajo la forma de una bondad intachable—, no puede soportar la caída. La mancha le resulta literalmente inadmisible. O, por decirlo de otro modo: la vergüenza le cubre por entero. En cambio, quien existe como quien se encuentra en medio de un combate —quien sabe que debe responder a una voz que no admite una negociación—, no tiene más remedio que levantarse. Sabe que el hecho de tener que responder no tiene que ver con su mérito, sino con el haber sido llamado a filas. Por lo común, ya cuenta con su miseria. Así pues, levántate y anda, si es que has caído. En definitiva, debes responder por la vida que te ha sido dada, sea cual sea su dignidad. No es de extrañar, pues, que esas palabras capaces de resucitar a los muertos solo fueran efectivas con aquellos que vivían a pelo, sin máscara, precisamente porque ya no podían esperar nada de sí mismos: los tullidos, los leprosos, las viudas, los huérfanos…, al fin y al cabo, esos manchados. Al resto nos espera la depresión, si es que la tara llega a ser demasiado visible.
las dos integridades
mayo 31, 2011 Comentarios desactivados en las dos integridades
Una cosa son las cosas de la moral —nuestras obligaciones en común— y otra la posibilidad del carácter. La sensibilidad moral suele confundir ambas posibilidades —como si ser bueno en ambos casos fuera lo mismo—, pero lo cierto es que el tipo de integridad no es la misma en un caso que en otro. En el primero, se trata de lograr un cierto equilibrio sistémico. La sociedad tiene aquí más peso. Lo que nos debemos los unos a los otros es lo que, al fin y al cabo, nos conviene socialmente. En este primer caso, un hombre íntegro será, pues, aquel que logre adaptarse a las exigencias del orden moral. En cambio, en el segundo caso, se trata de responder a una demanda insatisfacible. Si uno llega a ser de una pieza —si uno llega a ser una sola cosa— es porque su vida responde, por entero, a una sola cosa, una cosa imposible de alcanzar. Ahora bien, quien intenta responder a esta demanda no suele adaptarse a las exigencias del buen trato. Es, como quien dice, un intratable, alguien que se encuentra fuera de sus casillas. La primera integridad reposa sobre el sentido de la prudencia. La segunda sobre la obsesión. O, por decirlo, en clave religiosa: la primera, se sostiene sobre los dioses del lugar. La segunda, sobre un Dios que está por ver. Con todo, nadie elige aquí. Como decían los griegos, un carácter es un destino.
(Y por eso resulta enternecedor ver a esos chicos y chicas que creen ser alguien porque visten de ese modo tan particular, cuando la única individualidad está hecha con los materiales de un feroz olvido de sí.)
se revela el misterio: el 5º pino es el zoo
mayo 26, 2011 Comentarios desactivados en se revela el misterio: el 5º pino es el zoo
Más madera (tendrán unos 18 años):
—las cabronas solo hacían que preguntarme si ya tenía novio, tía…
—es que eres la única, tía…
—pero si es que lo dejamos con Carlos hace solo dos semanas.
—pasa de ellas, tía. Es que no te perdonan que salieras con él.
—no me dejan respirar.
—ellas dicen que fue él quien te dejó.
—envidía que tienen esas putas (sic)
—yo pasaría de este rollo, tía… Tu vales más que todas.
—es que es muy fuerte, tía. Parece que si no tienes novio no eres nadie…
Comentario de texto: sin embargo, es cierto lo que parece: si no tienen novio ellas no son nadie… Se confirma una vez más que lo que decimos muchas veces de nosotros mismos, no suele coincidir con quienes somos, sino con lo que quisiéramos ser.
sobre nuestra visita al zoo
mayo 26, 2011 Comentarios desactivados en sobre nuestra visita al zoo
He recibido unos cuantos mails echándome en cara la entrada del zoo. La acusación es más o menos la siguiente: cómo puedes ser tan despreciativo y, a la vez, cristiano. La verdad es que no me atrevo a escribir con letras grandes que sea cristiano. Creo que la muerte —ese des-ánimo— no tiene la última palabra. Creo que hay vida más allá del infierno, como quien dice, y que ésta es la vida que nos la da el perdón de un Dios crucificado. Creo que quienes han visto a ese Dios, viven, ciertamente, mucho más que cualquiera de nosotros, hombres y mujeres normales. Yo creo en quien cree a pie de Cruz. Pero no creo que yo sea un buen ejemplo para nadie. Ahora bien, me atrevería a decir que hay que pasar por ese desprecio —que, de entrada, hay que reconocer lo obvio, a saber, que las diferencias entre los hombres no son meramente anecdóticas— para poder, cuanto menos, vislumbrar el escándalo que supone afirmar que, ante Dios, esas grandes diferencias no valen ciertamente nada. De lo contrario, hacemos de una verdad, un tópico y una verdad que no posea poder revelador —una verdad que damos fácilmente por sentada— en modo alguno llegará a transformar la vida de los hombres.
una visita al zoo
mayo 25, 2011 Comentarios desactivados en una visita al zoo
Dos chicas, en la mesa de al lado:
—no jodas, tía, que iba tan borracha…
—sí, tía, qué fuerte.
—pero cómo mola tía…
—tenías que ver a los tíos de ayer echándote la cerveza…
—que se jodan.
—hoy tengo prácticas, qué palo. ¿Tienes casco?
—no. Hoy como con mi abuela. Un rollo pero se come bien…
—¿estaba el Johnny en la graduación?
—están tooodo el día juntos, tía…
—seguro que se fueron por ahí.
—hay un parque detrás…
—a ella solo le gusta bailar.
—yo a ella la conozco y sé que sale con Johnny para restregárnoslo por la cara.
—pero creo que se ha quedado sin pasta, tía… ¿Viste como fue a la fiesta?
—no hará la sele.
—vaya palo la sele. Yo solo quiero dormir, tía…
la Contra
mayo 25, 2011 Comentarios desactivados en la Contra
En la Contra del pasado 23 leemos: «la vida como milagro es un modo romántico de subrayar su complejidad.» Se trata, como es obvio, de una visión muy actual. Como si la mirada que nos lleva más allá del dato fuera algo que solo tiene que ver con nosotros. Y, ciertamente, el error sería creer que el milagro tiene que ver con un más allá que podemos perfectamente comprender como una continuación, aunque superlativa, de nuestro más acá. Pero que la vida sea un acontecimiento producido por un demiurgo, en vez de ser el efecto de la evolución de la materia, no tendría nada de extraordinario. Tendríamos una causa en vez de otra. Lo extraordinario es que haya vida en vez de nada, por parafrasear la sentencia de Leibniz. Esto es: lo extraordinario no tiene que ver con lo inexplicable —pues, por defecto, cualquier cosa admite una explicación—, sino con la inviable posibilidad de la nada. O por decirlo esotéricamente: se nos dió la vida porque Dios es imposible.
la dispersión
mayo 25, 2011 Comentarios desactivados en la dispersión
Cuando alguien me dice que no tiene palabras para expresar lo que siente suelo tomármelo al pie de la letra: él no tiene esas palabras. Pero la lengua anda casi sobrada. Solo para un diccionario las palabras ‘asombro’, ‘estupefacción’, ‘admiración’, ‘estupor’… son equivalentes. Si las tenemos es porque las necesitamos: porque no tratan exactamente de lo mismo. Las palabras importan, pues sin palabras los sentimientos son ciegos… y es sabido que un ciego no suele ir muy lejos. Los sentimientos no pueden dirigirse a nadie, si no es con la palabra. Prueba, si no, a decirle a una mujer que, a pesar de la intensidad, no sabes lo que sientes por ella… Con todo, es indudable que la realidad tiende a escaparse de nuestros intentos de designarla. La realidad persiste en mostrarse como eso que no acaba de ser lo que parece. Eso que tenemos ahí no acaba, pues, de coincidir con lo que captamos sensiblemente de él. Es, por tanto, único. Y si algo no acaba de coincidir con lo que parece es porque no admite ser descrito con esas palabras que, por defecto, pueden o podrían aplicarse a otras cosas. O por decirlo con precisión quirúrgica, la realidad no es cosa. Aunque las cosas tiendan a ser únicas —no hay dos Rochefort iguales—, las cosas solo podemos comprenderlas —al fin y al cabo, tratarlas— como un caso particular de un rasgo general o, cuanto menos, generalizable. Ahora bien, lo cierto es que si hay algo ahí es porque no sabemos —porque no podemos saber— qué hay, en definitiva, ahí. Todo se encuentra sometido al tiempo y, por tanto, no acaba de ser. Pero esto es así porque la realidad es solo una idea cuyo referente es siempre posible, nunca algo actual. No obstante, para mostrar este carácter faliido —inefable— de la realidad es necesario que fracase una y otra vez nuestra voluntad de apresarla. Decir antes de tiempo ese típico no sé qué decir tiene más que ver con el yo que muestra impunemente su ignorancia —como si esa ignorancia fuese más auténtica…— que con la realidad propiamente dicha.
