meditaciones cartesianas 24
enero 20, 2026 § Deja un comentario
Descartes, como es sabido, concluye, en sus Meditaciones, que hay tres sustancias… o realidades: la res cogitans , la res extensa y la res divina. Por tanto, está seguro de que hay el yo, un mundo de cuerpos y Dios. La pregunta es cómo puede haber tres realidades habiendo Dios. Pues, si Dios es infinito, ¿acaso Dios no sería el todo? Esta será, de hecho, la solución de Spinoza: si no hay otro saber que el racional, entonces tenemos que partir del todo. Esto es, hay el todo. O sea, Dios. Conciencia y materialidad serían, según Spinoza, expresiones de una y la misma realidad, algo así como las dos caras de una misma moneda… aunque, tratándose de Dios, aquí la moneda tendría infinitas caras. Hegel retomará está intuición, aunque a su modo, en el XIX.
¿Cómo es que Descartes, siendo algo más que perspicaz, se mantuvo, sin embargo, en su posición? No lo sé. Pero es posible que Descartes considerase la idea del todo como el índice de un procedimiento meramente formal, el de reunir, en el pensamiento, las tres sustancias. Kant, por su parte, dirá que la noción del todo no es más que una idea regulativa, algo así como un horizonte asintótico que la razón proyecta sobre cuanto es objeto de conocimiento —y el todo, ciertamente, no lo es: no hay el todo como pueden haber árboles o focas.
La confusión surge cuando presuponemos, por sentido común, que no hay otra realidad que la del mundo —y que eso es cuanto hay. ¿Cómo es que además, hay la realidad del cogito y la de Dios? De pensarlo bien, veremos que, desde la óptica de Descartes, no tiene sentido preguntarse dónde está el cogito o Dios. Pues, de haber un lugar, tanto el cogito como Dios ocuparían un espacio —y, por eso mismo, serían cuerpos—… y la realidad del cogito, como también la de Dios, no puede concebirse en términos espaciales. Así, el yo, como un continúo diferir del cuerpo que siempre le acompaña , no es ubicable. No es posible señalar al yo. Únicamente, lo que se le enfrenta, el objectum, en definitiva, las cosas del mundo. De ahí que el yo, en cierto sentido, no pertenezca al mundo. Me refiero, al fin y al cabo, a la dualidad sujeto-objeto que atraviesa el pensamiento moderno. La realidad del yo está, por así decirlo, más allá del mundo. Sin embargo, este más allá no deberíamos entenderlo necesariamente como el de otro mundo.
Paralelamente, nos equivocaríamos si comprendiéramos la infinitud de Dios como si fuera una especie de saco en el que todo cabe… y que nunca terminaremos de llenar. Por poco que pensemos, caeremos en la cuenta de que una realidad infinita posee un carácter negativo. Pues infinito significa no finito. Y lo no finito en modo alguno puede considerarse ente o cosa… en la medida que tan solo lo determinado —lo que muestra unos atributos— posee entidad y, en definitiva, una delimitación. Por consiguiente, lo no finito equivale a lo absoluto —en otros términos, a lo que es no siendo nada. Evidentemente, aquí nos alejamos de Descartes. Incluso podríamos aventurarnos a decir que si los tiros de Descartes no van en esta dirección es porque sus argumentos en torno a Dios tienen que ver con que Descartes no puede evitar, como creyente, entender a DIos también como ente, aunque sea supremo.
En cualquier caso, esta escisión entre lo absoluto y el mundo recuerda, sin duda, al hiato platónico. Podríamos decir que, con respecto a este hiato, Descartes añadiría el hiato entre el yo, en tanto que pura conciencia de sí, y la res extensa. Sin embargo, quizá no se trate propiamente de una añadidura. Pues, en el Platón de la madurez, la cuestión sobre qué es el alma se mantiene como una cuestión abierta. El alma no es, ciertamente, idea. Pero tampoco cosa.
Que el alma aspire a lo absoluto sería el síntoma, según Platón, de que el alma no es de este mundo: como si añorase una completud que nada de cuanto podamos ver y tocar proporciona. El mundo es la realización de lo absoluto. Pero, porque lo absoluto solo se realiza en su negación de sí, nada es por entero. Ahora bien, solo imaginativamente —y, por consiguiente, nunca en verdad— el alma puede entender su aspiración como si apuntara a los cielos. Y es que si lo absoluto —el Bien— se “encuentra”, en palabras de Platón, más allá de la esencia —y, por tanto, más allá de cualquier determinación—, entonces no es que sea, precisamente, ubicable. Platón está lejos de situar lo absoluto —el Bien— en un mundo espectral. En realidad, lo absoluto no se hace presente salvo como lo no presente —como lo que tuvo que desplazarse a un pasado anterior a los tiempos para que hubiera, precisamente, mundo y, por ende, tiempo.
Descartes se acercó a esta intuición, aun cuando no siguiese estirando el hilo. Pues si la contingencia del cogito, su limitación, es temporal —solo puedo estar seguro de mi existencia mientras pienso—, entonces la infinitud que se impone como el envés de la propia finitud tiene que pensarse también en clave temporal. De ahí que la infinitud de Dios sea, estrictamente, la eternidad… lo que se ajusta a lo que decíamos antes sobre el hecho de que Dios no puede ocupar un espacio —y si Descartes no sigue estirando este hilo es porque su Dios infinito es también, como decíamos, el ente supremo de la religión. Es como si jugara con dos barajas.
No obstante, conviene tener en cuenta que la eternidad, propiamente, no es un tiempo indefinido, sino la negación del tiempo. Y lo que niega el tiempo es el instante. En cambio, la realidad del cogito —la que corresponde a su certeza de sí— permanece constante por debajo del flujo del pensamiento —y porque sostiene dicho flujo es, literalmente, sustancial. Sin embargo, la certeza de sí depende de la memoria —de un poder decir quesigo siendo la misma sustancia pensante que hace un momento. Y esto es mucho fiar en el contexto de una duda radical… como se lo hicieron notar a Descartes sus detractores. Por consiguiente, la certeza de sí solo podría sostenerse, legítimamente, por un instante… con lo que desaparecería el mientras —el que posibilita, precisamente, la demostración de la realidad de Dios como la realidad de lo no finito. De hecho, en ese caso, la certeza tampoco podría ser de sí… al no haber duración. Y es que el de sí apunta, como decíamos, al yo que permanece sustancialmente —y, por eso mismo, invariablemente— por debajo del continuo temporal de las respesentaciones mentales, confiriéndoles unidad al soportarlas.
Más. aún: porque el mientras “desaparece” donde el yo cae en la cuenta de que su certeza de sí no puede basarse en la memoria, el instante del cogito coincide con el de Dios. Y de ahí a colocar el yo en el lugar de Dios —como hizo el idealismo alemán— media un paso.
fascismo y paternidad
enero 16, 2026 § Deja un comentario
Simple: la crisis de la figura paterna conduce, tarde o temprano, al regímen autoritario. Pues quien en cuentra a faltar al padre, se lo busca. Y esto tanto psicológica como políticamente. Al fin y al cabo, el carácter se construye como respuesta a la voluntad del padre —en torno a lo que un padre quiere de nosotros. El problema es que, donde no hay padre que valga, fácilmente podemos llenar esta hueco con un mal padre.
Las democracias solo pueden sobrevivir donde no renuncian a ejercer una firme autoridad —donde las líneas rojas permanecen muy visibles sobre la calzada. Esto es, donde los derechos están precedidos de los deberes. Donde priman los derechos —por ejemplo, en el campo de la educación— todo lo sólido de desvanece en el aire. Y primarán donde el individuo sea antes un consumidor que un miembro de la república. De hecho, ya lo vio Platón: la democracia sucumbe a la demagogia donde su ethos cede ante la presión del perspectivismo. Nada nuevo bajo el sol… salvo lo que se olvida.
no toda perspectiva
enero 15, 2026 § Deja un comentario
Es innegable que caben diferentes visiones. La cuestión es si todas valen por igual. Y la respuesta es que no… si hay algo que deba ser ver visto y que solo pueda verse desde un cierto punto de vista. Platón —y los que le siguieron— estuvieron convencidos que solo cabía un acceso racional a lo que debe ser visto. Al fin y al cabo, nuestras disputas morales terminarán midiéndose con lo que es en verdad, al margen, por tanto, de lo que pueda parcernos en un momento dado. Por ejemplo, si la guerra —que los hombres se maten entre sí— es o no inevitable, en definitiva, si el horizonte de una paz mundial acaso no será más que un whisful thinking.
Ciertamente, los perspectivistas sostienen que, con respecto a lo asuntos morales, no hay nada que ver —que no podemos trascender el horizonte de lo que nos parece, y que, por eso mismo, cualquier apelación a la razón a la hora de justificar una determinada opinión, en el fondo, es una racionalización, un como si dicha opinión se dedujera racionalmente. Sin embargo, según Platón, esta tesis es demasiado elemental. Pues lo es.
El problema, sin embargo, es que el ejercicio de la razón, tarde o temprano, terminará admitiendo el carácter dialéctico de lo real. No hay luz sin oscuridad. Si todo fuese luz, no habría luz. De ahí que el horizonte del deber moral o político sea la medida: qué cantidad de oscuridad debemos tolerar. Ahora bien, no hay razones que determinen esa medida… con lo que el debemos del debemos tolerar acaba siendo un podemos. Y esto es como decir que la medida se decide siempre desde el lado de la sensibilidad, de lo que nos parece tolerable. Y aquí uno podría preguntarse si acaso el último Platón no le dio la razón al sofista.
Con todo, Israel fue por otro lado. Pues la cuestión de Israel es a qué estamos obligados como sujetos… al margen de si cabe el bien sin el mal. Esta posibilidad se dejó en manos de Dios… lo que equivale a decir que nosotros, a lo nuestro. Y lo nuestro, según Israel, es la Ley de Dios: dar de comer al que no tiene el pan de cada día, ofrecer la otra mejilla… Punto. La incondicionalidad del mandato moral, la cual será puesta en modo racional por Kant, es una resultante del monoteísmo.
No obstante, el hombre de DIos no podrá evitar preguntarse, sobre la cima de los Gólgotas de la historia, si será verdad que todo se encuentra en manos de Dios. Y aquí la respuesta solo puede darse como esperanza, la cual está lejos de ser una mera expectativa o suposición.
Leibniz y Job
enero 13, 2026 § Deja un comentario
La respuesta de Leibniz a la pregunta sobre el porqué del mal es sabida: si el mundo responde a la voluntad de Dios y su hay una razón suficiente, no es posible un mundo mejor que el nuestro. Sin embargo, podemos precindir de Dios. O, cuando menos, del Dios del teísmo cristiano, el que imaginamos como un espectro bueno y omnipotente.. Pues basta con tener en cuenta qué significa que haya algo en vez de nada.
Y lo que significa es que nada es real que no se realice. Lo real debe realizarse —debe ser algo. Es decir, lo real absoluto es el Bien… en tanto que el Bien es lo que debe ser. SI hay mundo es porque lo real, en su carácter absoluto u otro, se realiza relativizándose, esto es, como perspectiva —como nunca por entero. Cualquier algo siempre incorporará, en consecuencia, una dosis de su contrario. El amor incluye en su seno las semillas de la muerte —de la tendencia a la posesión. La fidelidad, las de la infidelidad. La alegría, las del descontento. El ser, las de la nada. Y ello porque el deber ser de lo real —el Bien— se hace presente como esa exigencia de bien incrustada en cuanto es… en tanto que todo cuanto es, precisamente, es… porque el deber ser de lo real solo puede realizarse como negación de sí. Mejor dicho: esta negación de sí es el envés de lo real. Por tanto, no es que primero haya lo real y luego su negación de sí.
El libro de Job da fe de lo mismo. O la sentencia de Is 45,7.
levántate y anda
enero 12, 2026 § Deja un comentario
Está la caricia. Está Verónica y su trapo. Maria y sus ungüentos. Pero también, el taumaturgo que resucita a los muertos por el poder del padre. Esto es, de su mandato: levántate y anda. No te lamas las heridas. Pues el enemigo ya cruza nuestras puertas.
incomprensión
enero 11, 2026 § Deja un comentario
Hay dos tipos de lectores: el de quienes leen para entretenerse y el de aquellos que se enfrentan a una obra que les soprepasa, y que, por eso mismo —porque volverán a ella—, les hará crecer.
Sin embargo, vivimos en una época en la que, incluso en las escuelas, no está bien visto hablar de la necesidad de enfrentarnos a lo que nos supera. En su lugar, el descenso, la adaptación al gusto. Nada que objetar… si se trata de niños. El problema es que, en las etapas superiores de la formación, el presupuesto sigue siendo el mismo: como si siguiesen siendo niños. No sea que se disgusten donde constaten que, de momento, no están a la altura de la obra que deben leer o, mejor dicho, escuchar.
Los efectos políticos de la actual educación es que, una vez los clásicos devengan incomprensibles, no habrá modo de liberanos de la tiranía de la demagogia. A partir de ese momento, la única libertad será la de los monjes.
i
enero 9, 2026 § Deja un comentario
Lo real en tanto que absolutamente otro es irrepresentable. No, porque no podamos representárnoslo —no porque carezcamos de antenas para captarlo—, sino porque en lo otro, como tal, no hay nada que captar. Debería haber lo otro. De acuerdo. Pero no puede darse… como tal. Y esto es lo que cuesta de pillar. Por decirlo en breve, debería haber lo otro porque existir significa, cuando menos, un hallarse expuestos a su posibilidad.
Sin embargo, también es cierto que lo absoluto, desde su lado, por así decirlo, debe realizarse. Pues, de lo contrario, no sería. Nada real que no se realice. Sencillamente, de no realizarse lo absoluto, no habría el haber. Ahora bien, la realización de lo absoluto —de lo otro par excellence— es la existencia. Y lo que esto significa es que lo absoluto se realiza en su negación de sí. Esto es, en lo que se presenta en relación con (y, consecuentemente, como la pérdida de la alteridad). De ahí que lo absoluto permanezca como lo ab-suelto del mundo. Hay lo que hay porque el haber de lo absoluto —el carácter otro o ajeno de lo real— es, en sí mismo, lo abstracto , lo abstraído o restado del cuanto es. En definitiva, nada en concreto sino la imposibilidad de lo meramente posible. Por eso, la posibilidad de lo absoluto es su poder de hacerse presente.
Hegel dijo que nada más real que lo abstracto. Esta tesis sigue siendo, en buena medida, platónica. El último Platón, sin embargo, también comprendió, antes que Hegel, aunque a su manera, que el envés de lo absoluto es su retroceso a un tiempo anterior a los tiempos, es decir, su trascendencia, la cual se ubica más allá del todo… como puro deber ser —como Bien. De ahí que el Bien sea no siendo aún nada. O que la creación sea, necesariamente, ex nihilo. Pero esto último supone ir un poco más lejos que donde se detuvo Platón.
desde dentro, desde fuera
enero 8, 2026 § Deja un comentario
Las Goldberg, pongamos por caso, no son las mismas para el oyente que para el intérprete. Este último, sin duda, las comprende mejor. La piel que acaricia el amante no es la misma que la que se ve al microscopio. Lo único que permanece invariable es el algo ahí. Pero por eso mismo, no es nada en sí. Mejor dicho, aún no es nada.
parafraseando a Jean Paul
enero 7, 2026 § 1 comentario
En el mundo de la fe, el sonido —la voz— llega antes que la luz.
ojos que no ven…
enero 6, 2026 § Deja un comentario
Parece que unos cuantos gamers fueron contratados por el ejército de los EUA para manejar los primeros drones que entraron en combate en las guerras de Oriente. Los gamers se limitaron a seguir jugando.. Sin embargo, en este caso, el objetivo fueron hombres y mujeres de carne y hueso. No lo sintieron así. La distancia emocional fue infranqueable. Probablemente, hubieran sido incapaces de cumplir con el objetivo de haber utilizado un cuchillo de campaña.
Con todo, lo cierto es que, se cual sea la distancia, se trata de lo mismo, aun cuando no nos los parezca: le hemos quitado la vida a un hombre. No hay que remontarse a Platón para sostener que el cuerpo no es de fiar a la hora de ir a por lo que en verdad está teniendo lugar entre lo que simplemente pasa. De ahí la importancia de la reflexión —de un volver sobre uno mismo.
Ahora bien, la reflexión simplemente nos permitirá saber que estamos ante lo mismo, pero no caer en la cuenta. Esto es, la reflexión no basta para incorporar sus resultados —para modificar la sensibilidad, para alinearla con lo que vemos con la mente. Pues incorporar supone hacer cuerpo de lo que, inicialmente, solo capta la inteligencia. Para esto es necesario recurrir al lenguaje del cuerpo, el que emplea las imágenes, los símbolos, el relato. De hecho, los gamers también tenían unas imágenes de su lado. Los muertos no fueron hombres: fueron ratas, escarabajos, gusanos. Todo imaginario es político.
De ahí que Platón, en su República, distinguiera entre mitos verdaderos y mitos falsos. Y no porque los mitos verdaderos se ajustaran a los hechos —Platón no fue un ingénuo—, sino porque estos reman en la dirección de la verdad que alcanzamos a través de la reflexión, una verdad que, debido a su carácter paradójico, no vamos a poder incorporar como quien no quiere la cosa. En este sentido, tampoco es casual que en cualquier cultura haya tabús. Pues si en ningún caso debemos matar al prójimo, sea bueno o malo, mejor que sintamos un terror visceral a hacerlo antes que dejarlo en manos del agrimensor que llevamos dentro.
Ahora bien, de lo anterior se desprende que para el sujeto de la reflexión la relación con el mito verdadero será, inevitablemente, irónica. Y más si gobierna —aun cuando, quizá afortunadamente para él, esto sea improbable, por no decir, inviable. Y será irónica porque sabe que el mito verdadero es, precisamente, verdadero, a pesar de que, de hecho, no sea así.
paradojas modernas
enero 5, 2026 § Deja un comentario
El individuo moderno se dice a sí mismo: no soy más que una máquina. Sin embargo, para poder decírselo ha de ser más que una máquina —un continuo diferir de la máquina que se es. También: no soy más que un chimpancé… solo que más listo. De acuerdo. Pero para poder decirlo, antes ha de ser un problema para sí mismo. Y un problema que no resuelve diciendo que es un chimpancé. Aunque tampoco diciendo, por ejemplo, un ser de luz. Ya se vio en su momento: más bien un entre —entre la bestia y el ángel.
el infantilismo de Nietzsche
enero 2, 2026 § Deja un comentario
Según Nietzsche, la perspectiva no lo es de algo. Este sorpaso, tan lógico, de la perspectiva a la esencia es, en el fondo un error. Pues detrás —o por encima, o por debajo— no hay nada. La misma noción de apariencia se disuelve como el azúcar en el café donde nada hay que deba aparecer. La vida es adjetivo sin sustancia —y por eso mismo, ni siquiera adjetivo, sino tan solo la fugacidad de lo sensacional. Evidentemente, aquí no hay nada que comprender. Únicamente, cabe sumarse al juego, bailar, ponerse a saltar las vallas. Y sin remordimientos.
Ahora bien, la metafísica ya dio cuenta, y desde sus inicios en Platón y Aristóteles, de la vacuidad de la sustancia primera. Y quizá por eso mismo, la exaltación nietzscheana de la dispersión nihilista pueda entenderse como un modo de evitar enfrentarse a un nihilismo aún más radical: el del Bien más allá de la esencia. O en bíblico, el que experimento Jakob en Peniel. O el crucificado en el Gólgota. Ante el silencio de Dios —ante su vaciamiento— no todo es ponerse a bailar.
lo trascendente y el símbolo
enero 1, 2026 § Deja un comentario
Algo es algo más que. Por ejemplo, el mechero que perteneció a papá. Así, ese mechero es más que un mechero. Y este más no solo tiene que ver conmigo. No es como la madalena de Proust —no es simplemente un evocador. Tiene que ver con mi padre, que ya murió. En cualquier caso, creeré que solo tiene que ver conmigo, con mis recuerdos o emociones, cuando la alteridad no juegue ningún papel —cuando haya olvidado que existir supone estar referido a lo imposible de una alteridad tot court. Para quien carga con lo que supone la existencia, lo presente apunta inevitablemente a lo que se sitúa más allá del presente, sea el Altísimo, un pasado irrecuperable, ese futuro inalcanzable. Y por eso, todo se halla cargado de significación. O lo que es lo mismo, del misterio que no cabe resolver.
Hoy, sin embargo, en vez de significado, únicamente la implicación. De lo que no somos quizá tan conscientes es que la cosificación del mundo implica también nuestra cosificación. Y quien dice cosificación dice sumisión. Aunque de vez en cuando nos dé alguna rabieta, provocando, de paso, la ilusión de que formamos parte de la resistencia. Sin embargo, la reacción nunca fue una respuesta.
ante el árbol
diciembre 30, 2025 § Deja un comentario
Recuerdo una conversación con Richard Gassis, jesuita ya fallecido, en la que me decía, con sentida convicción, que el árbol que teníamos enfrente nos lo había puesto Dios para que nos diera sombra. Esa conversación provocó en mí una honda conmoción… a pesar de su carácter elemental. O por eso mismo. No por su contenido, sino por su corporalidad. Sin embargo, la pregunta es si, de hecho, es así.
La respuesta es no. Pues, como dijera Bonhoeffer, un DIos que existe, no existe. Ahora bien, quizá la pregunta sea si es verdadera, a pesar de que no haya hechos que la confirmen —ni pueda haberlos. Y aquí la respuesta es sí. Sin embargo, para comprender su porqué hay que ir más allá de los hechos. Pues la convicción de Gassis es verdadera como es verdad que la amada le ha robado el corazón al amante. Y lo es porque su pasión es más que un mero chute hormonal.
Con todo, este más no remite a otro mundo, algo así como un trasunto big size del que nos ha tocado en suerte, sino a la nada —a su inherente paradoja. La rosa es sin porqué, dijo el Silesius. Y lo es porque su horizonte es, en realidad, el de la negación de sí que es inherente a la nada —a la nada de Dios. Desde este horizonte, todo nos ha sido dado —todo deviene aparición, milagro, extra-ordinario. Pero por eso mismo, también extraño.
Así, es verdad que ese árbol fue puesto por Dios. Pero no porque, de hecho, sea tal y como es dicho, sino porque todo es gracia. Y es que para interiorizar en el dia a día el sin porqué —para incorporarlo— no podemos evitar, como seres de carne y hueso, el uso de las figuras de la imaginación: hay alguien ahí arriba que…
PS: El imaginario es una trampa —una que nos impide alcanzar la boca de la caverna — donde aún estamos de ida. Deja de serlo, donde estamos de vuelta. Pero, en ese caso, su uso será, forzosamente, irónico, que no cínico. Como el que hace un hombre del te quiero cuando se declara a una mujer… sabiendo que eso aún no es posible, pero siendo consciente, a la vez, de que tiene que decirlo antes de tiempo para que pueda tener lugar… en el mejor de los casos. Se trata de la sinceridad del buen actor, el que asume un papel, sabiendo que él es más que el papel que representa —y, por eso mismo, ese más se traslada, precisamente, a ese papel.
acercamiento y distancias
diciembre 29, 2025 § Deja un comentario
Qué sean las cosas en concreto depende de la distancia desde la que las observemos. ¿Qué es, pongamos por caso, una piel? No será lo mismo para el amante que la acaricia que para la bacteria que la habita entre sus pliegues. Tampoco para el dermatólogo. Para este una piel siempre será una pielsana o, por el contrario, enferma. Y si nos situamos en la distancia del dios —la distancia teórica par excellence—¿acaso la tierra en su conjunto no nos parecerá apenas una mota de polvo? Un dios ¿distinguirá la vida de los hombres de, por ejemplo, la de las hormigas? Ninguna visión está más cerca de lo real. Toda perspectiva es de lo real. Pero solo en tanto que lo desdibuja al, precisamente, dibujarlo.
Con todo, hay una pregunta que hace posible la cercanía, aunque, de hecho, se trate de la más lejana, a saber: ¿en qué consiste que algo sea?; es decir, ¿por qué el ente y no, más bien, la nada? Esta es, como es sabido, la pregunta de la metafísica. Aquí, propiamente, no habrá perspectiva… ya que la respuesta no admite una representación que podamos aceptar. Únicamente, concepto o, mejor dicho, su entramado, el texto. De topar con el ser en cuanto tal, en definitiva, con un puro haber toparíamos con la nada —y con una nada que es… no pudiendo ser nada. Esta impotencia es, en realidad, el mayor poder. Y con respecto a este asunto, como decíamos, no hay representación que valga…. salvo, quizá, la que proporciona el mito. Pero esto equivale a decir que la única representación adecuada es la delirante. Al fin y al cabo, lo posible se asienta sobre lo imposible. Y quien no lo comprende, no es que no comprenda nada, sino que jugará a favor de la nada. Aun cuando lo ignore.
capital
diciembre 28, 2025 § Deja un comentario
El capitalismo no tiene escrúpulos. Si hay negocio, entonces tira recto. Así, por ejemplo, si lo hubiera en la venta de replicantes que se ajusten a nuestra demanda de tener un confidente , habrán replicantes para dar y vender. Al fin y al cabo, muchos prefieren la compañía de sus mascotas. Pues una mascota siempre está a favor. Esto es, si hay negocio en encerrarnos en un mundo virtual, alguien lo hará. Aun cuando terminemos idiotizados. Que fuese ilegal es lo de menos. Pues la ley no afecta a la naturaleza del capitalismo. Los cárteles de la droga son como, pongamos por caso, las farmacéuticas, solo que trabajan en la sombra. Y en sucio.
ser y lenguaje
diciembre 27, 2025 § Deja un comentario
No comprendemos la naturaleza del lenguaje mientras lo pensamos desde su función, esto es, como código o sistema de signos. Como escribiera Nietzsche, no nos libraremos de Dios hasta que no nos liberemos de la gramática. Y es que es en el lenguaje donde anida nuestra esencial exposición a una alteridad que no es nada en sí misma, sino, en cualquier caso, pro-vocación, el hágase más originario.
En este sentido, habría dos nihilismos, aunque diferentes de los que puso Nietzsche sobre la mesa. El primero sería el positivista, el cual solo ve cosas, nada más; el segundo, el de quien asume qué significa existir. Y con respecto a este último nihilismo, cualquier salida solo puede darse como fe en lo imposible. Y es que nada más imposible que lo más real, a saber, lo absolutamente otro que, en su hundimiento, funda el mundo. El cristianismo, como sabemos, concibe esto último como el amor de Dios. Pero este es otro asunto.
en manos de o arrojados
diciembre 26, 2025 § Deja un comentario
Es interesante el giro heideggeriano con respecto al sentimiento de hallarse en manos de, el cual, según Schleiermacher, constituía el envés del sentimiento de dependencia que sostenía la existencia creyente. En este giro, de hecho, se consuma el abandono moderno del poso cristiano, el cual ya anticipó Hegel, y con sarcasmo, al destilar la intuición que esta en la base de su pensamiento diciendo que, si fuera así, el perro tendría la fe más perfecta. Así, Heidegger propone, en lugar de un hallarse en manos de, el sentimiento —fundamental y, por eso mismo, insustituible— de un estar arrojados. No es exactamente lo mismo. Pues el experimentar la propia existencia como un haber sido arrancados sin que haya un de qué no equivale a experimentarla como estando en manos del Padre.
Aquí, ciertamente, podríamos hablar de secularización. Pero con este término, por lo común, se da a entender que, en el fondo, seguimos hablando de lo mismo… aunque sin admitirlo. No lo tengo tan claro. Pues también podríamos decir, siguiendo la estela de la moderna Ilustración, que el mito, más bien, supone una anticipación, deformada por su simbolismo, de una lucidez que se atreve a exponer crudamente lo que el mito amagaba con sus figuras aún demasiado humanas.
Frente a esta disyuntiva, el monoteísmo de Israel se alza como un tertium a tener en cuenta. Pues, para Israel, ni Dios se deja encerrar en las figuras de la religiosidad más espontánea, con lo que, en sí mismo, se encuentra más cerca del nadie que de cualquier dios campesino; ni el estar arrojados se comprende al margen de la promesa. Aunque esta apunte a lo imposible.
ver asombro
diciembre 23, 2025 § Deja un comentario
El mundo es muy extraño. Tan digno de asombro como de repudio. Sin embargo, tan solo percibimos la repetición, la costumbre, el para mí. Todo es aparición. Pero existimos alejados de lo verdadero —de cuanto tiene (el) lugar. Como bestias que buscan el ajuste, el éxito reproductivo, la madriguera.
lectio
diciembre 20, 2025 § Deja un comentario
Este es un fragmento de un poema que escribió el joven Hegel a su amigo Hölderlin:
Por eso tú no vivías en sus labios.
Su vida te honraba. Y todavía en sus actos vives. ¡También esta noche, sagrada divinidad, te he entendido, a menudo te revela a mí la vida de tus hijos, y como alma de sus actos yo te presento!
Tú eres el acto sensato, la fe sincera que, divina, aunque todo se derrumbe, no vacila.
¿Cómo leerlo? Esto es, ¿cómo no limitarse a deletrear? También podríamos preguntarnos cómo leer, por ejemplo, a Homero o a Dante. Su mundo hace tiempo que dejó de ser el nuestro. Y esto significa que las palabras de ese otro mundo están lejos de conmovernos espontáneamente. Leer con notas al pie no basta. Pues no se trata solo de situar el texto en el contexto.
Al fin y al cabo, esta es la cuestión que Platón pone encima de la mesa con su Fedro, la de la relación entre escritura y oralidad. Y es que, para cualquiera que esté un poco rodado con esto de la lectura de los clásicos, resultará evidente —o casi— que la actitud debe ser la de quien escucha, la actitud del discípulo. Al menos, porque la pregunta que preside la lectura seria no es la del crítico, sino la de quien se dirige al autor diciendo qué has visto tú que nostros aún no hemos visto, lo cual no excluye la crítica. Pero esta es siempre posterior y abierta al diálogo. De lo contrario, corremos el riesgo de presentarnos como perfectos imbéciles. Un autor es alguien que ya ha vuelto. Y, por eso mismo, el punto de partida es elrespeto. Y quien dice respeto, dice mantener la distancia. Quizá no sea casual que autor, literalmente, signifique el que (nos) autoriza. Y quizá también sea cierto que no sea posible comprender a un autor donde ya no sabemos qué hacer con la figura del padre. Un autor nos juzga. Por consiguiente, quien, de modo arrogante, se atreve a decir que Shakespeare es basura no está hablando de Shakespeare, sino de sí mismo, de su inferioridad.
Creo, por tanto, que no es posible leer a los clásicos sin recuperar la oralidad que hay detrás —sin imaginar que estamos en medio de la escena escuchando que nos están diciendo lo que en estos momentos no podemos más que leer. Algo perdimos cuando, hacia finales del imperio romano, se dejó de leer en voz alta —se dejó de escuchar lo escrito.
Estos versos de Hegel son una buena ocasión para poner a prueba lo anterior… aun cuando no me atrevería a decir que, como poeta, habite en el Parnaso. Como es sabido, el romanticismo alemán posee una impronta religiosa. Y no porque sus poetas crean, sino porque, a diferencia de los ilustrados, lamentan que ya no sea posible creer. El romanticismo alemán —y con este, el idealismo— fue una toma de conciencia de lo que dejamos atrás con la mayoría de edad. Así, podemos imaginar que estamos con el joven Hegel en una taberna de Tubinga, y que, tras levantarse y con una ligera ebriedad, se dirige a Hölderlin para espetarle, no sin ironía: Tú eres el acto sensato, la fe sincera que, divina, aunque todo se derrumbe, no vacila.
Y digo con ironía, no porque Hegel no crea en lo que dice, sino porque, precisamente, lo cree… sabiendo que ya no es posible seguir creyéndolo. O, cuando menos, creerlo como antes.
la distracción
diciembre 19, 2025 § Deja un comentario
Uno de los efectos laterales de la muerte de Dios es habernos quedado sin un lenguaje para, cuando menos, expresar la oquedad abisal de la existencia. Así, el individuo moderno fácilmente creerá que es profundo donde simplemente experimenta la confusión, el aún no saber qué hacer consigo mismo, la indecisión, la colisión de deseos incompatibles. Ciertamente, aquí hay más profundidad que en una existencia ocupada a tiempo completo en las ofertas del super. Pero los meandros de la subjetividad no dejan de resultar ridículos ante la posibilidad de que prevalezca el No. Ningún temor o temblor ante la posibilidad de la aniquilación —del exceso más extremo, el que supone el vaciamiento de Dios. Pues la muerte de Dios es un infantilismo donde se contrapone a su negación de sí.
perfectio (1)
diciembre 18, 2025 § Deja un comentario
El haber, en cuanto tal, no es (nada) sin el haber de las cosas. Sucede aquí algo parecido a lo que podemos decir con respecto a la relación entre la conciencia de sí —el yo— y el cuerpo con el que se identifica: que el yo es no siendo aún nadie sin el cuerpo; ahora bien, si el cuerpo es de alguien es porque hay un yo ahí. La identificación con el propio cuerpo tiene lugar a través de la negación de sí que expresa la voluntad del yo de llegar a ser reconocido: yo no soy nadie… y quiero ser alguien. Sin embargo, no hay que entender lo anterior como si el yo precediese al cuerpo en el tiempo. De hecho, se trata de un círculo —mejor dicho, de una cinta de Moebius— , el que traza el desarrollo de la subjetividad… y que podemos cortar por donde nos plazca… cuandoque nos preguntemos por una explicación —una historia—, la cual siempre será relativa al corte. De ahí que quepan diferentes historias. Una cinta de Moebius no se explica: se constata. O mejor dicho: cualquier explicación es irrelevante. Pues no da cuenta de la realidad a la que apunta. No hay génesis si no es en relación con la nada.
Paralelamente, si hay el haber de las cosas es porque hay el haber… aun cuando el haber en cuanto tal no sea nada en concreto, sino su negación de sí —una negación inherente a que la nada no sea—, la que constituye el mundo. La nada no es nada… ni puede serlo. Por tanto, debe ser su contrario, el mundo. Que la nada no sea nada —ni pueda serlo— es el Bien. Por defecto, lo real se realiza. Nada es real que no se realice. Es decir, la nada es real en tanto que se realiza. Pero —y en ello reside la clave de este asunto— se realiza en su negación de sí y, por eso mismo, como mundo.
Con todo, la negación de si de la nada se conserva en su realización como mundo —y porque el mundo es su realización. Todo es de nada. O dicho de otro modo: que nada termine de ser obedece a que la nada termina de ser —se realiza— como la totalidad de lo que hay. Se trata, obviamente, del tiempo. Todo se encuentra sometido al tiempo porque el todo es la realización de la nada. En definitiva, ser y nada —luz y oscuridad, bien y mal, vida y muerte— son dos caras de lo mismo. Pues tiempo significa que lo que hay es en la dirección de su contrario.
Frankenstein vs Elohim
diciembre 16, 2025 § Deja un comentario
La posibilidad de que los humanos creen un ente de inteligencia inconmensurablemente superior —el hecho de que procedemos de bacterias que, como tales, no dejan de ser idiotas— ¿acaso no abre la posibilidad de que el creador sea, en realidad, inferior a su criatura? La pregunta es, en el fondo, retórica.
Ahora bien, en ese caso, el creador no sería DIos. Pues Dios, por defecto, nos excede por entero. Y no me refiero a que sus rasgos sean algo así como más de lo mismo —la diferencia con lo divino no es la de lo gigantesco. Pues, de ser así, ese dios aún no sería Dios, sino un ente supremo. Me refiero a que el exceso de Dios es el del nadie aún. Y aquí ya no hay proporción.
meditaciones cartesianas 23
diciembre 14, 2025 § Deja un comentario
¿En qué consiste el giro del pensamiento moderno, el que inicia René Descartes, con permiso de la alta escolástica? Lo que suele decirse es que la primera cuestión, la que da pie a la reflexión radical, ya no será en qué consiste que algo sea, sino cómo podemos asegurar la verdad de lo que decimos. O en otra clave, la actitud de la sospecha precederá a la del asombro. Es como si el cirujano, antes de ponerse a operar, quisiera ver hasta qué punto los bisturíes están lo suficientemente afilados. Traducción: hasta qué punto los medios con los que contamos para llegar a la verdad —los criterios, a saber, la sensibilidad y la razón— son lo suficientemente fiables. Y lo serán si son capaces de garantizar que nuestras afirmaciones sobre cuanto nos rodea no admiten ningún género de duda. Esto es, si pueden proporcionar certezas. Como sabemos, la pregunta por la fiabilidad de los criterios de verdad es la pregunta escéptica por excelencia —y también, como sabemos, la tesis escéptica es que no hay modo de garantizar dicha fiabilidad, esto es, que en modo alguno cabe rebasar el horizonte de la creencia, la suposición, la opinión… aun cuando, por lo común e ingenuamente, las demos por ciertas, es decir, las aceptemoscomo si lo fueran. El giro de Descartes será la respuesta al desafío escéptico. Ahora bien ¿cuáles son las implicaciones de dicho giro?
De entrada, quien se pregunta por la fiabilidad de los criterios de verdad no se enfrenta en primer lugar al acontecimiento, al hecho de que haya algo en vez de nada, sino a sus representaciones mentales acerca de lo que hay. Esto es, no se expone al hecho de que haya, pongamos por caso, un árbol ahí, sino a su idea —o si se prefiere, su afirmación— de que hay un árbol ahí. Así, no estaríamos en contacto directo con el mundo, sino con nuestras representaciones mentales del mismo. Con ello, la noción de verdad ya no se entenderá, en primer lugar, como equivalente al acontecimiento —a la presencia o presente de lo real—, sino como correspondencia entre nuestras representaciones mentales de los hechos y, precisamente, los hechos. De ahí que la cuestión sobre la fiabilidad de los criterios de verdad se entienda como primera cuestión.
Ahora bien, el paso no es inocente. De hecho, es algo así como un truco. La pretensión de Descartes a la hora de abordar la pregunta por la posibilidad de alcanzar lacerteza —el saber— es la de partir de cero, esto es, la de no dar nada por supuesto. Sin embargo, en el momento en que el punto de partida no será el que haya algo ahí, sino nuestras representaciones de algo ahí, el resultado no podrá ser otro que el de la primacía del cogito. Es decir, admitir la posibilidad de que las representaciones mentales no den en el clavo —al fin y al cabo, admitir la posibilidad de que dichas representaciones estén solo en nuestra mente— presupone implíctamente lo que, en el contexto de las Meditaciones, se expondrá como el resultado del ejercicio metódico de la duda. En definitiva, podríamos decir que este ejercicio concluye lo que presupone… lo cual cae en la circularidad tautológica. Y si esto es así —que lo es—, entonces dicho ejercicio no deja de ser un espléndido ejercicio de retórica. Aunque se vista con los oropeles de la demostración rigurosa.
La retórica, sin embargo, continúa. Pues Descartes se verá obligado a admitir que la conciencia de sí no es posible sin una referencia a la exterioridad, al puro y simple ahí. Efectivamente, la finitud del cogito, el que Descartes solo pueda estar seguro de su existencia mientras piensa, exige como su envés el más allá de la conciencia, el afuera o puro ahí. Pues, por defecto, si hay límite, hay un más allá del límite, aun cuando no podamos decir en qué consiste —aun cuando no podamos decir que sea un mundo. El puro ahí no puede darse, por tanto, como el objeto de una representación que quepa poner en cuestión. Es, por el contrario, el punto de partida del pensamiento… lo que Descartes, de facto, rechaza. La conciencia es, inevitablemente, conciencia de algo. Y por eso mismo, ese algo es el índice de una exterioridad que no cable poner contra las cuerdas como tal. Es verdad que Descartes nunca pone en cuestión que haya el ahí. Pero también lo es que muestra su necesidad… en relación con el cogito. Según Descartes, el puro ahí —el afuera, aún sin mundo— será primero en el orden ontológico —en el orden de lo real—, pero no en el epistemológico —en el orden del conocimiento. Y este acaso fuese el paso más decisivo. Pues, por el camino, el puro ahí perderá su carácter absoluto o ab-suelto. Es decir, originario.
¿Qué le hubiera dicho Platón a Descartes? “Haber comenzado por (el) ahí”. Pues, aun cuando nuestras ideas sobre el mundo —sobre las cosas que hay— pudieran revelarse como un completo error, la división entre el ahí aún sin forma —la pura exteriordad— y su hacerse presente en perspectiva seguiría siendo fundamental, esto es, anterior. Y por eso mismo, es lo que hay que pensar antes que nada. De hecho, de hacerlo, va a ser la misma perspectiva —la apariencia—, incluso siendo adecuada, la que se revelará como ilusión. Así, una vez Descartes, a través de la idea de Dios, llega a la conclusión de que hay lo ilimitado de un ahí debería haber vuelto a Platón. El truco consiste, precisamente, en no haberlo hecho. Es lo que tiene convertir las apariencias en representaciones mentales —en entenderlas en primer lugar como contenidos de la conciencia, antes que como un hacerse presente de lo real-absoluto.
Y de ahí a la muerte de Dios media un paso. A pesar de las demostraciones con las que Descartes intentó garantizar su existencia. Pues que esta tenga demostrarse ante el tribunal de la razón ya sugiere, cuando menos, que lo demostrado no será, en realidad, Dios.
el ethos griego
diciembre 13, 2025 § Deja un comentario
Al fin y al cabo, los griegos fueron muy simples a la hora de hablar sobre la mejor manera de vivir: que no te pueda lo que no importa. Pero para eso hace falta, sobre todo, lucidez. Y en eso, los griegos la clavaron. También la clavó Israel. Pues, a diferencia del cristianismo, el cual exalta al carbonero, para un judío no es posible la santidad sin sabiduría, la cual no habita, a pesar de los rumores, una torre de marfil.
el verso y la glosa
diciembre 12, 2025 § Deja un comentario
Hay un verso de Hölderlin que dice, más o menos, así: Perdónanos, Platón: te hemos traicionado. Así, leído como quien no quiere la cosa, no diríamos que estemos ante un gran verso. No hay giros, sorpresas semánticas, metáforas afortunadas. Es demasiado simple… hasta el punto de parecernos una boutade, una ocurrencia. Sin embargo, la profundidad de este verso resulta estremecedora… pàra quien sepa que pensó el que tuvo las espaldas anchas. Pues basta con imaginar que alguien nos dijera, precisamente, esto: hemos traicionado a Platón. Y nos lo dijera con esa sencilla gravedad que confiere a las palabras el peso de lo verdadero. El efecto emocional sería parecido al que experimentaría un creyente judío que cayera en la cuenta de que es posible que, sus antepasados, hubiesen crucificado realmente al Mesías, y no únicamente a un impostor.
Quizá fuese por este motivo que Platón desconfiase de la escritura. Pues, probablemente, la verdad —mejor dicho, nuestro compromiso con ella— necesita de una voz. Dar la palabra por escrito es darla sobre un papel. Y los papeles, tarde o temprano, terminan cogiendo humedad. Aunque también fue consciente de que, para conservar la voz de Sócrates y tras la desaparición de los rapsodas, era necesario glosarla a través de, precisamente, la escritura.
El posible que, cerca del final, topemos con lo verdadero, a pesar de su carácter paradójico o extraño. Pero también lo más probable es que nadie lo entienda. Y no porque sea complicado o difícil de entender, sino porque lo obvio es, por defecto, lo obviado.
Hume y la compasión
diciembre 11, 2025 § Deja un comentario
La cuestión es si la mirada del otro simplemente nos conmueve o, también, interpela. Realmente. Ahora bien, si fuese esto último, entonces debemos responder —y no tan solo reaccionar emocionalmente. La cuestión es por qué debemos. —por qué, en definitiva, esa mirada nos juzga.
Israel lo tuvo claro desde el principio —o casi: la aparición y el deber de preservarla de la profanación —al fin y al cabo, de nuestra impiedad o indiferencia— son las dos caras de una misma moneda. Aquí, no hay simetría que valga. Y lo que esto significa es que el punto de partida —aquello que, por defecto, se asume existencialmente como indiscutible— no es la autonomía, sino una extrema heteronomía.
Esto es lo que, al fin y al cabo, quiso decirnos Emmanuel Levinas. Y con ello no se limitó a exponer una opinión —un me parece que es así. Más bien, un es así… aun cuando no nos lo parezca. De ahí que, tarde o temprano, tengamos que pelearnos con la metafísica —con la necesidad de alcanzar una cierta lucidez.
la autoridad de la escritura
diciembre 10, 2025 § Deja un comentario
Hay en la escritura profana un resto de escritura sagrada. Y no —o no solo, al menos, en la literatura premoderna— por los temas. La palabra escrita arrastra el carácter incuestionable de lo pronunciado. Y queda como si fuese una sentencia dictada por un juez: queda dicho. Al fin y al cabo, sentencia, pronunciamiento, juicio… son términos que proceden —o asume— el ámbito judicial, siendo, además, intercambiables. El verbo ser —y su sustantivación— contribuye, y decisivamente, al efecto. Pues quien dice es dice permanecer. Incluso cuando sostiene que nada permanece. Pues, en ese caso caso„ lo que permanece es que todo lo sólido se desvanece en el aire.
De ahí que a la hora de leer no estaría de más imaginar que el autor no deja de ser un cualquiera, aunque con una particular habilidad, alguien que no termina de saber de lo que habla. Ahora bien, de hacerlo, tampoco caeríamos en la secularización. De hecho, todo lo contrario.
nihilismo profético
diciembre 9, 2025 § Deja un comentario
Es posible que aún estemos un tanto lejos —y quizá tenga que ser así— de comprender la crítica profética al falso dios. Por lo común, suele decírsenos que los ídolos nos entregan a la codicia, el narcisismo, a la bestia que llevamos dentro. De acuerdo. Pero no deberíamos olvidar que, por defecto, todo dios es terrible. Incluso Yavhé. De ahí que Baal no sea solo un dios maligno. Es, sencillamente, un dios. Y, por ello, exige sacrificios. A más poder, más sacrificios.
La revolución del profetismo consistió, según mi parecer, en desplazar la divinidad al territorio de lo inaccesible —Yavhé es el Altísimo—, hasta el punto de convertir la Creación en su única huella. Es como si los profetas nos hubiesen liberado de la religión… para, en su lugar, hacernos responsables de la presencia de Dios. Excesivo, sin duda, para quienes prefieren contar con un dios de su parte.
Israel y el nihilismo
diciembre 6, 2025 § Deja un comentario
Decíamos: nihilismo significa que, desde la óptica de un tiempo sin final, da igual una operación de exterminio que la sonrisa inocente de un niño. Otro asunto, obviamente, es que no nos lo parezca. Pero que no nos lo parezca no significa, y con igual obviedad, que no sea así. El movimiento de las galaxias seguiría imperturbable etsi homo non daretur.
Ahora bien, probablemente Jerusalén fue más lúcida que Atenas con respecto a este asunto. Pues Israel intuyó lo siguiente: que la vida nos ha sido dada desde el horizonte de la nada, del retroceso de Dios; y que, por esos mismo, debemos preservar la vida en nombre de Dios, esto es, en su lugar. Israel no se atreve a proponer un sentido que dote de sentido al cumplimiento del deber. Israel no dice: hay que cumplir la Ley porque solo de este modo alcanzaremos la dicha moral, sino hay que obedecer por obedecer…. y luego ya entenderemos. Pues vida y obediencia son las dos caras de una misma moneda. Kant fue, en el fondo„ un converso.
Por tanto, que el nihilista sostenga que la existencia carece de sentido —que no hay meta— apenas importa. Simplemente, porque el tema no es que la vida tenga o no sentido, sino qué hacer una vez caemos en la cuenta del acontecimiento. El resto no se decide desde nuestro lado. Si es que se decide..
compasión y justicia
diciembre 5, 2025 § 4 comentarios
El homeless que te agrede… porque no le das el cigarrillo que te pide no provoca tu compasión. Más bien, lo contrario: el rechazo, por no decir la violencia sanitaria. Y sin embargo, su provocación es su acusación. Él merece justicia. Aun cuando no merezca nuestra lástima. Y la justicia es política.
Otro asunto es la disposición cristiana a ponerse a su servicio. Ahora bien, lo más probable es que suceda lo que le sucedió a Pere Claver: que el esclavo que redimió terminó tratándole como a un perro: mendrugos de pan, las sobras, para el jesuita, .
Pues bien, ¿qué significa nihilismo? Ninguna victoria para Pere Claver. Desde la óptica de una eternidad sin juicio, hubiera dado igual que se hubiera dedicado al tráfico de esclavos.
el haber y el yo
diciembre 4, 2025 § Deja un comentario
¿Puede haber el haber sin un yo que dé testimonio? ¿Puede haber oscuridad y silencio absolutos donde no hay quien los sufra? También el obispo dijo aquello de esse est percipi. El haber absoluto —el puro haber— es lo que tuvo que retroceder para que hubiera el haber de las cosas —para que hubiesen los mundos. De acuerdo. Pero es que incluso la posibilidad de un haber sin sujeto —la posibilidad de la aniquilación— es para alguien
De ahí al idealismo de Fichte media un paso: lo absoluto es el Yo. Ahora bien, se trata de un absoluto que no tendrá más remedio que admitir que lo absoluto o, literalmente, absuelto esta fuera de sí. Pues no hay Yo sin la nada que lo niega. En este sentido, Hegel quizá fuese más perspicaz… al entender la nada del en sí como, precisamente, sujeto. Y lo que esto significa es que no hay (la) nada sin nada.
2001: Odissey
diciembre 3, 2025 § Deja un comentario
El final es irracional… para nosotros. Pero porque es, precisamente, para nosotros tiene que amagar una racionalidad —una explicación. De ahí que la busquemos. El libro de Arthur C. Clarke Clark en el que se basa la película la da. Pero imaginémonos que no fuéramos capaces de dar con ella. En ese caso, eso seguiría siendo un ahí hay, aun cuando no fuese un mundo.
Es posible que permanezcamos en la ingenuidad donde pretendemos seguir dando cuenta de nuestro lugar en el cosmos buscando un mapa mental, un modelo, una consistencia. Pues todo comienza una vez topamos con la inconsistencia, el absurdo, en no ha lugar —la utopía, la cual antes que un ideal es un imposible. Es entonces que surge la pregunta: y ahora qué hacemos. Aquí caben dos respuestas: o fraternidad o darwinismo. Y todo frente a la indiferencia del dios.
Luego dirán que la vida no se inscribe en un combate cósmico entre la bondad y los poderes del horror. AUn cuando es cierto que hoy en día no nos lo parece.
si existe Dios…
diciembre 2, 2025 § 4 comentarios
Leo: tras la muerte, no estaremos solos. Dios nos acogerá Quizá sea un consuelo. O al menos, para muchos lo es. Pero ¿qué significa?
Imagenimos que, efectivamente, fuera así. ¿Seguiríamos viviendo, aunque abrazados? ¿Eternamente? ¿Podríamos soportarlo? Más aún: ¿qué vida puede haber sin cuerpo? ¿Acaso será otro tipo de corporalidad? Pablo estuvo convencido de ello. Ciertamente, el cómo no parece importar a quien necesita decirse que la muerte no es un final. Basta con creer que continuaremos con vida —y , de ser posible, sin sufrimiento. No obstante, esto último solo tiene que ver con nosotros, con nuestra necesidad. No, con la verdad.
Mussfeld
diciembre 1, 2025 § Deja un comentario
En la película La zona gris, hay una escena en la que Erich Mussfeld se encara con la niña que sobrevivió a las cámaras de gas y que los sondekommando intentaban salvar aun a costa de poner en riesgo la rebelión, diciéndole lo que podía haber dicho perfectamente un Hume: te mirarón a los ojos y se sintieron inclinados a protegerte. No hay más que el movimiento de las bolas de billar. Toda acción es reacción.
Sin embargo, esta es la cuestión: si hay o no hay más. Pues es indiscutible que hay reacción. Ahora bien, que haya algo más no depende de lo que nos parezca. Esto es, de la perspectiva o el mapa mental. Pues hay algo más porque todo es aparición desde el horizonte de la nada que, en su negación de sí —una negación que le es inherente—, dio origen al mundo. Y quien comprende esto último comprende que ser y bien es lo mismo. Pues que la nada sea no siendo nada —que Dios en sí mismo sea la kenosis de Dios— encuentra su envés en el mandato de preservar la vida frente a la impiedad.
Tan solo modernamente nos atrevimos a separar el bien de su raíz ontológica. Y es posible que este sea, precisamente, el principal error de la Modernidad.
contrafuertes
noviembre 30, 2025 § Deja un comentario
Si todo es aparición, entonces el sufrimiento indecente de la criatura es insoporrtable. Sin embargo, podemos soportarlo. Y no solo. También soportamos ocasionarlo. Aunque sea pasando de largo.
Digo: es insoportable. Ahora bien, para nosotros —y porque caímos en el mundo— un debe ser insoportable. Al fin y al cabo, el cuerpo es la cárcel del alma.
elegidos
noviembre 29, 2025 § Deja un comentario
La noción de elección divina ha jugado un papel, me atrevería a decir que constituyente, en la formación del sujeto occidental, el cual tiene dos vectores: el que apunta al sacerdote y el que apunta al übermensch nietzscheano. El punto de partida, como es sabido, fue la autocomprensión de Israel como pueblo elegido. Aquí Israel dio una vuelta de tuerca con respecto a la monolatría inicial: no es solo que Israel tuviera un dios de su parte, sino que, como pueblo, había también sido elegido para dar testimonio a la humanidad del Dios verdadero, lo que no coincide exactamente con un dar cuenta de la verdad de Dios —de hecho, este será el paso que dará Atenas. Esta vuelta de tuerca afecta, es evidente, a la experiencia misma de la divinidad. Al menos porque Dios deja de percibirse como simplemente lo gigantesco. Abraham, el primer creyente, responde a una llamada —y, a partir de ese momento, creer será responder a la invocación de Dios. Y todo responder carga con una responsabilidad.
El profetismo supuso igualmente un paso al frente en esta dirección. Y es que el profeta no es alguien capaz de conectar con la otra dimensión, sino el llamado. El chaman no tiene vocación de chaman. Pero fue en los tiempos de Ezequiel en donde la elección recayó oficialmente en el individuo. La salvación comienza a comprenderse como un asunto judicial: los fieles serán absueltos, mientrras que los impíos, condenados. Paralelamente, desde el horizonte apocalíptico en el que se inscribe el cristianismo, la llamada va adherida a la proclamación: id y anunciad fue el mandato sin el cual la resurrección, de haberla habido, no habría sido más que un fenómeno paranormal.
¿Por qué entonces esto de los dos vectores? ¿Quizá porque la raíz es la misma? Tan solo hizo falta que la palabra Dios perdiera su relevancia social como para que el hombre ocupase el lugar de Dios. El sujeto moderno ya no se comprende a sí mismo como jugando un papel en la historia de la salvación, un relato de trazo cósmico, sino como el que debe transformar el mundo por su cuenta y riesgo, un deber que no responde a ninguna llamada de lo alto, sino únicamente al impulso. Conatus essendi. Como si la llamada procediera de lo más profundo de la psique. Como si la invocación solo pudiera entenderse únicamente como inquietud.
Sin embargo, aquí la sospecha podría ejercerse contra sus maestros. Pues quién se cree el héroe de la transformación ¿acaso no es el títere de una anónima voluntad de poder cuyo principio es el de si es posible, debe realizarse, sean cuales sean las consecuencias? ¿Acaso no es este el principio mismo de la voracidad capitalista?
no epic
noviembre 28, 2025 § Deja un comentario
Qué ya no podamos comprendernos desde la épica —que el individuo moderno solo pueda alcanzar una comprensión de su lugar en el mundo desde las imágenes del éxito social— supone que cualquier intento de espiritualizar la existencia, esto es, de responder a la pregunta acerca de quiénes somos desde la óptica del formar parte, esté condenado a mirar hacia Oriente… lo que supone, ciertamente, un dejar atrás la tradición juedocristiana que dio pie a Occidente. Y es que no es lo mismo comprenderse como quien forma parte de un combate cósmico entre las fuerzas del Bien y las del Mal que como aquellos que se hallan inmersos en aguas que nos cubren por entero. Sencillamente, el subjectum no es el mismo. Y me atrevería a decir que el cristianismo difícilmente sobrevivirá, al menos como tal, donde ceda al tsunami oriental, quedando reducido a una piedad de los buenos sentimientos con la excusa del crucificado.
Otro asunto es si aún es posible evitar esta reducción.
símbolo y concepto
noviembre 27, 2025 § Deja un comentario
Con el tiempo, el símbolo se vuelve concepto. De Isaías a Benjamin. Así, la esperanza en la irrupción de un mesías terminó siendo la idea mesiánica. Dios, la idea de Dios. El mundo de las ideas es un baúl de objetos perdidos. Y fue esta convicción la que impidió que Israel desarrollara una metafísica. Pues, desde la experiencia de la pérdida, la pregunta no es qué es lo subyacente, sino si acaso habrá un regreso. De ahí que la inquietud judía no apunte tanto al des-cubrimiento como a la imposible aparición de los muertos.
la falsedad
noviembre 26, 2025 § 1 comentario
Dijo Adorno: todo lo empírico es falso. Pero ya lo dijo, también, Platón —y qué no dijo. Y si esto es así —que lo es—, entonces ¿cómo es que aún vivimos como si lo habitual fuese la norma —como es seguimos siendo los reos de las apariencias? Qué difícil incorporar, caer en la cuenta, temblar de vértigo… Será que hay verdad, pero no para nosotros. Para nosotros, el atisbo.