Marvel y el nihilismo

febrero 22, 2021 § 1 comentario

Es sabido que la palabra apocalipsis significa tanto revelación como catástrofe. Como si la misma palabra nos diera a entender que, donde seguimos confiando en nuestras posibilidades, aunque esten respaldadas por la creencia religiosa, no puede haber Dios. Pues bien, supongamos que se acerca el día D, la hora del juicio final. Los desastres —literalmente, el derrumbe de los astros— se suceden uno tras otro. Como una versión cósmica de las siete plagas de Egipto. ¿Veríamos a los héroes de Marvel, una vez más, intentar salvar el mundo? Sin duda, Disney podría montar una historia donde el capitan América y sus compañeros se enfrentasen… a los ángeles de Dios. Y ya podemos imaginar de qué parte estaría el público. Quienes pertenecemos al mundo difícilmente podemos admitir el juicio de Dios. Solo, acaso, los sobrantes. Para los benestants, Dios es, sencillamente, el malo de la película. Tiene que serlo. Pues está del lado de los que ignoramos, si no despreciamos. En cambio, el fin del mundo es, para los desgraciados —para los que ya no pueden más— un motivo de esperanza. Que todo termine ya (y si es posible que haya un nuevo comienzo). Evidentemente, no es lo que esperamos aquellos que podemos pasar el fin de semana en una segunda residencia, por decirlo así. Más bien, que las cosas sigan como hasta ahora —que la fiesta continue. Hay más nihilismo en las fantasías de Marvel que en Demonios de Dostoyevski. Pues el nihilismo es más profundo en aquel que, atiborrado de satisfacción, no desea nada nuevo bajo el Sol.

§ Una respuesta a Marvel y el nihilismo

  • Quentin dice:

    El deseo de un apocalipsis cercano es una tentación recurrente. Siempre está presente en la historia del hombre, como una esperanza ante una injusticia clamorosa, muy sentida. No es más que una forma de fariseísmo, la convicción de que ante una circunstancia futura por fin se hará justicia. El fariseo espera que con el cumplimiento de la ley, de su ley, llegará su salvación, su justificación ante Dios. El apocalíptico confía en que un cataclismo final devolverá la justicia al primer plano.

    La perversión de la visión apocalíptica es el milenarismo. Una y otra vez en la historia el hombre ha proclamado que la segunda venida de Cristo estaba próxima. Lo hacía invitando a la conversión, anunciando que el juicio final estaba próximo. Pero nunca se cumplían las predicciones apocalípticas.

    Debemos evitar la tentación que plantea el apocalipsis, que no es más que una reacción fuera de lugar ante un miedo irracional.

    Sin embargo la antítesis de la apocalípsis no es el nihilismo. Lo es la vida responsable. La del que reflexiona sobre lo que se espera de él en la vida, al margen de cualquier juicio que cualquier apocalipsis anuncie. Y al margen de cualquier vacío que cualquier nihilista ofrezca ante sus ojos.
    La vida responsable es a la vez antítesis del apocalipsis y del nihilismo.
    El hombre libre y responsable no debe caer en la tentación ni de uno ni del otro.

    En el punto medio siempre siempre siempre está la virtud.

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