el problema de Descartes

octubre 16, 2026 § Deja un comentario

La certeza de sí va indisociablemente unida a la actividad del pensar: pensar es siempre un pensarme. Puede que el exterior no coincida en modo alguno con mis representaciones del exterior. Pero no puedo dudar de que me represento un mundo, aun cuando esta representación sea un delirio. Como es sabido, este fue el hallazgo de Descartes. Ahora bien, la objeción que le plantearon los Hume y compañía es si el cogito podría estar tan seguro de su propia existencia si antes no hubiese sido construido como alguien. Es decir, si Descartes podría haber llegado a estar absolutamente seguro de que existía mientras dudaba de no haber sido Descartes. Una conciencia de sí instantánea, esto es, sin un pasado más o menos coherente es, sencillamente, imposible. Y si esto es así, entonces el ejercicio de la duda metódica depende de un fiarse de la memoria… lo que, en el contexto de dicho ejercicio, es mucho fiar.

Descartes, una vez demuestra que la finitud del cogito va indisociablemente asociada a la infinitud de un puro afuera, podría haber concluido la primacía del haber, no solo ontológica, sino también epistemológica. Pues el hecho de que solo en un segundo momento caiga en la cuenta de que la propia finitud es el envés de la infinitud del haber no deja de resultar anecdótico: perfectamente podría haber dicho que la certeza de sí se da en medio de un haber de fondo. Tuvimos que esperar a Spinoza para que se explicitase el truco retórico de Descartes y, en definitiva, de giro subjetivo de la Modernidad. Ahora bien, lo que se desprende de la enmienda de Spinoza es que el cartesianismo consecuente conduce a la Ethica ordine geometrico demonstrata. O, por expresarlo en otra clave, que Kant permanece cojeando hasta Hegel. Y quien dice Hegel dice el último Platón.

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