Plato for dummies (2)

noviembre 3, 2026 § Deja un comentario

1— Lo real, en sí mismo, es idea. Esto no significa que la idea de lo real o absoluto esté por ahí flotando, en su mundo. Significa que el lo que de lo que se hace presente no es nada en concreto: es abstracto —y abstracto significa separado de lo sensible, de cuanto cabe ver y tocar—. De ahí que lo real, en cuanto tal, tan solo pueda ser pensado. Es… pero carece de entidad. La cuestión es cómo pensar que las cosas sean, precisamente, la realización de lo real.

2— El primer Platón —el Platón que se enseña en las escuelas— ofrece como respuesta un relato, un mito: el mundo sensible es fruto de una creación. El demiurgo crea el mundo que nos ha tocado en suerte a imagen y semejanza de las ideas, aunque el resultado final es, de hecho, un tanto defectuoso. Todo viene con tara. Y de ahí la expresión copias imperfectas. Cualquier cosa siempre se nos da en perspectiva, relativamente, esto es, hasta cierto punto o medida, nunca por entero.

3— La respuesta del último Platón, en cambio, será racional: en el ser en cuanto tal late una exigencia de realización. Por eso, Platón identifica Ser y Bien. O lo que es lo mismo: ser y deber ser son las dos caras de una misma moneda. Pues bien significa deber ser.

4— La idea de Ser —la idea de Bien, lo Uno…— es la idea suprema en el orden de las ideas, un orden que obedece al principio de generalidad. Así, una idea superior posee mayor alcance que una inferior. Es decir, su significado es más amplio. Y porque las ideas están ordenadas jerárquicamente conforme a su alcance cabe una definición. Definir es determinar y, en definitiva, delimitar. Si podemos definir lo que es, por ejemplo, un caballo es porque hay, al menos, una idea por encima, en este caso unas cuantas: la de vertebrado, mamífero, animal… Pero no solo. Si hay determinación es porque, también, hay lo que siendo vertebrado, mamífero, animal… no es caballo. La negación es inherente a la definición o determinación. La relación entre las ideas es, por tanto, dialéctica. El sí y el no se exigen mútuamente.

5— Por eso mismo, la idea de Bien no admite definición. Según Platón, el Bien solo lo captamos a través de la noesis, es decir, directamente. El término noesis podríamos traducirlo por intuición intelectual, algo así como un ver con los ojos de la mente. Sobre el Bien, en tanto que absoluto, no hay nada qué decir en particular —y, en este sentido, no es casual que absoluto signifique absuelto, literalmente, ajeno al juicio, a la atribución, en definitiva, al decir algo acerca de algo. El Bien no admite predicado. De admitirlo, estaríamos hablando de algo determinado o en concreto. El Bien en cuanto tal es no siendo nada en concreto… como el puro haber o ser. Al fin y al cabo, hablamos de lo mismo.

6—Ciertamente, Platón sostiene que hablar del Bien equivale a hablar de la Belleza, la Justicia… o de lo que tiene lugar o es. Pero conviene tener en cuenta que, al sostenerlo, no nos está proporcionando una definición —no nos está ofreciendo predicados o características del Bien—. En realidad, está diciendo lo mismo con otras palabras. Así, decir Bien es lo mismo que decir Justicia o Belleza. Pues Justicia o Belleza es lo que es en su debida proporción, esto es, tal y como debe ser.

7— El Bien se encuentra, por tanto, más allá de la esencia —más allá de la determinación—. Cuando nos referimos a la esencia de algo, nos referimos a un determinado modo de ser, a una forma (y de ahí que la teoría de las ideas se denomine también teoría de las formas). Así, la esencia de los caballos es diferente de la esencia de los hipopótamos. Pero el Bien —el puro haber— no se opone a nada: todo es —y es lo que debe ser—.

8— ¿A qué obedece, por tanto, que ser y deber ser sean lo mismo? ¿Cuál es la razón —la lógica— de esta equivalencia? ¿Por qué, en definitiva, hay mundo y no tan solo idea? A la hora de responder a esta cuestión hay que tener presente que nada es que no se realice. Por consiguiente, lo que es debe realizarse. En cierto modo, podríamos decir que el Bien —el puro haber, el ser en cuanto tal— es la posibilidad del mundo. Y quien dice posibilidad dice poder —poder de ser algo—. Sin embargo, esta posibilidad no existe por su cuenta y riesgo con anterioridad a su realización. No está por ahí, como decíamos, flotando. La exigencia de realización le es inherente —y, por eso mismo, el otro lado de la posibilidad es su realización efectiva—. De existir de forma independiente —esto es, con anterioridad— haría falta una intervención exterior que llevase a cabo, precisamente, la realización —y, en el primer Platón, esta intervención corría a cargo, como decíamos, del demiurgo—. Por consiguiente, la posibilidad, el poder de determinación es intrínseco al Bien, a la realidad de un puro haber. Se trata, como dijimos en su momento, del poder que habita en el seno de un puro haber, el poder en definitiva de lo que es no siendo nada en concreto. Hablamos del poder de la negación de sí inherente a la nada de un puro haber, el que conduce, precisamente, a su contrario, el mundo.

9— El esquema lógico sería, por tanto, el siguiente: a) hay el haber en cuanto tal; b) el haber en cuanto tal, sin embargo, es no (nada); c) por consiguiente, el puro haber debe realizarse como algo, en definitiva, como el haber de las cosas.

Deja una respuesta

¿Qué es esto?

Actualmente estás leyendo Plato for dummies (2) en la modificación.

Meta