bienaventurados

febrero 12, 2012 § Deja un comentario

Para los griegos, tan solo un dios podía ser feliz. Al fin y al cabo, los hechos parecían darles la razón, pues la felicidad fue siempre un poder. Por eso la idea de que únicamente los pobres serían en verdad dichosos tenía que venir de la mano de una abrupta interrupción del orden del mundo, estrictamente de su final. Solo hace falta imaginar lo que supuso el anuncio de las bienaventuranzas en la Antigüedad para comprender que no ha habido ni habrá otra revolución que la cristiana. Que las otras revoluciones acaso no sean más que una actualización del ethos cristiano contra un cristianismo que solo ha sabido sobrevivir vendiendo el originario sentido del final de los tiempos por un plato de lentejas.

Kylie Bisutti

febrero 11, 2012 § Deja un comentario

Parece ser que Kylie Bisutti, uno de los últimos ángeles de Victoria’s Secret, ha decidido dejar de posar en lencería por motivos de fe. Dice que no quiere exhibir su cuerpo como si solo fuera un cuerpo. Que solo quiere que sea para su esposo. Etc. Sea como sea, resulta cuanto menos curioso que algunos cristianos —los avanzados de siempre— se escandalicen diciendo aquello de que no n’hi ha per tant. Pero es posible que ellos crean que el mundo de la moda es como una congregación de catequistas solo que un poco mas frívolos. Como siempre los avanzados tan dispuestos a tragar con ruedas de molino con tal de seguir con el buen rollo.

los pepinos nunca fueron alucinógenos

febrero 11, 2012 § Deja un comentario

Quien cree que Dios tiene al mundo en vilo —quien cree que el mundo se encuentra por entero sometido al juicio de Dios— no posee estrictamente hablando otra visión de Dios. No dice de Dios que es juez como otros dicen que es la fuerza del bondad o el poder que es capaz de intervenir en el mundo a la manera del deus ex machina de las tragedias de Eurípides. Aunque lo parezca, no estamos ante una visión entre otras igualmente disponibles sobre lo divino, del mismo modo que la fuente de Duchamp no es, aunque lo parezca, otra visión de lo bello, sino el cuestionamiento radical del hiato entre la Belleza y las cosas bellas. Quien se encuentra sometido al Juicio de Dios no ofrece otro aspecto de lo divino, sino que cuestiona que Dios mismo pueda ocupar un lugar por encima de la vida del hombre. Un Dios que se encuentra fuera del tiempo, mas allá de la totalidad, no es un Dios que pueda estar presente al modo de la divinidad. Nos equivocamos, pues, cuando intentamos ver qué hechos podrían corresponderse a las declaraciones creyentes acerca de Dios, pues éstas no pretenden decirnos nada sobre Dios, a pesar de las apariencias, sino sobre nuestras representaciones de Dios. Y es que si un Crucificado se revela como Dios mismo es porque, al fin y al cabo, ya no hay Dios que representar. Será verdad que no hay otro arte cristiano que el que se expresó en la provocación de Duchamp.

3D

febrero 11, 2012 § Deja un comentario

Una de las críticas más habituales que uno tiene que escuchar sobre la creencia religiosa es que, se vista como se vista, no es más que una proyección. Que uno cree en el dios que quisiera ser. Pero es posible que quien dice esto aún no comprenda la diferencia entre una divinidad religiosa y el Dios del monoteísmo, entre un padre difícil de ver y un padre muerto. Un hijo puede fantasear con un padre que nunca para por casa pero que, se supone, sigue por ahí, de aeropuerto en aeropuerto. Puede imaginar, al fin y al cabo, que su padre es el que le hubiera gustado tener. Sin embargo, con un padre en la fosa ya no cabe seguir suponiendo que es lo que en modo alguno puede ya ser. Un hijo, en este caso, solo puede hacerse cargo de su herencia, una madre, unos hermanos que mantener. Tras la muerte del padre, un primogénito debe ocupar su lugar. El único vínculo que podrá mantener con el padre es el que mantenga con sus huellas: la mujer que amó, los otros hijos que también engendró. Me cuesta creer que quien se encuentra sometido al deber que nace de una falta de tal calibre sea una proyección. Los huérfanos apenas tienen tiempo para soñar.

más Isaías

febrero 11, 2012 § Deja un comentario

La crítica a la idolatría que sostiene la convicción monoteísta desde sus orígenes no debe comprenderse como un cambio de referente para la idea genérica de Dios —como si el creyente hubiera descubierto que Dios no es cruel, sino bueno—, sino más bien como una impugnación de la idea religiosa de Dios. Para Isaías, Dios no se revela como esa fuerza que se hace presente al modo de un deus ex machina, ni siquiera cuando se trata de hacer justicia. Estrictamente, la esperanza creyente en la Justicia de Dios es una esperanza en la posibilidad de lo imposible. Como si Dios y su Justicia en modo alguno pudiera darse como la posibilidad de un mundo, aunque se trate de un mundo sobrenatural. Dios y su Justicia no se ofrecen como una opción creyente entre otras disponibles. Quien espera la Justicia de Dios no puede esperar otra cosa que la imposible Justicia de Dios, pues, bajo el peso de las incontables víctimas inocentes de la historia, quien espera la imposible Justicia de Dios no es nada más que esa esperanza, esa invocación. O, por decirlo de otro modo, quien aún confía en sus posibilidades ante Dios todavía se halla lejos de encontrarse sometido a la verdad de Dios. La crítica a la idolatría no funciona, así, como un descubrimiento de la verdadera naturaleza de Dios, sino como el rechazo de todo intento de concebir a Dios, precisamente, como naturaleza. Quien cree en Dios no supone nada de Dios, sino que, por el contrario, se encuentra, sometido a la inviabilidad de todo supuesto acerca de Dios, al fin y al cabo, a la irreversible invisibilidad de Dios. Decir que no hay otro Dios que YWHW es decir, sencillamente, que no hay divinidad —que no hay fuerza o poder— que pueda valer como Dios. Pero quien antiguamente oía esto de que Dios en verdad no puede valer como poder, entendía que Dios en verdad no puede valer como divinidad. Y es así que para el creyente la fuerza de Dios es la que nace en el corazón de los que sufren la falta de Dios como el insoslayable mandato de preservar la vida de muertos, la vida de quienes ya no tienen vida por delante como si fuera la vida misma de Dios. La profesión de fe del monoteísmo no debe comprenderse, por tanto, como si se nos hubiera dicho que el autor de Hamlet fue en verdad Marlowe, en vez de Shakespeare, sino como si se nos dijera que es irrelevante quién haya escrito Hamlet. Que no hay autor que pueda ser aquí verdadero. Pues si Hamlet es Hamlet es porque hubo un lector como Samuel Johnson que supo extraer la vida de Hamlet como si el mismo hubiera tenido que crearla ante la imposibilidad de resolver de una vez por todas la cuestión del autor.

alter

febrero 10, 2012 § Deja un comentario

De lo otro en sí mismo —o, como suele decirse, de lo enteramente otro— no es posible tener una experiencia sensible. Pues tenerla significa, por definición, reducir su alteridad a las condiciones de mi receptividad. Tendrá razón el filósofo, el cual afirma, casi por defecto, el carácter inalcanzable de lo real. Como si la alteridad propia de lo real solo fuera visible a ojos del pensamiento.

persons

febrero 9, 2012 § Deja un comentario

Hay por ahí quien dice aquello de yo creo en las personas. Pero las personas somos quienes no merecemos la más mínima confianza, salvo que se trate de una confianza de ir por casa. Solo hace falta haberse dado una vuelta por los läger de la historia para que ese optimismo naïve se muestre como lo que, de hecho, es: una perfecta estupidez. Y cuando, además, ves que estos optimistas suelen ser creyentes de los buenos, no puedes evitar la sensación de que aquí quien tiene las de perder es, precisamente, ese Dios que tuvo que morir a manos de nosotros, las personas, para que pudiéramos hacernos, cuanto menos, dignos de su confianza.

aperture 2.0

febrero 9, 2012 § Deja un comentario

¿Qué hay de verdadero en la creencia típicamente religiosa? Pues el hecho de que mantiene nuestra existencia abierta a lo que, de algún modo, nos excede, a la posibilidad misma de lo extra-ordinario, acaso la única realidad, acaso lo único que es en verdad otro. Y es que una cosa es fer pais y otra muy distinta explorar. Una cosa es poseer y otra ofrecer(se). Una cosa es mirarse el ombligo y otra mirar al horizonte.  Una cosa es devorar un cuerpo y otra acariciarlo. Una cosa es utilizar las cosas y otra asombrarse de que se encuentren simplemente ahí. Una cosa es creer ingenuamente de que todo comienza y acaba en ti y otra sentir que formamos parte de aguas que nos cubren. Una cosa es permanecer prisionero de las cuatro paredes de tu circunstancia y otra abrir las ventanas para caer en la cuenta, al menos, de que hay vida más allá del hogar. Las figuras de la creencia religiosa se encuentran, pues, al servicio de una existencia que busca trascenderse, ir más allá de sí misma. Y para eso nada mejor, al menos de entrada, que dar por supuesto que hay más allá. El problema de la creencia religiosa es tomar la imagen por aquello a lo que apunta la imagen, el medio por el fin. El problema es acabar transformando el más allá en una modalidad espectral del más acá. El mundo sobrenatural es un indicador de la genuina trascendencia, su representación sensible. Pero por eso mismo la revela al mismo tiempo que la encubre. La trascendencia tot court no puede comprenderse como otro mundo, sino como lo otro del mundo, como esa nada, ese silencio que envuelve todo cuanto es. En verdad, no hay más apertura que la que sufre Job o el Crucificado. Solo ellos cargan sobre sus espaldas el peso de una trascendencia que en tanto que radical se encuentra incluso más allá de nuestro más allá.

sinrazón

febrero 8, 2012 § Deja un comentario

Decía Kant que una cosa es el motivo por el que decimos o hacemos lo que decimos o hacemos y otra, muy distinta, las razones que justifican —o deberían justificar— lo que decimos o hacemos, bien como verdad, bien como deber. Un motivo solo tiene que ver con nosotros, esto es, con nuestra necesidad de decir o hacer lo que decimos o hacemos, mientras que una buena razón da validez a lo que decimos o hacemos al anclar lo que decimos o hacemos fuera de nosotros mismos, sobre aquello que, en principio, se sostiene o debería sostenerse por sí mismo. Por eso resulta difícil de comprender que muchos creyentes desprecien la exigencia de dar razón de su esperanza (1Pe 3, 15). Como si la fe no fuera con el anuncio. Como si les bastara con decir que para ellos la fe es una buena solución. Como si tan solo les importara una fe olisbo, una fe al servicio de su propia felicidad.

meditaciones cartesianas (4)

febrero 6, 2012 § Deja un comentario

De un email que responde a una pregunta de Elena T:

Dir que els principis de la raó, aquells que s’expressen en els axiomes de la matemàtica, són vertaders suposa dir que el que afirmen es correspon amb el món. La raó està constituida per una sèrie de principis (normes, lleis,» exigències») que tenen la forma d’enunciats. Per exemple, «la recta és la distància més curta entre dos punts», el teorema de Pitàgoras o la ‘evidència’ de que «si A és condició de B i B de C, aleshores A ho és de C». També pertany a la raó l’exigència de que tot sigui, a la fi, una i la mateixa cosa. Doncs bé, el fet és que no podem pensar, concebre res que no s’ajusti a aquests principis o exigències. Puc concebre un món on quan plogui, la terra no es mulli (perquè, posem per cas, l’aigua s’evapori abans de tocar-la) però no un món on, posem per cas, no hi hagi, a la fi, una i la mateixa cosa. Descartes plateja l’objecció de que el món sigui diferent a cóm estic obligat a concebre’l. Ell la resol dient que un Déu com el que ara ha demostrat en l’exercici del dubte metòdic no pot enganyar-nos i, per tant, no podem ni tan sols suposar que aquest Déu ens hagi obligat a concebre un món conforme a uns principis que no s’ajusten a la realitat. Ara bé, l’argument de Descartes és feble: podem dir que Déu podria haver-ho fet, no amb la voluntat d’enganyar-nos, sinó pel nostre bé com quan els pares no els hi diuen tota la veritat als seus fills. Per això deiem a classe que la força de l’argument cal trobar-la en una altra banda. Si els principis de la raó es corresponen amb el món —si és veritat, per exemple, que «tot és, a la fi, una i la mateixa cosa» i no tan sols un principi que estic obligat a ‘donar per vertader’ però que ben bé podria no ser-ho— és perquè no pot haver un món que no es correspongui a aquest principi. Un món on les coses no fossin, a la fi, una i la mateixa cosa, fora un món on allò últim fora una irreductible diversitat de coses. Però la diversitat és sempre diversa en relació amb alguna cosa. És a dir, la idea d’una diversitat irreductible a aquella cosa en relació amb la qual és diversa, fora senzillament inintel.ligible. Així doncs, la idea d’un món que no es correspongui amb les exigències de la raó és absurda. Ara bé, si podem dir que els principis de la raó —si les matemàtiques— es corresponen amb el món no és només pel que t’acabo de dir, sinó també perquè prèviament Descartes ha demostrar que hi ha un afora, una realitat exterior al jo, un no-jo. Aquesta exterioritat no és altra que la d’un Déu infinit. (És evident que tot això no acaba de quadrar, ja que si Déu és la infinitud del no-jo, cóm pot haver-hi un món a part de Déu? És per això que Spinoza «arreglarà» a Descartes dient allò de que Déu i món són el mateix. I, de pas, que la consciència del jo, l’esperit, és la consciència de Déu.)

1917

febrero 5, 2012 § Deja un comentario

El cristianismo nace como una auténtica revolución popular. O, por decirlo a la manera de Nietzsche, como una inversión del orden natural de las cosas. En la Antigüedad era impensable que los brutos —los campesinos, los esclavos, las rameras…— fueran capaces de la más mínima elevación. Y si era impensable no es porque los antiguos aristócratas fueran todos ellos unos clasistas—que lo eran—, sino porque la evidencia parece estar de su lado. De hecho, tanto ayer como hoy, un bruto se encuentra más cerca de la vida animal que aquéllos que, pongamos por caso, llegan a emocionarse con los poemas de Rilke o con el pensamiento de Platón. Una cosa es seguir tu impulso, sea del color que sea, y otra muy distinta ser capaz de cuestionarlo en nombre de una etérea integridad. Una cosa es vivir plegado a lo que tienes ante tus narices, y otra vivir las cosas desde el fondo mismo de la nada que sostiene todo cuanto es. Una cosa es ver un cuerpo como si solo consistiera en unos cuantos orificios y otro ver la nobleza del alma entre los resquicios de un cuerpo en ruinas. Para los antiguos, solo una adecuada formación —una buena paideia— podía garantizar que los hombres lograran trascender su condición animal. Que hubieran unos iluminados que dijeran, no solo que los brutos podían también elevarse como los filósofos, sino que solo ellos eran capaces de lo divino era algo tan inadmisible como que hoy en día alguien dijera lo mismo de los simios o los perros, animales con los que podemos, sin duda, empatizar, pero animales al fin y al cabo. Y que el Imperio, para más inri, acabara siendo cristiano —que una buena parte de la clase intelectual terminase convencida de que había una paideia cristiana— es algo que, probablemente, tengamos que agradecérselo a las herejías que hicieron digerible el kerygma evangélico, en particular al gnosticismo, aunque sea al precio de deformar su carácter transgresor hasta transformarlo en una variante, más o menos esotérica, de las religiones orientales. Para que luego digan que la Iglesia es tonta.

critical mass

febrero 5, 2012 § Deja un comentario

La masa tiene vida propia. De hecho, una vida muy elemental. Sus impulsos se encuentran tan arraigados en los sustratos mas básicos de la existencia en que se hace impensable algo así como una educación de las masas. La masa no suele atender a razones. Es por eso que cuanto mayor sea el sentido de la propia individualidad, menor será el sentido de pertenencia a la masa. ¿Se trata de fermentarla? Quizá. Pero, no deberíamos olvidar que un individuo siempre nace del rechazo de lo general, de su congénita dificultad para reconocerse en lo que se dice, se hace, se piensa. Y quizá sea por eso que la individualidad vaya de la mano de una cierta sinvergüenza.

viernes 13

febrero 4, 2012 Comentarios desactivados en viernes 13

Pero después del Holocausto no puede haber una maravilla radical que no esté amenazada por el horror radical; y, en consecuencia, no debe sorprendernos que la mayor parte de la teología cristiana hoy, para proteger la maravilla, ignore este horror, lo minimice como una suerte de horror universalizado que está en todas partes y en ninguna. Pero no hay salvación en tal teología; minimizar el horror es también minimizar la maravilla.

Emil L Fackenheim

apotegma

febrero 3, 2012 § Deja un comentario

Solo hace falta leer la Biblia con un poco de atención para darnos cuenta de que, en el momento crucial, quien se encuentra sometido a Dios, no se encuentra bajo el amparo de Dios. Que los creyentes defiendan por lo común otra cosa —de hecho, justo la contraria— es algo que debería, cuanto menos, llenarnos de perplejidad.

la imposible compasión

febrero 3, 2012 § Deja un comentario

Joan-Carles Mèlich cierra su libro dedicado a la ética de la compasión comentando la última escena del relato de Joyce, los muertos, para ilustrar la tesis de Levinás sobre la imposibilidad de la compasión. La idea, en el fondo, es simple. El otro es en verdad otro solo porque su indigencia —su falta de entidad, su lamento— no se encuentra a nuestro alcance. Nunca abrazamos por entero a quien abrazamos. De ahí que Levinás diga que no hay otra epifanía que la que pone de manifiesto la distancia infinita del Rostro. La Altura de Dios deja una huella en el Rostro. Una mirada no revela su verdad, su carácter de Rostro, hasta que no refleja la Altura de Dios, el desamparo al que nos arroja un Dios en standby. Y esto es lo que no comprendemos cuando somos demasiado jóvenes: que la realidad está hecha con los materiales de la ausencia; que lo real es, precisamente, lo siempre pendiente de las cosas que podemos ver y tocar; que no hay otra libertad que la de quien se siente obligado a lo que en modo alguno podrá realizar; que unos a otros nos debemos una compasión imposible. Será verdad que, al fin y al cabo, Dios solo puede ser adorado. Que el último gesto es el de quien permanece en silencio ante el rostro del pobre… después de haberle dado, eso sí, el pan que necesita. Hay que ser estúpido para creer que lo más real es lo que nos traemos entre manos, aquello que podemos retener o apresar, sea con el cuerpo, sea con el pensamiento o la imaginación. Aunque un judío diría mejor que hay que ser culpable para confundir a Dios con la divinidad.

tzimtzum

febrero 2, 2012 § Deja un comentario

El exilio es un elemento de Dios mismo.

Emil L Fackenheim

algo huele a podrido en Dinamarca

febrero 2, 2012 § Deja un comentario

Dijo Kierkegaard que permanece con Dios quien se encuentra siempre en falta ante Él. Es posible que Kierkegaard esté en lo cierto. Pero si lo está, entonces están muy lejos de la verdad quienes han hecho de la proximidad de Dios un asunto demasiado sentimental como para que se trate de Dios.

un día en el campo

febrero 2, 2012 § Deja un comentario

No es que no podamos entender lo que ocurrió en Auschwitz. Es que no debemos entenderlo. Aquí el pensamiento, como el cuerpo de quienes no cedieron, debe respirar el aliento de la resistencia. Y es que la realidad del läger es invisible para el espectador que busca una buena explicación tanto del horror como de la santidad.

theodor

febrero 2, 2012 § Deja un comentario

Sabemos que Adorno se preguntó si era posible escribir poesía después de Auschwitz. Otros se preguntaron si era posible seguir creyendo en Dios. La respuesta típica es que no. Ahora bien, aun cuando ésta sea la respuesta habitual es posible que la verdad esté del otro lado. Es posible que después de Auschwitz todo eso sea posible de nuevo. Y no porque la urgencia de olvidar, la necesidad de pasar página, nos permita volver a escribir poesía o creer en Dios deshonestamente, como si Auschwitz nunca hubiese ocurrido, sino porque eso —escribir poesía, creer en Dios… — nunca fue posible en verdad antes de Auschwitz. Un genocidio es un acontecimiento epocal, un acontecimiento que divide el tiempo en un antes y un después, de modo que todo lo que ha sido hasta entonces puede, sin duda, volver, pero ya no será como antes. Un acontecimiento epocal es un nuevo comienzo. El mundo ya es otro mundo. Aun cuando las cosas sobre el papel siendo las mismas, en realidad ya no son las mismas: todas ellas, desde el hecho de escribir poesía o creer en Dios hasta incluso reír, quedan marcadas por esa imposibilidad que, sin embargo, tuvo lugar. Son en verdad —son afirmación— porque son milagro, porque ocurren donde nada puede seguir siendo, porque son una obsesiva resistencia a un mundo que no admite otra civilización que la que surge de la barbarie. Puede que el cristianismo esté en lo cierto y que no haya más elevación que la de quien ve cómo el suelo cede bajo sus pies. Puede que cualquier otra elevación tenga solo que ver con las posibilidades del hombre y no con las de Dios. Pero sea como sea, después de Auschwitz, la poesía solo cabe como esa palabra que coincide con el silencio, nuestra trivialidad como huida, la fe no ya como creencia, sino como sujeción a un Dios invisible, la sonrisa como piedad… Cualquier otra cosa simplemente no es aun cuando de hecho pase por nuestras manos. Al fin y al cabo, la verdad de lo que decimos o hacemos se revela solo como resurrección. Y es que un resucitado, a diferencia de un alma inmortal, siempre lleva la muerte a sus espaldas.

especula

febrero 1, 2012 § Deja un comentario

Dijo Heidegger a propósito de la poesía de Hölderlin que nuestra época «es el tiempo de los dioses idos y del Dios por venir. Y es éste un tiempo de indigencia porque se halla en una doble carencia y con un doble no: en el nomás de los dioses idos y el aún no del Dios por venir.» A modo de tentativa, uno puede sospechar que el antisemitismo de Heidegger esconde una voluntad de mantener en secreto las fuentes de su pensamiento, de borrarlas del mapa de una vez por todas. Pues ¿acaso la historia no es para el judío el tiempo del eclipse de Dios, el entretiempo que nace del descanso de Dios y que se mantiene pendiente, con mayor o menor impaciencia, de la posibilidad de su despertar?

antignosis

enero 31, 2012 § Deja un comentario

Que la chispa divina que, según muchos, habita nuestro interior pueda morir; que el mal pueda adueñarse por completo del corazón del hombre bueno es algo que, por sí solo, debería bastar para convencernos de que la distancia entre Dios y el hombre solo puede ser cubierta por un Dios que desciende hasta vaciarse de divinidad.

implícitos

enero 31, 2012 § Deja un comentario

Sólo si la revelación cristiana conserva la otredad judía de lo divino puede seguir siendo revelación en lugar de recaer en un inmanentismo neo-pagano.

Emil  L  Fackenheim 

noucentisme

enero 31, 2012 § Deja un comentario

… i la mateixa mort és enllaçada

          a la por primera del niu.

 

Josep Carner

LSD

enero 30, 2012 § Deja un comentario

El síntoma creyente: que la realidad no se encuentra de nuestro lado. Que lo tangible es en cualquier caso un simulacro. Que el mal es incomprensible en igual medida que el bien. Que no hay nada más real que un Dios que no puede acontecer más que como fin del mundo… No casualmente en la Antigüedad, el loco, el que sufría alucinaciones era visto, por lo común, como aquél que había cruzado el umbral. Será superstición para quienes no sepamos ver más allá de nuestras narices.

en la corta distancia

enero 29, 2012 Comentarios desactivados en en la corta distancia

Muchos están convencidos de lo que cuentan por ahí, a saber, que con el deseo basta. Que es suficiente con un «me gustas mucho» para que la historia se mantenga en pie. ¡Cuánta ingenuidad, diosss! Pues lo cierto, como saben perfectamente los viejos amantes, es que el deseo, por muy intenso que sea, tiene fecha de caducidad. Como la leche o el zumo de tomate. La pregunta es ¿qué sostiene el vínculo entre hombre y mujer más allá del deseo? ¿Acaso solo la costumbre, la inercia, la resignación? Por defecto, un vínculo que trasciende el impulso encuentra su fuerza en lo que representa o encarna. Y aquí caben principalmente tres posibilidades. O el vínculo es un caso particular de una relación arquetípica o divina, un ejemplo de lo que hoy vemos en las películas o los antiguos escuchaban en el relato del mito; o la unión entre hombre y mujer representa a escala reducida la unión de las potencias cósmicas como puedan ser las del Yin y el Yan; o, finalmente, el compromiso de los esposos no reflejaría otra cosa que la voluntad, mejor dicho, el deber de preservar de la nada la vida que engendraron. Las dos primeras posibilidades pueden ir en un mismo saco, el saco del paganismo, pues su presupuesto es el de las antiguas culturas politeístas, a saber, de que no hay otro sentido que el que deriva del hecho de participar del orden (sobre)natural de las cosas, sea por la vía de la emulación, sea por la de la sintonización. La tercera, por contra, arraiga en la tradición del monoteísmo, aquella que comprende el mundo por entero, incluído un supuesto orden sobrenatural, como doblegado a un Dios que brilla por su ausencia, como decía la Weil. Aquí la vida no puede sintonizar con una naturaleza perfecta o sobrenatural, pues la naturaleza en sí misma no distingue entre bien y mal, vida y muerte. No hace falta ser un Nietzsche para ver que la vida solo puede avanzar fagocitándose a sí misma. La separación entre buenas y malas vibraciones o entre dioses buenos y malos no es natural, por mucho que se empeñenen quienes creen en las dietas vegetarianas o en el poder de las piedras como si fueran la solución a la existencia. En cambio, la naturaleza para el creyente posee una ambivalencia que solo puede resolver el mandato de un Dios que se encuentra más allá de lo sobrenatural como ese Dios que da la callada por respuesta cuando quienes sufren su elección le exigen un sentido a su sufrimiento. La fuerza del vínculo, según la tradición monoteísta, no depende, pues, de ningún orden superior, sino más bien de la quiebra de ese orden. El amor nace aquí del hecho de tener presente que no hay más vida que la debida a un Dios que solo podemos echar en falta. Efectivamente, solo quienes viven la vida que les ha sido dada bajo el horizonte del silencio que cubre la totalidad del cosmos pueden abrazar la vida, más allá de la sentimentalidad, como eso que deben preservar, precisamente, de un cosmos en sí mismo indiferente. Y eso en nombre de un Dios que está por ver. El resto probablemente sea un cuento. Aunque sea nuestro.

el frotar se va a acabar

enero 26, 2012 § Deja un comentario

Para el creyente no basta con responder a la demanda del pobre como si fuera la demanda misma de Dios. Puede que eso le baste a Dios, pero no puede bastarle al hombre. Un creyente tarde o temprano debe preguntarse qué significa —qué representa— tanto sufrimiento, que el dolor y la muerte vayan de la mano de la vida que nos ha sido dada. Y ahí nos mantenemos: a la espera de una respuesta o, mejor dicho, de una decisión. De momento, lo único que podemos decir es que vida y muerte, luz y tinieblas, son las dos caras de una y la misma trascendencia, la de ese Dios que permanece fuera de campo como ese silencio que envuelve la Creación. Ahora bien, solo porque nos encontramos sometidos a ese silencio, la voz del pobre se nos impone como la voz misma de Dios, esto es, como esa demanda tan insoslayable como insatisfacible. Y lo extraño es que, probablemente, no haya otro modo de librarnos del nihilismo sin caer en la ingenuidad que estando sometidos a un Dios en sí mismo inviable.

el séptimo día

enero 26, 2012 § Deja un comentario

Sabemos que Dios decidió tomarse un descanso el séptimo día de la Creación. El Islam, como también es sabido, no llega tan lejos. Para un musulmán el Creador sigue tutelando la existencia de los hombres desde ahí arriba. Por tanto, decir una cosa u otra no puede ser lo mismo. En el primer caso, uno no puede contar con la ayuda Dios. En el segundo, sí. Del primer Dios, no hay indicios, sino huellas. Del segundo, solo caben indicios. El primero es lo otro del mundo. El segundo, en cambio, habita otro mundo. El primero trasciende en verdad. El segundo constituye, en cualquier caso, una cifra de la trascendencia.

meditaciones cartesianas (3)

enero 26, 2012 § Deja un comentario

Si puedes ver una cosa es porque cabe ir más allá de la visión de la cosa. Esto es, porque siempre puedes preguntarte qué es eso en definitiva. La razón, al fin y al cabo, la exigencia que se encuentra inscrita en todo decir algo de algo, siempre ve lo que nuestros ojos no pueden ver, a saber, ese algo ahí que no acaba de coincidir con su aspecto o, como también suele decirse, la alteridad misma de la cosa que tenemos delante. De hecho, si podemos ver cosas es porque sabemos de antemano que sus características no la alcanzan por entero. Podríamos decir que si podemos ver cosas es porque en cualquier caso vemos más de lo que vemos. Porque vemos lo que debe ser y no acaba de darse.

… y el espíritu será derramado sobre toda carne

enero 25, 2012 § Deja un comentario

Si se trata de ser bueno —si se trata de transpirar bondad por todos los poros—, entonces hemos de admitir que nadie es bueno en verdad, pues nada es en verdad lo que parece. Aquí los buenos podrían objetar lo que suelen dar por obvio: que se trata de aproximarse a esa bondad suprema o ideal que podemos llamar Dios. Pero diciendo esto no se dan cuenta que hacen de Dios una idea o, en términos bíblicos, un ídolo, aun cuando se trate del ídolo de la bondad. Un ideal es un límite asintótico y, por tanto, una idea. Y no casualmente quienes sostienen esta concepción de Dios ven el conflicto interior como un combate entre potencias o inclinaciones antagónicas, el cuerpo y el alma, la materia y el espíritu. De lo que se trata es de soltar lastre, de elevarse por encima de la bestia, de iluminar la oscuridad. Como si al fin y al cabo la vida interior consistiera en poner los medios adecuados para alcanzar la transformación, para que, dejando de ser animales, acabáramos siendo como Dios. En cambio, si se trata de responder al mandato de Dios, la cosa es muy distinta. Aquí no importa cómo seamos en un principio, pues lo que nos hace capaces de responder a Dios no es un determinado modo de ser, aquél que resulta de una vida purificada, sino una determinada situación, precisamente, aquélla en la que no somos más que quienes invocan a Dios y no escuchan otra respuesta que la del clamor de los abandonados de Dios. A veces los evangelios parece que no digan otra cosa, a saber, que quienes son capaces de responder a Dios, no lo son porque previamente hayan alcanzado las cimas de una bondad intachable. De hecho, ocurre lo contrario: quienes responden a la voluntad de Dios son aquellos que, de tan cubiertos que están de su propia impotencia, ya no pueden aspirar a ninguna elevación. Como si aquello que les impulsara a la obediencia fuera la visión de que la vida de las víctimas inocentes es sagrada como la vida misma de Dios. Como si ellas debieran vivir aun a costa de nuestra propia vida. Como si, en definitiva, solo este imperativo nos salvara de caer en el nihilismo al que nos empuja un mundo que no distingue entre el Bien y el Mal. Será verdad, pues, que no hay salvación que no entrañe el sacrificio del hombre por el hombre. Lo asombro es que los primeros creyentes llegaran a ver el sacrificio del hijo del hombre como el sacrificio mismo de Dios.

progressio

enero 24, 2012 § Deja un comentario

Todavía hay quien defiende una concepción lineal del progreso como si aún no supiera que nadie viaja en primera sin pagar un alto precio. Y no porque cualquier tiempo pasado fuera mejor, sino porque el progreso solo es posible donde dejamos atrás algo de valor. Ocurre aquí como en la madurez del hombre: que no llega hasta que no nos desprendemos de las ilusiones de la infancia. Quizá sea por eso que cuanto mayor es el progreso, mayor es la necesidad religiosa del hombre. Pues acaso la religión no sea otra cosa que ese intento por recuperar la ilusión de un mundo en donde todo tenía un alma. Incluso las piedras.

¿hay más allá?

enero 24, 2012 § Deja un comentario

Pues eso, ¿hay más allá? Y la respuesta es que depende: depende de lo que entendamos por más allá. Es posible que lo haya, si se trata de otro mundo. E imposible, si se trata de lo otro del mundo. Esto último es así por lógica, pues toda posibilidad o es del mundo o no es posible. En cambio, la posibilidad de que el más allá sea otro mundo tiene que ver con el hecho de que sabemos muy pocas cosas. Un pez abisal no puede imaginar la vida en la tierra. Pero que no pueda imaginarla no significa que no pueda haber vida más allá del océano. De hecho, como sabemos, la hay. Ahora bien, lo cierto es que en cualquier caso ese otro mundo solo representa lo trascendente por falta de costumbre. Tan solo haría falta que nos familiarizáramos con la presencia de fantasmas para que esos otros que son los fantasmas pasaran a ser de los nuestros. Todos los mundos, al fin y al cabo, forman parte de un único mundo. De hecho, otro mundo, entendido a la manera de una dimensión oculta, tan solo puede representar una genuina trascendencia. Una genuina trascendencia únicamente puede darse como lo otro del mundo y no hay nada otro del mundo que no sea, precisamente, nada. En bíblico, esa nada que se encuentra en cierto sentido más allá de la totalidad se comprende como el silencio mismo de Dios. Y lo cierto es para quien se encuentra expuesto a esta trascendencia, la única que vale como tal, todo nace del vientre de ese silencio. De ahí que la realidad de Dios sea, estrictamente, imposible, precisamente, en tanto que real. Todo cuanto se halla en el mundo —todo lo posible— se da según la medida de nuestra receptividad y, por eso mismo, no acaba de ser algo otro, algo en definitiva real. Por eso en verdad no hay otro Dios que el imposible. Como la realidad misma.

D.R.A.E

enero 24, 2012 § Deja un comentario

Humano es aquél que debe encontrar una definición de sí mismo, el animal que debe responder a la pregunta acerca de su definición, siendo que en ningún caso podrá reconocerse en la respuesta. O, por decirlo con otras palabras, el ser humano es un estar más allá de sí mismo, un desajuste con respecto a su determinado modo de ser. Como si en el hombre coincidiera el ser con el no-ser.

la noche en la que todos los gatos son pardos (y 2)

enero 23, 2012 § Deja un comentario

Enric Canet no tiene desperdicio. En la misma entrevista para webislam encontramos la siguiente perla: el islam y el cristianismo en su esencia más profunda están muy cercanos. No sé, la verdad, cómo puede llegar a decir esto. Supongo que porque él entiende que la esencia de ambos es la promoción del amor o algo por el estilo. Sin embargo, lo cierto es que en su esencia no se encuentran, precisamente, cerca que digamos. Pues en el momento que reconoce la Encarnación, un cristiano se sitúa en una orilla muy distinta a la religiosa. Y es que una cosa es encontrarse sometido a una divinidad que se halla entre bambalinas y otra al Dios del séptimo día. Una cosa es ver al Crucificado como un hombre de Dios, entre otros igualmente disponibles, y otra muy distinta decir que de Dios tan solo tenemos un Crucificado. Y esto es así aun cuando siga siendo cierto que lo decisivo ante Dios sea responder al clamor de quienes viven una vida de miseria. La confesión creyente siempre fue un tema demasiado humano como para que pudiera importarle demasiado a Dios. Con todo y quizá por eso mismo, es posible que quienes viven pobremente se pregunten, tarde o temprano, si su confianza en la promesa de Dios es o no una ilusión. Y solo la fe cristiana, que yo sepa, se atreve a responder diciendo aquello tan desconcertante de que Dios cumplió su promesa dejándose colgar de una Cruz para que los hombres pudiéramos comenzar de nuevo. Poca ficción puede haber aquí y sí mucha visión. Aunque luego pocos hombres hayamos estado a la altura de este descenso de Dios.

la noche en la que todos los gatos son pardos (1)

enero 23, 2012 § Deja un comentario

Dice Enric Canet en una entrevista para webislam: ‘cualquier religión es buena para llegar a la trascendencia’. Se trata, como sabemos, de una visión ampliamente aceptada por buena parte del cristianismo del buen rollo. En principio, no parece que haya nada que objetar a esta manera de ver el asunto de Dios, pues ¿acaso una montaña no admite diferentes ascensos? ¿Es que no vemos un paisaje siempre desde una determinada óptica o situación? La cuestión, sin embargo, es si YWHW o, mejor aún, si el Dios que se revela en la Cruz debe comprenderse como esa cima que podemos coronar por distintas vías. En verdad, no lo parece. Y es que una cosa es una divinidad que, suponemos, se ubica en otro plano que el tangible y otra muy distinta un Dios que no se da en el modo del presente, sino en el de un porvenir que solo puede realizarse como un inconcebible final de los tiempos. Una cosa es la trascendencia de lo sobrenatural —del poder que interviene en el mundo o le sostiene— y otra la de un Dios que se encuentra más allá de lo sobrenatural como el silencio que cubre el mundo por entero. Una cosa es creer que es posible participar del poder de la divinidad, si uno hace lo debido, y otra muy distinta encontrarse sometido a un mandato tan imposible de cumplir como insoslayable. Enric Canet tendría razón si Dios fuera algo así como el objeto de una visión o un saber, aunque fuese indirecto. Pero la trascendencia del Dios que se revela de una vez por todas en la Cruz, no es la de un Dios que pudiéramos ver más allá del Crucificado. La invisibilidad de Dios es consubstancial y no circunstancial. Dios no es el fuego que podríamos observar si cruzáramos el umbral y del que, de momento, tenemos noticia solo por el humo que provoca. De Dios no hay indicidios, sino en cualquier caso huellas y una huella, como es sabido, nace siempre de una ausencia. O como suele decirse en judío, la huella de Dios es el clamor del pobre. Por tanto, puede que haya diferentes modos de alcanzar lo sobrenatural, pero no hay diferentes modos de llegar a Dios, pues Dios es inalcanzable. De hecho, si hombre se encuentra con Dios, no es porque el hombre haya sido capaz de acceder a Dios, sino porque Dios alcanza a un hombre incapaz de Dios. Y solo hay un modo por el que Dios alcanza hombre, aquél por el cual Dios se vacía precisamente de divinidad hasta coincidir con un Crucificado en nombre de Dios.

recuperar el tiempo perdido

enero 23, 2012 § Deja un comentario

Es posible que en el futuro las cosas entre hombre y mujer sean tan transparentes como pueda serlo un contrato. Al fin y al cabo, dirán, se trata de estar juntos mientras aguante el cuerpo. Por lo común, los pocos años que pueda durar la crianza de los hijos. Lo dicho, como si se tratara de un buen trabajo: que aun cuando podemos estar muy a gusto, no tiene por qué ser para siempre. Es posible, pues, que en el futuro hombre y mujer ya den por hecho, más allá de sus ilusiones, el carácter temporero de su relación. Pero es posible que sea entonces cuando nos encontremos sometidos por entero a la exigencia de que haya algo más entre nosotros, a la necesidad de que hombres y mujeres podamos decirnos aquello de sin ti no soy nada y no porque lo demos por supuesto allí donde bailan las hormonas, sino porque sencillamente sea verdad. Como si la verdad solo pudiera darse como la recuperación de lo perdido. Como si no hubiera otra verdad que la que se ofrece como religio.

brevemente

enero 23, 2012 § Deja un comentario

Porque Dios siempre se encuentra fuera de campo, un creyente solo puede echar en falta a Dios. 

fugit

enero 23, 2012 § Deja un comentario

Qué tiempos más difíciles los nuestros en los que la firmeza del carácter es vista como inflexibilidad.

Pierrot le fou

enero 21, 2012 § Deja un comentario

Quien quiera comprender la diferencia entre la religión y el cristianismo podría tomarse un tiempo para ver alguna de las películas del Godard más vanguardista para luego compararlas con las típicas de Hollywood. La diferencia saltará a la vista de inmediato. Lo característico de las películas de Hollywood es, como sabemos, la facilidad con la que te transportan a su mundo o, como suele decirse, te ponen en la piel de los personajes. A través de ellas el espectador participa de lo primordial, de lo que debe ser contado una y otra vez para que nuestra vida pueda tener algún sentido, el que se adquiere, precisamente, por imitación de lo primordial. Las primeras, en cambio, no acaban de transportarte. De hecho, gracias a los recursos típicos de Godard, interrumpen cualquier posibilidad de participar de la historia, obligándote a que caigas en la cuenta, más allá del argumento, de lo que es no es más que cine, a saber, la captura del tiempo. Como si el cine en verdad no fuera otra cosa que lo que queda del cine cuando ya no podemos seguir el argumento. Pues eso.

una cerilla de más

enero 21, 2012 § Deja un comentario

Si la cristiandad pudo quemar a los herejes sin los remordimientos de ahora es porque los cristianos de antes estaban convencidos de que los ponían en manos de Dios. Durante los tiempos de la Inquisición, la pira fue más que un castigo ejemplar, un modo de acelerar el pase al más allá. Que Dios se apiadase de esos hombres y mujeres, si es que en verdad se lo merecían. Si la muerte de esos desgraciados nos resultan hoy en día tan escandalosa y no solo moralmente intolerable es porque no tenemos tan claro que haya un más allá. Aunque bien pensado, no es mal síntoma. De hecho, también los sacrificios humanos en nombre de los dioses del más allá fueron un escándalo para los primeros creyentes en YWHW, los cuales, como sabemos, estaban tan convencidos de que todo se encontraba en manos de Dios que ni siquiera podían dar por descontada la posibilidad de un mundo sobrenatural. Según esos creyentes, más allá del mundo no había en verdad otro mundo, sino solo un Dios que, por si fuera poco, había decido tomarse un descanso. Para un judío de la época anterior a los Macabeos, que hubiera otro mundo fue algo que, como Dios mismo, aún estaba por ver.

metacafé

enero 20, 2012 § Deja un comentario

Cuando nos vemos obligados a decir que tal o cual afirmación sobre Dios es verdadera es porque Dios mismo ha dejado de ser evidente. Y es por eso que cuando nos vemos obligados a decir que tal o cual afirmación sobre Dios es verdadera ya no decimos nada sobre Dios, sino sobre nuestra creencia en Dios. En aquellos momentos en donde Dios no aparece por ningún lado, quien se encuentra sometido en verdad a la altura de Dios no puede decir nada de Dios sin dejar de estar sometido a Dios.