misión imposible

agosto 16, 2012 § Deja un comentario

A veces me pregunto si acaso todo no consistirá en preguntarse qué debemos hacer mientras esperamos la muerte. Cuál es, en definitiva, nuestra obligación. Pues sin obligación difícilmente nuestra vida se mantiene en pie. Ahora bien, no parece que sea lo mismo preguntárselo hurgando en nuestras mejores inclinaciones, que teniendo presente el dolor de los hombres. Pero en el primer caso, quizá no haya propiamente obligación, sino una imprescindible obsesión.

padre e hijo

agosto 16, 2012 § Deja un comentario

Acaso la caracterización del Crucificado como Hijo de Dios no nos diga tanto de Jesús de Nazareth como de Dios. Pues no hay padre que pueda sobre-vivir a la muerte del hijo. Y, así, o bien el padre se hunde de la miseria y desaparece de este mundo para siempre, o bien se vincula de por vida a esos huérfanos en los que se le aparece su hijo muerto. Por eso un creyente deja de ser judío para hacerse cristiano cuando es capaz de ver el carácter redentor de la Cruz. O, por decirlo de otro modo, cuando se le revela que, a través de esa Cruz, Dios se pone en nuestras manos para que nuestra vida pueda responder a Dios.

el peso de una losa

agosto 16, 2012 § Deja un comentario

¿Qué te puede? ¿Que te deja por los suelos? ¿La falta de reconocimiento? ¿El hecho de que nadie se fije en ti? ¿El que a estas alturas aún no te hayas casado? ¿Esos quilos que no te quitas de encima? ¿Creer que no sirves para nada? ¿La muerte del hijo? ¿A qué obedece tu infelicidad? Puede que solo dejemos atrás nuestra infancia, la fe en nuestra omnipotencia, cuando caemos en la cuenta de que, hagamos lo que hagamos, no llegamos a soltar lastre, que la carga va con nosotros. Y, así, la cuestión de la madurez es muy simple: ¿qué —o quién— nos quitará ese peso de encima? ¿Cómo nacer de nuevo? Pues el peso que soportamos es siempre el peso de una lápida.

un Dios en suspenso

agosto 16, 2012 § Deja un comentario

A propósito de Dios, puede que la Biblia no pretenda decirnos otra cosa que la siguiente: que donde el huérfano, la viuda, el extranjero… interrumpen nuestra vida, Dios como tal queda en suspenso. O, por decirlo con otras palabras, que nuestro deseo de vincularnos a Dios, de participar de su plenitud o poder —nuestro anhelo religioso— es pospuesto hasta el final de los días, esto es, hasta que los hambrientos hayan saciado su hambre. Y todo esto en nombre de Dios, esto es, en su lugar. Pues para quien se encuentra bajo Dios no puede haber nada de Dios en el presente que no sea un rostro marcado por la inaccesible altura de Dios.

diálogo oriental

agosto 16, 2012 § Deja un comentario

Una vez en el más allá, habiéndonos convertido en espíritus puros, le preguntamos a la luz «¿esto del mundo es una broma, no?» Y la luz nos responde: «en absoluto. Es un medio de purgación.» Pero nosotros insistimos: «¿y qué ocurrirá con aquellos que purgaron demasiado?» La luz: «pues nada. De hecho, ya dejaron esa existencia atrás. Ya te los encontrarás por aquí.» Nosotros: «quizá no nos hemos explicado bien, te preguntamos por ellos, no por su espíritu.» La luz: «ellos son su espíritu. El cuerpo es una tara.» Nosotros: «creíamos que el cuerpo iba con nosotros, aunque no coincidamos con él.» La luz: «estabais equivocados.» Nosotros: «por tanto, ¿no debemos reparar el sufrimiento de los muertos? ¿La vida de las víctimas tiene el mismo peso que la de sus verdugos?» La luz: «el verdugo tendrá que purgar un poco más.» Nosotros: «pero quien purgue de más ya será otro…» La luz: «no. Se trata del mismo espíritu.»

Comentario de texto: u Oriente tiene razón, o la tiene Israel. Pues si somos espíritus encarnados en la prisión del cuerpo, entonces el sufrimiento es lo de menos, algo al fin y al cabo transitorio. Mientras que si somos nuestra relación con nuestro cuerpo, aunque ésta sea problemática —esto es, si somos cuerpos sometidos a la imposible exigencia de Dios—, entonces el sufrimiento nos alcanza como aquello más íntimo y la redención no puede consistir en una metamorfósis. Y es que el vuelo de la mariposa nunca fue una respuesta para el gusano.

las cosas del Mariano (4)

agosto 15, 2012 § Deja un comentario

Si se trata de acceder a otro nivel de conciencia ¿acaso no podría bastarnos con unas dosis de éxtasis, con un buen pinchazo de heroína mística? Quienes proponen un salto de nivel ¿no estarían postulando un chamanismo por otros medios? Aunque a veces esté tentado de ello, puede que al creyente no le interese ningún tránsito al más allá. Puede que en verdad no quiera (y, por consiguiente, no pueda) abstraerse del sufrimiento de los hombres. Y es que una cosa es ver las cosas del mundo, las buenas y las malas, como divinas y otra muy distinta ver a Dios colgado de un madero. Pues quien se disuelve en el mar dejando atrás una orilla repleta de cadáveres cuyo clamor no hay muerte que silencie, no es un santo, sino un hijoputa.

las cosas del Mariano (3)

agosto 15, 2012 § Deja un comentario

Para Marià Corbí et al. nuestra condición de hombres y mujeres modernos no puede ya admitir un Dios personal. La fe en un Dios personal constituye un modo entre otros de acceder a esa realidad absoluta que, como tal, siempre se encuentra por encima de sus manifestaciones, las cuales siempre se hallan culturalmente determinadas. Según Marià Corbí la espiritualidad que exigen los tiempos modernos es una espiritualidad sin religión, laica como él mismo dice. Como si Dios, al fin y al cabo, se hubiera reconciliado finalmente con esa nada que soporta cuanto es, tal y como las místicas de las diferentes tradiciones anticiparon casi desde los primeros tiempos de la civilización. Ahora bien, ¿de qué se trata, al fin y al cabo? ¿De comprender que el todo no es más que nada y aprender a vivir en consecuencia? Pero ¿cuál es esa consecuencia? Pues si la nada es un final, entonces tanto da acariciar que matar, engendrar que disparar. Pero si la nada es un comienzo, entonces la nada no puede ser un final. Y es que si la nada es lo dejado atrás, entonces la nada no es lo real, sino el mundo o, mejor dicho, la vida en el mundo. Y una vida que se nos da como ahora una última oportunidad es una vida que se encuentra sometida al imperativo de ser vida hasta el final.

complejo paterno

agosto 15, 2012 § Deja un comentario

Tu padre morirá antes de que te haya dado su bendición. Tendrás que aprender a vivir con ello. Tendrás que ocupar su lugar a pelo, esto es, sin comprender cuál es el sentido de esa ocupación. También puede que antes te des cuenta de que tu padre no existe. Que él fue tan miserable como tú. Sea como sea, el final es el mismo. Y es que quienes han sido bendecidos antes de tiempo permanecen ligados al fantasma del padre, no a su verdad. De hecho, no van más allá de la repetición. Siguen con esas cosas que se hacen desde tiempos inmemoriales, sin apenas otro interrogante que el de quien se preocupa por lo que hay que ponerse según la ocasión.

Jn

agosto 15, 2012 § Deja un comentario

El evangelio de Juan es una de las pocas grandes obras del espíritu. De hecho, con sus equívocos, es el gran evangelio cristiano. En él se reescribe todo el AT, pues todo cuanto es posible decir de Dios se dice de aquel que muere como un maldito de Dios. Pues, una de la líneas de fuerza que recorre el evangelio atribuido a Juan es que antes de la desaparición de Jesús de Nazareth nadie comprende nada de Dios. Y esto es lo mismo que dijeron los profetas con respecto a Dios mismo: que nadie se encuentra en manos de Dios, mientras Dios siga siendo aquel con quien podemos tratar religiosamente. Pero hay que tener mucha audacia para decir que nadie se sitúa ante Dios, si no se sitúa ante la Cruz. Tanta audacia que el cristianismo solo pudo sobrevivir entre los hombres manteniendo a Dios en su lugar y haciendo de Jesús un dios paseándose por la tierra.

preposiciones

agosto 15, 2012 § Deja un comentario

Vivir de la música o para la música. De la pintura o para la pintura. De la escritura o para la escritura. De Dios o para Dios. Entre estas disyuntivas se decide la vida de los hombres.

Bernanos

agosto 15, 2012 § Deja un comentario

Hay que leer a Bernanos. Sobre todo, su Diario de un cura rural. Pues a veces los grandes escritores católicos han visto más lejos que esos sacerdotes que, preocupados por conservar la parroquia, se decantan con demasiada facilidad por el cristianismo del no n'hi per tant, el cual tiene como sabemos dos versiones, la del cristianismo opusdeístico y la del cristianismo kumbayá. En ambos casos, esos sacerdotes engendran cristianos demasiado satisfechos de sí mismos como para que su vida hable por sí misma de Dios. Y es que los testigos literarios de la fe —los Graham Greene, los Dostoievski, el mismo Bernanos…— supieron ver que no hay redención sin sacrificio. Que el precio de la gracia no es barato que digamos. La soledad del hombre de Dios es, ciertamente, infinita.

vuelo parabólico (2)

agosto 15, 2012 § Deja un comentario

Las parábolas de Jesús de Nazareth son, como sabemos, desconcertantes, por no decir, inaceptables para quienes aún contamos con nuestras posibilidades. Así, por ejemplo, la del hijo pródigo o la de los jornaleros de la viña. En ambos casos, Dios no parece que sea muy justo que digamos. Que el hijo que ha dilapidado la herencia paterna acabe teniendo el mismo trato que el hijo fiel; que los trabajadores del atardecer reciban el mismo salario que aquellos que comenzaron a trabajar de buena mañana… Sin embargo, la verdad de estas parábolas solo es accesible para quien está situado en la óptica de los tiempos finales. Desde esta óptica, todos estamos en la misma posición. Las diferencias —los méritos— dejan de tener relevancia. Donde prevalecen los méritos, seguimos en la situación de Caín y Abel. Pero donde el tiempo se acaba de lo que se trata es de nacer. Como si todo cuanto pudiéramos haber hecho antes careciese de la más mínima importancia. Como si el presente continuo fuera un tiempo perdido, un tiempo muerto (un tiempo de muertos). Y es que no hay que olvidar que Jesús de Nazareth fue un profeta escatológico, alguien que estaba convencido que la hora de Dios era cuestión de días. Luego vendrán los discípulos y con lucidez implacable harán de esa Cruz el tiempo final que el profeta anticipó.

cuestionario

agosto 15, 2012 § Deja un comentario

¿Qué mantiene una existencia en pie? ¿Qué la sostiene? ¿Una emoción, un sentimiento? ¿Una verdad? ¿Un paradigma? ¿La inercia de los días? «Que importa. Al final, todo es gracia.»

strong sense

agosto 15, 2012 § Deja un comentario

Como perros que olisquean las esquinas buscamos aquí o allí, casi sin ser conscientes de nuestra desesperación, los momentos de la sensación verdadera. La mujer abrazada a su amante en el asiento de atrás de una moto de gran cilindrada por las carreteras de la costa. Una cerveza en un chiringuito de la playa, al fin solitaria. Los minutos después del amor en el que ella reposa sobre el pecho del hombre. La soledad de una celda monástica… Siempre son momentos silenciosos, instantes que no exigen la palabra, un término en el que fácilmente creemos que ya hemos llegado, que no hay nada más allá. Y a veces también creemos que viviremos de esos momentos, que esas sensaciones bastan para sostener una existencia. Nos equivocamos, por supuesto.

oración

agosto 14, 2012 § Deja un comentario

A veces pienso que hay más verdad en la oración judía que en la cristiana, pues el cristianismo difícilmente puede desembarazarse de los préstamos de la superstición popular, esos que explican en buena parte su éxito histórico. Tanto el judaísmo como el cristianismo admiten que Dios se da como promesa de sí mismo (o, según la feliz fórmula de Jüngel, que Dios en sí se da en adviento) y que, mientras tanto —mientras no acontecen los tiempos finales—, de Dios en el presente tan solo tenemos su huella, su mandato: el clamor de los huérfanos, el llanto de los crucificados de la Tierra. Pero, a la hora de invocar a Dios —a la hora de dirigirse a Él— diría que tan solo el judío es consecuente con esa experiencia de Dios. Pues en la mente de muchos cristianos, Dios sigue siendo aquél que se ubica en el presente por encima de quienes le representan, como si se tratara de un espíritu bonachón. Esto es, como si fuera ese deus ex machina de las tragedias de Eurípides que puede intervenir en cualquier momento como solución a nuestros problemas, sin que esa intervención ponga un punto y final a nuestro mundo. Mientras que el judío, el cual está demasiado cerca del sufrimiento de los hombres como para que la invocación sea, antes que una disposición del alma bella, un gesto corporal, no deja de tener presente la altura de Dios. No es causal que los judíos entiendan que quien reza de verdad, reza ante un muro. Quien espera una solución de Dios, no se encuentra en verdad en manos de Dios. Tan solo quien le invoca sabiendo casi por instinto que Dios, en el presente, no responde de otro modo que invocando al hombre. Pues tan solo quien le invoca sin esperar una solución aquí y ahora, puede escuchar el grito de los oprimidos como la voz imperativa de Dios. Pero el cristianismo está demasiado acostumbrado a jugar con dos barajas como para caer en la cuenta de su doblez. Por suerte, la relación del hombre con Dios no se decide de nuestro lado. Y quizá hayan sido los cristianos los que, tradicionalmente, han respondido en mayor medida al clamor de las víctimas. A pesar de su vena supersticiosa. O quizá por ella.

las cosas del Mariano (2)

agosto 13, 2012 § Deja un comentario

El problema de una espiritualidad new age es que depende en exceso de un saber acerca de las últimas cosas. Esto es, depende de que su hipótesis de trabajo sea, precisamente, verdad. Pues imaginemos que no fuera cierto que hay otra dimensión —que ésta no fuera más que una imagen sin correlato objetivo—. No parece que los esfuerzos del hombre por participar de esa dimensión tuvieran algún sentido más allá del efecto placebo. Otra cosa es que esa otra dimensión fuera, según los términos de Corbí, una realidad absoluta. Ahora bien, como dice acertadamente Corbí, una realidad absoluta no es nada en particular, y por tanto, en estricta lógica, efectivamente no es. Y si la espiritualidad del hombre tan solo puede apuntar a su disolución en la nada, entonces de lo que se trata, al fin y al cabo, es de morir. A menos que baste con caer en la cuenta de que todo en definitiva es nada. Pero en ese caso la realidad absoluta ha dejado de ser precisamente absoluta, pasando a ser algo que se da en relación con nosotros, una idea o un cierto saber. A mí me parece que el carácter último de la nada impide, de hecho, que podamos considerarla como aquello mas real de la existencia. La nada, sin duda, no puede darse más que como la imposible posibilidad de todo cuanto es. Como si, al fin y al cabo, todo cuanto es solo pudiera hacerse presente desde el horizonte último de la nada. Sin embargo, si la nada es la imposible posibilidad de cuanto es, entonces lo real no es la nada, sino aquello palpable, corpóreo, bello y maloliente a la vez. Lo real es el mundo, si la realidad absoluta no es propiamente nada. Por eso mismo, en relación con la nada, no hay gran cosa qué decir ni qué hacer. En todo caso, la cuestión es cómo queda nuestro mundo —y qué hacer con él— una vez caemos en la cuenta de que la nada es el fondo insuperable de la existencia. Pues la nada o bien nos arroja al nihilismo, si el hombre contempla esa nada como final, o bien transfigura el mundo, si de lo que se trata es de vivir dentro de un plazo. Pues si la nada es un final, todo vale por igual. Mientras que si la nada hace de este mundo, otro mundo —un mundo definitivo, final—, entonces una masacre no es lo mismo que la alegría de un niño. Desde la nada que transfigura el mundo, el hombre debe vivir, no morir (aun cuando inevitablemente tenga que morir). En este caso, la nada no puede ser un destino, sino ese silencio que mantiene el mundo en vilo, a la espera de una última palabra. Somos en verdad quienes esperan esa última palabra. Y porque somos eso no podemos ir más allá, sin dejar de ser quienes somos.

la haine (1)

agosto 13, 2012 § Deja un comentario

La Bondad, así con mayúsculas, no es de este mundo. Los hombres buenos mueren siempre antes de tiempo. La Bondad, pues, no sirve como medio de transformación. No es la Bondad la que transforma la historia, sino la violencia. La Bondad, en todo caso, es significativa. Sin duda, si todos fuéramos buenos, el mundo sería diferente. De hecho, sería otro mundo. Pero lo cierto es que el mundo es mundo porque no todos somos buenos. Este es el dato inicial e indiscutible de la política. La exhortación moral solo resulta inteligible, si damos por sentado que podemos alcanzar la bondad. Pero, la política no puede dar por sentada esta posibilidad. Al contrario. Por eso mismo, la política no es una moral por otros medios. La política y la moral se mueven en ámbitos distintos, aun cuando tengan zonas en común. El hombre, mientras pertenezca al mundo —mientras siga siendo natural—, necesita excluir a quienes encarnan, representan el Mal. Pues la tentación del hombre es erigir una reino de paz —una ciudad de Dios— y no puede haber paz que no esté rodeada de muros infranqueables. Por eso resulta cuanto menos desconcertante que el Dios de la Bondad —aquel que quisiéramos preservar intramuros del poder del odio— haya querido morir en las afueras y no habitar en los templos. De ahí que un creyente no pueda esperar otra cosa que el regreso de un Dios que decidió sacrificarse incomprensiblemente para que el hombre permaneciera definitivamente ligado al fin del mundo.

la haine (y 2)

agosto 13, 2012 § Deja un comentario

La violencia contra el enemigo siempre se encuentra cargada de buenas razones. El enemigo, por defecto, es aquél que merece la muerte, aquél que debe morir, pues el enemigo es quien ha decretado previamente nuestra muerte y la de nuestros hijos. Un enemigo no es un interlocutor. Es una bestia, la encarnación del mal. La justicia nunca termina de desprenderse del aroma de la venganza. Por eso la guerra contra el enemigo es, por definición, justa. La violencia política encuentra sus motivos en esa necesidad tan humana de acabar con el mal de una vez por todas, como quien arranca las malas hierbas de un jardín. Los escuadrones de las FAI cazando curas como si fueran ratas, las falanges de los fascistas, masacrando rojos como quien restaura el orden (sobre)natural de las cosas… Todos, los nuestros y los otros, respondían a una violencia anterior. Todos fueron diablos. Por eso la bondad solo puede prevalecer irracionalmente, es decir, sin otro motivo que el de respetar obsesivamente el imperativo del no matarás o, lo que viene a ser lo mismo, el carácter sagrado de la vida humana. Aunque lo cierto es que los hombres buenos —y este es el misterio de la historia— suelen ser los primeros en morir. La bondad tan solo puede triunfar donde el mundo deje de ser mundo. Esto es, en el final de los tiempos. Mientras tanto deberemos contentarnos con su simulacro, la ciudad de Dios.

escathon

agosto 12, 2012 § Deja un comentario

Quizá comprenderíamos mejor la calificación de Jesús de Nazareth como Hijo de Dios, si en vez de comprenderla espacialmente, esto es, como si Jesús se hubiera desplazado de arriba a abajo, la comprendiéramos en términos estrictamente escatológicos, como si Jesús hubiese venido del futuro, de esos tiempos finales en donde se decide la relación de Dios con el hombre. Incluso el lenguaje de la resurrección adquiere una mayor inteligibilidad. Pues quizá los evangelistas no quisieran decirnos otra cosa cosa que la siguiente: que la muerte abyecta de Jesús de Nazareth lo que hace es revelarnos su existencia como la de un resucitado, esto es, como la de ese hombre que estaba tan próximo a Dios (a su altura, a su mandato) que regresó de la muerte de los tiempos finales con la vida misma de Dios, aquella que une a los hombres de una vez para siempre con lazos de sangre.

liberty one

agosto 12, 2012 § Deja un comentario

Sabemos que en la India aún se pactan matrimonios desde el momento mismo del nacimiento… tal y como se ha hecho en todas partes hasta hace prácticamente doscientos años. ¿Se trata de una aberración? ¿Acaso las parejas experimentan su situación como una asfixiante falta de libertad? Difícilmente, mientras el modo de vida siga siendo el ancestral. Donde esto es lo que hay, donde lo decisivo no es el encuentro de las almas o la satisfacción de un determinado gusto o preferencia, sino la crianza, el compañero o la compañera que te ha tocado en suerte no es más, ni menos, que eso, una suerte, en el sentido literal. Del mismo modo que hoy por hoy nadie sufre como falta de libertad, el hecho de tener un rostro y no otro (aun cuando pueda sufrir su rostro, ciertamente, como una maldición). Otro gallo nos cantaría, sin embargo, si pudiéramos cambiar de rostro como quien cambia de chaqueta. En ese caso, quienes, bien porque no pudieran costeárselo, bien porque tuvieran que quedarse, por aquello de la fuerza de las costumbres, con el rostro que les ha caído en gracia, encontrarían a faltar, sin duda, una mayor libertad. La libertad por tanto solo aparece donde una determinada forma social hace posible la elección como el centro neurálgico de la existencia. Pues donde no es posible elegir —donde las cosas no son propiamente ofertas, sino eso que hay—, la libertad, al menos entendida según el modo liberal, es del todo ininteligible.

«diferance»

agosto 12, 2012 § Deja un comentario

Hay quienes creemos, porque así lo hemos vivido, que la paz forma parte del orden natural de las cosas. No es que ignoremos que hay muerte y violencia. Pero éstas ocurren, por lo común, extramuros. Difícilmente nos afectan, salvo como una excepción a la tranquila sucesión de los días. Hay otros, los más, para quienes en cambio la muerte y la violencia se encuentran demasiado presentes como para obviarlas. Pero solo ellos pueden saber qué valen la vida y la paz. El resto estamos obligados a representar sobre un escenario esa muerte y esa violencia, si queremos, cuanto menos, comprender por dónde van los tiros de las grandes palabras de la existencia. Así, la cultura solo es tal mientras ponga sobre nuestra mesa esas verdades que tuvimos que dejar atrás para exorcitar los peligros de una vida al raso. La cultura es, por tanto, religión por otros medios. Pues no hay religión que no sea en cierto modo un intento de recuperar la vitalidad perdida, aquella que mantuvimos a flor de piel mientras sabíamos que en cualquier momento el oso o el caníbal podía devorarnos.

la hermana

agosto 12, 2012 § Deja un comentario

Escribe Sándor Marai: «entre el hombre y la naturaleza puede haber vínculos que desconocemos. Porque Dios está detrás de todas las cosas. No es tan fácil llegar a Dios. También hace falta sacrificio. La gente desea sacrificarse porque solo así puede esperar reencontrarse con Dios. Quieren sacrificio… porque sin Dios no pueden vivir.» Hoy en día, sin embargo, estamos lejos de comprender el alcance de estas palabras. No en vano venimos de un cristianismo que hizo del sacrificio religioso un sinsentido. Pues el cristianismo dice básicamente dos cosas: que sin sacrificio no hay reconciliación con Dios que valga (y en esto el cristianismo sigue siendo religioso); pero el sacrificio que vale no es el del hombre, sino el de Dios (y esto es lo que ninguna religión puede admitir). Quizá el hombre pueda vivir sin Dios, pero lo cierto, cristianamente hablando, es que Dios no puede vivir sin el hombre. De ahí que para un cristiano lo decisivo no sea alcanzar a Dios, sino responder al sacrificio de Dios, aquél que hace, precisamente, que en la historia no pueda haber otro Señor que el Crucificado. Y esto tiene más que ver con la justicia que con el hecho restablecer la conexión con el orden natural de las cosas.

la felicidad

agosto 11, 2012 § Deja un comentario

Quien cree que uno puede ser feliz solo jugando a la play o probándose trapitos durante todo el santo día, podrían preguntarse que le diría a su hijo si le soltara, precisamente, que él es feliz haciendo eso. Pues hay algo en nosotros que no admite que uno pueda ser feliz sin, de algún modo, perseguir algo que merezca la pena. Y lo que merece la pena no se decide en los estrechos límites de una sensibilidad aun por madurar. Es como aquel tío que nos dice que él solo es feliz tirándose a las tías (o, lo que es peor, a las cabras). Fácilmente le diríamos que algo se pierde de la vida donde no ve más que culos. Pues quien dice que es feliz de este modo no habla de la felicidad, sino de sí mismo. Con todo, no deja de ser cierto que nuestra felicidad, aunque se trate de aquella de quien sabe vivir, no constituye una última palabra.

vecinos (y 2)

agosto 11, 2012 § Deja un comentario

I. M. se pregunta si quien se va al Raval a echar una mano a los hijosdeputa es acaso mejor que mis vecinos adolescentes de sant Pol, esos que gastan las horas mirándose al espejo y jugando a la play. Pero se lo pregunta por preguntar, pues es obvio que del lado del hombre es mejor ir más allá de uno mismo que permanecer mirándose el ombligo. Es mejor quien ha visto ya demasiadas cosas de los hombres, como quien dice, que aquel que solo se pregunta si tiene un buen aspecto o si logrará superar el nivel diez del fly simulator. Al menos esto es tan viejo como Platón, cuando en el final de su apología, decía aquello de que una vida reflexionada posee más valor que una vida sin reflexionar. Sin embargo, lo extraño —lo inaceptable para el hombre— es que del lado de Dios aún no haya nada decidido aquí. Pues nada de lo que haga el hombre por ir más allá de sí mismo garantiza que en el momento de la verdad, ese adolescente dé un paso al frente, y tú, con tus inquietudes y tus logros, escurras el bulto.

la fira alternativa (y 2)

agosto 11, 2012 § Deja un comentario

Nadie que tenga dos dedos de frente —nadie que tenga presente los horrores de la historia— puede confiar en las posibilidades del hombre. Que el león coma hierba, no es algo que esté en nuestras manos. Y, sin embargo, hay ciertas cosas que no podemos tolerar. Por ejemplo, que unos suden sangre, para que otros vivan mejor. De ahí que tengamos que coger el pico y la pala. Pero una revolución que dependa de imágenes demasiado creíbles, tarde o temprano, termina por naufragar. Pues esas imágenes se revelarán con el tiempo como falsas expectativas. Un ideal no deja de ser un ídolo. Ocurre aquí como el enamorado que le promete el oro y el moro a su chica solo porque aún no le ha olido los pies. Pico y pala, sin duda —o, si hiciera falta, el martillo comprensor—, pero solo porque no podemos tolerar ciertas cosas o, por decirlo en creyente, porque no podemos hacer otra cosa que obedecer a un mandato indiscutible (un creyente es un soldado), sabiendo que, una vez hayamos resuelto el problema de hoy, a la mañana siguiente tendremos que seguir cavando. Y es que el porvenir siempre queda en manos de Dios. Como quien dice.

la fira alternativa (1)

agosto 11, 2012 § Deja un comentario

Ya estamos de pleno en los tres días que aquí en sant Pol le dedican a la fira alternativa (se supone que con respecto al sistema). El lema de este año es sin revolución, no hay evolución. Pues en esa estamos, cambiando las cosas, entre xibecas a dojo y música ska hasta las cuatro de la madrugada. La verdad es que no acabo de entender por qué están contra el sistema, pues el sistema es el que, entre otras cosas, les da una referencia a sus precios. Así, por ejemplo, tenemos que el mismo queso ecológico, que en el pueblo te lo venden a 18€ el quilo, ellos te lo enchufan a 32, eso sí con el valor añadido de esa sonrisa floja que dan los porros. Y es que las chicas de la charcutería ponen siempre la cara de derrota que te queda tras doce horas de trabajo, día tras día. Supongo que a todos nos gusta escuchar que el amor y la fraternidad son posibles, pues los perroflauta no paran de dar la tabarra con su buenismo por los altavoces de la feria. Pero solo haría falta que les dejaran el mundo en sus manos —solo haría falta que pudieran comenzar de nuevo— para que se dieran cuenta de que su historia es la misma historia de siempre. Que la fraternidad dura lo que dura un caramelo en manos de un niño. Que, tarde o temprano, comenzamos a creer que el otro no se merece su suerte. Que no todos trabajan por igual. Etc. Pues Caín y Abel, no hay que olvidarlo, fueron hermanos. El problema de cierta progresía es haber dejado de lado eso tan católico del pecado original. Como si el mal del mundo se debiera tan solo a una mala organización. Cuando lo cierto es que el mal anida en los tuétanos del hombre. De ahí que los profetas, los cuales no podían ser ciertamente ingenuos, viviendo como vivían en un mundo en donde la violencia era un dato natural, dijeran que otro mundo solo era posible como otro mundo. Que el hombre desde sí mismo no podía esperar que la fraternidad y la justicia tuvieran la última palabra, aunque, desde la experiencia de la vida como don, no pueda hacer otra cosa que esperarlo. De ahí que las imágenes de la esperanza creyente, a diferencia de aquellas de la expectativa-perroflauta, sean literalmente increíbles. Pues nadie en su sano juicio puede esperar que el león coma hierba. Y es que este esperar sin esperanza, más que un supuesto, es un síntoma del valor que la vida tiene para quien ya ha visto demasiadas cosas del hombre como para creer en su posibilidad.

vecinos (1)

agosto 11, 2012 § Deja un comentario

Nuestros vecinos de sant Pol son normales. Una pareja de unos cuarenta y pico con dos hijos adolescentes. El chico en cuestión se levanta a media mañana, se tumba en la playa hasta la hora de comer y luego se pasa la tarde entera jugando con la play hasta eso de las diez, que es la hora en la que queda con sus amigos para picar unas bravas. Su hermana, más o menos igual, solo que durante la tarde no deja de mirarse al espejo y chatear con el whatsapp. Y así durante todos los días del verano. Muchos dirán que son felices. Algunos pocos, sin embargo, no podrían soportar su felicidad.

las cosas del Mariano (1)

agosto 9, 2012 § Deja un comentario

La tesis de Marià Corbí sobre el hecho religioso constituye un lugar común de nuestros tiempos. La tesis defiende principalmente dos ideas, a saber, que las religiones son cosa del pasado y que, por eso mismo, el acceso a la realidad absoluta hoy en día no puede tener lugar por la mediación de los presupuestos y las prácticas de la religión. En tanto que fenómenos culturales, las religiones permanecen ligadas a una circunstancia que ya no es la nuestra y lo que exige nuestra circunstancia cara a la experiencia de la realidad absoluta es una espiritualidad laica, esto es, una espiritualidad sin Dios o, como también suele decirse, transconfesional. Marià Corbí distingue, pues, entre religión y espiritualidad, entendiendo por religión aquella serie de creencias y ritos que cosifican la realidad absoluta hasta el punto de transformarla en una especie de proyección de lo humano. Así, la religión permanece vinculada a una determinada imagen de la realidad absoluta, imagen que tiende a tomarse, precisamente, por real, mientras que la espiritualidad accedería a esa realidad absoluta sin otra mediación que las técnicas de la purificación o el desprendimiento. Al fin y al cabo, es como si Corbí hubiera hecho suya, aunque sacándola de contexto, aquella conocida sentencia de Rahner, la que decía que el cristiano del futuro, o será místico o no será. Nuestros tiempos serían pues los tiempos de la mística, la cual hasta el momento habría sobrevivido agazapada en los intersticios de las diferentes tradiciones religiosas. Ciertamente, la posibilidad de que exista una divinidad personal, a la manera de un fantasma bueno, es hoy en día literalmente increíble. Y, en este sentido, resulta difícil tomarse en serio la idea de que nuestra existencia se encuentra dominada por esas presencias invisibles que son los espíritus. Pues, al fin y al cabo, los espíritus, sean benefactores o demoníacos, de darse, aún no serían nada último para quienes han dejado atrás su infancia.

La tesis de Marià Corbí tiene su qué, pues resulta indiscutible que hay dos modos de vivir. El primero sería el propio de quienes no ven más allá de su interés. El segundo, el de aquellos que dan por hecho, aunque sea por olfato, que existimos en aguas que nos cubren, por emplear la hermosa expresión de Merton. Según los primeros, no habría más que cosas, las cuales por defecto pueden ser enteramente incorporadas a los estrechos límites de un yo. Para los segundos, en cambio, lo verdadero es aquello que en modo alguno podemos incorporar, eso que permanece fuera del alcance de un yo que no puede evitar comprenderse como el centro del mundo. Es lo que Corbí, como hemos visto y siguiéndole la pista a la tradición metafísica, denomina realidad absoluta o incondicionada. En este sentido, el hombre no podría situarse ante la realidad absoluta como quien se sitúa ante un objeto, sino en todo caso tan solo podría, por decirlo en místico, disolverse en ella. La realidad absoluta no sería, pues, una cosa —no sería nada en particular—, sino el medio en el que somos, ese no-ser que fecunda, sostiene todo cuanto es. Desde la óptica de la espiritualidad laica o transconfesional, quien se deja absorber, aunque sea imperfectamente, por lo que es en verdad, trasciende la vida más elemental, la que separa la vida de la muerte, el yo del no-yo, el bien, del mal. Y, sin duda, hay más vida en aquél cuya vida apunta a lo que nos supera que en aquellos que, como las bestias, viven pendientes de sí mismos. Ahora bien, una vez llegados aquí, podríamos preguntarnos si el pensamiento de Marià Corbí es lo suficientemente radical, si ha superado realmente el horizonte de lo religioso, si no estará haciendo religión aunque por otros medios. Esto es, podríamos preguntarnos si lo que nos trasciende en verdad puede comprenderse a la manera de una realidad absoluta. Pues desde los textos bíblicos, la contraposición no se da entre las religiones que personifican a Dios y las que lo mantienen como substancia impersonal —pues en ambos casos se trataría de paganismo, sino entre las que hacen de Dios una presencia y la que vive a Dios como ese por-venir que te arroja en manos del sin Dios. Como si para la fe bíblica lo decisivo con respecto a Dios, no fuera Dios, sino el otro hombre, la viuda, el huérfano, el extranjero. Como si bíblicamente, el presente fuera indefectiblemente un mientras tanto, el tiempo que media entre la retirada de Dios y su definitiva e imposible irrupción. Como si desde la fe bíblica no pudiera haber otra conexión con Dios que la que se da entre aquellos que le obedecen, es decir, se aman sin Dios mediante. Como si, en definitiva, lo que nos supera, no fuera la nada, sino la nada de Dios en medio del sufrimiento indecible de los hombres (y el Mandato que se desprende de esa nada). En este sentido, parece que Marià Corbí está más cerca de la religión de la guerra de las galaxias —esa en la que sus creyentes esperan que la fuerza les acompañe— que la de aquella que cuya experiencia de lo trascendente más que elevar al hombre, lo deja en bolas. Y es que bíblicamente, Dios no es una posibilidad del hombre, sino el hombre una posibilidad de Dios. Pero éste ya será el asunto de otro post.

maldito Dante

agosto 8, 2012 § Deja un comentario

Si tuviéramos que caracterizar nuestros tiempos de un brochazo, podríamos decir que en ellos lo extraordinario se ha convertido en norma o, mejor dicho, en ese ideal que cualquiera puede (o debería) alcanzar, con un poco de suerte. Así ocurre, por ejemplo, en el caso del amor. Pues a ningún antiguo se le hubiera ocurrido que un mortal pudiera esperar para sí mismo las historias apasionadas de los dioses. Sin duda, la simbiosis de las almas es posible, pero solo como pueda serlo la excepción, el milagro, lo extraño. Pues aquello que podemos exigirnos habitualmente los unos a los otros —lo que debería ser preferible antes que nada— es una feliz coincidencia, un trato amable, una buena compañía. En absoluto, la redención. Y si sucediera algo más que esa feliz coincidencia, probablemente entenderíamos lo que los antiguos daban por hecho, a saber, que la irrupción de lo extraordinario no es de hecho ninguna bendición.

Sören

agosto 8, 2012 § Deja un comentario

Una vida humana no puede tener sentido, esto es, en modo alguno puede comprenderse como la representación o encarnación de una vida arquetípica. Pues acaso la clave de nuestra individualidad resida en la imposibilidad de admitir el orden general de las cosas. Y ello gracias a un Dios que se dio a la fuga y que, por eso mismo, exige ser buscado. Quienes saben de estos asuntos suelen decir que el hombre no tiene esencia, sino tan sólo existencia. Traducción: que el hombre, en tanto que siempre se halla fuera de sí mismo, es aquél que por defecto nunca llega a ser enteramente, a coincidir consigo mismo. Jamás hay descanso para el hombre. Nadie se encuentra allí donde está. Por consiguiente, si el hombre existe es porque, al fin y al cabo, Dios no existe. O, por decirlo con otras palabras, si fuimos arrojados al mundo es porque Dios no permanece clavado en los cielos para fijar nuestra posición en el mundo. De hecho —y en esto consiste la revelación cristiana— Dios permanece clavado en la Cruz. Porque Dios dejó de ser divino —porque Dios renunció a la vida arquetípica—, nadie puede decir de sí mismo que sea en verdad lo que aparentemente es o representa: una buena madre, un caza osos, un maestro, un hombre de Dios… Cualquier éxito —cualquier brillo exterior, cualquier aspecto— es siempre un malentendido. De ahí que para el hombre la reconciliación consigo mismo sea, en todo caso, un por-venir absoluto, algo que en modo alguno le compete, y que, por eso mismo, queda en manos de Dios (que en cristiano es siempre un sin Dios). La insinceridad nos pertenece, así, como lo más íntimo. Y esta fue nuestra suerte.

corpore

agosto 8, 2012 § Deja un comentario

Un cuerpo es una psicología. Así, resulta difícil que uno pueda distanciarse de sí mismo donde goza de la bendición de un cuerpo incuestionable. De ahí que las mujeres más bellas, por lo común, sean más bien tontetas. Esto es, puras bestias. A menos que, por un motivo u otro, no lleguen a creerse los dictámenes del espejo. En ese caso, su belleza sera ciertamente lo de menos.

la luz va con su sombra

agosto 8, 2012 § Deja un comentario

Una verdad acerca de las últimas cosas depende siempre de quién la encarne. Pues una verdad de este calibre exige haber visto lo que muy pocos han visto, a saber, la nada que sostiene lo visible. Ahora bien, también es cierto que nadie es profeta en su tierra… aun cuando sea capaz de mostrar la cara más oculta de la verdad. Pero ¿de qué va éste? ¿Acaso no es el que va con los colgados del pueblo? De ahí podemos deducir que quien encarna una verdad no la encarna por ser quien es, al fin y al cabo alguien que hace lo que puede con lo que le ha caído encima, sino porque, desde una cierta distancia, puede representar una figura arquetípica —la del monje solitario, la de quien regresa de la batalla, la del ángel de Dios…—. Como si la verdad sin mito poca cosa pudiera hacer.

Godbusters

agosto 7, 2012 § Deja un comentario

Sin temor de Dios, no hay Dios. De ahí que ninguna religión pueda sobrevivir donde la superstición es superada. ¿Qué alteridad puede de hecho aparecer sin provocar nuestro repliegue? ¿Acaso hay alguien por ahí que pueda enorgullecerse de haberle tomado las medidas al fantasma? Si pudo hacerlo es que no era un fantasma. Ahora bien, la cuestión es qué tememos de Dios. Y no es lo mismo temer su intervención que su juicio. En el primer caso, seguimos con los miedos de la infancia. En el segundo, en cambio, alcanzamos el miedo de quienes ya lo han visto todo, el de los condenados a muerte. Pero ¿quién de los que se encuentran tan a gusto con su Dios puede permanecer a la espera de un indulto? ¿Será verdad aquello del nazareno, a saber, que solo los que soportan el peso de una tara imborrable —las putas, los publicanos, los leprosos…— son capaces de Dios?

la verdad como bla, bla, bla

agosto 7, 2012 § Deja un comentario

Una bestia literaria es quien sabe que para alcanzar la verdad no basta con decir la verdad. Así, por ejemplo, todos sabemos que vivimos dentro de un plazo, que todo termina con el tiempo. Pero no por saberlo somos capaces de verlo. De hecho quien se limita a decirlo tal cual, como acabo de hacerlo ahora, difícilmente provocará el más mínimo temblor de piernas. Es necesario recurrir a la metáfora —al giro de una imagen justa— para que podamos ver lo que tenemos ante nuestras narices y, de este modo, seamos capaces de descubrir lo obvio. Pues la verdad o se nos da como aparición, como el motivo de nuestro asombro, o no se nos da en absoluto, aun cuando lleguemos a certificarla. De ahí que necesitemos a los poetas, si queremos permanecer en la verdad. Las palabras, como todo cuanto admite un uso, acaban sufriendo un serio desgaste. Y es muy difícil caer en la cuenta de lo que ya damos por descontado. Así, los viejos amantes ya no pueden decir te amo diciendo simplemente te amo. Ni los viejos creyentes decir Dios donde simplemente dicen Dios. Como si en toda re-velación lo que tuviera que ser velado es, precisamente, la lisa y llana verdad.

desencaje

agosto 7, 2012 § Deja un comentario

Puesto que no hay modo de seguir con lo habitual allí donde Dios hace acto presencia, por lo común, en la fase terminal de la existencia, allí donde el hombre ya no tiene un futuro por delante, resulta cuanto menos desconcertante, por no decir blasfemo, ese intento de los acomodados por integrar a Dios en su cotidianidad. Y, así, no es causal que donde nos atrevemos a bautizar cualquiera de nuestras banalidades —desde sacar al perro hasta tomar el sol—, Dios acabe por ser alguien de quien podemos perfectamente prescindir.

aberración

agosto 7, 2012 § Deja un comentario

¿Puede una chica normal querer que alguien que va en silla de ruedas y apenas puede articular palabra, alguien que parece un deficiente mental, sea el padre de sus hijos? No, mientras siga siendo normal. Pues si se diera el caso, no tardaríamos mucho en sospechar que ella no está del todo bien. Que si no sabe donde caerse muerta, que si emocionalmente siempre fue una chica inestable, que si lo hace para santificarse… Pero también es verdad que desde la óptica de los últimos días, su decisión quizá se revelaría como más definitiva que las denominadas naturales. Ya lo dijo Hegel: que lo natural en el hombre es dejar de ser natural. Como si el hombre solo pudiera afirmarse a sí mismo frente a la impiedad de la naturaleza. La cosas de Dios siempre tienen algo de excesivo, por no decir, de aberrante.

salvador

agosto 7, 2012 § Deja un comentario

Brillante Sostres. Aquí.

D

agosto 7, 2012 § Deja un comentario

La gran literatura de Occidente es como el Talmud: un comentario a la Biblia o, mejor dicho, un intento, siempre fallido, de superarla. Qué son la Divina comedia, Crimen y castigo o El poder y la gloria, sino grandes fracasos y, por eso mismo, grandes obras. Al fin y al cabo, quien alcanza una cierta altura es porque se batió con gigantes.

el encanto de la psicología femenina (2)

agosto 7, 2012 § Deja un comentario

Estas chicas de ca l'hugas no tienen desperdicio. A: «para mí veranear es cenar cada noche fuera de casa». B: «pues mi marido, desde que le dije que no hacíamos nada, me saca a bailar cada noche a l'envelat.» A: «vaya rollo esto de bailar cada noche en el mismo sitio ¿no?» B: «sí, desde que hizo cincuenta años se ha vuelto un muermo.» C: «pues en Formentera no había nadie, nadie.» B: «es que se nota la crisis”. A: ”la crisis es muy jodida». Comentario de texto: será verdad que solo somos iguales ante Dios.

el encanto de la psicología femenina (1)

agosto 7, 2012 § Deja un comentario

En ca l'hugas de Sant Pol, una de las mujeres que tengo al lado le dice a la camarera: «no sé si tomarme una coca-cola o un cortado». Camarera: «no sé, lo que tu quieras…» Y la mujer al fin se decide: «pues tráeme un zumo de melocotón, bien frío.»

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