probos
julio 22, 2011 Comentarios desactivados en probos
La soteriología cristiana —su sentido de la salvación— se sostiene, como es sabido, sobre el acontecimiento de la resurrección. O como dice Pablo, si Cristo no ha resucitado, vana es nuestra fe. Sin embargo, para ser honestos deberíamos admitir que esto de la resurrección de la carne, tal y como suele entenderse por lo común, no parece ser algo exclusivo del cristianismo. Por ejemplo, ciertas creencias indotibetanas, se refieren a ciertos yoguis que consiguieron transformar su cuerpo en un cuerpo inmortal. Estos yoguis en verdad no mueren, sino que desaparecen en el cielo revestidos de un cuerpo luminoso, el cuerpo astral del primer hombre. Casos como estos se encuentran a puñados, como quien dice, en la gran mayoría de las religiones. Sin ir más lejos, dentro de la tradición hebrea tenemos los ejemplos de Enoc y Elías. Así pues, parece ser que los justos, con independencia del cómo, acceden finalmente al reino eterno de la pura luz. Lo que no es de recibo es decir que esas elevaciones no fueron reales, mientras que la de Jesús de Nazareth sí lo fue. A menos que la resurrección cristiana no trate propiamente de Jesús, sino de Dios mismo.
bonheur
julio 21, 2011 Comentarios desactivados en bonheur
Es posible la felicidad. Sin embargo, puede también que la felicidad no lo sea todo.
st. pol
julio 21, 2011 Comentarios desactivados en st. pol
Ayer tarde en el Fiji, el chiringito del final. Muy pocos en la playa. El mar, brillante. Unos niños corren por la arena. Ríen con ganas. Me fumo un par de cigarros, mientras me tomo una cerveza. Todo coincide. Aún así, no puedo evitar la sensación de que estoy sufriendo una ilusión. Como si, estando ya muerto, mi cerebro aún mantuviera un eco de actividad concibiendo esos niños, esas risas y esa luz. Sin embargo, bien pudiera ser que las cosas fueran de otro modo: que sea nuestra vida y no la divina el verdadero más allá de un universo inerte.
nihil obstat
julio 20, 2011 Comentarios desactivados en nihil obstat
Un nihilista no niega lo extraordinario. En realidad, apenas le da más importancia que la que corresponde a una curiosidad. Aquello extraordinario no es más que algo simplemente extraño. Nada en verdad otro le incumbe, pues. Ya puede irrumpir el mismo Dios que nada le distraerá de su convicción más íntima, la de saberse fuera de la totalidad.
no sense
julio 20, 2011 Comentarios desactivados en no sense
Se trata de un dato: la necesidad de conocer la muerte antes de acceder al ‘mundo del espíritu’.
naufragio con espectador
julio 20, 2011 Comentarios desactivados en naufragio con espectador
Dice Epicuro: los dioses existen… Esto es: lo absolutamente otro existe. Y luego añade: … pero no quieren saber nada de nosotros. Esto es: con ese otro no hay nada que hacer. Nunca te querrá junto a él. Al fin y al cabo, no podrás ver las cosas con los ojos de la divinidad. Acepta, pues, el milagro: tu vida es una excepción en el orden de un cosmos indiferente. Tómate unas olivas con tus amigos. Aunque llueva. Puede que mañana estés muerto.
re
julio 20, 2011 Comentarios desactivados en re
Aparentemente, uno es lo que representa. De ahí la importancia del espejo. Sin embargo, un espejo siempre te dirá lo que escucha la reina madre en Blancanieves: la más bella es siempre otra. Esta es tu verdad: estás lejos de lo que deberías ser. Un espejo nunca miente. No eres tú, sino otro quien representa aquello que quisieras ser. Ese otro es, de hecho, tu fantasma. Ahora bien, quien se busca a sí mismo muere con su fantasma (Blancanieves, de nuevo). En términos piscoanáliticos, se trata de la herida de Narciso. Otra cosa es que tu vida responda a una llamada. Pero para eso uno ha de tener otro tipo de herida, aquella que hace inviable, precisamente, cualquier identidad.
historias bíblicas 5 (bis)
julio 19, 2011 Comentarios desactivados en historias bíblicas 5 (bis)
En 1642, los jesuitas de Francia supieron de la captura, tortura y reducción a esclavitud de Isaac Jogues a manos de los iroqueses mohicanos. Pero no sabían que amigos calvinistas holandeses de Manhatten lo habían convencido para que se escapara, y lo llevaron a una playa bretona. Vestido con andrajos y ocultando sus manos mutiladas (de las que faltaban varios dedos que los iroqueses se habían comido), Isaac se dirigió al colegio de la Compañía en Rennes. Cuando el Rector supo que este mendigo venía de Canadá, le preguntó: «¿Conociste al Padre Jogues?» «Muy bien, por cierto», fue la respuesta. «¿Lo han matado?» «No, Padre; está vivo y libre…, ¡soy yo!». Fue un momento de gran emoción. Un año más tarde, Isaac estaba de nuevo entre los iroqueses. Murió martirizado. (AMDG Express)
el poder de las palabras
julio 19, 2011 Comentarios desactivados en el poder de las palabras
Probablemente, «invisible» sea una palabra mágica, una de ésas que crean la realidad a la que apuntan. O como dicen los lingüístas, un término performativo. Así, quien por ejemplo dice estar pendiente de una más allá por defecto invisible —quien no puede admitir la clausura de la totalidad, quien se pregunta una y otra vez ¿y eso es todo?— se encuentra en realidad ante lo invisible, esa inviable posibilidad…, pues, por definición, lo que es invisible es siempre invisible y no, como suponen muchos espíritus religiosos, un hecho que, de momento, no podemos ver.
sexenio
julio 19, 2011 Comentarios desactivados en sexenio
Cada estoy más cerca del final y aún no he logrado salir de mí mismo.
Dt 6
julio 19, 2011 Comentarios desactivados en Dt 6
En Dt 6 encontramos lo siguiente: «escucha, Israel: el Señor, nuestro Dios, es el único Señor. Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas. Graba en tu mente todas las cosas que hoy te he dicho, y enséñaselas continuamente a tus hijos; háblales de ellas, tanto en tu casa como en el camino, y cuando te acuestes, y cuando te levantes. Lleva estos mandamientos atados en tu mano y en tu frente, como señales, y escríbelos también en los postes y en las puertas de tu casa.» Se trata, como sabemos, de la plegaria fundamental del pueblo judío. Ahora bien, ¿cómo puede exigirse el amor? ¿Cómo puede mandarse? ¿Qué puede significar amar a quien no ves o, lo que es más desconcertante, a aquel que, como Señor, se le debe tanto la bendición como la desgracia (Is 45, 7). ¿Cómo cabe amar a un Dios que, al mismo tiempo, deberíamos temer? (Is 8 11-13; Sal 34, 11; Flp 2 12-13…) Más aún: ¿cómo es que se hace necesario grabar en nuestra mente lo mandado por Dios? ¿Acaso es posible olvidarlo? Todo esto, al fin y al cabo, resulta muy extraño… Y es que quizá sea cierto que la irrupción misma de la alteridad, la posibilidad misma del Rostro, dependa de la frágil esperanza del hombre. Como si la realidad misma de Dios —ese por-venir— solo pudiera preservarse en la fidelidad creyente. Como si el temor de Dios, el temor tan humano de sufrir el rechazo o la falta del Padre, no fuera otro que el envés del temor de una divinidad que se puso demasiado pronto en manos del hombre.
maranata
julio 17, 2011 Comentarios desactivados en maranata
Supongamos un mundo feliz, una humanidad en la que tan solo cuentan el pan y el circo. Una humanidad, como quien dice, distraída con sus cosas. En esa humanidad, aún quedan unos pocos, pongamos por caso unos miles entre la decena de miles de millones del conjunto, que leen aún a Shakespeare, que se interesan como Sócrates por las grandes palabras o por las contradicciones de los hombres. O por su culpa. Estos pocos no podrían evitar creer que lo que para ellos es irrenunciable está a punto de desaparecer. Mejor dicho: en verdad, no podrían creerlo. Esos hombres y mujeres seguirían convencidos que una humanidad que renuncie a las preguntas que no puede resolver es una humanidad perdida. Poseen la certeza —la llevan tatuada en la piel— que la inquietud por lo que en cierto modo nos supera pertenece al núcleo duro de lo que humanamente somos. Contra toda evidencia, aguardarían a que resurgiera de nuevo el espíritu de la vieja humanidad. Ellos no pueden concebir otra posibilidad.
(Trasládese esto al caso de esos esclavos que creyeron que tenían a Dios de su parte y quizá comprendamos mejor de qué va esto de la fe judía. Y es que la fe no es un posibilidad entre otras disponibles, sino un síntoma de quienes somos o seguimos siendo en un mundo hostil.)
el vaso se desplaza por encima de la mesa mientras nos damos las manos
julio 17, 2011 Comentarios desactivados en el vaso se desplaza por encima de la mesa mientras nos damos las manos
La mayoría de los creyentes de hoy en día se espantaría, como es normal, ante la aparición del espíritu de un muerto. Y, sin embargo, se dirigen sin ningún rubor a quien existe en el más allá como si fuera un amiguete. De hecho, aun cuando le rezan con cómoda devoción, en lo más profundo desean que Dios siga guardando una debida distancia… y eso no se le hace a un amigo. Si creyeran honestamente en aquello en lo que dicen creer —si creyeran, por tanto, en la posibilidad de una aparición de Dios— tendrían probablemente las rodillas peladas. Al fin y al cabo, los antiguos eran más coherentes con sus creencias cuando daban por sentado que la presencia de la divinidad no puede darse sin un cierto temblor de piernas.
profanación
julio 16, 2011 Comentarios desactivados en profanación
Profano significa: no hay alteridad, sino uso. Sagrado significa: solo hay alteridad; no cabe el uso. La cosa sagrada —lo santo, lo numinoso— posee, pues, el aura de otro mundo. Y, por eso mismo, nada sagrado —nada en verdad otro— se da sin temor reverancial. Aquí la cuestión es en qué sentido puede seguir siendo Otro un Dios que, siendo más íntimo que mi propia intimidad, inspira más mi anhelo que mi temblor. Y acaso la importancia de Abraham tenga que ver, precisamente, con esto: que él fue el primero en experimentar que un Dios en verdad otro solo se da como un Dios que se echa en falta. El Dios que se anhela —el Dios que andamos buscando— es, por defecto, un Dios que ha dejado de estar presente. Como si Dios no pudiera ser más íntimo que cuando deja una huella. En cualquier caso, el temor infantil que inspira un padre no es el mismo que el que inspira su ausencia sine die, acaso el único temor iniciático, el único que nos arroja a una incierta madurez.
nietzscheanas 18
julio 16, 2011 Comentarios desactivados en nietzscheanas 18
Un nihilista es aquel que ya no espera nada extraordinario de la vida. Para el que ya no cree en nada todo no es más que la eterna reiteración de lo mismo. Nada otro se revela, pues, entre lo que nos traemos entre manos. Las cosas simplemente pasan y la única diferencia entre ellas reside en el grado de satisfacción que nos aportan. Algo extraordinario es simplemente algo sensacional. Y lo cierto es que las cosas no pueden darse de otro modo una vez la antigua distinción entre lo natural y lo sobrenatural ha dejado de ser obvia. Un creyente, por el contrario, siempre aguarda que vuelva papá —o que aparezca el príncipe o la vestal—. (Con todo, lo que distingue a los creyentes es qué hacen mientras tanto. O mejor dicho: qué creen que deben hacer.)
desagües
julio 14, 2011 Comentarios desactivados en desagües
Quienes entienden que la transición del mito a la explicación racional del mundo constituye un avance neto demuestran poseer una visión mítica de la historia. O, por decirlo en general, la idea de un progreso lineal no deja de ser una ilusión. Como sabe perfectamente un conservador, todo logro implica una pérdida. Así, por ejemplo, donde avanzamos en racionalización, retrocedemos en infancia y el mundo deja de ser un hogar. Mejor dicho, el coste de un mayor dominio de la circunstancia es la pérdida del sentido de la alteridad. Nada en verdad otro se encuentra en lo que nos traemos entre manos. En este sentido no es casual que cuanto más racional sea nuestro modo de vida, mayor será nuestra necesidad religiosa. O, por poner otro ejemplo, donde avanzamos en igualdad —donde la igualdad se afirma por defecto—, avanzamos también en nihilismo, pues donde todo vale por igual, nada vale en verdad. Y es que siempre que tiramos el agua sucia por el desgüe hemos de preguntarnos a dónde ha ido a parar el niño.
querido Watson
julio 14, 2011 Comentarios desactivados en querido Watson
No hay religiones primitivas. Si es cierto que el rito no basta para definir una religión, es decir, si la religión no consiste solo en el trato con la divinidad, sino que debe comprenderse como el intento de hacerla presente, entonces la religión solo puede surgir donde de hecho se ha perdido la presencia del dios, esto es, con la progresiva racionalización de la formas de vida. Casi podríamos decir que se trata de un fenómeno que nace cuando el mundo deja de ser algo animado. Cuando dejamos el bosque por la ciudad. Cuando los hombres se preguntan dónde está su dios. Así, donde hay religión, no suele haber dios que valga. El dios de la religión es, cuanto menos, problemático, si es que, no directamente, una nada. Los pueblos que trataron con los dioses como quien trata con las cosas que tiene a mano —los pueblos que vieron espíritus por todas partes— no necesitaron ningún templo para encontrarse con Dios.
paralelas
julio 13, 2011 Comentarios desactivados en paralelas
Platón intento comprender como exigencia racional lo que la imaginación mítica daba por sentado, a saber, el carácter trascendente de lo real. Según la sensibilidad mítica la vida verdadera —o la belleza verdadera, o la bondad verdadera, etc— es siempre algo característico del dios. Los hombres solo viven en apariencia y, por eso mismo, su vida, de valer algo, solo vale por imitación. Para Platón, en cambio, los dioses no representan ningún papel en la cuestión de cómo una vida puede arraigar en lo que acontece en verdad. Como sabemos, Platón defendía que lo real es lógicamente aquello que no puede estar en sí mismo presente, sino siempre supuesto, es decir, sub-puesto y, por tanto, aquello que, en cualquier caso, es ocultado por su misma manifestación sensible. No hay presencia, así, que no se sostenga sobre una ausencia. La cuestión no es ociosa, pues una vida que no encare lo real —una vida que no vuelva sobre sí misma— no se posee a sí misma y, por consiguiente, no vive en (la) verdad. O por decirlo de otro modo, una vida en falso es una vida que se arrastra por la vida. Ahora bien, ¿cómo encarar lo que por lógica siempre se encuentra más allá de toda presencia como la condición, precisamente, de cualquier presencia? ¿Acaso hay otro modo que amándolo? Platón probablemente entendió que el único modo ser realista es persiguiendo hasta la extenuación psíquica una realidad que no acaba de darse enteramente por ningún lado. Esto es: como si este mundo no fuera el nuestro.
Kaaba
julio 13, 2011 Comentarios desactivados en Kaaba
El argumento es de Plotino: Dios carece de conciencia, pues de tenerla Dios sería algo otro para sí mismo y, por consiguiente, lo que no es Dios formaría parte de la divinidad. Ergo —y esto ya no es Plotino—, Dios es una piedra. Quienes se lamentan ante el muro de Jerusalén no escuchan otra respuesta de Dios que aquella que devuelve la roca. Y aun así, podríamos dialécticamente ir más lejos: porque Dios es una piedra, Dios se da como esa llamada a la que uno debe necesariamente responder. O, por decirlo de otro modo, en tanto que Dios es impenetrable, su voz acaba coincidiendo con la de quienes fueron penetrados por detrás contra su voluntad.
sub iudice
julio 13, 2011 Comentarios desactivados en sub iudice
Quien es muy consciente de que nada se decide desde sí mismo —quien sufre en sus propias carnes la ausencia de una genuina alteridad— probablemente no pueda eviatr creer que su propia existencia se encuentra pendiente de juicio. Del mismo modo que aquellos que padecen alucinaciones difícilmente podrán resolver por sí mismos la cuestión de la verdad.
nietzscheanas 17
julio 13, 2011 Comentarios desactivados en nietzscheanas 17
La era de la técnica es la era en la que todo lo que es posible, debe hacerse. Esto es: la era en la que nada es sagrado, en la que no hay límite que no deba ser franqueado. Donde no hay Dios que temer —donde el único Dios que podemos admitir es el dios-amiguito o aquel que coincide con los efluvios de una energía cósmica—, difícilmente habrá una frontera moral que sirva como el non plus ultra de la existencia humana. Así, si fuera posible detener genéticamente el envejecimiento celular, tarde o temprano, alguien lo hará. Ahora bien, no hay que ser muy listo para ver que no todos los hombres podrían gozar de esta inmortalidad. Del mismo modo que Adán se separó del mono, el superhombre se separará del hombre. Los hombres normales seremos, sin duda, chimpancés para aquellos que consigan vivir diez mil años. Otra cosa, sin embargo, es que los superhombres sean en verdad algo menos que el hombre. En este sentido, no es causal que en el antiguo Egipto se imaginaran a los dioses como bestias —y, así, un dios tan solo sería algo incomparablemente más fuerte que el hombre—, pues quien sabe que no tiene que morir, no puede estar más allá de sí mismo. Un inmortal no es más que un amasijo de inclinaciones. Por tanto, no es del todo ridículo suponer que la casta de los superhombres sea una casta de dioses aburridos que solo sean capaces de jugar… como si la vida les fuera en ello. Esto es, al fin y al cabo, lo que tiene la evolución tot court: que no puede haberla sin que el hombre le entregue el alma al diablo.
cabalgata
julio 12, 2011 Comentarios desactivados en cabalgata
Es muy dificil seguir creyendo en los reyes magos una vez supiste que eran los padres. Y probablemente sea ésta la situación de quienes, tras Copérnico y compañía, ya no podemos creer como antiguamente en la posibilidad de un cielo y una tierra. Ahora bien, lo cierto es que lo reyes son los padres. O mejor dicho: lo que revela la desmitificación es que los padres son en realidad los reyes. Son a tus padres —esos a quienes has visto dormir con la boca abierta— a quienes debes en verdad los dones que recibiste el día de reyes. No otra cosa parece decir el cristianismo. Los padres, así, ocupan el lugar de unos reyes que no pudieron estar presentes. Ellos deben seguir en su más allá para que podamos darnos cuenta de que todo lo de Dios siempre tiene lugar entre hombres.
la desproporción
julio 12, 2011 Comentarios desactivados en la desproporción
Es obvio que el contraste entre quienes pueden vivir y quienes no nos supera por entero. Al fin y al cabo, nos da igual —o casi— que al año mueran unas cuantas decenas de millones de niños por desnutrición. Cuestión de poder seguir siendo quienes somos. Desde esta óptica, dar gracias a Dios por la suerte de los tuyos es casi una provocación. Como si Dios no se hubiera identificado hace tiempo con el niño del barreño. (Y, aun así, no deja de ser cierto que la bendición y la maldición son debidas a la altura de ese mismo Dios.)


the times
julio 12, 2011 Comentarios desactivados en the times
No es casual que la única religión actual —la única que puede ser digerida por el estómago moderno— sea el panteísmo, la creencia que equipara Dios y Mundo. La sospecha de que la visión de las cosas acaso no sea más que una alucinación —la posibilidad que lo que vemos sea tan solo una función de la mente— atraviesa por entero la modernidad y, por eso, para el individuo moderno, el problema será, precisamente, demostrar que haya algo asi como lo enteramente otro. Dicho en teológico: dado que la experiencia de la realidad es algo que se decide en el interior del yo, la extrema alteridad de Dios siempre permanecerá bajo sospecha… a menos que el propio pensamiento pueda ser concebido como uno de los infinitos pensamientos de Dios. Sin embargo, si todo no es más que la expresión de la divinidad —si no somos más que una ola del mar—, entonces la libertad solo puede darse como la distancia que mantiene el espectador con respecto a una escena sobre la que no es posible incidir. O por decirlo de otro modo, si Dios coincide con la facticidad va a resultar muy difícil que el mal sea algo muy diferente a un modo de ver las cosas. Por eso, los judíos entendieron de buen comienzo que uno solo puede liberarse de la tiranía del mundo estando sometido al mandato imposible de un Dios que se encuentra más allá de la totalidad y que, por eso mismo, mantiene el mundo pendiente de un hilo.
שְׁמַע יִשְׂרָאֵל
julio 8, 2011 Comentarios desactivados en שְׁמַע יִשְׂרָאֵל
Ninguna otra creencia insiste tanto como la de Israel en la memoria. Los paganos —quienes dan por descontada la presencia de la divinidad— no necesitan recordar. De hecho, solo tienen que cumplir con las cláusulas del contrato: unas cuantos sacrificios bastan para garantizar la protección del dios de turno. Aquellos que ven dioses por todas partes —aquellos que experimentan los hechos del mundo como la manifestación de un poder invisible— habitan, por tanto, este mundo de cara a una realidad sobrenatural que, por eso mismo, se ofrece como la dimensión oculta del mundo, como algo que, en definitiva, aún pertenece al mundo. En cambio, un judío es muy consciente que existimos de espaldas a Dios. O mejor dicho: que el Dios verdadero es aquel que nos da la espalda (Ex 33). Por eso es necesario recordar: porque no podemos vivir bajo la continua presencia de Dios. Que quien dice vivir bajo su presencia, de hecho vive cubierto por la sombra del ídolo. Y es que lo más fácil —lo más propio— es vivir como si poseyéramos la vida que nos ha sido dada desde el fondo mismo de la nada. Lo más fácil es olvidar que lo más vivo —el abrazo de los huérfanos— es debido a un Dios que decidió negarse a sí mismo para que el hombre pudiera, precisamente, vivir.
as usual
julio 7, 2011 Comentarios desactivados en as usual
Como suele ser habitual, todo anda entre dos extremos. Hay quienes viven de cara a lo pendiente —o mejor dicho: a lo siempre pendiente—. Y aquellos que se cierran en banda, como si pudiera darse algo por entero. Son los que comulgan con ruedas de molino, aquellos que quieren convencernos que se encuentran allí donde están.
las de la intuición
julio 7, 2011 Comentarios desactivados en las de la intuición
Hay muchas chicas por ahí que se encuentran orgullosas —o al menos así lo proclaman— de su facilidad. Son aquellas que creen que no hay que ponerse muy transcendentes con esto del sexo: al fin y al cabo, las cosquillas son las cosquillas. ¿Qué problema hay en tirarse a ese chico tan bueno y punto y pelota? Finalmente será cierto que las chicas fáciles han conseguido lo que tanto ansiaron las feministas, a saber, ser como ellos. Pues es indiscutible que los machos, desde el origen de los tiempos, se sienten como en casa en esto del aquí te pillo, aquí te mato. Sin embargo, es muy posible que quienes gozan de tantas facilidades vivan de espaldas a la complejidad de las cosas, una complejidad que llevó a Nietzsche a decir aquello de que todo placer pide eternidad. Esta es la verdad: hagamos lo que hagamos, siempre habrá algo que siga estando pendiente. Resulta ridículo pretender que ya hemos llegado cuando apenas hemos salido del cascarón. Sigue siendo cierto, pues que la mayoría permanece prisionera de lo que se dice –o se lleva o se hace…—, al fin y al cabo, del se. O como diría un clásico: la mayoría es, por defecto, idiota. Es su deber.
jedi
julio 7, 2011 Comentarios desactivados en jedi
Supongamos por un instante que nos hubiéramos encontrado por ahí con un sapo que hubiera llegado a ser un problema para sí mismo, uno que fuera consciente de que tiene pendiente llegar a ser alguien, uno que, a pesar de sus intentos, no alcanzara a reconocerse en su imagen. Un sapo que se enfrentara al ideal de sí mismo. Y supongamos igualmente que pudiéramos hablar de todo esto con él. Es muy posible que vibrase con las grandes obras del espíritu, desde Shakespeare hasta Bach. Y es muy posible también que nos fuera más cercano —más semejante— que esos hombres y mujeres embrutecidos por sus circunstancias, incapaces de distanciarse de sí mismos y, por supuesto, de creer en la posibilidad de una vida elevada. Para quien se encuentra más allá de sí mismo es muy difícil poder hablar seriamente con estos brutos. Es muy difícil que pueda considerarlos como interlocutores válidos, tratarlos, en definitiva, como iguales. Probablemente llegaríamos a la misma conclusión que los antiguos, a saber, que la única humanidad es la que se manifiesta en el alma bella. Y, si consiguiéramos desembarazarnos del prejuicio cristiano, probablemente también nos escandalizaría que alguien dijera que son esos brutos quienes están más cerca de responder a la demanda de Dios que aquellos sapos listos que, como mucho, saltarán de charco en charco en busca de aguas más limpias.
pureza racial
julio 6, 2011 Comentarios desactivados en pureza racial
Parece que hay como dos posibilidades. La de quienes están convencidos que es posible alcanzar la integridad —o como suele también decirse, una coherencia vital— y la de quienes no. Estos últimos dan por descontado, probablemente porque lo han vivido de cerca, que siempre le daremos la espalda a esa verdad que podamos llegar a reconocer. Así, quizá caigamos en la cuenta de que la vida nos ha sido dada, como quien dice, pero que en cualquier caso acabaremos existiendo como si la poseyéramos. O que en verdad estamos en deuda con quien nos quiere, pero que de hecho acabaremos traicionándole… aunque solo sea en sueños. Pues bien, los primeros creen que solo podemos dar lo mejor de nosotros mismos donde alcanzamos la pureza del ideal. Son los hombres y mujeres de sensibilidad religiosa. Algunos de los segundos, en cambio, creen que la única elevación se da —de darse— en medio del fango en el que andamos metidos hasta las cejas. Son los evangelistas. De hecho éste es el escándalo: que la puta que fue capaz de abrazar a su cliente por compasión esté más cerca de Dios que las vírgenes de los templos. Como si la vida de Dios solo pudiera acontecer entre aquellos que no están a su altura. Como si el único Dios fuera el que decidió embrutecerse con nuestras deposiciones.
mapeo
julio 6, 2011 Comentarios desactivados en mapeo
Es difícil que una vida posea un mínimo de gravedad si no gira en torno a algo sagrado o, lo que viene a ser lo mismo, intocable y, por consiguiente, real. Con todo, esto resulta más difícil aún donde ya no cabe ningún temor de Dios, pues lo intocable en modo alguno es lo que, de hecho, no podemos alcanzar, sino lo que no debemos alcanzar aun cuando podamos.
religare, relegere
julio 5, 2011 Comentarios desactivados en religare, relegere
Toda religión, por defecto, pretende recuperar el vínculo perdido con la naturaleza. Con otras palabras: se trata en el fondo de reconciliarse con la experiencia básica de la infancia, aquélla en la que aún formábamos parte de un mundo animado. El sentimiento de desamparo habita en lo más profundo de cada uno y es cuestión de resolverlo. Por eso no basta con decir que no hay Dios —que no hay más cera que la que arde—, pues ahí el niño que aún va con nosotros es dejado atrás y donde el niño es dejado atrás no alcanzamos ninguna integridad. Es como si la cuestión religiosa fuera, en definitiva, la cuestión de qué hacemos con nuestra infancia allí donde, a la vista de tanto sufrimiento, ya no podemos seguir siendo unos niños. La cuestión, en definitiva, de si es posible una segunda ingenuidad. Aquí la etimología puede sernos útil una vez más, ya que las dos posibilidades de reconciliación se corresponden con los dos raíces de la palabra ‘religión’: o bien re-ligare, o bien re-legere. En el primer caso, se trata simplemente de recuperar como si nada hubiera pasado las prácticas de la infancia, aquéllas que nos proporcionan el sentimiento de participar de lo que de algún modo nos supera. En el segundo, de reinterpretarse —releerse— a la luz de un mundo que se presenta cuanto menos indiferente a los asuntos humanos. En este sentido, la realidad de Dios permanece como una cuestión abierta, esto es, permanece del lado del hombre como la pregunta por Dios —o el cuestionamento de Dios—, al fin y al cabo, como ese pecio de la infancia del que no podemos ni debemos desembarazarnos, si no queremos estar al servicio de un mundo que no puede admitir el carácter sacro de la vida. Dios en tanto que pendiente sigue presente como por-venir absoluto y, por cosniquiente, irrealizable —yo soy el que seré, le revela a Moisés—, como la ausencia determinante de una praxis vital. La primera vía es, como sabemos, mítica. La segunda, judía. Tan solo para esta última, la Bíblia es un libro abierto. Y porque solo los judíos saben leerla, solo ellos entienden que la realidad de Dios es indisociable de la historia misma de Dios. Como si en Dios hubiera un antes y un después. Como si el espíritu del hombre —y en definitiva la relación del hombre consigo mismo— no pudierra comprenderse al margen de lo que le ocurre a Dios mismo.
escisiones
julio 5, 2011 Comentarios desactivados en escisiones
Quienes se encuentran cristianamente al pie del cañon —quienes responden a la llamada de los sinDios— suelen creer en Dios como si se tratara de un fantasma bueno. Esto es, sencillamente, así. Sin embargo, la verdad de su compromiso difícilmente se deja expresar en esos términos. Si Moisés llegó a escuchar el clamor de los esclavos como el clamor mismo de Dios fue porque Dios no se le reveló de otro modo. Dios solo se hace presente como llamada demencial. No es que primero intimemos con Dios y luego Dios nos diga qué debemos hacer. En realidad, precisamente, porque no podemos intimar con Dios como quien intima con un ángel de la guarda, la voz de Dios se identifica con la voz de los sinDios: es lo único que escuchamos en lugar de Dios cuando le invocamos, precisamente, en razón del sufrimiento de los hombres. Otra cosa es que humanamente tengamos que recurrir a las imágenes de Dios para poder ir tirando con la verdad. Pero esto solo hace que confirmar que existimos de espaldas a la verdad. Incluso allí donde la realizamos.
YWHW es decir YWHW
julio 5, 2011 Comentarios desactivados en YWHW es decir YWHW
Pocos comprenden el antiguo respeto judío por el nombre de Dios, un respeto colindante con el temor. Pocos comprenden que lo que está en juego es, precisamente, la recta relación del hombre con Dios, una relación que en modo alguno puede ser religiosa. La crítica veterotestamentaria a la idolatría debe comprenderse como la crítica a la religión, si entendemos por religión ese comercio con la divinidad de turno, comercio cuya última pretensión es la de garantizar nuestra inserción en el mundo, nuestra feliz adaptación. Quien da por sentado que, con respecto a Dios, lo de menos es el nombre —que Dios, en tanto que realidad suprema, puede admitir diferentes nombres— acabará por confundir a Dios con los astros: al fin y al cabo, si se trata de un poder que decide sobre nuestras vidas, tanto da que sea un dios que la conjunción astral o el reiki. El supuesto de la crítica a la idolatría es que el hombre no puede armonizarse con el cosmos. Que la única paz, aunque siempre provisional, es la que alcanzan quienes responden inhumanamente a la llamada del hijoputa del pobre como si fuera la llamada misma de Dios en un mundo que no puede admitir tales vínculos. Así, pues decir que de Dios solo poseemos un nombre que no podemos pronunciar sin tomarlo en vano, supone afirmar que no hay algo así como un hecho que se corresponda con ese nombre. En tanto que no remite a nada que podamos nombrar de otro modo —en tanto que el nombre de Dios no es ni siquiera una idea de Dios—, el nombre de Dios no es intercambiable. No hay, pues, diccionarios que nos permitan traducir la experiencia bíblica de Dios a otras experiencias de la divinidad. No hay diferentes idiomas para la experiencia genuina de Dios tal y como sí tenemos a nuestra disposición diferentes lenguas para designar las cosas que se encuentra ahí, frente a nosotros. De hecho, la prohibición de pronunciar el nombre de Dios —la prohibición de hacer de Dios un tema— es la única ortodoxia para una sensibilidad bíblica. La correcta relación con Dios no pasa, así, por dirigirse sacrificialmente a la divinidad esperando obtener su favor, sino por la correcta relación con el desgraciado, una relación que solo puede darse verdaderamente como delirio. O lo que viene a ser lo mismo, no hay método que valga para Dios. Y esto es lo que cuesta tanto de tragar: que no hay verdadera re-ligación con Dios que no nos saque de nuestras casillas.
paradigmas
julio 4, 2011 Comentarios desactivados en paradigmas
Nuestra época es una época probablemente equivocada en esto del amor, pues no puede deberse sino al error el hecho de que el ejemplo máximo del amor sea el de las películas románticas. Si los amantes siempre se deben la vida que alcanzan a vivir, si la entrega propia del amor obedece a un sentirse en deuda con el otro, como quien dice, y no solo a una fuerte atracción, entonces el modelo más ajustado quizá sería el de la relación paterno-filial. Un amor que solo responda al deseo está condenado a la erosión y, por tanto, es difícil que pueda valer como tal. En cambio, es improbable que le digamos a un hijo aquello de que lo nuestro se acabó. Él te da, sin duda, la vida que le diste. Incluso en el caso de que la relación se te haya atragantado. Es posible que muchos no estemos a la altura de la herencia que recibimos, pero, en cualquier caso, será cierto que los amantes de verdad no son nada el uno sin el otro. Ni tampoco es casual que el amor sea, al fin y al cabo, un asunto de pobres.
madera de dioses
julio 4, 2011 Comentarios desactivados en madera de dioses
El Dios bíblico es, sin duda, muy extraño, pues un Dios que se encuentra más allá del cielo es un Dios que no puede aparecer como espíritu del mundo o, por decirlo a la manera clásica, como fuerza o poder sobrenatural. ¿Cómo, entonces, es posible la fe? ¿Cómo es posible el creyente, aquel que confía en un Dios que no parece estar dispuesto a intervenir? Una fe ciega —una fe que no se sostiene sobre lo que cabe ver o constatar— ¿qué subjetividad supone? No es casual que la experiencia íntima de Dios, en bíblico, no sea la propia del entusiasmo de quienes se sienten arrebatados por el empuje de un espíritu superior, sino la propia de quien se encuentra sometido a una llamada imposible pero al mismo tiempo ineludible, esto es, la de aquellos que se ponen en manos del pobre, ese hijo de puta, porque llegaron a escuchar su clamor como la voz misma de Dios. Bíblicamente, Dios se da como la exigencia —la ley, el mandato— que nadie en su sano juicio puede admitir. La vía de acceso a Dios no es, por tanto, la propia del deseo de Dios, la de ese anhelo tan humano de hallar un fundamento sobre el que reposar. En Dios no hay descanso, sino espera. Dios no se revela como la piedra angular del Mundo, sino como el imperativo que saca al hombre de sus casillas. Yavhé siempre acaba por desmentir la confianza natural en una divinidad que parece sostener las posibilidades mundanas del hombre. No es causal que quienes confían solo en Dios tengan, pues, las de perder. No es casual que el Mundo sea, por defecto, antisemita. Un creyente no puede habitar este mundo como si fuera un hogar.
sobre(natural)
julio 3, 2011 Comentarios desactivados en sobre(natural)
La fe que muchos sacerdotes reclaman de sus fieles es una fe demasiado naturalizada como para que pueda valer como fe. Se trata de una fe que da por hecho que existen entes etéreos con los que poder alcanzar un buen trato. Como si fueran vecinos que no podemos ver, pero sí oir. En este sentido, el más allá sería como el edificio contiguo que, de momento, no podemos franquear. Y es posible que uno solo pueda interiorizar una religión, si parte de estos supuestos. Pero también es muy posible que el vínculo con el Dios que se encuentra por encima de todo más allá no admita las componendas de una religión.
fe
julio 3, 2011 Comentarios desactivados en fe
Que Dios exija fe, es decir, confianza en vez de sacrificios ya nos da a entender que no estamos ante una divinidad entre otras. Un Dios que dice confía en mí —un Dios que reclama una ciega obediencia— no es un dios con el que uno pueda conseguir un buen trato. Más bien resulta intratable. Todo posible pacto es continuamente pospuesto, todo intento de obtener de Dios un favor a cambio de nuestras ofrendas es postergado una y otra vez, como si Dios nos dijera que nos olvidáramos de Él en el tiempo presente, esto es, el tiempo en donde solo cabe cumplir con lo mandado. No es Dios quien debe responder al hombre, sino el hombre quien debe responder a Dios, mejor dicho, a sus heraldos, los huérfanos. Primero haz lo que te digo y luego ya veremos. Y esto es muy distinto de los intercambios que pudiéramos mantener con fantasmas, antes denominados ángeles o demonios, en cualquier caso, espíritus que nunca reclamarán nuestra fe. Basta con tenerlos presente, basta con saber que están ahí. Es una lástima que el cristianismo echara todo esto por la borda —o casi— cuando, con el objeto de sobrevivir a la crisis de las expectativas apocalípticas que constituyeron su sentido originario, decidiera traer a Dios de nuevo al presente, haciendo de Dios una voz tan íntima que solo era cuestión de tiempo que alguien se atreviera a decir que para ese Dios ya me valgo yo solo.
free sex
julio 2, 2011 Comentarios desactivados en free sex
En un episodio de la sexta temporada de House tenemos el caso de una pareja abierta. Ambos admiten que cada uno pueda enrollarse con cualquiera siempre que le apetezca. La razón del pacto es simple: el otro no satisface por entero las necesidades de uno. También apelan —cómo no— a la libertad de cada cual: nadie es propiedad de nadie. El típico sentimiento de los celos se presenta, pues, como un sentimiento ilegítimo, como ese atavismo a superar, del mismo modo que la agresividad instintiva tiene, cuanto menos, que moderarse para que sea posible la convivencia. Esto, sin duda, parece muy novedoso, pero, de hecho, la novedad no tiene que ver con la práctica, sino con su cruda explicitación. Si las estadísticas no mienten, en siete de cada diez parejas, al menos uno de sus miembros ha sido infiel. La originalidad del matrimonio del episodio de House consiste en poner las cartas boca arriba. La mayoría siempre busca en otra parte lo que no encuentra en casa. Otra cosa es que esta búsqueda sea más o menos obvia. Pero, en cualquier caso, esto es lo normal: donde no ya más que trato, los hombres y las mujeres se relacionan entre sí bajo los imperativos de una lógica comercial. Al fin y al cabo, aquí como en otros ámbitos de la existencia, se trata de lo mismo: de que lo que obtengamos a cambio nos reporte la máxima satisfacción dentro de lo posible. Sin embargo, que este sea la cera que arde no significa que no haya más cera por arder. De hecho, siempre hay algunos pocos por ahí a los que les da igual, como quien dice, que queden necesidades por satisfacer. Su lógica es otra. Son aquellos que se sienten en deuda con aquellos a los que dicen amar. Como si los amantes en verdad siempre se debieran la vida que alcanzan a vivir. Son, ciertamente, los raros. O, como suele decirse, un milagro. Pero dado que este milagro resulta humillante para la mayoría de las parejas, quienes forman la mayoría de las parejas se tratan de facto entre sí como si en verdad se amaran. Los amantes del episodio de House pecaron de ingenuidad. Ignoraban que hay juegos que solo pueden jugarse mientras los jugadores puedan creer que el juego es otro.
quizá con pocas palabras…
junio 28, 2011 Comentarios desactivados en quizá con pocas palabras…
Al fin y al cabo, esto del cristianismo no dice mucho más que lo siguiente: que la vida última es aquella que entrega un Crucificado a quienes le dieron (la) muerte. O lo que viene a ser lo mismo: que no hay otra vida que la vida que se da a cambio de la muerte. Y todo esto bajo el peso de un Dios del cual, en sí mismo, solo poseemos el nombre. Así, quienes esperaban a pie de Cruz la intervención de Dios a la manera del deus ex machina de las tragedias de Eurípides, en su lugar encontraron el imposible perdón de un Crucificado, e imposible no porque de hecho no fuera posible, pues de hecho tuvo lugar, sino porque, en tanto que indigerible, nos obliga una y otra vez a preguntarnos qué significa —qué representa— ese perdón. Lo que no podía humanamente ocurrir, ocurrió: éste es el milagro. Como si lo único que quedara del hombre cuando ya no queda nada del hombre solo pudiera ser reconocido como el espíritu —la huella, el vaho…— de un Dios que, por eso mismo, se identifica con la intratable misericordia de un Crucificado. Cualquier otra visión de la divinidad es, sencillamente, falsa o, si se prefiere, un entretenimiento para almas bellas. Por otra parte, es obvio que todo esto no va con quienes nos encontramos confortablemente escribiendo sobre este asunto tomándonos un café en el WoW.
asfixia
junio 28, 2011 Comentarios desactivados en asfixia
El problema de la mediocridad no es la mediocridad en sí —no es la falta de capacidad o las medias tintas—, sino la prepotencia con la que se dirige a quienes intentan ir más allá de sí mismos. Los mediocres suelen ser, en este sentido, mala gente, aunque, por lo común, hagan cara de no haber roto un plato. Su astucia es instintiva. Nietzsche tenía razón: el mediocre necesita hundir en la miseria a quienes vuelan por encima de sus cabezas. Esta es su verdad. Y, de hecho, al mediocre —al resentido— no le falta razón, pues sabe ver antes que nadie el pie del que cojea quien posee una visión de largo alcance. El problema del mediocre es que se queda señalando la cojera ajena una y otra vez. Necesita hacerlo. Le va la vida en ello. Y puede que el desprecio aristocrático que late en el fondo de quien llegó a distanciarse de la mediocridad circundante sea, al fin y al cabo, un modo de respirar.