rembrandt revisited
diciembre 5, 2010 § Deja un comentario
JLG
diciembre 5, 2010 § Deja un comentario
A menudo en las conferencias se me reprocha mi admiración por las películas de Godard. Me dicen: no se entiende nada, eso no le interesa al público, es demasiado complicado… Entonces respondo con una cita de François Jacob: cuanto más complejo es un organismo, más libre.
Jean Douchet
Tao XI
diciembre 3, 2010 § Deja un comentario
Se abren puertas y ventanas en los muros de una casa, pero es su vacío lo que permite habitarla.
En el ser centramos nuestro interés. Sin embargo, del no-ser depende la utilidad.
R.A.E
noviembre 30, 2010 § Deja un comentario
Dios brilla, en el sentido más positivo del término, por su ausencia.
Simone Weil
saber de sí
noviembre 26, 2010 § Deja un comentario
No eres lo que dices, ni siquiera lo que piensas. Eres aquello que encarnas. Tu búsqueda, tu más allá. Tu ignorancia.
blinks
noviembre 26, 2010 § Deja un comentario
Únicamente un ciego puede ver más allá. Tan solo él puede escuchar la voz que clama en el desierto.
un autre
noviembre 25, 2010 § Deja un comentario
Aquello en verdad otro —ese algo ahí— es precisamente lo que no acaba de alcanzar nuestra sensibilidad: lo inaprehensible de la cosa, su alteridad, su idea. Sin embargo, aquello en verdad otro es lo que no acaba de ser en verdad otro, pues de lo contrario ni siquiera podríamos verlo. Aquello otro ha de ser en cierta medida algo nuestro. O lo que viene a ser lo mismo: ha de darse a nuestra medida. De este modo, si podemos ver cosas ahí es porque, por un lado, el carácter otro de las cosas es, en sí mismo, invisible —si vemos puntos es porque el punto en sí mismo es invisible— y, por otro, porque esa alteridad no acaba de darse como algo realmente otro. That’s all.
kefás
noviembre 25, 2010 § Deja un comentario
Dice el que vive entre sombras: una piedra es una piedra. Sin embargo, en realidad, una piedra no es un piedra. Hay algo en la piedra que se nos escapa: el hecho de que sea algo ahí. Una piedra, esto es: algo se nos da como piedra. Pero precisamente porque ese algo no coincide con su darse como piedra, ese algo podría haber sido cualquier otra cosa. Por tanto, si hay cosas es porque el hecho de que sean algo ahí no acaba de corresponder con su modo de ser, con su mostrarse de tal o cual modo a la sensibilidad. De hecho, en sí mismo, ese algo es cualquier otra cosa, estricta idea de algo ahí: lengua. Al fin y al cabo, la pura exigencia lingüistica de algo ahí. Decir ser equivale a decir deber ser. Todo es algo: todo deber ser ese algo… que no acaba de darse como tal. Seguimos pues en el delirio platónico.
ecos
noviembre 25, 2010 § Deja un comentario
¿Hechos? Un cuerpo bello es algo que se muestra como bello. Pero también algo que se muestra como un amasijo de células. La visión microscópica de ese mismo cuerpo es fascinante pero difícilmente provocará nuestro deseo. El único hecho: que hay algo ahí… que no acaba de ser lo que parece. O por decirlo de otro modo: si algo se da como tal o cual es porque no acaba de darse como tal o cual.
Paris
noviembre 24, 2010 § Deja un comentario
Muchos cristianos creen sin pestañear que de lo que se trata es de llegar a ser buenos. Y esta convicción tiene algo de indiscutible. ¿Acaso esas personas que son buenas de mena no nos hacen sentir bien? ¿Acaso ellas no extraen por simpatia —por vibración— lo mejor de nosotros mismos? Como si de hecho se tratara al fin y al cabo de sintonizar con la frecuencia de la bondad… ¿Quién podrá discutir que se trata de una posibilidad muy nuestra? ¿Quien negará que una vida buena sea, precisamente, buena? Sin embargo, de lo que se trata, cristianamente, es de otra cosa. Propiamente, no se trata de sintonizar, sino de responder. O por decirlo de otro modo: no es cuestión de ser buenos para poder, así, responder, sino de responder a secas. Admitamos que quien se encuentra en verdad sometido al mandato de Dios —el que nace del estómago de los marcados por el silencio de Dios— no puede seguir siendo como antes. Demos por hecho que quien responde terminará por ser más bueno, como quien dice, pues resulta difícil que nuestra sensibilidad no se transforme donde respondemos a la llamada de lo alto. Pero lo desconcertante, por no decir inaceptable, es que nada de lo pueda hacer el hombre para alcanzar a Dios garantiza que pueda en verdad responderle. Más bien —y ésta es, sin duda, una convicción cristiana— quien cree que puede aproximarse a Dios orgullosamente, quien cree que es posible amar al pobre sin que ese mismo amor le destruya —sin que esa entrega disuelva cualquier posible confianza en uno mismo—, no se contará entre aquellos que fueron capaces de Dios.
la humana comedia
noviembre 24, 2010 § Deja un comentario
Durante la infancia, juegas. Luego, comienzas a soñar. El ídolo, esa promesa, se encuentra ahí como un futuro garantizado. Más tarde, te juntas con alguien, quizás engendres unos cuantos hijos. Trabajas, en el mejor de los casos, y cada día se convierte en una repetición de lo mismo. Nada nuevo puedes esperar. En vez de lo extraordinario, obtienes su simulacro, la novedad. Creíste que no vivirías como los demás —creíste que tu vida sería de lo más excitante— pero con el tiempo viste cómo tu vida se convirtió en un oficio. Creíste que serías como don Juan. Pero ignorabas que todas las seducciones acaban por ser la misma seducción, que la novedad por la novedad llega, contra pronóstico, a cansar. Te soportas gracias a que tus espaldas no soportan ningún silencio. ¿Acaso vivir consiste en esto? ¿En arrastrarse? ¿Es, al fin y al cabo, tan distinto ser cajera del Caprabo que abogado en Cuatrecasas? Suponemos que sí y sin embargo… Es posible que en Cuatrecasas hayan más asuntos pendientes. ¿Cómo tenemos el tema de la SEAT? ¿Y el de la fusión de carteras? El grado de la distracción es, sin duda, mayor. ¿Basta con eso? En ambos casos, la vida misma dejó de ser algo por venir —algo que se pretende más allá del dato biológico—. En ambos casos, no queda vida por delante, sino a lo sumo una vida de más. Ya estamos, por tanto, muertos. Ahora solo queda esperar el final del cuerpo. No tienes que pasar cuentas a nadie. Morirás como si no hubieras existido. Ningún destino tiene que realizarse donde nada hay de inalcanzable.
voluntad de poder
noviembre 24, 2010 § Deja un comentario
Proclamar el amor universal a la humanidad es, en la práctica, dar preferencia a todo lo sufriente, enclenque, degenerado… Para la especie, es necesario que perezcan el enclenque, el débil, el degenerado: pero el cristianismo recurre precisamente a ellos, en tanto que fuerza conservadora, reforzando así ese instinto ya de por sí poderoso en los seres débiles, de cuidarse, de preservarse, de sostenerse mutuamente. ¿Qué son la virtud y la caridad en el cristianismo, sino la reprocidad en la conservación, esa solidaridad de los débiles, esa traba a la selección?
F. Nietzsche
1789
noviembre 23, 2010 § Deja un comentario
Si es cierto aquello tan cristiano de que las víctimas nos juzgarán, entonces ¿por qué nos sorprende que la turba se atreva a colgar al aristócrata, incluso si se trata de un aristòcrata del espíritu? Si es cierto que es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja… ¿debería escandalizarnos que aquellos que se arrastrán por la vida como bestias y encima huelen mal acaben por escupirnos en la cara mientras nos dirigimos al cadalso? ¿O acaso creemos que un juicio final va en serio sin guillotina? Las revolución francesa —y, por extensión, la rusa del 17— solo fueron posibles como revoluciones cristianas —o, como se dice técnicamente, como tiempo escatológico—. Como si se tratase de un trailer de los últimos días.
(Sin embargo, se confirma una vez más que Dios y Mundo no acaban de entenderse. Si bien, una revolución social solo cabe en una era cristiana, en definitiva, allí donde no hay más Dios que un pobre Dios, ninguna revolución acaba por ser cristiana. Pues lo que ningún revolucionario puede admitir sin traicionar el espíritu de la revolución es que el juicio de las víctimas se dé cristianamente como perdón. Y quizá sea por eso que una revolución, al fin y al cabo, mantiene el mismo orden de siempre… solo que del revés.)
de (la) nada
noviembre 23, 2010 § Deja un comentario
Mientras la cosa no va en serio poco hacemos más que distraernos. Nada en el centro. Y todo —o casi— es dispersión. Como en el caso de las bestias. Esto, sin embargo, no debería sorprendernos, pues tan solo vemos que la cosa va en serio cuando la muerte husmea a nuestro alrededor. Cuando, por ejemplo, el médico nos diagnostica un cáncer terminal. El vértigo sucede ahí, la existencia alcanza la altura que siempe debió tener: nos queda poca vida por delante y el mundo seguirá sin nosotros, como si no hubiéramos vivido jamás. Todo, sin embargo, comienza entonces para quien a comenzado la cuenta atrás. El drama es que no se encuentra en manos del hombre el momento de la sensación verdadera. A lo sumo puede meditar, esto es, anticipar mentalmente ese momento, cosa la cual, sin embargo, no es poca cosa.
iconoclastia
noviembre 23, 2010 Comentarios desactivados en iconoclastia
¿Cómo es posible que algunos aún defiendan que, en el fondo, todas las religiones apuntan a lo mismo? ¿Cómo puede ser lo mismo creer que quienes sufren una vida de perros la sufren porque tienen un karma maldito que creer que Dios es poco más que aquél que fue abandonado sobre la acera? No se trata simplemente de una falta de honestidad intelectual. Se trata de la impiedad.

sacrificio
noviembre 23, 2010 § Deja un comentario
Acaso Nietzsche no quiso decir otra cosa, a saber, que los valores no son superiores a la vida. Ningún valor, pues, puede exigir el sacrificio de la vida. La vida no se encuentra sub iudice. Simplemente, es lo que sucede. Y en este sentido no vale más ser fiel que traidor; prisionero de un campo que colaboracionista. Ciertamente, desde la óptica de la vida más primaria, no cabe la diferencia moral. Las amebas al unirse ¿se aman o se odian? ¿Se abrazan o, por el contrario, se devoran? En cualquier caso, un valor no sería más que la reacción histérica de la criatura que no puede admitir las reglas del juego. Sin embargo, tendremos que darle la razón a Nietzsche, si queremos comprender el alcance de un Dios crucificado.
de Efeso al Eixample a veces hay un solo paso
noviembre 21, 2010 § Deja un comentario
La relación del hombre con la realidad no se juega en el plano de las cosas. En realidad, no hay cosas, sino nada. Ahora bien, porque en el fondo no hay nada, todo nace de la nada como la exigencia misma de ser.
lo incierto
noviembre 19, 2010 § Deja un comentario
Si algo me parece lamentable, no es carecer de fe, sino más bien que la «buena nueva» no sea tal, que simplemente no sea cierta, que en cualquier caso, a mi parecer, no sea creíble. No es lo mismo. Tener fe o no carece de todo interés, si la «buena nueva» no es tal. En otros términos, creo que la lucidez es superior a todo y que vale más preferir una verdadera mala nueva a una buena nueva falsa. Porque se puede existir con la verdad, mientras que la ilusión nos vuelve locos. De ahí mi apasionado interés por la filosofía como búsqueda de una sabiduría desilusionada, como construcción de una espiritualidad laica que no nos dora la píldora.
Luc Ferry
un padre de familia nunca defrauda
noviembre 17, 2010 § Deja un comentario
Hi, I’m Peter Grifin. You know we’ve had a lots of laughts tonight, but I’ll tell you what’s not cool: killing strippers. Strippers are people too; naked people who may be willing to pleasure you for a price you negotiate later behind the curtain of a VIP room. Besides, there’s no reason to kill them, ‘cause most of them are already dead inside…Good night, folks!
Platón, sigue el delirio: segunda parte (de tres)
noviembre 14, 2010 § Deja un comentario
hipótesis
noviembre 12, 2010 § Deja un comentario
Dios no explica nada. En realidad, quien se encuentra bajo Dios no suele entender nada.
Elem Klimov
noviembre 12, 2010 § Deja un comentario
La escena final de Masacre tiene su qué: cuando el hombre intenta erradicar el mal de raíz, tarde o temprano, acaba convirtiéndose en un asesino de niños. Por eso el mal no arraiga propiamente en las ciénagas de nuestra condición, sino en la voluntad de acabar de una vez por todas con el mal. De aquí se desprende que el hombre únicamente puede lograr la paz no donde pretenda extirpar el mal, sino donde lo mantiene a raya, como quien dice, en la periferia de la vida civilizada. La salud de las urbes no pasa por dejar de acumular basura, sino por depositarla en los vertederos de las afueras.
nosce te ipsum
noviembre 10, 2010 § Deja un comentario
Si fuera posible conocerse uno mismo, entonces no lo hubiera exigido un dios, pues un dios solo puede pedirnos lo imposible. Con todo, si no es posible llegar a un saber de sí es porque uno mismo en verdad siempre se encuentra más allá de sí mismo… gracias a la exigencia imposible de un dios. Al fin y al cabo, si tú no te conoces, seguirás el camino del rebaño.
E=mc2
noviembre 10, 2010 § Deja un comentario
El instrumento de la destrucción se llama ideología: lo grave es que la masa, que nunca participó de la cultura, absorbe las ideologías como cultura.
Imre Kertësz
vuelo parábolico
noviembre 10, 2010 § Deja un comentario
No soy un entusiasta de las viñetas del Eloi Arán, pues su tono naïf no me parece que concuerde con el espíritu de quienes regresan con vida de la muerte, sino con el de quienes aspiran a ser buenos chicos, pero aquí, sin duda, la clava… El texto: Lc 18 9-14. Probablemente, aun no hemos caído en la cuenta de lo escandaloso que resulta para la típica conciencia religiosa que alguien diga, en nombre de Dios, que el cabrón que invoca a Dios cubierto de su propia impotencia para vivir conforme al mandato de Dios se encuentre más cerca de Dios que, precisamente, quienes son conscientes de llevar una vida elevada.
la vache qui rit
noviembre 10, 2010 § Deja un comentario
Nos preguntamos cuál puede ser la diferencia entre quien sufre la ausencia de Dios —su altura, su perfecta verticalidad— y quien defiende, simplemente, que no hay Dios. Nos preguntamos por dónde pasa la distinción entre el judío y el ateo. En principio, nos sentimos inclinados a decir que ambos constatan lo mismo, a saber: que no parece que haya nadie ahí arriba dispuesto a amparar nuestra existencia. Y fácilmente damos por sentado que estamos ante una diferencia que afecta únicamente a lo que ambos piensan, como si lo que estuviera en juego fueran tan solo diferentes maneras de enfocar un mismo asunto. Así en principio suponemos que unos prefieren creer que hay Dios a pesar de todo —y este todo es el inmenso sufrimiento de las víctimas de la Historia—, y otros prefieren defender que un Dios que no se manifiesta de ninguna manera es, sencillamente, un Dios imaginario. Pero nos equivocamos cuando suponemos que las diferentes visiones que aquí se manejan son tan solo opiniones disponibles. Si la diferencia afectara simplemente a lo que ambos, el judío y el ateo, tienen en la cabeza, entonces cabría la posibilidad de que, por los motivos que fueran, cualquiera de ellos cambiara de opinión, esto es, que el judío acabase renunciando a su creencia y que el ateo, al fin, cediera a las seducciones de la imaginación. Pero aquí cambiar de visión es cambiar de tipo de yo. Uno puede seguir siendo el mismo yo si deja de creer en extraterrestres buenos o en la existencia de unicornios, pero no si deja de estar sometido a la altura de Dios. O dicho con otras palabras: no es el mismo tipo de yo el que se encuentra sujeto a la ausencia de Dios que el que dice que no hay más que lo que hay. En el primer caso, el yo se encuentra abierto, fracturado por una demanda insatisfacible aunque insoslayable. En el segundo, el yo se sitúa enteramente bajo el horizonte de su posible satisfacción. Así, lo que está en juego no es lo adventicio de una vida, sino la posibilidad de vivir como aquel que ya no es de este mundo —como el deportado que, en definitiva, somos— o como las vacas que ríen mientras pueden.
etsi immortalitas non daretur
noviembre 9, 2010 § Deja un comentario
Es difícil que sigamos existiendo más allá de la muerte, pues en el fondo somos esa distancia con respecto a nuestro cuerpo, ése no poder reconocerse por entero en el aspecto que nos entrega el espejo, en nuestro concreto modo de ser. Y quizá por eso mismo la muerte, su posibilidad, es lo que confiere seriedad a nuestra existencia. Uno sospecha —y quizá no se trate solo de una sospecha— que hay que tener marcada en la frente la fecha de caducidad para alcanzar un presente. Sin muerte, el valor de nuestra vida o bien ya fue o bien se decidirá en un porvenir incierto. Sea como sea, sin muerte no hay presente que valga. Así, quien cree que la muerte es un simple paso al frente hacia otro modo de existencia —quien en un momento u otro no encara su final— termina por vivir una perra vida —una vida de perro—, con sus satisfacciones y sus tristezas, por supuesto, pero sin ningun vértigo o gravedad. Ahora bien, de esto se desprende que aun cuando creamos que la muerte es simplemente un trámite —aun cuando demos por hecho que con la muerte tan solo nos desprendemos de un cuerpo—, lo mejor sería vivir como si la muerte fuera en verdad un final —como si la inmortalidad no existiera—, pues quien se sabe inmortal, difícilmente podrá evitar caer en la irrelevancia de una vida eterna.
sospechosos habituales
noviembre 9, 2010 § Deja un comentario
Incluso en la piel de la mujer bella habitan los ácaros más infectos. ¿Qué hay pues ahí? ¿Un cuerpo bello? ¿Un mundo de bichos minúsculos? ¿Partículas elementales danzando al azar en un inmenso vacío? ¿Cuándo ya no será posible mirar más allá? No hay hechos, pues. Mejor dicho: en los hechos no encontramos nada último, nada que nos obligue a decir ‘es esto, no hay más’. Que veamos una cosa u otra dependerá, en definitiva, de qué nos interese ver. Así, la cosa última no es nada. O lo que viene a ser lo mismo: aquello último es el advenimiento mismo de la nada. Al fin y al cabo, un silencio de muerte.
(Y quizá sea por eso que Dios no pueda darse más que como resucitado.)
aporética
noviembre 8, 2010 § Deja un comentario
Quien se encuentra sometido a Dios —quien sostiene, aplastado contra la Tierra, el peso de su Altura— sabe que este mundo no tiene remedio. Que no hay salida para los sinsalida. Y, sin embargo, quien se encuentra, precisamente por ello, sometido al mandato de Dios —quien en lugar de Dios se ha convertido en rehén del otro hombre— ha de actuar como si el mundo fuera transformable. Un creyente espera, pues, contra toda expecativa. Por eso no es casual que las imágenes de la esperanza creyente sean apocalípticas, esto es, absurdas, inviables, u-tópicas. Que el león comerá hierba solo puede decirlo quien, sometido a la demanda infinita de los muertos, sabe que lo imposible es, con todo, aquello que debe acontecer.
abba
noviembre 8, 2010 § Deja un comentario
No es casual que la palabra abba —papá en arameo—, aquella que, según muchos exegetas, empleaba el mismo Jesús para referise, provocativamente, al Dios lejano de los judíos, aparezca en los evangelios una sola vez, en Marcos, acaso el evangelio más duro. El momento es Getsemaní: cuando Jesús de Nazareth invoca de rodillas a un Dios… que no aparecerá por ningún lado. Como si el momento de mayor intimidad fuera el momento del mayor abandono. Como si solo el abandonado de Dios estuviera en verdad cerca de Dios. Como si solo las víctimas soportaran el peso de la trascendencia divina. Como si el hombre, en definitiva, no fuera otra cosa que el sostén de un Dios con exceso de carga. Al fin y al cabo, solo porque el abandonado de Dios no abandonó a Dios, el centurión pudo ver a Dios mismo clavado en la Cruz. Por eso duele ver como a veces se presenta esto de la intimidad con Dios como si fuera un asunto de cosquillas interiores. Sin duda, cabe mantener el fuego de la intimidad, si es que uno regresa con vida de la mordida de Dios, pero resulta difícil imaginar esta intimidad como una doméstica satisfacción.
saber leer
noviembre 8, 2010 § Deja un comentario
Suele atribuirse al evangelista Juan la deriva mítica del cristianismo. Y, sin duda, esto de la preexistencia de Jesús junto a Dios desde el origen de los tiempos huele a fantasma (Jn 1, 1-3). No obstante, estamos lejos de comprender el alcance del prólogo con el que comienza el cuarto evangelio, mientras sigamos leyéndolo como si, en verdad, se refiriese a la Palabra de Dios, Jesús de Nazareth. La brutal imagen de Juan —a saber, la que sitúa de buen principio a un crucificado junto a Dios— bloquea, por inaceptable, cualquier posibilidad de una interpretación mítica de la vida y milagros de Jesús de Nazareth, aquélla en la que el Jesús es, precisamente, visto como un dios paseándose por la tierra. Y es que cualquier lector de Juan, de entrada ya sabe que ése del cual se dice que habitaba junto a Dios desde el origen de los tiempos, no es otro que aquel murió crucificado como un apestado de Dios. Nadie puede proclamar que el Crucificado era en el principio y el Crucificado estaba junto a Dios, sin trastocar la noción tipicamente religiosa de Dios. Como si el ser mismo de Dios no pudiera concebirse sin su identificación con el abandonado de Dios. Por eso mismo, a menos que se considere la Cruz como una anécdota, la declaración inicial no se centra tanto en Jesús de Nazareth como en Dios mismo: si el Crucificado es uno con Dios, si la Cruz forma parte de la definición de Dios —tal y como diríamos, si pensáramos in abstracto y no, como hace Juan, con imágenes—, entonces Dios para el hombre —aunque no desde el hombre— no es nada más allá de la Cruz. Que Dios no pueda percibirse sin el Crucificado —que no haya más experiencia de Dios que la que tiene lugar en el Gólgota— es aquello que difícilmente admitirá quien aún confie en la divinidad de las cimas. En este sentido, el prólogo de Juan sería propiamente y a pesar de las apariencias, un antimito: como si Juan hubiera empleado el lenguaje del mito para decir lo que ningún mito puede decir sin dejar de serlo. Al fin y al cabo, que la Cruz sea algo así como el destino mismo de Dios; que el sacrificio que reconcilia al hombre con Dios no esté del lado del hombre, sino del lado de Dios; que la víctima propiciatoria —el cordero del día del perdón— sea Dios mismo, el Dios que es uno con el abandonado de Dios… es algo que debería escandalizar a cualquiera con un mínimo de sensibilidad religiosa.
(La operación de Juan es semejante a la que realizará Duchamp al colocar un retrete en una sala de exposición: aquí ya no tenemos simplemente otra concepción, aunque polémica, de la belleza, sino la imposibilidad misma de seguir entendiendo lo bello a la manera de siempre. Pero éste ya es otro asunto….)
logócratas
noviembre 7, 2010 § Deja un comentario
La soledad es, sin duda alguna, la prueba. ¿Vale la pena vivir, vivir con uno mismo? De una manera que soy incapaz de formular, uno se encuentra solo hasta en lo más profundo del amor y la sexualidad. Como en la muerte. Las sociedades de consumo y las utopías igualitarias han intentado hacérnoslo olvidar. Por mi parte, siempre me ha parecido evidente. La muerte, así lo siento, será una cosa interesante. Me temo que no es un interés que se pueda compartir.
G Steiner
orujo de oliva
noviembre 6, 2010 § Deja un comentario
¿Qué dice el cristianismo? Básicamente dos cosas: que no hay más vida que la que ha sido dada a los muertos; y que esa vida no puede dártela más que un crucificado. Ambas cosas del todo inaceptables para quien cree que tiene en sus manos la posibilidad de alcanzar una vida plena.
andersen
noviembre 6, 2010 § Deja un comentario
Quien comprende de qué va esto de la confesión cristiana —quien comprende el alcance de la identificación de Dios con los homo sacer de este mundo, aquellos que ni siquiera son dignos de ser enterrados— difícilmente podrá admitir la crítica ilustrada al cristianismo, aquella que lo tacha, precisamente, de superstición. Desde la confesión creyente, la impresión es, más bien, la contraria. Y es que para quien soporta el peso de la Cruz —para quien deposita su fe en quienes regresan con vida de la muerte—, cualquier expectativa humana no deja de ser un cuento para niños.
cristiandad
noviembre 6, 2010 § Deja un comentario
Como es sabido, el cristianismo sobrevive históricamente tolerando las herejías que condena —esto es, permitiendo que muchos de los fielas crean, de hecho, en lo que cristianamente no podrían creer—. A nadie que sepa de qué va esto de la confesión creyente, se le escapa, por ejemplo, que para muchos cristianos de a pie, Jesús de Nazareth es algo así como un dios vestido de hombre. Ahora bien, es muy posible que de ello se desprenda que el cristianismo no sobreviviría a la defensa oficial de su verdad.
cristiandad (y 2)
noviembre 6, 2010 § Deja un comentario
Con el propósito de preservar la divinidad de Jesús, un cristiano conservador suele defender sin pestañear que Jesús es algo así como un dios paseándose por la tierra. Frente a esta posición —de hecho, la posición de la antigua herejía doceta— tenemos la propia del cristiano progresista. Así, con el propósito de sintonizar con el espíritu de los tiempos, ese espíritu que no puede dar por sentada la existencia de Dios, el progresista termina sustituyendo la divinidad por la figura de una vida entregada a los demás, el ideal de una bondad sin mácula. En este sentido, Jesús sería el que alcanzó —al modo de los antiguos héroes— la cima de una existencia plena, una cima a la que podemos referirnos perfectamente con el nombre de Dios. Ahora bien, ni una cosa ni otra son propiamente cristianas. Ni la posición conservadora, ni la posición progresista acaban de admitir aquello tan inadmisible de la dogmática: que el Crucificado fue en verdad Dios y en verdad hombre. La primera posición no sabe qué hacer con el hombre, el cual existe, por defecto, como enajenado, separado de Dios. La segunda, en cambio, no sabe que hacer con la trascendencia de Dios, la cual, al fin y al cabo, es reducida a una imagen ideal del hombre. Ni el carca ni el progre han visto que si el Crucificado es verdaderamente Dios y verdaderamente hombre es porque nada de Dios se encuentra más allá del Crucificado, esto es, de las víctimas que son sacrificados en el altar del Mundo. Y es que la identidad entre Dios y lo que queda del hombre cuando ya no queda nada del hombre es lo que nadie que aún confie en su posibilidad puede aceptar sin morir.
incipit
octubre 30, 2010 § Deja un comentario
La cuestión acerca del propio origen es irresoluble —y, así, impertinente—, pues uno es para sí mismo solo en tanto que no puede reconocerse en su causa. Lo que hace viable que un cuerpo se vea a sí mismo como si fuera algo otro —lo que hace posible la conciencia de sí— permanece opaco a esa misma conciencia: no puede ser de otro modo, si tiene que haber conciencia. Así, no es que la conciencia de sí carezca de causas naturales, sino que esa conciencia de sí, en cuanto tal, no puede reconocerlas como su propio origen. En este sentido, la causa de sí es, por defecto, algo traumático. O lo que viene a ser lo mismo: nadie puede reconocerse en lo abyecto que le sostiene… pues, en tanto que cuerpos conscientes de sí mismos, somos, precisamente, esa imposibilidad.


