a vueltas con la encarnación
agosto 2, 2024 § Deja un comentario
Jesús de Nazaret, según el cristianismo, es la encarnación de Dios. ¿Cómo se entiende, por lo común? Pues como si por un lado estuviera Dios y por otro su representación sensible. Esto es, más o menos a la platónica.
Sin embargo, en el cristianismo Dios es uno y trino. Y aquí empieza el galimatías. Pues Jesús de Nazaret no encarna la Trinidad. De ahí que, hilando fino, el cristianismo afirme que Jesús es el Hijo de Dios hecho carne. Pero si se prescinde de que Dios es la historia de Dios, entonces volvemos a las mismas: el Hijo por un lado, esta vez más complejo, y Jesús por otro. Es posible que estemos lejos de comprender el alcance de la proclamación cristiana mientras no admitamos que el Padre aún no es nadie —y de ahí su silencio— sin la fe de un crucificado en nombre de Dios. En definitiva, que Dios es un Dios con cuerpo —que sin él no es más que la idea que nos hacemos de Dios, un ídolo. La Palabra de Dios es un fiat que se dirige a Dios. El lenguaje de la preexistencia acaso no pretenda otra cosa que darnos a entender que esto siempre ha sido así.
Ahora bien, el pistoletazo de salida de la revelación fue la fe del que se abandonó al Padre habiendo sido abandonado por el Padre. Y esto es lo mismo que decir que la creencia religiosa encuentra su culminación en este ciego, aunque no sordo, abandonarse. Sin embargo, ningún abandonado de Dios puede decir que, por eso mismo, se convierte en el cuerpo de Dios. El contenido de la revelación no perteneció a quien la hizo posible. Hay un hiato entre la verdad —el acontecimiento— que el cristianismo pone sobre la mesa y la praxis que constituye su condición de posibilidad, una praxis que en gran medida es religiosa. Sería el ante del ante Dios, sin Dios de Bonhoeffer.
en breve
agosto 1, 2024 § Deja un comentario
Dios no es nada. Y por eso mismo fue nadie aún. Comprender estas dos frases no es fácil. Pero la novedad cristiana pasa por comprenderlas.
finitud
julio 31, 2024 § Deja un comentario
La experiencia de la propia finitud —de la propia impotencia ante la muerte— implica lógicamente lo infinito, un ahí sin límite. ¿Implica también un dependencia? Solo si ese ahí fuese paternal. Pero esto sería mucho suponer. En cualquier caso, desde la neutralidad de un puro ahí más allá del non plus ultra de la existencia esta se nos da, precisamente, como estado de excepción. La paternidad del ahí, antes que imaginarla como la de un ente superior que mueve los hilos, ¿no deberíamos más bien interiorizarla en relación con el legado —el testamento— de un padre ausente? El Dios del séptimo día —el Dios que se revela a Job— no termina de hacer muy buenas migas con el interventor. Y sin embargo, ambos se encuentran en los textos bíblicos. ¿Cómo entenderlo? Puede que la profundidad espiritual, al fin y al cabo, solo pueda concretarse como una pugna entre Dios y el dios.
filosofía y política
julio 30, 2024 § Deja un comentario
La crítica filosófica a la doxa es algo más que una ocurrencia de los aristócratas de la especulación, pues posee implicaciones políticas. En este sentido, la doxa es un peligro. Pues el riesgo de permanecer atados a la opinión —de no poder poner en entredicho lo que nos parece que es— es el de caer en la caza de brujas. Basta con que alguien ponga encima de la mesa una sospecha coherente, para que la jauría comience a salivar.
De ahí que la interrogación socrática sea algo más que un ejercicio saludable para las mentes inquietas. Al preguntarse si lo que vemos es tal y como lo vemos —si acaso no será algo más o incluso diverso—, la acción queda en suspenso. Ahora bien, a la vez que contiene el impulso irracional de la manada —o cuando menos, lo desprovee de legitimidad—, la sospecha también corroe las convicciones comunes —los tópicos— que constituyen una comunidad. De ahí que Sócrates tuviese que aceptar la condena de Atenas. En la polis, no hay lugar para el filósofo… a menos que pase por un bufón. Y quizá la ironía socrática no fuese tan solo un recurso retórico, sino un modo de estar a salvo entre semejantes. De hecho, si el bufón tiene patente de corso para decir la verdad es porque, por defecto, nadie llegará a tomárselo en serio. No hay —ni puede haber— filosofía popular.
¿existe el alma?
julio 29, 2024 § Deja un comentario
Para la ciencia, el alma no existe. Tan solo impulsos eléctricos. Sin embargo, quienes están, cuando menos, familiarizados con la interrogación socrática, antes se harán otra pregunta: ¿qué significa que algo sea? La respuesta de sentido común es inmediata: algo es si podemos verlo, tocarlo… Sin embargo, ¿existen los números, las dependencias que expresan las funciones, el teorema de Fermat? Más aún: tan solo es lo que de algún modo aparece o se hace presente. Hasta aquí nada que no sea obvio. Ahora bien, esta obviedad plantea un problema. Pues el aparecer exige alguien a quien se le aparezca cuanto aparece. Pero, por otro lado, la noción de lo real también da por descontado que lo real permanece en su sitio… aunque no hubiese nadie que pudiera percibirlo. ¿O acaso no existieron los dinosaurios? De ahí que la metafísica distinga entre el en-sí de lo real y su darse a un sujeto.
¿Hay por tanto un en-sí del alma? ¿Las transmisiones neuronales? Quizá. Pero ¿a quién se haría presente el alma? ¿De qué estaríamos hablando al hablar, precisamente, del alma? En principio, de la distancia que experimentamos con respecto a nosotros mismos, desde nuestro carácter hasta nuestro cuerpo. Por tanto, ¿tiene sentido negar que este continuo diferir de uno mismo sea?
¿El hecho mismo de negarlo, al implicar un negárnoslo, no confirmaría, precisamente, lo que se pretende negar? Sería como decir yo no soy porque no difiero de mi mismo… algo así como una contradicción en acto. Sin embargo, la realidad del alma, en tanto que difiere de las condiciones materiales que la hacen posible —la actividad neuronal— ¿no sugiere que, de algún modo extraño, el yo está fuera del mundo —de cualquier mundo?
John Wick
julio 28, 2024 § Deja un comentario
En la cuarta entrega de John Wick, hay una escena en la que el protagonista entra en una iglesia para, encendiendo una vela en su recuerdo, dirigirse a la esposa que falleció. Cuando su alter ego —el samurai ciego—, que también se encuentra en la misma iglesia, le pregunta si cree que ella lo escucha, Wick responde que no. Pero añade: quizá me equivoco —las resonancias pascalianas de la escena son innegables. Hay algo en nosotros que se resiste a la crítica racionalista de la devoción. Como si el niño que llevamos dentro no muriera del todo ante un mundo sin piedad. Y es así que seguimos intimando silenciosamente con Dios, dando por supuesto que Dios está ahí para escucharnos.
¿Qué dicen los evangelios? Pues que arriba no hay nadie que nos escuche. Nadie. Más aún: que la mayor intimidad con Dios tiene lugar donde, invocándolo, somos aplastados por su silencio. Ciertamente, los evangelios no solo dicen esto. Pero lo que sigue no lo anula. Y lo que sigue es que cuanto cabe decir honestamente acerca de Dios —cuanto cabe experimentar— comienza entonces.
sin secretos
julio 27, 2024 § Deja un comentario
En el juego del amor, los amantes no pueden incorporar el deseo del cuerpo que abrazan. Esto es, no pueden situarse en el lugar del otro —y por eso mismo, hay algo en el otro que sigue siendo otro o irreductiblemente extraño. Así, ella podrá decirse a sí misma, pongamos por caso, que él tan solo busca su belleza —esto es, podrá saberlo—, pero nunca podrá verse a sí misma con los ojos del amante… sin salir de la escena. El hiato permanece como la condición misma del amor. Pues el amor, por no hablar de su éxtasis, tiene mucho que ver con cerrar los ojos: como si no hubiera hiato. De ahí que el no vaya con el sí. O viceversa. Aun cuando en el instante epifánico, el no retroceda hasta hacernos creer que no existe. Pero basta con darle tiempo. Pues ¿acaso el tiempo no surgió de la negación?
raíces
julio 26, 2024 § Deja un comentario
Decía Pascal, que todos los males que nos afectan arraigan en nuestra dificultad para permanecer a solas en una habitación. Y, en cierto sentido, es así. Pues demasiada distracción nos empuja a creer que aún tenemos bastante vida por delante. De ahí que permanezcamos presos de la reacción, el impulso a la venganza, la necesidad de triunfar, el resquemor, los miedos….
Puede que los clásicos no regasen fuera de tiesto al sostener que la libertad de espíritu —y quien dice libertad, dice fortaleza— tiene su principio en el memento mori.
el sesgo
julio 25, 2024 § Deja un comentario
El problema de la opinión es permanecer atado a las apariencias —no salir de ahí. Como la mula que sigue el camino que le marcan sus orejeras. Las implicaciones políticas son inmediatas —por no decir, inquietantes. Así, basta con que alguien nos parezca un criminal como para que, socialmente, lo sea. La sospecha socrática, en este sentido, fue una higiene. Como también lo fue, unos cuantos siglos más tarde, la introducción en el marco del derecho de la presunción de inocencia. En cualquier caso, la interrogación del filósofo no hace buenas migas con la necesidad política de proporcionar al rebaño una visión sin resquicios. De ahí que Sócrates entendiera perfectamente que tenía que apurar el cáliz. Como si fuese un ahí os quedáis. No hay nada que hacer. ¿Acaso debería extrañarnos que popularmente se acuse al filósofo de elitista?
hidalgo
julio 24, 2024 § Deja un comentario
¿Qué debemos hacer con nuestras imaginaciones? Amarlas, creerlas a tal punto de tener que destruir, falsificar (este es, quizás, el sentido del cine de Orson Welles). Pero cuando, al final, ellas se revelan vacías, incumplidas, cuando muestran la nada de la que están hechas, solamente entonces pagar el precio de su verdad, entender que Dulcinea —a quien hemos salvado— no puede amarnos.
Giorgio Agamben, Profanaciones
misa diaria
julio 22, 2024 § Deja un comentario
¿Por qué la gente ya no va a misa? Obvio: porque no les dice nada. ¿Hijo de Dios? ¿Resurrección de los muertos? ¿Juicio final? El cristianismo no atrae. Quizá aún su ethos. Pero poco más. El síntoma es que el cristianismo que aún resulta atractivo es aquel que ha sido traducido a categorías orientales… hasta el punto de que muchos no podrían seguir siendo cristianos —es un decir— sin Buda. Ahora bien, resulta evidente que la traducción, una vez más, tiró al niño con el agua sucia. Gana la Modernidad y sus sospechas.
Pero quizá la pregunta sea ¿por qué van a misa los que aún siguen yendo a misa? ¿Quiénes son —qué tipo de sujeto hay detrás? A grandes trazos, podríamos decir que se trata de aquellos que aceptan el mapa mental de la religión cristiana… sin hacerse demasiadas preguntas. Así, ven cuanto hay desde la perspectiva que proporciona dicho mapa: hay un Dios —un Dios que además nos quiere sin reparos—; Jesús fue enviado para indicarnos el camino de vuelta y que, tras una muerte atroz, subió a los cielos… Etcétera. Por lo común, son los que dan por hecho que Dios no nos abandona nunca, que siempre está ahí, y que podemos dirigirnos a él como el niño se dirige a su amigo invisible.
¿Cuál es el problema? Que el ambiente no admite este mapa mental como verdadero. En el bosque ya no hay duendecillos. En cualquier caso, tenemos que imaginar que los hay… por nuestra cuenta y riesgo. ¿Los bosques? Árboles que talar o, siendo menos salvajes, un motivo para excursionistas. De ahí que el cristiano común antes que creer, crea que cree. Es como aquel que se dice a sí mismo que vivimos rodeados de vampiros pero que, de noche, va sin estaca. Basta con preguntar a cualquier cristiano si acaso no le tiemblan las piernas ante la inminencia del Juicio —esto es, ante su pasar de largo. Si hubiera alguien que aún experimentase temor y temblor ante la realidad de un Dios que cuelga de una cruz —y que por eso mismo, nos sitúa sub iudice— ¿no sería tachado de exagerado, por no decir de enfermo mental? Los pastores del rebaño, ¿no serían los primeros en apartar a quien asusta a sus ovejas con su inquietud por la verdad? Pero ¿es que no fue siempre así? Que el mundo sea plural significa que se han multiplicado los mapas mentales —los imaginarios—… a disposición.
El efecto lateral es que las iglesias se han vaciado de aquellos que aún se hacen preguntas. Y no porque sean unos especulativos, sino porque, frente a la desmesura del ruido y la furia, viven a flor de piel el clamor que el mismo crucificado dirigió a Dios mientras agonizaba en el Gólgota… un Dios que guardó silencio porque quizá la única palabra que pudo pronunciar fue la del fiat del abandonado de Dios. Quienes han incorporado el interrogante que nos deja en estado de suspensión , difícilmente podrán soportar estar en las primeras filas de la sinagoga. Y menos si van recibiendo palmaditas en la espalda. Nada se entiende del cristianismo, si no se parte de este momento crucial. De hecho, para los mapas mentales que nos hacemos, no hacía falta ninguna revelación.
por qué el porqué
julio 21, 2024 § Deja un comentario
¿Por qué importa saber si nuestras convicciones morales son algo más que la expresión de un sarpullido emocional? ¿Por qué importa, en definitiva, saber si hay Dios? Espontáneamente, hoy no nos lo parece. Pero, antiguamente la pregunta por la existencia de los dioses se hubiera entendido como si nos estuviéramos preguntando si había jabalís en tal o cual bosque. Desde Hume, estamos predispuestos a admitir que no hay bien ni mal en los hechos, sino en cualquier caso, como dijera posteriormente Nietzsche, una lectura moral de los hechos. ¿A qué se debe, entonces, nuestra inclinación a fijar el Bien en lo natural? ¿Qué hay detrás del esto es así —y no puede ser de otro modo? ¿Acaso la necesidad de saber a qué atenernos? Pero ¿para qué? ¿Quizá para que la resignación tenga un motivo? Es posible. Sin embargo, ¿no será que de lo que se trata, en el fondo, es de poder llevarle la contraria al imperio de lo real —de lograr su modificación? Puede que Nietzsche tuviese razón al sostener que todo es voluntad de poder —que, al fin y al cabo, no podemos soportar no ser un Dios.
la polémica donatista
julio 20, 2024 § Deja un comentario
Un sacerdote —un representante de Dios— ¿tiene qué ser ejemplar? La repuesta más espontánea no concibe otra posibilidad. Como sabemos, esta es la cuestión que hay tras la polémica donatista —una polémica que, en su territorio, Agustín zanjó con mano firme, demasiado firme. Como también es sabido, Donato defendió, frente a la corrupción de las iglesias ya asimiladas al Imperio, que cristianamente era inadmisible que los miembros de la jerarquía eclesial fuesen unos ambiciosos sin escrúpulos. Probablemente, es lo que hoy en día firmaríamos casi sin pestañear. Agustín estuvo, sin embargo, en la otra orilla. Y es posible que la doctrina sobre la eficacia de los sacramentos —una doctrina que Trento convirtió en dogma— arraigue en esta polémica. Así, el bautismo, pongamos por caso, sería eficaz por el solo hecho de aplicarse: ex opere operato.
Sin embargo, el argumento de fondo de Agustín apuntaba al hecho de que nadie puede decir de sí mismo que sea moralmente intachable. La distancia con respecto a Dios —lo que tradicionalmente se entiende como pecado— nos afecta todos por igual. Por no hablar del no querer saber nada de Dios que habita en lo más profundo de cada uno. Massa damnata. De acuerdo. Ahora bien, no nos parece que sea lo mismo que el sacerdote tenga una amante que se dedique, en sus horas libres, al tráfico de órganos. ¿Por dónde cortar el pastel? ¿Dónde trazar la frontera? Ciertamente, Agustín no sostuvo que diera igual una cosa que otra. Más bien, su idea fue que el bautismo seguía siendo válido aun cuando hubiera sido administrado por un corrupto.
En cualquier caso, no me atrevería a decir que haya una respuesta objetiva a la cuestión. Pues la frontera se dibuja siempre en relación con una sensibilidad, culturalmente determinada. Es decir, en relación con los que nos parece admisible. También hubo sacerdotes junto a los carniceros de la historia.
Al fin y al cabo, como vieron los sofistas, una cultura es un dispositivo lingüístico que nos obliga a ver lo que en el fondo son diferencias de grado como si fueran de naturaleza. Así nos decimos, pongamos por caso, que no es lo mismo seducir a una mujer que forzarla… aun cuando en ambos casos de lo que se trata es de la violencia. De ahí que los sofistas fuesen capaces de imponer a un auditorio otra visión de las cosas —otro parecer— simplemente desplazando la frontera, no ya con razones —pues no hay aquí objetividad—, sino con palabrería que cuela como argumento indiscutible, cuando lo cierto es que dicha palabrería se limita a reorientar la sensibilidad. La retórica siempre fue una habilidad.
Ahora bien, lo que esto implica es que, por mucho que seamos conscientes de lo que acabamos de decir, difícilmente podremos desprendernos, a la hora de tomar decisiones, de lo que nos parece que es. El cuerpo manda… mientras no sepas montarlo. Y por eso cuesta suspender el juicio, mantenerse a distancia de las apariencias. Estas se implantan como algo obvio —¿acaso no lo ves? Los resultados de la reflexión, aquellos que nos sitúan en el territorio vaciado de presencias del en sí, no son incorporables como quien no quiere la cosa. En realidad, exigen el apoyo del imaginario que la reflexión quiso, precisamente, superar —de los mitos verdaderos, dirá Platón. El Dios dirá —esto es, juzgará— no es, simplemente, una superstición. Aunque tampoco una obviedad.
teología e ironía
julio 18, 2024 § Deja un comentario
Estoy convencido de que la teología es demasiado seria como para permitir que los seres humanos piensen teológicamente sin alegría e ironía. Tratar de ser tan serio como el tema sería arrogante, y podría llevar al oyente/lector a creer que considero que todo es exactamente como lo describo. Últimamente estoy aún más convencido de la necesidad teológica de la ironía —y de su primo más noble, el humor— como salvaguardia contra la idolatría. Creo que esa es una de las razones por las que Jesús eligió hablar en parábolas, la mayoría de las cuales tienen un toque humorístico. Y la tradición judía, rabínica, jasídica y contemporánea, se caracteriza por un cultivo persistente de la narración de historias con un sesgo humorístico, un aspecto que a menudo pasan por alto los teólogos «serios».
Krister Stendahl, Paul among jews and gentiles
dinos quién eres
julio 16, 2024 § Deja un comentario
Al enviado —y debido a su rareza— podemos, sin duda, preguntarle: quién eres. Sin embargo, no es esta la pregunta de los discípulos. Más bien, estos se ven obligados a mojarse —¿y tú quien dices que soy?
Me atrevería a decir que creer no es aceptar la respuesta a la pregunta que le dirige el creyente a aquel en quien quisiera creer —“dinos quién eres… para que podamos creer en ti”, leemos en el Evangelio de Tomás—, pues en este caso la creencia se asienta sobre la necesidad del creyente de encontrar un hacia dónde. Creer es, antes que nada, responder a la demanda del enviado. Y es que quizá lo que no terminamos de admitir —y la pregunta de algún modo revela— es que lo que está juego es, precisamente, el quién del Mesías. Basta con imaginar que nadie hubiera hecho el más mínimo caso al que anduvo por Galilea anunciando la proximidad del día D. ¿Acaso no habría pasado por delirante —uno más? Ciertamente, la fe se transmite a través del testimonio: Pedro confesó . Y esto supone que se nos da la respuesta antes incluso de que podamos escuchar la pregunta a la que Pedro respondió. Los primeros cristianos comenzaron a creer porque se fiaron de Pedro —o de Pablo, Santiago, Andrés… Pero que este fuese el primer paso —y lo siga siendo— no les ahorró que, más adelante, tuvieran que responder, por su cuenta y riesgo, a la pregunta crucial.
Sin embargo, lo dicho hasta ahora no significa —o no necesariamente— que la fe en el Mesías solo sea una proyección imaginaria de los creyentes. Significa que el Mesías no puede llegar a ser el que es sin la adhesión —el reconocimiento, la fe, el fiat— de los hombres. Y aquí, resulta inevitable traer a colación aquella sentencia que leemos en el Talmud: si tu crees en mí, yo soy; si no crees, no soy.
el hijo
julio 15, 2024 § Deja un comentario
Hablemos del hijo que se niega a desconectar a su madre, la cual, siendo consciente de sí misma, apenas puede mover una pestaña. Y no solo esto, sino que también charla a diario con ella, está junto a ella, la acaricia. ¿Se equivoca? No me atrevería a decirlo. A menos que el amor sea un error. Pues esto es el amor: un preservar frente a la muerte la vida que nos fue dada —y por extensión, la vida a la que le debemos la vida. Y preservarla hasta el final. No hay amor sin sentido de la deuda.
Ciertamente, el amor es sobrenatural —hoy diríamos superogatorio. No es algo que se nos pueda exigir naturalmente. Otro asunto es la atracción —el gusto, las preferencias. Pues, aun cuando en sus inicios, lo que empuja a los amantes sea el deseo, ningún deseo puede cargar con las exigencias del amor. Todo deseo reposa sobre una ilusión. De ahí que el amor, de darse, solo pueda tener lugar hacia el final. Esto es, cuando ya no nos queda ninguna ilusión por delante. Al final, no hay apariencias que valgan: todo se nos ofrece crudamente, sin cocción. Así, tan solo desde el horizonte de la nada —y como último acto de resistencia— el hijo puede hallar su definitivo impulso. Ahora bien, en ese caso, el impulso ya no será meramente algo corporal. Y es que desde dicho horizonte, el debes vivir alcanza una dimensión cósmica. Pues la nada abraza cuanto es.
En este sentido, no debería extrañarnos que, para la sensibilidad bíblica, el hacia donde de la existencia sea el final de los tiempos. Pues solo al final se decide nuestra salvación o condena. Y la condena es, en realidad, un quedarse a solas. Sin embargo, para esta condena no es necesario que intervenga ningún juez. Y es que los condenados están solos porque antes condenaron a los otros a morir. De ahí que su redención dependa de lo imposible, esto es, de que alguna de sus víctimas salga a su encuentro y se apiade de ellos. Y esto, obviamente, se halla muy cerca de decir que no habrá redención para los malditos. La resurrección se recibió, en cualquier caso, como un acto de piedad, en definitiva, como la última oportunidad para quienes habitaron —y habitan— los infiernos. Ningún amor verdadero se da sin que medie el perdón. Y es que quienes se aman siempre tienen algo que perdonarse.
Postscriptum: sin embargo, ¿qué hijo podrá cuidar de su madre paralizada… más allá de la visita de cortesía que tranquiliza su conciencia? O mejor ¿qué hijo, sin inmolarse? ¿Acaso su inmolación no sería un abandonarse a la madre que, al quedar enmudecida, lo abandonó? ¿Quizá solo podrá dar el paso cuando, de hecho, deje de confiar en su posibilidad —cuando haya dejado de creerse alguien? No entendemos nada de lo que dice el cristianismo sobre el sacrificio expiatorio mientras sigamos teniendo en mente a un superman, eso sí, de naturaleza espectral, como Dios. Pues lo que revela el silencio de Dios en la cruz es, al fin y al cabo, que Dios-en-sí —esto es, al margen de su incorporación— coincide con su humillación.
making love
julio 14, 2024 § Deja un comentario
Cuando el amante cierra los ojos de satisfacción, se aísla de quien se la provoca. En la cama, los amantes no tendrían que dejar de mirarse a los ojos… si quisieran permanecer en la verdad de lo que hacen —en la revelación que supone el encuentro. Pues siempre nos miramos a los ojos desde el indigente que, en definitiva, somos —y únicamente como indigentes llegamos a encontrarnos.
Sin embargo, de ser así ¿acaso los amantes no parecerían unos iluminados? ¿Quiénes podrían soportarlo durante demasiado tiempo? Hay verdad. Pero para nosotros tan solo el bello instante, el acontecimiento, la irrupción vertical de lo que ningún mundo puede preservar. Aquí no hay metodología que valga —ninguna receta que nos permita eludir la caída en el tiempo. En cualquier caso, memorial y esperanza: que vuelva lo que se nos dio. La caricia sería, por tanto, el gesto de lo verdadero: rozar con la punta de los dedos, pero en ningún caso apresar.
la búsqueda
julio 13, 2024 § Deja un comentario
Imaginemos que hubiese quien buscase sinceramente a Dios como quienes buscaron los restos del Titanic. ¿Acaso podría interesarle ——y por tanto, hacer— algo que no fuera esto? Al margen de esta búsqueda —y de sus resultados—, no somos ni fríos, ni calientes. Y no ignoramos lo que hará Dios con los tibios —vomitarlos. Ap 3,16.
Ahora bien, ¿qué nos dicen los evangelios al respecto? Pues que quien termina por encontrar a Dios topa con su enmudecimiento. Dios es terrible porque es terrible su silencio. Dios en verdad ocupa el lugar del dios. Y lo que esto significa es que la realidad de Dios —de su absoluta alteridad— coincide con su falta de entidad. De lo contrario, ¿qué exceso para Dios —qué trascendencia? Pero Dios es su misericordia, se nos dirá. De acuerdo. Sin embargo, cristianamente, la misericordia de Dios es la del abandonado de Dios que, abandonándose a Dios, perdona a quienes siguieron golpeando el clavo. Y ello porque la raíz de esta misericordia es, precisamente, Getsemaní. Al fin y al cabo, nadie intima con Dios que no hunda su rostro en la tierra.
De ahí que, según el cristianismo, Dios no sea solo el Padre. Sencillamente, el Padre, en sí mismo, aún no es nadie sin el Hijo. Y me atrevería a decir que aún estamos lejos, cuando menos, de comprenderlo.
justificación y alteridad
julio 12, 2024 § Deja un comentario
La pregunta por la justificación del deber moral —¿por qué , pongamos por caso, el don exige tener cuidado?— solo cabe donde el sujeto del conocimiento ocupa el lugar de Dios. Pues donde tenemos en cuenta la realidad de lo absolutamente otro, la pregunta por las razones que nos obligan moralmente carece de sentido. En el fondo estas razones se apoyan siempre en un factum —en el caso de Kant, por ejemplo, que seamos aquellos que se hallan sometidos al imperativo de la razón. Para quienes la trascendencia de la alteridad —una alteridad que anda rozando la nada— sigue siendo una evidencia, el deber va con la aparición. De hecho, la existencia no puede eludir el imperativo bajo el que se encuentra. El connatus essendi no es solo un asunto biológico. O lo es solo para quien no es consciente. Una vez surge el yo, el propio en sí deviene un para sí. La rosa, al fin y al cabo, es sin porqué.
dominio y profanación
julio 11, 2024 § Deja un comentario
Leemos en el Génesis (1, 28): creced y dominad la tierra. Se trata de un imperativo muy extraño, si se piensa bien. Sobre todo, si tenemos en cuenta que profanar significa usar lo que, en principio, era sagrado, esto es, sustraído al dominio del uso —y, por eso mismo, propiamente inútil— en tanto que pertenece a la esfera divina. La extrañeza del mandato de Dios reside en que, si se trata de dominar la tierra, entonces no hay nada a nuestro alrededor que sea estrictamente sagrado: todo se encuentra bajo el horizonte del dominio. De ahí que no quepa, desde la óptica de Israel, divinizar la naturaleza.
Ahora bien, ¿qué significa aquí dominio? No, estrictamente, explotación. Pues el horizonte del mandato es el don. Y, con respecto a lo dado, pesa más el respeto que la libre disposición (y más si media un testamento). En lo dado permanece la huella del donante —y consecuentemente, un sentido de la deuda: debes cuidar de lo que te ha sido dado. Destruir el don supone destruir el vínculo con el donante.
Sin embargo, eso es, precisamente, lo que sucedió. La humanidad, al existir de espaldas a Dios, lo cual, dicho sea de paso, es algo que Dios mismo facilitó al dar un paso atrás durante el séptimo día, olvida el carácter dado de lo dado. Es decir, pasa a explotar la tierra. Y la explotación de la tierra es inseparable de la explotación de unos hombres por otros. De ahí que, desde la óptica de los profetas de Israel, aparezca lo sagrado en la tierra: no ya la piedra o el tótem, sino el excluido por los hombres: el sobrante, el leproso, el inservible. En este sentido, el sobrante, en tanto que apartado del mundo, se revela como la huella —el eco— de un Dios trascendente hasta la desaparición. O lo que, bíblicamente, viene a ser lo mismo: hasta su por-venir.
autor y dependencia
julio 10, 2024 § Deja un comentario
Un autor se equivoca cuando da por sentado que su obra tiene que imponerse por sí misma. Y es que al darlo por sentado lo que cree es que la obra es, precisamente, suya. Sin embargo, un autor es siempre siervo de las palabras de la tribu, en definitiva, del lenguaje. Cuando se pone a escribir es, inevitablemente, conducido por el texto —la textura— de una lengua. Un autor se limita a seguir el hilo. Así, escribe lo que escribe como un náufrago lanza su botella al mar. Que evite el destino de Casandra dependerá de que alguien encuentre esa botella (y la considere digna de ser leída, esto es, legible). En manos de. Como siempre.
cosas de la felicidad
julio 9, 2024 § Deja un comentario
Escribe Agamben en Profanaciones: “(…) la antigua máxima según la cual quien se da cuenta de que está siendo feliz, ya ha dejado de serlo. Así, la felicidad tiene con su sujeto una relación paradójica. Aquel que es feliz no puede saber que lo está siendo; el sujeto de la felicidad no es un sujeto, no tiene la forma de una conciencia, aunque sea la más buena.”
Sin embargo, creo que el asunto admite alguna que otra nota al pie. Y es que si me preguntasen si soy feliz, diría que sí. Pues hago lo que quiero. Es decir, permanezco en el espíritu de la búsqueda. Tampoco es que lo haya elegido como quien escoge entre helados de diferentes sabores. Ahora bien, es cierto que no puedo decirme a mí mismo lo feliz que soy… sin añadir unos puntos suspensivos. Esto es, no puedo decírmelo como quien constata que llueve. Y no porque no lo sea, sino porque no busco la felicidad. Busco lo que busco. La felicidad, la cual no excluye el sinsabor, siempre fue un producto lateral.
Otro tema, aunque relacionado, es el momento de la sensación verdadera, un momento sin porqué: los niños juegan en el parque, los pájaros revolotean a su alrededor… y todo está bien. Es lo que Israel denominaba bendición. Y quizá por eso mismo, el tiempo es caída.
The Conjuring
julio 8, 2024 § 2 comentarios
Muchos creen en Dios como aquellos que creen en fantasmas. Así, hay Dios como hay fantasmas. Sin embargo, diría que su posicionamiento ante la creencia no es, exactamente, el mismo. Quienes se toman en serio su creencia en espectros viven para localizarlos. Donde hay noticias de una casa encantada, ahí van con sus detectores. Algo parecido podríamos decir de quienes se dedican a buscar señales de vida inteligente en los confines del cosmos.
En cambio, no parece que quienes dan por sentado que hay un Dios ahí arriba estén muy interesados en encontrarlo. Quizá porque dan por hecho que eso, precisamente, no es posible. Pero, en cualquier caso, ¿cómo es que no sienten un continuo estremecimiento? A los cazafantasmas ¿acaso no se les eriza la piel al entrar en donde se escuchan voces? Los padres que están convencidos de que pueden volver a hablar con el hijo que murió ¿no contratarán los servicios de un medium? Más aún, los mismos que dicen creer en Dios ¿no son los primeros de tachar de enfermos mentales a quienes se obsesionan con la aparición de Dios? Que puedan seguir creyendo ¿es que no depende de que Dios sea obviado, precisamente, una vez lo dan por descontado? Y que esto sea así, ¿no nos da a entender que, más que creer en Dios, permanecen instalados en su idea de Dios… la cual está, por eso mismo, al servicio del mapa mental que dota de sentido a su existencia?
la cura
julio 7, 2024 § Deja un comentario
La enfermedad que no admite cura no es una enfermedad. Es una condición. Massa damnata.
conocer lo que es bueno
julio 6, 2024 § Deja un comentario
A nadie se le escapa que no siempre hacemos lo que sabemos que debemos hacer. Por lo común, este saber se entiende en relación con el mandato o la instrucción moral. Pero el asunto cala más hondo. Pues, al fin y al cabo, de lo que se trata es de la libertad, es decir, de hacer cuanto queremos, más allá de nuestras preferencias o deseos. Y la libertad es indisociable de perseguir lo bueno.
Nadie quiere ser, pongamos por caso, médico sin al mismo tiempo querer ser un buen médico (y ello al margen de un posible éxito). De lo contrario, no será médico, sino que se limitará a ejercer la medicina. Quien es médico ama la medicina. Esto es, entra en la dinámica de una búsqueda sin final. Pues amar es buscar lo que en modo alguno podrá (de)tenerse. Un buen médico no descansa mientras no encuentra el diagnóstico que se le pone cuesta arriba; o, de dedicarse a la investigación, mientras no descubra el remedio a una rara enfermedad. Aunque, una vez descubierto, tampoco se detendrá: habrá otra anomalía que resolver.
El bien consiste, por tanto, en perseguir el bien —y ello supone hacer bien lo que vale la pena hacer bien. Lo contrario es la vida de oficio, en definitiva, un olvido de sí. Y de compra en compra y tiro porque me toca.
lo extraño
julio 5, 2024 § Deja un comentario
La dislocación de la experiencia, el hecho de que no veamos la voz que emerge de un cuerpo, por ejemplo; la aparición del fenómeno para el cual toda analogía deviene ridícula; en definitiva, la patencia de lo absolutamente singular,,, todo ello es figura de una extrañeza aún más esencial o primera, la propia de nuestra condición de arrojados. De vivir a flor de piel nuestro haber sido arrancados de no sabemos qué o quién —aunque con respecto a esta raíz tampoco sea posible un saber—, el mundo se nos presentará como un gran trampantojo. Incluso la voluntad de recuperar la sensación de formar parte se nos revelará como traición. O por decirlo en clave bíblica, como infidelidad a Dios. Esto es, como paganismo. Pues un arrancado no es simplemente un alejado. A diferencia de este, el arrancado sabe que la cuestión no es cómo regresar, sino qué hacer con los restos del naufragio. Es decir, con los huérfanos que deambulan a su alrededor.
nihilismo y depresión
julio 4, 2024 § Deja un comentario
La depresión es el nihilismo hecho cuerpo. Para ejercer de nihilista hay que estar, cuando menos, medianamente satisfecho con la vida. La mejor refutación del nihilismo es el nihilista. El deprimido ni siquiera va de nihilista. No puede.
escatología cristiana
julio 3, 2024 § Deja un comentario
Según Lutero, la proclamación de Jesús como Dios tenía que realizarse frente al crucificado… lo cual significa que, cristianamente, quien se dirige a Dios como si Dios siguiese siendo ente espectral —esto es, como si Dios fuese Dios al margen de su cuerpo— se sitúa bastante lejos de la revelación. Por otro lado, los relatos de la resurrección insisten en la corporalidad del resucitado… hasta el punto de que el levantado de entre los muertos llega a comerse unas sardinas con los suyos.
Ahora bien, para captar las dimensiones de la encarnación de Dios —en definitiva, lo que la resurrección revela— hay que ir hasta al final. Y es que lo que buena parte de lo que entra en un cuerpo termina saliendo. Imagino que hubiera sido de mal gusto contarlo… pero quizá no hubiera estado de más apuntar, cuando menos, al momento en que el resucitado buscaba unos matorrales para excretar tras la sardinada.
Es verdad que Pablo se refirió al cuerpo que resucita como pneuma somatikon —como cuerpo espiritual. Pero un cuerpo espiritual es un cuerpo, al fin y al cabo. En principio, se trataría de un cuerpo transformado por la bondad, incapaz, por tanto, de hacer daño. Y esto se halla en línea con lo de la nueva creación o la humanidad nueva. Sin embargo, una cosa no quita la otra.
gnosis y sentimiento
julio 2, 2024 § Deja un comentario
El papel que juega hoy en día la propia experiencia, entendida sobre todo como sentimiento, a la hora de sostener la fe en Dios me recuerda al antiguo gnosticismo. Pues los gnósticos, frente a la temprana institución eclesial, defendían la creatividad visionaria como prueba de haber experimentado a Dios . Por el contrario, los ortodoxos insistían en permanecer pegados a la tradición apostólica. ¿Intransigencia? Es lo que nos parece hoy en día… Pero, dejando a un lado las implicaciones políticas de ambas posiciones —los gnósticos se resistían, evidentemente, a someterse a la autoridad de los obispos—, lo cierto es que, tras la insistencia de la Iglesia oficial, había la necesidad de no olvidar la historia —humana o, mejor dicho, demasiado humana— que conducía a la fe.
El problema, sin embargo, fue que quien mejor leyó el significado de esa historia —Pablo de Tarso— tuvo como punto de partida una experiencia visionaria. Y de ahí que muchos gnósticos creyeran que no hacían más que prolongar las enseñanzas de Pablo. Ciertamente, en los inicios del cristianismo hubo mucha confusión —de hecho, como en cualquier inicio. No obstante, lo que a los gnósticos se les pasó por alto —es un decir— fue que para Pablo la resurrección corporal nunca fue un modo de hablar. Y ello a pesar de que el cuerpo del resucitado no fuese estrictamente carnal. Pero este es otro asunto.
¿un Dios masculino?
julio 1, 2024 § Deja un comentario
Dios no es masculino, dice el teólogo. De acuerdo. Incluso los gnósticos apostaron por una divinidad maternal o, cuando menos, andrógina, más allá del demiurgo. Pero lo cierto es que nuestras imágenes de Dios siguen siendo, por lo común, masculinas. ¿Quizá porque estas acentúan la separación, la distancia, el corte —y por eso mismo impiden que se entienda como experiencia de Dios lo que, en el fondo, es una secreta necesidad de regresar a la matriz?
En cualquier caso, se nos dijo: no te hagas imágenes de Dios. De acuerdo. Pero ¿dónde queda, entonces la devoción, incluso el coloquio? ¿Será verdad que, desde nuestro lado, honestamente tan solo cabe el clamor de quien permanece a la espera? Y si esto fuese así, ¿puede haber otra devoción que no sea la de la rememoración de las historias que sostienen la confesión?
analogia entis
junio 30, 2024 § Deja un comentario
Tradicionalmente, se ha recurrido a la analogía para expresar la relación de las mujeres y los hombres con Dios. Así, se ha dicho —y se sigue diciendo— que Dios es como un padre o como una fuente de agua viva o como… Aun cuando luego se añada que es más que padre o fuente o…., lo cierto es que, pastoralmente, se tiende a subrayar el como. Esta es la manera de proceder de la sensibilidad religiosa.
Ahora bien, si Karl Barth se atrevió a decir que la analogia entis era un invento de diablo —y creo que algo de esto hay— es porque las metáforas que mejor expresan nuestro hallarnos expuestos a la desmesura de Dios, la cual anda rozando la del nadie-ahí, son aquellas que revelan lo conocido como extraño o desconocido. Donde recurrimos a la analogía religiosa, seguimos estando en el centro. No se trata, por tanto, de asimilar el carácter absolutamente otro de la realidad de Dios —pues aquí, por definición, no hay nada que asimilar—, sino de situarnos ante a la extrañeza que nos extraña del mundo. Aun cuando, por eso mismo, debamos aceptarlo como don.
De hecho, la incorporación de las fórmulas de la fe no pasa por hacernos una imagen de Dios a medida de nuestra receptividad —pues ello tiene que ver con la domesticación de la fe—, sino por tragar con las historias de las que surgieron dichas fórmulas, las historias que impiden, precisamente, que lleguemos a hacernos una idea de Dios a gusto del consumidor.
del cuerpo y la gnosis
junio 29, 2024 § Deja un comentario
Como es sabido, los cristianos gnósticos de la Antigüedad se burlaban de quienes creían en la resurrección corporal del crucificado. Como si fuera propio de imbéciles, literalmente, tomarse en serio el testimonio de quienes habían visto al Señor. Para los gnósticos, la resurrección tenía que entenderse simbólicamente, en definitiva, como un modo de hablar de la transformación interior. Hay detrás de esta convicción un desprecio del cuerpo, tan arraigado, por otra parte, en el mundo griego. En este sentido, nada espiritual podía esperarse, por ejemplo, de las relaciones sexuales. Pues es como si alguien pretendiese transformar en una experiencia religiosa el hecho de defecar a diario.
Pues bien, teniendo esto mente, la fijación de la vieja Iglesia en las cuestiones del sexo, su intento de diferenciar aquí entre lo recto y lo desmedido, ¿acaso no debería entenderse como uno de los frentes del combate que libró, y de algún modo sigue librando, contra la gnosis? Otro asunto es que la Iglesia, tradicionalmente se haya quedado fijada en este asunto. Pero una cosa no quita la otra. Quienes, en el campo intelectual, defendieron la resurrección corporal —desde Tertuliano hasta Ireneo— ¿no comprendieron mejor que los gnósticos que no hay experiencia de Dios que no apunte, precisamente, a lo inviable? Es en este sentido que debe entenderse el es cierto porque es imposible de Tertuliano.
Y es que no hay interiorización sin incorporación —sin un hacer cuerpo. Ahora bien, es innegable que en el cuerpo hay de todo. De ahí que la santificación del cuerpo no pase, como creyeron los gnósticos, por purificarlo, sino por ver nuestra condición corporal desde la óptica del don. Por esto mismo, casi podríamos decir que en la gnosis, a pesar de su altura retórica, hay más ingenuidad que en las supersticiones de los cristianos oficiales. Sobre todo, si tenemos en cuenta, las historias, más crudas que naïves, que hay tras las fórmulas del credo.
demoliciones
junio 28, 2024 § Deja un comentario
¿Qué significa que los cielos se derrumben? Que no cabe ya ninguna ilusión; de mayor tendré éxito o encontraré a quien me quiera. Donde los cielos se derrumban no queda tiempo por delante. Sin embargo, la convicción cristiana —aunque no solo— es que todo comienza entonces.
maneras de “ver” al resucitado
junio 27, 2024 § Deja un comentario
En El evangelio de María —un evangelio gnóstico—, leemos que solo la mente es capaz de ver al resucitado. Por su parte, el autor de El Evangelio de Felipe, también gnóstico, sostiene sin rubor que quienes dicen que primero morirán y luego resucitarán están en un error. Y aquí también podríamos hablar de las apariciones que tuvieron lugar tras la ascensión. Paralelamente, en Hch 1, 22 se nos dice que Pedro constituye a Matías, el seguidor de Jesús que terminó sustituyendo a Judas Iscariote en el grupo de los Doce, como testigo de la resurrección… lo cual sugiere, cuando menos, que el haber sido declarado testigo también estuvo en su momento al servicio de la legitimación de la autoridad. No parece, por tanto, que durante los primeros tiempos hubiese un acuerdo sobre cómo entender la experiencia de la resurrección.
En cualquier caso, lo cierto es que, al proclamar la resurrección del crucificado, el creyente se sitúa ante lo, literalmente, imposible. Y esta, me atrevería a decir, es una de las claves del asunto… teniendo en cuenta que los relatos de la resurrección nunca se limitan a señalar, cada uno a su manera, el prodigio, sino que, más bien, lo sitúan dentro del marco de la historia de la redención. Quiero decir que no me parece que la experiencia de Dios pueda distinguirse de la de estar ante la posibilidad de lo imposible en nombre de…, lo que, dicho sea de paso, esta cerca del oxímoron. Muy cerca. De ahí que la moraleja de tot plegat sea que un Dios fácilmente asimilable aún no es Dios. A lo sumo, un trampantojo a medida. De hecho, la primera reacción del creyente ante la irrupción de Dios —ante la revelación de Dios como apestado de Dios— ¿acaso no ha sido siempre la de un rechazo frontal?
el mapa mental del sufrimiento
junio 26, 2024 § Deja un comentario
Podemos hacernos una idea de tot plegat de manera que creamos que el sufrimiento tiene un sentido o propósito. Pero ¿lo seguiríamos creyendo si sufriéramos lo indecible? Hay quienes se han mantenido firmes dentro de los límites de su mapa mental —un mapa en el que todo cuadra—, ofreciendo su sufrimiento al Señor, pongamos por caso. ¿También ofrecerían el de sus hijos mientras agonizan en las cámaras de gas? Quizá.
Tengo entendido que el rabí Akiba murió crucificado como un mártir, incluso con alegría. No así, Jesús de Nazaret. ¿Por qué el primero nos parece un iluminado? ¿Quizá porque, preso de su imaginario, aún no cayó en la cuenta del gran no? ¿No quedamos en que no hay sentido que sobreviva al derrumbe de los cielos sobre nuestras cabezas? ¿O es que acaso no se derrumban? De hecho, da igual. Pues difícilmente podríamos soportar que se realizase el sentido al que apunta la creencia. Pues el todo nunca puede ser el todo para quien es consciente de sí. Incluso en los cielos, Dios tendría que seguir siendo un misterio. Ahora bien, lo que esto significa es que la existencia de los celestiales, aún estaría por resolver. Un espíritu no existe. Es. Como las focas.
se nos prometió…
junio 25, 2024 § Deja un comentario
Que el cristianismo coquetee con el nihilismo tiene que ver con que la cuestión del sentido está, cristianamente, aún por resolver. El mundo no tiene sentido. En cualquier caso, esperamos que lo tenga. De momento, el ruido y la furia siguen siendo dominantes. Ciertamente, según el cristianismo, la semilla ya arraigó en un suelo fertilizado con la sangre del Hijo de Dios. Pero la última palabra aún está por pronunciar.
Ahora bien, lo inquietante del asunto es que la pronunciará un Dios que quiso —y desde un principio— ponerse en manos del hombre que se encuentra en manos de Dios… lo cual nos da a entender que ni siquiera el creyente puede hacerse una idea de cómo tendrá lugar —si es que acaba teniendo lugar— lo que, en definitiva, espera.
un puro significante
junio 24, 2024 § Deja un comentario
Cuando Yavhé se revela a Moisés diciendo aquello de yo soy el que soy —o, teniendo en cuenta la ambigüedad del verbo hebreo,seré— ¿acaso el texto bíblico no nos está sugiriendo que estamos ante un puro significante, esto es, ante una ignotum X sin una descripción definida que nos permita localizar el referente? Que, bíblicamente, no haya concepto que valga para Dios ¿no está muy cerca de decir que el modo de ser de Dios está en el aire, esto es, (de)pendiente?
Sin duda, cabe una lectura religiosa de la naturaleza de esta ignotum X. Es decir, cabe dar por hecho que la esencia de Dios —su modo de ser— permanece más allá de nuestra capacidad de intelección. Pero, en ese caso, Dios en verdad no se distinguiría cualitativamente de los dioses del paganismo. Simplemente, el Dios de Israel sería el más poderoso —o el más bueno, si se prefiere: aquí da igual la característica que escojamos—, un más que, desde la óptica religiosa, simplemente desbordaría la capacidad humana de representación. Ahora bien, el monoteísmo no es una monolatría —aunque comenzase siéndolo. La distinción entre el Dios verdadero y los falsos dioses —la distinción sobre la que pivota la fe monoteísta— cambia las reglas del juego… hasta el punto de que la trascendencia de Dios pasa a sufrirse, no ya como la del vecino de arriba al que nunca hemos visto, pero del que oímos sus pasos, sino como la de un Dios absolutamente otro y, por eso mismo, irreductiblemente extranjero. En verdad, el en sí de Dios es el de lo eternamente insólito. Pues la extrañeza para la que no vale ni siquiera la analogía es, por defecto, la de un nadie-aún-ahí, en definitiva, la de un puro haber. Y aquí puede que valiese la pena tener en mente que el envés de un puro haber —de su absoluto silencio e impenetrable oscuridad— es el de un alguien tiene que aparecer. Por eso, el aún del aún-nadie. El silencio y la oscuridad absolutos siempre fueron el substrato de la aparición. Quizá no sea casual que, en la Biblia, el capaz de Dios sea el que permanece a la espera de Dios, no aquel que lo da por descontado. Sin embargo, lo que no esperaba Israel es que ese alguien fuese, no ya el que desciende de arriba a la manera de un deus ex machina, sino el despreciado por los hombres en nombre de Dios.
Así, no es que Dios sea para nosotros lo que nosotros somos para los ácaros del polvo, sino que la realidad del en sí de Dios se revela como la de un Dios sin entidad —o, mejor dicho, como la de un Dios cuya entidad estuvo en suspenso desde el principio. De ahí que debamos comprender el cristianismo como un judaísmo radicalizado. Pues en el Gólgota, Dios se encontró con su quién. Dios cumplió con su promesa, en tanto que la promesa de Dios es de Dios, sobre la cima de un calvario. La confesión que reconoce a Jesús de Nazaret como Dios equivale a sostener que Dios no tiene otro quién —otro modo de ser— que el de aquel que acabó crucificado por los representantes, precisamente, de Dios. El crucificado no ejemplificó o representó el modo de ser de Dios: fue el modo de ser de Dios.
Con todo, es posible que aún estemos lejos de admitir las implicaciones de la afirmación central del cristianismo, la que proclama sin rubor que no hay otro Dios que el encarnado. O si se prefiere, que no hay otro presente para Dios que el del cuerpo que, siendo fiel a Dios, murió colgando de una cruz en lugar de Dios. Y probablemente meándose encima. Muy indigno tot plegat.
distancias
junio 23, 2024 § Deja un comentario
La distancia teórica —el situarse en las gradas del dios— fue, como sabemos, un invento griego. Como si solo de este modo pudiéramos sobrepasar lo que nos parece que es en la dirección de lo que es. Sin embargo, para caer en la cuenta de lo que es quizá la distancia no sea la de la grada, sino la que impone el no tocarás. De hecho, la distancia teórica ¿acaso no ha hecho posible la gran manipulación? ¿Son los hombres como hormigas? Ciertamente, para el dios.
Así, tan solo sabe lo que es el cuerpo de una mujer quien, por malformación, no puede acceder a ella. Al igual que también podríamos decir que únicamente un ciego que, de repente, recuperase la vista podría decirnos lo que, en verdad, supone que el mundo esté ahí. Sin duda, el saber exige distancia. Pero la distancia de quien constata o mide no es la misma que la de quien sufre una aparición.
de la vida reflexionada, una vez más
junio 22, 2024 § Deja un comentario
La techné —la voluntad de dominio— expresa la reflexividad —el pliegue— de la physis. Ahora bien, y en lo que respecta a la individualidad, lo que esto significa es un volverse contra uno mismo —contra la propia naturaleza. Más aún: lo que implica es la interrupción de toda teleología. Hay individuo donde el sujeto deviene un comienzo para sí mismo. Ahora bien, y por lo dicho, en ese comienzo el individuo carecerá de orientación. O mejor, la orientación le será dada por lo común. Así, al liberarse de la naturaleza, fácilmente caerá en manos de la doxa.
¿Cómo cabe comprender, por tanto, la sentencia platónica que afirma que una vida reflexionada posee más valor que una vida sin reflexionar? ¿Acaso viendo que la negación de sí alcanza también nuestra segunda naturaleza? La libertad ¿no consistirá entonces en un liberarse de sí en nombre de una nada de fondo —o, si se prefiere, de un eterno porvenir? Quizá no fuese casual que la ignorancia socrática respondiera a la convicción de que todo está por resolver. Y que no vamos a resolverlo nosotros. Aunque tampoco un dios.
el poder de su impotencia
junio 21, 2024 § Deja un comentario
Dios es, por defecto, el poder que nos supera por entero —el poder en cuyas manos nos hallamos… y no circunstancialmente. Ahora bien, lo que nos supera no es el dios —el ente superior—, sino la nada de Dios. Pues Dios en sí mismo es su colapso —su contracción. La Ley —el mandato que nos obliga a la fraternidad— se desprende de la negación de sí de Dios. Pues es Ley frente al carácter terrible de Dios, esto es, frente a su nada. El envés del amor de Dios —un amor que, conviene retenerlo, consiste en el sacrificio de sí— es, precisamente, la eterna posibilidad de la aniquilación. En definitiva, la posibilidad de que Dios se haga presente como tal, esto es, al margen del rostro con el que se identificó en el Gólgota. Escupir sobre el crucificado supone, por tanto, elegir la nada de Dios. Por el retroceso de Dios —por su desdivinización— el mundo es lo que hay. Al igual que nuestro estar expuestos al clamor de la Ley va de la mano de la extrema trascendencia de Dios.
