ambivalencia del cuerpo

junio 20, 2024 § Deja un comentario

El cuerpo es la zulo del alma, dijo Platón. De acuerdo. Pues las urgencias del cuerpo —los impulsos genéticos— a menudo se enfrentan a nuestra más honda aspiración. Al cuerpo le basta con un buen trato.

Sin embargo, el cuerpo es también el lugar de la incorporación —del caer en la cuenta. Así, pongamos por caso, sabemos que el sí mismo es una máscara —que la imagen del espejo es un trampantojo. Es sabido que somos más que quienes somos. Pues el yo es un continuo diferir del cuerpo con el que se identifica —y de ahí que el yo en cuanto tal aún no sea nadie al margen de su identificación con un cuerpo. Ahora bien, hasta que el cuerpo no muerde el polvo —hasta que no es humillado— el que sepamos que, en el fondo, no somos nadie difícilmente cambia las cosas. En el día a día, seguiremos creyendo lo contrario.

La redención —el llegar a ser alguien— no depende, por tanto, de nosotros. Intentar serlo antes de tiempo —esto es, antes de que abracen nuestra indigencia desde la otra indigencia— es como intentar salir del agua tirando de los propios cabellos a la manera del barón de Münchhausen. Y ello, más que un error, es una estupidez. Las máscaras nunca se amaron. En la feria de las vanidades, tan solo el baile.

manzanas podridas

junio 19, 2024 § Deja un comentario

Si nuestra vida ha quedado reducida a oficio, aunque el motivo inicial fuese heroico, entonces las manzanas podridas acabarán contaminando el cesto en el que nos hallamos. Y es que la dignidad del oficio depende de las apariencias —del brillo de la cera, de la doxa. En cambio, de seguir combatiendo, ciertamente las manzanas podridas seguirán estando ahí —y quién no acaba pudriéndose, aun cuando solo sea de corazón—, pero difícilmente nos hundirán. A pesar del mal olor —o, siendo más estrictos, del dolor. Pues el objetivo no es nuestra perfección, sino el príncipe de este mundo.

En tiempos de indigencia, quizá no esté de más retomar el ánimo de una compañía militar. Al fin y al cabo, la espiritualidad cristiana consiste en buena medida en un volver a levantarse tras caer. Y ello porque el enemigo insiste en derribar las puertas. Sobre todo, la de aquellos que no cuentan.

sin un porqué

junio 19, 2024 § Deja un comentario

La rosa es sin porqué. Es cierto que podemos ofrecer una explicación de cómo llega a florecer. Pero no hay explicación que valga para el interrogante más elemental: por qué la rosa en vez de nada. Todo aparece o tiene (el) lugar desde el fondo negro de la nada de un puro haber. La explicación se mueve en la superficie de cuanto sucede. Ante la aparición —ante el tener lugar—, sin embargo, tan solo cabe el asombro. Y, si se trata de pensar su motivo, la contradicción que sostiene el mundo.

amor al prójimo

junio 18, 2024 § Deja un comentario

La exhortación cristiana a amar al prójimo como a ti mismo es, si se piensa bien, excesiva. Pues no se trata, simplemente, de promover una buena actitud o, si se prefiere, la bondad. Tampoco se trata de añadir o, mejor dicho, subrayar ciertos preceptos morales: no te vengarás, siempre ofrecerás la otra mejilla, no guardarás rencor… La expresión que emplea Pablo cuando se refiere al prójimo es to heteron, cuya traducción sería, otro, diferente, extraño… , lo que, dicho sea de paso, debería darnos una pista acerca de por dónde van los tiros. Pues como decía, no se trata, únicamente, de la amabilidad. ¿Cómo amar a lo que difiereabsolutamente de nosotros? ¿Acaso podemos entregarnos a los ácaros del polvo?

Por otro lado, en Pablo el prójimo es también un igual. Y es que tras la irrupción de los días finales, ya no hay diferencia entre hombre y mujer, amo y esclavo —una diferencia que, conviene recordarlo, justificaba las relaciones de dominio propias del momento histórico. La pregunta salta de inmediato: ¿cómo el igual puede presentarse, a su vez, como extranjero? ¿De qué manera convergen, si es que lo hacen, igualdad y extrañeza?

La respuesta es, cristianamente hablando, inmediata: en relación con Dios, todos somos el mismo indigente. La radical alteridad de Dios encuentra su eco —su envés— en la extrañeza del semejante. Ahora bien ¿podemos amar al otro en cuanto tal, esto es,quererlo? ¿Qué significa realmenteamarlo? ¿Acaso hay amor que no suponga un sacrificio? Difícil que logremos amarlo tal y como merece ser amado, mientras sigamos sometidos al mundo, es decir, mientras sigamos por aquí. Pues el mundo nos obliga al trato —a la negociación, a compensar los desequilibrios de la relaciones de poder con un contrapoder… Y digo difícil —que no imposible— porque hay momentos en los que algunos respondieron sin letra pequeña de por medio a la demanda que nace del nadie que hay tras las máscaras de la personalidad. Pues amar es responder a dicha demanda: vestir al desnudo, alimentar al hambriento… Lo dicho: sacrificio, desposesión de sí… La desmesura de Dios es la desmesura de su mandato, el que nace de las gargantas de la sed.

De hecho, caemos del caballo, cuando se nos revela que el poder de Dios —el poder de su mandato— es el que se desprende de su impotencia. Y esto es casi imposible de tragar, sobre todo, donde aún seguimos esperando su intervención ex machina. La cuestión es si estamos ante una situación que trascienda el sentirse inclinados a la compasión. Pero para responder a esta cuestión es inevitable adentrarse en el territorio, ciertamente pantanoso, de la metafísica —de la pregunta por el haber.

difícil juicio

junio 17, 2024 § Deja un comentario

Decimos: el amor es sacrificial. O las personalidades geniales siempre fueron incomprendidas. ¿Esto es así? Vamos a suponerlo. ¿Cuál es, entonces, el problema? Pues que, aun cuando el amor sea en verdad sacrificial, del sacrificio no se deduce que haya amor. Por definición es así. Pero nunca topamos con el amor, sino con el sacrificio. Y el sacrificio no siempre responde al amor. Es cierto que los individuos geniales están al margen de lo común. Pero no por estar al margen de lo común se es un genio. Como dejó escrito Machado, solo el necio confunde valor y precio. La verdad —lo que acontece en cuanto pasa— no nos permite juzgar. De ahí la necesidad de un discernimiento, el cual, sin embargo, nunca podrá asegurar haber dado en el clavo.

¿Por qué? ¿Quizá porque, como viera Platón, no hay camino de vuelta de lo real a su hacerse presente en lo particular? Y no hay camino de vuelta porque lo real —el amor, la genialidad, la justicia, lo bello…— solo deviene actual desrealizándose. O por decirlo de otro modo, lo real solo aparece desapareciendo como absolutamente real. La aparición implica apariencia. El no-ser se halla en las entrañas del ser. Pues el ser tiene que negarse a sí mismo —darse— para, precisamente, ser. De ahí que lo primero o absoluto sea este acto, el hágase por el que el más allá se distancia del mundo… hasta retroceder a un pasado anterior a los tiempos —hasta devenir, precisamente ab-suelto o divino. Dios —la voluntad o acto originario— es inseparable del falso dios. La religión es la joroba de la fe. Por eso todo cuanto es esté por resolver. El amor, pongamos por caso, solo puede manifestarse no siendo del todo amor. O la belleza. O la justicia. Es lo que tiene que la negación de sí sea el envés de la afirmación.

dice Derrida (y lo que dice ya lo dijo Platón)

junio 16, 2024 § Deja un comentario

A veces la originalidad —o el deslumbramiento— de un pensador depende de que oculte sus fuentes. Y si es capaz de colar algún neologismo, a modo de trampantojo, pues mejor. Por ejemplo, Derrida.

Veamos qué dice en uno de sus textos sobre la justicia: «(…) en este momento mismo en el que yo me dispongo a demostrar que no se puede hablar directamente de la justicia, tematizar u objetivar la justicia, decir ‘esto es justo’ y mucho menos ‘yo soy justo’, sin que se traicione inmediatamente la justicia, cuando no el derecho. (…) La justicia no puede ser tematizada ni objetivada del mismo modo que un derecho o una ley. Y si no es posible aquí y ahora describir algo como justo, el concepto de justicia debe reservarse para otra cosa, algo que no está del todo presente. Porque si localizamos la justicia en algo que es presente y humano, como un partido político o un programa político o un veredicto legal, acabamos por traicionarla.» ¿Acaso no estamos ante un modo de presentar la vieja tesis platónica sobre la trascendencia de lo realmente justo —o lo bello, lo bueno…? Algunos dirán que Derrida no está comprometido, obviamente, con los cielos en los que Platón, supuestamente, ubicó las ideas. Pero Platón nunca dijo, a pesar de que algunos de sus tropos puedan sugerirlo, que la trascendencia de lo real tuviera que entenderse a la religiosa. Más bien, al contrario. Pues lo que sostuvo Platón es que lo justo —o lo bello, o lo bueno… — no puede hacerse presente sin perder por el camino, precisamente, su carácter absoluto o real. En este sentido, la justicia como tal o en sí solo puede ser presentarse al pensamiento como un darle a cada uno lo que se merece. Ahora bien, esto es como no decir nada —o nada en concreto. Pues lo que queda en el aire —acaso nunca mejor dicho— es, de hecho, qué se merece cada uno. Y lo que se merece cada uno dependerá de la sensibilidad, es decir, de lo que culturalmente nos parezca justo. De ahí que, porque hay lo justo, no pueda haber nada en concreto que sea indiscutiblemente justo.

Por tanto, media un hiato entre lo real y su manifestación, siempre relativa a un punto de vista. Sin embargo, este hiato no puede pensarse como si hablásemos de dos mundos —o mejor dicho, tan solo podremos representárnoslo imaginativamente como si se tratase de dos mundos. En realidad, de lo que hablamos es de la desaparición de lo absolutamente justo en su aparecer como ley o decisión justa. Y quien dice lo justo —o lo bello, o lo bueno…—, dice lo que es. Al fin y al cabo, lo real al margen de su hacerse presente —esto es, en su carácter absolutamente otro— no está presente. Y esto equivale a decir que se ubica en un pasado anterior a los tiempos… lo que implica que su lenguaje más propio es el del relato mítico. Puede que no sea casual que Platón fuese un creador de mitos. Y no porque los necesitase a modo de ilustración.

Ciertamente, todo —o casi todo— fue pensado por Platón. Otro asunto es que no nos lo parezca. Sobre todo, si empleamos, a la manera de Derrida y tantos otros posmodernos, un trampantojo conceptual.

¿desmitologizar?

junio 15, 2024 § Deja un comentario

Según Rudolf Bultmann, la cosmovisión del Nuevo Testamento nos queda bastante lejos como para podamos tomarnos al pie de la letra las fórmulas del credo. Pues estas solo resultan inteligibles desde el marco de dicha cosmovisión. Ya no vivimos en un mundo en donde los poderes sobrenaturales intervienen, más o menos espontáneamente, en los procesos naturales. Esto es, ya no vemos —ni podemos ver— los asuntos del espíritu tal y como fueron vistos por los creyentes de la Antigüedad. De ahí que, según Bultmann, tengamos que llevar a cabo una interpretación que, prescindiendo del mito, muestre la decisión existencial que hay por debajo de las fórmulas de la fe, las cuales constituirían, por eso mismo, un modo de hablar que deberíamos poder traducir. Al fin y al cabo, la fe es un compromiso cuyo punto de partida es un acto de confianza.

Ahora bien, el ejercicio de la desmitologización presupone que el lenguaje es algo así como un envoltorio que podemos cambiar sin que se altere lo que envuelve. O no demasiado. Ciertamente, que creamos que nos podemos entender con los primeros cristianos da por sentado que, en el fondo, estamos refiriéndonos a lo mismo. Sin embargo, este es el problema. Pues ni siquiera la palabra Dios puede significar lo mismo hoy en día que en las épocas en las que el cosmos no se presentaba —ni podía presentarse— como un todo homogéneo.

¿Deberíamos concluir que ya no podemos creer en lo mismo? No me atrevería a decirlo. Pues si podemos creer en lo mismo es porque ese lo mismo trasciende los hechos que, durante la época de los primeros cristianos, dieron pie a la fe. Que los primeros cristianos, por ejemplo, dieran por hecho que el crucificado resucitó de entre los muertos —como si los relatos de la resurrección fuesen una historia de zombies buenos—, explicaría en cualquier caso su fe. Pero que dieran por hecho que el crucificado se apareció a unos cuantos elegidos tras el tercer día no nos permite comprender el alcance universal de la esperanza creyente. Para ello, más que esforzarnos en encontrar una buena traducción —si es que pudiera haberla, sin traicionar el sentido original de las palabras—, deberíamos aprender a leer mejor el mito. No podemos prescindir del mito sin tirar al niño con el agua sucia. Y no podemos hacerlo porque el mito es, en el fondo, el logos de lo que trasciende la totalidad. En definitiva, la expresión simbólica de la negación de la nada que abraza cuanto es y por la que el todo es aún el no-todo.

Al fin y al cabo, si podemos, cuando menos, comprender el carácter católico del cristianismo es porque el lenguaje con el que, de entrada, se expresó contiene elementos que desbordan el marco cultural al que perteneció dicho lenguaje. Por tanto, una buena lectura debería comenzar admitiendo que los primeros textos cristianos, incluyendo los de la dogmática cristológica, fuerzan las palabras de la tribu para obligarlas a decir lo que, en absoluto, dichas palabras pueden admitir como hechos. Ni entonces, ni ahora. Me refiero, en última instancia, a la posible imposibilidad de Dios. Así, las fórmulas del credo recurrirían al lenguaje religioso para proclamar lo que, desde los presupuestos de la religión, es sencillamente inadmisible. ¿Acaso podemos religiosamente aceptar que Dios tenga cuerpo —y un cuerpo que terminó colgando de la cruz— o que no sea aún nadie sin su cuerpo? Con todo, el triunfo histórico del cristianismo quizá se deba en buena parte a que, a pesar de lo dicho, terminó entendiéndose a sí mismo en clave estrictamente religiosa. Tampoco debería extrañarnos… si tenemos en cuenta que cualquier superación —y el cristianismo supera las coordenadas religiosas en las que se inscribe— siempre conserva en su seno lo que supera.

En consecuencia, si esto es así —y creo que lo es—, entonces sería irrelevante, a la hora de comprender las fórmulas de la fe, que antiguamente, a diferencia de hoy en día, se diera a Dios por descontado. Pues, en verdad, lo que revela el Gólgota es que Dios —y como expresión, en definitiva, de la voluntad de Dios— no es alguien que podamos dar, precisamente, por hecho. Creer en lo mismo, por tanto, tiene que ver con que este lo mismo no es, en el fondo, una posibilidad del mundo. Ni puede serlo si hablamos de Dios.

sin dientes

junio 14, 2024 § Deja un comentario

Hoy, tras décadas de cristianismo progresista, abominamos de la Ley del Talión. Y más si figura como inspirada en la voluntad de Dios. Como si fuera no solo una depravación moral, sino también religiosa. ¿Acaso Dios no puso la otra mejilla?

Sin embargo, en su momento, fue un progreso moral. Pues imaginemos que, antes de que se impusiera el diente por diente, alguien hubiese herido, aunque fuese accidentalmente, a quien poseía más poder que él. Probablemente, no hubiese recibido, a cambio, una herida equivalente, sino algo más —por ejemplo, ¿una muerte horrible? La Ley del Talión supuso, con la excusa de Dios, una limitación de la violencia arbitraria. Como también un modo de evitar su escalada. Al menos, sobre el papel.

de lo verdadero

junio 13, 2024 § Deja un comentario

La verdad es lo inmodificable de la existencia. Esto es, lo real. Que sea además la afirmación verdadera —o, si se prefiere, una representación adecuada a los hechos— es secundario. Y, de entrada, lo inmodificable es la muerte. Creer que podremos superarla es ingenuo. Y no porque no sea posible, sino porque, de lograr la inmortalidad, no es que fuésemos ya dioses, sino que pasaríamos a ser, definitivamente, idiotas. Esto es, como las bestias. Ninguna profundidad cabe esperar del inmortal —ninguna inquietud o desazón… salvo la que provoca la necesidad. Aunque quizá un dios siempre fue más estúpido de lo que llegamos a imaginar.

el crucificado

junio 12, 2024 § Deja un comentario

Al final, el enviado cayó en la cuenta de que no había Dios que pudiera descolgarlo. E hizo algo muy extraño: se abandonó a Dios. Si la historia hubiera terminado aquí ¿qué podríamos proclamar? ¿Alguna buena noticia para los abandonados de Dios? Este abandonarse a Dios ¿no fue un gesto inútil, por no decir absurdo?

Pero hubo resurrección, se nos dirá. De acuerdo. Ahora bien ¿aún la puede haber para nosotros? Y aquí no valen las componendas, el trapicheo de los nuevos lenguajes. Esto es, no vale entender la resurrección de los muertos como si fuera un modo de hablar de la supervivencia del alma. Una vida de espectros más allá de la muerte —por no hablar de la disolución en el océano de los muñequitos de sal— no es la respuesta que espera el padre que le dice a su hijo, antes de entrar en las cámaras de gas, “ debes vivir”.

de la donación y el formar parte

junio 11, 2024 § Deja un comentario

Diría que una existencia abierta a lo que nos supera o trasciende puede partir de dos convicciones. O bien, aquella que afirma que formamos parte de aguas que nos cubren —la expresión es de Merton; o bien, la que experimenta el mundo como dado. No es exactamente lo mismo. La primera convicción es religiosa. Así, conforme a esta deberíamos ajustarnos a lo que exige el orden del que, precisamente, formamos parte. Al fin y al cabo, se trata de participar del lado bueno de la naturaleza, la cual, y por eso mismo, será inevitablemente divinizada. Aunque no se crea en ningún dios. Todo queda, sin embargo, en casa. La trascendencia es, sencillamente, el todo —y el mal, un error de perspectiva.

Desde la segunda óptica, en cambio, la naturaleza es vivida como dada. Esto es, como donación. Ahora bien, el asunto es cómo entender esta donación. Pues aquí aún es posible entenderla a la religiosa: como si fuera el presente de un ente superior. Es cierto que la imaginación no puede evitar verlo así. Pero quizá no sea anecdótico que bíblicamente se entendiese la donación como testamento. Y es que, para el pueblo de Israel, la trascendencia de Dios siempre se sufrió como aquella que andaba ronzando la nada —y de ahí que el creyente permaneciese a la espera de Dios. Dios fue siempre el Dios del séptimo día, un Dios que, tras retroceder a un pasado anterior a los tiempos, estaba eternamentepor venir. No es casual que la espera de Dios solo llegara a concretarse como la esperanza en la venida del Mesías. En cualquier caso, quienes padecen, en el sentido más amplio de la expresión, la trascendencia de Dios, las imágenes no bastan. En su lugar, las historias —y la Biblia está a rebosar de ellas. En realidad, las imágenes siempre estuvieron al servicio de una fe acomodada.

Evidentemente, la trascendencia no es, según Israel, la de una dimensión oculta. Y quizá por eso mismo tenga dos lados: el de la luz y el de las sombras… como supo —y sufrió— Job. De ahí que, bíblicamente, la creación esté por resolver. Para la sensibilidad bíblica, el todo es el aún-no-todo.

Como decía, la inquietud de Israel no es exactamente la mismo que la de quienes se preguntan qué deberíamos hacer para sumergirnos en las aguas que nos cubren. Esto es, en última instancia, paganismo. Nadie niega, sin embargo, que las aguas nos den mucha paz. El problema es que, para quienes sufren la violencia de los que no tenemos piedad, las aguas siempre fueron las que ahogaron a sus hijos.

desprendimiento

junio 10, 2024 § Deja un comentario

La exhortación paulina al como si no que leemos en la Primera carta a los Corintios —que el que se alegra, viva como si no se alegrase; que quien tiene esposa, viva como si no la tuviese… (y aquí no sé qué diría la esposa…)— está muy cerca des desprendimiento estoico. La diferencia pasa por el horizonte. En el caso de Pablo, el de una inminente resurrección de los muertos —pero ¿la espero Pablo tras veinte años? En el del estoico, el memento mori. La actitud de fondo es, sin embargo, muy parecida: no te identifiques con lo que posees; no te aferres a cuanto usas. Y ello en nombre de lo que nos supera, el final. Ciertamente, no parece que haya otra libertad.

Sin embargo, ¿es posible que el ethos cristiano haya sobrevivido, una vez dejamos de aguardar de facto la resurrección de lo muertos, gracias al estoicismo? Pues incluso los primeros estoicos defendieron algo así como la igualdad. Y si esto es así, ¿no será el nazareno más bien un motivo, por no decir una excusa?

desequilibrios cósmicos

junio 9, 2024 § Deja un comentario

En la Antigüedad, el orden cósmico fue un orden moral. Y lo que esto significa es que lo bueno es el equilibrio. Cada parte del todo tenía que situarse dentro de los límites que le habían sido naturalmente asignados. La idea de justicia no fue, inicialmente, una categoría social, sino cosmológica. O mejor, llegó a ser social porque antes fue cosmológica. Así, que un perro, pongamos por caso, copulase con cerdos era visto como una afrenta al orden cósmico —una grave injusticia. En consecuencia, algo tenía que hacerse con ese perro para restaurar el equilibrio. De ahí que, cuando la culpa pasa a entenderse, con la irrupción del monoteísmo bíblico, como un asunto meramente humano y, en definitiva, personal, la naturaleza pierde su carga moral. Fue cuestión de tiempo que dejáramos de respetarla.

De hecho, si un extraterrestre con la mentalidad de nuestros ancestros se dejase caer por la Tierra, probablemente llegaría a la conclusión de que la humanidad es ese perro que hay que sacrificar. Y ningún perro se inmola a sí mismo. Hay algo de verdadero en la imagen del ángel exterminador. Y es que no nos merecemos ningún testamento.

¿y si Nietzsche tuviera algo de razón?

junio 8, 2024 § Deja un comentario

La muerte de Dios supone una profunda alteración del sentido de la temporalidad. Y quien dice muerte de Dios, dice también capitalismo. Dios, en verdad, siempre fue muy rural. Así, para el sujeto moderno no hay otro horizonte que el de su triunfo. Y esto es lo mismo que decir que el de la ilusión. Trabajo y distracción. No hay más. Ni puede haber más para quien se limita a comprar y a vender. Quizá nos quede aún la poesía, ese gesto de nostalgia. Pero el poeta no se vende. Está fuera —es decir, en el afuera.

El mismo Nietzsche escribió que el ateísmo era lo más difícil. Pues lo normal —es decir, lo común— es colocar un falso dios en lugar de Dios. Sin embargo, lo que Nietzsche pasó por alto es que los primeros en enfrentarse a la nada de Dios fueron los hijos de los esclavos de Egipto, aquellos que, según Nietzsche, fueron dignos del mayor desprecio. Ahora bien, lo que sí es cierto es que estuvieron lejos de ponerse en manos de Dioniso, esa divinidad olímpica capaz tanto de bailar sobre una pira de gaseados como sobre una campo de amapolas. En su lugar, la Ley de Dios. Con todo, esto no significa que Israel creyese que tenía que obedecer a un ente de otra dimensión como los siervos de la gleba estuvieron sometidos a su señor. No hay imágenes de Dios. Y no las hay porque Dios en verdad carece de la entidad propia del dios. Israel, tras la dura prueba del exilio, pronto comprendió que solo contra Dios cabe obedecer a Dios. Aquí la obediencia se revela como un acto de resistencia a la eterna posibilidad de la aniquilación, acaso lo más real —y por eso, inmodificable— de la existencia. Quiero decir que lo que quizá Nietzsche no terminase de entender es que la obediencia judía a la Ley fue el modo más sutil de enfrentarse a la desaparición de Dios.

Con todo, es cierto que donde el capitalismo disuelve cualquier sentido de la comunidad, lo que queda es una humanidad idiotizada. Y solo es cuestión de tiempo que una esta sea superada por el bailongo.

mercadillos

junio 7, 2024 § Deja un comentario

El mercado fagocita cuanto alcanza. O como dijera Marx, con el capitalismo, todo lo sólido se desvanece en el aire. Hoy lo compramos casi todo. El cuidado de nuestros pequeños, el de nuestros padres… Nadie tiene tiempo, salvo para trabajar y distraerse. Incluso el emparejamiento se ha convertido en una operación de compra-venta. Una discoteca —una fiesta— es un mercadillo. Y un mercadillo no te vende ningún andamio —ningún derecho a la reparación. Compras y te vendes. Y si sale mal —que saldrá donde vamos solo con las alforjas del consumidor—, siempre habrá una novedad en el estante con el brillo del oropel. Al menos, hasta que nos quedemos sin activos que ofrecer al cambio. A esto se le llama resignación, por no decir rencor. No en vano, Nietzsche se refirió al último hombre com a aquel que vive aplastado por el peso de la nada. Pues quien se libró de Dios creyéndose el más listo, tarde o temprano cae —y estúpidamente— en manos de cualquier dios. Y digo estúpidamente porque un dios, como el publicista, nunca cumple su promesa. No puede hacerlo.

enamorados de Jesús

junio 6, 2024 § Deja un comentario

A veces me da por ver algún vídeo de Youtube en donde algunos jóvenes hablan de su experiencia espiritual. ¿Qué ves? Chicos y chicas enamorados. ¿Por qué digo esto? Porque la base de su fe es el sentimiento. No hay mucho más. Y no parece que esperen que haya algo más. Bien.

¿Cuál es, entonces, el problema? Quedarse ahí. Es decir, el narcisismo espiritual —el onanismo. El riesgo de una Iglesia demasiado centrada en el lenguaje de la juventud es que no tenga nada que decir a quienes ya superaron la fase de la ilusión. O lo que acaso sea peor: que, por miedo a espantarlas, oculte a las ovejas el momento crucial de la fe —el momento en donde la fe deviene, precisamente, fe. Se me dirá: no, si ya les hablamos de la cruz. De acuerdo. Sin embargo, la pregunta es si acaso nos tiembla la voz a la hora de leer los relatos de la Pasión.

Pedro decidió seguir al nazareno porque quedó seducido por él. Pero no se convirtió en creyente hasta que no lo negó tres veces.

creer que

junio 5, 2024 § Deja un comentario

Un cristiano no cree que los muertos resuciten como otros puedan creer que hay vida en la cara oculta de la Luna. Creer, en cristiano, no es suponer. Más bien, un tiene que ser así en nombre de un acto de misericordia donde no podía haber ninguna piedad. Sin embargo, esto es lo mismo que decir “donde lo imposible o inviable tuvo lugar”. Mientras sigamos creyendo que Dios habita en la cima más alta —o si se prefiere, en las profundidades de la existencia— Dios seguirá siendo una posibilidad de nuestro estar en el mundo. Aun cuando, admitamos que esta posibilidad solo se realiza por aproximación.

sacerdotes y profetas

junio 4, 2024 § Deja un comentario

Los sacerdotes y los profetas nunca han terminado de hacer buenas migas. El recelo sacerdotal encuentra su argumento en que hay mucho falso profeta por ahí. El profeta acierta, sin embargo, donde ve a los sacerdotes como proveedores de servicios. Pues esto equivale a poner a Dios en manos del consumidor. El sacerdote cojea de ambos pies donde solo pretende satisfacer la demanda. El profeta, por su parte, nos recuerda que Dios en verdad es el Dios que provoca nuestra inquietud o desplazamiento —en definitiva, que Dios es el Dios que nos saca del quicio del hogar. ¿Su riesgo? El de caer en el resentimiento, en la denuncia por la denuncia. Entre uno y otro, anda la existencia creyente. De no haber sacerdotes, el cristianismo perdería su masa crítica. Pero el peligro de apedrear al profeta —incluso una vez ha sido sepultado bajo las piedras— es que el cristianismo se convierta en irrelevante. Actualmente, la Iglesia clama, como sabemos, por las vocaciones sacerdotales. Pero me atrevería a decir que, hoy en día, sobran sacerdotes y faltan profetas. Pues de haber más profetas es posible que los conventos no tuvieran que convertirse en hoteles. Aunque sea con la excusa del retiro espiritual.

de la desconexión

junio 3, 2024 § Deja un comentario

Caben dos actitudes frente al mundo. La primera es la del alma primitiva, por emplear la expresión de Lévy-Bruhl. En el alma primitiva, predomina la convicción de que bajo la diversidad de las formas fluye un poder incuestionable, el mana. Este poder puede jugar a nuestro favor o en contra. Cuanto hay es un simple receptáculo del mana. El éxito de la caza, la reproducción… en definitiva, del intento de adaptarse al entorno dependerá de si conseguimos participar del lado luminoso de la fuerza. Para esta mentalidad, todo está conectado. Incluso los muertos a veces aparecen bajo el aspecto de la bestia. No encontraremos aquí la oposición entre materia y espíritu. La cuestión de fondo —la que provoca la mayor angustia— es si permanecemos integrados —en sintonía con el todo— o apartados. Es decir, fuera del equilibrio.

La segunda actitud es la que se impone tras la irrupción del monoteísmo bíblico y la especulación griega. Aquí el punto de partida es el sentimiento de haber sido separados del todo. La escisión es, por tanto, el dato inicial. La tradición de Occidente ofrecerá dos soluciones. La primera, procura vover a casa. Sería la vía mística. La segunda, en cambio, asume la imposibilidad de la religación. Es verdad que hay quienes han experimentado el rapto, la fusión. Pero su disolución fue siempre transitoria. Y lo seguirá siendo. Ya no está en nuestras manos sentir el mana como quien tiene frío o calor. Donde se impone la escisión como estado existencial, el mana se convierte en concepto. Incluso donde se afirma que hay un poder invisible que nutre cuanto es. El alma primitiva no tuvo necesidad de afirmar lo que experimentaba a flor de piel.

Sin embargo, resulta cuando menos curioso constatar que la ambivalencia del mana de algún modo se mantiene una vez el Dios se vuelve concepto —o por ser justos con la tradición bíblica, un nombre… cuyo referente permanece en el aire. Así, que la vida pueda experimentarse como donación —o mejor, como testamento, en tanto que el don va con la responsabilidad— es el envés del paso atrás de Dios. Ahora bien, que la vida sea vida dada supone, al fin y al cabo, una liberación del poder absoluto de Dios. Aquí Dios es el enemigo (y, siendo un poco más sofisticados, podríamos decir que deviene nuestro enemigo por amor). La negación de Dios, acaso en el doble sentido del genitivo, permanece agazapada bajo la adoración. Tan solo hace falta leer con interés el relato del Génesis para caer en la cuenta de que Elohim crea al hombre como aquel que tendrá que negarlo. Pues ¿no es cierto que la prohibición implica, cuando menos, el deseo de transgresión? El mandato de Dios no fue nunca un tabú. Con la prohibición, la serpiente —también, conviene recordarlo, una criatura de Dios—, anidó en el corazón de Adán. Y lo que esto significa es que, en el sexto día, Dios liberó al mono del temor de Dios.

A partir de aquí, tendremos que optar entre abrirnos a lo que tuvimos que perder de vista, aun cuando admitamos que en el pasado anterior a los tiempos no hay nada que ver; o seguir sobre sí a la manera, literalmente, de los idiotas. Esto es, entre permanecer en estado de suspensión —y más si es sangrante—, o seguir en El Corte Inglés. La fusión no es alternativa, salvo como estado compensatorio. De ahí que uno pueda perfectamente preguntarse si en el anhelo místico de disolverse en el mar no habrá, como sospechaba Freud, un rechazo del principio de realidad, en definitiva, un no poder soportar, precisamente, nuestra situación ante Dios.

abierto hasta el amanecer

junio 1, 2024 § Deja un comentario

Decía Northrop Frye que los personajes de una novela se dividían entre los que están a favor de la búsqueda y los que no. Paralelamente, desde la óptica de la espiritualidad, se distingue entre una existencia abierta a lo que nos supera y otra encerrada en sí misma. De hecho, los tiros de la clasificación gnóstica entre los pneumáticos y los hyléticos apuntan a la misma diana. Desde nuestro lado, por tanto, parece inevitable que la inquietud —el que no terminemos de encontrarnos en donde estamos— sea preferible a la idiotez, en el sentido más literal de la palabra. No en vano Platón dejó escrito hacia el final de su Apología que una vida que se cuestiona a sí misma posee más valor —más altura, fortaleza o libertad— que una vida centrada en lo que tiene a un palmo de sus narices.

De ahí el carácter sorprendente del evangelio cristiano, por no decir inadmisible. Pues, desde el lado de Dios, no da la impresión de que la búsqueda de Dios por nuestra parte tenga demasiada importancia. Al menos, porque lo único que cuenta para Dios es la compasión del samaritano. Únicamente somos iguales ante Dios. Y lo que esto significa es que nadie desde sí mismo puede garantizar que dará el primer paso hacia la cuneta en la que se encuentra el abandonado de Dios. Ya se nos dijo —aun cuando puede que aún no lo hayamos entendido— que las rameras pasarán por delante. A menudo, tiendo a pensar que todo lo relevante con respecto a Dios comienza cuando fracasa nuestro intento de ir hacia Dios —o hacia aquello que, desde nuestro lado, ocupa su lugar.

estiércol

mayo 31, 2024 § Deja un comentario

El sincretismo religioso es, hoy en día, un lugar común. Es lo que tiene que las religiones estén dispuestas en el estante —y por eso mismo, disponibles a gusto del consumidor. Al igual que uno puede montarse su propio plato en un buffet libre. Así, incluso en las canchas cristianas, escuchamos con relativa frecuencia aquello de que, tras la muerte, sobreviviremos disolviéndonos en el espíritu del cosmos.

Ahora bien, ¿sobreviviremos? ¿Quién… si ya no cabe ningún yo en la mezcla? Más aún: este horizonte, ¿es un motivo de esperanza? ¿También, para los desgraciados? ¿Acaso a los cristianos actualizados no se les tiene que haber disuelto antes la inteligencia para tomarse en serio esta hipótesis oriental? ¿Y por qué están tan convencidos de que terminaremos disolviéndonos en el espíritu del cosmos? ¿No podríamos acabar siendo simplemente estiércol?

De hecho, los creyentes del primer Israel estuvieron convencidos de que no había ningún más allá —de que del polvo regresaríamos al polvo. Y no porque fueran unos nihilistas, sino porque quizá vivieran más a flor de piel qué significa estar bajo el poder de la divinidad. En realidad, de la experiencia creyente de la finitud se desprende el agradecimiento por la vida dada…aunque también la perplejidad, por no decir el estupor, ante tanta oscuridad. Como es sabido, la esperanza en un nuevo comienzo —en un reset de dimensiones cósmica, un reset que no deberíamos confundir con la vida celestial—, surgió en Israel cuando las mujeres y los hombres de fe se preguntaron sobre qué vida podían esperar aquellos que, por fidelidad a Dios, murieron injustamente antes de tiempo. Y no ignoramos cuál fue la respuesta.

Es cierto que el horizonte de la disolución es más digerible, sobre todo hoy en día, que el de una resurrección de los muertos —y ello, al margen de lo que Freud escribiera sobre la aspiración a la fusión. Pero quien aún cree que Dios no tiene que ver con lo imposible, probablemente crea en un dios a medida. Puede que aún estemos lejos de comprender, cuando menos, que no hay fe cuyo horizonte no sea lo inconcebible . Pero no porque al creyente le atraiga el delirio, sino porque hubieron actos de piedad en el centro del horror. Israel siempre concibió la esperanza en clave imperativa: es lo que debe acontecer en nombre de. No estamos hablando, por consiguiente, de lo preferible. Pues de lo que cabe preferir, aún podemos hacernos una idea.

jardín de infancia

mayo 30, 2024 § Deja un comentario

Para el niño que llevamos dentro, todo es aparición —todo le viene al encuentro. Como si hubiera una intención de fondo en cuanto es. Para el chico mayor, en cambio, todo es objeto de dominio. Se trata, simplemente, del resultado de la adaptación. Y el nihilista añade: en verdad, no hay aparición —nada nos viene al encuentro. La aparición, en cualquier caso, sería un trampantojo, eso que nos parece que es, un modo, ciertamente deformado, de ver las cosas.

Sin embargo, ¿hay otro modo de ver cuanto vemos… que no sea a través de las gafas que llevamos puestas de fábrica? ¿Hay más verdad donde contemplamos la existencia desde una enorme distancia? La distancia teórica —la que nos sitúa cerca del dios— ¿acaso no aporta su propia deformidad? ¿Se equivoca una madre cuando ve a su criatura como un milagro? ¿Está más cerca de lo real el mirmecólogo cuando entiende las relación humanas como una variante sofisticada de la que mantienen las hormigas entre sí? Más aún: si es cierto que (la) nada nos viene al encuentro, ¿no podríamos decir que, por eso mismo, hay aparición o, mejor dicho, que todo es testamento?

Constantino

mayo 28, 2024 § Deja un comentario

Si el triunfo histórico del cristianismo es el resultado de la traición de la Iglesia al espíritu evangélico —de su pacto con el poder político y, en definitiva, con el mundo—, no debería sorprendernos que la Iglesia tema, precisamente, que las mujeres y los hombres comprendan qué proclama en realidad el anuncio cristiano. Es decir, que tema una justa exposición de la revelación. Pues nadie, salvo los desesperados, puede admitir como verdadero lo que se revela en el Gólgota (y tras el tercer día).

Calvary (de nuevo)

mayo 27, 2024 § 1 comentario

En definitiva —y lo cristiano tiene que ver con el en definitiva—, lo único que interrumpe el ciclo de la violencia —el dominio de Ha-Satán— es el perdón de la víctima, el perdón de lo imperdonable. Se trata de un volver a empezar de dimensiones cósmicas —de una objeción a la totalidad. Sin embargo, es un perdón cuya palabra es, más bien, un silencio elocuente. Pues aquí no hablamos, obviamente, de ninguna disculpa. Una vez acontece ese perdón (el) todo queda en suspenso. Pues ni siquiera podemos hacernos una idea de cómo pueda darse la resolución. A esto se le denomina fe. Esto es, permanecer a la espera, aunque confiando. Aquí cualquier certeza es vana. Esto es, un tomar el nombre de Dios en vano.

¿una falacia nietzscheana?

mayo 26, 2024 § Deja un comentario

Escribe Nietzsche en El Anticristo:

“El cristianismo tiene en su base la rancune —el rencor— de los enfermos, dirige sus instintos contra los sanos, contra la salud. Todo lo que está bien constituido, todo lo que es altivo, orgulloso, sobre todo la belleza, lastima sus ojos y sus oídos…. El cristianismo fue una victoria, por él pereció una mentalidad más aristocrática. El cristianismo ha sido hasta hoy la más grande desgracia de la humanidad.”

Puede que el dardo de Nietzsche dé en en el centro de la diana… Sin embargo, ¿de qué diana estaríamos hablando? ¿Acaso el argumento de Nietzsche no es un ejemplo de falacia ad hominem? Es posible que haya resentimiento en la condena cristiana del noble. Pero ¿solo resentimiento? La cuestión de fondo —a saber, si somos o no iguales y en qué sentido— ¿acaso no queda enmascarada con el descubrimiento de Nietzsche?

Creo que, a pesar de las apariencias, Nietzsche no cae en la torpeza de la argumentación ad hominem. Y es que su acusación no parte de la sospecha —aquí Nietzsche no se limita al cuchicheo de las porteras—, sino del carácter innegable de la desigualdad. Hay fuertes y hay débiles. Hay sanos y hay enfermos. Únicamente sobre esta base cabe afirmar que la negación de lo innegable tiene que obedecer a motivos perversos. Otro asunto es, como decía, si hay algo más que resentimiento. Pero cualquier decisión al respecto pasa por enfrentarse a la cuestión acerca de la verdad de Dios. Pues, cristianamente, la igualdad entre los hombres solo se revela ante un Dios que anda rozando la nada.

De ahí que quizá no sea casual que la figura que Nietzsche tiene en mente al escribir lo que escribe sea la de héroe trágico de la antigua Grecia, a saber, la de quien permanece en pie ante la desmesura del dios. El héroe —el que realiza, precisamente, lo humano— elige morir derrotado antes que arrodillado. Así, frente al postrarse de Job, el orgullo, el desafío, la negación de Adán. A la experiencia del don, Atenas opuso la del hurto. Pues ningún dios, por defecto, puede estar a favor de los hombres. Al igual que nosotros no podemos estar a favor de las ratas (y menos si acaban siendo una plaga). Y por eso mismo quizá Grecia estuviese más cerca de saber qué significa estar en manos de la divinidad que aquellos que creen experimentar la cercanía de Dios… como quien no quiere la cosa.

Por tanto, no me parece un asunto menor preguntarse si es verdad que ante el Dios que en sí mismo se revela como el aún nadie somos o no el mismo indigente. Y que razón, si la hubiese, podría obligarnos a admitirlo. ¿Es verdad que somos quienes deben responder al llanto de los que no cuentan —al clamor de los incontables? ¿O, por el contrario, aquellos que —y quizá en nombre precisamente de los arrodillados— deben enfrentarse a poder que emana de las alturas? Al fin y al cabo, quien evita la cuestión de la verdad, tarde o temprano, pondrá su verdad al servicio de la satisfacción de sí. Y aquí no haríamos más que confirmar el diagnóstico de Nietzsche. Una vez más.

Manitu

mayo 25, 2024 § Deja un comentario

Imaginémonos que alguien nos dijera que cree en el Gran Manitu como el dios que da la vida. Y que cada noche, antes de acostarse, creyera comunicarse con él. Imaginemos también que estuviera convencido de que Manitu le encarga tareas. ¿Acaso no nos resultaría, cuando menos, raro?

Sin embargo, al verlo desde fuera ¿no estaríamos lejos de comprender? Probablemente. Ahora bien, si llegásemos a ponernos en su piel por aquello de la analogía, ¿no estaríamos todavía más alejados de una genuina comprensión? Pues ¿no es cierto que, tarde o temprano, la creencia —el mapa mental— se resquebraja? Y no porque, tal y como constatamos desde la grada, Manitu sea un nombre entre otros para designar lo mismo, sino porque, como en el caso de las teorías científicas, hay algo que no termina de cuadrar: la anomalía, la injusticia —literalmente—, el grano en el culo. Frente a la creencia como mapa mental, la fe siempre encontró su lugar en una salida de quicio.

vemos lo que podemos ver

mayo 24, 2024 § Deja un comentario

Donde todo se encuentra al alcance de un click, va a resultar difícil, por no decir inviable, ver las cosas como las vieron nuestro ancestros, los que poblaron la sabana africana tras abandonar los bosques. Ya no tenemos las emociones de quienes se hallaron expuestos al depredador. Tampoco aquellas que surgen ante la desmesura del estallido de un volcán. O, incluso, cuando caemos en la cuenta del crecimiento de la hierba. A lo largo y ancho de la sabana, todo fue aparición —cualquier cosa se hacia presente desde el más allá. En cambio, una vez fuimos capaces de levantar altos muros a nuestro alrededor, perdimos de vista la alteridad, el carácter otro de cuanto hay —y de este modo se transformó en supuesto, algo que podíamos obviar. Todo se convirtió en objeto.

Sin embargo, no hay logro que no se sostenga sobre un error. Y nuestro error, inevitable por otro lado, es creer que la verdad —lo que en realidad acontece o tiene lugar— es perspectiva. Esto es, un dar por hecho que el mundo gira a nuestro alrededor. A partir de este momento, cualquier profundidad será un escarbar en el error, un regreso a lo que perdimos de vista. El precio de nuestra confianza —en definitiva, de haber dejado de temer la verdad— es la ceguera para cuanto aparece. En su lugar, las apariencias. Y así de una existencia abierta pasamos a confinarnos en el hogar. Temor y asombro siempre fueron de la mano. Quien defiende hoy en día que es posible asombrarse sin experimentar un cierto temblor de piernas es porque se asombra desde la grada del espectador. No es casual que no haya nadie junto al caminante de Friedrich. Tan solo un mar de nubles.

la prueba del nueve de la fe

mayo 23, 2024 § Deja un comentario

Si el cristianismo es una buena noticia para los desesperados, entonces ¿acaso un cristiano no proclamaría, aunque no sin que le tiemble la voz, que los muertos resucitarán a quienes están a punto de entrar en las cámaras de gas? ¿Podría proclamarlo sin entrar con ellos? ¿No sería como si dijera este es el final? En cualquier caso, ¿quiénes, hoy en día, serían aún capaces? Con todo, haberlo, los hubieron. A pesar de siempre fueron un resto.

prohibidas las imágenes

mayo 22, 2024 § Deja un comentario

El cristianismo, con sus representaciones pictóricas de la Trinidad, ¿acaso no traiciona la prohibición iconoclasta? Ciertamente, dichas representaciones no le hacen ningún favor a la revelación. Más bien, facilitan su deriva religiosa. Y es que, en el cristianismo, lo que ocupa el lugar de las imágenes de Dios son las historias. De hecho, que el crucificado sea reconocido como la imagen visible del Dios invisible, significa que Dios no tiene otra imagen que la de quien muere, en nombre de Dios, como un apestado de Dios que, sin embargo, se abandona a Dios… lo cual está muy cerca de resultar, cuando menos, paradójico. Por no decir, irónico.

al fin y al cabo

mayo 22, 2024 § Deja un comentario

Hay muchas preguntas por resolver. Sin embargo, hay una irresoluble —y por eso mismo, fundamental—: qué hay más allá. La respuesta del filósofo es nada que sepamos… ni podamos saber. Y no porque no quepa hacerse una idea más o menos sensata sobre qué aspecto podría tener la otra dimensión, sino porque, de haber otra dimensión, tampoco sería un genuino más allá. La hipótesis religiosa es que este más allá es, literalmente, otro mundo… se supone que repleto de espectros dopados de dicha. Pero no hay final que valga para quien es capaz de referirse a sí mismo como otro —esto es, para quien tiene conciencia de sí. Pues ser consciente significa que el todo nunca es el todo. La inquietud —el no terminar de encontrarse en donde uno está— va con quien logra verse en un espejo.

Ahora bien, ¿qué puede haber más allá del todo —y por lo cual el todo es, precisamente, el no-todo ? Nada en particular. Esto es, la nada no siendo. Literalmente. Y aquí —resulta obvio— no cabe un saber positivo o científico. A lo sumo, un saber que admite, de hecho, que no sabe. Sin embargo, la nada es imposible… lo que ningún mundo, en cuanto tal, puede admitir. El fundamento del mundo es, como decía, la nada siendo como lo que no es. Y es que, por eso mismo, hay mundo.

La existencia, en realidad, siempre estuvo abierta a la posibilidad de lo imposible. La aniquilación es, por consiguiente, el horizonte —¿asintótico?— de cuanto hay. Otro asunto es que, hoy en día, la cultura no nos facilite el utillaje conceptual o imaginario para comprenderlo. Y en esto consiste nuestra nuestra idiotez. También literalmente.

de los océanos

mayo 21, 2024 § Deja un comentario

La imagen de que Dios es algo así como el océano en el que terminaremos disolviéndonos como muñequitos de sal en modo alguno puede entenderse como la imagen que nos permite adaptar la revelación cristiana a nuestros tiempos… a pesar de su éxito en muchas comunidades cristianas de corte progresista. Pues no me parece que responda a la pregunta, sumamente inquietante, que se halla en la base de la confianza creyente, a saber: qué vida pueden esperar las víctimas de la historia. Y es que una cosa es disolverse en el océano y otra en el Zyclon B.

Ciertamente, la respuesta cristiana —la resurrección de los muertos, el Juicio Final— apunta a un imposible. Pero aquí la pregunta no es tanto si acaso el cristianismo no será una religión irónica —si es que se trata al fin y al cabo, de una religión—, sino qué significa, con respecto a la realidad de Dios, que la fe apunte, precisamente, a lo imposible.

la cuadratura del círculo

mayo 20, 2024 § Deja un comentario

¿Qué dice la razón? Más aún, ¿qué sostiene el monoteísmo bíblico?: Pues que un Dios que existe, no existe; que Dios no se revela como dios, sino como su negación de sí —su sacrificio. ¿Qué dice, en cambio, el sentimiento que está en la base del teísmo religioso? Que hay un ángel de la guarda con esteroides —un Dios que nos ampara desde la dimensión desconocida. No parece que estemos hablando de lo mismo. Pues ¿acaso puede ampararnos un Dios que es no siendo en sí mismo aún nadie? Y donde no hay temor de Dios, las imágenes que nos ayudan a incorporar la terrible verdad de Dios cae en el saco roto de la psicología más infantil. En este sentido, me atrevería a decir que hay perspectivas que, en nombre de Dios, no quieren saber nada de Dios. Ciertamente, por la kenosis de Dios, se nos dio la existencia. Pero junto con el don, también el motivo del espanto. Pues el temblor de piernas que experimenta el creyente ante la paradójica realidad de Dios, no responde a la aparición de lo monstruoso —el monstruo sería, en cualquier caso, su figuración—, sino a la revelación de una alteridad que coincide con el nadie, en definitiva, con su voluntad de no ser nadie. Literalmente. Al fin y al cabo, es únicamente ante la paradójica realidad de Dios que podemos reconocernos como hermanos. La esperanza creyente se convierte en una fantasía, por no decir en un narcótico, donde el temor de Dios queda superado por el sentimiento, tan moderno, de estar siempre en compañía de un amigo invisible.

el gato y la metafísica

mayo 19, 2024 § Deja un comentario

El ejercicio de la razón, tarde o temprano, termina en el reconocimiento de su propio límite —su non plus ultra. Así, cuanto hay tiene que ajustarse a los esquemas de la razón… de manera que la razón no puede hacerse una idea de lo que no es —de lo que no aparece. Lógico. Ahora bien, por eso mismo, el límite de la razón, lo que se encuentra más allá, es el afuera en cuanto tal, la pura exterioridad o haber. Y es que, en sí, el afuera no es algo en concreto —y por eso mismo es no siendo nada. El afuera como tal contiene todos los mundos posibles. De ahí que sea imposible o irrepresentable. El gato está vivo y muerto… antes de que abramos la tapa. Esto es, antes de que se nos muestre un mundo. La realidad de lo imposible es anterior a los mundo —y en este sentido funda el mundo retrocediendo, esto es, desapareciendo para dar lugar a lo otro de sí: las apariencias.

comprender las fórmulas

mayo 18, 2024 § Deja un comentario

No podemos responder a la pregunta por la verdad de las fórmulas cristianas donde no caemos en la cuenta. Quiero decir: difícilmente entenderemos de qué va el asunto, al margen de la situaciones en donde dichas fórmulas son, no ya una descripción —tampoco pueden serlo—, sino la expresión de la carne. Esto es, una confesión, no un saber. Ni siquiera hipotético. Hay que encontrarse bajo la seria amenaza de las fuerzas del mal, por así decirlo, para comprender, cuando menos, el alcance de la posición de quienes creen, contra toda evidencia, en el poder la bondad (y obran en consecuencia). Al fin y al cabo, la fe siempre fue una postura corporal.

Hegel y Nietzsche

mayo 17, 2024 § Deja un comentario

Hegel pensó la muerte de Dios hasta el final. Quiero decir, de manera más radical que Nietzsche. Pues la pensó como lo que acontece en el haber del mundo. En este sentido, Hegel puso en abstracto lo que el cristianismo proclamó en su momento, a saber, la kenosis de Dios. Ciertamente, la cristiandad solo fue posible pasando de puntillas, y con la excusa de la resurrección, sobre la revelación del Gólgota. Nietzsche se limitó a describir las consecuencias socioculturales de la muerte de Dios, esto es, las de una humanidad sin prójimo. Con todo, Nietzsche no pudo ignorar, debido a su formación teológica, que la proclamación de la muerte de Dios fue antes cristiana que moderna. Y quizá por eso mismo, podemos atrevernos a leer su crítica al cristianismo como una crítica a la psicología sacerdotal… desde un cristianismo avant la lettre.

Ahora bien, las conclusiones a las que llegó Nietzsche a partir de la muerte de Dios no fueron las mismas que las de Israel. Al fin y al cabo, el pensamiento de Nietzsche puede comprenderse como una serie de variaciones sobre un tema de Dostoyevski, a saber, aquel que se sintetiza con la fórmula si no hay Dios, todo está permitido. Esto es, da igual el exterminio de un pueblo que la bondad. En cambio, para Israel —y por extensión, para el cristianismo—, lo que se desprende de un Dios que no existe como dios es, precisamente, lo contrario, a saber, la Ley, en definitiva, el deber de preservar los restos de inocencia frente a la impiedad de un cosmos vaciado de Dios.

el país de las tentaciones

mayo 16, 2024 § Deja un comentario

La tentación de la izquierda radical es la de hacer tábula rasa del pasado. Un comenzar de cero. En el fondo, su presupuesto es el de Rousseau. La propiedad privada nos corrompe hasta los huesos. Desde la óptica del catolicismo acaso esta sea, sin embargo, su ingenuidad. Pues la revolución es como poner vino viejo en odres nuevos, que, por eso mismo, quedan dañados. No somos buenos por naturaleza, aunque tampoco intrínsecamente perversos. Me refiero, como sabemos, a lo del pecado original. Nacemos con tara, la que ha de tener en cuenta, de hecho, cualquier política responsable. Esta fue la convicción de la que partieron los Hobbes, De Maistre, Donoso Cortes… De ahí que el catolicismo nunca haya hecho buenas migas con las izquierdas revolucionarias. La tentación católica, en cambio, siempre fue la de hacerlas con los de arriba. Y si están arriba es porque se elevaron sobre los de abajo. No es que esto sea muy evangélico, precisamente.

la vida del espíritu según Hegel

mayo 15, 2024 § Deja un comentario

La vida del espíritu no es la vida que se espanta ante la muerte y se salvaguarda pura de la desolación, sino la que sabe soportarla y se mantiene en ella. El espíritu solo conquista su verdad cuando se encuentra a sí mismo en el absoluto desgarramiento.

GFW Hegel

fantasías de ayer y de hoy

mayo 14, 2024 § Deja un comentario

Al encontrarse, los amantes están fuera del mundo. Luego, el oficio, el trato, la separación. Sin embargo, el relato fantástico sugiere que no hay ruptura —que hay continuidad— entre el instante de la sensación verdadera y el trabajo de los días. El error —existencial— consiste en dar por hecho que no hay distancia entre la aparición y el mundo. Como quizá también sea un error creer que el encuentro fue una ilusión. Puede que el problema sea que, como modernos, se nos privó de los símbolos que nos permiten situarnos en medio de la escisión que constituye cuanto es.

un señor padre

mayo 13, 2024 § Deja un comentario

Que Dios sea Dios, es decir, el Señor, ¿no depende del reconocimiento del hombre? Un padre sigue siendo un padre, aunque el hijo no lo sepa. Y viceversa. No obstante, una cosa es la biología y otra la autoridad moral. Traducción: aun cuando hubiésemos sido creados por un ente superior, no por ello estaríamos sujetos a su autoridad. También nosotros creamos especies de laboratorio. O virus. Podría ser que dicho ente superior exigiera de nosotros una obediencia sin fisuras: como si fuésemos sus esclavos. Pero, en ese caso, dicho ente sería, más bien, un déspota —y ante un déspota, lo propio es rebelarse—… a menos, que estuviéramos de acuerdo en obedecerle. Esto es, que le obedeciéramos con gusto. Sin embargo, de ser así, lo primero no sería la voluntad del ente superior, sino la calidad moral del mandato, con lo que su autoridad estaría subordinada al principio.

En cualquier caso, nuestra relación con ese ente superior se basaría en la constatación de su superioridad fáctica. Pero no hay tal constatación en la fidelidad creyente. Dios no se revela como un dios al uso. De ahí que, bíblicamente, el vínculo con Dios pase por el reconocimiento previo de su autoridad, reconocimiento que implica, al fin y al cabo, la distinción entre Dios en verdad y lo que naturalmente se nos presenta como divino. Y quien dice reconocimiento dice un acto de fe. Ahora bien, esto, en tanto que apunta a un Dios que está eternamente por venir —un Dios trascendente hasta la ausencia, como decía Levinas—, es algo muy extraño. Y más si ese Dios solo se hace históricamente presente como crucificado en nombre de Dios.

La pregunta es quiénes estarán en la situación de confesarlo. Y la respuesta es los salvados, precisamente, por ese Dios: el torturador que fue abrazado por aquel a quien convirtió en un despojo humano; el pederasta que fue perdonado por su víctima; el hijo heroinómano que, tras haber destrozado a su familia, siempre encuentra un plato en casa.

a la contra

mayo 12, 2024 § Deja un comentario

Para que Dios sea todo, tiene que ser también su propio contrario.

G. Büchner, La muerte de Danton, III, 1