mapa mental

enero 23, 2025 § Deja un comentario

Un mapa mental es un puzzle… ya terminado. Todas piezas encajan. Aun cuando un mapa mental incluya, por lo común, justificaciones, estás son, más bien, racionalizaciones, esto es, prejuicios que se presentan como conclusiones. SI hay mapa mental es porque no ha habido la suficiente reflexión. Pues la reflexión, en tanto que su resultado es la paradoja, hace trizas los puzzles. Solo sé que no se nada, que decía Sócrates. Y no fue una boutade

Así, pongamos por caso, el mapa mental religioso coloca a Dios en el centro a la manera de una piedra angular. Sin embargo, por poco que pensemos en aquello a lo que nos referimos cuando hablamos de Dios, tarde o temprano, caeremos en la cuenta de que Dios en sí mismo es no siendo nada. Y que por eso mismo solo puede hacerse presente en su negación de sí hacia lo otro de sí.

Ahora bien, esto es irrepresentable. Tan solo puede ser pensado. O sufrido, colgando de una cruz. De ahí que trascienda cualquier mapa o representación que abarque la totalidad. Pues el todo queda en suspenso. La cuestión es y ahora qué hacemos. Es decir, a qué obediencia nos obliga la revelación. Más aún: qué cabe esperar… que no sea, precisamente, lo imposible.

lo otro de Dios

enero 22, 2025 § Deja un comentario

Si Dios, desde nuestro lado, es la alteridad avant la lettre —lo absolutamente otro o extraño—, el hombre es la alteridad de Dios, esto es, lo otro de Dios y, por eso mismo, su negación. Ahora bien, nada puede haber fuera del Dios —nada más allá del puro haber de Dios. De ahí que la negación de Dios —su alteridad u otro de sí— deba comprenderse como la negación de sí de Dios, en el doble sentido del genitivo. Lo finito es, por consiguiente, el resultado de una doble negación: lo no-no finito (in-finito). Esto es, al fin y al cabo, Hegel.

Ahora bien, por eso mismo, la historia será la historia del Espíritu Absoluto, esto es, la historia de la reconciliación de Dios con lo otro de sí mismo, en definitiva, consigo mismo. Y habrá reconciliación cuando Dios logre identificarse con el que tuvo que negarlo desde el principio. Pues mientras no haya reconciliación y como resultado de su acto creador, Dios aún no es nadie. Sin embargo, eso solo será posible cuando el nuevo Adán vuelva su rostro hacia Dios, es decir, cuando deje de negarlo o darle la espalda. Traducción: cuando el abandonado de Dios —y abandonado por su negación de Dios— se abandone a Dios. Solo así Dios —el Espíritu Absoluto— llega al presente, esto es, a hacerse presente. El Espíritu es un hueso.

Es posible que únicamente Hegel comprendiera la verdad del cristianismo. Incluso en mayor medida que Nietzsche. Otro asunto es qué Ley —qué deber ser, qué obediencia— se desprende de dicha verdad. Y aquí Hegel, diría, se separa de Israel.

caer en la cuenta

enero 21, 2025 § Deja un comentario

Diría que no acabamos de, cuando menos, comprender el alcance de la confesión cristiana —la que proclama la humanidad de Dios—, mientras no tengamos presente que los humanos mean y defecan, además de oler mal. ¿Dios buscando unos matorrales porque el vientre aprieta? ¿O apestando a sudor? Que Dios huela a podrido, ¿no es demasiado humillante para un dios? Evidentemente, el crucificado no fue proclamado Hijo de Dios porque mease —y, probablemente, sobre sí mismo durante su ejecución. Pues afirmar que Dios no es más que hombre equivaldría a negar que haya Dios. Sin embargo, una cosa no quita la otra.

Ahora bien, que Dios se hiciera carne tampoco implica que haya en nosotros algo así como un resto de naturaleza divina que tuviera que ser rescatada por un dios. Pues la encarnación , en tanto que esta no consiste simplemente en adoptar nuestro aspecto, impide que podamos seguir refiriéndonos a la naturaleza divina con independencia del cuerpo del abandonado de Dios que se abandonó a Dios. Y, ciertamente, un Dios que depende del hombre que depende de Dios —por decirlo sucintamente— no es un Dios que viva en las alturas por su cuenta y riesgo a la espera del ascenso espiritual del hombre. En el Gólgota, sencillamente, estuvo en juego el ser o no ser de Dios. En definitiva, su haber.

atados

enero 20, 2025 § Deja un comentario

El problema de las imágenes de la esperanza creyente —como el de las de Dios— es el de creer en ellas antes que en aquello a lo que apuntan, a saber, lo imposible. Es así que lo imposible se vuelve concebible…. cuando lo cierto es que esas imágenes, en tanto que delirantes, pretenden impedir, precisamente, que nos hagamos una idea, convirtiendo la esperanza en expectativa. Las imágenes apocalípticas son el envés de un clamar por Dios, no de nuestro deseo de que la película tenga un final feliz. No estamos, por consiguiente, ante un modo de expresar un ideal al que podamos aproximarnos de hacer las cosas bien.

cristianismo como meta-religión

enero 19, 2025 § Deja un comentario

El cristianismo no es una religión entre otras porque la Encarnación supone la quiebra de lo que espontáneamente se experimenta como divino. Es decir, cuando el cristianismo proclama al crucificado como Hijo de Dios, lo que esta en juego no es simplemente quién fue Jesús de Nazaret, sino, sobre todo, quién es Dios. La confesión cristiana responde, y de manera ciertamente chocante, a la pregunta sobre aquello de lo que hablamos cuando hablamos de Dios. Pues la dogmática cristológica, en el fondo, no dice otra cosa que esta: Dios no tiene otro quién que el de un abandonado de Dios que se abandonó a Dios. Y esto equivale a decir que, sin ese quién, en sí mismo —trinitariamente, el Padre— Dios no es aún nadie. Sencillamente, el galileo es el modo de ser de Dios, su esencia. Escandaloso, sí. Nada que ver, por tanto, con un ente superior —o si se prefiere supremo— que vaya por su cuenta y riesgo manejando los hilos de la historia desde la dimensión desconocida.

Ahora bien, la referencia a Dios es indisociable de la cuestión acerca del poder de Dios. Y con respecto a este asunto, el cristianismo afirma que eso está, precisamente, por ver. El cristiano permanece a la espera de que el poder de Dios se manifieste como un poder capaz de resucitar a los muertos. Hablamos, sin duda, de un imposible. Sin embargo, el creyente aún está lejos de comprender en qué consiste su fe si concibe el poder de Dios como aquel que se ejerce desde arriba y, por eso mismo, en el interior de la totalidad.

aquí estoy yo

enero 18, 2025 § Deja un comentario

El punto de partida de cualquier trayecto vital es el de creer que importamos. O cuando menos, que debe reconocérsenos nuestra importancia. Aun cuando esto pueda matizarse en relación con las diferentes psicologías, desde las más soberbias hasta las más acomplejadas, lo cierto es que el mundo parece girar a nuestro alrededor. Es lo que tiene que lo real se nos ofrezca siempre como perspectiva. Sin embargo, por poco que nos situemos, a la Spinoza, en el punto de vista de la eternidad, fácilmente nos parecerá que no es así: apenas contamos. Como si fuéramos hormigas para un dios.

Ahora bien, la cuestión es si hay perspectivas más ajustadas a lo que es en verdad que otras. No es probable que elijamos como postal de la torre Eiffel una en la que solo apareciera uno de sus tornillos. Así, para ver con claridad de qué se trata en realidad suponemos que deberíamos tomar una cierta distancia —una distancia teórica (y no es casual que la raíz de la palabra teoría sea, precisamente, theos). Sin embargo, también es cierto que la piel que acaricia el amante no es la misma que la que observa el dermatólogo con su lupa… aun cuando eso que está ahí sea, en última instancia, lo mismo. Es decir, eso que está ahí no aparece siempre del mismo modo. Y no aparece del mismo modo… porque el aparecer exige, precisamente, perspectiva.

En sí mismo, el eso no es nada en particular —ni puede serlo—… siendo, no obstante, lo más real en tanto que otro-absoluto. Pues lo particular —el que eso se encuentreahí, el modo de ser— aparece siempre en relación con un punto de vista o sensibilidad. Esto es, relativamente. En el aparecer, lo absoluto pierde su carácter absoluto. O mejor dicho, deviene absoluto o, literalmente, ab-suelto —sin juicio, sin lenguaje— en el aparecer… con lo que lo primero —el arkhé— no fue lo absoluto como ente absoluto o subyacente, sino como acto —el hágase.

Así, ¿qué es en sí misma la piel que acaricia el amante o inspecciona el dermatólogo? Un eso, un algo que no es, propiamente, algo, sino más bien (la) nada en concreto. Y por eso mismo, podría ser cualquier cosa. La nada como la posibilidad del todo. ¿Por qué, entonces, hay algo y no más bien nada? Porque la nada es no siendo nada. Es decir, como negación de sí. Hágase.

No es casual que la relación entre lo Uno y lo Múltiple fuese el tema de fondo de la especulación griega. Pues, con respecto al asunto de la verdad, puede que no haya otro.

la macro en cuatro párrafos

enero 17, 2025 § Deja un comentario

En el capitalismo, la crisis empresarial es la condición de posibilidad del crecimiento económico. Una cosa va con la otra. Es decir, ciertas empresas o ciertos sectores empresariales tienen que entrar en crisis para que pueda haber crecimiento. Y no porque la crisis constituya un estímulo para hacerlo mejor; no —o no solo— porque sea un acicate para la innovación, sino porque el valor del ahorro con el que se financia la inversión que da pie al crecimiento económico equivale al valor de las ventas no realizadas —de los productos que quedan como muertos en el almacén. Así, las empresas que no han realizado las ventas esperadas, probablemente —pues dependerá de las dimensiones del stock— disminurián su producción durante el siguiente ejercicio… con lo que se verán obligadas a reducir plantilla. En principio, los nuevos desempleados tendrían que emplearse en las empresas de nueva creación —lo que tampoco es, sin embargo, tan fácil o inmediato—, las cuales se financiarían, precisamente, con el ahorro disponible. Es lo que tiene que una economía se comprenda como un flujo circular de renta. Esto, sobre el papel.

¿Cuál es el problema, entonces? Que ese ahorro puede no volver al circuito económico. Esto es, que en el flujo circular haya cada vez menos renta circulando. Hablamos del atesoramiento. Ello implicaría entrar en una espiral deflacionista… lo que deprime cualquier economía. Evidentemente, no se trata de poner el dinero, tal cual, bajo el colchón. Pero hay muchas maneras de ponerlo sin, literalmente, ponerlo. Por ejemplo, depositándolo en las Caimán. Entonces ¿qué tendríamos? Desempleo sin nuevos empleos. Es decir, desempleo crónico… si es que la evasión del capital deviene algo así como una constante gravitatoria. De ahí que Keynes reclamase que el Estado ocupase el lugar de los empresarios que, ante la falta de ahorro, no pudieron jugársela. Y no para producir, en su lugar, tazas, ordenadores, coches, destornilladores…, sino para edificar hospitales, pavimentar caminos o contratar servicios públicos.

Sin embargo, Keynes, además, propuso que, ante las fugas de capital y, por tanto, donde disminuyese el ahorro disponible, la banca financiase las inversiones con dinero creado de la nada, como suele decirse —aun cuando, de hecho, lo que crean los bancos no es dinero, sino deuda que funciona como medio de cambio: el dinero, en realidad, se crea una vez se ha saldado la deuda crediticia con el banco. Ahora bien, el primer precio a pagar para que la renta siga circulando a pesar del atesoramiento, es una inflación crónica. Pues muchas inversiones financiadas con dinero creado de la nada fracasarán, sobre todo si los tipos de interés están por los suelos —y por eso mismo, la cantidad de “dinero” en circulación aumentará en mayor medida que la nueva producción. De ahí que, a partir de Keynes, el principal objetivo de los bancos centrales sea el control de la inflación: que esta no se salga de madre. El pleno empleo será —o debería ser— un producto lateral.

Con todo, hay un segundo precio a pagar: el de la quiebra bancaria. La razón es simple: donde el dinero de nueva creación, en vez de destinarse a financiar la actividad productiva, se destina a las finanzas, en definitiva, a la especulación financiera, el riesgo —enorme— es que las burbujas que genera la especulación terminen estallando… lo que sucederá tarde o temprano. Y cuando estallen, los activos de la banca no bastarán para saldar su deuda con los depositantes. Esto es, el dinero de estos desaparecerá como si fuese un fantasma. Mal asunto. Muy mal asunto. Este es uno de los motivos por los que, pongamos por caso, las viviendas, al haberse convertido de facto en un activo financiero, no pueden bajar significativamente de precio. O viviendas inaccesibles —y por tanto, expolio de la mayoría—, o conservar nuestro dinero en el banco. Tertium non datur.

primer principio

enero 16, 2025 § Deja un comentario

Nadie nunca es tanto como cree ser. Ni siquiera el malo. Si es verdad que conservamos al niño que llevamos dentro, entonces los malos de la película no dejan de ser unos malotes. Sin embargo, hay quienes nos dan la impresión de que no hay nada que hacer. Pues quieren el daño. De ahí que, ante el malvado, sea inevitable creer en la existencia de Satán. Basta con ver Funny Games de Michael Haneke para hacerse una idea de lo anterior.

reinos

enero 14, 2025 § Deja un comentario

El Reino de Dios no es un mundo en el que la bondad surge espontánea o naturalmente. Pues en ese caso, el Reino sería un mundo de autómatas morales. Quien es bueno por naturaleza —aquel que fuese incapaz de hacer daño— no es moralmente bueno. En el Reino, Satán sigue vivo, pero bajo las botas del arcángel. Por tanto, la creencia en el Reino —en su imposible posibilidad— es indisociable de aquella cosmovisión en las que potencias del Bien combaten a las del Mal. Nada que ver, por tanto, con un ideal al que pudiéramos aproximarnos de hacer las cosas bien. Es decir, nada que ver con la higiene. Como si solo fuera cuestión de ir desprendiéndonos progresivamente de las costras que cubren nuestra piel.

los límites de la analogia entis

enero 13, 2025 § Deja un comentario

El presupuesto de la analogía es que Dios posee atributos. No obstante, aquí la atribución es siempre paradójica. Y por eso mismo, se quebrará la analogía: misericordioso… al abandonarnos. ¿Por qué? Porque el abandono es el envés de la renuncia de sí en favor de Adán, de lo otro de sí… —y porque es otro tendrá que negarlo: la expulsión del Edén es el envés de la imagen y semejanza. Sin embargo, se trata de un otro de sí que no es anterior al acto creador. El acto creador es el mayor poder. Ahora bien, Dios es omnipotente… en la kenosis. El autovaciamiento de Dios puede con el todo… al mantener el mundo, precisamente, sobre el vacío. Esto es, (de)pendiente.

redimir

enero 12, 2025 § Deja un comentario

Para hacerse una idea del alcance de la redención —de hacia dónde apunta— basta con ponerse en la piel de un genocida arrepentido. ¿Quién me salvará de esta culpa imborrable —cómo podré comenzar de nuevo? ¿Es posible que mis víctimas lleguen a perdonarme si no regresan con vida de la muerte?

El nihilismo posee la respuesta más razonable. Sin embargo, lo razonable siempre estuvo constreñido por las coordenadas de una cosmovisión. Pues dichas coordenadas —esos pre-juicios— establecen el campo de lo posible. Al fin y al cabo, digamos lo que digamos, seguimos anclados en lo que nos parece. De ahí que no quepa trascender las apariencias donde la razón no se ejerce contra lo razonable. Ahora bien y por eso mismo, el resultado de este ejercicio acabará constatando que no hay otra realidad que la imposible. El mito logra su nemesis en el despliegue radical de la razón.

Fontilles

enero 10, 2025 § Deja un comentario

El leproso se presenta como el límite de la caridad más espontánea. Un cuerpo que se descompone a pedazos no provoca nuestra compasión. Más bien, lo contrario: el asco, el vómito, la repulsión. Ciertamente, podemos sentir pena. Pero a distancia.

De ahí que Hume no pueda explicar el beso de Francisco de Asís al hermano que sufría de lepra. Quizá Freud. Pero no Hume. Ese beso fue, humanamente, excesivo, por no decir, delirante o pertubador. En modo alguno, un ejemplo —un comportamiento a seguir.

Ahora bien, la explicación que pudiera proporcionarnos el psicoanálisis permanecerá en el exterior. El cartógrafo no ve la misma montaña que el escalador. La montaña no aparece del mismo modo. ¿Cuál de las dos apariencias es la verdadera? Las víctimas de Hiroshima se aparecieron a los tripulantes del Enola Gay como hormigas. ¿Lo fueron en realidad? De ahí que todas la polémicas remitan a una y la misma cuestión: ¿de qué hablamos cuando nos referimos a lo que es en verdad?

primero: megacasting 2

enero 9, 2025 § Deja un comentario

Kant dice —más o menos—: debo respetar al otro… porque, en definitiva, no puedo hacer otra cosa. Y es que, literalmente, deber hacer equivale a no poder no hacer. Es decir, moralmente hablando, no debo servirme del otro para satisfacer mi interés particular. Nunca utilizamos a quien respetamos. Ahora bien, si no puedo hacer otra cosa que respetarlo es porque el otro como tal —su yo— es inalcanzable, y por eso mismo, un inútil. Siempre utilizaremos, de utilizarlo, su cuerpo —siempre negociaremos con su aspecto—, en modo alguno el yo que hay detrás. De hecho, ese yo no podemos verlo, solo reconocerlo a través de la reflexión o el pensar. Sin embargo, porque el yo siempre va con su cuerpo —porque no es nadie al margen del cuerpo con el que se identifica—, el respeto al otro implica respetar su cuerpo.

De ahí que el mandato que nos obliga a respetar al otro —a hacer lo debido por hacer lo debido, esto es, por respeto— sea, en definitiva, racional. Es decir, en el debo respetar al otro no solo hay las emociones, entre el temor y la admiración, que inevitablemente acompañan al respeto. No obstante, sí que, y con independencia de la razón, podemos, cuando menos, intuir el carácter inalcanzable del yo que se sitúa ante nosotros… si nos alcanza su mirada, esto es, si nos mira desde lo más profundo de sí —desde el más allá de sí mismo.

Kobalsky, sin embargo, plantea la siguiente objeción: de acuerdo. Ahora bien, también podríamos tener esta misma sensación ante la mirada de un chimpancé… y no diríamos que debamos respetar al chimpancé como sí debemos hacerlo con nuestro semejante.

Pregunta: ¿que podríamos decirle a Kobalsky?

publicistas

enero 9, 2025 § Deja un comentario

En su labor evangelizadora, el pedagogo posmoderno suele hacer referencia a las clases magistrales como lo peor, siendo habitual que pase un vídeo en el que inicialmente se observa un montón de alumnos aburridísimos… mientras oyen la perorata sin sentido de un maestro, para terminar, por contraste, con esos mismo alumnos participando felizmente de su educación a través de un estimulante trabajo en equipo alrededor de un iPad. ¿Se puede ser más impostor? Es como si quisiéramos demostrar que de los libros no se aprende nada poniendo como ejemplo un libro… del que, efectivamente, no se aprende nada. Esto es, un mal libro.

De hecho, podríamos pasar otro vídeo: aquel en el que, en una clase de cuarenta —o incluso ¡sesenta!—, los alumnos trabajan en grupos, mientras el “encargado del aula” va de mesa en mesa monitorizando aprendizajes autónomos. Y aquí no hay que ponerle mucha imaginación. Basta con apretar el on.

Otro asunto es que, hoy en día, en la escuela haya mucho de disfuncional…

la tiranía de la lengua

enero 8, 2025 § Deja un comentario

En las canchas de la pedagogía posmoderna —aun cuando hunda sus raíces en Rousseau—, hasta se ha llegado a decir que la lengua es fascista. Que lo importante es el pensamiento —en concreto, lo que uno es capaz de pensar por sí mismo— y no la ortografía. ¿Cómo hemos llegado a tanta estulticia? Cuando se trata de aprender carpintería o medicina ¿acaso nos atrevemos a prescindir de los maestros? Exhortar a los jóvenes a que piensen por sí mismos sin haberles puesto en contacto con quienes han pensado antes que ellos, ¿no supone condenarlos al universo, enormemente tóxico, de Twitter? Hay en la pedagogía posmoderna un implícito —o no tanto— rechazo a toda forma de autoridad. Como si autoridad y libertad estuviesen en orillas opuestas. Pero Víctor de Aveyron —el último buen salvaje— no fue más libre. Al contrario: mientras anduvo por los bosques, estuvo por entero sometido a su instinto. De hecho, ni siquiera era capaz de un sí mismo.

¿Cómo las escuelas han podido apadrinar tanto despropósito educativo? ¿Quizá porque los pedagogos posmodernos han olvidado aquello que dijo Kant, a saber, que el pájaro se engaña a sí mismo si cree que sin la resistencia del aire podría volar más rápido? Si los pedagogos posmodernos fueran capaces de pensar, ¿acaso no se habrían dado cuenta de que aquello que aparentemente impide nuestra libertad es lo que, en realidad, la hace posible? Quien dijo que la lengua es fascista ¿nunca fue consciente de que para poderlo decir hace falta mucha educación?

niños

enero 7, 2025 § Deja un comentario

Un niño no es solo un iluso. Es también aquel que seguirá creyendo en su ilusión a pesar de las evidencias en contra. Así, un niño seguirá esperando a los Reyes… aun cuando le digamos que son los padres. Pues los ha visto en la cabalgata. Un niño no se hace preguntas sobre sus impresiones. No hay fe que no pase por la crisis de la infancia. Otro asunto es que el horizonte de la crisis sea, para quien creyó, una segunda ingenuidad. Pero el regreso nunca será como la primera vez. Por suerte.

qué es, qué debería ser

enero 6, 2025 § Deja un comentario

¿En qué consiste la fe, la esperanza cristiana, el creer auténtico? Esta es una pregunta griega —y, por eso mismo, aún en parte nuestra. Y con ello pretendo decir que fácilmente se responderá, como cualquier interrogación sobre el de qué se trata, en los términos de lo paradigmático o ejemplar. ¿Qué es, pongamos por caso, una madre o la justicia? Lo que debe ser una madre. O la justicia. De estas lluvias, los lodos de la escisión entre el mundo ideal y el que nos ha tocado en suerte.

Ahora bien, el problema es que las respuestas a las preguntas sobre la consistencia o naturaleza de lo que nos traemos entre manos siempre será formal. Esto es, sin entidad. ¿La justicia? Darle a cada uno lo que se merece. Obviamente. Pero lo que se merezca cada uno queda, nunca mejor dicho, en el aire. Pues no puede deducirse de la mera definición de lo justo. De hecho, en el día a día todo es mezcla. En el amor de una madre hay espíritu de sacrificio. Pero también amor al vínculo con el hijo. No es lo mismo. En cuanto posee entidad, no hay luz sin sombras.

Algo parecido podríamos decir de la esperanza creyente. La esperanza pura es de otro mundo. O en judío, del final del mundo. Hablamos de la ciega confianza de un crucificado. Y digo ciega, no porque su esperanza fuese talibán, sino porque en el Gólgota, y con respecto a Dios, no hubo nada que ver —ni escuchar. Durante el tiempo diario, únicamente una esperanza mezclada… con los motivos de la religión. Y es que resulta inevitable que el desesperado aguarde la intervención ex machina de Dios.

Sin embargo, lo dicho hasta ahora también podríamos aplicarlo a la palabra Dios. ¿Qué es —de qué se trata? Aquí toda respuesta será, como decíamos, formal. De ahí que el cristianismo responda a la aristotélica: la única consistencia de Dios es la de su cuerpo. Por eso, la pregunta del cristianismo no será, cristiandad al margen, qué es Dios, sino quién. La pureza divina solo posee entidad donde asume lo impuro, en definitiva, lo que no termina de ser lo que debiera. Dios es inmortal porque abrazó la mortalidad.

Y aquí se produce un giro interesante. Porque, tras la revelación, caemos en la cuenta de que lo que debe ser es que lo que debe ser no pueda ser como tal. Y ello, precisamente, para que pueda darse o hacerse presente.

En realidad, todo lo que debiera decirse ya fue dicho.

patetismo creyente

enero 5, 2025 § 1 comentario

Si estamos en manos de Dios, entonces el punto de partida de la experiencia religiosa es el sobrecogimiento. Literalmente: un ser arrebatados por. ¿El problema? Que de lo insobornablemente patético, también en su sentido más literal, no puede derivarse ninguna afirmación. Ni siquiera aquella que sostiene que el arrebato es la experiencia más elemental de lo divino. De hecho, los microbios también se sentirían arrebatados si pudieran intuir, cuando menos, nuestra presencia.

Cualquier afirmación supone un haberse ya desplazado al espacio de la interpretación… con lo que el puro presente del rapto es tematizado como pasado. Y nos desplazamos a dicho espacio en el instante en que nos preguntamos de qué se trata. La única respuesta que no atraviesa completamente el umbral es el heme aquí bíblico. Esto es, y ahora qué debo hacer. Ciertamente, no escucharemos nada en medio de lo arrebatador. Pero desde su ensordecedor silencio, el mundo se nos revelará como descentrado —y por tanto como un mundo a reparar en vez de dominar.

Resulta inevitable que, como seres conscientes, lo que tiene lugar —el acontecimiento— se transforme en lo que pasa… a menos que el acontecimiento permanezca —y permanezca de manera subyacente, esto es, determinante— como trauma. Y el trauma, cristianamente hablando, es la fe de un crucificado en nombre de Dios, en definitiva, en su lugar. Así, lo traumático o sobrecogedor, en tanto que continúa presente en lo más recóndito, es el índice de que la voluntad de dominio que nos caracteriza —el propósito de suplantar a Dios— no es lo dominante. Es decir, que no define nuestro carácter… y, por eso mismo, no decide nuestro destino. La irrupción de lo arrebatador no está sometida a ningún a priori.

De ahí que lo inesperado sea, religiosamente hablando, la raíz de la esperanza creyente, a saber, que haya un nuevo comienzo… en el que nada volverá a ser igual. Sin embargo, el creyente ignora en qué podrá consistir la novedad de la recreación. A lo sumo, confía en que sea algo bueno. No hay certeza epistemológica al respecto. Es lo que tiene el en manos de.

cómo la fe cristiana se transforma en fantasía

enero 4, 2025 § 2 comentarios

1— De entrada, una historia algo más que sorprendente —o bastante más que sorprendente: imposible. Casi un milagro, si no fuera porque sus escenas son humanas, demasiado humanas. Por ejemplo: una mujer que es capaz de cuidar del fruto de una violación como don de Dios. El gesto roza, ciertamente, lo delirante.

2— Después viene la imagen o la fórmula que pretende sintetizar el relato. Así, por continuar con nuestro ejemplo, el cristianismo concibe la figura de una madre inmaculada, esto es, sin haber conocido varón, una figura que, por cierto, rescata de la tradición bíblica. ¿Imposible? Pues claro. Al igual que el hecho de que llegase a amar al hijo que engendró de quién no tuvo piedad. Se trata de un gesto que, al cancelar el interminable ciclo de la violencia, nos sitúa ante un nuevo comienzo. Inmaculada, esto es: el mal no alcanzó lo más íntimo de ella.

3— Finalmente, los cristianos olvidan la historia de que hay detrás del símbolo… tomándolo como si fuera la representación de un hecho. De este modo, habrá vírgenes como hay árboles. O fantasmas. Con ello, el cristianismo confunde lo sobrenatural, por sobrehumano, con lo paranormal, alejándose, consecuentemente, del acontecimiento de la encarnación. De hecho, quizá no sea casual que muchos cristianos sigan dirigiéndose a Dios como si este no tuviera cuerpo. Aunque probablemente este fuera el precio que tuvo que pagar el cristianismo por su éxito histórico.

parroquias

enero 3, 2025 § 1 comentario

El riesgo de una pastoral centrada en alimentar a los parroquianos con espejismos, esto es, ahorrándoles la verdad —y con ello no quiero decir que los pastores deban presentarla de buen comienzo, pues incluso la verdad tiene su momento— es que, al final, el cristianismo quede reducido a una religión para niños. Hoy por hoy, quienes buscan la verdad y no solo ejercitarse en los buenos sentimientos, tarde o temprano, dejan de ir a misa. Normal, si nadie dentro de las canchas cristianas ha sido capaz de mostrarles qué de verdadero hay tras las fórmulas del credo. Y quien dice verdad, dice historias verdaderas, las cuales nada tienen que ver con lo paranormal. A muchos pastores —aunque no solo: también a muchos escribas— les iría bien leer de vez en cuando las palabras de Ap 3, 16.

microbios

enero 2, 2025 § Deja un comentario

Supongamos que fuéramos unos de los tipos de microbios que habitan en nuestro intestino… y que pudiéramos desplazarnos más allá. ¿Acaso no veríamos otros mundos —paisajes desconocidos, incluso inhóspitos, por no decir absolutamente incomprensibles: el corazón, los pulmones, las vértebras, la masa cerebral…? Sin embargo, lo que no veríamos —ni podríamos ver— es que todos esos mundos forman parte de un todo consciente. Imaginemos ahora que uno de esos microbios llegase a comprender que los diferentes mundos componen un organismo. ¿Es que no se le presentaría como un diseño inteligente? Más aún: ¿podría eludir el postulado de una inteligencia creadora?

Sin embargo, ese todo consciente de sí no se crea a sí mismo. A lo sumo, interviene sobre sí: alimentado a los microbios beneficiosos a base de probióticos y eliminando a la Helicobacter Pylori. Ciertamente, a esos microbios les parecería que existen bajo el poder de un dios. Pero se equivocarían. Su error sería un error de perspectiva. Aun cuando espontáneamente no pudieran evitarlo. Pues el haber de Dios en verdad se sitúa más allá del todo.

Ahora bien, más allá del todo —y por el que el todo es eternamente el aún no-todo— no hay nada. Esto es, un puro haber sin nada, en definitiva, la negación de la nada. Este es el último misterio. Por no decir, lo absoluto como misterio o el misterio de lo absoluto. Llegados a este punto, resulta obvio que ya no cabe hablar de una cosa misteriosa. De ahí que ante Dios nos encontremos siempre sin Dios. Y de ahí también que obedecer al mandato que se desprende de este ante Dios, sin Dios suponga un enfrentarse a Dios en nombre de Dios. Y ello para que Dios sea. Esto es, adquiera un presente —una presencia—, al fin y al cabo, un cuerpo.

dar fe y tener fe

enero 1, 2025 § Deja un comentario

A menudo me preguntan cómo tener fe en tiempos en los que Dios ya no se da por descontado. Y lo que suelo contestar es que la fe siempre se afirma en donde Dios no puede darse por descontado. Como sucedió en el Gólgota. En realidad y como escribiera Bonhoeffer, ante Dios siempre nos encontramos sin Dios.

Ciertamente, la mayoría de creyentes no se hallan en la situación del crucificado. De ahí que la fe común sea indisociable de un dar fe: he visto…. Por otro lado, la fe va con su momento, aquel en el que se nos exigirá, precisamente, dar el paso. La fe, como acto de confianza, no se tiene. En cualquier caso, se tiene la creencia. Pero en la creencia acaso pese más nuestro lado que el de Dios.

poder y sentido

diciembre 31, 2024 § 3 comentarios

¿Cómo es que tantos jóvenes se sienten atraídos por el yihadismo? ¿Por qué las teorías de la conspiración consiguen tantos adeptos? Sentirse alguien e ir a la contra ¿acaso no serán dos caras de la misma moneda? Si, como viera Nietzsche, no hay más que voluntad de dominio, ¿no deberíamos entender cualquier vínculo como político? Y la política ¿no exige un enemigo? ¿Puede haber vigor una vez se ha disuelto el espíritu de combate?

Quizá no fuese casual que la filosofía naciera en el seno de la democracia. Pues la interrogación socrática, cuya actitud básica es una mezcla de asombro y sospecha, corroe todo mapa mental. El problema de los mapas mentales es que nos fijan en una perspectiva. Y quien dice fijar dice esclavizar: difícilmente logramos ver más allá. Ahora bien, y dado que una perspectiva con sentido es siempre binaria —amigo/enemigo, superior/inferior— no hay modo de evitar el conflicto donde conviven diferentes mapas mentales. Y menos, si hay desigualdad de por medio.

De ahí que los sofistas, al proporcionar los mapas mentales que servían a intereses particulares, fuesen, según Platón, el inevitable cáncer de las democracias. Pues el escepticismo socrático, el cual relativiza, precisamente, cualquier perspectiva, siendo a su vez consciente de que no disponemos de otro recurso para orientarnos en el día a día, nunca tendrá las de ganar. Y sin un escepticismo de fondo, no hay democracia que sobreviva. Pues entre escépticos solo cabe el acuerdo, la negociación, el consenso.

Sin embargo —y este sería el asunto— el escepticismo no proporciona ningún sentido a la existencia. A lo sumo, un esperar lo imposible. Y aquí Israel puede que fuese más perspicaz. Aunque a costa de un enorme sufrimiento.

el haber y el todo

diciembre 30, 2024 § 2 comentarios

¿Hay el todo? No, según Kant. Estaríamos ante una idea de razón, algo así como un horizonte, un límite asintótico, una idea regulativa. Pues lo que hay se decide desde las condiciones de posibilidad de la experiencia. Y estas no admiten una experiencia de la totalidad.

Sin embargo, hay el haber. Y en ocasiones, sin duda extremas, una experiencia del puro haber. Esto es, cuando nos cubre una completa oscuridad y silencio. Kant, por tanto, estuvo en lo cierto: con respecto al todo no hay nada que ver. Ahora bien, por eso mismo, hay el todo. Hegel fue más perspicaz. Pues supo ver que el todo incluía en su seno el no-todo. Y esto significa ver muy lejos.

nihilismo y cristianismo

diciembre 29, 2024 § Deja un comentario

Nihilismo significa ninguna esperanza. Por supuesto, ninguna para los vencidos. Pero tampoco para quienes se alzaron con la victoria. Pues esta no es más que una tregua, un impasse. Al final, todos morderemos el polvo. Mientras tanto, la distracción. Si cupiese. ¿La solución? Morir como el Ricardo III de Shakespeare: soltando una gran carcajada. O al menos, una risa tonta.

No obstante, ¿qué cabría esperar? ¿Un paraíso? Quizá. Pero es como apuntar a un espejismo. También que haya alguien —y alguien bueno— en medio de la más completa oscuridad y silencio. Para el nihilista, no habrá nadie ahí. Y si lo hubiese, no estaría para salvarte. Prevalece la lucha. De hecho, los contratos civilizados reflejan un combate que terminó en tablas. Nada más allá de la voluntad de dominio. Esto, como sabemos, es Nietzsche.

¿Qué presenta el cristianismo como alternativa? Un horizonte imposible —la resurrección de los muertos, un Juicio Final. ¿Opio? Probablemente, si la expectativa creyente solo se basa en la necesidad psicológica de que la película termine bien. Otro asunto es que el punto de partida de dicha esperanza sea el acontecimiento de un gesto de bondad en medio del infierno, esto es, donde no cabía ninguna bondad. Pero en ese caso, la esperanza no podrá entenderse como previsión, sino únicamente en los términos de un debe —y un debe que se afirma frente a cualquier ideal que podamos concebir desde nuestro lado. Lo dicho: un imposible. Sin embargo, no acabamos de comprender en qué consiste tener fe si su horizonte es lo que los mundos pueden dar de sí. Ni por supuesto, qué significa estar ante Dios.

sur-prise

diciembre 28, 2024 § Deja un comentario

La experiencia básica de la alteridad, al margen de cuanto podamos pensar acerca del carácter absolutamente otro de lo real, es la del ser tomado. En definitiva, la de la propia finitud ante algo que (nos) adviene. Y quien dice finitud dice dependencia. El pensar solo es posible una vez hemos sido dejados.

Sin embargo, uno de los efectos del pensar que nace de la sospecha es, precisamente, el de relativizar la experiencia básica de la alteridad. Pues la sospecha siempre se interrogará —y aquí la interrogación es, por lo común, retórica— sobre la posibilidad de que el rapto únicamente tenga que ver con nuestra situación y no con la revelación de lo absolutamente trascendente. Las lombrices probablemente experimentarían la misma sensación de dependencia si pudieran entrar en contacto con nosotros. Pero se equivocarían si de su experiencia dedujeran que somos dioses.

En cualquier caso, que finitud y alteridad vayan de la mano significa que la cuestión sobre Dios es, en definitiva, la cuestión sobre el poder. Y aquí Israel dio un paso al frente al comprender, y no sin sufrimiento, que lo que no admite dominio —lo que nos sitúa ante una genuina alteridad— tiene más que ver con el silencio que cubre por igual los campos de batalla y los de amapolas que con el temblor de la tierra.

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diciembre 26, 2024 § Deja un comentario

Decimos: somos hermanos. Pero nos relacionamos como si no lo fuéramos. El prójimo es en verdad una aparición. Sin embargo, nos tratamos como si no fuésemos más que cosas-a-disposición. Pues se impone el aspecto, la serie de rasgos que nos empujan a reaccionar. La amabilidad sería el eco formal del respeto al que nos obliga una genuina alteridad. Durante el tiempo diario, rige el código más elemental: me gusta, no me gusta. ¿El horizonte del mundo? La utilidad, el provecho, la ventaja.

Aquí sigue siendo cierto lo que, en su momento, vieron los griegos, a saber, que vivimos de espaldas a lo que en verdad acontece. En su lugar, permanecemos anclados a las apariencias —a la tergiversación de lo verdadero. Con todo, el corazón de la verdad sigue latiendo por debajo de la cháchara, el rumor, la dispersión. Pues la verdad es lo real. Y lo real, en sí mismo, es inalterable. En cuanto tal, no admite versiones.

Ahora bien, ¿por qué podemos afirmar que, en verdad, somos hermanos? ¿Quizá porque lo verdadero es lo que se nos ofrece, más allá de cualquier perspectiva, donde topamos con el vacío absoluto, esa oscuridad y silencio últimos. De ahí que solo ante Dios —y porque ante Dios estamos sin Dios— podamos encontrarnos bajo el imperativo de la fraternidad. Pues este se deriva de una común orfandad. Y se deriva en nombre de Dios como los que se enfrentan a Dios. Como Jacob en Penu-Ēl. La experiencia del valor y, en definitiva, de lo sagrado comienza donde ya no hay caballo que montar

catolicismo transcultural

diciembre 25, 2024 § Deja un comentario

Me atrevería a decir que la revelación cristiana —a saber, aquella que proclama un crucificado como el quién de Dios— no necesita de ninguna adaptación. Pues no estamos ante una visión de Dios entre otras —y ello aunque se trate de un ver a Dios en aquel que cuelga de una cruz en nombre de Dios, esto es, en su lugar. De hecho, si se piensa bien, la revelación cristiana supone una impugnación de lo que tomamos espontáneamente por divino. Y lo supone porque la kenosis de Dios no termina de ligar con un superman de carácter espectral. Al fin y al cabo, la confesión cristiana, en tanto que judaísmo llevado a las últimas consecuencias, nos habla de lo que queda de Dios una vez se han hundido los cielos. Así, o nihilismo, o un nuevo comienzo. Y aquí Dios no opera a la manera de un deus ex machina.

¿qué es el cristianismo?

diciembre 23, 2024 § 4 comentarios

Teresa de Calcuta, terminó no sintiendo a Dios. Oscar Romero, incapaz de orar. El de Nazaret, como un apestado del Padre. Y, sin embargo, permanecieron fieles al mandato: sacando a los parias de la calle, dando de comer al hambriento, perdonando a sus verdugos. ¿Qué queda de Dios donde ya no queda nada de Dios? Acaso quienes obedecen contra toda evidencia al clamor que ocupa el lugar de Dios (y por eso mismo, es de Dios). El resto es un permanecer a la espera. Estrictamente, un no saber.

nihilismo, again

diciembre 22, 2024 § Deja un comentario

El nihilismo es una psicosis, la negación de la posibilidad de que lo Real interrumpa el mundo. Pues lo Real es la posibilidad de lo imposible —la posibilidad de lo nuevo, la aparición. Frente a la aparición tan solo cabe un heme aquí. El problema es que confundamos lo sorprendente —la novedad— como lo nuevo. Por eso la aparición tiene que desaparecer. No es posible acostumbrarse. O dicho de otro modo, tiene que apuntar a un tiempo más allá de los tiempos. Nihilismo significa, por tanto, nada nuevo puede aparecer; en realidad, tan solo la eterna reiteración de lo mismo.

Sin embargo, es cierto que una esperanza que solo esté al servicio de nuestra tranquilidad es una ilusión. De ahí que la genuina esperanza apunte a un final del mundo en nombre de la bondad que tuvo lugar donde no podía haber ninguna bondad. Y de ahí también que las imágenes de esta esperanza solo puedan ser delirantes.

Bonhoeffer

diciembre 21, 2024 § 2 comentarios

Ante Dios, nos hallamos sin Dios. De acuerdo. Y de acuerdo porque es así. Sin embargo, podríamos añadir, como quien juega, una nota al pie: y enfrentados a Dios. La respuesta del hombre —su fiat— niega el silencio de Dios, su en sí. Pues ese silencio es, sencillamente, aniquilador… donde el hombre no responde con su arrojo.

De ahí que el crucificado sea, cristianamente, la Palabra de Dios, aquella que rompe su enmudecimiento. No hay otra. Es verdad que el todo nos habla de Dios. Pero no porque apunte a un demiurgo espectral, sino, precisamente, a su paso atrás.

maneras de hacer mundos

diciembre 20, 2024 § Deja un comentario

No hay mundo sin cosmovisión —mejor dicho, sin los presupuestos que rigen una cosmovisión. Una pura exterioridad es silencio y oscuridad sin resquicio. La interpretación va con la visión. Ningún hecho es químicamente puro —ninguno se nos da al margen de cómo se nos presenta. Así, en la Antigüedad hubieron espíritus en los bosques. Ya no. En cualquier caso, aún puede haber quienes lo supongan por su cuenta y riesgo. Nunca hubo dinero para los aborígenes del Mato Grosso. En cualquier caso, trozos de papel que los blancos veneran.

Algo parecido podríamos decir con respecto a la experiencia religiosa de Dios, a saber: que es relativa a un mundo que ha dejado de ser el nuestro. Otro asunto es la visión que se desprende del Horeb —y por extensión del Gólgota. Pues Moisés no tuvo la impresión de que el Dios que se le reveló en el desierto fuese algo así como un dios.

Hay mucha soledad en las cimas. Al fin y al cabo, una cima es una sima. De hecho, Moisés no descendió del Horeb con una descripción, sino con las tablas de la Ley. El pueblo de Israel lo comprendió de inmediato: primero obedeceremos y luego ya veremos. Esto es, primero la carta de Santiago y el resto es esperar. Desde un óptica bíblica, Dios en verdad nunca formó parte de un perspectiva. De hecho, las quiebra.

megacasting 2

diciembre 19, 2024 § 3 comentarios

Si el cogito se encuentra limitado por el mientras de su actividad mental, entonces automáticamente, como quien dice, hay lo que se halla fuera del límite: lo in-finito, literalmente, lo no-finito, la negación de lo finito, en definitiva, del yo. La pura exterioridad sería, por consiguiente, lo otro en absoluto. Sin embargo, también podríamos decirlo, en principio, a la inversa: desde el lado de lo absoluto, el yo sería su negación —su límite. Ahora bien, ¿cómo lo infinito puede admitir la limitación siendo, precisamente, infinito?

patriarcado

diciembre 19, 2024 § Deja un comentario

Diría que mal vamos donde los instructores de la educación woke insisten en el que la clase magistral es patriarcal. Y muchos insisten sin haber dado nunca una clase. Es decir, sin haberse enfrentado nunca a jóvenes abducidos por modelos de vida que, precisamente, les impiden entrar mentalmente en un aula. Asombroso.

¿Qué proponen en lugar de la clase magistral? Actividades de aprendizaje. Es cierto que uno aprende —interioriza— lo que hace. Pero resulta una ingenuidad pretender que, sin una exposición autorizada de lo que hay que saber, el alumno lo aprenderá por sí mismo con la única compañía de un monitor de aprendizaje, el cual en principio solo tendría que limitarse a garantizar que el alumno sigue las instrucciones.

La pedagogía woke no admite lo que es natural, a saber, que la relación entre maestro y alumno es una relación de poder. De hecho, si el maestro seduce es porque ejerce cierto poder sobre aquellos que lo escuchan. En el fondo, lo que hay por debajo del wokismo es un rechazo visceral a la autoridad. Como si el ejercicio de la autoridad fuese, por sí solo, un abuso de poder. Sin embargo, los vínculos humanos siempre están mediados por un cierto tipo de autoridad. Y lo que consigue, secretamente, la pedagogía woke es que la autoridad se desplace del maestro al alumno. El centro es el alumno: este es el mantra. Y así tenemos claustros desquiciados por las encuestas. Ja us ho fareu.

Ciertamente, hay que tener en cuenta dónde se encuentran quienes están en la situación de aprendizaje. Pero con el propósito de elevarlo y no de reírle las gracias. Y para ello hay que decirle que él no es el centro: el centro es la cosa, lo que hay que saber. Una pedagogía que no lo admita, sencillamente, no es seria. En realidad, supone prolongar la infancia hasta las edades en las que deberíamos dejar atrás la etapa infantil. Primaria hasta en la sopa.

Puede que una escuela woke sea lo que demandan, en el fondo, los nuevos padres, también denominados padres helicóptero, aquellos que giran continuamente en torno al capricho de sus hijos. Sobre todo, que no se frustren. ¿Qué consiguen? Hijos que difícilmente sabrán lo que quieren. Pues no sabrán distinguir entre querer y desear. Y es que nadie sabe lo que quiere hasta que no sabe qué quiere de él su padre. Los nuevos hijos no tienen padres. Tienen progenitores. Y ninguna escuela, ya despoblada de maestros, podrá compensarlo.

¿El resultado? Oriente gana.

tour

diciembre 18, 2024 § Deja un comentario

La metáfora del viaje se halla en todas las culturas. La vida como trayecto de ida y vuelta. La cuestión es hacia dónde se dirige —y cómo se regresa. El viaje de Gilgamesh no fue exactamente el mismo que el de Ulises. Tampoco lo fue el del prisionero de la caverna. Para el cristianismo, se trata de ascender al Gólgota… para luego descender con una mezcla de esperanza y sangrante perplejidad.

Ahora bien, sea cual sea el viaje, la sabiduría que se alcanza es siempre paradójica. Pues no es, estrictamente, un saber a ciencia cierta.

sin clamor

diciembre 17, 2024 § Deja un comentario

Donde el cristianismo olvida el horizonte apocalíptico que lo anima —donde pierde de vista que su esperanza es un clamor— no va mucho más allá del cultivo de los buenos sentimientos. Y para este viaje, ciertamente, no hacen falta las alforjas de quien ha ido —y regresado— de los Gólgotas de este mundo.

esperar (y 2)

diciembre 16, 2024 § 1 comentario

La esperanza naÏve no termina de congeniar con la dialéctica. Y quien dice dialéctica, dice lucidez. ¿Un final feliz y para siempre? ¿No habrán ya más tormentas? Donde no hubiese más que luz, ¿podría haber luz? Más aún: ¿acaso lograríamos soportarlo?

No hay todo para quien es consciente de sí mismo —para quien no termina de encontrarse en donde está. La experiencia de los cielos, ¿no estaría cerca de la de una eterna vacuidad? ¿Qué inquietud para los cuerpos hinchados solo de bondad? De ahí que la imagen de la esperanza bíblica no sea la de unos cielos repletos de idiotas felices, sino la de la bestia bajo las botas del arcángel. Las sombras siguen. Pero ya no cubren la superficie de la tierra.

La esperanza sin el clamor de aquellos que, viviendo como perros, esperan lo imposible —el final de la injusticia, es decir, del mundo— no está tan lejos de la expectativa del espectador: que la película termine bien y, así, podamos dormir a pierna suelta.

un símil para este momento

diciembre 15, 2024 § Deja un comentario

Para hacerse una idea de lo que supone hoy en día creer que el crucificado es Dios —y que fue rescatado del sheol al tercer día— basta con imaginar que lo anterior es proclamado en medio de una macrodiscoteca con la masa desquiciada bailando reggaeton. Y proclamado intentando convencer al personal de que no cabe otra esperanza que la de una resurrección de los muertos tras el fin de los tiempos.

Sin embargo, el paso de la fe siempre se ha dado en situaciones hostiles. De hecho, aún más hostiles que la de una macrodiscoteca. Pienso en los Auschwitz de la historia. Ahora bien, la desaparición de la cristiandad empuja al cristianismo a partir de cero. Quiero decir que la transmisión de la fe —al menos, si se pretende ir más allá de los muros de la parroquia— no puede comenzar con las fórmulas del credo. Más bien, debe tomarse en serio que no hay otro acceso a Dios que aquel que parte de las situaciones —humanas, demasiado humanas— en las que no parece que haya Dios. Es lo que tiene que no haya Dios sin el cuerpo de Dios.

Las fórmulas del kerigma cristiano no necesitan traducción. Para comprenderlas —y aquí comprender supone caer en la cuenta de su carácter disruptivo con respecto a lo que experimentamos espontáneamente como divino— basta con escuchar las historias que hay detrás. De hecho, como hicieron los evangelistas.

la ambigüedad de Pablo

diciembre 14, 2024 § 1 comentario

La tesis cristiana par excellence no admite el Dios de la religión, el ente supremo cuyo modo de ser es independiente de su hacerse cuerpo. Sencillamente, Dios o tiene cuerpo, o no hay Dios. Pues que Dios sea un Dios encarnado no significa que Dios adoptase el aspecto de un hombre o que Jesús de Nazaret fuese la máxima ejemplificación de la misericordia de Dios. Significa que Dios en cuanto tal —el Padre— no es aún nadie sin su cuerpo.

Sin embargo, el cristianismo ha sobrevivido históricamente por admitir el Dios de naturaleza espectral por la puerta de atrás. Inevitable, por otra parte. De hecho, la proclamación de la resurrección del crucificado no fue un modo de hablar…. como si simplemente hubieran querido decirnos, por ejemplo, que Jesús seguía vivo en el corazón de sus discípulos. Dicha proclamación presupone un Dios que interviene ex machina. Es decir, ningún seguidor de Jesús se hubiera tomado en serio que había sido levantado de entre los muertos, a pesar de la ambigüedad de las apariciones, sin la fe en el poder de Dios.

Hay por tanto un hiato entre la verdad cristiana —la que se expone con la revelación— y el imaginario que permite su incorporación donde no nos hallamos al pie de la cruz. Parafraseando a Hegel, podríamos decir que la revelación cristiana deviene otra cosa cuanto más alejados del Gólgota nos encontremos.

Ahora bien, una teología de la revelación que prescinda del Dios de la religión —el Dios que ya es alguien al margen de su encarnación— tendrá serias dificultades para integrar el poder de Dios. Y sin ese poder el horizonte apocalíptico, sin el cual la esperanza cristiana es un whisful thinking, se disuelve como azúcar en el café. Pues si Dios no puede hacer nada por sí mismo, entonces el único modo de seguir refiriéndonos al poder de Dios es haciendo de Dios algo así como el enchufe al que necesitamos conectarnos —aunque cristianamente esa conexión implique el salto sobre el vacío de la fe— para que la energía fluya e ilumine la habitación. O mejor dicho, ponga de nuevo en marcha el motor. Aunque quizá se trate de eso.

un breve sobre la descomposición

diciembre 13, 2024 § Deja un comentario

Mal vamos donde el ejercicio de la autoridad del padre —y autoridad no significa autoritarismo— se entiende como abuso de poder. El puritanismo woke es, literalmente, una idiotez. Pues olvida que no hay luz sin oscuridad. Quiero decir que es inevitable que la autoridad, en tanto que se impone sobre aquellos a quienes autoriza, incorpore unas dosis de violencia. La idea de un sujeto que decide sobre el vacío su modo de ser revela una insultante falta de lucidez. Como si el modo de ser se eligiera como quien elige entre diferentes marcas de refrescos. No hay sujeto que no esté sujeto a. La cuestión es a qué. O a quién. SI el wokismo peca de idiotez es porque ignora que la principal cuestión que tenemos que resolver si queremos dejar atrás la infancia es quién es nuestro padre.