rebeldes
enero 16, 2024 § Deja un comentario
El liberalismo político, al desestimar la noción de bien como categoría política, no deje otro espacio que el de la rebelión para aquellos en los que el Bien se revela, espontáneamente, como liberación: no podemos seguir viviendo como perros. Al decantarse por la meritocracia como vía de ascenso social —al fin y al cabo, un trampantojo—, el liberalismo no nos libra de la violencia: la desplaza extramuros. Quizá no sea casual que la imagen promocional del liberalismo político sea la de una ciudad multicultural, limpia de pobres.
es eso
enero 15, 2024 § Deja un comentario
La pregunta es si hay un más allá de la cruz —si hay vida, más allá del hundimiento de los cielos. Esto es, qué esperanza para aquellos a los que el mundo condena como sobrantes. Pues, de no hacernos esta pregunta, probablemente sigamos encerrados en nuestra ilusión.
Como sabemos, la respuesta cristiana es la resurrección de los muertos. Sin embargo, esta respuesta ¿acaso no está muy cerca de decir, sencillamente, que no hay esperanza?
cosas del habla
enero 14, 2024 § Deja un comentario
Que nos despidamos con la palabra adiós es significativo. Pues a Dios le debemos nuestro encuentro. Ahora bien, de hilar más fino, quizá nos demos cuenta de que este debido a Dios es el resultado del adiós de Dios.
ontología y epistemología
enero 13, 2024 § Deja un comentario
Si nada es que no aparezca —si lo real es apariencia de lo real—, la ontología no puede desligarse de la epistemología. Pues el aparecer implica alguien para quien se manifieste lo real (y por tanto preguntarse cómo es posible la afirmación de algo como algo). Pero colocar la epistemología —el discurso sobre las condiciones del saber— como fundamento del mundo conduce de nuevo a Parménides: lo racionalmente inconcebible es, sencillamente, imposible.
Sin embargo, desde el lado del ser en cuanto tal, esto es, en su carácter absolutamente otro, lo imposible se revela a la razón dialéctica como lo más real. Y no hablo de un mundo “imposible” —pues si hablamos de mundo ya hablamos de lo posible en tanto que concebible—, sino de la nada siendo no siendo. Esto es, de la negación de sí de la nada… en el seno de la nada. El arjé, en consecuencia, no sería algo, ni tampoco número o proporción, sino un acto que no admite descripción en tanto que es anterior a los hechos (o si se prefiere a los tiempos). De ahí que su lenguaje sea el del mito de los orígenes (y por eso mismo, el mito, porque da que pensar, hay que saber leerlo). No en vano Hegel dijo que difícilmente llegaremos a comprender tot plegat de seguir concibiendo lo primero como sustancia en vez de como sujeto. De ahí que la mejor introducción a Hegel acaso sea el prólogo del cuarto evangelio.
gustos
enero 12, 2024 § 1 comentario
No cabe demostrar la superioridad de Shakespeare sobre Megan Maxwell al igual que no cabe demostrar la superioridad del bien —el perdón, la bondad, la justicia…— sobre el horror. Lo ves o no lo ves. Aunque tampoco es que se vea desde cualquier punto de vista. Según la imagen platónica, uno tiene que ascender. No todo se encuentra en el mismo plano.
Ahora bien, es posible que nuestro criterio sea el que es porque estamos diseñados como estamos diseñados —y esto con independencia de si este diseño está o no determinado biológicamente. Es el viejo dilema: el Bien ¿es bueno porque el dios lo quiere; o lo quiere porque es bueno? Es posible que con el tiempo los desvaríos de los personajes de Shakespeare se vuelvan incomprensibles —¡o Mozart, insoportable! La pregunta es qué significa que esto pueda ser así. Quizá que la humanidad carece de esencia. Aunque también puede significar que todo pasa. Incluso lo verdadero. Pues, como decía el antiguo Israel, es posible que el Mesías ya haya venido y nosotros, sencillamente, hayamos pasado de largo.
contrastes
enero 11, 2024 § Deja un comentario
¿Quieres saber quién fue Mozart? Escucha a Salieri. Y probablemente comprendas, si sabes verlo, que la diferencia entre el casi sí y el sí es insalvable. Salieri va con el freno de mano. Todo está en su lugar. Mozart, no sabe lo que es una rienda. Hay alegría, soltura. Mucha. Pero la nota es la justa —no puede ser otra. No hay método que conduzca de Salieri a Mozart. Salieri es un muy buen músico. Mozart, siendo músico, es otra cosa.
lo común
enero 10, 2024 § Deja un comentario
El hombre, la mujer comunes creen que serán felices si tienen dinero, poder, éxito. Esto es, creen todo pasa por el tener que da el no tener qué preocuparse por el cuesta arriba, la amenaza, el no ser nadie. Sin embargo, el error consiste en creerlo —y en vivir conforme a esta creencia. Pues la búsqueda del poder que ahorra cualquier no revela nuestra inseguridad, en definitiva, nuestro miedo. Pues ¿acaso no es más feliz quien saber serlo tomando unas olivas frente al mar —quien no tiene necesidad de caviar? El que tiene de más, probablemente, podrá decirse a sí mismo que tiene asegurado su porvenir. Quizá viva tranquilamente de compra en compra y tiro porque me tica. Pero no será feliz. Pues vive anclado en su temor a perder su éxito, ese malentendido.
Péguy
enero 9, 2024 § Deja un comentario
Puesto que no están heridos, no son invulnerables. Puesto que no les falta nada, no se les da nada. El amor mismo de Dios no cura aquello que no tiene llagas. El samaritano recogió al hombre porque estaba postrado en la tierra. La Verónica limpió el rostro de Jesús porque estaba sucio. El que no está caído, no será recogido; el que no está sucio, no será jamás limpiado.
Charles Péguy
salmo 127
enero 8, 2024 § Deja un comentario
En el salmo 127 podemos leer los siguiente: si el Señor no construye la casa, en vano se cansan los albañiles; si el Señor no guarda la ciudad, en vano vigilan los centinelas. ¿Nos lo creemos? No digo que no podamos decirlo —pues aún cabe suponerlo, aunque sea por nuestra cuenta y riesgo—, sino si podemos proclamarlo con las palabras que nacen del estómago. Pues una cosa es defender una idea —o simplemente tenerla— y otra caer en la cuenta de lo que decimos. Y no caemos en la cuenta mientras el cuerpo no acompañe. Así, sabemos, pongamos por caso, que vamos a morir. Pero no nos limitamos a tomar nota donde el médico nos dice que apenas nos quedan tres meses de vida. En ese momento, caemos en la cuenta. Es como si, de repente, se nos abrieran los ojos… para ver lo que siempre estuvo ahí y, sin embargo, obviamos. El saber se ha hecho cuerpo.
Algo parecido podríamos decir con respecto a la creencia en Dios. Y es que cuando los autores bíblicos insisten en que solo los excluidos son capaces de Dios no dicen otra cosa que esta: que solo ellos pueden incorporar qué significa vivir bajo un Dios cuya trascendencia equivale a su desaparición o eterno porvenir.
Cherteston, enorme
enero 7, 2024 § Deja un comentario
(…) la filosofía o es eterna o no es filosofía. La costumbre moderna de decir: «Ésta es mi opinión, aunque puedo estar equivocado», es completamente irracional. Si admito que puedo estar equivocado, es que no es mi opinión. La costumbre moderna de decir: «Todo el mundo tiene su propia filosofía; ésta es la mía y la que me conviene», es una costumbre que sólo revela debilidad mental. Una filosofía cósmica no se construye para que se adapte al cosmos. Nadie puede poseer una filosofía privada más de lo que puede poseer un sol privado o una luna privada.
GK Chesterton
ética
enero 6, 2024 § 1 comentario
Escribe Bonhoeffer en la primera página de su Ética:
“Es una exigencia enorme la que debe plantearse a todo aquel que quiere abordar eI problema de una ética cristiana: Ia exigencia de renunciar desde el principio, como no adecuadas, a las dos cuestiones que en general le conducen a tratar de los problemas éticos: «¿cómo me vaya hacer bueno?» y «¿cómo hago yo el bien?». En lugar de estas cuestiones debe plantearse otra, infinitamente diferente de las dos mencionadas, y que consiste en preguntarse por la voluntad de Dios.”
De algún modo, es así. Sin embargo, la pregunta por la voluntad de Dios presupone un sujeto que ha asumido hasta el tuétano que se encuentra expuesto a Dios, a su insobornable trascendencia,… y este, hoy en día, no es el caso de la mayoría —ni siquiera de la mayoría de los que pasan por creyentes. Pues creer en los tiempos actuales significa, por lo común, creer que se cree. El sujeto soberano —el sujeto de la Modernidad—, a lo sumo, tendrá una perspectiva religiosa —como si en la otra dimensión hubiera un dios que maneja los hilos—, pero no le temblarán las piernas, por decirlo a la manera de Kierkegaard, ante la desproporción del misterio de Dios. Así, creerá que hay Dios… pero vivirá como si no dependiera de su juicio. De ahí que la pregunta por la voluntad de Dios quizá no sea aquella que, cristianamente, debamos plantearnos en primer lugar. Y digo que acaso no debamos porque, en el fondo, no podemos ya planteárnosla… sin hacer de Dios —y hacerlo por nuestra cuenta y riesgo— un ente supremo. Al fin y al cabo, y como leemos en Mt 25, los justos también se sorprenderán cuando finalicen los tiempos. Y es que acaso solo podamos cumplir con la voluntad de Dios, como Jesús en el Gólgota. Esto es, sin Dios mediante. Tal y como respondió el pueblo de Israel, una vez Moisés entregó las tablas de la Ley, “primero obedeceremos y luego ya veremos”. Traducción: lo primero es responder a la demanda de los excluidos como si no hubiera otra demanda —como si esta hubiera ocupado el lugar de un Dios por venir—; y posteriormente, si se nos concede esta gracia, ya caeremos en la cuenta de que esta es, precisamente, la voluntad de Dios.
pietismo
enero 5, 2024 § Deja un comentario
En el pietismo (…) predomina el elemento de lo espontáneo, el elemento de lo emocional y, con ello, el elemento de la vivencia. Esto sucede incluso en grado tan intenso, que, a mi parecer, en vez de hablarse de experiencia, debiera hablarse más bien de vivencia.
Karl Christian Felmy
igualdad y cristianismo
enero 4, 2024 § Deja un comentario
En el mundo grecorromano, los cristianos no fueron los primeros en defender la igualdad. Fueron los estoicos. Reducir el cristianismo al ethos de la igualdad no le hace ningún favor a la causa cristiana. La aportación cristiana tiene que ver, por una lado, con la encarnación de Dios —Dios no es aún nadie sin nuestro cuerpo— y, por otro, con la esperanza —todo comenzará de nuevo cuando resuciten los muertos. Ambas aportaciones, por increíbles, convierten el cristianismo en una enorme ironía. O mejor dicho, lo convierten… siempre y cuando nos limitemos a leerlo. Pues otro asunto es que nos encontremos junto a los perros de este mundo. En ese caso, quizá estemos más cerca de, cuando menos, comprender.
nihilismo y misterio
enero 3, 2024 § 1 comentario
Lo que se opone al nihilismo no es el sentido, sino el misterio. Nihilismo significa no hay un Gran Otro que posea el significado de cuanto es —y de paso, maneje los hilos de la historia. Dicho de otro modo, no hay Padre. La figura paterna no es más que eso, una figura —y una figura acaso necesaria para la constitución de la subjetividad. Por otra parte, que haya misterio significa que el haber del Otro es el de la nada no siendo nada —el de su negación de sí o retroceso y por el cual hay lo que hay. De ahí que quien experimenta el misterio que abraza el todo esté más cerca del nihilista que de aquellos que imaginan que hay un padre espectral que posee la respuesta a las preguntas de la existencia. Así, frente al nihilismo, la experiencia de la donación (y el deber que la acompaña).
¿El final? Lo ignoramos. El misterio nunca fue un acertijo. En cualquier caso, la esperanza de que, en nombre precisamente de la vida que nos ha sido dada, la cosa no termine con la risotada del verdugo. Y si no hay final —o si este fuese simplemente la extinción—, entonces el nihilista está en lo cierto. La religión, al reducir el misterio a hipótesis —Dios sería el dios que permanece oculto tras el cortinaje del mundo— no deja de ser el trampantojo que nos ahorra la seriedad de la existencia. Pero ¿cuándo preferimos lo serio a la distracción?
soberanía política y soberanía divina
enero 1, 2024 § Deja un comentario
Hay algo en el pensamiento reaccionario de Thomas Hobbes, Donoso Cortés, De Maistre, Carl Smith… que deberíamos tomarnos en serio, intelectualmente hablando, si queremos comprender hasta el final la crisis de la cristiandad. Y es que donde la sociedad da por sentada la soberanía de Dios —esto es, donde vive bajo el temor de Dios, aunque también espere su misericordia—, el ejercicio del poder político inevitablemente será percibido como un poder vicario, derivado del poder divino. Pues, en el fondo, no hay otro poder que el del omnipotente. Cuando un siervo se hallaba ante un príncipe era imposible que no experimentase a flor de piel la gloria de Dios —y también, aunque no secundariamente, su amenaza. El gesto de doblegarse —el bajar la mirada— estaba lejos de ser simplemente formal. El poder divino fue durante siglos un poder palpable a través de su encarnación política. Con anterioridad a los tiempos modernos, el cristianismo no fue una ideología —la ficción que justifica un status quo político. Fue una evidencia natural.
De ahí que la crisis de la cristiandad encuentre su envés, si no su condición de posibilidad, en la crisis política del Antiguo Régimen. Y es que una vez el poder político se legitima en relación con un hipotético contrato entre iguales, la creencia religiosa pasa a un segundo plano. La devaluación de la fe en Dios —el que pase a comprenderse como una suposición personal entre otras— es el precio que la Modernidad tuvo que pagar para lograr el fin de las guerras de religión. No fue, sin embargo, el único. Una vez se asentó culturalmente la idea de una libertad originaria se hizo muy difícil pensar la existencia como un hallarse ante lo que nos supera o puede en verdad. Y más donde, con los logros de la técnica, cualquier límite pasa a entenderse como circunstancial. Sin embargo, esto es lo mismo que decir que la Modernidad sustituyó una ficción por otra: la de un Dios soberano por la de una libertad entendida como posibilidad de realizar cualquier posibilidad.
espiritualidad sin Dios
enero 1, 2024 § Deja un comentario
¿Una espiritualidad sin Dios? Claro. El cristianismo. Al menos, por aquello de ante Dios, sin Dios. De no tener en cuenta esto —y la dureza que implica—, el riesgo es hacer del espíritu, ese resto, la excusa de un narcisismo naïve.
Harry el sucio como filosofía política
diciembre 31, 2023 § Deja un comentario
Suele decirse que la serie de Harry, el sucio es apología del fascismo. De acuerdo. Pues al malo no se le puede hacer frente con lirios en la mano. Hay que emplear sus armas. El problema es que el poder impune termina ejerciéndose contra los buenos. De ahí que la intuición más profunda del liberalismo político sea que el ejercicio del poder solo es legítimo donde topa con el contrapeso de un contrapoder institucional. Hablamos, obviamente, de la división de poderes. El efecto colateral será, sin embargo, que el bien o la justicia dejarán de ser el horizonte regulativo de lo político. Aunque le sirvan de excusa. Pues no puede serlo donde el asunto principal de la filosofía política, al menos la de sesgo liberal, será el de la regulación del ejercicio del poder.
el no todo y la subjetividad
diciembre 30, 2023 § 1 comentario
El todo es el no todo porque existe la conciencia de sí como el correlato de lo ab-suelto. La realidad no material de la conciencia de sí, aunque tampoco etérea o espectral, impide el cierre inmanente de la totalidad. El todo nunca puede ser el todo para quien es consciente de sí —y por tanto de su enajenación con respecto a un alteridad fundamental. Y es que la conciencia no es solo conciencia de algo, sino, y acaso principalmente, conciencia de una pérdida irreparable. De ahí que en cada conciencia persista una nostalgia de lo absoluto, el cual, sin embargo, es no (siendo nada). Ahora bien, por eso mismo, la conciencia es el reflejo de la negación de sí de lo absoluto, de su retroceso a un tiempo anterior a los tiempos, un tiempo mítico. Al menos, porque la conciencia de sí difiere continuamente del cuerpo con el que se identifica. De hecho, ya se nos dijo: a imagen y semejanza.
paradojas de lo real
diciembre 29, 2023 § Deja un comentario
El mundo es cuanto hay. Pero esto es así porque el todo es eternamente el no todo —porque más allá del mundo hay el no haber de un puro haber, esto es, de lo absoluto. Traducción: hay mundo porque más allá hay la negación de sí de lo absoluto —y por eso deviene, precisamente, ab-suelto—, un haber que en modo alguno se da bajo la modalidad del presente, sino en la de un tiempo mítico, anterior —y por extensión, posterior— a los tiempos. En este sentido, el paradójico haber de lo absoluto es la condición del haber del mundo. En definitiva, hay mundo porque lo absoluto se da como no (siendo nada) —literalmente— y, por eso mismo, como la contingencia del aspecto. De ahí que el todo sea el no-todo —que el no (siendo nada) de lo absoluto abrace la totalidad de cuanto es. Pues que la nada sea no (siendo nada) —y que, por tanto, se muestre al pensamiento como el fondo del cuanto es— significa que la imposible posibilidad de la aniquilación permanece como el horizonte del mundo. Y es imposible en tanto que no estamos hablando, obviamente, de una posibilidad que se dé dentro del mundo.
K.L. (2)
diciembre 28, 2023 § Deja un comentario
Escribe Karl Löwith: Hemos aprendido a esperar sin esperanza, ya que lo contrario consistiría en fundamentarla en algo completamente ilusorio. De acuerdo. Sin embargo, ¿esperar lo imposible —lo que sensatamente no cabe esperar— no es acaso la herencia más conspicua de dos mil años de cristiandad? Pues, como dijera el mismo Pablo, el creyente espera contra toda expectativa. Ahora bien, lo que perdimos de vista como modernos es en nombre de qué —o de quién— se espera el acontecimiento que el mundo en modo alguno puede admitir como posibilidad.
lectio divina
diciembre 27, 2023 § Deja un comentario
Quizá la pregunta a la hora de leer a los autores de la Biblia y a Platón, por referirme a los dos pilares de nuestra mentalidad, no sea tanto cómo actualizar el sentido de sus textos, sino, precisamente, qué de dichos textos ya no nos es posible actualizar, esto es, qué perdimos de vista y ya no cabe culturalmente recuperar. Comprender qué pueden decirnos aún tiene antes que ver con un sentido irrecuperable que con la fusión de horizontes —con el salir del quicio que con el encaje. Pues nada se nos dice si no es en realidad nuevo —y, en consecuencia, nos descentra.
Ahora bien, frente a la mentalidad progresista, lo nuevo no es lo que está por ver, sino lo que fuedejado atrás —el origen de cualquier comienzo— en nombre, precisamente, de la novedad, ese simulacro de lo nuevo. En el significado que ninguna actualidad puede actualizar reside lo verdadero, si por verdadero entendemos lo que apunta a lo real como alteridad avant la lettre —a lo absolutamente extraño o ab-soluto. Al fin y al cabo, cuanto resulta asimilable queda encajado en las formas del sujeto —y por eso mismo, reducido a lo que nos parece que es, en definitiva, a lo mismo de siempre. Tanto los autores bíblicos como Platón dieron testimonio, aunque a su modo, de que existimos desde una pérdida fundamental. Y lo que nosotros como modernos olvidamos es, de hecho, este testimonio. Despreciarlo, como suele hacerse hoy en día, no sin ciertos aires de superioridad, es el síntoma de una persistente estupidez.
hijos en el Hijo
diciembre 26, 2023 § Deja un comentario
Jesús de Nazaret es el modo de ser de Dios —su quien—, no simplemente su representante o un hombre de Dios entre otros. Pues esto último presupone un dios-ya-hecho al margen de su encarnación. Trinitariamente, el Padre no es aún nadie sin la fe del Hijo. En sí mismo, el Padre es la voluntad de reconocerse en el cuerpo del Hijo del Hombre. Y de ahí que el creyente, tras el Gólgota, reconozca en el Hijo del Hombre al Hijo de Dios. Ahora bien, porque fuimos reconocidos como hijos en la adhesión al Hijo, el modo de ser de Dios se despliega, por así decirlo, en quienes ven en el crucificado el cuerpo de Dios y obran en consecuencia.
sorpresa, sorpresa
diciembre 25, 2023 § Deja un comentario
Y resulta que ese niño que nació entre excrementos de animales, de unos padres que no contaban para nada ni para nadie, era Dios mismo entre los hombres, el emanuel. En principio, parece una broma de quien no admite que haya Dios. ¿Dios? Ahí, en un establo, oliendo mal. Quizá sea por eso —por el carácter inadmisible de la proclamación cristiana— que la mayoría de los cristianos espontáneamente se decante por una lectura a la doceta: como si Dios hubiera decidido darnos una sorpresa, adoptando el aspecto de un andrajoso. Sin embargo, la encarnación no fue un juego de máscaras. Tras la humanidad de Jesús de Nazaret no se escondía un dios resplandeciente. Tampoco es que el hijo de María fuese un híbrido. Hablamos de un verdadero Dios y un verdadero hombre. Ahora bien, esto equivale a decir que la voluntad del Padre fue, desde el principio, la de no ejercer como Dios sin la fe del Hijo del Hombre. O que no hay otra presencia de Dios que la del cuerpo que lo soporta, y duramente, hasta el final. Y digo duramente porque tan solo como abandonado de Dios puede el hombre permanecer fiel a Dios.
En este sentido, Jesús de Nazaret no fue un aspecto de Dios, entre otros, ni tampoco su representante, sino el modo de ser de Dios. Afirmar que Dios es Jesús —o confesar al pie de la cruz y frente al mundo que el crucificado es Dios— supone dejar atrás el sentimiento de que vivimos bajo el amparo de un dios cuyo modo de ser es independiente de su in-corporación. Es lo que tiene un Padre que, con anterioridad a los tiempos, quiso depender del hombre que depende de Dios para llegar a ser el que es.
sin confesión (y 2)
diciembre 23, 2023 § Deja un comentario
¿Qué significa confesar que Jesús es el Hijo de Dios? No decir “creo que Jesús es el Hijo de Dios”, sino “creo que eres el Hijo de Dios”. Esto es, ante el crucificado en nombre de Dios —y mientras nos lo pregunta, probablemente cagándose en los calzones. Pues son cosas de tener un cuerpo —y más si cuelga de un madero.
sin confesión
diciembre 22, 2023 § Deja un comentario
¿Qué es una religión al margen del momento confesional? Una suposición, un mapa mental, una perspectiva: creo que vivimos rodeados de duendes; o que nuestra salud espiritual depende de que nos abramos a lo que hay más allá de lo instrumental. ¿Puede ser el cristianismo aconfesional? No. Pues la fe es el envés de una adhesión a un Dios de carne y hueso —un Dios que se arriesgó como Dios al ponerse en manos del hombre. No hay otro apoyo para la esperanza cristiana que el de la confesión que responde a la pregunta fundamental: : ¿y tú quien dices que soy yo? Y aquí conviene tener en cuenta que la confesión siempre se proclama frente a las evidencias del mundo. De hecho, la fe, en tanto que fiat, comienza donde la perspectiva religiosa se revela como irrisoria ante la monstruosidad de Baal. De ahí que se encuentre más cerca del nihilismo que del mapa mental de la sensibilidad religiosa. Y se encuentra más cerca porque constituye su superación, en el sentido hegeliano de la palabra —aquel que señala que la superación conserva en su seno aquello que supera. No deberíamos olvidar que el resucitado vuelve a la vida de Dios con las marcas de la cruz. Las heridas sanan. Pero, como decía Gombrowicz, las cicatrices crecen con nosotros.
evangelio, literalmente
diciembre 21, 2023 § Deja un comentario
¿Por qué el evangelio es buena noticia… para los que dan asco, sea físico o moral? Porque solo los que se hallan hundidos por el asco que provocan se preguntan seriamente si tendrán alguna segunda oportunidad. Poder comenzar de nuevo —esto es, como nuevos. O mejor, con esas cicatrices que crecen con nosotros. Una fe que no tenga esto presente es cristianismo acomodado. De hecho, un oxímoron.
piel fina
diciembre 20, 2023 § Deja un comentario
En el Occidente, vivimos unos tiempos, cuando menos, desconcertantes. Pues cualquier ejercicio del poder tiende a entenderse como abuso de poder. No es exactamente lo mismo, aunque la frontera entre dicho ejercicio y su abuso sea borrosa —y no pueda dejar de serlo—… como sucede con tantas cosas de la vida. Me refiero, obviamente, a la paradoja del montón de arena: aunque tengamos claro donde se sitúan los extremos, es imposible precisar en qué punto un montón de arena comienza a —o deja de— serlo. Probablemente, este desenfoque tenga que ver con el descrédito de la figura paterna. Pero, en cualquier caso, la normativa no puede sustituir al sentido común a la hora de trazar el límite entre lo aceptable y lo inaceptable… según el contexto. Como decía Hegel, cuando esto sucede la sociedad cae enferma, encerrando a sus miembros en una férrea prisión. Es entonces que prevalece la desconfianza, el resentimiento, la injusticia —y esta última bajo la capa de una justicia implacable.
Que de facto se entienda todo ejercicio del poder como abuso de poder —que el modelo de casi cualquier relación sea un contrato entre iguales— oculta lo evidente, a saber, que no hay vínculo que no se sostenga sobre una cierta asimetría. La piel se nos ha vuelto muy fina. Y donde la piel se vuelve fina no hay modo de contener los efectos dañinos del Sol. Ahora bien, sin su luz, todo es tiniebla. Y quien dice tiniebla, dice miedo.
pater noster
diciembre 19, 2023 § Deja un comentario
No hay padres. Ya no. Nada queda de la figura del padre. Un padre es, para el hijo, lo que representa —más allá de sí mismo. Y sin más allá, no hay nada qué representar. La crisis actual de la figura paterna corre paralelamente a la de Dios. Algunos dirán, que esta crisis solo afecta a la imagen patriarcal de Dios. De acuerdo. Pero aun cuando Dios sea más que padre, tampoco es menos que padre. Por no decir que este más quizá tenga que ver con el nadie aún que con rasgos tópicamente nutricios.
En cualquier caso, Dios en verdad es lo que, superándonos, nos puede. Y la convicción bíblica es que el poder que en verdad nos puede no es el de lo gigantesco, sino el del mandato que emerge de las bocas del hambre —en definitiva, el del juicio. Así, desde esta óptica, el hombre de Dios no es el que cree que debe alimentarse bien para alcanzar una salud espiritual, sino el que se encuentra por entero sujeto a dicho mandato, a la voz imperativa de Dios —y, por eso mismo, llega a ser sujeto. El cristianismo deviene ininteligible donde existencialmente perdemos de vista la figura del padre —y quizá también sus trasuntos políticos.
subjetividad e ir haciendo
diciembre 18, 2023 § Deja un comentario
Según Badiou, la expresión máxima de la subjetividad —lo que, en definitiva, nos constituye como sujetos— consiste en permanecer fiel a las consecuencias de un acontecimiento. Es por medio de esa fidelidad que el acontecimiento, cuyo carácter disruptivo lo diferencia, precisamente, de lo que simplemente pasa, es lo que, al fin y al cabo, hace que el acontecimiento termine siendo lo que es: un tener lugar de lo que interrumpe la inercia de los días… para dar pie a un cambio histórico.
Sin embargo, ¿qué es lo que interrumpe la prevalencia de la costumbre? La respuesta, sin duda, varía. Pues es obvio que han habido múltiples acontecimientos a lo largo de la historia. Ahora bien, en cualquier caso, estos diferentes acontecimientos, y en tanto que soportados por las duras espaldas de sujetos que pertenecen a diferentes épocas, deben entenderse como modos de interpretar —y por eso mismo hacer frente a—, la inconsistencia que se encuentra en el fondo de cuanto es, la cual es siempre una y la misma, a saber, que el haber como tal no puede darse sin negarse a sí mismo en el haber de las cosas —lo real en las apariencias. Este es el origen metafísico de las contradicciones históricas a las que se enfrenta el sujeto que carga con el acontecimiento. De ahí que se trate, en definitiva, de permanecer fieles a los efectos de una revelación, la cual, sin embargo, no presupone necesariamente la creencia en un Dios. Basta con la revelación a la que conduce una reflexión llevada al extremo. Marx sería un buen ejemplo de ello.
Con todo, esto está muy cerca de decir que no hay sujeto sin sentido de la misión. Y donde esta no aparece por ningún lado, lo que tenemos es únicamente la posibilidad de un sujeto. O por decirlo de otro modo, individuos cuya acción es mera reacción.
una proclamación extraña
diciembre 17, 2023 § Deja un comentario
¿Es posible que el cristianismo anuncie que no hay otra presencia de Dios que la del Hijo de Dios —y en tanto que Hijo del Hombre? ¿Qué más allá tan solo contamos con la presencia del espíritu que nace de la incorporación del Padre en el Hijo —y la esperanza de un punto y final en nombre de Dios? ¿Acaso el dogma de la Encarnación —no hay otro Dios que el encarnado— no es lo más extremo que se ha proclamado acerca de Dios? ¿Y cómo es que muchos cristianos siguen dirigiéndose a Dios como si no hubiese habido Encarnación —esto es, como el Jesús que anduvo por Galilea? Jesús nunca fue cristiano. Pero su oración ¿no consistió en pedirle a Dios por Dios? ¿Pudo imaginar el galileo que la respuesta su invocación sería, precisamente, él mismo?
perspectiva y fe
diciembre 16, 2023 § Deja un comentario
Creer que hay un padre espectral que cuida de nosotros es semejante, al menos formalmente, a creer que hubo una mano negra tras la pandemia del covid —o que somos el experimento de una civilización extraterrestre. A quien cree en estas cosas no lo sacarás de ahí. Este tipo de creencia no es una mera hipótesis de trabajo. Aunque sobre el papel su valor de verdad siga siendo hipotético, el creyente lleva su creencia adherida a la piel: ve cuanto sucede desde la óptica en la que se encuentra instalado. Y, por eso mismo, no lo sacas de ahí. Se trata, en definitiva, de una perspectiva —de un mapa del territorio donde todo encaja. Hablamos, obviamente, de los prisioneros de la caverna. Los motivos son, en cualquier caso, objeto de la psicología. Como decía Nietzsche, lo que no entra a través de la razón, no podremos extraerlo racionalmente.
El único modo de salir de la perspectiva es por medio de la crisis. Y esta tiene dos dimensiones, una más dura que la otra: la de quien que se interroga, conducido por su daimon, sobre lo que en verdad tiene lugar por encima o por debajo de lo que simplemente pasa; y la del sufrimiento del abandonado de Dios. En ambos casos, el sujeto es desplazado fuera de sí. El resultado, sin embargo, no es un nuevo mapa, sino un estado de suspensión —que en el caso dei creyente apunta a un final que no se deja concretar como perspectiva. Pues solo admite el modo del imperativo: es lo que debe acontecer en nombre de aun cuando no pueda suceder. Y por eso las imágenes que traducen esta esperanza son increíbles, por no decir, delirantes. En consecuencia, no debería sorprendernos que quienes sobreviven a la crisis tengan la sensación de que no son de este mundo. Y de ahí no los sacarás. A pesar de que, como decía, no hablemos estrictamente de una nueva perspectiva. De hecho, solo el clavo del estado de suspensión saca al clavo de la perspectiva.
nihilismo y fe
diciembre 15, 2023 § Deja un comentario
Ateísmo es nihilismo. Donde el ateísmo cree evitar la deriva hacia el nihilismo cae en la puerilidad. Con todo, el nihilismo no niega la posibilidad del carpe diem —de un experimentar el ahora como estado de gracia. Niega que haya un porvenir para las víctimas del pasado. La religión —la suposición de que hay un gran Otro ahí arriba tutelando nuestra existencia y dispuesto a compensar post mortem los sufrimientos del presente— pisa el territorio de lo ilusorio. En este sentido, la reflexión, en su búsqueda de la verdad, puede dejarla de lado. Solo el cristianismo se opone seriamente al ateísmo. Pues únicamente la fe se toma en serio la negación de Dios. Al menos, en tanto que el punto de partida de la fe es el abandono de Dios. Para el nihilismo, todo termina en ese momento. Para el creyente, todo comienza entonces. Pero lo que comienza no supone una restauración de la ilusión religiosa, sino en cualquier caso su superación, en el sentido hegeliano de la expresión. Y es que la fe apunta, literalmente, a lo imposible, esto es, a lo que debe acontecer en nombre de, a pesar de que no podemos sensatamente concebir que acontezca.
Así, la existencia creyente es una existencia abierta a un porvenir absoluto, acerca del cual no cabe ninguna predicción. En cambio, el nihilista, a lo sumo, agradece la suerte de un ahora favorable, mientras el clamor de los que yacen en las cunetas de la historia no es más que ruido y furia. Aun cuando, sin duda, siempre podamos parchear dicho clamor. Y quizá debamos hacerlo si queremos dormir en paz. Pero no cabe esperar más. Al final, la humanidad se extinguirá como se extinguieron los dinosaurios. De ahí que únicamente la fe en lo que el mundo no puede admitir como su posibilidad se oponga al nihilismo. Y quizá por eso mismo el cristianismo esté más cerca del ateísmo que de la religión. El resto es fantasía. O lamernos las heridas unos a otros, simulando como iluminados un gozo que, solo muy raramente, arraiga en el tuétano de la existencia.
el dónde
diciembre 14, 2023 § Deja un comentario
Resulta cuando menos curioso que la pregunta que recorre buena parte de la obra de Nietzsche —¿dónde está Dios?— sea la misma que tuvo que escuchar Israel a lo largo de su historia: ¿dónde está tú Dios? En realidad, más que curioso resulta enormemente significativo. Como si la experiencia de Dios apuntara, antes que a lo oculto, a la negación de Dios, en el doble sentido del genitivo. Pablo hablará de kénosis. Jesús de Nazaret, la sufrió.
Acaso lo que Nietzsche no terminó de comprender, a diferencia de Hegel, es que el haber de lo absoluto es la negación de sí de lo absoluto. Es verdad que Nietzsche sintió hasta el tuétano la falta de una genuina alteridad. Pero en vez de aceptar que somos los que estamos expuestos a la desmesura de esta ausencia, prefirió darle un portazo al asunto. Como la joven que, tras el trauma de una violación, decide no parar de bailar. Aunque sea sobre una pira de cadáveres. No habrá más allá —no habrá resurrección, ese imposible. Cristianamente, lo monstruoso —el más allá— es que esa joven llegara a perdonar a quien la forzó. Por no decir que lograse amar al hijo que nació de la violencia que se ejerció sin piedad sobre ella. Es posible que Nietzsche se peleara con el fantasma de Dios. Y quien dice pelear, dice abrazar. Como Jakob. Sin embargo, Jakob comprendió, en mayor medida que Nietzsche, qué se desprende de ese abrazo.
upgrade
diciembre 13, 2023 § Deja un comentario
Ante la crisis de las vocaciones cristianas, muchos abogan por un cambio de lenguaje. Paul F. Knitter sería un ejemplo. Hay otros. En principio, esta sería la solución para, cuando menos, hacer inteligible el credo hoy en día. Así, pongamos por caso, la proclamación de Jesús como Dios debería entenderse como si el hombre que fue Jesús de Nazaret simplemente hubiera estado imbuido del espíritu —la fuerza, el ánimo— de Dios. Pues esto último, en tanto que modernos, podemos digerirlo mejor que lo primero (y más si además sustituimos Dios por divino). ¿Será porque espontáneamente leemos la declaración cristiana a la manera de los antiguos docetas —como si Jesús de Nazaret fuese un dios paseándose por la tierra… lo cual, ciertamente, resulta difícil de tragar hoy en día?
Sin embargo, esto es como si en una época en donde el código romántico ha dejado de operar intentáramos traducir el te quiero diciendo bebito, me molas mucho. Es evidente que no estaríamos diciendo lo mismo, aunque quienes se toman en serio la traducción creyeran que, en el fondo, están diciendo lo mismo. Y no estaríamos diciendo lo mismo porque el sujeto del amor romántico no es exactamente el mismo que el del regaetton. Como no lo es aquel que comprende a flor de piel que la revelación de Jesús como Dios no apunta, en primer lugar, al enviado, sino a Dios —a su quién— que aquellos que, rechazando las fórmulas del teísmo clásico, parten de la simple convicción de que hay algo más allá.
Don Limpio
diciembre 12, 2023 § Deja un comentario
Cuanto más elevados, tanto social como espiritualmente, más limpios. En el fondo, el status es una higiene —y la moral, buenas formas. Pero al rechazar al desaliñado —al que huele mal—, no hacemos más que rechazar a quien llevamos dentro, en lo más íntimo. Como si al apartarlo de nosotros mismos intentáramos convencernos de que no somos ese. En el fondo, hay injusticia porque somos animales simbólicos; porque el otro —el apestado, el inasimilable— representa la negación de sí que nos configura. Y sin embargo… Toda limpieza es postureo, al fin y al cabo, una ficción. Teatrillo. Y quizá por eso mismo no hay amor que no suponga el fin de la ficción.
K. L. (1)
diciembre 11, 2023 § Deja un comentario
Naturalmente, los individuos, al igual que las naciones, pueden hipnotizarse con la creencia de que Dios o ciertos procesos universales requieren de ellos el cumplimiento o la realización de esto o de aquello, y de que ellos sigan viviendo mientras otros perecen; pero siempre hay algo de patético, por no decir de ridículo, en creencias de esta naturaleza.
K. Löwith, El sentido de la historia
pisa morena, pisa con garbo
diciembre 10, 2023 § 1 comentario
Tras el informe PISA, no hago más que leer a los expertos opinando sobre las posibles soluciones. Es curioso, pero a casi nadie se le ocurre preguntar a quienes están en las trincheras, los profes. Como si estos no tuvieran nada qué decir. Así, se nos ha dicho hasta decir basta que no hay que enseñar a calcular logaritmos, porque esto ya lo hace la calculadora. En todo caso, a utilizarlos. De acuerdo. Pero esto es como si le dijeras a un atleta que pretende competir en los cien metros lisos que no es necesario que haga pesas porque de lo que se trata es de correr muy rápido. La escuela tiene mucho de gimnasia mental. Por no hablar de que va a resultar muy difícil que alguien desarrolle un espíritu mínimamente crítico sin una amplia cultura. Como se dice últimamente, el conocimiento es la competencia.
Otro asunto es cómo se enseña. Y que, ciertamente, no todo profesor es un buen profesor. Ahora bien, en cualquier caso, da la impresión de que las nuevas pedagogías han optado por una cultura de tastaolletes en lugar de un aprendizaje en vertical. Quizá el vuelo de superficie pueda valer en la primaria… pero no en el bachillerato. Ningún alumno podrá poner contra las cuerdas una opinión —desarrollar un espíritu crítico— si no ve cómo lo hace el maestro. Probablemente, nadie aceptará que, puesto que esto de escarbar en los libros ya lo hará la IA, tan solo hay que enseñar cómo utilizarla. Pero uno no puede evitar la impresión de que los tiros pedagógicos van por ahí, aun cuando no haya ninguna mano negra detrás. Al igual que perdimos la fuerza del vikingo cuando las máquinas comenzaron a hacer el trabajo sucio, es posible que cada vez seamos menos inteligentes si dejamos que las labores de inteligencia las haga la web neuronal.
a otra cosa
diciembre 9, 2023 § Deja un comentario
Decía Hegel que, con el tiempo, incluso la verdad pasaba a ser otra cosa. Es lo que constatamos con el cristianismo. Estamos bastante lejos —y no solo porque se trate de un modo de hablar— de la convicción de que nos hallamos en medio de un combate de dimensiones cósmicas entre las fuerzas del bien y las del maligno, esto es, no solo entre los pobres y los poderosos —y quizá, por eso mismo, pasamos en su momento de la vocación a la militancia. Por no hablar de la resurrección de los muertos, la cual ha pasado a entenderse como si fuera una manera de referirse a un nos vemos en el más allá. Ciertamente, cuesta formular la esperanza creyente en los términos de una historia de zombies. Pero es que el lenguaje de la resurrección, a pesar de las apariencias, nunca apuntó a dichas historias, sino a un volver a encontrarnos con nuestras víctimas en carne y hueso—y no solo con su espectro— para que pudieran perdonarnos y, así, volver a empezar. O apocalipsis, o nihilismo.
¿Imposible? Por supuesto. Pero difícilmente nos hallamos ante Dios si no nos hallamos ante la posibilidad de su imposibilidad —ante la posibilidad de un final del mundo que dé pie a una humanidad nueva. No porque fantaseemos —pues toda fantasía se sitúa dentro de marco de lo posible, aunque altamente improbable—, sino porque la bondad tiene que pronunciar la última palabra. Así, el mundo no debe triunfar… porque alguien llegó a perdonar, más allá de la disyuntiva entre lo humano y lo divino, lo imperdonable. Los testigos de ese perdón esperan lo que en modo alguno puede transformarse en expectativa. Pero esa esperanza no puede evitar dirigirse hacia los últimos días. Pues el mundo nunca sabrá qué hacer con ese perdón.
sin tara
diciembre 8, 2023 § 1 comentario
Para comprender el alcance de la dogmática hay que tener en cuenta el horizonte de las historias que hay detrás, que no es otro que el apocalíptico. De lo contrario corremos el riesgo de leer las imágenes con las que se expresa como si fuera meramente descriptivas. Así, la imagen tan profética de la mujer estéril que, con todo, engendra apunta a un Dios capaz de lo imposible. Y lo imposible no es una posibilidad del mundo, sino de un mundo porvenir, en última instancia, de una nueva creación. El horizonte de las imágenes proféticas es, por tanto, el del fin del mundo. Difícilmente nos hacemos una idea de lo que se nos está diciendo con estas imágenes donde seguimos leyéndolas como si hablase de una fenómeno paranormal… dando por sentado que el Dios que hay detrás es una especie prestidigitador fantasmal.
Algo parecido podríamos decir con respecto a la imagen de la joven María, virgen y embarazada. Aunque el dogma hace referencia a la ausencia de pecado y no a su virginidad, lo cierto es que la devoción mariana tiende a interpretar el carácter inmaculado de la concepción de María como si María hubiese engendrado a Jesús siendo virgen. Pero esta lectura, ciertamente cargada de devoción, es la consecuencia de haber prescindido de la historia que la inspira, una historia quizá demasiado humana. Pues lo más probable es que el anciano de José acogiese a una mujer que fue repudiada por haber quedado embarazada tras una violación. El milagro aquí no tiene nada paranormal, sino en cualquier caso de sobrenatural. Pues es, sin duda, sobrenatural que esa joven fuese capaz de amar a un hijo que, cuando creciera, tendría los rasgos del rostro de quien la forzó. Y amarlo como un don de Dios. A mí me inspira más devoción —me resulta más milagroso, por así decirlo— el amor de María, un amor tan imposible como, según la tradición, innegable, que el portento cósmico de una mujer que queda embarazada sin haber pasado por ninguna cama. O por ninguna esquina. De otro modo, lo sobrenatural es queel pecado no la alcanzase —que no pudiera con la bondad inherente de María. En este sentido, me atrevería a decir que la devoción a la virginidad de María está a la altura de aquellos que creyeron que Jesús, como encarnación de Dios, nunca hizo caca.
el tinglado
diciembre 7, 2023 § Deja un comentario
Hoy en día, la creencia en Dios le debe mucho a la sugestión. En el fondo, se trata de un ver como, aunque, en este caso, quizá deberíamos decir de un como si: como si hubiera un Dios. Es cierto que ver es siempre un ver como. No vemos hechos químicamente puros, sino siempre hechos cargados de un cierto saber. Quien ve un matraz —y lo que ve porque posee, al menos, un cierto conocimiento de química— no ve una botella de cristal y luego la interpreta como matraz: directamente ve un matraz… y no puede dejar de verlo. Pues se le presenta como tal. Algo parecido podríamos decir con respecto a la experiencia de lo divino de los tiempos premodernos. Otro gallo nos canta hoy en día. Pues, al no darse Dios por descontado, el que veamos el mundo preñado de Dios corre a nuestro cargo. La cosa no tendría más importancia si no fuera que esta manera de ver no termina de congeniar con el trato que dispensamos a cuanto nos rodea. En este sentido, formalmente no hay mucha diferencia entre creer que hay un Dios que nos ampara y estar convencido de que hay extraterrestres que nos vigilan. Con todo, el que no demos a Dios por descontado —o mejor dicho, que no debamos darlo— quizá sea el pistoletazo de salida de la fe. Pues difícilmente habría habido cristianismo si el enviado no hubiera llorado sangre en Getsemaní. Pues Getsemaní significa puede que no haya Dios De hecho, solo desde esta posibilidad, vivida a flor de piel, el creyente llega a confesar al crucificado como Dios —y no como si fuera Dios.
