por qué el porqué
julio 21, 2024 § Deja un comentario
¿Por qué importa saber si nuestras convicciones morales son algo más que la expresión de un sarpullido emocional? ¿Por qué importa, en definitiva, saber si hay Dios? Espontáneamente, hoy no nos lo parece. Pero, antiguamente la pregunta por la existencia de los dioses se hubiera entendido como si nos estuviéramos preguntando si había jabalís en tal o cual bosque. Desde Hume, estamos predispuestos a admitir que no hay bien ni mal en los hechos, sino en cualquier caso, como dijera posteriormente Nietzsche, una lectura moral de los hechos. ¿A qué se debe, entonces, nuestra inclinación a fijar el Bien en lo natural? ¿Qué hay detrás del esto es así —y no puede ser de otro modo? ¿Acaso la necesidad de saber a qué atenernos? Pero ¿para qué? ¿Quizá para que la resignación tenga un motivo? Es posible. Sin embargo, ¿no será que de lo que se trata, en el fondo, es de poder llevarle la contraria al imperio de lo real —de lograr su modificación? Puede que Nietzsche tuviese razón al sostener que todo es voluntad de poder —que, al fin y al cabo, no podemos soportar no ser un Dios.
la polémica donatista
julio 20, 2024 § Deja un comentario
Un sacerdote —un representante de Dios— ¿tiene qué ser ejemplar? La repuesta más espontánea no concibe otra posibilidad. Como sabemos, esta es la cuestión que hay tras la polémica donatista —una polémica que, en su territorio, Agustín zanjó con mano firme, demasiado firme. Como también es sabido, Donato defendió, frente a la corrupción de las iglesias ya asimiladas al Imperio, que cristianamente era inadmisible que los miembros de la jerarquía eclesial fuesen unos ambiciosos sin escrúpulos. Probablemente, es lo que hoy en día firmaríamos casi sin pestañear. Agustín estuvo, sin embargo, en la otra orilla. Y es posible que la doctrina sobre la eficacia de los sacramentos —una doctrina que Trento convirtió en dogma— arraigue en esta polémica. Así, el bautismo, pongamos por caso, sería eficaz por el solo hecho de aplicarse: ex opere operato.
Sin embargo, el argumento de fondo de Agustín apuntaba al hecho de que nadie puede decir de sí mismo que sea moralmente intachable. La distancia con respecto a Dios —lo que tradicionalmente se entiende como pecado— nos afecta todos por igual. Por no hablar del no querer saber nada de Dios que habita en lo más profundo de cada uno. Massa damnata. De acuerdo. Ahora bien, no nos parece que sea lo mismo que el sacerdote tenga una amante que se dedique, en sus horas libres, al tráfico de órganos. ¿Por dónde cortar el pastel? ¿Dónde trazar la frontera? Ciertamente, Agustín no sostuvo que diera igual una cosa que otra. Más bien, su idea fue que el bautismo seguía siendo válido aun cuando hubiera sido administrado por un corrupto.
En cualquier caso, no me atrevería a decir que haya una respuesta objetiva a la cuestión. Pues la frontera se dibuja siempre en relación con una sensibilidad, culturalmente determinada. Es decir, en relación con los que nos parece admisible. También hubo sacerdotes junto a los carniceros de la historia.
Al fin y al cabo, como vieron los sofistas, una cultura es un dispositivo lingüístico que nos obliga a ver lo que en el fondo son diferencias de grado como si fueran de naturaleza. Así nos decimos, pongamos por caso, que no es lo mismo seducir a una mujer que forzarla… aun cuando en ambos casos de lo que se trata es de la violencia. De ahí que los sofistas fuesen capaces de imponer a un auditorio otra visión de las cosas —otro parecer— simplemente desplazando la frontera, no ya con razones —pues no hay aquí objetividad—, sino con palabrería que cuela como argumento indiscutible, cuando lo cierto es que dicha palabrería se limita a reorientar la sensibilidad. La retórica siempre fue una habilidad.
Ahora bien, lo que esto implica es que, por mucho que seamos conscientes de lo que acabamos de decir, difícilmente podremos desprendernos, a la hora de tomar decisiones, de lo que nos parece que es. El cuerpo manda… mientras no sepas montarlo. Y por eso cuesta suspender el juicio, mantenerse a distancia de las apariencias. Estas se implantan como algo obvio —¿acaso no lo ves? Los resultados de la reflexión, aquellos que nos sitúan en el territorio vaciado de presencias del en sí, no son incorporables como quien no quiere la cosa. En realidad, exigen el apoyo del imaginario que la reflexión quiso, precisamente, superar —de los mitos verdaderos, dirá Platón. El Dios dirá —esto es, juzgará— no es, simplemente, una superstición. Aunque tampoco una obviedad.
teología e ironía
julio 18, 2024 § Deja un comentario
Estoy convencido de que la teología es demasiado seria como para permitir que los seres humanos piensen teológicamente sin alegría e ironía. Tratar de ser tan serio como el tema sería arrogante, y podría llevar al oyente/lector a creer que considero que todo es exactamente como lo describo. Últimamente estoy aún más convencido de la necesidad teológica de la ironía —y de su primo más noble, el humor— como salvaguardia contra la idolatría. Creo que esa es una de las razones por las que Jesús eligió hablar en parábolas, la mayoría de las cuales tienen un toque humorístico. Y la tradición judía, rabínica, jasídica y contemporánea, se caracteriza por un cultivo persistente de la narración de historias con un sesgo humorístico, un aspecto que a menudo pasan por alto los teólogos «serios».
Krister Stendahl, Paul among jews and gentiles
dinos quién eres
julio 16, 2024 § Deja un comentario
Al enviado —y debido a su rareza— podemos, sin duda, preguntarle: quién eres. Sin embargo, no es esta la pregunta de los discípulos. Más bien, estos se ven obligados a mojarse —¿y tú quien dices que soy?
Me atrevería a decir que creer no es aceptar la respuesta a la pregunta que le dirige el creyente a aquel en quien quisiera creer —“dinos quién eres… para que podamos creer en ti”, leemos en el Evangelio de Tomás—, pues en este caso la creencia se asienta sobre la necesidad del creyente de encontrar un hacia dónde. Creer es, antes que nada, responder a la demanda del enviado. Y es que quizá lo que no terminamos de admitir —y la pregunta de algún modo revela— es que lo que está juego es, precisamente, el quién del Mesías. Basta con imaginar que nadie hubiera hecho el más mínimo caso al que anduvo por Galilea anunciando la proximidad del día D. ¿Acaso no habría pasado por delirante —uno más? Ciertamente, la fe se transmite a través del testimonio: Pedro confesó . Y esto supone que se nos da la respuesta antes incluso de que podamos escuchar la pregunta a la que Pedro respondió. Los primeros cristianos comenzaron a creer porque se fiaron de Pedro —o de Pablo, Santiago, Andrés… Pero que este fuese el primer paso —y lo siga siendo— no les ahorró que, más adelante, tuvieran que responder, por su cuenta y riesgo, a la pregunta crucial.
Sin embargo, lo dicho hasta ahora no significa —o no necesariamente— que la fe en el Mesías solo sea una proyección imaginaria de los creyentes. Significa que el Mesías no puede llegar a ser el que es sin la adhesión —el reconocimiento, la fe, el fiat— de los hombres. Y aquí, resulta inevitable traer a colación aquella sentencia que leemos en el Talmud: si tu crees en mí, yo soy; si no crees, no soy.
el hijo
julio 15, 2024 § Deja un comentario
Hablemos del hijo que se niega a desconectar a su madre, la cual, siendo consciente de sí misma, apenas puede mover una pestaña. Y no solo esto, sino que también charla a diario con ella, está junto a ella, la acaricia. ¿Se equivoca? No me atrevería a decirlo. A menos que el amor sea un error. Pues esto es el amor: un preservar frente a la muerte la vida que nos fue dada —y por extensión, la vida a la que le debemos la vida. Y preservarla hasta el final. No hay amor sin sentido de la deuda.
Ciertamente, el amor es sobrenatural —hoy diríamos superogatorio. No es algo que se nos pueda exigir naturalmente. Otro asunto es la atracción —el gusto, las preferencias. Pues, aun cuando en sus inicios, lo que empuja a los amantes sea el deseo, ningún deseo puede cargar con las exigencias del amor. Todo deseo reposa sobre una ilusión. De ahí que el amor, de darse, solo pueda tener lugar hacia el final. Esto es, cuando ya no nos queda ninguna ilusión por delante. Al final, no hay apariencias que valgan: todo se nos ofrece crudamente, sin cocción. Así, tan solo desde el horizonte de la nada —y como último acto de resistencia— el hijo puede hallar su definitivo impulso. Ahora bien, en ese caso, el impulso ya no será meramente algo corporal. Y es que desde dicho horizonte, el debes vivir alcanza una dimensión cósmica. Pues la nada abraza cuanto es.
En este sentido, no debería extrañarnos que, para la sensibilidad bíblica, el hacia donde de la existencia sea el final de los tiempos. Pues solo al final se decide nuestra salvación o condena. Y la condena es, en realidad, un quedarse a solas. Sin embargo, para esta condena no es necesario que intervenga ningún juez. Y es que los condenados están solos porque antes condenaron a los otros a morir. De ahí que su redención dependa de lo imposible, esto es, de que alguna de sus víctimas salga a su encuentro y se apiade de ellos. Y esto, obviamente, se halla muy cerca de decir que no habrá redención para los malditos. La resurrección se recibió, en cualquier caso, como un acto de piedad, en definitiva, como la última oportunidad para quienes habitaron —y habitan— los infiernos. Ningún amor verdadero se da sin que medie el perdón. Y es que quienes se aman siempre tienen algo que perdonarse.
Postscriptum: sin embargo, ¿qué hijo podrá cuidar de su madre paralizada… más allá de la visita de cortesía que tranquiliza su conciencia? O mejor ¿qué hijo, sin inmolarse? ¿Acaso su inmolación no sería un abandonarse a la madre que, al quedar enmudecida, lo abandonó? ¿Quizá solo podrá dar el paso cuando, de hecho, deje de confiar en su posibilidad —cuando haya dejado de creerse alguien? No entendemos nada de lo que dice el cristianismo sobre el sacrificio expiatorio mientras sigamos teniendo en mente a un superman, eso sí, de naturaleza espectral, como Dios. Pues lo que revela el silencio de Dios en la cruz es, al fin y al cabo, que Dios-en-sí —esto es, al margen de su incorporación— coincide con su humillación.
making love
julio 14, 2024 § Deja un comentario
Cuando el amante cierra los ojos de satisfacción, se aísla de quien se la provoca. En la cama, los amantes no tendrían que dejar de mirarse a los ojos… si quisieran permanecer en la verdad de lo que hacen —en la revelación que supone el encuentro. Pues siempre nos miramos a los ojos desde el indigente que, en definitiva, somos —y únicamente como indigentes llegamos a encontrarnos.
Sin embargo, de ser así ¿acaso los amantes no parecerían unos iluminados? ¿Quiénes podrían soportarlo durante demasiado tiempo? Hay verdad. Pero para nosotros tan solo el bello instante, el acontecimiento, la irrupción vertical de lo que ningún mundo puede preservar. Aquí no hay metodología que valga —ninguna receta que nos permita eludir la caída en el tiempo. En cualquier caso, memorial y esperanza: que vuelva lo que se nos dio. La caricia sería, por tanto, el gesto de lo verdadero: rozar con la punta de los dedos, pero en ningún caso apresar.
la búsqueda
julio 13, 2024 § Deja un comentario
Imaginemos que hubiese quien buscase sinceramente a Dios como quienes buscaron los restos del Titanic. ¿Acaso podría interesarle ——y por tanto, hacer— algo que no fuera esto? Al margen de esta búsqueda —y de sus resultados—, no somos ni fríos, ni calientes. Y no ignoramos lo que hará Dios con los tibios —vomitarlos. Ap 3,16.
Ahora bien, ¿qué nos dicen los evangelios al respecto? Pues que quien termina por encontrar a Dios topa con su enmudecimiento. Dios es terrible porque es terrible su silencio. Dios en verdad ocupa el lugar del dios. Y lo que esto significa es que la realidad de Dios —de su absoluta alteridad— coincide con su falta de entidad. De lo contrario, ¿qué exceso para Dios —qué trascendencia? Pero Dios es su misericordia, se nos dirá. De acuerdo. Sin embargo, cristianamente, la misericordia de Dios es la del abandonado de Dios que, abandonándose a Dios, perdona a quienes siguieron golpeando el clavo. Y ello porque la raíz de esta misericordia es, precisamente, Getsemaní. Al fin y al cabo, nadie intima con Dios que no hunda su rostro en la tierra.
De ahí que, según el cristianismo, Dios no sea solo el Padre. Sencillamente, el Padre, en sí mismo, aún no es nadie sin el Hijo. Y me atrevería a decir que aún estamos lejos, cuando menos, de comprenderlo.
justificación y alteridad
julio 12, 2024 § Deja un comentario
La pregunta por la justificación del deber moral —¿por qué , pongamos por caso, el don exige tener cuidado?— solo cabe donde el sujeto del conocimiento ocupa el lugar de Dios. Pues donde tenemos en cuenta la realidad de lo absolutamente otro, la pregunta por las razones que nos obligan moralmente carece de sentido. En el fondo estas razones se apoyan siempre en un factum —en el caso de Kant, por ejemplo, que seamos aquellos que se hallan sometidos al imperativo de la razón. Para quienes la trascendencia de la alteridad —una alteridad que anda rozando la nada— sigue siendo una evidencia, el deber va con la aparición. De hecho, la existencia no puede eludir el imperativo bajo el que se encuentra. El connatus essendi no es solo un asunto biológico. O lo es solo para quien no es consciente. Una vez surge el yo, el propio en sí deviene un para sí. La rosa, al fin y al cabo, es sin porqué.
dominio y profanación
julio 11, 2024 § Deja un comentario
Leemos en el Génesis (1, 28): creced y dominad la tierra. Se trata de un imperativo muy extraño, si se piensa bien. Sobre todo, si tenemos en cuenta que profanar significa usar lo que, en principio, era sagrado, esto es, sustraído al dominio del uso —y, por eso mismo, propiamente inútil— en tanto que pertenece a la esfera divina. La extrañeza del mandato de Dios reside en que, si se trata de dominar la tierra, entonces no hay nada a nuestro alrededor que sea estrictamente sagrado: todo se encuentra bajo el horizonte del dominio. De ahí que no quepa, desde la óptica de Israel, divinizar la naturaleza.
Ahora bien, ¿qué significa aquí dominio? No, estrictamente, explotación. Pues el horizonte del mandato es el don. Y, con respecto a lo dado, pesa más el respeto que la libre disposición (y más si media un testamento). En lo dado permanece la huella del donante —y consecuentemente, un sentido de la deuda: debes cuidar de lo que te ha sido dado. Destruir el don supone destruir el vínculo con el donante.
Sin embargo, eso es, precisamente, lo que sucedió. La humanidad, al existir de espaldas a Dios, lo cual, dicho sea de paso, es algo que Dios mismo facilitó al dar un paso atrás durante el séptimo día, olvida el carácter dado de lo dado. Es decir, pasa a explotar la tierra. Y la explotación de la tierra es inseparable de la explotación de unos hombres por otros. De ahí que, desde la óptica de los profetas de Israel, aparezca lo sagrado en la tierra: no ya la piedra o el tótem, sino el excluido por los hombres: el sobrante, el leproso, el inservible. En este sentido, el sobrante, en tanto que apartado del mundo, se revela como la huella —el eco— de un Dios trascendente hasta la desaparición. O lo que, bíblicamente, viene a ser lo mismo: hasta su por-venir.
autor y dependencia
julio 10, 2024 § Deja un comentario
Un autor se equivoca cuando da por sentado que su obra tiene que imponerse por sí misma. Y es que al darlo por sentado lo que cree es que la obra es, precisamente, suya. Sin embargo, un autor es siempre siervo de las palabras de la tribu, en definitiva, del lenguaje. Cuando se pone a escribir es, inevitablemente, conducido por el texto —la textura— de una lengua. Un autor se limita a seguir el hilo. Así, escribe lo que escribe como un náufrago lanza su botella al mar. Que evite el destino de Casandra dependerá de que alguien encuentre esa botella (y la considere digna de ser leída, esto es, legible). En manos de. Como siempre.
cosas de la felicidad
julio 9, 2024 § Deja un comentario
Escribe Agamben en Profanaciones: “(…) la antigua máxima según la cual quien se da cuenta de que está siendo feliz, ya ha dejado de serlo. Así, la felicidad tiene con su sujeto una relación paradójica. Aquel que es feliz no puede saber que lo está siendo; el sujeto de la felicidad no es un sujeto, no tiene la forma de una conciencia, aunque sea la más buena.”
Sin embargo, creo que el asunto admite alguna que otra nota al pie. Y es que si me preguntasen si soy feliz, diría que sí. Pues hago lo que quiero. Es decir, permanezco en el espíritu de la búsqueda. Tampoco es que lo haya elegido como quien escoge entre helados de diferentes sabores. Ahora bien, es cierto que no puedo decirme a mí mismo lo feliz que soy… sin añadir unos puntos suspensivos. Esto es, no puedo decírmelo como quien constata que llueve. Y no porque no lo sea, sino porque no busco la felicidad. Busco lo que busco. La felicidad, la cual no excluye el sinsabor, siempre fue un producto lateral.
Otro tema, aunque relacionado, es el momento de la sensación verdadera, un momento sin porqué: los niños juegan en el parque, los pájaros revolotean a su alrededor… y todo está bien. Es lo que Israel denominaba bendición. Y quizá por eso mismo, el tiempo es caída.
The Conjuring
julio 8, 2024 § 2 comentarios
Muchos creen en Dios como aquellos que creen en fantasmas. Así, hay Dios como hay fantasmas. Sin embargo, diría que su posicionamiento ante la creencia no es, exactamente, el mismo. Quienes se toman en serio su creencia en espectros viven para localizarlos. Donde hay noticias de una casa encantada, ahí van con sus detectores. Algo parecido podríamos decir de quienes se dedican a buscar señales de vida inteligente en los confines del cosmos.
En cambio, no parece que quienes dan por sentado que hay un Dios ahí arriba estén muy interesados en encontrarlo. Quizá porque dan por hecho que eso, precisamente, no es posible. Pero, en cualquier caso, ¿cómo es que no sienten un continuo estremecimiento? A los cazafantasmas ¿acaso no se les eriza la piel al entrar en donde se escuchan voces? Los padres que están convencidos de que pueden volver a hablar con el hijo que murió ¿no contratarán los servicios de un medium? Más aún, los mismos que dicen creer en Dios ¿no son los primeros de tachar de enfermos mentales a quienes se obsesionan con la aparición de Dios? Que puedan seguir creyendo ¿es que no depende de que Dios sea obviado, precisamente, una vez lo dan por descontado? Y que esto sea así, ¿no nos da a entender que, más que creer en Dios, permanecen instalados en su idea de Dios… la cual está, por eso mismo, al servicio del mapa mental que dota de sentido a su existencia?
la cura
julio 7, 2024 § Deja un comentario
La enfermedad que no admite cura no es una enfermedad. Es una condición. Massa damnata.
conocer lo que es bueno
julio 6, 2024 § Deja un comentario
A nadie se le escapa que no siempre hacemos lo que sabemos que debemos hacer. Por lo común, este saber se entiende en relación con el mandato o la instrucción moral. Pero el asunto cala más hondo. Pues, al fin y al cabo, de lo que se trata es de la libertad, es decir, de hacer cuanto queremos, más allá de nuestras preferencias o deseos. Y la libertad es indisociable de perseguir lo bueno.
Nadie quiere ser, pongamos por caso, médico sin al mismo tiempo querer ser un buen médico (y ello al margen de un posible éxito). De lo contrario, no será médico, sino que se limitará a ejercer la medicina. Quien es médico ama la medicina. Esto es, entra en la dinámica de una búsqueda sin final. Pues amar es buscar lo que en modo alguno podrá (de)tenerse. Un buen médico no descansa mientras no encuentra el diagnóstico que se le pone cuesta arriba; o, de dedicarse a la investigación, mientras no descubra el remedio a una rara enfermedad. Aunque, una vez descubierto, tampoco se detendrá: habrá otra anomalía que resolver.
El bien consiste, por tanto, en perseguir el bien —y ello supone hacer bien lo que vale la pena hacer bien. Lo contrario es la vida de oficio, en definitiva, un olvido de sí. Y de compra en compra y tiro porque me toca.
lo extraño
julio 5, 2024 § Deja un comentario
La dislocación de la experiencia, el hecho de que no veamos la voz que emerge de un cuerpo, por ejemplo; la aparición del fenómeno para el cual toda analogía deviene ridícula; en definitiva, la patencia de lo absolutamente singular,,, todo ello es figura de una extrañeza aún más esencial o primera, la propia de nuestra condición de arrojados. De vivir a flor de piel nuestro haber sido arrancados de no sabemos qué o quién —aunque con respecto a esta raíz tampoco sea posible un saber—, el mundo se nos presentará como un gran trampantojo. Incluso la voluntad de recuperar la sensación de formar parte se nos revelará como traición. O por decirlo en clave bíblica, como infidelidad a Dios. Esto es, como paganismo. Pues un arrancado no es simplemente un alejado. A diferencia de este, el arrancado sabe que la cuestión no es cómo regresar, sino qué hacer con los restos del naufragio. Es decir, con los huérfanos que deambulan a su alrededor.
nihilismo y depresión
julio 4, 2024 § Deja un comentario
La depresión es el nihilismo hecho cuerpo. Para ejercer de nihilista hay que estar, cuando menos, medianamente satisfecho con la vida. La mejor refutación del nihilismo es el nihilista. El deprimido ni siquiera va de nihilista. No puede.
escatología cristiana
julio 3, 2024 § Deja un comentario
Según Lutero, la proclamación de Jesús como Dios tenía que realizarse frente al crucificado… lo cual significa que, cristianamente, quien se dirige a Dios como si Dios siguiese siendo ente espectral —esto es, como si Dios fuese Dios al margen de su cuerpo— se sitúa bastante lejos de la revelación. Por otro lado, los relatos de la resurrección insisten en la corporalidad del resucitado… hasta el punto de que el levantado de entre los muertos llega a comerse unas sardinas con los suyos.
Ahora bien, para captar las dimensiones de la encarnación de Dios —en definitiva, lo que la resurrección revela— hay que ir hasta al final. Y es que lo que buena parte de lo que entra en un cuerpo termina saliendo. Imagino que hubiera sido de mal gusto contarlo… pero quizá no hubiera estado de más apuntar, cuando menos, al momento en que el resucitado buscaba unos matorrales para excretar tras la sardinada.
Es verdad que Pablo se refirió al cuerpo que resucita como pneuma somatikon —como cuerpo espiritual. Pero un cuerpo espiritual es un cuerpo, al fin y al cabo. En principio, se trataría de un cuerpo transformado por la bondad, incapaz, por tanto, de hacer daño. Y esto se halla en línea con lo de la nueva creación o la humanidad nueva. Sin embargo, una cosa no quita la otra.
gnosis y sentimiento
julio 2, 2024 § Deja un comentario
El papel que juega hoy en día la propia experiencia, entendida sobre todo como sentimiento, a la hora de sostener la fe en Dios me recuerda al antiguo gnosticismo. Pues los gnósticos, frente a la temprana institución eclesial, defendían la creatividad visionaria como prueba de haber experimentado a Dios . Por el contrario, los ortodoxos insistían en permanecer pegados a la tradición apostólica. ¿Intransigencia? Es lo que nos parece hoy en día… Pero, dejando a un lado las implicaciones políticas de ambas posiciones —los gnósticos se resistían, evidentemente, a someterse a la autoridad de los obispos—, lo cierto es que, tras la insistencia de la Iglesia oficial, había la necesidad de no olvidar la historia —humana o, mejor dicho, demasiado humana— que conducía a la fe.
El problema, sin embargo, fue que quien mejor leyó el significado de esa historia —Pablo de Tarso— tuvo como punto de partida una experiencia visionaria. Y de ahí que muchos gnósticos creyeran que no hacían más que prolongar las enseñanzas de Pablo. Ciertamente, en los inicios del cristianismo hubo mucha confusión —de hecho, como en cualquier inicio. No obstante, lo que a los gnósticos se les pasó por alto —es un decir— fue que para Pablo la resurrección corporal nunca fue un modo de hablar. Y ello a pesar de que el cuerpo del resucitado no fuese estrictamente carnal. Pero este es otro asunto.
¿un Dios masculino?
julio 1, 2024 § Deja un comentario
Dios no es masculino, dice el teólogo. De acuerdo. Incluso los gnósticos apostaron por una divinidad maternal o, cuando menos, andrógina, más allá del demiurgo. Pero lo cierto es que nuestras imágenes de Dios siguen siendo, por lo común, masculinas. ¿Quizá porque estas acentúan la separación, la distancia, el corte —y por eso mismo impiden que se entienda como experiencia de Dios lo que, en el fondo, es una secreta necesidad de regresar a la matriz?
En cualquier caso, se nos dijo: no te hagas imágenes de Dios. De acuerdo. Pero ¿dónde queda, entonces la devoción, incluso el coloquio? ¿Será verdad que, desde nuestro lado, honestamente tan solo cabe el clamor de quien permanece a la espera? Y si esto fuese así, ¿puede haber otra devoción que no sea la de la rememoración de las historias que sostienen la confesión?
analogia entis
junio 30, 2024 § Deja un comentario
Tradicionalmente, se ha recurrido a la analogía para expresar la relación de las mujeres y los hombres con Dios. Así, se ha dicho —y se sigue diciendo— que Dios es como un padre o como una fuente de agua viva o como… Aun cuando luego se añada que es más que padre o fuente o…., lo cierto es que, pastoralmente, se tiende a subrayar el como. Esta es la manera de proceder de la sensibilidad religiosa.
Ahora bien, si Karl Barth se atrevió a decir que la analogia entis era un invento de diablo —y creo que algo de esto hay— es porque las metáforas que mejor expresan nuestro hallarnos expuestos a la desmesura de Dios, la cual anda rozando la del nadie-ahí, son aquellas que revelan lo conocido como extraño o desconocido. Donde recurrimos a la analogía religiosa, seguimos estando en el centro. No se trata, por tanto, de asimilar el carácter absolutamente otro de la realidad de Dios —pues aquí, por definición, no hay nada que asimilar—, sino de situarnos ante a la extrañeza que nos extraña del mundo. Aun cuando, por eso mismo, debamos aceptarlo como don.
De hecho, la incorporación de las fórmulas de la fe no pasa por hacernos una imagen de Dios a medida de nuestra receptividad —pues ello tiene que ver con la domesticación de la fe—, sino por tragar con las historias de las que surgieron dichas fórmulas, las historias que impiden, precisamente, que lleguemos a hacernos una idea de Dios a gusto del consumidor.
del cuerpo y la gnosis
junio 29, 2024 § Deja un comentario
Como es sabido, los cristianos gnósticos de la Antigüedad se burlaban de quienes creían en la resurrección corporal del crucificado. Como si fuera propio de imbéciles, literalmente, tomarse en serio el testimonio de quienes habían visto al Señor. Para los gnósticos, la resurrección tenía que entenderse simbólicamente, en definitiva, como un modo de hablar de la transformación interior. Hay detrás de esta convicción un desprecio del cuerpo, tan arraigado, por otra parte, en el mundo griego. En este sentido, nada espiritual podía esperarse, por ejemplo, de las relaciones sexuales. Pues es como si alguien pretendiese transformar en una experiencia religiosa el hecho de defecar a diario.
Pues bien, teniendo esto mente, la fijación de la vieja Iglesia en las cuestiones del sexo, su intento de diferenciar aquí entre lo recto y lo desmedido, ¿acaso no debería entenderse como uno de los frentes del combate que libró, y de algún modo sigue librando, contra la gnosis? Otro asunto es que la Iglesia, tradicionalmente se haya quedado fijada en este asunto. Pero una cosa no quita la otra. Quienes, en el campo intelectual, defendieron la resurrección corporal —desde Tertuliano hasta Ireneo— ¿no comprendieron mejor que los gnósticos que no hay experiencia de Dios que no apunte, precisamente, a lo inviable? Es en este sentido que debe entenderse el es cierto porque es imposible de Tertuliano.
Y es que no hay interiorización sin incorporación —sin un hacer cuerpo. Ahora bien, es innegable que en el cuerpo hay de todo. De ahí que la santificación del cuerpo no pase, como creyeron los gnósticos, por purificarlo, sino por ver nuestra condición corporal desde la óptica del don. Por esto mismo, casi podríamos decir que en la gnosis, a pesar de su altura retórica, hay más ingenuidad que en las supersticiones de los cristianos oficiales. Sobre todo, si tenemos en cuenta, las historias, más crudas que naïves, que hay tras las fórmulas del credo.
demoliciones
junio 28, 2024 § Deja un comentario
¿Qué significa que los cielos se derrumben? Que no cabe ya ninguna ilusión; de mayor tendré éxito o encontraré a quien me quiera. Donde los cielos se derrumban no queda tiempo por delante. Sin embargo, la convicción cristiana —aunque no solo— es que todo comienza entonces.
maneras de “ver” al resucitado
junio 27, 2024 § Deja un comentario
En El evangelio de María —un evangelio gnóstico—, leemos que solo la mente es capaz de ver al resucitado. Por su parte, el autor de El Evangelio de Felipe, también gnóstico, sostiene sin rubor que quienes dicen que primero morirán y luego resucitarán están en un error. Y aquí también podríamos hablar de las apariciones que tuvieron lugar tras la ascensión. Paralelamente, en Hch 1, 22 se nos dice que Pedro constituye a Matías, el seguidor de Jesús que terminó sustituyendo a Judas Iscariote en el grupo de los Doce, como testigo de la resurrección… lo cual sugiere, cuando menos, que el haber sido declarado testigo también estuvo en su momento al servicio de la legitimación de la autoridad. No parece, por tanto, que durante los primeros tiempos hubiese un acuerdo sobre cómo entender la experiencia de la resurrección.
En cualquier caso, lo cierto es que, al proclamar la resurrección del crucificado, el creyente se sitúa ante lo, literalmente, imposible. Y esta, me atrevería a decir, es una de las claves del asunto… teniendo en cuenta que los relatos de la resurrección nunca se limitan a señalar, cada uno a su manera, el prodigio, sino que, más bien, lo sitúan dentro del marco de la historia de la redención. Quiero decir que no me parece que la experiencia de Dios pueda distinguirse de la de estar ante la posibilidad de lo imposible en nombre de…, lo que, dicho sea de paso, esta cerca del oxímoron. Muy cerca. De ahí que la moraleja de tot plegat sea que un Dios fácilmente asimilable aún no es Dios. A lo sumo, un trampantojo a medida. De hecho, la primera reacción del creyente ante la irrupción de Dios —ante la revelación de Dios como apestado de Dios— ¿acaso no ha sido siempre la de un rechazo frontal?
el mapa mental del sufrimiento
junio 26, 2024 § Deja un comentario
Podemos hacernos una idea de tot plegat de manera que creamos que el sufrimiento tiene un sentido o propósito. Pero ¿lo seguiríamos creyendo si sufriéramos lo indecible? Hay quienes se han mantenido firmes dentro de los límites de su mapa mental —un mapa en el que todo cuadra—, ofreciendo su sufrimiento al Señor, pongamos por caso. ¿También ofrecerían el de sus hijos mientras agonizan en las cámaras de gas? Quizá.
Tengo entendido que el rabí Akiba murió crucificado como un mártir, incluso con alegría. No así, Jesús de Nazaret. ¿Por qué el primero nos parece un iluminado? ¿Quizá porque, preso de su imaginario, aún no cayó en la cuenta del gran no? ¿No quedamos en que no hay sentido que sobreviva al derrumbe de los cielos sobre nuestras cabezas? ¿O es que acaso no se derrumban? De hecho, da igual. Pues difícilmente podríamos soportar que se realizase el sentido al que apunta la creencia. Pues el todo nunca puede ser el todo para quien es consciente de sí. Incluso en los cielos, Dios tendría que seguir siendo un misterio. Ahora bien, lo que esto significa es que la existencia de los celestiales, aún estaría por resolver. Un espíritu no existe. Es. Como las focas.
se nos prometió…
junio 25, 2024 § Deja un comentario
Que el cristianismo coquetee con el nihilismo tiene que ver con que la cuestión del sentido está, cristianamente, aún por resolver. El mundo no tiene sentido. En cualquier caso, esperamos que lo tenga. De momento, el ruido y la furia siguen siendo dominantes. Ciertamente, según el cristianismo, la semilla ya arraigó en un suelo fertilizado con la sangre del Hijo de Dios. Pero la última palabra aún está por pronunciar.
Ahora bien, lo inquietante del asunto es que la pronunciará un Dios que quiso —y desde un principio— ponerse en manos del hombre que se encuentra en manos de Dios… lo cual nos da a entender que ni siquiera el creyente puede hacerse una idea de cómo tendrá lugar —si es que acaba teniendo lugar— lo que, en definitiva, espera.
un puro significante
junio 24, 2024 § Deja un comentario
Cuando Yavhé se revela a Moisés diciendo aquello de yo soy el que soy —o, teniendo en cuenta la ambigüedad del verbo hebreo,seré— ¿acaso el texto bíblico no nos está sugiriendo que estamos ante un puro significante, esto es, ante una ignotum X sin una descripción definida que nos permita localizar el referente? Que, bíblicamente, no haya concepto que valga para Dios ¿no está muy cerca de decir que el modo de ser de Dios está en el aire, esto es, (de)pendiente?
Sin duda, cabe una lectura religiosa de la naturaleza de esta ignotum X. Es decir, cabe dar por hecho que la esencia de Dios —su modo de ser— permanece más allá de nuestra capacidad de intelección. Pero, en ese caso, Dios en verdad no se distinguiría cualitativamente de los dioses del paganismo. Simplemente, el Dios de Israel sería el más poderoso —o el más bueno, si se prefiere: aquí da igual la característica que escojamos—, un más que, desde la óptica religiosa, simplemente desbordaría la capacidad humana de representación. Ahora bien, el monoteísmo no es una monolatría —aunque comenzase siéndolo. La distinción entre el Dios verdadero y los falsos dioses —la distinción sobre la que pivota la fe monoteísta— cambia las reglas del juego… hasta el punto de que la trascendencia de Dios pasa a sufrirse, no ya como la del vecino de arriba al que nunca hemos visto, pero del que oímos sus pasos, sino como la de un Dios absolutamente otro y, por eso mismo, irreductiblemente extranjero. En verdad, el en sí de Dios es el de lo eternamente insólito. Pues la extrañeza para la que no vale ni siquiera la analogía es, por defecto, la de un nadie-aún-ahí, en definitiva, la de un puro haber. Y aquí puede que valiese la pena tener en mente que el envés de un puro haber —de su absoluto silencio e impenetrable oscuridad— es el de un alguien tiene que aparecer. Por eso, el aún del aún-nadie. El silencio y la oscuridad absolutos siempre fueron el substrato de la aparición. Quizá no sea casual que, en la Biblia, el capaz de Dios sea el que permanece a la espera de Dios, no aquel que lo da por descontado. Sin embargo, lo que no esperaba Israel es que ese alguien fuese, no ya el que desciende de arriba a la manera de un deus ex machina, sino el despreciado por los hombres en nombre de Dios.
Así, no es que Dios sea para nosotros lo que nosotros somos para los ácaros del polvo, sino que la realidad del en sí de Dios se revela como la de un Dios sin entidad —o, mejor dicho, como la de un Dios cuya entidad estuvo en suspenso desde el principio. De ahí que debamos comprender el cristianismo como un judaísmo radicalizado. Pues en el Gólgota, Dios se encontró con su quién. Dios cumplió con su promesa, en tanto que la promesa de Dios es de Dios, sobre la cima de un calvario. La confesión que reconoce a Jesús de Nazaret como Dios equivale a sostener que Dios no tiene otro quién —otro modo de ser— que el de aquel que acabó crucificado por los representantes, precisamente, de Dios. El crucificado no ejemplificó o representó el modo de ser de Dios: fue el modo de ser de Dios.
Con todo, es posible que aún estemos lejos de admitir las implicaciones de la afirmación central del cristianismo, la que proclama sin rubor que no hay otro Dios que el encarnado. O si se prefiere, que no hay otro presente para Dios que el del cuerpo que, siendo fiel a Dios, murió colgando de una cruz en lugar de Dios. Y probablemente meándose encima. Muy indigno tot plegat.
distancias
junio 23, 2024 § Deja un comentario
La distancia teórica —el situarse en las gradas del dios— fue, como sabemos, un invento griego. Como si solo de este modo pudiéramos sobrepasar lo que nos parece que es en la dirección de lo que es. Sin embargo, para caer en la cuenta de lo que es quizá la distancia no sea la de la grada, sino la que impone el no tocarás. De hecho, la distancia teórica ¿acaso no ha hecho posible la gran manipulación? ¿Son los hombres como hormigas? Ciertamente, para el dios.
Así, tan solo sabe lo que es el cuerpo de una mujer quien, por malformación, no puede acceder a ella. Al igual que también podríamos decir que únicamente un ciego que, de repente, recuperase la vista podría decirnos lo que, en verdad, supone que el mundo esté ahí. Sin duda, el saber exige distancia. Pero la distancia de quien constata o mide no es la misma que la de quien sufre una aparición.
de la vida reflexionada, una vez más
junio 22, 2024 § Deja un comentario
La techné —la voluntad de dominio— expresa la reflexividad —el pliegue— de la physis. Ahora bien, y en lo que respecta a la individualidad, lo que esto significa es un volverse contra uno mismo —contra la propia naturaleza. Más aún: lo que implica es la interrupción de toda teleología. Hay individuo donde el sujeto deviene un comienzo para sí mismo. Ahora bien, y por lo dicho, en ese comienzo el individuo carecerá de orientación. O mejor, la orientación le será dada por lo común. Así, al liberarse de la naturaleza, fácilmente caerá en manos de la doxa.
¿Cómo cabe comprender, por tanto, la sentencia platónica que afirma que una vida reflexionada posee más valor que una vida sin reflexionar? ¿Acaso viendo que la negación de sí alcanza también nuestra segunda naturaleza? La libertad ¿no consistirá entonces en un liberarse de sí en nombre de una nada de fondo —o, si se prefiere, de un eterno porvenir? Quizá no fuese casual que la ignorancia socrática respondiera a la convicción de que todo está por resolver. Y que no vamos a resolverlo nosotros. Aunque tampoco un dios.
el poder de su impotencia
junio 21, 2024 § Deja un comentario
Dios es, por defecto, el poder que nos supera por entero —el poder en cuyas manos nos hallamos… y no circunstancialmente. Ahora bien, lo que nos supera no es el dios —el ente superior—, sino la nada de Dios. Pues Dios en sí mismo es su colapso —su contracción. La Ley —el mandato que nos obliga a la fraternidad— se desprende de la negación de sí de Dios. Pues es Ley frente al carácter terrible de Dios, esto es, frente a su nada. El envés del amor de Dios —un amor que, conviene retenerlo, consiste en el sacrificio de sí— es, precisamente, la eterna posibilidad de la aniquilación. En definitiva, la posibilidad de que Dios se haga presente como tal, esto es, al margen del rostro con el que se identificó en el Gólgota. Escupir sobre el crucificado supone, por tanto, elegir la nada de Dios. Por el retroceso de Dios —por su desdivinización— el mundo es lo que hay. Al igual que nuestro estar expuestos al clamor de la Ley va de la mano de la extrema trascendencia de Dios.
ambivalencia del cuerpo
junio 20, 2024 § Deja un comentario
El cuerpo es la zulo del alma, dijo Platón. De acuerdo. Pues las urgencias del cuerpo —los impulsos genéticos— a menudo se enfrentan a nuestra más honda aspiración. Al cuerpo le basta con un buen trato.
Sin embargo, el cuerpo es también el lugar de la incorporación —del caer en la cuenta. Así, pongamos por caso, sabemos que el sí mismo es una máscara —que la imagen del espejo es un trampantojo. Es sabido que somos más que quienes somos. Pues el yo es un continuo diferir del cuerpo con el que se identifica —y de ahí que el yo en cuanto tal aún no sea nadie al margen de su identificación con un cuerpo. Ahora bien, hasta que el cuerpo no muerde el polvo —hasta que no es humillado— el que sepamos que, en el fondo, no somos nadie difícilmente cambia las cosas. En el día a día, seguiremos creyendo lo contrario.
La redención —el llegar a ser alguien— no depende, por tanto, de nosotros. Intentar serlo antes de tiempo —esto es, antes de que abracen nuestra indigencia desde la otra indigencia— es como intentar salir del agua tirando de los propios cabellos a la manera del barón de Münchhausen. Y ello, más que un error, es una estupidez. Las máscaras nunca se amaron. En la feria de las vanidades, tan solo el baile.
manzanas podridas
junio 19, 2024 § Deja un comentario
Si nuestra vida ha quedado reducida a oficio, aunque el motivo inicial fuese heroico, entonces las manzanas podridas acabarán contaminando el cesto en el que nos hallamos. Y es que la dignidad del oficio depende de las apariencias —del brillo de la cera, de la doxa. En cambio, de seguir combatiendo, ciertamente las manzanas podridas seguirán estando ahí —y quién no acaba pudriéndose, aun cuando solo sea de corazón—, pero difícilmente nos hundirán. A pesar del mal olor —o, siendo más estrictos, del dolor. Pues el objetivo no es nuestra perfección, sino el príncipe de este mundo.
En tiempos de indigencia, quizá no esté de más retomar el ánimo de una compañía militar. Al fin y al cabo, la espiritualidad cristiana consiste en buena medida en un volver a levantarse tras caer. Y ello porque el enemigo insiste en derribar las puertas. Sobre todo, la de aquellos que no cuentan.
sin un porqué
junio 19, 2024 § Deja un comentario
La rosa es sin porqué. Es cierto que podemos ofrecer una explicación de cómo llega a florecer. Pero no hay explicación que valga para el interrogante más elemental: por qué la rosa en vez de nada. Todo aparece o tiene (el) lugar desde el fondo negro de la nada de un puro haber. La explicación se mueve en la superficie de cuanto sucede. Ante la aparición —ante el tener lugar—, sin embargo, tan solo cabe el asombro. Y, si se trata de pensar su motivo, la contradicción que sostiene el mundo.
amor al prójimo
junio 18, 2024 § Deja un comentario
La exhortación cristiana a amar al prójimo como a ti mismo es, si se piensa bien, excesiva. Pues no se trata, simplemente, de promover una buena actitud o, si se prefiere, la bondad. Tampoco se trata de añadir o, mejor dicho, subrayar ciertos preceptos morales: no te vengarás, siempre ofrecerás la otra mejilla, no guardarás rencor… La expresión que emplea Pablo cuando se refiere al prójimo es to heteron, cuya traducción sería, otro, diferente, extraño… , lo que, dicho sea de paso, debería darnos una pista acerca de por dónde van los tiros. Pues como decía, no se trata, únicamente, de la amabilidad. ¿Cómo amar a lo que difiereabsolutamente de nosotros? ¿Acaso podemos entregarnos a los ácaros del polvo?
Por otro lado, en Pablo el prójimo es también un igual. Y es que tras la irrupción de los días finales, ya no hay diferencia entre hombre y mujer, amo y esclavo —una diferencia que, conviene recordarlo, justificaba las relaciones de dominio propias del momento histórico. La pregunta salta de inmediato: ¿cómo el igual puede presentarse, a su vez, como extranjero? ¿De qué manera convergen, si es que lo hacen, igualdad y extrañeza?
La respuesta es, cristianamente hablando, inmediata: en relación con Dios, todos somos el mismo indigente. La radical alteridad de Dios encuentra su eco —su envés— en la extrañeza del semejante. Ahora bien ¿podemos amar al otro en cuanto tal, esto es,quererlo? ¿Qué significa realmenteamarlo? ¿Acaso hay amor que no suponga un sacrificio? Difícil que logremos amarlo tal y como merece ser amado, mientras sigamos sometidos al mundo, es decir, mientras sigamos por aquí. Pues el mundo nos obliga al trato —a la negociación, a compensar los desequilibrios de la relaciones de poder con un contrapoder… Y digo difícil —que no imposible— porque hay momentos en los que algunos respondieron sin letra pequeña de por medio a la demanda que nace del nadie que hay tras las máscaras de la personalidad. Pues amar es responder a dicha demanda: vestir al desnudo, alimentar al hambriento… Lo dicho: sacrificio, desposesión de sí… La desmesura de Dios es la desmesura de su mandato, el que nace de las gargantas de la sed.
De hecho, caemos del caballo, cuando se nos revela que el poder de Dios —el poder de su mandato— es el que se desprende de su impotencia. Y esto es casi imposible de tragar, sobre todo, donde aún seguimos esperando su intervención ex machina. La cuestión es si estamos ante una situación que trascienda el sentirse inclinados a la compasión. Pero para responder a esta cuestión es inevitable adentrarse en el territorio, ciertamente pantanoso, de la metafísica —de la pregunta por el haber.
difícil juicio
junio 17, 2024 § Deja un comentario
Decimos: el amor es sacrificial. O las personalidades geniales siempre fueron incomprendidas. ¿Esto es así? Vamos a suponerlo. ¿Cuál es, entonces, el problema? Pues que, aun cuando el amor sea en verdad sacrificial, del sacrificio no se deduce que haya amor. Por definición es así. Pero nunca topamos con el amor, sino con el sacrificio. Y el sacrificio no siempre responde al amor. Es cierto que los individuos geniales están al margen de lo común. Pero no por estar al margen de lo común se es un genio. Como dejó escrito Machado, solo el necio confunde valor y precio. La verdad —lo que acontece en cuanto pasa— no nos permite juzgar. De ahí la necesidad de un discernimiento, el cual, sin embargo, nunca podrá asegurar haber dado en el clavo.
¿Por qué? ¿Quizá porque, como viera Platón, no hay camino de vuelta de lo real a su hacerse presente en lo particular? Y no hay camino de vuelta porque lo real —el amor, la genialidad, la justicia, lo bello…— solo deviene actual desrealizándose. O por decirlo de otro modo, lo real solo aparece desapareciendo como absolutamente real. La aparición implica apariencia. El no-ser se halla en las entrañas del ser. Pues el ser tiene que negarse a sí mismo —darse— para, precisamente, ser. De ahí que lo primero o absoluto sea este acto, el hágase por el que el más allá se distancia del mundo… hasta retroceder a un pasado anterior a los tiempos —hasta devenir, precisamente ab-suelto o divino. Dios —la voluntad o acto originario— es inseparable del falso dios. La religión es la joroba de la fe. Por eso todo cuanto es esté por resolver. El amor, pongamos por caso, solo puede manifestarse no siendo del todo amor. O la belleza. O la justicia. Es lo que tiene que la negación de sí sea el envés de la afirmación.
dice Derrida (y lo que dice ya lo dijo Platón)
junio 16, 2024 § Deja un comentario
A veces la originalidad —o el deslumbramiento— de un pensador depende de que oculte sus fuentes. Y si es capaz de colar algún neologismo, a modo de trampantojo, pues mejor. Por ejemplo, Derrida.
Veamos qué dice en uno de sus textos sobre la justicia: «(…) en este momento mismo en el que yo me dispongo a demostrar que no se puede hablar directamente de la justicia, tematizar u objetivar la justicia, decir ‘esto es justo’ y mucho menos ‘yo soy justo’, sin que se traicione inmediatamente la justicia, cuando no el derecho. (…) La justicia no puede ser tematizada ni objetivada del mismo modo que un derecho o una ley. Y si no es posible aquí y ahora describir algo como justo, el concepto de justicia debe reservarse para otra cosa, algo que no está del todo presente. Porque si localizamos la justicia en algo que es presente y humano, como un partido político o un programa político o un veredicto legal, acabamos por traicionarla.» ¿Acaso no estamos ante un modo de presentar la vieja tesis platónica sobre la trascendencia de lo realmente justo —o lo bello, lo bueno…? Algunos dirán que Derrida no está comprometido, obviamente, con los cielos en los que Platón, supuestamente, ubicó las ideas. Pero Platón nunca dijo, a pesar de que algunos de sus tropos puedan sugerirlo, que la trascendencia de lo real tuviera que entenderse a la religiosa. Más bien, al contrario. Pues lo que sostuvo Platón es que lo justo —o lo bello, o lo bueno… — no puede hacerse presente sin perder por el camino, precisamente, su carácter absoluto o real. En este sentido, la justicia como tal o en sí solo puede ser presentarse al pensamiento como un darle a cada uno lo que se merece. Ahora bien, esto es como no decir nada —o nada en concreto. Pues lo que queda en el aire —acaso nunca mejor dicho— es, de hecho, qué se merece cada uno. Y lo que se merece cada uno dependerá de la sensibilidad, es decir, de lo que culturalmente nos parezca justo. De ahí que, porque hay lo justo, no pueda haber nada en concreto que sea indiscutiblemente justo.
Por tanto, media un hiato entre lo real y su manifestación, siempre relativa a un punto de vista. Sin embargo, este hiato no puede pensarse como si hablásemos de dos mundos —o mejor dicho, tan solo podremos representárnoslo imaginativamente como si se tratase de dos mundos. En realidad, de lo que hablamos es de la desaparición de lo absolutamente justo en su aparecer como ley o decisión justa. Y quien dice lo justo —o lo bello, o lo bueno…—, dice lo que es. Al fin y al cabo, lo real al margen de su hacerse presente —esto es, en su carácter absolutamente otro— no está presente. Y esto equivale a decir que se ubica en un pasado anterior a los tiempos… lo que implica que su lenguaje más propio es el del relato mítico. Puede que no sea casual que Platón fuese un creador de mitos. Y no porque los necesitase a modo de ilustración.
Ciertamente, todo —o casi todo— fue pensado por Platón. Otro asunto es que no nos lo parezca. Sobre todo, si empleamos, a la manera de Derrida y tantos otros posmodernos, un trampantojo conceptual.
¿desmitologizar?
junio 15, 2024 § Deja un comentario
Según Rudolf Bultmann, la cosmovisión del Nuevo Testamento nos queda bastante lejos como para podamos tomarnos al pie de la letra las fórmulas del credo. Pues estas solo resultan inteligibles desde el marco de dicha cosmovisión. Ya no vivimos en un mundo en donde los poderes sobrenaturales intervienen, más o menos espontáneamente, en los procesos naturales. Esto es, ya no vemos —ni podemos ver— los asuntos del espíritu tal y como fueron vistos por los creyentes de la Antigüedad. De ahí que, según Bultmann, tengamos que llevar a cabo una interpretación que, prescindiendo del mito, muestre la decisión existencial que hay por debajo de las fórmulas de la fe, las cuales constituirían, por eso mismo, un modo de hablar que deberíamos poder traducir. Al fin y al cabo, la fe es un compromiso cuyo punto de partida es un acto de confianza.
Ahora bien, el ejercicio de la desmitologización presupone que el lenguaje es algo así como un envoltorio que podemos cambiar sin que se altere lo que envuelve. O no demasiado. Ciertamente, que creamos que nos podemos entender con los primeros cristianos da por sentado que, en el fondo, estamos refiriéndonos a lo mismo. Sin embargo, este es el problema. Pues ni siquiera la palabra Dios puede significar lo mismo hoy en día que en las épocas en las que el cosmos no se presentaba —ni podía presentarse— como un todo homogéneo.
¿Deberíamos concluir que ya no podemos creer en lo mismo? No me atrevería a decirlo. Pues si podemos creer en lo mismo es porque ese lo mismo trasciende los hechos que, durante la época de los primeros cristianos, dieron pie a la fe. Que los primeros cristianos, por ejemplo, dieran por hecho que el crucificado resucitó de entre los muertos —como si los relatos de la resurrección fuesen una historia de zombies buenos—, explicaría en cualquier caso su fe. Pero que dieran por hecho que el crucificado se apareció a unos cuantos elegidos tras el tercer día no nos permite comprender el alcance universal de la esperanza creyente. Para ello, más que esforzarnos en encontrar una buena traducción —si es que pudiera haberla, sin traicionar el sentido original de las palabras—, deberíamos aprender a leer mejor el mito. No podemos prescindir del mito sin tirar al niño con el agua sucia. Y no podemos hacerlo porque el mito es, en el fondo, el logos de lo que trasciende la totalidad. En definitiva, la expresión simbólica de la negación de la nada que abraza cuanto es y por la que el todo es aún el no-todo.
Al fin y al cabo, si podemos, cuando menos, comprender el carácter católico del cristianismo es porque el lenguaje con el que, de entrada, se expresó contiene elementos que desbordan el marco cultural al que perteneció dicho lenguaje. Por tanto, una buena lectura debería comenzar admitiendo que los primeros textos cristianos, incluyendo los de la dogmática cristológica, fuerzan las palabras de la tribu para obligarlas a decir lo que, en absoluto, dichas palabras pueden admitir como hechos. Ni entonces, ni ahora. Me refiero, en última instancia, a la posible imposibilidad de Dios. Así, las fórmulas del credo recurrirían al lenguaje religioso para proclamar lo que, desde los presupuestos de la religión, es sencillamente inadmisible. ¿Acaso podemos religiosamente aceptar que Dios tenga cuerpo —y un cuerpo que terminó colgando de la cruz— o que no sea aún nadie sin su cuerpo? Con todo, el triunfo histórico del cristianismo quizá se deba en buena parte a que, a pesar de lo dicho, terminó entendiéndose a sí mismo en clave estrictamente religiosa. Tampoco debería extrañarnos… si tenemos en cuenta que cualquier superación —y el cristianismo supera las coordenadas religiosas en las que se inscribe— siempre conserva en su seno lo que supera.
En consecuencia, si esto es así —y creo que lo es—, entonces sería irrelevante, a la hora de comprender las fórmulas de la fe, que antiguamente, a diferencia de hoy en día, se diera a Dios por descontado. Pues, en verdad, lo que revela el Gólgota es que Dios —y como expresión, en definitiva, de la voluntad de Dios— no es alguien que podamos dar, precisamente, por hecho. Creer en lo mismo, por tanto, tiene que ver con que este lo mismo no es, en el fondo, una posibilidad del mundo. Ni puede serlo si hablamos de Dios.
sin dientes
junio 14, 2024 § Deja un comentario
Hoy, tras décadas de cristianismo progresista, abominamos de la Ley del Talión. Y más si figura como inspirada en la voluntad de Dios. Como si fuera no solo una depravación moral, sino también religiosa. ¿Acaso Dios no puso la otra mejilla?
Sin embargo, en su momento, fue un progreso moral. Pues imaginemos que, antes de que se impusiera el diente por diente, alguien hubiese herido, aunque fuese accidentalmente, a quien poseía más poder que él. Probablemente, no hubiese recibido, a cambio, una herida equivalente, sino algo más —por ejemplo, ¿una muerte horrible? La Ley del Talión supuso, con la excusa de Dios, una limitación de la violencia arbitraria. Como también un modo de evitar su escalada. Al menos, sobre el papel.
de lo verdadero
junio 13, 2024 § Deja un comentario
La verdad es lo inmodificable de la existencia. Esto es, lo real. Que sea además la afirmación verdadera —o, si se prefiere, una representación adecuada a los hechos— es secundario. Y, de entrada, lo inmodificable es la muerte. Creer que podremos superarla es ingenuo. Y no porque no sea posible, sino porque, de lograr la inmortalidad, no es que fuésemos ya dioses, sino que pasaríamos a ser, definitivamente, idiotas. Esto es, como las bestias. Ninguna profundidad cabe esperar del inmortal —ninguna inquietud o desazón… salvo la que provoca la necesidad. Aunque quizá un dios siempre fue más estúpido de lo que llegamos a imaginar.
el crucificado
junio 12, 2024 § Deja un comentario
Al final, el enviado cayó en la cuenta de que no había Dios que pudiera descolgarlo. E hizo algo muy extraño: se abandonó a Dios. Si la historia hubiera terminado aquí ¿qué podríamos proclamar? ¿Alguna buena noticia para los abandonados de Dios? Este abandonarse a Dios ¿no fue un gesto inútil, por no decir absurdo?
Pero hubo resurrección, se nos dirá. De acuerdo. Ahora bien ¿aún la puede haber para nosotros? Y aquí no valen las componendas, el trapicheo de los nuevos lenguajes. Esto es, no vale entender la resurrección de los muertos como si fuera un modo de hablar de la supervivencia del alma. Una vida de espectros más allá de la muerte —por no hablar de la disolución en el océano de los muñequitos de sal— no es la respuesta que espera el padre que le dice a su hijo, antes de entrar en las cámaras de gas, “tú debes vivir”.
de la donación y el formar parte
junio 11, 2024 § Deja un comentario
Diría que una existencia abierta a lo que nos supera o trasciende puede partir de dos convicciones. O bien, aquella que afirma que formamos parte de aguas que nos cubren —la expresión es de Merton; o bien, la que experimenta el mundo como dado. No es exactamente lo mismo. La primera convicción es religiosa. Así, conforme a esta deberíamos ajustarnos a lo que exige el orden del que, precisamente, formamos parte. Al fin y al cabo, se trata de participar del lado bueno de la naturaleza, la cual, y por eso mismo, será inevitablemente divinizada. Aunque no se crea en ningún dios. Todo queda, sin embargo, en casa. La trascendencia es, sencillamente, el todo —y el mal, un error de perspectiva.
Desde la segunda óptica, en cambio, la naturaleza es vivida como dada. Esto es, como donación. Ahora bien, el asunto es cómo entender esta donación. Pues aquí aún es posible entenderla a la religiosa: como si fuera el presente de un ente superior. Es cierto que la imaginación no puede evitar verlo así. Pero quizá no sea anecdótico que bíblicamente se entendiese la donación como testamento. Y es que, para el pueblo de Israel, la trascendencia de Dios siempre se sufrió como aquella que andaba ronzando la nada —y de ahí que el creyente permaneciese a la espera de Dios. Dios fue siempre el Dios del séptimo día, un Dios que, tras retroceder a un pasado anterior a los tiempos, estaba eternamentepor venir. No es casual que la espera de Dios solo llegara a concretarse como la esperanza en la venida del Mesías. En cualquier caso, quienes padecen, en el sentido más amplio de la expresión, la trascendencia de Dios, las imágenes no bastan. En su lugar, las historias —y la Biblia está a rebosar de ellas. En realidad, las imágenes siempre estuvieron al servicio de una fe acomodada.
Evidentemente, la trascendencia no es, según Israel, la de una dimensión oculta. Y quizá por eso mismo tenga dos lados: el de la luz y el de las sombras… como supo —y sufrió— Job. De ahí que, bíblicamente, la creación esté por resolver. Para la sensibilidad bíblica, el todo es el aún-no-todo.
Como decía, la inquietud de Israel no es exactamente la mismo que la de quienes se preguntan qué deberíamos hacer para sumergirnos en las aguas que nos cubren. Esto es, en última instancia, paganismo. Nadie niega, sin embargo, que las aguas nos den mucha paz. El problema es que, para quienes sufren la violencia de los que no tenemos piedad, las aguas siempre fueron las que ahogaron a sus hijos.
