ligas
noviembre 12, 2021 § 1 comentario
¿Cómo discutir con un niño sobre asuntos que importan —con aquellos hombres y mujeres que juegan en otra liga—? No es posible. Sobre todo, si falta humildad —si se desprecia cuanto se ignora—. Por eso Pitágoras exigía cinco años de silencio a sus discípulos. Y si no se es discípulo, una sonrisa amable. A los niños siempre hay que sonreírles.
una nota a Platón (una más)
noviembre 11, 2021 § Deja un comentario
¿Qué hay? Cosas, decimos. Obvio. Sin embargo, para esta obviedad no hubiera hecho falta ningún Platón. Es cierto que las cosas están (en el) ahí. Pero no permanecen en el ahí —no tienen (el) lugar: pasan, suceden, aparecen como lo que está destinado a desaparecer (y por eso mismo, decimos espontáneamente que no acaban de ser). Por tanto, ¿qué hay —que permanece— en todo cuanto pasa? La respuesta es inmediata: el puro ahí —la simple exterioridad, el haber—. Ahora bien, conviene tener en cuenta que el haber no es cosa, sino el horizonte de cualquier cosa. El ahí es lo invisible de lo visible —y que hablemos de el ahí no deja de ser una impostación, una hypostasis—. El haber, por eso mismo, solo puede ser pensado como el silencio que abraza el mundo —su ruido y su furia—. En términos de Platón: como lo que trasciende el mundo —como lo que retrocede en su aparecer como algo del mundo. Y decir retrocede significa que no hay experiencia del haber como tal, sino siempre de un algo, esto es, de un modo o forma del haber. Para que la hubiera, el mundo tendría que callar —que guardar (el) silencio: pero el mundo no calla.
En este sentido, el haber es lo siempre presupuesto en nuestro percibir el mundo. El mundo es lo apropiado a —y por— una sensibilidad. Y nada hay que sea esencialmente otro o extraño en lo apropiado, salvo lo que damos por sentado (y por eso mismo obviamos). De ahí que el puro haber sea motivo de nuestro asombro (aunque no podamos mantenersnos en él, ante el absoluto ahí: habitamos un cuerpo, y un cuerpo solo atiende a las apariencias, a lo provisional; en este sentido, nos distrae, y a veces duramente). No conocemos el haber como conocemos algo del mundo. En realidad, el haber carece de entidad y, por consiguiente, anda junto a la nada. Es lo que tiene el retroceder.
Con todo, si las cosas pasan en vez de permanecer, no es porque en ellas haya algo así como un déficit de ser, sino porque el desaparecer va con el haber. O por decirlo de otro modo: si las cosas no terminan de ser lo que parecen —si no acaban de ser lo que se les exige o debieran ser— es porque son plenamente. Nada permanece porque permanece la nada. O mejor, porque la nada se ofrece como aparición. Aquí, sin duda, estamos cerca de caer en el nihilismo. Pero también de percibir la existencia como milagro.
amistades de ultratumba
noviembre 8, 2021 § 1 comentario
El problema del Dios-amigo es que, fácilmente, deja de inquietarnos. Ahora bien, un Dios que no nos saque de quicio no vale como Dios. Aunque, ciertamente, no solo nos desquicie.
hogar y verdad
noviembre 5, 2021 § Deja un comentario
La familiaridad anula lo que de otro hay en el otro: su extrañeza deviene invisible. Ninguna aparición en el hogar. La costumbre es enemiga de la verdad (pues la verdad es lo que en verdad tiene lugar y no simplemente sucede). La mejor manera de percibir al otro es en el instante de su aparición: vino y se fue. No hay otro que no sea un ángel. Aunque su cuerpo permanezca junto a nosotros.
y una más, de Pluto
noviembre 4, 2021 § Deja un comentario
Como otro o ab-suelto, lo real es en su des-aparecer —en su retirarse o paso atrás donde se muestra a un punto de vista (y por eso mismo en relación con, es decir, relativamente). Ahora bien, si tenemos en cuenta que lo real es también lo que aparece, esto se halla muy cerca de decir que lo real no es. Al final, pura dialéctica: es absolutamente otro en la medida en que, siendo, no es —no aparece—. Más aún: si las cosas, según Platón, participan de lo real —lo hacen presente—, entonces podríamos decir que no terminan de ser, precisamente, porque son. Y es que lo real va, como decíamos, con su desaparición —con su fuga—. Así, en nombre de lo real —en nombre de lo eterno—, nada hay más allá de lo corpóreo, caduco o histórico. Para la filosofía no cabe, por consiguiente, un final de los tiempos.
nihilismo y experiencia de lo divino
octubre 30, 2021 § Deja un comentario
Por lo común, y en ciertas canchas, se asocia la experiencia mística al nihilismo. Dios, al fin y al cabo, no es nada en concreto. Sin embargo, no hay que ser muy místicos para entender el nihilismo como la experiencia más cercana a la del primer hombre ante el exceso de lo natural, sobre todo, cuando la falta de sentido es vivida a flor de piel: tú, sencillamente, no cuentas; no eres nadie. El paso de la nada al nadie es, de hecho, muy corto. No es necesario apuntar a lo oculto para sentir religiosamente el mundo. Basta con la desmesura de un cosmos sin fin. Todo éxito es ridículo. De ahí que podamos preguntarnos cómo fue que, en un momento dado, llegáramos a imaginar que un dios pudiera tenernos en consideración. ¿Es que no pecamos de narcisismo al creer que un dios podría interesarse por nuestros sacrificios? Por no hablar de la idea gnóstica de que hay en nosotros una chispa divina… La magia, ese intento de capear técnicamente el temporal ¿no fue acaso más honesta? Nuestra época, tan tecnológica, ¿no representará, por eso mismo, el regreso de los magos? En cualquier caso, no hay fe que no atraviese los lager donde el nihilismo se impone como una revelación.
the absolute sound
octubre 29, 2021 Comentarios desactivados en the absolute sound
La filosofía puede pensar lo absoluto —lo enteramente otro o extraño. Pero no puede, literalmente, incorporarlo a la existencia. Para el filósofo, la alteridad de lo real permanece en el plano de lo abstracto. De ahí que su inquietud termine en una variante del escepticismo socrático: hay más, pero no para nosotros. Ni siquiera cabe decir que se trate de algo en concreto —de algo que pudiéramos ver si llegásemos a cruzar la puerta. En realidad, no puede darse como tal, pues precisamente se da como lo que no se da en su mostrarse a una sensibilidad.
Sin embargo, quien posee una sensibilidad religiosa no quiere renunciar a integrar, al menos hasta cierto punto, lo absoluto o, si se prefiere, lo último. Quiere estar ante Dios, aunque sea sin Dios. En este sentido, el creyente no puede evitar ir en busca del icono, del rostro cargado con el poder de la bondad —al fin y al cabo, en busca de la aparición del ángel. Tan solo el ángel nos salva del infierno de una existencia sin prójimo. Nada nuevo puede haber —nada que interrumpa el eterno retorno de lo mismo—, salvo la aparición. Aun cuando, por defecto, lo absolutamente nuevo no pueda durar. Pues de lo contrario, fácilmente llegaríamos a acostumbrarnos a su presencia. No hay aura que resista la fuerza de la costumbre.
Con todo, es posible que el creyente ignore que el ángel aparece, no como el que nos deslumbra, sino como aquel que pide que lo descolguemos de su cruz. Un ángel más que seducirnos, nos repugna. Al menos, de entrada.
amor y perdón
octubre 25, 2021 § Deja un comentario
El amor, frente al mito romántico, es un fruto tardío. Casi diría que surge del perdón de lo imperdonable (y como decía Derrida, solo cabe perdonar lo imperdonable; lo que no, exige tan solo una disculpa). Acaso no haya vínculo más fuerte que el que nace de un haber sido perdonado. Esto es, entre heridos. De ahí que el amor solo pueda ser narrado como historia de amor. Y esta no termina con las perdices. Más bien, comienza.
uno fariseo, otro publicano (y además Maslow)
octubre 17, 2021 § Deja un comentario
¿Es posible que los cristianos de misa sean, en su mayoría, los fariseos de la parábola de Lucas (Lc 18 9-14)? ¿Acaso no se sienten tan satisfechos con su fe (y de paso, consigo mismos)? Maslow nos da una pista. Primero, hay que cubrir las necesidades básicas: comer, vestirse, un hogar… Tan solo en la cúspide de la pirámide encontramos las necesidades espirituales. De ahí que quizá no sea casual que los cristianos más cercanos a la Iglesia —o los más sensibles a las cuestiones de fondo— hayan sido, por lo común, aquellos a los que nos sobra. Para los que tienen de menos, el cristianismo solo puede ser mesiánico (y esto significa que, en términos de Maslow, las necesidades espirituales de los pobres son muy básicas, muy corporales). Pues están convencidos —y convencidos a flor de piel— de que únicamente un enviado de Dios podrá sacarlos del pozo.
Pero los profetas siempre acabaron mal, apedreados, precisamente, por los representantes del dios que garantiza el orden natural. Entonces ¿qué esperanza les queda a los desgraciados, al margen de la revolución (y esta vez sin ninguna intervención ex machina)? ¿Un Dios crucificado? Ahora bien, esto ¿no está muy cerca de decir que no hay esperanza para los excluidos? De no haber habido resurrección, esta sería, sencillamente, la dura lección del Gólgota. Por eso, la fe en la resurrección sigue siendo decisiva, hoy en día como antiguamente, para la supervivencia del cristianismo en cuanto tal. Como dijera Pablo, de no haber habido resurrección, la fe sería una estupidez (o si se prefiere, un chute de opio). Sin duda, puede sobrevivir como una espiritualidad entre otras, pero en ese caso ya no sería cristianismo, sino algo parecido a una creencia oriental con temas cristianos. No obstante, el problema que plantea la resurrección, y no solo modernamente, es que resulta increíble (y aquí, con la intención de salvar los muebles, no vale traducirla como si los apóstoles hubiesen querido decirnos simplemente que Jesús sigue vivo en nuestros corazones). En consecuencia, el cristianismo riega fuera de tiesto donde pretende hacer las paces con la Modernidad antes de tiempo, esto es, sin aportar una crítica —y una crítica frontal— a los presupuestos que la hicieron viable. Y es que, tarde o temprano, el creyente tiene que caer en la cuenta de que no hay otro Dios que el imposible.
una fábula cristiana
octubre 13, 2021 § 1 comentario
No soy Dios sin ti —dijo Dios de buen principio—. Pues quiero tener tu rostro. Pero aquel a quien apuntaba la intención divina pasó de largo. Dios devino un nadie. Más adelante, hubo quien se tomó en serio lo que Dios quiso para sí mismo (y para el hombre). Pero Dios ya había muerto como dios. Nadie ahí arriba que pudiera rescatarlo de la desgracia. En cualquier caso, alguien ahí abajo —o mejor, entre el cielo y la tierra como quien cuelga— que logró rescatar a Dios de entre los muertos, aunque sin saberlo. A partir de entonces, Dios volvió a tener un cuerpo.
sabiduría y secreto
octubre 9, 2021 § Deja un comentario
Un sabio es aquel que conoce nuestro secreto: que, en el fondo, no somos nadie —pues fuimos hechos a imagen de Dios—, apenas unos náufragos que buscan abrazarse para no hundirse… aunque, en el día a día, vayamos ocultándolo. Como si supiéramos nadar. De ahí su poder: él es el único que puede poner el dedo sobre la llaga, descubrirnos. Sin embargo, se trata de un poder que difícilmente ejerce, salvo sobre sí mismo o sus amigos-discípulos. Y de ahí también que, para quien sabe de qué va el juego, el mundo sea una feria de vanidades. Esto es, un alimentarse de viento.
ad aeternum
octubre 8, 2021 § Deja un comentario
Es posible que, de alcanzar la inmortalidad por nuestros propios medios, más que derribar un muro, hubiéramos cerrado una puerta. Como el feto que hubiese conseguido permanecer para siempre en la matriz.
de la fe infantil a la fe adulta
octubre 7, 2021 § 1 comentario
Cuando niños, al rezar el padrenuestro, nos dirigíamos a Dios como podíamos dirigirnos al ángel de la guarda: que me vaya bien el examen de mates. Et cetera. De adultos, quizá lo sigamos rezando… pero para pedirle a Dios por Dios. Puede que la vida sea un viaje del niño al adulto… para volver, en definitiva, al niño. Solo que, con la segunda ingenuidad, Dios tendrá un rostro (y un rostro que acaso, como mujeres y hombres sensatos, preferiríamos no ver).
no hay cielos (aunque tampoco infiernos)
octubre 6, 2021 § 1 comentario
De habitar un mundo perfecto —un paraíso— no podríamos evitar la sensación de que nos hallamos en un mundo irreal o fantasmagórico. Como si estuviéramos en un sueño.Pues donde hay luz, hay oscuridad (y no hay que ser un Heráclito para darse cuent). Donde todo fuese luz, sencillamente no habría luz. Ergo, no pueden haber cielos que valgan. Pues, se supone que en los cielos no cabe la oscuridad. En este sentido, quizá no sea casual que la esperanza bíblica apunte a una nueva humanidad, aquí en la tierra, y no a un más allá de espectros puros. Por no hablar de que, según el cristianismo, incluso en los cielos, de haberlos, Dios, como tal, seguiría estando por ver.
a vueltas con el ser
octubre 5, 2021 § Deja un comentario
El bien y el mal ¿pueden desligarse de lo que nos parece bien o mal? ¿Fue Auschwitz el índice de un mal absoluto? Difícilmente podemos evitar verlo así. Pero ¿lo fue en realidad? Desde la óptica de un dios que nos viera como nosotros vemos a los insectos ¿acaso Auschwitz podría ser algo más que un dato natural? ¿Cómo deberíamos juzgar que dos amebas devengan una? ¿Como un acto de amor o, por el contrario, como canibalismo? La violencia sin piedad se ejerce y se sufre. Pero ¿es malvada? No hay hechos morales, decía Nietzsche, sino interpretaciones morales de los hechos (y aquí Nietzsche deviene un discípulo exaltado de Hume). ¿Hay Bien o tan solo perspectivas? Pero ¿acaso la pregunta por el Bien no es esta la pregunta por lo absoluto —por lo que se ab-suelve de cualquier aparecer—? La cuestión nos obliga, hoy como siempre, a preguntarnos de qué hablamos cuando hablamos de lo real.¿Desde qué lugar se decide la cuestión? ¿Desde las gradas de un espectador imparcial —del dios que nos observa como el entomólogo, la mantis religiosa—? Quizá. Pero el espectador, ¿puede ver lo que ven quienes forman parte de la escena —y sobre todo la sufren—, a saber, la nada (o el nadie) que sostiene el mundo? Para el entomólgo no hay espera —no hay Otro que valga—, ninguna pregunta que vaya más allá de la curiosidad. Contamos con una variante: ¿hubo realidad antes de que surgiese la conciencia? Ciertamente, es lo que damos por descontado. Sin embargo, ¿puede haber realidad sin aparición? ¿Acaso lo real no es lo que de algún modo se muestra? Cierto. No obstante, la desaparación o retroceso de lo absoluto es lo que va con su revelación. De ahí que lo absoluto —el Otro, el Bien…— sea pasado irrecuperable o eterno porvenir. En modo alguno, presente. Por consiguiente, hay Bien —u Otro—, pero no para nosotros. O mejor, el Bien —lo que debe ser— es un debe haberlo. Los hechos ancestrales serían, en este sentido, algo así como la imagen del carácter inevitablemente ancestral de lo absoluto.
la moraleja de Heráclito
octubre 1, 2021 § Deja un comentario
Si todo fuera luz, ciertamente, no habría oscuridad. Pero tampoco luz. Este es el mensaje de la dialéctica. Ahora bien, entenderlo significa admitir que el conflicto es irresoluble: nadie gana por goleada. Por ejemplo, política y moral son irreconciliables. Pero donde todo fuese política, dejaría de haber política. En su lugar, la ley de la seva. Al igual que no es posible que siga habiendo mundo, donde hubiera desaparecido cualquier atisbo de maldad. De ahí que incluso en los cielos, de ser reales, deberíamos experimentar una cierta resistencia al Bien. Al fin y al cabo, la tensión solo se resuelve como equilibrio provisional. La paz siempre fue —y será— una tregua. Ciertamente, aspiramos a una paz eterna (y no podemos renunciar a esta aspiración sin sucumbir). Pero no es posible hacernos una idea, salvo la extravagante, de cómo sucederá. Esto es, una idea de lo imposible —de lo que ningún mundo puede admitir como posibilidad—. Estamos ante un estricto tiene que. La cuestión es en nombre de qué —o de quién—.
un café en el Manolo Bakes
septiembre 30, 2021 § Deja un comentario
En la mesa de al lado, unos deformes toman un café. Él padece obesidad mórbida. Ella, diría, roza el síndrome de Down. No parece que puedan esperar mucho de la vida que aún tienen por delante. Su expectativa no es la de triunfar, sino la de vivir un día más. Llama la atención cómo se tratan —cómo se cuidan—. Admirable. Quizá también sacsejador. ¿Será cierto que tan solo como náufragos logramos abrazarnos? Ellos no tiene cromos que intercambiar. Nada que ver, ciertamente, con las películas románticas. Con estas nos quedamos a medias. Ninguna cuenta el final. Y el final, de haberlo, es siempre una historia de resurrección. Pues o hay resurrección, como quien dice, o se impone el eterno retorno de lo mismo, un sin fin (y Nietzsche, de paso, tenía razón).
lo que expresa, encubre
septiembre 29, 2021 § Deja un comentario
El Yo se expresa a través de un cuerpo. Ahora bien, la realidad del Yo como tal no es palpable: es la de quien continuamente difiere del cuerpo con el que, por otro lado, se identifica. La realidad del Yo es la del tiempo, algo así como su punto de fuga… visto desde fuera. De ahí que seamos algo más que cuerpo, aunque el Yo, ciertamente, no sea nadie sin el cuerpo. Alma es el nombre de nuestra inquietud fundamental. Porque hay alma nunca terminamos de encontrarnos en donde estamos… salvo en medio del desierto o la noche. En el desierto, ya no nos vemos forzados a negociar. El interrogante coincide con la paz. Hablamos del lugar en donde no es posible distinguir entre la pregunta por el hombre y la que apunta a Dios. Es verdad que no hay nada que ver más allá del cuerpo. Pero es una ingenuidad creer que lo más real es lo visible. Pues hay lo visible porque su alteridad retrocede, precisamente, en su mostrarse. Cuanto expresa lo real, lo encubre. No hay manifestación sin ocultación. Y lo que se oculta en modo alguno es algo que podríamos ver si escarbásemos un poco más, sino un eterno porvenir.
otro padrenuestro
septiembre 27, 2021 § Deja un comentario
Estando donde estamos, esto es, en el centro, quizá lo más honesto que podamos perdirle a Dios es que nos libre de Dios (como creo recordar que decía Eckhart). No sea que todo salte por los aires.
mito y superstición
septiembre 26, 2021 § Deja un comentario
Es fácil atribuir a los antiguos una predisposición a creer en historias increíbles, los denominados mitos. De ahí que, con igual facilidad, nos sintamos inclinados a la superioridad ilustrada. Pero los antiguos no fueron unos estúpidos. Ellos creyeron en sus mitos como nosotros podemos creer en los nuestros, esto es, suspendiendo la incredulidad. Es lo que sucede, por ejemplo, cuando vemos un episodio de Star Wars o una película romántica como Pretty woman. Pues nadie puede, sensatamente, tomarse en serio que haya por ahí una especie de sapo zen. Y sin embargo, lo cierto es que las palabras últimas, casi un susurro, nos son extrañas (y por eso mismo, no puede pronunciarlas nadie que no proceda de otro mundo). Como También es increíble, por inviable, lo que cuenta Prettty woman. Una escort inocente está cerca del oxímoron. Sin embargo, la moraleja sigue siendo, más o menos, la misma, a saber, que solo lo extraordinario es verdadero. Y esto probablemente sea así.
fases
septiembre 22, 2021 § Deja un comentario
La infancia es, ciertamente, ilusión —y podemos prolongarla hasta momentos antes de morir—. Es inevitable que, de entrada, creamos en las promesas de la ilusión. Es lo que nos permite tirar de nuevo los dados. La madurez, por su parte, comienza con la desilusión. Ya no hay espejismo que valga. El juego de la oca ha terminado. Te has dado cuenta de que el juego es otro —y de que no eres el jugador principal—. Hasta aquí lo prosaico, lo común. Sin embargo, la cuestión es si hay vida más allá del desengaño. Y sin duda la hay. Aunque no va a depender de ti. O no solo.
el gen egoísta
septiembre 21, 2021 § Deja un comentario
En la denominada posmodernidad, todo va en la misma dirección: el hombre no es sujeto de sí mismo. Da igual hablar del inconsciente freudiano, de las condiciones materiales de la existencia o del gen. En cualquier caso, seríamos un efecto, algo así como el instrumento —los títeres— de una instancia superior, aunque en este caso se halle en lo más bajo o subyacente. Por no hablar de lo podrido. Ya lo dijo Nietzsche: no es fácil prescindir de los dioses. La cuestión es sí somos algo más que cuanto nos produce. Y aquí convendría recordar lo que dijeron los estoicos en su momento, a saber, que la conciencia de sí nos sitúa, en cierto sentido, por encima de cuanto nos sucede. Sin embargo, esto en la Biblia se dice de otro modo: en nombre de un Dios ausente o por-venir, el todo no lo es aún todo. Pues existir significa, precisamente, un no terminar de encontrarse en donde uno está. El problema es que la posmodernidad niega legitimidad epistemológica a cualquier intento de dar un lenguaje a este más, de tal manera que podamos entenderlo como un lenaguaje acerca de lo real. Pero esto podría ser solo un problema de nuestros tiempos.
asombro y realidad
septiembre 20, 2021 § Deja un comentario
El asombro nos aleja de la voluntad de dominio —de asegurar un control por medio del saber—. Y, por eso mismo, nos mantiene frente a lo real —a lo que es sin nosotros—. O mejor dicho, formando parte. Aunque sea nanométrica.
variaciones sobre el nihilismo
septiembre 19, 2021 § Deja un comentario
Crees que hay una salida. Que los astros —o las energías— te serán favorables. Que serás seleccionada para el gran premio. Pero el mundo, tarde o temprano, dice No. Si crees que importas es porque aún no has salido del cascarón. (aunque sea muy estrecho o, incluso, irrespirable). La fantasía siempre fue nuestro refugio. La cuestión es si hay vida más allá de la muerte en vida. Esto es, si el No es la última palabra. Y da la impresión de que el No tenga las de ganar. La única esperanza es la que arraiga, no en lo que podamos decir o suponer, sino en los datos, por decirlo así. Y aquí el único dato que cuenta es el de aquellas mujeres y hombres que volvieron con vida donde ya no les quedaba vida por delante. Con todo, deberíamos también preguntarnos en nombre de qué o de quién, si es que pretendemos ir más allá de la reacción psicológica o de la aptitud.
nihilismo, una definición
septiembre 15, 2021 § 1 comentario
¿Qué dice el nihilista? Que nada tiene sentido o valor. O también que no hay esperanza para los vencidos. Aunque los que triunfan tampoco pueden esperar otra cosa que no sea seguir con vida unos pocos años más. Pues, desde la óptica de la eternidad, todos desaparecemos a la vez. En resumen, en el mientrastanto, unos ganan y otros pierden. Y si eres de los que pierden, este es tu final. Nada, más allá de la derrota.
Puede que esto nos dé un poco igual —que la cuestión nos parezca meramente especulativa—. Pero será que no nos hallamos en los infiernos de la historia. Y es que la única cuestión que importa es si hay redención para los que no cuentan, literalmente, los incontables. Ahora bien, no parece que la haya. De ahí que no terminemos de comprender el alcance de la proclamación cristiana hasta que no partamos de que lo evidente, cuanto cae por su propio peso, no es el Sí, sino el No.
del no-lugar
septiembre 12, 2021 § Deja un comentario
El paganismo sacraliza el lugar. Y el paganismo es la religión más espontánea o natural. Pues, a la hora de encontrar un lugar en el mundo, espontáneamente nos dejamos llevar por la idea de que habitamos en medio de poderes invisibles. Da igual si hablamos de dioses o de la influencia de los astros. En cualquier caso, prevalece nuestro deseo de ocupar la mejor posición, un saber, en definitiva, a qué atenernos. De ahí lo raro de una fe que apunte a un Dios fuera de lugar (y que sostenga que no hay otro Dios que aquel que no tiene lugar). Como también es raro que los capaces de ese Dios sean, hecho, los expulsados de la tierra, los homeless, los desarraigados. Desde su óptica no es el lugar lo que constituye la significación, sino la desposesión, el éxodo, la erradicación. Y, tarde o temprano, tendremos que preguntarnos cuál de las dos opciones está más cerca de lo verdadero (aunque quién lo esté, quizá no se lo pregunte).
materia
septiembre 11, 2021 § Deja un comentario
Somos algo más que materia, más que una sofisticada organización de electrones. Ves los restos de tu madre: unos huesos, bastante polvo, unos cuantos cabellos aún en el cráneo… Eso no es tu madre, aun cuando siga siendo lo que siempre estuvo por debajo. La materia ha adoptado, sin duda, otra forma. Ninguna inquietud levantará ese esqueleto —y, por eso mismo, no existe, sino que simplemente está ahí—. Cesó el milagro. El problema es que nos hemos quedado sin lenguaje para dar cuenta de la desmesura de la existencia —de su desencaje— como algo real. O mejor dicho, como algo más real que el mundo.
imprimatur
septiembre 9, 2021 § Deja un comentario
La Iglesia sostiene que el sacerdocio imprime carácter. Que uno no es sacerdote como podría ser, pongamos por caso, camarero o abogado (y no porque se trate de oficios distintos). Podríamos decir lo mismo de una vocación, en general. Y algo de esto hay. Pues, al fin y al cabo, uno es aquello a lo que se siente llamado, su inquietud, su búsqueda. Eres lo que persigues (y no terminas de alcanzar, por supuesto). ¿Puedes abandonar? ¿Hacer de tu inquietud un oficio —o mejor dicho, tan solo un oficio—? ¿Es posible renunciar al sacerdocio? ¿Por causa mayor? ¿Una mujer? Sin duda. Pero la pregunta es qué revela sobre uno mismo este dejarlo estar. ¿Que acaso no hubo una verdadera vocación? ¿O más bien que la ahogaste? Llega a ser lo que eres, decía Píndaro. Y esto implica soltar mucho lastre —mucho de lo que llevas pegado a la piel y no te pertenece—. Sin embargo, cuando hablamos de vocación —y quizá sobre todo, de la sacerdotal— no hablamos estrictamente de una inclinación característica —como si a uno le fueran las cosas de Dios como a otros la aeronáutica—, sino, como la misma palabra sugiere, de una demanda: hay que sacar a los huérfanos del metro de Moscú, donde viven como ratas. Y aquí quien llama no te deja en paz. Al menos que te decantes por la paz del mundo, la que te abre las puertas del hogar. Pero un hogar es una tumba para quienes han sido mordidos por los que no cuentan. El problema es que como normales, aun en el caso de ejercer el ministerio sacerdotal, pocos nos dejamos morder. Y, siendo así, da igual qué ilusión nos facilita que aguantemos un día más.
antinatural
septiembre 8, 2021 § Deja un comentario
¿Y si Dios fuese, no ya la cumbre de lo natual, sino antinatural? ¿No es el acto de fe un acto contranatura? Ante Dios, ¿acaso no nos encontramos al borde de la locura? Debes amarme, pero no puedes. Quizá sea por este motivo que no lleguemos a tomarnos demasiado en serio a Dios —que prefiramos un sucedáneo, por lo común, una variante del amigo invisible de la infancia—. Aunque quizá sea por el mismo motivo que Dios decidió dejarse caer: para que pudiéramos, al fin, abrazarlo. Pero, abrazar a Dios ¿no supone abrazar un cuerpo repugnante —el pellejo que cuelga de una cruz, al leproso—? ¿No se nos pide demasiado? Sin duda, sobre todo si permanecemos en la distancia de seguridad que nos proporciona un hogar. Pero como desplazados, el asunto cambia. Y no porque en ese caso seamos capaces, sino porque nos hallaríamos en la situación de aceptar el abrazo del que, habitualmente, nos repugna. Pues es posible que el amor a Dios tenga que ver antes con dejarse abrazar por los que huelen mal a causa de su indigencia que con el aspirar al aire puro de las cimas.
de lo limpio y lo sucio
septiembre 7, 2021 § 1 comentario
La suciedad posee un valor ontológico. Siempre lo tuvo. Todo cuerpo es ambivalente. Tan hechizante como repulsivo. Por eso, creemos que debe brillar: para que aparezca —para que no apartemos la mirada—. La suciedad tiene que volverse invisible. Sin embargo, sigue ahí, como el fondo oscuro de cuanto es. Y en este sentido, acaso sea más real que cuanto se muestra como real. De ahí que un Dios que se identifique con los sucios no termina de encajar con lo que esperamos de un dios. Dios no se encuentra arriba a la manera de un ente paradigmático, sino abajo, en las alcantarillas, junto a las ratas. Su invisibilidad es la de quienes despreciamos porque su olor nos repugna. Que siga siendo un Dios es algo que solo el cristianismo se ha atrevido a proclamar.
presente
septiembre 4, 2021 § Deja un comentario
No hay presente sin tener presente lo que, de algún modo, siempre está ahí. Ahora bien, lo que siempre está ahí no parece que sea lo mismo para unos que para otros. Pues el presente de quien tiene presente, por ejemplo, la miseria de tantos —y en contraste con un incomprensible sí de fondo— es muy distinto al de quienes solo tenemos presente nuestro interés, aunque este se vista con los oropeles de lo elevado. En el primer caso, hay presente porque hay presencia o, también, aparición (y toda aparición es perturbadora). En el segundo, sin embargo, lo que no hay es, de hecho, presente, sino algo parecido a un hogar.
cordialmente
septiembre 3, 2021 § Deja un comentario
Podríamos decir que lo común a las diferentes espiritualidades es el hecho de tomar conciencia de que habitamos en medio de lo extraño. Al menos, porque quien se eleva por encima de sí mismo termina viendo en la costumbre la huella de lo insólito, de una intriga que en modo alguno podrá resolverse. Desde el horizonte del no-saber, el mundo es un motivo de perplejidad (aunque también de escándalo). Hay en el fondo de tot plegat un rumor que no acabamos de traducir. Con todo, nadie dijo que el misterio fuese cordial.
imaginar a Dios
septiembre 2, 2021 § 1 comentario
Hay en lo más hondo un anhelo de aparición, como quien dice. De ahí que el niño que permanece en nosotros siga invocando, de un modo u otro, al ángel de la guarda. Sin embargo, si es cierto que, como decía Karl Rahner, incluso en los cielos Dios seguiría siendo un misterio, entonces incluso en los cielos continuaríamos teniendo a Dios pendiente, deseando su aparición. Ningún ángel logró nunca ocupar el lugar de Dios. Aunque, de entrada, pudiera parecérnoslo. Junto al ángel, estamos cerca. Pero todavía no hemos llegado. Con todo, al apuntar a Dios no podemos evitar imaginarlo como aquel que podría aparecerse. Es lo que tiene llevar un cuerpo a cuestas. La imaginación es, sin duda, ambivalente. Por un lado, nos permite incorporar nuestra exposición a lo más íntimo o verdadero. Por otro, lo falsea. En cualquier caso, no podemos negar que muchos vivimos de espaldas a lo que en el fondo anhelamos. Así, en vez de ir por la senda, vamos de compras: de oca en oca y tiro porque me toca. Esto es, perdiendo el tiempo. Aun cuando sea intensamente. Como las bestias.
2001
agosto 29, 2021 § Deja un comentario
Imaginémonos que nos encontrásemos en la situación del protagonista de 2001, la película de Kubrick, durante las escenas finales: como él, no entenderíamos nada. Todo allí es muy raro. ¿Misterioso? Sin duda. Necesitamos una explicación. Pero ¿divino? A unos, ciertamente, se lo parecerá. Sobre todo, si ese misterio se muestra superior… según nuestra medida —más inteligencia, más poder, más belleza: pues ¿podríamos admitir como dios a un ente sumamente fuerte pero feo, desagradable, monstruoso…?—. Ahora bien, está sensación religiosa ¿acaso no dura solo mientras dura el misterio? Contra el postulado de la vía racional, casi podemos dar por descontado que el fondo de lo real es ininteligible. Como decía Richard Feynman, quien entiende la mecánica cuántica, no la entiende. O Plotino: el Uno es incognoscible (y esto es lo mismo que decir tan esencialmente extraño que, ni siquiera, se trata de algo). Pero de ahí a creer media un paso. Un gran paso. Para los tiempos modernos, el misterio no basta. Ni siquiera lo misteriosamente superior. Sencillamente, un ser supremo no deja de mostrarse, aunque en mayor cantidad, como más de lo mismo. Lo gigantesco ya no nos dobla las rodillas. En cualquier caso, nos asombra o aterroriza. Pero poco más. Todo lo relativo a lo desbordante permanece en la epidermis. O tendría que ser así, siendo ya mayores. Sin embargo, cuanto acabamos de decir podríamos considerarlo antes una herencia de la tradición bíblica que de la novedad ilustrada. Y es que para el monoteísmo de Israel, el misterio nunca fue el de la cosa misteriosa, sino el de la constante presencia del impresentable. De ahí que, para Israel, la pregunta no sea qué o quién hay o pueda haber en el otro mundo —pues no sería Dios—, sino a qué nos obliga el que, en definitiva, Dios se nos revele, en sí mismo, como el eterno aún nadie —como el otro ab-soluto que ningún mundo puede admitir como posibilidad—. Y me atrevería a decir que únicamente desde este punto de partida cabe, cuando menos, entender de qué hablamos cuando hablamos de la Encarnación. Pues en modo alguno se trata de un dios dándose un garbeo por la tierra.
inmolarse por amor
agosto 26, 2021 § Deja un comentario
El sacrificio es la prueba del amor. O mejor, lo que constituye el amor como tal. Pues con anterioridad al sacrificio, tan solo cabe la inclinación, el juego de las fuerzas, la querencia. Por tanto, y contra el mito naïve, no parece que podamos hablar del amor sin un estar sujetos a la demanda que procede del otro —y el otro, más allá de sus máscaras, es siempre un indigente, un nadie—. Sencillamente, tú no debes morir. Ahora bien, naturalmente no nos sentimos inclinados a amar a nadie. La Pasión no fue una pasión. Donde el otro se revela como nadie siempre preferiríamos estar en otra parte. De ahí que el horizonte del amor sea la redención y no el encaje de las piezas, la fusión. No hablamos de lo mismo. Pues la redención preserva, al superarla, la distancia de la alteridad. Quien cree que el horizonte es el encaje, olvida que el amor solo puede ser narrado. Y aquí el amor —el sacrificio— es el final de la historia. Sin embargo, si esto es cierto —y diría que lo es—, no parece que podamos asegurar desde el principio hastá qué punto seremos capaces.
activismo vacacional
agosto 24, 2021 § 1 comentario
Donde las cosas nos van los suficientemente bien, no podemos evitar preguntarnos si eso es todo —si acaso no habrá algo más, algo por descubrir. El todo es el aún no todo para el cul inquiet que somos. Así, aspiramos a lo extra-ordinario, a la interrupción. Y de ahí la necesidad de llenar el ocio con actividades. “Y hoy ¿qué hacemos?” Difícilmente admitiremos la que, probablemente, sea la única respuesta: nada. Pues, aun cuando vayamos de excursión, llegaremos a lo mismo de siempre. Al fin y al cabo, se trata de la distracción, del chute emocional, de la novedad, ese sucedáneo de lo nuevo. No fuese que cayésemos en la cuenta de que no hay nadie alrededor.
del gran otro
agosto 20, 2021 § Deja un comentario
La moraleja de tot plegat: no hay sujeto omnisciente —un gran otro que posea el saber. Esa es nuestra fantasía (y aquí Lacan podría inscribirse en la parroquia). El Otro es nadie. Acaso no haya otra realidad —otra alteridad, otro más allá— que la del nadie. De ahí que prefiramos lo tratable —lo a mano—, esa sombra. El Otro no tendrá otro cuerpo que el de aquel que responda a su lamento, el que solo como abandonados llegamos a escuchar. Papá nunca fue el que imaginamos.
el pasado domingo
agosto 15, 2021 § Deja un comentario
En el sermón del último domingo, el sacerdote reprodujo unas palabras de Karl Rahner sin citarlo. De hecho, lleva un par de domingos haciéndolo. Ignoro los motivos de tanto rubor. Podría imaginar, intentando salvar la proposición del prójimo, que no quería parecer un erudito ante la parroquia. Pero, ¿no resulta sorprendente que la mayoría de los cristianos no tengan ni la más remota idea de quienes fueron aquellos que dedicaron —y dedican— una buena parte de su vida a esclarecer la fe? ¿Acaso a los cristianos de hoy en día les importa un rábano esto de la verdad? ¿Por qué ahorrarles, al menos, la cita? Los Rahner y compañía ¿no merecen un mínimo de respeto? ¿Hay que ocultarlos? Los sacerdotes ¿no son también responsables de adormecer la inquietud de sus ovejas —de enervarlas, literalmente—? ¿Basta con cultivar el sentimiento? Sin embargo ¿a quién le basta el sentimiento? ¿A los niños —y no hablamos aquí de quienes lograron serlo de nuevo—? Esto lo sabe cualquier maestro: si tratas a los niños como niños, seguirán siendo unos niños. Incluso donde estos ya alcanzaron oficialmente la mayoría de edad. ¿Por qué tanto sacerdote ha renunciado a la paternidad? ¿Miedo? ¿A qué? ¿A no saber qué responder? Pero esta dificultad ¿no tendrá que ver antes con la falta de recorrido creyente que con la erudición? Ciertamente, la reflexión tiene sus riesgos. No en vano decía Hegel que donde esta nos atrapa, no vuelve a crecer la hierba. O cuando menos, no la misma que antes. Pero ¿es que no debería preocuparnos que aquellos que se hacen según qué preguntas tengan que salir de la parroquia para encontrar una respuesta? ¿Y aún no nos hemos dado cuenta de que la primera que hallarán será la que proporciona, precisamente, el mundo?
valores
agosto 14, 2021 § Deja un comentario
¿Hay valores? No. O mejor, no para quienes vivimos anclados en el mundo. Ahora bien, esto es así no porque nos decantemos por el nihilismo, sino porque el valor no admite el presente indicativo. En cualquier caso, su simulacro, la novedad o el precio. Aunque también podríamos decir que hay valor, solo que no somos capaces de verlo, sometidos como estamos a la presión del momento. Pues quizá solo caigamos en la cuenta de lo que vale el presente cuando ya es demasiado tarde —cuando jugamos la prórroga, por decirlo así—, una vez perdimos de vista cuanto nos fue dado desde el horizonte de la nada. Sin embargo, podemos preguntarnos si estamos meramente ante una cuestión epistemológica —como si solo se tratase de precisar las condiciones del reconocimiento del valor— o bien ante un asunto ontológico (y aquí tendríamos que decir que solo la pérdida constituye la realidad del valor). Sea como sea, difícilmente vivimos el presente como presente.
Sancho y Nietzsche
agosto 12, 2021 § Deja un comentario
¿El Valor? Se le supone. Literalmente. Pues la mayoría de los condecorados en el frente tuvieron el valor que tuvieron porque iban cocidos de opiáceos. No solo en Vietnam, sino en cualquier guerra. El hecho es que quienes los condecoraron lo sabían: hay que mantener la ilusión —también podríamos decir el photoshop— a cualquier precio. Y es que con la ilusión, seguimos siendo unos niños, aquellos que miran desde abajo. Al menos, porque no hay ilusión sin vidas ejemplares o, lo que viene a ser lo mismo, sin autoridades que las señalen. Por suerte, siempre tendremos a Sancho: no son héroes, mi señor, son toxicómanos. De ahí que su pensamiento siga siendo tan sanador, tan cauterizante. En este sentido, podríamos decir que la filosofía de Nietzsche o, mejor dicho, su lectura escolar sigue reposando sobre una lógica sacerdotal. Pues, en el fondo, dicha lectura se limita a sustituir al santo por el noble. Al igual que la Iglesia muestra a sus santos como ejemplos de integridad sin grieta, Nietzsche presentaría a la bestia rubia como hecha de una pieza, aunque con otro material. Ante las bravatas de los nietzscheanos, Sancho siempre podría replicar: no son dioses, mi señor, son idiotas. Y aquí no parece que haya mucho resentimiento que digamos. Tan solo lógica campesina.
En realidad, la figura del noble en Nietzsche no funciona como una categoría socio-política. Por tanto, no hablamos de los que, de hecho, detentan un cierto poder, sea el que proporcionan las riquezas o la belleza, sino del psicópata, por decirlo en breve. Y aquí el asunto es otro. Frente al psicópata, un campesino se limita a afilar el azadón. O a huir. El psicópata no es envidiado: es temido. Nada de cuchichear en voz baja intentanto encontrar las vergüenzas de quien se nos presenta como de otro mundo. No hay como en el caso del psicópata: es un dios hecho cuerpo, aunque un dios del lado oscuro de la fuerza, un heraldo de Ha-Satan. Para una sensibilidad religiosa, lo habitual es reaccionar ante este dios suponiendo que hay un dios de nuestro lado o, al menos, un psicópata bueno, un mesías cargado de luz. Sin embargo, los tiros cristianos no van por ahí. El cristianismo no se enfrenta a la encarnación de Ha-Satan con un hombre-dios resplandeciente, sino con un Dios que no es nadie sin la respuesta del hombre, el único que hay. Y llegados a este punto quizá convenga recordar que algunos de los santos fueron lo que fueron —o son lo que son—, no porque se hubiesen apropiado de un poder sobrehumano, sino porque, habiendo regresado del más allá, por decirlo así, habían constatado que ahí no hay ningún dios, obrando en consecuencia. Desde la óptica de una eternidad vacía de dioses, incluso el psicópata deviene ridículo.