dice Queiruga (4)
octubre 20, 2014 § Deja un comentario
Dice Torres Queiruga que Dios no puede impedir el Mal como tampoco podría hacer círculos cuadrados. Un mundo sin Mal sería algo así como una imposibilidad lógica, una contradicción en los términos. Aquí hay una intuición profunda. Pues el Mal difícilmente puede ser enteramente imputado al error o a la ignorancia del hombre. El Mal se encuentra arraigado en la estructura del mundo. Donde hay luz, hay también oscuridad. Una cosa va con la otra. De hecho, donde no hubiera más que luz, no habría luz. Con todo, Dios no permenece en el más allá como si fuera el espectador de un naufragio. Dios está de nuestro lado —insiste Torres Queiruga—, apoyándonos en nuestra lucha contra el sufrimiento injusto. Ahora bien, ¿hemos de entender que Dios es algo así como una cheerleader de la humanidad sufriente? Cuesta de imaginar. Y es que un Dios de apoyo ¿acaso no supone que, por encima de Dios, se encuentran, como quien dice, el Bien y el Mal pugnando por la supremacía? Un Dios de apoyo ¿no implica de algún modo volver a navegar las antiguas aguas del maniqueísmo? ¿Cómo entender, desde esta óptica, el extraño verso de Isaías (Is 45, 7): «yo soy el Señor y no hay otro; el que forma la luz y crea las tinieblas, el que da el bienestar y crea calamidades»? Tampoco me imagino qué consuelo pueda llegar a tener la madre tutsi que ha perdido a todos sus hijos a golpe de machete, una vez se entera de que Dios está de su lado, ofreciéndole todo su apoyo. No sé. Quizá simplemente es que no puedo imaginármelo.
a borbotones
octubre 18, 2014 § Deja un comentario
Nada más insensible que un hombre sentimental.
Milan Kundera
dice Queiruga (3)
octubre 17, 2014 § Deja un comentario
Dice Torres Queiruga: «yo porque creo en Dios no creo en los milagros.» De acuerdo. En realidad, tampoco podría creer en ellos, aunque no creyese en Dios. Para ver un milagro como tal —para verlo como una intervención de Dios— deberíamos pertenecer a un mundo que ya no es el nuestro. Nosotros honestamente no podemos ver milagros. Un antiguo, por contra, no podía dejar de verlos. Así, nosotros decimos, por ejemplo, que si alguien oye voces es porque sufre una alteración mental, pues damos por descontado que no hay voces que oir. En cambio, un antiguo hubiera dicho que, debido a la alteración mental, puede oir las voces que hay que oir, las voces del más allá. Por tanto y al menos hasta cierto punto, hemos de darle la razón, cómo no, a Torres Queiruga cuando dice lo que dice. Sin embargo, ¿no deberíamos igualmente decir que nuestra incredulidad con respecto a una posible intervención de Dios afecta también al acontecimiento, pongamos por caso, de la Resurrección? Sabemos que Torres Queiruga defiende que ya no podemos leer literalmente los relatos de la Resurrección. Nuestras claves de lectura no son, ciertamente, las mismas que antes. Y lo que esto significa es que, si hoy en día tuviéramos la experiencia que, se supone, hay detrás de la fe en la Resurrección, no la expresaríamos en los términos de una resurrección. Ahora bien, sea como sea, lo cierto es que no parece que cristianamente pueda renunciarse a la declaración nuclear de dicha fe, a saber, aquella que proclama que el crucificado en nombre de Dios resucitó de entre los muertos por el poder de Dios. Jesús de Nazareth no resucita como quien no quiere la cosa. Es Dios quien libera a Jesús de la muerte para sentarlo a su derecha, como quien dice. ¿Es esto lo mismo que decir que Jesús sigue vivo por ahí, vete tu a saber cómo? No lo parece. Sin duda, uno es muy libre de creer en cualquier cosa que se le ocurra. Pero diría que creer en el Dios cristiano supone creer en la imposibilidad de Dios, mejor dicho, en la inconcebible intervención de Dios. Aquí conviene recordar que la fe en la resurrección responde, al menos de entrada, al problema del Mal. El problema no es si la muerte es el final, sino si la Injusticia, con mayúscula, es el final. ¿Qué pueden esperar las víctimas de la Historia, aquellos que murieron injustamente antes de tiempo, aquellos a los que la vida de Dios les fue impunemente arrebatada? ¿Cuál es el lugar de Dios en un mundo que parece abandonado por Dios? Ante la evidencia del Mal —ante el hecho innegable de que no parece que Dios esté por la labor de librar al justo de la desdicha—, creer en el poder de Dios es creer que Dios será capaz de hacer finalmente justicia… aunque para ello tenga que resucitar a los muertos. Esto es literalmente increíble. Tanto hoy en día como, probablemente, lo fue en su momento. Tampoco puede ser de otro modo, tratándose de Dios. Las imágenes de la esperanza creyente siempre fueron difíciles de tragar. De hecho, la prueba de fuego de la fidelidad creyente sería este esperar sin expectativa. Debe ser lo que no puede ser. En cualquier caso, una buena pregunta es si aún somos capaces de creer en la resurrección de la carne. Pero lo que parece intelectualmente deshonesto es decir que, puesto que nosotros no podemos ya creer, quienes sí pudieron, en realidad, tuvieron que creer en otra cosa.
un Dios de pobres
octubre 17, 2014 § Deja un comentario
El Dios de los pobres —el Dios de los degraciados— es, sencillamente, un Dios que se oculta, un desaparecido, un Dios cuya presencia está en el aire. Un Dios, en definitiva, pendiente. En cambio, el Dios de los instalados es el Dios que está, precisamente, instalado en su mundo, esperando el ascenso del hombre. De ahí que podamos decir que el peligro de la teología es jugar a dos bandas: hablar de Dios como el Dios de los pobres pero dando a Dios por hecho, como si fuera una versión de Papa Nöel, el cual, como sabemos, existe, aunque solo aparezca por Navidad.
libro de instrucciones
octubre 16, 2014 § Deja un comentario
Es posible que la moral sea, al fin y al cabo, un libro de instrucciones para el manejo de lo frágil, mejor dicho, de lo que siendo frágil merece ser preservado de la descomposición y la muerte. ¿Por qué, sin embargo, lo merece? No hay razones que no destruyan el valor que arraiga en esa fragilidad. Pues quizá no seamos más que aquello a lo que permanecemos adheridos. Y a esto se le llama finitud.
ambrosía
octubre 16, 2014 § Deja un comentario
¿Puede un dios ser moral? ¿Puede un inmortal tener algún valor al que sujetarse? Más aún: ¿podrá decir «yo»?
dice Queiruga (2)
octubre 16, 2014 § Deja un comentario
Dice Torres Queiruga que en el fondo del corazón de los hombres no puede haber más que bondad. Incluso en el de los grandes genocidas. Hitler, en el fondo, era bueno. Así, según Torres Queiruga, el Mal no alcanzaría ese resto de bondad que habita en las profundidades del alma humana. Se supone que porque es de Dios. Esa bondad última, subyacente, sería algo así como un depósito de reserva en el que arraigaría la esperanza del hombre, la posibilidad de su redención. Desde esta óptica, la redención consistiría, precisamente, en liberar ese repositorio de bondad de las losas del egoísmo. Esto sin duda es muy bonito, muy roussoniano, aunque también muy gnóstico. Al menos en la medida en que nos recuerda a esa chispa divina que, según los gnósticos, se hallaría enquistada en lo más íntimo. Sin embargo, la realidad del Mal nos obliga a admitir que la chispa divina puede morir. El infierno, sin duda, existe. Y está en este mundo. El Mal puede encarnarse en los hombres de modo indeleble. Lucifer no deja de ser, aunque caído, un ángel de Dios. Poca coña, pues. Tomarse en serio el Mal supone, por tanto, creer que cualquiera de nosotros es capaz de ahogar con sus propias manos al niño que lleva dentro. ¿O acaso quienes vieron arder el cuerpo de sus hijos en los hornos de los campos de la muerte pueden creer que el Mal es simplemente un error existencial? De ahí que digamos que solo un Dios puede salvarnos. Como también que solo Dios puede resucitar a los muertos. Pues, si es cierto que hay algo en el hombre que no puede morir con la muerte, entonces no hace falta un Dios para levantar a los muertos. Basta con la muerte.
dice Queiruga (1)
octubre 15, 2014 § Deja un comentario
Según Torres Queiruga la oración de petición es, de por sí, absurda. ¿Acaso Dios no sabe qué podamos querer o necesitar? Y, ciertamente, algo de absurdo tiene. Sin embargo, ¿es lo mismo pedirle a Dios que te ayude a aprobar un examen que dirigirse a Dios con el cadáver de tu hijo en brazos, degollado por los hutus de turno? El niño soldado que ha tenido que comerse a sus padres ¿acaso se equivoca cuando dirige su mirada al cielo, mejor dicho, a un cielo vaciado de divinidad? ¿Es absurda la oración del publicano en los últimos bancos del Templo? ¿Se equivó Jesús de Nazareth al caer de rodillas en Getsemaní? ¿Acaso no cabe un implorar que no se dirija al deus ex machina y que, sin embargo, se encuentre ante Dios? ¿No hay ningún resto de verdad en el hecho de los judíos se lamenten ante Dios… encarando un muro? ¿Es que el clamor de los que se encuentran hundidos en la miseria es puro grito animal, como si fueran cerdos que chillan cuando notan en la garganta el cuchillo del carnicero? Es posible que ante Dios y a la vista de tanto sufrimiento indecente no podamos ser otra cosa que cuerpos arrodillados. No es verdad que por el solo hecho de ponernos de rodillas ya estemos ante Dios. Pero sí que cualquiera que esté en verdad ante Dios no puede menos que caer de rodillas. ¿A quién se dirige, pues, Torres Queiruga cuando dice lo que dice acerca de la oración de petición? Sospecho que a nosotros: hombres y mujeres lo suficientemente satisfechos como para permanecer de pie ante Dios. Y es cierto: nosotros, los que no nos hallamos en la situación de quienes son capaces de Dios, no podemos pedirle nada sin caer en el absurdo, sin hacer de Dios un deus ex machina o un fantasma bueno. Pues nosotros no podemos hacernos una idea de Dios que no implique una deformación de Dios. Para nosotros, solo vale la meditación. Pero es posible que quienes permanecen de rodillas ante Dios no sean más que ese permanecer de rodillas: ni siquiera pueden hacerse una idea de Dios. Aunque lo esperen absurdamente.
Z
octubre 14, 2014 § Deja un comentario
Yo no estoy en contra del verdadero budismo oriental. En realidad el problema es ese budismo occidental que parece haberse convertido en la principal opción espiritual de la gente educada de nuestra era. La inmensa mayoría de los jóvenes gerentes de grandes firmas capitalistas se consideran budistas, practican meditación trascendental… Las dinámicas actuales son tan rápidas que los humanos ya no somos capaces de seguirles la pista. Cognitivamente somos incapaces de saber en qué consiste este nuevo mundo. El sentido budista permite la distancia que no permite la vida, hace que la gente pueda sobrevivir: no te tomes en serio la realidad, no es más que un juego de sombras. No creo en los que aseguran que el budismo es un camino apropiado para escapar de la locura occidental, todo lo contrario, con el budismo no se escapa, se funciona mejor, uno no se vuelve loco y se convierte en alguien más apropiado para vivir precisamente en una realidad capitalista.
S Zizek
hetero
octubre 13, 2014 § Deja un comentario
La salida de la religión debe comprenderse en el sentido de la salida de una manera de ser de la humanidad según la cual ésta se concebía y se ponía en manos de lo Otro […] La salida de la religión, si bien se mira, es ese fenómeno completamente prodigioso, si se lo observa con cierto distanciamiento, que consiste en apartar la alteridad de la definición de humanidad. La comunidad humana llega a definirse a partir de sí misma. Se da sus razones desde sí misma: el reino de la heteronomía deja su lugar al mundo de la autonomía. El hombre estaba separado de sí mismo y ahora se reúne consigo mismo. Estaba sujetado y ahora se convierte en sujeto.
Marcel Gauchet
ciudadela
octubre 13, 2014 § Deja un comentario
A menudo las parejas se comportan de hecho como animales que marcan el territorio. Para poseer, tienen necesidad de ensuciar.
Nuccio Ordine
dominios
octubre 12, 2014 § Deja un comentario
Hay ámbitos donde el ansia de poseer se revela como una fuerza destructora. Uno de ellos es el del amor. Otro el de la verdad. Bastan estas dos palabras para suponer que no todo termina en lo que podamos alcanzar.
sátiras
octubre 12, 2014 § Deja un comentario
ten por infamia suprema preferir la vida al honor / y para salvar la vida perder la razón de vivir
Juvenal
fin de etapa
octubre 11, 2014 § Deja un comentario
Hay verdades que dependen de quien las encarna. Detrás suyo no hay hechos, sino en cualquier caso hueco, carencia, privación. Supongamos que quienes pasamos de largo ante el sufrimiento de los hombres nos llenáramos la boca con la bondad de Dios. O que aquellos que nos exhortan una y otra vez a ponernos en manos del Señor, en el momento de la verdad, es decir, a las puertas de la muerte, abjurasen de su fe y corrieran como niños a refugiarse en los brazos del carpe diem más desfasado. «Dios», en estos casos, sería una palabra vacía. Flatus vocis. Humano, sin duda. Pero demasiado humano también. De ahí que no debamos utilizar el nombre de Dios en vano. Pues, está en juego la posibilidad misma de Dios. Como decían los viejos judíos, la presencia de Dios depende del testigo, de quien soporta sobre sus espaldas el peso de su des-aparición. Como ocurre en aquellos hogares en donde falta el padre: que solo los hijos que lo echan en falta mantienen viva su presencia. Sin embargo, sigue siendo cierto —y esto ya es de por sí un síntoma— que los testigos no suelen hablar mucho de Dios.
pasión cristiana
octubre 9, 2014 § Deja un comentario
El ateísmo es un retoño tardío de la pasión cristiana por la verdad. Ningún pagano estaba dispuesto a sacrificar el placer de la vida por el logro de la mera verdad. Era la ilusión artística, no la realidad sin adornos, lo que más apreciaban. Entre los griegos, el objetivo de la filosofía era la felicidad o la salvación, no la verdad. El culto a la verdad es un culto cristiano.
John Gray
lo peor
octubre 9, 2014 § Deja un comentario
Lo peor no es que haya muerte, sino que, al final, todo se disuelva como nuestras lágrimas en un día de lluvia. Como si jamás hubiéramos existido.
¿Dios?
octubre 8, 2014 § Deja un comentario
Un cristiano ve en Jesús de Nazareth la manifestación visible del Dios invisible. Es en este sentido que muchos cristianos entienden que Jesús de Nazareth encarna la bondad misma de Dios. Es aquello de Leonardo Boff de que tan humano solo podía serlo Dios mismo. Es obvio, sin embargo, que está visión de las cosas presupone que hay Dios, el dar por sentada la existencia de una divinidad tutelar. Ahora bien, por eso mismo la figura de Jesús de Nazareth no puede servir como apología de Dios en un contexto que ya no da a Dios por descontado. Pues parece que la visión cristiana solo sea posible a lomos del prejuicio religioso. Puede que esto sea simplemente así y no hay que darle más vueltas. Pero, al menos, uno puede preguntarse, si cristianamente hablando, las cosas son tal y como nos las cuentan. Y es que, a la luz misma de los relatos de la Pasión, podemos preguntarnos, si la Revelación, el poder confesar al Crucificado como Dios, no exige, más bien, la quiebra de dicho prejuicio, al fin y al cabo, la des-aparición de Dios.
una vez más: Atenas y Jerusalén
octubre 8, 2014 § Deja un comentario
En tanto que occidentales, tenemos una doble filiación: Atenas y Jerusalén. El tema no es secundario, pues buena parte de nuestros conflictos internos —de nuestra profundidad— proceden del hecho de que ambas ciudades no acaban de hacer las paces. Así, por ejemplo, con respecto a la posibilidad de la integridad, de ser, en definitiva, de una pieza. Como griegos que somos no parece que pueda haber otra integridad que la que se ejerce como un dominio de sí. Quien es de una pieza es dueño de sí mismo, lo cual no debe entenderse como si hablásemos de hacer lo que a uno le apetezca. Quien hace lo que le apetece es esclavo, como quien dice, de sí mismo. Solo hace falta haber dejado la infancia atrás para caer en la cuenta de que, si bien sabemos lo que nos apetece, no tenemos tan claro qué es lo que queremos. La posibilidad del dominio de sí, en definitiva, de la libertad exige un cierto extrañamiento de sí, relacionarse con uno mismo como si uno fuera un extraño. Ahora bien, ese extrañamiento de sí es concomitante a un permanecer expuesto a lo que nos supera. Y lo que nos supera por entero, desde la óptica ateniense, no es la fuerza o el poder sobrehumanos, sino el carácter irresoluble de las preguntas últimas. La ignorancia como la muerte misma, se muestran, pues, como el horizonte infranqueable de la existencia humana. De ahí, que el dominio de uno mismo solo pueda ejercerse, por un lado, como fidelidad a la pregunta por la verdad, pregunta siempre abierta, y, por otro, en lo que respecta a las exigencias de la adaptación, como ironía, como habilidad, al fin y al cabo, como la sinceridad del actor. En cambio, desde la óptica de Jerusalén, no cabe otra integridad que la del fiel: la de quien se encuentra enteramente sometido a la demanda infinita de Dios, al clamor insatisfacible de los estómagos del hambre. Bíblicamente, no hay otra integridad que la que se expresa como obediencia a una alteridad radical. Es posible que Atenas y Jerusalén hallen un punto de encuentro en el como si no de Pablo (1Co 7, 28): que los que estén alegres vivan como si no se alegrasen, los casados como si no lo estuvieran, etc. Aquí hay, ciertamente, extrañeza de sí y es posible que también mucha sinceridad de actor, la extrañeza de quienes pertenecen a los días finales. Pero es igualmente cierto que no acaba de ser lo mismo permanecer en suspenso, tensado por esas preguntas fundamentales que no resolveremos, que sujetos a la Ley de Dios, esto es, en manos del pobre. Pues, el filósofo está a un paso del nihilismo, en tanto que sospecha que no puede haber respuesta válida a la pregunta por el sentido, mientras que el creyente deja la respuesta en manos de un Dios que está por ver.
la filo
octubre 7, 2014 § Deja un comentario
A la pregunta ritual «¿qué es la filosofía? desearía responder sencillamente así: un intento de asumir las cuestión religiosas de un modo no religioso, incluso antirreligioso.
Jean Luc Ferry
top Wilson
octubre 7, 2014 § Deja un comentario
que no pare la fiesta
octubre 7, 2014 § Deja un comentario
Con frecuencia, la esperanza cristiana se expresa en los términos de una convicción: la fiesta terminará bien. Sin embargo, si se trata de una confianza, no parece que tal convicción pueda tener lugar. Un creyente debería más bien decir: confío en que acabaremos en paz, pero a ciencia cierta no lo sé. Ciertamente, hay base para tal confianza. La vida tiene mucho de bendición para que la última palabra la tenga el sufrimiento y la muerte. Pero hay también demasiado mal —demasiada oscuridad, demasiada injusticia— como para, cuanto menos, ponerse a temblar. El mundo no parece que esté por la labor. De ahí que la esperanza creyente se formule mejor según el modo del imperativo que según el del futuro imperfecto del indicativo. La fiesta, visto lo visto, tiene que acabar bien, aunque no me imagino cómo esto puede ser.
ricardo one
octubre 6, 2014 § Deja un comentario
Lo que no está rodeado de incertidumbre, no puede ser verdad.
Richard Feyman
séptimo arte
octubre 4, 2014 § Deja un comentario
Un Dios fuera de campo es un Dios fuera del campo. (Y aquí hay que recordar que los dioses paganos son, por definición, dioses campesinos, dioses del lugar.)
sobre la pureza
octubre 3, 2014 § Deja un comentario
A la hora de entender la crítica evangélica al ideal fariseo de pureza no está de más tener presente que, en judío, pureza es sinónimo de integridad o, mejor dicho, de fidelidad a Dios. Así, el problema del fariseo, como quien dice, no es el de querer ser fiel a la voluntad de Dios, sino el de creer que uno ya es fiel por el simple hecho de cumplir formalmente con los preceptos que expresan dicha voluntad. El problema reside en creer que uno se encuentra del lado de los buenos. Hasta aquí nada nuevo. Ahora bien, lo que se desprende de la crítica evangélica al fariseísmo, de hecho feroz, no es lo que se entiende habitualmente por los pagos del cristianismo «progre», a saber, que de lo que se trata es de «ser auténtico», o si se prefiere, de hacer lo debido desde el fondo del corazón. Aquí la lucidez de Pablo es implacable: en relación con la Ley no cabe un corazón puro. La sospecha del apóstol no tiene nada que envidiar, pues, a la de Freud. La Ley, por el simple hecho de existir, nos divide en dos. El corazón de quien se encuentra bajo la Ley es, inevitablemente, un corazón partío. Pues no hay Ley que no engendre en lo más profundo de cada uno el deseo de transgresión o, lo que acaso sea peor, de justificación de sí. Así pues, no hay corazón que pueda decir de sí mismo que es puro. Quizá sea por eso que uno solo pueda responder al clamor de los oprimidos sin Dios mediante. Con otras palabras, no parece que podamos responder honestamente a la demanda de Dios, donde sigamos imaginando que Dios tutela desde arriba nuestra existencia. Dios tiene que desaparecer para que los hombres y mujeres puedan responder a Dios. No es casual que el ejemplo evangélico por antonomasia de obediencia a Dios, a parte del Crucificado, sea el de aquel samaritano que se detiene para cuidar del que quedó malherido en los márgenes del camino. Y aquí no hay que olvidar que el pueblo de Samaria era, en la época, un pueblo proscrito por su infidelidad a Dios, por haber pactado con el enemigo. Será verdad que la obediencia a Dios —la integridad creyente— es un producto lateral, algo que solo alcanzan quienes ya no buscan la bendición de Dios, de tan hundidos que están en su propia miseria.
más allá (y 2)
octubre 2, 2014 § Deja un comentario
Quienes suelen hablar del misterio a propósito del más allá quizá deberían tener en cuenta que un misterio no es una cosa o un mundo que no sabemos a ciencia cierta qué es. Un misterio, en tanto que no apunta a algo con lo que podamos tratar, se halla más cerca de la nada que del mundo. El misterio propiamente surge del carácter irresoluble de las últimas (y necesarias) preguntas. Hay interrogantes que van con nosotros y que no admiten una solución, un conocimiento, ni siquiera hipotético. Quien se expone al misterio habita en la perplejidad. No hay saber acerca de las últimas cosas. Por eso mismo, un misterio está más cerca de la paradoja que de los motivos que incitan nuestra curiosidad. Ciertamente, los primeros cristianos, esos apocalípticos, parecían tener una idea de lo que podía esperarles tras la muerte. Pero se trata se una falsa impresión. Quienes piensan con imágenes no pueden dejarlas de lado. De ahí que el misterio tuvieran que expresarlo por medio de imágenes increíbles, esto es, a través de imágenes de las que, paradójicamente, no podemos hacernos una idea sin caer en la superstición o la idolatría. Como es sabido, las imágenes de la esperanza apocalíptica no constituyen una expectativa que pueda mundanamente realizarse —no suponen, lo que se dice, un horizonte—, sino que expresan más bien el deber ser de lo que ningún mundo puede admitir.
monasterios
septiembre 30, 2014 § Deja un comentario
Que vivimos en fuera de juego es evidente para quien se pare a pensar. Esto es, nuestra vida, por lo común, no arraiga en la verdad, mejor dicho, en lo que en verdad tiene lugar. Así, pongamos por caso, podemos llegar a darnos cuenta de que la vida es, efectivamente, un don, algo que nos ha sido dado dentro de un plazo. Ahora bien, las urgencias del día a día —las exigencias de la adaptación— de algún modo nos obligan a tratar con las cosas que nos han sido dadas como si fueran algo a nuestra entera disposición, algo más o menos útil. Por consiguiente, o bien marcamos la cotidianidad con los signos de la verdad, en último término, con las señas de la alteridad, o bien generamos un entorno en donde podamos hacer abstracción de las demandas, por lo común implacables, de la adaptación. Esto es, o bien rito, o bien monasterio. El rito ya no procede en sociedades fuertemente secularizadas. La inviabilidad del rito hace ciertamente difícil eso de ser contemplativos en la acción: el momento de la contemplación queda esencialmente separado del momento de la acción. Pero el monasterio, donde ya no cabe el rito, es hacer trampas. Con todo, quizá siga siendo necesario que haya hombres y mujeres que, aunque sea haciendo trampas, nos recuerden que es posible sobrevivir al trato, en definitiva, que hay vida, acaso la única posible, más allá de la utilidad.
que estás en los cielos
septiembre 29, 2014 § Deja un comentario
Dice JB Metz que el padrenuestro ha de entenderse como un pedirle a Dios por Dios. Ahora bien, si esto es así, que lo es, entonces Dios no se encuentra presente como lo suponen muchos de quienes recitan el padrenuestro como quien se dirige al ángel de la guarda de nuestra infancia. Solo puede pedirle a Dios por Dios quien echa a Dios en falta, según la hermosa y certera expresión del mismo Metz. Las primeras palabras del padrenuestro ya son de por sí indicativas de lo que estamos diciendo. Y es que la fórmula «que estás en los cielos» aparece en el judaísmo en la época del exilio —al mismo tiempo que «el Altísimo»— en contraposición a aquellas fórmulas que admitían la presencia de Dios en este mundo. Así, Dios no está, según el monoteísmo bíblico, en los cielos como un dios tutelar o ex machina, dispuesto a intervenir en la vida de los hombres, como pueda hacerlo un apicultor en los recovecos de un panal. De hecho, un dios, para los semitas de la Antigüedad, era por defecto un dios del lugar, un dios territorial, un dios que permite, precisamente, el arraigo de sus adeptos. Que Dios en verdad esté «en los cielos», supone, de por sí, una alteración de noción pagana de la divinidad. «En los cielos», esto es, «fuera de campo»: éste y no otro es el Dios de los desarraigados. De ahí también el «venga a nosotros tu Reino». Pues no habrá otra presencia de Dios que la que dé pie a un mundo fraternal.
poli
septiembre 29, 2014 § Deja un comentario
Que lo divino pueda admitir diferentes representaciones es algo que muchos hoy en día dan por sentado. Así, las diferentes religiones deberían entenderse como diferentes percepciones de un mismo paisaje. Sin embargo, esto es politeísmo por otros medios. Pues, uno de los principios del politeísmo es precisamente el de las mil caras de lo divino.
el conejito de duracell
septiembre 28, 2014 § Deja un comentario
¿Por qué las parejas no suelen, hoy en día, durar? La respuesta es evidente para quien sepa observar las cosas desde una cierta distancia. Si no podemos evitar ser consumidores, entonces resulta también inevitable que nuestro acceso al otro esté mediado, en gran medida, por nuestro deseo. Pero es igualmente obvio que, si esto es así, el otro acabe por desilusionarnos. El tiempo erosiona cualquier satisfacción. No hay deseo que no tenga fecha de caducidad. Puede que te guste el caviar. Pero caviar a diario, cansa. En la Antigüedad —y, hoy en día, en los pueblos denominados primitivos—, la relación entre los sexos funciona de otro modo. La mujer no era simplemente el cuerpo —el modo de ser— que puede satisfacer nuestro deseo. Cada mujer representaba algo más. Así, la relación que pudiéramos tener con ella ejemplificaba un acontecimiento cósmico, como quien dice. Antes, hombres y mujeres se encontraban, literalmente, sujetos a un orden del que formaban parte. El vínculo, en este sentido, era de por sí significativo. Debería ser elemental que en un supermercado no vamos a encontrar más que potes de mermelada. Es verdad que, desde el horizonte de la muerte, la pareja, como los hijos, te han sido dados. Pero es difícil permanecer en esta verdad si, de algún modo, no te lo parece. De ahí que nuestros tiempos felices sean, en cierto modo, tiempos de indigencia.
más allá
septiembre 27, 2014 § Deja un comentario
Puede que haya un más allá de la muerte. Puede que la muerte sea tan solo una puerta de entrada a otra dimensión de la existencia. La pregunta, sin embargo, es si ese más allá tiene que ver con nosotros. Pues, o bien somos nuestra relación con nuestro cuerpo, o bien espectros que habitan cuerpos como si fueran cárceles. En el primer caso, no hay yo que pueda sobrevivir a la desaparición del cuerpo. El yo es un continuo diferir del cuerpo. Si alguien puede decir yo es porque no acaba de coincidir consigo mismo: con su aspecto, su deseo, su carácter. El yo siempre da un paso atrás con respecto a su modo de ser. Hay yo porque podemos trascendernos, porque, en definitiva, somos unos extraños para nosotros mismos. En el segundo caso, tampoco parece claro que el espectro que sobrevive al cuerpo pueda decir yo. Y es que, si no hay cuerpo con respecto a la cual diferir, no puede haber un yo que valga. Por eso es probable que, si hay más allá, éste no tenga nada que ver conmigo. De ahí que la muerte sea el horizonte insuperable de lo humano. Aunque también es cierto que si la vida es aquello que nos ha sido dado es porque, al fin y al cabo, no vamos a durar siempre.
yin-yan
septiembre 25, 2014 § Deja un comentario
Quizá el problema de quienes defienden esto de la no dualidad es que difícilmente pueden evitar comprenderla como buena. Si el dualismo es algo que debe ser superado, entonces el dualismo —el abismo entre el bien y el mal, el sí y el no…— es, de por sí, ilusorio, por no decir «perverso». Y es que no puedes situarte por encima del bien y el mal, si no es en nombre de algo aún mejor.
ligoteo
septiembre 25, 2014 § Deja un comentario
Puede que solo en nuestra época quepa, literalmente, la religión. Pues la religión nace de la voluntad de recuperar el vínculo perdido con la divinidad. Esto es así, tanto hoy como en la época del exilio de Israel. Ahora bien, si nuestra época se resiste a la religión, no es tanto porque Dios haya desaparecido del mapa, pues Dios tiene que desaparecer para que pueda surgir el instinto religioso, sino porque ya nadie o muy pocos lo echan en falta.
presente imperfecto
septiembre 24, 2014 § Deja un comentario
El valor de las cosas que nos traemos entre manos no se da en el presente. Las cosas —los rostros— tienen que desaparecer para que aparezcan en lo que valen. Un valor es un aura, un aroma, un hueco. Mientras tanto y en el mejor de los casos, quizá podamos lograr un buen trato. En el mientras tanto a duras penas trascendemos la reacción. Puede que esto sea así porque ya nada representa nada elevado, nada del más allá. Hace ya tiempo que el arquetipo dejó de servir como norma. Hace ya tiempo que el cielo se derrumbó sobre nuestras cabezas. Aunque es posible que la divinidad tuviera que yacer bajo los escombros para que pudiese surgir, precisamente, Dios como valor.
gnosis
septiembre 23, 2014 § Deja un comentario
El gnosticismo, sea antiguo o actual, es sencillamente falso, mejor dicho, una salida por la puerta falsa. Y no porque sus imágenes sean increíbles, sino porque ofrece una solución, una respuesta, a nuestra íntima ignorancia; porque comprende, en definitiva, nuestro estar esencialmente expuestos a lo que no admite una respuesta en los términos de un saber. Nadie sabe en verdad por qué estamos aquí —a qué responde el don de la vida, el porqué de tanto sufrimiento, por qué hay algo en vez de nada…—. Cualquier respuesta aquí es, por poco que se piense, insatisfactoria. Hay preguntas que no podemos responder sin dejar por el camino el espíritu. Bajo la capa de la espiritualidad, el gnosticismo es de hecho un regreso a la materia. O, como suele decirse, un lobo con piel de cordero.
memento mori
septiembre 22, 2014 § Deja un comentario
Podemos dar por descontado que solo a las puertas de la muerte llegaremos a distinguir realmente entre lo que importa y lo que no. Ahora bien, supongamos que se hiciera una encuesta a quienes se les ha dado unos meses de vida, y la mayoría dijera que para ellos todo sigue igual: que tampoco se ven capaces de distinguir, más allá de lo emocional, entre un día con los amigos y una jornada en la oficina. ¿Qué deberíamos concluir? ¿Qué no es cierto que la muerte nos permita distinguir entre lo que importa y lo que no? Sin duda, es posible que, de hecho, haya quienes no lleguen a distinguirlo, llegado el momento. Incluso es concebible, aunque cueste de creerlo, que esta incapacidad afecte a la mayoría. No obstante, lo cierto es que, frente a la proximidad del final, deberíamos poder distinguir entre lo que importa y lo que no. Al menos por lo que exige nuestro específico modo de ser. De ahí que, si los hombres dejaran de diferenciar entre una cosa y otra, ello no hablaría, precisamente, a su favor.
dice Pagola
septiembre 20, 2014 § Deja un comentario
Como decíamos en una entrada anterior («según las Escrituras»), la creencia en la resurrección va con el pack Mesías. El Mesías, decíamos, es aquel que, según el mesianismo de corte apocalíptico, juzgará a vivos y a muertos en nombre de Dios. En este sentido, la convicción de que el crucificado fue en verdad el Mesías antecede, como quien dice, a la fe en la resurrección. En este sentido, la exégesis moderna suele desligar los relatos de las apariciones de la fe en la resurrección. Así, los primeros cristianos no creen en la resurrección porque se les apareciera Jesús, sino que se les aparece Jesús porque creyeron en su resurreción, esto es, porque confesaron a Jesús como el Mesías crucificado. Como suelen decir los exegetas, los relatos de las apariciones son relatos de legitimación. Un apóstol, un enviado, era alguien que había visto lo que los otros creyentes eran incapaces de ver por sí mismos. Pues bien, a la luz de lo dicho, no deja de sorprender que Pagola, y con él tantos otros, insistan en que por debajo de la fe en la resurrección hay, además (y puede que antes que nada), una experiencia. No tengo claro en qué pueda consistir dicha experiencia, sobre todo, si ha de poder expresarse por medio de las categorías de la resurrección, categorías que pertenecen a un mundo que ya no es el nuestro. Así, fácilmente acabamos expresando como resurrección lo que hoy en día expondríamos normalmente por medio de un concepto como el de «resilencia»…, sin darnos cuenta de que no estamos hablando de lo mismo. En cualquier caso, es de suponer que la insistencia en localizar la experiencia que hay detrás de la fe en la resurrección tiene que ver con el hecho de que la esperanza mesiánica ya no es la nuestra y que, por tanto, es necesario sentar sobre nuevas bases dicha fe, sin duda, nuclear en el cristianismo. Ocurre aquí algo parecido a la fe en la paternidad de Dios. Pablo, como es sabido, sostiene aquello de que fuimos hechos hijos por medio del Hijo (Gal 3, 25-26). Esto es, la fe en el Hijo es la que sostiene la fe en la efectiva paternidad de Dios. Intentar colar una experiencia independiente de Dios como Padre quizá pueda ser pastoralmente eficaz, pero probablemente no acabe de ser cristiano. Pues, es precisamente desde la cruz que el carácter paternal de Dios es, cuanto menos, problemático. O, mejor dicho, problemático… siempre y cuando no tengamos presente el perdón que desciende de esa cruz. De ahí que los intentos de lograr una experiencia de Dios como Padre al margen del crucificado, lejos de ser la expresión de una fe mas auténtica, sea el síntoma de que ya no sabemos qué hacer con la confesión que reconoce a Jesús como el unigénito de Dios.
Walter
septiembre 20, 2014 § Deja un comentario
La vinculación mesiánica entre origen y final de los tiempos no debe entenderse como si dicho final consumara lo dado en el origen. Más bien, para la esperanza mesiánica no puede haber origen —no puede haber paternidad— hasta que no se haya realizado el horizonte asintótico de la espera, la filiación. Es por esto que Dios, desde la óptica mesiánica, solo pueda subyugar al hombre mientras su misma existencia «siga en el aire», esto es, mientras su promesa continúe siendo un asunto pendiente. Será verdad que la salvación consiste, al fin y al cabo, en salvar a Dios del hombre.
Louvre
septiembre 17, 2014 § Deja un comentario
El museo no preserva el valor de la obra de arte: de hecho lo constituye. La Gioconda, cuando la pinto Leonardo, no dejaba de ser, simplemente, un buen retrato. De hecho esto es lo que ocurre con cualquier valor, incluyendo el que pueda admitir un Dios: que solo se hace presente una vez desaparece el mundo que lo hizo posible.
