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diciembre 14, 2013 § Deja un comentario
Cuando estamos metidos en el ajo, no podemos evitar suponer que las cosas son, al menos en gran medida, tal y como las vemos. Sin embargo, cuando nos paramos a pensar —cuando nos distanciamos de los supuestos de la inmediatez—, tarde o temprano llegamos a la conclusión de que la realidad no coincide con su apariencia, esto es, que no tenemos ni idea de lo que pueda ser lo real en sí mismo, eso otro que tenemos ahí enfrente. Incluso podemos sospechar que se trate de algo en concreto. De ahí que sea tan difícil vivir conforme a lo que es en verdad. En este sentido, es posible que el realista no sea aquel que dice al pan, pan y al vino, vino, sino el místico, el que, de algún modo, vive a flor de piel el carácter ilusorio de lo que nos traemos entre manos.
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diciembre 14, 2013 § Deja un comentario
Cuanta mayor sea nuestra conciencia de cómo se forman las ideas en nuestra mente, menos creíbles resultan dichas ideas. Pues el supuesto de que nuestra mente es algo así como una tablilla de cera en donde las cosas van dejando su huella es, cuanto menos, una ingenuidad. En el fondo, estamos hablando de la modernidad.
l’amic Ernest
diciembre 12, 2013 § Deja un comentario
¿Qué significa decir de Dios que es enteramente otro? Más aún: ¿qué diferencia puede haber entre la alteridad de Dios y la de, por ejemplo, una foca? La foca, podríamos decir, es algo ahí que se muestra como foca. Eso que la foca es —o, como suele decirse, su particular modo de ser— no puede establecerse al margen de su relación con otras cosas: con el mar, pongamos por caso; o el oso polar, o el esquimal… Ver una foca —como ver un martillo o un tanque…— es ver el mundo al que pertenece. Ahora bien, ver una foca solo es posible, como ocurre con cualquier otra cosa, donde su carácter de algo otro ahí no puede ser visto, sino solo reconocido o pensado. La alteridad como tal no admite una visión, pues toda visión siempre se da en relación con un punto de vista o sensibilidad. La alteridad es lo absoluto y lo absoluto en modo alguno puede mostrarse sensiblemente. De ahí que nos preguntemos si la alteridad de una foca, en tanto que invisible, es la misma que la alteridad de Dios. O, por decirlo con otras palabras, si decimos o pensamos la alteridad de la foca en el mismo sentido en que pensamos la alteridad de Dios. La respuesta, un tanto a bocajarro, es que si la foca es algo-otro-ahí es porque Dios es el enteramente otro. O por decirlo en platónico: porque el Ser, en sí mismo, es siempre un deber-ser —porque el Ser es, precisamente, lo pendiente de las cosas que son—, la alteridad de la foca es la alteridad misma de Dios. Pues la alteridad de Dios es, sencillamente, la alteridad. Dios, en tanto que enteramente otro, no podamos verlo en absoluto. Dios no pertenece a ningún mundo. Dios, en este sentido, no se da como algo determinado. Dios, en modo alguno, existe. Dios es la falta de Dios. O mejor dicho, Dios se muestra en sí mismo como su falta. De ahí aquello del enteramente otro. Es la falta de Dios —la falta de respuesta— la que abre el mundo al misterio, lo que impide el cierre inmanente de la totalidad, lo que, en definitiva, arroja al hombre a la responsabilidad infinita para con el que sufre. Es la falta de Dios la que mantiene al hombre a la espera de la respuesta de Dios, mejor dicho, a la espera de su aparición. Pero lo cierto es que, por eso mismo, Dios no puede aparecer —darse— como Dios. En verdad, Dios aparece como Crucificado en nombre de Dios. La alteridad de Dios —su realidad— es, por tanto, lo siempre pendiente de la experiencia del mundo (y por eso mismo hay experiencia del mundo). De ahí que la alteridad de Dios sea, estrictamente hablando, la misma que la de una foca. Pues si la foca es algo-otro-ahí es porque, en última instancia, tiene pendiente ser, porque la pregunta por el qué es, en definitiva, eso que se muestra como foca es irresoluble. Esto es: porque la foca se encuentra a su modo marcada por la alteridad misma de Dios, lo cual no quiere decir que Dios se muestre como foca. Esto, en todo caso, es lo que diría el maestro Eckhart.
only
diciembre 12, 2013 § Deja un comentario
Puede que la vida del espíritu comience cuando uno se pregunta qué debe ser preservado de la profanación.
F.P (6)
diciembre 11, 2013 § Deja un comentario
Nos quedamos, pues, cada uno entregado a sí mismo, en la desolación de sentirse vivir. Un barco parece ser un objeto cuyo fin es navegar; pero su fin no es navegar, sino llegar a un puerto. Nosotros nos encontramos navegando, sin la idea del puerto al que deberíamos acogernos. Reproducimos así, en la especie dolorosa, la fórmula aventurera de los argonautas: navegar es preciso, vivir no es preciso.
Fernando Pessoa
F.P (5)
diciembre 11, 2013 § Deja un comentario
Pertenezco a una generación que ha heredado la incredulidad en la fe cristiana y que ha creado en sí una incredulidad de todas las demás fes. Nuestros padres tenían todavía el impulso creyente, que transferían del cristianismo a otras formas de ilusión. Unos eran entusiastas de la igualdad social, otros eran enamorados sólo de la belleza, otros depositaban fe en la ciencia y en sus provechos, y había otros que, más cristianos todavía, iban a buscar a Orientes y Occidentes otras formas religiosas con que entretener la conciencia, sin ella hueca, de meramente vivir.
Todo esto lo perdimos nosotros, de todas estas consolaciones nacimos huérfanos.
Fernando Pessoa
F.P (4)
diciembre 10, 2013 § Deja un comentario
En la vida de hoy, el mundo sólo pertenece a los estúpidos, a los insensibles y a los agitados. El derecho a vivir y a triunfar se conquista hoy con los mismos procedimientos con que se conquista el internamiento en un manicomio: la incapacidad de pensar, la amoralidad y la hiperexcitación.
Fernando Pessoa
F.P (3)
diciembre 10, 2013 § Deja un comentario
Sabemos bien que toda obra tiene que ser imperfecta.
Fernando Pessoa
F.P (2)
diciembre 10, 2013 § Deja un comentario
He nacido en un tiempo en que la mayoría de los jóvenes habían perdido la creencia en Dios, por la misma razón que sus mayores la habían tenido: sin saber por qué. Y entonces, porque el espíritu humano tiende naturalmente a criticar porque siente, y no porque piensa, la mayoría de los jóvenes ha escogido a la Humanidad como sucedáneo de Dios. Pertenezco, sin embargo, a esa especie de hombres que están siempre al margen de aquello a lo que pertenecen, no ven sólo la multitud de la que son, sino también los grandes espacios que hay al lado.
Fernando Pessoa
F.P
diciembre 9, 2013 § Deja un comentario
Nuestros padres destruyeron alegremente porque vivían en una época que todavía tenía reflejos de la solidez del pasado. Era aquello mismo que destruían lo que prestaba fuerza a la sociedad para que pudiesen destruir sin sentir agrietarse al edificio. Nosotros heredamos la destrucción y sus resultados.
Fernando Pessoa
extrañamiento
diciembre 9, 2013 § Deja un comentario
No tanto entrar, sino que entren. Puede que, en el fondo, todo se reduzca a esto: que alguien interrumpa la continuidad de tu existencia. Que algo suceda y no simplemente pase. Es decir, que haya milagro y no tan solo inercia. Hablamos, pues, de lo improbable.
la bondad de Dios
diciembre 8, 2013 § Deja un comentario
Un antiguo tenía muy claro qué significa la palabra «dios». Por eso debió resultarle tan extraña la fe cristiana en la bondad de Dios. ¿Cómo podía siquiera suponerse, tratándose de la divinidad? Es como si una hormiga, de repente, proclamase que los hombres, en verdad, las aman: algo del todo insensato para las hormigas que saben perfectamente quienes somos los hombres. Quizá por eso el paso, por otra parte tan natural en los territorios «progres», de la fe en la bondad de Dios a la divinización de la bondad sea el mayor síntoma de que ya no sabemos qué hacer con el nombre de Dios. Mejor dicho, con la desproporción, el escándalo que supone creer en la humanización de Dios.
Orígenes
diciembre 8, 2013 § Deja un comentario
El cristianismo, casi de buen comienzo, fue una interpretación de su anuncio fundamental. O, por decirlo con otras palabras, una vez los primeros cristianos caen en la cuenta de que Dios no está por ponerle un punto y final a la Historia, el cristianismo comienza a traducirse a sí mismo. Así no resulta extraño leer en muchos textos de la antigüedad cristiana aquello de que, por ejemplo, la resurrección no es en realidad lo que parece, sino el significado de la Cruz… o cosas por el estilo. Y así hasta nuestros días. La metáfora, el típico «como si hubiera habido resurrección», por no hablar de la alegoría, siempre fue el recurso de aquellos que querían seguir creyendo en lo que ya no podían creer. Pero es posible que no quepa actualizar el kerygma sin algunas dosis de mala fe. Pues lo cierto es que, despojado de la expectativa apocalíptica en un inminente final de los tiempos, el kerygma cristiano pierde buena parte de su inteligibilidad. El cristianismo fue originariamente algo tan físico, aunque ciertamente no tan violento, como la revolución bolchevique. De ahí que, una vez los hechos desmienten su principal expectativa, solo le queden dos salidas: o bien renuncia a su pretensión verdad (y se convierte en mito), o bien la espiritualiza. Y ya sabemos por dónde fueron los tiros. En cualquier caso, una buen pregunta es qué hubieran pensado Pablo y compañía, si les hubieran dicho en su momento que la resurrección, al fin y al cabo, no quiere decir otra cosa que Jesús sigue vivo en nuestros corazones. Probablemente habrían creído que para este viaje no hacen falta las alforjas del martirio.
meta-
diciembre 7, 2013 § Deja un comentario
Es posible que el monoteísmo bíblico —sobre todo el cristiano— no sea tanto un lenguaje acerca de Dios como un metalenguaje. Es posible que el hablar bíblico acerca de Dios solo pueda comprenderse como una deconstrucción de la referencia típicamente religiosa a la divinidad. La operación es semejante a la que llevó a cabo Sócrates con respecto a las grandes palabras: al final, no sabemos de qué hablamos cuando hablamos de Dios. Pues cuando, por ejemplo, definimos a Dios en relación con un determinado poder, la resultante no puede ser admitida sinceramente como Dios. Un poder es, simplemente, un poder, por muy poderoso que sea. La cuestión que aquí se plantea es qué significa estar sometido a Dios cuando no hay concepto de Dios que valga. De ahí que, como suele decir JB Metz, un creyente sea aquel que echa a Dios en falta. Todo cuanto es de Dios —incluso donde hablamos del poder, por ejemplo, de la misericordia— debe comprenderse en relación con la falta de Dios. Será cierto que la fe nace de nuestra incapacidad para seguir admitiendo que un Dios entendido como el último ente o la substancia que sostiene cuanto existe, pueda ser en verdad Dios.
Javier Vitoria
diciembre 6, 2013 § Deja un comentario
Javier Vitoria, el otro día, nos decía lo siguiente: «hay muchos que me dicen que creen que hay algo más allá. Pero yo siempre les pregunto: ¿y si es malo?» Si hay dios —o dioses— lo natural es creer que juegan con nosotros. Como si el mundo fuera un programa de la nintendo (la imagen es de Javier). Al fin y al cabo, si hay dios es posible que nada tenga que ver con nosotros. Hace falta ser audaz para proclamar que hay Dios y que su voluntad es que el hombre viva. Pues para cualquiera que sepa qué significa originariamente la palabra «dios», difícilmente puede admitir que Dios quiera en verdad al hombre. Más bien, sospechará que la concepción creyente de Dios no pretende otra cosa que elevar nuestra existencia. Del mismo modo que ningún hombre puede querer a una hormiga, salvo neurosis, no hay dios que pueda querer en verdad al hombre. Dios no puede amarnos sin enajenarse como Dios. De ahí que la confesión bíblica acerca de Dios no pueda hacerse sin alterar sustancialmente el significado de la palabra «dios». Y más cuando proclama cristianamente que Dios fue colgado de una cruz. La Encarnación, probablemente, sea la locura de Dios.
ocurrencias
diciembre 6, 2013 § Deja un comentario
Nada ocurre mientras la muerte no interrumpe la continuidad inercial de nuestra existencia. Nada real se da según la medida de nuestra receptividad. O lo real es un exceso o no acaba de ser real. Por eso lo real nunca son las cosas que (nos) pasan. Los tiempos de la realidad nunca fueron los del presente. Hay más realidad en el cráter que en el cuerpo que ocupaba su lugar. La realidad está hecha con los materiales de la ausencia.
éxtasis
diciembre 6, 2013 § Deja un comentario
Es posible que la vida del espíritu sea, al fin y al cabo, una vida descentrada, esto es, una vida que ya no puede concebirse a sí misma como la torre de control de la existencia. El centro, ciertamente, no está en ti, sino fuera de ti. Sin embargo, admitir nuestra nadería es algo que, con un poco de suerte, solo lograremos momentos antes de morir. De ahí que la vida del espíritu no sea factible donde no anticipamos sensiblemente el final.
e pur si muove
diciembre 5, 2013 § Deja un comentario
El cuerpo aún tiembla con la irrupción del «fantasma». No ya nuestra mente, la cual sabe que tiembla solo porque no está acostumbrada a los fantasmas. Ocurre aquí lo que ocurre con las serpientes. A diferencia de lo que pasaría en un hogar occidental, en África nadie se asusta porque encuentre una serpiente en el baño. Esta falla entre el cuerpo y la mente, entre una visión espontánea de las cosas y lo que sabemos acerca de la naturaleza de la visión es la que provoca, en definitiva, nuestra actual dificultad con respecto a la fe. Ya no podemos entender la aparición de la Kaaba como una señal del más allá, a pesar de que nuestos ojos infantiles aún puedan verla como algo de otro mundo. Ocurre aquí lo mismo que con las puestas de Sol: que no podemos evitar ver el Sol como el astro que se oculta, cuando en verdad sabemos que lo que se mueve es la tierra. Por suerte para la fe, nunca hubieron, sin embargo, señales de Dios.
mens
diciembre 4, 2013 § Deja un comentario
Si es posible que Dios no pueda valer como Dios —si es posible que una mente creadora no sea más que una mente creadora—, entonces Dios no es en sí mismo Dios, sino solo en relación con la psicología creyente. Todo cuanto pueda ser visto como Dios no es Dios. De ahí, sin embargo, no se deduce que no haya Dios. Tan solo que Dios no existe.
less is more
diciembre 4, 2013 § Deja un comentario
Hay dos tipos de belleza literaria. La que resulta de borrar y la que se produce cuando el escritor no deja resquicio. La primera es la de las ruinas. La segunda, la de las catedrales. Cuando obtienes la primera eres un poeta. Cuando la segunda, filósofo. O quizá mejor, ajedrecista.
cuerpo y alma
diciembre 4, 2013 § Deja un comentario
Es posible que solo el monstruo entienda aquello tan platónico de que el cuerpo es la prisión de alma. Pues el monstruo percibe mejor que nadie nuestra falta de coincidencia con el cuerpo. Acaso solo él pueda vivir el cuerpo —su deformidad, su pestilencia— como injusticia.
politikon
diciembre 3, 2013 § Deja un comentario
Es posible que la cuestión más decisiva de la filosofía política sea si la vida del filósofo es —o no— una vida equivocada. Pues lo cierto es que la vida en común no parece que pueda admitir fácilmente la palabra que pone en suspenso la evidencia del mito sobre el que se sostiene la convivencia. Así pues, o Sócrates vivió en el error o, por el contrario, es la polis la que anduvo equivocada. De hecho, esta es la cuestión que atraviesa los diez libros de la República. Como sabemos, Platón se inclina por la segunda opción: una polis solo puede ser justa, si está gobernada por quien sabe gobernarse a sí mismo. Pero esto es lo mismo que decir que la verdad que encarna una vida filosófica no puede integrarse políticamente, que dicha verdad es, literalmente, una u-topía. Que la política no puede organizarse en torno a la verdad. Pues lo cierto es que ninguna polis es de hecho capaz de aceptar a un filósofo como rey. Comprender la gravedad de esta cuestión —el vértigo que supone admitir que los mejores hombres no puedan vivir entre hombres— acaso sea la tarea de una filosofía política que pretenda recuperar el fuelle que perdió una vez se puso al servicio de la ciencia económica. (Existe una versión cristiana de la misma cuestión, a saber, la que se pregunta si los hombres buenos que murieron en los lager fueron acaso un error; si acaso la vida en crudo no exigirá realmente otro tipo de habilidades, y ello al margen de la simpatía espontánea que podamos sentir hacia los gestos de los hombres buenos. ¿Por qué creemos que hay que realizar la bondad por encima de todo, cuando lo cierto es que el mundo no parece que pueda soportar a demasiados hombres buenos? De ahí que la cuestión de una filosofía política cristiana no sea si una sociedad puede ser, de hecho, cristiana, pues en verdad no puede serlo, sino en nombre de qué —o de quién— la bondad puede defender su derecho a la existencia frente al mundo.)
diálogos del conocimiento
diciembre 2, 2013 § Deja un comentario
—de verdad ¿crees que hay algo más allá?
—sí…
—entonces, ¿eres creyente?
—diría que no.
—¿me estás liando?
—no es mi intención… Puede que haya algo más allá. Mejor dicho: puede que haya alguien mas allá, tutelando nuestra existencia. Pero otra cosa es que pueda admitirlo como Dios.
teodoro
diciembre 2, 2013 § Deja un comentario
Quizá la pregunta no sea la que se hizo Adorno, a saber, si es posible escribir poesía después de Auschwitz, sino si es posible hacerlo acerca de Auschwitz o, mejor aún, en Auschwitz. Y, por supuesto, qué significaría hacerlo.
la peste
noviembre 26, 2013 § Deja un comentario
Oyendo los gritos de alegría que subían de la ciudad, Rieux tenía presente que esta alegría está siempre amenazada. Pues él sabía que esta muchedumbre dichosa ignoraba lo que se puede leer en los libros, que el bacilo de la peste no muere ni desaparece jamás, que puede permanecer durante decenios dormido en los muebles, en la ropa, que espera pacientemente en las alcobas, en las bodegas, en las maletas, los pañuelos y los papeles, y que puede llegar un día en que la peste, para desgracia y enseñanza de los hombres, despierte a sus ratas y las mande a morir en una ciudad dichosa.
Albert Camus
sin manos
noviembre 26, 2013 § Deja un comentario
Imaginar por un momento la verdad de la fe, aquella que encarna el último creyente. Pues un creyente es aquel que es capaz de doblegarse ante Dios ahí donde nadie cree ya en Dios. (La pregunta es qué monstruo hay detrás de dicho gesto.)
M.V
noviembre 25, 2013 § Deja un comentario
Si la diferencia entre darlo todo o casi todo es infinita —que lo es—, entonces el cristianismo se equivoca cuando comprende la vida de los santos en términos estrictamente morales: como si ellos hubieran simplemente conseguido lo que la mayoría estamos lejos de alcanzar. Como si el paso entre el casi todo y el todo fuera cuestión de remangarse. Pero un santo en verdad no es un sujeto moral. Su vida es una pasada de rosca. Su exceso es, literalmente, increíble, mejor dicho, intragable. Debe serlo si su vida tiene que hablarnos de Dios. ¿O acaso alguien puede exigirnos que, por ejemplo, perdonemos a quien descuartizó a nuestros hijos? ¿O que cuidemos al mono —el negro en la época de Pere Claver— como si fuera uno de los nuestros? Nadie en su sano juicio puede poner al santo como ejemplo de lo que uno puede —incluso debe— humanamente hacer. De ahí que un cristianismo excesivamente moralizado pierda el fuelle que solo le da el exceso propio de una vida por entero sometida a la absurda demanda de Dios. Un cristianismo que presenta al santo como ejemplo de vida difícilmente se deja escandalizar por lo sobrehumano de su existencia. No debería extrañarnos, pues, que las catequesis de las comunidades progres —aquellas que dan por hecho que lo de menos es la confesión, que lo que importa es hacer el bien— hayan dado tantos hombres y mujeres capaces de colaborar con una ONG, pero que no saben muy bien qué hacer con Dios.
God here and now
noviembre 25, 2013 § Deja un comentario
Seamos honestos: cuando hablamos de que Jesucristo volverá para juzgarnos, de la resurrección de los muertos, de la vida y la muerte eternas, no sabemos lo que decimos.
Karl Barth
integrales
noviembre 24, 2013 § Deja un comentario
La pregunta por la integridad deviene acuciante cuando te das cuenta que eres mezcla: que depende de con quién o dónde saldrán aspectos de ti que preferirías no haber visto jamás. ¿Eres un chico duro o, por el contrario, un buen muchacho? ¿Acaso, un artista? Ni lo sueñes. En la intimidad, no coincides con ninguno de tus aspectos. Te extrañas de lo que demás llegan a ver en ti. Pero ¿es que no se trata de eso, de seguir en la propia ignorancia? Toda integridad es un espejismo. De ahí que no quepa hacer otra cosa que obedecer. La cuestión es a qué.
fundamentalismos
noviembre 24, 2013 § Deja un comentario
Más que creer, muchos creen creer. Y, de igual modo, quizá quepa sospechar que uno persevera en ciertas prácticas devocionales, no tanto para recuperar la fe, como para librarse de ella.
ecce homo
noviembre 24, 2013 § Deja un comentario
Es posible que solo comprenda el cristianismo quien es capaz de ver a Pilato diciendo, ante la turba que pide la crucifixión de Jesús, «aquí tenéis a (vuestro) Dios». Cuál sería nuestra reacción, si esperásemos que apareciese el rey por el balcón y, en su lugar, viéramos a un indigente, cubierto de pústulas y medio enloquecido. Esto, sencillamente, no puede ser verdad —diríamos—, tiene que haber un error.
una manera rápida de entender por qué el cristianismo no es un mito
noviembre 23, 2013 § Deja un comentario
En Dachau los capos ordenaron a un hombre que matara con sus propias manos a un niño del barracón. ¿Qué nos cuenta el mito? Pues que ese hombre se negó y, justo en el momento en que iba a ser ajusticiado, los aliados bombardearon el campo. El hombre, aprovechando la confusión, pudo huir con el niño y unos cuantos más. Ahí tenemos un héroe, un semidios. Ahí tenemos un (mal) guión de Hollywood. ¿Qué nos cuenta el cristianismo? Pues que ese hombre hizo lo que le pidieron. Una vez terminada la guerra, intentó rehacer su vida, pero todo cuanto emprendía era un naufragio. Hasta que se puso en manos de los huérfanos que aún deambulaban por las calles de un país devastado. Poco a poco construyó unas cuantas casas de acogida. Al menos, esos niños pudieron seguir con vida. Y lo que haya de más, aún está por ver. Ese hombre —y la vida que engendra— es lo que nos queda de Dios.
apocalíptica
noviembre 22, 2013 § Deja un comentario
No hay una geografía del más allá, sino una temporalidad. El más allá es el más allá de los tiempos. La diferencia entre los tiempos es, por tanto, cualitativa. No se ve lo mismo en los tiempos de Dios que en los del hombre. En los tiempos del hombre, todo pasa y nada ocurre (y esto es paganismo). En los tiempos de Dios (los tiempos en donde los hombres echan en falta a Dios) nada pasa, porque todo ocurre.
judaicas (5)
noviembre 21, 2013 § Deja un comentario
Es muy posible que la verdad de la religión, sea la que expone la crítica bíblica al mito. Pues acaso la única situación donde el hombre puede encontrarse ante Dios sea aquella en la que dios es impugnado como Dios (y, por tanto, aquella en la que lo divino desaparece del mapa).
judaicas (4)
noviembre 21, 2013 § Deja un comentario
El monoteísmo bíblico, más que una religión, es una epistemología. Pues su operación básica consiste en rechazar de plano la posibilidad de un conocimiento de Dios. Ni siquiera caben vestigios o hipótesis con respecto a la naturaleza de Dios. De Dios tan solo podemos decir que es, no qué es. Dios es el misterio del mundo. Todos los atributos de Dios deben, pues, entenderse como el reflejo en el hombre de la radical trascendencia divina. Que Dios, por ejemplo, sea misericordioso significa que, ante Dios, mejor dicho, ante su posibilidad, el hombre se experimenta a sí mismo como aquel que existe en un tiempo de prórroga o, por decirlo en católico, bajo una medida de gracia. O que Dios sea creador significa que, ante un Dios por-venir, la vida es aquello que nos ha sido dado… dentro de un plazo. «Dios», por tanto, no significa «dios». «Dios», a diferencia de «dios», no forma parte del mundo. Su trascendencia no es la propia de otro mundo, sino la de lo otro del mundo. O, por decirlo en los términos de la moderna filosofía del lenguaje, el nombre de «Dios» no puede comprenderse como la abreviación de una descripción definida (de un significado). El nombre «Dios», bíblicamente hablando, carece de significado. Dios está por ver. De ahí que, en el judaísmo, la existencia creyente no se comprenda como una vida dominada, tutelada por Dios, pues esta es la manera mítica de entender a Dios (como si Dios fuera el superángel de la guarda de los hombres), sino en cualquier caso, mantenida en vilo por Dios, por su posibilidad, su promesa. De ahí que la interpretación del mundo que hace el creyente bíblico sea la misma que la que hace un ateo: en ambas no hay dioses que valgan. Sin embargo, el mundo del creyente, a diferencia del que habita el ateo, es un mundo que permanece enteramente en suspenso (suspendido por la (medida de) gracia, diria el teólogo). Desde la óptica creyente, el mundo es vivido como los protagonistas de las típicas películas de terror viven esas escenas en donde, de repente, se hace el silencio: algo decisivo tiene que ocurrir. Y eso que tiene que ocurrir, precisamente, porque se da tras el silencio del mundo, no puede ser en verdad del mundo (aunque de hecho no pueda ser nada del otro mundo). Es lo que tiene que Dios quede fuera de campo.
Bobok
noviembre 19, 2013 § Deja un comentario
Lo principal es que tenemos dos o tres meses más de vida [después de muertos], y al final, «bobok». Les propongo pasar estos dos meses de la forma más agradable, y para ellos organizarse sobre otras bases. ¡Señores, les propongo no avergonzarse de nada!
F. Dostojevski
pobres gentes
noviembre 19, 2013 § Deja un comentario
Los mendigos profesionales alquilaban, en los barrios pobres, niños escuálidos para llamar la atención de los transeúntes y si el niño moría durante el día, seguían exhibiéndolo hasta la noche para no perder el precio del alquiler. Dievuschkin no podía comprender cómo los pequeños eran víctimas de esta situación tan habitual en la sociedad rusa. En este fragmento se evidencia este cotidiano escenario… «Y temblando todo él, llegase corriendo a mí y mostrándome el papel, con vocecilla que tiritaba, me dijo: 'Una limosnita, señor'… No hay que ponderar el caso, que es claro y corriente. Pero ¿qué iba yo a darle? Pues no le di nada. Y sin embargo, me inspiraba tanta compasión.
F. Dostojevski

