resiliencia
septiembre 16, 2013 § Deja un comentario
Es sabido que los antiguos gnósticos estaban convencidos de que en lo más profundo del alma humana habitaba una chispa divina que era necesario liberar de las ataduras de la corporalidad. Se entendía que los hombres participaban de la sustancia divina de modo que, tras determinadas prácticas, por lo común, de cuño ascético, acabarían siendo capaces de actuar según el modo de ser de Dios. Hoy en día, siguen sorprendiendo ciertas conductas excepcionales: hombres y mujeres capaces, por ejemplo, de superar el trauma de los campos de exterminio o de perdonar a quien les torturó o, lo que es peor, a quienes hicieron desaparecer a sus hijos. Ahora bien, ya no podemos ver esas conductas como debidas a Dios. En cualquier caso, entendemos que obedecen a una capacidad del hombre. Hablamos, por ejemplo, de la resiliencia. Pues bien, esta es la cuestión: qué nos obliga, hoy en día, a hablar de Dios y no solo del hombre. Esto es, por qué Dios, donde Dios ha dejado de ser una categoría explicativa. Así, el único modo de responder cristianamente a la pregunta es mostrando que Dios, en verdad, nunca fue una buena explicación. Pero esto es, precisamente, lo que no están dispuestos a admitir quienes siguen siendo religiosamente cristianos. Luego nos extraña que quienes se hacen según qué preguntas no quieran saber nada del mito cristiano.
mythos
septiembre 15, 2013 § Deja un comentario
A diferencia del relato de la verdad, el mito se pasa de la raya. Y es que el mito siempre da gato por liebre. Pues el mito, por definición, ofrece respuestas donde debería prevalecer nuestra perplejidad o desconcierto. De ahí que la filosofía sea más profunda —más espiritual— que la religión.
attitudes
septiembre 15, 2013 § Deja un comentario
El asombro o la gratitud no son las únicas actitudes espirituales. Cabe también el escándalo ante tanta muerte injusta. O la extrañeza ante tot plegat. Ni siquiera aquí, en el territorio del espíritu, hay una sola voz.
CR
septiembre 14, 2013 § Deja un comentario
Las catequesis del cristianismo progre es, de facto, una catequesis del buenrollismo. Aquí lo de menos suele ser la confesión y lo de más aquello de ser buenas personas. Así, da igual si unos creen que Dios es Jesús o la atmósfera misteriosa del Reiki. Lo importante es ir por ahí emitiendo buenas vibraciones y colaborando, a ser posible, en las campañas de Navidad. Esto está muy bien, sin duda, pero uno se pregunta quién es aquel que puede decir estas cosas. Y no es aquel que sufre el infierno de un gulag. O aquellos que malviven en los puertos de desguace de la India. O quienes trabajan como esclavos en las fábricas de ladrillos de la China. O las niñas que son obligadas a prostituirse en los burdeles de Thailandia… En los infiernos de este mundo, lo importante no es ser buenas personas —el problema no es el de alcanzar una cierta plenitud—, sino salir de ahí. Esto es, la cuestión no es cómo hemos de vivir para ser felices, sino quién nos salvará. Pues no parece, a menos que trivializemos esto del Mal, que todo pase por ser buenas personas. El Mal destruye cualquier vestigio de bondad que el hombre pueda obtener por sí mismo. La única salvación procede de la bondad de Dios, aquella que encarnan aquellos hombres y mujeres que incomprensiblemente fueron capaces de bondad donde la bondad era, literalmente, inviable. Ahora bien, una de las moralejas del evangelio es que no hay práctica que pueda poner en manos del hombre esa bondad. De hecho, quienes responden a la demanda infinita de Dios no suelen ser los mejores, aquellos que se reconocen en su bondad. Por eso, quienes dicen que la confesión no importa, probablemente, no hayan experimentado la salvación o, cuanto menos, no sepan de qué va. Pues quien ha sido salvado no puede evitar proclamar el acontecimiento. Y es que el salvado está en deuda con el salvador. De ahí que el lenguaje que da fe de la experiencia de la salvación no pueda ser aquel que insiste en que lo importante es ser buena gente. Y de ahí también que el rollo cristiano no pueda integrarse en el rollo transconfesional que ahora se lleva y del que uno sospecha que se encuentra más al servicio de esos hombres y mujeres necesitados de compensar espiritualmente el vacío de una vida unidimensional, que al servicio de la verdad de Dios.
una introducción al cristianismo (2)
septiembre 14, 2013 § Deja un comentario
Tendemos a imaginarnos a Dios como si fuera un ente superlativo, algo semejante a nosotros pero a lo grande. El rasgo distintivo de la divinidad siempre fue la desmesura, el exceso, el gigantismo. En este sentido, Dios sería, literalmente, insoportable. Dios en cualquier caso (nos) puede. Da igual de qué poder se trate. Da igual que el poder de Dios se entienda como el que provoca las tempestades o como el poder mismo de la bondad. Pues mientras concibamos a Dios en clave de poder seguiremos en la órbita del paganismo. En realidad, Dios es un contrapoder. No otra cosa viene a decirnos el dogma cristiano de la Encarnación. Así, un cristiano debería imaginar a Dios como si fuera algo muy frágil que se deposita en sus manos y que es necesario preservar. O como un niño —o un cordero— en el país de los orcos, cuya vida hay que salvar a toda costa. Pues el hombre se salva cuando salva al Dios que se pone en manos del hombre. De ahí que los primeros cristianos dijeran, de un modo u otro, aquello de que Dios se hizo debilidad para que el hombre pudiera vivir la vida de Dios. Y de ahí también que Dios se identifique con la fragilidad de las vidas amenazadas por el Mal o, mejor dicho, que Dios en verdad solo sea en esas vidas. Ahora bien, es obvio que este Dios no es el dios bajo el que se hallan quienes poseen una típica sensibilidad religiosa. Estos aún pueden preguntarse si existe o no el dios que presuponen, mientras que para un cristiano dicha pregunta carece de sentido. Y no porque den a Dios por supuesto, sino porque Dios se encarnó en quien fue crucificado en nombre de Dios, al fin y al cabo, en su lugar. O, por decirlo en trinitario, porque Dios no sobre-vive a la Cruz —porque no vive por encima de ella—, los hombres pueden habitar en el espíritu de Dios, el cual debe comprenderse, precisamente, como el espíritu que sobrevive a la Cruz, esto es, que vive más allá de ella. Dios se entrega, así, en la Cruz para que Dios pueda darse como el espíritu de la fraternidad, el por-venir, la esperanza del hombre.
física y religión
septiembre 13, 2013 § Deja un comentario
Es muy posible que el cosmos no sea tal y como lo concebimos. Es decir, es posible, por ejemplo, que no haya tiempo. O que nada repose sobre un fundamento último, tal y como exige nuestra razón. Ciertamente, un mundo sin tiempo ni fundamento no podría comprenderse como mundo. Probablemente enloqueciéramos, si habitásemos los mundos que sugieren películas como 2001, Matrix o, más recientemente, Orígenes. Desde el punto de vista de la razón son mundos imposibles. Sin embargo, no hace falta ser un especialista en mecánica cuántica para admitir la posibilidad de un mundo imposible. De hecho, esta es la posibilidad que, de algún modo, abre para el pensamiento moderno la objeción cartesiana a la razón: perfectamente pudiera ser que la exterioridad, de haberla, no se ajustara a los moldes de nuestro entendimiento. Pues bien, esto viene a cuento a propósito de Dios. Y es que no es tanto Nietzsche como Max Planck quien pone la goma 2 en la línea de flotación del barco de la religión. Un mundo en donde el más allá ya no puede concebirse como otro mundo, sino como delirio, no parece que pueda albergar a ningún dios. La religión, cuyo presupuesto fundamental es que el mundo posee un sentido, un sentido garantizado, precisamente, por el otro mundo, no tiene cabida en donde nada parece tener sentido, más allá de las fronteras que impone nuestra razón. La cosmovisión religiosa, aquella que grosso modo divide el mundo en dos, es demasiado estrecha para dar cuenta del mundo que pone al descubierto o, cuanto menos tantea, la física contemporánea. Solo ingenuamente podemos creer que el puro-ahí reposa sobre las condiciones de la inteligibilidad. Aunque lo cierto es que esto ya lo sabemos desde los tiempos de Job. Pues una cosa es encontrarse bajo el amparo del mito que garantiza el sentido del mundo y otra, muy distinta, encontrarse en medio de una gran perplejidad, por no hablar de un gran escándalo, ante un Dios que de entrada se encarga de decirte que no tienes ni idea. Ni siquiera de Dios.
una introducción al cristianismo (1)
septiembre 12, 2013 § Deja un comentario
Para muchos la experiencia de Dios es semejante a la de una mujer enamorada: durante los primeros días, el hombre es, literalmente, una aparición. La mujer se siente fascinada por la irrupción del otro. Hay un antes y un después. Hay revelación. En este sentido, el vínculo que pueda tener con él se muestra como perteneciente a otro mundo. Hay vida más allá de lo prosaico. Sin embargo, tan solo hace falta que pasen unos cuantos meses para que la fascinación ceda a las exigencias del (con)trato. Y es aquí donde los amantes, en el mejor de los casos, se esforzarán por preservar la experiencia fundante. Se imponen, así, las tareas de mantenimiento, se impone el ritual. Ahora bien, todo esto aún no es cristiano, sino en cualquier caso religión. Para la sensibilidad religiosa, las visiones de los enamorados serían el índice de una verdad que el mundo acaba por enmascarar, por no decir embrutecer, la verdad que se muestra, por ejemplo, en las películas románticas. De lo que se trataría, pues, es de mantenerse cerca de esa verdad que, por los motivos que sean, no parece que pueda realizarse fácilmente en nuestro mundo. De lo que se trataría es de evitar, en la medida de los posible, la caída en el tiempo. Los orígenes son puros y el tiempo es la corrupción de lo originario. Ahora bien, esta es una manera mítica de ver las cosas. Desde la óptica cristiana —desde una sensibilidad antimítica—, la fascinación de los primeros días, en cualquier caso, se revela como un simulacro, como una imagen de la alteridad, al fin y al cabo, como ilusión. Pues no hay de hecho alteridad en quienes representan una figura arquetípica. O dicho de otro modo, no hay alteridad en el fantasma. Como decíamos, un fantasma es una imagen de la alteridad y, por eso mismo, no puede encarnala. Tan solo hace falta que nos acostumbremos a él para que se desvanezca su poder sobre nosotros. Por eso el otro nunca se revela como poder, sino como aquel que nos invoca. Un poder subyuga, absorbe, pero no invoca. Desde una óptica cristiana, la genuina alteridad no podrá mostrarse mientras sigamos bajo el poder de fascinación de las figuras arquetípicas, el poder del fantasma. Desde la óptica cristiana, no hay fantasmas que valgan. El cielo tiene que caer sobre nuestras cabezas, para que el otro emerja de las cenizas del dios. No hay otro que no sea inalcanzable. Y lo inalcanzable del otro es, precisamente, su indigencia, su falta de ser, esa pobreza que nos invoca eternamente desde el más allá de las apariencias, la miseria que, salvo patología, en modo alguno cabe desear. Los amantes tienen que fracasar para que puedan, de hecho, amarse. El antes y el después no se da en los inicios. O mejor dicho, el verdadero inicio no se da en los primeros días, sino en los tiempos de crisis. El amor es el abrazo de los náufragos. Y el resto es por-venir.
el sentimiento de apertura
septiembre 11, 2013 § Deja un comentario
Diría que existen dos actitudes básicas: la de quien cree que no hay más leña que la que arde y la de quien permanece abierto al acontecimiento, a la irrupción de lo enteramente otro. Dicho de otro modo, hay quien da por hecho que no hay más que las cosas que suceden y hay quien vive a flor de piel que donde todo pasa, nada ocurre en verdad. Cuando dejamos atrás la infancia, fácilmente nos decantamos por la primera actitud. Cuanto mayor es nuestro control de la situación, menor es nuestra esperanza de que irrumpa lo extraordinario. En su lugar, tenemos las mil y una expectativas de nuestro deseo. La novedad en vez de lo nuevo. La excitación en vez de la experiencia. La esperanza es, así, lo que entregamos a cambio de nuestra madurez. De ahí que la madurez sea esencialmente religiosa, pues la gran pregunta de la religión es, precisamente, cómo recuperar la esperanza perdida, cómo alcanzar una segunda ingenuidad donde las imágenes de la infancia, aquellas en las que se concretaba el sentido de la alteridad, han dejado de ser creíbles. Pues es muy posible que este más vivo un niño que cualquiera de quienes creemos que de lo que se trata es de poder satisfacer nuestros mejores deseos.
Dios no es un bosón
septiembre 11, 2013 § Deja un comentario
Un físico puede preguntarse perfectamente —de hecho se lo pregunta— si existe el bosón de Higgs, pero no puede preguntarse si existe, por ejemplo, el dinero. Un físico, como cualquier hijo de vecino, da por sentado que puede comprar una barra de pan con el euro que tiene en el bolsillo. Ese físico no ve el euro como un simple pedazo de metal al que la mayoría —él incluido— le otorga una especial importancia, sino que de entrada ve un euro como euro. El valor de ese pedazo de metal va con la visión. Pues bien, lo mismo ocurre con Dios. O debería ocurrir. Así, no tiene sentido preguntarse por la existencia de Dios como podemos preguntarnos por la existencia del bosón de Higgs. O Dios se da por descontado o no puede verse como Dios. Dios no es una hipótesis. De ahí que la cuestión no es si existe Dios, sino si podemos darlo por sentado. Aunque bien pensado, no se trata de una cuestión, sino de algo que podemos constatar de inmediato. Y es que nuestro mundo ya no admite ninguna visión de Dios. Supongamos que hubiésemos dejado de funcionar con dinero. Supongamos, cosa que es mucho suponer, que los hombres y las mujeres hubiésemos vuelto al trueque. Un billete de cien euros pasaría a ser un simple pedazo de papel…, salvo quizá para los coleccionistas. Lo mismo ocurre con las antiguas visiones de Dios: que solo son relevantes para el antropólogo. Para quienes han dejado atrás los sentimientos de la infancia, Dios no es más que un poder. Aunque, estrictamente, quizá deberíamos hablar de dios —o de los dioses— y no de Dios. Pues uno no de debe olvidar que los lodos de la desacralización del mundo vienen de las lluvias del monoteísmo. Y es que si Dios es Dios para cualquier mundo es, precisamente, porque no cabe una visión de Dios. Bíblicamente, Dios nunca se da en los modos del presente. En realidad, la experiencia creyente de Dios tiene más que ver con el echar en falta a Dios —con todos los matices que conlleva la expresión— que con la visión, siempre epocalmente determinada, de un poder como divino.
(pos)modernidad y nihilismo
septiembre 9, 2013 § Deja un comentario
O hay Bien y Mal, en un sentido moral, o Bien y Mal son, simplemente, nuestro modo de promover o rechazar acciones que en sí mismas carecen de calificación moral. Si es lo segundo, entonces Bien y Mal solo tendrían que ver con nosotros. Así, carecería de sentido decir que el crimen es en sí mismo reprobable. El acto criminal sería algo que, simplemente, se nos muestra o aparece como algo difícil de admitir… en algunos casos. Es sabido que la modernidad —o, si se prefiere, la posmodernidad— se decanta por la segunda opción. Como decía Nietzsche, no hay hechos morales, sino en cualquier caso una interpretación moral de los hechos. Ahora bien, quien defiende esto último difícilmente podrá evitar la deriva nihilista. Pues nihilismo significa, entre otras cosas, que el gesto de aquellos que, en medio del infierno, fueron capaces de alguna bondad, aun a riesgo de sus propias vidas, no obedece a otra cosa que al impulso. Que la compasión es, en definitiva, mera reacción. Que el acto sacrificial es irrelevante, salvo emocionalmente. Que, en definitiva, ese gesto nada representa, que en verdad nada vale. Ahora bien, la cuestión no es si esto es cierto, sino para quién esto puede ser cierto. Pues uno puede perfectamente preguntarse qué tipo de sujeto es aquel que, ante el asesinato de sus hijos a manos de los escuadrones de la muerte, se dijera a sí mismo que su dolor es una simple reacción emocional a una violencia que, simplemente, forman parte de curso natural de las cosas.Sin duda, estamos ante una posibilidad del hombre. Pero el yo no es un ente abstracto que se enfrenta a diferentes posibilidades de ser como quien se halla en un super ante diferentes marcas de cerveza. El yo no es nada al margen del mundo al que pertenece, aun cuando, en tanto que yo, no pertenezca enteramente al mundo al que pertenece. Aquello que el hombre es no es independiente de lo que sea capaz de ver en lo que ve. Y no es el mismo yo aquel que admite que el otro es un fin en sí mismo que aquel que considera que la alteridad es simplemente una quimera. En este sentido, quien sostiene que no hay ni Bien ni Mal, sino simplemente cosas que pasan —que el Bien y el Mal son meras reacciones emocionales a lo que sucede— se parece a aquel que defiende que en verdad no hay billetes de quinientos euros, sino solo papel que algunos ven como billetes de quinientos euros. Ciertamente, el hombre de las cavernas sería incapaz de ver un trozo de papel como dinero. Sería incapaz de reconocer su valor. Pero ello no implica que esté más cerca de la verdad.
los reyes son los padres
septiembre 7, 2013 § Deja un comentario
La revelación cristiana es semejante a la que experimentan los niños cuando caen en la cuenta que los reyes son los padres. De entrada, es inevitable la des-ilusión. Los reyes no existen. Pero la desilusión, salvo para los más duros de corazón, no es el final del trayecto. Pues la revelación consiste, precisamente, en ver los padres como reyes. Porque los reyes son los padres podemos decir que los padres son los reyes. De ahí la confesión cristiana que reconoce al Crucificado como Señor. (Traducción: porque no hay otro Dios que el Crucificado —otros reyes que los padres— podemos confesar al Crucificado como Dios.)
Marià Corbí en la vanguardia (y 3)
septiembre 7, 2013 § Deja un comentario
No parece que a Marià Corbí le entusiasme la vieja distinción entre cuerpo y alma. Marià Corbí rechaza, como tantos otros del mismo palo, el pensamiento dualista por falso. Para él, cuerpo y alma forman una unidad, de modo que quienes contrapongan cuerpo y alma no harían otra cosa que expresar su falta de reconciliación con ellos mismos. Ciertamente, la imaginación tiende a entender el espíritu como si fuera una especie de fantasma interior. En este sentido, Platón decía que el cuerpo era la cárcel del alma. Y, sin duda, hoy en día resulta difícil seguir bajo el influjo de estas imágenes. No obstante, uno puede preguntarse qué verdad expresa la vieja distinción entre cuerpo y alma. Pues lo cierto es que nuestra integridad no es algo que podamos dar por descontado. Dentro de cada uno habitan múltiples voces —múltiples exigencias— y no todas son fácilmente armonizables. En este sentido, no es lo mismo ver en una mujer un cuerpo con orificios que un alma que reclama nuestra caricia. Existe el odio genocida y existe la entrega insensata del justo. Y ambos –el espíritu del odio y el de la entrega— habitan dentro de cada uno de nosotros. El mundo es tierra de combate. Y la integridad, en cualquier caso, un por-venir. Creo que se equivocan quienes defienden el pensamiento no dual. Pues, lo que suelen dar por sentado, es que somos como el agua y que de lo que se trata es de cristalizar bellamente. Parece ser, según demuestran los experimentos de Masaru Emoto, que el agua cristaliza de un modo u otro dependiendo de la música que escucha. Parece ser que los cristales más bellos los forman las composiciones de Mozart y de Bach, mientras que las cristalizaciones más chirriantes se forman con el heavy metal. Y, sin duda, hay mucha agua en nosotros (estamos hechos, dicen, de un setenta por ciento de agua). Es, por tanto, imposible que seamos insensibles a la música que sintonizamos. Dicha música configura en gran medida nuestro modo de ser. La cuestión, sin embargo, es si somos agua o, más bien, quienes flotamos en el agua. En el primer caso seríamos sandías. En el segundo, hombres y mujeres capaces de responder, aunque no sin pagar un alto precio, a la demanda infinita que procede del huérfano, la viuda, el extranjero… más allá de nuestro modo de ser. En cristiano, solo Dios puede hacernos capaces de Dios. Y Dios no es una vibración. Otra cosa es que la respuesta a esa demanda produzca nuestra transfiguración. Pero si la distinción entre cuerpo y alma (o cualquiera que revele la escisión que nos constituye) sigue siendo significativa, es porque la posibilidad de la regresión sigue estando ahí. En este sentido, no hay música que nos salve. Y todo porque no somos sandías.
el secreto de los justos
septiembre 6, 2013 § Deja un comentario
El peor descubrimiento que hemos hecho, sostiene Hannah Arendt, es que los hábitos morales pueden cambiar de un día para otro y que algunos mandamientos que nos parecían eternos, como no matar, no robar, no mentir, pueden cambiarse como si se tratara de nuestros gustos en el vestir.
Gabriele Nissim
asombro y trascendencia
septiembre 5, 2013 § Deja un comentario
El asombro es la puerta natural a la trascendencia como testimonian no solo Platón o Aristóteles, sino también el autor del libro de Job (teniendo que añadir aquí el sentido del escándalo). La puerta no nos conduce, sin embargo, a otro mundo, sino a lo otro del mundo, de cualquier mundo. Uno puede decir, perfectamente, que el cosmos no es más que materia. Y, probablemente, no haya más que materia. En esta línea, los hombres serían simples máquinas que reaccionarían, como cualquier otro cuerpo, aunque quizá con mayor inteligencia, a los estímulos del entorno. Pero uno también puede preguntarse por qué hay algo en vez de nada. Quien comprende el alcance de la pregunta comprende que no se trata de una pregunta por la última causa del mundo. De hecho, tampoco queremos dar a entender que la nada sea anterior al mundo. La posibilidad de la nada —que en clave moral, que es como la entiende un judío, sería la posibilidad de la aniquilación— es la posibilidad de quien se enfrenta al mundo. Más aún, quién entiende el alcance de la cuestión entiende que ésta no puede admitir una respuesta. Y, precisamente por esto, quienes permanecen, aunque sea tangencialmente, en el asombro se encuentran abiertos a lo que, de algún modo, supera de por sí el mundo, incluyendo el sobrenatural. Pues el mundo se revela como provisional, por no decir ilusorio, para quienes se mantienen en las preguntas que no podremos resolver. Aunque no solo como provisional, sino como don. Y es que todo se nos da desde el horizonte mismo de la nada. De ahí que nuestra relación con el más allá, como supieron ver perfectamente los descendientes de Abraham, no puede exponerse en los términos de un saber, sino de una exigencia, aquella en la que, precisamente, habitamos.
twit de apologética (6)
septiembre 5, 2013 § Deja un comentario
¿Qué responde un cristiano o, mejor dicho, qué debería responder cuando le preguntan si hay Dios? Pues que o Dios debe darse (en nombre de Dios) como el espíritu de la fraternidad o que no hay Dios que pueda valer como tal.
twit de apologética (5)
septiembre 5, 2013 § Deja un comentario
Es posible que el Dios cristiano no sea el dios que supone quien posee una sensibilidad religiosa cuando se dirige a Dios. Es decir, un dios-ahí, esperando el acceso de los hombres. Un dios de esta guisa, bíblicamente, no deja de ser una idea, un ídolo. Pues acaso el Dios cristiano solo pueda concebirse como historia de Dios. En este sentido, un cristiano espera que Dios al final se dé como espíritu de Dios entre los hombres, esto es, como basilea (como Reino de Dios). Y esto gracias al sacrificio mismo del Hijo en la Cruz, el cual revela, precisamente, la impertinencia de la idea religiosa de Dios. O, por decirlo de otro modo, el carácter ilusorio de un Dios que se ubique más allá de la fraternidad.
Marià Corbí en la vanguardia (2)
septiembre 4, 2013 § Deja un comentario
La profilaxis de Nietzsche sigue siendo necesaria para evitar hacer el mono por ahí. Como es sabido, la cuestión de la verdad, para Nietzsche, no es la cuestión de qué hechos se corresponden a nuestras representaciones del mundo, sino la de quién necesita que dichas representaciones sean verdaderas. El alcance de esta intuición probablemente aún no haya sido pensado con la suficiente radicalidad. Pues lo que se desprende de dicha intuición es que el sujeto de la verdad no es alguien que se encuentra, en cierto sentido, fuera del mundo dispuesto a contrastar empíricamente cuanto podamos decir de las cosas que nos traemos entre manos. El sujeto de la verdad es alguien que se encuentra sujeto, precisamente, a la serie de verdades que admite como dadas. En este sentido, uno no posee la verdad, sino que, en cualquier caso, es poseído por ella, como quien dice. El corolario es inmediato: el yo que está implicado en la creencia, mejor dicho, el yo que se encuentra expuesto a la trascendencia no es el mismo que el yo que sostiene que no hay más leña que la que arde. La diferencia sería casi biológica. Pues todo esto viene a cuento a propósito de las tesis de Marià Corbí. Y es que uno puede perfectamente preguntarse quién puede afirmar que de lo que se trata es de purificarse o elevarse. O, por decirlo de otro modo, quién necesita decirse que el cultivo de la cualidad humana depende de que podamos conectarnos o sintonizar con el espíritu que sostiene cuanto es, se supone que benévolamente, cosa que quizá sea mucho suponer. En principio, aquellos que pueden sentirse en este mundo como en casa. No quienes experimentan el mundo como opresión, como asfixia. No los gaseados por el mundo. Para ellos, el Mal es tan evidente, que la pregunta acerca de cómo hemos de vivir para que haya paz y amor es, cuanto menos, desconcertante. Para ellos la única cuestión es qué, mejor dicho, quién nos sacará del pozo. Esto es, quién nos salvará. Y, en la mayoría de los casos, la situación es tal que la pregunta solo puede responderse increíblemente. De ahí la fe. Es posible que la palabra «salvación» no tenga mucho sentido para una cosmovisión como la de Marià Corbí. Es posible que en su lugar prefiera expresiones del tipo «vida plena» o, incluso, «felicidad». Pero que la salvación no sea nuestro asunto no implica que no haya salvación, sino que no la hay para nosotros, hombres y mujeres necesitados de compensar espiritualmente una vida cada vez más prosaica. De hecho, para una sensibilidad bíblica quien no implora por la salvación de los oprimidos —quien no ha hecho suyo el clamor del pobre— permanece en la impiedad. Quien solo aspira a la perfección, aunque esta sea moral, no deja de ser un joven rico.
twit de apologética (4)
septiembre 3, 2013 § Deja un comentario
Una cosa es encontrarse en los tiempos de Dios y otra intentar comprender la verdad que encarna quien se encuentra en los tiempos de Dios. Lo primero no depende de nosotros. Lo segundo acaso sea una obligación.
twit de apologética (3)
septiembre 3, 2013 § Deja un comentario
Diría que el reto al que se enfrenta hoy en día la necesidad creyente de dar razón de la propia fe no es el de tener que demostrar la existencia de Dios, sino el de enfrentarse a la cuestión de si, en el caso de existir, aún podríamos honestamente admitirlo como Dios. Pues es posible que el cosmos obedezca al delirio de una mente prodigiosa. Es posible que haya algo así como un gran bondad por debajo —o por encima— de cuanto existe. Pero una mente prodigiosa es una mente prodigiosa, del mismo modo que la bondad es la bondad. Que dicha mente —o dicha bondad— sean divinas depende, en definitiva, de que el sujeto se sienta por entero dependiente de dicha mente o bondad. Pero eso, para el sujeto que nace de la sospecha moderna, tiene que ver únicamente con el niño que llevamos dentro. Para quien ha alcanzado la madurez epistemológica, no hay poder, ni siquiera el que nace de la bondad, que pueda aceptar como Dios. De ahí que el reto consista en preguntarse qué supone encontrarse en manos de Dios donde Dios difícilmente puede concebirse ya como ente. Aunque para responder quizá tan solo haga falta leer perspicazmente algunos textos bíblicos.
Marià Corbí en la vanguardia (1)
septiembre 2, 2013 § Deja un comentario
Marià Corbí publicó en la vanguardia de ayer un artículo sobre la necesidad de una espiritualidad laica. Un artículo da poco de sí y más si se trata de un artículo periodístico. Pero, aun así, Marià Corbí consiguió expresar con claridad el núcleo duro de su pensamiento. Las tesis es, básicamente, la siguiente: el cultivo de la espiritualidad, hoy en día, solo puede darse sin el soporte de la religión y sus creencias inexpugnables. La idea tiene su razón de ser. Pues hoy en día difícilmente puede alcanzarse lo que antes se conseguía por medio de la religión. Según Marià Corbí, la religión se encuentra al servicio de modos de vida que se resisten al cambio. Y nuestro modo de vida está basado, ciertamente, en la innovación constante. En este sentido, el sujeto de las sociedades avanzadas, en tanto que se encuentra programado para la continua transformación de su existencia, no puede ya encajar en los moldes de cosmovisiones cuyo propósito es, precisamente, el de bloquear el cambio. En este sentido, la religión, con sus dioses y sus creencias monolíticas, sería disfuncional. La imagen no es de Marià Corbí, pero supongo que refleja lo que él tiene en mente: hoy en día, el cultivo de una espiritualidad basada en la religión es como si un adulto tuviese que preservar las ilusiones de la infancia con el cuento de los Reyes Magos. It is not possible. Las ilusiones del adulto exigen otros medios. Sin embargo, una primera cuestión es qué entiende Marià Corbí por espiritualidad. Según sus palabras el cultivo de la espiritualidad equivale al cultivo de la cualidad humana. De hecho, el prefiere esta segunda expresión por no estar hipotecada por una antropología dualista que distingue dentro de cada uno, se entiende que impropiamente, entre el cuerpo y el espíritu. En cualquier caso, el cultivo de la cualidad humana consistiría, se supone, en promover esos valores que solo pueden arraigar donde el sujeto se encuentra abierto a esas dimensiones de la existencia que no admiten el cálculo. A grandes trazos podríamos decir que el hombre o la mujer espirituales permanecen en la actitud de quien se encuentra en medio de aguas que le cubren, por emplear la hermosa expresión de Merton. Ahora bien, la pregunta que uno se hace, desde el lado cristiano, es si Marià Corbí ha entendido la naturaleza del monoteísmo bíblico. Es decir, si es apropiado meter en el saco de la religión a una fe que se constituye, precisamente, frente a las pretensiones típicamente religiosas del hombre. Pues, una de la convicciones inalterables de la tradición bíblica es que los hombres, por sí mismos, son incapaces de cambiar su corazón de piedra. Sin duda, es posible promover una espiritualidad sin Dios. Es posible educar las actitudes que trascienden los límites de una vida centrada en su supervivencia o satisfacción, sin apelar a creencias que suponen que hay entes superiores pululando por ahí. Es posible trascenderse ascéticamente. Ahí está el budismo y sus variantes. Pero uno sospecha, del lado cristiano, que la relación con Dios no se decide desde la necesidad del hombre de satisfacer su dimensión espiritual. Que de lo que se trata no es de purificarse, sino de responder a Dios. Y no deja de sorprender que, bíblicamente, los capaces de responder a Dios sean, de hecho, aquellos que, de tan hundidos que están en su propia mierda, ya no conciben para sí mismos la posibilidad de un alma bella.
twit de apologética (2)
agosto 31, 2013 § Deja un comentario
Si Dios es real, entonces no hay presencia de Dios en el mundo. No puede haberla, en tanto que el mundo, cualquier mundo, adolece de realidad. De ahí que el creyente sea aquel que echa a Dios en falta.
twit de apologética
agosto 30, 2013 § Deja un comentario
Es posible que Dios sea lo que se desprende de la nada de Dios. (En judío, la Ley, el Mandato de Dios.)
san Juan y el viejo Charles
agosto 28, 2013 § Deja un comentario
La mayoría de quienes leen en la primera carta de Juan aquello de que quienes no aman permanecen en la muerte, entienden fácilmente que no hay para tanto. Que al fin y al cabo no es más que una buena metáfora capaz a lo sumo de impresionar a lectores sensibles. Que en verdad es solo como si permanecieran en la muerte. Pero luego uno lee lo siguiente: muy pronto se olvidan de cómo pensar, dejan que otros piensen por ellos. Sus cerebros están llenos de algodón. […] Les pones la gran música de los siglos y no la oyen. La muerte de la mayoría de la gente es una farsa. No queda nadie que pueda morir. E inevitablemente piensa que es verdad. Si el Nuevo Testamento ha perdido su fuerza originaria es, en gran medida, gracias a esos cristianillos que han hecho de él una especie de dildo espiritual. Son los cristianos de no n'hi ha per tant. No deja de ser curioso que hayamos necesitado leer a Bukowski para caer en la cuenta de que san Juan es un notario de la realidad. Los primeros cristianos eran unas bestias. Nada que ver con el la-la-la de buena parte de los corrillos cristianos de nuestras sociedades acomodadas.
pillar por donde van los tiros del logos
agosto 28, 2013 § Deja un comentario
Por poco que alcance tu mirada, es difícil evitar la impresión que cuanto pasa obedece a un plan. O, como decía Steve Jobs en su discurso, ciertamente viral, de Stanford, es posible unir los puntos hacia atrás, una vez tu vida ha llegado a ser mínimamente significativa. Antes a este plan fácilmente se le llamaba el plan de Dios. Y hoy en día algunos creyentes aún siguen diciendo que la complejidad del cosmos solo puede deberse a una mente prodigiosa. Antiguamente, como es sabido, se empleaba la palabra «Logos» para referirse a la mente de Dios o al orden paradigmático que gobierna cuanto es. Ahora bien, lo interesante del monoteísmo cristiano es que el Logos no coincide con Dios. El Logos será de Dios pero no es, por sí solo, Dios. Dios se encuentra siempre más allá de cuanto pueda ser debido a Dios como el silencio que impide el cierre inmanente de la totalidad. De ahí que lo que es debido a Dios sea, precisamente, debido a Dios. Y es que una vez se identifica lo que es de Dios con Dios mismo, es fácil prescindir de Dios. Pues en el momento en que alguien hace del plan de Dios un dios, solo es cuestión de tiempo que alguien diga que un plan, por muy admirable que sea, no es más que un plan.
sin manos
agosto 25, 2013 § Deja un comentario
El Dios con el que cuenta el creyente, no es el mismo que aquel bajo el que se encuentra. Pues estar en manos de Dios significa que ni siquiera nuestra creencia en Dios puede garantizar nuestra pertenencia a Dios. O, por decirlo de otro modo, un creyente en lo más íntimo se halla a una cierta distancia de su profesión de fe. Como si la insinceridad fuera un dato inicial y, por eso mismo, imborrable. De ahí que estar en manos de Dios signifique, entre otras cosas, admitir que solo Dios sabe hasta qué punto creemos en él. Y de ahí también que el cristianismo insista, aunque sea con la boca pequeña, que la relación con Dios no se decide del lado de la fe del hombre, sino de la de Dios. Pues lo decisivo no es que haya creyentes, sino que Dios haya creído —confiado— en el hombre. Aunque eso le haya costado su divinidad.
política matrimonial
agosto 21, 2013 § Deja un comentario
Las promesas de los amantes nunca se cumplen en sus términos. Las historias de amor siempre terminan con la boda. Lo que viene después es una mala noticia para las perdices. La relación que se revelaba inicialmente como un destino acaba siendo un oficio, un buen oficio, en el mejor de los casos. Utilizaremos las mismas palabras, pero con el tiempo nos daremos cuenta de que no decíamos lo mismo. Aquí la mayoría lo deja estar, de un modo más o menos amable. Son los que creyeron ilusamente que su pasión tenía que ser magmática. Pocos, sin embargo, entienden que el amor consiste, al fin y al cabo, en una política del desencuentro. Para que con el paso de los días podamos caer en la cuenta de que gracias al otro seguimos en pie.
enfoques
agosto 20, 2013 § Deja un comentario
Teresa de Calcuta en los barracones de Auschwitz, donde sabemos quien decide entre la vida y la muerte, acaso sea impiedad. Teresa de Calcuta en los barracones del mundo, donde el Mal se ha vuelto sustancia, acaso sea luz en medio de la oscuridad. La ambivalencia sigue ahí, resistiendo a nuestros intentos de alcanzar una mayor integridad, incrustada en los mejores gestos de los hombres.
echar el resto
agosto 20, 2013 § Deja un comentario
A menudo pienso que la Biblia hebrea dice, básicamente, dos cosas: que la inmensa mayoría de la hombres viven de espaldas a Dios, aunque confiesen creer, y que si hay presencia de Dios es gracias a un resto de creyentes. El cielo no se desplomará sobre nuestras cabezas, mientras siga habiendo ese resto. Pues Dios, según la tradición rabínica, no es algo que pueda existir con independencia de la existencia que lo atestigua. Dios es Dios en el tuétano del creyente.
templarios
agosto 19, 2013 § Deja un comentario
Un síntoma de nuestra debilidad creyente es que ya no sabemos qué hacer con los templarios, esos soldados de Cristo. Pues quien huele a diario el aliento negro de Satán —quien habita en medio del infierno de la guerra—, tarde o temprano, si posee un mínimo sentido de la bondad, verá nacer de lo más profundo de sí mismo la necesidad de una violencia que preserve a quienes aún son capaces de una bondad a flor de piel —los niños, por ejemplo—, de la falta de piedad de los hombres. Pues esa bondad se revela en el seno del Mal como lo más sagrado que pueda haber, algo así como la última oportunidad para nuestra especie. (Otra cosa es que la violencia que pretende frenar el avance del Mal solo pueda hacerlo con un incremento del Mal. Que la violencia nunca es un mal menor. Pero lo dicho: ese es otro tema.)
lecciones de historia
agosto 19, 2013 § Deja un comentario
Supongamos que vives en Sicilia y el capo mafioso del lugar, en vez de exigirte que pagues el impuesto, te dijera que, si le quieres honrar en verdad, lo importante es que te dediques a los tuyos, que les procures una vida digna a tus hijos o que, si no los tuvieras, dediques parte de tu tiempo a echarle una mano a los de Caritas. Y supongamos que esto se lo dice a todos. Además supongamos que, si no lo hicieras, no te pasara nada: que ningún sicario te pegase un tiro en la nuca o un matón te rompiera las piernas. Que tu comportamiento tan solo consiguiera entristecer al capo en cuestión. ¿Cuánto tiempo crees que pasará hasta que olvidemos que hay un capo mafioso por ahí?
The Captain is out (3)
agosto 19, 2013 § Deja un comentario
He estado leyendo a los filósofos. Son realmente tipos extraños, divertidos y alocados, jugadores. Descartes llegó y dijo: esos tipos nos han estado largando pura mierda. Dijo que las matemáticas eran el modelo de la verdad absoluta y autoevidente. El mecanismo. Luego llegó Hume, con su ataque contra la validez del conocimiento causal científico. Y luego, Kierkegaard: «introduzco el dedo en la existencia; no huele a nada. ¿Dónde estoy?» Y luego llega Sartre, que afirmaba que la existencia era absurda. Adoro a esos tipos. Sacuden el mundo. ¿No les entrarían dolores de cabeza pensando así? ¿No les rugía una avalancha negra entre los dientes? Cuando agarras a esos tipos y los pones junto a los hombres que veo caminar por la calle, o comer en los cafés, o aparecer en la pantalla del televisor, la diferencia es tan grande que algo se retuerce dentro de mí, me da una patada en las tripas. Probablemente no me corte las uñas de los pies esta noche.
Charles Bukowski
vacaciones con Celso (4)
agosto 19, 2013 § Deja un comentario
¿Qué cosa más absurda que vuestro dogma de la resurrección [de la carne]? […] En cuanto a los que creen en la inmortalidad del alma o del principio pensante, cualquiera que sea el nombre que les agrade darle, esencia espiritual, espíritu inteligible, santo y bienaventurado, alma viva, vástago celeste e incorruptible de una naturaleza divina e incorporal, con ésos se puede dialogar, a dios gracias. Ellos al menos son santos, al confiar en la felicidad futura de quienes hubieran vivido bien y en el castigo eterno de los malvados.
Celso
à bout de souffle
agosto 18, 2013 § Deja un comentario
La cultura es la norma. El arte, la excepción.
JL Godard
The Captain is out (2)
agosto 18, 2013 § Deja un comentario
El salto que media entre el sujeto de la Antigüedad y el moderno es semejante al que podemos encontrar entre Homero y Bukowski. Homero es macro. Bukowski es cuántico. El tema de Homero es la épica. Bukowski en cambio hace tema de su gusto por rascarse los sobacos. La crisis de Dios acaso deba entenderse como una crisis literaria, como nuestra dificultad para ver las cosas según Homero. No es algo que podamos elegir: uno ve las cosas que puede ver. La épica o sus variantes sobrevive en el cine de serie B. Hemos visto demasiadas mujeres dormir con la boca abierta para que nos brillen los ojos con el cuento de la Pocahontas. El hombre sin Dios es aquel que sabe que acaso lo único que importa es que nada importa. De ahí que cuando se agacha por la mañana para calzarse los zapatos, fácilmente se pregunte «Dios mío ¿y ahora qué?»
The Captain is out (1)
agosto 18, 2013 § Deja un comentario
Hay un pequeño balcón ahí afuera, la puerta está abierta y veo luces de los coches en la Harbor Freeway, hacia el sur, nunca se detienen, ese flujo de luces, sin principio no fin, toda esa gente. ¿Qué hace? ¿Qué piensa? Todos vamos a morir, todos nosotros ¡menudo circo! Debería bastar con eso para que nos amáramos unos a otros, pero no es así. Nos aterrorizan y aplastan las trivialidades, nos devora la nada. ¡Sigue dándole, Mahler! Tú has hecho que esta noche sea maravillosa. ¡No pares, hijoputa! ¡No pares!
Charles Bukowski
apuntes para una catequesis de adultos
agosto 17, 2013 § Deja un comentario
Muchos presentan la fe como si fuera una posibilidad al alcance de cualquiera. Como si cada uno de nosotros se encontrase ante el dilema de creer o no creer. Acaso esto fuese así antes, pero no hoy en día. Una vez Dios deja de darse por sentado, la fe depende de quién seas en particular. Por decirlo de otro modo, la fe exige una psicología, una determinada forma de ser, la de quien, por su carácter, se encuentra en medio de aguas que le cubren. O instalado en la extrañeza de cuanto le rodea. O esperando el acontecimiento extraordinario. En cualquier caso, el modo de ser propio de aquel para el que, casi visceralmente, el todo no es todo. Un creyente, hoy en día, es aquel que da por sentado, por su cuenta y riesgo, mejor dicho, porque él es así, que hay Dios. De ahí que el camino de la fe de quienes, de entrada, poseemos otro carácter, quizá más acorde con los tiempos escépticos que nos ha tocado vivir, no sea directo hacia Dios. El punto de partida no puede ser otro que la extrañeza ante las vidas de quienes creen en verdad, esto es, de aquellos que de algún modo encarnan la fe que proclaman. Pues, ciertamente, cabe preguntarse si acaso esas vidas no estarán más vivas que las nuestras. Cabe preguntarle al creyente qué ha visto que nosotros somos incapaces de ver. Para nosotros, hombres y mujeres instalados en la sospecha, la búsqueda de Dios exige indagar en la psicología creyente más allá del cliché que impone la crítica ilustrada a la religión. Y si nosotros podemos decir que hay Dios, no es porque lo hayamos visto, sino porque nos fiamos de quienes sí lo han visto hasta cegarse. (Con todo, es posible que este sea un daño colateral del cristianismo. Pues el cristianismo acaso no diga mucho más que esto: que no hay otro acceso a Dios que el pasa por la fe de quien fue fiel a Dios hasta el final, esto es, más allá del salirse del mapa de Dios. Puede que el fruto más oscuro del cristianismo sea, precisamente, el no poder dar a Dios por sentado. Pero este es ya otro asunto…)
Mt 7 15-20
agosto 16, 2013 § Deja un comentario
Como ya fue dicho: por sus obras, les conoceréis. Si un creyente es aquel que experimenta un sentimiento de radical dependencia con respecto a Dios —o, si se prefiere, con respecto al fundamento de cuanto existe—, entonces esa dependencia ha de poder expresarse corporalmente. No puede ir por ahí como si su vida no pendiera de un hilo, sin experimentar el temor a fallarle al dios de quien depende el sí o el no de su existencia. Un supersticioso, por ejemplo, tiene que «hacer ciertas cosas». No vale decir «soy superticioso» y pasar por debajo de una escalera o no evitar cruzarse con un gato negro. Si alguien dice que hay malos espíritus y no actúa en consecuencia, entonces de hecho no cree en aquello que dice creer. Y un cierto temblor de piernas es inevitable donde hay un dios por en medio. Ahora bien, no parece que les tiemblen las piernas a los intelectuales que, hoy en día, defienden la existencia de Dios. Ellos suelen decir que porque Dios es bueno. Pero en ese caso, un Dios que solo fuera bondad, no sería nada más que la bondad. Si la ira no es una posibilidad de Dios, entonces Dios no puede valer como Dios. Un Dios infunde respeto. Tiene que infundirlo qua Dios. Como el océano. Uno puede bañarse plácidamente en él, sin duda, pero también es posible hundirse en él. Un mar en el que uno no pueda ahogarse es un mar muerto. Quienes hacen de Dios simplemente el nombre de la gran bondad no son conscientes de que han echado al niño con el agua sucia. Los intelectuales que defienden la existencia de Dios sin temblor de piernas son como aquellos metereólogos que predijeran la irrupción de un tsunami como quien anuncia lluvias intermitentes: o bien no saben qué es un tsunami; o bien saben que no es cierto… Los judíos, ciertamente, hablan de la misericordia de Dios. Pero solo porque tienen muy presente que Dios puede aniquilar el mundo cuando le plazca. La misericordia de Dios es, literalmente, una medida de gracia para quienes son muy conscientes que los hombres no son dignos de la vida que les ha sido dada. Para quienes, en definitiva, viven bajo esa espada de Damocles que es la voluntad de Dios. La cuestión es quién puede vivir así.
cesare
agosto 15, 2013 § Deja un comentario
Sin Dios que obligue hasta el final, el hombre solo puede configurarse por medio de una obsesión. Lo dejó escrito Pavese: que sin ella, no hay arte. No lo hubiera escrito, si hubiese podido estar convencido de que la tarea del arte es la de representar lo intangible o algo parecido. Pero donde no hay nada que representar, la disciplina que constituye nuestra libertad solo puede ser formal. Sin nada último, los motivos apenas importan. Pues lo propio de la obsesión se manifiesta donde el motivo inicial deja de impulsarnos. Dios ha muerto, dicen, pero aún contamos con nuestras obsesiones como vestigio de antiguas obediencias.
psicoanálisis y modernidad
agosto 15, 2013 § Deja un comentario
Cómo llegamos a admitir tan fácilmente que nuestros impulsos más bajos, más repulsivos, aquellos que sepultamos en lo más profundo de nuestra psique son lo más auténtico que hay en nosotros. Cómo pudimos decir que nuestra conciencia es, en definitiva, la piel de cordero que encubre nuestra voracidad. Tú quieres acostarte con tu madre —dice el psicoanalista de trazo grueso— y esta es tu verdad. Un antiguo hubiera dicho, probablemente sin pestañear, que ese deseo es del demonio que hay en cada uno de nosotros. ¿Quién está en lo cierto? Está claro que lo que se discute aquí no es algo que pueda ser constatado. Pues o bien damos por hecho que somos lobos con piel de cordero o bien damos por hecho que somos, precisamente, nuestra negación del demonio, como quien dice. Y ello aunque fracasemos, aunque el demonio nos pueda. Que seamos una cosa u otra dependerá, por consiguiente, de la voz, el impulso, el anhelo con el que nos identifiquemos. Pero Platón ya dijo algo parecido.
la Matas me mata (fácil)
agosto 14, 2013 § Deja un comentario
Todo acaba siendo un fraude, mejor dicho, todo cuanto nos traemos entre manos. Incluso nuestra fe (o quizá deberíamos decir, sobre todo ella). La cuestión es qué hacer después de la revelación. Nadie entiende nada hasta que no comprende aquello tan judío de amar la Torá más que a Dios. Y ello en nombre de Dios.
