le mepris

agosto 14, 2013 § Deja un comentario

El desprecio del ignorante va con el saber. No porque el sabio esté por encima del ignorante —pues quien sabe, en el fondo, es muy consciente de que, en el fondo, no tenemos idea de nada—, sino porque la ignorancia es prepotente. Incapaz de ir más allá de un palmo de sus narices, el ignorante suele dar por bueno lo que siente, por verdadero lo que le parece. El desprecio es, así, una forma de supervivencia ante el atrevimiento, por lo común gigantesco, de la mediocridad. Ahora bien, el desprecio debe mantener las formas. El sabio no se rebaja por el hecho de que le pida al ignorante que, por favor, le pase una cerveza de la nevera. Se rebaja cuando intenta que el ignorante comprenda. Pues no hay nada que hacer con quien, como la zorra de la fábula, prefiere decir que las uvas están verdes antes que intentar alcanzarlas. De hecho, el desprecio consiste llanamente en no considerar al ignorante como un interlocutor válido. Cuando saca un gran tema, lo mejor es dejarle hablar y que se ahogue él mismo con sus palabras. Al sabio le basta con su silencio, acompañado a ser posible de un emoticono sonriente.

-des

agosto 13, 2013 § Deja un comentario

No deja de resultar curioso cómo nos decimos las cosas. Por ejemplo, los pakistaníes (que así es como se llama a los psicólogos en los institutos públicos: pá-qué-están) suelen emplear la expresión «familia desestructurada», intentando, así, justificar su sueldo. Como esos economistas que por el simple hecho de pronunciar cashflow creen que están por encima de los tenderos del barrio. Con lo sencillo que sería decir simplemente «destrozadas». Ahora bien, es obvio que las «desestructuras» no apestan como suelen hacerlo aquellos que se despiezan entre sí. Como no suena lo mismo decir cashflow negativo que decir que aquí no vende ni Dios. Con las «familias desestructuradas» podemos irnos de fiesta. Difícilmente, con los restos de un naufragio.

la metáfora de Isaac Asimov

agosto 13, 2013 § Deja un comentario

La vida de cada uno ¿vale por sí misma o solo bajo determinadas circunstancias? Si fuera esto último, entonces deberíamos admitir que el valor es relativo a esas circunstancias o, por decirlo de otro modo, que la vida de cada uno no es que sea valiosa, sino que solo se muestra como tal desde ellas. Así, únicamente desde ciertas circunstancias la vida de cada uno nos parecería valiosa. En este sentido, es conocida la metáfora de Isaac Asimov. Si en casa hay dos personas, cada una de las cuales posee su propio baño, fácilmente creeremos que esas personas tienen derecho a un baño individual. Ahora bien, si esa misma casa estuviera habitada por más de cien personas, tarde o temprano llegaríamos a preguntarnos quién tiene más derecho a utilizar esos baños, durante cuanto tiempo, etc. Y si en lugar de cien, tenemos cien mil es inevitable que de facto muchos no puedan usar el baño… aun cuando, sobre el papel, tengan derecho a utilizarlo. Esto es, en una sociedad enormemente masificada los derechos individuales tienden a desaparecer. Evidentemente, la metáfora presupone que no cabe construir más baños en proporción al incremento de los habitantes de la casa. En cualquier caso, parece que estemos forzados a concluir que la vida humana no tiene el mismo valor cuando somos unos pocos que cuando somos cien mil millones. Ocurriría aquí como con el dinero: cuanto menos se tiene, más se valora. Sin embargo, quien a partir de la metáfora concluye que la vida humana solo a veces se muestra como valiosa y que, por tanto, en sí misma no posee valor es porque ha caído en esa falacia tan típica de la modernidad que consiste en reducir las cosas que vemos a las condiciones de la visión, pues bien pudiera ser que el valor intrínseco de la vida humana solo pudiera revelarse desde ciertos puntos de vista. Que la vida humana posea un valor en sí misma no significa que dicho valor se ponga de manifiesto desde cualquier circunstancia. Así, de la metáfora no se sigue necesariamente que el valor de una vida dependa del contexto. Es posible que uno de los prejuicios más asentados de los tiempos modernos —aquel que nos obliga a decir que todo es según el cristal con que se mira— sea, en definitiva, una falacia lógica.

o lo uno o lo otro

agosto 12, 2013 § Deja un comentario

O bien damos por hecho que no hay nada real y que cuanto podamos decir acerca de lo real en verdad solo tiene que ver con nosotros —que lo real es solo lo que nos parece real—, o bien existimos abocados al carácter siempre pendiente de lo real. Esto es, o bien creemos que no hay más que lo que nos podemos traer entre manos o que no hay más que lo que se nos escapa de las manos. Y, probablemente, tengamos que darle la razón a Platón cuando califica de estúpidos a quienes se encuentran alineados en la primer término de la disyuntiva. Pues hay que ser muy estúpido para dar por cierto que no hay otra realidad que la que podemos aprehender. «Dios» en este sentido sería el nombre, la cifra de una realidad que solo puede comprenderse como esa alteridad que tiene que ser negada —dejada atrás— para que el mundo sea posible. Ahora bien, no hay que ser psicoanalista para entender que lo negado siempre permanece como la verdad del presente y, por tanto, como su fundamento o condición de posibilidad. Como si, al fin y al cabo, no hubiese otra realidad que la del espectro, una mayor presencia que la del ausente. En cualquier caso, la extrema alteridad de lo real es, precisamente, aquello que impide el cierre inmanente de la totalidad. Podemos admitir que las religiones encaran, cada una a su manera, la alteridad de Dios. Pero de ahí no se deduce que cada uno de ellas sea, a su modo, verdadera. Pues la cuestión de la verdad religiosa no se dirime en relación con el ser de Dios, sino con respecto a lo que se sigue de la alteridad de Dios. Y, ciertamente, no es lo mismo creer que la realidad de Dios nos convierte en rehenes del hermano que creer, a la manera del budismo zen, que no hay yo que valga. Como no es lo mismo estar sometido a la exigencia insoportable de alimentar al hambriento que a la creencia de que cada uno tiene que apechugar con su karma.

cesuras

agosto 12, 2013 § Deja un comentario

Los tiempos modernos son, en términos generales, tiempos de emancipación, pues esta se encuentra presente en las diferentes esferas de la vida y no solo en lo relativo a los derechos individuales. Esto es, la modernidad liberal no debe comprenderse solo desde la óptica de la individualidad. Ciertamente, el individuo nace liberándose de los vínculos atávicos que le atan al clan. Pero el arte también se emancipa de la necesidad de representar una realidad invisible. La fe, de la religión. El conocimiento, de la verdad. La política, de la moral. Y acaso esta última sea la emancipación cuyo alcance aún no hemos pensado lo suficiente. Pues que la política se separe de la moral significa, entre otras cosas, que el bien común ya no exige la integridad moral de quienes forman parte de una sociedad. De hecho, lo que exige es casi lo contrario (como ocurre en cualquier proceso emancipatorio). Como suelen decir los liberales, a todos nos irá mejor, si cada uno mira por sí mismo, dentro de unas mínimas reglas de juego, cuya legitimidad, consecuentemente, solo podrá comprenderse en los términos de un acuerdo. Y esto es, ciertamente, algo que una polis a la antigua no puede en modo alguno admitir. Pues, desde la óptica de una comunidad, que a todos nos vaya bien depende de que todos seamos moralmente íntegros, esto es, de que todos hagamos lo que de algún modo debe (sobre)naturalmente hacerse.

vacaciones con Celso (3)

agosto 11, 2013 § Deja un comentario

Si el espíritu de Dios se hubiese encarnado en un hombre, sería al menos necesario que este superase a todos los otros en estatura, belleza, fuerza, majestad, voz y elocuencia.

Celso

al fin

agosto 11, 2013 § Deja un comentario

La pregunta no es si Dios existe o no, pues, Dios en verdad no puede existir qua Dios, sino dónde o cómo se hace presente. Si Dios no es un ente —si la realidad de Dios no es la de algo o alguien ahí—, entonces Dios solo puede mostrarse como Dios donde un creyente se encuentra bajo el poder del mandato de Dios. Esto es, Dios se manifiesta en la fe del hombre. Así, esta es la verdad del Hijo: que no hay otro Dios que aquel que encarna quien le obedece hasta el final, esto es, más allá de la des-aparición de Dios. Sin Hijo no hay Padre que valga. Sin Hijo, Dios es una mera divinidad, esto es, un mero poder al que el nombre de «Dios» le viene grande. Dios tiene que des-aparecer para que el Hijo pueda revelarlo como Padre, esto es, como aquel que exige del hombre la obediencia que conduce al hermano. De ahí se sigue, sin embargo, que Dios deje de hacerse presente una vez ya no haya hombres o mujeres capaces de Dios, capaces de soportar, sufrir su Altura. Ahora bien, esto ocurrirá cuando el mundo se haya transformado en el Reino de Dios. Quizá el significado profundo de la Trinidad, el que encontramos entre líneas en el evangelio de Juan, sea, precisamente, este: que Dios tiene que desaparecer para que el Hijo pueda revelarlo como Padre; y el Hijo tiene que morir (ser junto al Padre, esto es, des-aparecer) para que pueda darse como Espíritu de Dios que habita entre los hombres. Pues acaso el destino de Dios sea, precisamente, el de llegar a ser el cemento de una fraternidad universal.

sobre el absurdo de la resurrección, una vez más

agosto 10, 2013 § Deja un comentario

Hay dos posiciones básicas en esto de la fe. La primera es la de quien se encuentra abierto, mejor dicho, sometido a la im-posibilidad de Dios, en concreto, a la imposibilidad de su justicia. La segunda, más típica, es la de quien se sitúa ante Dios como el garante de un determinado modo de ser o ideal moral. La primera es bíblica. La segunda puede perfectamente prescindir de Dios (y tarde o temprano lo hará… o debería, sensatamente, hacerlo). Dios —la Justicia de Dios— es im-posible en tanto que no puede comprenderse como una posibilidad natural del mundo. Quien haya sufrido las profundidades abisales de la injusticia difícilmente puede suponer que este mundo, por sí solo, tiene remedio. De ahí que el creyente no pueda hacerse una imagen de la im-posibilidad de Dios. Sin embargo, para el creyente tiene que haber una justicia final —una justicia de Dios— en nombre de la vida que le ha sido dada como herencia. Tiene que haberla, aun cuando no pueda haberla. Un creyente es aquel que permanece ante esta im-posibilidad, mejor dicho, bajo el mandato que conduce a ella, pues no hay que olvidar que bíblicamente todo cuanto es de Dios se declina en imperativo, incluso la promesa. Por eso la imagen de la «resurrección de los muertos», presente en el judaísmo desde los tiempos de la persecución de los Macabeos, no debe comprenderse en los términos de una expectativa, como si efectivamente pudiéramos hacernos una idea de la resurrección de los muertos sin hacer de ella un episodio de the walking dead, sino que debe admitirse como el síntoma de un encontrarse en manos de la im-posibilidad de Dios. Fe en la resurrección es fe en la im-posible Justicia de Dios. ¡Incluso los muertos serán juzgados! Un creyente no puede admitir la muerte como liberación. Los muertos también se hallan pendientes de Dios. Pero «¿crees realmente en ello?», podríamos preguntarle ahora a un rabino. Y él probablemente diría: «obviamente, no puedo creer en ello. Pero finalmente será así.» Somos nosotros, griegos hasta la médula, que no acabamos de entender qué supone creer sin hacernos una idea. De ahí que no sepamos qué hacer con la resurrección y digamos cosas tan estúpidas como que creer en la resurrección es lo mismo que creer que Jesús sigue vivo en nuestros corazones o que la causa de Jesús continúa. Sin embargo, la fe en la resurrección de los muertos es la piedra de toque de la fe. Cree quien puede creer en ella. Por eso una buena pregunta —aquella que ya se hizo el nazareno en su momento y que constituye una especie de leitmotiv bíblico— es quién puede creer en verdad. Y de ahí también que si aún hay Dios es porque algunos pocos —ese resto— son capaces de creer, capaces de Dios.

querido Watson

agosto 9, 2013 § Deja un comentario

El cristianismo, sin duda, muere de éxito. Una vez se da por sentado que estamos amparados por una gran bondad (llamémosle «Dios», aunque el nombre es lo de menos), que los hombres somos básicamente iguales, que el mal es imputable al hecho de que no acabamos de sintonizar con el amor que sostiene el universo, ¿para qué Dios? Esta tópica difícilmente hubiera sido posible sin los evangelios cristianos. Pues el que los hombres seamos en el fondo iguales es una idea que probablemente no hubiera arraigado en la cultura occidental, si se hubiera quedado en los pórticos de la Stoa. Este anuncio tuvo que hacerse popular y para eso fue necesario un dios que sufriese como los pobres, un dios inconcebible para quien supiera qué significa la palabra «dios». No debería extrañarnos, pues, que un Dios que se pone en manos de los hombres para sufrir el destino de los abandonados de Dios, acabe siendo desechado por los hombres. Como si Dios hubiese querido borrarse del mapa para que su kerygma acabara siendo algo que ningún hombre se atreviese a cuestionar.

distingod

agosto 7, 2013 § Deja un comentario

En medio del hambre de la posguerra, cuando los hombres sacan lo peor y lo mejor de sí mismos, oigo que alguien dice: fui feliz entonces, pero nunca estuve tan vivo como ahora. Y comprender esto acaso sea comprender muchas cosas.

matices

agosto 7, 2013 § Deja un comentario

Nos equivocamos cuando damos por hecho que la fe es una posibilidad al alcance de cualquiera, como si, al fin y al cabo, fuese una opción entre otras. Que uno elige la fe como otros pueden elegir unas vacaciones en el desierto de Gobi. Sin embargo, el sujeto de la fe no es el mismo que aquel que se sitúa ante la posibilidad de tomar un whiskey u otro. No cualquier yo es capaz de creer. No cualquier yo se encuentra en la situación de dar fe. Así, quien cree que la bondad tendrá la última palabra, donde no cabe sensatamente suponerlo (pues en eso consiste la fe), no cree porque dicha creencia le resulte conveniente o satisfactoria. De hecho, probablemente preferiría tener que ahorrársela. Cree porque no tiene más remedio, como quien dice. Pues en el fondo la fe es la aceptación (el fiat) de lo que has visto con tus propios ojos (o los del testigo), a saber, que hubo quien fue capaz de bondad en medio del infierno. Que el empuje de la muerte no pudo con ella. Cree, por tanto, quien dice amén: que así sea (y, por tanto, quien se halla enteramente pillado por el imperativo que va con la promesa). Pero, por eso mismo, hay que estar ahí, en medio del dolor y la violencia que constituyen el background de la revelación, background sin el cual la esperanza creyente no deja de ser un candor de quienes necesitan creer que, al fin y al cabo, no pasa nada.

top Israel

agosto 6, 2013 § Deja un comentario

Es difícil entender de qué va esto de la promesa de Dios, si seguimos empecinados en verla como una expectativa. La reconciliación que viene de Dios no coincide, sin más, con nuestra necesidad de suponer que la fiesta terminará bien. Judíamente, creer en la promesa de Dios es encontrarse sometido a ella. Como todo cuanto es de Dios, la promesa también se declina en imperativo. La promesa es Ley (y la Ley, promesa: amarás a Dios, esto es, terminarás amándolo). Así, en nombre de Dios —en nombre de la vida que nos ha sido dada desde el horizonte mismo de la nada— debe haber reconciliación, aun cuando no podamos honestamente concebirla como una posibilidad del mundo.

la duda de Darwin

agosto 6, 2013 § Deja un comentario

La lucha es el horizonte insuperable de lo natural. Esto significa que la lucha no puede resolverse como reconciliación. La vida avanza fagocitándose a sí misma. Toda bestia crece a costa de otras y su destino es, conforme a esta misma lógica, el de ser devorada. De ahí que es posible que el hombre venga del mono. Pero sería caer en la falacia del empirismo concluir que, por eso mismo, no es más que un mono. Pues el hecho de encontrarnos sometidos a la exigencia infinita del valor de una vida dada desde la frontera de la muerte, por sí solo nos arroja fuera del marco de lo natural, más allá de una lucha que se muestra sinceramente como la última palabra del mundo. Y no porque haya algo así como otro mundo, sino porque debe haberlo, aun cuando, en verdad, no pueda darse.

vacaciones con Celso (2)

agosto 5, 2013 § Deja un comentario

… por lo que respecta a Jesús, pretenden [los cristianos] que después de su muerte se apareció en persona a sus compañeros; en persona —aunque debería entenderse su simulacro o imagen, la pálida sombra de los muertos de la que habla Homero— y pretenden, por eso, reconocerlo como Dios. Tales apariciones póstumas son moneda corriente en todas las literaturas. Aristeo de Proconesia, después de haber desaparecido milagrosamente, se dejó enseguida ver en varios lugares y según diversos testimonios. […] Igualmente nadie considera hoy como un dios al hiperbóreo Aris, que poseía incluso el poder prodigioso de transportarse de un lugar a otro con la rapidez de una flecha. Tampoco nadie considera como dios a Hermitomo el de Clazomene, de quien, entre otros rasgos sorprendentes, se cuenta que su alma, escapándose del cuerpo al que daba vida, erraba de aquí para allá sola y libre. Ni consideran dios a Cleómenes de Astipaleia, quien encerrado en una caja tapada y claveteada, no fue encontrado en ella: los que partieron la caja verificaron que se había volatilizado por efecto de algún poder maravilloso.

Celso

antes que nada

agosto 5, 2013 § Deja un comentario

Decimos «Dios es, antes que nada, el que nos llama». Y quizá deberíamos entender con mayor precisión qué estamos diciendo con ello. «Antes que nada», esto es, antes de caer en la nada. De ahí que de Dios solo contemos con su llamada, su Ley, la que nace de las gargantas de los marcados por la muerte. Un creyente, ciertamente, da a Dios por hecho, pero no en el sentido religioso del término, aquel que da por supuesto que Dios se encuentra presente como pueda estarlo la antimateria o el bosón de Higgs. Este dar por hecho ha de entenderse, bíblicamente, en un sentido temporal: el Dios que se da por hecho es el Dios que se ha aparcado (a sí mismo), el Dios que fue, el Dios del séptimo día. El siempre presente de Dios es, desde la óptica creyente, el siempre presente de una falta o ausencia. Un creyente siempre echa a Dios en falta y, por eso, permanece a la espera de Dios. El que fue es el que debe ser. Quien no se encuentre en medio de estar coordenadas fácilmente hará de Dios una imagen a la medida de su necesidad de Dios.

the bishop

agosto 4, 2013 § Deja un comentario

Un testimonio de la Verdad es un hombre cuya vida está profundamente iniciada en los combates de la interioridad, en el temor y el temblor, en los estremecimientos, las tentaciones, la angustia del alma y los sufrimientos del espíritu. Un testimonio de la Verdad es un hombre que, precisamente, atestigua la Verdad en la pobreza, en la humillación y el menosprecio, ignorado, aborrecido, escarnecido, desdeñado, ridiculizado. Un hombre que es azotado, maltratado, arrastrado a un calabozo y finalmente crucificado. Esto es ser un testimonio de la Verdad y ésta su vida, muerte y resurrección. Y el obispo Mynster fue exactamente todo lo opuesto a lo antes señalado. Por eso decimos: hay algo aún más contrario a la esencia del cristianismo que la peor herejía o cisma, más contrario que todas las peores herejías y cismas juntos, y esto es: jugar a ser cristiano.

Sören Kierkegaard

a título personal

agosto 4, 2013 § Deja un comentario

Muchos cristianos de hoy en día están convencidos de que ya no toca dirigirse a un Dios personal. Que el carácter personal de Dios es un resto de la necesidad mítica de imaginarse a Dios como uno de los nuestros. De ahí que sustituyan al Dios personal de la viejos tiempos por una especie de sucedáneo del océano. Dios pasa de ser un Tú a ser un Ello. Lo curioso del caso es que estos cristianos creen estar haciendo justicia al sentido verdadero de las Escrituras, cuando lo cierto es que, en vez de actualizar el cristianismo, lo único que han hecho es sustituirlo por otra cosa. Sin duda, las Escrituras no admiten la posibilidad de que los hombres se hagan una imagen, incluso mental, de Dios. Y en este sentido los cristianos modernos tienen razón al rechazar la personificación de Dios. Pero si la Biblia insiste en hacer de YWHW un Yo no es porque tengamos que imaginárnoslo como el fantasma del abuelito de Heidi, sino porque no cabe otra relación con Dios que la personal. Pues Dios es, antes que nada (esto es, ¡antes de caer en la nada!), el que nos llama. Quien dice experimentar a Dios y no escucha esa llamada que quiebra la continuidad de nuestra existencia, no experimenta a Dios, sino una idea de Dios. Y es que la llamada de Dios —la que nace de los estómagos del hambre— no nos conduce a las profundidades del océano, sino al abismo de Getsemaní, allí donde no parece que Dios esté por la labor. Quienes hacen de Dios el motivo de la autosatisfacción creyente, aun cuando se cubran con la capa del buen rollo, son, sencillamente, instrumentos de Satán, como se decía antes, quizá porque eran más conscientes que nosotros de que o estamos en manos de Dios o de quien lo niega.

último curso de antropología

agosto 3, 2013 § Deja un comentario

¿Un hombre? Aquel que nunca se encuentra donde está.

desconfianza

agosto 3, 2013 § Deja un comentario

Desconfía de lo que se hace, se piensa, se dice. Lo impersonal es siempre una trampa.

vacaciones con Celso (1)

agosto 3, 2013 § Deja un comentario

Los peligros que los cristianos afrontan por sus creencias supo Sócrates afrontarlos por las suyas con un coraje inabarcable y una serenidad maravillosa. Los preceptos de la moral de los cristianos, en lo que contienen de perfección, antes que ellos lo enseñaron los filósofos y, especialmente, los estoicos y los platónicos. Sus críticas a la idolatría, consistentes en sostener que las estatuas marmóreas o broncíneas, hechas por hombres a veces despreciables, no son dioses, fueron antes incontablemente expuestas. Así escribe Heráclito: «dirigir preces a imágenes, sin saber lo que son los dioses o los héroes, vale tanto como hablar con las piedras.»

Celso

un Dios cristiano

agosto 2, 2013 § Deja un comentario

El Dios del cristianismo no es un Dios que, además, se encarnó en el hombre que fue Jesús. Un Dios encarnado no puede seguir siendo un dios religioso. Para la religión, la diferencia entre un dios y el hombre no admite otra encarnación que aquella en la que el dios se viste de hombre. Pero no dice esto la dogmática cristiana. La dogmática declara que Dios se dio por entero en aquel que fue crucificado. Y esto solo es posible entenderlo, no ya como un nuevo referente para la palabra «Dios», sino como la implosión misma de su significado. En nombre de Dios, ya no cabe otro Señor que el que murió por Dios como abandonado de Dios. Así, no decimos Dios como Jesús, sino Jesús como Dios. No es posible concebir a Dios sin la Cruz. De ahí que el cristianismo no pueda admitir, mientras siga fiel la verdad revelada, las componendas sincréticas de una espiritualidad transconfesional.

de dioses y hombres

agosto 2, 2013 § Deja un comentario

Si la posibilidad de que Dios habite entre los hombres no nos llena de estupefacción es porque damos por hecho de que un dios es como los hombres pero en más: más bello, más fuerte, más misericordioso… Pero la diferencia entre Dios y el hombre no es de grado, sino de naturaleza. De ahí que la cuestión es de qué hablamos cuando hablamos de Encarnación. No solo porque quepa preguntarse si un dios puede amarnos, sino porque también está en el aire que deba (o quiera) hacerlo. Para cualquiera que sepa qué significa la palabra «Dios» la posibilidad de un descenso es sencillamente absurda.

psicoanálisis e idealismo

agosto 1, 2013 § Deja un comentario

Que Dios haya muerto significa, también, que nada hay enteramente otro para el hombre moderno. Incluso la posibilidad de lo extraño y traumático —la posibilidad de lo indigerible por el yo— acaba comprendiéndose como una posibilidad que arraiga en las profundidades abisales del sujeto. Freud, en este sentido, se revela como el mejor divulgador del idealismo alemán. Pues, como es sabido, para Fichte no hay otro que no sea producto del yo. La alteridad misma como ruptura del yo: esto es Modernidad y el resto, religión. De ahí que una apologética que no lidie con estos toros difícilmente podrá tomarse en serio.

vacacionales

julio 31, 2013 § Deja un comentario

No se entra en un monasterio —no se entra en la Compañía—, sino que se sale a él, a ella. La prisión es el mundo, la vida de bestias más o menos felices que llevamos sobre la espalda.

lecturas bíblicas

julio 29, 2013 § Deja un comentario

No deja de resultar cuanto menos curioso que la declaración monoteísta de que no hay otro Dios que el invisible vaya con la constatación, igualmente bíblica, que no hay ni un solo justo (o casi ninguno). Como si el encontrarse ante el Dios verdadero fuera de la mano de nuestra incapacidad para creer. Ciertamente, la moneda del monoteísmo no sirve para pagar el tributo religioso. Pues el presupuesto de la religión es que, si uno hace lo debido, es posible poner a Dios de nuestro lado, esto es, hacer las paces con Dios. Pero el monoteísmo bíblico insiste en que los hombres, por sí mismos, son incapaces de permanecer fieles a Dios. La Biblia, sorprendentemente, es el relato de las continuas infidelidades del pueblo de Dios. No hay, por tanto, religión que valga para el creyente. Un creyente siempre se halla en falso ante Dios. La dependencia de Dios es tan radical que incluso la relación con Dios se encuentra en manos de Dios.

el dato inicial (y 2)

julio 28, 2013 § Deja un comentario

Posiblemente el pistoletazo de salida de la confesión creyente fue un simple dato: hubo bondad donde no podía haberla en modo alguno, en medio del infierno. Los primeros cristianos comprendieron este acontecimiento desde un doble esquema. O bien, desde la división religiosa entre el mundo de arriba y el de abajo —y, así, entendieron que la imposible bondad de Dios descendió en medio de los hombres (e imposible, lo hemos dicho muchas veces, porque no puede admitirse como una posibilidad del mundo, porque su aparición implosiona el mundo)—, o bien desde la expectativa escatológica y, así, dijeron que esa bondad fue una anticipación de los últimos días. La cuestión es cómo podemos nosotros ver esa bondad, nosotros que ya no contamos con los recursos de la religión o la expectativa escatológica. La manera habitual —moderna— de verla es apelando a la profundidad: como si esa bondad surgiera de las profundidades abisales del hombre. Como si esa bondad fuera lo más verdadero, lo más auténtico que hay en nosotros (que, además, algunos la denominen divina, quizá sea lo de menos, pues Dios aquí ya no sería Dios, sino tan solo el nombre de la bondad). Pero con ello o bien le estamos dando la razón al gnosticismo, o bien al maniqueísmo (pues cualquiera con dos dedos de frente entenderá que en dichas profundidades encontramos peces de todos los colores: tanto los que desprenden luz como los que la devoran).

curiosidades varias

julio 28, 2013 § Deja un comentario

No deja de llamarme la atención que, para muchos creyentes, Dios sea aquel que se encarga de sostener la estabilidad del hogar. Se les ve tan satisfechos con su fe, tan seguros de lo que es Dios… que no parece que Getsemaní vaya con ellos. Dios como el que mantiene el chiringuito creyente en pie. Cuando lo cierto, si hemos de hacer caso de lo que cuentan las Escrituras, es que Dios siempre deja al creyente con el culo al aire, por no decir sin Dios mediante. La Resurrección no anula la Cruz, sino que revela a Dios en la Cruz.

top YWHW

julio 28, 2013 § Deja un comentario

Es posible que aún no hayamos entendido que solo Dios puede librarnos de dios.

el dato inicial

julio 28, 2013 § Deja un comentario

Da igual cuál pueda ser nuestra expectativa. Sea como sea, el dato inicial es siempre el mismo: que los hombres vivimos de espaldas a la verdad, esto es, a lo que ocurre en verdad; que nuestro campo de visión es, ciertamente, muy estrecho. La mayoría vive pendiente de sus pequeñas cosas: que si aquel chico volverá a fijarse en ti; que si no acaba de gustarte el vestido que te compraste; que si en tu trabajo no acaban de reconocer tus méritos; que si te estás convirtiendo en un adicto a la nicodina; que si no puedes dormir porque te dijeron que eras un pedazo de sebo andante… Mientras tanto, de aquí a un millón de años solo habrán bacterias sobre la superficie de la Tierra. Lo cierto es que existimos en tiempo de prórroga. Y nosotros a lo nuestro: como si no hubiera muerte ni desdicha. Vamos deambulando de aquí a allá sobre la base de nuestras ridículas «certidumbres»: ahora vamos al mercadillo, ahora a tomar una coca-cola, ahora al trabajo, ahora a colgar las mismas fotos de siempre del Facebook, luego a la disco… Pero la gran pregunta, a saber, de qué va todo esto, sigue sin respuesta.

más tautologías

julio 27, 2013 § Deja un comentario

Si el Dios bíblico es el Dios de los pobres, entonces no es nuestro Dios. Si solo los pobres son capaces de Dios, entonces nosotros —los satisfechos— no somos capaces de Dios. Este debería ser el punto de partida de nuestro estar ante Dios. Un creyente occidental lo primero que debería preguntarse es cómo aquel chico del metro de Moscú —aquel desgraciado que se pasa el día esnifando pegamento— puede decir honestamente que Dios, en el fondo, nos quiere. Para nosotros esa es su fantasía, su delirio. Pero no para él. Para él, Dios tiene que amarnos. Pues probablemente, ese chico no sea en verdad más que su estar incondicionalmente sometido a este tener que ser de Dios. Aun cuando fantasee con Dios.

K

julio 26, 2013 § Deja un comentario

Hagas lo que hagas, nada nunca será como antes. Las ficciones que mueven nuestra vida sugieren lo contrario. Que todo tiene que seguir siendo como al principio o, incluso, mejor. La lucidez, ciertamente, no admite el lecho de Procusto del mito. De ahí que la pregunta no sea qué mito podrá soportar nuestra existencia, sino cómo enfrentarse al paso de los días. Pues no hay imagen que pueda contra la erosión del tiempo.

padre de familia

julio 26, 2013 § Deja un comentario

La mayoría de las familias son simples empresas, tugurios sin aire. Una familia común es un montón. Los padres, ya sin apenas nada que contarse, se limitan a hacer de padres, a cumplir con su trabajo, mientras los hijos son seducidos por los cantos de sirena del mundo exterior: tus padres son unos fracasados y tú eres un rapero genial; tu chola está loca por ti y tus amigos nunca te traicionarán. Solo hay que ver cómo andan los hijos adolescentes junto a sus padres en una mañana dominguera. Esos chicos sudan desdén, desprecio, incluso asco hacia quienes les dan de comer. Ya nadie (o casi nadie) quiere ser como su padre. Hay que ser muy imbécil para creer que los vídeos de MTV te sacarán del pozo del hogar.

 

transición

julio 26, 2013 § Deja un comentario

La dificultad moderna con respecto a la fe acaso resida en el hecho de que un individuo en modo alguno puede llegar a sentirse criatura. Pues el individuo como tal es, precisamente, un separado, un arrojado, un arrancado. Un individuo no es capaz de llamar sinceramente a Dios, papá.

misiones

julio 25, 2013 § Deja un comentario

El espíritu misional va con el evangelio. Id y anunciad... Ahora bien ¿qué se trata de anunciar? Como es sabido, el cristianismo se expandió con la Cruz y la espada. Quienes fueron evangelizados en el espíritu de la cristiandad, fueron convencidos con los argumentos de siempre: el Dios verdadero es, sencillamente, el más poderoso. Ocurre aquí lo que ya ocurría en los tiempos bíblicos: que los pueblos derrotados abandonaban a sus dioses como quien deja de contratar una compañía de seguridad… que no da seguridad. Obviamente, esta evangelización —la que se limita a exponer las sentencias del catecismo sin el background de sufrimiento y violencia que las hace inteligibles— no tiene sentido y menos en un mundo que admite la pluralidad cultural. Por eso, hoy en día el espíritu misional o es evangélico o, simplemente, no tiene razón de ser. Esto es, o se dirige a los pobres o no es evangélico, sino cultural. Pues, lo que hay que anunciar es que el Mal no tiene la última palabra. Que en nombre de Dios es posible salir con vida de un mundo sin piedad, un mundo de violencia y muerte. Ahora bien, esto solo pueden aceptarlo quienes habitan, precisamente, en los pozos de miseria de este mundo, quienes han perdido toda esperanza en las posibilidades del hombre. (Otra cuestión es si el cristianismo habría sobrevivido sin cristiandad. Pero esta es, efectivamente, otra cuestión.)

entender un poco más el cristianismo

julio 24, 2013 § Deja un comentario

Una cosa es entender esto de la trascendencia del lado del hombre y, en este sentido, estaremos situados en la óptica de la sensibilidad religiosa. Pero otra cosa es entender esto de la trascendencia del lado de Dios. Pues, acaso el hombre sea en última instancia la trascendencia —el destino— de Dios. Como si Dios solo pudiera realizar su divinidad como hombre. De ahí que Dios ame al hombre, esto es, vaya en su busca. Y quien entiende esto —quien puede integrar esta visión en su modo de ser—, entiende de qué va esto del cristianismo y, de paso, por qué el cristianismo, en definitiva, no es, estrictamente hablando, una religión, sino una carga de profundidad en la línea de flotación de la religión.

chimpancés

julio 24, 2013 § Deja un comentario

Dejando a un lado la necesidad de satisfacer nuestros impulsos más o menos elementales, lo cierto es que la mayoría, en el fondo, vive a lomos de una sola pregunta: ¿a quién le gustaré? ¿Quién me confirmará en lo que valgo? Pero esta no es la pregunta que nos saca de las casillas de la bestia, sino ¿cómo podré satisfacer mi deuda? El problema, mejor dicho, el síntoma es que, de entrada, no creemos que estemos en deuda con nadie.

la transformación

julio 23, 2013 § Deja un comentario

Todo con el tiempo acaba siendo otra cosa. El éxito es siempre un malentendido. El amor termina siendo un oficio, un buen oficio, en el mejor de los casos. Grégoire Ahongbonon, después de cien mil locos, dejará de ver a Dios atado a los árboles… aun cuando siga desatándolos. Jesús de Nazareth, el que tuvo a Dios de su lado, murió como un abandonado de Dios. De hecho, ni siquiera llegamos a poseer el sentido de una vida que se encuentra por entero sometida a Dios. Ya fue dicho: al fin y al cabo, somos siervos inútiles. La verdad de lo que hacemos en verdad no nos pertenece, Hay que hacer lo que hay que hacer. Y del significado, ja en parlarem.

incarnatus est

julio 23, 2013 § Deja un comentario

¿Qué significa la encarnación de Dios? Pues que Dios se pone en manos de los hombres. Que haya Dios depende que sigan habiendo seguidores del Crucificado: los Pere Claver, los Oscar Romero, los Grégoire Ahongbonon… Esto es cristianismo y lo demás es religión.

evolución (y 2)

julio 23, 2013 § Deja un comentario

De aquí a cien billones de años es posible que tan solo hayan piedras por ahí. Tendrán razón los idólatras de que Dios, al fin y al cabo, es una piedra. O los creyentes, cuando afirman que el Dios verdadero puede morir… en manos del hombre.

evolución

julio 23, 2013 § Deja un comentario

Es difícil imaginar que sigan habiendo humanos de aquí a cien billones de años, pongamos por caso. O bien, la humanidad acabará extinguiéndose como lo hicieron los dinosaurios, o bien acabará siendo otra cosa. En cualquier caso, ¿qué ocurrirá con Dios donde desaparezcan sus testigos? El Dios de la Biblia —el único que merece el nombre de Dios— no es un ente, una piedra, un fenómeno extraordinario… que pueda darse con independencia del hombre. Dios no es sin el hombre —pues Dios es aquel que va en busca del hombre—, del mismo modo que el hombre no es sin que eche en falta a Dios. (Y en este sentido no es casual que Pablo, entre otros, comprendiera, acaso mejor que nosotros, que el acontecimiento de la Cruz o poseía una dimensión cósmica, aun cuando no pudiéramos imaginar el cómo de esta dimensión, o el sacrificio de Dios permanecería engullido por un tiempo infinito.)