niveles de comprensión
agosto 31, 2024 § Deja un comentario
Todo el mundo muere solo. Y sin embargo, siempre hay quien dice que mucha gente muere acompañada de sus seres queridos. Pues eso: hay quienes entienden, y quienes no… creyendo, sin embargo, que están en lo cierto. El problema actualmente es que los que tienen el megáfono son estos últimos. Prevalece, por tanto, el griterío, twitter, el hablar sin tener ni idea. Incluso se gobierna teniendo en cuenta las encuestas, las corrientes de opinión. Malos tiempos para cualquier profundidad.
Con todo, la profundidad siempre fue un asunto minoritario. La diferencia, quizá, es que antes el ignorante no se atrevía a levantar la voz. O, mejor dicho, no tenía ninguna oportunidad para levantarla. Hoy, cualquiera puede crear su canal de youtube… y triunfar diciendo sandeces. Una cultura, en gran medida, se define por quién detenta la autoridad moral —a quién se escucha o se tiene en cuenta.
la redención y lo imposible
agosto 30, 2024 § Deja un comentario
Para hacerse una idea del alcance de la redención —del hacia dónde apunta— basta con ponerse en la piel de un genocida arrepentido: ¿quién me salvará de esta culpa imborrable —cómo podré comenzar de nuevo? Pero ¿qué comienzo, si aquellos a los que les arrebaté la vida no vuelven a vivir? ¿Cómo podrán perdonarme?
¿Acaso no se nos dijo que la buena conciencia del fariseo —su autosatisfacción religiosa— lo aleja de Dios? Los sacerdotes ¿no estarán haciéndole el juego a la increencia donde se dedican solo a pastorear, ahorrándole al rebaño el riesgo de la fe —y, de paso, su verdad?
razón y fe
agosto 29, 2024 § Deja un comentario
Ciertamente, la razón puede alcanzar el dominio de la trascendencia —puede comprenderlo. Y aquí no tenemos por qué apelar a la escolástica. Basta con Hegel. O con Heidegger. Aun cuando ninguno admitiera que su pensamiento fuese teología por otros medios. Ahora bien, nadie cree porque sepa que, efectivamente, hay Dios —o mejor dicho, porque esté convencido de que el haber de Dios, en tanto que puro haber, es el envés de la negación de sí: no hay haber que no sea sea un haber del mundo —y por eso mismo, el puro haber es lo que continuamente retrocede en el haber del mundo.
El problema consiste en que los resultados del ejercicio de la razón, a causa de su extravagancia, no son fácilmente incorporables… si es que pueden llegar a serlo. El hiato que media entre la sensibilidad y la razón es insalvable. Seguimos viendo la tierra como si fuese plana, aun cuando sabemos que no lo es. En buena medida, el creyente común es un terraplanista.
De ahí que quizá no sea casual que, según el cristianismo, la definitiva incorporación de la verdad de Dios —el que se haga cuerpo— no se dé a través de las imágenes que inspiran la devoción —y más si esas imágenes no arrastran la historia que hay detrás—, sino donde ya no cabe hacerse ninguna imagen de Dios. Esto es, en Getsemaní.
Poco comprenderemos del carácter de la esperanza cristiana de continuar tomando sus imágenes, más bien delirantes, como si concretaran una expectativa, una previsión. Pues, en realidad, poseen el carácter de una desesperada invocación, por no decir del clamor: maranatha. En nombre de Dios, el verdugo no puede vencer. Aunque sensatamente no podamos tomárnoslo en serio.
de un lado a otro
agosto 28, 2024 § Deja un comentario
Lo real es lo que aparece. De acuerdo. Pero qué aparece en lo que aparece. Tampoco terminamos de saberlo. Hay demasiada mezcla en cuanto sucede. En realidad, una confusión de contrarios. Así, la bondad se nos revelará como acontecimiento —como la irrupción de lo definitivo— donde no haya bondad. Al igual que si todo fuese bondad, el conflicto, la oposición, la rotura de platos se nos impondrían como lo que debe aparecer frente a la irrelevancia de una felicidad eterna. De hecho, llama la atención —e incluso el interés— que lo más real irrumpa siempre como lo excluido o dejado atrás en cuanto pasa. Y por eso mismo, como lo que tiene que regresar. O también, como lo único que puede liberarnos del imperio del presente.
el vecino de arriba
agosto 27, 2024 § Deja un comentario
Algo que me llama la atención de muchos de los que aún hablan con Dios en la intimidad es que nunca se preguntan si, efectivamente, hay alguien ahí arriba que los escucha. ¿Por qué? ¿Quizá porque lo dan por hecho? Sin embargo, al darlo por hecho, ¿no nos están diciendo que, en el fondo, les da igual —que la cuestión no es hablar con alguien, sino soltarla? En este sentido, Dios, más que un amigo invisible, sería algo así como el psicoanalista invisible. Puede que no sea secundario que, bíblicamente, la invocación de Dios acabe siendo el grito de quien, dirigiéndose a los cielos, topa con un muro de silencio.
mapa mental y delirio
agosto 26, 2024 § Deja un comentario
Creer, en la mayoría de los casos, supone permanecer fijados a un mapa mental —a un modelo—: las piezas del puzzle cuadran. Como quien sufre manía persecutoria o está convencido de que hay conspiración: no salen de ahí. Pero, como sucede con los modelos científicos, nuestros mapas mentales comienzan a tambalearse con el surgimiento de la anomalía. Desde la óptica cristiana, el equivalente sería la cruz. Pues la cruz supone la impugnación —el desmentido— de nuestras suposiciones acerca de Dios. En cierto modo, la cruz se presenta como la versión más cruda del momento de la interrogación socrática: los antecedentes quedan en suspenso.
Por lo común, la gente procura resolver el impasse haciéndose otro mapa. Así, se convencen a sí mismos de que han dejado atrás la ilusión, cuando lo cierto es que simplemente han cambiado de paisaje. La lucidez no siempre sucede al desmentido. Pocos, sin embargo, permanecen en estado de suspensión —y obran en consecuencia. La ignorancia socrática no fue una boutade. Ni el abandonarse del crucificado, una derrota. Al fin y al cabo, la seriedad va con la intemperie.
mysterium
agosto 25, 2024 § Deja un comentario
Dios se convierte en dios, donde hacemos de Dios la piedra angular del edificio. Es entonces cuando podemos prescindir de Dios con la excusa de dios. Ante Dios, la cuestión de Dios permanece sin resolver. Esto es lo que significa que Dios sea el misterio que abraza el mundo —y no un ente misterioso.
Ahora bien, vivir a flor de piel el misterio supone apurar el cáliz con el que se nos revela que el en sí de Dios es el de un nadie. Aún. La encarnación no resolvió el misterio. Más bien, lo fijo en el horizonte de la existencia, precisamente, como lo que la mantiene en estado de suspensión a la espera de lo que en modo alguno puede concretarse como expectativa sin hacer de Dios un dios.
volver a la caverna
agosto 24, 2024 § Deja un comentario
El filósofo está abocado a la incomprensión. Esta, de hecho, es una de las moralejas del mito de la caverna: mejor quedarse ahí arriba (y si fuera posible en compañía de amigos). Aquí no hay pedagogía que valga. El regreso es siempre mortal. Es como si obligasen al físico cuántico a convencer a cualquiera de que la materia no es lo que parece… en un mundo en donde la ciencia no tuviese la autoridad que hoy en día posee. ¿Hasta que punto podría soportar la cháchara autorizada de los que ignoran —sus serias objeciones? El precio de la vida examinada siempre fue la soledad. O también, el pathos de la distancia, que decía Nietzsche, un pathos que tiene que recurrir, precisamente, de la ironía si de lo que se trata es de volver a casa. Con todo, la ironía difícilmente será un salvoconducto donde la masa enfurecida necesita encontrar un cabeza de turco. Para Sócrates, cicuta on the rocks.
o lo uno, o lo otro
agosto 23, 2024 § Deja un comentario
De entrada: ante Dios, sin Dios. Y aquí caben dos alternativas. O Prometeo, o la Ley. Ambas han dibujado el perfil de Occidente.
ninguneo
agosto 22, 2024 § Deja un comentario
A veces pienso que el hecho de que creamos que la existencia tiene un sentido —o que hay un dios interesado por nuestra suerte— hace posible que sigamos considerándonos el centro: como si fuéramos los protagonistas de la película. ¡El mundo nos tiene en cuenta!, nos decimos. Pero basta con sufrirlo como víctima para caer en la cuenta de que no es así. Que Dios en verdad, según Israel, sea el Dios de las víctimas significa, no que haya un dios que intervenga a su favor —de hecho, Israel terminó desplazando la intervención de Dios hacia el final de los tiempos—, sino que Dios en realidad es el Dios que se echa en falta.
En este sentido, el libro de Job, en contraste con los textos proféticos, es desconcertante. No hay aquí promesa. Tan solo, un hallarse expuesto a la desmesura de Yavhé, a la que se le debe, de hecho, tanto la luz como la oscuridad. ¿Al final? Un Job arrodillado… y nada más. Ninguna esperanza en el desembarco de las tropas de Yavhé que ponga las cosas en su sitio. ¿Acaso solo Job supo que significó hallarse expuesto a la verdad de Dios? El fuego ¿no nos liberó, precisamente, de esta exposición? O mejor: ¿no es en nombre de Dios —del Dios que retrocedió para que pudiéramos vivir— que debemos enfrentarnos a la oscuridad de Dios? Si todo es voluntad de poder, ¿no deberíamos admitir que solo Prometeo fue el único dios capaz de amarnos?
Tertium non datur, para quien sabe qué significa ser un dios: o de rodillas o resistencia.
heideggerianas
agosto 21, 2024 § Deja un comentario
¿El olvido del ser —o mejor, de la cuestión acerca del sentido del ser? Una variante del olvido de Dios. Heidegger rechaza la ontoteología —la confusión entre el ser y el ente supremo, una confusión que el atribuye a la tradición metafísica— como la teología dialéctica rechazó el dios de la religión al distinguirlo del Dios de la fe. Que vivimos de espaldas a Dios, aunque sea con la excusa de dios, es algo que Israel comprendió , y a costa de un enorme sufrimiento, hace unos cuantos milenios. Como también comprendió que la realidad de Dios no es la del ente, sino la de un eterno porvenir. Así, la clave para comprender la extrema trascendencia de Dios es temporal, no espacial. Heidegger sostuvo, a su modo, que la posibilidad es lo más real. El aire de familia es innegable.
Heidegger dijo con relativa frecuencia que el no hacía teología. Y, ciertamente, no hizo teología… si la piedad va, de algún modo, con el quehacer del teólogo. Pero me atrevería a decir que, sobre todo, no la hizo porque dejó a un lado lo que se desprende del eterno porvenir de Dios, a saber, el tener que responder a una demanda infinita. A lo sumo, la ética que se deriva de Ser y tiempo —y se deriva porque se encuentra entre sus premisas— es la de un cuidado de sí. Levinas, sin embargo, comprendió —al comprender que el mandato es el envés de nuestro hallarnos esencialmente expuestos al carácter inefable, por inexistente, de la alteridad— que el Talmud acaso fuese más profundo que las parrafadas de su maestro. Aunque también Levinas dijo que él no hacía teología.
cuidado de sí
agosto 20, 2024 § Deja un comentario
El todo no puede serlo todo, para quien cuida de sí mismo —y quién no. El error —lo que distingue una vida claramente equivocada de otra que no termina de estarlo— consiste en creer que lo que nos falta es algo en concreto, cuando lo que nos falta es dejar de creerlo. Pues aquí —y sobre todo aquí— es cierto aquello de que menos es más.
línea de salida
agosto 19, 2024 § Deja un comentario
A la hora de plantear la cuestión del saber —de qué hablamos cuando hablamos de lo real— podemos situarnos en dos posiciones: la de quien ocupa el lugar de un Dios omnisciente —esta sería la posición del sujeto de la teoría— y la de quien se sitúa en el centro de la existencia como aquel que se encuentra expuesto a la desmesura de lo que le supera , es decir, a lo otro por defecto. Son dos posiciones que responden a dos actitudes diferentes. Por un lado, tendríamos la pretensión de dominio —vita activa—; por otro, el sentido de una dependencia fundamental que sostiene, en el fondo, la vita contemplativa.
¿Cuál de las posiciones —la de la ciencia y la de la espiritualidad— nos permitiría responder adecuadamente a la pregunta acerca de lo que hay en verdad? En principio, la muerte, en tanto que irreparable, sería el índice de nuestra finitud. Y quien dice finitud, dice exposición. Donde la vida se nos ha dado dentro de un plazo, la posición dominante es, por tanto, la de la espiritualidad. Ahora bien, ¿es posible que la técnica consiga eliminar la muerte como horizonte? La posibilidad de detener el envejecimiento celular, de clonar nuestros cuerpos —jóvenes, se supone— y, en definitiva, de trasladar la mente de un cerebro a otro suprime el misterio. Desde la perspectiva científica, no hay nada que sea esencialmente misterioso o extraño —nada en definitiva otro. A lo sumo, el misterio se entiende como reto —como lo aún por descubrir o asimilar.
La operación de Nietzsche es enormemente lúcida. Pues, a pesar de su filobiologismo, Nietzsche —quizá también como heredero del romanticismo alemán— conservó un sentido de la trascendencia… el cual se expresa en la convicción de que, tras la muerte de Dios, el hombre será superado. En este sentido, la relación del superhombre con el hombre sería análoga a la del hombre con el simio. Ahora bien, para comprender qué significa que el hombre sea superado hay que tener presente que, tras la muerte de Dios, el espacio de la trascendencia es ocupado por la técnica, cuyo mandato básico es si puede hacerse, debe hacerse. De este modo, el superhombre termina siendo un títere de la voluntad de poder que se realiza en la técnica… lo que le convierte en, literalmente, un idiota, alguien incapaz de salir de sí mismo. De ahí que su única resistencia al imperio sea ponerse a bailar. Sea sobre un campo de amapolas o de una montaña de cadáveres.
resistencia a la totalidad
agosto 18, 2024 § Deja un comentario
Quizá algún día comprendamos que respetar la prohibición —el no-todo debe hacerse, aun cuando sea posible—, es el único modo de resistirse al imperio del mundo —el único modo de no convertirnos en marionetas. Y que difícilmente la respetaremos —al menos, la fundamental— si no reposa sobre un sentido de la sagrado. De hecho, el no-todo de la prohibición es el envés de la realidad de Dios —la realidad del no ser nada—, aquella por la que el todo es el no-todo.
el mesianismo cristiano
agosto 17, 2024 § Deja un comentario
El judío permanece a la espera de Dios. Pero el cristianismo —un judaísmo llevado a las últimas consecuencias— comprendió que ya podía esperar sentado. Que Dios como tal nunca aparecerá —ni puede aparecer como tal, esto es, como Padre. En su lugar, el Hijo hecho carne. La dogmática trinitaria, al fin y al cabo, algo que difícilmente admitirá la sensibilidad tópicamente religiosa, a saber, que no hay —aún— Padre sin el Hijo. Y si el dogma trinitario es judaísmo llevado al extremo es porque, de algún modo, esto ya fue anticipado por el Talmud: si tú crees en mí, yo soy; si no crees, no soy. No en vano el mesianismo fue un logro espiritual de Israel.
Al fin y al cabo, el mesianismo —y más el cristiano— no deja de ser algo así como una nota al pie de Ex 3,14. De hecho, el cuarto evangelio sería esta nota al pie. Pues que Yavhé diga de sí mismo yo soy el que soy —y aquí hay que tener en mente la ambivalencia del verbo hebreo: entre el presente y el futuro— está muy cerca de decir, al rechazar para sí mismo cualquier atribución, que soy el aún nadie.
modernidad y seguimiento
agosto 16, 2024 § Deja un comentario
La revelación cristiana presupone la devoción creyente. Pues la revelación cristiana pasa por la cruz, esto es, por el fracaso de la pretensión religiosa del enviado. Hoy en día, el trayecto aún puede seguir siendo el mismo. Pero solo para quienes —¿quizá de manera infantil?— siguen dando por supuesto que en los cielos hay un ángel de la guarda saturado de esteroides. Para el resto —para quienes han aceptado los tiempos sin trampantojos—, el punto de partida es, inevitablemente, el contenido de la revelación —el ante Dios, sin Dios de Bonhoeffer. Cristianamente, el envés de ante Dios es un hallarse a los pies de un crucificado en nombre de Dios. Aquí la devoción ya no tiene otro soporte que el de las historias de quienes soportan el peso de la cruz. Pues solo sus vidas nos hablan de Dios en verdad.
El ateísmo fácil prescinde del ante Dios. Pero en ello reside su ingenuidad, algo así con la contraparte de la ingenuidad de quien supone que hay Dios como pueden haber fantasmas. Y si prescinde es porque aún no ha caído en la cuenta de lo que acaso sea lo más sobrecogedor de la existencia, a saber, que la realidad del Padre coincide en su negación de sí en favor de un Hijo hecho carne. Pero este es otro asunto.
el nihilismo y su superación
agosto 15, 2024 § Deja un comentario
La superación del nihilismo solo puede proceder del nihilismo. Pues la superación conserva en su seno lo superado. De lo contrario, no hablaríamos de superación, sino de pareceres contrapuestos. Y esto tiene mucho de naïve.
Ahora bien, esa superación ya se dio históricamente. Hablamos de Israel. Pues Israel, tras la experiencia del exilio, comprendió, antes que Bonhoeffer, que estamos ante Dios, sin Dios Que la fraternidad —la Ley— no tiene otro fundamento que la imposibilidad de Dios. Pues ante el Dios que nos abandona —el Dios que nos arrojó al mundo retirándose del mundo— somos el mismo huérfano. Difícilmente entenderemos, cuando menos, qué significa hallarse expuestos a la trascendencia de Dios, mientras no admitamos que Dios es imposible —que Dios no es una posibilidad del mundo. El carácter absoluto o ab-suelto —esto es, sin juicio— de la alteridad avant la lettre no puede hacerse presente sin negarse como absoluto.
De ahí que solo obedeciendo al mandato de Dios, el que se desprende, precisamente, de su insobornable trascendencia, puedan los hombres resistir al lado oscuro de dicha trascendencia, el que se revela como el poder de la aniquilación. Así, obedecer a Dios es resistirse a Dios. Pero resistir no es negar. De hecho, se trata de lo contrario. Quizá la redención siempre fuese una redención de Dios, en el doble sentido del genitivo.
futuro perfecto
agosto 14, 2024 § Deja un comentario
Si el hombre deviene nuevamente animal, también sus artes, sus amores y sus juegos“tendrán que convertirse de nuevo en puramente “naturales”. Sería necesario admitir, así, que después del fin de la Historia los hombres construirán sus edificios y sus obras de arte como los pájaros construyen sus nidos y las arañas tejen sus telas, que interpretarán conciertos musicales exactamente como hacen las ranas y las cigarras, que jugarán como juegan los cachorros y que harán el amor como los animales adultos. Pero no puede decirse, entonces, que todo esto “hace al hombre feliz”. Sería necesario decir, más bien, que los animales posthistóricos de la especie Homo sapiens (que vivirán en la abundancia y en plena seguridad) estarán contentos en función sus comportamientos artísticos, eróticos y lúdicos, dado que, por definición, se contentarán con ellos.
Alexandre Kojève
la transformación
agosto 13, 2024 § Deja un comentario
Oriente, espiritualmente hablando, apunta a la transformación, esto es, a la sanación del alma. El stáret marca el paso. La espiritualidad de Occidente, en cambio, encuentra su caso ejemplar en el mártir. Por un lado, la ascesis. Por otro, la inmolación de sí en nombre de Cristo. En Oriente, el santo se aparta. En Occidente, entra en conflicto con el poder. El stáret busca la purificación de sí. El mártir, responder a una demanda.
Sin embargo, la secularización afecta a ambas espiritualidades por igual. Así, en el caso de Occidente, en lugar del mártir, el anarquista revolucionario, el bolchevique. En el de Oriente, el resilente, la dieta détox, el equilibrio emocional. No es exactamente lo mismo.
opiniones contrapuestas
agosto 12, 2024 § Deja un comentario
Decían los antiguos: solo lo semejante conoce o ama a lo semejante. Pero también: solo los contrarios se atraen. ¿Estamos ante opiniones contrarias? Únicamente, si confundimos la atracción con el amor. O mejor dicho, solo si damos por hecho que la atracción del amor es la misma que la que experimentan los polos opuestos. Pero no es el caso.
herramientas
agosto 11, 2024 § Deja un comentario
La razón es como el instinto. Y es que, al igual que la dirección del instinto depende de las circunstancias, los resultados de la razón dependen de las premisas. En sí mismo, el instinto tiene corto alcance. Si no, que se lo pregunten a los pastores de los viejos tiempos, muchos de los cuales prefirieron antes a sus ovejas que a cualquier mujer. Paralelamente, nadie pone en duda que hay mucha razón en la matemática. Pero el mundo que describe la matemática de la mecánica relativista no es el mismo que el de la matemática que intenta dar en algún clavo del mundo cuántico. Herramientas.
más sobre el mesianismo
agosto 10, 2024 § Deja un comentario
La ambivalente relación entre la paradójica verdad de Dios y la religión, la cual presupone un dios-ente que de algún modo interviene en el mundo, se refleja, por ejemplo, en la relación entre Dios y el Mesías. Así , en el judaísmo, y con la intención de preservar la extrema trascendencia de Dios, el poder que interviene en el mundo es transferido al Mesías. Dios como tal —el Padre— no actúa ex machina. No puede hacerlo. El poder de Dios es el poder que crea de la nada —y de ahí que sea capaz de resucitar a los muertos… lo que significa capaz de restaurar la creación. Ahora bien, Dios crea retirándose, deviniendo, y desde el principio, nada-en-sí —y por eso mismo, nadie aún. En esto consiste, precisamente, su trascendencia. El poder de intervención queda en manos del Mesías.
Sin embargo, el poder de intervención, desde la óptica bíblica —y dejando al margen la versión político-militar del mesianismo—, es el poder de juzgar…. un poder que solo se ejercerá en los últimos días. El juicio de Dios provoca el fin del mundo. No hay más allá… salvo el de un nuevo comienzo.
¿Imposible? Por defecto. Pues lo imposible es lo que el mundo no puede admitir como posibilidad. De ahí que no quepa hacerse una idea del cómo sin caer en la idolatría. La esperanza creyente carece de expectativa. Bíblicamente, la esperanza solo se sustenta en lo que debe acontecer en nombre de la misericordia que tuvo lugar frente a una irreparable impiedad. A partir de ahí, con el mazo dando. Es decir, la fidelidad a la Ley… aquella que se desprende del silencio de Dios —de nuestro hallarnos expuestos a su por-venir. Pues acaso esta fidelidad sea el único síntoma de quien, al margen de la suposición, confía en Dios. Incluso con respecto a la verdad de Dios estamos en manos de Dios.
aporías del pensar
agosto 9, 2024 § Deja un comentario
Ciertamente, preguntar por el ser en sí mismo o en cuanto tal equivale a preguntar por cómo se puede conocer sin conocer… Es verdad que si lo real es lo que aparece, entonces nada aparece si no es en relación con aquel a quien se le aparece cuanto es. Sin embargo, el presupuesto de la experiencia es que lo real es con independencia de que haya observadores conscientes. Berkeley quiso resolver la aporía apelando a un observador omnisciente y eterno —Dios, cómo no.
La respuesta de la dialéctica es que la condición de la aparición es la desaparición de lo real-en-sí — de su carácter otro o absoluto. En este sentido, lo real-en-sí sería no siendo o, mejor dicho, retrocediendo a un pasado absoluto. Hay el haber de las cosas. Pero para que haya el haber de las cosas, el haber como tal —el puro haber— tiene que desaparecer. En este sentido, podríamos decir que no es nada —pues tan solo es lo que posee una forma. Y aquí deberíamos comprender la expresión literalmente: como negación de sí de la nada (y con esto no se pretende decir que la nada sea temporalmente anterior a su negación de sí).
Como intuyera Aristóteles, lo primero es el acto —el acto que da pie al tiempo… en tanto que el haber de las cosas participa del puro haber y, por eso mismo, de su negación de sí. Schopenhauer hablará, como sabemos, de la voluntad. Nietzsche añadirá de poder… al tomar consciencia de que el poder, en tanto que fundamento, se encuentra al margen del bien y el mal. De ahí que una refutación de Nietzsche, si la hubiera, pase por comprender qué quiso decirnos Platón al sostener que, más allá del ente, Ser y Bien significan lo mismo. Y, de paso, por preguntarnos si aún podemos sostenerlo.
futuro perfecto
agosto 8, 2024 § Deja un comentario
Si el hombre deviene nuevamente animal, también sus artes, sus amores y sus juegos tendrán que convertirse de nuevo en puramente naturales. Sería necesario admitir, así, que después del fin de la Historia los hombres construirán sus edificios y sus obras de arte como los pájaros construyen sus nidos y las arañas tejen sus telas, que interpretarán conciertos musicales exactamente como hacen las ranas y las cigarras, que jugarán como juegan los cachorros y que harán el amor como los animales adultos. Pero no puede decirse, entonces, que todo esto “hace al hombre feliz”. Sería necesario decir, más bien, que los animales posthistóricos de la especie Homo sapiens (que vivirán en la abundancia y en plena seguridad) estarán contentos en función de sus comportamientos artísticos, eróticos y lúdicos, dado que, por definición, se contentarán con ellos.
Alexandre Kojève
revolución y secularización
agosto 7, 2024 § Deja un comentario
La posibilidad de una revolución —frente a la de una mera rebelión— supone, al fin y al cabo, una secularización de la convicción creyente de que Dios pondrá un punto y final a la historia para comenzar de nuevo. Esto es, haciendo tábula rasa del pasado. Por lo común, la Modernidad se entiende como la época en la que los retos de siempre se llevarían a cabo prescindiendo de Dios. Y, ciertamente, podemos entender los tiempos modernos en este sentido. Sin embargo, no terminamos de comprender la Modernidad donde nos quedamos aquí: como si simplemente hubiéramos soltado lastre. Pues si el Dios que se revela en la cruz no es, propiamente, un deus ex machina, sino un Dios que no es aún nadie sin la fe del hombre de Dios, entonces la Modernidad, antes que la superación secular del cristianismo, quizá debería comprenderse como su consumación, una consumación que, no obstante, todavía está por concluir. Y es que, como adolescente que es —como aquel que confía en exceso en su posibilidad— el sujeto moderno ha subestimado que, por remitirnos a Bonhoeffer, el sin Dios es siempre ante Dios.
Dios es misterio
agosto 6, 2024 § Deja un comentario
Leemos en el cuarto evangelio: Dios es espíritu y es necesario que quienes le adoran le adoren en espíritu y verdad (Jn 4, 24). ¿Cómo entenderlo? De entrada, es importante tener en cuenta que la palabra espíritu es el envés de la palabra poder. La cuestión de Dios es la cuestión del poder que abraza el todo. Donde olvidamos este nexo la palabra Dios deviene un trampantojo.
Ahora bien, no se trata del poder de los entes —de la fuerza que mueve o transforma cuanto hay. No se trata, por tanto, del arjé, ni siquiera donde apuntamos a una energía. Tampoco del poder del alma, aun cuando este poder sea la reverberación del poder de Dios. Hablamos del poder que puede con el todo —del poder creador. Sin embargo, Dios crea de la nada, aunque no a la manera de un demiurgo, sino negándose a sí mismo hacia lo otro de sí, esto es, convirtiéndose —y aquí conviene destacar el desde el principio— en nada aún. Es en relación con la nada de Dios —con el Dios del séptimo día— que el todo es el aún no todo. El mundo nos ha sido dado —y, por eso mismo, es lo que hay— por el retroceso de Dios a un pasado anterior a los tiempos (y hacia el futuro absoluto del hombre).
De ahí que la palabra espíritu no apunte a un ente espiritual, sino a un Dios sin especificaciones —a un Dios que quiso desde el principio no ser nadie aún sin el fiat de Adán. Dios no es un ente misterioso, sino el misterio que se revela como el fundamento y horizonte del mundo. Es con respecto a este Dios que el mundo está por resolver. Y lo estará hasta el final de los días. No esperar este final en nombre de —a pesar de que se trate de una espera contra las evidencias— supone abrazar el nihilismo. Y es posible, sin duda, que el nihilista haya dado en el clavo.
Quizá sea por cuanto acabamos de decir que Juan añada el es necesario que le adoren en espíritu y verdad. Pues de no ser así, lo adorado —lo que nos pone de rodillas— no es Dios, sino un dios a medida. Y con respecto a un dios a medida cualquier arrodillarse es un postureo. Aun cuando se trate de un postureo con buena intención.
sobre la analogia entis, de nuevo
agosto 5, 2024 § Deja un comentario
La analogía funciona ante lo desconocido o, en el extremo, ante el misterio. Deja de funcionar como tal una vez se ha realizado, esto es, una vez vemos lo desconocido como semejante a. El misterio se disuelve. Por ejemplo, al decir que Dios es como un padre —y lo damos por sentado— es difícil no imaginar a Dios como un ente de naturaleza espectral cuya relación con los hombres es, precisamente, como la de un padre. El problema de la analogía entis es, al fin y al cabo, el entis. Pues inevitablemente reducirá el misterio a algo misterioso, cuando el misterio en modo alguno admite esta reducción. Donde el misterio se comprende como el de algo misterioso, el misterio no es más que lo que aún desconocemos.
Ciertamente, los teólogos suelen añadir que Dios es más que un padre. Pero no es lo mismo añadir que de entrada tener presente —y a flor de piel— ese más. Y es que al añadir prevalece el primer como. Sin embargo, donde pesa más el misterio —y por tanto, la ignorancia, el que no haya respuesta, ni pueda haberla—, la analogía queda en un segundo plano… que es donde debiera permanecer.
el enemigo
agosto 4, 2024 § Deja un comentario
En 1917, la película, hay escenas en las que los protagonistas avanzan sobre poblaciones despobladas. El enemigo, sin embargo, sigue sin aparecer. Como si no existiera, aun cuando siga ahí. En Alien los momentos que provocan el miedo son aquellos en los que se espera que irrumpa el monstruo. Ahora bien, cuando se muestra, ya no hay miedo, sino adrenalina. El enemigo, al aparecer, deja de ser Dios para convertirse en un dios con el que lidiar. Dios solo es Dios mientras siga sin mostrarse —mientras su trascendencia sea extrema. Esto es, mientras esté más cerca del no-ser que del ser.
Ahora bien, ¿hay enemigo o, simplemente, miedo a lo desconocido? ¿Cómo determinar lo que hay —lo que es en verdad— al margen de lo que nos parece? Dios ¿es algo más que un dios —incluso donde añadimos el adjetivo supremo? De ahí que, desde la óptica del monoteísmo de Israel, la creencia en Dios se dé en la forma de una espera sine die. De aparecer, Dios sería decepcionante. Aunque nos hundiera en el polvo. Y, en este sentido, quizá no sea secundario que, para Israel, la cuestión sobre la presencia de Dios termine entendiéndose como la cuestión de aquel que ocupará su lugar en su nombre, esto es, como la cuestión del Mesías.
coloquio
agosto 3, 2024 § Deja un comentario
“Soy incapaz de rezar”, me dice mi amigo invisible. “Pero tu rezas a diario”, le digo. “No yo, sino el niño que aún llevo dentro”, me responde. Y añade: “… aunque sin ese niño no sería mucho más que un perro”.
Será verdad que somos relación, no solo con los demás, sino con nosotros mismos. Y puede que sobre todo. Ahora bien, quien dice relación, dice tensión interior, dynamis, inquietud. La ironía es su reflejo más amable. Aunque no lo parezca.
Al final, sin embargo, el Gólgota, la sima en donde cesa toda cháchara. En el Gólgota ya no hay ironía que valga. El niño únicamente será capaz de gritar y, si acaso, ponerse en manos de. Es posible que la integridad —el llegar a ser uno con uno mismo— se alcance solo donde nos hallamos expuestos al silencio de Dios, el primer signo de una genuina trascendencia.
a vueltas con la encarnación
agosto 2, 2024 § Deja un comentario
Jesús de Nazaret, según el cristianismo, es la encarnación de Dios. ¿Cómo se entiende, por lo común? Pues como si por un lado estuviera Dios y por otro su representación sensible. Esto es, más o menos a la platónica.
Sin embargo, en el cristianismo Dios es uno y trino. Y aquí empieza el galimatías. Pues Jesús de Nazaret no encarna la Trinidad. De ahí que, hilando fino, el cristianismo afirme que Jesús es el Hijo de Dios hecho carne. Pero si se prescinde de que Dios es la historia de Dios, entonces volvemos a las mismas: el Hijo por un lado, esta vez más complejo, y Jesús por otro. Es posible que estemos lejos de comprender el alcance de la proclamación cristiana mientras no admitamos que el Padre aún no es nadie —y de ahí su silencio— sin la fe de un crucificado en nombre de Dios. En definitiva, que Dios es un Dios con cuerpo —que sin él no es más que la idea que nos hacemos de Dios, un ídolo. La Palabra de Dios es un fiat que se dirige a Dios. El lenguaje de la preexistencia acaso no pretenda otra cosa que darnos a entender que esto siempre ha sido así.
Ahora bien, el pistoletazo de salida de la revelación fue la fe del que se abandonó al Padre habiendo sido abandonado por el Padre. Y esto es lo mismo que decir que la creencia religiosa encuentra su culminación en este ciego, aunque no sordo, abandonarse. Sin embargo, ningún abandonado de Dios puede decir que, por eso mismo, se convierte en el cuerpo de Dios. El contenido de la revelación no perteneció a quien la hizo posible. Hay un hiato entre la verdad —el acontecimiento— que el cristianismo pone sobre la mesa y la praxis que constituye su condición de posibilidad, una praxis que en gran medida es religiosa. Sería el ante del ante Dios, sin Dios de Bonhoeffer.
en breve
agosto 1, 2024 § Deja un comentario
Dios no es nada. Y por eso mismo fue nadie aún. Comprender estas dos frases no es fácil. Pero la novedad cristiana pasa por comprenderlas.
finitud
julio 31, 2024 § Deja un comentario
La experiencia de la propia finitud —de la propia impotencia ante la muerte— implica lógicamente lo infinito, un ahí sin límite. ¿Implica también un dependencia? Solo si ese ahí fuese paternal. Pero esto sería mucho suponer. En cualquier caso, desde la neutralidad de un puro ahí más allá del non plus ultra de la existencia esta se nos da, precisamente, como estado de excepción. La paternidad del ahí, antes que imaginarla como la de un ente superior que mueve los hilos, ¿no deberíamos más bien interiorizarla en relación con el legado —el testamento— de un padre ausente? El Dios del séptimo día —el Dios que se revela a Job— no termina de hacer muy buenas migas con el interventor. Y sin embargo, ambos se encuentran en los textos bíblicos. ¿Cómo entenderlo? Puede que la profundidad espiritual, al fin y al cabo, solo pueda concretarse como una pugna entre Dios y el dios.
filosofía y política
julio 30, 2024 § Deja un comentario
La crítica filosófica a la doxa es algo más que una ocurrencia de los aristócratas de la especulación, pues posee implicaciones políticas. En este sentido, la doxa es un peligro. Pues el riesgo de permanecer atados a la opinión —de no poder poner en entredicho lo que nos parece que es— es el de caer en la caza de brujas. Basta con que alguien ponga encima de la mesa una sospecha coherente, para que la jauría comience a salivar.
De ahí que la interrogación socrática sea algo más que un ejercicio saludable para las mentes inquietas. Al preguntarse si lo que vemos es tal y como lo vemos —si acaso no será algo más o incluso diverso—, la acción queda en suspenso. Ahora bien, a la vez que contiene el impulso irracional de la manada —o cuando menos, lo desprovee de legitimidad—, la sospecha también corroe las convicciones comunes —los tópicos— que constituyen una comunidad. De ahí que Sócrates tuviese que aceptar la condena de Atenas. En la polis, no hay lugar para el filósofo… a menos que pase por un bufón. Y quizá la ironía socrática no fuese tan solo un recurso retórico, sino un modo de estar a salvo entre semejantes. De hecho, si el bufón tiene patente de corso para decir la verdad es porque, por defecto, nadie llegará a tomárselo en serio. No hay —ni puede haber— filosofía popular.
¿existe el alma?
julio 29, 2024 § Deja un comentario
Para la ciencia, el alma no existe. Tan solo impulsos eléctricos. Sin embargo, quienes están, cuando menos, familiarizados con la interrogación socrática, antes se harán otra pregunta: ¿qué significa que algo sea? La respuesta de sentido común es inmediata: algo es si podemos verlo, tocarlo… Sin embargo, ¿existen los números, las dependencias que expresan las funciones, el teorema de Fermat? Más aún: tan solo es lo que de algún modo aparece o se hace presente. Hasta aquí nada que no sea obvio. Ahora bien, esta obviedad plantea un problema. Pues el aparecer exige alguien a quien se le aparezca cuanto aparece. Pero, por otro lado, la noción de lo real también da por descontado que lo real permanece en su sitio… aunque no hubiese nadie que pudiera percibirlo. ¿O acaso no existieron los dinosaurios? De ahí que la metafísica distinga entre el en-sí de lo real y su darse a un sujeto.
¿Hay por tanto un en-sí del alma? ¿Las transmisiones neuronales? Quizá. Pero ¿a quién se haría presente el alma? ¿De qué estaríamos hablando al hablar, precisamente, del alma? En principio, de la distancia que experimentamos con respecto a nosotros mismos, desde nuestro carácter hasta nuestro cuerpo. Por tanto, ¿tiene sentido negar que este continuo diferir de uno mismo sea?
¿El hecho mismo de negarlo, al implicar un negárnoslo, no confirmaría, precisamente, lo que se pretende negar? Sería como decir yo no soy porque no difiero de mi mismo… algo así como una contradicción en acto. Sin embargo, la realidad del alma, en tanto que difiere de las condiciones materiales que la hacen posible —la actividad neuronal— ¿no sugiere que, de algún modo extraño, el yo está fuera del mundo —de cualquier mundo?
John Wick
julio 28, 2024 § Deja un comentario
En la cuarta entrega de John Wick, hay una escena en la que el protagonista entra en una iglesia para, encendiendo una vela en su recuerdo, dirigirse a la esposa que falleció. Cuando su alter ego —el samurai ciego—, que también se encuentra en la misma iglesia, le pregunta si cree que ella lo escucha, Wick responde que no. Pero añade: quizá me equivoco —las resonancias pascalianas de la escena son innegables. Hay algo en nosotros que se resiste a la crítica racionalista de la devoción. Como si el niño que llevamos dentro no muriera del todo ante un mundo sin piedad. Y es así que seguimos intimando silenciosamente con Dios, dando por supuesto que Dios está ahí para escucharnos.
¿Qué dicen los evangelios? Pues que arriba no hay nadie que nos escuche. Nadie. Más aún: que la mayor intimidad con Dios tiene lugar donde, invocándolo, somos aplastados por su silencio. Ciertamente, los evangelios no solo dicen esto. Pero lo que sigue no lo anula. Y lo que sigue es que cuanto cabe decir honestamente acerca de Dios —cuanto cabe experimentar— comienza entonces.
sin secretos
julio 27, 2024 § Deja un comentario
En el juego del amor, los amantes no pueden incorporar el deseo del cuerpo que abrazan. Esto es, no pueden situarse en el lugar del otro —y por eso mismo, hay algo en el otro que sigue siendo otro o irreductiblemente extraño. Así, ella podrá decirse a sí misma, pongamos por caso, que él tan solo busca su belleza —esto es, podrá saberlo—, pero nunca podrá verse a sí misma con los ojos del amante… sin salir de la escena. El hiato permanece como la condición misma del amor. Pues el amor, por no hablar de su éxtasis, tiene mucho que ver con cerrar los ojos: como si no hubiera hiato. De ahí que el no vaya con el sí. O viceversa. Aun cuando en el instante epifánico, el no retroceda hasta hacernos creer que no existe. Pero basta con darle tiempo. Pues ¿acaso el tiempo no surgió de la negación?
raíces
julio 26, 2024 § Deja un comentario
Decía Pascal, que todos los males que nos afectan arraigan en nuestra dificultad para permanecer a solas en una habitación. Y, en cierto sentido, es así. Pues demasiada distracción nos empuja a creer que aún tenemos bastante vida por delante. De ahí que permanezcamos presos de la reacción, el impulso a la venganza, la necesidad de triunfar, el resquemor, los miedos….
Puede que los clásicos no regasen fuera de tiesto al sostener que la libertad de espíritu —y quien dice libertad, dice fortaleza— tiene su principio en el memento mori.
el sesgo
julio 25, 2024 § Deja un comentario
El problema de la opinión es permanecer atado a las apariencias —no salir de ahí. Como la mula que sigue el camino que le marcan sus orejeras. Las implicaciones políticas son inmediatas —por no decir, inquietantes. Así, basta con que alguien nos parezca un criminal como para que, socialmente, lo sea. La sospecha socrática, en este sentido, fue una higiene. Como también lo fue, unos cuantos siglos más tarde, la introducción en el marco del derecho de la presunción de inocencia. En cualquier caso, la interrogación del filósofo no hace buenas migas con la necesidad política de proporcionar al rebaño una visión sin resquicios. De ahí que Sócrates entendiera perfectamente que tenía que apurar el cáliz. Como si fuese un ahí os quedáis. No hay nada que hacer. ¿Acaso debería extrañarnos que popularmente se acuse al filósofo de elitista?
hidalgo
julio 24, 2024 § Deja un comentario
¿Qué debemos hacer con nuestras imaginaciones? Amarlas, creerlas a tal punto de tener que destruir, falsificar (este es, quizás, el sentido del cine de Orson Welles). Pero cuando, al final, ellas se revelan vacías, incumplidas, cuando muestran la nada de la que están hechas, solamente entonces pagar el precio de su verdad, entender que Dulcinea —a quien hemos salvado— no puede amarnos.
Giorgio Agamben, Profanaciones
misa diaria
julio 22, 2024 § Deja un comentario
¿Por qué la gente ya no va a misa? Obvio: porque no les dice nada. ¿Hijo de Dios? ¿Resurrección de los muertos? ¿Juicio final? El cristianismo no atrae. Quizá aún su ethos. Pero poco más. El síntoma es que el cristianismo que aún resulta atractivo es aquel que ha sido traducido a categorías orientales… hasta el punto de que muchos no podrían seguir siendo cristianos —es un decir— sin Buda. Ahora bien, resulta evidente que la traducción, una vez más, tiró al niño con el agua sucia. Gana la Modernidad y sus sospechas.
Pero quizá la pregunta sea ¿por qué van a misa los que aún siguen yendo a misa? ¿Quiénes son —qué tipo de sujeto hay detrás? A grandes trazos, podríamos decir que se trata de aquellos que aceptan el mapa mental de la religión cristiana… sin hacerse demasiadas preguntas. Así, ven cuanto hay desde la perspectiva que proporciona dicho mapa: hay un Dios —un Dios que además nos quiere sin reparos—; Jesús fue enviado para indicarnos el camino de vuelta y que, tras una muerte atroz, subió a los cielos… Etcétera. Por lo común, son los que dan por hecho que Dios no nos abandona nunca, que siempre está ahí, y que podemos dirigirnos a él como el niño se dirige a su amigo invisible.
¿Cuál es el problema? Que el ambiente no admite este mapa mental como verdadero. En el bosque ya no hay duendecillos. En cualquier caso, tenemos que imaginar que los hay… por nuestra cuenta y riesgo. ¿Los bosques? Árboles que talar o, siendo menos salvajes, un motivo para excursionistas. De ahí que el cristiano común antes que creer, crea que cree. Es como aquel que se dice a sí mismo que vivimos rodeados de vampiros pero que, de noche, va sin estaca. Basta con preguntar a cualquier cristiano si acaso no le tiemblan las piernas ante la inminencia del Juicio —esto es, ante su pasar de largo. Si hubiera alguien que aún experimentase temor y temblor ante la realidad de un Dios que cuelga de una cruz —y que por eso mismo, nos sitúa sub iudice— ¿no sería tachado de exagerado, por no decir de enfermo mental? Los pastores del rebaño, ¿no serían los primeros en apartar a quien asusta a sus ovejas con su inquietud por la verdad? Pero ¿es que no fue siempre así? Que el mundo sea plural significa que se han multiplicado los mapas mentales —los imaginarios—… a disposición.
El efecto lateral es que las iglesias se han vaciado de aquellos que aún se hacen preguntas. Y no porque sean unos especulativos, sino porque, frente a la desmesura del ruido y la furia, viven a flor de piel el clamor que el mismo crucificado dirigió a Dios mientras agonizaba en el Gólgota… un Dios que guardó silencio porque quizá la única palabra que pudo pronunciar fue la del fiat del abandonado de Dios. Quienes han incorporado el interrogante que nos deja en estado de suspensión , difícilmente podrán soportar estar en las primeras filas de la sinagoga. Y menos si van recibiendo palmaditas en la espalda. Nada se entiende del cristianismo, si no se parte de este momento crucial. De hecho, para los mapas mentales que nos hacemos, no hacía falta ninguna revelación.
