nihilismo en Getsemaní

abril 7, 2023 § Deja un comentario

Jesús, colgando de la cruz, experimenta que no parece que haya nadie ahí arriba, esperándolo con los brazos abiertos. En su lugar, ¿una ciega confianza en que, a pesar de las evidencias, haya un Padre? Quizá. Pero lo decisivo no es esa fe, sino el perdón que ofrece a sus verdugos bajo un cielo de plomo. Mejor dicho, únicamente desde ese perdón, un perdón que rozó lo inhumano, esa fe adquiere su sentido o hacia dónde. Por eso, la confesión cristiana no se limita a proclamar que, tras el impasse del Gógota, había en realidad un Dios dispuesto a intervenir ex machina. Esto sería todavía religión. Más bien, que el Dios al que apunta la fe del crucificado no es aún nadie sin el crucificado. Así, el Dios al que Jesús se abandona no es otro que el que se nos ofrece como un cuerpo colgando de una cruz… lo cual, ciertamente, no era lo que Jesús podía esperar. De ahí que, de no haber habido un tercer día, la revelación del Golgota habría coincidido con la proclamación de la muerte de Dios. Ahora bien, la cuestión que plantea la resurrección, teniendo en cuenta que Dios se identificó en el Gólgota con un abandonado de Dios,es cómo pensar el poder de Dios sin entenderlo como un poder ex machina. Pero este es otro asunto.

un Dios que tiene cuerpo (y 2)

abril 6, 2023 § Deja un comentario

Sin embargo… la analogía del yo es, hasta cierto punto, problemática. Pues, en nuestro caso, el yo es un producto de un cuerpo inserto en su circunstancia… y no parece que podamos decir lo mismo acerca de Dios. ¿O acaso sí? En principio, la realidad de Dios como el aún-nadie-sin-su-cuerpo es anterior a su encarnación —a su reconocerse en el crucificado. O al menos, es lo que damos religiosamente por decontado. Ahora bien, si es el aún-nadie no es nadie-aún. Dios-en-sí, coincidiría con la alteridad propia de un puro haber. Y es que el haber de Dios-en-sí no es en modo alguno equiparable al haber de cuanto posee entidad.

Entonces, ¿por qué hablamos del aún-nadie en vez de referirnos simplemente a la nada? Será porque, desde la situación de los que sufren la oscuridad y el silencio de las simas de este mundo, la nada va con una invocación insoslayable, aquella cuya reverberación escuchamos en las gargantas de la sed. ¿Se trata de un asunto meramente psicológico? Quizá, si no fuera porque hay quienes obedecen hasta el final al lamento de los que se revelan como hermanos en medio de un No aparentemente inapelable —si no fuera, en definitiva, porque debemos responder a alguien (y ante la demanda del otro, no responder es ya una respuesta). Y porque hubo fieles —y siguen habiéndolos— , Dios pasa del anónimo haber a presentarse como cuerpo. Esto es, del nada-ahí (o del puro ahí como nada) a ofrecerse como rostro. No es casual que leamos en el Talmud aquello de si crees en mí, yo soy.

un Dios que tiene cuerpo

abril 5, 2023 § Deja un comentario

¿Por qué decimos que el Dios cristiano es un Dios con cuerpo? La idea es simple, si se piensa bien. Como sabemos, el dogma central del cristianismo es el de la encarnación de Dios. Y quien dice encarnación, dice la identidad entre Dios (el Padre) y el crucificado (el Hijo). La relación entre Padre e Hijo sería análoga a la que media entre el yo y su modo de ser. Ciertamente, el yo es su modo de ser. Pero si podemos decirlo es porque el yo difiere continuamente del modo de ser con el que se identifica. Sin este diferir no hay, de hecho, identificación. Pues la identidad consiste en poder decir yo soy ese. Ahora bien, y por lo que acabamos de apuntar, el yo en sí mismo no es nadie. O mejor dicho, es nadie. En consecuencia, Dios aún no es nadie sin el cuerpo con el que se identifica, el de un crucificado en su nombre. Cristianamente, la presencia de Dios es la del hombre de Dios (estrictamente, la del abandonado de Dios que se abandona a Dios). Y de ahí que, cristianamente, digamos que Dios es un Dios con cuerpo o aún no hay Dios.

Nietzsche, probablemente, no comprendió hasta el final la profundidad del cristianismo. Es decir, no llegó a ver, como tampoco ninguno de sus contemporáneos, el alcance de la confesión cristiana. En cualquier caso, tuvo razón al dar por descontado que sin resurrección el cristianismo es un absurdo. Pues la identificación entre Dios y el crucificado se revela tras la resurrección. De hecho, el primero en caer en la cuenta de ello no fue Nietzsche, sino Pablo de Tarso. No obstante, el problema es que la resurrección es, de por sí, increíble. Pero quizá no comprendamos gran cosa de la fe cristiana mientras no comprendamos que esta apunta a la posibilidad de lo imposible. La cuestión, como siempre, es en nombre de qué. O de quién.

dependence

abril 3, 2023 § Deja un comentario

¿Tiene sentido hablar de Dios si no hablamos a la vez de nuestra dependencia de Dios? ¿Acaso lo inferior no depende, por defecto, de lo superior? Pero ¿de qué tipo de dependencia se trata cuando nos referimos al Dios de la tradición bíblica? Una dependencia física sería ciertamente degradante, por no decir, asfixiante, aunque al fin y al cabo fuese circunstancial (pues bastaría con que aumentase nuestro poder para independizarnos). Y no diría que los tiros bíblicos vayan por ahí. Al menos porque bíblicamente la dependencia física se entiende como la que experimentamos ante un dios en apariencia.

¿Se trataría, por tanto, de una dependencia moral? De hecho, la convicción biblica es que nuestra suerte se decide en relación con el mandato de Dios, el que se hace cuerpo en la invocación de los nadie. Sin embargo, ¿qué implicaciones con respecto a la realidad de Dios tiene esto último? Es obvio que al referirnos al vedadero Dios no hablamos de un dios al uso —de un ente superior—, sino de un Dios que anda rozando la nada. ¿Cómo entender, entonces, que ante Dios nos hallemos sub iudice? ¿Es verdad que habrá juicio? Que nos juzguen los nadie ¿acaso no supone que nadie nos juzgará? Ahora bien, ¿no deberíamos admitir que el poder de Dios consiste en hacer del nadie un señor —mejor dicho, nuestro señor? Pero ¿cabe creer en ello? O mejor dicho, ¿en qué situación? ¿Es posible comprender algo de lo que decimos acerca de Dios en verdad sin tener presente que la existencia apunta a una falta esencial, aquella que obviamos donde seguimos confiando en nuestra posibilidad?

orgullo

marzo 31, 2023 § 1 comentario

La hybris griega pasa por enfrentarse a lo gigantesco. En esto consiste el heroísmo: en desafiar el poder de un dios (y aquí siempre tenemos las de perder; aunque sea de pie). La hybris de Israel, en cambio, es distinta: aquí el héroe no se enfrenta a una fuerza devastadora, sino al mandato del padre. Adán, sencillamente, eligió la desobediencia. La retirada de Dios fue el daño colateral. Es lo propio de un Dios que, a diferencia de los dioses, no quiso ser alguien sin la adhesión de su criatura. Así, tras caída, la presencia de Dios tan solo podrá asegurarse políticamente —y por eso mismo, en falso. Basta con que, con la Modernidad, caigan las teocracias y sus variantes para que nos quedemos con la ignotum X (y de ahí al olvido de Dios media un paso). La crisis contemporánea de la figura del padre acaso no sea mucho más que el reflejo doméstico de una revolución política. En cualquier caso, ¿qué fe podrán tener quienes sepultaron a papá? Y es posible que la respuesta nos permita comprender un poco mejor el alcance del cristianismo. Pues, donde el Padre guarda silencio porque el hombre le tapó la boca, únicamente el Hijo es capaz de devolvernos su palabra. Tan solo porque el crucificado tuvo fe donde no cabía ninguna fe puede el hombre volver a creer. Quien supone que cabe confiar en Dios al margen del Gólgota debería leer a Feuerbach. O a Nietzsche.

la resurrección y los finales a la Hollywood

marzo 30, 2023 § 1 comentario

Es sabido que algunos productores de Hollywood añaden un final feliz a aquellas películas cuya última escena es difícilmente digerible. De lo contrario —piensan—, difícilmente tendrá éxito. ¿Podríamos decir algo parecido de los evangelios? ¿Sería Marcos —el evangelio más cercano a los hechos— la versión del director, esto es, sin epílogos ad hoc? ¿Hemos de entender que el resto de los evangelistas, al añadir el relato de las apariciones más allá de la constatación de una tumba vacía, prefirieron endulzar la tragedia por exigencias de la productora? Ciertamente, el final de Marcos deja la resurrección en el aire. Según los especialistas, los manuscritos más antiguos, del año trescientos, concluyen con el versículo 8, el cual narra la huida de las mujeres de la tumba vacía llenas de miedo. El denominado final largo (Mc 16, 9-20) sería, pues, un apéndice en el que, en armonía con el resto de los evangelios, se nos da cuenta de las apariciones, terminando con Jesús sentado a la diestra de Dios y los apostóles entregados a la predicación. Parece indiscutible que Marcos difícilmente se hubiera puesto a escribir su evangelio de no contar con la resurrección. Pero, en cualquier caso, el texto original no hace referencia alguna a las apariciones. Esto, de por sí, tampoco resulta significativo. Pues hubiera podido ser que, simplemente, Marcos no hubiese terminado el texto. De hecho, que el manuscrito haga referencia a un nos vemos en Galilea sugiere, al menos, un y continuará.

Sea como sea y teniendo en cuenta lo increíble del asunto, la impresión que nos producen el apéndice de Marcos y, en general, los relatos de la resurrección es que estamos ante un final feliz a la Hollywood. Es como si a la escena final de Titanic se le hubiese añadido una en la que Jack y Rose se reencuentran en tierra firme… porque, milagrosamente, una ballena arrastró a Jack hasta alcanzar la orilla. Estaríamos ante un final tan feliz como increíble (y por eso mismo, nos hallamos cerca de decir que el final es el original). En este sentido, las apariciones, dando sentado que las hubieron, serían algo así como una ilusión óptica que compensaría la dureza de la cruz. Por no hablar de que los relatos de la resurrección podrían estar al servicio de que la necesidad política de que la causa de Jesús continuase.

Sin embargo, la fe o apunta a lo imposible o no hay fe que valga, sino a lo sumo una suposición tranquilizadora. Dios nunca se reveló como una posibilidad del mundo, aunque tampoco la de un más allá espectral. Cristianamente, el otro mundo cristiano es, en realidad, una nueva creación, un reset de dimensiones cósmicas. De ahí que, en lo que respecta a la fe, quepa la posibilidad de lo imposible. El problema reside en que no parece que haya habido ningún reset. El mundo sigue a su bola —y una bola gigantesca… que, al rodar, aplasta a los que sobran. De ahí la importancia de comprender qué se nos está diciendo con los relatos de las apariciones. Y de entrada, quizá deberíamos admitir que no son un modo de expresar lo que podría expresarse con otro lenguaje. En cualquier caso y con respecto a este asunto, podría servirnos el relato, transmitido por Viktor Frankl, de aquella madre judía cuyos hijos, gaseados en Auschwitz, se le aparecieron en los huérfanos que deambulaban por las calles de Jerusalén tras la guerra. Pues en verdad se le aparecieron, aunque de hecho no fuera estrictamente así. Tampoco debería extrañarnos que los tiros fueran por ahí… sobre todo si tenemos en cuenta que aquellos a quienes se les apareció el resucitado fueron, en un principio, incapaces de reconocerlo. Pero, como insinuábamos, se trata de una pista. Y es que, en relación con este asunto, aún hay tela que cortar.

Nietzsche y Moisés

marzo 29, 2023 § 1 comentario

Desde la óptica de la eternidad, nada importa (o cuando menos, nada parece importar). Somos polvo y, por eso, nuestro narcisismo es una estúpida ilusión. Al fin y al cabo, desde dicha óptica, todos morimos a la vez. De ahí que quienes entraron en las cámaras de gas murieran al mismo tiempo que sus verdugos. Aun cuando no se lo pareciese, ni se lo pudiera parecer. Sin embargo, porque en el horizonte no hay nada —porque la nada prevalece—, la vida es una excepción o, si se prefiere, un milagro.

Nietzsche de algún modo lo vio. Y su solución fue, como sabemos, la del bailarín. Según su visión —pues Nietzsche no dejó de considerarse a sí mismo como un visionario— , superar el nihilismo pasaría por ser capaz de bailar incluso sobre la pira de cadáveres que deján atrás los genocidios de la historia. Celebrar la vida, en este sentido, consistiría en prescindir del juicio. No hay padre. Y por tanto, ni bien ni mal. Tan solo reacciones —lecturas morales de hechos en sí mismos indiferentes o neutros. Las hormigas rojas no son malas porque devoren a las negras. De hecho, la vida es esto: vida que se fagocita a sí misma. Que nos creamos mejores que las hormigas rojas será porque la creencia se limita a ocultar el rastro del depredador.

Israel, en cambio, lo entendió de otro modo. Pues si la vida es un milagro, entonces no es lo mismo dejarse llevar por la voluntad de poder que convertirse en rehén de los que, estando vivos, no cuentan para nadie (por no hablar de convertirse en rehén de los que murieron injustamente antes de tiempo). De ahí que, para Israel, don y juicio —bendición y Ley— vayan de la mano. Que hoy en día creamos que es posible agradecer la vida sin hallarnos sub iudice es un síntoma de lo lejos que estamos de comprender, en definitiva, un síntoma de nuestro infantilismo.

La pregunta por tanto es quién tiene razón, si Nietzsche o Moisés. Y aquí la respuesta dependerá de a qué razón apelemos. O mejor dicho, desde qué situación se ejerza la disciplina del pensar. Nietzsche se sitúa en la grada —y de ahí que su filosofía sea, en definitiva, un positivismo retóricamente eficaz. Esto es, nada del otro mundo. Desde las alturas, los hombres son, ciertamente, indistinguibles de las hormigas, sean rojas o negras. Es lo que tiene haber ocupado el lugar de un dios. Moisés, sin embargo, permanece en la escena de la larga travesía por el desierto. No es exactamente lo mismo que posicionarse en las gradas. Y no lo es porque lo que hay —el acontecimiento de cuanto es sobre el fondo de un silencio impenetrable— solo se revela en el escenario. Nietzsche, por así decirlo, huye de la nada —de hecho, la sobrevuela. Moisés, en cambio, se enfrenta a ella. Y quizá no sea casual que Israel tuviera la profunda convicción de que la experiencia de Dios implica un enfrentarse a Dios, a su nada —o, mejor dicho, a su aún-nadie. Aunque, como en el caso de Jacob, la contienda termine en tablas (y deba terminar así… para que Dios tenga, al menos, una oportunidad de llegar a ser el que es).

Dios es

marzo 27, 2023 § 1 comentario

Dios es… ¿qué? No: Dios es. ¿Y qué mas —qué predicado—? Nada (o ninguno). Cristianamente, el único predicado es un crucificado en su nombre. Decimos Dios es el Dios que cuida de nosotros. O Dios es misericordioso. Pero, cuando lo creemos tan espontáneamente, ¿acaso lo primero no sería el predicado? Quiero decir que aquí lo primero no sería Dios, sino la sensación de sentirse amparado o la necesidad de decirnos a nosotros mismos que el verdugo no pronunciará la última palabra …. con lo cual Feuerbach y, de paso, el psicólogo, tendrían razón. De ahí que los textos bíblicos fundamentales insistan en que Dios es… y punto. Estar ante Dios, por tanto, no es hallarse en primer lugar ante el Dios que cuida de nosotros —esto sería hallarse ante nuestra idea de Dios—, sino ante el silencio y la oscuridad más impenetrables. Por eso mismo, cuanto quepa decir acerca de Dios no lo decimos de Dios, sino de lo que se desprende del hecho de que es el que es: una vida dada como milagro o excepción y el deber de dar de comer al que no tiene el pan de cada día.

sobre el poder de Dios (2)

marzo 26, 2023 § Deja un comentario

Según Bonhoeffer, la religión parte de la omnipotencia de Dios frente a la la impotencia del hombre; en cambio, el cristianismo parte de la impotencia de Dios que se revela en la cruz. En el cristianismo, no tiene cabida, por tanto, el deus ex machina de la religión. De acuerdo.

Sin embargo, ¿cómo entender esto? A mí me parece que solo en la línea de lo que en su momento escribiera Etty Hillesum, a saber, que Dios no tiene otras manos que las nuestras. O por decirlo en clave trinitaria, que el Padre no es aún nadie sin el cuerpo del Hijo. Ahora bien, si en la impotencia de Dios, la que se ofrece como silencio en Getsemaní, no hay ningún resto de poder, entonces la resurrección carece de correlato objetivo, por así decirlo, pasando a ser un modo de hablar de la identidad entre el Padre y el Hijo (pues el crucificado vuelve a la vida con la vida de Dios en el doble sentido del genitivo). Y donde los relatos de la resurrección devienen un modo de hablar del que hoy podríamos prescindir —y acaso deberíamos—, entonces vale aquello de Pablo: que sin resurrección la fe es palabrería.

Ciertamente, el poder de Dios es la posibilidad de Dios. Y la posibilidad de Dios es el hombre de Dios y, en definitiva, el resucitado. Pero es innegable que los testigos de la resurrección no la entendieron como un modo de hablar, sino como el resultado de la acción de Dios. ¿Una acción ex machina? Eso parece, aun cuando añadamos que esta fue posible por el abandonarse a Dios del abandonado de Dios (como si la entrega del crucificado activase el poder de Dios). Y esta quizá sea nuestra dificultad: que como hijos modernos de Adán difícilmente admitimos un poder ante el que arrodillarnos. Es lo que tiene que actualmente ya no haya padres, sino progenitores.

el juego de las preguntas y las respuestas

marzo 25, 2023 § 1 comentario

Paul Tillich decía que la teología ofrece, en clave discursiva, las respuestas a las preguntas existenciales. Y de ahí que la tarea del teólogo fuese la de poner en relación —Tillich hablaría de correlacionar— el kerygma con la situación epocal, de tal modo que el anuncio evangélico deviniese inteligible. Sin embargo, Dios no es la respuesta a las preguntas existenciales. Y no lo es porque las preguntas existenciales surgen cuando la realidad de Dios interrumpe la continuidad de los días. Mientras todo va sobre ruedas, no hay preguntas, salvo las irrelevantes: el significado de tot plegat se da por sentado.

Ahora bien, la interrupción tiene lugar no a la manera de una aparición de lo monstruoso o sobrenatural, pues en ese caso la pregunta sería, precisamente, cómo lidiar con ello, sino con el silencio que cubre por igual los campos de amapolas y los de la muerte. Y es que la realidad de Dios-en-sí, por decirlo de algún modo, es la un Dios en falta o aún por venir. Es lo que tiene que Dios-en-sí sea el absolutamente Otro (y de ahí que ande rozando la nada). No obstante, esto es lo mismo que decir que Dios-en-sí —en trinitario, el Padre— aún no es nadie sin la adhesión incondicional del hombre. Por eso la respuesta cristiana a la inquietud existencial o, mejor dicho, al clamor de los que tienen la espalda doblada por el peso del invisible, no deja de ser un tanto desconcertante: un Dios hecho carne. Pues se trata de una solución que exige creer en la resurrección del crucificado —y por extensión, de los muertos—, algo de por sí increíble. En tanto que un Dios encarnado tiene que ver con lo que ningún mundo puede admitir como su posibilidad, la correlación —el encaje— nunca llegará a completarse. Ni siquiera de lejos. La cuestión es, por consiguiente, doble: qué significa cristianamente creer en lo increíble y bajo qué situaciones ello es posible.

Ap 3, 15-16

marzo 22, 2023 § 1 comentario

Leemos en el Apocalipsis: yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueras frío o caliente! Así, puesto que eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca. Y lo que nos decimos, al menos tácitamente, es que no habrá para tanto. ¿Será porque ya no creemos, de tanto amiguismo, que podamos provocar el asco de Dios? En cualquier caso, no se trata aquí del carácter, sino del tener que responder a aquellas demandas que uno no puede eludir sin caer en la impiedad. Y responder, aunque sea fríamente. Esto es, aun cuando el corazón, ya cansado, haya dejado de latir.

sobre el poder de Dios

marzo 21, 2023 § 2 comentarios

No es posible plantear la cuestión de Dios al margen de la cuestión acerca del poder de Dios. Ni siquiera donde, cristianamente, damos por descontado que la omnipotencia de Dios se realiza como kénosis, esto es, como renuncia a ejercer el poder sin la adhesión del hombre. Precisamente, porque Dios no tiene otra entidad que la de un cuerpo resucitado que, como tal, conserva las marcas de la cruz, no cabe pensar el poder de Dios al margen de su encarnación, esto es, al margen de su identificación con el cuerpo de un crucificado. De lo contrario, haríamos de Dios un ente sobrenatural, esto es, un dios cuyo poder, si se quiere, sería inconmensurable, pero que como ente sobrenatural no podría valer en verdad como Dios. Pues hablaríamos simplemente de un poder con el que deberíamos negociar, aunque fuera desde la posición de quien tiene las de perder.

El poder de Dios no es, por consiguiente, análogo al que nosotros podemos ejercer contra los ácaros del polvo, pongamos por caso, aun cuando de vez en cuando nos hagan estornudar. Al fin y al cabo, el poder de Dios es la posibilidad de Dios. Y la posibilidad de Dios es Adán, una posibilidad que solo llega a realizarse, sin embargo, por la fe del nuevo Adán (y esto porque esta fue la voluntad de Dios desde un principio).

Ahora bien, la cuestión sobre el poder de Dios no acaba de resolverse con lo dicho. Al menos, si tenemos en cuenta la resurrección (y ya sabemos que sin resurrección la fe es vana… lo cual está muy cerca de decir que lo es). Pues aun cuando Dios no tenga otras manos que las nuestras —aun cuando el resucitado vuelva a la vida con la vida de Dios, en el doble sentido del genitivo—, lo cierto es que la esperanza creyente, si no apunta a la posibilidad de lo imposible, cae en saco roto. Y esta es nuestra dificultad como modernos. Al menos, porque, en cuanto tales, no admitimos ninguna dependencia que no sea circunstancial, en definitiva, ninguna libertad que no pueda comprenderse como autonomía.

insólito

marzo 20, 2023 § 1 comentario

Si Dios en verdad es el absolutamente Otro, entonces no es de extrañar que el monstruo o lo paranormal hayan sido tradicionalmente las imágenes de la alteridad. Pero decir absolutamente Otro es lo mismo que decir el Dios que el mundo encuentra en falta o que está por venir… mientras haya mundo. La alteridad —el carácter otro de lo otro— es invisible. Desde nuestro lado, una idea. Pero hay alteridad. De ahí que el cristianismo confiese que no hay otra imagen de Dios que la del abandonado de Dios que se abandona a Dios. Y probablemente, aún estemos lejos de admitirlo.

esto de la esencia de Dios

marzo 19, 2023 § 1 comentario

Se dice, la esencia de Dios es incognoscible. Pero quizá, al menos cristianamente, debería decirse que no hay esencia de Dios. O mejor, no la hay al margen de su hacerse cuerpo. Pues Dios sería algo, de tener una esencia al margen de su encarnación. Y Dios en sí no es algo, ni siquiera algo misterioso, sino el misterio de la alteridad como tal. Pues no hay modo de reducir la alteridad a concepto. De hecho, desde la convicción cristiana, Jesús no es el representante de Dios o aquel que ejemplifica el modo de ser de Dios, sino el modo de ser Dios. Y por eso mismo, aquel sin el cual Dios-en-sí no es aún nadie. Ahora bien, muchos creyentes siguen dirigiéndose a Dios como si esto no fuese así —como si Dios fuese alguien al margen de su encarnación—…. lo cual nos da a entender que acaso todavía estemos lejos de comprender lo que implica que Dios tenga un cuerpo —y un cuerpo que cuelga de una cruz—.

Dios es un fantasma

marzo 12, 2023 § 1 comentario

Dios es un fantasma. Pero no porque su esencia sea espectral, sino porque un fantasma siempre clama por volver a tener un cuerpo. Ahora bien, la incorporación de Dios es, según la confesión cristiana, lo que aconteció sobre la sima del Gólgota. Con ello, Dios abandonó la ultratumba —y la abandonó para siempre—. De hecho, y para quien parta de una sensibilidad típicamente religiosa, sigue siendo inaceptable que Dios tenga un cuerpo. Pues esto equivale a decir que sin su cuerpo aún no es Dios (y esto porque quiso que fuera así). Pero el kerigma es el que es. O lo tomas o lo dejas.

el ateísmo bíblico

marzo 9, 2023 § 3 comentarios

Comprender la sentencia de Nietzsche —Dios ha muerto— significa que nada ni nadie puede ya aparecérsenos o presentarse como divino. Ni siquiera tratándose de un ente inconmensurablemente superior. Pues, de haberlo, no sería más que un ente con el que tendríamos que lidiar. Y ello aun cuando inicialmente su presencia nos estremeciese. Ahora bien, esto ya lo sabíamos desde los tiempos de Moisés. Ningún dios es Dios en verdad. Traducción: lo que nos estremece en realidad —lo que nos obliga a hincar la rodilla— no es el fenómeno paranormal, el cual solo es aparentemente trascendente, sino el retroceso de Dios hacia el futuro del hombre… el cual no es otro que el del mismo Dios. Pues lo que provoca nuestro vértigo, de caer en la cuenta, no es lo gigantesco, sino nuestra congénita orfandad, en definitiva, que Dios no quisiera ser Dios sin la respuesta del hombre a su invocación, la cual tan solo escuchamos a través de la invocación de los abandonados de Dios.

momentos verdaderos

marzo 8, 2023 § Deja un comentario

La verdad del kerigma cristiano —la revelación— se decide al pie de las cruces de este mundo. En los mientras tanto, prevalece la suposición. Por no decir un alimentarse de viento, el ruido de fondo, la cháchara. Al pie de la cruz, la verdad no consiste en la correspondencia entre los hechos y nuestras representaciones de los hechos, sino en lo que en verdad tiene lugar frente a lo que simplemente pasa. Y, cristianamente, lo que tiene lugar o acontece es Dios como crucificado. Aquí el como es el índice de una identidad. Pues lo que nos revela el Gólgota tras el tercer día es que Dios en sí no es aún nadie al margen de su identificación con aquel que muere como un apestado de Dios aunque abandonándose a Dios. Esto es, aún nadie al margen de su cuerpo. El crucificado no fue un representante de la esencia de Dios, sino su modo de ser.

De ahí que la pregunta por la verdad de la confesión creyente sea, en definitiva, la pregunta por la realidad a la que apunta la metáfora con la que se expresa dicha identidad. Y la respuesta siempre poseerá el carácter de lo axiomático, por así decirlo. O vemos que la rosa es sin porqué o no lo vemos. Al fin y al cabo, las metáforas que fundan una posición existencial presentan lo conocido como desconocido (y no al revés). Y esto es así porque lo real —la alteridad avant la lettre— solo puede incorporarse en lo que no cabe asimilar y, por eso mismo, rechazamos. O por decirlo en bíblico, en aquellos a quienes no queremos ni ver: a los invisibles, los que no cuentan, los nadie.

cristianos

marzo 7, 2023 § Deja un comentario

Un cristiano es un descentrado —y un descentrado por los parias de este mundo. Un pasado de rosca. Como si no pudiera soportar el hambre de los que están de más. Y luego dirán que Dios es alguien con quien intimar al igual que intimamos con nuestro osito mientras fuimos unos niños. Dios, en verdad, apesta. Como apestan aquellos con quienes se identificó in illo tempore. ¿Pedirle a Dios por Dios? Esta petición es, ciertamente, la más profunda, la que nace del indigente que, en definitiva, somos. Pero, en el día a día, solemos evitar las profundidades. En el día a día, acaso lo más sensato —por no decir, lo más honesto— sea, como hizo Eckhart, pedirle a Dios que nos libre de Dios.

apocalíptica y gnosis

marzo 2, 2023 § Deja un comentario

Como es sabido la gnosis es la tentación perenne de la fe bíblica, sea judía o cristiana. Y como tentación, su negación. Pues no es posible seguir siendo bíblico donde dejamos atrás el sentido temporal de la trascendencia —aquel según el cual Dios se encuentra más allá de la totalidad como el Dios que retrocedió a un pasado anterior a los tiempos hacia el futuro del hombre como el futuro mismo de Dios— sustituyéndolo por la metáfora de la profundidad. Ciertamente, la tentación es inevitable donde el retraso de la parusía es sine die. Pues al quedarse sin fecha, la esperanza en un final de los tiempos —una esperanza que pertenece, conviene no olvidarlo, a quienes no cuentan para los tiempos— deviene increíble. Sin embargo, probablemente no comprendamos nada de lo que supone confiar en Dios hasta que no intuyamos, cuando menos, que la fe apunta a lo que ningún mundo puede admitir como posibilidad. Y ello en nombre de un acto de amor donde no era posible ningún amor.

el riesgo

marzo 1, 2023 § Deja un comentario

Es posible que cuanto dicen muchos creyentes acerca de aquello en lo que creen responda, antes que a la verdad, al poder embriagador de ciertas imágenes o paradigmas. Y no hay que estar versado en los asuntos de la psicología profunda para, cuando menos, intuirlo. Así, fácilmente podemos adherirnos a frases que, de entrada, nos vienen grandes —como aquella que dice que el poder de Dios transforma el corazón de los hombres— antes de preguntarnos por las historias que hay detrás y que, por eso mismo, las soportan. El credo, de hecho, resulta un malentendido, por no decir ininteligible, donde olvidamos, precisamente, que constituye algo así como un resumen de los evangelios. Y los evangelios, no hay que olvidarlo, no hablan de otra cosa que de Dios… contando la historia de un hombre de Dios.

entre negaciones anda el sí

febrero 28, 2023 § Deja un comentario

Adán tiene que negar a Dios, precisamente, como lo otro de Dios —como el que no es Dios. Pero, porque tiene que negarlo, la negación de Dios por parte de Adán encuentra su envés en la negación de sí de Dios. En esto consiste la omnipotencia de Dios —la omnipotencia del amor de Dios. Pues hay más poder en el Dios que renuncia a su poder que en aquel que prefiere vencer cualquier resistencia (pudiendo vencerla). Pues este último no deja de ser un títere de una anónima voluntad de dominio. Nietzsche no anduvo errado donde dijo que, una vez Dios ha muerto, tan solo quedaba en pie la voluntad de poder.

nihilismo y día D

febrero 25, 2023 § Deja un comentario

¿Que significa nihilismo? Dijo Nietzsche: nada por debajo de las grandes palabras. Por supuesto. Pero podríamos añadir sin problema lo siguiente: nadie te juzga —no tienes que rendir cuentas ante nadie. Y esto equivale a decir que no hay padre, esto es, alteridad. De ahí que el SS puede decirles a quienes van a ser gaseados que no importa morir ahora que de aquí veinte años: desde la óptica de un tiempo sin final, todos morimos a la vez. Es evidente que vivimos en una época nihilista. Pues que nos sintamos juzgados por nuestro aspecto o por la medida de nuestro éxito —en definitiva, por la gente— no cambia el diagnóstico. Y es que en este caso no se nos juzga, sino que se juzga la simulación, el maquillaje, la máscara.

Estamos, por tanto, lejos de creer —si es que podemos llegar a creerlo— que nuestro verdadero padre es el que no cuenta, el nadie que representa el genuino carácter de la alteridad. ¿O acaso el otro en verdad no es, por defecto, aquel del que no queremos saber nada, el que deviene extraño por haber sido antes extrañado del mundo, al fin y al cabo, el que excretamos como si fuera nuestra descomposición con el propósito de armarnos de valor? Como para decir luego que Dios y mundo son compatibles.

aprender a leer

febrero 24, 2023 § Deja un comentario

Yavhé es el Dios que llama al hombre. De acuerdo. Sin embargo, saber leer implica leer entre líneas y, en concreto, captar lo que no se dice —incluso se niega— en lo que se dice. Así, que Dios en verdad sea el Dios que nos invoca no significa que sea el Dios que además nos invoca. Como si la invocación fuera una posibilidad entre otras, un adjetivo. Ahora bien, esto supone admitir que si Dios nos es más —ni menos— que el Dios que invoca al hombre es porque no quiso ser nadie sin la respuesta del hombre. Como el padre que clama por el hijo que perdió porque sin su hijo ya no puede seguir siendo, precisamente, el padre que es.

la fe y su momento

febrero 23, 2023 § Deja un comentario

La fe es fe solo ahí donde se nos exige dar fe. De ahí que no haya fe hasta que no llega su momento (en cualquier caso, un esperar poder dar fe ). Originariamente, ese momento implicaba una confesión ante un tribunal romano. Sin embargo, lo más probable es que, a la mayoría de creyentes, no se les dé esta oportunidad. Y de no darse, acaso el momento no sea otro que el de la propia muerte.

el pródigo

febrero 22, 2023 § Deja un comentario

El placer, dice Jüngel, se puede proporcionar artificialmente; no la alegría. Nuestra alegría siempre dependerá del otro, de su aparición. Es la alegría del padre ante el regreso del hijo perdido. Y la alegría a la que es invitado el hereu —y a la que se resiste: nada hizo su hermano para merecer la fiesta. Que nuestra cultura celebre el placer y no la alegría ¿acaso no es el síntoma? Creer en el propio mérito ante Dios ¿no es pecar —y pecar no solo de soberbia, sino también de ingenuidad? Quien pone sus méritos en el altar ¿no se dirige a un dios equivocado? Sin duda, buscamos el reconocimiento del padre enseñándole nuestros dibujitos. Pero ¿qué dibujitos son realmente nuestros? Hay más sabiduría en quien entiende su talento como servicio que como excusa para aumentar la talla (pues aquí el traje siempre nos vendrá grande). Y aún más, por sobrehumana, en aquel que perdona a sus verdugos porque no saben lo que hacen.

interpelación y lenguaje

febrero 19, 2023 § Deja un comentario

El acontecimiento fundamental del lenguaje no es el etiquetar —la descripción—, sino la interpelación. Y digo fundamental porque el lenguaje antes que un instrumento es el lugar de la aparición (al menos, en tanto que nada aparece que se halle bajo nuestro dominio). Todo se interrumpe cuando alguien me llama por mi nombre. El mundo queda en suspenso: debo responder. Esto es, no puedo dejar de hacerlo en tanto que hacer oídos sordos es ya una respùesta. No es casual que la primera intervención de Dios tras la caída sea, precisamente, la interpelación: Caín, Caín ¿dónde está tu hermano? Y el resto es historia. Literalmente.

misterium

febrero 18, 2023 § Deja un comentario

El misterio de Dios es el de lo absolutamente otro como nadie —o mejor dicho, como nadie-aún. Así lo absolutamente otro es el puro haber —la oscuridad y el silencio más impenetrables. Esto es, la nada como nadie-ahí. La nada no es solo nada para quien se interroga sobre el quién-además. En este sentido, no es casual que, bíblicamente, el envés de Dios sea, precisamente, los nadie de este mundo, aquellos que no cuentan. Se trata de un misterio que solo se resuelve como revelación —y como revelación del cuerpo de un crucificado como cuerpo de Dios. De ahí que cristianamente, Dios no sea un algo —en verdad, no puede serlo—, sino un alguien (aunque, ciertamente, no como nos lo imaginamos espontáneamente). Dios llega a ser alguien —y alguien de carne y hueso— a través de la fe del abandonado de Dios.

Ahora bien, aquí el resolver es propiamente un superar, en el sentido hegeliano de la palabra. Pues lo que es superado se conserva en la superación. Y lo que esto significa es que Dios, en sí, sigue siendo el que era en un principio, a saber, un nadie-aún. Dios en verdad es el Dios que no difiere de su voluntad de llegar a tener un cuerpo. Y de estas lluvias, los lodos de la Trinidad. Pues el mensaje es, en el fondo, simple, aunque religiosamente inadmisible. No hay Padre sin Hijo (y viceversa).

la cuestión bíblica

febrero 17, 2023 § Deja un comentario

La pregunta de Nietzsche ¿dónde está Dios? —y ya sabemos cuál fue la respuesta— antes fue la pregunta que el resto de los pueblos le dirigió a Israel, aunque con una ligera, pero fundamental, variante: ¿dónde está tu Dios? Pues no había territorio que no estuviera en manos de un Dios (e Israel fue durante siglos un pueblo sin tierra). Que en nuestra época la pregunta haya llegado a ser retórica —que demos por descontado que no hay Dios— ya nos da a entender, de por sí, que hemos olvidado la convicción de Israel, a saber, que Dios es siempre el Dios del hombre de Dios (en bíblico, de los patriarcas). Pues no hay presente para Dios al margen de aquellos que soportan sobre su espalda el peso de un Dios en falta. O mejor dicho, por venir.

pensar a Dios

febrero 16, 2023 § Deja un comentario

Podemos pensar el mundo sin Dios. De hecho, es lo que hacemos hoy en día. Pues hace tiempo que la mesa dejó de apuntar al carpintero. Pero no cabe pensar a Dios sin el hombre. Y esto supone una alteración significativa de lo que religiosamente se nos presenta como divino. Pues Dios es su salida de sí hacia lo otro de sí —hacia aquel que, en tanto que otro de Dios, tendrá que negarlo (y a esta salida de sí la denominamos amor). Y decir que Dios es su salida de sí hacia lo otro de sí equivale a decir que Dios es la voluntad de no ser nadie al margen de la adhesión del hombre. Ahora bien, porque no podemos pensar a Dios sin el hombre, el hombre no puede comprenderse a sí mismo donde olvida su estar expuesto al aún-nadie de Dios. Esto es, a la irreductible invisibilidad de una genuina alteridad.

la ley y el amor

febrero 14, 2023 § Deja un comentario

La polémica antinomista —no fue hecho el hombre para el sábado, sino el sábado para el hombre— fue antes una polémica judía que cristiana. O mejor dicho, fue cristiana en tanto que judía. De hecho, Jesús de Nazaret fue judío, no cristiano. La necesidad del transformar el corazón es, en realidad, un leitmotiv profético, un leitmotiv que, sin embargo, no anula la Ley. Al contrario: es carne entre los huesos. Pues la Ley arraiga en la conmoción que supone el encuentro con Yavhé, ese Dios —el único en verdad— cuyo quién, según el Deuteronomio, se halla precisamente en el aire. De ahí la importancia del memorial —recuerda Israel que fuimos liberados de Egipto por la gracia de Dios— para que la Ley no caiga en dique seco.

Sin embargo, comprender la centralidad de la Ley supone haber caído en la cuenta de que, tarde o temprano, el corazón tendrá serias dificultades —por no decir que será incapaz— de continuar. Así, habrá un momento en que solo podremos permanecer fieles a lo que nos fue dado atándonos al mástil de la repetición. Ciertamente, de no tener presente nuestra incapacidad, la Ley acaba siendo una jaula de hierro y, por extensión, un tomar el nombre de Dios en vano. Pero ello no quita que acaso haya más sabiduría en la defensa judía de la Ley que en la oposición entre ley y amor propia de un cristianismo fuertemente sentimentalizado.

selbst

febrero 13, 2023 § Deja un comentario

Si es cierto —que lo es— que nadie alcanza la verdad sobre sí mismo sin pasar por la negación de sí, entonces en la revelación de Dios —la que tuvo lugar en el Gólgota—, Dios llega a ser para sí mismo el que es. Así, en su revelación, Dios no se expone al hombre como si fuera un paisaje desconocido hasta el momento, sino que se muestra como el Dios que se expone al hombre, en el sentido de un ponerse en riesgo, para que, a través de la fe del hombre, pueda alcanzar el presente. Y alcanzarlo como cuerpo. No comprender lo anterior —y comprender es abrazar— supone permanecer en las lindes de la religión, en donde Dios y el hombre ocupan, cada uno, su lugar. Como si simplemente se tratase de conectar lo divino con lo humano. Sin embargo, el cristianismo habla de la incorporación de Dios. Y me atrevería a decir que no es lo mismo.

desde la óptica de la redención

febrero 12, 2023 § Deja un comentario

La fe parte de la experiencia de la redención —de un perdón inmerecido por imperdonable. Sin embargo, ¿no es también cierto que cada creyente ha de seguir, de un modo u otro, los pasos que llevan hasta el Gólgota? ¿Acaso no habrá un momento, por tanto, en que incluso la convicción de haber sido redimidos entre en crisis? Ciertamente, si se trata de una creencia. Pero no —o no tanto— si la redención ha sido corporal. Pues el redimido sabe quién lo ha sacado de la sima en la que se encontraba. Y aquí retroceder es traicionar.

¿tener fe?

febrero 11, 2023 § Deja un comentario

La fe no se tiene. En cualquier caso, se tiene la creencia religiosa. Y la creencia religiosa, hoy en día, es antes una suposición que una confianza, algo así como el modelo que nos permite cuadrar las piezas de un rompecabezas. La fe es un acto de fe —un paso al frente— ahí donde lo más sensato es negar o retroceder. Así, cuando hablamos de la fe hablamos propiamente del momento de la fe. De ahí que no sea casual que la fe se expresara originariamente como una confesión ante un tribunal romano.

Con todo, nadie puede asegurar desde sí mismo que será capaz de dar un paso al frente donde se le exija darlo. A lo sumo, la fe de a pie, si es honesta, espera poder dar dicho paso… aun cuando, también honestamente, nadie pueda preferirlo: que pase de mí este cáliz. Ahora bien, porque la fe tiene su momento, como también el amor, la fe solo puede ser contada como historia de la fe. De hecho, si somos capaces de dar el paso es porque antes lo dio otro por nosotros. Esto es, en nuestro lugar.

fidelitas

febrero 10, 2023 § Deja un comentario

Óscar Romero, a pesar de su desolación, siguió dando el pan de cada día a los que no tenían pan —esto es, a pesar de que hacía tiempo que había dejado de experimentar a Dios. ¿Lo hizo impulsado tan solo por el sentimiento de compasión? Quizá. Pero ¿qué diría entonces Hume? ¿Que, en el fondo, no hay más que emociones? Sin duda. Pero ¿quién dijo que nuestras emociones fuesen la medida de la verdad —de lo que en verdad acontece y no simplemente pasa? Pues lo cierto es que Óscar Romero, aunque fuera con las muletas del sentimiento, respondió a la acusación de los desfavorecidos sin piedad. Y esta acusación es real, aunque no nos lo parezca. Más aún cuando Óscar Romero no podía ignorar que, tarde o temprano, le esperaban unos cuantos balazos en el pecho.

lo más

febrero 7, 2023 § Deja un comentario

¿Qué es lo más? ¿Ser como los que marcan la moda, los índices del éxito, la felicidad? Es lo que muchos se dicen a sí mismos de entrada, aunque también al final. ¿Qué responde el cristianismo? Nada que nos resulte atracativo, seductor. Al menos, no lo fue para el joven rico de la parábola. En definitiva, se trata de la vida que nos dan los que vuelven con vida de la muerte en vida. Por ejemplo, aquella mujer a quienes sus nueve hijos, gaseados en Auschwitz, se le aparecieron en los huérfanos de Israel. Ciertamente, no es algo que podamos preferir. Pero es lo más. En cualquier caso, la fe —la respuesta— tiene su momento (y un momento que no podemos escoger).

de los jardines y las simas

febrero 5, 2023 § 1 comentario

Tomar unos vinos con los amigos, ver crecer a tus hijos, el vuelo de los pájaros, un día de Sol… No hay más. Carpe diem, que decía Horacio. ¿Los triunfos? Un error de perspectiva.

¿Para qué, entonces, la Biblia? ¿Para decirnos que la muerte no es un final? Sí que lo fue para los patriarcas de Israel (y de ahí su sentido del don o de la gracia). De hecho, a los bendecidos, les basta con disfrutar del presente. La pregunta es, por tanto, otra: ¿qué vida pueden esperar los condenados por el mundo? La suerte, ¿solo para sus verdugos? El problema es que la respuesta —una resurrección— es increíble, por imposible. Quienes creen en ella como quien no quiere la cosa, probablemente aún no hayan sopesado el alcance de su creencia. En todo caso, creerán que creen. Por eso, o los evangelios son una brutal ironía —pues resulta irónico ofrecer una solución inconcebible—; o el creyente debería aceptar sinceramente que la fe supone un entregarse a la posibilidad de un Dios imposible —de un Dios que ningún mundo puede admitir. Y ello en nombre de un acto de bondad donde no hubo más que oscuridad y horror.

algo o alguien: un ejercicio de lógica

febrero 3, 2023 § Deja un comentario

Si Dios es algo, entonces no es Dios, sino un arjé —una cosa última o fundamental. Y con respecto a un arjé no cabe la fe, sino en cualquier caso el chute emocional, la conexión, la evidencia. Pero si Dios es alguien, entonces, en sí mismo, no es nadie (aún). Pues el yo difiere continuamente del cuerpo con el que, sin embargo, se identifica. Y esto es Biblia. El nihilismo —sea ateo o budista— se decanta por la cosa última (aun cuando en el caso del budismo se trate de la nada). No hay más. La Biblia, en cambio, apuesta por un Dios personal (y aquí da en el clavo de la existencia, al menos porque existir significa estar expuestos a la poderosa impotencia del nadie). Ahora bien, el carácter personal de Dios no es el que religiosamente imaginamos: como si hablásemos de un humano superior (y espectral). Dios es persona porque no es aún nadie sin su cuerpo —sin la fe, la entrega de ese cuerpo. Y esto es cristianismo.

el giro

febrero 2, 2023 § Deja un comentario

De estar en el centro, a orbitar alrededor. El hallazgo de Copérnico se vivió como humillación: estamos en la periferia; no contamos. Pero ¿acaso no fue esta la experiencia más espontánea de la trascendencia? ¿Acaso no fue la del mismo Job? El que acabásemos, como Agustín, intimando con Dios —aunque Agustín se cuido de añadir et superior summo meo— ¿no fue el principio del fin? Quizá hayamos olvidado que Marcos puso en labios de Jesús la palabra Abbá —la que expresa la mayor intimidad con el Padre—, no mientras anduvo por Galilea, sino en Getsemaní. Los mulsumanes ¿se equivocan cuando creen que la mayor proximidad con Alá tiene lugar cuando clavan su rostro contra el suelo? Cierta devoción ¿acaso no suprimirá nuestro estar expuestos al misterio?

no es oro cuanto reluce

enero 30, 2023 § Deja un comentario

De un sermón dominicial: “el pobre no es el que no tiene ni un duro, sino aquel que deposita su confianza solo en Dios”. ¿Aún ahí? Es cierto que la pobreza, de por sí, no nos hace creyentes. Pero, sin duda, nos coloca en la situación de la fe. Pues solo como aquellos que no cuentan cabe confiar solo en Dios. ¿Acaso no se nos dijo lo difícil que es que un rico entre el Reino? La cuestión, sin embargo, es cómo Dios satisface nuestra confianza. Pues, visto lo visto, no lo hace como en principio nos gustaría.

al fin y al cabo, esto va del Alien

enero 29, 2023 § Deja un comentario

O bien lo divino se integra en el mundo como el poder que genera cuanto es; o bien Dios es, como tal, el alien absoluto (y solo como absolutamente otro merece el nombre de Dios). En el primer caso, no hay diferencia entre Dios y un arjé. Y nadie se encuentra expuesto a un arjé. Ciertamente, nuestra salud espiritual puede depender de que sintonicemos con la buena vibración. Pero no esta la dependencia de la que nos hablan los testimonios bíblicos. En el segundo caso, sin embargo, Dios trasciende la totalidad como el Dios que retrocedió más allá de los tiempos por el desafío del primer hombre. Y retrocedió hasta el punto de no ser nadie-aún sin el fiat del hombre. De ahí que la redención afecte no solo al hombre, sino también a Dios. En el primer caso, Dios permanece oculto por debajo del ruido y la furia como el tesoro que debe ser desenterrado. En el segundo, la invisibilidad de Dios en sí —la invisibilidad del Padre— es eterna. Y debe serlo, tratándose del Dios que no admite otra imagen que la del hombre de Dios que se entregó a Dios habiendo sido abandonado por Dios. Y aquí quien dice imagen dice esencia. Es obvio que no hablamos exactamente de lo mismo.

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