el tercer milagro

agosto 22, 2012 § Deja un comentario

Película notable ésta de la polaca Agnieszka Holland. Un sacerdote postulador, Frank Shore, el «asesino de milagros» (un difícilmente mejorable Ed Harris), se encarga de investigar el caso de una mujer ya fallecida, Helen O'Reagan, a la que unos parroquianos le atribuyen unos cuantos milagros. La cuestión de fondo que se plantea es precisamente la de la fe: hasta qué punto podemos hoy en día creer en la intervención de Dios. Los hechos extraordinarios están ahí, sin duda, pero puede que Dios no tenga nada que ver. Los personajes se dividen en cuatro clases, las cuales representan las únicas situaciones posibles con respecto a Dios. En primer lugar, tenemos a los hombres y mujeres de fe elemental, pero inquebrantable, la mayoría de los cuales llevan sobre un sí una vida devastada por la soledad y la miseria. Son los que imploran la intercesión de los santos… porque ya no pueden hacer nada más. En segundo lugar, aparecen los Frank Shore de nuestro tiempo, aquellos que imbuidos de un legítimo racionalismo se resisten a creer sin pruebas. Ahora bien, no parece que puedan haber pruebas para un racionalismo que, por defecto, no admite la posibilidad de una intervención de Dios. Con todo, Frank Shore arrastra sobre sí el peso de aquel que destruye la última esperanza de los humildes. Y es que esos hombres buenos, a los que los pobres hacen santos antes de tiempo, no parecen tan buenos cuando «el asesino de milagros» comienza a hurgar en su vida. Sin embargo, Frank Shore, el cual atraviesa una profunda crisis de fe, quiere creer. De hecho, sin apenas fe, acabará defendiendo una fe que ya no puede ser la suya. Como si la fe de los otros, fuera la única fe a su alcance. Sus diálogos con el abogado del diablo venido de Roma son, ciertamente, impagables (la lástima es que hayan sido filmados con pulso televisivo). Las grandes preguntas aquí se responden del único modo posible, con un silencio elocuente. En tercer lugar, está la hija de la santa, una joven descreída a la que su madre abandonó por Dios siendo adolescente. Ella ni puede, ni quiere creer. Algo muy normal hoy en día. Ella será la tentación de Frank Shore, su otra orilla. En cuarto lugar, se encuentran los acólitos del poder eclesial, los cuales mantienen una fe por defecto (y, quizá, por eso mismo, defectuosa), en medio, eso sí, de una opulencia insultante. Son los cancerberos de una Iglesia cada vez más alejada del sufrimiento de los hombres. En definitiva, tenemos a un postulador que quiere creer, pero no puede. Al abogado del diablo, el cual se resiste a admitir el milagro que ha visto con sus propios ojos, ya que le obligaría a reconocer la existencia de un Dios arbitrario que atiende solo a los rezos de sus elegidos. Y finalmente a los desamparados, los cuales ni se plantean las lícitas dudas del abogado del diablo, pues dan por hecho, aun cuando no sepan cómo formularlo, que la fe de quien solo puede confiar en Dios es la puerta por la que Dios puede alcanzar la vida de los hombres. Y ahí queda eso. La fe es poderosa, suelta Frank Shore en un momento de la película. Como si la fe bastara, aun cuando no hubiera ningún Dios por en medio. En cualquier caso, es cierto que solo cree quien puede creer. Que tener fe es encontrarse de lleno en la fe, estar poseído por una increíble esperanza. Que la fe, al fin y al cabo, no es una opción para quien evalúa su viabilidad.

fiji time

agosto 21, 2012 § Deja un comentario

En el Fiji de Sant Pol, casi rozando el mar. Es media tarde y apenas quedan unos cuantos bañistas. Por los altavoces, Elvis. Se confirma la intuición de hace un año. Que nosotros somos el más allá de un mundo que, de por sí, no quiere saber de nosotros.

estampitas de la dicha (2)

agosto 21, 2012 § Deja un comentario

 

las aguas que nos cubren

agosto 21, 2012 § Deja un comentario

Para muchos cristianos de hoy en día, Dios sería (sorprendentemente) algo así como el mar. Y el hombre, ese muñequito de sal, cuyo destino es el de formar parte de ese mar. Pero lo cierto es que el hombre solo puede disolverse en el mar, dejando de respirar.

Ratzinger

agosto 21, 2012 § Deja un comentario

Dice Joseph Ratzinger: el hecho de que la tierra, el cosmos, reflejen el Espíritu creador significa también que sus estructuras racionales —que, más allá del orden matemático, se hacen casi palpables en el experimento— llevan en sí también una orientación ética. El Espíritu que los ha plasmado es más que matemática, es el Bien en persona, el cual, mediante el lenguaje de la creación, nos señala el camino de la vida recta. Pero ¿es esto cristiano? De hecho, sí, pues el cristianismo siempre jugó con dos barajas, la semítica y la pagana. Y lo anterior, dejando a un lado las referencias explícitas al espíritu creador, está muy cerca del orden arquetípico de, pongamos por caso, el cosmos pitagórico. La cuestión más bien es si esto es judío y la respuesta es que no. Para el AT, la Creación no es un cosmos, un sistema ejemplar. Para el judío hay algo de inconcluso en la Creación —algo que no acaba de funcionar—. El mal no es tan solo achacable a una desobediencia puntual, corregible como creyeron en un primer momento los profetas. El mal es el otro lado del bien, su envés, su sombra. Si YWHW es Señor de la luz y la oscuridad (Is 45, 7) —si ambas son debidas a la radical trascendencia de YWHW—, entonces la Creación no es una última palabra, sino eso que exige una última palabra. Si el mundo se revela como creado no es porque Dios sea su arquitecto, sino porque el mundo se encuentra atravesado por el Mandato de un Dios que está por ver, Mandato o Voluntad que no acaba de coincidir con la Ley del mundo. La Ley del mundo no conoce la piedad. La belleza inagotable de las galaxias avanza a lomos de la destrucción. Todo cuanto ocurre en el mundo es lo que tiene que ocurrir. Pero la Voluntad de Dios es lo que debe ser más allá de lo que tiene que ser. Para el judío, pues, la experiencia creyente no es la de encontrarse bajo aguas que nos cubren —o, por decirlo con otras palabras, la de participar de un orden—, sino la de encontrarse sometido a un Dios cuya Voluntad solo puede realizarse como fin del mundo.

las relaciones elementales de parentesco

agosto 20, 2012 § Deja un comentario

A la vista, un modelo, un paradigma, una imagen ejemplar. Por ejemplo, el de una familia feliz. Cada uno ocupa el lugar que le corresponde. Cada uno se ajusta a lo que se espera de su papel. Esto es, todo coincide con lo que tiene que ser según el orden natural de las cosas. Aquí aún hay sitio para las reglas de la autoayuda. Uno puede creer que es posible mejorar, si sigue las instrucciones para pulirse. Luego, sin embargo, viene Freud y saca los trapos sucios. La familia se revela como un cuarto oscuro. El amor de madre posee un envés en cuya nervadura perecen los hijos por asfixia. El padre será respetado mientras no confiese sus fantasías. La compasión hacia el hermano más débil está llena de una secreta satisfacción por su debilidad. Todo es aquí mezcla. No es que uno haya dejado de hacer los deberes. Es que no es posible separar la luz de la oscuridad. Ambas van de la mano. Finalmente, y con un poco de suerte, acaso el hijo perdone al padre que abusó de él. O la madre al hijo que la despreció. O Abel a Caín. Pero esto ya son cosas de otro mundo. (En resumen: lo primero es religión, mejor dicho, religión como estupidez. Lo segundo, la cruda verdad. Lo tercero, cristianismo, el cual no puede evitar situarse más allá de la verdad.)

padre e hijo (y 2)

agosto 20, 2012 § Deja un comentario

Un padre es quien bendice tu obra, mientras que un mecenas es quien, porque confía en ti, te da los recursos para que realices tu obra. A veces pienso que te libera más el segundo que el primero. Pues el primero solo te bendecirá, si tu obra no le supera. Un padre siempre exige de sus hijos lo que, por otro lado, nunca podrá aceptar: que consigan lo que él mismo no alcanzó. De ahí que un padre siempre sea un mal asunto. De hecho, un padre es una lápida. Ya lo dijo Freud: uno tiene que quitarse de encima a su padre, si quiere ocupar su lugar. Lo que no dijo es que eso tan solo era posible con una buena financiación.

estampitas de la dicha (1)

agosto 20, 2012 § Deja un comentario

 

 

ultimate

agosto 20, 2012 § Deja un comentario

Qué tendrán las cosas últimas que en realidad nunca se alcanzan aunque de hecho se alcancen. Así, Pessoa, que coronó cimas que él nunca admitió. O esa monja que cree que aún no ama lo suficiente a los leprosos a quienes ha dedicado su vida porque es incapaz de besar sus llagas. Será verdad que la experiencia de lo real le está vedada a quien simplemente observa. El observador —el espectador— no verá más que hechos. Cuando la realidad es, precisamente, ese por-venir que permanece fuera de nuestra capacidad.

antropología básica

agosto 19, 2012 § Deja un comentario

De obvio, a veces nos pasamos de largo. Pues, lo obvio es que, en tanto que conscientes de nosotros mismos, no acabamos de coincidir con un determinado modo de ser. Siempre nos encontramos fuera de donde estamos. Por eso no acabamos de ser eso que parecemos ser. Por eso somos un fundamental no ser. O, si se prefiere, la posibilidad de ser algo distinto a lo que circunstancialmente somos. Ser consciente de uno mismo supone contemplar el propio modo de ser como un límite, como una circunscripción. Pero el hecho de experimentar el límite como tal ya nos arroja a la posibilidad de su transgresión, aun cuando esa posibilidad no sea nunca realizada. El simple deseo de ir más allá ya nos sitúa más allá. Aun cuando siempre acabemos deciendo a la presión del instinto o la del temor al castigo, por el hecho de no coincidir con nuestros actos, ya somos los que nos encontramos más allá. De ahí que quienes entienden de estos asuntos digan que el Hombre, así con mayúsculas, carece de esencia. Que el Hombre es, en definitiva, la posibilidad de su transformación o metamorfósis. Ahora bien una cosa es el Hombre y otra los individuos. Y es que, si diferenciamos entre el Hombre y cada uno de los hombres, es porque los hombres, aun cuando estemos arrojados a nuestra posibilidad, siempre permanecemos atados a un determinado carácter, al agujero negro de una impotencia, de un tema por resolver. No en vano los antiguos, antes que Freud, decían aquello de que un carácter es un destino. Como, si al fin y al cabo, los hombres no pudiéramos realizar la posibilidad de ir más allá de nuestro particular modo de ser sin traicionarnos. Sin embargo, el Hombre no se encuentra ligado a las profundidades abisales de una psicología y, por eso mismo, debe realizar eso que puede realizar. Así, supongamos que pudiéramos alcanzar la inmortalidad —que hubiéramos sido capaces de controlar el gen del envejecimiento—. Ningún principio moral impediría que algunos dieran un paso al frente. ¿Qué serían, sin embargo, los hombres de esa nueva era? Ya no serían de los nuestros, aun cuando esa posibilidad, sin duda, pertenece al Hombre. Pues nuestro particular modo de ser permanece ligado a la muerte, a la vida como plazo. De hecho, nosotros pasaríamos a ser algo así como la prehistoria de la nueva raza: algo más que monos, pero menos que hombres. Ahora bien, tengo mis dudas de que esos hombres fueran mejores. Sin muerte —sin un cuerpo que se resista, sin la experiencia del límite que hace posible el conflicto interior y, en definitiva, nuestro interior— esos hombres difícilmente podrían soportarse, difícilmente podrían no coincidir con su beatitud o su voluntad de poder. Ángeles o demonios, pero en cualquier caso otra cosa. Nada que ver con nosotros. El Hombre se encuentra por encima de los hombres. O, por decirlo de otro modo y a diferencia del resto de los animales, los hombres no son una ejemplificación del Hombre. De lo anterior se deduce que los sueños que conciben un más allá de almas inmortales —los sueños que ubican en otro mundo lo que cada vez más es una posibilidad de nuestro mundo— no tienen que ver con nosotros, aun cuando sean nuestros sueños. No es causal que el cristianismo no conciba otra redención que la de la carne. Pues la muerte va con el redimido o esa redención no es para nosotros.

una mano no siempre es una mano

agosto 18, 2012 § Deja un comentario

Puede que el milagro, como decía Bernanos, sea el de las manos vacías, quizá la única pureza que pueda alcanzar el hombre. Pero cabe, por contra, que el verdadero milagro sea el de responder a Dios con las manos llenas de mugre. Pues el primer milagro no necesita de ningún Dios. Le basta con anticipar la muerte, con tenerla presente a flor de piel. Mientras que el segundo no es posible sin la irrupción, precisamente, del Dios que se identifica con el indeseable, el que huele mal, el sucio, ese enteramente otro que, como tal, nadie en su sano juicio es capaz de digerir.

hipótesis

agosto 18, 2012 § Deja un comentario

¿Y si el cristianismo hubiese seguido siendo tan solo la religión de los pobres? ¿Qué hubiera ocurrido si las clases acomodadas de Roma no se hubieran convertido al Dios de los sin Dios? Probablemente, el cristianismo hubiese acabado siendo tan solo la religión que necesitaban los pobres. Esto es, no habría habido cristianismo. Y quizá por eso los apologetas de los primeros siglos de la era cristiana se preocuparon de mostrar que la fe obedecía, antes que nada, a la verdad de Dios y no a la necesidad de los pobres de contar con un dios de su parte. Ahora bien, en el momento en que el cristianismo se hace universalmente verdadero —en el momento en que cualquiera con uso de razón puede admitir la verdad cristiana— el cristianismo comienza a transitar la peligrosa vía del catolicismo oficial, aquella que sustituye el ojo de la aguja por las enormes puertas de los templos. Los ricos comenzamos a creer que era posible ser cristiano donde simplemente declarábamos lo que no podíamos honestamente confesar, a saber, que no hay más Dios que el Crucificado. Pero es posible que ninguna verdad pueda sobrevivir históricamente con las manos limpias.

envés

agosto 18, 2012 § Deja un comentario

No quedan nuestros cuerpos, sino nuestras almas. Pues no es el alma la que abandona el cuerpo, sino el cuerpo el que poco a poco va dejándonos. El alma es un residuo, una resistencia, un resto de naufragio, el vacío que nos queda cuando al cuerpo ya no le queda nada por vivir. De ahí que el mundo y no el más allá esté repleto de las almas de los muertos, de la vida pendiente que sus cuerpos no llegaron a vivir. Y puede que nuestra conciencia no sea otra cosa que el eco de sus voces.

sobre las historias bíblicas

agosto 17, 2012 § Deja un comentario

Por qué será que las historias de Dios tratan de rameras, samaritanos, publicanos, hijos de puta en general, y no de la buena gente, de sacerdotes, escribas y fariseos, de aquellos que casi por defecto creen estar cerca de Dios.

historias bíblicas (8)

agosto 17, 2012 § Deja un comentario

Una mujer en la barra de un bar de carretera a eso de media noche. Piensa en su hija de nueve años, Anita. En cómo podrá sacarla del agujero. Un hombre se le acerca. «¿Cuánto?» «Cincuenta y la cama.» Ella entra primero en el cuarto de la pensión. «Lávate en el bidé», le dice a él. Ella se quita la ropa y se tumba en la cama, mientras él se desabrocha los zapatos. Dos minutos, él con la boca abierta sobre el rostro de la mujer. Ella mirando al techo, repasando la lista de la compra de mañana. El truco funcionaba en la mayoría de los casos. «Lo siento», dice él. Ella le mira a los ojos y le acaricia la mejilla. «No importa. Es mi oficio.» Los zapatos ahora no parece que le entren. «Vuelve cuando quieras.» Él no responde. Comprueba que el alzacuellos siga en el bolsillo del pantalón. Luego se va. Sus pasos resuenan como el traqueteo de una carretilla. Ella se queda un poco más. «Espero que le guste a Anita», piensa hacia sus adentros, mientras juguetea con esa fina cruz de plata. «Él seguro que tiene de recambio.»

ASZ

agosto 16, 2012 § Deja un comentario

Antiguamente se decía: Dios, cuando se miraba al mar lejano.

F. Nietzsche

misión imposible

agosto 16, 2012 § Deja un comentario

A veces me pregunto si acaso todo no consistirá en preguntarse qué debemos hacer mientras esperamos la muerte. Cuál es, en definitiva, nuestra obligación. Pues sin obligación difícilmente nuestra vida se mantiene en pie. Ahora bien, no parece que sea lo mismo preguntárselo hurgando en nuestras mejores inclinaciones, que teniendo presente el dolor de los hombres. Pero en el primer caso, quizá no haya propiamente obligación, sino una imprescindible obsesión.

padre e hijo

agosto 16, 2012 § Deja un comentario

Acaso la caracterización del Crucificado como Hijo de Dios no nos diga tanto de Jesús de Nazareth como de Dios. Pues no hay padre que pueda sobre-vivir a la muerte del hijo. Y, así, o bien el padre se hunde de la miseria y desaparece de este mundo para siempre, o bien se vincula de por vida a esos huérfanos en los que se le aparece su hijo muerto. Por eso un creyente deja de ser judío para hacerse cristiano cuando es capaz de ver el carácter redentor de la Cruz. O, por decirlo de otro modo, cuando se le revela que, a través de esa Cruz, Dios se pone en nuestras manos para que nuestra vida pueda responder a Dios.

el peso de una losa

agosto 16, 2012 § Deja un comentario

¿Qué te puede? ¿Que te deja por los suelos? ¿La falta de reconocimiento? ¿El hecho de que nadie se fije en ti? ¿El que a estas alturas aún no te hayas casado? ¿Esos quilos que no te quitas de encima? ¿Creer que no sirves para nada? ¿La muerte del hijo? ¿A qué obedece tu infelicidad? Puede que solo dejemos atrás nuestra infancia, la fe en nuestra omnipotencia, cuando caemos en la cuenta de que, hagamos lo que hagamos, no llegamos a soltar lastre, que la carga va con nosotros. Y, así, la cuestión de la madurez es muy simple: ¿qué —o quién— nos quitará ese peso de encima? ¿Cómo nacer de nuevo? Pues el peso que soportamos es siempre el peso de una lápida.

un Dios en suspenso

agosto 16, 2012 § Deja un comentario

A propósito de Dios, puede que la Biblia no pretenda decirnos otra cosa que la siguiente: que donde el huérfano, la viuda, el extranjero… interrumpen nuestra vida, Dios como tal queda en suspenso. O, por decirlo con otras palabras, que nuestro deseo de vincularnos a Dios, de participar de su plenitud o poder —nuestro anhelo religioso— es pospuesto hasta el final de los días, esto es, hasta que los hambrientos hayan saciado su hambre. Y todo esto en nombre de Dios, esto es, en su lugar. Pues para quien se encuentra bajo Dios no puede haber nada de Dios en el presente que no sea un rostro marcado por la inaccesible altura de Dios.

diálogo oriental

agosto 16, 2012 § Deja un comentario

Una vez en el más allá, habiéndonos convertido en espíritus puros, le preguntamos a la luz «¿esto del mundo es una broma, no?» Y la luz nos responde: «en absoluto. Es un medio de purgación.» Pero nosotros insistimos: «¿y qué ocurrirá con aquellos que purgaron demasiado?» La luz: «pues nada. De hecho, ya dejaron esa existencia atrás. Ya te los encontrarás por aquí.» Nosotros: «quizá no nos hemos explicado bien, te preguntamos por ellos, no por su espíritu.» La luz: «ellos son su espíritu. El cuerpo es una tara.» Nosotros: «creíamos que el cuerpo iba con nosotros, aunque no coincidamos con él.» La luz: «estabais equivocados.» Nosotros: «por tanto, ¿no debemos reparar el sufrimiento de los muertos? ¿La vida de las víctimas tiene el mismo peso que la de sus verdugos?» La luz: «el verdugo tendrá que purgar un poco más.» Nosotros: «pero quien purgue de más ya será otro…» La luz: «no. Se trata del mismo espíritu.»

Comentario de texto: u Oriente tiene razón, o la tiene Israel. Pues si somos espíritus encarnados en la prisión del cuerpo, entonces el sufrimiento es lo de menos, algo al fin y al cabo transitorio. Mientras que si somos nuestra relación con nuestro cuerpo, aunque ésta sea problemática —esto es, si somos cuerpos sometidos a la imposible exigencia de Dios—, entonces el sufrimiento nos alcanza como aquello más íntimo y la redención no puede consistir en una metamorfósis. Y es que el vuelo de la mariposa nunca fue una respuesta para el gusano.

las cosas del Mariano (4)

agosto 15, 2012 § Deja un comentario

Si se trata de acceder a otro nivel de conciencia ¿acaso no podría bastarnos con unas dosis de éxtasis, con un buen pinchazo de heroína mística? Quienes proponen un salto de nivel ¿no estarían postulando un chamanismo por otros medios? Aunque a veces esté tentado de ello, puede que al creyente no le interese ningún tránsito al más allá. Puede que en verdad no quiera (y, por consiguiente, no pueda) abstraerse del sufrimiento de los hombres. Y es que una cosa es ver las cosas del mundo, las buenas y las malas, como divinas y otra muy distinta ver a Dios colgado de un madero. Pues quien se disuelve en el mar dejando atrás una orilla repleta de cadáveres cuyo clamor no hay muerte que silencie, no es un santo, sino un hijoputa.

las cosas del Mariano (3)

agosto 15, 2012 § Deja un comentario

Para Marià Corbí et al. nuestra condición de hombres y mujeres modernos no puede ya admitir un Dios personal. La fe en un Dios personal constituye un modo entre otros de acceder a esa realidad absoluta que, como tal, siempre se encuentra por encima de sus manifestaciones, las cuales siempre se hallan culturalmente determinadas. Según Marià Corbí la espiritualidad que exigen los tiempos modernos es una espiritualidad sin religión, laica como él mismo dice. Como si Dios, al fin y al cabo, se hubiera reconciliado finalmente con esa nada que soporta cuanto es, tal y como las místicas de las diferentes tradiciones anticiparon casi desde los primeros tiempos de la civilización. Ahora bien, ¿de qué se trata, al fin y al cabo? ¿De comprender que el todo no es más que nada y aprender a vivir en consecuencia? Pero ¿cuál es esa consecuencia? Pues si la nada es un final, entonces tanto da acariciar que matar, engendrar que disparar. Pero si la nada es un comienzo, entonces la nada no puede ser un final. Y es que si la nada es lo dejado atrás, entonces la nada no es lo real, sino el mundo o, mejor dicho, la vida en el mundo. Y una vida que se nos da como ahora una última oportunidad es una vida que se encuentra sometida al imperativo de ser vida hasta el final.

complejo paterno

agosto 15, 2012 § Deja un comentario

Tu padre morirá antes de que te haya dado su bendición. Tendrás que aprender a vivir con ello. Tendrás que ocupar su lugar a pelo, esto es, sin comprender cuál es el sentido de esa ocupación. También puede que antes te des cuenta de que tu padre no existe. Que él fue tan miserable como tú. Sea como sea, el final es el mismo. Y es que quienes han sido bendecidos antes de tiempo permanecen ligados al fantasma del padre, no a su verdad. De hecho, no van más allá de la repetición. Siguen con esas cosas que se hacen desde tiempos inmemoriales, sin apenas otro interrogante que el de quien se preocupa por lo que hay que ponerse según la ocasión.

Jn

agosto 15, 2012 § Deja un comentario

El evangelio de Juan es una de las pocas grandes obras del espíritu. De hecho, con sus equívocos, es el gran evangelio cristiano. En él se reescribe todo el AT, pues todo cuanto es posible decir de Dios se dice de aquel que muere como un maldito de Dios. Pues, una de la líneas de fuerza que recorre el evangelio atribuido a Juan es que antes de la desaparición de Jesús de Nazareth nadie comprende nada de Dios. Y esto es lo mismo que dijeron los profetas con respecto a Dios mismo: que nadie se encuentra en manos de Dios, mientras Dios siga siendo aquel con quien podemos tratar religiosamente. Pero hay que tener mucha audacia para decir que nadie se sitúa ante Dios, si no se sitúa ante la Cruz. Tanta audacia que el cristianismo solo pudo sobrevivir entre los hombres manteniendo a Dios en su lugar y haciendo de Jesús un dios paseándose por la tierra.

preposiciones

agosto 15, 2012 § Deja un comentario

Vivir de la música o para la música. De la pintura o para la pintura. De la escritura o para la escritura. De Dios o para Dios. Entre estas disyuntivas se decide la vida de los hombres.

Bernanos

agosto 15, 2012 § Deja un comentario

Hay que leer a Bernanos. Sobre todo, su Diario de un cura rural. Pues a veces los grandes escritores católicos han visto más lejos que esos sacerdotes que, preocupados por conservar la parroquia, se decantan con demasiada facilidad por el cristianismo del no n'hi per tant, el cual tiene como sabemos dos versiones, la del cristianismo opusdeístico y la del cristianismo kumbayá. En ambos casos, esos sacerdotes engendran cristianos demasiado satisfechos de sí mismos como para que su vida hable por sí misma de Dios. Y es que los testigos literarios de la fe —los Graham Greene, los Dostoievski, el mismo Bernanos…— supieron ver que no hay redención sin sacrificio. Que el precio de la gracia no es barato que digamos. La soledad del hombre de Dios es, ciertamente, infinita.

vuelo parabólico (2)

agosto 15, 2012 § Deja un comentario

Las parábolas de Jesús de Nazareth son, como sabemos, desconcertantes, por no decir, inaceptables para quienes aún contamos con nuestras posibilidades. Así, por ejemplo, la del hijo pródigo o la de los jornaleros de la viña. En ambos casos, Dios no parece que sea muy justo que digamos. Que el hijo que ha dilapidado la herencia paterna acabe teniendo el mismo trato que el hijo fiel; que los trabajadores del atardecer reciban el mismo salario que aquellos que comenzaron a trabajar de buena mañana… Sin embargo, la verdad de estas parábolas solo es accesible para quien está situado en la óptica de los tiempos finales. Desde esta óptica, todos estamos en la misma posición. Las diferencias —los méritos— dejan de tener relevancia. Donde prevalecen los méritos, seguimos en la situación de Caín y Abel. Pero donde el tiempo se acaba de lo que se trata es de nacer. Como si todo cuanto pudiéramos haber hecho antes careciese de la más mínima importancia. Como si el presente continuo fuera un tiempo perdido, un tiempo muerto (un tiempo de muertos). Y es que no hay que olvidar que Jesús de Nazareth fue un profeta escatológico, alguien que estaba convencido que la hora de Dios era cuestión de días. Luego vendrán los discípulos y con lucidez implacable harán de esa Cruz el tiempo final que el profeta anticipó.

cuestionario

agosto 15, 2012 § Deja un comentario

¿Qué mantiene una existencia en pie? ¿Qué la sostiene? ¿Una emoción, un sentimiento? ¿Una verdad? ¿Un paradigma? ¿La inercia de los días? «Que importa. Al final, todo es gracia.»

strong sense

agosto 15, 2012 § Deja un comentario

Como perros que olisquean las esquinas buscamos aquí o allí, casi sin ser conscientes de nuestra desesperación, los momentos de la sensación verdadera. La mujer abrazada a su amante en el asiento de atrás de una moto de gran cilindrada por las carreteras de la costa. Una cerveza en un chiringuito de la playa, al fin solitaria. Los minutos después del amor en el que ella reposa sobre el pecho del hombre. La soledad de una celda monástica… Siempre son momentos silenciosos, instantes que no exigen la palabra, un término en el que fácilmente creemos que ya hemos llegado, que no hay nada más allá. Y a veces también creemos que viviremos de esos momentos, que esas sensaciones bastan para sostener una existencia. Nos equivocamos, por supuesto.

como agua sobre una piedra

agosto 15, 2012 § Deja un comentario

a quien retorna en busca de su antiguo buscar / la noche se le cierra como agua sobre una piedra / como aire sobre un pájaro / como se cierran dos cuerpos al amarse

A. Pizarnik

i

agosto 15, 2012 § Deja un comentario

El yo es un déspota oscuro.

E. Jüngel

oración

agosto 14, 2012 § Deja un comentario

A veces pienso que hay más verdad en la oración judía que en la cristiana, pues el cristianismo difícilmente puede desembarazarse de los préstamos de la superstición popular, esos que explican en buena parte su éxito histórico. Tanto el judaísmo como el cristianismo admiten que Dios se da como promesa de sí mismo (o, según la feliz fórmula de Jüngel, que Dios en sí se da en adviento) y que, mientras tanto —mientras no acontecen los tiempos finales—, de Dios en el presente tan solo tenemos su huella, su mandato: el clamor de los huérfanos, el llanto de los crucificados de la Tierra. Pero, a la hora de invocar a Dios —a la hora de dirigirse a Él— diría que tan solo el judío es consecuente con esa experiencia de Dios. Pues en la mente de muchos cristianos, Dios sigue siendo aquél que se ubica en el presente por encima de quienes le representan, como si se tratara de un espíritu bonachón. Esto es, como si fuera ese deus ex machina de las tragedias de Eurípides que puede intervenir en cualquier momento como solución a nuestros problemas, sin que esa intervención ponga un punto y final a nuestro mundo. Mientras que el judío, el cual está demasiado cerca del sufrimiento de los hombres como para que la invocación sea, antes que una disposición del alma bella, un gesto corporal, no deja de tener presente la altura de Dios. No es causal que los judíos entiendan que quien reza de verdad, reza ante un muro. Quien espera una solución de Dios, no se encuentra en verdad en manos de Dios. Tan solo quien le invoca sabiendo casi por instinto que Dios, en el presente, no responde de otro modo que invocando al hombre. Pues tan solo quien le invoca sin esperar una solución aquí y ahora, puede escuchar el grito de los oprimidos como la voz imperativa de Dios. Pero el cristianismo está demasiado acostumbrado a jugar con dos barajas como para caer en la cuenta de su doblez. Por suerte, la relación del hombre con Dios no se decide de nuestro lado. Y quizá hayan sido los cristianos los que, tradicionalmente, han respondido en mayor medida al clamor de las víctimas. A pesar de su vena supersticiosa. O quizá por ella.

las cosas del Mariano (2)

agosto 13, 2012 § Deja un comentario

El problema de una espiritualidad new age es que depende en exceso de un saber acerca de las últimas cosas. Esto es, depende de que su hipótesis de trabajo sea, precisamente, verdad. Pues imaginemos que no fuera cierto que hay otra dimensión —que ésta no fuera más que una imagen sin correlato objetivo—. No parece que los esfuerzos del hombre por participar de esa dimensión tuvieran algún sentido más allá del efecto placebo. Otra cosa es que esa otra dimensión fuera, según los términos de Corbí, una realidad absoluta. Ahora bien, como dice acertadamente Corbí, una realidad absoluta no es nada en particular, y por tanto, en estricta lógica, efectivamente no es. Y si la espiritualidad del hombre tan solo puede apuntar a su disolución en la nada, entonces de lo que se trata, al fin y al cabo, es de morir. A menos que baste con caer en la cuenta de que todo en definitiva es nada. Pero en ese caso la realidad absoluta ha dejado de ser precisamente absoluta, pasando a ser algo que se da en relación con nosotros, una idea o un cierto saber. A mí me parece que el carácter último de la nada impide, de hecho, que podamos considerarla como aquello mas real de la existencia. La nada, sin duda, no puede darse más que como la imposible posibilidad de todo cuanto es. Como si, al fin y al cabo, todo cuanto es solo pudiera hacerse presente desde el horizonte último de la nada. Sin embargo, si la nada es la imposible posibilidad de cuanto es, entonces lo real no es la nada, sino aquello palpable, corpóreo, bello y maloliente a la vez. Lo real es el mundo, si la realidad absoluta no es propiamente nada. Por eso mismo, en relación con la nada, no hay gran cosa qué decir ni qué hacer. En todo caso, la cuestión es cómo queda nuestro mundo —y qué hacer con él— una vez caemos en la cuenta de que la nada es el fondo insuperable de la existencia. Pues la nada o bien nos arroja al nihilismo, si el hombre contempla esa nada como final, o bien transfigura el mundo, si de lo que se trata es de vivir dentro de un plazo. Pues si la nada es un final, todo vale por igual. Mientras que si la nada hace de este mundo, otro mundo —un mundo definitivo, final—, entonces una masacre no es lo mismo que la alegría de un niño. Desde la nada que transfigura el mundo, el hombre debe vivir, no morir (aun cuando inevitablemente tenga que morir). En este caso, la nada no puede ser un destino, sino ese silencio que mantiene el mundo en vilo, a la espera de una última palabra. Somos en verdad quienes esperan esa última palabra. Y porque somos eso no podemos ir más allá, sin dejar de ser quienes somos.

la haine (1)

agosto 13, 2012 § Deja un comentario

La Bondad, así con mayúsculas, no es de este mundo. Los hombres buenos mueren siempre antes de tiempo. La Bondad, pues, no sirve como medio de transformación. No es la Bondad la que transforma la historia, sino la violencia. La Bondad, en todo caso, es significativa. Sin duda, si todos fuéramos buenos, el mundo sería diferente. De hecho, sería otro mundo. Pero lo cierto es que el mundo es mundo porque no todos somos buenos. Este es el dato inicial e indiscutible de la política. La exhortación moral solo resulta inteligible, si damos por sentado que podemos alcanzar la bondad. Pero, la política no puede dar por sentada esta posibilidad. Al contrario. Por eso mismo, la política no es una moral por otros medios. La política y la moral se mueven en ámbitos distintos, aun cuando tengan zonas en común. El hombre, mientras pertenezca al mundo —mientras siga siendo natural—, necesita excluir a quienes encarnan, representan el Mal. Pues la tentación del hombre es erigir una reino de paz —una ciudad de Dios— y no puede haber paz que no esté rodeada de muros infranqueables. Por eso resulta cuanto menos desconcertante que el Dios de la Bondad —aquel que quisiéramos preservar intramuros del poder del odio— haya querido morir en las afueras y no habitar en los templos. De ahí que un creyente no pueda esperar otra cosa que el regreso de un Dios que decidió sacrificarse incomprensiblemente para que el hombre permaneciera definitivamente ligado al fin del mundo.

la haine (y 2)

agosto 13, 2012 § Deja un comentario

La violencia contra el enemigo siempre se encuentra cargada de buenas razones. El enemigo, por defecto, es aquél que merece la muerte, aquél que debe morir, pues el enemigo es quien ha decretado previamente nuestra muerte y la de nuestros hijos. Un enemigo no es un interlocutor. Es una bestia, la encarnación del mal. La justicia nunca termina de desprenderse del aroma de la venganza. Por eso la guerra contra el enemigo es, por definición, justa. La violencia política encuentra sus motivos en esa necesidad tan humana de acabar con el mal de una vez por todas, como quien arranca las malas hierbas de un jardín. Los escuadrones de las FAI cazando curas como si fueran ratas, las falanges de los fascistas, masacrando rojos como quien restaura el orden (sobre)natural de las cosas… Todos, los nuestros y los otros, respondían a una violencia anterior. Todos fueron diablos. Por eso la bondad solo puede prevalecer irracionalmente, es decir, sin otro motivo que el de respetar obsesivamente el imperativo del no matarás o, lo que viene a ser lo mismo, el carácter sagrado de la vida humana. Aunque lo cierto es que los hombres buenos —y este es el misterio de la historia— suelen ser los primeros en morir. La bondad tan solo puede triunfar donde el mundo deje de ser mundo. Esto es, en el final de los tiempos. Mientras tanto deberemos contentarnos con su simulacro, la ciudad de Dios.

escathon

agosto 12, 2012 § Deja un comentario

Quizá comprenderíamos mejor la calificación de Jesús de Nazareth como Hijo de Dios, si en vez de comprenderla espacialmente, esto es, como si Jesús se hubiera desplazado de arriba a abajo, la comprendiéramos en términos estrictamente escatológicos, como si Jesús hubiese venido del futuro, de esos tiempos finales en donde se decide la relación de Dios con el hombre. Incluso el lenguaje de la resurrección adquiere una mayor inteligibilidad. Pues quizá los evangelistas no quisieran decirnos otra cosa cosa que la siguiente: que la muerte abyecta de Jesús de Nazareth lo que hace es revelarnos su existencia como la de un resucitado, esto es, como la de ese hombre que estaba tan próximo a Dios (a su altura, a su mandato) que regresó de la muerte de los tiempos finales con la vida misma de Dios, aquella que une a los hombres de una vez para siempre con lazos de sangre.

liberty one

agosto 12, 2012 § Deja un comentario

Sabemos que en la India aún se pactan matrimonios desde el momento mismo del nacimiento… tal y como se ha hecho en todas partes hasta hace prácticamente doscientos años. ¿Se trata de una aberración? ¿Acaso las parejas experimentan su situación como una asfixiante falta de libertad? Difícilmente, mientras el modo de vida siga siendo el ancestral. Donde esto es lo que hay, donde lo decisivo no es el encuentro de las almas o la satisfacción de un determinado gusto o preferencia, sino la crianza, el compañero o la compañera que te ha tocado en suerte no es más, ni menos, que eso, una suerte, en el sentido literal. Del mismo modo que hoy por hoy nadie sufre como falta de libertad, el hecho de tener un rostro y no otro (aun cuando pueda sufrir su rostro, ciertamente, como una maldición). Otro gallo nos cantaría, sin embargo, si pudiéramos cambiar de rostro como quien cambia de chaqueta. En ese caso, quienes, bien porque no pudieran costeárselo, bien porque tuvieran que quedarse, por aquello de la fuerza de las costumbres, con el rostro que les ha caído en gracia, encontrarían a faltar, sin duda, una mayor libertad. La libertad por tanto solo aparece donde una determinada forma social hace posible la elección como el centro neurálgico de la existencia. Pues donde no es posible elegir —donde las cosas no son propiamente ofertas, sino eso que hay—, la libertad, al menos entendida según el modo liberal, es del todo ininteligible.

«diferance»

agosto 12, 2012 § Deja un comentario

Hay quienes creemos, porque así lo hemos vivido, que la paz forma parte del orden natural de las cosas. No es que ignoremos que hay muerte y violencia. Pero éstas ocurren, por lo común, extramuros. Difícilmente nos afectan, salvo como una excepción a la tranquila sucesión de los días. Hay otros, los más, para quienes en cambio la muerte y la violencia se encuentran demasiado presentes como para obviarlas. Pero solo ellos pueden saber qué valen la vida y la paz. El resto estamos obligados a representar sobre un escenario esa muerte y esa violencia, si queremos, cuanto menos, comprender por dónde van los tiros de las grandes palabras de la existencia. Así, la cultura solo es tal mientras ponga sobre nuestra mesa esas verdades que tuvimos que dejar atrás para exorcitar los peligros de una vida al raso. La cultura es, por tanto, religión por otros medios. Pues no hay religión que no sea en cierto modo un intento de recuperar la vitalidad perdida, aquella que mantuvimos a flor de piel mientras sabíamos que en cualquier momento el oso o el caníbal podía devorarnos.

la hermana

agosto 12, 2012 § Deja un comentario

Escribe Sándor Marai: «entre el hombre y la naturaleza puede haber vínculos que desconocemos. Porque Dios está detrás de todas las cosas. No es tan fácil llegar a Dios. También hace falta sacrificio. La gente desea sacrificarse porque solo así puede esperar reencontrarse con Dios. Quieren sacrificio… porque sin Dios no pueden vivir.» Hoy en día, sin embargo, estamos lejos de comprender el alcance de estas palabras. No en vano venimos de un cristianismo que hizo del sacrificio religioso un sinsentido. Pues el cristianismo dice básicamente dos cosas: que sin sacrificio no hay reconciliación con Dios que valga (y en esto el cristianismo sigue siendo religioso); pero el sacrificio que vale no es el del hombre, sino el de Dios (y esto es lo que ninguna religión puede admitir). Quizá el hombre pueda vivir sin Dios, pero lo cierto, cristianamente hablando, es que Dios no puede vivir sin el hombre. De ahí que para un cristiano lo decisivo no sea alcanzar a Dios, sino responder al sacrificio de Dios, aquél que hace, precisamente, que en la historia no pueda haber otro Señor que el Crucificado. Y esto tiene más que ver con la justicia que con el hecho restablecer la conexión con el orden natural de las cosas.