¿y si el espíritu planease por el jardín?
enero 16, 2011 § Deja un comentario
Las cosas son, sin duda, pero solo son en verdad, es decir, por entero, si se nos ofrecen como milagro. Un milagro es, por defecto, algo extaordinario. Pero lo extraordinario no es propiamente un fenómeno paranormal, sino algo imposible y algo imposible es que haya, precisamente, mundo, algo-otro-ahí. La existencia misma del mundo —que el mundo sea— es algo que no admite una explicación, pues aun cuando diéramos con la cosa primera, aún tendría sentido preguntarse por qué eso en vez de nada. Por eso mismo solo quien ve con la visión de largo alcance —solo quien no ve nada más allá de las cosas que ve, es decir, solo quien ve la nada por detrás de lo visible—, puede ver cualquier cosa como un acontecimiento extraordinario. Como si solo desde los ojos del asombro —como si solo bajo la amenaza de la nada— las cosas pudieran darse por entero.
(En este sentido, no debería extrañarnos que Epicuro fuera venerado en la Antigüedad como un genuino maestro espiritual. Como es sabido, para Epicuro, la nada —la posibilidad misma de la muerte— es el horizonte del auténtico presente. No hay más felicidad que la que consiste en abrazar el milagro del ahora. Qué diferencia, sin embargo, con Platón. Y es que para quien nada tangible acaba de ser en verdad —para quien la única realidad se encuentra siempre más allá— no puede haber presente que valga. Por eso el nihilismo siempre estuvo más cerca de la ascesis platónica que de la ataraxia del jardinero.)
también hubo perros en Palestina
enero 16, 2011 § Deja un comentario
Las divergencias teológicas entre los evangelios —las distintas visiones sobre el Crucificado— suelen comprenderse como diferentes intentos de dar una respuesta a las cuestiones planteadas por las comunidades para las que fueron escritos. Así, ya de buen comienzo —cómo no— hubieron varias maneras de aproximarse a la «vida y milagros» de Jesús el nazareno. Sin embargo, este pluralismo incipiente oculta un conflicto inicial, a saber, el que medió entre los discípulos itinerantes, los discípulos que se tomaron el seguimiento de Jesús al pie de la letra, y los líderes de las primeras comunidades, fueran judeo o helenocristianas. Desde la óptica de los itinerantes, las comunidades, en tanto que inevitablemente tenían que dejar atrás el radicalismo de quienes no tienen donde reposar su cabeza, no podían hacer otra cosa que falsear el que parece fue el espíritu original de Jesús. Pero solo en el seno de las comunidades, la Cruz como revelación de Dios fue alcanzando mayor importancia que la «vida y milagros» de Jesús. De hecho, los evangelios no dejan de ser el relato de la pasión con una larga introducción (M. Kahler). Para los itinerantes —esa variante apocalíptica del cinismo heleno— lo decisivo no era la Cruz, la cual no dejaba de ser para ellos un mal imprevisto, sino, precisamente, el mensaje del maestro, la necesidad de una conversión ante la misericordia divina que precedía al final inminente de los tiempos. Si hubiera sido por los itinerantes, díficilmente hubiera habido cristianismo: difícilmente Jesús se hubiera convertido de predicador en predicado. Dios seguiría, inmutable, en el más allá. Que la verdad cristiana —la que confiesa que el Crucificado es Dios mismo crucificado, ni más ni menos que el Señor— sea en cierta medida la expresión de la dificultad para seguir a Jesús, tal cual, no deja de confirmar aquello que ya sabíamos: que Dios escribe con renglones torcidos. Lo que fácilmente se nos escapa, sin embargo, es que la revelación de Dios solo pudo tener lugar con el malentendido de Jesús.
una de teo
enero 16, 2011 § Deja un comentario
La expresión «teología» aparece por primera vez en la crítica de Platón a la religión homérica y desde entonces la teología siempre anuncia una crisis de la religión. La hora de la teología ha llegado cuando se derrumba una configuración mítica, y sus símbolos, fosilizados en un canon, entran en conflicto con una nueva etapa de la conciencia humana. Cuando los símbolos, acuñados para expresar el encuentro del hombre con lo divino en un instante particular de su historia, ya no cuadran con su experiencia, la teología intenta intepretar los símbolos originales de tal manera que se adapten a una nueva situación: lo que en el mito estaba presente, está sólo «representado» en la interpretación teológica […] Rara vez se logra un equilibrio entre símbolo y situación y, cuando se logra, éste es siempre provisorio. En la interpretación teológica, los símbolos tienen su ciclo de vida y mueren, si la teología no puede traducirlos a la situación correspondiente. Casi desde el comienzo, la comunidad cristiana ha buscado los servicios de la teología, de modo tal que las Escrituras canónicas no presentan solamente un corpus de símbolos originales, sino que representan ya diversos estadios de la interpretación teológica. [Ahora bien,] el cristianismo tuvo que servirse de la interpretación teológica ya en sus estadios más tempranos, porque muy tempranamente los símbolos de fe en los que se expresaban las expectativas [apocalípticas] de la primera generación cayeron en contradicción con la situación real de la comunidad.
Jacob Taubes
caverna
enero 15, 2011 § Deja un comentario
tan sols sabem que estem trencats per aquesta gent…
Josep LLort, taverner
(al voltant d’Alban Berg)
soledades 1
enero 14, 2011 § Deja un comentario
A. La soledad es la zona de silencio que queda entre Dios y el hombre.
B. Todos necesitamos esa soledad que te hace renacer. En medio de la gente somos absorbidos por demasiadas cosas. Tarde o temprano, tendremos que experimentar la necesidad de un momento monacal.
Adam Zagajewski
traduttore traditore
enero 11, 2011 § Deja un comentario
Todo lo que no es tradición es plagio.
Eugeni d’Ors
tübingen
enero 11, 2011 § Deja un comentario
Pero donde hay peligro crece lo que nos salva.
F. Holderlin
patmos
enero 11, 2011 § Deja un comentario
Nadie comprende nada hasta que no comprende que el único peligro viene de Dios.
ya soltamos al chivo
enero 9, 2011 § Deja un comentario
Creemos que los hechos bastan. Que no hay más que lo cuantificable. Depende, sin embargo, de cuál sea el trato. Supongamos que nos pasamos una temporada solos en una cueva o en una celda monástica que para el caso es lo mismo. Es probable que, al disminuir el nivel de serotonina, nos sintamos deprimidos, despreciables o, cuanto menos, empequeñecidos. Si se trata simplemente de restablecer el equilibrio —si se trata simplemente de volver a sentirnos bien— tendremos bastante con añadir serotonina a nuestro sistema nervioso. Ahora bien, si se trata de la relación que podamos tener con nosotros mismos, entonces no basta con decir que tan solo se han alterado los niveles de tal o cual neurotransmisor u hormona. Nadie se relaciona propiamente consigo mismo hasta que de algún modo no deviene un extraño para sí mismo… y la fuente de la extrañeza de sí es, en cualquier caso, la irrupción de lo real, esto es, la invasión de lo en verdad otro, de lo que no puede ser asimilado. La cuestión no es, por tanto, qué sensaciones, sino qué experiencia podremos alcanzar —o mejor dicho: nos dará alcance— en medio de nuestra soledad. Y es que a diferencia del inventario de las sensaciones, en toda experiencia algo acontece precisamente como algo-otro-ahí. No hay experiencia que valga donde las sensaciones no apuntan a algo que en cierto sentido nos supera. La experiencia no es solo sensacional. Así, o bien el estado de las sensaciones revela algo o bien no hay propiamente experiencia. Por eso, si de lo que se trata es de mantener una relación con nosotros mismos necesitamos saber qué re-presentan —qué significan— esas sensaciones que surgen en la soledad de la cueva. No basta con un análisis de sangre. Más aún: lo real solo podrá hacerse de nuevo presente, esto es, re-presentarse a través de una imagen imposible —o, como en el caso del judaísmo, del nombre que no nombra—, pues toda representación, por definición, solo puede representar lo que en sí mismo no puede estar presente, a saber, la extrañeza propia de lo real. No obstante, a la hora de responder a la cuestión acerca de lo que acontece, no será lo mismo una imagen que otra. No será lo mismo decir, por ejemplo, que estamos depres porque hemos sido poseídos por los espíritus maléficos del desierto que decir que en medio de la soledad emerge lo más profundo de nosotros mismos, nuestra incapacidad, nuestra impotencia. Aquí la metáfora resulta, una vez más, fundamental. Esto es: fundante. El yo que surge en cada caso no puede ser idéntico. En el primero, el yo es tan solo un campo de batalla de potencias divinas. En el segundo, el combate es siempre interior. En el primero, la indigencia es algo que me pasa. En el segundo, aquello que me pertenece. En el primero, lo extraño permanece en el afuera. En el segundo, deviene lo más íntimo de uno mismo. Se equivocan, pues, quienes sostienen que no hay más que simples hechos. Los hechos no son más que sombras de una realidad que no adviene sin metáfora.
patriarcas 3
enero 9, 2011 § Deja un comentario
Abraham fue literalmente un salido, esto es, alguien que se aleja de sí mismo para ir en busca de un Dios que, al fin y al cabo, promete lo que ningún hombre puede creer, la efectividad misma de lo imposible. Pero ¿quién puede ir en busca de ese Dios? ¿Quién puede confiar en esa imposibilidad? ¿Quién se ve obligado a creer en lo increíble, sino aquél que encuentra, precisamente, a Dios en falta, aquel cuya vida no puede ya resolverse en ningún acá, aquel para quien el mundo ya no puede en modo alguno ser un hogar? Abraham, ese desarraigado, el padre de los creyentes, solo pudo creer en el absurdo de Dios. Como si solo quien permanece a la espera de Dios —quien va en pos de ese último sí que no acaba de darse— se encontrara en verdad ante Dios. Como si solo fuera propiamente libre quien ante Dios sigue teniendo a Dios pendiente.
dramatis personae
enero 9, 2011 § Deja un comentario
He de ser cruel solo para ser bueno.
Shakespeare, Hamlet
eternidad
enero 9, 2011 § Deja un comentario
Decir que el amor es más fuerte que la muerte quizá signifique que el amor puede sobrevivir incluso donde ya no es posible la relación.
patriarcas 2
enero 9, 2011 § Deja un comentario
Un cristiano solo cree en Dios gracias al Crucificado. O lo que viene a ser lo mismo: no podría creer en Dios, si no fuera por ese Hijo de Dios que muere, precisamente, etsi deus non daretur [como si Dios no existiera]. La razón, si es que se trata de una razón, es simple: para un cristiano, de Dios no tenemos más que un Dios crucificado. Pero tampoco menos, pues no es posible regresar del infierno con vida, si no es bajo el espíritu del perdón que nace increíblemente de esa Cruz. Por eso, no deja de sorprenderme que sigan habiendo por ahí cristianos que crean en Dios etsi crux non daretur. Como si se pudiera seguir creyendo en Dios aun cuando la historia de la Cruz se revelara como una colosal ficción.
una mini teoría de la imaginación
enero 9, 2011 § Deja un comentario
El espíritu «progre» al negar la existencia del infierno no hace otra cosa que confirmar lo que ya sospechábamos: que su ingenuidad no tiene medida. Y es que tomarse en serio esto de la existencia supone admitir que hay lugares en donde la reconciliación ya no es posible. Así, hay infierno porque, sencillamente, tiene que haberlo. Va con el hombre la idea misma de un juicio sin apelación, de un juicio final. Quien la rechaza difícilmente podrá evitar vivir a golpe de reacción, como es el caso de las vacas, caer, al fin y al cabo, en el fango de la mediocridad, esa resistencia a admitir el carácter último del sí o el no que divide la existencia. Otra cosa es que solo podamos suponer —imaginar— un infierno efectivo, actual, pues solo Dios sabe si aún cabe el perdón allí donde el perdón parece imposible.
die schöpfung
enero 8, 2011 § Deja un comentario
René Jacobs dice entre risas que es inevitable sentirse como Dios cuando uno dirige La Creación de Haydn. Es posible. Basta, sin embargo, escuchar el estallido del coro hacia el final de la segunda pista para, si bien no sentirse como Dios, al menos asistir al momento en que surgió el mundo de la tiniebla.
(valga un vídeo como muestra, en particular desde 1.35′ hasta 3.05’….)
exégesis
enero 8, 2011 § Deja un comentario
Voy a recordar una vez más la inapreciable frase de Pablo: «lo que débil ante el mundo, lo que es necio ante el mundo, lo innoble y despreciado ante el mundo lo ha elegido Dios»: ésa fue la fórmula, in hoc signo venció la décadence. —Dios en la Cruz— ¿es que no se entiende todavía el terrible pensamiento que está detrás de este símbolo? Todo lo que sufre, todo lo que pende de la cruz, es divino… Todos nosotros pendemos de la cruz, por consiguiente nosotros somos divinos… Solo nosotros somos divinos.
F Nietzsche, El Anticristo
releyendo a Chalo
enero 8, 2011 § Deja un comentario
No es por la forma en que un hombre habla de Dios, sino por la forma en que habla de las cosas terrenas como se puede discernir mejor si su alma ha permanecido en el fuego de Dios.
Simone Weil
una de ‘psiquis’
enero 5, 2011 Comentarios desactivados en una de ‘psiquis’
psicólogo: debería ser amable con Johnny. Proviene de un hogar destruido.
the quiet man: no me sorprende. No hay hogar que Johnny no sea capaz de destruir.
el segundo de la clase
diciembre 31, 2010 Comentarios desactivados en el segundo de la clase
El hombre vive de las penúltimas palabras, pero tan solo ‘sobre-vive’ atravesado por el espíritu de las últimas.
nerón
diciembre 31, 2010 Comentarios desactivados en nerón
Aquellos que acusaban a los cristianos de haber incendiado Roma fueron, sin duda, unos calumniadores. Sin embargo, captaron la naturaleza del cristianismo mucho más exactamente que aquellos entre los modernos que nos cuentan que los cristianos fueron una comunidad ética y que si murieron entre lentas torturas fue porque predicaban el amor al prójimo o porque su humildad les hizo despreciables.
G. K Chesterton
ireland
diciembre 31, 2010 Comentarios desactivados en ireland
Si se mira largo tiempo en la oscuridad, uno siempre encuentra algo ahí.
W.B Yeats
la sinceridad del actor
diciembre 28, 2010 § Deja un comentario
Porque hay Dios —porque Dios es en sí mismo el silencio de Dios—, el mundo es una sombra. No se trata, pues, de vivir como si no hubiera Dios —pues eso implicaría hacer de este mundo un valor—, sino como si el juego del mundo no existiera. Nadie dijo, sin embargo, que quien sabe que el juego no es más que un juego no pudiera tomárselo en serio. Al contrario: no hay más seriedad que la de quien juega sabiendo que no hay más que el juego que se juega. Por eso puede creérselo como si la vida le fuera en ello.
física y química
diciembre 27, 2010 § Deja un comentario
Los hechos no bastan. El hecho, por ejemplo: aumentan en los niveles feniletilamina. Pero nadie cree estar enamorado por eso. Nadie se declara señalando tal o cual indicador de unos análisis clínicos. Si la atracción significa algo más es porque representa algo más, de hecho, cualquiera de esas películas románticas que hemos visto mil veces en el cine. Todo cuanto hacemos cobra sentido en la medida en que puede ser visto como imitación de lo que, de entrada, se nos impone como aquello que debe ser: el paradigma, el mito, la leyenda. No hay sentido si no es en relación con esas historias —con esas imágenes— que en cierto sentido se encuentran por encima de nuestras cabezas. Así pues, si quienes dicen amarse no pueden comprender su relación como la reproducción más o menos adecuada de La Cenicienta (o de cualquiera de sus variantes), entonces difícilmente podrán evitar la sensación de estar metidos en una simple relación contractual. El mito se opone al mero hecho como el heroísmo al oficio.
(Por eso, las historias bíblicas de amor resultan tan desconcertantes. En ellas los protagonistas no pueden reconocerse como partícipes de una historia arquetípica. Para ellos, esos miserables, no hay cielo que valga. Su pasión no reproduce ninguna pasión ejemplar, ningún historia de dioses, pues los dioses huyen donde no hay más que desierto. Quienes solo se tienen el uno al otro no tienen nada que imitar. Es más que absurdo decirle a la vieja prostituta de arrabal que el andrajoso que la olfatea es su Romeo. Por definición, entre los nadie no puede haber un amor emulable. Sin embargo, la convicción bíblica es incontestable: solo ellos —los nadie— pueden quererse con certeza. Como si solo pudiéramos amar al sufrir el peso de la inalcanzable altura de Dios.)
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citas navideñas
diciembre 27, 2010 § Deja un comentario
Dicen que el hombre no es hombre mientras no oye su nombre de labios de una mujer.
Antonio Machado
El amor es como Don Quijote: cuando recobra el juicio es para morir.
Jacinto Benavente
geología de la falla
diciembre 27, 2010 § Deja un comentario
Quizá no sea cierto que el cristianismo haya sobrevivido hasta ahora traicionando sus orígenes. Esta sería en todo caso la convicción de la conciencia mítica, no de la sensibilidad histórica. Para esta última los inicios siempre tienen algo de ilusorio. Dejando a un lado, la falta de higiene de quienes protagonizan la historia —dejando a un lado que el servicio a la verdad no es posible sin la impiedad de un gran inquisidor—, lo cierto es que la verdad del cristianismo irrumpe, como toda verdad, en discontinuidad con su creencia originaria. No digo que su verdad se añadiera depués a la manera de un cuerpo extraño, como si el espíritu de Atenas no hiciera otra cosa que encubrir el espíritu de Jerusalén. Pero es innegable, salvo, insisto, para la conciencia mítica, que en los inicios cualquier verdad se encuentra aún sin fructificar. Hizo falta Atenas para que el espíritu judío de los primeros discípulos pudiera caer en la cuenta de lo que en verdad tuvo lugar en esa Cruz. Atenas hizo nacer lo que en el espíritu de Jerusalén había concebido sin alumbrarlo. Del mismo modo que ningún hombre comienza a salir con una mujer porque la ame, sino porque simplemente le gusta, ninguna verdad irrumpe en la Historia como verdad con pleno derecho. Nada verdadero se manifiesta plenamente en los comienzos. Ahora bien, ninguna frucitificación tiene lugar sin tensión, pues la verdad acontece precisamente como negación de lo que la hizo inicialmente posible. Ningún hijo asume su filiación sin, de algún modo, cargar con el fracaso del padre. El amor nace como algo que supera las ilusiones de los comienzos… en el intento, precisamente, de preservarlas donde ya no pueden ser preservadas. En este sentido, el cristianismo no da un paso al frente hasta que no reconoce que en esa Cruz no solo murió el profeta escatológico que fue Jesús —el enviado, el Mesías—, sino Dios mismo, y ese reconocimiento fue griego antes que judío. Si el cristianismo pudo ser asimilado por Atenas no fue porque los griegos se adhirieran a la expectativa mesiánica, sino porque algunos griegos supieron ver que en esa Cruz se invirtió la relación misma del hombre con Dios: si hay reconciliación —si aún es posible la re-ligión— no es porque el hombre haya hecho los deberes —no es porque el hombre se haya sacrificado debidamente—, sino porque Dios mismo se sacrificó en esa Cruz, como quien dice, para que los hombres —esos muertos— pudieran regresar al Mundo con vida. Con todo, siendo más precisos deberíamos decir que la transición fue posible gracias sobre todo a los escritos de esos judíos helenizados, en particular a la obra de Filón de Alejandría, que antes incluso de la aparición de Jesús de Nazareth, comprendieron el Dios de Moisés en los términos de la comprensión griega de lo real, aquella que sostiene, grosso modo, que si hay mundo es porque lo real ha sido dejado atrás. De hecho, ocurre algo parecido con el arte contemporáneo. Puede que Duchamp no quisiera hacer otra cosa que épater le bourgeois. Lo más probable es que Duchamp no poseyera el sentido de su gesto. Pero hoy en día nadie discute que el arte contemporáneo no es posible salvo como reflexión sobre el arte, pues eso es lo que en verdad surge cuando un retrete ocupa el espacio de una belleza ausente. Porque esperamos encontrar belleza donde se ubica solo un retrete, el retrete puede ser reconocido como belleza imposible y, por tanto, como una belleza que solo es posible en el interior de una reflexión sobre la belleza. No se trata por tanto de recuperar unos inicios inciertos. Se trata, entre otras cosas, de mantener vivo eso tan incomprensible de la dogmática.
teoría del lenguaje
diciembre 27, 2010 § Deja un comentario
La lengua no pertenece primariamente a los que piensan, sino a los que sufren.
J.B Metz
los poetas no pueden habitar la ciudad ideal
diciembre 24, 2010 § Deja un comentario
Por defecto, lo real es alteridad, algo que siempre permanece ahí frente a mí como aquello inasimilable. Lo que yo pueda asimilar de lo real es, por principio, algo relativo a mi sensibilidad y, por tanto, algo que no acaba de ser en verdad otro. Por eso la realidad originariamente es imagen imposible, la representación misma de lo fascinante, algo monstruoso, eso que nos atrae y repugna a la vez. Víscera parlante, insecto sin caparazón, vulva. Uno queda clavado ante el poder de esa imagen imposible: no sabemos qué hacer con ella, si adorarla o suprimirla. Uno no puede encarar la realidad sin morir psíquicamente. Al fin y al cabo, un psicótico es quien experimenta una regresión al carácter indiferenciado de la realidad. Su vida no por casualidad se convierte en un bucle. No debería extrañarnos que la realidad quede sepultada en nuestro inconsciente —como antiguamente quedaba desplazada al ámbito del más allá—, en cualquier caso, dejada atrás. La supervivencia de la vida psíquica depende de que la realidad siga siendo algo pendiente. Con todo, el núcleo de la vida del espíritu consiste en re-ligarse a lo real. En este sentido, no hay vida profunda que no sea en algún sentido religiosa. Fuera del vínculo con lo real no podemos hacer otra cosa que vivir inercialmente. La cuestión es, sin embargo, cómo religarse, cómo regresar a las fuentes de la vida, allí donde todo está aún por nacer. Un modo es el propio de la vida filosófíca, la cual exortiza el hechizo de la imagen imposible al transformarla en concepto. Un filósofo puede que no haga otra cosa que concebir lo otro del ser como algo que subsiste idealmente más allá de los diferentes modos de ser que podemos llegar a percibir. Así, al convertir la fascinación en asombro —al equiparar lógicamente ser y nada—, el filósofo puede elevarse por encima de sí mismo, existir fuera de los reflujos de la inercia, o lo que viene a ser lo mismo, retroceder sin riesgo. Hay más astucia en el juego de la abstracción de lo que inicialmente pudiéramos suponer.
quijotadas
diciembre 24, 2010 § Deja un comentario
Un caballero medieval era aquel que iba en busca del acontecimiento extraordinario, sea el santo grial o un dragón. Como si la vida solo pudiera tener un sentido frente a lo que de algún modo la supera, dando igual si se trata de alcanzarlo o combatirlo. Un caballero medieval es, pues, un ser espiritual a la antigua usanza. Un caballero no pretende otra cosa que liberar al mundo de los poderes demoníacos. Esto cambia con la aparición del amor cortés. La Dama se convierte en lo único en verdad extraordinario. En tanto que inaccesible, la Dama solo podía ser objeto de adoración. El poeta ya no necesita combatir: le basta con el canto. La Dama, pues, como excusa. Beatriz —esa invención dantesca—, quizá porque se sitúa por encima de la lucha entre Dios y Satán, se convierte en el centro de la vida espiritual de aquellos que quisieron hacer la paces con un mundo que, tras la oscuridad medieval, volvía a convertirse en un posible hogar para los hombres. La Belleza se impuso, así, como aquella trascendencia que se sitúa más allá del Bien y del Mal. La Dama como encarnación de la Belleza podía, por tanto, colmar las exigencias del aquellos que siendo sensibles a las cosas últimas no estaban ya dispuestos a pagar los peajes de un combate a muerte. El poeta le ganaba la batalla al soldado. A partir de entonces es el poeta y no el soldado el que sitúa del lado del espiritu. No es causal que Cervantes la tomara con los caballeros medievales. En los albores de la Modernidad, una trascendencia que exigiera una lucha sin cuartel contra el demonio ya no podía ser otra cosa que una quimera.
skyline
diciembre 23, 2010 § Deja un comentario
Skyline, algo así como un cruce entre La guerra de los mundos de Spielberg y Distrito 9, pero con el tono de las series B. Infumable. Sin embargo, su simplicidad resulta significativa, por no decir demasiado cierta. El invasor es lo que un invasor serio tiene que ser: una cosa temible, repugnante, inmortal. Un monstruo. Su imagen consigue su próposito. Es la del enemigo tot court. Estamos, pues, ante una cosa intratable, un ente del que no podemos esperar ningún pacto, la encarnación misma del Mal. Mejor dicho: esos monstruos extraños —esos extranjeros— propiamente no encarnan el Mal. Son el Mal. El Mal, por tanto, no es en sí mismo una idea que pueda darse en mayor o menor medida. Tomarse en serio el Mal supone admitir que el Mal o se da por entero o no se trata en realidad del Mal, sino a lo sumo de su rostro especular, un eco, la irrupción de la prueba. Ante un enemigo verdadero no es posible diferenciar el Mal del malvado. No cabe ahí ninguna abstracción. Un enemigo real será siempre un Amalek, un psicótico, alguien que ya ha dejado atrás cualquier empatía por nosotros. Un enemigo es una máquina, una máquina de matar. El buenismo imperante —esa herencia de Rousseau— casi nos ha convencido de que no hay en verdad enemigos: que el hombre no puede ahogar la bondad —en creyente, la chispa divina— que habita en lo más recóndito de sí mismo; que, en cualquier caso, el enemigo representa el Mal pero que, como imagen de Dios, no puede ser malvado. Su maldad es solo aparente. Que el malo en realidad no es malo, sino víctima de una circunstancia infeliz. O por decirlo con otras palabras: que el odio no puede ser lo definitivo de la existencia. El hombre, desde esta óptica, no puede permanecer en la cota de lo inhumano, vender su alma a Satán. Así, la bondad del hombre, por muy sepultada que esté, siempre saldrá a la luz donde sea invocada por un corazón puro. No obstante, si esto fuera cierto, aquel que pasó por ser el más bueno de los hombres —aquel en quien habitó, según la convicción creyente, el espíritu mismo de ese Dios que es amor— no habría muerto colgado de una cruz. Su divina bondad habría transformado el corazón de sus verdugos. La crucifixión, sin embargo, sigue ahí, proyectando su sombra sobre la totalidad de la Historia. El Mundo se revela, al fin y al cabo, como la Cruz de Dios. En realidad, se trata de algo muy simple: no hay salida para quienes soportan el peso del Mal. Ante la irrupción del Mal, el hombre no tiene nada que hacer. De hecho, tan solo puede reaccionar. Quizá por eso mismo, quien se toma en serio el Mal —quien da por sentado que el hombre puede entregarse por entero a la voluntad de poder— no puede admitir fácilmente esto del amor al enemigo. El enemigo existe y no es posible amarlo sin sacrificar nuestra humanidad. O mejor dicho: nadie puede desde sí mismo amar al enemigo. Que la Cruz sea, con todo, una victoria de Dios es algo que exige una explicación, esto es, bastante, bastante fe. Pues si Dios mismo muere en la cruz del nazareno —si Dios se muestra como la debilidad de Dios— ¿qué podemos esperar sensatamente de este Mundo si no es más muerte? ¿En qué sentido podemos seguir hablando de un Dios del lado de los hombres? ¿Qué es un Dios que se identifica con las víctimas, sino un no-Dios? Al fin y al cabo, todo ocurre como si el combate entre el Bien y el Mal no lo librasen los hombres o los dioses, sino sus restos. Como si solo los muertos —aquellos que ya no tienen vida por delante o bien por su inhumanidad o bien porque sufren la inhumanidad de los hombres— pudieran combatir a muerte. Hay que ver la película e imaginarse a Cristo invocando la misericordia de Dios para los aliens, si uno quiere intuir cuanto menos de qué va esto del perdón.
ratio
diciembre 23, 2010 § Deja un comentario
Podemos decir que la razón procede fríamente —y que, por eso mismo, enfría lo que toca—. Pero también que la razón, más allá de sus clasificaciones, termina por descubrir el carácter inasible que soporta las cosas que se encuentran ahí, a nuestro alcance. La frialdad y el estupor —o si se prefiere el asombro— son, así, las dos caras de una misma moneda.
two of us
diciembre 22, 2010 § Deja un comentario
Hay dos posibilidades: o bien, vamos haciendo —esto es: ni lo uno ni lo otro—; o bien, la conexión es profunda. En cualquier caso, no podemos permanecer ahí. Si partimos primero, seguimos arrojados a nuestra fantasía. Si de lo segundo, se trata de marcar la existencia, de dividirla entre las cosas tratables y las intocables, de preservar, en definitiva, el fuego de las brasas. Es así que nuestra existencia oscila entre la ilusión y el rito, la imagen y el gesto. La verdad siempre fue un paréntesis y quizá ésta sea nuestra suerte.
espiritismo
diciembre 21, 2010 § Deja un comentario
La única cuestión de la espiritualidad —la única que de hecho debería importar— es si la voz que el creyente atribuye a Dios, la voz que él cree escuchar en lo más íntimo de su intimidad, procede de su anhelo de pureza o de los infiernos de la historia. Al fin y al cabo, la carne —el cuerpo abandonado de Abel— se revela cristianamente como la piedra de toque del discernimiento de espíritus.
arena
diciembre 21, 2010 § Deja un comentario
En las soledades del infierno —en medio del desierto— desaparece la diferencia entre el interior y el exterior: toda voz interior —toda señal— es el eco de una voz exterior, de un clamor. Los espectros —los espíritus— existen: aparecen en la noche como los abandonados de Dios. No hay otra voz para Dios que la que nace de la garganta del homo sacer. Dios, ciertamente, murió cuando quiso hacerse uno con los muertos que deambulan por los guetos de la Historia.
necesitamos más Nietzsche
diciembre 20, 2010 § Deja un comentario
Un verdadero amigo no es solo el que nos acoge cuando estamos agraviados y nos consuela. Sabe ser también una cama dura.
F. Nietzsche
crisis? what crisis?
diciembre 20, 2010 § Deja un comentario
Las situaciones ciertamente difíciles, por no decir dramáticas, hacen saltar por los aires cualquiera de nuestras antiguas ilusiones. Mejor dicho: las revelan como ridículas. Ante la adversidad probablemente tan solo podamos abandonar antiguos compromisos, cortar por lo sano con lo que deba ser cortado. De repente, alcanzamos una cierta madurez. Los reyes magos, sí, son los padres. Y el mundo deja de ser un hogar. La fortaleza nunca fue el patrimonio de los cuentistas.
seduction of the innocent
diciembre 19, 2010 § Deja un comentario
Si una mujer logra seducirnos es porque no se muestra por entero. Así, cedemos al influjo de su brillo —su gloria—, su máscara, su impostación. Difícilmente nos seducirá su sombra, su debilidad, su desnutrición. Sin embargo, es cierto que solo llegamos a vincularnos a su esencial falta de ser. No hay amor que valga que no sea la respuesta a una invocación. El resto es comercio.
jardín botánico
diciembre 19, 2010 § Deja un comentario
Incluso el árbol que florece miente en el instante que percibe su florecer sin la sombra del horror.
Th. W. Adorno


