el mar de las cañas
diciembre 24, 2025 § Deja un comentario
Lo revolucionario no fue que los esclavos de Egipto, tras el acontecimiento del Mar Rojo, tuvieran un Dios de su parte. Fue que lo creyeran. De hecho, con esta fe Israel dio el primer paso hacia el monoteísmo. Pues si había un Dios que jugaba a favor de los lumpen —algo, literalmente, increíble para quien supìera lo que significaba ser un Dios—, entonces podía estar del lado de cualquiera. Y un Dios de cualquiera es más Dios que el que habita solo en los bosques o en el vientre de un volcán.
Aun así, lo que nunca se imaginó el primer Israel es que un Dios que puede con todo, no puede con nada.
ver asombro
diciembre 23, 2025 § Deja un comentario
El mundo es muy extraño. Tan digno de asombro como de repudio. Sin embargo, tan solo percibimos la repetición, la costumbre, el para mí. Todo es aparición. Pero existimos alejados de lo verdadero —de cuanto tiene (el) lugar. Como bestias que buscan el ajuste, el éxito reproductivo, la madriguera.
fundar
diciembre 22, 2025 § Deja un comentario
El fundamento va hacia el fondo. Hasta desaparecer. No es anterior al mundo, sino que lo funda en su sumergirse. El plano deviene relieve por el hundirse del fundamento. El fundamento: la desaparición de lo que aparece en el ahora.
El presente —el Sí— está marcado por la negatividad. De hecho —como vio Hegel—, el Sí es el efecto de una doble negación. Al fin y al cabo, el sacrificio de Dios —su kenosis— es el verdadero arjé. ¿El precio? El anhelo del Padre.
Sin embargo, el cristianismo —no tanto, la cristiandad— nunca se andó con medias tintas: no encontrarás al Padre, sino en el Hijo. Pues Dios no quiso ser Dios sin aquellos que lo encarnan. Es un decir.
Yavhé y Baal
diciembre 21, 2025 § Deja un comentario
¿Es posible que el Yavhé de Job sea un trasunto de Baal —por su indiferencia y aparente falta de piedad? ¿Acaso el que siempre niega no estaba junto a Yavhé desde el comienzo del relato? Ciertamente, da esta impresión. Pero, a diferencia de Yavhé, Baal admite sacrificios. Demasiado cercano como para revelarse como la verdad de Dios. Según Israel, la trascendencia de Dios es extrema. Y de ahí que no sea posible negociar. Dios es el que es. Con respecto a Dios no hay descripción que valga. Ni siquiera por comparación. Y, por eso mismo, no cabe ningún trato. Punto y aparte. ¿Un dios de nuestra parte? Quizá. Pero aún quedaría lejos de Dios.
Job, ciertamente, supo que significaba hallarse ante Dios. Baal —como el estallido del volcán, la devastación que provoca el tornado…— inspira miedo. El silencio de Yavhé, el que cubre por igual la alegría de tus hijos como su gaseamiento, temor y temblor. No es lo mismo. Aun cuando lo parezca. Y porque lo parece la religión siempre estuvo próxima al acto de fe.
lectio
diciembre 20, 2025 § Deja un comentario
Este es un fragmento de un poema que escribió el joven Hegel a su amigo Hölderlin:
Por eso tú no vivías en sus labios.
Su vida te honraba. Y todavía en sus actos vives. ¡También esta noche, sagrada divinidad, te he entendido, a menudo te revela a mí la vida de tus hijos, y como alma de sus actos yo te presento!
Tú eres el acto sensato, la fe sincera que, divina, aunque todo se derrumbe, no vacila.
¿Cómo leerlo? Esto es, ¿cómo no limitarse a deletrear? También podríamos preguntarnos cómo leer, por ejemplo, a Homero o a Dante. Su mundo hace tiempo que dejó de ser el nuestro. Y esto significa que las palabras de ese otro mundo están lejos de conmovernos espontáneamente. Leer con notas al pie no basta. Pues no se trata solo de situar el texto en el contexto.
Al fin y al cabo, esta es la cuestión que Platón pone encima de la mesa con su Fedro, la de la relación entre escritura y oralidad. Y es que, para cualquiera que esté un poco rodado con esto de la lectura de los clásicos, resultará evidente —o casi— que la actitud debe ser la de quien escucha, la actitud del discípulo. Al menos, porque la pregunta que preside la lectura seria no es la del crítico, sino la de quien se dirige al autor diciendo qué has visto tú que nostros aún no hemos visto, lo cual no excluye la crítica. Pero esta es siempre posterior y abierta al diálogo. De lo contrario, corremos el riesgo de presentarnos como perfectos imbéciles. Un autor es alguien que ya ha vuelto. Y, por eso mismo, el punto de partida es elrespeto. Y quien dice respeto, dice mantener la distancia. Quizá no sea casual que autor, literalmente, signifique el que (nos) autoriza. Y quizá también sea cierto que no sea posible comprender a un autor donde ya no sabemos qué hacer con la figura del padre. Un autor nos juzga. Por consiguiente, quien, de modo arrogante, se atreve a decir que Shakespeare es basura no está hablando de Shakespeare, sino de sí mismo, de su inferioridad.
Creo, por tanto, que no es posible leer a los clásicos sin recuperar la oralidad que hay detrás —sin imaginar que estamos en medio de la escena escuchando que nos están diciendo lo que en estos momentos no podemos más que leer. Algo perdimos cuando, hacia finales del imperio romano, se dejó de leer en voz alta —se dejó de escuchar lo escrito.
Estos versos de Hegel son una buena ocasión para poner a prueba lo anterior… aun cuando no me atrevería a decir que, como poeta, habite en el Parnaso. Como es sabido, el romanticismo alemán posee una impronta religiosa. Y no porque sus poetas crean, sino porque, a diferencia de los ilustrados, lamentan que ya no sea posible creer. El romanticismo alemán —y con este, el idealismo— fue una toma de conciencia de lo que dejamos atrás con la mayoría de edad. Así, podemos imaginar que estamos con el joven Hegel en una taberna de Tubinga, y que, tras levantarse y con una ligera ebriedad, se dirige a Hölderlin para espetarle, no sin ironía: Tú eres el acto sensato, la fe sincera que, divina, aunque todo se derrumbe, no vacila.
Y digo con ironía, no porque Hegel no crea en lo que dice, sino porque, precisamente, lo cree… sabiendo que ya no es posible seguir creyéndolo. O, cuando menos, creerlo como antes.
la distracción
diciembre 19, 2025 § Deja un comentario
Uno de los efectos laterales de la muerte de Dios es habernos quedado sin un lenguaje para, cuando menos, expresar la oquedad abisal de la existencia. Así, el individuo moderno fácilmente creerá que es profundo donde simplemente experimenta la confusión, el aún no saber qué hacer consigo mismo, la indecisión, la colisión de deseos incompatibles. Ciertamente, aquí hay más profundidad que en una existencia ocupada a tiempo completo en las ofertas del super. Pero los meandros de la subjetividad no dejan de resultar ridículos ante la posibilidad de que prevalezca el No. Ningún temor o temblor ante la posibilidad de la aniquilación —del exceso más extremo, el que supone el vaciamiento de Dios. Pues la muerte de Dios es un infantilismo donde se contrapone a su negación de sí.
perfectio (1)
diciembre 18, 2025 § Deja un comentario
El haber, en cuanto tal, no es (nada) sin el haber de las cosas. Sucede aquí algo parecido a lo que podemos decir con respecto a la relación entre la conciencia de sí —el yo— y el cuerpo con el que se identifica: que el yo es no siendo aún nadie sin el cuerpo; ahora bien, si el cuerpo es de alguien es porque hay un yo ahí. La identificación con el propio cuerpo tiene lugar a través de la negación de sí que expresa la voluntad del yo de llegar a ser reconocido: yo no soy nadie… y quiero ser alguien. Sin embargo, no hay que entender lo anterior como si el yo precediese al cuerpo en el tiempo. De hecho, se trata de un círculo —mejor dicho, de una cinta de Moebius— , el que traza el desarrollo de la subjetividad… y que podemos cortar por donde nos plazca… cuandoque nos preguntemos por una explicación —una historia—, la cual siempre será relativa al corte. De ahí que quepan diferentes historias. Una cinta de Moebius no se explica: se constata. O mejor dicho: cualquier explicación es irrelevante. Pues no da cuenta de la realidad a la que apunta. No hay génesis si no es en relación con la nada.
Paralelamente, si hay el haber de las cosas es porque hay el haber… aun cuando el haber en cuanto tal no sea nada en concreto, sino su negación de sí —una negación inherente a que la nada no sea—, la que constituye el mundo. La nada no es nada… ni puede serlo. Por tanto, debe ser su contrario, el mundo. Que la nada no sea nada —ni pueda serlo— es el Bien. Por defecto, lo real se realiza. Nada es real que no se realice. Es decir, la nada es real en tanto que se realiza. Pero —y en ello reside la clave de este asunto— se realiza en su negación de sí y, por eso mismo, como mundo.
Con todo, la negación de si de la nada se conserva en su realización como mundo —y porque el mundo es su realización. Todo es de nada. O dicho de otro modo: que nada termine de ser obedece a que la nada termina de ser —se realiza— como la totalidad de lo que hay. Se trata, obviamente, del tiempo. Todo se encuentra sometido al tiempo porque el todo es la realización de la nada. En definitiva, ser y nada —luz y oscuridad, bien y mal, vida y muerte— son dos caras de lo mismo. Pues tiempo significa que lo que hay es en la dirección de su contrario.
el pueblo elegido
diciembre 17, 2025 § Deja un comentario
De la monolatría —un dios de nuestra parte— al monoteísmo —un Dios presente como el ausente o por venir— a través de un duro exilio. La elección de Israel ya no significará un favoritismo, sino la responsabilidad del testimonio.
La seriedad —el sentir de lo verdadero— comienza donde los mapas mentales —las perspectivas— saltan a pedazos.
Frankenstein vs Elohim
diciembre 16, 2025 § Deja un comentario
La posibilidad de que los humanos creen un ente de inteligencia inconmensurablemente superior —el hecho de que procedemos de bacterias que, como tales, no dejan de ser idiotas— ¿acaso no abre la posibilidad de que el creador sea, en realidad, inferior a su criatura? La pregunta es, en el fondo, retórica.
Ahora bien, en ese caso, el creador no sería DIos. Pues Dios, por defecto, nos excede por entero. Y no me refiero a que sus rasgos sean algo así como más de lo mismo —la diferencia con lo divino no es la de lo gigantesco. Pues, de ser así, ese dios aún no sería Dios, sino un ente supremo. Me refiero a que el exceso de Dios es el del nadie aún. Y aquí ya no hay proporción.
Marta y María y el mazapán de El Corte Inglés
diciembre 15, 2025 § Deja un comentario
El padre, moribundo, pide un mazapán. La hija menor le ofrece uno del club del gourmet, el mejor. Carísimo. La mayor se lo recrimina: si no se dará ni cuenta y lo agradecerá igual; y sabes que no vamos muy bien de dinero. Pues eso. Marta y María.
meditaciones cartesianas 23
diciembre 14, 2025 § Deja un comentario
¿En qué consiste el giro del pensamiento moderno, el que inicia René Descartes, con permiso de la alta escolástica? Lo que suele decirse es que la primera cuestión, la que da pie a la reflexión radical, ya no será en qué consiste que algo sea, sino cómo podemos asegurar la verdad de lo que decimos. O en otra clave, la actitud de la sospecha precederá a la del asombro. Es como si el cirujano, antes de ponerse a operar, quisiera ver hasta qué punto los bisturíes están lo suficientemente afilados. Traducción: hasta qué punto los medios con los que contamos para llegar a la verdad —los criterios, a saber, la sensibilidad y la razón— son lo suficientemente fiables. Y lo serán si son capaces de garantizar que nuestras afirmaciones sobre cuanto nos rodea no admiten ningún género de duda. Esto es, si pueden proporcionar certezas. Como sabemos, la pregunta por la fiabilidad de los criterios de verdad es la pregunta escéptica por excelencia —y también, como sabemos, la tesis escéptica es que no hay modo de garantizar dicha fiabilidad, esto es, que en modo alguno cabe rebasar el horizonte de la creencia, la suposición, la opinión… aun cuando, por lo común e ingenuamente, las demos por ciertas, es decir, las aceptemoscomo si lo fueran. El giro de Descartes será la respuesta al desafío escéptico. Ahora bien ¿cuáles son las implicaciones de dicho giro?
De entrada, quien se pregunta por la fiabilidad de los criterios de verdad no se enfrenta en primer lugar al acontecimiento, al hecho de que haya algo en vez de nada, sino a sus representaciones mentales acerca de lo que hay. Esto es, no se expone al hecho de que haya, pongamos por caso, un árbol ahí, sino a su idea —o si se prefiere, su afirmación— de que hay un árbol ahí. Así, no estaríamos en contacto directo con el mundo, sino con nuestras representaciones mentales del mismo. Con ello, la noción de verdad ya no se entenderá, en primer lugar, como equivalente al acontecimiento —a la presencia o presente de lo real—, sino como correspondencia entre nuestras representaciones mentales de los hechos y, precisamente, los hechos. De ahí que la cuestión sobre la fiabilidad de los criterios de verdad se entienda como primera cuestión.
Ahora bien, el paso no es inocente. De hecho, es algo así como un truco. La pretensión de Descartes a la hora de abordar la pregunta por la posibilidad de alcanzar lacerteza —el saber— es la de partir de cero, esto es, la de no dar nada por supuesto. Sin embargo, en el momento en que el punto de partida no será el que haya algo ahí, sino nuestras representaciones de algo ahí, el resultado no podrá ser otro que el de la primacía del cogito. Es decir, admitir la posibilidad de que las representaciones mentales no den en el clavo —al fin y al cabo, admitir la posibilidad de que dichas representaciones estén solo en nuestra mente— presupone implíctamente lo que, en el contexto de las Meditaciones, se expondrá como el resultado del ejercicio metódico de la duda. En definitiva, podríamos decir que este ejercicio concluye lo que presupone… lo cual cae en la circularidad tautológica. Y si esto es así —que lo es—, entonces dicho ejercicio no deja de ser un espléndido ejercicio de retórica. Aunque se vista con los oropeles de la demostración rigurosa.
La retórica, sin embargo, continúa. Pues Descartes se verá obligado a admitir que la conciencia de sí no es posible sin una referencia a la exterioridad, al puro y simple ahí. Efectivamente, la finitud del cogito, el que Descartes solo pueda estar seguro de su existencia mientras piensa, exige como su envés el más allá de la conciencia, el afuera o puro ahí. Pues, por defecto, si hay límite, hay un más allá del límite, aun cuando no podamos decir en qué consiste —aun cuando no podamos decir que sea un mundo. El puro ahí no puede darse, por tanto, como el objeto de una representación que quepa poner en cuestión. Es, por el contrario, el punto de partida del pensamiento… lo que Descartes, de facto, rechaza. La conciencia es, inevitablemente, conciencia de algo. Y por eso mismo, ese algo es el índice de una exterioridad que no cable poner contra las cuerdas como tal. Es verdad que Descartes nunca pone en cuestión que haya el ahí. Pero también lo es que muestra su necesidad… en relación con el cogito. Según Descartes, el puro ahí —el afuera, aún sin mundo— será primero en el orden ontológico —en el orden de lo real—, pero no en el epistemológico —en el orden del conocimiento. Y este acaso fuese el paso más decisivo. Pues, por el camino, el puro ahí perderá su carácter absoluto o ab-suelto. Es decir, originario.
¿Qué le hubiera dicho Platón a Descartes? “Haber comenzado por (el) ahí”. Pues, aun cuando nuestras ideas sobre el mundo —sobre las cosas que hay— pudieran revelarse como un completo error, la división entre el ahí aún sin forma —la pura exteriordad— y su hacerse presente en perspectiva seguiría siendo fundamental, esto es, anterior. Y por eso mismo, es lo que hay que pensar antes que nada. De hecho, de hacerlo, va a ser la misma perspectiva —la apariencia—, incluso siendo adecuada, la que se revelará como ilusión. Así, una vez Descartes, a través de la idea de Dios, llega a la conclusión de que hay lo ilimitado de un ahí debería haber vuelto a Platón. El truco consiste, precisamente, en no haberlo hecho. Es lo que tiene convertir las apariencias en representaciones mentales —en entenderlas en primer lugar como contenidos de la conciencia, antes que como un hacerse presente de lo real-absoluto.
Y de ahí a la muerte de Dios media un paso. A pesar de las demostraciones con las que Descartes intentó garantizar su existencia. Pues que esta tenga demostrarse ante el tribunal de la razón ya sugiere, cuando menos, que lo demostrado no será, en realidad, Dios.
el ethos griego
diciembre 13, 2025 § Deja un comentario
Al fin y al cabo, los griegos fueron muy simples a la hora de hablar sobre la mejor manera de vivir: que no te pueda lo que no importa. Pero para eso hace falta, sobre todo, lucidez. Y en eso, los griegos la clavaron. También la clavó Israel. Pues, a diferencia del cristianismo, el cual exalta al carbonero, para un judío no es posible la santidad sin sabiduría, la cual no habita, a pesar de los rumores, una torre de marfil.
el verso y la glosa
diciembre 12, 2025 § Deja un comentario
Hay un verso de Hölderlin que dice, más o menos, así: Perdónanos, Platón: te hemos traicionado. Así, leído como quien no quiere la cosa, no diríamos que estemos ante un gran verso. No hay giros, sorpresas semánticas, metáforas afortunadas. Es demasiado simple… hasta el punto de parecernos una boutade, una ocurrencia. Sin embargo, la profundidad de este verso resulta estremecedora… pàra quien sepa que pensó el que tuvo las espaldas anchas. Pues basta con imaginar que alguien nos dijera, precisamente, esto: hemos traicionado a Platón. Y nos lo dijera con esa sencilla gravedad que confiere a las palabras el peso de lo verdadero. El efecto emocional sería parecido al que experimentaría un creyente judío que cayera en la cuenta de que es posible que, sus antepasados, hubiesen crucificado realmente al Mesías, y no únicamente a un impostor.
Quizá fuese por este motivo que Platón desconfiase de la escritura. Pues, probablemente, la verdad —mejor dicho, nuestro compromiso con ella— necesita de una voz. Dar la palabra por escrito es darla sobre un papel. Y los papeles, tarde o temprano, terminan cogiendo humedad. Aunque también fue consciente de que, para conservar la voz de Sócrates y tras la desaparición de los rapsodas, era necesario glosarla a través de, precisamente, la escritura.
El posible que, cerca del final, topemos con lo verdadero, a pesar de su carácter paradójico o extraño. Pero también lo más probable es que nadie lo entienda. Y no porque sea complicado o difícil de entender, sino porque lo obvio es, por defecto, lo obviado.
Hume y la compasión
diciembre 11, 2025 § Deja un comentario
La cuestión es si la mirada del otro simplemente nos conmueve o, también, interpela. Realmente. Ahora bien, si fuese esto último, entonces debemos responder —y no tan solo reaccionar emocionalmente. La cuestión es por qué debemos. —por qué, en definitiva, esa mirada nos juzga.
Israel lo tuvo claro desde el principio —o casi: la aparición y el deber de preservarla de la profanación —al fin y al cabo, de nuestra impiedad o indiferencia— son las dos caras de una misma moneda. Aquí, no hay simetría que valga. Y lo que esto significa es que el punto de partida —aquello que, por defecto, se asume existencialmente como indiscutible— no es la autonomía, sino una extrema heteronomía.
Esto es lo que, al fin y al cabo, quiso decirnos Emmanuel Levinas. Y con ello no se limitó a exponer una opinión —un me parece que es así. Más bien, un es así… aun cuando no nos lo parezca. De ahí que, tarde o temprano, tengamos que pelearnos con la metafísica —con la necesidad de alcanzar una cierta lucidez.
la autoridad de la escritura
diciembre 10, 2025 § Deja un comentario
Hay en la escritura profana un resto de escritura sagrada. Y no —o no solo, al menos, en la literatura premoderna— por los temas. La palabra escrita arrastra el carácter incuestionable de lo pronunciado. Y queda como si fuese una sentencia dictada por un juez: queda dicho. Al fin y al cabo, sentencia, pronunciamiento, juicio… son términos que proceden —o asume— el ámbito judicial, siendo, además, intercambiables. El verbo ser —y su sustantivación— contribuye, y decisivamente, al efecto. Pues quien dice es dice permanecer. Incluso cuando sostiene que nada permanece. Pues, en ese caso caso„ lo que permanece es que todo lo sólido se desvanece en el aire.
De ahí que a la hora de leer no estaría de más imaginar que el autor no deja de ser un cualquiera, aunque con una particular habilidad, alguien que no termina de saber de lo que habla. Ahora bien, de hacerlo, tampoco caeríamos en la secularización. De hecho, todo lo contrario.
nihilismo profético
diciembre 9, 2025 § Deja un comentario
Es posible que aún estemos un tanto lejos —y quizá tenga que ser así— de comprender la crítica profética al falso dios. Por lo común, suele decírsenos que los ídolos nos entregan a la codicia, el narcisismo, a la bestia que llevamos dentro. De acuerdo. Pero no deberíamos olvidar que, por defecto, todo dios es terrible. Incluso Yavhé. De ahí que Baal no sea solo un dios maligno. Es, sencillamente, un dios. Y, por ello, exige sacrificios. A más poder, más sacrificios.
La revolución del profetismo consistió, según mi parecer, en desplazar la divinidad al territorio de lo inaccesible —Yavhé es el Altísimo—, hasta el punto de convertir la Creación en su única huella. Es como si los profetas nos hubiesen liberado de la religión… para, en su lugar, hacernos responsables de la presencia de Dios. Excesivo, sin duda, para quienes prefieren contar con un dios de su parte.
una más
diciembre 7, 2025 § Deja un comentario
No puedo evitar la impresión de que la fe de muchos creyentes reposa, principalmente, en el gusto. Esto es, en el me siento bien creyendo en que hay un Dios que se preocupa por mí y en Jesús como hombre de Dios. Bueno, es lo normal. Nadie se pregunta por la verdad de su suposición. Ahora bien, el problema de escamotear la pregunta por la verdad es que entonces la creencia se encuentra exclusivamente al servicio de uno mismo, de su necesidad de sentido.
Con todo, la cruz, antes que cualquier argumento, constituye la prueba del nueve, la que hace posible el tránsito de la creencia a la fe. De hecho, este es el camino que recorrió el enviado —y que debe recorrer de nuevo el creyente.
Israel y el nihilismo
diciembre 6, 2025 § Deja un comentario
Decíamos: nihilismo significa que, desde la óptica de un tiempo sin final, da igual una operación de exterminio que la sonrisa inocente de un niño. Otro asunto, obviamente, es que no nos lo parezca. Pero que no nos lo parezca no significa, y con igual obviedad, que no sea así. El movimiento de las galaxias seguiría imperturbable etsi homo non daretur.
Ahora bien, probablemente Jerusalén fue más lúcida que Atenas con respecto a este asunto. Pues Israel intuyó lo siguiente: que la vida nos ha sido dada desde el horizonte de la nada, del retroceso de Dios; y que, por esos mismo, debemos preservar la vida en nombre de Dios, esto es, en su lugar. Israel no se atreve a proponer un sentido que dote de sentido al cumplimiento del deber. Israel no dice: hay que cumplir la Ley porque solo de este modo alcanzaremos la dicha moral, sino hay que obedecer por obedecer…. y luego ya entenderemos. Pues vida y obediencia son las dos caras de una misma moneda. Kant fue, en el fondo„ un converso.
Por tanto, que el nihilista sostenga que la existencia carece de sentido —que no hay meta— apenas importa. Simplemente, porque el tema no es que la vida tenga o no sentido, sino qué hacer una vez caemos en la cuenta del acontecimiento. El resto no se decide desde nuestro lado. Si es que se decide..
compasión y justicia
diciembre 5, 2025 § 4 comentarios
El homeless que te agrede… porque no le das el cigarrillo que te pide no provoca tu compasión. Más bien, lo contrario: el rechazo, por no decir la violencia sanitaria. Y sin embargo, su provocación es su acusación. Él merece justicia. Aun cuando no merezca nuestra lástima. Y la justicia es política.
Otro asunto es la disposición cristiana a ponerse a su servicio. Ahora bien, lo más probable es que suceda lo que le sucedió a Pere Claver: que el esclavo que redimió terminó tratándole como a un perro: mendrugos de pan, las sobras, para el jesuita, .
Pues bien, ¿qué significa nihilismo? Ninguna victoria para Pere Claver. Desde la óptica de una eternidad sin juicio, hubiera dado igual que se hubiera dedicado al tráfico de esclavos.
el haber y el yo
diciembre 4, 2025 § Deja un comentario
¿Puede haber el haber sin un yo que dé testimonio? ¿Puede haber oscuridad y silencio absolutos donde no hay quien los sufra? También el obispo dijo aquello de esse est percipi. El haber absoluto —el puro haber— es lo que tuvo que retroceder para que hubiera el haber de las cosas —para que hubiesen los mundos. De acuerdo. Pero es que incluso la posibilidad de un haber sin sujeto —la posibilidad de la aniquilación— es para alguien
De ahí al idealismo de Fichte media un paso: lo absoluto es el Yo. Ahora bien, se trata de un absoluto que no tendrá más remedio que admitir que lo absoluto o, literalmente, absuelto esta fuera de sí. Pues no hay Yo sin la nada que lo niega. En este sentido, Hegel quizá fuese más perspicaz… al entender la nada del en sí como, precisamente, sujeto. Y lo que esto significa es que no hay (la) nada sin nada.
2001: Odissey
diciembre 3, 2025 § Deja un comentario
El final es irracional… para nosotros. Pero porque es, precisamente, para nosotros tiene que amagar una racionalidad —una explicación. De ahí que la busquemos. El libro de Arthur C. Clarke Clark en el que se basa la película la da. Pero imaginémonos que no fuéramos capaces de dar con ella. En ese caso, eso seguiría siendo un ahí hay, aun cuando no fuese un mundo.
Es posible que permanezcamos en la ingenuidad donde pretendemos seguir dando cuenta de nuestro lugar en el cosmos buscando un mapa mental, un modelo, una consistencia. Pues todo comienza una vez topamos con la inconsistencia, el absurdo, en no ha lugar —la utopía, la cual antes que un ideal es un imposible. Es entonces que surge la pregunta: y ahora qué hacemos. Aquí caben dos respuestas: o fraternidad o darwinismo. Y todo frente a la indiferencia del dios.
Luego dirán que la vida no se inscribe en un combate cósmico entre la bondad y los poderes del horror. AUn cuando es cierto que hoy en día no nos lo parece.
si existe Dios…
diciembre 2, 2025 § 4 comentarios
Leo: tras la muerte, no estaremos solos. Dios nos acogerá Quizá sea un consuelo. O al menos, para muchos lo es. Pero ¿qué significa?
Imagenimos que, efectivamente, fuera así. ¿Seguiríamos viviendo, aunque abrazados? ¿Eternamente? ¿Podríamos soportarlo? Más aún: ¿qué vida puede haber sin cuerpo? ¿Acaso será otro tipo de corporalidad? Pablo estuvo convencido de ello. Ciertamente, el cómo no parece importar a quien necesita decirse que la muerte no es un final. Basta con creer que continuaremos con vida —y , de ser posible, sin sufrimiento. No obstante, esto último solo tiene que ver con nosotros, con nuestra necesidad. No, con la verdad.
Mussfeld
diciembre 1, 2025 § Deja un comentario
En la película La zona gris, hay una escena en la que Erich Mussfeld se encara con la niña que sobrevivió a las cámaras de gas y que los sondekommando intentaban salvar aun a costa de poner en riesgo la rebelión, diciéndole lo que podía haber dicho perfectamente un Hume: te mirarón a los ojos y se sintieron inclinados a protegerte. No hay más que el movimiento de las bolas de billar. Toda acción es reacción.
Sin embargo, esta es la cuestión: si hay o no hay más. Pues es indiscutible que hay reacción. Ahora bien, que haya algo más no depende de lo que nos parezca. Esto es, de la perspectiva o el mapa mental. Pues hay algo más porque todo es aparición desde el horizonte de la nada que, en su negación de sí —una negación que le es inherente—, dio origen al mundo. Y quien comprende esto último comprende que ser y bien es lo mismo. Pues que la nada sea no siendo nada —que Dios en sí mismo sea la kenosis de Dios— encuentra su envés en el mandato de preservar la vida frente a la impiedad.
Tan solo modernamente nos atrevimos a separar el bien de su raíz ontológica. Y es posible que este sea, precisamente, el principal error de la Modernidad.
contrafuertes
noviembre 30, 2025 § Deja un comentario
Si todo es aparición, entonces el sufrimiento indecente de la criatura es insoporrtable. Sin embargo, podemos soportarlo. Y no solo. También soportamos ocasionarlo. Aunque sea pasando de largo.
Digo: es insoportable. Ahora bien, para nosotros —y porque caímos en el mundo— un debe ser insoportable. Al fin y al cabo, el cuerpo es la cárcel del alma.
elegidos
noviembre 29, 2025 § Deja un comentario
La noción de elección divina ha jugado un papel, me atrevería a decir que constituyente, en la formación del sujeto occidental, el cual tiene dos vectores: el que apunta al sacerdote y el que apunta al übermensch nietzscheano. El punto de partida, como es sabido, fue la autocomprensión de Israel como pueblo elegido. Aquí Israel dio una vuelta de tuerca con respecto a la monolatría inicial: no es solo que Israel tuviera un dios de su parte, sino que, como pueblo, había también sido elegido para dar testimonio a la humanidad del Dios verdadero, lo que no coincide exactamente con un dar cuenta de la verdad de Dios —de hecho, este será el paso que dará Atenas. Esta vuelta de tuerca afecta, es evidente, a la experiencia misma de la divinidad. Al menos porque Dios deja de percibirse como simplemente lo gigantesco. Abraham, el primer creyente, responde a una llamada —y, a partir de ese momento, creer será responder a la invocación de Dios. Y todo responder carga con una responsabilidad.
El profetismo supuso igualmente un paso al frente en esta dirección. Y es que el profeta no es alguien capaz de conectar con la otra dimensión, sino el llamado. El chaman no tiene vocación de chaman. Pero fue en los tiempos de Ezequiel en donde la elección recayó oficialmente en el individuo. La salvación comienza a comprenderse como un asunto judicial: los fieles serán absueltos, mientrras que los impíos, condenados. Paralelamente, desde el horizonte apocalíptico en el que se inscribe el cristianismo, la llamada va adherida a la proclamación: id y anunciad fue el mandato sin el cual la resurrección, de haberla habido, no habría sido más que un fenómeno paranormal.
¿Por qué entonces esto de los dos vectores? ¿Quizá porque la raíz es la misma? Tan solo hizo falta que la palabra Dios perdiera su relevancia social como para que el hombre ocupase el lugar de Dios. El sujeto moderno ya no se comprende a sí mismo como jugando un papel en la historia de la salvación, un relato de trazo cósmico, sino como el que debe transformar el mundo por su cuenta y riesgo, un deber que no responde a ninguna llamada de lo alto, sino únicamente al impulso. Conatus essendi. Como si la llamada procediera de lo más profundo de la psique. Como si la invocación solo pudiera entenderse únicamente como inquietud.
Sin embargo, aquí la sospecha podría ejercerse contra sus maestros. Pues quién se cree el héroe de la transformación ¿acaso no es el títere de una anónima voluntad de poder cuyo principio es el de si es posible, debe realizarse, sean cuales sean las consecuencias? ¿Acaso no es este el principio mismo de la voracidad capitalista?
no epic
noviembre 28, 2025 § Deja un comentario
Qué ya no podamos comprendernos desde la épica —que el individuo moderno solo pueda alcanzar una comprensión de su lugar en el mundo desde las imágenes del éxito social— supone que cualquier intento de espiritualizar la existencia, esto es, de responder a la pregunta acerca de quiénes somos desde la óptica del formar parte, esté condenado a mirar hacia Oriente… lo que supone, ciertamente, un dejar atrás la tradición juedocristiana que dio pie a Occidente. Y es que no es lo mismo comprenderse como quien forma parte de un combate cósmico entre las fuerzas del Bien y las del Mal que como aquellos que se hallan inmersos en aguas que nos cubren por entero. Sencillamente, el subjectum no es el mismo. Y me atrevería a decir que el cristianismo difícilmente sobrevivirá, al menos como tal, donde ceda al tsunami oriental, quedando reducido a una piedad de los buenos sentimientos con la excusa del crucificado.
Otro asunto es si aún es posible evitar esta reducción.
símbolo y concepto
noviembre 27, 2025 § Deja un comentario
Con el tiempo, el símbolo se vuelve concepto. De Isaías a Benjamin. Así, la esperanza en la irrupción de un mesías terminó siendo la idea mesiánica. Dios, la idea de Dios. El mundo de las ideas es un baúl de objetos perdidos. Y fue esta convicción la que impidió que Israel desarrollara una metafísica. Pues, desde la experiencia de la pérdida, la pregunta no es qué es lo subyacente, sino si acaso habrá un regreso. De ahí que la inquietud judía no apunte tanto al des-cubrimiento como a la imposible aparición de los muertos.
la falsedad
noviembre 26, 2025 § 1 comentario
Dijo Adorno: todo lo empírico es falso. Pero ya lo dijo, también, Platón —y qué no dijo. Y si esto es así —que lo es—, entonces ¿cómo es que aún vivimos como si lo habitual fuese la norma —como es seguimos siendo los reos de las apariencias? Qué difícil incorporar, caer en la cuenta, temblar de vértigo… Será que hay verdad, pero no para nosotros. Para nosotros, el atisbo.
Horkheimer a propósito de Tillich
noviembre 25, 2025 § Deja un comentario
Creo que no existe una filosofía con la que pudiera estar de acuerdo sin que contenga en sí también un momento teológico, pues de lo que en definitiva se trata es de reconocer en qué medida el mundo en que vivimos debe ser interpretado como relativo.
Max Horkheimer
la religión y lo sagrado
noviembre 24, 2025 § 1 comentario
Es posible que retorne la religión. De hecho, ya está regresando. Lo que no volverá será lo sagrado. Para ello, haría falta que aún conservásemos unas dosis de temor y temblor.
Heidegger y la muerte
noviembre 23, 2025 § Deja un comentario
Para Heidegger, si no lo he entendido mal, encarar la muerte es encarar el nada más, un hasta aquí. Y ante la muerte sobran los como si —sobra decir, por ejemplo, “como si el ángel viniera a buscarme”. La muerte sería lo más real, en tanto que inalterable.
Sin embargo, en el hasta aquí ¿no hay también unas dosis de para mí — de como si? Como si fuera un hasta aquí. Pues, podría darse el caso, que la muerte fuese una frontera. Ahora bien, comprender a Heidegger significa caer en la cuenta de que, incluso en el más allá, existir continuaría siendo un enfrentarse a la posibilidad de la nada. La muerte es, al fin y al cabo, una metáfora de este enfrentarse. Al menos, porque la nada permanece agazapada en la negación de sí que le es inherente, en definitiva, en todo cuanto pasa. De hecho, si en el más allá no nos enfrentásemos a esta paradójica posibilidad, entonces eso ya no tendría que ver con nosotros, sino con la cosa en la que nos habríamos convertido.
cristo-lógicas (3)
noviembre 22, 2025 § Deja un comentario
Quien busca la fuente de la vida, precisamente, en una fuente ¿no es, por eso mismo, un idiotés? Literalmente, alguien que ve —y piensa— con el ombligo. Como el que va hurgando entre los desperdicios con la intención de encontrar algo con lo que saciar su hambre. Muy distinto es el del ánimo del que anhela un con quien. Comenzando por el de Dios. Pues ¿acaso no se nos dijo que Dios, en verdad, renunció a su forma divina con la voluntad de encontrarse con el otro de sí mismo, en definitiva, con alguien? ¿Es no fue este su acto más creador? El asunto trasciende la inclinación a la compañía. ¿La razón? El con quién significa con quien quiero ser. Y esto equivale a preguntarse qué quiere de mí aquél con quiero ser. Pues aún no serás nadie mientras no respondas a su demanda.
cristo-lógicas (2)
noviembre 21, 2025 § Deja un comentario
Si Dios es algo, entonces es irrelevante como Dios. ¿La salvación? Acertar con la fuente de la vida. Como quien acierta con el enchufe. Sabiduría, en cualquier caso. Pero seguiremos estando solos. En el fondo, el espíritu religioso es el del niño abandonado que busca a su madre —que busca la relación, el vínculo, la religación. El algo no se interesa por nadie. La matriz —el océano— aún está lejos de ser mamá. Más: el debe —el error— no puede imputársenos por entero. Pues el conflicto es demasiado característico como para reposar sin mala conciencia. ¿Quién podría admitir una paz eterna sin tener la sensación de hallarse en un mundo virtual? Además, Dios, como alguien, ¿no permanecería extrañado de sí mismo o, como decíamos, más allá de su divinidad? Ciertamente. Y en ese caso, ¿no querría ser, precisamente, otro? Pero el otro de Dios ¿no es, acaso, el sin Dios?
cristo-lógicas (1)
noviembre 20, 2025 § Deja un comentario
Si Dios fuese alguien —si fuese una especie de ente espectral tamaño big size—, entonces en sí mismo estaría más allá de sí mismo, esto es, de su divinidad. Es lo que tiene la estructura de la subjetividad: un continuo diferir de los rasgos con los que uno se identifica. Ahora bien, lo que esto significa es que en sí mismo no es nadie. O, también, que ese más allá de su divinidad es, precisamente, el cuerpo de un abandonado de Dios —de un sin Dios.
Más aún: Dios es más que divino —Dios se realiza como hombre de Dios— porque el abandonado de Dios se abandonó a Dios. Y por eso, Dios es.
Levinas y la muerte
noviembre 19, 2025 § 1 comentario
Dice Levinas: La muerte me amenaza desde el más allá. Este desconocido que asusta, el silencio de los infinitos espacios que aterrorizan, viene del otro, y esta alteridad, precisamente como absoluta, me golpea en un diseño malvado o en un juicio de justicia. (…) Este enfoque de la muerte indica que estamos en relación con algo que es absolutamente diferente, algo que lleva la alteridad no como una determinación provisional que podemos asimilar a través del disfrute, sino como algo cuya propia existencia está hecha de alteridad. Por lo tanto, mi soledad no se confirma con la muerte, sino que se rompe con ella.
Aquí, me atrevería a decir, sobra el algo. Pues sugiere entidad. Y lo Otro, por defecto, es lo que quedó absuelto de la existencia. De ahí su carácter, precisamente, absoluto. Ciertamente, tras morir, podemos encontrarnos con algo . Pero, en ese caso, lo Otro habría dado, de nuevo, un paso atrás. La alteridad, en cuanto tal, no habita ningún mundo. Ni siquiera el sobrenatural. Pues lo sobrenatural sigue siendo todavía demasiado natural, aun cuando inicialmente nos sorprenda, como para que podamos hablar de una genuina trascendencia. Si lo Otro es diferente no es porque tenga rasgos extraños, sino porque carece de rasgos… al diferir eternamente de lo particular. Es lo siempre pendiente en nuestro trato con el mundo. Aunque hay mundo… porque lo Otro retrocedió a un pasado inmemorial. Como dijera Hegel en su momento, nada más real que lo abstracto. Y aquí hay que tener en cuenta que lo abstracto, en este caso, no es el resultado de nuestra abstracción.
Sin embargo, Levinas también escribe lo siguiente: En el ser para la muerte del miedo no me enfrento a la nada, sino a lo que está en mi contra, como si el asesinato, en lugar de ser una de las ocasiones de morir, fueran inseparables de la esencia de la muerte, como si el acercamiento de la muerte siguiera siendo una de las modalidades de la relación con el Otro. La violencia de la muerte amenaza como una tiranía, como si procediera de una voluntad extranjera. El orden de necesidad que se lleva a cabo en la muerte no es como una ley implacable del determinismo que rige una totalidad, sino más bien como la alienación de mi voluntad por el Otro . (…)En la muerte somos capturados sin la posibilidad de tomar represalias contra nuestro atacante. Estamos expuestos a la violencia absoluta, al asesinato en la noche.
Más aún: no es solo que existan aventuras imposibles para el sujeto, que sus poderes sean de alguna manera finitos; la muerte no anuncia una realidad contra la que no se pueda hacer nada, contra la cual nuestro poder es insuficiente: las realidades que exceden nuestra fuerza ya surgen en el mundo de la luz. Lo importante de la aproximación de la muerte es que en cierto momento ya no podemos ser capaces. Es exactamente así como el sujeto pierde su dominio como sujeto .
Son textos extraordinarios. Mi única pregunta es si esto es así o si deviene así al decirlo. Y uno está tentado de decantarse por lo segundo. En realidad, no hay modo de determinar si es o no así, tal y como lo expresa Levinas. Pues la determinación ya implica un como o, mejor dicho, un como si: como si estuviéremos expuestos a una violencia absoluta, al asesinato en la noche. Levinas, de hecho, tampoco se ahorra el como si: como si procediera de una voluntad extranjera. Y probablemente fuese muy consciente de que no hay manera de ahorrárselo… si se trata de incorporar —literalmente, de hacer cuerpo de— nuestro hallarnos comprometidos con nuestra muerte. Es como si Levinas nos dijera: así vivo mi hallarme expuesto a la muerte. Ciertamente, entramos aquí en el terreno de lo imaginario… y, por eso mismo, de lo variable: como si hubiera un ángel de la muerte. A pesar de que el empleo del verbo ser insinúe que hemos golpeado el tuétano de lo real.
En este sentido, Heidegger fue más aséptico —más griego. Que vivamos arrojados a la muerte como si el ángel viniera a por mí no deja de ser un modo de hablar. Dar en el tuétano de lo real —de lo inmodificable— supone abandonar los modos de hablar, los que constituyen precisamente un mundo, el para mí, la perspectiva. Ante lo real no hay enfoque que valga. Y esto porque decir lo real es decir nada, esto es, enmudecer. Hallarse expuestos a la muerte es hallarse expuestos, precisamente, al enmudecimiento que pro-voca la nulidad —el nada más. Y aquí solo caben dos reacciones, llamésmolas actitudes: o serenidad, o desesperación.
No obstante, uno podría preguntarse si en Heidegger, el sujeto no estará aún demasiado centrado en sí mismo como para dar fe de lo real en cuanto absoluto. Es decir, si el descentramiento de sí que supone el encarar lo real no exigirá, paradójicamente, los como si .
Levinas crítico de Heidegger en una sola frase
noviembre 18, 2025 § Deja un comentario
Dasein en Heidegger nunca tiene hambre.
E. Levinas
tipología básica
noviembre 17, 2025 § Deja un comentario
En lo relativo a las relaciones humanas, hay dos tipos de mujeres como hay dos tipos de hombres. Quienes, de tan centrados en sí mismos, únicamente se interesan por cuanto puedan (re)tener, desde el éxito hasta una pareja; y aquellos que buscan a alguien —el encuentro, la intimidad, el desconcierto, la aparición. Si somos de los primeros, entonces no habrá más que satisfacción y resentimiento, no necesariamente a partes iguales. Si de los segundos, la vida se vuelve interesante, densa, incomprensible. Y probablemente, no nos podrá el dolor. También es verdad que las fronteras entre ambos tipos son borrosas. Pero también lo es que uno suele pesar más en cada uno de nosotros.
Ahora bien, de lo que se trata es de no equivocarse. Pues, de pertenecer al segundo tipo, que las cosas nos vayan bien, desgracia al margen, dependerá de que no la caguemos con la elección. Y es fácil cagarla. Al menos, porque los del primer tipo, al dedicarse en cuerpo y alma a sí mismos, suelen brillar más.
una breve
noviembre 16, 2025 § Deja un comentario
Quizá Nietzsche no cayó en la cuenta de que la voluntad de poder, en tanto que el hombre deviene su títere, es un perfecto sustituto de Dios. Como acaso tampoco comprendiera que Dios en verdad es la kenosis de Dios.
nihilismo metafísico
noviembre 15, 2025 § Deja un comentario
El nihilismo metafísico no es el de Nietzsche. A pesar de que su formulación aún es metafísica como supo ver Heidegger. El nihilismo de Nietzsche parte de la decepción: creímos que tenía que haber un sentido; pero cualquier sentido se nos presentó como un trampantojo. No hay más que entes en pugna. Se trata de un nihilismo moderno, como quien dice —y por eso mismo, fácil. Descartes puso la primera piedra. Pues donde el cogito deviene primer principio, Dios —el Dios demostrado — no puede más que comprenderse como la eternidad que limita la finitud temporal del cogito. Y de ahí a sustituir la voluntad de Dios por la voluntad de poder media un paso.
El nihilismo metafísico, en cambio, es más sutil —y, por eso mismo, acaso más desconcertante o, incluso, audaz. Pues, al constatar el carácter paradójico, por dialéctico, de lo absoluto de un puro haber —y, por eso mismo, sin forma—, tarde o temprano, alcanzará la revelación que nos deja expuestos a una desmesura sin apelación: nada permanece porque la nada no es.
En el nihilismo de Nietzsche, aún hay demasiado saber —y un saber positivo, por no decir, positivista— como para enfrentarnos seriamente al rechazo de Dios. Y ello en nombre del Dios del séptimo día. El baile de Dioniso, de hecho, es una maniobra de despiste. Pues sigue despistado quien cree que, simplemente bailando, sea sobre un campo de amapolas o sobre una pira de gaseados, uno ya se encuentra abrazando la nada. O por encima. Y no porque ignore algo así como un sentido último, sino porque todavía no cayó en la cuenta de que negar la nada —enfrentarse a ella con las armas de la Ley que nos obliga a preservar la vida de la impiedad— es, precisamente, una exigencia inherente a la nada de un puro haber.
la pregunta es la respuesta
noviembre 14, 2025 § Deja un comentario
La filosofía moderna nace del truco del trilero, aquel que consiste en sustituir la pregunta sobre lo real, en su carácter otro o absoluto, por la de la certeza. En el caso de la filosofía clásica, el punto de partida —lo que que no se discute, el axioma— es el haber. Sencillamente, hay el haber. En el de la moderna, la representación, el contenido mental. Aparentemente estamos ante un paso inocente. Pero no lo es.
Y es que la pregunta lleva bajo el brazo la respuesta —y una que altera significativamente la comprensión de sí. La trampa consiste en presentar como conclusión del ejercicio metódico de la duda lo que, al fin y al cabo, se presupone, la centralidad del cogito. Es lo que tiene que la primera pregunta sea la que se interroga sobre la certeza de nuestras representaciones del mundo.
En cambio, donde el punto de partida es el haber del mundo, el sujeto se comprende a sí mismo como el que se encuentra expuesto a la desmesura de un puro haber. No es exactamente lo mismo. De ahí que, en la antigua Grecia, el asombro, antes que la sospecha, fuese la actitud de quien aspira a la verdad.
