esperanza y expectativa

julio 16, 2025 § Deja un comentario

La fe apunta a lo imposible en nombre de. Pues, de apuntar aun escenario del que pudiéramos hacernos una idea, la esperanza no sería más que una mera expectativa. Y la expectativa —el ideal— cuesta de mantener ante la evidencia, aplastante, de los poderes del mundo.

Así, comprender lo anterior supone que no cabe esperar la resurrección de los muertos como quien aguarda la lluvia tras meses de sequía.

conocimiento sensible

julio 15, 2025 § Deja un comentario

Nos dicen que nuestros deseos son un implante. Esto es, que no son nuestros. Y lo admitimos. Pues el argumento resulta inobjetable. Pero seguimos identificándonos con ellos —seguimos creyendo en su promesa. Como si no lo supiéramos.

Ahora bien, caeríamos en la cuenta, es decir, veríamos de qué se trata— si, tras finalizar el experimento del que formamos parte, nos dijeran que nuestros últimos deseos nos fueron directamente inyectados en nuestra mente. Tendríamos un conocimiento sensible de la situación.

Esta incoporación del saber —este hacer cuerpo— no equivale al momento eureka de Arquímedes. Al igual que el asombro no equivale a la curiosidad. No es lo mismo entender que comprender. De ahí la importancia de las imágenes a la hora de incorporar un caer en la cuenta.

El problema de las imágenes, sin embargo, es que fácilmente creemos en ella —fácilmente nos las tomamos demasiado en serio—… cuando lo cierto es que no cuentan toda la historia, por no decir que, sencillamente, no dan en el clavo de la verdad. Ciertamente, el memento mori que nos libera de lo que nos sucede y no importa lo tendríamos más presente si pudiéramos creer que nacemos incubando un alien que, tarde o temprano, terminará destripándonos. Pero, en ese caso, tampoco viviríamos. De ahí que nuestra relación con la verdad sea, cuando menos, tensa.

Y quizá sea por este motivo —porque las imágenes conducen fácilmente a la idolatría, a tomar el símbolo por lo que simboliza— que Israel se decantó por la shemà: antes que caer bajo la seducción de las imágenes, recuerda —ten presente— las historias que nos condujeron a la fe.

cuerpo y objeto

julio 14, 2025 § Deja un comentario

La incorporación del saber —el que este se haga cuerpo— solo es posible en relación con lo sensible. Pues el cuerpo solo conoce imágenes. Así, el temor y el temblor que provoca, por ejemplo, nuestro hallarnos ante lo gigantesco traduce, por así decirlo, nuestra constitutiva exposición a la extrema trascendencia del haber de Dios, de un puro il-y-a… en el que Dios permanece, precisamente, pendiente o porvenir.

¿El problema? Que nos quedemos fijados al índice que señala la Luna. De ahí que la relación con el imaginario simbólico sea, inevitablemente, irónica, como la que mantiene el actor que se toma en serio su papel. Y más, si uno ya ha pisado el Gólgota.

experimentar el más allá

julio 13, 2025 § Deja un comentario

La experiencia de Dios —de estar ante Dios— me parece indisociable del momento en el que la muerte se presenta como inminente. Sea la propia o la de tantos que no cuentan. Memento mori y vida del espíritu van a la par. Pues es en ese momento en el que caemos en la cuenta de que existir significa hallarse expuesto. Por no hablar de una dependencia esencial. Otro asunto es que lo vivamos como simplemente una desconexión —y puede que apretando los dientes. En cualquier caso, no habrá ningún saber que nos salve.

messiah

julio 12, 2025 § Deja un comentario

Israel comprendió en su momento que la presencia de Dios solo podía ser la del Mesías. Esto es, la de aquel que pudiera cargar con el peso de un Dios en falta o eternamente por venir. Lo que el cristianismo comprendió frente a Israel es que el Mesías no fue simplemente un heraldo , sino el cuerpo mismo de Dios. Y quién comprende la declaración cristiana hasta el final, comprende que, sin su cuerpo, Dios aún no es nadie. O mejor dicho: es el aún nadie.

el ser y el como

julio 11, 2025 § Deja un comentario

Decimos: esto es X. Pero lo que hay en el fondo es una metáfora, un como: esto como aquello. O mejor dicho, lo que hay en el fondo… una vez intuimos, cuando menos, el alcance de la cópula. Pues la cópula es reveladora donde el esto aún no es nada sin el como.

Evidentemente, la relación predicativa se sostiene sobre un uso pragmático de los nombres. Así al decir, por ejemplo, mesa por primera vez no hacemos más que etiquetar. Con la frase esto es una mesa no hacemos mucho más que ponerle un post-it al esto —a algo ahí. Posteriormente, convertiremos esta etiqueta en concepto, abstrayendo los rasgos comunes de las diferentes cosas que poseen el mismo nombre, precisamente, por su parecido. También, paralelamente, surge el adjetivo. Y aquí la cópula tiene únicamente la función de matizar: esta mesa es de madera.

Algo muy distinto, sin embargo, sucede cuando decimos Dios es carne. Pues, en este caso, nombramos lo desconocido a través de lo conocido. Y aquí la metáfora no es un modo de decir… entre otros. Es el decir por el que tiene lugar la aparición. Referirse a Dios, por tanto, es lo mismo que referirse a quien fue crucificado en su nombre.

¿Significa lo anterior que Dios no es más que el cuerpo que pende de una cruz? Esto es lo que defendería el nihilismo. Ahora bien, el cristianismo tampoco está tan lejos. Pues, en sí mismo, Dios aún no es nadie sin su aspecto. Y, cristianamente, el aspecto de Dios es el de un abandonado de Dios que se abandona a Dios. No obstante, y frente al nihilismo, lo que el cristianismo comprende —y lo comprende en tanto que Dios es, literalmente, padecido antes que comprendido— es que Dios es el cuerpo de Dios porque el más de Dios es el del sujeto que, en sí mismo es no siendo aún nadie. En la metáfora Dios es carne, hay un exceso que la identificación no agota. Y porque no la agota puede haber, en realidad, identificación. Este exceso, por consiguiente, no es el de lo gigantesco, sino el del residuo. Pues Dios, en cuanto tal, es lo que queda de Dios donde ya no queda nada de Dios. Espíritu. Jn 4, 24.

lingüística del misterio

julio 10, 2025 § Deja un comentario

¿Dios es misterio o, más bien, el misterio es Dios? ¿Cómo entender el primer es? No, como atribución, obviamente. A menos que estemos dispuestos a hacer de Dios un ente misterioso —y en ese caso, no sería Dios, sino un dios, la superioridad del cual es, por defecto, meramente circunstancial o relativa. Sin embargo, no entender el primer es como atribución supone entenderlo a la manera del segundo. Y aquí el término Dios no es simplemente el nombre —la etiqueta, el post-it— del misterio. Pues decir que el misterio es Dios presupone que la palabra Dios posee un sentido de antemano. No decimos, por tanto, el misterio es el misterio, llamémosle “Dios” como podríamos llamarlo “Pedro”. Dicho sentido, dejando a un lado los matices, remite a un hallarse bajo una dependencia fundamental. Pero ¿qué tipo de dependencia, teniendo en cuenta que, honestamente, no podemos comprenderla —o no, de entrada— como la de un perro con respecto a su amo?

La respuesta pasa por tener en cuentra que si el misterio es de Dios, entonces nuestra exposición no termina en la ignorancia socrática o en la mera aceptación de la finitud, sino que, de algún modo, exige una respuesta. Israel fue el primero en plantear el interrogante de la responsabilidad: ¿a qué nos obliga la absoluta invisibilidad de Dios? Mejor dicho: ¿a qué nos obliga nuestra orfandad ante el clamor de quienes la experimentan a flor de piel —y por eso mismo, ni siquiera han logrado sustituir a Dios por un Dios a medida? Es así que Israel entendió, ya desde el principio, nuestra dependencia de Dios como ética: ante Dios —y enfrentados a su extrema trascendencia— nos debemos los unos a los otros el pan de cada día. De lo contrario, padeceremos el silencio de Dios. Esto es, su ira. En definitiva, un mundo sin Dios.

Me atrevería a decir que solo desde la situación de los que no cuentan podemos aventurarnos a incorporar nuestra relación con el misterio de Dios como una relación entre padre e hijo. Por eso mismo, la analogía solo sería pertinente si el padre fuese un anciano que necesitase la ayuda del hijo para levantarse. Como hemos dicho a menudo, Dios es el Dios que quiso desde el principio depender del hombre que depende de Dios.

En este sentido, quizá no sea simplemente retórica que, proféticamente, el clamor de los abandonados de Dios sea escuchado como el clamor de Dios. De concebir la relación entre padre e hijo a la manera habitual, es decir, como si el hijo fuese un niño que da sus primeros pasos de la mano del padre, entonces aún estaríamos un tanto lejos de comprender el alcance del imaginario bíblico y, por ende, cristiano.

misión

julio 9, 2025 § Deja un comentario

Ante Dios, obediencia. Cuesta comprenderlo. Por no decir, incorporarlo. Estar en el mundo, ya sin otra inquietud que la de hacer lo que debes —un deber nace de una deuda—, cumplir con el papel asignado. Tu obsesión, tu delirio. Tu pasión. Y como quien esculpe la piedra. Lo debido, con todo, no es tuyo porque lo hayas elegido frente a otras opciones, sino porque lo asumes. ¿Adónde ir, si no? El resto es distracción. O te enfrentas a la maldad. O eres su siervo. No hay otra. Y la maldad tiene muchos rostros, uno de los cuales, el más común, es el de la indiferencia.

La ironía es un salvavidas, un salvoconducto. Un modo de retraimiento: nadie podría soportarte de saber quién eres. Pero una vez se impone lo serio —y lo serio sucede cuando hay quien quiere tu muerte o la de los indefensos— no hay ironía que valga. O mejor, si la hubiera, entonces sería a costa de la integridad.

Sócrates. O también, el crucificado. Aquí no hubo un eppur si muove.

pies de barro

julio 8, 2025 § Deja un comentario

pies de barro

Las apariencias religiosas —el dios que se nos muestra espontáneamente como tal— están configuradas por los paradigmas del inconsciente colectivo, como diría Jung. Así, es difícil, por ejemplo, que la muerte no se nos presente naturalmente como figura, esto es, como la personificación de un poder. Y todo poder irrumpe. Esto es, interrumpe. Resulta, pues, inevitable que se nos (haga) presente de este modo… siempre y cuando nos encontremos a nosotros mismos expuestos —y por eso mismo, a la expectativa de la aparición.

¿Cómo salimos históricamente de esta posición? Principalmente, ganándole terreno a la naturaleza. Los dioses comenzaron a retroceder una vez aprendimos a hacer fuego. Sencillamente, el fuego dejó de presentarse como un don de los cielos. Fueron los profetas de Israel quienes antes comprendieron de qué iba nuestra relación con la trascendencia: Dios, en verdad, no se revela como dios. Nuestra dependencia de los poderes naturales es, por defecto, circunstancial. Y por eso mismo, nada último o definitivo. Ante Dios, un hallarse sub iudice.

Pero ¿por qué sub iudice? ¿Quizá porque ante el Dios que guarda (el) silencio nos vemos obligados a responder? De hecho, nos juzga en mayor medida el silencio de un padre que su bronca. La naturaleza del verdadero Dios tiene que ver, precisamente, con su retirada —y de ahí que su naturaleza no sea, propiamente, una esencia. Dios siempre fue el Dios del séptimo día. En realidad, la esencia o modo de ser de Dios, cristianamente hablando, es la del enviado. Y no porque el enviado la representeen sumo grado, sino porque Dios, en sí mismo, no es aún nadie sin su cuerpo.

En cualquier caso, puede que no sea casual que, bíblicamente, los testigos de la verdad de Dios fuesen desde un principio los que lo encuentran a faltar, los desgraciados. Y es que la posición creyente es la de quienes caen en la cuenta de que no cuentan. O mejor dicho, las de aquellos que cuentan, precisamente, porque Dios, y desde los orígenes, no quiso contar como dios.

las dos atalayas

julio 7, 2025 § Deja un comentario

La teoría, como su etimología sugiere, exige tomar distancia —estrictamente, la del dios. En medio del juego, lo que nos puede parecer un fuera de juego, puede no serlo desde las gradas. Así, de las lluvias griegas, el barro de la objetividad.

Pero, ¿por qué el barro? Una visión imparcial —y más donde esta solo admite como cierto lo cuantificable— se limita a constatar. ¿Su horizonte? Lo aprovechable o instrumentalizable, aun cuando también quepa la admiración sobre el hecho de que el cosmos sea algo así como un caos ordenado. Y quien solo vive bajo el horizonte de lo meramente útil acaba siendo una cosa entre otras, una bola de billar que se limita a reaccionar a golpe de taco.

Muy distinta es la distancia que provoca la reflexión dentro de la cancha de juego. Pues la reflexión, a diferencia de la visión táctica o, incluso, estratégica, abarca la totalidad. ¿Acaso el juego que jugamos no se le revelará, al menos, como extraño para quien se atreve a reflexionar? No debería soprendernos que quede fuera de juego, por no decir que, a la vista del resto de jugadores, parecerá que no sabe jugar. Literalmente, un inútil. La reflexión desde las gradas conduce, en el mejor de los casos, al descubrimiento. La que sucede dentro del juego, a un caer en la cuenta paralizante.

Ahora bien, lo que me parece interesante del asunto es que la reflexión que nos saca del juego, aunque sin interrumpirlo —pues se sigue jugando— no logra obtener respuesta. De ahí, precisamente, su carácter paralizante. Sócrates, recordémoslo, fue considerado un tábano. Y no la obtiene porque la preguntá —de qué se trata, en definitiva—, tarde o temprano, alcanzará la paradoja. Por eso la cuestión será cómo vivir sabiendo que nos hallamos expuestos a una nada que es no siendo nada. Esto es, sabiendo que con respecto a lo verdadero —a lo que en verdad acontece y no simplemente pasa— no hay mapa mental que valga. El rompecabezas viene sin modelo.

payasos

julio 6, 2025 § Deja un comentario

Cuando se nos dice que Sócrates fue considerado como una especie de payasete ingenioso por muchos de sus conciudadanos, tendemos a situar esta aprecicación en un segundo plano. Pues, de entrada, se nos impone la grandeza de la figura histórica de Sócrates. Sin embargo, para comprender su alcance… antes, quizá, deberíamos partir del diagnóstico ciudadano. Al fin y al cabo, es lo que intentó transmitirnos Platón al escribir en su Apología que ese payasete fue el verdadero Aquiles.

Algo parecido podríamos decir de la confesión cristiana. Pues difícilmente caemos en la cuenta de lo que supone si damos por hecho, como quien no quiere la cosa, que Jesús es Dios.

ahí, la rosa

julio 5, 2025 § Deja un comentario

Una rosa es sin porqué. Y, por eso, tú no importas. Ella, ahí. Como el dios, imperturbable en el instante de la aparición. Y, con todo, habrá perturbación. Esto es, tiempo. Aunque no solo. También, habrá quien la arranque para ofrecérsela a su amada… o porque sí. Pues el Mal no tiene otro porqué que el de negar la aparición. Aun cuando, por lo común, encuentre como excusa la ilusión de un mayor bien. ¿El mundo? La imposibilidad de permanecer en un mero estar ante el milagro. En lugar de la aparición, las apariencias. Y estas siempre reclamarán una dosis de violencia. Estricta reacción, en vez de respuesta.

Será verdad que Dios, como la rosa del Silesius, es frágil. Y será también verdad que, por eso mismo, exige una tener que responder. En lugar de un andar con cuidado con Dios, un tener cuidado de Dios, es decir, de aquellos con quienes se identifica. Para que siga siendo el que es. Ahora bien, porque es frágil es terrible. Pues terrible es quedarse sin nadie.

vida real

julio 4, 2025 § Deja un comentario

¿Qué es un vida real? Una vida opuesta a la inercia, el aburrimiento, lo anticipable. Sentirse vivo, es decir, frente a. O lo que sería equivalente: enfrentado. Al fin y al cabo, una vida con un enemigo eterno. Es de este modo que pertenecemos a una obra. Pues no hay yin sin yan —o luz sin sombras. Desde la grada, tan solo la teoría, la observación del dios. Y aquí, el enemigo sigue siendo un colega. Los dioses siempre jugaron con los hombres. Nunca se vieron forzados a doblegarlos. Su hybris, en cualquier caso, tan solo un motivo de risa para el dios. De ahí que la vida del dios sea ficticia.

En realidad, nada importa para el satisfecho. La inquietud que no se ve obligada a vencer —incluso en la derrota— es simplemente un desdoblamiento, un no terminar de hallarse en donde uno está.

actores

julio 3, 2025 § Deja un comentario

Existimos como actores de una obra que ya ha comenzado. Y una obra es un mapa mental. De ahí que tengamos que asumir un papel —y no solo ejercerlo.

¿Qué hace posible, sin embargo, la reflexión —la posibilidad que nos distingue del bonobo? Un caer en la cuenta de lo que acabo de decir. De ahí, Sócrates. Pues solo irónicamente cabe volver a la escena. Y aquí ironía no significa insinceridad. En cualquier caso, sería la sinceridad de quien sabe que la obra en la que nos movemos no lo es todo. Y que, con respecto a este más, no hay saber.

potencia y acto: un ejercicio de lógica delirante

julio 2, 2025 § Deja un comentario

¿Que es la posibilidad ? Mejor dicho: ¿qué sería una posibilidad absoluta o primera? ¿Sobre qué potencia o poder se asienta el todo? ¿Qué hubo antes de que hubiera lo que es?

Como sabemos, la pregunta, si lo pensamos bien, es aparentemente absurda. Al menos, lo fue para los eleatas. Y con razón: no puede haber algo fuera del todo —de todo lo que hay. Nada, más allá de la totalidad. De ahí que el todo sea ilimitado y eterno. O dicho de otro modo, no es resultado —no puede pensarse como tal. Sencillamente, hay el todo. Y el todo, como la rosa del Silesius, es sin porqué. Así, decir que hay el todo equivale a decir que hay el haber —y que la nada no es. Que no haya el haber es, sencillamente, imposible.

Ahora bien, el todo es lo contrario a la nada. Si hay el todo es porque la nada no es. ¿Cómo entender, sin embargo, este porqué? Evidentemente, no como si la nada fuese algo de lo que se desprende el todo. La nada, por defecto, carece de entidad. Ni siquiera podemos pensarla, aunque sí imaginarla, como vacío. Aquí , la causalidad sería formal. Esto es, la imposibilidad de la nada —del no haber— solo puede comprenderse, por tanto, como principio, en el sentido lógico de la palabra. La imposibilidad de que la nada sea debe entenderse como el otro lado del todo, un lado sin el cual el todo deviene, sencillamente, ininteligible. Ahora bien, el no haber nada es la negación del todo, un no-todo. En este sentido, este no-todo soporta, por así decirlo, la totalidad de cuanto es, su eternidad e infinitud. Y lo soporta en tanto que es su envés.

Sin embargo, que la nada no sea es, lógicamente, la negación de la nada, una doble negación. El todo es un no (no-todo). De ahí que la negación de la nada subyazca, lógicamente, al todo. Se trata de los dos lados de una misma moneda, Ahora bien, por eso mismo, al igual que decíamos que el no haber de la nada soporta la totalidad de cuanto es, cabría decir que el todo soporta el no-todo, en definitiva, que la nada no sea. Así como la doble negación equivale a una afirmación, una afirmación equivale a una doble negación. Hay el todo porque la nada no es. Pero la nada no es porque hay el todo.

Quizá comprendamos mejor cuanto acabamos de decir reflexionando, una vez más, sobre el sentido del haber. Hay el haber de las cosas —el todo. Y lo que tienen en común las cosas que son es, precisamente, que son. Sin embargo, no hay el haber en cuanto tal, esto es, un puro haber. No hay haber que no sea el haber de las cosas. Y, por eso mismo, el puro haber no es… nada. Es decir, es no siendo nada. Porque hay mundo, no puede haber un puro haber. O viceversa. El puro haber es lo dejado atrás, como quien dice, por el haber del mundo —y permanece como lo eternamente dejado atrás. Ahora bien, esto equivale a decir que cuanto es —y nada es que no sea en concreto— no termina de permanecer en su aspecto o forma. El haber de las cosas es tiempo. Dicho de otro modo, no haber. El haber de las cosas es, en el fondo, un no haber. Normal, si el no haber de la nada es el otro lado del haber del todo. Hay lo que no hay. Y porque el haber es la negación del no haber: la nada —el no— no es. Quizá no sea casual que a lo dado le corresponde un de nada. El todo es la superación de la nada y, por eso mismo, su realización. Pues la nada se realiza en su negación de sí, esto es, como cuerpo.

La potencia absoluta es, en definitiva, acto. En cierto sentido, podríamos hablar de un big-bang metafísico, el cual, obviamente, no puede pensarse como hecho. Con anterioridad al todo, no hubo nada. Y esto es lo que hubo. Kenosis.

comprender la Trinidad, es un decir

julio 1, 2025 § Deja un comentario

El HIjo es Hijo porque abraza hasta el final el aún nadie del Padre. Y por eso hay Padre. Y por eso mismo, también, el haber del Padre es el del Hijo. Mejor dicho, el de su cuerpo. No fue fácil caer en la cuenta de que el Hijo es la Palabra del Padre. Pues el Padre, en sí mismo, no puede más que guardar silencio, un silencio que encuentra se eco en el clamor de los inocentes.

Quizá no sea casual que, en castellano, espíritu y esperanza mantengan un aire de familia. El Espíritu es el rastro del Gólgota, su onda expansiva, lo que hace posible que permanezcamos a la espera de lo imposible, esto es, de un nuevo comienzo. Pues no puede haber nada nuevo que no suponga un reset de dimensiones cósmicas, un mundo en el que Satán permanezca bajo las botas del arcángel. De no haberlo, tan solo nos queda la ilusión del unboxing, de la novedad, ese simulacro de lo nuevo.

presencia real

junio 30, 2025 § Deja un comentario

A Dante, Beatriz, esa niña con la que se cruzó y que le dejó en estado de suspensión, se le presentó —se le hizo presente— como divina. Pero ¿quién fue en realidad Beatriz? ¿Fue en verdad divina? ¿Cómo se presenta cuanto hay? ¿Es posible prescindir del como? ¿Qué es lo que se presenta como tal o cual? Esta es la cuestión.

Sin embargo, de responder, ¿no estaríamos ante otro modo de presencia —y, por eso mismo, ante un en relación con? ¿Cabe ir más allá de lo que nos parece? Desde Grecia, este trascender las apariencias corre a cargo de la razón. Pero los resultados del ejercicio de la razón siempre fueron —y serán— paradójicos. Al menos, porque ese que, en tanto que absoluto, nunca podrá aparecer bajo una forma. Pues todo aparecer es siempre en relación con. Sin embargo, porque no puede aparecer como tal, eso que aparece no es. O mejor dicho, es no siendo.

De ahí que la rosa del Silesius —y por extensión cuanto es— sea sin porqué. No hay más que lo dado —y lo dado es aparición. Ahora bien, no hay más porque el más es no siendo nada, negación de sí, kenosis. Nuestro pecado original, por así decirlo, consiste, en gran medida, en un tener que dominar cuanto es donación. Y este tener que dominar implica permanecer atados al como —y por eso mismo, a las apariencias. Pero la rosa es sin porqué. Y esto significa que la aparición no equivale a las apariencias. La aparición no admite perspectiva. Únicamente, testimonio.

Con todo, como escribiera Eliot, no podemos soportar demasiada realidad. Es lo que tiene que la existencia consista en vivir como arrancados. Y quizá no sea casual que ser y estar se revelen como las dos caras de una misma moneda. Pues incluso el como del como arrancados se disuelve como un puñado de sal en el mar donde simplemente estamos ante lo que se nos da sin porqué.

nada hubo

junio 29, 2025 § Deja un comentario

Dos cuerpos copulan. Y luego se separan. Nada más y, por eso mismo, nada hubo. Esto es normal en la bestia. La bestia no espera más. Pero por qué, en nuestro caso, el placer pide eternidad, como dijera Nietzsche. ¿Qué sería este más que esperamos? ¿Acaso recuperar, como leemos en El Banquete, la parte que nos falta? ¿El complemento? ¿Es que el amor no supone el encuentro, la aparición que nos saca de quicio?

¿Qué es, sin embargo, lo que no se nos cuenta? Que tras el encuentro, el hiato. Aunque no es lo mismo que el hiato surja entre individuos con peso que entre niños. Pues estos últimos no sabrán de qué va el juego. Y quien lo ignora se limitará a reaccionar. Como las bestias. O como quienes creen tener el poder. Quien espera el amor como quien espera que en la fiesta repartan el pastel que más le gusta ignora que tras la satisfacción de los gustos, el contenedor.

centros de ayuda

junio 28, 2025 § Deja un comentario

La retórica de la nueva pedagogía, la que coloca el alumno en el centro, quizá peque de ingenuidad. Y no, o no solo, porque no sea cierto —pues el centro es, en realidad, la cosa, lo que hay que aprender… lo que no quita que haya que tener en cuenta dónde se encuentra quien debe aprender—, sino porque el envés de dicha centralidad es que el profesor deviene prescindible. En su lugar, monitores… que guíen el trabajo que los alumnos realizan por su cuenta y riesgo siguiendo las pautas de un proyecto, más o menos, estandarizado. Monitores… y alumnos narcisistas, chicos y chicas que se creen el ombligo del mundo y que, por eso mismo, difícilmente estarán dispuestos a ponerse en manos de una autoridad. De hecho, estamos muy cerca de que llamarle seriamente la atención a un alumno se entienda como abuso de poder. Y aquí los padres —los denominados helicóptero— son los primeros en aplaudir. Me imagino perfectamente un futuro en donde las escuelas compren a las majors las lecciones impartidas por expertos mundiales. Y, evidentemente, que se compren unas u otras dependerá, una vez más, de la capacidad adquisitiva. Amazon gana. Demiasado pastel para que se reparta entre los demasiados. En este caso, los profes.

Desde la perspectiva del dron, parece que todo va en la misma dirección. Por decirlo en breve, los trabajos intermedios comienzan a ser prescindibles en la nueva economía. Las plataformas, los bots, la IA… se encargarán de hacer lo que, hasta ahora, hacían profesionales. Mientras tanto, la pedagogía progre, bailándole el agua a la oligarquía. Y con entusiasmo. Som els capdavanters.

Sin embargo, en Eaton siguen —y seguirán— habiendo profesores. Por supuesto. Ahí no vemos —ni veremos— ningún iPad. Tampoco, proyectos. Únicamente, maestros hablando con sus discípulos —y por eso mismo, estimulando su inteligencia y habilidad. Pero es como ha sido siempre: para el vulgo, la mierda. Quizá la diferencia es que, hoy en día, se pretende que se la coma con gusto y ganas. Como si fuera un Donut.

el ethos del poder

junio 27, 2025 § Deja un comentario

No hay que ser muy espabilado para intuir por dónde están yendo los tiros de los nuevos tiempos. La tecnoligarquía, sencillamente, se está haciendo con las riendas. Basta con leer el libro de Quinn Slobodian, El capitalismo de la fragmentación, para hacerse una idea del asunto. Hay el mundo. Hay países. Y hay las zonas liberadas de las regulaciones estatales. Muchas. Más de las que nos imaginamos. Y no me refiero solo a los paraísos fiscales. Esto significa que el Estado tiene los días contados… si las élites consiguen realizar su propósito. Para la tecnoligarquía, el Estado es sinónimo de corrupción, empobrecimiento, burocracia estéril… , en definitiva, un obstáculo. Su ethos: que se jodan los improductivos. Se trata, obviamente, de un ethos de matones. Desde esta óptica, creer que compartir es vivir es de idiotas.

De hecho, el Estado sobrevive —y cojeando— exprimiendo, hasta secarlo, el limón de la clase media. Es lo que tiene vivir a golpe de deuda publica. Quizá no sea simplemente retórica que Varoufakis hable de tecnofeudalismo. Para las élites tecnocráticas, no se trata de colonizar las estructuras de poder, sino de situarse por encima… atrincherándose en los huecos del sistema. Como la carcoma. Capitalismo y democracia comienzan a entenderse como incompatibles. Aunque esto ya viene de lejos —de los tiempos de Friedman. O incluso antes.

Quién cree tener el poder —y lo cree porque lo detenta— inevitablemente dividirá a los hombres en superiores e inferiores —en nobles y esclavos. Y lo que no soporta el hombre superior es bailarle el agua al inferior. Casi por defecto, el inferior irá siempre con una flor en la mano, creyendo, por ejemplo, que el amor es más fuerte que la muerte o cosas por el estilo. Nietzsche fue, sin duda, el profeta del “nuevo” ethos. Y un ethos, conviene no olvidarlo, es el aire que respiramos, un clima, lo que acabamos dando por obvio.

Al final, el cristianismo que sobreviva a la “revelación” de Moloch como el único dios tendrá que asumir lo que supo ver desde el principio y que guardó en un cajón cuando se dejó llevar por la ilusión, en definitiva moderna, de un progreso moral, a saber, que su fe es un acto de resistencia en medio de un combate de dimensiones cósmicas. Y son cósmicas porque la lucha del fuerte contra el débil se presenta como natural. Por eso mismo, la cuestión de fondo sigue siendo teológica: ¿en manos de quién reside el verdadero poder? Y no parece evidente que resida en un Dios cuya voluntad fue —y sigue siendo— kenótica.

cristianismo anticlerical (y 2)

junio 26, 2025 § Deja un comentario

El sacerdote corta las flores que nacen del humus que pretende conservar, olvidando que son precisamente esas flores la que justifican su pastoreo. El desvarío profético apunta, en cambio, a las flores. Pero fácilmente olvida que, sin el humus —sin su mal olor—, no hubieran germinado. Ciertamente, no hay luz sin oscuridad. Y viceversa.

alturas

junio 25, 2025 § Deja un comentario

¿Acaso nuestro congénito no estar a la altura de la Ley de Dios no es el envés, precisamente, de su altura? ¿Quién, por excesivo, no pasa de largo del tener que responder a la demanda del que carece del pan de cada día? Dios y culpa ¿no van de la mano? El cristianismo que rechace como antiqualla la culpa original ¿no estará construyendo, una vez más, un dios a medida?

Ciertamente, hubo redención, se nos dirá. Pero ¿en que consistió? Es verdad que el sacrificio del Gólgota nos hizo, de nuevo, capaces de Dios —un sacrificio que el cristianismo comprende como el de Dios mismo. Pero este regreso a la inocencia ¿no nos puso sobre las espaldas el peso de Dios? Pues ¿qué puede significar, si no, que se nos revelase que Dios en verdad es el Dios que, desde el principio, quiso depender del hombre que depende de Dios?

cristianismo anticlerical

junio 24, 2025 § Deja un comentario

La Iglesia es necesaria. Pues sin Iglesia, el cristianismo se hubiese disuelto como un puñado de sal en un mar de aguas dulces. Ahora bien, esto es lo mismo que decir sin hipocresía. Pues el clergat se ocupa, principalmente, de apaciguar el rebaño. Esto es, de darle a la parroquia lo que quiere. Y lo que quiere la parroquia —de hecho, cualquiera— es un Dios a medida de su necesidad de Dios. Pues ¿acaso el sacedote no sigue promocionando una relación directa —interior— con Dios al margen de su hacerse presente en la carne? Como si Dios fuese alguien sin su cuerpo. Como si fuese posible, cristianamente, dirigirse a Dios sin dirigirse a aquellos con quienes se identifica. ¿El resultado? Idolatría y buenos sentimientos. Profetismo y sacerdocio nunca hicieron buenas migas. ¿Tan pronto hemos olvidado que quienes condenaron a Jesús fueron, precisamente, los cuidadores del Templo —y que, por eso mismo, sus razones fueron religiosas?

Y, sin embargo, la Iglesia, como decíamos, es necesaria. El paralelismo con la muerte de Sócrates surge de inmediato. ¿O es que Sócrates no bebió la cicuta en nombre de la Ley que su paideia puso, cuando menos, en cuestión?

la invisibilidad de Dios

junio 23, 2025 § Deja un comentario

Leemos en Isaías 45 15-7: Sin embargo, tú eres un Dios invisible. ¿Cómo entender esta invisibilidad? Hay dos modos. O bien —y este sería el modo religiosamente común—, como si el carácter invisible de Dios fuese solo circunstancial, esto es, relativo a nuestra incapacidad. Así, no podríamos ver a Dios al igual que no podemos ver el infrarrojo… —y, por eso mismo, damos por sentado que podríamos verlo si tuviésemos otros ojos. O bien, Dios sería de por sí invisible. Pues, con respecto al en sí de Dios, no habría nada que ver. Como apuntó Karl Rahner en su momento, incluso en los cielos, Dios seguiría siendo un misterio.

En el primer caso, Dios es un ente misterioso. Esto es, un dios, pero no Dios. En el segundo, el misterio —el resto invisible de lo visible, la alteridad avant la lettre. Desde la primera óptica, la Encarnación solo puede comprenderse o bien, a la doceta, es decir, como si Jesús de Nazaret fuese Dios mismo con aspecto —un disfraz— humano; o bien a la platónica, es decir, como si Jesús representase a la perfección, se supone, la esencia o el modo de ser de Dios. En cambio, desde la segunda, Jesús de Nazaret es el quién de Dios, esto es, el modo de ser de Dios, y no únicamente su ejemplificación sensible. En el primer caso, Jesús sería una ilustración de Dios. En el segundo, el cuerpo sin el que Dios en sí —el Padre— aún no es nadie, sino nada más, aunque tampoco nada menos, que el acto —la voluntad— de salir de sí hacia lo otro de sí. Y esto último, sin duda, supone una brutal distorsión de lo que entendemos espontáneamente como divino. Pues nadie admitirá como quien no quiere la cosa que Dios sea el Dios que quiso depender del hombre que depende de Dios. Y desde el principio. En realidad, la dogmática cristológica nos habla antes de Dios que de Cristo. O mejor dicho, nos habla de Dios al hablarnos de Jesús de Nazaret como el Cristo.

Desde el primer modo, la Trinidad es un galimatías. Desde el segundo, la manera más clara de exponer la revelación. Sobre todo, si no cometemos el error de identificar naturaleza y esencia.

fases

junio 22, 2025 § Deja un comentario

La primera fase: creer que la fiesta siempre se celebra en el piso de arriba. Y así nos decimos: hay que hacer ese viaje.

La segunda: en cualquier parte cuecen habas. Te uniste a la fiesta. Pero, entonces creíste que la mejor fiesta, ahora, se celebraba en el piso de abajo. No hay luz sin oscuridad. Y viceversa. Al final, fuisteis a Sri Lanka. Pero ahí también hubo mal olor.

La tercera, en el mejor de los casos: la rosa es sin porqué. Contemplación y caridad. El resto es aguardar a que la bondad no caiga en saco roto. Aun cuando no podamos hacernos una idea del cómo.

rosal

junio 21, 2025 § Deja un comentario

Que la rosa sea sin porqué no es lo primero. Pues lo primero —aquello con lo que topamos de entrada— es que la rosa nos resulta más o menos útil: o porque nos gusta su perfume o aspecto, o porque la cortamos para regalarla, etcétera. Su ser —su independencia o alteridad— solo se nos revela donde no hay nada que hacer con ella, aunque esto no significa que no quepa hacer nada. El carácter otro de lo que tenemos a mano aparece como inútil. El ascenso desde el fondo de la caverna hasta su boca supone un caer en la cuenta de esta escisión. La moraleja, sin embargo, ya sabemos cuál fue: no hay regreso. Y no solo porque, políticamente, no haya modo de integrar la revelación, sino porque existir significa, en cualquier caso, vivir como arrancados.

De ahí que la cuestión religiosa —la que se interroga, precisamente, por la integración— sea una cuestión vital y, por eso mismo, irrenunciable. Haya o no dioses de por medio. Quien deambula por el mundo ignorándola, vive como quien juega a la Oca: y tiro porque me toca. Aun cuando, a menudo, se lo pase bien. Platón, siendo más certero, prefirió hablar de la oscuridad.

lo más

junio 20, 2025 § Deja un comentario

El nihilismo no es un mero concepto, una declaración sobre el sinsentido de la existencia. Es un nadie cuenta vivido a flor de piel —y, por eso mismo, un tú no cuentas. No habrá quien coja el testigo de lo que hicistes, creyendo que había un hacia donde. No habrá un Homero que narre tu vuelta a Itaca. Y si lo hubiese, su esfuerzo terminará disolviéndose como una gota de agua en el océano de una temporalidad para la que un millón de años es apenas un inicio. Ante Cronos, todo sentido se revela como una ilusión óptica. Basta con imaginar que no hubiese habido ningún evangelista que proporcionase un significado a la inmolación del enviado para caer en la cuenta de la carga de profundidad del nihilismo.

Así, difícilmente comprenderemos el alcance del libro de Job si entendemos su última parte como un diálogo. De hecho, Qohélet fue su mejor comentarista: todo es vano, un alimentarse de viento. Pues Job no topa con la verborrea de Yavhé, sino con su silencio. Y tú qué sabes: el sentido, si lo hubiese, está por ver. Por no hablar de la posibilidad de seguir siendo si llegara a realizarse. Al menos, porque el horizonte de la existencia es, precisamente, asintótico. No hay fe con anterioridad al momento crucial. En cualquier caso, suposición, mapa mental, espejismo.

Y es que la fe —como las obras que la siguen— es la respuesta humana a la experiencia del Altísimo, esto es, de la radical trascendencia de Dios. Ahora bien, la expresión de la fe —de la espera creyente— es delirante. ¿Muertos que resucitan? Tampoco puede expresarse de otro modo si es cierto que la fe apunta a lo que ningún mundo puede admitir como posibilidad. De ahí que haya otras respuestas. La de Dioniso es la más actual, un ponerse a bailar sin estar sometidos a ningún juicio. Ni siquiera el de nuestras víctimas. También cabe, sin embargo, Mozart. Pero en ambos casos, los mártires de la historia quedarán, sencillamente, sepultados en el pasado. Y si fuese así —si pudiésemos tolerarlo—, entonces el nihilismo vence. O lo que es lo mismo, el mundo.

gnosis y superación

junio 19, 2025 § Deja un comentario

El cuerpo es garbage, dijeron los gnósticos. Nietzsche no llegó tan lejos. Pero algunos gnósticos creyeron que, por eso mismo, con el cuerpo uno podría hacer lo que viniese en gana. Que daba igual la castidad que participar de una orgía. ¿Cómo fue posible que lo defendieran? ¿Quizá porque la gnosis creyó en la posibilidad de estar por encima de uno mismo… hasta el punto de considerar que el cuerpo era un disfraz? ¿Como si el cuerpo fuese la máscara del actor?

Sin embargo, a pesar del distanciamiento de sí propio de quien es capaz de verse a sí mismo como otro, el cuerpo afecta. De hecho, uno no puede comportarse continuamente como un cerdo sin convertirse en cerdo. O dedicarse al tráfico de armas como quien vende muffins. Al fin y al cabo, somos en buena parte lo que hacemos. Pues lo que hacemos es lo que nos hacemos. Acaso porque el cuerpo es ese otro que nos acompaña siempre. Y, por definición, con respecto a lo otro, tan solo podemos aspirar a mantener una debida distancia. En realidad, o somos devorados —absorbidos— por lo otro, o lo alimentamos bien. Y aquí el sacrificio no necesariamente supone una ascesis.

Es verdad que los extremos terminan por cerrar el círculo. Y es que un exceso de gnosis está más cerca de la estupidez que de una genuina sabiduría.

cristianismo superogatorio

junio 18, 2025 § Deja un comentario

Amar al enemigo. No poder soportar que haya quien pase hambre, aunque sea el último hambriento de la tierra. Ofrecer la otra mejilla. Abrazar al leporoso. Más aún: besar sus pústulas a la Francisco de Asís. ¿No es excesivo? Sin duda. Pero este exceso es el envés del exceso de Dios. Un creyente es, al fin y al cabo, un pasado de vueltas. En este sentido, el paganismo, incluso si se viste con la camiseta cristiana, resulta más humano.

miradas

junio 17, 2025 § Deja un comentario

Suele decirse, en las canchas cristianas, que deberíamos mirar cuanto nos rodea con los ojos de Dios. De acuerdo. Sin embargo, ¿qué tal si nos atrevemos a soportar la mirada de Dios sobre nosotros? Y aquí no valen las componendas de la interioridad. Pues esa mirada es la que nos dirige, pongamos por caso, esa madre soltera que, con su hijo en brazos, nos implora por una botella de leche a las puertas del super. ¿Acaso un Dios que no nos saque de quicio puede valer como Dios? ¿Es que el creyente no es un desquiciado por el clamor de Dios? Pero ¿quién podrá aceptarlo? ¿No fue Pedro quién, tras el paso atrás del joven rico, le preguntó al maestro quién será capaz de cargar con esa cruz? Y ya sabemos cual fue la respuesta. Nuestro no estar a la altura es el punto de partida.

De hecho, quienes responde al clamor de Dios no ven a Dios por ningún lado. Ni mucho menos, sienten que haya Dios. De ahí lo del poder del Espíritu. Pues el Espíritu de Dios es lo que queda de Dios donde, por así decirlo, ya no queda nada de Dios.

uf

junio 16, 2025 § Deja un comentario

¿Es posible que aún no hayamos caído en la cuenta? En el Nuevo Testamento, cuanto se dice de Dios en el Antiguo, se predica de Jesús de Nazaret, ese hombre. Y a menos que hagamos del galileo un dios con aspecto humano, la confesión creyente es, sencillamente, inadmisible para quien parta de la experiencia más espontánea de lo divino, aquella que equipara la desmesura de la divinidad a la de lo gigantesco.

El crucificado ¿omnipotente? Por supuesto. Pues omnipotente no significa, de hecho, el que posee una fuerza inconmensurablemente superior, sino el que puede con el todo. Y únicamente quien abraza el silencio de Dios y obra en consecuencia es capaz de vencer a los poderes del mundo. Y quien dice vencer dice nacer de nuevo. Como quien regresa con vida de la muerte.

rodillas que sangran

junio 15, 2025 § Deja un comentario

Es así: la revelación de Dios nos pone de rodillas. De lo contrario, no estaríamos hablando de Dios. Sin embargo, también es verdad que lo gigantesco doblega nuestra espalda, a la vez que nos fascina. Y por eso mismo, solemos equiparar su exceso al exceso de Dios. Pero ambos excesos no tienen nada que ver. Pues con la revelación, caemos en la cuenta de que, con respecto a la radical trascendencia de Dios, no hay, precisamente, nada que ver. Al menos, porque Dios, en sí mismo, es no siendo nada. Literalmente, negación de sí en favor de lo otro de sí. Esto es, voluntad —acto creador, big bang.

No es anecdótico que Jakob saliera cojeando de su encuentro con el ángel. En realidad, el arrodillarse va con el enfrentarse. Y este enfrentarse muestra dos lados. El primero, tiene que ver con la resistencia a admitir lo que se nos revela. El segundo, en cambio, con la posición creyente: heme aquí, qué quieres que haga. Tan solo hay una voz: la que escuchamos sepultados por el silencio de Dios. El resto es hablar por hablar.

Ahora bien, lo cierto es que la mayoría de los que aún creen no se hallan en la situación de Jakob. Por eso, su fe —su arrodillarse— debería apoyarse, no en la costumbre, sino en el tener muy presente a quienes se hallan en el desierto, bajo un cielo tan inmenso como inaccesible. Y con sed. Con mucha sed.

Al fin y al cabo, no rezamos donde no reza nuestro cuerpo. Y si este aún no es capaz, quizá lo mejor sería arrodillarse cerca de esas viejecitas que, en aquellas iglesias que todavía huelen a sacristía, ya no pueden hacer mucho más que implorar. Ellas rezan por nosotros. Es decir, en nuestro lugar.

es decir

junio 14, 2025 § Deja un comentario

La expresión es decir es, de por sí, significativa. Pues aquí hay una elipsis: es, decir. De otro modo, es es decir. Nada, que no pueda decirse. Aunque, al final, el decir acabe pisando los terrenos pantanosos de la paradoja. Y quizá sea por eso mismo que cualquier es decir sea un es un decir. O un como quien dice.

Como viera Schelling, si el fundamento del mundo no pertenece, ni puede pertenecer al mundo —en realidad, a ningún mundo—, entonces el mito es el único recurso. Como quien dice. Pero aquí es necesario saber leer. Pues de lo contrario, haremos del mito la descripción, ciertamente delirante, de otro mundo. Y no van por ahí los tiros.

fascinación

junio 13, 2025 § Deja un comentario

Interrogarse sobre la obviedad supone romper el hechizo. ¿Qué nos queda, sin embargo? ¿El desierto? Quizá alrededor. Pero también es posible que, entonces, la existencia apunte a su real-imposible. El resto sería aguardar. Si Sócrates supo que nada sabía, ¿acaso nosotros podremos desmenir su ignorancia?

negar para creer

junio 12, 2025 § Deja un comentario

Hay un primer imperativo para el creyente si quiere encontrarse ante Dios —y ¿quién podrá quererlo?—, a saber, el de abjurar de su dios, aunque tenga el nombre del verdadero Dios. Negarse a creer en ese dios tan espontáneo —y por eso mismo, tan injustamente íntimo— y, así, vivir a flor de piel qué significa estar frente al exceso de Dios. Al menos, de entrada.

secrets 2

junio 11, 2025 § Deja un comentario

En realidad, el valor de lo oculto remite a lo que representa. Y lo que representa es, siempre, una pérdida. En definitiva, lo que fue dejado atrás sin que, en su momento, cayéramos en la cuenta de, precisamente, su carácter excepcional. Y todo es excepción donde el horizonte es la nada de un puro haber. El presente nunca fue el tiempo de la excepción, sino el del trato, la negociación, el comercio.

la trascendencia de lo intrascendente

junio 10, 2025 § Deja un comentario

El autor, al detenerse en lo irrelevante, dota de trascendencia a lo intrascendente. Pues trascender es resistirse a la nada. Y nos resistimos a la nada cuando simplemente ponemos un pie en el suelo o cogemos un pañuelo para secarnos el sudor. Me refiero al milagro. Pues hay milagro. Pero solo el autor logra que nos demos cuenta. Aun cuando para eso necesitemos leerlo. Y, sobre todo, volverlo a leer. Al menos, porque, en el día a día, prevalece la negociación.

contar y narrar

junio 9, 2025 § Deja un comentario

Un mal escritor se limita a pegar escenas: primero pasa esto y luego esto otro. En el mejor de los casos, incita nuestra curiosidad —y, por eso mismo, nos entretiene. El buen escritor, en cambio, logra que las escenas que empalma tengan, cada una, un relieve propio. Tal y como es en verdad, aunque no sepamos verlo en medio de la erosión del tiempo. Al fin y al cabo, la belleza —la aparición— es instante. El primero cuenta —y aquí es preciso tener presente que contar es lo que hace un contable. El segundo, el autor, se detiene en la minucia mientras narra —a pesar de que no es fácil hacerlo bien, quiero decir justamente, guardando la debida proporción. Pues, en realidad, no hay nada que contar. Y, por eso mismo, la minucia lo es todo.

prosa, diría

junio 8, 2025 § 1 comentario

Nos levantamos del sofá. Abrimos la puerta, guardamos las llaves en el bolsillo del pantalón y salimos a la calle. Esto mismo, mientras lo hacemos, es simplemente lo que pasa, es decir, nada extraordinario. SIn embargo, basta con que un buen escritor lo ponga en palabras para que adquiera el relieve de un acontecimiento.

El efecto es parecido al de la fotografia callejera, cuando capta el instante: la mueca de una mujer hermosa, imperceptible de haber estado ahí, la mirada perdida de quien ojea la prensa sentado en un banco, la torsión de un cuerpo al darse cuenta de su error…. La sensación es de extrañeza, la que provoca, de hecho, el marco al aislar el momento. Pues el marco prescinde de lo que permanece fuera del mismo. Como si no fuese nada… aun cuando esa nada siga ahí, rodeando la delimitación. Por eso, quien consigue un buen enfoque, sea a través de la palabra o la imagen, revela lo ordinario como excepción. Como si la existencia fuera, precisamente, un acto de resistencia al poder de la nada, un acto que trasciende, en nuestro caso, el instinto, la reacción. Y lo trasciende, precisamente, porque podemos escribirlo.

Luego, vendrá el filósofo para decirnos que ese acto es inherente a la nada. Y entonces, el asunto será otro.

secrets

junio 7, 2025 § Deja un comentario

El secreto es que no hay secreto. O mejor, que, de haberlo, no importaría. ¿Qué ocultan unas manos que se cierran? ¿Sería decepcionante que no escondiesen nada? Como la cebolla, cuyo núcleo es, precisamente, el vacío. El prestigio de lo oculto se debe al velo —y a nuestra congénita necesidad de aparición. Al igual que nuestro deseo es incitado por la prohibición.

Sin embargo, dice el nihilista, nada nuevo bajo el Sol. No esperes nada, literalmente, extraordinario. A lo sumo, su simulacro: la sorpresa, la novedad, el unboxing. ¿Qué será? —y quizá esta sea la pregunta… aunque solo alcance el tuétano donde la existencia, en su conjunto, deviene un interrogante en vez de, simplemente, un oficio. Las piezas del rompecabezas no encajan, ni encajarán. En el caso de que las manos ocultasen un diamante único, no sería más que un diamante, algo a lo que tan solo hace falta acostumbrarse para que desaparezca su brillo inicial. Por definición, el secreto es insoportable. Pues acaso el secreto sea, al fin y al cabo, que lo excepcional no se revela como caso singular, sino como lo que tuvo que negarse —y por eso mismo, desaparecer— para que hubiese, precisamente, mundo.