Moltmann (1)

octubre 19, 2021 § 2 comentarios

Escribe Moltmann en El Dios crucificado: la cruz expulsa los elementos sincréticos del cristianismo. Traducción: expulsa los elementos gnósticos o pseudo-orientales, tan de moda actualmente. Pues el Gólgota revela cualquier ideal que se decida desde nuestro lado como ridículo. Al fin y al cabo, la teología debe, acaso en primer lugar, enfrentarse a la pregunta que el crucificado le dirige a Dios: ¿por qué me has abandonado? Y esto para saber de quién hablamos cuando hablamos de Dios. De no hacerlo, fácilmente caerá en las procelosas aguas de la devoción, en el peor sentido de la palabra, aquel que nos arroja, precisamente, al onanismo espiritual.

un café con Miguel Ángel (2)

octubre 18, 2021 § Deja un comentario

No da la impresión de que haya alternativa al status quo. ¿El futuro? Más de lo mismo. O peor. La concentración del poder es cada vez mayor (y así, aumentan las desigualdades). Quizá ya no haya capitalismo, sino algo parecido a un neofeudalismo del capital. Ninguna alternativa concebible, salvo la naïve. Sin embargo, nada nuevo bajo el Sol. Israel ya vivió una situación parecida bajo el yugo de diferentes imperios. Su pregunta no fue qué ideal debería orientar nuestro activismo, sino a quién responder… y luego Dios dirá. Esto es, hay que sacar a esos niños que viven como ratas en el metro de Moscú. ¿Y después? Lo inconcebible: que el león coma hierba. Si Dios —y el hombre— quiere.

uno fariseo, otro publicano (y además Maslow)

octubre 17, 2021 § Deja un comentario

¿Es posible que los cristianos de misa sean, en su mayoría, los fariseos de la parábola de Lucas (Lc 18 9-14)? ¿Acaso no se sienten tan satisfechos con su fe (y de paso, consigo mismos)? Maslow nos da una pista. Primero, hay que cubrir las necesidades básicas: comer, vestirse, un hogar… Tan solo en la cúspide de la pirámide encontramos las necesidades espirituales. De ahí que quizá no sea casual que los cristianos más cercanos a la Iglesia —o los más sensibles a las cuestiones de fondo— hayan sido, por lo común, aquellos a los que nos sobra. Para los que tienen de menos, el cristianismo solo puede ser mesiánico (y esto significa que, en términos de Maslow, las necesidades espirituales de los pobres son muy básicas, muy corporales). Pues están convencidos —y convencidos a flor de piel— de que únicamente un enviado de Dios podrá sacarlos del pozo.

Pero los profetas siempre acabaron mal, apedreados, precisamente, por los representantes del dios que garantiza el orden natural. Entonces ¿qué esperanza les queda a los desgraciados, al margen de la revolución (y esta vez sin ninguna intervención ex machina)? ¿Un Dios crucificado? Ahora bien, esto ¿no está muy cerca de decir que no hay esperanza para los excluidos? De no haber habido resurrección, esta sería, sencillamente, la dura lección del Gólgota. Por eso, la fe en la resurrección sigue siendo decisiva, hoy en día como antiguamente, para la supervivencia del cristianismo en cuanto tal. Como dijera Pablo, de no haber habido resurrección, la fe sería una estupidez (o si se prefiere, un chute de opio). Sin duda, puede sobrevivir como una espiritualidad entre otras, pero en ese caso ya no sería cristianismo, sino algo parecido a una creencia oriental con temas cristianos. No obstante, el problema que plantea la resurrección, y no solo modernamente, es que resulta increíble (y aquí, con la intención de salvar los muebles, no vale traducirla como si los apóstoles hubiesen querido decirnos simplemente que Jesús sigue vivo en nuestros corazones). En consecuencia, el cristianismo riega fuera de tiesto donde pretende hacer las paces con la Modernidad antes de tiempo, esto es, sin aportar una crítica —y una crítica frontal— a los presupuestos que la hicieron viable. Y es que, tarde o temprano, el creyente tiene que caer en la cuenta de que no hay otro Dios que el imposible.

un café con Miguel Ángel (1)

octubre 16, 2021 § Deja un comentario

No hay algo así como un encuentro de las almas donde olvidamos el cuerpo. Todo comienza con el cuerpo y termina con el cuerpo. Pero no porque tan solo haya cuerpo. Hay alma, aunque esta, como un continuo diferir de la máscara con la que nos identificamos, en modo alguno pueda entenderse como una especie de fantasma interior. Ahora bien, porque hay alma el cuerpo de los comienzos no es el mismo que el del final. En los inicios, el cuerpo se dirige al otro con ilusión, en el doble sentido del término. Al principio, el otro, inevitablemente, se presenta como un ídolo, por decirlo así. Prevalece la necesidad, el tener que comer. Al final, sin embargo y en el mejor de los casos, el alma, ese indigente, coincidirá con el cuerpo. Pues los amantes solo se encuentran en realidad como cuerpos derrotados, esto es, una vez se impuso el desencuentro. En la derrota, sin embargo, aún cabe un último gesto, el de la caricia o el abrazo, al fin y al cabo, el de un perdón sin palabras. Pues aquí una palabra más estaría de más. O por decirlo en cristiano, sin otra palabra que aquella que se hizo carne. Se trata de un volver a empezar con las cicatrices de la cruz. Aunque tampoco nos quede mucho tiempo por delante. O por eso mismo.

neo-evangelización

octubre 15, 2021 § Deja un comentario

Quizá el problema de la nueva evangelización, tan cercana al viejo gnosticismo, es que, convierte a Dios en algo así como un poder subyacente de cuya fuerza podríamos participar… de hacer lo debido. Esto es, en una especie de arjé con un componente moral. Evidentemente, dentro de este marco, el credo cristiano deviene ininteligible. Pues el Padre difícilmente seguirá siendo aquel que no tiene otro rostro que el del Hijo (y por eso mismo un extraño en cuanto tal). Para la nueva evangelización, la realidad de Dios es independiente de la respuesta del hombre a su invocación. Sin embargo, que Dios tenga carne significa, al fin y al cabo, que Dios en sí —esto es, como Padre— es el Dios que aún no es nadie sin el fiat de ese cuerpo en el que quiso reconocerse desde el inicio (y del que fue apartado). De ahí que el Dios cristiano esté en las ańtípodas del titiritero espectralen el que muchos todavía creen. Aun cuando también del dios-fuente-de-energía-positiva de la nueva evangelización. En cualquier caso, el gnosticismo, sea cual sea su capa, convierte a Dios en un dato, aunque necesitemos esforzarnos para descubrirlo. Como si se tratara de un tesoro por desenterrar. Y puede que sea a causa de este como si que el gnosticismo`nos parece profundo, cuando lo cierto es que convierte a Dios en una obviedad… dado que es racionalmente obvio que tiene que haber algo así como un primer principio. Sin duda, para una sensibilidad religiosa no basta con saberlo. Al menos, porque su pregunta es a qué nos obliga dicho primer principio, ritual o moralmente hablando, si de lo que se trata es de la plenitud. Ahora bien, el horizonte de la fe cristiana no es tanto la plenitud como la redención. Y quien dice redención dice absolución. Pero ¿quién creerá, hoy en día, que nos encontramos sub iudice ante los que no cuentan?

¿amar a los enemigos?

octubre 14, 2021 § Deja un comentario

Se nos dijo, amarás a tu enemigo. Sin embargo, basta con imaginar al nazi que coloca la soga en el cuello de tus hijos, al hutu que los mata a machetazos mientras duermen, al marine que está a punto de ametrallarlos en My Lai… para comprender que no estamos ante un mandato moral. No estamos fuera de juego donde no somos capaces de amarlos. Más bien, está más cerca de lo monstruoso que de lo humano. De hecho, no es secundario que, en judío, el deber moral, antes que como norma, se revele como promesa. El horizonte de la Ley mosaica es, en definitiva, el imposible futuro de Dios como el imposible futuro del hombre. E imposible en tanto que inconcebible salvo como ilusión. De ahí que la promesa solo pueda realizarse como una especie de reset cósmico que en modo alguno podemos esperar solo desde nuestro lado. Aunque tampoco solo desde el lado de Dios. La esperanza creyente no la sostiene ningún saber. Ni siquiera hipotético.

una fábula cristiana

octubre 13, 2021 § 1 comentario

No soy Dios sin ti —dijo Dios de buen principio—. Pues quiero tener tu rostro. Pero aquel a quien apuntaba la intención divina pasó de largo. Dios devino un nadie. Más adelante, hubo quien se tomó en serio lo que Dios quiso para sí mismo (y para el hombre). Pero Dios ya había muerto como dios. Nadie ahí arriba que pudiera rescatarlo de la desgracia. En cualquier caso, alguien ahí abajo —o mejor, entre el cielo y la tierra como quien cuelga— que logró rescatar a Dios de entre los muertos, aunque sin saberlo. A partir de entonces, Dios volvió a tener un cuerpo.

Dios y los poderosos

octubre 11, 2021 § Deja un comentario

Hay que entender antes qué significó que la divinidad estuviera del lado de los poderosos para comprender el alcance la revelación bíblica. Así, no solo que Dios fue la excusa que legitimó durante siglos el ejercicio del poder, sino también que a lo que les va bien —las buenas familias— suelen ser más sensibles a los asuntos espirituales. A los pobres, la superstición. De ahí que sea sumamente desconcertante un libro como el de Job. Al menos, porque una de sus moralejas es que nadie se acerca a Dios sin antes sufrir el abandono de Dios (y el Dios al que se acerca Job no es, precisamente, el Dios que los amigos de Job, los cuales representan la típica sensibilidad religiosa, dan por descontado). Por no hablar de la identificación de Dios con aquel que colgó de un madero en nombre, precisamente, de Dios. Esto es, en su lugar.

de la devota superstición

octubre 10, 2021 § Deja un comentario

¿Dirigirse a Dios como al ángel de la guarda de nuestra infancia? No toca, dice el ilustrado (e incluso siendo —o creyendo ser— aún cristiano). Sin embargo, de no permanecer fieles al niño que llevamos dentro, ¿cómo echar en falta a Dios cuando se revele su verdad, la de aquel que trasciende los cielos hasta la desesperación? ¿Cómo dirigir el llanto a un Dios cuya presencia es la de su ausencia si ya nos convencimos a nosotros mismos de que no podía haber ahí ningún dios? ¿Acaso la fe no fue siempre un invocar a Dios por Dios (y obrar en consecuencia)? Y es que donde fuimos adultos antes de tiempo difícilmente cabe una segunda ingenuidad.

sabiduría y secreto

octubre 9, 2021 § Deja un comentario

Un sabio es aquel que conoce nuestro secreto: que, en el fondo, no somos nadie —pues fuimos hechos a imagen de Dios—, apenas unos náufragos que buscan abrazarse para no hundirse… aunque, en el día a día, vayamos ocultándolo. Como si supiéramos nadar. De ahí su poder: él es el único que puede poner el dedo sobre la llaga, descubrirnos. Sin embargo, se trata de un poder que difícilmente ejerce, salvo sobre sí mismo o sus amigos-discípulos. Y de ahí también que, para quien sabe de qué va el juego, el mundo sea una feria de vanidades. Esto es, un alimentarse de viento.

ad aeternum

octubre 8, 2021 § Deja un comentario

Es posible que, de alcanzar la inmortalidad por nuestros propios medios, más que derribar un muro, hubiéramos cerrado una puerta. Como el feto que hubiese conseguido permanecer para siempre en la matriz.

de la fe infantil a la fe adulta

octubre 7, 2021 § 1 comentario

Cuando niños, al rezar el padrenuestro, nos dirigíamos a Dios como podíamos dirigirnos al ángel de la guarda: que me vaya bien el examen de mates. Et cetera. De adultos, quizá lo sigamos rezando… pero para pedirle a Dios por Dios. Puede que la vida sea un viaje del niño al adulto… para volver, en definitiva, al niño. Solo que, con la segunda ingenuidad, Dios tendrá un rostro (y un rostro que acaso, como mujeres y hombres sensatos, preferiríamos no ver).

no hay cielos (aunque tampoco infiernos)

octubre 6, 2021 § 1 comentario

De habitar un mundo perfecto —un paraíso— no podríamos evitar la sensación de que nos hallamos en un mundo irreal o fantasmagórico. Como si estuviéramos en un sueño.Pues donde hay luz, hay oscuridad (y no hay que ser un Heráclito para darse cuent). Donde todo fuese luz, sencillamente no habría luz. Ergo, no pueden haber cielos que valgan. Pues, se supone que en los cielos no cabe la oscuridad. En este sentido, quizá no sea casual que la esperanza bíblica apunte a una nueva humanidad, aquí en la tierra, y no a un más allá de espectros puros. Por no hablar de que, según el cristianismo, incluso en los cielos, de haberlos, Dios, como tal, seguiría estando por ver.

a vueltas con el ser

octubre 5, 2021 § Deja un comentario

El bien y el mal ¿pueden desligarse de lo que nos parece bien o mal? ¿Fue Auschwitz el índice de un mal absoluto? Difícilmente podemos evitar verlo así. Pero ¿lo fue en realidad? Desde la óptica de un dios que nos viera como nosotros vemos a los insectos ¿acaso Auschwitz podría ser algo más que un dato natural? ¿Cómo deberíamos juzgar que dos amebas devengan una? ¿Como un acto de amor o, por el contrario, como canibalismo? La violencia sin piedad se ejerce y se sufre. Pero ¿es malvada? No hay hechos morales, decía Nietzsche, sino interpretaciones morales de los hechos (y aquí Nietzsche deviene un discípulo exaltado de Hume). ¿Hay Bien o tan solo perspectivas? Pero ¿acaso la pregunta por el Bien no es esta la pregunta por lo absoluto —por lo que se ab-suelve de cualquier aparecer—? La cuestión nos obliga, hoy como siempre, a preguntarnos de qué hablamos cuando hablamos de lo real.¿Desde qué lugar se decide la cuestión? ¿Desde las gradas de un espectador imparcial —del dios que nos observa como el entomólogo, la mantis religiosa—? Quizá. Pero el espectador, ¿puede ver lo que ven quienes forman parte de la escena —y sobre todo la sufren—, a saber, la nada (o el nadie) que sostiene el mundo? Para el entomólgo no hay espera —no hay Otro que valga—, ninguna pregunta que vaya más allá de la curiosidad. Contamos con una variante: ¿hubo realidad antes de que surgiese la conciencia? Ciertamente, es lo que damos por descontado. Sin embargo, ¿puede haber realidad sin aparición? ¿Acaso lo real no es lo que de algún modo se muestra? Cierto. No obstante, la desaparación o retroceso de lo absoluto es lo que va con su revelación. De ahí que lo absoluto —el Otro, el Bien…— sea pasado irrecuperable o eterno porvenir. En modo alguno, presente. Por consiguiente, hay Bien —u Otro—, pero no para nosotros. O mejor, el Bien —lo que debe ser— es un debe haberlo. Los hechos ancestrales serían, en este sentido, algo así como la imagen del carácter inevitablemente ancestral de lo absoluto.

android

octubre 4, 2021 § Deja un comentario

El Dios que tiene pendiente su quién ¿no será una especie de robot, un dios hierático, por parálisis, hasta la desesperación? Por otro lado, ¿podemos seguir diciendo que la resurrección confirma la identificación de Dios —estrictamente el Padre— con el crucificado donde Dios no procede, ni puede proceder, ex machina?

eleidad

octubre 3, 2021 § Deja un comentario

¿Dios? La piedra en el zapato que perturba la relación entre dios y el hombre. Incluso la más íntima. En este sentido, Dios no es tanto un Tú como un Él. Aunque se trate de un Él sin otro referente que el de aquellos que lo re-presentan: los leprosos, los que no cuentan, los crucificados. Al fin y al cabo, aquellos que preferimos no ver, los invisibles como Dios. De ahí que no sea casual que la trascendencia de Dios —su desplazamiento a un pasado inmemorial y, por consiguiente, a un eterno porvenir— encuentre su correlato político, no en quienes detentan el poder, sino en los excluídos, precisamente, por el poder. La eleidad de Dios fue siempre la de un tercero inoportuno que corta el idilio que el alma religiosa mantiene con su amigo espectral. Pues Dios es el que no cabe interiorizar salvo como el en absoluto interiorizable. Ciertamente, interior intimo meo, dijo Agustín. Pero no sin añadir, et superior summo meo, una superioridad cuyo exceso, sin embargo, es el de lo excremencial. Que Dios sea un mierda es, de hecho, lo que, religiosamente, no estamos dispuestos a admitir. Eppur si muove.

less is more

octubre 2, 2021 § Deja un comentario

Espontáneamente, tendemos a creer que lo divino es más. Sin embargo, la cruz revela lo contrario: Dios —el Padre— es el que, siendo, ni siquiera es o, mejor, el que no cuenta porque aún no es. Pero, por eso mismo, es más. Pues la verdadera desmesura no se halla en lo gigantesco, sino en la impotencia de un Dios que no quiso seguir siendo el que es sin el cuerpo de un hombre. La altura de Dios es la de un cuerpo colgando de una cruz. Y esto no es fácil de tragar. Sobre todo para el estómago religioso.

la moraleja de Heráclito

octubre 1, 2021 § Deja un comentario

Si todo fuera luz, ciertamente, no habría oscuridad. Pero tampoco luz. Este es el mensaje de la dialéctica. Ahora bien, entenderlo significa admitir que el conflicto es irresoluble: nadie gana por goleada. Por ejemplo, política y moral son irreconciliables. Pero donde todo fuese política, dejaría de haber política. En su lugar, la ley de la seva. Al igual que no es posible que siga habiendo mundo, donde hubiera desaparecido cualquier atisbo de maldad. De ahí que incluso en los cielos, de ser reales, deberíamos experimentar una cierta resistencia al Bien. Al fin y al cabo, la tensión solo se resuelve como equilibrio provisional. La paz siempre fue —y será— una tregua. Ciertamente, aspiramos a una paz eterna (y no podemos renunciar a esta aspiración sin sucumbir). Pero no es posible hacernos una idea, salvo la extravagante, de cómo sucederá. Esto es, una idea de lo imposible —de lo que ningún mundo puede admitir como posibilidad—. Estamos ante un estricto tiene que. La cuestión es en nombre de qué —o de quién—.

un café en el Manolo Bakes

septiembre 30, 2021 § Deja un comentario

En la mesa de al lado, unos deformes toman un café. Él padece obesidad mórbida. Ella, diría, roza el síndrome de Down. No parece que puedan esperar mucho de la vida que aún tienen por delante. Su expectativa no es la de triunfar, sino la de vivir un día más. Llama la atención cómo se tratan —cómo se cuidan—. Admirable. Quizá también sacsejador. ¿Será cierto que tan solo como náufragos logramos abrazarnos? Ellos no tiene cromos que intercambiar. Nada que ver, ciertamente, con las películas románticas. Con estas nos quedamos a medias. Ninguna cuenta el final. Y el final, de haberlo, es siempre una historia de resurrección. Pues o hay resurrección, como quien dice, o se impone el eterno retorno de lo mismo, un sin fin (y Nietzsche, de paso, tenía razón).

lo que expresa, encubre

septiembre 29, 2021 § Deja un comentario

El Yo se expresa a través de un cuerpo. Ahora bien, la realidad del Yo como tal no es palpable: es la de quien continuamente difiere del cuerpo con el que, por otro lado, se identifica. La realidad del Yo es la del tiempo, algo así como su punto de fuga… visto desde fuera. De ahí que seamos algo más que cuerpo, aunque el Yo, ciertamente, no sea nadie sin el cuerpo. Alma es el nombre de nuestra inquietud fundamental. Porque hay alma nunca terminamos de encontrarnos en donde estamos… salvo en medio del desierto o la noche. En el desierto, ya no nos vemos forzados a negociar. El interrogante coincide con la paz. Hablamos del lugar en donde no es posible distinguir entre la pregunta por el hombre y la que apunta a Dios. Es verdad que no hay nada que ver más allá del cuerpo. Pero es una ingenuidad creer que lo más real es lo visible. Pues hay lo visible porque su alteridad retrocede, precisamente, en su mostrarse. Cuanto expresa lo real, lo encubre. No hay manifestación sin ocultación. Y lo que se oculta en modo alguno es algo que podríamos ver si escarbásemos un poco más, sino un eterno porvenir.

antigua sorna

septiembre 28, 2021 § 1 comentario

Nuestra región está tan poblada de dioses que resulta más fácil toparse con un dios que con un hombre.

Petronio

otro padrenuestro

septiembre 27, 2021 § Deja un comentario

Estando donde estamos, esto es, en el centro, quizá lo más honesto que podamos perdirle a Dios es que nos libre de Dios (como creo recordar que decía Eckhart). No sea que todo salte por los aires.

mito y superstición

septiembre 26, 2021 § Deja un comentario

Es fácil atribuir a los antiguos una predisposición a creer en historias increíbles, los denominados mitos. De ahí que, con igual facilidad, nos sintamos inclinados a la superioridad ilustrada. Pero los antiguos no fueron unos estúpidos. Ellos creyeron en sus mitos como nosotros podemos creer en los nuestros, esto es, suspendiendo la incredulidad. Es lo que sucede, por ejemplo, cuando vemos un episodio de Star Wars o una película romántica como Pretty woman. Pues nadie puede, sensatamente, tomarse en serio que haya por ahí una especie de sapo zen. Y sin embargo, lo cierto es que las palabras últimas, casi un susurro, nos son extrañas (y por eso mismo, no puede pronunciarlas nadie que no proceda de otro mundo). Como También es increíble, por inviable, lo que cuenta Prettty woman. Una escort inocente está cerca del oxímoron. Sin embargo, la moraleja sigue siendo, más o menos, la misma, a saber, que solo lo extraordinario es verdadero. Y esto probablemente sea así.

fe y religión, una vez más

septiembre 25, 2021 § Deja un comentario

La religión no exige ninguna fe: le basta el supuesto. Por no decir, la constatación. En la Antigüedad, hubieron dioses como habían animales. La diferencia entre ambos es que los primeros, aunque efectivos, eran invisibles. La cosa cambió con Abraham. Pues el Dios de Abraham es un Dios que se ofrece como un Dios por venir. O si se prefiere, pendiente. Como si el tema, con respecto a Dios, no fuese Dios, sino la búsqueda de Dios y, en definitiva, la fe. O lo que resulta equivalente el amor. Pues amar significa, literalmente, perseguir lo inalcanzable (y, no obstante, debe ser alcanzado). Con Abraham, Dios dejó de presentarse como un dios natural, esto es, como un poder con el que cabe negociar. El problema es que el Dios de Abraham reclama mucha fe, una ciega confianza. Y puesto que la fe es endeble, el creyente siempre está a un paso de no creer. Ahora bien, mejor esto que creer que se cree.

un nota sobre la muerte de Dios

septiembre 23, 2021 § Deja un comentario

¿Dios ha muerto? Claro. Y desde el origen de los tiempos. Murió con la religión. Donde damos a Dios por sentado —donde hacemos de Dios un dios a medida—, nos alejamos de Dios, de su verdad. Pues la verdad de Dios se revela como la de una alteridad, de por sí, inalcanzable (y, por eso mismo, literalmente sagrada). Nada hay más real que el Otro que se desplazó más allá del tiempo para que pudiéramos habitar un mundo. Nada más real que un Dios muerto o, mejor dicho, siempre pendiente. Esto es, como si no hubiera Dios. Su clamor es el de un espectro. Y nada hay que sea más omnipresente. Aunque lo ignoremos. El creyente —no el que cree que cree— se encuentra expuesto a la desmesura de este perpetuo porvenir (y a lo que se desprende de ella, el don y la Ley). Hay Otro. Pero es eternamente invisible. Ahora bien, no se trata de la cosa invisible —no hay cosas invisibles—, sino de lo que, en modo alguno, cabe ver o concebir, de la alteridad avant la lettre. De ahí que el Otro sea la imposibilidad por la que el todo deviene el no-todo, la brecha que impide el cierre inmanente de la totalidad. Y, bíblicamente, la radical trascendencia de Dios —la grieta del mundo— encuentra su eco en el llanto de los que no cuentan para nada ni nadie. Pues Dios muere con la muerte de los cuerpos que lo representan. Esto es, como nadie.

fases

septiembre 22, 2021 § Deja un comentario

La infancia es, ciertamente, ilusión —y podemos prolongarla hasta momentos antes de morir—. Es inevitable que, de entrada, creamos en las promesas de la ilusión. Es lo que nos permite tirar de nuevo los dados. La madurez, por su parte, comienza con la desilusión. Ya no hay espejismo que valga. El juego de la oca ha terminado. Te has dado cuenta de que el juego es otro —y de que no eres el jugador principal—. Hasta aquí lo prosaico, lo común. Sin embargo, la cuestión es si hay vida más allá del desengaño. Y sin duda la hay. Aunque no va a depender de ti. O no solo.

el gen egoísta

septiembre 21, 2021 § Deja un comentario

En la denominada posmodernidad, todo va en la misma dirección: el hombre no es sujeto de sí mismo. Da igual hablar del inconsciente freudiano, de las condiciones materiales de la existencia o del gen. En cualquier caso, seríamos un efecto, algo así como el instrumento —los títeres— de una instancia superior, aunque en este caso se halle en lo más bajo o subyacente. Por no hablar de lo podrido. Ya lo dijo Nietzsche: no es fácil prescindir de los dioses. La cuestión es sí somos algo más que cuanto nos produce. Y aquí convendría recordar lo que dijeron los estoicos en su momento, a saber, que la conciencia de sí nos sitúa, en cierto sentido, por encima de cuanto nos sucede. Sin embargo, esto en la Biblia se dice de otro modo: en nombre de un Dios ausente o por-venir, el todo no lo es aún todo. Pues existir significa, precisamente, un no terminar de encontrarse en donde uno está. El problema es que la posmodernidad niega legitimidad epistemológica a cualquier intento de dar un lenguaje a este más, de tal manera que podamos entenderlo como un lenaguaje acerca de lo real. Pero esto podría ser solo un problema de nuestros tiempos.

asombro y realidad

septiembre 20, 2021 § Deja un comentario

El asombro nos aleja de la voluntad de dominio —de asegurar un control por medio del saber—. Y, por eso mismo, nos mantiene frente a lo real —a lo que es sin nosotros—. O mejor dicho, formando parte. Aunque sea nanométrica.

variaciones sobre el nihilismo

septiembre 19, 2021 § Deja un comentario

Crees que hay una salida. Que los astros —o las energías— te serán favorables. Que serás seleccionada para el gran premio. Pero el mundo, tarde o temprano, dice No. Si crees que importas es porque aún no has salido del cascarón. (aunque sea muy estrecho o, incluso, irrespirable). La fantasía siempre fue nuestro refugio. La cuestión es si hay vida más allá de la muerte en vida. Esto es, si el No es la última palabra. Y da la impresión de que el No tenga las de ganar. La única esperanza es la que arraiga, no en lo que podamos decir o suponer, sino en los datos, por decirlo así. Y aquí el único dato que cuenta es el de aquellas mujeres y hombres que volvieron con vida donde ya no les quedaba vida por delante. Con todo, deberíamos también preguntarnos en nombre de qué o de quién, si es que pretendemos ir más allá de la reacción psicológica o de la aptitud.

simple

septiembre 18, 2021 § Deja un comentario

La Biblia dice muchas cosas. Pero su leitmotiv es un Dios que no coincide con lo gigantesco, sino con lo minúsculo o despreciable —con lo que anda rozando la desaparición, por no decir el exterminio—. Y esto es algo con lo que, religiosamente, no contábamos.¿Puede la divinidad revelarse como un nadie —como el Dios que no quiso tener otra entidad que la de un crucificado— y seguir siendo divina? Para una sensibilidad religiosa, resulta difícil admitir un Dios con el que no cabe negociar, un Dios que, en definitiva, nada quiere saber de nuestros intentos de sintonizar con la fuente del poder.

luz o bondad

septiembre 17, 2021 § Deja un comentario

Cuando decimos de Dios que es como la luz o una bondad inconmensurable… no estamos recurriendo al tropo literario —no nos hallamos ante un modo de describir, quizá de un modo más adecuado, lo que ya conocemos—. No es un ejercicio de retórica, sino de ontología. En definitiva, se trata de determinar la palabra Dios, esto es, de constituir lo que es Dios (y esto, obviamente, lo hacemos desde nuestro lado, lo cual, de por sí, es sospechoso). Sin embargo, con ello no estamos más cerca de Dios, sino más lejos. Pues con respecto a Dios, lo primero no es una descripción definida—un concepto a la que haya que proporcionar una mayor concreción (que es lo que hacemos cuando decimos, por ejemplo, que lo supremo —aquí el concepto— es la bondad —y aquí la concreción—), sino el nombre. Ahora bien, se trata de un nombre que, dentro de los tiempos históricos, es un puro significante, un trazo sobre la arena, por decirlo así, aquel cuyo referente —cuyo quién— está por ver (o al menos lo estuvo, según el cristianismo, hasta que no llegó el tercer día). Nada entendemos de la Biblia —de su carácter anti-mítico—, si no partimos de la convicción de que Dios es su nombre, una convicción que arraiga en la experiencia de los abandonados de Dios, los únicos capaces de DIos. Al menos, porque si Dios es el nombre del otro-siempre-en-falta, la cuestión religiosa por excelencia no es qué es Dios, sino quién. Y no porque este quién eluda la representación —un quién inimaginable que habita, se supone, en las alturas—, sino porque Dios, en sí mismo, es el aún nadie (y lo es porque quiso). La cuestión, al fin y al cabo, es en qué cuerpo volverá a reconocerse como Dios. En este sentido, desde la óptica bíblica, Dios no es el Dios por descubrir, sino el Dios por encarnar. Es lo que tiene un Dios que no quiso ser Dios sin la adhesión incondicional de aquel que fue creado a imagen y semejanza. En definitiva, sin su cuerpo. ¿Quién eres tú?, le preguntamos a Dios, Y el responde: todavía no lo sé; dímelo tú. Ahora bien, el hombre solo podrá decírselo, no donde crea saber qué o quién es Dios, sino en aquellas situaciones en las que, precisamente, no pueda seguir creyéndolo. Esto es, en aquellas donde tan solo habla nuestra carne.

nihilismo, una definición

septiembre 15, 2021 § 1 comentario

¿Qué dice el nihilista? Que nada tiene sentido o valor. O también que no hay esperanza para los vencidos. Aunque los que triunfan tampoco pueden esperar otra cosa que no sea seguir con vida unos pocos años más. Pues, desde la óptica de la eternidad, todos desaparecemos a la vez. En resumen, en el mientrastanto, unos ganan y otros pierden. Y si eres de los que pierden, este es tu final. Nada, más allá de la derrota.

Puede que esto nos dé un poco igual —que la cuestión nos parezca meramente especulativa—. Pero será que no nos hallamos en los infiernos de la historia. Y es que la única cuestión que importa es si hay redención para los que no cuentan, literalmente, los incontables. Ahora bien, no parece que la haya. De ahí que no terminemos de comprender el alcance de la proclamación cristiana hasta que no partamos de que lo evidente, cuanto cae por su propio peso, no es el Sí, sino el No.

el Dios cristiano y el Dios de Jesús

septiembre 14, 2021 § Deja un comentario

Religiosamente, damos por hecho que el Dios al que invocaba Jesús como Abba es el Dios cristiano. De algún modo, es así. Pero no exactamente así. Y no lo es porque, evidentemente, Jesús, al margen de la conciencia que pudiera tener como heraldo de Dios, nunca dijo de sí mismo que era el quién —el cuerpo, el modo de ser— de Dios… que es lo que confiesa un cristiano. Sencillamente, el hombre que fue Jesús de Nazaret no podía saber que el Padre al que se dirigía íntimamente, el mismo que guardó (el) silencio en Getsemaní, no quiso ofrecerse como tal sin la adhesión incondicional del hombre. No hubo revelación para el abandonado de Dios que se abandonó a Dios. En cualquier caso, para quienes estuvieron al pie de la cruz. De ahí que Pablo dijera que es la fe la que nos salva. Pues si somos capaces de tener fe —de adherirnos— es solo porque antes fue la fe de un crucificado en nombre de Dios. Esto es, en su lugar. Quien cree espontáneamente por su cuenta y riesgo, no cree, sino que, más bien, cree que cree. Y quizá porque aún no se encuentra en aquella situación en la que ya no cabe seguir creyendo, como quien no quiere la cosa, en una divinidad a nuestro favor.

profetas

septiembre 13, 2021 § Deja un comentario

La profecía no es visión del porvenir —no es un oráculo—, sino la expresión del íntimo —y extraño— vínculo entre mandato y promesa. Así, el no matarás, por ejemplo, significa tanto no debes matar como terminarás no matando. Y esto es así porque el mandato que procede de Dios —estrictamente, de su retroceso hacia el casi-nadie— es tan insatisfacible como insoslayable. Pues ¿quién no mata por el simple hecho de existir? ¿Acaso no asesinamos a quienes no tienen pan qué llevarse a la boca donde pasamos de largo? Sin embargo, el excluido ¿acaso no nos convoca, en cuanto tal, también a la fraternidad? El profeta, al fin y al cabo, viene a decirnos una sola cosa: en nombre de Dios, lo que debe ser, será. Ahora bien, no solo porque Dios quiera. Pues el Dios al que apunta la fe no es un deus ex machina, sino aquel que no es nadie —y no lo es porque no quiso— sin la respuesta del hombre. De ahí la exhortación profética a cargar con la voluntad de Dios, precisamente, para que Dios sea el que es. El profeta, por tanto, no nos enfrenta a un destino, sino a lo que cabe esperar. Y ello porque nada está aún decidido. Ni siquiera que termine habiendo Dios (aunque, cristianamente, la resurrección funcione, por defecto, como una prueba a favor).

del no-lugar

septiembre 12, 2021 § Deja un comentario

El paganismo sacraliza el lugar. Y el paganismo es la religión más espontánea o natural. Pues, a la hora de encontrar un lugar en el mundo, espontáneamente nos dejamos llevar por la idea de que habitamos en medio de poderes invisibles. Da igual si hablamos de dioses o de la influencia de los astros. En cualquier caso, prevalece nuestro deseo de ocupar la mejor posición, un saber, en definitiva, a qué atenernos. De ahí lo raro de una fe que apunte a un Dios fuera de lugar (y que sostenga que no hay otro Dios que aquel que no tiene lugar). Como también es raro que los capaces de ese Dios sean, hecho, los expulsados de la tierra, los homeless, los desarraigados. Desde su óptica no es el lugar lo que constituye la significación, sino la desposesión, el éxodo, la erradicación. Y, tarde o temprano, tendremos que preguntarnos cuál de las dos opciones está más cerca de lo verdadero (aunque quién lo esté, quizá no se lo pregunte).

materia

septiembre 11, 2021 § Deja un comentario

Somos algo más que materia, más que una sofisticada organización de electrones. Ves los restos de tu madre: unos huesos, bastante polvo, unos cuantos cabellos aún en el cráneo… Eso no es tu madre, aun cuando siga siendo lo que siempre estuvo por debajo. La materia ha adoptado, sin duda, otra forma. Ninguna inquietud levantará ese esqueleto —y, por eso mismo, no existe, sino que simplemente está ahí—. Cesó el milagro. El problema es que nos hemos quedado sin lenguaje para dar cuenta de la desmesura de la existencia —de su desencaje— como algo real. O mejor dicho, como algo más real que el mundo.

haya cruz y despúes gloria

septiembre 10, 2021 § Deja un comentario

La presentación de la fe ya no puede partir del momento de gloria: como si pudiéramos dar por sentada la resurrección. Al hacerlo, olvidamos que el cristianismo no termina de hacer buenas migas con la religión, la cual grosso modo supone, precisamente, que hay un Dios en las alturas que nos está esperando (y, por añadir la aportación cristiana, que este Dios está íntimamente unido a Jesús tras levantarlo de entre los muertos a la manera de un deus ex machina). Y no termina de hacer buenas migas porque lo que se nos revela al pie de la cruz, aunque solo tras el tercer día, es que Dios —propiamente, el Padre— no es aún nadie sin la fe del hombre. No puede serlo. Pues no quiso serlo.

Ciertamente, en los orígenes del cristianismo, la resurrección fue el pistoletazo de salida. En modo alguno es el nuestro. Cuando menos, porque estamos muy lejos del marco mental que la hizo inteligible como acontecimiento escatológico. De ahí que nos veamos obligados a recorrer de nuevo, como cada generación de creyentes que no lo sean por defecto, el camino que se narra en los evangelios. Y es que el creyente, para serlo, tiene que atravesar Getsemaní, esto es, sufrir el derrumbe de cuanto cree espontáneamente acerca del más allá. No hay fe que no pase por la cruz. En este sentido, la fe es una respuesta al nihilismo, aunque en modo alguno una respuesta bobalicona. Al contrario. La resurrección como acontecimiento —y no tanto como fenómeno paranormal y, por eso mismo, ex machina— revela que no hay otro Dios que aquel que vuelve al presente con el cuerpo de un abandonado de Dios que se abandona a Dios. Y, sin duda, esto difícilmente cabe proclamarlo donde seguimos dentro del marco del prejuicio religioso. Pues que Dios sea el Dios que depende del hombre que depende de Dios no es algo que podamos admitir como quien no quiere la cosa. De hecho, preferimos un dios a medida de nuestra necesidad de contar con una variante espectral del primo de zumosol, aunque actualmente adopte el aspecto de un poder impersonal. Con respecto a Dios, lo único que está en juego es nuestra respuesta a su demanda, la que escuchamos, en realidad, como el eco del lamento de los despreciables a causa de su mal olor (y no porque hayan decidido no ducharse a diario). El resto solo tiene que ver con nosotros. Y aquí la sospecha siempre tiene las de ganar.

imprimatur

septiembre 9, 2021 § Deja un comentario

La Iglesia sostiene que el sacerdocio imprime carácter. Que uno no es sacerdote como podría ser, pongamos por caso, camarero o abogado (y no porque se trate de oficios distintos). Podríamos decir lo mismo de una vocación, en general. Y algo de esto hay. Pues, al fin y al cabo, uno es aquello a lo que se siente llamado, su inquietud, su búsqueda. Eres lo que persigues (y no terminas de alcanzar, por supuesto). ¿Puedes abandonar? ¿Hacer de tu inquietud un oficio —o mejor dicho, tan solo un oficio—? ¿Es posible renunciar al sacerdocio? ¿Por causa mayor? ¿Una mujer? Sin duda. Pero la pregunta es qué revela sobre uno mismo este dejarlo estar. ¿Que acaso no hubo una verdadera vocación? ¿O más bien que la ahogaste? Llega a ser lo que eres, decía Píndaro. Y esto implica soltar mucho lastre —mucho de lo que llevas pegado a la piel y no te pertenece—. Sin embargo, cuando hablamos de vocación —y quizá sobre todo, de la sacerdotal— no hablamos estrictamente de una inclinación característica —como si a uno le fueran las cosas de Dios como a otros la aeronáutica—, sino, como la misma palabra sugiere, de una demanda: hay que sacar a los huérfanos del metro de Moscú, donde viven como ratas. Y aquí quien llama no te deja en paz. Al menos que te decantes por la paz del mundo, la que te abre las puertas del hogar. Pero un hogar es una tumba para quienes han sido mordidos por los que no cuentan. El problema es que como normales, aun en el caso de ejercer el ministerio sacerdotal, pocos nos dejamos morder. Y, siendo así, da igual qué ilusión nos facilita que aguantemos un día más.

antinatural

septiembre 8, 2021 § Deja un comentario

¿Y si Dios fuese, no ya la cumbre de lo natual, sino antinatural? ¿No es el acto de fe un acto contranatura? Ante Dios, ¿acaso no nos encontramos al borde de la locura? Debes amarme, pero no puedes. Quizá sea por este motivo que no lleguemos a tomarnos demasiado en serio a Dios —que prefiramos un sucedáneo, por lo común, una variante del amigo invisible de la infancia—. Aunque quizá sea por el mismo motivo que Dios decidió dejarse caer: para que pudiéramos, al fin, abrazarlo. Pero, abrazar a Dios ¿no supone abrazar un cuerpo repugnante —el pellejo que cuelga de una cruz, al leproso—? ¿No se nos pide demasiado? Sin duda, sobre todo si permanecemos en la distancia de seguridad que nos proporciona un hogar. Pero como desplazados, el asunto cambia. Y no porque en ese caso seamos capaces, sino porque nos hallaríamos en la situación de aceptar el abrazo del que, habitualmente, nos repugna. Pues es posible que el amor a Dios tenga que ver antes con dejarse abrazar por los que huelen mal a causa de su indigencia que con el aspirar al aire puro de las cimas.

de lo limpio y lo sucio

septiembre 7, 2021 § 1 comentario

La suciedad posee un valor ontológico. Siempre lo tuvo. Todo cuerpo es ambivalente. Tan hechizante como repulsivo. Por eso, creemos que debe brillar: para que aparezca —para que no apartemos la mirada—. La suciedad tiene que volverse invisible. Sin embargo, sigue ahí, como el fondo oscuro de cuanto es. Y en este sentido, acaso sea más real que cuanto se muestra como real. De ahí que un Dios que se identifique con los sucios no termina de encajar con lo que esperamos de un dios. Dios no se encuentra arriba a la manera de un ente paradigmático, sino abajo, en las alcantarillas, junto a las ratas. Su invisibilidad es la de quienes despreciamos porque su olor nos repugna. Que siga siendo un Dios es algo que solo el cristianismo se ha atrevido a proclamar.