hacerse una idea

febrero 28, 2022 § Deja un comentario

¿Cómo hacernos una idea de lo que fue sentirse bajo el poder de un dios? ¿Acaso imaginando que somos observados por los dioses como un entomólogo examina —y disecciona— a sus insectos? La cruz, por sí sola, sería la confirmación —una más— de que estamos solos. A un dios, por defecto, no le interesan los bichos. Salvo por curiosidad. En este sentido, debería, cuando menos, sorprendernos que la fe cristiana apunte a un Dios que no quiso ejercer como tal sin las manos del hombre —a un Dios cuya voluntad fue la de negarse a sí mismo para poder tener un cuerpo—. O quizá no tanto, si tenemos en cuenta que a partir del Dios cristiano, el hombre comienza a situarse en el centro o, como suele decirse hoy en día, a empoderarse. Y de ahí a prescindir de Dios media un paso. Así, podríamos decir que el hombre logró finalmente ocupar el lugar de Dios por la gracia de Dios o, si se prefiere, por haber reemplazado a los dioses por un Dios hecho carne. Ahora bien, esto sería cierto de no ser porque lo que da pie a la fe no es nuestra exposición a un poder sin medida, sino el que un abandonado de Dios ofrezca en nombre de Dios un perdón imposible. Todo comienza —o termina— entonces para el verdugo. Si el hombre cree haber ocupado el lugar de Dios es porque, tras ese perdón, siguió con la suya, esto es, arrojando a las cunetas de la historia a los que sobran. Sin embargo, por eso mismo, el lugar que ocupa no es el de Dios, sino el de los dioses. Pues el lugar de Dios, si es que se trata de un lugar, es aquel en el que no hay nadie. O mejor dicho, aquel en el que hay el aún-nadie.

el científico y el creyente (y 2)

febrero 27, 2022 § Deja un comentario

Por tanto, cristianamente hacemos trampas donde, a la manera del deísmo ilustrado, sustituimos el primer motor por un Dios-arquitecto. Pues, aun cuando nuestro mundo obedeciera al diseño de una inteligencia superior —aunque el cosmos no fuese el resultado del azar—, de topar con ella todavía no habríamos topado con Dios. En realidad, una inteligencia superior formalmente no se distingue de la que pudiera tener un extraterrestre. Y frente al extraterrestre, como frente a los antiguos dioses, la cuestión no es la de Moisés ante YWHW —qué debo hacer ahora si ahí arriba tan solo hay un Dios que aún no sabe quién es—, sino la de cómo lidiar con un poder desbordante. Y es que, según la confesión cristiana, no topamos con Dios hasta que no topamos con aquel que fue levantado en su nombre.

el científico y el creyente

febrero 26, 2022 § Deja un comentario

La ciencia trata de las cosas y sus relaciones, incluso donde las cosas, como dentro del marco de la mecánica cuántica, se entienden como un campo de probabilidades. La ciencia es incapaz, sobre la base de sus presupuestos, de comprender la realidad de Dios como la del aún-nadie. Sin embargo, la fe no se opone a la ciencia. En cualquier caso, a su pretensión de monopolizar el discurso sobre lo real.

eraser

febrero 25, 2022 § 6 comentarios

Es evidente que el tiempo erosiona cuanto toca. Todo pasa. O, como dijera Heráclito, nunca nos bañamos dos veces en el mismo río. Esto en el fondo significa que no cabe permanecer en la verdad. Así, por ejemplo, es cierto que difícilmente podemos amar a quien, de algún modo, no admiramos, y no tanto por sus logros como por su modo de ser. Sin embargo, también es cierto que, con el paso de los días, lo admirable que pueda haber en el otro acaba deshaciéndose como azúcar en el café. La costumbre impone su ley. La ilusión termina convirtiéndose en oficio. Por tanto, ¿deberíamos admitir que cualquier ilusión fue, en realidad, un espejismo? No, necesariamente. Pues hay verdad en el encuentro de los amantes, pongamos por caso. A diferencia del simple intercambio de cromos —te cambio belleza por seguridad o inteligencia por sexo—, algo tiene lugar en el encuentro. Al menos, porque el encuentro preserva la distancia de la alteridad. Que cuanto nos traemos entre manos acabe siendo cosas que pasan no desmiente lo que tuvo en verdad lugar. Ningún acontecimiento es del mundo. O como decía Rimbaud: [como amantes] estamos fuera del mundo. La fidelidad, al fin y al cabo, supone un permanecer junto al acontecimiento, aunque sea a través de las formas. Y quizá no pueda ser de otro modo. Pues solo formal o ritualmente, lo sagrado se mantiene en pie. En cualquier caso, en nombre, precisamente, de lo que tuvo lugar en medio de cuanto simplemente pasa, la existencia permanece abierta a una resolución que no está en nuestras manos (aunque tampoco solo en las de un Dios). Consecuentemente, no hay alternativa: o permanecemos a la espera de lo increíble, o Nietzsche tuvo razón. Pues nihilismo significa que el tiempo gana —que nada cabe esperar que no sea la eterna disolución de lo verdadero; que cualquier acontecer fue, en definitiva, un trampantojo—.

sobre el poder de Dios

febrero 24, 2022 § Deja un comentario

Es verdad que la frase de Bentué, una paráfrasis de la de Pablo, apunta al centro de la revelación. Ahora bien, la revelación cristiana es sumamente desconcertante para quien sepa qué significa ser un dios. De ahí la importancia de averiguar qué hay más allá del efecto sugerente de las grandes sentencias para, cuando menos, hacernos una idea de lo que estamos hablando. Pues la tesis cristiana no tiene nada de religiosamente obvio. Cuando nos referimos a un Dios impotente… ¿es que no caemos en una contradictio in terminis? Así sería en el caso del ídolo —de lo que se nos muestra espontáneamente como divino—. No lo es, en el caso de un Dios crucificado. La gran intuición cristiana con respecto a Dios acaso sea la que sostiene que el mayor poder reside en aquel que, siendo sumamente poderoso, renuncia a su poder. Y es que, de lo contrario, el poder de Dios estaría por encima de su voluntad. Sencillamente, hay más poder en quien renuncia al poder que en aquel que no puede hacerlo.

De hecho, el Dios bíblico es el Dios que no quiso ser Dios sin el fiat del hombre. De ahí que, en sí mismo, no sea aún-nadie donde el hombre le da la espalda. Adán tiene que encarar de nuevo a Dios para que Dios pueda reconocerse de nuevo en Él y, por eso mismo, volver a ser el Dios que quiso ser desde el principio. Y encarar a Dios supone encarar su silencio —su impotencia—, siéndole fiel hasta el final. Como hizo Jesús en la cruz. De ahí que la obediencia a Dios suponga obedecerle sin Dios mediante, en la noche oscura del alma. Es lo que tiene un Dios que quiso depender del hombre que depende de Dios. En cualquier caso, que la humillación de Dios pertenezca a la esencia de Dios, por así decirlo, hace saltar por los aires el prejuicio religioso. Y es que en la fidelidad a la voluntad de Dios —en la respuesta del hombre al clamar de Dios por el hombre— no está en juego solo el destino del hombre, sino el ser o no ser de Dios. Y esto no es algo que religiosamente podamos admitir como quien no quiere la cosa.

palabra de mártir

febrero 23, 2022 § Deja un comentario

El cristianismo no ha hecho más que comenzar.

Alexander Men

de rodillas

febrero 22, 2022 § Deja un comentario

La fe de Israel es un acto de resistencia. Del pobre contra el poderoso. Pues arrodillarse ante el ídolo equivale a hacerlo ante aquellos hombres y mujeres que lo representan: los arios, la bestia rubia, Nabucodonosor.

apodíctico

febrero 21, 2022 § Deja un comentario

Necesitamos el cristianismo porque ahí fuera no hay nada más.

Corrado Augias

meditaciones cartesianas 20

febrero 20, 2022 § Deja un comentario

Si no pudiéramos salir de nuestro sueño ¿podríamos decir que esa es la realidad? En el fondo, la pregunta es una manera de plantear la cuestión acerca de si hay algún criterio que nos permita garantizar nuestras representaciones del mundo como adecuadas a lo que las cosas son en sí mismas. Pues de lo contrario, cuanto decimos sobre el mundo tendría más que ver con nosotros —con nuestra forma de captar el mundo— que con el mundo. La solución de Descartes fue que solo cabe salir del sueño a través de una representación cuyo significado exija la realidad de lo representado. De hecho, su solución tampoco pudo ser otra, teniendo en cuenta que el cogito es, para Descartes, el fundamento del saber. Pues que el cogito sea fundamental obliga a partir de las representaciones —y no de nuestro hallarnos expuestos a la efectividad de un afuera— en el momento de buscar la verdad. En este sentido, el cogito funciona como los axiomas en matemática, a saber, como lo que, dándose por cierto, nos permite deducir los diferentes teoremas o corolarios. Podríamos decir que pertenece al ejercicio de la razón el que esta opere sobre una base indiscutible o fundamento. Ahora bien, lo original de Descartes es que el punto de partida ya no será hay un arjé, por ejemplo, sino hay la idea de un arjé. El cogito deviene el fundamento de cualquier posible saber porque la desconfianza —la sospecha metódica— alcanza incluso a la razón, lo cual supone poner contra las cuerdas que ser y pensar sean lo mismo. Así, la posibilidad de un afuera contradictorio solo queda exorcizada, como decíamos antes, donde haya una idea de cuyo significado se desprenda la realidad de aquello a lo que apunta (y esta idea, como sabemos, fue para Descartes la de Dios). Solo de este modo la razón, en tanto que capaz por sí misma de alcanzar adecuadamente un más allá de la conciencia sin presuponerlo, puede recuperar su antigua legitimidad, restableciéndose, de paso, la equivalencia entre ser y pensar.

En cualquier caso, donde caemos en la cuenta de que lo real, en tanto que absolutamente otro, siempre se encuentra más allá, por decirlo así, de su apariencia o hacerse presente a una receptividad, sea sensible o racional, nuestra cuestión inicial deja de tener sentido. Pues cualquier visión del mundo siempre será una ilusión, como quien dice. Y ello porque la alteridad de lo real, en su carácter absoluto, no es algo por ver o descubrir, sino un eterno por-venir. De ahí que la equivalencia entre ser y pensar no pueda entenderse, tras esta constatación, como si se nos dijera que tan solo la razón es capaz de proporcionar una descripción verdadera de lo real, sino más bien como aquella equivalencia por la que el pensar, tarde o temprano, revela el puro haber de lo real como lo que únicamente tiene lugar desapareciendo en su aparecer como mundo (y por eso mismo tiene lugar como nada-indescriptible).

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febrero 20, 2022 § Deja un comentario

Uno tiende a creer en aquello que siente verdadero. Cuanto vemos lo vemos siempre a través de una óptica. Así, para el creyente, pongamos por caso, todo habla de Dios (aunque Dios no hable). Sin embargo, la óptica queda partida en mil pedazos donde los cielos se derrumban. La cruz sería el equivalente existencial de la duda escéptica. La óptica solo proporciona ilusiones ópticas. Nada encaja. El puzzle carece de modelo. La verdad solo puede revelársenos tras la catástrofe. Pero la verdad, entonces, no se impondrá como la correspondencia entre nuestras representaciones y los hechos —pues en la correspondencia el yo sigue siendo el centro—, sino como el tener lugar del otro como aún nadie. Únicamente la realidad del aún nadie —su darse como un eterno porvenir— nos saca del quicio de la ilusión. Todo comienza de nuevo tras el fin del mundo. Y comienza como un hallarse expuestos a lo imposible, a lo que ningún mundo puede admitir como posibilidad.

igualitarismo cristiano

febrero 19, 2022 § Deja un comentario

No hay justicia sin fraternidad, dice el cristianismo. Las reglas no bastan. Pues tarde o temprano acabarán infectadas de nuestra connatural ansia de poder —de nuestro querer ocupar el lugar de Dios—. Ahora bien, esto se halla muy cerca de decir que nunca habrá justicia en nuestro mundo. Pues la fraternidad, aunque lo parezca, no es un ideal que podamos de algún modo realizar. Es un imperativo de Dios, esto es, un imposible, algo que el mundo no puede admitir como posibilidad. El horzionte de la fe es la resurrección de los muertos, un reset de dimensiones cósmicas. Y esto en modo alguno es una expectativa. Ahora bien, tan solo hace falta que no sepamos qué hacer con Dios, para que la convicción cristiana paser a ser una variante irónica del nihilismo.

de cimas y simas

febrero 18, 2022 § Deja un comentario

Como dicen los musulmanes, topamos con Dios donde nuestro rostro se inclina sobre la tierra. Dios no se encuentra, por tanto, en las cimas, sino en las simas de la historia. Nos encontramos cabe Dios donde mordemos el polvo. Esto es, ante Dios, sin Dios. Ahora bien, que una sima sea la cima en la que cabe encontrarse con Dios supone la inversión de los criterios con los que el mundo juzga al hombre. Es el cristianismo, y no el delirio nietzscheano acerca del übermensch, lo que conduce a una genuina subversión de la moral. Nietzsche es humano —demasiado humano— como para invertir los valores de Adán. Como si Nietzsche, o mejor dicho los nietzscheanos, aún siguieran presos del sueño infantil de ser como Dios. Nietzsche, ciertamente, no concibió la superación de lo humano como ideal, sino como el destino ineluctable de una época sin Dios. Pero es que ya nos hallábamos sin Dios desde la caída. Al menos, hasta que el hombre de Dios, abandonado por Dios, se abandonó a Dios.

en vías de

febrero 17, 2022 § Deja un comentario

Parece que a partir de ahora en las escuelas ya no habrá más suspendidos. En su lugar, chicas y chicos que están «en proceso de conseguirlo». Ciertamente, el estigma pesa. Y es difícil recuperar a quien se le coloca el post-it de «mal alumno». Pues lo que significa no es que, de momento, no te hayan ido bien las cosas, sino que eres de los «malos». Y uno tiene a instalarse fácilmente en lo que los demás dicen de ti. Sin embargo, y teniendo en cuenta el clima positivo de los nuevos vientos pedagógicos —y una escuela es, en gran medida, un clima—, el tiro puede salirnos por la culata. Y es que cuando no hay manera de superar el listón, por los motivos que sean, desde hogares que son un infierno hasta, sencillamente, una seria limitación para la abstracción que requieren los estudios serios, que te digan que estás en vías de conseguirlo suena a chiste. A menos que se baje el listón hasta niveles insultantes. Pero, en ese caso, estaríamos engañando al personal. Me atrevería a decir que lo que necesita el «mal alumno» son grupos reducidos. Y padres —maestros— que consigan el milagro de los milagros: resucitar a los muertos. A veces, basta con un levántate y anda —confío en ti— dicho con la suficiente autoridad. Pues de lo que se trata es de aprender y no de hacerle creer al «mal alumno» que su rasguño es una herida importante. Ahora bien, esto de los grupos reducidos no podemos ni soñarlo, a pesar de que continuamente se nos exhorta a dejarnos llevar por nuestros sueños. Es lo que tiene la cultura del espejismo —no hay límite, tú sí que puedes—, la cultura del like. Qué lejos estamos de Atenas, en donde lo serio comenzaba siendo muy consciente de que hay cosas, voces, rostros que nos pueden. El héroe no era como los nuestros de Marvel, sino aquel que fracasaba en su enfrentarse a los dioses. Quizá no sea casual que nuestra incapacidad para la trascendencia o, siendo más humildes, para ir más allá de uno mismo tenga que ver, precisamente, con nuestra ilusión. Tenía razón Nietzsche cuando dijo que la muerte de Dios iba pareja con la del hombre. Pues, el superhombre —el tipo de hombre que sucede al hombre— es, más bien, un niño. Aunque lo que Nietzsche no vio es que este niño sería un malcriado. Nada que ver con lo que Nietzsche imaginó, ese psicópata capaz de bailar.

hikikomori (o algo así)

febrero 16, 2022 § Deja un comentario

Nuestra moderna incapacidad para al alteridad —el que sus símbolos se presenten como superstición— tiene que ver, no solo con la crisis de la figura paterna, sino también con nuestra dificultad para admitir la irrupción del extraño, la desestabilización que implica —su juicio, su caricia—. Aunque quizá dicha crisis y esta dificultad sean dos caras de una misma moneda.

políticas

febrero 15, 2022 § Deja un comentario

En su dimensión pública, la política es, principalmente, un espectáculo. Todo cara a la galería. Publicidad. En España, de un modo evidente. Lo que esta en juego se juega entre bambalinas. Y lo que está en juego es el reparto del pastel. El monto de la corrupción equivale, según algunos informes, al del rescate bancario. Mientras no haya voluntad de promulgar una ley del enriquecimiento ilícito o un propósito de articular una verdadera separación de poderes, el Estado español es una broma. O está muy cerca de serlo. Tampoco podemos esperar mucho más de quienes sostienen nosaltres ho farem millor. Al menos, no lo parece. Mientras esto no suceda, el Estado es, sobre todo, una cancha para sacar tajada. O también, la vieja corrupción del franquismo por otros medios. Atado y bien atado, se nos dijo.

milenios

febrero 14, 2022 § Deja un comentario

Imaginemos la humanidad de aquí a tres mil años. ¿Aún habrá quienes crean en la resurrección de los muertos o en que Jesús es el Hijo de Dios? Cuesta creerlo. Más bien, nos inclinamos a suponer que el cristianismo será materia de investigación. Como hoy lo es la religión de los antiguos egipcios. Y, sin embargo, que nos cueste imaginarlo no es criterio. Tampoco es fácil sostener que la complejidad de un cuerpo es el fruto de la selección natural (y no de un diseño inteligente). Con todo, como dijera Hegel, con el paso del tiempo incluso la verdad pasa a ser otra cosa. Y esto no impugna la verdad. En cualquier caso, que, de haberla, no es para nosotros.

les revenants

febrero 13, 2022 § Deja un comentario

Imaginemos que ya hemos llegado, que el final está aquí: los muertos —nuestros muertos— comienzan a regresar. Tus padres, la hija que perdiste, aquellos amigos que se fueron antes… Todos, de repente, aparecen como si fueran ángeles. Y que, al cabo de unas horas, los que estuvieron podridos por dentro se deshacen como ceniza. Es el día del Juicio. Solo quedan los buenos —y con su mejor aspecto—. No habrá más muerte, ni degeneración. ¿Cuanto tardaríamos en preguntarnos y ahora qué? ¿Acaso no habríamos retrocedido a la dicha de los bonobos? Y dado que existir significa vivir como arrancados ¿no habríamos dejado a un lado la existencia? Es evidente —o debería serlo— que la fe en la resurrección no apunta a ningún hecho, ni siquiera inconcebible.

en manos de

febrero 12, 2022 § Deja un comentario

Uno de los vectores de la espiritualidad cristiana es el sentimiento de un hallarse en manos de. A pesar del aire de familia, este sentimiento no termina de coincidir con el de formar parte. El primero apunta a un Otro que solo se hace presente como el cuerpo del homo sacer. El segundo, en cambio, puede satisfacerse con el exceso de un cosmos anónimo. En cualquier caso, este segundo lleva las de ganar hoy en día. Pues tras la disolución de la figura paterna, díficilmente podremos tomarnos en serio que el Sí o el No de nuestra entera existencia depende de los invisibles, por apartados, que ocuparon el lugar del Padre.

tener y ser

febrero 11, 2022 § Deja un comentario

¿Qué sugiere Instagram y sus variantes? Que basta con tener. Mejor dicho: con tener mucho (y poder renovarlo con frecuencia). Y que en esto consiste ser feliz. Quizá sea así. Mientras sigamos siendo unos bonobos. De satisfacción en satisfacción y tiro porque me toca.

Sin embargo, a veces el pobre irrumpe como el puto amo. Esto es, como Dios. Y aquí comienza otra historia.

no hay tiempo muerto

febrero 10, 2022 § Deja un comentario

Los tiempos cambian, como suele decirse. Y quien dice tiempos, dice sensibilidades. Sin embargo, de ello no se desprende que todo dependa del punto de vista. Es posible que hayamos dado en el clavo de la verdad, aun cuando sea un clavo paradójico, y, con todo, haber dejado que se convirtiera en otra cosa: un tópico, un malentendido, un triunfo… O por decirlo a la judía: cabe la posibilidad de que el Mesías ya se hubiese dejado caer y que, nosotros, simplemente ni nos hubiésemos enterado.

principio y fundamento

febrero 9, 2022 § Deja un comentario

La búsqueda del tesoro, la exploración del espacio, el entrar en la habitación prohibida… Todo está cortado con la misma tela religiosa, aquella que apunta a lo extraordinario. Sin embargo, no hay nada nuevo bajo el sol, salvo lo que se olvida. En lugar de lo numinoso, tan fascinante como terrible que decía R. Otto, la novedad, ese simulacro. Tras el heroísmo de los inicios, el oficio, la costumbre. Lo absolutamente nuevo o insólito es un eterno porvenir —la promesa que se le hizo a quien mordió la tierra—. La cuestión es si nos hallamos ante una ficción —un delirio— o ante la única realidad. Pues nada más real que lo que se perdió de vista —ese imposible— para que pudiera haber mundo. De ahí que no haya otra realidad que la inconcebible.

amor y admiración

febrero 8, 2022 § Deja un comentario

En el amor, tienes que admirar al otro (y no solo tiene que gustarte). Y admirar no significa dejarte deslumbrar. De lo contrario, solo habrá oficio (aunque un buen oficio, en el mejor de los casos). Con todo, como dijera Napoelón, nadie es un héroe para su ayuda de cámara.

apuntes sobre Hume

febrero 7, 2022 § Deja un comentario

Hume

equivalencias

febrero 6, 2022 § 1 comentario

Si estar ante Dios, cristianamente, es lo mismo que estar ante el que fue crucificado en su nombre, entonces no parece que quepa amar a Dios —y quien dice amar, dice entregarse— al margen de los crucificados con los que el crucificado se identifica. Y esto es así, aun cuando sea cierto que el cristianismo ha sobrevivido históricamente como si esto no fuera así.

sin ingenieros

febrero 5, 2022 § 1 comentario

El otro día, Toni Nadal, escribió un artículo en El País a propósito del triunfo de su sobrino, Rafa, en Australia (aquí). Cuanto dice sobre la cultura del esfuerzo es, sencillamente, cierto, pues no deja de resultar de sentido común, aun cuando actualmente suponga nadar contracorriente. Al fin y al cabo, los jóvenes deben optar entre Rafa Nadal y Dembelé. Y da la impresión, a pesar de que le den un like al primero, que, de facto, se decantan por el francés: hamburguesas y videojuegos a granel. Quisieran ser como Nadal. Pero, en realidad, no quieren serlo.

En principio, una buena escuela debería ayudarles no solo a adquirir competencias, que, por lo común, tampoco las adquieren, pues un buen grupo de alumnos llegan al bachillerato sin saber leer, por decirlo así, sino a forjar un carácter. Pero no da la impresión de que los vientos escolares soplen a favor. La cultura del esfuerzo está, sencillamente, proscrita. El clima —y una escuela es, en gran medida, un clima— es el de un cierto buenrollismo. El profesor ya no te entrena, sino que te acompaña como un amigo, por no decir como una cheerleader. Ni siquiera se contempla el suspenso. En su lugar, el alumno que pasa de todo está en proceso de aprobar. Es verdad que hay que evitar estigmatizar al mal estudiante. Pero no lo conseguiremos donde no hacer nada sale prácticamente gratis. Evidentemente, ninguno de los defensores del buenrollismo escolar se atreverá a enmendarle la plana a Toni Nadal. En teoría, se sigue persiguiendo la excelencia. Sin embargo, será difícil alcanzarla donde el alumno cree que se encuentra en el centro (y esto no significa que un maestro deba prescindir de dónde se hallan, inicialmente, sus alumnos). De hecho, lo que tiene que hacer una escuela es, precisamente, descentrarlo en nombre de lo que importa. El camino hacia la excelencia comienza donde uno entiende que Dante o Tolstoi, pongamos por caso, nos juzgan al juzgarlos; que no todo se mueve entre el me gusta y el no me gusta. Lo dicho: un clima. La escuela no puede replicar la fanfarria del mundo, aunque tampoco puede dejar de tenerla en cuenta. De acabar replicándola, la nueva escuela terminará siendo más selectiva que la vieja. Pues quien es capaz, aprovechará las nuevas oportunidades. Pero a quien no, se le dejará caer, aunque se le haga creer lo contrario. Assoliment suficient.

El problema, diría, es que faltan ingenieros entre quienes diseñan las políticas educativas. Hoy por hoy, en los despachos hay un exceso de licenciados en física teórica. Como sabemos, la física teórica parte de principios que no se dan en realidad: supongamos un cuerpo en ausencia de fuerzas… (traducción: supongamos un alumno que tiene un enorme interés por aprender, aunque, en realidad, no se supone: se da por hecho). Y, sin duda, es necesario abstraer para hacernos un mapa de la situación y señalar objetivos. Pero, cuando el ingeniero pretende diseñar un cohete, se equivocaría si creyera que no está sometido a fuerzas. Del mismo modo, donde la escuela no tenga presente que la mayoría de los alumnos no tienen interés en aprender, pues no hay aprendizaje que no implique picar piedra, sino a lo sumo curiosidad, el cohete difícilmente despegará, por no hablar de que probablemente estalle. Y para pasar de la curiosidad al interés es necesaria la mediación de un maestro con la suficiente autoridad —o de un clima que, en su defecto, se la proporcione. Es cierto que la crisis de la escuela es un reflejo de la actual crisis de la figura paterna. Y que algunos de quienes se dedican a la enseñanza son también hijos de la época. Es cierto que el alumno, cada vez más, desconecta de clases en donde el profesor se limita a exponer las características de, por ejemplo, el romanticismo alemán. Pero al igual que sigue siendo cierto que una escuela depende de la calidad de sus maestros. El resto apenas importa, me atrevería a decir. Sin embargo, a veces uno tiene la impresión de que se trata de diseñar procesos de aprendizaje en donde cualquiera pueda ocupar el lugar del docente. Ahora bien, esto es como si, ante la falta de buenos jugadores, un entrenador de fútbol decidiera colocar el autobús en la zona defensiva. Y esto puede ser una salida para los equipos de segunda, pero no para los que aspiran a jugar la Champions.

desprecio de los clásicos

febrero 4, 2022 § Deja un comentario

Los modernos suelen menospreciar a los clásicos: ya no tienen nada qué decirnos. Bye, bye, Platón. ¿Un alma prisionera de un cuerpo? No hay almas, solo biología. Este es, al menos, el discurso dominante. Sin embargo, sigue siendo cierto que estamos divididos por dentro. Platón no fue un imbécil. Una mujer, pongamos por caso, puede sentirse fuertemente atraída por el carácter de un enano. Pero su gen insistirá: tendrás hijos deformes. E insistirá hasta el punto de que, con el tiempo, la simple presencia del enano provocará su asco. Y vencer el asco no es fácil. Decimos: el amor todo lo puede. Pero no, si el cuerpo gana. Y cuando gana preferimos creer que el amor se apagó —que nuestra alma necesita cambiar de aires. Pero lo cierto es que simplemente el cuerpo se salió con la suya. De hecho, nunca terminamos de estar por encima. El cuerpo no cesa de tensar la cuerda. No hay nada que hacer: la razón es rea de las pasiones (y este nada que hacer sería la puntilla que le da la Modernidad al asunto). Sin embargo, acaso no haya nada más íntimo que el anhelo de hallar algo —o alguien— extra-ordinario. Y permanecer ahí —o junto a él o ella. De ahí la tesis de Platón: como si no fuéramos de este mundo. Que el amor todo lo pueda es algo que está por ver. En realidad, se trata de la promesa, por decirlo en bíblico. Mientras tanto, algún que otro trailer. Y ningún trailer te cuenta cómo acaba la película.

pompa y circunstancia

febrero 3, 2022 § 1 comentario

Leemos en el Instagram de una influencer (acompañado de las fotos correspondientes, todas muy estupendas):

“Que suerte la mía, de cumplir 30 y estar rodeada de gente INCREÍBLE! Me siento infinitamente querida, arropada, como si tuviese a un equipo de rugby que sé que siempre me va a cubrir las espaldas.”

Pues bien, esto sencillamente no es cierto. ¿Gente increíble? ¿De verdad es lo que piensas? Tan solo hay que rascar. Una vez las cosas se ponen feas, nadie (o casi) parece muy digno de fiar. Esta es la ley de la gravedad del mundo. Tanta fe en la gente ¿acaso no revela una perversa ingenuidad? Sobre todo cuando tienes que decírnoslo a diario. ¿Y estas —o estos— son quienes nos indican el camino? Puede que llegue un momento en que haya un post revelador: hoy me he dado cuenta de que el mundo es una feria. Pero probablemente lo dirás como si nadie lo hubiera dicho antes. Mediterráneos, de nuevo. Todo es vanidad y alimentarse de viento como dijo Quohélet hace ya miles de años. Y lo que no es vanidad, tiene que ver con los muertos —con aquellos a los que no les queda vida por delante. Al fin y al cabo, tú no importas. Que supongamos lo contrario es nuestro error. Tenía razón Kojéve cuando, a propósito de Nietzsche, dijo que el superhombre ya había llegado con la american way of life y que su signo no es el del más, sino el de un menos. ¿Hasta cuándo, la promoción de la estupidez? No aprendemos: pan y circo ad aeternum.

excellence

febrero 2, 2022 § Deja un comentario

En el país de la mediocridad, todo el mundo se cree con derecho a juzgar. Da igual, si hablamos de Shakespeare o de Bach: si no me gusta, no vale. Es lo que tiene nuestra época: que el parecer —la opinión— deviene incuestionable. Twitter es la metáfora. De este modo, la cháchara prevalece sobre lo bien dicho, al fin y al cabo, sobre las palabras que, al quedar en suspenso, preservan el silencio que abraza cuanto es. No hay remedio. Si gana la mediocridad, gana la estupidez. Y la estupidez no es solo ignorancia. Es un error existencial. En cambio, donde cabe la excelencia —el por encima de la línea de flotación— las tornas cambian. Pues hay obras —individuos— que nos juzgan al juzgarlos. Quien dice que Dante es un peñazo, dice más de sí mismo que de Dante. Al igual que quien cree que Pedro Claver fue un fantasioso —un perdedor.

es de bien nacido…

febrero 1, 2022 § Deja un comentario

Quien da gracias a Dios, día tras día ¿hace algo más que cultivar una actitud agradecida con la excusa de un Dios? ¿Hay ahí alguien que pueda decirnos de nada? Quizá. Pero, en ese caso, no sería más que una inteligencia superior capaz de crear un mundo. Formalmente, no habría diferencia entre ese dios y Matrix. Sin embargo, ¿es posible que debamos agradecerle a Dios su contracción —su renuncia? Pues sin ella aún seguiríamos en la matriz de lo natural. ¿No será el cristianismo la mística que corresponde a un Dios que, lejos de lo sustancial, se vació a sí mismo para hacerle un hueco a los hombres?

¿Dónde estoy?

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