lux perpetua (2)

agosto 2, 2011 Comentarios desactivados en lux perpetua (2)

Supongamos que es cierto que existe la luz que transfigura la existencia. Que la convierte en una emanación de la bondad. Cuanto menos hay por ahí suficientes hombres y mujeres que dicen haber tenido este tipo de experiencia como para que podamos razonablemente suponerlo. ¿Deberíamos concluir que Dios existe? ¿Que quien sufre la iluminación se encuentra poseído por Dios? De momento, parece ser que las conexiones con esa luz dependen de condiciones que no acabamos de controlar. Pero supongamos también que, con el tiempo, encontramos una vía más accesible. Supongamos que la transfiguración se convirtiera en algo que podemos lograr fácilmente… como cuando uno se opera la nariz o las orejas. ¿Creeríamos que se trata de algo tan extraordinario, tan sobrenatural? ¿Seguiríamos hablando de la divinidad? ¿O bien diríamos algo parecido a lo que decimos hoy en día a propósito de los antiguos endemoniados: no es el demonio, es la epilepsia? Ahora bien, si Dios fuese algo, aunque se tratase de algo tan etéreo como la luz, entonces deberíamos contar con esta posibilidad. De hecho, muchos de los viejos chamanes estaban convencidos de que era posible una acceso técnico a la divinidad: bastaban con unas cuantas dosis. Pero no parece que este sea, cuanto menos, una posibilidad para el Dios bíblico, aquél que nunca se da en el modo del presente. Y es que judíamente un ídolo no deja de ser un dios abordable y un dios abordable difícilmente merece el nombre de Dios.

20-n

agosto 1, 2011 Comentarios desactivados en 20-n

Es muy posible que nuestra vida se mueva entre dos exigencias. En última instancia, o te tira el mundo o lo im-posible de una demanda infinita. Esto es: o te encuentras sometido al ruido de fondo o a la voz de Dios. Pero mientras no acabemos de creer en Dios —mientras no veamos que o estamos fijados a su mandato o estamos muertos—, cuando estemos en una orilla, fácilmente creeremos que tendríamos que estar en la otra. Y, así, como los péndulos oscilaremos de un lado a otro, hasta agotar las existencias. De hecho es lo normal. Pues, aunque en verdad solo nos interesa una sola cosa, de hecho acabamos más pendientes del espejo que de (esa) otra cosa. De ahí que los antiguos creyeran que es tan difícil llegar a ser lo que uno ya es. Hace falta mucho valor para hacer oídos sordos a la música que más suena. Y quizá sea por eso que el valor esté tan cerca de la obsesión.

el sexto sentido

agosto 1, 2011 Comentarios desactivados en el sexto sentido

La mayoría no vemos mucho más allá de un palmo de nuestras narices. Esto es, vemos las cosas que nos rodean como algo que puede satisfacer en mayor o menor medida nuestro interés. Poseemos la visión que obedece a nuestra circunstancia, en el fondo, a las exigencias de la adaptación. Todo cambia, cuando ves esas mismas cosas desde una óptica excéntrica. Como si estuvieras a una cierta distancia de ti mismo y, por extensión, de los demás. Con todo, caben diferentes ópticas. Puedes ver a los hombres como muñequitos que dan vueltas alrededor de sí mismos hasta ser borrados del mapa como si fueran vidas desperdiciadas. O como muertos vivientes. O como seres necesitados de redención. En cualquier caso, lo más probable es que, al fin y al cabo, esta vida de acá se te revele como ilusoria. No es mal síntoma. La cuestión es qué haces luego con ello. Puedes quedarte ahí, en la boca de la cueva, y en ese caso eres un monje. Pero puedes también regresar. En ese caso, si consigues mantenerte en esa visión, eres un monstruo. Es decir, alguien que viene de Dios.

no siempre cuecen las misma habas

agosto 1, 2011 Comentarios desactivados en no siempre cuecen las misma habas

¿Existe Dios? Del mismo modo que existe el amor. Cuando tienes veinte años y crees que existe el amor porque sientes algo muy fuerte por él o ella, eres un ingénuo. Y probablemente las cosas tengan que ser así. Cuando tienes cuarenta y crees que existe el amor por los mismos motivos que antes, eres más bien un estúpido. Pues eso.

cuestión de dogma

agosto 1, 2011 Comentarios desactivados en cuestión de dogma

Las actualmente incomprensibles tesis cristológicas de Nicea, las que con el tiempo condujeron a la dogmática trinitaria, obedecían al propósito —a la necesidad, mejor dicho— de exponer, a la vista de los hechos, cuál tenía que ser la relación con Dios de aquél que, como enviado de Dios, murió como un abandonado de Dios. El gran problema era cómo un hombre de Dios —y éste era, sin duda, un dato inicial para los creyentes— podía morir como un maldito. Y el problema no podía ser de otro, teniendo en cuenta que la trascendencia de Dios era lo que, en modo alguno, podía ponerse en cuestión. Sin embargo, probablemente hoy en día, quien quiera participar de esa misma fe, tenga que recorrer a la inversa el mismo camino. Hacerlo en el mismo sentido que durante el siglo IV dC conduce, como es obvio, a la esterilidad creyente. Y es que, a la vista de esos mismos hechos, la cuestión para nosotros no es tanto qué pasa con el enviado de Dios, sino qué le ocurre a Dios mismo en esa Cruz. En verdad, seguimos estando más cerca de Job que de Oriente.

espécula

agosto 1, 2011 Comentarios desactivados en espécula

Los teólogos del siglo IV dC podían decir sin inmutarse cosas tan increíbles como la siguiente: «el Hijo no fue creado, sino engendrado y es de la misma naturaleza del Padre.» O por decirlo en bruto: de tal palo tal astilla. Aquí nosotros podríamos perfectamente preguntarles cómo pueden estar tan seguros de ello. Sin embargo, estas afirmaciones son parecidas a las que hacen los físicos actuales a propósito del bosón de Higgs. Nadie lo ha visto y, sin embargo, teniendo en cuenta ciertas observaciones, tiene que existir con tales o cuales características… Esto es, aunque no lo parezca, la gran mayoría de los enunciados que encontramos en el credo se imponen como conclusiones necesarias de la experiencia de Dios que se nos revela a través del Crucificado. Por ejemplo, si el Hijo hubiera sido creado —es decir, si se encontraba a una cierta distancia de Dios, si Dios mismo de algún modo no estaba por entero en esa Cruz…—, entonces no había propiamente salvación, sino fracaso. La cuestión —la que conduce a la alta especulación teológica— es en qué sentido Dios estaba plenamente implicado en la crucifixión de Jesús de Nazareth. Con todo, el paralelismo con la física no llega hasta el final, pues aquí los hechos de los que partimos ya exigen de entrada la hipótesis. Si no crees, no ves. Pero bien pensado es lo que también nos pasa con esto del amor. Difícilmente podremos verlo, si de algún modo no lo damos por supuesto. Y si nos preguntásemos por su naturaleza, tarde o temprano, llegaremos a delirios semejantes a los de la dogmática con respecto a la relación entre Dios y el Crucificado. Esto en el mejor de los casos, pues lo más probable es que, en el ejercicio de la interrogación, caigamos en la cuenta de que lo que damos por supuesto es, precisamente, aquello que en modo alguno podemos constatar.

saldo

julio 30, 2011 Comentarios desactivados en saldo

Quizá sea relevante preguntarse por el sentimiento básico —la posición fundamental— de la vida creyente. A mi me parece que son principalmente dos. O bien, la de un sentirse acompañado por una presencia intangible. O bien, la de quien experimenta la vida como préstamo. En el primer caso, la vida se da como la posibilidad de la plenitud, la cual pasaría, precisamente, por mantener el contacto con dicha presencia. En el segundo, como plazo. Ahora bien, me atrevería a decir que solo en este segundo caso cabe experimentar al mismo tiempo la bendición y el vértigo de un haber sido arrojados a este mundo, en definitiva, la altura de un Dios aún pendiente.

lux perpetua (1)

julio 30, 2011 Comentarios desactivados en lux perpetua (1)

Que muchos hayan tenido la experiencia de estar poseídos por una luz fundamental, un fuego transfigurador o algo por el estilo no implica que Dios sea esa luz o ese fuego. A menos que Dios sea simplemente el nombre de esa cosa última. Ciertamente, los ejemplos son inmunerables y resulta, cuanto menos curioso, que esta visión de la luz se encuentre presente en casi todas las religiones. Incluso, según parece, algunos la han experimentado sin creer. Supongamos, pues, que esto fuera verdad, que hubiera, ciertamente, otra dimensión con respecto a la cual nuestra vida de acá fuera como un preámbulo, un sueño, una ilusión. ¿Habríamos encontrado a Dios? Para muchos, sin duda. No para aquellos que se encuentran heridos de Dios. Para estos últimos Dios en modo alguno es un hecho. Ni siquiera un hecho último. Y es que no hay experiencia directa de Dios para quienes se encuentran sometidos a Dios. Lo único que podemos decir ante este tipo de experiencias lumínicas es que no lo sabemos todo. Pero Dios o es una cosa, aunque sea tremenda, o no lo es. Y si no es algo, entonces Dios se encuentra más allá de la totalidad como aquello que, precisamente, la pone en estado de quiebra, como la voluntad —el mandato— que impide la clausura religiosa del mundo. Ante la realidad de Dios, la totalidad —incluidos esos fenómenos de la dimensión desconocida—, se revela como no-todo. Y quizá sea porque, en el fondo, no somos otra cosa que la huella de ese Dios, nosotros los hombres no podemos hacer de este mundo un hogar. Ni siquiera donde vibramos al unísono con la energía ígnea de los quarks.

casi elemental

julio 29, 2011 Comentarios desactivados en casi elemental

¿Cómo puede haber presencia de Dios —cómo puede haber alguien que la busque—, si tuvimos que alejarnos de Dios para poder vivir en paz? Quien ve el rostro de Dios ya no puede hacer otra cosa que servirlo. (Por esto mismo, es muy posible que quien siente deseos de estar ante Dios no desee otra cosa que morir, a ser posible, de éxtasis.)

matter of facts

julio 29, 2011 Comentarios desactivados en matter of facts

Lo más real —aquello irremediable de la existencia, lo que vuelve una y otra vez, el fantasma…— es lo que culpablemente debimos dejar atrás para poder avanzar. O el lastre que debimos soltar para alcanzar una cierta altura. No hay otra alteridad que esa que perdimos de vista. La realidad es, pues, un peso muerto, un cadáver… que no acaba de podrirse. (Y quizá por eso mismo no haya más realidad que la de Dios.)

bisturí

julio 29, 2011 Comentarios desactivados en bisturí

Es muy posible que una cosa sea el cristianismo y otra cumplir con la voluntad de Dios. Aunque hay cristianos que responden a la llamada de Dios, es obvio que no todos lo hacen. Del mismo modo que hay hombres y mujeres que responden a esa misma llamada sin creer que sea propiamente de Dios. De hecho el triunfo histórico del cristianismo se basa en que un joven rico pueda ser cristiano, esto es, que puedan haber simpatizantes —o algo más— que no sigan a Jesús de Nazareth hasta el final. Y es que de facto uno es cristiano como puede ser del Barça: basta con sentir los colores e ir al campo cada dos domingos. Un cristiano es aquel que reconoce honestamente que no hay más vida que la que nos entrega un resucitado y cumple con los ritos establecidos en su memoria… aunque él pueda estar muy lejos de actuar en consecuencia. Por seguir el ejemplo del Barça: unos están en las gradas y otros en el campo. Sin jugadores que suden la camiseta, no hay afición. Pero sin afición, el fútbol no habría dejado de ser una pachanga escolar. Pues algo parecido ocurre con el cristianismo. Otra cosa sería, sin embargo, que solo fuese en verdad cristiano aquél que experimenta la redención de un Dios crucificado y, consecuentemente, se pone en manos de los pobres. Si esto fuese así —y probablemente lo sea—, entonces quizá deberíamos admitir la impostura de un cristianismo establecido oficialmente como religión.

(Con todo, no deja de ser cierto que un cristianismo verdadero —como cualquier otra verdad— solo puede reproducirse históricamente en el humus de su falsificación. Y quizá sea esto último —al fin y al cabo, la necesidad de la política— lo que hace posible que hayan cristianos que, por fidelidad a la causa de los pobres, crean sinceramente que deben ponerse al servicio de la Iglesia. Algún jardinero tiene que ensuciarse las manos con el estiércol para que puedan crecer a su aire las flores más bellas.)

esta ronda la pago yo

julio 28, 2011 Comentarios desactivados en esta ronda la pago yo

Podríamos comprender el profetismo de Israel —y, en el fondo, la exigencia religiosa— del siguiente modo. Supongamos que vivimos en la época de la sed. No hay agua para todos. Los hombres andan buscando como pueden los pocos líquidos que quedan por ahí. Has encontrado un camión de coca-cola abandonado… y has de administrarlo hasta el final. Tus hijos podrán beber durante unos cuantos meses más. Te has casado con la cocacola, como quien dice… y a ti nunca te gustó. Pero ahora te da igual: das gracias a Dios por ello. El gusto aquí es lo de menos. Esa coca-cola es el mana. Pasan los años y ya quedó atrás la época de la sed. Ahora hay agua —y no solo agua— en abundancia. Puedes escoger. De hecho, es posible que te seduzca la propaganda de la fanta limón. Pero sí ves que no te gusta, la cambias por otra cosa… y aquí paz y después gloria. No tienes por qué casarte con ella. Pues bien, es aquí cuando interviene el profeta recordándote la necesidad de ver ese agua (o la coca-cola o la fanta…) que sacia tu sed como algo caído del cielo, la importancia de ser fiel, en definitiva, a lo que te ha sido dado, etc. Es sabido que un profeta siempre te obliga a tener presente de donde vienes, la raíz del valor. Pero está claro que quienes nadan en la abundancia ya no son aquellos que atravesaron el desierto. Su modo de ser es otro. La exhortación del profeta ni les va ni les viene. Pura nostalgia de una época, afortunadamente superada. En cualquier caso, la vara profética solo quedaría justificada si nuestra comodidad entrañara un olvido esencial. Si al perder de vista el origen, se nos cerrara a cal y canto la puerta de un genuino porvenir. Pero esto es lo que está en el aire: si cuando perdimos a Dios, perdimos algo vital. Con todo, de resolver esta cuestión, aún podríamos preguntarnos si podemos volver a ser quienes fuimos una vez dejamos atrás la época de la sed.

cómo explicarle la fe a tu hijo (4)

julio 28, 2011 Comentarios desactivados en cómo explicarle la fe a tu hijo (4)

B— papi, ¿Jesús es Dios?

A— así es.

B— ¿decir que Jesús es Dios es como decir que mamá es guapa?

A— algo parecido…

B— pero mamá no siempre está guapa…

A— para mí sí… (aquí ellas aplauden)

B— ¿no sería mejor decir que a veces mamá está guapa?

A— sí, quizá sería mejor decirlo así… pero a ella no creo que le gustase…

B— pero ¿no deberíamos decir igualmente que Jesús a veces era Dios?

A— no. Jesús siempre fue Dios.

B— Jesús ¿siempre estaba divino?

A— sí.

B— entonces ¿Jesús no era nada más que divino?

A— De hecho, los cristianos también decimos que fue un hombre verdadero.

B— pero en ese caso no solo era divino…

A— Jesús fue un hombre que encarnó a la perfección el modo de ser de Dios.

B— ¿era entonces como Dios?

A— sí.

B— pero si era como Dios, no era Dios… Si dices que mamá es como la abuela es porque no es la abuela… (se ve que este niño le quiere levantar la camisa a papá)

A— a ver si lo pillas, hijo: no era como Dios, sino Dios mismo aquí entre nosotros…

B— es que esto me cuesta, papi…

A— a todos nos cuesta la verdad, hijo…

B— pero mira papi lo que pone en la wikipedia: «o «Dios» es únicamente el nombre de unos determinadas características (como, por ejemplo, la omnipotencia o una infinita bondad) o es como el «angel de la guarda» pero más grande y más fuerte. Si lo primero, entonces decir «Dios» sería lo mismo que decir «la divinidad» y si la divinidad está presente en Jesús como la belleza en las mujeres bellas, entonces Jesús no puede coincidir enteramente con las características de la divinidad: tan solo las encarnaría en cierto grado. Es como si fuera Dios, Dios en apariencia, pero no Dios mismo. Y si Jesús coincide con Dios, entonces es Dios mismo paseándose por la tierra. Pero entonces es un hombre en apariencia. Quizá los cristianos quieran decir que Jesús fue el representante de Dios, el que ocupó su lugar de una vez para siempre…»

A— hijo, no debes pasarte tantas horas en el ordenador… Aquí hemos de fiarnos de lo que dice la Iglesia que es una, santa y pecadora…

la mugre no huele a incienso

julio 27, 2011 Comentarios desactivados en la mugre no huele a incienso

Si es cierto que ellos, los crucificados, nos juzgarán, entonces no nos juzgarán los buenos cristianos, esos que suelen ocupar los primeros bancos de las iglesias. Fácilmente creemos que, cristianamente hablando, se trata de llevar una vida espiritual, de estar conectados a la luz que sostiene el universo, de experimentar continuamente la presencia de una divinidad oceánica… Pero cristianamente hablando no hay más presencia de Dios que la de los crucificados de este mundo. Si cristianamente hemos de hacer como Teresa de Calcuta, no es porque su vida fuera una vida elevada, como quien dice, sino porque ella no hizo más que ponerse en manos del pobre para implorar su perdón. El compromiso creyente quizá no responda tanto al sentido de la compasión como a la necesidad de expiación. Mejor dicho: la compasión cristiana va siempre de rodillas. Otra cosa es que no nos creamos esto de estar pendientes de juicio y que demos por sentado que de lo que se trata es de alcanzar una cierta plenitud. En ese caso, ser como Teresa de Calcuta probablemente no sea una buena idea.

cómo explicarle la fe a tu hijo (3)

julio 27, 2011 Comentarios desactivados en cómo explicarle la fe a tu hijo (3)

B— papá ¿en el cole me han dicho que Dios resucitó a Jesús de entre los muertos?

A— sí, en eso se basa nuestra fe.

B— entonces ¿Jesús fue como un zombie, papá?

A— en realidad, no. No hay que tomarse esto de la resurrección al pie de la letra. Se trata de un modo de decir… como cuando mamá te dice que estás para comerte.

B— ¿cómo lo hemos de entender, pues?

A— en el fondo, quienes anunciaron la resurrección de Jesús querían decirnos a su modo que Jesús seguía vivo en sus corazones…

B— ¿cómo nos pasa con el abuelo, papá?

A— no exactamente…

B— pues yo llevo a mi abuelo en mi corazón y ya no tomo la sopa a sorbos, sino con cuchara como él…

A— es que Jesús además sigue vivo cerca de Dios…

B— ¿el abuelo no?

A— el abuelo tiene que esperar…

B— ¿a qué?

A— a que Dios acabe con este mundo y monte uno nuevo.

B— pero es que yo no quiero que este mundo se acabe. Yo quiero estar con vosotros y mis amigos para siempre.

A— más bien será que no. Tarde o temprano, papá y mamá estaremos muertos. Y tú y tus amigos también. Pero en el nuevo mundo, donde nos espera Jesús, todos los que nos hemos portado bien seremos muy felices. Ya verás.

A— ¿habrán pasteles de chocolate?

B— no, porque en ese mundo solo pueden haber almas…

A— entonces ¿Jesús no es un zombie, sino un fantasma?

B— algo así, pero en bueno…

A— pero en el cole me han dicho también que Jesús resucitó en la carne… (se ve que los catequistas del cole son unos cabroncetes)

A— bueno (rubor)… de hecho, Jesús resucitó en cuerpo y alma… es verdad.

B— ¿Dios también tiene cuerpo?

A— no, Dios no. Dios es inmortal.

B— entonces ¿Jesús se volverá a morir?

A— no, su carne ha sido trasfigurada por Dios en carne inmortal.

B— pero en ese caso ya no es carne, sino otra cosa…

A— hijo mío, lo importante es lo que siente tu corazón…

cuestión de detalle

julio 27, 2011 Comentarios desactivados en cuestión de detalle

No podemos tenerlo todo, pero sí casi todo. Ahora bien, eso que nos falte será siempre algo esencial.

todo es agua

julio 27, 2011 Comentarios desactivados en todo es agua

Algunos están convencidos que la sed de Dios responde al hecho de que, en el fondo, somos una chispa de Dios. O por decirlo de otro modo: la sed revelaría que nos falta ese agua de la que estamos hechos. Ahora bien, y siguiendo el hilo de la metáfora, si nos falta el agua es porque la orinamos. Lo que nos falta sería, pues, aquello que tenemos que excretar para seguir en pie. Esto sigue siendo así en el plano grupal. Las tensiones sociales son debidas a esas exclusiones que tiene que producirse para que pueda haber cultura, para que el hombre pueda encarar su ideal y, por extensión, enfrentarse a su posibilidad. Si es cierto que la sociedad es un cuerpo, alguien tiene que cargar con el muerto. Traducción: no hay sociedad que no mantenga a cierta distancia a quienes representan lo que no podemos admitir de nosotros mismos, la suciedad, la lepra, el excremento. En cualquier caso, la conclusión es inmediata. Dios estaría hecho, al fin y al cabo, con los materiales de nuestros orines. Y de ahí el cristianismo, el cual, no sin razón, ya identificó de buen comienzo a Dios con esa boñiga que, en definitiva, tanto encontramos a faltar. Será cierto que si nos falta integridad es porque no podemos admitir como propia la bosta que excretamos.

cómo explicarle la fe a tu hijo (2)

julio 26, 2011 Comentarios desactivados en cómo explicarle la fe a tu hijo (2)

A— DIos es amor.

B— ¿quieres decir, papá, que el amor es Dios?

A— sí. Decir «amor» es lo mismo que decir «Dios».

B— pero ¿por que decimos «Dios» y no únicamente «amor»?

A— porque con ello queremos dar a entender que el amor es lo más importante en nuestras vidas.

B— por tanto, si Dios es tan solo un modo de cualificar el amor, entonces Dios en realidad no existe, ¡sólo existe el amor…!

A— hay veces que no te entiendo, hijo. Con lo sencillo que es todo esto…

perplexity

julio 26, 2011 Comentarios desactivados en perplexity

¿Es posible que el evangelio diga que ella, una mujer de la calle, está más cerca de Dios que él? (Pues el problema de querer estar cerca de Dios es solo querer estar cerca de Dios. ¿Acaso quienes quieren estar cerca de Dios pueden querer honestamente algo más?)

 

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Imagen cartujo

cómo explicarle la fe a tu hijo (1)

julio 26, 2011 Comentarios desactivados en cómo explicarle la fe a tu hijo (1)

A— DIos es amor.

B— ¿quieres decir, papá, que el amor es Dios?

A— no. Quiero decir que Dios nos ama.

B— ¿es, por tanto, como un fantasma bueno?

A— algo así…

B— y ¿cómo nos ama?

A— como los papás, cuidando de nosotros, orientándonos en lo que más nos conviene… aunque a veces no dejamos que lo haga.

B— pero si cuida de nosotros, ¿cómo es que permite que tantos niños mueran de hambre en Somalia?

A— esto ocurre por culpa de algunos hombres: como te decía, a veces no le hacemos mucho caso a Dios.

B— entonces ¿Dios no lo puede todo?

A— sí, pero es que no quiere intervenir. Prefiere que seamos libres.

B— pero tú, papá ¿no harías nada, si vieras que le estoy clavando un tenedor a mi hermana en los ojos?

A— no. Os dejaría a vuestro aire…

B— papá, ¡Dios es la ostia! (Abracitos y fundido en negro.)

call girl

julio 25, 2011 Comentarios desactivados en call girl

Lo que más llama la atención del cristianismo —mejor dicho, de los evangelios— es que sus figuras ejemplares no son los sacerdotes del Templo —aquellos que dedican su vida a preservar la presencia de Dios entre los hombres— ni aquellos que han alcanzado la perfección moral sea por la vía ascética o ritual, esto es, los hombres y las mujeres buenos, sino las putas, los samaritanos (esos apestados por haber pactado con el enemigo), los pastores (esos amantes de las ovejas…), en definitiva,  aquellos que, de tan cubiertos de su propia mierda, en modo alguno podían aspirar a la pureza de la divinidad. Como si solo las vidas que ya no valen la pena de ser vividas —pues la pobreza, no hay que olvidarlo, es degradante— pudieran responder a la voluntad de Dios. Que los evangelios den por sentado que solo esas vidas son capaces de Dios es algo que probablemente aún no hemos acabado de comprender. Un escándalo, sin duda. Por eso se entiende perfectamente que, en un momento dado, el cristianismo virase con tanta impunidad hacia las formas habituales de la religión. No hay cultura que pueda sostenerse sobre la identificación de Dios con los hijoputa de este mundo.

 

 

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happy yoga

julio 25, 2011 Comentarios desactivados en happy yoga

¿Cómo ora un budista? Con todos mis respetos por la piedad budista, no puedo silenciar mis dificultades para con toda esta mística extremo-oriental del sufrimiento. Pues en ella el yo, el sujeto (que en su día fue considerado la base de la cultura y la civilización occidental), termina siendo degradado a una ilusión desenmascarada por la mística. Esta mística budista puede resultar seductora para los estresados sujetos europeos. Pero ¿es realmente posible suspender la idea de sujeto y la visión moral del mundo en ella basada? Ciertamente, tampoco la idea mística cristiana del sufrimiento es egocéntrica, pues conoce asímismo una suerte de místico «abandono del yo». Pero no como un disolverse en el informe vacío del Universo, en el que no existen ni sustancias ni sujetos, sino como una incorporación cada vez más profunda a una alianza […] la cual lejos de diluir la responsabilidad del ser humano por sus congéneres, precisamente la exige.

JB Metz

las vueltas de tuerca del mito

julio 25, 2011 Comentarios desactivados en las vueltas de tuerca del mito

En los campos parece ser que era cuestión de vida o muerte creer que en los barracones de al lado —porque en los propios nadie podía constatarlo— había algunos que habían conseguido mantener su humanidad, esto es, que seguían compartiendo el pan o que se ponían en lugar de los enfermos. Quienes dejaban de creer en esta posibilidad se convertían ipso facto en «musulmanes». Como si lo decisivo no fuera ser bueno —pues lo decisivo era, precisamente, no serlo: los buenos, de hecho, no duraban dos días—, sino creer que, a pesar de todo, aún era posible serlo. Como si solo la fe en la existencia de los santos nos permitiera soportar nuestra propia inhumanidad.

divina indiferencia

julio 25, 2011 Comentarios desactivados en divina indiferencia

Cuando Epicuro dice aquello de que los dioses no quieren saber nada de nosotros no está diciendo solo que los dioses juegan con nosotros como si fuéramos hormigas y, por consiguiente, tanto pueden alimentarnos como aplastarnos, sino también que no podemos poseer o, cuanto menos, participar de las fuentes de la vida. Esto es: que nuestra condición es la de quienes no terminan de ser. Y quizá sea cierto que todo comienza en verdad cuando dejamos de preocuparnos de la trascendencia y, por extensión, de nuestra falta de plenitud. Uno ha de abrazar esa falta en vez de pretender resolverla. Amigos y cerveza. That’s all… sobre todo, si no crees en ello. Pero también es verdad que este espíritu solo sirve para los que pueden tener algun presente. Para el resto solo importa la posibilidad del Mesías.

el 5º mandamiento

julio 23, 2011 Comentarios desactivados en el 5º mandamiento

El crimen es algo a lo que nos podemos acostumbrar. En la guerra, matar es, ciertamente, lo más normal. Por tanto que la vida del otro sea sagrada —que de ningún modo podamos decir no es más que un crimen— es algo que difícilmente podemos comprender donde lo normal es, precisamente, no matar.

el dato

julio 23, 2011 Comentarios desactivados en el dato

Es innegable que han habido y seguirán habiendo experiencias místicas. Pero para el hombre moderno éstas no revelan otra cosa que estados mentales. Esto es, no responden a nada exterior, sino a una determinada sinapsis cerebral. Para muestra el botón de los éxtasis provocados por brotes esquizofrénicos o ciertas pastillas. Un éxtasis en principio es una alucinación. Ahora bien, lo cierto es que un antiguo no habría considerado esto último como una prueba en contra. Un antiguo vería la locura o la toma de LSD como una puerta a la trascendencia. En cualquier caso, de lo anterior se desprende que los éxtasis por sí solos no demuestran nada. Que si aparentemente demuestran la trascendencia —o su falta— es porque previamente la damos —o no— por descontada. Al final será cierto que la divinidad o es un dato que damos culturalmente por supuesto, esto es, un dato natural o la divinidad como tal no aparecerá por ningún lado.

trilema

julio 23, 2011 Comentarios desactivados en trilema

O bien la luz es un despiste de la oscuridad. O bien puede que la oscuridad sea una caída de (la) luz. Este es el dilema en el que se mueve el mito: una cosa en vez de la otra. O todo debe ser luz. O todo no puede ser más que oscuridad. Cabe, con todo, que no haya luz sin oscuridad. Y viceversa. Cabe que no quepa trascender la tensión dialéctica entre la luz y la oscuridad. En el mito, el hombre tiende a identificarse con uno de los dos extremos. Así, o bien el hombre es esa luz que debe alcanzar. O bien no es otra cosa que oscuridad, por mucho que se empeñe en alcanzar la luz. En cambio, para una visión dialéctica, el hombre es propiamente su ubicación: aquel que habita entre una cosa u otra. O como suele decirse, un ex-sistente. Así, no hay modo de ser con el que pueda identificarse de una vez por todas. El hombre no posee una esencia. No es, por tanto, ni una cosa ni otra. Esto es: no es. Y de ahí el resto.

quizás unos pocos versos basten

julio 23, 2011 Comentarios desactivados en quizás unos pocos versos basten

[…] y la luz parece solo un delirio de la oscuridad.

No es tiempo de parques ni de infancias,

ni hay suelo sobre el que sentarse a leer.

Mari Paz Loscertales

lumen dei

julio 23, 2011 Comentarios desactivados en lumen dei

En la mayoría de las religiones, la divinidad —o si se prefiere la cosa última— se identifica con la luz. No debería, pues, extrañarnos que la transfiguración —la posibilidad de una vida resplandeciente— sea el objetivo último de la práctica creyente. En buena parte de la literatura ascética, aquel que alcanza la perfección espiritual es considerado como una especie de columna de fuego. Del mismo modo que la luna ilumina porque refleja la luz del sol, los ojos del hombre espiritual irradian el resplandor que contemplan. Las metáforas son múltiples, pero todas apuntan en la misma dirección. De lo que se trata es de ser uno con la luz, de vencer, en definitiva, la resistencia que nos permite decir yo. Ahora bien, ¿quién quiere disolver su yo? ¿Qué tipo de hombre puede aspirar a dejar de ser quien es? Si cabe responder a esta cuestión —si la cuestión es pertinente—, entonces es posible que esto de la espiritualidad lumínica sea tan solo el asunto propio de una determinado psicología, de un determinado modo de ser. Difícilmente, algo católico, esto es, universal. Nadie niega que el yo esta hecho con materiales de derribo. Pero quien se funde con la luz ¿qué voz podrá escuchar? ¿Qué otro puede haber para él? ¿Acaso el deseo de unión mística no equivale al deseo de morir? Ciertamente, prefiero escuchar la voz de Dios, aunque sea incapaz de responder, que fundirme en su magma. Prefiero ser un culpable —alguien pendiente de una común redención— que un transfigurado que, por ser solo luz, ya no tiene oídos para escuchar el clamor de los que sufren un karma maldito. No es causal que muchos hayan entendido que si se trata de alcanzar la iluminación, puede que sea suficiente con unas cuantas dosis de LSD. Es verdad que no hay religión que no tenga en cuenta la posibilidad de la transfiguración. Pero una cosa es la transfiguración de quien entra en contacto con la luz y otra la del soldado que sobrevive al terror de la guerra por la intercesión de su víctima. Lo primero es un éxtasis. Lo segundo, un milagro.

no comment

julio 22, 2011 Comentarios desactivados en no comment

Dice Lucrecio a propósito de Epicuro: el hombre que nos mostró el camino hacia el más elevado bien, quitó el miedo de las almas, purificó los corazones, no había crecido en un cuerpo mortal. Él era un Dios a través de su arte, liberó la vida a partir de las tinieblas y las trasladó a esta calma, a esta luz. Él fue enviado aquí abajo para que conozcamos ciertas cosas divinas.

TS-screener HQ

julio 22, 2011 Comentarios desactivados en TS-screener HQ

Contra lo que suele darse por descontado, puede que la fantasía no revele nuestro verdadero deseo —ése que, según Freud, debe reprimir la sociedad—, sino que le sirva de pantalla. Puede que la fantasía sea eso que se nos exige de un modo u otro —sea el príncipe, la vestal o cualquier otro éxito— pero que en verdad no queremos concretar. Puede que el motivo de nuestra fantasía —ese fantasma— oculte el hecho de que aquello que deseamos profundamente es, al mismo tiempo, lo que más tememos. Por parafrasear a san Agustín, en verdad no hay quien nos entienda.

probos

julio 22, 2011 Comentarios desactivados en probos

La soteriología cristiana —su sentido de la salvación— se sostiene, como es sabido, sobre el acontecimiento de la resurrección. O como dice Pablo, si Cristo no ha resucitado, vana es nuestra fe. Sin embargo, para ser honestos deberíamos admitir que esto de la resurrección de la carne, tal y como suele entenderse por lo común, no parece ser algo exclusivo del cristianismo. Por ejemplo, ciertas creencias indotibetanas, se refieren a ciertos yoguis que consiguieron transformar su cuerpo en un cuerpo inmortal. Estos yoguis en verdad no mueren, sino que desaparecen en el cielo revestidos de un cuerpo luminoso, el cuerpo astral del primer hombre. Casos como estos se encuentran a puñados, como quien dice, en la gran mayoría de las religiones. Sin ir más lejos, dentro de la tradición hebrea tenemos los ejemplos de Enoc y Elías. Así pues, parece ser que los justos, con independencia del cómo, acceden finalmente al reino eterno de la pura luz. Lo que no es de recibo es decir que esas elevaciones no fueron reales, mientras que la de Jesús de Nazareth sí lo fue. A menos que la resurrección cristiana no trate propiamente de Jesús, sino de Dios mismo.

bonheur

julio 21, 2011 Comentarios desactivados en bonheur

Es posible la felicidad. Sin embargo, puede también que la felicidad no lo sea todo.

st. pol

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Ayer tarde en el Fiji, el chiringito del final. Muy pocos en la playa. El mar, brillante. Unos niños corren por la arena. Ríen con ganas. Me fumo un par de cigarros, mientras me tomo una cerveza. Todo coincide. Aún así, no puedo evitar la sensación de que estoy sufriendo una ilusión. Como si, estando ya muerto, mi cerebro aún mantuviera un eco de actividad concibiendo esos niños, esas risas y esa luz. Sin embargo, bien pudiera ser que las cosas fueran de otro modo: que sea nuestra vida y no la divina el verdadero más allá de un universo inerte.

perspectivas

julio 21, 2011 Comentarios desactivados en perspectivas

La concepción cristiana de Cristo como hijo y como ser divino se corresponde en el misticismo judío con el modo en que Abraham Abulafia concebía el Intelecto Agente que, de acuerdo con él, era un hijo de naturaleza similar a Dios; de hecho, era tan divino como él. En ambos podemos hablar, […] de extensiones de lo divino que sirven como mediaciones de un contacto o una unión.

Moshé Idel

nihil obstat

julio 20, 2011 Comentarios desactivados en nihil obstat

Un nihilista no niega lo extraordinario. En realidad, apenas le da más importancia que la que corresponde a una curiosidad. Aquello extraordinario no es más que algo simplemente extraño. Nada en verdad otro le incumbe, pues. Ya puede irrumpir el mismo Dios que nada le distraerá de su convicción más íntima, la de saberse fuera de la totalidad.

no sense

julio 20, 2011 Comentarios desactivados en no sense

Se trata de un dato: la necesidad de conocer la muerte antes de acceder al ‘mundo del espíritu’.

naufragio con espectador

julio 20, 2011 Comentarios desactivados en naufragio con espectador

Dice Epicuro: los dioses existen… Esto es: lo absolutamente otro existe. Y luego añade: … pero no quieren saber nada de nosotros. Esto es: con ese otro no hay nada que hacer. Nunca te querrá junto a él. Al fin y al cabo, no podrás ver las cosas con los ojos de la divinidad. Acepta, pues, el milagro: tu vida es una excepción en el orden de un cosmos indiferente. Tómate unas olivas con tus amigos. Aunque llueva. Puede que mañana estés muerto.

re

julio 20, 2011 Comentarios desactivados en re

Aparentemente, uno es lo que representa. De ahí la importancia del espejo. Sin embargo, un espejo siempre te dirá lo que escucha la reina madre en Blancanieves: la más bella es siempre otra. Esta es tu verdad: estás lejos de lo que deberías ser. Un espejo nunca miente. No eres tú, sino otro quien representa aquello que quisieras ser. Ese otro es, de hecho, tu fantasma. Ahora bien, quien se busca a sí mismo muere con su fantasma (Blancanieves, de nuevo). En términos piscoanáliticos, se trata de la herida de Narciso. Otra cosa es que tu vida responda a una llamada. Pero para eso uno ha de tener otro tipo de herida, aquella que hace inviable, precisamente, cualquier identidad.

historias bíblicas 5 (bis)

julio 19, 2011 Comentarios desactivados en historias bíblicas 5 (bis)

En 1642, los jesuitas de Francia supieron de la captura, tortura  y reducción a esclavitud de Isaac Jogues a manos de los iroqueses mohicanos. Pero no sabían que amigos calvinistas holandeses de Manhatten lo habían convencido para que se escapara, y lo llevaron a una playa bretona. Vestido con andrajos y ocultando sus manos mutiladas (de las que faltaban varios dedos que los iroqueses se habían comido), Isaac se dirigió al colegio de la Compañía en Rennes. Cuando el Rector supo que este mendigo venía de Canadá, le preguntó: «¿Conociste al Padre Jogues?» «Muy bien, por cierto», fue la respuesta. «¿Lo han matado?» «No, Padre; está vivo y libre…, ¡soy yo!». Fue un momento de gran emoción. Un año más tarde, Isaac estaba de nuevo entre los iroqueses. Murió martirizado. (AMDG Express)