la ascésis de la obra
septiembre 5, 2017 Comentarios desactivados en la ascésis de la obra
Como suele decirse en castizo, no podemos estar en misa y repicando. Quien se entrega a una obra —quien obedece a un imperativo que no es capaz de obviar—, mientras pica la piedra que hay que picar, díficilmente poseerá el sentido, si lo hubiese, de su obra. Más bien, es al contrario. El sentido que en principio justifica su entrega se desvanece en el aire. Es lo que tiene la dureza de las piedras. Quizá por eso la entrega a una obra o misión tenga mucho de obediencia. No es casual que el creyente sea, sobre todo, un fiel.
lenguaje y caída
septiembre 4, 2017 Comentarios desactivados en lenguaje y caída
Es improbable que las palabras, aun cuando digan verdad, nos permitan incorporarla. Pues una cosa es saber y otra caer en la cuenta. Con lo primero, vemos las cosas desde una cierta distancia. Con lo segundo, es difícil evitar el espasmo. Así, sabemos que vamos a morir. Pero deambulamos por el mundo como si no lo supiéramos. Sabemos que todo pasa. Pero no temblamos ante la posibilidad de que el vínculo con nuestros hijos termine disolviéndose como el azúcar en el café. Cuanto ha sido ya dicho tiende a darse por descontado. Y lo que damos por descontado cae, tarde o temprano, en la irrelevancia (aunque de por sí no lo sea). Algo se añade a las palabras cuando caemos en la cuenta de lo que expresan. Y no es una palabra de más. En cualquier caso, un decir de otro modo lo mismo. Y un decir que, por lo común, vela lo revelado. De ahí que necesitemos los versos del poeta —su delirio, sus deformaciones, su extravío— para ver con los ojos del asombro, si no con los del escándalo, lo que nos es más que costumbre. Un poeta, contra lo que podamos suponer, no eleva la materia a la altura del espíritu. Al contrario: hace cuerpo lo que, de entrada, se nos ofrece como una obviedad mental. O, cuando menos, esta es la tarea del poeta tras el desastre de Dios.
la dicha del maligno
septiembre 3, 2017 Comentarios desactivados en la dicha del maligno
La felicidad del genocida, esa antigua objeción a la creencia en un Dios inflado de misericordia ¿acaso ha sido refutada por el cristianismo? El vértigo que produciría una cruz que confirmase a los verdugos ¿no nos empuja a decirnos una y otra vez que ellos no pueden ser dichosos, que su satisfacción es un engaño? Pero este no pueden, ¿no es más bien un no deben? Hay que ver The act of Killing, el documental de Joshua Oppenheimer, y si nos queda una pizca de ánimo, su secuela, The look of silence, para caer en la cuenta de lo que estamos hablando. Con todo, es posible que, al fin y al cabo, el bienestar de Satán sea, como el onanismo, un júbilo virtual. Aunque también necesitemos decírnoslo.
¿y si Nietzsche tuviera razón?
septiembre 2, 2017 Comentarios desactivados en ¿y si Nietzsche tuviera razón?
¿Y si la vida del espíritu, la que busca elevarse por encima del instinto, fuera una enfermedad? ¿Y si el creernos por encima de la brutalidad animal fuese un extravío? ¿Acaso el lobo deja de ser lo que es por creerse un cordero? Nietzsche quizá estuviera en lo cierto al decir que la caridad no es más que la máscara que oculta nuestro resentimiento, la mentira en la que habitamos. ¿Es posible que al final se nos condene por no haber dado rienda suelta al cuerpo? Si Cristo volviera del más allá, ¿no nos quedaríamos estupefactos, si nos confesara que nuestra fe ha sido un error? ¿Tendríamos la suficiente espalda para tomarnos en serio tanta verdad? O bien nuestro mundo es un mundo deficiente, un mundo en donde la belleza y la bondad no se dan sin ambigüedades, o bien este mundo es la medida de cuanto es y el reino espiritual un espejismo narcisista. Esto es, o bien la única cuestión que importa es la de quién puede más, aunque no podamos confesarlo sin que se derrumben los andamiajes del edificio social, o bien tiene sentido creer que la compasión no se halla tan solo al servicio de la superviviencia del grupo. Diría que hay que tomarse muy en serio la posibilidad de que esto de la vida del espíritu sea un disparate para comprender el alcance de su provocación. Pues, tienen razón quienes sostienen que el cuerpo no puede ir más allá de la imagen del otro, la que provoca su impulso o reacción. Pero quizá están más cerca del non plus ultra quienes defienden que, por eso mismo, nos hallamos expuestos a una alteridad que solo puede entregarse como quien retrocede hasta su porvenir.
la mujer de la pulsera como clave de lectura de los relatos pascuales
septiembre 1, 2017 Comentarios desactivados en la mujer de la pulsera como clave de lectura de los relatos pascuales
La anécdota la cuenta Víctor Frankl en uno de sus libros. En Jerusalén conoció a una mujer de avanzada edad que poseía una pulsera que le llamó la atención. «Parece echa con dientes de niños», le dijo a ella. Y, efectivamente, eran los dientes de leche que conservaba de sus nueve hijos, los cuales murieron gaseados en Auschwitz. Entonces él le preguntó cómo podía sobrevivir llevándola siempre encima. Y lo que ella le respondió es algo así como una clave hermenéutica de los relatos pascuales: «porque se me aparecieron mis hijos en los huérfanos de Israel.» Víctor Frankl sabía que la mujer era conocida porque, al regresar a Israel tras sobrevivir a Auschwitz, se entregó en cuerpo y alma a los niños que se habían quedado sin padres. Pero ignoraba que hubiera sido por ese motivo. La mujer, ciertamente, podía haber quedado hundida en la depresión, sometida de por vida al poder de la muerte. Quizá hubiera sido lo más lógico. Sin embargo, no fue así. Ella regresó con vida de la muerte. Pues quien ha perdido a sus hijos —y del modo en que ella los perdió— no tiene vida por delante. Como atestiguan los evangelios, la muerte no tiene la última palabra. Hay vida más allá. Pero la vida del más allá no es la del alma inmortal —no es la vida del espectro—, sino la de un cuerpo que, por la invocación del otro, regresa con vida de la muerte para dar vida a quienes precisamente le invocan, aquellos que siguen sujetos al poder de la muerte. Ella sin duda no regresó siendo la misma que antes. Pero tampoco como alguien que nada tuviera que ver con la que fue. En cualquier caso, no hay resurrección sin misión. Pero del mismo modo que no hay misión sin aparición. Una misión sin aparición —una misión que no sea una respuesta— es ciega, en última instancia, un ejercicio muscular. Pero una aparición sin misión es, sencillamente, vacía, puro espejismo.
ochocientos millones
agosto 31, 2017 Comentarios desactivados en ochocientos millones
Hay en el mundo unos ochocientos millones de hambrientos. Puede que la cifra sea políticamente intolerable, pero humanamente es insoportable. Basta con imaginar que tenemos que encajar la mirada de cada uno de ellos, para hacernos una idea de las dimensiones morales del asunto. Sin embargo, desde un punto de vista económico lo importante no es tanto el dato, sino su evolución a lo largo de los últimos años. Y, según parece, la cifra va disminuyendo, aunque no la de la desigualdad. De ahí que si finalmente tan solo quedaran unos cuantos cientos de hambrientos, el problema político se habría solucionado. Es lo que tiene moverse por el volumen de cifras. Ahora bien, a pesar de que ya no fuera un problema político o económico, al menos para un cristiano seguiría tratándose de una urgencia moral. Es lo que tiene ser un rehén del que sufre —que el hambriento sea tu señor—. Y, sin duda, se trata de algo muy cercano a la locura o al despropósito. Aunque tampoco debería extrañarnos, teniendo en cuenta que Dios es un exceso o, como dirían algunos, un pasao de vueltas.
instrumentos originales
agosto 30, 2017 Comentarios desactivados en instrumentos originales
Decir es ocultar. No hay mejor hermenéutica que la de la sospecha. Pues, en la mayoría de los casos, decimos lo que decimos para encubrir la evidencia. Como si lo que debiera ser fuera lo que ya es. Como si dijéramos lo que decimos para convencernos a nosotros mismos que las cosas no son tal y como se nos muestran en la intimidad. Así, cuando escuchamos lo que dice la gente una buena pregunta es siempre qué pretende ocultarnos. Sobre todo, cuando se llena la boca hablando de sí misma. O cuando nos enseña las fotos de su último viaje. El decir, como los gestos del mago, viene a ser muchas veces un movimiento de distracción. Por ejemplo, cuando se nos venden las interpretaciones con instrumentos y criterios originales con la idea de que podamos escuchar a Bach tal y como lo escucharon sus contemporáneos. Esto sencillamente no es posible. No podemos ya escuchar a Bach como ellos lo hicieron. Primero porque no sabemos cómo él mismo o los músicos de la época interpretaban sus partituras, aun cuando contemos con una buena estimación. En cualquier tradición vale aquello de traduttore, traditore. Y en segundo lugar, porque el disco podemos reproducirlo a voluntad. Y no es lo mismo escuchar las variaciones Goldberg sospechando que quizá sea la última vez que lo hagas, que escucharlas sabiendo que podrás volver a escucharlas cuando te plazca. Así, en lugar de creer, seducidos por la publicidad, que lo imposible es posible, haríamos bien en aceptar que no cabe escuchar a Bach como lo hicieron sus contemporáneos. Que el Bach original constituye una pérdida irreparable, cosa que debería erizar, cuando menos, nuestra piel. Por eso mismo, quizá Glenn Gould fue más fiel a Bach que Gustav Leonhardt. Este último nos da gato por liebre al hacernos creer que cabe aproximarse a Bach, por muy admirables que sean sus interpretaciones, mientras que el primero deja que sea Bach quien se le acerque a él. Y quizá algo parecido podríamos decir de quienes pretenden reproducir en su interior la experiencia que tuvieron los primeros cristianos de un Jesús resucitado.
la esperanza del genocida
agosto 29, 2017 Comentarios desactivados en la esperanza del genocida
Si pesara nuestra indiferencia hacia los que no cuentan como le pueda pesar la culpa al genocida ¿acaso podríamos soportarnos? ¿Acaso no nos preguntaríamos cómo volver a empezar? Pero que estemos rodeados de hombres y mujeres que sufren como invisibles —de aquellos que participan de la invisibilidad de Dios— ¿no debería sumirnos en la desesperación de quien no puede dejar de matar? No parece que sea lo mismo aspirar a la plenitud de las cimas, que anhelar una redención. Pues la plenitud le está vedada al culpable. Una cima puede coronarla un caminante solitario por su cuenta y riesgo, aun cuando necesite del entorno de los demás. Un culpable, en cambio, díficilmente saldrá del pozo en el que se encuentra sin el perdón de sus víctimas o de quienes ocuparon su lugar. La solución del eremita —la de quien se aparta del contacto humano, por insoportable, como aquellos marines que regresaron de Vietnam con la sangre de los niños que masacraron— no es suficiente. Un culpable nunca está solo: existe abrazado a sus fantasmas. De ahí que el cristianismo, en tanto que apunta a una alteridad sin la cual no hay salvación, no sea homologable a aquellas religiones que proponen una disolución metódica del espejismo del yo. Para un culpable, el yo no es un espejismo, sino un olor nausebundo del que no puede desprenderse, cuando menos porque nadie puede estar por encima de su deuda con aquellos a los que les arrancó la vida.
el amor como excepción
agosto 28, 2017 Comentarios desactivados en el amor como excepción
Quizá los amantes, con respecto a aquellos momentos en los que se hallaron fuera del tiempo, no puedan hacer otra cosa que rememorarlos, una vez son abducidos por la prosa de los días, los tiempos del trato, de la oficina, del tirar la basura, de hacer la compra, de llevar a los niños al cole… Fuimos arrojados al mundo y, por eso mismo, forzados a trabajar. El tiempo cotidiano es un tiempo en que se deshace lo hecho, el tiempo del desencuentro, aun cuando este sea, en el mejor de los casos, amable. Pues, el encuentro es un estado de excepción y un estado cuyo alcance solo podemos percibir una vez lo dejamos atrás. Los amantes viven de sus recuerdos. Donde dejan de celebrar sus estados de excepción es inevitable sucumbir a la implacable erosión del tiempo hasta el punto de obligarles a creer que esos estados no fueron más que una ficción. Pero, porque amar es resistirse a caer en el tiempo —creer que lo nuestro no debe morir—, los amantes también viven de la esperanza de que esos estados puedan volver a darse, aunque solo sea en el momento de partir.
el espíritu y la devoción
agosto 27, 2017 Comentarios desactivados en el espíritu y la devoción
Del mismo modo que no hay espíritu sin materia —del mismo modo que el hombre no puede distanciarse de sí mismo sin un cuerpo con respecto al cual tomar distancia—, la extraña verdad del Dios cristiano no pudo ni podrá sobrevivir históricamente sin el recurso de la devoción al mega-ángel de la guarda que, aún para muchos, es Dios. De ahí que al tirar por el desagüe las aguas sucias de la devoción, nos quedemos sin el niño de la verdad que la devoción expresa al mismo tiempo que falsea. O con un niño inútil, que difícilmente podremos incorporar a nuestro día a día.
de la divinidad oceánica
agosto 26, 2017 Comentarios desactivados en de la divinidad oceánica
Que hoy en día estemos más predispuestos a aceptar una divinidad impersonal que al viejo Dios del teísmo ya es de por sí un síntoma de que hemos dejado de creer en la aparición, la intempestiva irrupción del otro, y por consiguiente de comprendernos mejor a nosotros mismos. Es verdad que las imágenes con las que incorporábamos nuestra necesidad natural de un encuentro con alguien en verdad otro —la imagen de un fantasma bueno, pongamos por caso— suelen enmascarar el hecho de que el otro, en verdad, no tiene imagen. Pero al tirar por el desagüe dichas imágenes, también tiramos al niño de la alteridad. Pues el otro, como tal, es un resto: lo que habita tras la imagen. Y lo que habita es un no acabar de ser lo que parece, una falta de coincidencia con el aspecto con el que, por otro lado, se identifica. Esto es, el otro es un déficit, una indigencia. Dios en tanto que enteramente otro —como la alteridad que el mundo tiene pendiente— es un Dios en falta, un Dios al que le falta el hombre para llegar a ser el que era. De ahí que no haya encuentro con Dios que no proceda de su invocación o clamor. Y de ahí también que no haya encuentro con Dios que no nos empobrezca de algún modo, cuando menos porque el clamor de Dios, el que se expresa con el llanto de los sin Dios, nos arranca del hogar. Así, cristianamente, Dios no es el mar al que todos los ríos van a parar, sino aquel que, como quien dice, va desde la eternidad en busca del hombre con el que poder identificarse de nuevo. Pues, sin esa identificación Dios es como un yo —una alteridad— sin imagen en la que reconocerse y por tanto un Dios que aún tiene pendiente llegar a ser el que es. La relación con Dios no se decide solo de lado del hombre, sino también, y quizá sobre todo, del lado de Dios. Dios sin el hombre es un don nadie, un Dios que ignora quién es, una conciencia insatisfecha, por decirlo a la Hegel. Pero el hombre sin Dios no es más que un espectro que vaga por el mundo sin saber de quien es imagen. Un lobo solitario que en vez de la hiriente realidad del otro prefiere contentarse con sus representaciones del otro. O en clave religiosa, aquel que prefiere parapetarse tras las imágenes de Dios que posicionarse ante Dios en verdad. Esto significa que, cristianamente, Dios solo se hace presente en la restauración del vínculo perdido con Adán, restauración que se revela en el Gólgota. De ahí que un cristiano se encuentre con Dios solo cuando topa con el que murió poniéndose en manos de un Dios que no era mucho más que su impotencia. Tot plegat resulta díficil de tragar para una sensibilidad que busca una cima en la que poder respirar aire puro. No debería extrañarnos que en vez de un encuentro, el cual siempre nos saca de quicio, prefiramos fundirnos en las fantásticas aguas de una divinidad océanica, olvidando que de haberlas, no pueden ser otras que las de un mar muerto. Y en un mar muerto, más que fundirnos, flotamos.
el rabino y el monje
agosto 25, 2017 Comentarios desactivados en el rabino y el monje
Frente a la disolución del yo de las tradiciones orientales, el monoteísmo bíblico propone la obediencia a un yo absoluto, radicalmente exterior a la conciencia, un yo que, sin embargo, no es nadie sin el fiat del hombre (cosa que ya, de por sí, aleja al monoteísmo de la mera religión). Para el profeta y a diferencia del monje budista, el yo no es una ilusión, sino aquel que tiene que responder a una demanda infinita que procede de un otro que no es mucho más que un cuerpo abandonado de Dios. El yo del creyente es un yo sujeto a un señor. De ahí que no sea lo mismo creer que el yo debe disolverse como raíz ficticia del sufrimiento que creer que el yo de cada uno se encuentra fuera de uno mismo como esa voluntad insoslayable a la que debemos ofrecer una respuesta. Si el yo de cada uno es un espejismo, también lo es el otro-yo. O nirvana u obediencia. Tertium non datur. Como tampoco hay tertium entre el parchís y el ajedrez, a pesar de que ambos sean juegos de mesa. Decir que tanto uno como otro son juegos es caer en la irrelevancia.
el explorador y el cangrejo
agosto 24, 2017 Comentarios desactivados en el explorador y el cangrejo
La experiencia religiosa puede entenderse en relación con dos posiciones básicas. La primera sería la de quien busca adentrarse en territorios vírgenes con la idea de encontrar el dorado, un lugar en donde poder comenzar de nuevo. Desde esta óptica, la cuestión principal es la del camino adecuado. Que si la ascesis, que si ciertas drogas, que si la práctica del yoga… La segunda, en cambio, sería la de quien ha llegado a ver que estamos donde estamos porque el gran otro dio un pasó atrás. Esto es, que existimos como quienes echan en falta a quien nunca podrá darse sin que desaparezca el mundo (pues el mundo es lo que es en tanto tiene eternamente pendiente al gran otro). Así, o bien nos situamos ante Dios como el contenido de nuestra expectativa, por no decir fantasía, o bien como la alteridad que no puede hacerse presente sin negarse a sí misma. Evidentemente, no estamos hablando de lo mismo. Pues o bien el hombre es la imagen en la que Dios se reconoce para ser precisamente el que es, o bien Dios es la imagen del hombre, de lo que el hombre cree que debe llegar a ser. De ahí lo inaceptable del cristianismo para quienes viven de sus ilusiones religiosas. Pues, lo que se nos revela en la cima del Gólgota es que no hay otra imagen de Dios que la de un crucificado en su nombre, en definitiva, que Dios no es nadie con independencia de su identificación con un crucificado. Al margen de la cruz, Dios es un yo que tiene pendiente su quien —y por eso no debería extrañarnos que, en tanto que no es nadie, no le veamos por ningún lado—. Pero del mismo modo que el hombre es un espectro que vaga por el mundo sin saber de quien es imagen —y por eso anda desesperado buscando la bendición de su ídolo—. La cruz revela a Dios como hombre o, lo que viene a ser lo mismo, al abandonado de Dios como imagen de Dios. Pues la entrega del hombre a un Dios impotente —su fidelidad u obediencia— hace posible que Dios pueda identificarse de nuevo con el hombre. Sin cruz, ni Dios, ni el hombre son en verdad. De ahí que concebir la relación entre Dios y el hombre con independencia de la historia de la salvación es, sencillamente, confundir las churras con las merinas.
Francisco de Asís
agosto 23, 2017 Comentarios desactivados en Francisco de Asís
Por suerte, nadie puede cumplir con el mandato de Dios bajo la mirada de Dios. Quien cree lo contrario difícilmente podrá evitar caer en el fariseísmo. Y así terminará dando de comer al hambriento con el propósito de alcanzar su justificación ante Dios. Tan solo podemos llevar a cabo la voluntad de Dios bajo el cielo de plomo de Getsemaní. Alguien podría objetar que Francisco de Asís, sometido al imperativo de la imitatio Dei, sabía perfectamente lo que hacía cuando besó las llagas del leproso. Sin embargo, si el gesto nos habla de Dios y no solo de Francisco como militante consecuente es porque entre el propósito y el gesto media una discontinuidad. El que la salta no es el Francisco convencido que solo así puede vencer su resistencia a la voluntad de Dios —no es el Francisco de la espiritualidad muscular—, sino el que ha sido destrozado como sujeto capaz por la proximidad de la pústula. Quien pudiera besar las llagas de un leproso, aunque fuera con la excusa de Dios, quizá fuera admirable para quienes crean que esto es lo que deberíamos hacer, pero no nos revelaría nada de Dios. Si el gesto es de Dios es porque en ese gesto no hay hombre que sobreviva como alguien capaz de llevarlo a cabo. Dios tiene que desaparecer para que lo que queda del hombre pueda cumplir con lo que Dios le reclama.
melancolía
agosto 22, 2017 Comentarios desactivados en melancolía
Quizá el único modo de captar la profundidad del presente —el único modo de no caer en la irrelevancia de la prosa diaria— sea el de imaginarse cuanto nos traemos entre manos desde la óptica de la pérdida. Esto es, quizá el único modo de no dar por descontado lo que, en definitiva, se nos ha dado durante un tiempo de gracia sea cayendo en la melancolía. Pues, a diferencia de la nostalgia, la melancolía surge de un anticiparse a la privación. Así, no es lo mismo ver como tu hija canta que escuchar su canto diciéndote que quizá sea la última vez que la escuchas cantar. Por suerte, quizá, no estás hecho para soportar demasiada profundidad y, en el día a día, apenas tengas esto último presente. Sin embargo, alguna dosis de melancolía de vez en cuando es necesaria para sobrevivir a la estulticia espiritual. Aun cuando, abrazado a tu hija, puedas preguntarte si el final será en realidad el final.
el Mesías
agosto 21, 2017 Comentarios desactivados en el Mesías
Quizá lo terrible de la esperanza mesiánica no es que sea una ilusión, sino que ya se hubiera cumplido y que, sin embargo, no nos hubiéramos dado cuenta. Como también es posible —de hecho es lo más probable— que nuestros mejores días ya se hubieran dado y que, sin embargo, nosotros los hubiéramos desperdiciado como los días que simplemente pasan. Puede que el valor de cuanto es solo pueda darse como lo que perdimos o no supimos ver. A menos que se dé tras un tiempo de devastación. Entonces un día más no es tan solo uno más, sino casi un milagro.
ansiar la paz
agosto 20, 2017 Comentarios desactivados en ansiar la paz
¿Quién ansía la paz? Quien sufre la guerra. ¿Quién siente necesidad de Dios? Quien sufre el desamparo de Dios. Pero del mismo modo que nadie será feliz mientres busque directamente la felicidad, nadie se encuentra con Dios buscando directamente a Dios. Dios no aparece como el Dios que necesitan los hombres. De hecho, con quien acaban encontrándose quienes se preguntan por Dios no es con el Dios que imaginaron, sino con aquellos que no parece que cuenten para ningún Dios.
psicópatas
agosto 19, 2017 Comentarios desactivados en psicópatas
Si Dios es compasión, ¿qué Dios puede haber para quien tiene dañada, por genética o por trauma, su capacidad emocional? ¿Acaso está condenado a una eterna soledad? ¿Acaso no puede haber para él otro Dios que el ausente? ¿Es posible que no pueda hacer más que esperar el perdón de las víctimas de su indiferencia? Sin embargo ¿podrá sentir su impotencia afectiva como lo que exige una redención?
simul iustus et peccator
agosto 18, 2017 Comentarios desactivados en simul iustus et peccator
El hombre existe en el infortunio como afortunado. En el infortunio, porque solo deja de ser una alimaña para devenir un espectro. Como reo del hambre devora cuanto está a su alcance. Como espectro vaga por el mundo sin saber de quién es imagen. Y como espectro que encubre la bestia necesita un enemigo contra el que afirmarse. El mal nace de la lucha del hombre contra el mal. El hombre, por este lado, no merece la vida que le ha sido dada y, así, sea por su acción o su indiferencia, vive con el estigma del culpable. Sin embargo, si sigue en pie —si aún no ha sido aniquilado de la faz de la tierra por las potencias del bien— es porque existe bajo una medida de gracia. Y esta es su fortuna. Aunque lo ignore.
pólvora mojada
agosto 17, 2017 Comentarios desactivados en pólvora mojada
Un cristianismo que quiera recuperar sus señas de identidad tendrá que comprenderse a sí mismo, como hizo en sus orígenes, contra la vía religiosa de ir hacia Dios. Pues lo que es innegable es que la búsqueda de respuestas a nuestras preguntas últimas hoy en día se lleva a cabo sin el recurso de las fórmulas cristianas. Basta con leer cualquier libro de espiritualidad al uso. No es que los hombres actualmente pasen de las cosas últimas, aunque haya muchos que se contenten con poder ir a el corte inglés, sino que la munición cristiana les parece más cercana al mito que a la verdad. Pólvora mojada. Que Jesús sea Dios, que los muertos resuciten en los días finales… es para la mayoría algo sencillamente intragable. Pero quien sea aún capaz de comprender cuando menos qué hay detrás del kerigma cristiano probablemente caerá en la cuenta de que tiene más de anti-mito que de superstición. Pues proclamar que Dios depende de la respuesta del hombre al sacrificio de Dios nos coloca en la situación de quienes penden de un hilo. Y, ciertamente, esto no es lo mismo que estar convencido de que la solución a los problemas pasa por vaciar la mente. En el fondo, quizá la cuestión sea si el mal es simplemente un error o, por el contrario, algo que anida en el corazón del hombre. Esto es, si la voluntad de destrucción es tan solo una reacción que podemos controlar por medio de nuestra iluminación o si se trata de una raíz que exige una redención. Sin duda es más tranquilizante creer en lo primero. Pero la tranquilidad nunca fue un criterio para quien simplemente se pregunta si acaso será verdad que todo pasa por el desapego. Un estoico en el infierno de Auschwitz no da la impresión que sea, precisamente, alguien capaz de pronunciar la última palabra. El cristianismo, por tanto, se equivoca cuando, con la intención de ser políticamente correcto, intenta comprenderse a sí mismo como un modo entre otros de aproximarse al misterio de Dios. Pues, entre otras razones, el Dios que se revela como crucificado —el Dios que no es nadie al margen de su identificación con aquel que murió como un apestado de Dios—, no parece que sea un Dios al que podamos aproximarnos como quien se dirige a una cima o a un océano.
una trascendencia irrelevante
agosto 16, 2017 Comentarios desactivados en una trascendencia irrelevante
¿Qué seríamos nosotros para un ácaro del polvo? ¿Dioses? Quizá. Pero evidentemente se equivocaría. Cualquier mundo que pudiera imaginar por encima de su mundo no tendría nada que ver con nuestro mundo. En el orden de lo real, hay mucho por descubrir, si es que pudiera ser descubierto. El cosmos está hecho con incontables capas. Merton decía que vivimos en medio de aguas que nos cubren. Y es cierto. Pero esas aguas son inimaginables, si no impensables. Hay sin duda más allá. Hay otros mundos dentro de un mismo mundo. Y es posible que nosotros seamos ácaros del polvo para vete a saber quienes. Pero de ahí a hablar de Dios media un paso. Quien se lo salta, sencillamente hace trampas. En realidad, habla de sí mismo, de su necesidad de un amigo invisible. Aunque ese amigo tenga el aspecto de un océano.
el hombre elemental
agosto 15, 2017 Comentarios desactivados en el hombre elemental
Ante una mujer desnuda, o quedas fijado a su sexo o a sus ojos. Tertium non datur. No puedes con ambos. Evidentemente, hay cuerpo como hay alma.
los vecinos del quinto
agosto 14, 2017 Comentarios desactivados en los vecinos del quinto
Arriba tenemos temporalmente unos vecinos que se pasan el día gritándose. Mal rollo. Hay relaciones que te empeoran como las hay que sacan lo mejor que hay en ti. Con las primeras hay que cortar por lo sano antes de llegar al punto de no retorno. La cuestión que quizá deberías plantarte es si acaso no serás tú y no el otro quien se encuentra fuera de quicio.
usuaris.tinet
agosto 13, 2017 Comentarios desactivados en usuaris.tinet
Miquel Sunyol, jesuita, en su carta a Rafa Yuste, la cual fue viral, por decirlo así, en su momento, se pregunta qué papel le encontraríamos a nuestro «Jesús liberador» en los guiones de Woody Allen. La pregunta está muy bien. De hecho, la página web de Miquel Sunyol (aquí), que sigo fielmente, está muy bien, aun cuando sintonice una frecuencia que no termina de ser la nuestra, probablemente por un tema generacional. Pero sus diagnósticos suelen poner el dedo en la llaga. Sin embargo, no puedo evitar a la vez preguntarme qué papel le encontraríamos a nuestro Woody Allen en los relatos de la pasión. Es posible que Woody Allen difícilmente pudiera hacer de Woody Allen. Pero en ese caso Woody Allen ya no sería Woody Allen.
Clarice
agosto 12, 2017 Comentarios desactivados en Clarice
La escritura, esa maldición que salva.
Clarice Lispector
Franciszek Gajowniczek
agosto 11, 2017 Comentarios desactivados en Franciszek Gajowniczek
Como es sabido, Maximilian Kolbe se puso en el lugar de Franciszek Gajowniczek, el hombre que, junto a otros nueve, había sido seleccionado por los nazis para ser ejecutado en una operación de represalia. El motivo fue que el hombre tenía esposa e hijos. La historia hubiera sido otra, si Franciszek Gajowniczek no hubiera aceptado el sacrificio de Kolbe, creyendo que solo así llegaría a ser el padre que sus hijos necesitaban.
el uno
agosto 10, 2017 Comentarios desactivados en el uno
El dios supremo del politeísmo, el cual no se manifestaba salvo como principio de cuanto es, garantizaba la unidad de lo divino. Del mismo modo que un rey es lo que representa, a saber, la unidad del reino, en un mundo lleno de dioses más o menos palpables, la divinidad suprema permitía comprender la diversidad de poderes como variantes de un mismo poder. En el fondo, el dios supremo de las religiones paganas funcionaba como la imagen de un concepto. Sin embargo, su invisibilidad no es homologable a la del Dios del monoteísmo bíblico. Pues Yavhé no es el nombre de un concepto. Al contrario. Yavhé es de hecho un nombre que tiene pendiente su quien y, en este sentido, no es estrictamente nadie mientras no se reconozca en su imagen, la que perdió de vista con la caída. La fe, en este sentido, es inseparable de la historia de la redención, la cual puede de algún modo entenderse como la de la reconciliación de Dios consigo mismo. En cualquier caso, no es lo mismo dar por descontado que la divinidad suprema se encuentra por encima de nuestras cabezas a la manera de un rey en su palacio que creer que Dios tan solo es donde se identifica con aquel que murió como un despreciado de Dios.
manos sucias
agosto 9, 2017 Comentarios desactivados en manos sucias
Quita las manos de ti mismo; tratas de construirte y construyes una ruina.
Agustín de Hipona
lingua mater
agosto 8, 2017 Comentarios desactivados en lingua mater
Pensar el lenguaje es pensarlo como lo que perdimos tras Babel. Hay lenguas porque in illo tempore despreciamos el lenguaje. En las lenguas se conserva el estigma del desafío humano como incapacidad para nombrar al enteramente otro. Las lenguas disponen de nombres, pero no poseen el nombre. En cualquier caso, el pronombre, el eso que índica precisamente el carácter irrepresentable de una estricta alteridad. Así, decimos el lápiz es rojo y creemos que con ello alcanzamos la cosa en sí. Pero estrictamente lo que decimos es lo siguiente: eso es un lápiz y además rojo. El carácter otro de lo que tenemos enfrente se sitúa más allá de la significación. En cualquier caso, lo damos por descontado, pero por eso mismo no aparece como tal. La alteridad aparece como lo que nos parece y, por consiguente, como eso que en su aparecer dejo de ser, literalmente, un alien. Pues la alteridad es lo insamilable del otro, el resto invisible que permanece como lo que tuvo que dar un paso atrás para que fuera posible que pudiéramos hablar de cosas. Así, fácilmente llegamos a creer que hemos llegado al final cuando podemos ver y tocar. Como si no hubiera más leña que la que arde, cuando lo cierto es que si la leña arde —si la leña puede desaparecer— es porque, en el fondo, es una aparición. La leña como cualquier otra cosa no es más que el espectro de algo en verdad otro. Del mismo modo, podríamos decir que las lenguas, cuando pretenden hablar de Dios, toman inevitablemente en vano el nombre de Dios. Pues con el uso de las lenguas el hombre fácilmente llega a olvidar que si posee los nombres de Dios es porque lo que no posee es, precisamente, el nombre..
y así te quedaste sola
agosto 5, 2017 Comentarios desactivados en y así te quedaste sola
Vivimos instalados en nuestra celda. Y, de momento, todo va bien. Así nos tratamos unos a otros como si no pasara nada. Como si no envidiáramos la suerte del amigo. Como si fuéramos quienes decimos que somos. Como si no soñáramos con la vecina. Como si en el fondo no quisiéramos arrancarle las uñas a nuestro enemigo. Como si no te sintieras abandonado por tus hijos. El polvo, siempre por debajo de la alfombra. La ocultación de nuestra podredumbre es el aceite del engranaje social. Las cosas funcionan porque no lo decimos todo. De ahí que quien se atreve a proclamar que el Rey anda desnudo; quien, micrófono en mano, pronuncia las palabras que hieren —tus hijos te dejaron sola, tu esposo pasa de ti, nadie te comprende …— y, de paso, ofrece una solución, tenga las de ganar. No hay grupo humano que no espere a su mesías.
hay algo peor que la verdad
agosto 4, 2017 Comentarios desactivados en hay algo peor que la verdad
El judío se sitúa ante Dios como aquel que está por venir. De ahí que su actitud fundamental sea la de quien permanece a la espera… aceptando la posibilidad de que el esperado no venga nunca. Sin embargo, para el judío hay algo peor que una esperanza frustada, a saber, que el mesías ya hubiese venido sin que nadie hubiera sido capaz de reconocerlo. De ahí su preocupación por la genealogía del mesías, la cual debería asegurar, al menos hasta cierto punto, el papel mesiánico del elegido. En términos generales, lo terrible no es que todo pase y nada acabe de tener lugar, sino que hubiera habido algo verdadero en tu vida y que simplemente lo hubieras dejado pasar. Lo terrible es que la verdad sea en cualquier caso lo que fue dejado atrás sin que nosotros nos diéramos cuenta y no un porvenir. Ante ello, tan solo nos queda el memorial. Aunque tampoco es poca cosa.
Séneca
agosto 3, 2017 Comentarios desactivados en Séneca
Nada se parece tanto a la injusticia como la justicia tardía. Séneca, dixit. Quizá no sea casual que a la justicia tardía, sobre todo cuando es sin un porqué aparente, se le denomine justicia poética. Como si estuviera más cerca de lo bello que de lo justo. Esto tiene su miga teológica. Pues, la justicia de Dios, en tanto que final, quizá no termine de ser del todo justa. Sobre todo, si se entiende como si tan solo afectara al destino de las almas. De ahí que el viejo mesianismo judío, en un arrebato de lucidez, entienda que no habrá verdadera justicia si a las víctimas del pasado no se le restituye tal cual la vida que les arrancaron antes de tiempo. Esto es, en carne y hueso. Al fin y al cabo, la increíble resurrección de los muertos acaso sea el único modo de que pueda haber una justicia histórica. Sin embargo, que los muertos se levanten para que puedan ser juzgados por Dios es, de hecho, un imposible. Esto no constituía una sería objeción para quienes creyeron en el Dios que es capaz de hacer parir a las estériles, de ofrecer vida donde en modo alguno puede haberla. Pues quienes creyeron en la resurrección de los muertos no creyeron porque fuera concebible, sino porque, a pesar de ser inconcebible, lo primero e inamovible era la fe en Dios. Y en nombre de Dios, mejor dicho, de la vida debida a Dios, los muertos tenían que resucitar, aunque no fuera posible creerlo. Pero que la resurrección sea un imposible, sí supone un serio obstáculo para quienes Dios es tan solo el supuesto imaginario que satisface su necesidad de amparo, cuando menos porque ese Dios no tiene otra función que la de garantizar las oportunidades mundanas de quien le invoca. Llegará un momento en que alguien se atreverá a decir que, en el fondo, no hay tanta diferencia entre creer en este Dios y no creer en nada. Que el Dios que se da como el amigo invisible de los niños solitarios —o, si se prefiere, como el primo de zumosol solo que espectral— encubre más que supera el nihilismo que no queremos admitir.
homo
agosto 2, 2017 Comentarios desactivados en homo
No es casual que las mujeres, por lo común, se sientan tan a gusto con el hombre homosexual. Sencillamente, no las juzga. O al menos, no como hombre. Es la amiga perfecta, aquella ante la que pueden sincerarse, esto es, mostrarse sin cera —sin maquillaje. Al fin y al cabo, tampoco competirán por el mismo hombre.
vacaciones
agosto 1, 2017 Comentarios desactivados en vacaciones
Los hombres se diferencian por cómo hablan de sus vacaciones. Así, unos, la mayoría, suelen contarlas como si hubieran sido una pasada. Da igual si estuvieron en Mongolia, en los fiordos noruegos o en la playas de Calella. Es el no va más. Como una fiesta holi. Otros, en cambio, apenas tienen algo que contar. Pues quizá se dieron cuenta de que para ese viaje no hacían falta tantas alforjas. Que lo que hallaron en Mongolia o en Calella es el mismo vino, aunque en otros odres. Y si hallaron algo nuevo no es nada que no hubieran podido encontrar en la soledad de una celda monástica.
esos rezos
julio 31, 2017 Comentarios desactivados en esos rezos
Cuando cristianos, musulmanes, hinduistas… se ponen a orar o, mejor dicho, cuando se exponen a lo que, de algún modo, les supera, todos parecen situarse ante el mismo misterio. Y algo de esto hay. Sin embargo, para percibir las diferencias basta con apuntar a las imágenes paradigmáticas. Pues no parece que sea lo mismo hallarse en la posición del loto que colgado de un madero. Ciertamente, nos iremos de aquí con las manos vacías. Cuanto ignoramos pesa más que cuanto vislumbramos. Con todo, quizá no sea lo mismo desde dónde ignoramos lo que ignoramos. Puede que una cosa sea irse en paz creyendo que el sufrimiento responde al karma de cada cual, y otra, muy distinta, irse como aquel que se entrega, pero con la disparatada esperanza de que al final se les restituirá la vida que se les debe a quienes murieron injustamente antes de tiempo. El ajedrez y el parchís son, ciertamente, juegos. Pero a nadie se le ocurriría decir que, en el fondo, son el mismo juego.
throwing the baby with the bath water
julio 30, 2017 Comentarios desactivados en throwing the baby with the bath water
Es posible que Jesús de aquí unos miles o quizá unos pocos cientos de años sea como Tutankamon, un objeto de estudio entre otros. Sin embargo, ¿qué demuestra esta posibilidad? Aparentemente, la tesis del historicismo, a saber, que nuestras ideas acerca del mundo no obedecen a la realidad del mundo, sino a nuestra circunstancia o época. Esto es, que no hay verdad, sino en cualquier caso productos culturales que creen responder a la exigencia lógica de verdad. Sin embargo, también podría ser que el precio de la evolución histórica sea, precisamente, el dejar atrás la verdad y, en este caso, la verdad de Dios, la cual por cierto no se determina como una correspondencia entre nuestra representación de Dios y un ente espectral al que llamamos Dios. En el fondo, la tesis del historicicismo no se sustenta sobre la constatación de la diversidad, sino sobre el prejuicio de que no hay verdad. Pues la diversidad de pareceres de por sí tan solo nos permite certificar el hecho de que hay diversidad de pareceres. Ahora bien, puede que con respecto a la verdad ocurra algo parecido a lo de las meigas gallegas: que no existen, pero haberlas, haylas.
tripalium
julio 29, 2017 Comentarios desactivados en tripalium
Muchas vidas se hallan dividas entre un trabajo de mierda —bajos salarios, falta de reconocimiento, jefes que se aprovechan…— y un ocio que no es mucho más que distracción, soma para esclavos. No hay yoga ni aromaterapia que arregle esto. Nada nuevo, tan solo novedades. Quizá tengan razón quienes dicen aquello de que la vida es lo que dejamos escapar mientras vamos tirando.
gran G.K (2)
julio 27, 2017 Comentarios desactivados en gran G.K (2)
El único secreto del misticismo es éste: que el hombre puede entenderlo todo merced a la ayuda de todo lo que no entiende. El lógico mórbido, intenta dilucidarlo todo y sólo consigue volverlo todo misterio. El místico permite que algo sea misterioso, y todo lo demás se vuelve lúcido.
GK Chesterton
gran G.K (1)
julio 26, 2017 Comentarios desactivados en gran G.K (1)
El poeta sólo pretende entrar su cabeza en el cielo. El lógico es el que pretende hacer entrar el cielo en su cabeza. Y es su cabeza la que revienta.
GK Chesterton
inversa proporcional
julio 25, 2017 Comentarios desactivados en inversa proporcional
La ciencia ficción ve lo extraño como familiar. La espiritualidad, en cambio, lo familiar como extraño.
