shutter island
agosto 13, 2011 Comentarios desactivados en shutter island
Ayer vimos Shutter Island. Una muy buena película de Scorsese. El guión es impecable y está trufado de pequeños detalles —como, por ejemplo, la torpeza del agente Chuck a la hora de dejar el revolver o la tensión inicial de los polis del sanatorio— que sólo comprendes desde el final. Scorsese, sin duda, sabe lo que se hace.
(A partir de aquí sólo para quienes la hayan visto.)
dime con quien andas…
agosto 13, 2011 Comentarios desactivados en dime con quien andas…
Tu serás en gran medida lo que otros despierten en ti. Serás padre, si el hijo te busca como padre. Si no, simplemente harás de padre. Serás bueno, si los otros ven en ti la bondad. De lo contrario, te comportarás como si fueras bueno. Amarás, si te sientes amado. Etc. Y lo que seas al margen de esto es, precisamente, tu no, mejor dicho, ese no común, ese no acabar de ser que nos iguala por lo bajo.
ataraxias
agosto 13, 2011 Comentarios desactivados en ataraxias
A mi me parece que la paz interior no nos lleva muy lejos. Me explico mejor. Quien se siente formando parte de un orden más amplio —quien experimenta el sentimiento típico de la reconciliación religiosa con el mundo— no suele padecer el aguijón monoteísta. Es decir: no se siente rehén de nadie. Ya está bien donde está, aunque a menudo pueda sentirse inclinado a la compasión. Todo fluye hacia lo desconocido y el sufrimiento ajeno no es algo que, en último término, le concierna como si le fuera la vida en ello. La divinidad sabrá el porqué de los Gulags. Éste es, pues, el dato. Cualquier intento de decir que, al fin y al cabo, el monoteísmo bíblico es una variante entre otras de la religiosidad universal, debería poder explicar las diferentes actitudes vitales de, pongamos por caso, un Dalai Lama y un Mn Romero. Pues lo cierto es que ya de buen comienzo, la fe de Israel se resiste a hacer del orden cósmico la expresión misma de la divinidad. Así, la Creación no expresa a Dios, sino que propiamente se encuentra sometida a su voluntad. Esto es: el orden que podemos observar no es nada último, sino que, al igual que nuestra existencia, se encuentra pendiente de un hilo. Hay algo irresuelto en el Mundo como para que fácilmente podamos comulgar con él. O lo que viene a ser lo mismo: el cosmos, de por sí, carece de sentido. Quien perdió a sus hijos en alguno de los vuelos de la muerte —aquellos en los que los represaliados por la dictardura argentina eran arrojados vivos al mar—, no puede sentirse en paz ante la apacible inmensidad del océano. De hecho, un judío cuando ve un prado, suele ver una fosa común. Un judío no olvida que sobre el suelo de Treblinka crecieron las amapolas más bellas. Podemos también pensar que estos traumatizados han tenido mala suerte: que su trauma, precisamente, les impide sentirse reconciliados con el mundo, ver las cosas desde el punto de vista del buen dios. Pero podemos también creer que solo ellos dan testimonio de la verdad de Dios, de su extrema transcendencia, de su deber ser. En el primer caso, seremos paganos. En el segundo, monoteístas.
perro flauta
agosto 13, 2011 Comentarios desactivados en perro flauta
Ahora en st Pol toca fira alternativa. Esto es, tenderetes de productos auténticos durante el día y chivecas a dojo por la noche. El tema de este año es fes un reset al món. Por los altavoces van sonando las diferentes proclamas: hem de deixar de crèixer i aprendre a viure amb el que tenim; prou d’especulació; recicla, no compris, etc. Esto suena, sin duda, muy bien. Uno no puede evitar creer que tiene la solución en la palma de la mano. De hecho, parece obvio que si cada uno hiciera lo que ellos, los hombres podríamos vivir, al fin, en armonia con nuestro entorno. No hay, pues, pecado original. Unos están del lado bueno y otros del malo. Se trata de hacer las cosas bien, si queremos transformar el mundo. Pero por qué será que en la primera parada en donde decido comprar unos cuantos quesos de leche cruda me estafan –ellos, los buenos— unos cinco euros. Se confirma aquello del evangelio: el hombre no tiene remedio. Y menos aquellos que creen tener la bondad de su lado.
navajos
agosto 12, 2011 Comentarios desactivados en navajos
El sentido básico de la transcendencia —el hecho de sentirse formar parte de algo más amplio— se encuentra tanto en las devociones cristianas como en las propias, por ejemplo, de los indios navajo. Ahora bien, si solo contáramos con esto, entonces las diferentes religiones serían, ciertamente, diferentes variaciones de lo mismo. Pero uno no es cristiano porque viva bajo el sentimiento de una presencia etérea, sino porque da fe de la humillación de Dios, esto es, de algo que nos deja, en principio, con el culo al aire. O por decirlo en los términos de Hegel: para un cristiano, el espíritu es un hueso. El Crucificado, así, no apunta a un Dios que sigue estando más allá, sino que es ese mismo Dios al que se dirigían nuestras súplicas. Puesto que la Cruz revela la vacuidad del cielo —puesto que en esa Cruz Dios se revela como algo que no podemos dar por sentado—, eso que se encuentra ahí, en la cima del Gólgota, es todo lo que hay. Nada último habría en esa sima, si Dios no hubiera quedado afectado por esa Cruz. Al fin y al cabo, en esto consiste la revelación: en la identificación de Dios con un Crucificado. Y si de Dios hay algo más, eso está aún por-venir.
hard blade runner
agosto 12, 2011 Comentarios desactivados en hard blade runner
Supongamos que Teresa de Calcuta hubiera descubierto antes de morir que los pobres a quienes se había entregado eran replicantes programados para reproducir a la perfección la demanda infinita del rostro. Esto es, que no habían pobres en las calles de Calcuta, sino solo máquinas que hacían de pobres. En principio, podemos suponer que a ella no le hubiera dado igual. Sin embargo, ¿qué detalle —qué marca— nos permitiría diferenciar la copia del original? ¿Qué rasgo nos indicaría que estamos ante otra consciencia de sí y no solo ante una simple cosa? Cualquier rasgo que pueda captar nuestra sensibilidad podría, por defecto, ser técnicamente simulado. Pero, si esto es así, entonces la alteridad no puede ser captada sensiblemente. O por decirlo a la manera de Platón: la realidad en cuanto tal —el carácter otro de lo que vemos— es, de por sí, invisible. La alteridad de lo que visible —y, por extensión, del otro yo— tan solo puede ser objeto de un reconocimiento. Sin duda, siempre vemos los rasgos de algo otro ahí, pero ese algo-ahí, como tal, se halla en cualquier caso supuesto (sub-puesto). Ahora bien, ¿en qué consiste este carácter siempre supuesto de la alteridad? ¿Por dónde pasa, en definitiva, su reconocimiento? Sea cual sea la respuesta, la cuestión no puede comprenderse como la cuestión sobre las condiciones de la aparición de lo enteramente otro, pues, en tanto que siempre sub-puesto, lo enteramente otro nunca acaba de darse como tal, esto es, nunca se encuentra del todo presente. Se trata, en definitiva, de estricta lógica. Si lo otro siempre se da en relación con una determinada sensibilidad, lo otro nunca puede darse como lo enteramente otro, sino siempre en relación con las condiciones —y, por tanto, los límites— de esa sensibilidad. O por volver a Platón: el carácter otro de lo real es lo siempre dejado atrás en el momento en que nos relacionamos con las cosas que se encuentran ahí. Y si este dejar atrás es la condición misma de la aparición de las cosas en el marco de nuestra sensibilidad, entonces no cabe algo así como un saber acerca de lo último. Todo saber es un saber acerca de cosas y si hay cosas ahí es porque su carácter otro en modo alguno es una cosa. Es por eso que no hay mundo para los animales, aunque formen parte de él. Ningún animal encuentra en falta aquello que es en verdad. Ningún animal, que sepamos, siente la nostalgia de lo real. Para ninguno de ellos la alteridad es algo por-ver, algo por-venir, aquello, que, en definitiva, debe ser. Así, y por volver a las calles de Calcuta, la indigencia del otro —el hecho de que un cuerpo sea consciente de su falta de ser— es, en cualquier caso, cuestión de fe. O, por decirlo, en creyente: desde uno mismo, el Otro solo puede ser invocado. Teresa de Calcuta tras descubrir el simulacro continuaría estando, pues, donde estaba ya de buen comienzo: esperando. Maranatha.
el viejo mike
agosto 11, 2011 Comentarios desactivados en el viejo mike
Quien quiera saber qué significa esto de la resurrección de los muertos, más allá de las trompetas, haría bien en ver cualquiera de las pelis de Mike Leigh. Uno podría comenzar, por ejemplo, con all or nothing.
vistas al mar
agosto 11, 2011 Comentarios desactivados en vistas al mar
La Cosa o, como también suele decirse, aquello enteramente Otro es tan fascinante como terrible. Por eso mismo, ante el acontecimiento de la Cosa, uno no sabe a ciencia cierta qué hacer. Y porque la Cosa es paralizante, el hombre se ve obligado, casi de buen comienzo, a separar lo fascinante de lo terrible. La cultura nace, así, del gesto de Teseo. En un extremo, tendremos el rostro. En el otro, los tentáculos. Las vírgenes en el templo. Los orcos en el bosque. El mundo se convierte en algo transitable. O por decirlo de otro modo: si hay mundo es porque perdimos de vista lo Real. Y es que cuando nos quedamos con uno de sus lados perdemos en alteridad lo que ganamos en mito. Como si solo pudiéramos soportar la realidad transformándola en una película para todos los públicos. Pero el océano sigue ahí, tan efervescente como abisal.
boredom
agosto 10, 2011 Comentarios desactivados en boredom
Fácilmente, los dioses acaban muertos de ennui. Un dios, como podemos suponer, no debe ocuparse de sí mismo. Y quizá sea por eso que quienes están cerca de vivir como dios no puedan hacer otra cosa que ponerse a jugar.
evolution
agosto 10, 2011 Comentarios desactivados en evolution
Si hay evolución —que la hay—, entonces es muy posible que el sapo jedi de star wars esté más cerca de nosotros que el primer hombre. Y es que, en principio, solo reconoceremos como a un igual a aquel con quien podamos establecer una conversación. Un igual es un interlocutor válido, alguien a quien podemos interpelar del mismo modo que él puede interpelarnos. Ahora bien, si esto es cierto, ¿cómo fue posible que lo absolutamente Otro —algo a todas luces excesivo— se convirtiera en alguien que podía dirigirnos la palabra? Más aún: ¿cómo alguien, en un momento dado, pudo dirigirse a Dios exigiéndole una respuesta? ¿En qué instante y por qué motivos, Dios pasó a ser un semejante? ¿En qué sentido un Dios de esta guisa podía seguir siendo divino? ¿Tendrá razón Plotino al insistir que aquellos que se dirigen al dios como si fuera uno de los nuestros no actúan en consecuencia? Pues aquello que se encuentra siempre más allá, esto es, la alteridad radical del Ser no puede en modo alguno admitir el vaivén de la charla. Un Dios prójimo —pero aún: un Dios que decide morir por nosotros— ¿no es acaso algo inaceptable para la razón?
antropología
agosto 10, 2011 Comentarios desactivados en antropología
Algunos dicen que el hombre es simplemente un animal cuya inteligencia es superior a la del resto. Esto es, un animal capaz de ver lo que aún no se ve. Sin embargo, pasan por alto un detalle que posiblemente sea esencial y es que nada humano se decide en el terreno de las facultades. El hombre sin duda es un animal, pero un animal que siente vergüenza de sí mismo. Podemos hacer un mono listo, pero mientras no crea que hay algo en él que no debe mostrarse, seguirá siendo tan solo una bestia. Y es que nadie puede estar fuera de sí mismo sin recibir el estigma de la culpa.
taxonomía
agosto 10, 2011 Comentarios desactivados en taxonomía
Podríamos decir que hay dos tipos de hombres. Aquéllos que se encuentran sometidos a lo que les excede y aquéllos que se viven a sí mismos como si fueran el centro de control de su circunstancia. El drama de los primeros es que hoy en día tiene dificultades para encontrar un lenguaje que les permita dar fe de ese exceso. Los segundos, en cambio, se encuentran en este mundo como en su salsa. Y, sin embargo, lo cierto es que los primeros están vivos, mientras que los segundos, no.
reductio
agosto 10, 2011 Comentarios desactivados en reductio
Es sabido que la razón funciona por reducción. Que su supuesto fundacional es que todo, al fin y al cabo, es una y la misma cosa. Sobre esta base decimos que, en definitiva, no somos más que unas cuantos partículas elementales interactuando entre sí. Ahora bien, para una mujer, no es lo mismo una flor que su semilla. Un hombre que un simio. No es lo mismo el homínido de atapuerca que Shakespeare. Aquí la cuestión es, como siempre, en qué consiste ser. Mejor dicho: en que consiste nuestro ser. Si el ser se decide del lado del modo de ser o de la cosa última… aquella que dejamos atrás —aquélla que debemos negar— para ser, precisamente, de un modo u otro. Como si todo cuanto existe no tuviera otro propósito que huir de su fundamento. Como si el No estuviera en la raíz de nuestro Sí.


espejito, espejito
agosto 10, 2011 Comentarios desactivados en espejito, espejito
¿Cómo se piensa con imágenes? ¿Cabe algo así como una imagen verdadera? ¿Existió alguna vez el espejito mágico? De hecho, todo espejo sigue siendo el de Blancanieves. ¿O acaso, cuando las adolescentes se miran al espejo, no buscan encontrar allí su mejor aspecto, aquél que les permita decirse a sí mismas que sí, que valen la pena? En realidad, una imagen verdadera —una imagen que funciona— es el destilado de una verdad demasiado íntima como para que pueda ser fácilmente admitida como tal. Quien dice «un espejo es solo un espejo», en realidad, no es un científico, sino probablemente un idiota.
atapuerca
agosto 10, 2011 Comentarios desactivados en atapuerca
Si por «religión», si es que hemos de hacer caso a su etimología, no entendemos propiamente el rito que pretende obtener un buen trato por parte de la divinidad, sino la voluntad de hacer de nuevo posible, precisamente, un trato con ella, entonces la religión es un fenómeno relativamente reciente. O por decirlo con otras palabras: solo hay religión donde la divinidad ha dejado de ser algo obvio. De hecho, los primeros humanos no tenían necesidad de religarse con ningún dios. En su mundo, todo estaba lleno de dioses, esto es, todo era demasiado grande, desde la lluvia hasta el crecimiento de la hierba, como para que el hombre pudiera confiar en sí mismo. Donde los dioses son aún algo natural no hace falta ninguna religión. En cualquier caso, basta con un poco de magia, con unas pocas técnicas de manipulación. Es sabido que los dioses van desapareciendo del mapa desde el momento en que los hombres aprenden a dominar el fuego —a controlar los ciclos agrícolas— y, por consiguiente, a poder garantizar habilmente un cierto futuro. Sin embargo, cuanto mayor es el dominio —cuantos menos territorios quedan fuera de nuestro alcance—, menos espacio le queda al dios. Y si el dios es la figura de la genuina experiencia de algo-otro-ahí —que lo es—, entonces lo que el hombre pierde cuando obtiene el mundo es, de hecho, la experiencia misma de la alteridad y, en definitiva, de lo real. Es en este contexto donde la religión se convierte en un asunto espiritual o, si se prefiere, interior, pues de lo que se trata es de recuperar el vínculo con lo real, en definitiva, esa experiencia de lo otro que durante nuestra infancia —esa debilidad— tuvimos a flor de piel. Por eso la religión es una cosa de niños —o de pobres—. Con todo, en tanto que todos seguimos siendo el niño que fuimos —o, mejor dicho, el indigente que anida en lo más íntimo de uno mismo— es cierto que no hay otra integridad que la que arrastra al niño —o al pobre— consigo. Al fin y al cabo, la religión es un asunto moral. Por eso una época que cercene de raíz la posibilidad de la religión es una época que priva a sus individuos de la posibilidad de alcanzar una integridad, de llegar a ser uno con uno mismo. La cuestión es cómo puede darse una religión donde ya no cabe creer honestamente en sus imágenes. Pero es posible que esta cuestión sea una cuestión importante solo para quien ha perdido de vista el legado de la tradición bíblica, aquélla para la cual no hay otro Dios que aquel que decidió inmolarse en una Cruz.
el samurai
agosto 9, 2011 Comentarios desactivados en el samurai
Aquel que está de regreso puede que sea capaz de besar a una mujer como si fuera la última mujer y, con todo, encontrarse aún más allá. Abrazar en verdad pero sin creer, sin encontarse sometido a ninguna posibilidad. Quizá no haya otra vida que la del extraterrestre.
petróleo
agosto 9, 2011 Comentarios desactivados en petróleo
Únicamente hace falta haber estado en el fondo del pozo para saber lo que es la realidad. Y no porque ésta sea un No —de hecho, tú eres el No—, sino porque solo desde lo más profundo —desde los silencios de piedra, desde la oscuridad más impenetrable— puedes saber en carne propia en qué consiste que tenga que haber algo ahí. Contra lo que damos por sentado tan fácilmente, no es la ficción, sino el mundo de los hechos aquello que nos preserva, afortunadamente, de la realidad. Como si solo la superstición pudiera dar fe de lo que en verdad ocurre más allá de nuestro alcance.
LWH
agosto 7, 2011 Comentarios desactivados en LWH
Larry W Hurtado, exegeta, probablemente tenga razón: que hayan otros que en torno a los comienzos de nuestra era y en el contexto de la misma religión judía hayan recibido, al igual que Jesús de Nazareth, el cualificativo de Hijo de Dios es lo de menos. Lo que resulta decisivo —lo que exige una buena explicación— es que tan solo Jesús de Nazareth recibiera —y muy pronto— un culto equivalente al de Dios. Éste y no otro es el pistoletazo de salida de lo que posteriormente acabaría siendo el cristianismo. La tesis de Larry W Hurtado no deja de ser interesante: este nuevo culto debe comprenderse —pues, según él, así lo comprendieron los primeros cirstianos— no ya como un abandono de la vieja fe monoteísta, sino como algo exigido por el Dios de siempre. De hecho, es la firme convicción monoteísta de los apóstoles lo que impidió que Jesús pudiera ser visto como un hombre divinizado. Así, el cristianismo no se sostendría sobre la base de la elevación apoteósica de Jesús, sino sobre el descenso mismo de Dios. Con todo, la cuestión es si ello es posible sin alterar en algún sentido la noción misma de lo divino.
esto no va a quedar así
agosto 7, 2011 Comentarios desactivados en esto no va a quedar así
Es muy difícil comprender la antigua fe en la resurrección de los muertos desde nuestra posición. Aunque dicha creencia se encuentra en las culturas más dispares, por lo común se entiende como el signo de la renovación cíclica del cosmos. Así, los muertos regresan para asistir al reset de la vida cósmica. Es la señal de la regeneración del universo. Todo comenzará de nuevo, una vez los muertos se dejan ver. Sólo en el caso del judeocristianismo, la resurrección señala el final absoluto de los tiempos. Más aún: según parece, únicamente en el cristianismo, los resucitados alcanzan la altura misma de lo divino. Así, quienes creen en esta resurrección dan por sentado que la renovación periódica de los inicios no proporciona una genuina redención, sino a lo sumo su simulacro, en el fondo, más de lo mismo. Como si solo el esclavo que salió de Egipto hubiera llegado a comprender que no hay más liberación que la que nos libera de este mundo. Se confirma aquello de Nietzsche: que la tradición bíblica está más cerca del nihilismo que muchos de nuestros ateos actuales. En cualquier caso y como modernos que somos, estamos lejos de creer fácilmente en esta resurrección, pues nos falta algo esencial, a saber, el hecho de dar por sentado que hay hombres y mujeres de Dios. O por decirlo con otras palabras: que pueden haber vidas transfiguradas por la presencia de lo divino. Si esta transfiguración es luminosa o, por el contrario, oscura por la ausencia de Dios, aquí es lo de menos. Lo decisivo es que, si cabe esta posibilidad, entonces las vidas de Dios no pueden acabar en la Cruz. Por tanto, si ellos pudieron creer no es porque no pudieran soportar la angustia de la muerte, sino porque, por pura lógica, no podían admitir que aquello que era de Dios pudiese morir y morir del modo más ignomioso. Para el creyente, la muerte injusta de aquellos marcados por Dios impide que la historia de los hombres quede asimilada a la sucesión infinita de los ciclos naturales. Es esa muerte y no nuestra incertidumbre la que quiebra la ilimitada reiteración de los ciclos hacia un final de los tiempos, mejor dicho, la que constituye precisamente la historia como el devenir pendiente de Juicio. Si hay historia en vez de ciclos, entonces tiene que haber un futuro absoluto, una interrupción escatológica del devenir, un final de la historia. Cualquier otra concepción del tiempo es pagana, no cristiana. Nuestra actual dificultad con la resurrección de los muertos no es otra, pues, que nuestra actual dificultad con Dios. Por eso quienes, dentro de las comunidades cristianas, creen que esto de la resurrección de los muertos o del juicio final es un resto de antiguas supersticiones de las que deberíamos desembarazarnos para quedarnos solo con el Dios puro de Jesús, no se quedan propiamente con Dios, sino con su fantasma o, lo que quizá sea preferible, con una especie de dildo espiritual.
Billie Holiday
agosto 6, 2011 Comentarios desactivados en Billie Holiday
Puede que la última palabra no sea una palabra, sino un canto. Al fin y al cabo, nos moriremos sin entender gran cosa.
el otro Manolo
agosto 6, 2011 Comentarios desactivados en el otro Manolo
Ayer conocí a Manolo, tomando unas cañas en el «sant Pol», el único bar de este pueblo en el que los dueños no parecer ser unos estúpidos. Diría que anda cerca de los sesenta, bajito, melena canosa y desaliñada, con el aspecto de un músico de la vieja escuela del rock, curtido por cientos de fiestas mayores. En este bar se juntan los derrotados del lugar, gente que malvive con pensiones de cuatrocientos euros y algún que otro trapicheo. Fuma como un carretero. Lleva colgando del cuello un cruz de madera. Le pregunto por qué. Es cura. Me dice que ya no sabe a ciencia cierta en qué cree. Va con la bolsa del colmado. Me dice que no es para él, sino para Rebeca, una mujer que bordea la deficiencia y vive sola. Le llena la despensa de vez en cuando. No me parece que él vaya muy sobrado. Puede que se enrollen, pero lo cierto es que da igual. Me dice también que eso es todo lo que hay. Fumamos otro cigarrilo, mientras suena por los altavoces algo de jazz. Hablamos de cómo se hace el mejor marmitako. A la hora de pagar no encuentra las monedas. Le digo que esta vez invito yo. Vemos pasar a quien fue alcalde de Terrasa. Va a tirar la basura. Quizá sea cierto que no haya más que el abrazo de los náufragos. Y un poco de jazz.
esa mirada…
agosto 5, 2011 § Deja un comentario
Parafraseando a Steiner es muy posible que lo mejor que se haya dicho sobre Velázquez sea Goya. Pues eso.
Del Llort, of course…

modas
agosto 5, 2011 Comentarios desactivados en modas
Hoy en día quien sostiene que las diferentes religiones hablan de lo mismo —que sus diferencias tienen que ver con los diferentes aspectos de una misma trascendencia— cuenta con el viento a su favor. Esto es, no tienen por qué esforzarse demasiado a la hora de demostrarlo. Sin embargo, quizá deberíamos ver estas cosas desde otros puntos de vista, por ejemplo, el de aquellos niños que fueron abandonados por sus madres en las cunetas de Somalia. Una religión que no responda a la cuestión acerca de qué redención pueden ellos esperar no merece más interés que el que pueda tener un buen libro de autoayuda. No me parece que el Dios que se identifica con estos niños hasta el punto de desaparecer de las alturas coincida con esa nada en la que pretende transformarse el monje zen. Una cosa es sentirse rehén de esos niños y otra muy distinta es creer que sufren un karma que tienen que purgar. Una cosa es Dios y otra la divinidad.
tu aura me chifla
agosto 5, 2011 Comentarios desactivados en tu aura me chifla
Estos días he estado releyendo una cristología de corte gnóstico. En ella encontramos el típico Jesús que se mueve como un dios paseándose por la tierra. La tesis de fondo es que estaba tan vaciado de sí mismo que sólo podía ser capaz de Dios. La cuestión es de quién estamos hablando. Y uno no puede evitar la sospecha de que no estamos hablando del Jesús histórico, entre otros motivos porque de él no sabemos gran cosa, sino de un mito, esto es, de una imagen de la divinidad y, por tanto, de algo que tiene que ver más con nosotros, con nuestra necesidad, que con la realidad. Sin duda, el cristianismo se sostiene sobre lo que representa la Cruz del hombre de Dios. Y los títulos cristológicos —Mesías, Hijo de Dios…—, tienen que ver con el intento de dar cuenta de la relación de ese hombre que fue Jesús de Nazareth con Dios. Ahora bien, si Jesús hubiera sido ese hombre divino que supone este tipo de cristologías, gnósticas o pseudognósticas, entonces la Cruz no sería otra cosa que una anécdota o un mal final. En modo alguno, revelaria algo que religiosamente resulta muy difícil de admitir, a saber, que Dios, al fin y al cabo, es uno con el abandonado de Dios. Cuando cristianamente se confiesa que Jesús, aquel que murió como un maldito de Dios, es el Hijo de Dios, no se está diciendo propiamente algo de Jesús como de Dios mismo. Para las cristologías gnósticas, la redención siempre tiene que ver con un determinado modo de ser —el modo de ser que ejemplifica un Jesús de Nazareth… entre otros— y no con la inmolación misma de Dios. El escándalo consiste en que la redención —algo que, por otro lado, solo afecta a los desgraciados— no pasa por la elevación del hombre, sino por el descenso, la caída de Dios. Y esto quizá sea muy duro de tragar para quienes aún esperan una solución a la existencia.
Chalo
agosto 3, 2011 Comentarios desactivados en Chalo
En su último cuadernillo (http://www.fespinal.com/espinal/llib/es174.pdf), el buen teólogo que es González-Faus dice lo siguiente acerca de Dios: «Dios es antes una especie de mar, o de atmósfera, que un mero interlocutor. No obstante, podemos, y debemos, dirigirnos a él como a un interlocutor.» Y añade más adelante: «Dios no es un interlocutor particular, sino el interlocutor-oceánico o el océano-interlocutor.» Lo cierto es que no acabo de entenderlo. Quizá podamos hacer como si esa especie de océano fuera alguien. Pero ¿por qué debemos dirigirnos a él como si fuera alguien? Sin duda, cuando te encuentras formando parte de aguas que nos cubren es difícil que no acabes creyendo que ese exceso, en un cierto sentido, se dirige a ti. O por decirlo de otro modo: la inmensidad del océano o de la atmósfera que respiramos no pueden darse como tal sin que, de algún modo, te sientas íntimamente implicado. Pero ¿por qué debo invocarlas? ¿Acaso el sentimiento de encontrarse bajo una presencia intangible basta para poder decir que ahí hay algo o alguien? El monje zen, de hecho, se encuentra ante la misma desmesura, como quien dice, y no cree que deba dirigirse a ella. Más bien se siente imbuido de nada. ¿Está equivocado? Y si no lo está, entonces no es cierto que debemos dirigirnos a él como a un interlocutor… a menos que ese debemos solo afecte a los cristianos. Pero en ese caso uno sería cristiano, entre otros motivos, porque se dirige a una especie de mar como si fuera un Tú, con lo que ese debemos no tendría otra razón de ser que la de facilitar una adscripción: debemos dirigirnos a él como a un interlocutor porque, de lo contrario, no seríamos cristianos. Sea como sea, la cuestión es si el hecho de dirigirse a esa especie de océano como si fuera un Tú tiene algún sentido más allá de un sentirse bien porque uno cree formar parte de un todo. Pues si es un Tú, no es un océano y si es un océano, no es un Tú. O por decirlo de otro modo, si me situo ante esa especie de océano como si fuera un Tú es porque en realidad no es un Tú.
Me atrevería a decir que, bíblicamente, si Dios se revela como un Tú no es porque, como diría un Feuerbach o un Freud, tengamos una necesidad de alguien ahí a quien poder dirigirnos—no es porque no podamos soportar una soledad de dimensiones cósmicas—, sino porque Dios, de entrada, se hace presente como aquél que nos llama. Si Dios puede honestamente ser reconocido como un interlocutor válido es porque él toma la iniciativa, es decir, porque él nos llama —nos invoca— primero. La relación con Dios que parte del creyente no sería, sin embargo, una relación de ida y vuelta en la misma dirección. La invocación —acaso lo único que puede nacer honestamente del corazón creyente— golpea siempre el muro de las lamentaciones. Bíblicamente, la necesidad de alguien ahí —la necesidad de un fantasma bueno— siempre se resuelve verdaderamente como silencio de Dios. La respuesta de Dios a la invocación creyente es, en verdad, una llamada, aquélla que no podemos eludir sin petrificarnos. Esto es: la respuesta de Dios es su Mandato, su Voluntad, su Ley. También —y de manera definitiva— esa Ley que nace del perdón de un Dios crucificado. No obstante, la llamada de Dios tampoco es que vaya por la línea directa. La voz imperativa de Dios no es otra que la que nace de la garganta de los marcados por la muerte. Quien escucha a Dios en su interior y no escucha la reverberación de esas voces en su interior, no escucha a Dios, sino a un ídolo hecho a su imagen y semejanza. De hecho, si es posible esta identificación entre la voz de Dios y la del abandonado de Dios es porque bíblicamente Dios se encuentra más allá de la Creación y, por tanto, más allá de los océanos. La voz del pobre es lo que escuchamos en vez de la voz de un dios dispuesto a intervernir a la manera de los deus ex machina de las tragedias de Eurípides. Son los gritos de los desgraciados quienes ocupan el lugar de esa voz divina que preferiríamos escuchar. La invocación del pobre sería, pues, la huella del Altísimo en el corazón del hombre. En la Biblia, la presencia de Dios es siempre, por tanto, una presencia por-venir. O como suele decirse, la presencia de una ausencia. Dios no parece darse en el modo del presente, ni siquiera cuando hacemos de Dios una presencia etérea o fantasmal. Y me atrevería a decir que si cabe hablar de Creación es porque todo se encuentra marcado por esa ausencia. El mundo se revela como aquello que permanece en el aire de modo semejante a como, en cualquier película, todo queda en suspenso cuando de repente se hace el silencio. Algo tiene que ocurrir en ese marco. No es posible que nada ocurra. De hecho, si nada ocurre, ocurre la nada. También es posible que González-Faus se refiera a todo esto. Aunque también es posible que yo no acabe de entender.
y con todo…
agosto 2, 2011 Comentarios desactivados en y con todo…
Y con todo es cierto que el sentimiento básico de pertenecer a un exceso es un sentimiento más elevado —o, si se prefiere, de miras más amplias— que el de quien sigue centrado en sí mismo, consumiendo su circunstancia. Es el sentimiento de un Merton cuando dice que tarde o temprano deberíamos darnos cuenta de que formamos parte de aguas que nos cubren. O el de Kant cuando confesaba su admiración por la inmensidad del cielo estrellado. O el que embargaba a Heidegger es sus paseos por los caminos de la Selva Negra. O el del monje zen para quien todo no es más que nada. Y también es cierto que quien cultiva este sentimiento acaba siendo de otro modo: difícilmente existirá como una cosa entre otras. Curiosamente, nos distanciamos de este mundo cuando caemos en la cuenta de que aquello que se impone absolutamente —la presencia misma del puro il-y-a— siempre se encuentra más allá de nuestro alcance. Que si estamos aquí es porque el Ser, por decirlo según la jerga filosófica, es continuamente dejado atrás. Como si el hecho mismo de existir remitiera a un déficit congénito, a la conciencia de que no acabamos de ser. Muchos están convencidos de que lo de menos es el nombre que podemos darle a ese exceso. Pero si es verdad esto último —que lo es—, entonces aún no estamos hablando de Dios. Esto es, del Dios en realidad. Y es que cuando un judío, aquél que por su sufrimiento es capaz de Dios, dice que de Dios, en sí mismo, tan solo poseemos el nombre —que Dios, en definitiva, es Dios— está diciendo algo muy simple: que Dios, en cuanto tal, no puede ser el nombre de otra cosa. Que Dios, en definitiva, no coincide con su Creación. Más aún: que solo porque Dios se encuentra más allá de la totalidad —solo porque Dios sigue siendo una incógnita, algo que está aún por (resol)ver— no estamos sometidos a la sobreabundancia de una naturaleza, por sí misma, indiferente. El deber ser de Dios —lo que en bíblico se denomina su voluntad— impide el cierre de la totalidad y, de paso, que el hombre se vea obligado a adorarla. El por-venir de Dios se encuentra, así, más allá de la trascendencia del puro-algo-ahí. Ante el nombre de Dios, la totalidad se revela como no-todo. Al fin y al cabo, las aguas que nos cubren también cubrieron los barracones de Auschwitz.
lux perpetua (2)
agosto 2, 2011 Comentarios desactivados en lux perpetua (2)
Supongamos que es cierto que existe la luz que transfigura la existencia. Que la convierte en una emanación de la bondad. Cuanto menos hay por ahí suficientes hombres y mujeres que dicen haber tenido este tipo de experiencia como para que podamos razonablemente suponerlo. ¿Deberíamos concluir que Dios existe? ¿Que quien sufre la iluminación se encuentra poseído por Dios? De momento, parece ser que las conexiones con esa luz dependen de condiciones que no acabamos de controlar. Pero supongamos también que, con el tiempo, encontramos una vía más accesible. Supongamos que la transfiguración se convirtiera en algo que podemos lograr fácilmente… como cuando uno se opera la nariz o las orejas. ¿Creeríamos que se trata de algo tan extraordinario, tan sobrenatural? ¿Seguiríamos hablando de la divinidad? ¿O bien diríamos algo parecido a lo que decimos hoy en día a propósito de los antiguos endemoniados: no es el demonio, es la epilepsia? Ahora bien, si Dios fuese algo, aunque se tratase de algo tan etéreo como la luz, entonces deberíamos contar con esta posibilidad. De hecho, muchos de los viejos chamanes estaban convencidos de que era posible una acceso técnico a la divinidad: bastaban con unas cuantas dosis. Pero no parece que este sea, cuanto menos, una posibilidad para el Dios bíblico, aquél que nunca se da en el modo del presente. Y es que judíamente un ídolo no deja de ser un dios abordable y un dios abordable difícilmente merece el nombre de Dios.
20-n
agosto 1, 2011 Comentarios desactivados en 20-n
Es muy posible que nuestra vida se mueva entre dos exigencias. En última instancia, o te tira el mundo o lo im-posible de una demanda infinita. Esto es: o te encuentras sometido al ruido de fondo o a la voz de Dios. Pero mientras no acabemos de creer en Dios —mientras no veamos que o estamos fijados a su mandato o estamos muertos—, cuando estemos en una orilla, fácilmente creeremos que tendríamos que estar en la otra. Y, así, como los péndulos oscilaremos de un lado a otro, hasta agotar las existencias. De hecho es lo normal. Pues, aunque en verdad solo nos interesa una sola cosa, de hecho acabamos más pendientes del espejo que de (esa) otra cosa. De ahí que los antiguos creyeran que es tan difícil llegar a ser lo que uno ya es. Hace falta mucho valor para hacer oídos sordos a la música que más suena. Y quizá sea por eso que el valor esté tan cerca de la obsesión.
el sexto sentido
agosto 1, 2011 Comentarios desactivados en el sexto sentido
La mayoría no vemos mucho más allá de un palmo de nuestras narices. Esto es, vemos las cosas que nos rodean como algo que puede satisfacer en mayor o menor medida nuestro interés. Poseemos la visión que obedece a nuestra circunstancia, en el fondo, a las exigencias de la adaptación. Todo cambia, cuando ves esas mismas cosas desde una óptica excéntrica. Como si estuvieras a una cierta distancia de ti mismo y, por extensión, de los demás. Con todo, caben diferentes ópticas. Puedes ver a los hombres como muñequitos que dan vueltas alrededor de sí mismos hasta ser borrados del mapa como si fueran vidas desperdiciadas. O como muertos vivientes. O como seres necesitados de redención. En cualquier caso, lo más probable es que, al fin y al cabo, esta vida de acá se te revele como ilusoria. No es mal síntoma. La cuestión es qué haces luego con ello. Puedes quedarte ahí, en la boca de la cueva, y en ese caso eres un monje. Pero puedes también regresar. En ese caso, si consigues mantenerte en esa visión, eres un monstruo. Es decir, alguien que viene de Dios.
no siempre cuecen las misma habas
agosto 1, 2011 Comentarios desactivados en no siempre cuecen las misma habas
¿Existe Dios? Del mismo modo que existe el amor. Cuando tienes veinte años y crees que existe el amor porque sientes algo muy fuerte por él o ella, eres un ingénuo. Y probablemente las cosas tengan que ser así. Cuando tienes cuarenta y crees que existe el amor por los mismos motivos que antes, eres más bien un estúpido. Pues eso.
cuestión de dogma
agosto 1, 2011 Comentarios desactivados en cuestión de dogma
Las actualmente incomprensibles tesis cristológicas de Nicea, las que con el tiempo condujeron a la dogmática trinitaria, obedecían al propósito —a la necesidad, mejor dicho— de exponer, a la vista de los hechos, cuál tenía que ser la relación con Dios de aquél que, como enviado de Dios, murió como un abandonado de Dios. El gran problema era cómo un hombre de Dios —y éste era, sin duda, un dato inicial para los creyentes— podía morir como un maldito. Y el problema no podía ser de otro, teniendo en cuenta que la trascendencia de Dios era lo que, en modo alguno, podía ponerse en cuestión. Sin embargo, probablemente hoy en día, quien quiera participar de esa misma fe, tenga que recorrer a la inversa el mismo camino. Hacerlo en el mismo sentido que durante el siglo IV dC conduce, como es obvio, a la esterilidad creyente. Y es que, a la vista de esos mismos hechos, la cuestión para nosotros no es tanto qué pasa con el enviado de Dios, sino qué le ocurre a Dios mismo en esa Cruz. En verdad, seguimos estando más cerca de Job que de Oriente.
espécula
agosto 1, 2011 Comentarios desactivados en espécula
Los teólogos del siglo IV dC podían decir sin inmutarse cosas tan increíbles como la siguiente: «el Hijo no fue creado, sino engendrado y es de la misma naturaleza del Padre.» O por decirlo en bruto: de tal palo tal astilla. Aquí nosotros podríamos perfectamente preguntarles cómo pueden estar tan seguros de ello. Sin embargo, estas afirmaciones son parecidas a las que hacen los físicos actuales a propósito del bosón de Higgs. Nadie lo ha visto y, sin embargo, teniendo en cuenta ciertas observaciones, tiene que existir con tales o cuales características… Esto es, aunque no lo parezca, la gran mayoría de los enunciados que encontramos en el credo se imponen como conclusiones necesarias de la experiencia de Dios que se nos revela a través del Crucificado. Por ejemplo, si el Hijo hubiera sido creado —es decir, si se encontraba a una cierta distancia de Dios, si Dios mismo de algún modo no estaba por entero en esa Cruz…—, entonces no había propiamente salvación, sino fracaso. La cuestión —la que conduce a la alta especulación teológica— es en qué sentido Dios estaba plenamente implicado en la crucifixión de Jesús de Nazareth. Con todo, el paralelismo con la física no llega hasta el final, pues aquí los hechos de los que partimos ya exigen de entrada la hipótesis. Si no crees, no ves. Pero bien pensado es lo que también nos pasa con esto del amor. Difícilmente podremos verlo, si de algún modo no lo damos por supuesto. Y si nos preguntásemos por su naturaleza, tarde o temprano, llegaremos a delirios semejantes a los de la dogmática con respecto a la relación entre Dios y el Crucificado. Esto en el mejor de los casos, pues lo más probable es que, en el ejercicio de la interrogación, caigamos en la cuenta de que lo que damos por supuesto es, precisamente, aquello que en modo alguno podemos constatar.
saldo
julio 30, 2011 Comentarios desactivados en saldo
Quizá sea relevante preguntarse por el sentimiento básico —la posición fundamental— de la vida creyente. A mi me parece que son principalmente dos. O bien, la de un sentirse acompañado por una presencia intangible. O bien, la de quien experimenta la vida como préstamo. En el primer caso, la vida se da como la posibilidad de la plenitud, la cual pasaría, precisamente, por mantener el contacto con dicha presencia. En el segundo, como plazo. Ahora bien, me atrevería a decir que solo en este segundo caso cabe experimentar al mismo tiempo la bendición y el vértigo de un haber sido arrojados a este mundo, en definitiva, la altura de un Dios aún pendiente.
lux perpetua (1)
julio 30, 2011 Comentarios desactivados en lux perpetua (1)
Que muchos hayan tenido la experiencia de estar poseídos por una luz fundamental, un fuego transfigurador o algo por el estilo no implica que Dios sea esa luz o ese fuego. A menos que Dios sea simplemente el nombre de esa cosa última. Ciertamente, los ejemplos son inmunerables y resulta, cuanto menos curioso, que esta visión de la luz se encuentre presente en casi todas las religiones. Incluso, según parece, algunos la han experimentado sin creer. Supongamos, pues, que esto fuera verdad, que hubiera, ciertamente, otra dimensión con respecto a la cual nuestra vida de acá fuera como un preámbulo, un sueño, una ilusión. ¿Habríamos encontrado a Dios? Para muchos, sin duda. No para aquellos que se encuentran heridos de Dios. Para estos últimos Dios en modo alguno es un hecho. Ni siquiera un hecho último. Y es que no hay experiencia directa de Dios para quienes se encuentran sometidos a Dios. Lo único que podemos decir ante este tipo de experiencias lumínicas es que no lo sabemos todo. Pero Dios o es una cosa, aunque sea tremenda, o no lo es. Y si no es algo, entonces Dios se encuentra más allá de la totalidad como aquello que, precisamente, la pone en estado de quiebra, como la voluntad —el mandato— que impide la clausura religiosa del mundo. Ante la realidad de Dios, la totalidad —incluidos esos fenómenos de la dimensión desconocida—, se revela como no-todo. Y quizá sea porque, en el fondo, no somos otra cosa que la huella de ese Dios, nosotros los hombres no podemos hacer de este mundo un hogar. Ni siquiera donde vibramos al unísono con la energía ígnea de los quarks.
casi elemental
julio 29, 2011 Comentarios desactivados en casi elemental
¿Cómo puede haber presencia de Dios —cómo puede haber alguien que la busque—, si tuvimos que alejarnos de Dios para poder vivir en paz? Quien ve el rostro de Dios ya no puede hacer otra cosa que servirlo. (Por esto mismo, es muy posible que quien siente deseos de estar ante Dios no desee otra cosa que morir, a ser posible, de éxtasis.)
matter of facts
julio 29, 2011 Comentarios desactivados en matter of facts
Lo más real —aquello irremediable de la existencia, lo que vuelve una y otra vez, el fantasma…— es lo que culpablemente debimos dejar atrás para poder avanzar. O el lastre que debimos soltar para alcanzar una cierta altura. No hay otra alteridad que esa que perdimos de vista. La realidad es, pues, un peso muerto, un cadáver… que no acaba de podrirse. (Y quizá por eso mismo no haya más realidad que la de Dios.)
bisturí
julio 29, 2011 Comentarios desactivados en bisturí
Es muy posible que una cosa sea el cristianismo y otra cumplir con la voluntad de Dios. Aunque hay cristianos que responden a la llamada de Dios, es obvio que no todos lo hacen. Del mismo modo que hay hombres y mujeres que responden a esa misma llamada sin creer que sea propiamente de Dios. De hecho el triunfo histórico del cristianismo se basa en que un joven rico pueda ser cristiano, esto es, que puedan haber simpatizantes —o algo más— que no sigan a Jesús de Nazareth hasta el final. Y es que de facto uno es cristiano como puede ser del Barça: basta con sentir los colores e ir al campo cada dos domingos. Un cristiano es aquel que reconoce honestamente que no hay más vida que la que nos entrega un resucitado y cumple con los ritos establecidos en su memoria… aunque él pueda estar muy lejos de actuar en consecuencia. Por seguir el ejemplo del Barça: unos están en las gradas y otros en el campo. Sin jugadores que suden la camiseta, no hay afición. Pero sin afición, el fútbol no habría dejado de ser una pachanga escolar. Pues algo parecido ocurre con el cristianismo. Otra cosa sería, sin embargo, que solo fuese en verdad cristiano aquél que experimenta la redención de un Dios crucificado y, consecuentemente, se pone en manos de los pobres. Si esto fuese así —y probablemente lo sea—, entonces quizá deberíamos admitir la impostura de un cristianismo establecido oficialmente como religión.
(Con todo, no deja de ser cierto que un cristianismo verdadero —como cualquier otra verdad— solo puede reproducirse históricamente en el humus de su falsificación. Y quizá sea esto último —al fin y al cabo, la necesidad de la política— lo que hace posible que hayan cristianos que, por fidelidad a la causa de los pobres, crean sinceramente que deben ponerse al servicio de la Iglesia. Algún jardinero tiene que ensuciarse las manos con el estiércol para que puedan crecer a su aire las flores más bellas.)
esta ronda la pago yo
julio 28, 2011 Comentarios desactivados en esta ronda la pago yo
Podríamos comprender el profetismo de Israel —y, en el fondo, la exigencia religiosa— del siguiente modo. Supongamos que vivimos en la época de la sed. No hay agua para todos. Los hombres andan buscando como pueden los pocos líquidos que quedan por ahí. Has encontrado un camión de coca-cola abandonado… y has de administrarlo hasta el final. Tus hijos podrán beber durante unos cuantos meses más. Te has casado con la cocacola, como quien dice… y a ti nunca te gustó. Pero ahora te da igual: das gracias a Dios por ello. El gusto aquí es lo de menos. Esa coca-cola es el mana. Pasan los años y ya quedó atrás la época de la sed. Ahora hay agua —y no solo agua— en abundancia. Puedes escoger. De hecho, es posible que te seduzca la propaganda de la fanta limón. Pero sí ves que no te gusta, la cambias por otra cosa… y aquí paz y después gloria. No tienes por qué casarte con ella. Pues bien, es aquí cuando interviene el profeta recordándote la necesidad de ver ese agua (o la coca-cola o la fanta…) que sacia tu sed como algo caído del cielo, la importancia de ser fiel, en definitiva, a lo que te ha sido dado, etc. Es sabido que un profeta siempre te obliga a tener presente de donde vienes, la raíz del valor. Pero está claro que quienes nadan en la abundancia ya no son aquellos que atravesaron el desierto. Su modo de ser es otro. La exhortación del profeta ni les va ni les viene. Pura nostalgia de una época, afortunadamente superada. En cualquier caso, la vara profética solo quedaría justificada si nuestra comodidad entrañara un olvido esencial. Si al perder de vista el origen, se nos cerrara a cal y canto la puerta de un genuino porvenir. Pero esto es lo que está en el aire: si cuando perdimos a Dios, perdimos algo vital. Con todo, de resolver esta cuestión, aún podríamos preguntarnos si podemos volver a ser quienes fuimos una vez dejamos atrás la época de la sed.
cómo explicarle la fe a tu hijo (4)
julio 28, 2011 Comentarios desactivados en cómo explicarle la fe a tu hijo (4)
B— papi, ¿Jesús es Dios?
A— así es.
B— ¿decir que Jesús es Dios es como decir que mamá es guapa?
A— algo parecido…
B— pero mamá no siempre está guapa…
A— para mí sí… (aquí ellas aplauden)
B— ¿no sería mejor decir que a veces mamá está guapa?
A— sí, quizá sería mejor decirlo así… pero a ella no creo que le gustase…
B— pero ¿no deberíamos decir igualmente que Jesús a veces era Dios?
A— no. Jesús siempre fue Dios.
B— Jesús ¿siempre estaba divino?
A— sí.
B— entonces ¿Jesús no era nada más que divino?
A— De hecho, los cristianos también decimos que fue un hombre verdadero.
B— pero en ese caso no solo era divino…
A— Jesús fue un hombre que encarnó a la perfección el modo de ser de Dios.
B— ¿era entonces como Dios?
A— sí.
B— pero si era como Dios, no era Dios… Si dices que mamá es como la abuela es porque no es la abuela… (se ve que este niño le quiere levantar la camisa a papá)
A— a ver si lo pillas, hijo: no era como Dios, sino Dios mismo aquí entre nosotros…
B— es que esto me cuesta, papi…
A— a todos nos cuesta la verdad, hijo…
B— pero mira papi lo que pone en la wikipedia: «o «Dios» es únicamente el nombre de unos determinadas características (como, por ejemplo, la omnipotencia o una infinita bondad) o es como el «angel de la guarda» pero más grande y más fuerte. Si lo primero, entonces decir «Dios» sería lo mismo que decir «la divinidad» y si la divinidad está presente en Jesús como la belleza en las mujeres bellas, entonces Jesús no puede coincidir enteramente con las características de la divinidad: tan solo las encarnaría en cierto grado. Es como si fuera Dios, Dios en apariencia, pero no Dios mismo. Y si Jesús coincide con Dios, entonces es Dios mismo paseándose por la tierra. Pero entonces es un hombre en apariencia. Quizá los cristianos quieran decir que Jesús fue el representante de Dios, el que ocupó su lugar de una vez para siempre…»
A— hijo, no debes pasarte tantas horas en el ordenador… Aquí hemos de fiarnos de lo que dice la Iglesia que es una, santa y pecadora…
la mugre no huele a incienso
julio 27, 2011 Comentarios desactivados en la mugre no huele a incienso
Si es cierto que ellos, los crucificados, nos juzgarán, entonces no nos juzgarán los buenos cristianos, esos que suelen ocupar los primeros bancos de las iglesias. Fácilmente creemos que, cristianamente hablando, se trata de llevar una vida espiritual, de estar conectados a la luz que sostiene el universo, de experimentar continuamente la presencia de una divinidad oceánica… Pero cristianamente hablando no hay más presencia de Dios que la de los crucificados de este mundo. Si cristianamente hemos de hacer como Teresa de Calcuta, no es porque su vida fuera una vida elevada, como quien dice, sino porque ella no hizo más que ponerse en manos del pobre para implorar su perdón. El compromiso creyente quizá no responda tanto al sentido de la compasión como a la necesidad de expiación. Mejor dicho: la compasión cristiana va siempre de rodillas. Otra cosa es que no nos creamos esto de estar pendientes de juicio y que demos por sentado que de lo que se trata es de alcanzar una cierta plenitud. En ese caso, ser como Teresa de Calcuta probablemente no sea una buena idea.
