ansiar la paz

agosto 20, 2017 Comentarios desactivados en ansiar la paz

¿Quién ansía la paz? Quien sufre la guerra. ¿Quién siente necesidad de Dios? Quien sufre el desamparo de Dios. Pero del mismo modo que nadie será feliz mientres busque directamente la felicidad, nadie se encuentra con Dios buscando directamente a Dios. Dios no aparece como el Dios que necesitan los hombres. De hecho, con quien acaban encontrándose quienes se preguntan por Dios no es con el Dios que imaginaron, sino con aquellos que no parece que cuenten para ningún Dios.

psicópatas

agosto 19, 2017 Comentarios desactivados en psicópatas

Si Dios es compasión, ¿qué Dios puede haber para quien tiene dañada, por genética o por trauma, su capacidad emocional? ¿Acaso está condenado a una eterna soledad? ¿Acaso no puede haber para él otro Dios que el ausente? ¿Es posible que no pueda hacer más que esperar el perdón de las víctimas de su indiferencia? Sin embargo ¿podrá sentir su impotencia afectiva como lo que exige una redención?

simul iustus et peccator

agosto 18, 2017 Comentarios desactivados en simul iustus et peccator

El hombre existe en el infortunio como afortunado. En el infortunio, porque solo deja de ser una alimaña para devenir un espectro. Como reo del hambre devora cuanto está a su alcance. Como espectro vaga por el mundo sin saber de quién es imagen. Y como espectro que encubre la bestia necesita un enemigo contra el que afirmarse. El mal nace de la lucha del hombre contra el mal. El hombre, por este lado, no merece la vida que le ha sido dada y, así, sea por su acción o su indiferencia, vive con el estigma del culpable. Sin embargo, si sigue en pie —si aún no ha sido aniquilado de la faz de la tierra por las potencias del bien— es porque existe bajo una medida de gracia. Y esta es su fortuna. Aunque lo ignore.

pólvora mojada

agosto 17, 2017 Comentarios desactivados en pólvora mojada

Un cristianismo que quiera recuperar sus señas de identidad tendrá que comprenderse a sí mismo, como hizo en sus orígenes, contra la vía religiosa de ir hacia Dios. Pues lo que es innegable es que la búsqueda de respuestas a nuestras preguntas últimas hoy en día se lleva a cabo sin el recurso de las fórmulas cristianas. Basta con leer cualquier libro de espiritualidad al uso. No es que los hombres actualmente pasen de las cosas últimas, aunque haya muchos que se contenten con poder ir a el corte inglés, sino que la munición cristiana les parece más cercana al mito que a la verdad. Pólvora mojada. Que Jesús sea Dios, que los muertos resuciten en los días finales… es para la mayoría algo sencillamente intragable. Pero quien sea aún capaz de comprender cuando menos qué hay detrás del kerigma cristiano probablemente caerá en la cuenta de que tiene más de anti-mito que de superstición. Pues proclamar que Dios depende de la respuesta del hombre al sacrificio de Dios nos coloca en la situación de quienes penden de un hilo. Y, ciertamente, esto no es lo mismo que estar convencido de que la solución a los problemas pasa por vaciar la mente. En el fondo, quizá la cuestión sea si el mal es simplemente un error o, por el contrario, algo que anida en el corazón del hombre. Esto es, si la voluntad de destrucción es tan solo una reacción que podemos controlar por medio de nuestra iluminación o si se trata de una raíz que exige una redención. Sin duda es más tranquilizante creer en lo primero. Pero la tranquilidad nunca fue un criterio para quien simplemente se pregunta si acaso será verdad que todo pasa por el desapego. Un estoico en el infierno de Auschwitz no da la impresión que sea, precisamente, alguien capaz de pronunciar la última palabra. El cristianismo, por tanto, se equivoca cuando, con la intención de ser políticamente correcto, intenta comprenderse a sí mismo como un modo entre otros de aproximarse al misterio de Dios. Pues, entre otras razones, el Dios que se revela como crucificado —el Dios que no es nadie al margen de su identificación con aquel que murió como un apestado de Dios—, no parece que sea un Dios al que podamos aproximarnos como quien se dirige a una cima o a un océano.

una trascendencia irrelevante

agosto 16, 2017 Comentarios desactivados en una trascendencia irrelevante

¿Qué seríamos nosotros para un ácaro del polvo? ¿Dioses? Quizá. Pero evidentemente se equivocaría. Cualquier mundo que pudiera imaginar por encima de su mundo no tendría nada que ver con nuestro mundo. En el orden de lo real, hay mucho por descubrir, si es que pudiera ser descubierto. El cosmos está hecho con incontables capas. Merton decía que vivimos en medio de aguas que nos cubren. Y es cierto. Pero esas aguas son inimaginables, si no impensables. Hay sin duda más allá. Hay otros mundos dentro de un mismo mundo. Y es posible que nosotros seamos ácaros del polvo para vete a saber quienes. Pero de ahí a hablar de Dios media un paso. Quien se lo salta, sencillamente hace trampas. En realidad, habla de sí mismo, de su necesidad de un amigo invisible. Aunque ese amigo tenga el aspecto de un océano.

el hombre elemental

agosto 15, 2017 Comentarios desactivados en el hombre elemental

Ante una mujer desnuda, o quedas fijado a su sexo o a sus ojos. Tertium non datur. No puedes con ambos. Evidentemente, hay cuerpo como hay alma.

los vecinos del quinto

agosto 14, 2017 Comentarios desactivados en los vecinos del quinto

Arriba tenemos temporalmente unos vecinos que se pasan el día gritándose. Mal rollo. Hay relaciones que te empeoran como las hay que sacan lo mejor que hay en ti. Con las primeras hay que cortar por lo sano antes de llegar al punto de no retorno. La cuestión que quizá deberías plantarte es si acaso no serás tú y no el otro quien se encuentra fuera de quicio.

usuaris.tinet

agosto 13, 2017 Comentarios desactivados en usuaris.tinet

Miquel Sunyol, jesuita, en su carta a Rafa Yuste, la cual fue viral, por decirlo así, en su momento, se pregunta qué papel le encontraríamos a nuestro «Jesús liberador» en los guiones de Woody Allen. La pregunta está muy bien. De hecho, la página web de Miquel Sunyol (aquí), que sigo fielmente, está muy bien, aun cuando sintonice una frecuencia que no termina de ser la nuestra, probablemente por un tema generacional. Pero sus diagnósticos suelen poner el dedo en la llaga. Sin embargo, no puedo evitar a la vez preguntarme qué papel le encontraríamos a nuestro Woody Allen en los relatos de la pasión. Es posible que Woody Allen difícilmente pudiera hacer de Woody Allen. Pero en ese caso Woody Allen ya no sería Woody Allen.

Clarice

agosto 12, 2017 Comentarios desactivados en Clarice

La escritura, esa maldición que salva.

Clarice Lispector

Franciszek Gajowniczek

agosto 11, 2017 Comentarios desactivados en Franciszek Gajowniczek

Como es sabido, Maximilian Kolbe se puso en el lugar de Franciszek Gajowniczek, el hombre que, junto a otros nueve, había sido seleccionado por los nazis para ser ejecutado en una operación de represalia. El motivo fue que el hombre tenía esposa e hijos. La historia hubiera sido otra, si Franciszek Gajowniczek no hubiera aceptado el sacrificio de Kolbe, creyendo que solo así llegaría a ser el padre que sus hijos necesitaban.

el uno

agosto 10, 2017 Comentarios desactivados en el uno

El dios supremo del politeísmo, el cual no se manifestaba salvo como principio de cuanto es, garantizaba la unidad de lo divino. Del mismo modo que un rey es lo que representa, a saber, la unidad del reino, en un mundo lleno de dioses más o menos palpables, la divinidad suprema permitía comprender la diversidad de poderes como variantes de un mismo poder. En el fondo, el dios supremo de las religiones paganas funcionaba como la imagen de un concepto. Sin embargo, su invisibilidad no es homologable a la del Dios del monoteísmo bíblico. Pues Yavhé no es el nombre de un concepto. Al contrario. Yavhé es de hecho un nombre que tiene pendiente su quien y, en este sentido, no es estrictamente nadie mientras no se reconozca en su imagen, la que perdió de vista con la caída. La fe, en este sentido, es inseparable de la historia de la redención, la cual puede de algún modo entenderse como la de la reconciliación de Dios consigo mismo. En cualquier caso, no es lo mismo dar por descontado que la divinidad suprema se encuentra por encima de nuestras cabezas a la manera de un rey en su palacio que creer que Dios tan solo es donde se identifica con aquel que murió como un despreciado de Dios.

manos sucias

agosto 9, 2017 Comentarios desactivados en manos sucias

Quita las manos de ti mismo; tratas de construirte y construyes una ruina.

Agustín de Hipona

lingua mater

agosto 8, 2017 Comentarios desactivados en lingua mater

Pensar el lenguaje es pensarlo como lo que perdimos tras Babel. Hay lenguas porque in illo tempore despreciamos el lenguaje. En las lenguas se conserva el estigma del desafío humano como incapacidad para nombrar al enteramente otro. Las lenguas disponen de nombres, pero no poseen el nombre. En cualquier caso, el pronombre, el eso que índica precisamente el carácter irrepresentable de una estricta alteridad. Así, decimos el lápiz es rojo y creemos que con ello alcanzamos la cosa en sí. Pero estrictamente lo que decimos es lo siguiente: eso es un lápiz y además rojo. El carácter otro de lo que tenemos enfrente se sitúa más allá de la significación. En cualquier caso, lo damos por descontado, pero por eso mismo no aparece como tal. La alteridad aparece como lo que nos parece y, por consiguente, como eso que en su aparecer dejo de ser, literalmente, un alien. Pues la alteridad es lo insamilable del otro, el resto invisible que permanece como lo que tuvo que dar un paso atrás para que fuera posible que pudiéramos hablar de cosas. Así, fácilmente llegamos a creer que hemos llegado al final cuando podemos ver y tocar. Como si no hubiera más leña que la que arde, cuando lo cierto es que si la leña arde —si la leña puede desaparecer— es porque, en el fondo, es una aparición. La leña como cualquier otra cosa no es más que el espectro de algo en verdad otro. Del mismo modo, podríamos decir que las lenguas, cuando pretenden hablar de Dios, toman inevitablemente en vano el nombre de Dios. Pues con el uso de las lenguas el hombre fácilmente llega a olvidar que si posee los nombres de Dios es porque lo que no posee es, precisamente, el nombre..

y así te quedaste sola

agosto 5, 2017 Comentarios desactivados en y así te quedaste sola

Vivimos instalados en nuestra celda. Y, de momento, todo va bien. Así nos tratamos unos a otros como si no pasara nada. Como si no envidiáramos la suerte del amigo. Como si fuéramos quienes decimos que somos. Como si no soñáramos con la vecina. Como si en el fondo no quisiéramos arrancarle las uñas a nuestro enemigo. Como si no te sintieras abandonado por tus hijos. El polvo, siempre por debajo de la alfombra. La ocultación de nuestra podredumbre es el aceite del engranaje social. Las cosas funcionan porque no lo decimos todo. De ahí que quien se atreve a proclamar que el Rey anda desnudo; quien, micrófono en mano, pronuncia las palabras que hieren —tus hijos te dejaron sola, tu esposo pasa de ti, nadie te comprende …— y, de paso, ofrece una solución, tenga las de ganar. No hay grupo humano que no espere a su mesías.

hay algo peor que la verdad

agosto 4, 2017 Comentarios desactivados en hay algo peor que la verdad

El judío se sitúa ante Dios como aquel que está por venir. De ahí que su actitud fundamental sea la de quien permanece a la espera… aceptando la posibilidad de que el esperado no venga nunca. Sin embargo, para el judío hay algo peor que una esperanza frustada, a saber, que el mesías ya hubiese venido sin que nadie hubiera sido capaz de reconocerlo. De ahí su preocupación por la genealogía del mesías, la cual debería asegurar, al menos hasta cierto punto, el papel mesiánico del elegido. En términos generales, lo terrible no es que todo pase y nada acabe de tener lugar, sino que hubiera habido algo verdadero en tu vida y que simplemente lo hubieras dejado pasar. Lo terrible es que la verdad sea en cualquier caso lo que fue dejado atrás sin que nosotros nos diéramos cuenta y no un porvenir. Ante ello, tan solo nos queda el memorial. Aunque tampoco es poca cosa.

Séneca

agosto 3, 2017 Comentarios desactivados en Séneca

Nada se parece tanto a la injusticia como la justicia tardía. Séneca, dixit. Quizá no sea casual que a la justicia tardía, sobre todo cuando es sin un porqué aparente, se le denomine justicia poética. Como si estuviera más cerca de lo bello que de lo justo. Esto tiene su miga teológica. Pues, la justicia de Dios, en tanto que final, quizá no termine de ser del todo justa. Sobre todo, si se entiende como si tan solo afectara al destino de las almas. De ahí que el viejo mesianismo judío, en un arrebato de lucidez, entienda que no habrá verdadera justicia si a las víctimas del pasado no se le restituye tal cual la vida que les arrancaron antes de tiempo. Esto es, en carne y hueso. Al fin y al cabo, la increíble resurrección de los muertos acaso sea el único modo de que pueda haber una justicia histórica. Sin embargo, que los muertos se levanten para que puedan ser juzgados por Dios es, de hecho, un imposible. Esto no constituía una sería objeción para quienes creyeron en el Dios que es capaz de hacer parir a las estériles, de ofrecer vida donde en modo alguno puede haberla. Pues quienes creyeron en la resurrección de los muertos no creyeron porque fuera concebible, sino porque, a pesar de ser inconcebible, lo primero e inamovible era la fe en Dios. Y en nombre de Dios, mejor dicho, de la vida debida a Dios, los muertos tenían que resucitar, aunque no fuera posible creerlo. Pero que la resurrección sea un imposible, sí supone un serio obstáculo para quienes Dios es tan solo el supuesto imaginario que satisface su necesidad de amparo, cuando menos porque ese Dios no tiene otra función que la de garantizar las oportunidades mundanas de quien le invoca. Llegará un momento en que alguien se atreverá a decir que, en el fondo, no hay tanta diferencia entre creer en este Dios y no creer en nada. Que el Dios que se da como el amigo invisible de los niños solitarios —o, si se prefiere, como el primo de zumosol solo que espectral— encubre más que supera el nihilismo que no queremos admitir.

homo

agosto 2, 2017 Comentarios desactivados en homo

No es casual que las mujeres, por lo común, se sientan tan a gusto con el hombre homosexual. Sencillamente, no las juzga. O al menos, no como hombre. Es la amiga perfecta, aquella ante la que pueden sincerarse, esto es, mostrarse sin cera —sin maquillaje. Al fin y al cabo, tampoco competirán por el mismo hombre.

vacaciones

agosto 1, 2017 Comentarios desactivados en vacaciones

Los hombres se diferencian por cómo hablan de sus vacaciones. Así, unos, la mayoría, suelen contarlas como si hubieran sido una pasada. Da igual si estuvieron en Mongolia, en los fiordos noruegos o en la playas de Calella. Es el no va más. Como una fiesta holi. Otros, en cambio, apenas tienen algo que contar. Pues quizá se dieron cuenta de que para ese viaje no hacían falta tantas alforjas. Que lo que hallaron en Mongolia o en Calella es el mismo vino, aunque en otros odres. Y si hallaron algo nuevo no es nada que no hubieran podido encontrar en la soledad de una celda monástica.

esos rezos

julio 31, 2017 Comentarios desactivados en esos rezos

Cuando cristianos, musulmanes, hinduistas… se ponen a orar o, mejor dicho, cuando se exponen a lo que, de algún modo, les supera, todos parecen situarse ante el mismo misterio. Y algo de esto hay. Sin embargo, para percibir las diferencias basta con apuntar a las imágenes paradigmáticas. Pues no parece que sea lo mismo hallarse en la posición del loto que colgado de un madero. Ciertamente, nos iremos de aquí con las manos vacías. Cuanto ignoramos pesa más que cuanto vislumbramos. Con todo, quizá no sea lo mismo desde dónde ignoramos lo que ignoramos. Puede que una cosa sea irse en paz creyendo que el sufrimiento responde al karma de cada cual, y otra, muy distinta, irse como aquel que se entrega, pero con la disparatada esperanza de que al final se les restituirá la vida que se les debe a quienes murieron injustamente antes de tiempo. El ajedrez y el parchís son, ciertamente, juegos. Pero a nadie se le ocurriría decir que, en el fondo, son el mismo juego.

throwing the baby with the bath water

julio 30, 2017 Comentarios desactivados en throwing the baby with the bath water

Es posible que Jesús de aquí unos miles o quizá unos pocos cientos de años sea como Tutankamon, un objeto de estudio entre otros. Sin embargo, ¿qué demuestra esta posibilidad? Aparentemente, la tesis del historicismo, a saber, que nuestras ideas acerca del mundo no obedecen a la realidad del mundo, sino a nuestra circunstancia o época. Esto es, que no hay verdad, sino en cualquier caso productos culturales que creen responder a la exigencia lógica de verdad. Sin embargo, también podría ser que el precio de la evolución histórica sea, precisamente, el dejar atrás la verdad y, en este caso, la verdad de Dios, la cual por cierto no se determina como una correspondencia entre nuestra representación de Dios y un ente espectral al que llamamos Dios. En el fondo, la tesis del historicicismo no se sustenta sobre la constatación de la diversidad, sino sobre el prejuicio de que no hay verdad. Pues la diversidad de pareceres de por sí tan solo nos permite certificar el hecho de que hay diversidad de pareceres. Ahora bien, puede que con respecto a la verdad ocurra algo parecido a lo de las meigas gallegas: que no existen, pero haberlas, haylas.

tripalium

julio 29, 2017 Comentarios desactivados en tripalium

Muchas vidas se hallan dividas entre un trabajo de mierda —bajos salarios, falta de reconocimiento, jefes que se aprovechan…— y un ocio que no es mucho más que distracción, soma  para esclavos. No hay yoga ni aromaterapia que arregle esto. Nada nuevo, tan solo novedades. Quizá tengan razón quienes dicen aquello de que la vida es lo que dejamos escapar mientras vamos tirando.

gran G.K (2)

julio 27, 2017 Comentarios desactivados en gran G.K (2)

El único secreto del misticismo es éste: que el hombre puede entenderlo todo merced a la ayuda de todo lo que no entiende. El lógico mórbido, intenta dilucidarlo todo y sólo consigue volverlo todo misterio. El místico permite que algo sea misterioso, y todo lo demás se vuelve lúcido.

 

GK Chesterton

gran G.K (1)

julio 26, 2017 Comentarios desactivados en gran G.K (1)

El poeta sólo pretende entrar su cabeza en el cielo. El lógico es el que pretende hacer entrar el cielo en su cabeza. Y es su cabeza la que revienta.

GK Chesterton

 

 

inversa proporcional

julio 25, 2017 Comentarios desactivados en inversa proporcional

La ciencia ficción ve lo extraño como familiar. La espiritualidad, en cambio, lo familiar como extraño.

los ojos de la carne

julio 24, 2017 Comentarios desactivados en los ojos de la carne

Con respecto al sexo, llega un momento en la vida en el que tan solo nos interesa yacer con una mujer que pueda aguantar la mirada. Pero lo cierto es que el cuerpo, mientras pueda, sigue ahí, a lo suyo. Y como sabemos a un cuerpo solo le interesa comer otros cuerpos. Sin embargo, una vez alcanzamos cierta altura vital, si cedemos a las exigencias del instinto —si yacemos con cualquiera mínimamente apetecible—, fácilmente nos sentiremos como si hubiéramos sufrido una degradación. Pues donde no cabe el encuentro, el vacío ocupa su lugar. Cuesta levantar de nuevo el ánimo. Hay, por tanto, alma como hay cuerpo. Aunque sea un modo de hablar. El problema del moderno es que el tener que tomar una distancia con respecto al cuerpo se le pone muy cuesta arriba. Modernamente, cualquier deseo —cualquier inclinación— es la ocasión de una experiencia. Y ¿quién se atreverá hoy en día a negarse nuevas experiencias? Únicamente, el timorato, el impotente, el cagao. Aquí el dogma es que cualquier deseo es legítimo, mientras no haga daño a nadie. En este sentido, hoy en día tan solo cabe una crítica política del deseo, y de ahí el lema la libertad de uno termina donde comienza la de los demás, pero no una crítica estrictamente moral. Así, el moderno cree que no hay deseos en sí mismos degradantes, sino en cualquier caso deseos que uno percibe, debido a la mala educación, como degradantes. Todo deseo o inclinación se sitúa, por consiguiente, en el mismo plano. La cuestión acerca de con qué deseo uno se identifica o debería identificarse en tanto que humano carece, pues, de sentido. El hombre, modernamente, deja de comprenderse por medio de la antigua metáfora del jinete y su montura. Ya no nos entendemos a nosotros mismos como ese jockey que debe aprender a gobernar el pura sangre que es el cuerpo. Y así el dominio de sí —la libertad de los antiguos— fácilmente se califica de represión. Gran error. De ahí que modernamente, como decía Kojéve, seamos unos perfectos idiotas, en el sentido literal de la expresión. O lo que acaso sea peor, idiotas que andan con aires de superioridad con respecto a los antiguos, esos supersticiosos. Sin embargo, al antiguo no le iba tan mal, con respecto a la posibilidad de llevar las riendas de uno mismo, cuando se imaginaba que estar poseído por el instinto era lo más parecido a estar poseído por un espíritu extraño. Pues lo que aleja al hombre de sí mismo es, en el fondo, no tener en cuenta la mirada con la que el otro le busca.

luces en la oscuridad

julio 23, 2017 Comentarios desactivados en luces en la oscuridad

Imaginemos que de repente dejáramos de ver, de tocar, de oler. Que, literalmente, tan solo tuviéramos la sensibilidad a flor de piel, pero que no pudiéramos tocar nada, salvo nuestro propio cuerpo. Y que así nos pásaramos una eternidad, como quien dice. De repente, perteneceríamos a otro mundo. Habríamos cruzado el umbral. Con el tiempo incluso llegaríamos a olvidar quienes fuimos. Como si los recuerdos ya no tuvieran que ver con nosotros. Incluso llegaríamos a sospechar de que tan solo fueron el motivo de un sueño. En medio de este oscuro y silente vacío, la sensación de ser tocados sería un signo. No estaríamos solos. Sin duda, y a menos que fuera un fuerte golpe, la señal sería ambigua, incluso en el caso de que se tratara de una caricia. Es lo que tiene lo inesperado: que tanto es motivo de asombro como de temor. Pero cuando menos podríamos esperar una cierta redención. Hay alguien —o algo— ahí. Con todo, la diferencia tampoco es irrelevante. Pues, si se tratase únicamente de algo, seguiríamos estando solos. De ahí que fácilmente llegáramos a personificar ese algo. Pues lo decisivo es el quien. En cualquier caso, si el tacto que percibimos tuviera una lógica —un sentido y, por tanto, una intención— podríamos suponer que se trata de alguien que quiere algo de nosotros. Es verdad que podría tratarse de una ilusión de nuestra mente y que en definitiva no fuéramos más que un cerebro en una cuneta que va segregando espejismos en medio de una infinitud sin rostro. Pero esta posibilidad presupone que el otro es tan solo nuestra representación mental del otro, en definitiva, que cuanto es se reduce a la idea que podamos tener en nuestra mente. Sin embargo, si lo real es eso otro que se hace presente a una receptividad, entonces deberíamos admitir que nada se hace presente sin que desaparezca de la vista, como quien dice, su carácter de algo enteramente otro. Que creamos que no podemos salir de nuestra representación —que no quepa certificar la exterioridad como tal— tiene que ver con el haber olvidado que la alteridad del otro es, precisamente, lo que da un paso atrás en su hacerse presente. La sospecha moderna de estar dentro de un sueño —de que nuestro mundo sea al fin y al cabo un mundo virtual— se sostiene solo desde el olvido de la naturaleza dialéctica del aparecer, a saber, que el otro se da en la medida que, en sí mismo, no se da. Y en este sentido, dicho olvido se trataría de un desviación, un desvarío, una enfermedad del espíritu, como decía Rosenzweig.

hay fantasmas bajo el puente de sant Pol

julio 22, 2017 Comentarios desactivados en hay fantasmas bajo el puente de sant Pol

Ayer atravesando el puente de madera de la riera tuve la fuerte impresión de que cuanto había ahí era una excepción. Las parejas que iban de la mano, nuestras hijas correteando alrededor, los ancianos del parque, el chiringo de la playa, el mar, el mismo puente… Como si un dios nos hubiera puesto en medio de un cosmos inerte y nos hubiera dicho: aquí tenéis la vida; aprovechadla, pues no hay más. Como si fuéramos espectros cuya imagen apenas dura unos nanosegundos desde la óptica de la eternidad. Como si fuéramos, en definitiva, los personajes de una pieza de un solo acto. Todo muy extraño o casual. Y nosotros, sin embargo, seguimos en pie como si lo extraño fuera algo obvio. Aun así, tampoco es que mirase por debajo del puente. Quizá hubiera visto a algunos de los africanos que andan deambulando por el pueblo en busca de unos platos que fregar o un escaparate por abrillantar. Ellos también son espectros, pero del lado oscuro de lo extraño. Desde un punto de vista objetivo, resulta curioso cuando menos que pasemos de largo. Pues, en el estado de excepción que caracteriza nuestro momento, blancos y negros vamos de la mano. Ciertamente, no nos merecemos la vida que nos ha sido dada. Y así todo sucede sin gracia como si la existencia fuera un espejismo o una ilusión. Por muy agradable que sea estar tomando una cerveza frente a una playa sin apenas bañistas.

signs

julio 21, 2017 Comentarios desactivados en signs

O bien estamos solos —y lo que hay es todo cuanto hay—, o bien no hay coincidencias, sino señales de que estamos sujetos a un orden o voluntad superior. La cuestión es, si en el caso de que fuera esto segundo, podríamos hablar de Dios y no tan solo de un orden o una voluntad superior.

escribir difícil

julio 18, 2017 Comentarios desactivados en escribir difícil

Hay quienes sostienen que lo que no puede ser dicho fácilmente, no merece ser dicho. Sin embargo, ¿deberíamos tirar a Hegel por la borda?¿Acaso no sabía escribir? No me atrevería a decirlo. De hecho, sus primeros textos son de una claridad más que notable. ¿Por qué entonces, a partir de la Fenomenología, Hegel se pone estupendo? Quizá porque lo arduo no sean las palabras, sino la realidad a la que apuntan. Creemos saber de qué van las cosas. Pero, por decirlo a la hegeliana, una cosa es una cosa en tanto que no es una cosa. Evidentemente, con solo decirlo tampoco es que vayamos muy lejos. Pero al menos nos permite vislumbrar por dónde van los tiros del pensar. Pues lo normal es decir que esto es bello o aberrante o esférico… porque así nos lo parece —porque así se nos muestra. Ahora bien, lo cierto es si hay algo que ver es porque el carácter otro de ese algo se nos escapa de las manos donde captamos su aspecto. Podríamos decir que hay una brecha ontológica entre el ser y la cosa. Heidegger, dixit. Pero también Platón. La cuestión es si somos capaces de verlo o no. De hecho, podríamos sospechar que un escritor fácil es aquel que nos ahorra según qué preguntas —o se las ahorra él mismo, lo que acaso sería peor. Pero si es consciente de las preguntas que se deja en el tintero, entonces nos trata de imbéciles —o de clientes. En cualquier caso, donde comenzamos a pensar tampoco es que vuelva a crecer la hierba. Un escritor difícil sabe que cuanto ha escrito no deja de ser palabrería. Al fin y al cabo, quien persigue aclararse con respecto a lo que decimos cuando decimos lo que decimos se irá con las manos vacías. No es causal que antes de morir Tomas de Aquino quisiera quemar su opera omnia.

Dios no existe, según el cristianismo

julio 17, 2017 Comentarios desactivados en Dios no existe, según el cristianismo

Dios no existe. La cuestión es ¿lo sabe Dios? De hecho, el dogma cristológico nos pone en la pista. Pues si Cristo es Dios, entonces la cruz es el momento en que Dios toma conciencia de su inexistencia.

el hombre del saco

julio 16, 2017 Comentarios desactivados en el hombre del saco

Una cosa es vivir a flor de piel la posibilidad, pongamos por caso, de que aparezca el hombre del saco y otra es suponer que hay por ahí un hombre con un saco que se lleva a los niños. Una cosa es el miedo natural y otra el que provoca una creencia reforzada políticamente —y de qué modo— por las iglesias. Y más cuando la creencia se ha convertido en increíble. Cuando esto último ocurre solo es cuestión de tiempo que alguien se atreva a decir que el rey anda desnudo.

contra el espiritualismo

julio 15, 2017 Comentarios desactivados en contra el espiritualismo

Cristianamente y a la hora de hablar del espíritu, no deberíamos olvidar que el espíritu es el espíritu de Dios, que Dios es un Dios encarnado, y que como tal muere abyectamente como un despreciado por Dios. Así, las espiritualidades que conciben esto del espíritu como una especie de poder autónomo que planea sobre el mundo o bucea sobre las profundidades de la existencia serán lo atractivas que se quiera —aunque tan solo seduzcan al onanista que llevamos dentro bajo la excusa de la elevación—, pero no serán cristianas. De hecho, el espíritu desde la óptica cristiana tan solo es en aquellos que cargan con el cadáver de Dios. No se trata pues de enchufarse, sino de soportar. No hay espíritu al margen de los hombres de espíritu. Y los hombres de espíritu son aquellos que han sido despojados de sí mismos por el peso de los muertos, los que no cuentan para el mundo. Es lo que tiene un Dios que se pone en manos de los hombres hasta desaparecer como dios para que el hombre pueda vivir en el espíritu de Dios.

el psicótico como «homo religiosus»

julio 14, 2017 Comentarios desactivados en el psicótico como «homo religiosus»

Un psicótico es aquel que rellena el vacío fundamental en que consiste la inasimilable alteridad del Otro con la imagen de un agente personal que maneja secretamente los hilos de nuestra existencia. Se trata de una paranoia de libro, la cual, sin embargo, hace posible que el psicótico pueda soportar el sinsentido a la que nos arroja la falta de entidad del Otro, aun cuando esta falta sea el único sello de lo real. Desde esta óptica ¿acaso no podríamos entender la crítica profética a la idolatría simplemente como un signo de salud mental? ¿Acaso no podríamos decir que hacen trampas quienes llenan el vacío de Dios con la imagen de un titiritero bueno?

sentir lo absoluto

julio 13, 2017 Comentarios desactivados en sentir lo absoluto

A quienes creen que es posible tener algo así como un sentimiento inmediato de lo absoluto quizá les fuera bien recordar aquello que escribió Hegel hace más de cien años, a saber, que dicho sentimiento no es mucho más que una “intensidad carente de contenido que, como mera fuerza sin extensión, es lo mismo que la superficialidad”.

freudianas

julio 12, 2017 Comentarios desactivados en freudianas

He sido un hombre afortunado. En la vida nada me ha sido fácil.

Sigmund Freud

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Treblinka (1)

julio 11, 2017 Comentarios desactivados en Treblinka (1)

El tren que transportaba a los hombres como si fueran ganado se detuvo durante un par de horas. Tampoco esta vez abrieron las puertas. Ninguno de ellos sabía qué les esperaba. Muchos prefirieron creer que se les destinaban a trabajos forzados. Moisés, de unos doce años, agarraba con fuerza la mano de su hermana menor. Hace semanas que perdieron de vista a sus padres. En aquellos momentos, también ignoraban que nunca más volverían a verlos. Los vagones apestaban. Un solo cubo para las necesidades de todos. Las discusiones eran frecuentes, cuando no les podía el sopor. Con el paso de los días, solo se podía respirar el mal aliento de los demás. El conductor se bajó de la máquina. Vio que tenía los cordones de sus botas desatados. Y en esos momentos pensó que haría bien en comprarse unos nuevos. El frío, ya se sabe, se cuela por los pies. «Se lo diré a Natasha cuando vuelva.»

una habitación propia

julio 10, 2017 Comentarios desactivados en una habitación propia

Decía Pascal que los males del hombre comienzan donde es incapaz de permanecer a solas en una habitación. Y sin duda es así. Con todo, también es cierto que, cuando permanecemos demasiado tiempo en ella, comienzan otros males. Y es que donde el otro desaparece de vista, fácilmente nuestros fantasmas ocupan su lugar. Sin embargo, un fantasma no siempre es motivo de temor. De hecho, hay fantasmas buenos, previsibles, aquellos que nunca nos dicen no. Son nuestras fantasías. Y ese es el problema. Una habitación es dura. Y es bueno que lo sea. Pero también puede llegar a engendrar un mundo sin prójimo.

le mot juste

julio 9, 2017 Comentarios desactivados en le mot juste

Métrica y poesía van de la mano. Como la lógica y el pensamiento. Un poema se consigue con las palabras exactas. Un poeta que no cuenta las sílabas con los dedos —que no gasta su tiempo en hallar el verbo justo— permanecerá pegado a sí mismo. Quienes hacen de la poesía la razón de ser de su postureo, tan solo nos hablan de ellos mismos, de sus emociones o zozobras, a las que llaman fácilmente experiencia, lo cual no suele tener mucho interés, salvo quizá para el adolescente que aún debe descubrir el Mediterráneo. La métrica no es una prisión, sino la disciplina que nos acerca a la piedra de lo real. Y lo real es lo que, hallándose más allá del punto de vista, reclama nuestro reconocimiento. No puede haber reconocimiento donde seguimos sometidos a nuestra espontaneidad. El carácter extraño de lo real es inaccesible a quienes dan por bueno lo que les parece bueno. La métrica es, por tanto, la expresión de nuestra servidumbre con respecto al exceso del mundo, de la necesidad de una salida de sí. La métrica es el rito religioso del poeta. En la palabra exacta, el lenguaje deja de ser una representación de lo que nos traemos entre manos, un decir que puede ser puesto en cuestión como simple perspectiva, para coincidir con la cosa misma, al fin y al cabo, con su extrañeza. En el verso justo la cosa es en el lenguaje. Por medio del verso justo, la cosa se hace presente con independencia de lo que nos parece que es. Es así que en el poema, la cosa no puede ser de otro modo. O, mejor dicho, solo dejando de ser lo que es, la cosa puede llegar a mostrarse de otro modo. De ahí que los mejores poemas sean intraducibles. El poeta, aunque, como el niño que es, juegue con las palabras, no es un artífice, sino el pastor que encuentra la oveja perdida. Ante unos versos afortunados no podemos evitar la impresión de que las cosas son tal y como nos las muestra el poeta. Quien escribe If I can stop one heart from breaking, / I shall not live in vain no necesita decir nada más. De hecho, el éxito del poema supone el exitus del poeta, la desaparación del yo que encuentra, precisamente, las palabras exactas. De ahí lo raro del hallazgo poético. En la mayoría de las ocasiones, el poeta fracasa, al menos porque el poeta se resiste a morir. Sea como sea, lo que resulta indiscutible es que la cosa, tal y como se revela en los versos justas, no es según el modo de lo previsible. Hay revelación en el poema, cuando menos porque un poema es un imposible: lo que se hace presente en medio de la palabra no puede ser comprendido como una posibilidad del mundo. En el poema, la cosa se entrega como lo que tuvo que desaparecer de nuestra vista para que pudiéramos disponer de ella. Como Dios mismo. Así, hay Dios, no porque exista —que, en realidad, no existe—, sino porque habita en un decir inaceptable: al principio era el crucificado, y el crucificado estaba junto a Dios y era Dios.

Lucas

julio 8, 2017 Comentarios desactivados en Lucas

La parábola de fariseo y el publicano es dura de tragar. Quizá porque ya nos queda un tanto lejos esto de los publicanos. Para hacernos una idea de lo que se nos está diciendo, supongamos que, en vez, de los personajes de la parábola, tuviéramos, por un lado, a un cristiano de los de Taizé y, por otro, a un traficante de órganos. No se cómo reaccionariamos si un excéntrico nos dijera, mientras cantamos el «ubi caritas», que el traficante que, fuera de la Iglesia, permanece doblado por su propia miseria e invocando a un Dios que ni siquiera puede concebir, está más cerca de Dios que nosotros.

niños rotos

julio 7, 2017 Comentarios desactivados en niños rotos

El oxímoron quizá sea la figura retórica que mejor expresa el núcleo duro de la existencia. Pues fácilmente creemos que podemos dividir cuanto nos rodea en lo dulce y lo amargo —lo bueno y lo malo, lo salvable y lo condenable. Sin embargo, quien te da la vida, también te la jode. El amor no es puro, salvo en los cielos de Disney. Al menos, porque el trato al que nos obliga el día a día se sostiene sobre relaciones de poder. Y donde hay poder hay víctimas, aun cuando dichas relaciones solo puedan entenderse dialécticamente, como dijo acertadamente Hegel a propósito del vínculo entre el amo y el esclavo. Vivir es hacer —y hacerse— daño. Aunque también abrazar, acariciar, perdonar. Pero diría que esto último, si no fuera simplemente una reacción, solo puede darse desde el fondo mismo del daño. Ciertamente, hay grados. Y la diferencia de grado no es irrelevante. Pero ello no quita que pivotemos en torno a un cortocircuito. De este modo, aspiramos a un vínculo que, con todo, no podremos soportar. O quizá debamos cuidar de una madre, cuyo amor nos ahoga. Los cuervos que criaste, te arrancarán los ojos —y quizá con razón. Nos equivocamos, pues, en el momento en que damos por hecho que es posible vivir de la luz sin que hayan sombras. El cuidado del alma no se lleva a cabo linealmente, como si tan solo tuviéramos que seguir una dieta para conseguir un cuerpo perfecto. Si podemos creerlo así quizá sea porque hemos reducido nuestra existencia a una sola instrucción, aquella que nos ha sido dictada socialmente. El idiota —literalmente, el incapaz de salir de sí mismo— es alguien que vive de espaldas al fondo trágico de la existencia, alguien que ignora que andamos sobre aguas movedizas. El cuidado del alma es en gran medida un combate, aunque, como en el caso de Jacob y el ángel, no se trate de vencer, sino de sobrevivir. Sobrevivir es, en gran medida, sobrevivir a uno mismo, al menos mientras nuestra pregunta no sea si acaso hoy podremos dar de comer a nuestros hijos. Pero si es posible sobrevivir a uno mismo no será porque nos bastemos a nosotros mismos. Quien te salva de ti mismo, por decirlo así, es siempre aquel que irrumpe en tu vida y la hace saltar por los aires. No obstante, en ningún caso será aquel o aquella que se ajusta a tu fantasía. Pues, quien irrumpe en tu existencia —quien la interrumpe— es alguien dañado, aquel que convoca, precisamente, lo dañado que hay en ti. Al fin y al cabo, tan solo nos encontramos con el otro desde nuestra infancia rota —desde nuestra incapacidad para llegar a ser los dueños de nosotros mismos. Hay pureza, pues, pero no nos pertenece. Y no porque se trate de un ideal inalcanzable, sino porque cuanto acontece sin ambigüedad —el perdón de lo imperdonable, el amor sacrificial— no tienen como sujeto a quien aún confía en su posibilidad. Si fuera así, el gesto seguiría siendo equívoco. Quien es capaz de entregarse al otro —quien es capaz de acogerlo— es alguien que ha sido desposeído incluso de sí mismo, un resto, un despojo. De ahí que dichos gestos coincidan con el fin del mundo, cuando menos porque quien puede encarnarlos ya no se enfrenta al mundo como a su posibilidad. Podríamos decir que ya no tiene vida por delante. No es casual que el lenguaje de la verdad sea el de la resurrección, el cual es ciertamente incomprensible para quien aún arraiga en la tierra. Como decía Adorno, quizá todo consista en contemplar la existencia desde la óptica de la redención. El resto es un anar fent o, lo que acaso sea peor, llenarnos la boca de grandes palabras.