solaris

abril 12, 2023 § 1 comentario

Stanislaw Lem dejó escrito en Solaris que no deberíamos esperar demasiado del juicio final. ¿Y que sería esperar demasiado? ¿Acaso justicia? ¿Que aquellos que murieron antes de tiempo pudieran volver a vivir la vida que les arrebató nuestra indiferencia o impiedad? Ciertamente. O hay respuesta a la cuestión bíblica —esto es, o hay juicio final— o el nihilista da en el clavo. Y el nihilismo tiene hoy en día las de ganar. Al menos, porque, dejando a un lado las fantasías que satisfacen nuestra necesidad de que la película termine bien, la posibilidad de una justicia final resulta un tanto increíble. Es lo que tiene haber tirado por el desagüe al niño Dios junto al agua sucia.

Sin embargo, la fe siempre apuntó a lo que ningun mundo puede admitir como posibilidad. En nombre de una bondad en medio los infiernos del más acá, el verdugo no debe pronunciar la última palabra. Aunque ello no podamos creerlo solo desde nuestro lado. Ni tampoco solo del de Dios… sin hacer de Dios un deus ex machina. La esperanza nunca fue una expecatativa, un ideal. De ahí que la pregunta bíblica sea quién ocupará el lugar de Dios. ¿Qué Mesías? ¿Un resucitado? Más increíble aún.

mayo del 68

abril 11, 2023 § Deja un comentario

Lo que la filosofía de la Ilustración nos enseñó a considerar como lo propio del hombre: pensar y actuar por sí mismo, la escuela lo convirtió no en el fruto de una maduración, sino en una propiedad natural e incluso innata. A partir de ahí, los adolescentes y hasta los niños se convirtieron en «los actores de su propia educación» y la autorización sustituyó a la autoridad.

Alain Finkielkraut, La posliteratura

woke

abril 10, 2023 § Deja un comentario

En los EEUU, ser blanco comienza a ser un motivo de vergüenza para la militancia antirracista (y para unos cuantos blancos woke). Así, escribe Robin DiAngelo: la identidad blanca es intrínsecamente racista. Los blancos no existen fuera del sistema de la supremacía blanca. Este es un discurso que pisa fuerte en el país de las oportunidades. Algo parecido podríamos decir del feminismo ultra, el cual está a un paso, si es que no lo ha dado ya, de estigmatizar la condición masculina. De ahí que los hombres maten a su prole, mientras que las mujeres se arrojan de la ventana con sus hijos en brazos. Aquí la casuística, tan importante en el territorio de lo moral, carece de importancia. La condena precede a la acusación. Se es bueno o malo por nacimiento. Como se era judío o ario en la Alemania de antes de ayer.

Hace tiempo que la corrupción original —la massa damnata de Agustín— dejó de ser una evidencia. La aspiración a la pureza siempre engendró monstruos. Y más que los engendrará donde las dependencias que van con el hecho de existir tienden a disolverse en favor de un individuo que se supone dueño de sí. Tarde o temprano, nos preguntaremos cuándo la identidad comenzó a ser un objeto de consumo. Algo tendrá que ver con un padre que pasó a ser un fantasma. En cualquier caso, como dijera Marx, el capitalismo hace que todo lo sólido se disuelva en el aire. Y de esas lluvias probablemente estos lodos.

la resurrección y el poder de Dios

abril 9, 2023 § Deja un comentario

No hay fe sin que esta sea una fe en el poder de Dios, un poder capaz de levantar a los muertos. Pero si Dios no es aún nadie sin el fiat de aquel en quien quiso reconocerse desde un principio, ¿cómo pensar dicho poder? Evidentemente, no puede tratarse de un poder ex machina. Pues de ser así estaríamos ante un dios-ya-hecho , esto es, al margen de dicho fiat. Y, según la confesión cristiana, Dios en sí mismo —en trinitario, el Padre— carece de la entidad de lo concreto o existente. Dios alcanza la existencia como cuerpo crucificado (y vuelto a la vida tras el tercer día). Antes del Gólgota, el haber de Dios no es el de lo singular. De ahí que, para el cristianismo, Jesús no sea un representante de Dios, sino el cuerpo de Dios y, por ende, su modo de ser.

Ahora bien, si el poder de Dios no puede concebirse como un poder que se ejerza ex machina, entonces ¿acaso no deberímos entenderlo como el que se activa a través de la entrega incondicional del abandonado de Dios? Ciertamente. Sin embargo, esto ¿no está cerca de decir que de lo que se trata es de poner los dedos en un enchufe? Quizá, si no fuera porque de lo que se trata , en definitiva, es de responder donde no cabe esperar ninguna iluminación. De ahí que decir responder suponga decir inmolación. Pues la cruz significa que cualquier expectativa salta por los aires. Estamos lejos por tanto de la suposición new age según la cual basta con conectar con un fuente de energía para salvarse. Quien crea que cabe creer dejando a un lado el componente sacrificial de la fe probablemente aún permanezca en la fantasía infantil que imagina una victoria sin bajas.

el silogismo de la gloria

abril 8, 2023 § Deja un comentario

Si la caída afectó tanto a Dios como al hombre —y por consiguiente, si el Padre no es aún nadie sin la respuesta del Hijo—, entonces la resurrección afecta tanto a Dios como al hombre. Así, tras el tercer día, el crucificado regresa del sheol con la vida de Dios, en el doble sentido del genitivo. Así, Dios llega a ser el que es en el centro de lo histórico, aun cuando su presencia apunte a la consumación de los tiempos. Esto resulta una trágala para la sensibilidad religiosa, la cual da por descontado que Dios es según el modo de los entes —aunque en este caso su naturaleza sea espectral— y, por tanto, independientemente de la fe del hombre. Y de ahí que hoy en día, teniendo en cuenta que la religión, incluyendo sus múltiples variantes, es una constante antropológica, no sepamos qué hacer con la proclamación cristiana —la que se concentra en la dogmática cristológica, al afirmar que Dios es el vínculo entre el Padre y el Hijo hecho carne—, convirtiendo, de paso, el cristianismo en una religión entre otras. La religión, en realidad, nunca entró en crisis.

Ahora bien, lo cierto es donde prescindimos del hecho de la resurrección para quedarnos solo con lo que la resurrección revela acerca de Dios, esto es, con su significado teológico, el kerigma cristiano queda reducido a una hipótesis especulativa. Y es fácil que prescindamos de la resurrección donde, desde nuestra situación, ya no podemos ni siquiera entenderla como un hecho del pasado, como sí podemos hacerlo, por ejemplo, con la toma de la Bastilla, sino a lo sumo como una creencia del pasado. Pues no hay visión de los hechos que no esté cargada de cosmovisión y, por eso mismo, de un cierto saber. En este sentido, no hay dinero para los pueblos que aún funcionan por medio del trueque. Ni puede haberlo. Para esos pueblos, lo que hay, a lo sumo, son unos papeles que los blancos acumulan como si fueran sagrados.

Sin embargo, acaso la esperanza en la resurrección de los muertos consista en que vuelva a ser un hecho, con lo que ello implica con respecto a la cosmovisión que hace que un hecho tan increíble como este pueda darse, precisamente, como tal. Y lo que implica, cuando menos, es una recuperación de la imaginación como fuente de conocimiento. Pero este es otro asunto.

nihilismo en Getsemaní

abril 7, 2023 § Deja un comentario

Jesús, colgando de la cruz, experimenta que no parece que haya nadie ahí arriba, esperándolo con los brazos abiertos. En su lugar, ¿una ciega confianza en que, a pesar de las evidencias, haya un Padre? Quizá. Pero lo decisivo no es esa fe, sino el perdón que ofrece a sus verdugos bajo un cielo de plomo. Mejor dicho, únicamente desde ese perdón, un perdón que rozó lo inhumano, esa fe adquiere su sentido o hacia dónde. Por eso, la confesión cristiana no se limita a proclamar que, tras el impasse del Gógota, había en realidad un Dios dispuesto a intervenir ex machina. Esto sería todavía religión. Más bien, que el Dios al que apunta la fe del crucificado no es aún nadie sin el crucificado. Así, el Dios al que Jesús se abandona no es otro que el que se nos ofrece como un cuerpo colgando de una cruz… lo cual, ciertamente, no era lo que Jesús podía esperar. De ahí que, de no haber habido un tercer día, la revelación del Golgota habría coincidido con la proclamación de la muerte de Dios. Ahora bien, la cuestión que plantea la resurrección, teniendo en cuenta que Dios se identificó en el Gólgota con un abandonado de Dios,es cómo pensar el poder de Dios sin entenderlo como un poder ex machina. Pero este es otro asunto.

un Dios que tiene cuerpo (y 2)

abril 6, 2023 § Deja un comentario

Sin embargo… la analogía del yo es, hasta cierto punto, problemática. Pues, en nuestro caso, el yo es un producto de un cuerpo inserto en su circunstancia… y no parece que podamos decir lo mismo acerca de Dios. ¿O acaso sí? En principio, la realidad de Dios como el aún-nadie-sin-su-cuerpo es anterior a su encarnación —a su reconocerse en el crucificado. O al menos, es lo que damos religiosamente por decontado. Ahora bien, si es el aún-nadie no es nadie-aún. Dios-en-sí, coincidiría con la alteridad propia de un puro haber. Y es que el haber de Dios-en-sí no es en modo alguno equiparable al haber de cuanto posee entidad.

Entonces, ¿por qué hablamos del aún-nadie en vez de referirnos simplemente a la nada? Será porque, desde la situación de los que sufren la oscuridad y el silencio de las simas de este mundo, la nada va con una invocación insoslayable, aquella cuya reverberación escuchamos en las gargantas de la sed. ¿Se trata de un asunto meramente psicológico? Quizá, si no fuera porque hay quienes obedecen hasta el final al lamento de los que se revelan como hermanos en medio de un No aparentemente inapelable —si no fuera, en definitiva, porque debemos responder a alguien (y ante la demanda del otro, no responder es ya una respuesta). Y porque hubo fieles —y siguen habiéndolos— , Dios pasa del anónimo haber a presentarse como cuerpo. Esto es, del nada-ahí (o del puro ahí como nada) a ofrecerse como rostro. No es casual que leamos en el Talmud aquello de si crees en mí, yo soy.

un Dios que tiene cuerpo

abril 5, 2023 § Deja un comentario

¿Por qué decimos que el Dios cristiano es un Dios con cuerpo? La idea es simple, si se piensa bien. Como sabemos, el dogma central del cristianismo es el de la encarnación de Dios. Y quien dice encarnación, dice la identidad entre Dios (el Padre) y el crucificado (el Hijo). La relación entre Padre e Hijo sería análoga a la que media entre el yo y su modo de ser. Ciertamente, el yo es su modo de ser. Pero si podemos decirlo es porque el yo difiere continuamente del modo de ser con el que se identifica. Sin este diferir no hay, de hecho, identificación. Pues la identidad consiste en poder decir yo soy ese. Ahora bien, y por lo que acabamos de apuntar, el yo en sí mismo no es nadie. O mejor dicho, es nadie. En consecuencia, Dios aún no es nadie sin el cuerpo con el que se identifica, el de un crucificado en su nombre. Cristianamente, la presencia de Dios es la del hombre de Dios (estrictamente, la del abandonado de Dios que se abandona a Dios). Y de ahí que, cristianamente, digamos que Dios es un Dios con cuerpo o aún no hay Dios.

Nietzsche, probablemente, no comprendió hasta el final la profundidad del cristianismo. Es decir, no llegó a ver, como tampoco ninguno de sus contemporáneos, el alcance de la confesión cristiana. En cualquier caso, tuvo razón al dar por descontado que sin resurrección el cristianismo es un absurdo. Pues la identificación entre Dios y el crucificado se revela tras la resurrección. De hecho, el primero en caer en la cuenta de ello no fue Nietzsche, sino Pablo de Tarso. No obstante, el problema es que la resurrección es, de por sí, increíble. Pero quizá no comprendamos gran cosa de la fe cristiana mientras no comprendamos que esta apunta a la posibilidad de lo imposible. La cuestión, como siempre, es en nombre de qué. O de quién.

homo superior (1)

abril 4, 2023 § Deja un comentario

La distopía está, según parece, a la vuelta de la esquina. La manipulación genética de nuestro ADN transformará las diferencias sociales en biológicas. Así, estarán los válidos y los inválidos, por decirlo a la manera de esa profecía hollywoodiense que fue Gattaca. De hecho, ya hay algo de esto. Quien tiene un problema cardiaco en los arrabales de Calcuta muere antes. No, los que están adscritos a la clínica Mayo.

Sin embargo, mientras podamos seguir diciéndonos que la naturaleza es la misma la cosa aún no se sale de madre. Se saldrá cuando la superioridad de los válidos sea comparable a la que media entre los hombres y los dioses. Quizá no sea casual que la imagen que nos hacemos del homo superior sea, precisamente, la de un cuerpo bello e impasible, una imagen que, con todo, responde antes a nuestros miedos —a nuestra dificultad para admitir un ente sobresaliente, y más si sale de los nuestros— que a la realidad. Acaso el homo superior vivirá más —y más saludablemente— que quienes se hayan quedado atrás. Acaso su inteligencia sea inconmensurable. Acaso nos vean como monos. Y probablemente, para soportarlo, debamos seguir diciéndonos que los ricos también llorán.

Ahora bien, aun cuando no lloren —o lloren sobre la red del trapecista— lo cierto es que, si continuan siendo existentes, entonces la nada o el nadie-aún seguirá siendo su horizonte. En cambio, de disolverse la cuestión existencial, el homo superior apenas será algo más que un replicante. No deberíamos descartar la posibilidad de que el superhombre nietzscheano fuese, literalmente, un idiota, a pesar de la enormidad de sus talentos. Sea como sea, el hombre siempre fue la posibilidad de ir más allá de sí mismo. De hecho, nosotros somos dioses para Adán. Al menos, en apariencia.

mentir

abril 4, 2023 § Deja un comentario

La caída —la pérdida de la inocencia— encuentra su expresión lingüística en la mentira. Donde cabe el engaño, el signo pierde su arraigo en lo natural. Y este es el principio de nuestra creatividad. El precio, originariamente, refleja lo que vale. Pero, por eso mismo, basta un precio elevado para crear valor. Una sonrisa —un abrazo, un decir te amo…— no tiene por qué referise a aquello a lo que apuntan. El nihilismo viene a continuación. Aunque también podríamos decir que porque nos apartamos de la selva fuimos capaces de falsificar. La libertad fue siempre un desarraigo.

dependence

abril 3, 2023 § Deja un comentario

¿Tiene sentido hablar de Dios si no hablamos a la vez de nuestra dependencia de Dios? ¿Acaso lo inferior no depende, por defecto, de lo superior? Pero ¿de qué tipo de dependencia se trata cuando nos referimos al Dios de la tradición bíblica? Una dependencia física sería ciertamente degradante, por no decir, asfixiante, aunque al fin y al cabo fuese circunstancial (pues bastaría con que aumentase nuestro poder para independizarnos). Y no diría que los tiros bíblicos vayan por ahí. Al menos porque bíblicamente la dependencia física se entiende como la que experimentamos ante un dios en apariencia.

¿Se trataría, por tanto, de una dependencia moral? De hecho, la convicción biblica es que nuestra suerte se decide en relación con el mandato de Dios, el que se hace cuerpo en la invocación de los nadie. Sin embargo, ¿qué implicaciones con respecto a la realidad de Dios tiene esto último? Es obvio que al referirnos al vedadero Dios no hablamos de un dios al uso —de un ente superior—, sino de un Dios que anda rozando la nada. ¿Cómo entender, entonces, que ante Dios nos hallemos sub iudice? ¿Es verdad que habrá juicio? Que nos juzguen los nadie ¿acaso no supone que nadie nos juzgará? Ahora bien, ¿no deberíamos admitir que el poder de Dios consiste en hacer del nadie un señor —mejor dicho, nuestro señor? Pero ¿cabe creer en ello? O mejor dicho, ¿en qué situación? ¿Es posible comprender algo de lo que decimos acerca de Dios en verdad sin tener presente que la existencia apunta a una falta esencial, aquella que obviamos donde seguimos confiando en nuestra posibilidad?

de la aparición y la esperanza

abril 2, 2023 § Deja un comentario

De ordinario, vamos a lo nuestro: una cosa tras otra. Pero en el fondo, aguardamos, aunque sin saberlo, la irrupción de lo extraordinario o nuevo, en definitiva, la aparición. Pues acaso solo frente a la aparición logremos elevarnos por encima de la circunstancia. O, si se prefiere, de lo biológico. Ciertamente, hay quienes creen que las aspiración última es la de regresar al útero materno. Son los partidarios de la fusión. Pero donde manda el sentimiento oceánico desaparece la realidad. Y quien dice realidad, dice alteridad. Sea como sea, lo común es que nos contentemos con los simulacros. La novedad, en el primer caso. El porro o sus variantes, en el segundo. De ahí que, entre simulacros, vivamos pasando de largo.

Puede que algún día caigamos en la cuenta de que existimos como quien permanece a la espera. Y cuando esto suceda la cuestión que deberíamos plantearnos será de qué —o de quién. Aunque también es posible que no haya en verdad nada nuevo —que no quepa ninguna aparición. En ese caso, Nietzsche tendría razón.

Ahora bien, lo que Nietzsche no vio es que, precisamente porque el cielo está vacío de Dios, el otro, incluso el que despreciamos, resplandece con el aura de la divinidad o el milagro. Y por eso mismo, no todo vale por igual. El milagro no necesita de ningún sentido o hacia dónde. Tan solo el ángel de la historia, aquel que volviendo su mirada hacia atrás se interroga con espanto por la vida que pueden esperar los aplastados. Y aquí no parece que la respuesta sea la disolución. Pues, de serlo, no habría diferencia entre el nihilista y quienes, cerrando los ojos, se sienten como ola en el mar.

imusic

abril 1, 2023 § Deja un comentario

Decía Víctor Hugo que la música expresa lo que no cabe poner en palabras y, sin embargo, no puede permanecer en silencio. Por su lado, Platón dejó escrito que cada tipo de música convoca una parte de nosotros mismos, no siempre la mejor. De ahí que, en su República, sostuviese que la formación del carácter dependía también de los cantos que uno escucha. Pues no es lo mismo pasarse el día a ritmo del reggaeton, sobre todo si ya no tienes edad, que quedarse suspendido por erbarm dich.

Nuestra época, no obstante, difícilmente aceptará esta evidencia, si es que llega a aceptarla. Pues cada uno tienes sus gustos, se nos dice. No es posible hoy en día algo así como una crítica del gusto, por no hablar de una crítica del deseo. Basta con darle al like. El único límite son los gustos —las preferencias— de los demás. Así, cualquier valor queda posicionado en el marco de lo gastronómico. Puede que este sea un efecto colateral —uno más— de la desaparición del sentido de lo trascendente, de lo que provoca nuestro asombro, por no hablar de nuestro enmudecimiento más allá de lo gigantesco. Al final, tendremos que darle la razón a Nietzsche cuando se refería a sus contemporáneos como a los últimos hombres, aquellos que, siendo incapaces de enfrentarse a la nada que todo lo soporta, viven resignadamente entre el oficio y la distracción.

orgullo

marzo 31, 2023 § 1 comentario

La hybris griega pasa por enfrentarse a lo gigantesco. En esto consiste el heroísmo: en desafiar el poder de un dios (y aquí siempre tenemos las de perder; aunque sea de pie). La hybris de Israel, en cambio, es distinta: aquí el héroe no se enfrenta a una fuerza devastadora, sino al mandato del padre. Adán, sencillamente, eligió la desobediencia. La retirada de Dios fue el daño colateral. Es lo propio de un Dios que, a diferencia de los dioses, no quiso ser alguien sin la adhesión de su criatura. Así, tras caída, la presencia de Dios tan solo podrá asegurarse políticamente —y por eso mismo, en falso. Basta con que, con la Modernidad, caigan las teocracias y sus variantes para que nos quedemos con la ignotum X (y de ahí al olvido de Dios media un paso). La crisis contemporánea de la figura del padre acaso no sea mucho más que el reflejo doméstico de una revolución política. En cualquier caso, ¿qué fe podrán tener quienes sepultaron a papá? Y es posible que la respuesta nos permita comprender un poco mejor el alcance del cristianismo. Pues, donde el Padre guarda silencio porque el hombre le tapó la boca, únicamente el Hijo es capaz de devolvernos su palabra. Tan solo porque el crucificado tuvo fe donde no cabía ninguna fe puede el hombre volver a creer. Quien supone que cabe confiar en Dios al margen del Gólgota debería leer a Feuerbach. O a Nietzsche.

la resurrección y los finales a la Hollywood

marzo 30, 2023 § 1 comentario

Es sabido que algunos productores de Hollywood añaden un final feliz a aquellas películas cuya última escena es difícilmente digerible. De lo contrario —piensan—, difícilmente tendrá éxito. ¿Podríamos decir algo parecido de los evangelios? ¿Sería Marcos —el evangelio más cercano a los hechos— la versión del director, esto es, sin epílogos ad hoc? ¿Hemos de entender que el resto de los evangelistas, al añadir el relato de las apariciones más allá de la constatación de una tumba vacía, prefirieron endulzar la tragedia por exigencias de la productora? Ciertamente, el final de Marcos deja la resurrección en el aire. Según los especialistas, los manuscritos más antiguos, del año trescientos, concluyen con el versículo 8, el cual narra la huida de las mujeres de la tumba vacía llenas de miedo. El denominado final largo (Mc 16, 9-20) sería, pues, un apéndice en el que, en armonía con el resto de los evangelios, se nos da cuenta de las apariciones, terminando con Jesús sentado a la diestra de Dios y los apostóles entregados a la predicación. Parece indiscutible que Marcos difícilmente se hubiera puesto a escribir su evangelio de no contar con la resurrección. Pero, en cualquier caso, el texto original no hace referencia alguna a las apariciones. Esto, de por sí, tampoco resulta significativo. Pues hubiera podido ser que, simplemente, Marcos no hubiese terminado el texto. De hecho, que el manuscrito haga referencia a un nos vemos en Galilea sugiere, al menos, un y continuará.

Sea como sea y teniendo en cuenta lo increíble del asunto, la impresión que nos producen el apéndice de Marcos y, en general, los relatos de la resurrección es que estamos ante un final feliz a la Hollywood. Es como si a la escena final de Titanic se le hubiese añadido una en la que Jack y Rose se reencuentran en tierra firme… porque, milagrosamente, una ballena arrastró a Jack hasta alcanzar la orilla. Estaríamos ante un final tan feliz como increíble (y por eso mismo, nos hallamos cerca de decir que el final es el original). En este sentido, las apariciones, dando sentado que las hubieron, serían algo así como una ilusión óptica que compensaría la dureza de la cruz. Por no hablar de que los relatos de la resurrección podrían estar al servicio de que la necesidad política de que la causa de Jesús continuase.

Sin embargo, la fe o apunta a lo imposible o no hay fe que valga, sino a lo sumo una suposición tranquilizadora. Dios nunca se reveló como una posibilidad del mundo, aunque tampoco la de un más allá espectral. Cristianamente, el otro mundo cristiano es, en realidad, una nueva creación, un reset de dimensiones cósmicas. De ahí que, en lo que respecta a la fe, quepa la posibilidad de lo imposible. El problema reside en que no parece que haya habido ningún reset. El mundo sigue a su bola —y una bola gigantesca… que, al rodar, aplasta a los que sobran. De ahí la importancia de comprender qué se nos está diciendo con los relatos de las apariciones. Y de entrada, quizá deberíamos admitir que no son un modo de expresar lo que podría expresarse con otro lenguaje. En cualquier caso y con respecto a este asunto, podría servirnos el relato, transmitido por Viktor Frankl, de aquella madre judía cuyos hijos, gaseados en Auschwitz, se le aparecieron en los huérfanos que deambulaban por las calles de Jerusalén tras la guerra. Pues en verdad se le aparecieron, aunque de hecho no fuera estrictamente así. Tampoco debería extrañarnos que los tiros fueran por ahí… sobre todo si tenemos en cuenta que aquellos a quienes se les apareció el resucitado fueron, en un principio, incapaces de reconocerlo. Pero, como insinuábamos, se trata de una pista. Y es que, en relación con este asunto, aún hay tela que cortar.

Nietzsche y Moisés

marzo 29, 2023 § 1 comentario

Desde la óptica de la eternidad, nada importa (o cuando menos, nada parece importar). Somos polvo y, por eso, nuestro narcisismo es una estúpida ilusión. Al fin y al cabo, desde dicha óptica, todos morimos a la vez. De ahí que quienes entraron en las cámaras de gas murieran al mismo tiempo que sus verdugos. Aun cuando no se lo pareciese, ni se lo pudiera parecer. Sin embargo, porque en el horizonte no hay nada —porque la nada prevalece—, la vida es una excepción o, si se prefiere, un milagro.

Nietzsche de algún modo lo vio. Y su solución fue, como sabemos, la del bailarín. Según su visión —pues Nietzsche no dejó de considerarse a sí mismo como un visionario— , superar el nihilismo pasaría por ser capaz de bailar incluso sobre la pira de cadáveres que deján atrás los genocidios de la historia. Celebrar la vida, en este sentido, consistiría en prescindir del juicio. No hay padre. Y por tanto, ni bien ni mal. Tan solo reacciones —lecturas morales de hechos en sí mismos indiferentes o neutros. Las hormigas rojas no son malas porque devoren a las negras. De hecho, la vida es esto: vida que se fagocita a sí misma. Que nos creamos mejores que las hormigas rojas será porque la creencia se limita a ocultar el rastro del depredador.

Israel, en cambio, lo entendió de otro modo. Pues si la vida es un milagro, entonces no es lo mismo dejarse llevar por la voluntad de poder que convertirse en rehén de los que, estando vivos, no cuentan para nadie (por no hablar de convertirse en rehén de los que murieron injustamente antes de tiempo). De ahí que, para Israel, don y juicio —bendición y Ley— vayan de la mano. Que hoy en día creamos que es posible agradecer la vida sin hallarnos sub iudice es un síntoma de lo lejos que estamos de comprender, en definitiva, un síntoma de nuestro infantilismo.

La pregunta por tanto es quién tiene razón, si Nietzsche o Moisés. Y aquí la respuesta dependerá de a qué razón apelemos. O mejor dicho, desde qué situación se ejerza la disciplina del pensar. Nietzsche se sitúa en la grada —y de ahí que su filosofía sea, en definitiva, un positivismo retóricamente eficaz. Esto es, nada del otro mundo. Desde las alturas, los hombres son, ciertamente, indistinguibles de las hormigas, sean rojas o negras. Es lo que tiene haber ocupado el lugar de un dios. Moisés, sin embargo, permanece en la escena de la larga travesía por el desierto. No es exactamente lo mismo que posicionarse en las gradas. Y no lo es porque lo que hay —el acontecimiento de cuanto es sobre el fondo de un silencio impenetrable— solo se revela en el escenario. Nietzsche, por así decirlo, huye de la nada —de hecho, la sobrevuela. Moisés, en cambio, se enfrenta a ella. Y quizá no sea casual que Israel tuviera la profunda convicción de que la experiencia de Dios implica un enfrentarse a Dios, a su nada —o, mejor dicho, a su aún-nadie. Aunque, como en el caso de Jacob, la contienda termine en tablas (y deba terminar así… para que Dios tenga, al menos, una oportunidad de llegar a ser el que es).

satisfacer necesidades

marzo 28, 2023 § Deja un comentario

Cuando hay hambre, un plato de arroz apelmazado es nouvelle cuisine. Algo parecido podríamos decir de las necesidades psicológicas. Así, la idea que las satisface pasa por verdadera. El ángel de la guarda fue indiscutible para el niño. Aquella primera chica que nos sonrió, la única mujer. De ahí que con respecto al asunto de la verdad haya que descentrarse. Pero ¿qué nos descentra? La grada del espectador o Getsemaní. Tertium non datur. En el primer caso, dejamos de sentir (y de ahí que desde la óptica de la eternidad un genocidio equivalga al abrazo de una madre). En el segundo, sin embargo, la verdad se impone como el silencio y oscuridad de un puro il-y-a. Y frente a esta verdad es posible que tan solo quepa una existencia verdadera, a saber, aquella que anda entre la resistencia y la sumisión.

Dios es

marzo 27, 2023 § 1 comentario

Dios es… ¿qué? No: Dios es. ¿Y qué mas —qué predicado—? Nada (o ninguno). Cristianamente, el único predicado es un crucificado en su nombre. Decimos Dios es el Dios que cuida de nosotros. O Dios es misericordioso. Pero, cuando lo creemos tan espontáneamente, ¿acaso lo primero no sería el predicado? Quiero decir que aquí lo primero no sería Dios, sino la sensación de sentirse amparado o la necesidad de decirnos a nosotros mismos que el verdugo no pronunciará la última palabra …. con lo cual Feuerbach y, de paso, el psicólogo, tendrían razón. De ahí que los textos bíblicos fundamentales insistan en que Dios es… y punto. Estar ante Dios, por tanto, no es hallarse en primer lugar ante el Dios que cuida de nosotros —esto sería hallarse ante nuestra idea de Dios—, sino ante el silencio y la oscuridad más impenetrables. Por eso mismo, cuanto quepa decir acerca de Dios no lo decimos de Dios, sino de lo que se desprende del hecho de que es el que es: una vida dada como milagro o excepción y el deber de dar de comer al que no tiene el pan de cada día.

sobre el poder de Dios (2)

marzo 26, 2023 § Deja un comentario

Según Bonhoeffer, la religión parte de la omnipotencia de Dios frente a la la impotencia del hombre; en cambio, el cristianismo parte de la impotencia de Dios que se revela en la cruz. En el cristianismo, no tiene cabida, por tanto, el deus ex machina de la religión. De acuerdo.

Sin embargo, ¿cómo entender esto? A mí me parece que solo en la línea de lo que en su momento escribiera Etty Hillesum, a saber, que Dios no tiene otras manos que las nuestras. O por decirlo en clave trinitaria, que el Padre no es aún nadie sin el cuerpo del Hijo. Ahora bien, si en la impotencia de Dios, la que se ofrece como silencio en Getsemaní, no hay ningún resto de poder, entonces la resurrección carece de correlato objetivo, por así decirlo, pasando a ser un modo de hablar de la identidad entre el Padre y el Hijo (pues el crucificado vuelve a la vida con la vida de Dios en el doble sentido del genitivo). Y donde los relatos de la resurrección devienen un modo de hablar del que hoy podríamos prescindir —y acaso deberíamos—, entonces vale aquello de Pablo: que sin resurrección la fe es palabrería.

Ciertamente, el poder de Dios es la posibilidad de Dios. Y la posibilidad de Dios es el hombre de Dios y, en definitiva, el resucitado. Pero es innegable que los testigos de la resurrección no la entendieron como un modo de hablar, sino como el resultado de la acción de Dios. ¿Una acción ex machina? Eso parece, aun cuando añadamos que esta fue posible por el abandonarse a Dios del abandonado de Dios (como si la entrega del crucificado activase el poder de Dios). Y esta quizá sea nuestra dificultad: que como hijos modernos de Adán difícilmente admitimos un poder ante el que arrodillarnos. Es lo que tiene que actualmente ya no haya padres, sino progenitores.

el juego de las preguntas y las respuestas

marzo 25, 2023 § 1 comentario

Paul Tillich decía que la teología ofrece, en clave discursiva, las respuestas a las preguntas existenciales. Y de ahí que la tarea del teólogo fuese la de poner en relación —Tillich hablaría de correlacionar— el kerygma con la situación epocal, de tal modo que el anuncio evangélico deviniese inteligible. Sin embargo, Dios no es la respuesta a las preguntas existenciales. Y no lo es porque las preguntas existenciales surgen cuando la realidad de Dios interrumpe la continuidad de los días. Mientras todo va sobre ruedas, no hay preguntas, salvo las irrelevantes: el significado de tot plegat se da por sentado.

Ahora bien, la interrupción tiene lugar no a la manera de una aparición de lo monstruoso o sobrenatural, pues en ese caso la pregunta sería, precisamente, cómo lidiar con ello, sino con el silencio que cubre por igual los campos de amapolas y los de la muerte. Y es que la realidad de Dios-en-sí, por decirlo de algún modo, es la un Dios en falta o aún por venir. Es lo que tiene que Dios-en-sí sea el absolutamente Otro (y de ahí que ande rozando la nada). No obstante, esto es lo mismo que decir que Dios-en-sí —en trinitario, el Padre— aún no es nadie sin la adhesión incondicional del hombre. Por eso la respuesta cristiana a la inquietud existencial o, mejor dicho, al clamor de los que tienen la espalda doblada por el peso del invisible, no deja de ser un tanto desconcertante: un Dios hecho carne. Pues se trata de una solución que exige creer en la resurrección del crucificado —y por extensión, de los muertos—, algo de por sí increíble. En tanto que un Dios encarnado tiene que ver con lo que ningún mundo puede admitir como su posibilidad, la correlación —el encaje— nunca llegará a completarse. Ni siquiera de lejos. La cuestión es, por consiguiente, doble: qué significa cristianamente creer en lo increíble y bajo qué situaciones ello es posible.

explicar y comprender

marzo 24, 2023 § 1 comentario

Según Wilhem Dilthey las ciencias de la naturaleza explican, mientras que las del espíritu intentan comprender, esto es, descifrar un significado. Sin embargo, ¿qué significa descifrar un significado? ¿En qué consiste la significación?

El presupuesto de las ciencias es que la cuestión del sentido pertenece a la creencia —a la suposición—; que, objetivamente, tan solo hay causas eficientes. Y aquí el adverbio es la clave. Pues la óptica científica es la del espectador imparcial (y por eso mismo, la pregunta por el porqué se entiende científicamente en los términos de una pregunta por el cómo). Así, explicamos los asuntos humanos como el mirmecólogo explica la vida de las hormigas. Sin embargo, la comprensión exige, de algún modo, involucrarse en la escena. ¿Cómo es esto posible, sobre todo si la escena nos resulta un tanto extraña por pertenecer a otra época o cultura?

Quizá porque, en el fondo, tampoco nos resulta tan extraña. Y es que acaso lo que haya que comprender sea la existencia, el hecho de que, al fin y al cabo, nos hallemos expuestos a una oscuridad y silencio absolutos, a la nada (o el aún-nadie) de un puro haber. Y la existencia es la misma para los modernos como para los antiguos, aun cuando como modernos hayamos dejado de buscar una respuesta. Nos basta el consumo, incluyendo aquí el espiritual (y en este sentido, difícilmente logramos permanecer en suspenso: necesitamos agarrarnos al clavo de cuanto poseemos). Es obvio que el espectador imparcial no se encuentra expuesto a (la) nada. Al contrario. Pues ocupa la posición de un dios (y por eso mismo, el científico no existe: es… como es la IA que acabará probablemente ocupando su lugar o a la que terminará sirviendo). En cualquier caso, lo que el científico ve son chimpancés que dicen de sí mismos que deambulan por el mundo como arrancados. La cuestión de si lo que dice el chimpancé es verdad —o hasta qué punto— en modo alguno le compete. Y por eso, a pesar de sus innegables triunfos, la ciencia es barbarie. O al menos, mientras desprecie la visión de quienes protagonizan la escena. Y menudo sangrientamente.

nihilismo y baile

marzo 23, 2023 § 1 comentario

Nihilismo equivale a eterno retorno de lo mismo. Ningún Dios que ponga un punto y final al absurdo —que interrumpa el despliegue de lo anónimo. La única trascendencia —el único triunfo sobre el No—, según Nietzsche, sería la de quien se atreviese a bailar sobre los inocentes que yacen en las fosas comunes sobre las que crecieron las flores más bellas. Pero en ese caso, el triunfo sería el efecto de una doble negación: que no me pueda el No. Y quizá por eso, en el baile de quien abraza la nada también podríamos hallar algún resto de resentimiento. En cualquier caso, o hay respuesta a la pregunta por la vida que pueden esperar esos inocentes —y obviamente no hablamos de una vida espectral: un fantasma no está vivo, precisamente—; o Nietzsche, sencillamente, tuvo razón. Y esto está muy cerca de darle la razón a Nietzsche. Al menos, porque la respuesta no depende de nosotros.

Ap 3, 15-16

marzo 22, 2023 § 1 comentario

Leemos en el Apocalipsis: yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueras frío o caliente! Así, puesto que eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca. Y lo que nos decimos, al menos tácitamente, es que no habrá para tanto. ¿Será porque ya no creemos, de tanto amiguismo, que podamos provocar el asco de Dios? En cualquier caso, no se trata aquí del carácter, sino del tener que responder a aquellas demandas que uno no puede eludir sin caer en la impiedad. Y responder, aunque sea fríamente. Esto es, aun cuando el corazón, ya cansado, haya dejado de latir.

sobre el poder de Dios

marzo 21, 2023 § 2 comentarios

No es posible plantear la cuestión de Dios al margen de la cuestión acerca del poder de Dios. Ni siquiera donde, cristianamente, damos por descontado que la omnipotencia de Dios se realiza como kénosis, esto es, como renuncia a ejercer el poder sin la adhesión del hombre. Precisamente, porque Dios no tiene otra entidad que la de un cuerpo resucitado que, como tal, conserva las marcas de la cruz, no cabe pensar el poder de Dios al margen de su encarnación, esto es, al margen de su identificación con el cuerpo de un crucificado. De lo contrario, haríamos de Dios un ente sobrenatural, esto es, un dios cuyo poder, si se quiere, sería inconmensurable, pero que como ente sobrenatural no podría valer en verdad como Dios. Pues hablaríamos simplemente de un poder con el que deberíamos negociar, aunque fuera desde la posición de quien tiene las de perder.

El poder de Dios no es, por consiguiente, análogo al que nosotros podemos ejercer contra los ácaros del polvo, pongamos por caso, aun cuando de vez en cuando nos hagan estornudar. Al fin y al cabo, el poder de Dios es la posibilidad de Dios. Y la posibilidad de Dios es Adán, una posibilidad que solo llega a realizarse, sin embargo, por la fe del nuevo Adán (y esto porque esta fue la voluntad de Dios desde un principio).

Ahora bien, la cuestión sobre el poder de Dios no acaba de resolverse con lo dicho. Al menos, si tenemos en cuenta la resurrección (y ya sabemos que sin resurrección la fe es vana… lo cual está muy cerca de decir que lo es). Pues aun cuando Dios no tenga otras manos que las nuestras —aun cuando el resucitado vuelva a la vida con la vida de Dios, en el doble sentido del genitivo—, lo cierto es que la esperanza creyente, si no apunta a la posibilidad de lo imposible, cae en saco roto. Y esta es nuestra dificultad como modernos. Al menos, porque, en cuanto tales, no admitimos ninguna dependencia que no sea circunstancial, en definitiva, ninguna libertad que no pueda comprenderse como autonomía.

insólito

marzo 20, 2023 § 1 comentario

Si Dios en verdad es el absolutamente Otro, entonces no es de extrañar que el monstruo o lo paranormal hayan sido tradicionalmente las imágenes de la alteridad. Pero decir absolutamente Otro es lo mismo que decir el Dios que el mundo encuentra en falta o que está por venir… mientras haya mundo. La alteridad —el carácter otro de lo otro— es invisible. Desde nuestro lado, una idea. Pero hay alteridad. De ahí que el cristianismo confiese que no hay otra imagen de Dios que la del abandonado de Dios que se abandona a Dios. Y probablemente, aún estemos lejos de admitirlo.

esto de la esencia de Dios

marzo 19, 2023 § 1 comentario

Se dice, la esencia de Dios es incognoscible. Pero quizá, al menos cristianamente, debería decirse que no hay esencia de Dios. O mejor, no la hay al margen de su hacerse cuerpo. Pues Dios sería algo, de tener una esencia al margen de su encarnación. Y Dios en sí no es algo, ni siquiera algo misterioso, sino el misterio de la alteridad como tal. Pues no hay modo de reducir la alteridad a concepto. De hecho, desde la convicción cristiana, Jesús no es el representante de Dios o aquel que ejemplifica el modo de ser de Dios, sino el modo de ser Dios. Y por eso mismo, aquel sin el cual Dios-en-sí no es aún nadie. Ahora bien, muchos creyentes siguen dirigiéndose a Dios como si esto no fuese así —como si Dios fuese alguien al margen de su encarnación—…. lo cual nos da a entender que acaso todavía estemos lejos de comprender lo que implica que Dios tenga un cuerpo —y un cuerpo que cuelga de una cruz—.

Kant, por un lado (y Dios, por otro)

marzo 18, 2023 § 1 comentario

Como sabemos, según Kant, Dios es el postulado de la razón práctica, esto es, de la voluntad que, en definitiva, nos caracteriza. En este sentido, Dios se encargaría de asegurar, finalmente, la conjunción de integridad moral y felicidad. Y es que no parece que, de hecho, vayan de la mano. De hecho, una fidelidad a ultranza tarde o temprano deviene oficio. Y todo oficio es gris. Tampoco es que los infieles —y esto significa en último término infieles a sí mismos— sean estrictamente felices. Pero pueden, cuando menos, suponerlo. Al menos, hasta cierto punto (y por lo común, con eso basta).

¿Qué nos dice, por tanto, Kant? Pues que nadie quiere nada en verdad si al mismo tiempo no cree que es posible llegar a la meta (y aquí conviene tener presente que no es lo mismo querer que desear). O por decirlo con otras palabras, que el ejercicio de la voluntad encontrará al final su satisfacción (y este final es inevitablemente transmundano; pues, como decíamos, de hecho, integridad y dicha no van a la par). En tanto que sujetos a la razón —en tanto que somos quienes se hallan sujetos al mandato de la voluntad—, el asunto de la felicidad no puede quedar únicamente en manos del sujeto empírico. Hablamos, por tanto, de una creencia necesaria y, por eso mismo, racional. Ahora bien, no es necesaria porque psicológicamente tengamos que decirnos que la fiesta terminará bien donde seguimos dependiendo de nuestros temores o ilusiones, sino porque va con el imperativo de la voluntad, al fin y al cabo, con el desempeño de la libertad. Así, que Kant apele a Dios no tiene tanto que ver con su piedad —que también—, sino con la convicción de que no está en nuestras manos el cumplimiento de nuestra esperanza. Al menos, porque, con respecto a esto del querer, cuanto más cerca, más lejos. Y esta convicción vale incluso para quienes no pueden admitir que haya un Dios que coincida con nuestras imágenes de Dios.

sentido de Iglesia, sentido de pertenencia

marzo 17, 2023 § Deja un comentario

El auge de movimientos que acentúan la fibra sensible dentro de la Iglesia —pienso, por ejemplo, en los de Hakuna—, responde, cómo no, a una triple necesidad: la de recuperar, por un lado, el componente emocional, por otro, el sentido de pertenencia y, finalmente, un saber hacia dónde ir. Estas necesidades, obviamente, están conectadas entre sí. La cuestión es cómo logramos satisfacerlas. Pues, donde nos quedamos solo con el factor emocional, inevitablemente llegarán a satisfacerse en falso. Al menos, porque tarde o temprano llega la cruz, aunque esta se presente bajo diferentes aspectos. Y la cruz fácilmente transforma nuestras primeras emociones. Por no decir que las convierte en irrisorias. Sobre todo, si la cruz es la de los otros.

Los inicios son, por defecto, ambivalentes. No hay comienzo que sea químicamente puro (y acaso tampoco ningún final, aunque el grado de impureza no sea el mismo). Y ya sabemos que Dios escribe con renglones torcidos. El problema, por tanto, no es cómo se comienza, sino cómo se acaba. Lejos de mí criticar a los que comienzan porque sus pasos sean endebles. Pues todos fuimos cocineros antes que frailes. En cualquier caso, la crítica apuntaría al horizonte bajo el que se inscribe una praxis centrada en las emociones. Y es que caemos en el narcisismo espiritual, por no decir en la idolatría, donde olvidamos que dicho horizonte no es otro que el del Gólgota —y siendo más estrictos, tras el tercer día—, en definitiva, el de una revelación que se nos ofrece como una verdad inaceptable desde la óptica de nuestra necesidad religiosa.

Por eso, y en el plano de la reflexión, la cruz nos conducirá a la pregunta por la verdad —por lo que en verdad tiene lugar y no simplemente sucede—, una pregunta cuya solución supera, en el sentido hegeliano de la palabra, los términos con los que expresamos nuestra posición inicial. Esto es sencillamente así. Y de ahí que el problema de las sectas sea, precisamente, que nunca pasan por este desfiladero. Una secta está formada por niños. Dificilmente, por quienes han alcanzado una segunda ingenuidad.

Con todo, es igualmente cierto que, dentro de la escena, la pregunta por la verdad siempre se resolverá a la manera de una ciega confianza. Al fin y al cabo, la fidelidad a lo que nos fue dado es un asunto formal, un ser fiel por ser fiel. Ahora bien, hablamos de un asunto formal en nombre de. Pues la fidelidad deviene estéril —por no decir, una prisión— donde no responde a ningún quién. Así no se trata propiamente de ser fiel por ser fiel, sino de un serte fiel por serte fiel. La cuestión, sin embargo, es quién reclama nuestra entrega. Y aquí no vale cualquier quién.

un modo rápido de comprender el nihilismo

marzo 16, 2023 § Deja un comentario

Un niño se dirige llorando hacia donde cree que se encuentra su madre. Pero ahí no hay ninguna mamá que pueda abrazarlo —ni tampoco la habrá—. Esta sería la mejor imagen del nihilismo. ¿No hay más? No lo parece. Sin embargo, tiene que haberlo. Pero no porque necesitemos resolver nuestra incognita. Pues aquí ocurre como en el caso del límite, a saber, que su misma existencia implica necesariamente un más allá, aunque no quepa saber en qué consiste… si es que consiste en algo. ¿Qué puede haber entonces para ese niño más allá del vacío que dejó su madre? ¿La vida como milagro —como donación—? ¿La aparición de los otros huérfanos como hermanos? Ciertamente. Y esperar que al final esto no sea un absurdo en nombre, precisamente, del milagro. O de aquellos —y aquí los nombres siempre son propios— que no tuvieron ninguna oportunidad para una vida más allá del No. Quizá la verdad, en el sentido de lo que en verdad tiene lugar, tan solo pueda expresarse por medio de la paradoja. Y es que hay más allá porque no hay más allá. De ahí que, donde seguimos alejados del muro, difícilmente comprendamos de qué va esto de la fe.

superstición y amabilidad

marzo 14, 2023 § Deja un comentario

La superstición condensa en clave imaginaría nuestra esencial exposición a lo extraño o imposible, esto es, al carácter absolutamente otro de lo real en sí. Así, el monstruo es la imagen par excellence de lo irreductible. Ahora bien, al condensarla también la falsifica. Pues un monstruo solo es circunstancialmente monstruoso. Basta con que nos familiaricemos con él para que su aura se disuelva como azúcar en el café. Algo parecido podríamos decir de las buenas formas. Al menos, porque con el trato amable preservamos la distancia de la alteridad: el otro, de entrada, no se toca. Sin embargo, el semejante no es, precisamente, semejante porque sus rasgos sean parecidos a los nuestros, sino porque hay un inútil detrás de esos rasgos —un yo inalcanzable y, por eso mismo, intocable. Con todo, lo cierto es que con el paso de los días olvidamos a qué responden las buenas formas. Y es entonces cuando devienen una especie de corsé. Quizá no sea secundario que el legalismo del antiguo Israel fuese indisociable del memorial: no olvides a qué obedece el sabath.

la ciudad y los filósofos

marzo 13, 2023 § Deja un comentario

¿Por qué el filósofo no puede encontrar acomodo en la ciudad? ¿Por qué su búsqueda —su manía— tiene que volverse necesariamente esotérica (y aquí conviene recordar que la ironía, el sello una la vida examinada, es de por sí esotérica)? ¿Quizá porque donde irrumpe la reflexión, como dijera Hegel, no vuelve a crecer la hierba? Traducción: ¿porque revela que el juego que jugamos no es, estrictamente, el juego que creemos jugar (y que este es, de hecho, el juego)? ¿Acaso porque muestra la inconsistencia de la polis? Más aún: ¿acaso no es cierto que sin peligro —por parafrasear a Holderlin— no hay salvación (y quien dice salvación dice verdad)? ¿No es la ciudad el lugar de la retórica —el lugar en donde, por situarse tras los muros, las palabras pierden su norte (y por eso mismo, el lugar en donde dejamos de vivir a flor de piel nuestra esencial exposición al fantasma)?

Dios es un fantasma

marzo 12, 2023 § 1 comentario

Dios es un fantasma. Pero no porque su esencia sea espectral, sino porque un fantasma siempre clama por volver a tener un cuerpo. Ahora bien, la incorporación de Dios es, según la confesión cristiana, lo que aconteció sobre la sima del Gólgota. Con ello, Dios abandonó la ultratumba —y la abandonó para siempre—. De hecho, y para quien parta de una sensibilidad típicamente religiosa, sigue siendo inaceptable que Dios tenga un cuerpo. Pues esto equivale a decir que sin su cuerpo aún no es Dios (y esto porque quiso que fuera así). Pero el kerigma es el que es. O lo tomas o lo dejas.

Hamlet

marzo 11, 2023 § Deja un comentario

Hamlet hizo de la duda su centro de gravedad. Hamlet no sabe lo que quiere. Y no lo sabe porque nadie sabe lo que quiere mientras ignora qué quiere de él su padre. La voluntad del padre fue para Hamlet la voluntad de un espectro —de una representación de la que cabe, y precisamente por serlo, sospechar—. Mamá gana. Y gana haciéndose la víctima del padre. Sin embargo, algo de esto hay. Pues la misión de un padre es la de cortar el cordón umbilical, el que nos ata a mamá. Y ninguna misión habrá para el hijo donde el padre ya no pueda cumplir con la suya. En su lugar, el oficio. Y la distracción.

amor y bien

marzo 10, 2023 § 1 comentario

No es posible querer ser médico sin querer ser un buen médico. En caso contrario, solo nos interesaría ejercer la medicina. Sin embargo, uno no llega a ser un buen médico pretendiendo ser reconocido como tal, sino persiguiendo —y perseguir es amar— la cosa de la que se trata y se resiste a ser alcanzada (aquí, el remedio a la enfermedad). Al fin y al cabo, hablamos del olvido de sí en favor de lo que exige una entrega absoluta, casi una obsesión. Evidentemente, nada de esto vende hoy en día. Y es triste. Pues únicamente el espíritu de la búsqueda nos libra de la esclavitud del espejo. Y hay espejos en todas partes. Incluso en la canchas que se conciben a sí mismas como espirituales. Quizá sea porque ya no hay padres, nadie que se encargue de cortar el cordón umbilical. Para mamá, hagas lo que hagas, siempre serás el mejor. De ahí que donde el padre ha muerto, la maternidad se decante sin remedio hacia su lado oscuro. Y haberlo, haylo.

el ateísmo bíblico

marzo 9, 2023 § 3 comentarios

Comprender la sentencia de Nietzsche —Dios ha muerto— significa que nada ni nadie puede ya aparecérsenos o presentarse como divino. Ni siquiera tratándose de un ente inconmensurablemente superior. Pues, de haberlo, no sería más que un ente con el que tendríamos que lidiar. Y ello aun cuando inicialmente su presencia nos estremeciese. Ahora bien, esto ya lo sabíamos desde los tiempos de Moisés. Ningún dios es Dios en verdad. Traducción: lo que nos estremece en realidad —lo que nos obliga a hincar la rodilla— no es el fenómeno paranormal, el cual solo es aparentemente trascendente, sino el retroceso de Dios hacia el futuro del hombre… el cual no es otro que el del mismo Dios. Pues lo que provoca nuestro vértigo, de caer en la cuenta, no es lo gigantesco, sino nuestra congénita orfandad, en definitiva, que Dios no quisiera ser Dios sin la respuesta del hombre a su invocación, la cual tan solo escuchamos a través de la invocación de los abandonados de Dios.

momentos verdaderos

marzo 8, 2023 § Deja un comentario

La verdad del kerigma cristiano —la revelación— se decide al pie de las cruces de este mundo. En los mientras tanto, prevalece la suposición. Por no decir un alimentarse de viento, el ruido de fondo, la cháchara. Al pie de la cruz, la verdad no consiste en la correspondencia entre los hechos y nuestras representaciones de los hechos, sino en lo que en verdad tiene lugar frente a lo que simplemente pasa. Y, cristianamente, lo que tiene lugar o acontece es Dios como crucificado. Aquí el como es el índice de una identidad. Pues lo que nos revela el Gólgota tras el tercer día es que Dios en sí no es aún nadie al margen de su identificación con aquel que muere como un apestado de Dios aunque abandonándose a Dios. Esto es, aún nadie al margen de su cuerpo. El crucificado no fue un representante de la esencia de Dios, sino su modo de ser.

De ahí que la pregunta por la verdad de la confesión creyente sea, en definitiva, la pregunta por la realidad a la que apunta la metáfora con la que se expresa dicha identidad. Y la respuesta siempre poseerá el carácter de lo axiomático, por así decirlo. O vemos que la rosa es sin porqué o no lo vemos. Al fin y al cabo, las metáforas que fundan una posición existencial presentan lo conocido como desconocido (y no al revés). Y esto es así porque lo real —la alteridad avant la lettre— solo puede incorporarse en lo que no cabe asimilar y, por eso mismo, rechazamos. O por decirlo en bíblico, en aquellos a quienes no queremos ni ver: a los invisibles, los que no cuentan, los nadie.

cristianos

marzo 7, 2023 § Deja un comentario

Un cristiano es un descentrado —y un descentrado por los parias de este mundo. Un pasado de rosca. Como si no pudiera soportar el hambre de los que están de más. Y luego dirán que Dios es alguien con quien intimar al igual que intimamos con nuestro osito mientras fuimos unos niños. Dios, en verdad, apesta. Como apestan aquellos con quienes se identificó in illo tempore. ¿Pedirle a Dios por Dios? Esta petición es, ciertamente, la más profunda, la que nace del indigente que, en definitiva, somos. Pero, en el día a día, solemos evitar las profundidades. En el día a día, acaso lo más sensato —por no decir, lo más honesto— sea, como hizo Eckhart, pedirle a Dios que nos libre de Dios.

paganismo

marzo 6, 2023 § Deja un comentario

En el paganismo, el mundo es visto desde la óptica de la desaparición. Tan solo los dioses son inmortales. Para Israel, en cambio, la pregunta no es qué hay de eterno —de sustancial— en cuanto pasa, sino qué vida podrán esperar las víctimas del hombre. El paganismo es natural, incluso al apuntar a lo sobrenatural. La fe de Israel es, sin embargo, increíble. Pues apunta a lo imposible. Pero problamente aún estemos lejos de comprender donde no intuyamos, cuando menos, que hay más realidad en la posibilidad de lo imposible que en lo palpable.

¿una filosofía cristiana?

marzo 5, 2023 § 1 comentario

No cabe algo así como una filosofía cristiana. Evidentemente, esto no significa que le fe sea incompatible con la reflexión. De hecho, los evangelios no dejan de ser una teología narrativa. Sin embargo, el sujeto de la reflexión es, en cada caso, distinto. El filósofo no puede evitar ver las cosas desde las gradas, ocupando el lugar de un dios omnisciente (aunque sin llegar a serlo: la confesión socrática —el solo sé que no sé nada— es marca de la casa). No es causal la palabra teoría, ese invento griego, encuentra su raíz en la palabra theos. Como tampoco es casual que, desde las gradas, solo se pueda regresar a la cancha de juego como cínico, irónico o indiferente. El filósofo, como dijera Lucrecio, no deja de ser el espectador de un naufragio. En cambio, la fe nunca se sostuvo sobre una visión. El creyente no ve, sino que escucha. Y lo que escucha es una interpelación que le saca del quicio del hogar —Caín, Caín ¿dónde está tu hermano?. No es exactamente lo mismo. Esto no significa, sin embargo, que la fe sea inmune a la pregunta por la verdad. Al contrario. Sin embargo, esta no se resolverá como una adecuación entre nuestras representaciones de los hechos y los hechos, sino en los términos del imaginario simbólico.

El problema que plantean nuestros tiempos es que el imaginario simbólico fue desestimado como posible fuente de conocimiento por la sospecha metódica. Pero lo cierto es que en el símbolo —al fin y al cabo, en la metáfora— no todo es superstición. De hecho, es posible que solo a través de la metafóra podamos dar fe de lo que tiene lugar y no simplemente pasa. Al menos, porque la metáfora no opera una reducción de lo desconocido a lo conocido —este en cualquier caso, sería lo propio del símil—, sino que establece una identidad entre lo sensible y lo esencialmente extraño, lo absolutamente otro, en definitiva, la pura alteridad. En este sentido, nada no es mientras no irrumpa el hallazgo del poeta. Ahora bien, la metáfora, en tanto que identidad, opera en una doble dirección. De ahí que la nada sea en aquello que la niega. Dios como crucificado. Pero por eso mismo, el crucificado como el quién de Dios.

daneses

marzo 4, 2023 § Deja un comentario

Un padre es, en cualquier caso, un fantasma. Pues, lo que representa para el hijo siempre se encuentra más allá —y desproporcionadamente— de ese pobre hombre que, en definitiva, es.