de méritos
octubre 31, 2022 § Deja un comentario
En el marco de un sistema que aspira a la igualdad de oportunidades antes que al más mínimo atisbo de una igualdad de resultados, es inevitable que se pida al sistema educativo que lleve sobre sus espaldas la carga más pesada […]. Y ahora que la desigualdad aumenta de forma constante, pedimos cada vez más del sistema educativo, esperando que sea él el que expíe los otros pecados de la sociedad.
C. Hayes
predestinación
octubre 30, 2022 § Deja un comentario
La tesis calvinista sobre la predestinación de los elegidos supone una radicalización de la idea luterana de la salvación por la fe, lo cual, como es obvio, no significa que baste con decir que el crucificado es el Hijo de Dios para estar en la posición correcta ante Dios. La idea de fondo sería la de evitar que creyeramos que estamos del lado de los elegidos por hacer lo debido. La redención no se compra. La entrega creyente es una respuesta a la misericordia de un Dios que cuelga de una cruz y no lo que hay que hacer para obtener la gracia. Que el obrar no obedezca a la preocupación por la propia salvación: actúa como si esta ya estuviera decidida. De hecho, solo Dios sabe hasta qué punto nuestra intención es sincera. De Calvino a Kant puede que tan solo medie un paso. Como también de Calvino a Bonhoeffer: ante Dios, nos hallamos sin Dios. Quien obedece a la voluntad de Dios —y la voluntad de Dios es que el pobre viva— obedece sin Dios mediante, esto es, en aquellas situaciones en las que parece que no haya un Dios de nuestra parte. Quizá la tesis calvinista nos situe en mayor medida ante la desproporción de un Dios que no admite sobornos que la convicción que apunta a un dios que solo responde a nuestra necesidad de compañía. Otro asunto es que la tesis de Calvino se haya interpretado a la capitalista, tal y como vio Max Weber en su momento: como si el triunfo social fuese el signo de la redención. Pero una cosa no quita la otra.
unas dosis de positivismo
octubre 29, 2022 § Deja un comentario
“La tendencia a desviar la atención del mal y a vivir exclusivamente a la luz del bien es espléndida mientras funciona. […] Pero se resquebraja, impotente, cuando surge la melancolía […] Qué duda cabe de que la mentalidad positiva es inadecuada como doctrina filosófica, por la simple razón de que se niega a entender el mal como parte inevitable de la realidad.”
William James, Las variedades de la experiencia religiosa
dos modos
octubre 28, 2022 § Deja un comentario
Hay dos modos de ir más allá del propio ombligo: o bien cayendo en la cuenta de que formamos parte de aguas que nos cubren, por decirlo a la Merton; o bien, asumiendo nuestra condición de arrancados. En ambos casos, nos situamos en el territorio de la religión. Pues de lo que se trata es de reunirse de nuevo con lo que perdimos de vista. Sin embargo, hay diferencias. Con respecto al primer modo, Dios sería algo así como el fundamento de cuanto es o, si se prefiere, el todo. Aquí de lo que se trata es de sintonizar con lo que nos supera por entero, la desproporción de una realidad que no se centra en nosotros. En relación con el segundo, existimos como desarraigados —como los que encuentran en falta al Otro en cuanto tal. Y de ahí que el todo no sea aún el todo, para quien permanece a la espera de Dios. Aquí no hay conexión que valga —ningún formar parte de. Pues no hay aún nadie con quien conectar: la alteridad de Dios se revela como la del Dios que desapareció para que los hombres pudiéramos habitar un mundo. Desde la óptica del primer modo, el horizonte es la elevación, la ascesis, el desprendimiento de sí. Desde la del segundo, el de responder al clamor que se deriva, precisamente, de un Dios en falta o por venir. El sacrificio de uno mismo —el abrise a la trascendencia— es un paso obligado para quien aspira a reconciliarse con lo divino. En cambio, para quien ni siquiera se imagina que pueda haber un Dios de su parte —que sea posible volver a participar de la vida divina, en definitiva, un religare— el único sacrificio eficaz sería, de haberlo, el de Dios. No es exactamente lo mismo, a pesar del aire de familia.
invisibles
octubre 27, 2022 § Deja un comentario
Para el Dios de Berkeley —tan omnipotente como omnisciente— somos inexistentes. Y es que, desde la óptica de la eternidad, apenas duramos lo suficiente como para estar-ahí. A lo sumo, somos la ilusión de Dios. Pero por eso mismo —por invisibles—, existimos como la alteridad de Dios, como aquellos que, en tanto que lo otro de Dios —en tanto que extrañados para Dios—, deben negarlo. Pues va con nuestro existir como nadie. Dios no lo es todo —Dios no es la sustancia del cosmos— porque hay humanidad. Quizá podríamos decir que Adán es la conciencia de Dios o, por decirlo a la Spinoza, de la naturaleza. Pero por eso mismo, Adán esta fuera de Dios —más allá de la raíz. La libertad de Adán sería, por tanto, la del desarraigado. Pues la libertad más originaria es la de haberse liberado de Dios… aunque no sin pagar el alto precio de, precisamente, el desarraigo: no formamos parte de aguas que nos cubren. No es solo que, de entrada, no nos demos cuenta de ello, sino que de creer que formamos parte —y esta creencia es la del paganismo o, cuando menos, la del más elemental—, creeríamos en falso. Pues lo cierto es que, como la alteridad de Dios, existimos como arrancados (y de ahí que la naturaleza sea donación y no únicamente nuestra circunstancia). Ahora bien, por eso mismo, Dios es la alteridad del arrancado —la alteridad que dio un paso atrás para hacerle un hueco, literalmente, a Adán.
La cuestión es si Adán fue o no creado. Pues en el caso de que Adán hubiera sido hecho a imagen y semejanza, entonces Dios ya no sería el de Berkeley, el sujeto que percibe cuanto es y, en consecuencia, lo soporta, sino el Dios que quiso salir de sí para reconocerse en lo otro de sí —en aquel que como alteridad de Dios tuvo que separarse de Dios. Y esto está muy cerca de decir que el No que Adán pronuncia ante Dios y hacia Dios es el envés de la voluntad creadora de Dios —la voluntad que es Dios. De ahí que a través del acto creador, Dios se niegue a sí mismo con el propósito de tener un cuerpo y revelarse como alguien… siempre y cuando el hombre quiera. Y lo querrá donde como abandonado de Dios se abandone a Dios. Es lo que tiene un Dios que quiso —y lo quiso desde el principio— depender del hombre que depende de Dios.
felicitas
octubre 26, 2022 § Deja un comentario
Que, a través del despliegue de la denominada psicología positiva, la felicidad se haya convertido en el objetivo prioritario, incluso en el ámbito de lo político —nos llamaría la atención la cantidad de dinero destinada a medir objetivamente la felicidad de los ciudadanos— es uno de los mayores logros de liberalismo. Pues la idea de fondo que encontramos en la psicología positiva es que la felicidad no depende de las circunstancias —entre ellas el nivel de ingresos—, sino de lo que uno hace consigo mismo. Ciertamente, se trata de una idea que encuentra su arraigo en el socrático cuidado del alma. Pero no me atrevería a decirle a quien ha visto morir a sus hijos de hambre que, para superarlo, basta con ejercitarse en el estoicismo. Ni a los perdedores que su fracaso es culpa suya por no haber sabido perseverar en sus ilusiones. Sin embargo, aun cuando sea cierto que el éxito no garantiza la felicidad, al menos porque cualquier éxito no deja de ser un malentendido, también es cierto que donde permanecemos sepultados en los márgenes de la sociedad difícilmente vamos a lograr un mínimo de felicidad, salvo que nos droguemos. De ahí que el mensaje de la psicología positiva sea enormemente tóxico: no es necesario cambiar las estructuras, redistribuir las rentas, garantizar un sistema digno de salud…; basta con cambiarse a uno mismo. Ante esta consigna, no sé si acaso no sería preferible seguir con unas cuantas dosis del viejo opio para el pueblo. El libro de Barbara Ehenreich Sonríe o muere debería leerse obligatoriamente en las escuelas. Pero los tiros, desafortunadamente, no irán por ahí. Y es que hasta en las escuelas ha penetrado el mantra de que lo que importa es que el niño sea feliz. Alguien debería decir que la felicidad es, como el sueño, un producto lateral, algo que nos pilla haciendo otras cosas.
parallels
octubre 25, 2022 § Deja un comentario
Como reza un dicho judío, si tú crees en mí, yo soy; si no crees en mí, no soy. Por otro lado, los milagros del que anduvo por Galilea fracasan de no creer: tú fe te ha salvado, se insiste en los evangelios. YWHW se presenta ante Moisés diciendo aquello de yo soy el que soy (o seré). Pero a la vez que añade que es el Dios de Abraham, Isaac, Jacob. ¿Cómo es que aún suponemos como quien no quiere la cosa que Dios es alguien sin la adhesión del hombre de Dios?
causa, efecto
octubre 24, 2022 § Deja un comentario
Si somos buenos —o mejor, si hemos llegado a serlo— es porque antes alguien creyó en nuestra bondad. Aunque estuviese sepultada por toneladas de inmundicia.
¿teología feminista?
octubre 23, 2022 § Deja un comentario
Es indiscutible que el lenguaje, al menos por estos pagos, tiene un sesgo patriarcal. Basta con que nosotros, los machos, nos imaginemos que se hablase en femenino —que, por ejemplo, en lugar de hombre como sinónimo de humanidad se utilizara la palabra mujer— para hacernos una idea de lo que supone para ellas el uso preferente del género masculino. Por no hablar de los mitos que fecundan el inconsciente colectivo: Eva nació de la costilla de Adán; Dios es padre; la Cenicienta no nació princesa: se hizo princesa por el amor de un hombre… etc. De ahí que surja la necesidad de una teología feminista que, en nombre de la verdad de Dios, compense el sesgo patriarcal: Dios no tiene género. El modo de ser de Dios poseería tanto rasgos masculinos como femeninos. De acuerdo.
Sin embargo, el problema de verlo así es que da por sentado que Dios posee un modo de ser al margen de la adhesión incondicional de su criatura. En la Biblia de Israel, YWHW es un nombre que carece de descripción definida —de concepto—, un nombre cuyo quien está, precisamente, por confirmar. Tras la caída, Dios, en sí mismo, es el Dios que aún no es nadie mientras nosotros le sigamos dando la espalda —mientras creamos que podemos ocupar su lugar. De Dios en sí, tan solo su clamor. Y el clamor, ciertamente, no tiene género. Donde sigamos dando por supuesto que Dios posee un modo de ser con independencia de nuestra respuesta a su invocación casi espectral, difícilmente llegaremos a confesar que el crucificado es el quien de Dios, esto es, su modo de ser (y no solo su ejemplificación).
más o menos
octubre 22, 2022 § Deja un comentario
Puede que las diferentes cuestiones de fondo sean variaciones de la siguiente: si aquello de lo que se trata —la conciencia, la libertad, el amor, la justicia…— es más que o, por el contrario, no es más que. Así, la conciencia ¿puede reducirse a reacciones cerebrales? La justicia, ¿algo más que venganza? Dios, ¿un delirio? Evidentemente, el asunto nos obliga a reflexionar sobre aquello de lo que hablamos cuando hablamos de lo real (si es que se trata de un aquello). La Modernidad se decantó por la reducción de cuanto es a lo cuantificable. Sin embargo, aunque la operación básica de la razón sea, precisamente, la reducción de la diversidad a un denominador común, no está obligada a decir que este se halle a ras del suelo.
Dios es homosexual
octubre 21, 2022 § Deja un comentario
A quien le van las cosas del espíritu va en busca de Dios. Sin embargo, si se trata de Dios y no de sus sucedáneos, tendrá que fracasar. En realidad, Dios siempre te coge por detrás. Y, por eso mismo, en la experiencia de Dios siempre hay algo de traumático. Al menos, porque difícilmente soportarás volver a ser como antes.
composición de lugar
octubre 20, 2022 § Deja un comentario
Hay que ponerse en situación —o hacerse una composición de lugar, que decía Ignacio de Loyola— para caer en la cuenta del alcance de la fe del crucificado —de su desproporción. Jesús de Nazaret murió como un abandonado de Dios… y de los hombres.
Imagina que has estado convencido de haber sido llamado por Dios para dar el pan de cada día a los que no tienen pan (y que lo has ido dando). E imagina a continuación que, tras un tiempo en el que algunos te siguieron, de repente te dejan de lado y que el resto del mundo te dice que no hay Dios —que nada hay por encima de la ley del más fuerte y que, por eso mismo, unos ganan y otros pierden. Que no hay más que ruido y furia. ¿Acaso no dudarías? ¿Seguirías con tu vocación? ¿Es que no dudo Jesús —es que no clamó Elí, Elí lama sabactani (o algo parecido)? De seguir fiel a la llamada, ¿acaso no sería como regar un árbol seco? ¿Es la fe una obsesión? Quizá… si no fuese porque la fe, que ciertamente roza el delirio, es una fe en nombre de una bondad que tuvo lugar en el centro del horror. La fe es un seguir creyendo donde humanamente ya no es posible seguir creyendo. Y decir esto ¿no es como decir que el Dios al que apunta la fe se ha hecho cuerpo? ¿Es que cabe otra fe que aquella que cree en quién creyó el primer creyente (y porque este lo creyó)? ¿Es que cabe otro Dios que no sea aquel que incorpora esta fe?
diabolos
octubre 19, 2022 § Deja un comentario
El libro de Job es muy extraño. ¿Cómo es que el diablo —el que separa o siempre niega— está, desde el comienzo, junto a Dios? ¿Por qué charlan como si fueran viejos amigos? ¿Acaso no quedamos en qué Ha-Satán, el ángel lúcido, es el enemigo? Puede que lo que el texto pretenda decirnos sea, simplemente, que la negación de sí pertenece a la realidad de Dios. Pues ¿acaso Dios podría salir de sí mismo hacia el hombre y, en definitiva, revelarse si de algún modo no se negara a sí mismo? ¿Hubiera habido Revelación si Dios hubiese querido ser Dios al margen de la fe del hombre? Pero de haberlo querido, ¿acaso Dios no sería más bien un algo que un alguien —al menos porque un alguien no es aún nadie sin su cuerpo?
vacíos
octubre 18, 2022 § Deja un comentario
Quien pretende ponerle muchos sentimiento a la oración para que esta sea auténtica quizá riegue fuera de tiesto. Pues no reza quien quiere, sino quien puede —y aquí el poder se manifiesta como impotencia. Por no hablar de que los sentimientos van y vienen. Ciertamente, tampoco se trata de recitar la plegaria como quien recita las tablas de multiplicar. Pero, al final, solo nos quedarán las formas, ese exoesqueleto que nos aguanta cuando, queriendo permanecer fieles a lo que tuvo en verdad lugar, apenas tengamos fuerzas. En realidad, la plegaria no deja de ser un plegarse.
puros
octubre 17, 2022 § Deja un comentario
Quien aspira a la pureza aspira a la integridad. ¿Y acaso la integridad no es preferible a la dispersión? Pero ¿qué dice el cristianismo? Pues que no se trata de eso, sino de responder. Las putas —las que respondieron— pasarán primero. Sin embargo, ¿es tan ilegítima la aspiración a la pureza? Quien ama la verdad, ¿está en falso? Aquí la cuestión es dónde o ante quién se decide el sí o el no. Y lo cierto es que no hay pureza que resista el mal olor de los inexistentes. En cualquier caso, la integridad viene después (y como producto lateral).
lo que nos supera
octubre 16, 2022 § Deja un comentario
Antes que con Dios o con los monstruos, el exceso tiene que ver con el tiempo: la vida —el cosmos— seguirá sin ti. También con el mal. En cualquier caso, la conclusión será la misma: no cuentas. Tarde o temprano, la muerte te aplastará como si fueras una mosca. Mientras tanto, intentamos convencernos de lo contrario. De ahí que busquemos el mérito, el reconocimiento, la atribución. Pero nuestro esfuerzo por llegar a ser alguien no es más que un alimentarse de viento.
Sin embargo, el que en verdad existamos como moscas tiene su otro lado. Es el del milagro. Pues a nosotros, las moscas, se nos dio la vida en medio de la gran indiferencia. La excepción siempre fue el envés de cuanto nos trasciende. Y quien dice excepción, dice resistencia frente a Moloch, el que todo lo devora, la única divinidad natural. Quizá no sea irrelevante que para contar con un Dios de nuestra parte tuviéramos que caer en la cuenta de que nadie está por encima de Moloch. Traducción: que solo el nadie está por encima. Pues solo porque el haber de Dios es el del aún-nadie, el todo no lo es todo.
teología de la liberación y gnosticismo
octubre 15, 2022 § Deja un comentario
Como es sabido, los teólogos de la liberación entendieron el pecado original como pecado estructural. Así, la perversión del corazón es debida, en definitiva, a estructuras injustas. Aquí hubo un cierto roussonianismo de fondo, del cual también pecó Karl Marx: basta con modificar las estructuras para que aflore lo mejor de nosotros. Pocos se atrevieron a decir que el hecho de existir —y existir significa deambular por el mundo como arrancados— va con la negación de Dios. Y cuando lo hicieron, lo que se subrayó, sin embargo, fue el carácter estructural del pecado. Tampoco es que se faltara a la verdad. Pues lo cierto es que lo primero, donde hay tantos que sufren la injusticia social, es cambiar las estructuras. Pero al subrayarlo se corrió el riesgo, cuando menos, de caer en un nueva versión del gnosticismo. Y es que la creencia fundamental del gnosticismo es que basta con liberarse de la crosta de egoísmo que encubre la luz interior para que esta brille (y, de paso, haga brillar).
el Dios de Jesús no es exactamente el Dios cristiano
octubre 14, 2022 § Deja un comentario
Suele decirse —aún— que el Dios de Jesús es el Dios de los cristianos. Esto es, el Padre. De ahí que muchos sigan dirigiéndose a Dios como si no hubiese habido Encarnación. Pero Jesús no creyó, obviamente, que fuese la encarnación de Dios. No pudo creerlo. Y no lo pudo, entre otras razones, porque el significado de la cruz, el que se expresa en la confesión creyente, no pertenece al crucificado. La teología que hay detrás de la fe de Jesús no es la teología trinitaria. Y es que, de tomárnosla en serio, el Padre aún no era nadie, por así decirlo, sin la adhesión, la fe del Hijo. De ahí su silencio en el Gólgota. Y de ahí también que el crucificado sea su Palabra. No hay Dios al margen de la relación entre Padre e Hijo. Cristianamente, estar ante Dios es lo mismo que hallarse ante aquel en quien se reconoce. De hecho, no podemos dirigirnos a alguien si no es a través de su cuerpo, salvo que lo hayamos convertido en un fantasma. Otro asunto es que, como el crucificado, nos dirijamos a Dios clamando por su presencia. Pero en ese caso, ya sabemos cual es la respuesta de Dios —en qué consiste su hacerse presente.
amar la verdad
octubre 13, 2022 § 1 comentario
Puedes amar la verdad —lo que en verdad tiene lugar y no simplemente pasa. Puedes buscarla, perseguirla. Pero, tarde o temprano, tendrás que admitir que la verdad no interesa a casi nadie. Te espera un viaje solitario: no escucharás ningún aplauso, ninguna confirmación que te convenza. Y si escuchas alguna vez un repicar de palmas, creerás que no va contigo. Pues sabes que aún te queda bastante trecho. Cualquier obra es un montón de migajas. Interesa la opinión, esa simulación —y cuanto más firme mejor. En el mundo domina la palabrería, el tweet, la dispersión. En definitiva, el dar gato por liebre. No obstante, quien simula se disimula a sí mismo. Al menos, porque en lo más íntimo no somos cuanto poseemos —el brillo, la máscara, el vuelo raso—, sino un estar expuestos a la desmesura de una verdad que se revela, precisamente, como lo que tuvimos que dejar atrás para habitar un mundo, para juzgar lo que nos traemos entre manos y, de este modo, poder decirnos que el asunto es blanco o negro. De ahí que cuanto más cerca nos hallamos de la verdad, mayor es nuestra tendencia a suspender el juicio, el discurso, el habla. Solo Dios juzga —y esto no es un decir.
escrituras
octubre 12, 2022 § 1 comentario
Según Roberto Calasso, se escribe un libro cuando hay algo específico que descubrir. No dice, que decir, sino que descubrir. Y es cierto. Cuando un escritor tiene algo que decir, no escribe: copia o refríe (y en el peor de los casos, creyendo que no). Toda obra que merezca tal nombre es siempre una work in progress. Aunque lo cierto es que cuando el escritor descubre, lo primero que le viene a la cabeza es que su descubrimiento ya fue descubierto antes. Descubrir, al fin y al cabo, es reconocer —un caer en la cuenta de lo que siempre ha estado ahí (y por eso mismo fue obviado). La originalidad de un descubridor, quizá consista en conservar en su obra los rastros de su búsqueda. En cualquier caso, su hallazgo no le pertenece. De hecho, la sensación que no puede evitar es que cuanto más cerca, más lejos. Ocurre aquí como los esbozos en pintura: que nos atraen más que las obras terminadas. De hecho, Velázquez no hizo más que esbozar con el pincel. La Meninas aún están por terminar. Y si no nos lo parece es porque Velázquez simplemente lo dejó estar.
criterios de amor
octubre 11, 2022 § Deja un comentario
Para saber si es tu chica —o tu chico—, a parte de un sí de fondo, basta con que te preguntes hasta qué punto serías capaz de soportar su mal olor (pues, de entrada, es posible que no lo percibas; de entrada, todo —o casi— se reduce a un juego de máscaras). Sin embargo, también es posible que, con el tiempo, lo que inicialmente pasabas por alto te resulte insoportable. Ahora bien, quizá en ese momento, entiendas que el juego es muy distinto al que te dijeron; que lo que hace al otro amable —literalmente, digno de ser amado— es la virtud. Y puede que la principal sea la capacidad para perdonar. Pues el perdón va con la paciencia, la humildad, la lucidez, la serendidad… Al fin y al cabo, quien dice amor dice reconciliación. El resto es un mientras tanto.
un cielo fantástico
octubre 10, 2022 § Deja un comentario
La fe en los cielos es una fantasía. Pues se supone que, en los cielos, no hay negatividad. Todo es luz. Y es una fantasía porque una fantasía deja de tener en cuenta el lado oscuro de cuanto es. Donde no hubiera sombra tampoco habría luz. Esta es la ley de la gravedad de lo real.
Otro asunto es que los desesperados no tengan otro clavo al que agarrarse que el de la fantasía. Pero en ese caso, la fantasía exige otra lectura. Y es que aquí no expresa propiamente un deseo, sino la necesidad de que el mundo termine cuanto antes —que haya algo así como un reset de dimensiones cósmicas. O dicho de otro modo, que todo comience de nuevo.
y hasta aquí llegamos (o no)
octubre 9, 2022 § Deja un comentario
De jóvenes, todos los gatos son pardos. Es decir, cualquiera —o casi—, al tener un futuro por delante o, cuando menos, creerlo, puede decirse a sí mismo que posee una inquietud. Sin embargo, en la mayoría de los casos, el tren se detiene en la estación de destino, un destino común: ya tenemos oficio, familia e hijos. El resto será más de lo mismo. Y de ahí que cese la inquietud. En su lugar, sus sucedáneos: un ascenso, otro hijo, cambiar de coche… Nada nuevo bajo el Sol, salvo lo que se olvida, como dijera Madame de Staël.
Con todo, hay quienes no acaban de encontrarse en lugar en el que están. Son los que buscan —los que quieren. Aún hay algo que debe perseguirse. ¿La aparición? Quizá. No en vano Northrop Frye decía que en una gran novela siempre cabe distinguir entre los personajes que están a favor de la búsqueda y los que no.
preguntas
octubre 8, 2022 § Deja un comentario
Hay preguntas que no pueden plantearse sin anular su resultado. Por ejemplo, ¿por qué merece la pena vivir? Si hay un porqué —si el valer la pena es una conclusión—, entonces la vida no vale la pena. La rosa es sin porqué. ¿Podríamos decir algo parecido con respecto al bien? Quizá.
Protegido: apuntes antropología (2022)
octubre 7, 2022 Escribe tu contraseña para ver los comentarios.
contingente, necesaria
octubre 7, 2022 § Deja un comentario
Sartre, al distinguir entre la mujer necesaria y la contingente, ¿tuvo en cuenta a la contingente? ¿Le dijo alguna vez a esta última que lo era? También podría darse el caso de que ambos aceptasen ser, uno para el otro, contingentes. Pero, entonces ¿no deberíamos hablar más bien de lo estrictamente contractual, del negocio, de la utilidad —y, con ello, de lo simplemente satisfactorio o pasable, por no decir, decepcionante? Pues ¿no es cierto, al fin y al cabo, que todo placer busca eternidad —Nietzsche dixit—, aun cuanto otro asunto sea que la encuentre?
un alguien es un alien
octubre 6, 2022 § Deja un comentario
Si Dios es alguien, entonces, en sí mismo, no es nadie. Quiero decir es nadie. Pues de ser alguien —que lo es—, entonces difiere continuamente de sí mismo, del cuerpo con el que, por otro lado, se identifica. El yo, en sí mismo, no es nadie sin lo otro de sí —un otro que, sin embargo, lleva pegado a la piel. No puede ser de otro modo. Incluso podríamos atrevernos a decir, cristianamente, que Dios llega a ser alguien en el centro de lo histórico, y en concreto, sobre la cima de un cadalso. Y esto liga con aquello de que la Trinidad inmanente es el envés de la económica.
la ironía del cristianismo
octubre 5, 2022 § 1 comentario
Dice Pablo: si Cristo no ha resucitado, vana es nuestra fe o esperanza. Y aquí quizá convenga tener presente que vano conecta con vanidad. Pues ¿acaso no hay vanidad donde damos por sentado que los muertos resucitarán como quien da por sentado que su alma es inmortal? Más aún: cualquiera que entienda la confesión central del cristianismo ¿acaso no entenderá, casi de inmediato, que no hay esperanza? Pues la resurrección es un imposible. ¿No estamos ante una gran ironía? Ahora bien, puede que aún no sepamos de que va esto de Dios mientras no caigamos en la cuenta de que la fe apunta a un imposible. Y quien dice imposible no dice fantasía. Pues una fantasía es concebible. No así, lo imposible. La cuestión es qué historia humana —por lo común, demasiado humana— hay detrás. No es casual que, bíblicamente, la esperanza se conjugue en los términos del imperativo —de lo que debe acontecer, aun cuando no pueda suceder, en nombre de.
sin ducharse
octubre 4, 2022 § Deja un comentario
Los pobres son los enemigos palpables de los pobres. Tan cabrones como cualquiera de nosotros. De hecho, hablamos de psicología elemental: el resentimiento crece entre los próximos. Ciertamente, hay de todo. Pero las almas bellas deberían tenerlo en cuenta. No sea que, al topar con su mal olor, creyeran que no merecen nuestro compromiso.
13.500 millones de años
octubre 3, 2022 § Deja un comentario
El problema que plantea los tiempos cosmológicos a la idea religiosa de Dios —suponiendo que religiosamente se admita los resultados de la cosmología— es que Dios estuvo muchos años solo antes de la aparición del homo sapiens. Evidentemente, ello va con la creencia en Dios como ente superior (y se supone que de otra pasta). La creación de Adán habría sucedio, por tanto, en un momento dado. En modo alguno, pertenecería a la esencia de Dios, por así decirlo, su darse como hombre. De hecho, es un problema parecido, si no equivalente, al que plantea Quentin Meillassoux con respecto a los hechos ancestrales: si, tal y como supone el correlacionismo —la epistemología moderna—, no hay hechos sin conciencia, entonces ¿de qué manera comprender el pasado, precisamente, como pasado? ¿Para quién existieron los dinosaurios?
Como es sabido, Berkeley ofreció una respuesta: para Dios. De ahí que el correlacionismo exija, en última instancia, un ente omnisciente y eterno. De lo contrario no hay pasado, sino solo representaciones de un pasado, dando por sentado que si hubiéramos estado ahí habríamos podido constatar lo que decimos que sucedió. Pues tan solo es lo que se presenta al sujeto del conocimiento, esto es, lo presente (y ello dejando a un lado el que, estrictamente, el presente es un cierto continuo temporal y, por eso mismo, un continuo dejar atrás el puro presente, el instante). Consecuentemente, si no hay Dios al margen de su voluntad de identificarse con su criatura, entonces ¿deberíamos concluir que no hubo Dios en los tiempos de los dinosaurios? ¿Acaso no se tambalearía, cuando menos, la idea de una Creación?
el precio del conocimiento
octubre 2, 2022 § Deja un comentario
Basta con leer el comienzo del Fausto, para darle la razón a Hegel cuando decía que donde irrumpe la reflexión no vuelve a crecer la hierba. Así, una vez sabemos que el valor se expresa en el precio resulta casi inevitable que el zapatero ponga un precio relativamente alto a sus botas. O que, cuando menos, lo intente. Pues ahí está el negocio. Algo parecido podríamos decir del arte contemporáneo en tanto que vive de la mentira. Fue suficiente con que Duchamp colocara el letrero de no tocar frente a un retrete para que esté adquiriese el aura de lo sagrado. También de la política: un rey es intocable (y de ahí, la sensación de superioridad).
Ciertamente, el sabio no cree que esté dando gato por liebre. Para Fausto el saber fue revelador de las ficciones que nos soportan (y por eso mismo, hacen soportable nuestra existencia). No es que la prohibición de no tocar sea el envés de lo sagrado, sino que es dicha prohibición la que genera la realidad de lo sagrado. No hay valor, sino tan solo precio, aunque este finalmente dependa de que el mercado lo acepte. Por eso, la reflexión, tarde o temprano, termina con la tristeza de la carne. La desilusión es el horizonte de la ilusión. Es lo que tiene el haber cedido a la tentación de la serpiente.
Sin embargo, puede que a Fausto le faltase dar una vuelta de tuerca. Pues, justo por lo que acabamos de decir, lo sagrado se revela como lo que perdimos antes de(l) tiempo —y por esta razón, hay tiempo. Es verdad que no hay objetos sagrados. En cualquier caso, hay objetos que pasan por sagrados. Ahora bien, por eso mismo, simulan lo sagrado —y al simularlo lo disimulan, haciéndonos olvidar que la realidad de lo sagrado no se conjuga en los tiempos del presente indicativo. A Fausto quizá le faltó comprender que la ausencia es más sobrecogedora —más real— que lo gigantesco. Y más, si lo gigantesco es nuestro producto.
las cosas del decir
septiembre 30, 2022 § Deja un comentario
Decir es juzgar. Y quien juzga se equivoca. Quien dice se dice a sí mismo. Pues necesitamos decirnos que eso que tenemos enfrente es algo en concreto y no su contrario. No podemos andar sobre arenas movedizas. Si nos preguntamos por la esencia es porque, como sujetos, queremos sujetarnos a su palo. Conatus essendi, que decía Spinoza, lo cual es una variante de otra más antigua: ser es permanecer (y aquí la variante consiste en añadir una voluntad de fondo). El aire que hace posible el vuelo también lo impide. La condición de posibilidad constituye a la vez un non plus ultra. El amor al hijo va con el amor al amor al hijo. Cuestión de dosis. El lenguaje, por eso mismo, nunca alcanza lo que busca, salvo como (di)simulación. La pregunta por el qué es, en definitiva, una trampa. No hay nada que no contenga su opuesto, agazapado en lo más íntimo. Todo es química, mezcla… sin que haya algo así como una tabla periódica.
Otro asunto es qué ocurre con el lenguaje cuando volvemos sobre lo dicho, precisamente, como dicho, esto es, cuando reflexionamos sobre lo que supone el decir algo de algo. Y aquí es posible que demos en el clavo… aunque no haya una pared en la que clavarlo. Pues solo de este modo caeremos en la cuenta que lo último no es cosa, ni siquiera etérea. Ni puede serlo. Y es que lo último es no siendo. O también, que aparece desapareciedo. El lenguaje solo puede salir de su círculo en tanto que se ejerce como metalenguaje. Pero lo que encontrará a la salida no es lo sólido, sino un eterno porvenir —la omnipotencia de la nada. Al menos, porque en relación con la nada todo es posible. Incluso lo imposible.
sales minerales
septiembre 29, 2022 § Deja un comentario
Decía Willigis Jäger, aunque imagino que la idea es antigua, que de lo que se trataba era de terminar disolviéndonos en el océano como muñequitos de sal; que la ola es el mar. Freud, como sabemos, tuvo sus sospechas sobre el sentimiento océanico: no es oro cuanto brilla. La sirenas también se presentaron como redención. En cualquier caso, estamos ante un sentimiento compensatorio: frente a la hiperconciencia crítica, un dejarse llevar; frente al existir como arrancados, la nostalgia de un formar parte. Sin embargo, para este viaje quizá no hagan falta estas alforjas. Basta con tener presente que esto ya fue así desde un principio: polvo eres y en polvo te convertirás. De ahí que podamos preguntarnos si la historia de los muñequitos de sal no será un modo de blanquear la muerte. El asunto es irrelevante si hablamos de nuestra muerte. No lo es tanto, una vez nos preguntamos si la disolución es lo único que pueden esperar quienes se arrastraron como perros. Pues sería como decirles mala suerte —o si se prefiere, tuvisteis un mal karma.
parménides & heráclito (o “vámonos arriba”)
septiembre 28, 2022 § Deja un comentario
Podemos entender tan solo lo que podemos entender. Y no es gran cosa. Quien pretende ir más allá cae en el delirio. Cada grado es una vuelta de tuerca. Hasta que la tuerca se rompe. Pero este es el camino. (Mandalorian dixit).
Grado 1
Según Parménides el haber como tal —esto es, al margen del haber de las cosas en concreto— es uno, eterno, ilimitado e inmutable. Pues, de lo contrario, el haber limitaría con el no haber…, lo cual es imposible en tanto que el no haber —la nada— no es en modo alguno. Obviamente, el haber como tal es en lo abstracto. Y esto significa que, no siendo algo en concreto, como tal solo puede ser pensado. O también, que es en tanto que pensado. No vemos el haber como tal al igual que vemos moscas o árboles. El haber como tal únicamente se revela al pensamiento. Y de ahí que, como decía Parménides, sea lo mismo ser (o haber) que pensar. El haber como tal —lo que es cuanto simplemente es— tan solo deviene accesible a la razón, al logos y, en definitiva, al decir (que es, de hecho, lo que estamos haciendo ahora: decirlo). De ahí que Parménides distinguiese entre la vía de la verdad, de lo que tiene lugar en verdad y no simplemente pasa, y la de las apariencias —la vía de la razón y la de la sensibilidad. Y es que con el ver y el tocar tan solo captamos la apariencia del haber —su aparecer en lo concreto—, pero no el puro haber. Que el haber como tal sea uno, eterno, etc… solo puede ser dicho, en modo alguno percibido. Es cierto que vemos o percibimos cosas muy distintas. Y por eso, espontáneamente decimos —y decimos bien— que hay muchas cosas. Sin embargo, con respecto al hecho de que son o están ahí no hay diferencia entre las diferentes cosas. En su mero ser o estar-ahí —esto es, con independencia de su aspecto, forma o modo de estar-ahí—, son lo mismo. El haber de lo que hay es siempre uno (y por extensión, ilimitado e inmutable).
Grado 2
Aun así, de hecho no hay haber sin lo que hay (y aquí ya nos estamos desplazando hacia el territorio de Heráclito). Esto es, no hay haber que no sea al mismo tiempo un haber de las cosas. La división entre el haber como tal y el haber de no debe entenderse, por tanto, como una división entre cosas. Como señalábamos en el párrafo anterior, el haber como tal posee el carácter de lo abstracto, no el de lo concreto o particular. Es como si Parménides nos dijera, como más tarde sostendrá Platón, que tan solo la idea, lo captado por la razón, es en verdad real; o que lo real es idea, lo cual no debe confundirse con la tesis moderna de que la idea no es más que un contenido mental, una representación de aquello a lo que apunta la idea. Pues, si tenemos en cuenta que, desde una óptica racional, únicamente es lo que permanece inmutable por debajo o más allá del cambio, entonces lo que, en definitiva, permanece es el haber como tal. De ahí que, según Parménides, lo que pasa estrictamente hablando, no sea. El cambio es aparente. O dicho de otro modo, en realidad no hay tiempo, cambio, multiplicidad. El haber como tal es siempre uno y el mismo.
Sin embargo, y como decíamos al comienzo de este apartado, el haber, que como tal es siempre uno y el mismo, es inseparable del haber de algo determinado o particular, por no decir que el haber como tal siempre se concreta de maneras muy diversas. Hay cosas, en plural. Ciertamente, el haber como tal no lo captan nuestros sentidos —ni pueden captarlo en tanto que el haber como tal es no siendo nada en particular—, sino que permanece invisiblemente como lo siempre presupuesto o dejado atrás en su aparecer como el haber de algo en concreto. Al ver algo en concreto —esto es, bajo un aspecto particular— no vemos el haber, sino que lo damos por descontado (y de ahí que tan solo pueda ser reconocido como tal por el pensar). De ahí que cuando vemos cosas supongamos implíctamente que son —que están ahí y no solo en nuestra mente. Aquí, la reflexión —el pensar— se limita a explicitar lo que damos por descontado y, por eso mismo, obviamos (o pasamos por alto). Sin embargo, al explicitarlo nos alejamos del sentido común. Al menos, mientras dure la reflexión. No en vano donde irrumpe el pensar no vuelve a crecer la hierba.
Grado 3
Ahora bien, que el haber como tal dé un paso atrás, como quien dice, en su determinarse como el haber de lo particular significa que el haber es el haber del tiempo (y en este momento, ya entramos de lleno en el pensamiento de Heráclito). Así, decir que todo es haber —o que el haber es todo— equivale a decir que todo es tiempo. Pues que el haber como tal —el puro haber— dé un paso atrás en su concretarse como el haber de las cosas implica que el haber de las cosas no acaba de darse como un puro haber. Esto es, que nada de lo que cabe ver y tocar termina de estar-ahí o permanecer en el ahí. O también, que nada en particular es uno, eterno ilimitado… Todo pasa. Y esto porque no hay haber como tal que no sea, a la vez, un haber de. En su concretarse como cosa, el haber como tal deviene absoluto, literalmente, lo ab-suelto o separado. De ahí la fórmula del paso atrás. Pero, por eso mismo, el haber como tal se revela a la razón como inexistente. Pues tan solo existe lo particular o concreto, esto es, lo que se muestra bajo una forma o aspecto determinado. Hay haber como tal en tanto que hay el haber de. Pero, por eso mismo, el haber como tal no existe: es no siendo en particular. Hay lo particular… porque el haber como tal es no siendo algo en particular, esto es, siendo como inexistente. En este sentido, el haber de lo particular es o aparece en la negación del puro haber. Si no hay haber como tal sin un haber de lo concreto, entonces que el haber como tal retroceda hasta la desaparación, por decirlo así, es el reverso del haber de lo concreto. Hay haber porque hay el no-haber del haber como tal. Hay aparecer porque hay desaparecer. Del mismo modo que hay desaparecer porque hay aparecer. Lo dicho: tiempo.
Grado 4
Llegados a este punto podríamos preguntarnos de qué manera el haber llega a concretarse como pluralidad de cosas. ¿Cómo el haber se hace presente, esto es, se hace ahora? No obstante, la pregunta carece de sentido. Pues cuanto hay de concreto no es, estrictamente hablando, un efecto del puro haber. Como si el puro haber fuera una cosa primera a partir de la cual emerge el resto de las cosas. Y es que el haber como tal no es un material que pueda adquirir diferentes formas o aspectos. El puro haber —el haber como tal— carece de la entidad de lo concreto. Todo es haber (y aquí estamos lejos del todo es agua de Tales: el haber no es una cosa primera). Y porque todo es haber, nadie puede referirse al todo —al haber en cuanto tal— como pueda referirse a una mosca. Para que pudiéramos señalar el todo, tendríamos que estar fuera del todo… con lo que el todo pasaría a ser algo en concreto y, por eso mismo, parte de un todo más amplio, aquel que, precisamente, nos incluyera como observadores del todo (y esto es absurdo de por sí). De ahí que, en tanto que no es cosa o ente, el haber no sea causa eficiente de cuanto es en particular. La pregunta por cómo el puro haber se concreta en lo sensible no puede entenderse, por consiguiente, como una pregunta cuya respuesta sea la descripción de un hecho en donde primero sucede una cosa y, posteriormente, otra. La cuestión no es cómo se pasa del puro haber al haber de las cosas. Y no lo es porque el haber es el pasar, el dejar atrás el puro haber, en definitiva, lo uno, eterno, etc. Hay lo que pasa. Decir que todo es haber equivale, por tanto, a decir que todo pasa —que nada termina de ser y, por eso mismo, estrictamente no es.
Grado 5
Consecuentemente, lo primero no es el haber como tal, de modo que luego vendría el haber de, sino la escisión entre el haber de y el haber como tal. Esto, sin embargo, hay que entenderlo bien. Pues no significa que ambos, siendo distintos, estuvieran inicialmente unidos, aunque no sepamos cómo, sino que tanto el haber en cuanto tal como el haber de se constituyen en su escisión, por así decirlo. En este sentido, el haber como tal es retrocediendo, como quien dice, con respecto al haber de las cosas. Y esto es el tiempo: un dejar atrás el haber como tal —esto es, lo uno, eterno, etc.—, un dejar atrás que, sin embargo, va con el haber como tal… en tanto que no hay haber que no sea, a la vez, un haber de lo particular.
Grado 6
Porque todo es haber no existe el haber. Únicamente, existen las cosas, lo particular o concreto. Si hay cosas —que las hay— es porque el haber se niega a sí mismo, por así decirlo, como un haber como tal. Y en esto consiste el haber: en su negación de sí. El no-haber se halla inscrito en el seno del haber. Nos encontramos en el hardcore del pensar dialéctico —y no hay pensamiento profundo que no termine siendo dialéctico. Y el pensamiento dialéctico se caracteriza, precisamente, por reconocer la tensión de los contrarios como lo real avant la lettre. Así, hay luz porque hay oscuridad (y viceversa). Es cierto que si todo fuera luz, no habría oscuridad. Pero tampoco luz. O por poner otro ejemplo, hay amor porque la posibilidad de la separación siempre está-ahí. Un amor que negara esta posibilidad no sería amor, sino fantasía. El amor es, así, una continua resistencia a la separación (aunque esto no significa, por supuesto, que los amantes estén continuamente apretando los dientes). Y a la inversa: la separación siempre va con la posibilidad de la reconciliación, aunque, en según que casos, esta posibilidad ni siquiera lleguemos a imaginarla. Paralelamente, si todo fuera puro haber, no habría haber. Ahora bien, porque todo es haber, lo que hay no es nada. Pues nada permanece… salvo lo que no existe o es no siendo, el puro haber.
Grado 7
Las cosas —las diferentes formas del haber, lo que capta nuestra sensibilidad— son diferentes porque difieren, precisamente, del puro haber. Ahora bien, en tanto que difieren niegan el haber. Pues diferir supone un distanciarse de, un distinguirse, un no terminar de ser aquello con respecto a lo cual se difiere. Y, por defecto, lo que no acaba de ser no es. Por hablar en plata, si le dices a alguien que no termina de ser simpático, lo que le estás diciendo, sencillamente, es que no lo es. El haber es eterno o no es haber. Pero, como decíamos, no hay haber que no sea, a la vez, el haber de lo concreto. Y lo concreto en absoluto es un puro haber (y por eso mismo, decimos que lo niega). El haber solo se hace presente o ahora en la negación de sí mismo como puro haber, esto es, como un haber sin concreción. Esto es, negándose como uno, eternidad, infinitud, etc. La negación del haber —el no haber— va con el haber. O por decirlo de otro modo, le es inherente. Pues, de lo contrario, no habría concreción, esto es, mundo. Hay cosas porque el haber es, en el fondo, un no haber.
Ciertamente, aquí alguien podría objetar que cada cosa es una cosa (y que, por eso mismo, el haber de las cosas no abandona la unidad, el haber-uno. Sin embargo, la unidad de cada cosa es, en cualquier caso, aparente o provisional. Pues siempre cabe dividir cada cosa en partes. No hay cosa que no sea, por principio, descomponible. Otro asunto, sin embargo, es que no sepamos cómo hacerlo. Pero esto último no quita lo anterior.
Grado 8
Porque como tal no se hace presente a una sensibilidad —porque no se hace ahora—, el puro haber, el haber a secas, se comprende como la posibilidad de cualquier haber de, una posibilidad que, sin embargo, no es cronológicamente anterior al haber de las cosas, sino que se constituye retroactivamente, por así decirlo, en la escisión del tiempo. Por tanto, tiempo significa todo es posible. Incluso lo inconcebible o imposible (aun cuando lo imposible —la contradicción— implicaría el colapso del tiempo; pues hay tiempo mientras los contrarios se mantengan en tensión, esto es, mientras sigan continuamente difiriendo entre sí, afirmándose a través de la negación del otro). Ahora bien, si en relación con el puro haber todo es posible, entonces el puro haber equivale, literalmente, a la omnipotencia. Pero, por lo dicho, no hay omnipotencia que no incluya la posibilidad de cesar, precisamente, como omnipotencia.
y un par de epílogos amables
Según Heráclito, el fuego es el arjé. No obstante, esto no hay que entenderlo como entendemos la sentencia de Tales. Aquí el fuego funciona como imagen o metáfora del tiempo, en definitiva, de la mútua implicación de los contrarios. Y no solo porque el fuego esté siempre en movimiento, sino porque solo hay fuego si el fuego consume —niega— la madera que lo hace posible.
¿Cómo respondería Heráclito a la pregunta del asombro —por qué hay algo en vez de nada—? Parménides probablemente diría porque la nada no es (o lo que es lo mismo: porque el haber es eterno). En cambio, la respuesta de Heráclito sería otra: hay cosas porque el haber como tal no es nada; porque lo eterno es que no hay eternidad; porque la aparición va de la mano de la desaparición (y viceversa).
¿preexistente?
septiembre 27, 2022 § Deja un comentario
Según el Credo, el Hijo existía junto al Padre con anterioridad a los tiempos. Y aquí uno se imagina al espectro de Jesús de Nazaret al lado de Dios planificando la Creación (o algo por el estilo). No obstante, estamos lejos de comprender las fórmulas de la confesión cristiana acerca de Dios donde nos preguntamos qué hechos las confirmarían. Y es que las dichas fórmulas están lejos de ser descriptivas. Su intención, como sabemos, es teológica. De ahí que, cristianamente, lo que se afirma sobre Jesús de Nazaret se afirme sobre Dios. El reconocimiento de Jesús de Nazaret como Hijo de Dios no apunta, consecuentemente, tanto a Jesús como a Dios.
¿Y qué dice de Dios la confesión creyente? Pues que, desde un principio, Dios no quiso ser un Dios sin cuerpo; que la voluntad de Dios —o mejor dicho, la voluntad que es el Padre— es un salir de sí mismo hacia lo otro de sí. O como escribiera Juan, agape. Al fin y al cabo, no hay Padre sin Hijo (y viceversa). La dogmática trinitaria acaso no pretenda otra cosa que decirnos que Dios no es dios por una lado y el hombre por otro.
Ciertamente, la preexistencia del Hijo facilita el malentendido doceta, aquel según el cual Jesús fue un dios enmascarado de humanidad. Ahora bien, si caemos en este malentendido es porque seguimos bajo el prejuicio religioso, el que da por sentado que Jesús es, en cualquier caso, un representante de Dios —o el representante, si se prefiere—, pero en modo alguno el modo de ser de Dios, aquel sin el cual Dios, estrictamente el Padre, no es aún nadie. Es cierto que que muchos cristianos siguen, al menos implícitamente, bajo el prejuicio religioso. Sin embargo, este es otro asunto. Y es que quizá no haya movimiento histórico que sobreviva sin faltar a su verdad.
Dios y la experiencia
septiembre 26, 2022 § Deja un comentario
Para el empirismo moderno, no hay Dios… porque Dios no es objeto de experiencia. Por decirlo con el rotulador grueso, no vemos a Dios por ningún lado. Más aún: la objetividad científica es el resultado de un reducción de lo que es a punto de energía y, en definitiva, a algo cuantificable. Y, por eso mismo, Dios no puede existir.
Ahora bien, es igualmente cierto que Dios antiguamente sí que fue objeto de experiencia. Todo está lleno de dioses, decía Tales. Y es que la experiencia —la visión— no es neutral. Ver, en cualquier caso, supone un ver como. No hay visión que no incorpore en su seno un cierto saber. Quien ve un martillo ve un clavo, como quien dice. Así, aunque no vieran a Dios, para los viejos creyentes todo, desde el fenómeno extraordinario hasta el crecimiento de la hierba, hablaba de Dios. Otro asunto, no obstante, es si uno puede decidir qué ve o experimenta.
¿hay Dios?
septiembre 25, 2022 § 1 comentario
Que existamos como arrancados significa que no podemos evitar plantearnos la cuestión de una genuina alteridad. ¿Hay Otro o tan solo imágenes del Otro (y aquí hay que tener en cuenta que las imágenes equivalen a un como si lo hubiera)? Ciertamente, podemos pasar. Pero en ese caso quizá fuese al precio de olvidar quienes somos —de ir de distracción en distracción (y tiro porque me toca). Los cazadores-recolectores, probablemente, no se vivieron a sí mismos como arrancados; probablemente, la sensación de formar parte fuese su constante vital. Y si esto es cierto, entonces el desarraigo tuvo que comenzar una vez levantamos los gruesos muros de la ciudad (y en este sentido, quizá no sea casual que Caín fuese su fundador). Es como el náufrago que fue a parar a una isla que no figura en los mapas. O como quien, en medio de una oscuridad absoluta, se pregunta si llegará a ver alguna luz. Una cosa va con la otra (y esto, de por sí, ya nos da a entender que estamos constitutivamente referidos a la alteridad).
La cuestión, de hecho, es radical: ¿hay más allá, no ya de la muerte, sino del todo? Y lo es porque, de haber una vida postmortem, tan solo habríamos deplazado el horizonte de la cuestión. Es como si el feto se preguntara si hay vida fuera de la matriz (y si esta vida será o no mejor). Pero lo que acaso ignore es que el nacimiento no resolverá su inquietud por el más allá. Sencillamente, el todo no puede ser el todo para quien es un problema para sí mismo. Sin embargo, la pregunta, en tanto que apunta al todo, es racionalmente absurda (o al menos, en apariencia). Pues, según Parménides, el todo es sin límite. De tenerlo, solo podría limitar con la nada (y la nada no es). Un dios —un ente superior— pertenece al todo. Y, por eso mismo, solo es cuestión de tiempo que pierda su naturaleza trascendente. La divinidad de un dios —su carácter gigantesco— es siempre provisional, en tanto que únicamente expresa nuestra impresión ante lo, literalmente, extra-ordinario. Cualquier hombre o mujer aparece como un dios a ojos de las pulgas.
De ahí que la cuestión de Dios apunte a un Dios que se revela como el objeto formal de la cuestión de Dios, una cuestión que, desde el lado las víctimas, en modo alguno es meramente especulativa. O en términos bíblicos, a un Dios que se hace presente como promesa de sí —un Dios eternamente por-venir— y que, en consecuencia, no puede aparecer como un dios al uso, un dios con el que negociar. ¿Qué hay más allá del todo? El puro haber. Ahora bien, el puro haber, en sí mismo, es aún nada (y aquí estamos más cerca de Heráclito que de Parménides). O mejor dicho, aún nadie. Quizá no sea secundario que la experiencia más cercana a la de un puro haber la tengamos en los desiertos, ahí donde el todo es dejado atrás bajo una tiniebla impenetrable o un silencio de plomo. Aunque también dicha experiencia vaya acompañada del sentimiento de formar parte. Mientras tanto, lo que se desprende de nuestro experimentar el desierto y, en definitiva, un haber que, en cuanto tal, es el del aún nadie. Esto es, la gravedad y la gracia.
a veces la creencia más honesta anda rozando la idolatría
septiembre 24, 2022 § Deja un comentario
La creencia en un dios que está por ti es un tanto extraña… si se piensa bien. Pues por una lado, te diriges a él como si se tratara de un amigo invisible —como si te estuviera escuchando desde la otra dimensión—; pero, por otro, difícilmente aceptarías que se te apareciese (y esta es ciertamente una posibilidad, de creer que existe ese dios como puedan haber extarterrestres en una galaxia desconocida). En principio, deberías poder encontrarte con él si cruzaras la puerta. Pero ¿acaso toparías con algo que no fuese simplemente un ente superior?
Es verdad que espontáneamente tendemos a arrodillarnos ante lo superior. Y que, por eso mismo, es posible que admitiésemos la aparición. De hecho, sería lo normal si creyésemos en Dios como quien cree en la existencia del Yeti o el santo grial. Sin embargo, la superioridad de cuanto se nos muestra es circunstancial (y más para el sujeto moderno). Un padre en concreto siempre tuvo los pies de barro (aunque ello no quita que pueda inicialmente impresionarnos). Tenemos la parábola del hijo pródigo. Pero la revelación nos obliga a, cuando menos, añadirle una nota al pie. Pues en la cima del Gólgota el Padre no se hace presente como el que permanece a la espera del regreso de su criatura, sino como aquel que aún no es nadie sin su fe. Y la fe, a diferencia de la mera creencia, se da sin Dios mediante. Como si Dios coincidiera con su silencio. Es cierto que esto se halla muy cerca de decir que la omnipotencia de Dios reside en su haber renunciado, desde el inicio de los tiempos, al ejercicio de un poder absoluto. Pero también de la convicción de que cualquier otro dios es un dios a medida (y por ende, un dios que perdió por el camino su alteridad).
teoría y justificación
septiembre 23, 2022 § Deja un comentario
Las teorías que triunfan suelen triunfar porque sirven. Como sucede en la naturaleza. La pregunta es a quién. Y por lo común, la respuesta es a quienes pueden (y pueden sobre otros). De ahí que una teoría se transforme fácilmente en ideología, en la justificación a posteriori de una opresión fáctica, esto es, en una racionalización. Así, por ejemplo, la teoría política de Hobbes, la cual, como es sabido, presupone que el hombre es un lobo para el hombre. Y aquí uno podría perfectamente preguntarse si originariamente fue así. Pues, según los nuevos vientos antropológicos, no parece que los cazadores-recolectores fuesen tan crueles como sugiere el imaginario hobbesiano (aunque tampoco es que fuesen unos pastorcillos). En cualquier caso, ya le fue bien al soberano absoluto creer que los hombres no son de fiar.
de Dios y los árboles
septiembre 22, 2022 § Deja un comentario
Comimos del fruto del árbol prohibido porque quisimos ser como dioses —porque, en lo más íntimo, aspiramos a sentarnos en su grada. Hasta aquí nada que no sepamos. Sin embargo, lo que quizá ignoremos es que esto fue porque Dios quiso, por así decirlo. ¿Acaso un padre no quiere que su hijo ocupe su lugar? ¿Es que la bondad de un padre —su buen hacer— no consiste, precisamente, en procurarlo? La serpiente siempre jugó del lado de Dios, aunque creyese lo contrario. Pues ¿es que Dios podía ignorar que, una vez Adán aceptase la prohibición, el deseo de transgresión se instalaría, por eso mismo, en su ánimo? ¿Acaso prohibición y desobediencia no van siempre de la mano? Sin embargo, conocimiento y pérdida de la alteridad son las dos caras de una misma moneda. Pues el conocimiento no puede ir más allá de la representación, del (a)parecer. De ahí que el viaje consista en alejarse para que, alejándonos cada vez más, volvamos a topar con el rostro de Dios. Aunque ese rostro no sea tan resplandeciente como imaginamos o preferiríamos. Al fin y al cabo, solo así Dios pudo llegar a ser el que quiso ser desde un principio: alguien (y alguien palpable).