la caída y el fruto de los árboles
septiembre 21, 2022 § Deja un comentario
En los comienzos, la sensación de formar parte. Luego vino la ciudad y con ella la sensación de desgarramiento (o lo que es lo mismo: el desgarramiento). Fuimos separados de nuestro lugar natural. De ahí la fantasía de un retorno, acaso nuestro espejismo más elemental. Y de ahí también la religión —el religare. Pero ya no somos quienes fuimos, ni podremos volver a serlo. El individuo no vive del fruto de los árboles. Nunca hubo individualidad entre los cazadores-recolectores: hubieron motes. La escisión hace tiempo que echó raíces en el corazón humano. Y por eso, la inquietud, el no terminar de encontrarse en donde uno está. En realidad, el árbol del conocimiento nunca fue un árbol. Ni Ulises regresó al hogar.
la importancia del cristianismo
septiembre 20, 2022 § Deja un comentario
Necesitamos el cristianismo —no digo, ser cristianos: este es otro asunto— como necesitamos seguir leyendo a Platón o a Kafka. Pues en una época en la que se promueve la irrelevancia —sigue comprando: no hay otra salvación que la proporcionada por la novedad— fácilmente dejamos a un lado las preguntas que importan, en definitiva, aquellas que dotan a nuestra existencia de un cierto grosor (y por eso mismo, nos alejan del bonobo). ¿Qué redención pueden esperar esa madre que dejó morir a su hija al arrancarle el pan de su boca? ¿Qué vida, aquellos que murieron injustamente antes de tiempo? La bondad ¿triunfará sobre el mal? ¿Es preferible renunciar al poder antes que ejercerlo sin piedad? ¿Acaso solo podemos aspirar a ir de satisfacción en satisfacción (y tiro porque me toca)? Las preguntas sin respuesta —o sin otra respuesta que la que queda suspendida en el aire— nos abren a la lucidez y, me atrevería a decir, que a una libertad de ánimo: que no nos pueda lo que nos sucede y no importa. Las creencias no nos distinguen de los simios (o al menos, solo en cierto grado). Lo que define nuestra humanidad —lo que nos sitúa en una justa posición— son los interrogantes. Pues acaso el factor diferencial sea el descentramiento. Y donde estamos convencidos de haber resuelto las cuestiones irreemplazables a golpe de creencia seguimos en la torre de control.
aprendiendo a leer con Bultmann
septiembre 19, 2022 § Deja un comentario
Quizá nos equivoquemos donde nos preguntamos por el valor de verdad de las fórmulas del credo… buscando hechos que las confirmen. Incluso donde damos por supuesto que no hay hechos sin interpretación. El cristianismo, antes que una cosmovisión, es una confesión, un anuncio, una proclamación. Y lo que esto significa es que sus fórmulas carecen de sentido si antes no fueron pronunciadas ante alguien. En primer lugar, ante aquel que nos pregunta ¿y tú quién dices que soy yo? Y en segundo, ante aquellos a los que se dirigen las bienaventuranzas, los lumpen de la tierra. En ambos casos, hace falta atrevimiento. ¿Un crucificado como Dios? ¿Realmente herederán la tierra los que están a punto de caer en la fosa común? Cristianamente, es así porque debe ser así en nombre de una bondad hecha cuerpo en medio del horror. No estamos ante un kerigma en el que uno pueda creer como cree en extraterrestres o en cualquier otra hipótesis de trabajo. Bultmann tenía razón, siguiendo aquí a Kierkegaard: Jesús de Nazaret sigue vivo en la predicación, la cual posee, en su raíz, un fuerte componente existencial. Y quien dice existencial, dice confesional.
elegidos
septiembre 18, 2022 § Deja un comentario
¿Qué significa que los desposeídos son los preferidos de Dios? En principio, podemos creer que Dios funciona a la manera de un padre que procurase un cuidado especial por sus hijos menos capaces. Sin embargo, aquí Dios sigue siendo el que imaginamos. Y el problema de este dios es que no parece que los pobres sean, precisamente, sus preferidos. Al menos, porque estos siempre tienen las de perder. Sencillamente, son los que no cuentan, los sobrantes. Un padre que proclamara que su hijo deficiente es su preferido, mientras lo deja morir de hambre, sería un cínico, por no decir, cruel. La pregunta, por tanto, es que implica con respecto a la realidad de Dios confesar que Dios está del lado de los oprimidos.
lo raro y la costumbre
septiembre 17, 2022 § Deja un comentario
Todo es muy extraño, si se piensa bien. De ahí que el daño colateral del pensar bien sea, casi literalmente, el destierro. Pues quien se extraña de lo acostumbrado difícilmente podrá usarlo. O de hacerlo, lo hará muy torpemente.
Sócrates y Fausto
septiembre 16, 2022 § Deja un comentario
Ya he leído todos los libros [traducción: ya sé de qué va el juego]. Pero la carne está triste. ¿Qué significa esto? Pues que el saber va con la desilusión, literalmente. Y sin ilusión no hay motivo. Quien sabe en qué consiste el juego que todos jugamos, difícilmente cederá a la seducción —al brillo— de las apariencias. Así, puede que haya una demostración que nos diga qué importa en verdad, esto es, al margen de lo que nos parece que importa. Ahora bien, para interiorizar lo que en verdad importa —para vivirlo— no basta con saberlo: hace falta que también nos lo parezca. Es decir, necesitamos hacer cuerpo de lo que importa, incorporarlo. Pues el saber, por sí solo, no provoca el estremecimiento —el temor, pero también la alegría— de la carne. Necesitamos, en definitiva, encontrar una ilusión que coincida con los resultados de la reflexión.
Sin embargo, esto no es posible. Pues no hay ilusión sin truco (y el truco consiste, como sabe cualquier mago, en desviar la atención). ¿Cómo podrá parecérnoslo si la reflexión nos hizo desconfiar, precisamente, de las apariencias —si su resultado es, en efecto, un no poder tomarse en serio los trampantojos que facilitan la incorporación? De poder confiar de nuevo en lo que nos parece que es, ¿acaso no retrocederíamos al territorio de lo opinable o ilusorio? Pero la reflexión quema las naves. No es casual que Fausto fuese incapaz de incorporar lo que llegó a comprender. Y por eso mismo no pudo evitar destrozar a Margarita. Aunque esa no fuera su intención. Sencillamente, no fue capaz de ilusionarse con ella.
Con todo, podríamos preguntarnos si la hubiera destrozado de haber sabido amarla irónicamente. Al menos, porque el irónico es aquel que puede ilusionarse con su papel —esto es, tomárselo en serio como los niños se toman en serio sus juegos—… porque sabe que, al fin y al cabo, no hay más que papeles. Y en un papel no puedes salirte del guión. O no, antes de tiempo. Como vio Sócrates, no hay segunda ingenuidad que no sea irónica.
irredentos
septiembre 15, 2022 § 1 comentario
El cristianismo ha terminado siendo, en sus canchas más razonables o menos sectarias, una religión para la buena gente y, por lo común, satisfecha —y aquí quíza no esté de más recordar aquello de porque eres tibio te vomitaré de mi boca (Ap 3, 15-17). Sin embargo, los evangelios fueron, inicialmente, una buena noticia para los degraciados, en el doble sentido de la palabra. Esto es, para lo que sobran y sus verdugos. Pues la resurrección de los muertos es la única esperanza para el genocida arrepentido: espero que los muertos resuciten para que mis víctimas puedan perdonarme. Así, o hay resurrección de los muertos o no hay redención para el culpable. Y esto es casi como decir que no hay redención para el culpable.
Ahora bien, si no la hay, tampoco habrá una nueva oportunidad para las víctimas. Pues no se trata —o al menos, no cristianamente— de que Dios haga justicia a la manera de un vengador espectral. Quizá es lo que nos gustaría, acostumbrados a la catarsis que proporcionan las películas de Marvel (y nos gustaría porque creemos estar del lado de los buenos). Pero no va con el Dios cuyos brazos terminaron abiertos para quien clavó en su cuerpo el último clavo.
hakuna matata 2
septiembre 14, 2022 § 1 comentario
Hay quienes anuncian a los cuatro vientos y con el fervor de los iluminados que Dios nos quiere con locura. ¿De verdad? ¿Cómo están tan seguros? ¿Porque así lo sienten? Pero en ese caso ¿no se dejarán llevar, a causa de su efecto emocional, por la idea de que hay un Dios que nos ama sin condiciones de por medio? ¿Se atreverían a decirlo ante los que no parece que cuenten ni siquiera para Dios? ¿Murió el crucificado como un entusiasta?
Ciertamente, el cristianismo proclama que Dios es amor. Pero la convicción cristiana no se entiende bien sin la historia que hay detrás, una historia que, desde nuestro lado, termina sobre la cima del Gólgota. Esto es, con el abandonado de Dios que se abandona a Dios. Me atrevería a decir que creer que Dios nos ama con locura porque así lo siento no es cristiano. Y no lo es porque olvida que la confesión cristiana es fruto de la revelación, la cual supone una alteración de lo que espontáneamente entendemos por divino. Pues que Dios no sea aún nadie sin su cuerpo —y un cuerpo que terminó históricamente colgando de un poste como si fuera un pellejo— no es algo que podamos dar religiosamente por sentado.
septiembre 13, 2022 § Deja un comentario
¿Qué es twitter, por lo común? Puro bullshit. Y por eso mismo, una pérdida de tiempo. Pues perdemos el tiempo donde nos dedicamos a leer el griterio, la cháchara, la porquería lingüística. En twitter expresas tu opinión. De acuerdo. Pero tu opinión no interesa a nadie. Interesa lo que tienen qué decirnos aquellos que se interesan de verdad por algo y, en consecuencia, algo saben, aun cuando les pese más lo que ignoran. Pero en twitter todo decir vale por igual —todo se encuentra en el mismo plano—. Y aquí quizá convenga recordar aquello de que el medio es el mensaje.
Harold Bloom podría decir, pongamos por caso, que debemos a Shakespeare la invención de lo humano. Pero siempre habrá quien le diga que a él no se lo parece —que Shakespeare es un peñazo—… sin que nadie pueda legítimamente desautorizarlo. Luego dirán que la alta cultura es elitista. A la fuerza tiene que serlo. Y más hoy en día. Pero no porque pertenezca a las clases pudientes, como suele decirse, sino porque para adquirirla hay que aprender a escuchar a quien vio antes que nosotros lo que acaso debe ser visto. Twitter no admite maestros (como tampoco los admite, dicho sea de paso, la nueva pedagogía). Y un mundo sin maestros es un mundo repleto de idiotas, de mujeres y hombres que creen haber llegado cuando aún no han salido del puerto.
apariencia y verdad
septiembre 12, 2022 § Deja un comentario
Platón dijo que una vida reflexionada —una vida que se interroga a sí misma— posee más valor que una vida sin reflexionar. Esto es, más fortaleza o dignidad. Y esto está muy cerca de afirmar que donde evitamos la reflexión no dejamos de ser bolas de billar que se mueven a golpe de circunstancia. En este sentido, reflexión y libertad van de la mano. Al menos, si la libertad se entiende como un estar por encima o más allá de lo que te sucede y apenas importa. No hay libertad interior que no implique una cierto distanciamiento. Por eso mismo, la reflexión no deja las cosas tal y como inicialmente estaban. Y es que no puede evitar, precisamente, cuestionar el valor de verdad de las apariencias, de lo que siento como si fuera verdadero.
La devaluación de lo aparente se plantea, sin embargo, de un modo muy distinto en la Modernidad. Para los antiguos griegos la apariencias suponen en cualquier caso una aparición de lo en verdad es —y de ahí que la tarea de la reflexión fuese la de desvelar—. En cambio, a partir de Descartes las apariencias se entienden como las representaciones de un sujeto, la cuales podrían no revelar nada. Pues siempre cabe la sospecha de que la exterioridad, de haberla, nada tenga que ver con la idea que nos hacemos de ella. La duda convierte el afuera, en el mejor de los casos, en una simple ocasión. Por no decir que en el momento en que la apariencia se comprende como representación, la exterioridad —la cosa en sí kantiana— pasa a ser, por defecto, lo absolutamente ininteligible. Nada, por tanto, que predicar.
m.o
septiembre 11, 2022 § Deja un comentario
Trabajar en una cadena de montaje o en una mina no es algo que no influya en quién eres. La mayoría de los trabajos mal pagados —aquellos que puede hacer cualquiera— son degradantes. De ahí que hubiera religiosos, tanto mujeres como hombres, que decidieron descender: viviré como tú; no te dejaré solo. Y no únicamente eso, sino que lucharon para cambiar las cosas. Hubo resistencia y, en muchos casos, de la dura. También algunos mártires. Luego, las cosas cambiaron por estos pagos. Pero en parte porque hubieron más días de circo. Y unos cuantos gramos más de pan. Algunos dicen que el cambio también sucedió porque la miseria fue exportada. En cualquier caso, la opción nunca se justificó por su éxito. Acaso baste el no poder soportar que tu hermano viva como vive.
Aristóteles y el Génesis: un ejercicio de lógica
septiembre 10, 2022 § 1 comentario
Según Gilson, lo que el cristianismo añade al pensamiento griego es la idea de creación. Esto es, el mundo no es el resultado de la necesidad —no es la derivación lógica de un primer principio—, sino de un acto libre. Así, no es solo que el mundo podría darse de un modo muy distinto, sino que podría no existir… aun cuando Dios existiera (pues que en Dios coincidan esencia y existencia significa que Dios es su existencia y su existencia como voluntad). El cosmos depende, por tanto, de una decisión. Y, por eso mismo, la posibilidad de la aniquilación —del apocalipsis—, y no solo de la propia muerte, constituye el horizonte de nuestro estar en el mundo y, en definitiva, de cuanto es.
Con todo, lo que podría decírsele a Gilson o, mejor dicho, a quienes Gilson se refiere es que la voluntad de Dios no puede entenderse en los términos de una capacidad de elección… como quien puede elegir, al entrar en un super, entre comprar o no comprar. La voluntad de Dios no se añade a Dios —no es una capacidad—, sino que es Dios. Así, Dios es lo que Dios quiere. Y lo que Dios quiere es ser el que es, a saber, alguien que quiere (y decimos alguien porque voluntad implica intención, aun cuando aquí no haya psicologia de por medio). Ahora bien, nadie es si no es en relación con lo otro de sí. Y lo otro de sí es lo que, por defecto, niega el en sí mismo: soy el no ser (lo) otro. El dar la existencia pertenece, por tanto, a lo que Dios es. Y, por lo que acabamos de decir, solo puede dar la existencia a lo otro de sí negándose a sí mismo. Por Adán, Dios es en sí mismo aún nadie —y lo es como alguien— mientras el que tuvo que negarlo a causa el amor de Dios no lo reconozca como Padre.
iguales
septiembre 9, 2022 § 1 comentario
Las situaciones extremas, por lo común, poseen una carácter revelador. La cuestión, sin embargo, es qué revelan. Hay quienes se conducen como bestias. En cambio, hay quienes llegaron a perdonar lo imperdonable. ¿Podemos concluir algo sobre quiénes somos? Los primeros, ¿muestran que nuestra humanidad es una máscara? ¿O más bien que esta, en medio del horror, fácilmente se degrada? No hay respuesta definitiva. De hecho, si nos decantamos por esta última opción quizá deberíamos admitir que no todos nos encontramos en un mismo plano. Esto es, que cabe separar el trigo de la cizaña. Y, modernamente, esto es mucho admitir. Con todo, nadie dijo que la modernidad fuese, de por sí, un criterio.
física y metafísica
septiembre 8, 2022 § Deja un comentario
Desde el positivismo decimonónico —más aún: desde Hume—, suele oponerse la física a la metafísica. Sin embargo, deberíamos decir que la física se opone, más bien, a la deformación de la metafísica, debida en parte de la escolástica cristiana, a saber, aquella tradición que comprende el fundamento en los términos de un ente supremo (no en vano Heidegger hablará de la necesidad de superar la ontoteología para saber de que va el asunto de nuestro estar en el mundo). Ahora bien, la metafísica se encuentra más cerca de la física de lo que, en principio, podríamos suponer. Pues la raíz de cuanto es no es nada (y esto, sin duda, está cerca del nihilismo). Hay algo porque la nada es no siendo; porque la nada incluye en su seno —y lógicamente— su negación de sí. En este sentido, la nada es la imposible posibilidad del mundo, la advertencia que sostiene cuanto es. El poder absoluto de la nada —que desde la nada todo sea posible— es lo que no puede ser en absoluto. Y aquí el es funciona como signo de identidad. De ahí que el principio sea el acto por el cual la nada se niega a sí misma. Los físicos hablarán del Big Bang, el inicio por el cual todo es energía o poder natural. En este sentido, podríamos decir que la física nace cuando el metafísico se pone a contar.
Aristóteles tocó muchas teclas
septiembre 7, 2022 § Deja un comentario
El panteísmo, como sabemos, sostiene que todo es divino: hasta las moscas —o, siguiendo a los escolásticos, que fuera del infinito no hay nada (y que por eso mismo, el poder de Dios impregna cuanto es). Aristóteles, sin embargo, fue más sagaz. Y es que su idea es que el infinito es aquello fuera de lo cual hay algo. Pues lo infinito es, precisamente, lo indeciso o indeterminado. Pura potencia o, si se prefiere, poder ilimitado. Y esto está cerca de decir cero absoluto. Pues donde todo es posible, nada es posible. Traducción: la nada es la última posibilidad de cuanto es, una posibilidad que, en cuanto última, es imposible. Así, lo imposible deviene la amenaza que sostiene el mundo. Como si la unidad y la unidad de más —esto es, la fuga que da pie a la multiplicidad— fueran el resultado de la imposibilidad de lo que no es, una imposibilidad que, por lo dicho, anida dentro de la potencia absoluta (y por eso mismo, esta potencia es materia prima). Hay cero porque hay serie; porque la serie en concreto niega continuamente lo que en el fondo es, a saber, infinitud. Y es que, ante cualquier límite, siempre cabe añadir cualquier cosa. O por decirlo de otro modo, lo imposible es la posibilidad inconcebible, salvo como índice, de lo fáctico. Si el mundo no queda engullido por la potencia absoluta es porque el horror vacui se encuentra inserto en la materia… que, como tal, aún no es nada. Da la impresión de que Aristóteles entendió a Hegel antes de que este naciera. O el libro del Génesis, sin ni siquiera haberlo leído. ¿O es que acaso la Creación no obedece a un Dios que no pudo soportar ser solo Dios y, por eso mismo, nadie?
ignorantia fortasse didicit
septiembre 6, 2022 § Deja un comentario
No hay saber acerca de Dios. Y no porque se trate de una cosa misteriosa. Pues una cosa misteriosa es algo que aún no sabemos qué es. Por eso mismo, de descubrirla, todavía no habríamos descubierto a Dios. Y es que no podemos descubrir lo que, de por sí, permanece como lo que no admite representación.
Hablamos de una alteridad estricta, del absolutamente otro, de lo siempre extraño o extranjero. Y por ende, de nuestro estar expuestos a esta desproporción. Hablamos, en definitiva, de que el existir va con un estar enfrentados a una falta fundamental. Isaías habló del invisible (y aquí la invisibilidad no es circunstancial). Ver a Dios cara a cara —encarar a Dios—no significa, por consiguiente, ver al monstruo, tan fascinante como terrible, sino al Dios que aún no es nadie, un Dios que se reveló como eterna promesa de sí mismo. No hay quien sobreviva a la visión de Dios. Traducción: nadie vive por encima de esta visión.
De ahí que Dios sea irrepresentable. Pues para representar o hacerse una idea de lo que sea hay que estar de algún modo por encima. Representar es poseer o, cuando menos, estar en condiciones de poseer. Y no hay manera de poseer aquel que aún es nadie, aquel cuya entidad sigue pendiente o, por decirlo en cristiano, estuvo pendiente hasta el Gólgota. No es casual que Moisés, el primer profeta de Israel, descienda del Sinaí, no con una descripción de Dios, sino con las tablas de la Ley. Y es que la Ley —el tener que responder a la demanda de los que sobran— se desprende, precisamente, de un Dios que no es aún nadie y que, por eso mismo, encuentra su envés en los nadie de este mundo; en definitiva, de un Dios que, desde el principio, no quiso hacerse presente sin el fiat de Adán. Si Dios es luz, Adán es la oscuridad de Dios. Y no hay luz sin oscuridad. Sencillamente, si todo fuese luz, no habría luz. Dios se hizo presente en el Gólgota —y se hizo presente como el cuerpo del abandonado de Dios que se abandona a Dios—. Así, porque la oscuridad se entregó a la luz donde no cabía ninguna luz —porque el crucificado cargó con el peso de la oscuridad—, hubo luz en medio del infierno. Y quien dice luz, dice esperanza. Aunque se trate de una esperanza sin expectativa.
Al fin y al cabo, que no haya un conocimiento de Dios, ni siquiera incierto, significa que, desde nuestro lado, no podemos decir sin faltar a la verdad que haya un Dios como puedan haber extraterrestres o espíritus del bosque. El sentimiento de estar en manos de no asegura que estemos en manos del dios que imaginamos. Y de ser así —de estar en manos de un ente superior—, entonces todavía no estaríamos en manos de Dios. Al menos, porque estar en sus manos equivale, cristianamente, a estar en manos de su cuerpo, lo cual no es posible donde no nos dejamos abrazar por él. Para saber en qué consiste la fe basta con tener en cuenta cómo murió aquel que fue reconocido como Hijo.
fe y asombro
septiembre 5, 2022 § Deja un comentario
El asombro, de por sí, no conduce a la fe en Dios. Quizá la complejidad del mundo natural provoque nuestra admiración —y de ahí que haya quienes se pregunten por el diseñador—. Pero un dios-diseñador aún no sería Dios, sino en cualquier caso, la clave de bóveda del cosmos —y una clave de bóveda, en tanto que forma parte del edificio, queda del lado del más acá—. La rosa es sin porqué, como decía el Silesius. En este sentido, el horizonte del asombro es la nada. De ahí que el asombro no termine de coincidir con la admiración. ¿Por qué hay algo en vez de nada? Esta es la pregunta. Y es obvio que aquí, al interrogarnos por el porqué, no apuntamos a un primer ente. De poner a Dios de por medio, no podría tratarse de una ente superior, sino de un nadie o, mejor dicho, del eternamente aún nadie. De ahí que la disyuntiva decisiva, me atrevería a decir, se establezca entre la nada y el nadie.
la fe más pura
septiembre 4, 2022 § Deja un comentario
Los antiguos griegos —y no solo griegos— entendieron la distinción entre nosotros y los dioses, no bajo la clave del poder —o no tanto—, sino bajo la del par mortal/inmortal. Y es que la convicción de estar en manos de es experimentada a flor de piel donde no tenemos otra vida que la que nos ha tocado en suerte. De ahí que para el Israel de los comienzos, la bendición de Dios se materializase en una existencia larga y fecunda. Dar por sentado que hay una vida postmortem, al menos para los elegidos, hubiera sido un síntoma de impiedad.
Los pitagóricos dieron un paso importante en esta dirección al creer en la inmortalidad del alma. O lo que es equivalente, al postular que hay algo de divino en nosotros. Israel en cambio se resistió a creer en un alma inmortal que nos emparentase con la divinidad. La fe en la resurrección de los muertos, una fe que comienza tras el martirio de los Macabeos y que no fue compartida por todos en Israel, no tienen nada que ver con la inmortalidad del alma, sino con una nueva creación, algo así como un volver a empezar de dimensiones cósmicas. Ciertamente, se trata de un imposible por inconcebible. Pero es algo que debe suceder, aunque no podamos ni siquiera imaginarlo, en nombre de un Dios cuyo envés son los nadie de este mundo.
Aquí el par mortal/inmortal es subsidiario del par justo/injusto. Y es que la cuestión par excellence ya no es si acaso la muerte es un final, sino qué vida pueden esperar aquellos justos que murieron injustamente. De tal manera que o hay resurrección de los muertos o no hay Dios, sino en cualquier caso extraterrestres con los que hay que aprender a lidiar. Y esto se halla muy cerca, sin duda, de decir que no hay Dios. Por eso mismo, quien no haya caído en la cuenta de que la fe es esperar lo imposible en nombre de esos gestos de bondad que tuvieron lugar increíblemente en medio del horror quizá suponga que hay un dios que nos espera con los brazos abiertos tras la muerte, pero me atrevería a decir que aún no tiene fe.
modas
septiembre 3, 2022 § Deja un comentario
La filosofía fue, antes que una disciplina teórica, un modo de estar en el mundo. De hecho, la equivocidad de la palabra disciplina, en tanto que originariamente fue un asunto vital, sugiere que una visión de largo alcance va con un atar en corto a la bestia que llevamos dentro. Como leemos en los párrafos finales de la Apología, una vida examinada —una vida que se interroga a sí misma— posee más valor que una vida sin examinar. Y quien dice valor, dice fortaleza de ánimo. Esta distinción presupone, como es obvio, una sensibilidad aristocrática, aunque focalizada en los asuntos del espíritu: no todos nos hallamos en el mismo plano. Se trata, en definitiva, de elevarse por encima de uno mismo. Que no te afecte lo que no importa. De ahí que los estoicos, pongamos por caso, quisieran distinguirse de los demás vistiendo sencillamente, de otro modo,… como los sacerdotes de hasta hace relativamente poco. Basta un par de túnicas. Estamos en las antípodas de quienes intentan destacar por el aspecto llamativo de sus tatuajes. En la mayoría de los casos, el tatoo ocupa el lugar del carácter. Y esta es nuestra tentación más infantil: el postureo, la simulación, el querer llegar ahorrándonos la cuesta.
La cosa, sin embargo, cambió con el cristianismo. El santo ocupó el lugar del sabio. Ante Dios, no hay quien se situe por encima. Pues desde sí mismo y por sí mismo, nadie puede asegurar que será capaz de dar un paso al frente. De hecho, ya se nos dijo que las rameras y los publicanos están en mejor situación para darlo que aquellos que creen encontrarse del lado de Dios. Con todo, el efecto colateral del un haber dejado atrás la sensibilidad aristocrática en lo relativo a los asuntos del carácter es que la opción sacerdotal pasa a entenderse fácilmente como una preferencia entre otras: me van las cosas de Dios o a mí el sacerdocio me hace feliz. Como si, al fin y al cabo, no hubiera diferencia entre quemar las naves y no quemarlas. Pero, como sucede con las meigas, haberlas, haylas. En realidad, Dios siempre nos coge, de cogernos, a contrapié. Ningún profeta hubiera dicho de sí mismo que le iban las cosas de Dios. Aunque tampoco hay que imaginarse al profeta aprentando los dientes. Como si padeciera restreñimiento.
el duro y la diosa
septiembre 2, 2022 § Deja un comentario
Hay quienes viven de sobra. Y hay quienes viven de las sobras. Los primeros viven como dioses y, por eso, parecen dioses, sin apenas otra preocupación que la de elegir la distracción del día. Y se presentan como dioses sobre todo a aquellos que carecen del pan de cada día. Sin embargo, de entre los insuficientes, hay quienes han visto demasiado y, por eso mismo, están de vuelta. ¿Acaso su mirada no es más profunda? ¿Es que Diógenes no estuvo por encima de Alejandro? Fueron los griegos, antes incluso que los cristianos, quienes cayeron en la cuenta de que el destino de los dioses es la irrelevancia. Por no decir, la estupidez. Quizá lo peor, sin embargo, sea quedarse en medio, en la frontera del paraíso, pero lejos del fango.
poli-mono
septiembre 1, 2022 § Deja un comentario
La cuestión del politeísmo es, en el fondo, una cuestión política: qué dios detenta el mayor poder. Ciertamente, la cuestión es análoga a la del arjé. Y no es casual que la raíz del término arjé pertenezca, precisamente, al campo de lo político. En definitiva, la pregunta es por el principio —la fuerza, el poder— que gobierna cuanto es. La diferencia entre Zeus y el agua reside en que el poder del agua no es arbitrario: nada puede darse fuera de los límites que impone la naturaleza del agua. Desde esta óptica, el poder determina, por tanto, un campo de las posibilidades —un cosmos—.
¿Cambia la cosa con la irrupción del monoteísmo? De entrada, no lo parece. Al menos, porque Yavhé es el dios que, frente al resto de los dioses, garantiza la victoria de Israel. Sin embargo, con el tiempo y, sobre todo, tras la experiencia del exilio, Yavhé pasa a concebirse como el único Dios o, si se prefiere, como Dios en verdad. ¡El resto de los dioses ya no son divinos! O por decirlo de otro modo, la experiencia espontánea de lo divino es dejada atrás. Y no porque se vuelva más sofisticada o mística, sino porque, según Israel, aquellos que pueden experimentar la genuina trascendencia de Dios son, de hecho, los que lo encuentran a faltar —los que sufren el abandono de Dios y viven de su promesa—. No hay, por tanto, un dios para el crecimiento de la hierba y otro para los huracanes o el amor. El poder de Dios en verdad es un poder que apunta al todo. Pues el todo no lo es aún todo en relación con un Dios que se revela como su eterno por-venir. De ahí —de nuestra común orfandad— que el cualquiera se haga presente como hermano. Y, de momento, esto es lo más.
cara a cara
agosto 31, 2022 § Deja un comentario
El enigma —la Esfinge, la Medusa— es lo que no podemos mirar de frente. Y de frente significa: tal cual es, sin juicio. El enigma es lo ambiguo par excellence: tan deseable como repugnante; tan fascinante como terrible. El enigma es una sirena. Es lo paralizante. De ahí que únicamente el lenguaje, en su simulación, nos libere del hechizo. El decir lo que es resuelve, aunque en falso, la equivocidad. Y decimos en falso, porque nada es hasta el final lo que decimos que es. De hecho, si todo fuese amor no habría amor. Decir es juzgar —y juzgar, separar. Word is sword, que decía Shakespeare. Y aquí la espada es la de Perseo. No es anecdótico que Adán, una vez fue capaz de distinguir el bien del mal, se alejara de lo divino. Por no decir que lo sepultó, al transformarlo en una abstracción —en un nombre cuyo referente es un eterno porvernir—.
(Con todo, Elohim no podía ignorar que la transgresión va con la prohibición de comer del árbol del conocimiento. Pues aquí aceptar la interdicción implica un poder distinguir entre el bien y el mal. En este sentido, el castigo fue el don —la herencia, el testamento— de Elohim. Como si Dios mismo nos hubiera liberado de Dios. Y en esto consiste la creación del hombre. Tampoco es casual que el hombre fuese, precisamente, la respuesta al enigma de la Esfinge.)
el estatuto epistemológico de la creencia en Dios
agosto 30, 2022 § Deja un comentario
Si creo en fantasmas fácimente me convertiré en buscador de fantasmas. Como los protagonistas de Expediente Warren. Y más si creo que los fantasmas poseen el secreto del más allá. Es decir, querré topar con ellos. No parece, sin embargo, que quienes creen en Dios —quienes dan por descontada su existencia— pretendan cruzarse con Dios. ¿Quizá porque se trata de una proyección —porque ya les va bien que Dios siga en su sitio—? ¿Acaso no lo confirma el que este Dios siempre les diga sí? Un Dios ¿no debería, más bien, desplazarnos? El niño que charla con su amigo invisible ¿no se sorprendería de que efectivamente existiera —de que se le presentase repentinamente como alguien en concreto—? Y si estas preguntas no riegan fuera de tiesto, ¿acaso no deberíamos concluir que el presupuesto inconsciente de la creencia en un Dios que existe es, precisamente, que este Dios no tiene que existir… para que pueda seguir funcionando como Dios al uso o a medida?
Otro asunto es que en realidad no quepa tropezar con Dios como quien tropieza con un fantasma. Pero, en ese caso, la pregunta es por qué. Y diría que la única respuesta cristianamente relevante es la que dio Bonhoeffer en su momento: quien se halla ante Dios, se halla sin Dios. De hecho, bíblicamente, la invocación a Dios encuentra su prueba del nueve donde humanamente no parece que haya Dios. Y puede que no sea secundario que, en cristiano, quien topa con Dios no tope con el Dios que se imagina, sino con un crucificado en su nombre, esto es, con el quién o modo de ser de Dios. Así, topar con Dios es topar con su cuerpo. Nada que ver, por tanto, con los expedientes warren o la oceanografía. Es lo que se desprende de la convicción de que no hay otro Dios que el encarnado. Ciertamente, en muchas canchas cristianas se sigue creyendo en Dios como si no hubiera habido encarnación. Pero este es otro asunto.
el alma, antes que luz, es pozo
agosto 29, 2022 § Deja un comentario
¿Angustia? Sí,pero no por hallarme ante la posibilidad de la nada o el hecho de no ser más que polvo, sino por todo lo contrario: por ser alguien. Mejor dicho, por creerlo. Puede que esto tenga que ver con el asco que Agustín sentía por una vida centrada en la distracción. Hablo de una angustia que conecta con el deseo de ser hermano de Focauld, pero también con la convicción de que, de estar, difícilmente podría permanecer ahí. ¿Incapacidad o, más bien, que aún no nos hemos purificado lo suficiente (aunque esta siempre será una excusa ad hoc)? ¿Se trata de negarse a uno mismo hasta que no haya más que el puro presente y un aguardar el final de los tiempos en medio del ruido y la furia? ¿Y mientras tanto, servicio? ¿Es esto lo más? Quizá.
Sin embargo, en cualquier caso, esta mística no parece que coincida con el heme aquí, qué quieres que haga de la experiencia bíblica o, en definitiva, con el seguimiento. Esto es, no da la impresión que esta fuga mundi parta de un haber sido redimido por tu víctima. Y es que acaso no sea lo mismo hallarse en manos de la nada que del nadie. Con todo, sigue siendo cierto que ningún enjuiciar nos pertenece.
ilusiones ópticas
agosto 28, 2022 § Deja un comentario
Quien sufre una ilusión óptica no duda de lo que ve. Quien cree en la influencia de los astros suele permanecer fijado a su creencia. Como el que está convencido de que tras la pandemia hubo una conspiración mundial. Los antiguos no dudaron de que había un infierno por debajo de la superficie de la tierra. Les bastó con asomarse a un volcán. Quien siente que Jesús le ama con locura no sale de ahí. Pues necesita decírselo. ¿El resultado? Una inmensa cacofonía. Hay, sin embargo, quienes se preguntan si las cosas son tal y como las perciben o sienten. Son los descentrados por la sospecha de sí. Ahora bien, la búsqueda de la verdad no es posible sin someterse al dictado de las palabras. Y estás, una vez se distancian de la sensibilidad, fácilmente terminan diciendo cualquier cosa. La filosofía nunca podrá desprenderse del todo de los trucos de la retórica, a menos que prevalezca la interrogación. Y aun así, no podemos evitar preguntarnos si las preguntas sin respuesta no tendrán un as bajo la manga.
más Buber
agosto 27, 2022 § Deja un comentario
Decía Buber que la enfermedad espiritual de nuestro tiempo consiste en que aquellos que aún se dirigen a Dios no pueden evitar, al mismo tiempo, preguntarse por el sentido de su invocación. Efectos laterales de un tiempo que no da a Dios por descontado. Es cierto que, al fin y al cabo, tan solo ora nuestro cuerpo —y eso ante Dios, sin Dios (pues ¿qué puede, si no, hacernos caer de rodillas?). Pero al igual que, en el mientras tanto, esto es, mientras los cielos sigan ahí arriba, el único modo de incorporar nuestro hallarnos expuestos a la invisibilidad de Dios es a través de una imagen de Dios. Como la que se hace el niño del ángel de la guarda o de un amigo invisible. Ahora bien, con una imagen a medida de nuestra satisfacción religiosa la desmesura de Dios queda reducida, por no decir suprimida. Se confirma aquello de que lo que hace posible al mismo tiempo limita. De ahí que nuestra enfermedad espiritual sea, propiamente, el quicio de la fe. Sobre todo, si la dificultad de dirigirse a Dios no es el resultado de nuestra incapacidad cultural para el teísmo, sino de un encontrarnos bajo un cielo impenetrable. Y es que, cristianamente, todo comienza con la cruz.
AC/DC y la religión
agosto 26, 2022 § Deja un comentario
Un live de AC/DC es un acto religioso o, cuando menos, pseudo-religioso. No puedes evitar la sensación de formar parte de un culto… ¿a Baal? Los sentimientos que incita el rock de AC/DC —un rock duro y potente, de los mejores, sin duda— son los de la devastación. Y no solo el rock, sino la parafernalia que lo envuelve: el cañonazo inicial, el helicóptero, la mega-campana, la muñeca hinchable tamaño gigante… Es así que en el estadio jugamos a ser malotes. Opio para los lumpen —y para los que no, un desahogo o compensación. Sin embargo, quien ha estado en una guerra difícilmente podrá participar en ese culto. Él sabe qué significa ser malote (y no solo representarlo). La diferencia entre religión y fe podría entenderse a partir de ahí.
el más allá de los dislocados
agosto 25, 2022 § Deja un comentario
Una transcendencia que no nos ponga en cuestión —o como suele decirse, en tela de juicio— no es aún lo suficientemente transcendente, sino más de lo mismo, aunque en otro plano y con diferencias de grado: más bondad, más poder, más tiempo… Así, el sentido bíblico de la trascendencia no consiste en los efectos psíquicos que provoca el fenómeno extraordinario, pues el carácter maravilloso de un fenómeno es siempre circunstancial, sino en un haber sido desquiciados por lo que el mundo no puede admitir, ni siquiera como posibilidad, a saber, por la demanda que nos convierte en rehenes de los que sobran —en siervos de los inservibles—. Y aquí, como es obvio, no hablamos del mero sentimiento de compasión.
experience
agosto 24, 2022 § Deja un comentario
¿Experimentar a Dios? Si hubo encarnación —si el crucificado es el modo de ser de Dios y no solo su ejemplificación—, entonces no parece que haya una experiencia de Dios que no sea la de quien soporta sobre sus espaldas el peso de la nadiera de Dios. Cristianamente, no cabe otra experiencia de Dios que aquella que consiste en adherirse —y adherirse con fe— al hombre de Dios.
esos ateos
agosto 23, 2022 § Deja un comentario
Podemos vivir perfectamente una vida sin Dios. De hecho, es lo habitual. ¿Ante Dios? Ciertamente. Aunque quizá deberíamos decir ante la cuestión de Dios, en el doble sentido del genitivo. Pues, según leemos en el libro de Job, la relación con Dios en realidad no comienza hasta que no nos vemos privados de Dios.
el estoico y el verdugo
agosto 21, 2022 § Deja un comentario
Dice el estoico, antes de entrar en la cámara de gas: da igual morir ahora que de aquí veinte años; al fin y al cabo, desde la óptica de la eternidad, todos morimos al mismo tiempo. Sin embargo, es lo que también podría decir su verdugo.
desencantamiento
agosto 20, 2022 § Deja un comentario
El riesgo de creer en la existencia de otro mundo, se supone que superior, ante lo gigantesco o milagroso es que, con el tiempo, descubramos un porqué más prosaico. Ocurre aquí como en la magia del prestigitador: que deja de encantarnos una vez descubrimos el truco. Es curioso que fuera un fraile quien dijera que no debíamos multiplicar los entes sin necesidad.
el retorno de lo religioso
agosto 19, 2022 § Deja un comentario
La sensibilidad religiosa es, precisamente, eso: una sensibilidad. El homo religiosus es un animal que cede ante lo impresionante. Por desmesurado o gigantesco. Y si es cierto que el animismo es la espiritualidad más elemental, la sensibilidad religiosa arraiga en nuestra capacidad para el asombro. Hay alma no solo en el crecimiento de la hierba, sino también en las piedras. Basta con que estén ahí, imperturbables. Por eso mismo, el denominado retorno a lo religioso en Occidente podría entenderse como un regreso a la etapa más infantil del espíritu humano —y aquí el término infantil no posee connotaciones peyorativas; al contrario. En cualquier caso, el teísmo —el imaginario que concibe lo divino en clave antropomórfica— está de más. Sin embargo, la huida de los dioses comenzó mucho antes, en el momento en que Moloch, un dios sin piedad, se impuso como el ente supremo para los sobrantes, las mujeres y hombres que no cuentan, los esclavos de Israel. Esto es, una vez los dioses se revelaron como trampantojos ante el nombre de Dios, un nombre cuyo significado o definición estaba, de hecho, por decidir. Pues la fe en un Dios que se ofrece como el horizonte asintótico de la existencia está muy cerca de proclamar que no hay dios.
a Feuerbach le faltó dialéctica
agosto 18, 2022 § Deja un comentario
El arjé es, por defecto, lo que, siendo primero, gobierna y sostiene cuanto es. Todo es agua dijo Tales (y aquí lo de menos es el agua). Ahora bien, si hay arjé, entonces no hay dioses, sino personificaciones del arjé. Jenófanes tenía razón: los dioses serían una proyección humana. Los dioses de los etíopes son negros y poseen nariz chata; en cambio los dioses de los tracios tienen ojos azules y pelo rojizo. Otro asunto es que lo primero sea el acto por el que lo que es desaparece en su aparecer como (y por eso mismo, hay tiempo). En místico: el mundo es el resultado de la contracción de Dios, una contracción que anda rozando la nada. Y aquí, ciertamente, resulta difícil seguir hablando de proyección.
finitude
agosto 16, 2022 § Deja un comentario
Quizá el momento de la muerte sea lo más parecido hoy en dia a la antigua experiencia de estar ante un dios. Pues es inevitable tener la sensación, cuando menos, de depender de lo que nos supera por entero, de lo absolutamente extraño u otro. Aunque se trate únicamente de una vida sin ti. No es casual que el par mortal-inmortal estableciese originariamente la separación par excellence entre lo divino y lo humano. Y es que la diferencia con respecto a los atributos, al fin y al cabo, es meramente cuantitativa.
intimidades
agosto 15, 2022 § Deja un comentario
Porque ya no hay metarrelato que valga, porque no podemos sentirnos los protagonistas de Star Wars, hemos hecho de Dios un asunto íntimo, demasiado personal, algo así como una variante del angel de la guarda de la infancia, pero cargado de esteroides. Sin embargo, puestos a hablar de lo íntimo acaso no haya nada más hondo que la extrema exterioridad Dios. Tan extrema que anda rozando el nadie. Como los que no cuentan o están de más.
meta
agosto 14, 2022 § Deja un comentario
Lo que la Biblia tiene que decir sobre Dios no lo dice de Dios, sino de nuestra idea más o menos espontánea de Dios. Y lo que dice es, precisamente, que no cabe una idea —un concepto— de Dios. Y no porque Dios sea un ente indescriptible, sino porque, en sí mismo, carece de entidad. En este sentido, YWHW es un puro significante, estrictamente, un pro-nombre, el cual es, además, impronunciable, no solo por prescripción, sino porque no puede físicamente pronunciarse. Quien lo intenta no va más allá del balbuceo. La cuestión es por qué a Israel se le ocurrió este subterfugio para esquivar a los dioses del lugar —para reducir la impresión que nos produce lo gigantesco a una falsa impresión. Pues hacer de Dios un pro-nombre, esto es, un nombre cuyo referente está por ver —y lo seguirá estando hasta el fin de los tiempos— se encuentra muy cerca de decir que no hay dios que valga. La respuesta es que no se trata de una ocurrencia, sino del decir que traduce la experiencia de Dios de los abandonados de Dios. Y es que desde el sufrimiento indecente de tantos, todo discurso acerca de Dios deviene una crítica de la religión, un metadiscurso que convierte las palabras con las que nos hinchamos la boca a la hora de hablar de lo divino en palabrería.
fraternidad
agosto 13, 2022 § Deja un comentario
En nombre de Dios, tan solo nos tenemos los unos a los otros. Y aquí alguien se preguntará: ¿acaso no podríamos prescindir del en nombre de Dios? No lo creo. Y no lo creo porque solo ante Dios, esto es, como huérfanos de padre y madre, el otro se revela como hermano. De prescindir de nuestra orfandad, creer que el otro es nuestro hermano no deja de ser palabrería, en definitiva, un alimentarse de viento. Pues al fin y al cabo, sin nuestro hallarnos expuestos a la extrema trascendencia de Dios prevalecerá lo que nos nos gusta del otro: su prepotencia, sus ideas, su mal olor. Esto es, prevalecerá la negación. Y ya sabemos quién es aquel que siempre niega.
afirmar, negar
agosto 12, 2022 § Deja un comentario
Toda afirmación presupone una negación. De hecho, van juntas. Decir, por ejemplo, esto es un caballo implica decir que no es una vaca, un árbol, etc. Sin embargo, la negación no exige, lógicamente, una afirmación en concreto. A la negación le basta con una noción general de lo que hay. Decir esto no es lo que decimos que es no afecta al esto, que, por eso mismo, queda por decir o afirmar. Asi, uno puede ir siempre a la contra —decirse a sí mismo que es muy crítico— y no decir nada. En realidad, dice la nada… al convertir el esto en un significante sin significado. Hablamos, por consiguiente, del nihilismo: solo yo y nada más.
lectura de los Hechos
agosto 11, 2022 § 1 comentario
Suele decirse que Lucas exagera: que las primeras comunidades no podían ser tan idílicas. De acuerdo. Sin embargo, de ello no se deduce que no hubiese ninguna que, en la eucaristía del domingo, no repartiera entre sus miembros el pan ganado durante la semana. Pues es de suponer que no todos ganaban el suficiente pan (y es así como Dios da el pan de cada día). Nadie de nosotros pasará hambre. Es lo que tiene habitar bajo el espíritu de la redención. Una lectura crítica de Lucas se queda corta donde se contenta con decir que las cosas, de hecho, no fueron tan puras; que en los orígenes hubo mucho juego sucio. Lucas, obviamente, no hace un documental. Pero tampoco se limita a ofrecer un desideratum o a edulcorar la realidad. Me atrevería a decir que Lucas, simplemente, se queda con lo bueno. Como esas parejas que, tras años de haber roto, y a pesar de que hubieran motivos suficientes como para romper, solo recuerdan los buenos momentos que pasaron juntos. Haberlas, haylas.